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LETRAS

REVISTA DE LA CARRERA DE PERIODISMO DE LA UPC

AÑO OCHO NÚMERO OCHO

POZO DE

CONFIANZA

Y COMUNICACIÓN

TÉRMINOS EN RECONCILIACIÓN


CRÉDITOS EDITORA GENERAL: Gloria Tovar Gil. DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: César Pita Dueñas. ESCRITORES: Úrsula Freundt-Thurne, Liliana Galván, Luis Alfonso Morey, Claudia Labarca, Eugenio D’Medina, Gonzalo Galdós, Eduardo Zapata, Víctor Krebs, María Inés Quevedo y José Carlos Requena. IMAGEN DE PORTADA: Sin título (2009), obra de Gustavo Roeder. Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) Carrera de Periodismo | + gloria.tovar@upc.edu.pe Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú No. 2005-7118. ISNN: 1997-5449

Los artículos publicados son responsabilidad de sus autores, en ejercicio de su legítima libertad de expresión. La Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) no es responsable del contenido de los artículos ni de los avisos publicados.


En esta edición de Pozo de Letras nos internamos en un terreno que sugiere un recorrido difícil. Tratar acerca de la confianza implica explorar en las relaciones e interacciones humanas. La construcción de esa interacción requiere de lenguajes compartidos y signados por alguna certeza.

¿Cómo percibir la confianza? La intangibilidad de ésta parece indicar su naturaleza ambigua y evanescente. Por ello el reto en esta edición fue ubicar el proceso de generación de confianza en contextos diversos, articular definiciones alternativas y relacionar perspectivas en torno a su dinámica. Las actividades de los sujetos como actores sociales, desde su origen, se han regido por la expectativa que unos tienen de otros. Las nociones e identidades de los unos y los otros han definido a lo largo de la historia acuerdos, rupturas, abusos, intolerancias, negociaciones, aceptación o negación. Confiar implica asumir ciertos referentes compartidos, pero, sobre todo, identificar al otro como sujeto válido para la interacción y por cierto como sujeto de comunicación, de lenguajes compartibles, de códigos confiables. Allí la relación de origen entre comunicación y confianza, allí el riesgo de la devaluación del lenguaje, de la palabra, del gesto sin sentido. Cuando los sentidos se diluyen la confianza sin duda se desvanece.

POZO DE

DE LETRAS

8

LETRAS

Gloria Tovar

AÑO OCHO NÚMERO OCHO

REVISTA DE LA CARRERA DE PERIODISMO DE LA UPC

Hoy los escenarios de interacción son múltiples y la velocidad y espacios se alteran permanentemente. Hoy, construir confianza implica consensos permanentes y comprensión de diversos contextos y dimensiones.

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SUMARIO

¿Es la

CONFIANZA

6

un activo intangible?

Por Úrsula Freundt-Thurne

La confianza, concepto normalmente abordado y definido a partir de una disciplina única, sin explícito valor en los libros de las empresas y carente de tangibilidad, resulta hoy, más que nunca, una variable empresarial indispensable.

El

RIESGO

20 POZO

4 DE LETRAS

de confiar

Por Liliana Galván

Tanto el que “otorga la confianza”, como el que “la recibe” son autores de la dinámica de sus interacciones. Es fundamental que esta relación, que se construye sobre la base del riesgo, sea reconocida y analizada. Ambos son responsables de la construcción o de la destrucción de la confianza.

Cuestión de

CONFIANZA Por Luis Alfonso Morey

¿Por qué confiar? ¿En quién confiar? ¿Cómo hacerlo inteligentemente? ¿Cuán confiables somos? ¿Acaso confiamos demasiado? ¿Es posible recuperar la confianza perdida? Son algunas de las preguntas a las que el autor busca dar respuestas.

29

Capital social, confianza y

DESARROLLO

económico:

hacia un enfoque integrador

Por Claudia Labarca

La crisis económica actual ha llevado a que el concepto de confianza aparezca con mayor frecuencia en los medios de comunicación asociado al de desarrollo económico, aunque limitado mayoritariamente a mediciones de percepción.

40


Comunicación y capital social

Notas en torno a la confianza en el mundo

Síntomas Nietzscheanos

LOS MEDIOS VIRTUAL:

55

en la ecuación del desarrollo Por Eugenio D’Medina

Por Víctor J. Krebs

El desarrollo requiere de reglas de juego estables para florecer. Pero para construirlas es preciso que una sociedad sea rica en capital social, definido como el entramado social basado en relaciones de confianza a muchos niveles.

El mundo virtual plantea hoy una dimensión particular de la confianza. Este ensayo examina las transformaciones generadas en el ciberespacio.

CREDIBILIDAD Empresa privada y

69

Por Gonzalo Galdós

La credibilidad y confianza fueron factores importantes en la crisis financiera. La empresa privada y la inversión requerirán de tiempo para reconstruir y restaurar la confianza como soporte vital.

