Page 1

Monterrey, Diciembre de 2012 Francesc Pascual i Torrens

Re/visión de El Laberinto de la Soledad

México en 50mm Dialéctica de la Soledad: El Laberinto


2013 FRANCESC PASCUAL I TORRENS T 0034 627 902 958 CESCPA@ME.COM CARGOCOLLECTIVE.COM/SOMEHOWDESIGNER

Copyright de textos e imágenes: Francesc Pascual i Torrens.

MÉXICO EN 50mm serie de 32 imágenes DIALÉCTICA DE LA SOLEDAD serie de 22 imágenes - trabajo en curso

Inevitable agradecimiento a Octavio Paz cuyos textos son fundamentales para la comprensión de México, y un placentero viaje sin retorno. ¿Cómo pensar a los que ya no están? A Susan Anderson, por abrirme paso a este laberinto, una agradable compañera. A Maria Margarita Fernández, por su buena alma y constante comprensión. A Bety Canales, por ser tan linda y haberme dado ratos tan agradables. A las tres, por darme cobijo fuera de mi laberinto.

Impreso en México - Monterrey, Diciembre de 2013.


PREFACIO PRIMERA APROXIMACIÓN SEGUNDA APROXIMACIÓN INMEDIACIÓN

MATIZ


Puede ser sin título, ( ) el instante más fugaz también tiene su pasado, ( ) Y aunque no sucede nada en los alrededores, el mundo no es más pobre en sus detalles, ni está peor justificado ni menos definido que en la época de las grandes migraciones. ( ) No deliran los sueños, delira la realidad, con que se aferra al suceder de los hechos. ( ) No hay escapatoria, la realidad nos acompaña en cada huida. Y no hay una estación de nuestro itinerario en la que no nos espere. ( ) Ante una visión así, siempre me abandona la certeza de que lo importante es más importante que lo insignificante.

Wislawa Szymborska

PREFACIO

aunque sea por la insistencia


PRIMERA APROXIMACIÓN

Re/visión de El Laberinto de la Soledad


La mexicanidad serรก una mรกscara que, al caer, dejarรก ver al fin al hombre.

Citas textuales de El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz en cursiva.


Quizás podamos medir también la riqueza de un país por el carácter de sus intelectuales. Debemos en este caso considerar la figura de Octavio Paz como un activo muy potente en el valor de México cómo país. El empleo de la lengua española como extranjera, que ha sido ya empleada por escritores de ultramar, para expresar a un hombre que no acaba de ser y que no se conoce a sí mismo, en este ejercicio que confunde el escribir con el deshacer al español y a recrearlo para que se vuelva mexicano sin dejar de ser español. Estas ideas sacadas del libro resumen la soledad que encarna al mexicano, la extrañeza constante que siente en su propio territorio: la conquista lo ha expuesto a la historia universal, y ésta a los movimientos de contrarreforma, racionalismo, positivismo y socialismo. Pero, ¿cómo han vivido los mexicanos éstas ideas? Paz expone que la mexicanidad no se puede explicar con ninguna de éstas tendencias concretas pues es todas y ninguna. Todas les han sido impuestas al mexicano. Así, la mexicanidad es una manera de no ser unos mismos. Una reiterada manera de ser y vivir otra cosa. En suma, a veces una máscara y otras una súbita determinación por buscarse, un repentino abrirse el pecho para encontrar su voz más secreta. Esta extrañeza surge del plantearse qué es la propia América y entender que esta es una idea de cuña europea, una utopía que nace fuera del propio continente. Cuando Europa sale de su propio territorio se universaliza y se proyecta a si misma: se concibe como idea universal. Con la colonización se desprende de sus particularidades históricas, se reinventa y se actualiza. Paz sustenta esta idea con el trabajo de Leopoldo Zea, quién afirma que América fue hasta hace poco tiempo el monólogo de Europa, una forma histórica dónde encarnó su pensamiento. Zea estudia lo que viene a ser la enajenación americana: el no ser uno mismo por ser pensado por otro. Para entender la mexicanidad, para aprehenderla, es imprescindible tener en cuenta esta paradoja continental. El reto que se propone el autor con el presente libro pasa por separar lo ambiguo de cada forma: el indígena del español, el mexicano del estadounidense, la patria del territorio, la tradición de la fiesta, el otro de su identidad. El texto se abre de lo abstracto a lo concreto para desenmascarar cinco siglos de historia protagonizados por la soledad. México se descubre a si mismo, por vez primera, y se sabe sólo enfrente del mundo. Paz se sirve de la adolescencia como metáfora para explicar el rostro del país que aflora del fondo y descubre su singula-


