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EL SECTOR SECUNDARIO

ANDALUCIA Pilar Balón Álvarez-Rementería Ciclo superior, 1º de Gestión Comercial y Marketing Escuela Mercantil Sevilla, Febrero 2013


Índice Introducción..................................................................................pg 1 1 Sector secundario Andaluz 1.1 Definición de sector secundario...........................................pg 2 1.2 Historia y Evolución de la Industria Andaluza.....................pg 3 1.3 Resumen del s.XX en cifras.................................................pg 10 1.4 Comparación con España.....................................................pg 10 1.5 Comparación entre provincias..............................................pg 15 1.6 Resumen del sector...............................................................pg 20 2 Industria Agroalimentaria..........................................................pg 21 2.1 Introducción..........................................................................pg 21 2.2 Características de la Agroindustria Andaluza.......................pg 21 2.3 Situación de la industria Agroalimentaria andaluza ............pg 24 en 1980 2.4 Evolución de la industria agroalimentaria desde 1980.........pg 25 2.5 Situación del sector de 2000-2010........................................pg 28 2.6 Pacto de fomento de la Agroindustria 2007-2013................pg 29 2.7 Agentes de Innovación asociados al sector...........................pg 30 2.8 Importancia de las exportaciones..........................................pg 32 2.9 Datos recientes del 2011.......................................................pg 33 2.10 Resumen del sector de la Agroindustria.............................pg 36 Conclusiones.................................................................................pg 37 Bibliografía...................................................................................pg 41


INTRODUCCIÓN En el siguiente trabajo se va a tratar sobre la evolución de la Industria en Andalucía a lo largo del s.XX y comienzos del s.XXI. En términos generales se tratarán aspectos como las industrias principales, su ubicación espacial así como especialidades por provincias, producción, la aportación de la industria andaluza a la economía propia y a la nacional, etc. Esta evolución se hará a través de estadísticas comparativas sobre la media nacional y en particular, en comparación de unas provincias andaluzas sobre otras. Debido a la gran importancia que tiene la Agroindustria por ser la primera en el sector secundario, he decido centrarme en ella. Así, en este trabajo se analiza la incidencia sobre la economía de la región andaluza , en términos de producción y empleo, de las empresas dedicadas a la industria agroalimentaria, así como el nivel de integración en la estructura social, y algunos tópicos que no resultan ser tan “ciertos”. También se incluye el Pacto de fomento de la Agroindustria y agentes de innovación dedicados a este sector. Por último, en las conclusiones se recogen las ideas principales sobre el trabajo, señalando la situación de la industria agroalimentaria y su principales ventajas y debilidades como industria competitiva frente a otras zonas indsutriales.

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1 SECTOR SECUNDARIO ANDALUZ 1.1 Definición de sector secundario Se entiende por Sector Secundario a todas aquellas actividades basadas en la transformación de la materia prima que ofrece la naturaleza en productos elaborados destinados al consumo humano para satisfacer sus necesidades. El sector secundario es el nombre genérico bajo el que englobamos todas aquellas actividades económicas que cubre la industria, incluyendo dentro de él también la minería, la producción de energía y la construcción. También se le llama sector industrial. El sector secundario se expandió enormemente en los países que hicieron la llamada revolución industrial, lo que produjo una disminución paralela del sector primario dentro del conjunto de la economía. La estructura productiva de la economía andaluza se ha caracterizado tradicionalmente por una elevada participación de las actividades agrarias, un sector industrial poco desarrollado y un notable peso de las actividades vinculadas a los servicios. Entre los principales rasgos que caracterizan la estructura productiva de la economía andaluza destaca, por tanto, la menor entidad del sector industrial, que se pone de manifiesto en la reducida participación relativa en la producción y el empleo regionales. La situación descrita de la industria andaluza no sólo se justifica por la propia dinámica reciente del desarrollo económico de la región, basada en el turismo y las actividades agroalimentarias, sino también por la tardía incorporación de Andalucía al proceso de industrialización que la economía española inicia a finales de los años cincuenta y por las propias características del modelo de industrialización seguido en el país en los años siguientes. Las principales zonas industriales andaluzas se concentran en la costa y en el Valle del Guadalquivir. Andalucía tiene industrias agroalimentarias, que son las que transforman productos agrícolas en alimentos listos para consumir. Hay industrias aceiteras, vinícolas, de productos cárnicos, de conservas de pescado e industria azucarera. La agroindustria andaluza es, tras la catalana, la segunda más importante de España en términos de valor añadido. Lidera el ranking nacional en número de empresas, con más de 5.400, y constituye el motor económico de numerosas comarcas rurales. Sus ventas al extranjero suponen uno de los principales capítulos del comercio exterior de la comunidad autónoma. Las actividades extractivas, metalúrgicas, energéticas y químicas completan lo fundamental de la industria andaluza, que en los últimos años también se está orientando hacia segmentos de mayor contenido tecnológico; maquinaria, energías renovables y material eléctrico y electrónico. También hay industrias textiles, de la construcción y del papel.

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1.2 Historia y Evolución de la Industria Andaluza El Proceso De Industrialización En Andalucía La industrialización hasta el plan de estabilización de 1959 Desde el s.XIX hasta 1959

La industria andaluza durante el s.XIX En el siglo XIX se localizaron en la región las primeras industrias siderúrgicas y textiles del país. Los focos industrializadores “al estilo inglés” emergieron en los años 1830-1860 en la costa mediterránea andaluza, un núcleo siderúrgico-textil malagueño y una ramificación sevillana, y otro foco almeriense en la metalurgia del plomo. Ello permitía prever un favorable desarrollo industrial, de hecho, a mediados de siglo Andalucía era, tras Cataluña, la segunda región industrial española. Sin embargo, el proceso de industrialización en estos años no respondió a una verdadera transformación de la estructura social y económica de la región, sino que fue resultado de la inversión de capitales comerciales ante la existencia de determinados costes de oportunidad y una coyuntura económica propicia, lo que explica su escasa integración con el sistema productivo y su rápido desmoronamiento. De esa manera, Andalucía y Cataluña venían a significar el anverso y reverso de una misma realidad industrial nacional durante el s.XIX y buena parte del XX. Los problemas de demanda (una desequilibrada distribución de la renta) y una inadecuada estructura estructura empresarial (pocas y grandes fábricas) explicarían la crisis del textil andaluz frente al catalán. Una inconveniente localización, manifestada especialmente tras la normalización económica posterios a la Primera Guerra Carlista, estaría en la base de la falta de competitividad de la industria siderúrgica andaluza, primero frente a la asturiana y luego en relación con la vasca. En realidad, nunca existió en la Andalucía del XIX una actividad industrial que marcase el camino hacia la modernización, ni el sector secundario llegó a representar porcentajes significativos en una estructura sectorial que siguió dominada por una agricultura de baja productividad. Aún así, no cabe negar el carácter precursor y modélico de determinadas experiencias fabriles, materializadas a imitación del modelo británico; pero tampoco su dimensión puntual y localizada, ni su escasa vinculación en un tejido productivo regional demasiado ajeno a las transformaciones que por aquel entonces comenzaban a caracterizar a otros territorios, dentro y fuera de España. Por tales razones, las industrias líderes que alumbraron la primera revolución tecnológica en Andalucía, apenas tuvieron que ver ni en número, sistemas de organización ni mucho menos en sus resultados, con las restantes expresiones fabriles de otras regiones, sino que más bien fueron iniciativas de carácter aislado ligadas siempre a propuestas empresariales muy concretas, propiciadas por la existencia de la ya mentada coyuntura favorable en el arranque de estos negocios y a su relación, directa o indirecta, con los mercados exteriores a la región. Así, Andalucía comenzó a desindustrializarse con el cambio de siglo y a quedar inevitablemente rezagada en el proceso de modernización que seguían, sin embargo, otras regiones de la Península. 3


Desde 1900 hasta 1959 Los primeros años del siglo XX se caracterizan por una cierta reactivación de la siderurgia y el sector textil algodonero. Pero esta recuperación no respondía a un proceso de reindustrialización, sino que fue resultado de una situación coyuntural favorable. Durante estos años se fue acentuando además la orientación de la industria andaluza hacia la transformación de productos agrarios. Aproximadamente entre 1910 y 1930, el sector agroalimentario se había convertido en el gran responsable de la recuperación industrial andaluza que se produjo en ese periodo. Por un lado, debido a la recuperación del mercado interior, y por otro, gracias a la profundización de mercados exteriores; una situación en la que las grasas vegetales desempeñaron un papel clave, por su participación al producto regional (con porcentajes cercanos al 30%) y su capacidad de generar externalidades que afectaban al consumo de bienes intermedios y de equipo – construcciones metálicas y mecánicas -, fabricados en muchas ocasiones en la propia Andalucía. Durante esos años, más concretamente entre 1913 y 1929, la industria andaluza consiguió crecer a un ritmo superior al del final de siglo, e incluso por encima del conjunto español y de aquellas regiones más industrializadas. “Paradójicamente, el secundario andaluz consigue sus mejores guarismos entre 1920 y la Guerra Civil, es decir, en una coyuntura todavía dominada a nivel nacional por el peso de las estructuras agrarias. Al contrario de lo ocurrido en el conjunto español, en Andalucía la actividad industrial apenas consiguió superar los guarismos alcanzados en la etapa expansiva del periodo de entreguerras: no lo hizo en términos de empleo. Fue en 1930 cuando se alcanzaron los porcentajes más elevados de población activa industrial de todo el siglo XX), ni tampoco en cuanto a la generación de valor añadido, que únicamente alcanzó a superar el 25% durante la atípica coyuntura abierta con la Primera Guerra Mundial y más tarde en algunos años de la década de los veinte.” La definitiva desindustrialización andaluza se produjo entre 1930 y 1958. En Andalucía, el inicio de la industria moderna tuvo lugar en la primera mitad del siglo XX, con el nacimiento de la industria siderúrgica, basada en la existencia de mineral de hierro que se instaló en Marbella (Málaga), El Pedroso (Sevilla) y la Garrucha (Almería), y llegó a producir el 85% del hierro colado español. Sin embargo, esta iniciativa fracasó debido a la inexistencia de carbón mineral para los altos hornos, que obligaba a importar hulla británica, a una demanda interior insuficiente y a la competencia de la industria del norte peninsular. También se instaló industria textil en Sevilla, Cádiz, Málaga y Antequera. Pero estos establecimientos cerraron pocas décadas después debido a la competencia de la industria textil catalana. Tuvieron más éxito las industrias agroalimentarias de vinos en Jerez y de aceite en Córdoba, Sevilla y Jaén.

