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(bueno, a veces sí, cuando se hacen campañas por Navidad). Por eso, dentro de una ideología que promueve la “cultura” del consumismo e identifica la libertad con el individualismo más atroz, ése que huye de las responsabilidades humanas más elementales y únicamente busca su propio beneficio, entiendo que se promueva la “cultura del aborto”. Y es que en una sociedad basada en una competitividad salvaje, donde todo está permitido (menos meterse con los intereses de los “poderosos”), donde, bajo la ilusión de una libertad caprichosa y sin límites, los jóvenes son manipulados como “ganado” de consumo al servicio de pingües beneficios económicos, donde millares de mujeres se ven abocadas al aborto so pena de destrozar su estatus social o su futuro profesional, los más débiles no importan, y si además estorban, ¿por qué no eliminarlos?... Por cierto, ¿no es esa la ideología cultural que critican los sectores sociopolíticos llamados de “izquierdas”?

“Mi cuerpo me pertenece y no se me puede negar el derecho a decidir sobre él”. Esta frase, de por sí, ha suscitado y sigue suscitando ríos de comentarios y opiniones. Si por ella entendemos el derecho inalienable que toda mujer tiene de construir su vida y de tomar las decisiones que crea convenientes como individuo libre, no sólo no hay nada que objetar, sino que el solo atisbo de querer abrirla al debate de la opinión pública es un insulto a la dignidad de la persona y síntoma de una “cultura” poco civilizada. Pero cuando hablamos del aborto ya no hablamos de “mi cuerpo”, sino de un “segundo cuerpo” que, habiéndolo querido o no, hemos implicado en la vida. Dejando aparte cualquier corriente humanista cristiana, el propio materialismo filosófico no aceptaría como válida esta expresión. La atribuiría, más bien, a una ideología capitalista lapada en el individualismo egoísta de la posesión. De hecho, es una expresión propia de una sociedad esclavista, donde el

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