ridad, se transforma en problema y pregunta, en consciencia interrogante. Sin esta consciencia el laberinto de la soledad seria un libro imposible. Y es a partir de esta que más allá de describir se recrea al mexicano, de un modo más próximo a la creación que al análisis. Octavio Paz se atreve con su realidad. Es interesante el apunte, al principio del libro, en referencia a la predilección de los contemporáneos del autor por la investigación ante el discurso crítico-creativo. Paz lo atribuye a la instintiva desconfianza del mexicano acerca de sus capacidades, a su sentimiento de inferioridad. Para elaborar una disertación trascendental como la que lleva a cabo el autor en el presente libro, la creatividad se convierte en un elemento imprescindible. No se puede ser crítico sin ser creativo puesto que la crítica es una actitud, y como en todo, hace falta atreverse. Es debido a esta audacia que las conclusiones de el ensayo que es este libro resultan constructivas, y los reproches, comprensibles. Basta sólo una vista rápida a la fachada-retablo de la catedral de Zacatecas, de estilo barroco colonial, para entender de golpe el amor a la forma como característica esencial de la mexicanidad. El autor describe este amor como la preeminencia de lo cerrado frente a lo abierto, otra manera más de no rajarse, de no entregar la intimidad al mundo exterior, de no renunciar a la soledad. Si bien es cierto que esto explica la excelencia del barroco colonial, ideado por los colonos pero traducido en imágenes por los indios, algo de abierto hay en el sincretismo que une la fe religiosa hispánica con la tradición precolombina. Para una perfecta comunión de formas, como se encuentra en tantos ejemplos del arte poscolonial, entre tan dispares creencias, hace falta predisposición. Y es que si hay algo no se puede recriminar a los conquistadores es que no dejaron la fe religiosa de los indígenas a la intemperie: les ofrecieron la suya. Como el autor relata en la Crítica de la Pirámide los súbditos de los virreyes españoles, herederos de la mitología de los mexicanos, vieron en el Estado español la continuación del poder azteca. Del mismo modo, pero en el ámbito de la religión, la aparición de la Virgen de Guadalupe en un lugar de culto indígena, ejemplifica la transición de las antiguas creencias al cristianismo. No faltan muestras en México de cómo los indios filtraron imágenes paganas ya fuera escondidas como encubiertas en las nuevas construcciones religiosas. Este sincretismo manifiesta la pervivencia y relación entre dos mundos, el indígena y el colonial. Las fachadas-retablo del barroco funcionan en México como máscaras que muestran en una sola cara todas las acepciones de una contradicción.


Había algo como una desesperación esperanzada en los rostros de los que habla el autor al final del primer capítulo. Rostros de españoles republicanos, rostros de guerra. Algo muy concreto y muy universal. A estos rostros atribuye la revelación de otro hombre y de otra soledad: aquella que está abierta a la trascendencia. Sin duda la cercanía de la muerte y la fraternidad de las armas producen una atmósfera propicia a lo extraordinario, a todo aquello que sobrepasa la condición humana y rompe el circulo de la soledad que rodea a cada hombre. Con esto, Octavio Paz habla de esperanza. Yo no he visto rostros como estos en España, donde el individualismo capitalista ha borrado ya todo signo de esperanza. México se ha visto expuesto en los últimos años a una guerra que ha sembrado el miedo por todo su territorio. Lo inesperado de este conflicto y la brutalidad de sus consecuencias han sobrecogido al mexicano que se ha encerrado en su soledad. Pero al mismo tiempo algo demasiado humano ha fraguado en su carácter. Lo adverso toma múltiples formas y se pega al rostro. Aquí he visto la esperanza en muchos rostros. En cada hombre late la posibilidad de ser o, más exactamente, de volver a ser, otro hombre. Porque tomando, como hace el autor, las palabras de Hölderlin, hay mucho que defender. Acerca de la vigencia del texto poco queda por decir: los dos Méxicos que son cara y cruz de la misma moneda y verdaderos protagonistas de este ensayo perviven y ven como el tiempo acentúa sus ya marcadas diferencias. Este libro es un ir y venir entre estos dos lugares que son uno y el mismo. Entre el Pachuco y los otros extremos, las máscaras y la Malinche, Hernán Cortés y el PRI, la conquista y nuestros días. En cinco siglos han convivido ambos extremos. Como todo, México también es una idea, que se va a hacer más fuerte cuanto menos lejos se encuentren sus partes.