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El plan de estabilización de 1959 En los años cincuenta del siglo XX se inicia en España una cierta industrialización. La liberalización económica que supuso el Plan de Estabilización de 1959, potenció un mayor desarrollo del sector; sin embargo este fenómeno no se reproduce en el ámbito regional, sino que Andalucía participa en la industrialización española suministrando mando de obra procedente de la agricultura. En el siglo XX, desde el Plan de Estabilización de 1959, aunque se verán más adelante, las actuaciones más destacadas fueron las siguientes: •

La creación de polos de promoción en Huelva, Sevilla, Granada y Córdoba, a los que se añadió la Zona de Preferente Localización Industrial de Andalucía de 1977. Sus acciones de promoción incidieron sobre actividades agrarias, de servicios y, sobre todo, industriales.

La creación de polígonos industriales por el INUR (Instituto Nacional de Urbanización), sobre todo en Andalucía occidental. Su fallo principal fue la marginación de las pymes, las empresas mayoritarias en la región.

Los resultados fueron escasos: los polos no ejercieron el previsto efecto dinamizador sobre las áreas deprimidas del entorno y se intensificó la concentración demográfica y económica en Andalucía occidental, agravando las diferencias en el interior de las provincias afectadas.

La crisis económica de 1975 afectó a todos los sectores industriales, especialmente a los maduros, y obligó a tomar medidas de reconversión y reindustrialización (como la creación de la ZUR de la bahía de Cádiz).

La recuperación de mediados de la década de 1980, relacionada con una coyuntura internacional favorable, resultó claramente apreciable. Pero en los últimos años el índice de producción industrial ha vuelto a decaer.

La industria en los años sesenta y setenta. En estos años buena parte del territorio regional se benefició de la aplicación de diversos instrumentos de promoción pública, aunque con desiguales resultados y con actuaciones más vinculadas, en algunos casos, a resolver graves situaciones de desempleo que a sentar unas bases sólidas para el desarrollo de la industria en la región. Los subsectores industriales en los que se basaban estas actuaciones, constituyen, fundamentalmente, industrias básicas y tradicionales, con procesos productivos poco avanzados y escasa modernización relativa en algunos casos, con una débil vinculación a los recursos y a la demanda de la región, y una escasa articulación con el sistema productivo, constituyendo verdaderos enclaves industriales. Otros rasgos característicos del proceso de industrialización de los años sesenta y setenta, que han afectado a la posición dependiente de la industria andaluza son: •

La fuerte dependencia de las inversiones extranjeras, que se orientan preferentemente hacia sectores estratégicos y actividades para las que la economía andaluza presenta ciertas ventajas competitivas.

La dependencia del exterior en cuanto a inputs intermedios y tecnología, que constituye un importante obstáculo para la mayor industrialización de la región, en tanto que la escasa capacidad de inversión implica la renovación de los procesos de producción.

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Por tanto, en Andalucía, cuya base económica ha sido fundamentalmente agraria, el modelo de desarrollo adoptado en estos años ha significado, en cierta medida, la marginación respecto al proceso de industrialización seguido en España, configurándose una industria desarticulada y subsidiaria de la nacional. Así, la grave crisis económica de mediados de los setenta afectó muy negativamente al sector industrial andaluz, reduciéndose significativamente su participación en el VAB regional, y destruyéndose un importante volumen de empleo. Durante esta etapa de recesión se produjeron, además, importantes transformaciones que afectaron al conjunto de la economía andaluza y, particularmente, al sector industrial. Las nuevas tendencias de la demanda y los cambios tecnológico explican las variaciones de la producción y los nuevos requerimientos de factores productivos.

La industria en la década de los ochenta y primeros años noventa. La economía andaluza inicia la década de los ochenta en una situación de crisis generalizada. Exceptuando el débil crecimiento de los servicios, en todos los sectores se produjo una recesión productiva hasta 1985 que, valorada en conjunto, situaba a la economía andaluza en una posición relativa algo más desfavorable que la española. Por su significación en el sector secundario regional destaca la provincia de Sevilla, tanto si su importancia se mide según el empleo como si considera el V.A., concentrando aproximadamente una cuarta parte de la industria regional. Cádiz y Málaga ocupan los puestos siguientes, aunque con cierta diferencia respecto a Sevilla (participan con un 17% y 12% respectivamente). La posición de Sevilla que, como ya hemos dicho alcanza una proporción equivalente tanto en lo referido al empleo como al V.A., permite dos clasificaciones provinciales respecto a la participación de ambos criterios. Así, por un lado el grupo de Cádiz, Huelva, Granada y Almería, cuentan con una mayor participación en el V.A.que en el empleo, es decir, la industria es más rica en capital que en empleo; lo que es especialmente cierto en el caso onubense que mientras sólo representa el 8% del empleo regional participa con un 11% del total de V.A. Y en el otro grupo, que representan más en relación a los puestos de trabajo que concentran que en cuanto al V.A., tenemos a Málaga, Jaén y Córdoba. Sin embargo, en la segunda mitad de la década, se produce una expansión generalizada de todos los sectores productivos. Andalucía se incorpora, tardíamente, al avanzado ciclo de crecimiento de las economías occidentales, protagonizando un intenso crecimiento por encima de las economías de su entorno. El inicio de los años noventa supone una nueva inflexión de la actividad económica en el ámbito internacional que, con cierto retraso, ha afectado también a la economía andaluza. En el sector industrial se pueden distinguir tres etapas claramente diferenciadas: La crisis económica de los primeros años de la década afectó especialmente al sector industrial, que registró importantes pérdidas de empleo y una brusca reducción del VAB, siendo necesario acometer intensos procesos de reconversión. Durante el período de expansión iniciado a mediados de la década, la industria ha jugado un papel destacado, no sólo porque ha mejorado su situación de debilidad relativa en el sistema productivo andaluz, sino porque se han ido desarrollando actividades dinámicas y con buenas perspectivas de futuro, a la vez que se han producido transformaciones de cierta entidad. Sin embargo, desde 1990, la nueva etapa de bajo crecimiento ha determinado que la aportación de este sector al crecimiento de la economía andaluza haya ido disminuyendo. 6


La evolución de la industria andaluza, en términos generales no presenta grandes diferencias respecto al conjunto nacional, aunque es importante señalar que si bien la recesión industrial fue más profunda en Andalucía que en el resto del país, también la recuperación del sector ha sido más intensa. En el período 1980-84 el valor añadido bruto de la industria andaluza experimenta un descenso anual acumulativo en términos reales del 1,4%. La escasa diversificación y la fuerte especialización en sectores tradicionales, que resultaron ser los más sensibles a la crisis, o la mayor competencia internacional y el deterioro del comercio exterior, fueron factores que contribuyeron a agravar la situación en estos años, surgiendo la necesidad de acometer procesos de reconversión con las consiguientes reducciones de la capacidad productiva y del empleo.

“Andalucía tiene una conocida especialización de su industria del subsector de alimentación, bebidas y tabaco; especialización que se intensifica ligeramente en el período considerado. Un análisis más desagregado revela que la producción de energía es la actividad que aporta mayor valor añadido al sector industrial, seguido por el material de transporte y algunas ramas de la alimentación: aceites y grasas vegetales, cerveza, panadería y bollería, y bebidas alcohólicas.”

A partir de 1985 se inicia un fuerte período de recuperación, con tasas de crecimiento superiores a la media del conjunto nacional, que sirvieron para atenuar los posibles efectos negativos de nuestra incorporación a la Comunidad Europea. La evolución de los Indices de Producción Industrial muestran, a partir de 1986 y sobre todo a partir de 1988, los puntos más altos de ese crecimiento. La inversión industrial acumulada durante la fase expansiva de la década se concentra en agrupaciones en las que Andalucía se encuentra internamente especializada. La característica más relevante de la inversión, en base a su distribución entre las diferentes actividades industriales, es el alto grado de concentración de la misma. A este respecto, tan sólo cinco agrupaciones, de un total de 18, absorben más del 66% de la inversión total acumulada entre los años de 1985 y 1990, ambos inclusive. Estas actividades son, de orden de mayor a menor inversión, la Industria Agroalimentaria, Energía, Producción y Primera Transformación de Metales, Industria Química e Industria de Productos Minerales no Metálicos. Hay que excluir Producción y Primera Transformación de Metales como una de las agrupaciones en las que Andalucía está internamente especializada. Por el contrario, la actividad de Material de Transporte, que contribuye significativamente al VAB industrial de la región, ha supuesto sólo el 2,85% de la inversión total acumulada. 7


“Hay que puntualizar que aunque la inversión industrial acumulada se concentre fundamentalmente en aquellas agrupaciones en las que Andalucía presente un mayor grado de especialización interna, no tiene por qué conducir necesariamente a un mayor incremento de la misma durante el período considerado, ya que son diversos los factores que inciden en la formación del VAB de las diferentes agrupaciones industriales.” Esta inversión tiende a concentrarse en los ámbitos básicos andaluces densamente poblados. Entre estas 20 comarcas funcionales “estrellas” se encuentran todas las cabeceras de provincia, parte de sus áreas metropolitanas, como Álcalá de Guadaira y La Rinconada, Jerez y Algeciras y otros de más difícil encuadre. Ello es indicativo de la importancia que continúan teniendo en Andalucía las denominadas economías de aglomeración y urbanización como factor explicativo de los procesos de concentración de las actividades productivas, aunque no hay que olvidar que determinadas agrupaciones industriales tienen otros factores de localización diferentes a los indicados. Hay que indicar que en estas comarcas funcionales de menor densidad de población, la inversión se caracteriza por su concentración en agrupaciones específicas que suponen, en casi la totalidad de los casos, una escasa contribución a la articulación del tejido industrial de la zona. Una característica común a estos ámbitos es que si se prescindiera de estas inversiones en agrupaciones específicas y vinculadas a proyectos concretos, dejarían de formar parte del grupo de las 20 comarcas de mayor inversión industrial, incluso en algunos casos la inversión quedaría reducida a niveles insignificantes: •

En Vera casi el 95% de la inversión se concentra en Energía

En Níjar el 83% se concentra en Industria de transformación del Caudcho y Materias Plásticas y el 10% en Alimentación. 8


En Valverde del Camino y Santa Olalla de Cala el 92% y el 97% respectivamente de la invesión se concentra en Extracción y Preparación de Minerales Metálicos.

En Lebrija el 73% en la Industria Textil

En Oula del Río-Macael el 87% en Industrias de Productos Minerales no metálicos.

