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De entre todas las muestras de sincretismo cultural que en nuestro país amalgaman lo indígena y lo español, quizá ninguna tan perfecta como la técnica de pasta de caña de maíz que se sigue practicando en Michoacán para elaborar figuras religiosas.

Fuente: MÉDICO MODERNO Rolando Baca Martínez *Las imagenes fueron obtenidas de internet


LAS ESCULTURAS DE PASTA DE CAÑA DE MAÍZ SON DE UN SINCRETISMO PERFECTO, PUES VINCULAN A UNA PLANTA SAGRADA DEL CONTINENTE AMERICANO CON EL IMAGINARIO CATÓLICO PROVENIENTE DE EUROPA.

La técnica de estas esculturas fue desarrollada por el pueblo tarasco, quienes la denominaban tantxingüe o tatzingüe y con ella daban forma a unos ídolos portátiles para llevar consigo en las batallas contra sus enemigos. El misionero Fray Martín de la Coruña, uno de los primeros evangelizadores de Michoacán, al conocer a los indios purépechas de Tzinzunzan y sus estatuas ligeras, consideró como obra del maligno la liviandad de esas figuras del tamaño de una persona, pero que sólo pesaban unos cuantos kilos, por lo que determinó condenar las imágenes a

la hoguera. Este hecho es recogido en sus crónicas por otro fraile, Francisco Mariano de Torres, quien señala que en 1525 se organizó una quema pública de las figuras hechas de pasta de caña de maíz, mientras que los ídolos que eran de piedra o de oro, fueron llevados en barcas al contiguo Lago de Pátzcuaro y arrojados en el agua para que se hundieran en el fondo del cuerpo lacustre. Pero hubo otros que advirtieron las bondades de este método artesanal y que los misioneros denominaron de manera inicial como “pasta de Michoacán”. Hasta entonces, lo usual era que las figuras de santos provenientes de España, Portugal e Italia estuvieran elaboradas en madera, lo que las hacía muy pesadas. Así que pronto llegó a los artesanos indígenas el primer encargo de una imagen católica: el Cristo de la Sangre, mismo que una vez terminado, causó admiración y asombro por lo maravilloso de su factura y su escaso peso, considerando que era prácticamente de tamaño natural. Fue Francisco Carrasco Cebreros, capellán de la Colegiata de Pátzcuaro (templo antecedente de la Basílica de la Salud), quien llevó esa imagen de Jesucristo crucificado al Hospital de la Santa Caridad, administrado por la Hermandad de la Vera Cruz. Cuando esta figura de únicamente siete kilos de peso fue entregada, el hecho se considero casi milagroso, ya que a su juicio la estatuilla prácticamente “flotaba”. Una vez vista bajo otra mirada, la técnica artesanal que por siglos había desarrollado los tarascos fue calificada ‘excelente’ por los cronistas españoles de la época. Cuando Vasco de Quiroga llegó a la región y conoció ese arte, lo denominó en sus escritos bajo el rubro de “perfecciones de Michoacán”. LA TÉCNICA El secreto de tal prodigio era el ‘extraño’ material que había sido empleado para su confección: la caña del maíz, una solu ción ingeniosa de la naturaleza, ya que sus fibras y células tienen un alto contenido de aire que la hacen un material sumamente liviano, pero resistente y dúctil para los propósitos de la planta. Los tallos o cañas de maíz se arraciman en un atado y se bañan con la savia de plantas especiales (una de ellas una especie de orquídea que se debe cosechar únicamente entre mayo y junio), cuyo efecto químico las aglomera o malgama entre sí de forma muy fuerte.


Una vez obtenido el material que servirá de base para la LOS ESPAÑOLES SE MARAVILLARON CON LOS ÍDOLOS PURÉPEescultura y que se hace crecer de CHAS QUE NO PESABAN, AUNQUE PRIMERO LOS CONDERAON acuerdo con el tamaño que se quiera dar a la figura, se trabaja a POR CONSIDERARLOS COSA DEL DEMONIO. partir de este punto como si se tratara de madera; es decir, se talla, corta y refina para darle la forma necesaria. En algunos casos, ciertas figuras requieren que sus miembros (cabeza, brazos, piernas o troncos) sean trabajados en partes sepradas, en especial si la imagen se desea articulada. Una vez tallada la figura, se envuelve con tiras de papel amate y luego sobre éste se esparce una pasta (obtenida también de la caña de maíz) que se trabaja a modo de estuco. Luego viene una capa fina de arcilla denominada titlacalli, destinada a los detalles finos. Es sobre ésta que se puede aplicar el color (cada uno obtenido con una fórmula especial e ingredientes naturales compuestos de plantas y tierras) y los cabellos (en el caso de figuras religiosas católicas). Durante el proceso se le agrega a la pasta un veneno procedente de la planta Rhus toxicum, una variedad de hiedra venenosa que crece en los bosques michoacanos y que, además de evitar la acción de polillas y termitas, también previene el ataque de hongos y bacterias, con lo que se consigue que el material no se degrade con el tiempo, aún en condiciones cambiantes y extremas de humedad, calor o frío. Como último paso, se emplean aceites secantes de nuez para el efecto de pulido, que es el que les da su característico brillo. AUGE, DECLIVE Y RENACIMIENTO Una vez familiarizado con el trabajo artesanal prehispánico y convencido de su calidad, Vasco de Quiroga ubicó a los maestros tarascos de ese arte y les encargó la confección de una imagen de la Virgen de la Salud. El grupo de artesanos indígenas que recibió la encomienda estuvo encabezado por el purépecha Juan del Barrio Fuerte y fueron asesorados por el fraile Daniel el italiano, experto en el arte del bordado y los acabados finos que aprendió en los talleres renacentistas de la época.

