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En este “cambio de época” en el que estamos sacudidos por tanta crisis, con la saturación de información, el bombardeo de mensajes, la quiebra de la privacidad, etc., quedan barridas todas las “recomendaciones” y sólo llega el testimonio. ¿Atraviesa nuestro testimonio de vida la frontera entre la eficacia y la fecundidad, el ser y el hacer o el ser y el tener? Ahí nos estamos jugando algo muy serio para nosotros mismos y para aquellos a quienes más queremos. Ciertamente podréis decir, y con toda verdad, que es el amor y el testimonio de vida el tesoro que con toda generosidad habéis entregado sin medida y en gratuidad, de manera especial en vuestra vida de pareja y a vuestros hijos. Y ese permanente empeño a cuidar y discernir. Pienso que hoy de manera especial. Digo que hoy tiene un especial valor y aquí está la razón de estas líneas. Nuestra sociedad tantas veces hipócrita, que valora sólo el hacer, la eficacia, la producción… niega a vuestros hijos el acceso a aquello que es lo único que valora a la hora de la verdad. Por eso es necesario que vuestros hijos estén cimentados en su vida más allá de la eficacia, más allá del hacer, que insisto, son importantes y necesarios, pero no tienen la última palabra, y cuando son negados no pueden ser causa del hundimiento total porque no hay nada más allá.

Os invito a una reflexión que se que no es fácil, pero que creo muy necesaria hoy sobre lo que en verdad es para vosotros el “ser”, la “fecundidad” de la vida, el bien más “universal”, el “magis”. No en la teoría sino en verdad y a la alegría de poder transmitirlo con vuestras vidas, conscientes del tesoro que regaláis. Gonzalo Ilundain, S.J.

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