En el resto de estas 20 comarcas funcionales, aquellos con una alta densidad de población y núcleos importantes, se observa: 1. De una parte, una mayor diversificación de la inversión durante los años considerados, salvo los casos de Jerez y Huelva, con una fuerte especialización inversora en Agroalimentación y Química respectivamente. 2. De otra parte, en estas zonas, en contraste con lo que sucede en las de menor densidad de población, si prescindiéramos de la agrupación que absorbe la mayor parte de la inversión continuarían formando parte de estos 20 ámbitos principales. La crisis de principios de los noventa afecta principalmente a la industria, y dentro de ella, a sectores completos o casi completos (aeronáutica, fertilizantes, minerales, electrónica, construcción naval, etc), poniendo de manifiesto las deficiencias estructurales de algunos de ellos. No obstante, la crisis fue generalizada en todas las ramas de la industria, a lo que se suman crisis empresariales singulares de fuertes repercusiones en sectores concretos. En la segunda mitad de 1993 se inicia la recuperación de las economías europeas, y con ello el cambio de tendencia en la industria española y andaluza, que ha conocido una importante fase expansiva a partir de 1994. Si bien el índice de Producción Industrial muestra una caída en 1996, se recupera y el crecimiento se consolida en 1997. Durante ese año, la industria ha sido, junto con la agricultura y el turismo, los grandes motores de la economía andaluza. Como en la mayoría de las regiones de España, los resultados obtenidos indican que las regiones siguen una secuencia temporal similar, aunque con diferencias obviamente sustanciales en cuanto a los momentos de cambio y a la intensidad de las fases cíclicas. En el caso andaluz, la fase expansiva de los últimos años de la década de los ochenta finalizó en Mayo de 1989. La profunda crisis subsiguiente se prolongó hasta junio de 1993, iniciándose a partir de entonces una nueva fase de expansión que alcanzó su punto máximo en Febrero de 1995, seguida de una breve recesión que anticipó una etapa de fuerte crecimiento iniciada en Noviembre de 1995 FIN DEL SIGLO XX

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1.3 Resumen del s.XX en cifras 1.4 Comparaci贸n con el resto de Espa帽a

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La agrupación de las Comunidades Autónomas en función de la semejanza de sus ciclos sitúa a Andalucía junto a Cataluña, Madrid y el País Vasco. En 1900 sólo el País Vasco y Cataluña presentaban índices positivos de industrialización - bastante superiores a la unidad, sobre todo en el caso del primero-, lo que traducido en porcentajes de participación en el VAB significaba que entre ambas regiones agrupaban casi la mitad de toda la industria española en aquellos momentos, cuando apenas suponían el 8% de la superficie y el 14% de la población. A esas alturas las dos eran ya las fábricas de una España que estaba presenciando la progresiva desindustrialización de las restantes regiones, incapaces, en tal coyuntura, de modernizar sus estructuras productivas o adaptarse a las exigencias que comenzaba a dictar un mercado crecientemente integrado. Entre 1900 y 1950 la secuencia desindustrializadora camina, incrementándose, de norte a sur: Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, se convierten entonces en casos casi irrecuperables. El caso de Andalucía resulta paradigmático: mientras en 1900 la región mantenía todavía la segunda posición entre las más industrializadas (no debemos olvidar, sin embargo, que absorbía un 18% del 11


total de la población española y cerca de un 17% del territorio nacional), medio siglo más tarde había descendido a la cuarta posición, tras Cataluña, el País Vasco y a Comunidad Valenciana.

La comparación de la trayectoria industrial andaluza, catalana y vasca a lo largo del siglo XX resulta factible gracias a que disponemos de índices anuales de producción industrial para cada una de estas tres regiones (respectivamente, IPIAN, IPICA e IPIVA), confeccionados con similares criterios metodológicos. Andalucía gana posiciones frente al producto industrial vasco en las primeras décadas del siglo XX, para mostrarse como nítidamente perdedora en el periodo que cabe calificar como el de la verdadera desindustrialización del sur -el que se extiende entre 1930 y 1958- situándose ambas regiones a partir de esa fecha, en unos términos de crecimiento muy similares. Con Cataluña, la comparación es diferente, al menos hasta el desarrollismo franquista. Quizá debido a que ambos modelos participan hasta entonces de una acusada dependencia de las industrias de bienes de consumo, lo cierto es que las etapas de ganancias/pérdidas se suceden casi continuamente: la serie andaluza sufre más que la catalana en el arranque del siglo XX, se comporta ligeramente mejor en los primeros compases de la Gran Guerra, pero vuelve a caer, tras unos años de trayectoria similar, con la Gran Depresión. Tras la Guerra Civil, Andalucía mejora sus resultados en relación con Cataluña, pero desde comienzos de los cincuenta -y prácticamente sin solución de continuidad hasta que se detectan los primeros síntomas de crisis en la industria del Principado veinte años más tarde- su situación no deja de deteriorarse. Los ochenta resultó particularmente crítica para el País Vasco - con tasas negativas por primera vez en la historia de su industrialización si no consideramos la Guerra Civil-, pero extraordinariamente beneficiosa para Andalucía, cuya industria llegó a crecer entonces muy por encima de la media nacional y de las dos regiones con las que aquí se compara; a la inversa, la recuperación del Norte contrasta más tarde con la crisis del sur, mucho más afectada por la crisis de los primeros noventa el IPIAN desciende entonces a los niveles de diez años antes-. 12


1.5 Comparaci贸n entre provincias

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Los cuadros muestran aportaciones muy estables a lo largo de todo el siglo para cada una de las ocho provincias andaluzas: A grandes rasgos, las del Atlántico y del Guadalquivir participan en las observaciones recogidas con porcentajes más elevados que la parte oriental de la región. Especialmente Sevilla, y en menor medida Cádiz y Córdoba encabezan los mayores porcentajes de activos industriales, aunque la inclusión del corrector demográfico (cociente provincial entre la participación en los totales regionales de la población activa industrial y del conjunto de la población activa) matiza alguna de las anteriores afirmaciones. Huelva, Sevilla y Cádiz se sitúan, por este orden, en la mayoría de las observaciones por encima de la media regional -en el caso de la provincia onubense la distancia resulta especialmente relevante en el primer tercio del siglo XX, las décadas de la expansión minera-, mientras que Córdoba se encuentra a lo largo de la centuria en los límites de la media regional, Jaén sólo supera ésta en las primeras y en las últimas observaciones, y por último, Málaga, Granada y Almería nunca llegan a alcanzar posiciones superiores a la unidad. Esta mayor especialización industrial de la Andalucía Occidental queda confirmada si la aproximación se realiza, alternativamente a la vía del empleo, por el lado del producto. Las tablas concretan una aportación provincial que se diferencia de las anteriores porque refleja una menor aportación gaditana hasta 1930, y también porque en ese periodo potencia la participación en el VAB regional de dos de las mayores provincias mineras -Jaén y Huelva-, aunque sigue manteniendo similares porcentajes provinciales para toda la segunda mitad del siglo XX, con Sevilla situada como la provincia más industrializada de Andalucía, seguida de Cádiz y a alguna distancia de Córdoba, Huelva y Málaga.

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Precisamente estas dos últimas provincias, Huelva y Málaga, son las que más crecen en el único periodo para el que por ahora contamos con índices anuales de producción industrial: casi tres lustros, coincidentes a grandes rasgos con el desarrollismo franquista y la primera transición democrática (1964-1977); una fase en la que el producto regional creció a una tasa anual del 9,8%, el de la provincia de Málaga a un ritmo del 12,1% y el de Huelva nada menos que a un 24,7%. El modelo onubense se benefició especialmente del polo de desarrollo creado precisamente en 1964, presentando una acusada especialización alrededor de la industria química -que cuadruplica su participación en el producto provincial en el periodo analizado- y en menor medida en los dos subsectores vinculados a la especialización secular de la provincia (la minería y la metalurgia del cobre), mientras que en Málaga el crecimiento se basó mucho más en las industrias de bienes de consumo (las alimenticias y el textil-confección) y en menor medida en las industrias químicas y los transformados metálicos. En primer lugar, una especialización industrial común a todas las provincias andaluzas, completada por especializaciones puntuales, más frecuentes cuanto más bajos son los niveles de intensidad tecnológica requeridos, que, salvo excepciones, aparecen como herederos de una trayectoria inaugurada a finales del siglo XIX (la construcción naval gaditana, la química onubense) o durante el desarrollismo franquista (las construcciones aeronáuticas en Cádiz y Sevilla, de nuevo el polo químico de Huelva o el textil malagueño). Una especialización que sólo en casos puntuales cabe relacionar con fenómenos recientes de modernización de las estructuras productivas, vinculados a la demanda de otros sectores (la fabricación de plásticos y las industrias auxiliares del mármol en Almería; la producción de cemento y otros materiales de construcción), o a la en ese momento reciente apuesta política por las industrias de elevado contenido tecnológico (la producción de material informático y tecnológico en Málaga). 15


Este último asunto remite a la incidencia de las políticas de desarrollo regional en los procesos de industrialización.Ausentes en España durante toda la primera mitad del siglo XX, el franquismo incluyó a la provincia de Jaén en sus primeros planes de desarrollo de zonas deprimidas; una actuación completada en los años sesenta y primeros setenta con la promoción de polos de desarrollo, localizados primero en Huelva y Sevilla (1964) y en 1970 y 1971 en Granada y Córdoba. Más tarde, entre el franquismo y la transición democrática, le correspondería el turno al Gran Área de Expansión Industrial de Andalucía, mientras que ya con la conformación del estado de las autonomías y la entrada de España en la Unión Europea se sucederían las iniciativas públicas destinadas a corregir los desequilibrios territoriales, todos ellos con una atención preferente al sector industrial. Así, se delimitaron Zonas de Urgente Industrialización (en Andalucía, la bahía de Cádiz), Zonas de Promoción Económica (toda la comunidad autónoma en el caso andaluz), y por parte de la Junta de Andalucía, se pusieron en marcha programas de desarrollo económico y se crearon diversas empresas públicas con el objetivo de potenciar la actividad industrial en la región.