SEGUNDA APROXIMACIÓN

México en 50mm


Recuerdo que una tarde, como oyera un leve ruido en el cuarto vecino al mío, pregunté en voz alta: “Quién anda por ahí?” Y la voz de una criada recién llegada de su pueblo contestó: “No es nadie, señor, soy yo.

Citas textuales de El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz en cursiva.


México en 50mm. No desde muy cerca, tampoco desde lejos. México desde mi óptica: es una visión parcial sin más pretensión que la de reconstruir ciertos aspectos del territorio mexicano. Este ejercicio me ayuda a relacionarme con el entorno. Entender a través de la cámara, explicar con imágenes. Uso la fotografía como medio. Lo hago para proyectar imágenes que ya existen y así hacerlas mías. Mi reproducción es arbitraria, seguramente imperfecta. Esta práctica es un intento de explicar, quizá lo inexplicable, con la captura fotográfica. Me interesa el término captura: una tentativa de robarle la memoria emocional al tiempo. El apresamiento del instante tiene algo de ilegítimo, acaso por el hecho de detener fragmentos de la realidad a medida que esta sucede, a medida que nosotros sucedemos a través de ésta y pasamos de largo. Cada elección es al mismo tiempo un inevitable rechazo. Trabajar en series ofrece la posibilidad de exponer un punto de vista amplio, una suma de estéticas que orbitan alrededor de una idea, le dan forma, la construyen. El resultado es una estética común que teje la sucesión de composiciones y le da sentido al conjunto. Pero en el rechazo radica lo ficticio: el mensaje de la serie es sólo válido en lo cerrado de su discurso. Todo lo que rehúye simplemente no está. Esta ausencia da lugar a algo más interesante: el sonido de la imaginación. Una atmosfera común emerge del conjunto y ofrece una visión general: la imagen de lo mexicano. Esta mexicanidad – gusto por los adornos, descuido y fausto, negligencia, pasión y reserva – flota en el aire. Flota: no acaba de ser, no acaba de desaparecer. La estética del territorio mexicano es la suma de múltiples agresiones. El territorio se hace violento por su vastedad. La observación más interesante, en tanto que inédita, que hace el autor en la crítica de la pirámide es el hecho que la capital haya dado nombre al país. Es algo extraño. La antigua México-Tenochtitlan, sede del poder azteca y hoy capital de la República de México. El nombre no deja de evocar la idea de la dominación azteca. La fascinación que han ejercido los aztecas ha sido tal que ni siquiera sus vencedores, los españoles, escaparon de ella: cuando Cortés decidió que la capital del nuevo reino se edificaría sobre las ruinas de México-Tenochtitlan, se convirtió en heredero y sucesor de los aztecas. Esta herencia pervive aún en muchas tradiciones. El culto a la Virgen de Guadalupe, a su imagen por encima de la idea, es una forma de idolatría que resucita el panteón indígena, como lo hace la veneración de los santos patrones en cada localidad.


