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los bloques vecinos se acercó al grupo de sacerdotes, buscando aliento. Entre ellos estaba el P. Kolbe. Relata M. Koscielniak: “Nos sentamos sobre unos ladrillos. P. Kolbe comenzó a hablar en voz baja de la fiesta de ‘Corpus Christi’ y del sufrimiento con el cual Dios nos prueba, para prepararnos a una vida mejor. Y nos exhortaba a la perseverancia y a no perder el ánimo. Existiendo la justicia divina, no debemos descorazonarnos. “‘¡No, no! –decía-, no matarán nuestras almas. Nosotros los presos somos algo distinto. Nuestros perseguidores no podrán matar en nosotros la dignidad del católico y del polaco. No nos doblaremos. Perseveraremos. Y si morimos, moriremos puros, serenos, resignados a la voluntad divina’ (8). “Volvimos a nuestros bloques espiritualmente consolados”. Los jefes del campo se divertían del terror que sus personas, gestos y aullidos causaban a los pobres presos. Pero lo que más los fastidiaba y enfurecía, era la mansa actitud del P. Kolbe. Cuenta Gajowniczek, aquel por el cual Kolbe daría la vida: “Estábamos sacando de una fosa el abono para llevarlo a los campos. Un compañero de trabajo, estando arriba, recibía el abono y lo tiraba afuera. De improviso apareció un guardia con un mastín atraillado y preguntó al preso por qué retiraba tan poco abono a la vez. Luego comenzó a golpearlo con el bastón y a azuzar contra él el perro, que lo agarró y mordió. El preso conservó una calma sorprendente. Cuando dijo claramente que era sacerdote, el guardia se ensaño más aún con él. Más tarde, después de la muerte de Kolbe, supe que aquel pobre preso era él, precisamente” (9). El Padre Szweda nos relata un episodio de monstruosa bestialidad. “Krott, el lobo carnicero, cargó personalmente sobre los hombros del P. Kolbe unos troncos, especialmente seleccionados, luego le ordenó correr. Cuando el P. Kolbe cayó a tierra, lo pateó en la cara y en el vientre, y lo golpeó con el bastón aullando: ‘¡Haragán, no quieres trabajar!... ¡Yo te enseñaré a trabajar!...’ Durante el descanso del mediodía, entre sarcasmos y blasfemias, le ordenó tenderse sobre un tronco y mandó que se le dieran 50 garrotazos. “P. Maximiliano no se movía más. Fue arrojado a una cuneta llena de lodo y cubierto con un atado de leña. Ahí habría muerto, si sus compañeros no lo hubieran arrastrado hasta el hospital del campo. Tenía la nariz rota y la cara sangrante”, declara el P. Kopezenski (10). La batea macabra “Esa tarde –relata el Dr. José Stemler- nos obligaron con amenazas de bastonazos a mí y a otro preso al acarreo de cadáveres al crematorio. Se utilizaba una batea de matadero de cerdos. 155

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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