La industria desde el año 2000 hasta hoy El Directorio Central de Empresas del INE identifica cuatro grandes sectores de actividad empresarial: la industria, la construcción (en donde desde 2009 también se incluyen las actividades de promoción inmobiliaria, antes encuadradas en los servicios), el comercio y un amplio y diverso bloque que denomina resto de los servicios. Hasta la irrupción de la crisis hacia mediados de 2007, España registraba una significativa expansión de su tejido empresarial, siendo la comunidad andaluza uno de los territorios más dinámicos en este sentido, tanto en términos relativos como absolutos, de forma que prácticamente dos de cada diez de las nuevas empresas contabilizadas en el periodo 2000-2007 ubicaron su sede en Andalucía, a la par de la Comunidad de Madrid y Cataluña. Todas ellos registraban una evolución favorable en Andalucía. Todos crecían en volumen y todos colaboraban, aunque con diferente intensidad, al crecimiento de las actividades empresariales en la comunidad autónoma andaluza, donde destacaba el comportamiento de algunas de las actividades terciarias y, sobre todo, el crecimiento de la construcción; un sector que mantenía un ritmo muy superior al resto. En sentido contrario, la combinación de la crisis financiera y el colapso en el mercado inmobiliario afecta especialmente al sector de la construcción, que entre 2007 y 2010 pierde una cuarta parte de sus empresas. Por su parte, en el sector industrial desaparece cerca de un 12 por ciento de sus empresas y en el comercio algo más del 5 %, mientras que únicamente en los servicios restantes se aprecia un, aunque leve (1,1%), crecimiento del tejido empresarial durante la crisis, aunque con comportamientos dispares según qué rama de actividad. En un análisis algo más detallado, dentro del tejido empresarial de Andalucía, el sector industrial es el que representa un menor porcentaje (6,2%), con algo más de 30.000 empresas activas al finalizar 2010, de las que aproximadamente la mitad se concentraban en tres ramas de actividad: la fabricación de productos metálicos (sobre todo para la construcción), la industria de la alimentación y la fabricación de muebles. Por su parte, el sector de la construcción, que en la actualidad representa el 13,3 % del entramado empresarial andaluz, es el sector que se ha visto más y más pronto afectado por la crisis. La ubicación de las empresas por el territorio andaluz muestra un evidente “protagonismo empresarial” de las provincias de Sevilla y Málaga, que en conjunto representan cerca de la mitad de las empresas localizadas en la comunidad andaluza, situándose en un segundo escalón las 16


provincias de Cádiz y Granada, que sumadas prácticamente suponen otra cuarta parte del total. Por último, se relacionan para cada provincia las actividades con mayor importancia relativa ( en función de la participación que cada rama de actividad presenta sobre el total de empresas en la provincia comparada con la participación de dichas actividades en el ámbito regional) en número de locales de empresa o establecimientos a finales de 2010:

El eje Sevilla-Cádiz-Huelva constituye la principal zona del desarrollo industrial. Favorecidas por su localización estratégica y la existencia de grandes instalaciones portuarias, las bahías de Algeciras y Cádiz acogen numerosas industrias de los sectores petroquímico y energético, la primera, y de construcciones navales y aeronáuticas la segunda.

La ciudad de Huelva y su entorno acogen uno de los mayores núcleos industriales de España dedicados a la química básica. En sus instalaciones se han desarrollado innovadoras experiencias de protección medioambiental, muchas de ellas pioneras en Europa.

Sevilla destaca sobre todo por su potente industria aeronáutica, cuyos orígenes se remontan al primer tercio del siglo pasado. Cuenta con un parque tecnológico en la localidad de La Rinconada, junto al aeropuerto de San Pablo, principal referencia para un sector que en Andalucía concentra el 27,6% del empleo nacional en este campo. También en la capital andaluza, en los terrenos donde se celebró la Exposición Universal de 1992, se sitúa el Parque Científico y Tecnológico Cartuja’93, uno de los mayores de Europa. En su recinto se localizan más de 370 empresas y centros de investigación y formación de los sectores de las nuevas tecnologías y servicios avanzados.

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Málaga, que ya a mediados del siglo XIX protagonizó los primeros compases de la industrialización en España, recupera ahora su vieja vocación con el auge adquirido en los últimos años por el sector de las telecomunicaciones y el material electrónico. El Parque Tecnológico de Andalucía, que alberga la sede de la Asociación Internacional de Parques Tecnológicos, se configura como el principal motor de las iniciativas empresariales en este ámbito.

El tejido industrial de la comunidad autónoma se completa, a grandes rasgos, con sectores como el de la automoción en la provincia de Jaén; la joyería en Córdoba; la extracción y transformación del mármol en Macael (Almería); el calzado en las provincias de Huelva y Cádiz; los productos lácteos en Granada y Córdoba; la madera y el mueble en Córdoba y Jaén, y las energías renovables con grandes instalaciones solares y eólicas en todas las provincias. 18


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1.6 Resumen del sector En resumen, podemos definir las características de la Industria en Andalucía en siete puntos: • Excesiva especialización • Reducido esfuerzo en investigación y desarrollo. • Industria tradicional. • Orientación exportadora. • Débil interconexión con el resto del tejido industrial. • Escasa formación en la mano de obra. • Dimensión inadecuada y concentración espacial (Pocas de gran tamaño, muchas diminutas).

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2 INDUSTRIA AGROALIMENTARIA 2.1 Introducción La agroindustria es un sistema de elaboración que implica la combinación de dos procesos productivos, el agrícola y el industrial, para transformar de manera rentable los productos provenientes del campo. Se define como un conjunto de procesos de transformación aplicados a materias primas de origen agropecuario, pesquero y forestal, que abarca desde su primera agregación de valor hasta las empresas de distribución.

2.2 Características de la Agroindustria Andaluza La industria agroalimentaria es la principal especialización industrial de la economía andaluza. En una región con un sector secundario débil esto tiene una especial importancia. Dentro de la estructura económica de Andalucía, el complejo agroalimentario constituye un pilar fundamental, por un lado, debido al peso y posición que ocupa en dicha estructura y, por otro, por sus ventajas y potencialidades. Se trata, además, del principal sector exportador de la economía andaluza, y desempeña un papel importante en el equilibrio territorial, al localizarse gran parte de las empresas en zonas rurales. No obstante, se encuentra sujeto a profundos y constantes cambios, derivados básicamente de la internacionalización de la economía, de las nuevas orientaciones de la Política Agrícola Común, de los avances tecnológicos, de la concentración de la demanda en las cadenas de distribución, de la necesidad de conservar el medio ambiente y, sin duda, de las crecientes exigencias de los consumidores. Tras Cataluña, que representa algo más del 20% del empleo y cifra de negocios de la Industria Alimentaria española, Andalucía es la Comunidad Autónoma más representativa de la Agroindustria nacional, con alrededor del 14% del empleo y la cifra de negocios de ésta. Asimismo, dentro de la estructura productiva andaluza, la Industria Agroalimentaria es la primera rama industrial por volumen de empleo y la segunda por cifra de negocios, en este caso sólo por detrás de las industrias extractivas, energía y agua, concentrando alrededor de una quinta parte del volumen de negocios en la industria regional, a tenor de la información obtenida de la Encuesta Industrial de Empresas. Estas industrias están diseminadas por las ocho provincias, aunque sobresale la mayor presencia de industrias aceiteras en Jaén, Córdoba y Sevilla, y de industrias vinícolas en Jerez y el Puerto de Santa María (Cádiz), el Condado (Huelva) y en Montilla (Córdoba). El sector agroalimentario ha sido uno de los principales destinos de la inversión extranjera en los últimos años, conduciéndose con la reestructuración de algunos subsectores en los que han entrado empresas foráneas: elaboración de cerveza, refino de azúcar o refino de aceite, entre otros. 21


El subsector vinícola, especialmente el productor de vinos de Jerez, ha sido objeto también de una importante reestructuración competitiva en los últimos años.

“Dentro de la estructura económica de Andalucía, el sector agroalimentario es de singular importancia por su aportación al valor añadido, a la ocupación industrial y a las exportaciones regionales; además de ser el principal mercado intermedio para el sector agrario y desempeñar un papel importante en el equilibrio territorial.”

Una importante desventaja competitiva de las empresas agroalimentarias andaluzas radica en su tamaño, respecto al de las empresas foráneas que se han ido implantando progresivamente en el mercado nacional. Esa dimensión limita también la capacidad de desarrollo de nuevos productos y reduce considerablemente el poder de negociación frente a las empresas de distribución; sector en el que se ha producido una intensa concentración en los últimos años. La importancia de la industria alimentaria andaluza es superior a la que se deduce del análisis de las estadísticas del INE, ya que en ellas no se considera como actividad industrial el manipulado y adecuación de frutas y hortalizas para su consumo en fresco, subsector que en Andalucía tiene mucha importancia, generando un enorme valor añadido. Este subsector forma parte de sistemas de producción local altamente competitivos (productos extratempranos de Almería, fresa de Huelva), que, además, arrastran una industria auxiliar y una economía de servicios considerable. Aunque en menor medida, lo mismo sucede con la actividad derivada del pescado destinado a consumo en fresco, que además sostiene un importante sector de hostelería. Dejando a un lado las frutas y hortalizas y los productos de la pesca frescos, en la composición de la producción final de las ventas totales de la industria alimentaria destaca la aportación de la industria derivada del aceite de oliva, que ocupa la primera posición. Le sigue en importancia la industria cárnica, debido sobre todo a la industria derivada del cerdo ibérico. De los restantes sectores destaca la posición “agua y bebidas analcohólicas”, las industrias de zumos y el conjunto de los refrescos. El peso de la industria láctea se debe sobre todo a Puleva (Granada) y Covap (Códoba). Por último, es interesante señalar el escaso peso de los vinos, a pesar de que Andalucía es el origen de algunas de las grandes compañías de vinos españolas. La industria alimentaria andaluza, como la mayor parte de la española, presenta una estructura dual en la que un número pequeño de empresas realiza la mayor parte de las ventas y absorbe buena parte del empleo. Este colectivo está concentrado geográficamente en pocas áreas y pertenecen a algunos de los sectores vinculados tradicionalmente a agricultura: aceite, azúcar, vinos y bebidas alcohólicas, cervezas, etc., y otros, como el de las bebidas refrescantes, ajenos a ella. De todos modos el mayor peso de la industria alimentaria regional está estrechamente vinculado a su agricultura. 22