El mexicano, cerrado en su soledad, se mueve siempre en espacios confusos, espacios abiertos a la profanación. Lo religioso está siempre presente en la esfera de lo público, del mismo modo que lo público accede siempre en el ámbito místico hasta el punto en que resulta difícil separar lo cristiano de lo pagano. El mexicano no se muestra pero está siempre expuesto. Es el confundirse en el espacio, el ser espacio, que le da carácter personal a la topografía mexicana. En la fuerza de cada color y de cada forma reside el testigo de una identidad, cada color y cada forma es una máscara detrás de la que se esconde el hombre. No es nadie señor, soy yo. Defensa frente al exterior o fascinación ante la muerte, el mimetismo no consiste tanto en cambiar de naturaleza como de apariencia. Es revelador que la apariencia escogida sea la de la muerte o la del espacio inerte, en reposo. Extenderse, confundirse con el espacio, ser espacio, es una manera de rehusar las apariencias, pero también es una manera de ser sólo Apariencia. El mexicano tiene tanto horror a las apariencias, como amor le profesan sus demagogos y dirigentes. Por eso se disimula su propio existir hasta confundirse con los objetos que lo rodean. Y así, por miedo a las apariencias, se vuelve sólo Apariencia. Aparenta ser otra cosa e incluso prefiere la apariencia de la muerte o del no ser antes que abrir su intimidad y cambiar. La disimulación mimética, en fin, es una de tantas manifestaciones de nuestro hermetismo. Si el gesticulador acude al disfraz, los demás queremos pasar inadvertidos. En ambos casos ocultamos nuestro ser. Y a veces lo negamos.


INMEDIACIÓN

Dialéctica de la Soledad: El Laberinto


La necesidad de este libro se sustenta en la consideraci贸n siguiente: el discurso amoroso es hoy de una extrema soledad. ( ) Esta afirmaci贸n es, en suma, el tema del libro que comienza.

Roland Bathes Fragmentos de un discurso amoroso

Citas textuales de El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz en cursiva.


50mm no es una buena óptica para tomar imágenes de interiores. Es demasiado cerrada. Es aún peor para representar el testigo de una soledad. La soledad se extiende, toma espacio. El sentimiento de soledad, nostalgia de un cuerpo del que fuimos arrancados, es nostalgia de espacio. Nostalgia de espacio, o alienación en el espacio, la soledad se mimetiza, es dimensión y medida en el entorno. La tentativa de reproducir este sentir en imágenes surge de la última mudanza: la soledad es algo intangible que llevo conmigo. La realidad nos acompaña en cada huida ₁. También lo hace la soledad. Tengo la certeza de haber estado aquí antes. En este laberinto no llegué solo. Conmigo se instalaron frustraciones del pasado. Heridas demasiado abiertas que han tomado su lugar en este ambiente, el mapa de mi soledad. Una cartografía precisa de carencias arraigadas. Distancia y tiempo son suficientes para eso: apartarse y cambiar la óptica. Hacer espacio. Pero no hay mucho más que esto. El poder del círculo es que todo lo repite. El laberinto se sirve del muro para delimitar espacio y recorrido. Distancia y tiempo otra vez. El muro es siempre ambivalente: el cierre al exterior se convierte en protección. El miedo a traspasar la frontera y vulnerar la propia soledad. La elegancia del laberinto consiste en su complejidad intencional: refugio y penitencia, asilo y prisión. De este laberinto a penas he salido. Aquí puedo reconocer errores del pasado y tropezar de nuevo con ellos. Aprender de nuevo. La situación del amor en nuestro tiempo revela cómo la dialéctica de la soledad, en su más profunda manifestación, tiende a frustrarse por obra de la misma sociedad. Nuestra vida social niega casi siempre toda posibilidad de auténtica comunión erótica.

₁ Wislawa Szymborska, La Realidad


They smiled at the good and frowned at the bad and sometimes they were very sad.


MATIZ


Comienzo y recomienzo. Y no avanzo. Cuando llego a las letras fatales, la pluma retrocede: una prohibición implacable me cierra el paso. Ayer, investido de plenos poderes, escribía con fluidez sobre cualquier hoja disponible: un trozo de cielo, un muro (impávido ante el sol y mis ojos), un prado, otro cuerpo. Todo me servía: la escritura del viento, la de los pájaros, el agua, la piedra. ¡Adolescencia, tierra arada por una idea fija, cuerpo tatuado de imágenes, cicatrices resplandecientes! El otoño pastoreaba grandes ríos, acumulaba esplendores en los picos, esculpía plenitudes en el Valle de México, frases inmortales grabadas por la luz en puros bloques de asombro. Hoy lucho a solas con una palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco: ¿cara o cruz, águila o sol? Octavio Paz

Mexico en 50 mm  

proyecto en imágenes a partir del texto el laberinto de la soledad de octavio paz.

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you