En la Basílica de Pátzcuaro veneran a la Virgen de la Salud, realizado con la técnica de pasta de caña y que fue la tercera imagen mexicana en ser coranoda por el orden papal en 1899.

La escultura de la virgen se termino en 1540 y se colocó en la capilla de un hospital de la localidad. La imagen gustó tanto por su perfección y expresividad que comenzó a cobrar fama y vio multiplicarse el número de sus visitas, hasta que se decidió erigirle un templo propio para su veneración: la iglesia de la Salud de Pátzcuaro, elevada a rango de basílica cuando la virgen recibió coronación canónica el ocho de diciembre de 1899, siguiendo una orden del papa León XIII promulgada en 1898. Cabe señalar que la Virgen de la Salud fue la tercera imagen en América en ser coronada con autoridad pontificia, sólo antecedida por la Señora de la Esperanza,


de Zamora, Michoacán, en 1886; y la Virgen de Guadalupe de la Ciudad de México, en 1895. Retornando al siglo XVI, y complacido Vasco de Quiroga con la espléndida manufactura alcanzada en la imagen de la Virgen de la Salud, a instancias suyas se funda la Escuela Escultórica de Pátzcuaro, con lo que comienza la Edad de Oro del arte de la pasta de caña, pues de dicho centro artesanal saldrían los cristos, santos y vírgenes que se distribuyen por todo México, España y las otras colonias americanas. También de éste emanarían diversos talleres independientes en Michoacán.

La Casa de los Once Patios, en Pátzcuaro, Michoacán, se ha convertido en un renombrado centro artesanal en el que es posible adquirir los más refinados trabajos artísticos directamente demanos de sus creadores.

Quiroga también abrió otra escuela-taller en Santa Fe de la Laguna, Michoacán, ya que de ahí procedía la materia prima; e incluso también trató de introducir la técnica en Santa Fe, en las cercanías de la capital del país, donde por cierto el célebre Motolinía (Fray Toribio de Benavente, defensor de los indígenas e historiador de la Nueva España) pudo conocer esos trabajos escultóricos y calificados de “mejores que los que labran en madera”. Durante todo el Virreinato, la Nueva España y en concreto la región de Michoacán se convirtieron en abastecedores de figuras religiosas para el resto de las colonias y la propia España, así como algunas otras naciones europeas y sus

Entre las figuras elaboradas durante el periodo colonial, los expertos en arte identifican dos etapas: una denominada de Renacimiento tardio (en las que las imágenes se muestran influidas por la concepción artística del Cinquecentto italiano) y otra conocida como de barroco indígena. Las primeras fueron confeccionadas a partir del año 1530 y hasta el 1610, mientras que la siguiente fase abarcó los dos siglos posteriores, pues concluye abruptamente en 1810, con el estadillo de la guerra de Independencia, en la que el estado de Michoacán tuvo un papel primordial y que fue la causa de que se cerrara la Escuela de Pátzcuaro. De estos dos periodos datan piezas célebres de la región como El Santo Cristo de la Tercera Orden, que se venera en el templo de San Francisco; el Cristo de las Tres Caídas, del Templo de la Compañía, y el Señor de los Afligidos (también conocido como Señor de las Cañitas), que se puede visitar en la Basílica de la Salud. Todas estas figuras son sacadas en procesión durante el Viernes Santo. Según esos mismos especialistas, tras finalizar el periodo barroco, se registra lo que podría llamarse la etapa mestiza, en la que poco a poco se deja la finalidad religiosa y las figuras devienen en artesanías dirigidas al mercado turístico y a los coleccionistas.


DURANTE EL PERIODO VIRREINAL, PÁTZCUARO SE CONVIRTIÓ EN ABASTECEDOR DE FIGURAS RELIGIOSAS PARA TODO EL PAÍS, ESPAÑA Y SUS COLONIAS, ASÍ COMO DE ALGUNAS OTRAS NACIONES EUROPEAS Y SUS TERRITORIOS ULTRAMARINOS. colonias, como en el caso de las portuguesas. El centro de proudcción de esta técnica artesanal fue Pátzcuaro, donde los diversos talleres no se daban abasto para sufrir la abundante demanda. La situación cambió con la Independencia de México, que por un tiempo aisló al país del contexto internacional y en especial de España, la cual había fungido hasta entonces como intermediaria para la distribución de las imágenes religiosas. La técnica cayó en desuso (tiempo durante el cual fue sustituida parcialmente por el yeso) y casi estuvo a punto de perderse, hasta que en el siglo pasado un artesano de Pátzcuaro, de nombre Baldomero Guzmán, ya siendo anciano, se propuso no dejar perder ese arte y, buscando primero un patrocinio, se lanzó a la aventura de formar un taller-escuela dirigido a los jóvenes de su comunidad. Su idea cayó en terreno fértil y consiguió su objetivo: hoy en varios puntos de Pátzcuaro, los discípulos del señor Guzmán continúan la tradicción de la pasta de caña de maíz, tanto para elaborar imágenes religiosas como para confeccionar artesanías en general.


Los santos de caña de maíz