Un hecho relevante es la importancia del cooperativismo en Andalucía: se han localizado cerca de 800 cooperativas con una facturación superior a los 2.600 millones de euros (2001), más del 20% del cooperativismo español. Existen además 34 cooperativas de segundo grado que integran a 470 cooperativas de primer grado; en algunos sectores estas cooperativas ejercen un liderazgo que afecta a todo el sector agroalimentario. Predomina la presencia de cooperativas en aceite de oliva y frutas y hortalizas frescas. A pesar del peso de la industria cárnica, Andalucía tiene un déficit en la industria vinculada a la ganadería, tanto en la producción de piensos como en la industria cárnica. Dentro de este subsector únicamente tiene un buen desarrollo la industria ligada al cerdo ibérico. La debilidad de la industria cárnica y de piensos está relacionada con la casi inexistencia de cebo en la región, la falta de mataderos y de red comercial, que provoca un débil aprovechamiento de las oportunidades brindadas por sus razas de vacuno extensivas. Cabe resaltar que, en la actualidad, es una empresa andaluza, Puleva, inicialmente centrada en el sector lácteo y hoy multisector, una de las mayores firmas agroalimentarias españolas, tras haber protagonizado uno de los mayores procesos de concentración (la compra del Grupo Ebro). También en Andalucía está el principal centro de Allied Domecq en España, otras de las grandes firmas del sistema agroalimentario. Los efectos de la globalización de capitales han generado una doble dinámica en las mayores empresas andaluzas: la compra de empresas andaluzas por parte de empresas de rango multinacional, caso de algunas empresas de bebidas alcohólicas, incluidas cerveceras –casos de DAMM o Domecq–, y el salto a un ámbito geográfico mayor de las empresas andaluzas, bien por la instalación de fábricas en otras regiones o países, proceso más lento, o bien por la ampliación de los mercados. En algunos sectores artesanos o tradicionales, como el de quesos de cabra, también ha habido penetración de capitales de otros países, especialmente por parte de empresas francesas especializadas, aunque algunos han dado marcha atrás. Entre los hechos recientes más interesantes destaca la “renacionalización” de algunas de las firmas líderes de sectores como el aceite de oliva e incluso algunas de bebidas alcohólicas (González Byass), proceso en el que han jugado un papel destacado capitales andaluces.

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2.3 Situación de la industria Agroalimentaria andaluza en 1980 La industria agroalimentaria tiene una especial importancia en Andalucía. Suponía, en este sentido, en 1980 su principal especialización industrial, acaparando casi el 25% del valor añadido bruto del sector secundario de la región. Además, la I.A.A1., abarca un conjunto de actividades (aceites, vinos, producciones de leche y queso, panadería y molinería) que tienen una gran tradición. Se trata de especializaciones que existen en Andalucía, en muchas ocasiones, desde la antigüedad. Esto hace que las mismas se encuentren muy relacionadas con el resto de su tejido productivo. De este modo, en 1980, casi el 80% de las productos adquiridos por la I.A.A. para el desarrollo de sus procesos productivos (fundamentalmente producciones agrícolas sin transformar, pero también producciones manufactureras como envases, embalajes etc.) tenían su origen en el interior de la región. En este sentido, la I.A.A. tiene en una elevada capacidad de arrastre. Además, se trata de especializaciones muy difundidas. Esto puede percibirse claramente si se tiene presente el elevado número de establecimientos. La I.A.A. tenía en 1980 más de 8.500 establecimientos, lo que representaba, aproximadamente, el 40% del total de establecimientos industriales de la región. En definitiva, las relaciones interindustriales establecidas con otros sectores y el elevado número de establecimientos hacían de la industria agroalimentaria un sector comparativamente más arraigado que otros. “Por otro lado, este “arraigo” no implicaba, en términos generales, una situación de “atraso” o de reducida capacidad competitiva”. Por otro lado es curioso el análisis de la localización de la industria agroalimentaria en el territorio andaluz en 1980, en el que se van a distinguir tres tipos de entornos territoriales: • Áreas urbanas : donde se incluyen las ocho capitales de povincia, así como Marbella, Algeciras y Linares. En el caso de Sevilla y Cádiz, se incluyen dentro de ellas los municipios que conforman la capital y su metropolización, es decir, Alcalá de Guadaíra y Mairena, etc, dentro de Sevilla; y Chiclana, El Puerto de Santa María, Jerez, etc, dentro de Cádiz. • Ciudades intermedias: son ciudades que se caracterizan por la importancia que en su interior tiene la actividad agraria. Incluso reciben el nombre de “agrociudades” • Zonas rurales: aquellas zonas con menos de 10.000 habitantes. Observamos que, ya en 1980, la I.A.A se encuentra concentrada mayoritariamente en entornos urbanos. El 43,9% del empleo agroindustrial se localiza en las zonas urbanas, y el 23,6% en las ciudades intermedias; sumando entre ambos tipos el 23,12% de la superficie de la región. Es decir, ya en 1980, el papel de la industria agroalimentaria es bastante significativa. Además se trata de un conjunto de municipios que tienen una cierta continuidad espacial, por lo que forman una serie de ejes, entre los que cabe destacar tres ejes: 1. El eje transversal. Este es el más importante y pasa por las campiñas sevillanas y cordobesas para llegar a la subbética de esta misma provincia. 2. El eje Córdoba – Málaga 3. El eje Andújar – Jaén – Granada

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I.A.A.: Industria Agroalimentaria. A partir de ahora, me voy a referir a ella así para abreviar.

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Las cifras anteriores señalan que en comparación con las áreas rurales, que mantiene casi el 29% del empleo agroalimentario, la I.A.A no es una realidad eminentemente rural, al revés, ya que la participación rural es claramente minoritaria, siendo el más del 65% del territorio de la región. En resumen, la I.A.A, es en 1980, una realidad preferentemente urbana, con una relación, en la mayoría de los casos lejana de las producciones agrícolas de las que parte. “La industria alimentaria andaluza presenta una distribución geográfica característica de la primera transformación, situándose en las áreas donde se localiza la producción agraria suministradora de materia prima; aunque buena parte de las mayores industrias se localizan en núcleos de población mayores y bien comunicados. Cabe citar que el modelo poblacional andaluz, con un buen número de “agrociudades” capaces de ofrecer servicios favorece la distribución equilibrada de la industria. La presencia de esta actividad en las sierras es mucho menor.”

2.4 Evolución de la industria agroalimentaria desde 1980 Lo primero es resaltar que, en términos generales, la especialización agroalimentaria andaluza se mantiene. La participación andaluza en el valor añadido agroalimentario oscila entre el 18% y el 20% durante los años de 1980 a 1992, por lo que no se observan cambios especialmente relevantes, ni para bien ni para mal. Sin embargo a nivel de subsectores sí se aprecian diferencias. Así el Azúcar, Bebidas Analcohólicas y Cerveza van a ser los protagonistas principales de los procesos de la reestructuración de la I.A.A., creciendo su actividad muy por encima de la media. Por el contrario, es de destacar la negativa evolución del subsector de Aceites y Grasas, que es una actividad de gran importancia en el tejido productivo regional. Esto demuestra que hay un cambio en la estructura subsectorial de la industria agroalimentaria donde los subsectores no arraigados de alta competitividad resultan beneficiados, mientras que los arraigados de media y baja competitividad salen perjudicados.

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Hay que hacer una mención especial a la penetración de capital extranjero. A partir de 1986 con la entrada de España en la C.E.E. se produce un aumento espectacular de la presencia de capital extranjero en la industria española, y el sector a groalimentario se ve bastante afectado por este fenómeno tanto a nivel regional como nacional. En 1989 una de cada diez empresas del sector agroalimentario andaluz estaba participada por capital extranjero. A nivel de ramas de actividad esta penetración es prácticamente nula en las industrias lácteas, mientras que alcanza el 50% en las industrias de fabricación de jugos vegetales y conservas y más del 30% en las conserveras de pescado. Otro dato importante, proviene del hecho que la participación extranjera, cuando se da, lo hace en una elevada proporción. En este sentido la estrategia de los grandes grupos internacionales, parece haberse concretado en el control de la empresa establecida, y no sólo en la búsqueda de rentabilidad diversificando activos.

El valor añadido superaba en 1991 los 300.000 millones de pesetas, lo que representaba un 32,21% de toda la industria alimentaria andaluza. En 1986 este porcentaje era del 29,9% y un 29,4% en 1990, lo que demuestra una clara tendencia a la estabilidad en el tramo 86-90. En 1990 la industria agroalimentaria andaluza ocupaba a 63.413 personas, según la Encuesta industrial, lo cual venía a suponer el 31% del empleo total en el sector andaluz. Este porcentaje supone la disminución de algo más de un punto respecto a 1989. El proceso de reestructuración que se está produciendo en el sector, permite aventurar que en lo próximos años disminuya el número de activos. “Respecto a la creación de empleo existe la idea generalizada de que la industria agroalimentaria es uno de los sectores que generan más empleo a igualdad de inversiones. Esto no deja de ser un mito que, por desconocimiento, se creó en este sector en los primeros años de la crisis (se instaba a que se favoreciera la creación de nuevas industrias de este tipo como medida tendente a frenar el crecimiento del paro).” En 1990 existían en Andalucía 5.664 establecimientos de industrias alimenticias, bebida y tabaco, y por tanto un 13% del total nacional. La provincia con un mayor número de establecimientos era Sevilla con 1.126 unidades, y Almería era la que disponía de la cifra más baja, 390 unidades. La industria vinícola era el grupo que más establecimientos poseía, 1.490, es decir, casi el 30% del total. Los grupos con menos establecimientos eran el de la cerveza y azúcar. 26


En 19991 el índice de Producción Industrial Andaluz del sector resultó claramente negativo, especialmente en el subgrupo relativo a azúcar, bebidas y tabaco, el resto de la alimentación tuvo un comportamiento más estable. En 1992 el IPIAN del sector sufrió una caída de 0,7 puntos. Este descenso de siete décimas no fue homogéneo, ya que algunos grupos como el de aceite de oliva, conserva de carne, industrial lácteas, pan y bollería entre otros, experimentaron un crecimiento del 8,9%, mientras que otras actividades como las industrias del azúcar, alimentación animal, bebidas y tabaco tuvieron una caída del 15%. El valor añadido de la I.A.A., ha crecido entre 1980 y 1992 a una tasa media del 2,9% muy superior al 1,5% de media del sector industrial en la región. Por tanto, nos encontramos frente a un tipo de actividad que se encuentra inmersa en un proceso de crecimiento y cambio técnico. En la misma línea se puede afirmar que la tasa de acumulación del conjunto del sector ha superado el 3%. Las principales observaciones del periodo del que estamos tratando es la fuerte disminución en el número de establecimientos. Es una cifra de alrededor del 20% de los contabilizados desde 1980, lo que se resume en una destrucción de establecimientos muy importante. Una media de 315 por año. Esto se produce por el proceso de modernización sufrido por el sector que ha llevado a una intensificación de la competencia y un aumento de las escalas productivas, que ha dejado fuera del mercado a buena parte de las empresas existentes y han motivado que la densidad del tejido empresarial se haya visto reducida considerablemente. Otro dato relevante es la reducción del empleo desde 1980 a 1995, es decir, algo más 20% otra vez desde 1980. Este dato choca con el crecimiento que tuvo la industria agroalimentaria por encima de la media del sector industrial en Andalucía. En el caso andaluz, el crecer por encima de la media de su sector no implica ya no generar más puestos de trabajo sino mantener el existente. Esto se traduce en que las inversiones y la acumulación de capital se emplean en los procesos productivos, vía adquisición de maquinaria o innovación en proceso, que implica reducciones, como se ve, muy significativas en el personal ocupado directamente en fábrica. Tambien se ha reducido considerablemente la importancia relativa a los insumos regionales. Si en 1980 representaban el 80,4%, quince años más tarde se han reducido al 63,3%, desaprovechando así una de las escasas alternativas existentes para propiciar una mayor articulación de la actividad económica. Este reducción se extiende, además, en todas las actividades incluídas en la I.A.A. Lo que resulta signifcativo es la reducción de los insumos regionales en las actividades “arraigadas” con un peso muy fuerte en la región como Aceites y Grasas, Panadería y Molinería, Vino, Licores y Alcoholes. Por ejemplo, en el subsector Aceites y Grasas, los consumos intermedios de origen foráneo han pasado de representar de tan sólo el 3,1% en 1980, a un 28% en 1995. Esto tiene origen en la débil relación que sostienen la producción agrícola y ganadera y la industria de transformación agroindustrial de Andalucía.

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2.5 Situación del sector de 2000-2010

Según la información estadística que proporcionan las Cuentas Regionales de Andalucía, para el año 2000, el complejo agroalimentario, supone el 11,7% del VAB , el 13,4% del empleo, el 40,9% de las exportaciones y el 14,4% de las importaciones. El saldo de la balanza comercial es positivo en más de 2.440 millones de euros, con una tasa de cobertura del 241%. La importancia que se desprende de las cifras anteriores queda notablemente amplificada por el efecto de arrastre que tiene sobre otras industrias y servicios, entre los que cabe destacar la fabricación y comercialización de productos fitosanitarios, fertilizantes, maquinaria agrícola y de transformación, envases y embalajes, servicios de asesoramiento técnico, informáticos, servicios financieros, transporte, etc. Sin embargo, contrariamente a lo que está ocurriendo en el conjunto del sector agroalimentario, en Andalucía se está produciendo un incremento en el peso relativo de la producción primaria frente a la aportación de los procesos agroindustriales, cuya participación ha pasado de ser el 31,5% en el año 1995 al 27,4% en el año 2000, lo que puede dar idea de una falta de dinamismo para dar respuesta a las nuevas demandas de los consumidores por lo que se refiere a la oferta de productos alimentarios. Por tanto, para el año 2001 el valor de la producción de bienes y servicios de la industria alimentaria alcanzó un valor próximo a los 9.900 millones de euros, con una generación de valor añadido de más de 2.000 millones de euros y casi 54.000 empleos directos. Por sectores, destacan el de aceites y grasas, cárnicas, bebidas alcohólicas y panadería y pastelería, que aglutinan más del 60% del valor para las tres variables consideradas. En cuanto a los sectores más productivos se encuentran el de bebidas alcohólicas y no alcohólicas y el de molinería en términos de VAB por empleo y el de panadería y pastelería, bebidas alcohólicas y conservas de pescado por lo que se refiere al porcentaje de VAB generado por valor de la producción. Es especialmente significativo el escaso valor añadido que aportan sectores industriales claves de Andalucía como son el de aceites y grasas (11,9%), las conservas de frutas y hortalizas (14,4%), cárnicos (16,1%) y lácteos (17,1%). 28


El crecimiento del empleo en la Industria Agroalimentaria resultó en 2005 bastante similar, en términos relativos, al del conjunto de la industria andaluza, estimándose según la Encuesta de Población Activa un peor comportamiento de la ocupación industrial en la región en 2006. Este descenso del empleo en el último año coincide con una reducción de la producción industrial, medida por el Índice de Producción Industrial de Andalucía (IEA), con respecto al año 2005. Sin embargo, la industria de la alimentación, bebidas y tabaco muestra una tendencia contraria, ya que si en 2005 la producción se redujo levemente, en 2006 ha crecido casi un 1%, en consonancia con el incremento en el número de empresas agroalimentarias. También cabría destacar, en lo que a legislación se refiere, que el 7 de julio de 2006 se suscribió el Pacto para el Fomento de la Agroindustria en Andalucía, que se desarrollará entre 2007 y 2013, con el objetivo de alentar la fusión entre empresas del sector. Este pacto permitirá dotar al tejido empresarial agroalimentario andaluz de una mayor capacidad competitiva, fomentando la unión entre empresas en un sector excesivamente atomizado que necesita de grandes estructuras empresariales para poder hacer frente a los retos futuros que se plantean en los nuevos mercados.

2.6 Pacto de fomento de la Agroindustria 2007-2013 Las líneas estratégicas a seguir son las siguientes: • Incremento del tamaño de las Empresas ◦ Fomentar la cooperación empresarial, las fusiones, integración y alianzas estratégicas de empresas, especialmente PYME y microPYME. ◦ Impulsar la constitución de entidades asociativas de 2º grado y ulterior grado • Incremento de la capacidad comercial y la captación del valor añadido en la cadena comercial ◦ Reforzar los instrumentos que facilitan el acceso a la financiación: bonificación en tipos de interés, avales, o financiación a la inversión o a la gestión. ◦ Incorporar nuevas líneas de financiación. • Establecimiento de relaciones contractuales plurianuales entre Productores e Industrias de Transformación ◦ Fomentar y apoyar acuerdos, alianzas comerciales y redes empresariales, especialmente entre microPYMES y PYMES, para acceder a nuevos mercados y canales, aprovechando oportunidades que no podrían abordar individualmente. Impulsar la participación de las organizaciones interprofesionales y la cooperación empresarial para el acceso, desarrollo y consolidación en mercados de ámbito internacional. ◦ Promover una mayor participación de la industria agroalimentaria de Andalucía en la cadena de comercialización, en canales como el de hostelería, restauración y catering (HORECA), innovando en la concepción y desarrollo de nuevos canales de distribución. • I+D+i: Inversión en Parques Tecnoagroalimentarios ◦ Promover y fomentar el desarrollo y la comunicación de denominaciones y marcas de calidad, que facilite la diferenciación de la oferta sectorial de Andalucía hacia las nuevas necesidades detectadas en la población. • 4ª Y 5ª Gama. Nutracéuticos. • Calidad en el empleo, estabilidad, cualificación y formación continua ◦ Apoyar la formación, técnica y de gestión, en los equipos directivos, trabajadores y cuadros medios de las empresas del sector, incluyendo la realización de jornadas que permitan aumentar la productividad y la calidad en toda la cadena de valor: Producción, marketing y comercialización. 29


Sostenibilidad medioambiental, uso de energías renovables. ◦ Fomentar el autoabastecimiento con energías renovables, el ahorro de agua, energía y otros recursos, así como la minimización de residuos, impulsando inversiones en tecnologías limpias en las industrias del sector que garanticen la producción ambientalmente sostenible.

2.7 Agentes de Innovación asociados al sector Organismos públicos Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA), Sevilla Tiene dos líneas de investigación: 1. I+D agraria 2. Formación agraria Dentro de las líneas de investigación existe una línea que se centra en el sector agroalimentario: la Tecnología Poscosecha e Industria Agroalimentaria. Esta línea de investigación se ocupa de los productos agrarios a partir de su recolección o salida de la explotación, incluyendo todos los procesos de conservación y preparación de los productos para su consumo en fresco, así como los procesos de transformación industrial de productos destinados a consumo humano, alimentación del ganado u otros usos. Las líneas principales de trabajo son: calidad y seguridad de los alimentos, nutrición y salud, diseño, optimización, automatización y control de procesos agroalimentarios, tecnologías de conservación y envasado y disminución del impacto ambiental de las industras agroalimentarias. Los productos sobre los que se actuará preferentemente son: aceituna y aceite, vino, zumos, furtas y hortalizas y productos cárnicos. Red Andaluza de Parques Agroalimentarios y Tecnoalimentarios Andalucía dispone de una red de ocho parques agroalimentarios creados por la Conserjería de Agricultura y Pesca que tienen por objeto fomentar el crecimiento y la modernización de la industria agroalimentaria: • Parque de Innovación y Tecnología (PITA), Almería. • Parque Tecnológico Agroindustrial, Jerez. • Parque Agroalimentario del Sur, Córdoba. • Parque Agroalimentario de Loja, Granada. • Parque de los Cítricos Andaluces Cartaya-Tariquejos, Huelva. • Parque Científico y Teconológico del Aceite y del Olivar (GEOLIT), Jaén. • Parque Agroalimentario de Vélez Málaga-Axarquía, Málaga. • Parque Agroalimentario de la Aceituna de Mesa de Arahal, Sevilla.

Centros de innovación y tecnología La administración ha impulsado una red de centros tecnológicos para dar apoyo a las empresas en temas de innovación. Estos centros se ubican mayoritariamente en los parques agroalimentarios y están orientados al subsector predominante en cada región. TECNOVA: Centro Tecnológico de Tecnologías Auxiliares de la Agricultura, Almería Está integrado por más de 120 empresas que aportan valor al sector agrícola. Las principales actividades desarrolladas por el centro son: I+D+i, formación, promoción y comercio exterior. 30


ADESVA: Centro Tecnológico de la Agroindustria, Huelva. Tiene como finalidad atender necesidades tecnológicas de las empresas del sector industrial y fomentar la cooperación interempresarial y la transferencia de tecnología, dinamizar y fomentar la investigación y el desarrollo tecnológico, mejora de la calidad de producción y fomento de la modernización e innovación empresarial. Los proyectos más destacables se centran en el diseño de plásticos de ingeniería, degradables para acolchado y filtro solar para cubierta en invernaderos: el desarrollo de la polinización de la fresa y la frambuesa mediante el uso de abejorros; investigación de aplicaciones cosméticas y farmacéuticas de la fresa o el estudio del uso de residuos de la piel de la naranja como combustible. CENTRO TECNOLÓGICO ANDALUZ DEL SECTOR CÁRNICO, Huelva. Entre sus objetivos figura: mejorar la calidad del producto final y los procesos de fabricación , planificar y gestionar proyectos de I+D+i, estudio de nuevos mercados, asesoramiento en servicios analíticos e instrumentales, control de impacto medioambiental. CICAP, Fundación Centro de Investigación y Calidad Agroalimentaria, Córdoba. Las actividades principales se centran en la calidad y seguridad agroalimentario, I+D+i y asistencia tecnológica, implantación de sistemas, formación y formación de redes. CITAGRO, Centro de Innovación y Tecnología Agroalimentaria, Sevilla. Es una agente tecnológico cuyo objeto es el desarrollo del sector agroindustrial, mediante la promoción, difusión y transferencia de la Innovación Tecnológica, aplicación de Sistemas de Gestión de la Calidad, Formación en distintos ámbitos como la calidad y el medio ambiente y la participación en proyectos locales, regionales, nacionales y transnacionales. CITOLIVA, Centro Tecnológico del Olivar y el Aceite, Jaén. Tiene por objeto difundir y transferir los resultados de la investigación de la universidad al tejido productivo relacionado con el sector del aceite para mejorar su competitividad. Citoliva ha impulsado la Asociación Agrupación Empresarial Innovadora (AEI) y desarrolla varios proyectos de investigación vinculados al sector oleícola. Entre éstos desataca el de la eliminación de salmueras mediante inyección profunda, un trabajo que proporcionará unos grandes beneficios económicos, sociales y ambientales al sector de la aceituna de mesa. CEAS, Centro de Excelencia Investigación en Aceite de Oliva y Salud. Es una fundación de carácter investigador, que tiene por objeto principal la potenciación y coordinación de la investigación clínica y experimental, centrada en el estudio de las relaciones entre el Aceite de Oliva y la Salud humana. Centro de Innovación y Tecnología para el Desarrollo Agrario Sostenible Malatao, Cartaya. La Asociación Centro de Innovación y Tecnología Malatao tiene por objetivo fomentar el crecimiento y desarrollo sostenible del sector agroalimentario, así como la protección del medio ambiente. COEXPHAL, Almería. Sus principales líneas de investigación: • Control de la calidad y mejora de la producción. • Comercialización y transporte. • Medio ambiente. 31


Coexphal recientemente se ha unido a la plataforma tecnológica FOOD FOR LIFE, donde las entidades más importantes de este país confluyen para trabajar organizadamente en grupos de investigación. CTAQUA, Fundación centro tecnológico de acuicultura de Andalucía, Cádiz. El objetivo es fomentar la innovación competitiva de las empresas, en respuesta a las necesidades empresariales del sector acuícola, así como el desarrollo de una investigación aplicada a los distintos procesos productivos.

2.8 Importancia de las exportaciones Para entender la evolución de las importaciones y exportaciones de productos alimentarios y bebidas, hay que tener en cuenta que hasta 1986 el comercio exterior agroalimentario era, en conjunto, poco significativo, por encontrarse muy protegida la economía nacional. Es por ello lógico, que al desaparecer el proteccionismo y al tener lugar la integración en el Mercado Común se produzca un crecimiento importante de las corrientes de comercio exterior, tanto importadoras como exportadoras. A nivel de Andalucía la situación cambia significativamente ya que el peso relativo del sector agroalimentario en el conjunto del comercio exterior andaluz es mucho más importante que a nivel nacional. En 1991 las importaciones agroalimentarias representaban un 14,6% del total de las importaciones andaluzas y las exportaciones del sector representaban un 42,7% sobre el total de las exportaciones en Andalucía. En España por el contrario, el volumen del comercio exterior agroalimentario no es muy significativo.

La evolución de las exportaciones de la industria agroalimentaria en Andalucía es positiva tal como muestra el cuadro, al estar valoradas en más de 5.560 millones de euros en 2007, experimentando un aumento del 10,58% con respecto a 2005. Las provincias andaluzas que generan mayores beneficios debido a las exportaciones son Almería y Sevilla, siendo esta última la que registró un mayor crecimiento en este periodo, un 24,09% seguida de Córdoba. En cuanto a los principales destinos de exportaciones agroalimentarias y bebidas andaluzas en 2007, más del 81% corresponde a la Unión Europea, en particular Italia, Francia y Alemania, siendo EE.UU el destino principal fuera de la UE, con un 5,08% del valor económica de esta actividad. Tanto las exportaciones de legumbres y hortalizas, como las de aceite de oliva, destacan por su gran valor económico, en suma casi tres millones de euro 32


2.9 Datos recientes del 2011

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La agroindustria está salvando la balanza comercial de Andalucía gracias al dinamismo experimentado en los últimos meses. En un momento de recesión en muchos otros sectores económicos, el valor de los productos agroalimentarios exportados durante el primer semestre del año aumentó un 7,6%, y ya suponen el 30% de todo lo exportado por la comunidad. Almería, por el valor de su huerta de frutas y hortalizas, lidera el ranking de las ventas al exterior y la que obtiene un mayor saldo comercial positivo. La balanza comercial agroalimentaria de la región durante este periodo fue de 2.436 millones. Según los datos del Instituto de Comercio Exterior (ICEX), el valor de los productos agroindustriales exportados en Andalucía entre enero y junio de este año fue de 3.909 millones, frente a los 3.631 del mismo periodo del año anterior. Este crecimiento experimentado en los seis primeros meses del año hace augurar unos datos históricos a finales de 2012, pues ya se da por seguro que se superarán ampliamente las ventas por 6.390 millones de todo el año 2011. En términos cuantitativos, Andalucía exportó 3,2 millones de toneladas de productos agroalimentarios, lo que supone casi una cuarta parte de todo lo exportado. Y, tanto en el valor de las ventas como en la cantidad, Almería lidera ampliamente la clasificación. Así, la provincia almeriense ingresó 1.188 millones por la venta al exterior de 1,3 millones de toneladas, lo que supone el 30% del total andaluz, seguida de Sevilla (21 %) y Huelva (17%). En cuanto a la cantidad exportada, Almería supone el 40% del total andaluz. En todas las provincias, salvo en Cádiz, las exportaciones agroalimentarias en valor superaron a las importaciones, y nuevamente son Almería, Sevilla y Huelva las que mayor diferencial arrojan entre lo ingresado por las ventas foráneas y lo pagado por las importaciones. Desde la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente se destaca la fortaleza del sector agroalimentario andaluz como lo evidencia el hecho de que los productos agroalimentarios y bebidas constituyen el único grupo que arroja un resultado positivo en el conjunto total de los productos comercializados en Andalucía. Otro dato que aporta el ICEX es que la Unión Europea acaparó el 79% de todo el agro exportado desde Andalucía de enero a junio, lo que supone un 6% más que en el primer semestre de 2011. Alemania (18%), Francia (13%) e Italia (12%) lideraron las ventas a la UE que, en total, ascendieron a 3.087 millones. En cuanto al valor de la exportación a terceros países, destaca las ventas a Estados Unidos (4%) del total y Japón (1,3%). Aunque las frutas y hortalizas están a la cabeza de la balanza comercial, fue el aceite de oliva el de mayor valor en las ventas al exterior durante el primer semestre del año, con 470 millones (el 70% del total nacional), seguido de las fresas y tomates frescos. Con todo, también las importaciones de productos agroalimentarios y bebidas han crecido durante el primer semestre del año, con un total de 2,3 millones de toneladas por un valor de 1.473 millones.

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2.10 Resumen del sector de la Agroindustria Entre los principales rasgos que caracterizan a la industria agroalimentaria andaluza, destacan los siguientes: •

Coexistencia de grandes empresas muy competitivas en importantes sectores agroindustriales junto a Pyme con problemas de competitividad, lo que determina una cierta estructura de carácter dual.

Grado de diversificaciones relativamente escaso, al estar concentrada la producción en ,iertas actividades tales como: aceite y grasas, azúcar y bebidas alcohólicas.

Escasa presencia relativa de la industria de segunda transformación, que viene derivada de la especialización productiva en actividades muy ligadas al sector agrario y en las que se producen bienes con bajo grado de elaboración.

Coexistencia de actividades tecnológicamente avanzadas con otras que utilizan sistemas tradicionales de producción.

Desarrollo comercial desigual, con una presencia heterogénea en los mercados internacionales; asimismo, y debido al proceso de globalización y homogeneización del consumo se ha perdido cuota de mercado interna en este subsector.

Insuficiente integración intersectorial entre la industria agroalimentaria y las actividades primarias, que se refleja en la fuerte orientación de la producción agraria a la demanda final de consumo y exportaciones.

Progresiva generalización de procesos adecuados de gestión de residuos y vertidos generados por la actividad agroindustrial, aunque todavía insuficientes.

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Conclusiones La industria es uno de los tres sectores en que se divide la actividad económica, agrupando empresas transformadoras, de construcción, energéticas, etc.El desarrollo económico de una ciudad está relacionada con la industrialización de modo que a mayor industrialización mayor crecimiento económico y como consecuencia un aumento del sector servicios en detrimento del industrial. Pero, el razonamiento técnico económico, como no podía ser de otro modo, peca de graves fallos. Argumentando desde el interior del mismo, puede decirse que el primer fallo es no valorar en su adecuada medida las implicaciones sociales y territoriales de una política de maximización del crecimiento. En el caso de Andalucía, la existencia de altas tasas de crecimiento de la producción no ha ido acompañada con la creación de empleo. La industria agroalimentaria es un caso arquetípico de crecimiento sin empleo. Pero es que, además, muchas de las industrias que, en mayor medida crecen, destruyen buena parte del empleo industrial existente. Adicionalmente, esta búsqueda del crecimiento y de la competitividad ha dado lugar a un modelo de organización industrial que basa su flexibilidad en el factor trabajo. También se ha puesto de manifiesto cómo una de las “ventajas competitivas” de la industria agroalimentaria regional la capacidad de ajustar sus plantillas ante los cambios en la demanda. Por ello, no se trata únicamente de que exista menos empleo, sino de que se ha producido una pérdida de “calidad” del mismo. Se trata ahora, en buena medida de contratos temporales, por obras y servicios y de otras modalidades que, ayudando a reducir costes empresariales, suponen una pesada carga para la población de la región. Además, se produce, como consecuencia de la dinámica competitiva una fuerte reducción en el número de establecimientos. Los establecimientos que desaparecen corresponden, en su mayoría, a pequeñas empresas de origen local y estructura eminentemente familiar. Por tanto, lo que desaparece es una buena parte del tejido agroindustrial existente en la región. Dicho en otros términos, una parte muy considerable del tejido productivo andaluz no ha sido capaz de adaptarse al nuevo entorno competitivo. Si nos demandamos por las causas de esto, nos encontramos con que el fuerte aumento de la productividad, reduce los costes unitarios y, por tanto, pone fuera del mercado a las empresas que no son capaces de seguir este proceso. El crecimiento de la productividad en la IAA es, en este sentido, paralelo a la destrucción de establecimientos presentándose ambos fenómenos como dos caras de la misma moneda. En definitiva, el crecimiento, en el caso de la IAA, es un crecimiento virulento, que no se traduce ni en un aumento del empleo, ni en la generación de un entorno más favorable para que las empresas agroindustriales andaluzas lleven a cabo sus actividades productivas. No se trata, por tanto, de un crecimiento equilibrado, ni autocentrado, ni de ningún otro adjetivo con el que el sustantivo se quiera acompañar. El carácter poco articulado de los procesos de crecimiento se pone especialmente de manifiesto cuando se toma como referente el espacio. En este sentido, la consideración de la variable espacial permite poner en tela de juicio muchas de las afirmaciones normalmente sostenidas en el análisis de la actividad agroindustrial en la región. En primer lugar, no es cierto que se trate de una actividad industrial localizada mayoritariamente en entornos rurales y semirrurales. Por el contrario, el peso de las actividades agroindustriales urbanas era ya muy significativo a la altura de 1980. Por tanto, el desarrollo de la industria agroalimentaria, por sí sólo, no tiende a favorecer un modelo de desarrollo industrial más equilibrado 37


territorialmente. En segundo lugar, son los subsectores y las actividades que concentran, en mayor medida, su empleo en áreas urbanas las que, durante el período estudiado, aumentan de una forma más clara su partipación el valor monetario de sus producciones. Por tanto, no sólo existe una importante concentración espacial de los circuitos generadores de valor ya en 1980, sino que adicionalmente, esta concentración aumenta en el período 80-95. Por ello, buena parte de las actividades agroindustriales localizadas en entornos rurales y semirrurales ven reducirse su importancia real en el entramado productivo andaluz. De esta forma, el crecimiento de las actividades agroindustriales no se traduce en un modelo de desarrollo espacialmente más equilibrado, sino que, por el contrario contribuye a enfocar la actividad económica de la región en una serie de puntos territorialmente inconexos, a modo de islas, entre sí: las grandes aglomeraciones urbanas de la región. Esto, en buena medida, se debe a las estrategias de valorización de las grandes corporaciones agroindustriales, cuyo papel va a ser básico durante todo este período. Su capacidad de inversión y de movilización de recursos financieros es muy significativa. Estas inversiones se dirigen mayoritariamente a unos pocos establecimientos productivos. Estos establecimientos se sitúan habitualmente en las grandes aglomeraciones urbanas o en sus cercanías. Con lo que se explica cómo el fortalecimiento del papel de la gran empresa termina motivando un aumento del protagonismo de las grandes ciudades en la organización espacial de la actividad agroindustrial en Andalucía. A mayor crecimiento mayor concentración espacial de los procesos productivos generadores de valor. El crecimiento de la actividad agroindustrial parte de un desequilibrio espacial ya observable en 1980 que no hace sino reproducirse y ampliarse en el período objeto de estudio. En los procesos de crecimiento urbano juega un papel central la gran empresa de capital transnacional o, en todo, caso las empresas no locales. Frente a ello, en este nuevo modelo el protagonismo van a tenerlo una serie de pequeñas y medianas empresas que compiten y cooperan entre sí sobre la base de unas formas de interacción social socialmente incrustadas en las culturas productivas locales. La pequeña y mediana empresa se encuentra íntimamente ligada a la gran empresa a partir de complejas relaciones proveedor / cliente, pero siempre en una posición de debilidad, es decir, subordinada a la misma. Normalmente, se ocupa de la primera transformación de las producciones agrarias y del posterior almacenamiento del producto, dejando que sean las grandes organizaciones las que sobre la base de su concurso flexibilicen crecientemente sus procesos productivos, propiciando una disminución muy significativa de sus costes fijos. Este papel dominante de la gran empresa no es puesto en cuestión como consecuencia de los cambios acaecidos en los mercados en el período estudiado, sino que, muy al contrario se fortalece como consecuencia de los mismos. Los sistemas de pequeñas y medianas empresas lejos de suponer otra forma de articular las relaciones productivas, sirven para asentar y dotar de flexibilidad a la organización del mercado previamente existente. Además, curiosamente, el principal ataque, desde el interior de estos municipios, que esta estructura de valorización socioeconómica ha tenido en los últimos años no proviene del desarrollo de una nueva generación de empresarios capaces de reestructurar y rearticular las relaciones de producción, dando lugar a sistemas productivos más abiertos y eficientes, sino que, por el contrario provienen de la “acción política y social”. Ya desde los años 60, pero particularmente en los 80 se asiste a un fuerte desarrollo del sector 38


cooperativo que supone un cambio sustancial en las relaciones mercantiles de actividades como el aceite de oliva o la aceituna de mesa. Supone la existencia de organizaciones productivas que, en estas actividades, compiten con las tradicionalmente grandes empresas de estos sectores contribuyendo a la defensa de los intereses de los agricultores. Por tanto, la principal evolución interna sufrida por el sistema de producción agroindustrial de los municipios rurales y semirrurales estudiados no proviene de la “empresariabilidad” concebida en abstracto, sino de actuaciones con una fuerte carga política, favorecidas por las distintas administraciones y con una fuerte legitimación social. Pero, si algo amenaza la supervivencia de las “grandes empresas localizadas en entornos rurales” es el desarrollo de organizaciones productivas todavía mayores. Nos referimos a los cambios observados en la gran distribución, que han supuesto concentrar la capacidad de compra de las producciones agroindustriales en unos pocos grupos empresariales. Con esto se ha reducido el poder negociador de las grandes empresas agroindustriales de capital local, ya que su tamaño es muy pequeño comparado con el de la gran distribución (en la actualidad su principal cliente). La situación de las pequeñas y medianas empresas que, todavía, van por libre es mucho peor ya que, directamente, se las ha marginado de estos canales de comercialización. Con lo cual, tiende a haber un tipo de relación entre los grandes establecimientos agroindustriales y la gran distribución, de la que quedan marginadas las PYMES. Si éstas desean tener acceso a estos canales, tienen que desarrollar alguna forma de “partenariado2” con alguna de las grandes empresas existentes. Partenariado que suele finalizar con una absorción. En este contexto, únicamente la actuación de algunas cooperativas (aceiteras o aceituneras de segundo o tercer grado) proporciona a las pequeñas organizaciones (en este caso, cooperativas más pequeñas o cooperativistas individuales) un margen de actuación más cómodo. Por otro lado, existen productos, como la carne, donde la gran distribución todavía no tiene una cuota de mercado especialmente importante, lo que ha dejado el espacio suficiente como para que pequeñas industrias locales se desarrollen. Pero es que además no se trata únicamente de la existencia de un conflicto de intereses entre la gran empresa y la pequeña empresa, entre la gran distribución y los productores locales, sino que esta situación fuertemente competitiva termina por afectar a las características de los procesos de trabajo. La competencia fuerza la búsqueda de la eficiencia productiva. Esto, a su vez, promueve una flexibilización del funcionamiento de la fábrica. En entornos rurales y semirrurales como los estudiados esta flexibilización afecta sobre todo al factor trabajo. En las pequeñas empresas mediante el uso de la contratatación temporal. No es extraño encontrarse con empresas donde si no hay trabajo, los trabajadores vuelven a casa, sin cobrar, por supuesto. En las grandes empresas, las cosas funcionan de un modo semejante sólo que con una mayor organización. Hasta cierto punto, la flexibilidad del trabajo es obligada en producciones fuertemente estacionales, pero en todo caso, se ha fortalecido como rasgo distintivo de la actividad agroindustrial en los municipios considerados. En nuestro caso, el futuro de la actividad agroindustrial o más genéricamente de las actividades económicas en entornos rurales y semirrurales debe ir más allá de la simple promoción del crecimiento en el interior de las mismas. Debe partir de un análisis de su funcionamiento interno, de las relaciones sociales y de poder en su interior, de los condicionantes impuestos por los procesos de Reestructuración y Globalización, para de este modo, de una forma lenta y progresiva ser capaces de consensuar y de imaginar una estrategia que permita realmente una mayor sostenibilidad ambiental y equilibrio social de los procesos de transformación agroindustrial. Pero para ello, no sólo hay que mirar el crecimiento.

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Partenariado: La cooperación al desarrollo, el desarrollo local, la resolución de conflictos entre las partes, y todo lo que implique la colaboración y la interrelación de las partes de una forma equilibrada, respetuosa e igualitaria.

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En el caso andaluz, lo que se destruye es, en muchas ocasiones, superior a lo que se crea. Los procesos de competencia generados por una economía abierta a flujos de mercancías y capitales provenientes del exterior son demasiado intensos para la mayor parte de las organizaciones empresariales existentes en su interior. Esto es lo que ha motivado un proceso de fuerte destrucción de empresas, que, en el caso de la industria agroalimentaria estaban y siguen estando (aunque en menor medida) localizadas mayoritariamente en entornos rurales y semirrurales. En resumen, las observaciones después de investigar sobre la Industria andaluza en general, es que al igual que este sector comenzó con cierto retraso respecto a España, igualmente el estudio sobre ello también carece interés sobre otras zonas de España, bien es verdad que siendo una región con tan poco peso específico en el sector secundario en el presente, no sea una región relevante a estudiar en comparación con otras. No sé si ese es el motivo por el que tan “alegremente” se habla sobre fracaso de la industria andaluza, cuando viendo los resultados en el tiempo se observa un crecimiento débil, sí, pero constante. Por ello, si el sector tiene tan poco peso y no tiene capacidad par competir frente a la producción industrial de otras regiones, también provoca que a nivel nacional la concentración de inversiones se produzca en regiones ya industrializadas, por lo que el proceso de industrialización español no contribuyó a un verdadero desarrollo de la industria en nuestra comunidad. Teniendo en cuenta esto, se produjo una alto desarrollo de unas regiones en detrimento de otras, como es el caso de Andalucía, dejándolas en una situación de subdesarrollo y dependencia. De igual modo que la industrialización de España no es homogénea, lo mismo ocurre dentro de Andalucía.

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Pilar Balón - Sector Secundario