Palabra,

CREDIBILIDAD

72

y confianza

Por Eduardo Zapata

La ruptura de la credibilidad de la palabra pública no puede ser tratada sin considerar el escenario de la palabra privada. La confianza lleva a revisar si nuestras palabras en el plano individual están o no signadas por esa confianza que se espera en el espacio público.

80

Mitos, metáforas y

RELATOS

sobre la verdad

Por María Inés Quevedo

¿Qué ha sucedido con la verdad? ¿Hoy en día entendemos la verdad tal y como lo hacíamos unos años atrás?

Más que noticias: la confianza en los

MEDIOS

95 103

de comunicación en el perú

Por José Carlos Requena

El artículo ensaya interpretaciones sobre la confianza de la ciudadanía en los periodistas y en los medios de comunicación en el Perú.

LOS

89

AUTORES


¿Es la

CONFIANZA

UMBRALES

un activo intangible?

Úrsula Freundt-Thurne

La confianza,

concepto normalmente abordado y definido a partir de una disciplina única, sin explícito valor en los libros de las empresas y carente de tangibilidad, resulta hoy, más que nunca, una variable empresarial indispensable que evidencia el peso que ha adquirido el valor de una marca, el capital social, intelectual y estructural, así como toda dinámica que simplifique y elimine procesos innecesarios. Las empresas, en general, y las periodísticas, en particular, vienen comprendiendo que la confianza es la clave de un negocio basado en evidencias de independencia, en un prestigio basado en la coherencia, y en una apuesta por la transparencia que convierte a los decodificadores en actores responsables de las historias que se narran. Las empresas periodísticas saben perfectamente que sin construcciones basadas en piezas certificables, los públicos establecen relaciones pasajeras, débiles y carentes de lealtad. La confianza, en su calidad de proceso, exige de cuidado activo y consciente, así como de la validación interesada de un pasado que repercute en un presente; de un presente que mira al pasado para saltar al futuro, y de un futuro que recuerda y se retroalimenta del valor del pasado. De allí que interesadamente algunos medios periodísticos se apoyen en su trayectoria y reputación para tratar, en ocasiones, de justificar ritmos y comportamientos empresariales que los distraen de un responsable ejercicio periodístico basado en competencias y habilidades decentes. La confianza, qué duda cabe, debe capitalizar las conductas del pasado, mientras evidencia, diariamente, comportamientos coherentes, transparentes e independientes.

Palabras clave

POZO

Valor intangible, Confianza, Credibilidad, Proceso, Capital Social. Empresas periodísticas, Capital Humano, Capital Social, Intelectual y Estructural.

6 DE LETRAS


Definir confianza implica reconocer que nos sumergimos en una tarea interdisciplinaria toda vez que hacerlo plantea acercarse a dicho concepto desde la filosofía, el periodismo, la sociología, la psicología social y organizacional, la enfermería, la lingüística, la administración, la economía, el quehacer periodístico, entre otras disciplinas (Colquitt, Scout, LePine, 2007; Mayer, Davis, Schoorman, 1995; Jean Camp, 2003; Yañez, 2008). Como acertadamente nos muestra Meize-Grochowski1, la introducción de la palabra confianza en el idioma inglés se produce durante el periodo Medio-Inglés (Murray, Bradley,Craigie y Onions, 1926), y proviene de la palabra de origen escandinavo traus que se asemeja a aquella del inglés antiguo treowe cuyo significado, amplía Meize – Grochowski, implica fidelidad. Otro posible origen de la palabra ´confianza´, según el autor, tiene que ver con el significado gótico de trausti: ´acuerdo o pacto´. Murray & Zentner2 (1975), citados por Meize-Grochowski, lo evidencian cuando plantean que “la confianza básica implica seguridad, optimismo, fiabilidad en uno mismo y en los otros, fe en que el mundo pueda satisfacer sus necesidades, un sentimiento de esperanza o creencia en la obtención de deseos, a pesar de los problemas, sin sobrestimar los resultados”.

Si bien estamos ante un concepto de uso cotidiano, utilizado frecuentemente para describir y caracterizar ciertos comportamientos humanos, la imposibilidad de contar con una definición universal, parece responder al desconocimiento de las variables básicas que conforman cualquier ecuación de la confianza, así como las implicancias del descuido y/o manejo inconsciente de ellas.

Si uno opta, como en el caso de Meize-Grochowski, por partir de la revisión de la definición oficial (Webster, 1971) que incluye múltiples acepciones, se encontrará ante algunas ricas en atributos que permiten comprender los variados espacios de acción. Cabe señalar que todas las acepciones mencionan el término confianza lo que corrobora la dificultad de una definición que “evite” el uso del concepto mismo mientras intenta abordarlo desde las diversas disciplinas: “1 a.- Seguro de dependencia de alguna persona o cosa: dependencia confiable en el carácter, capacidad, fuerza, o verdad de alguien o algo; b.- una persona o cosa en la que se deposita la confianza, fe o esperanza; 2 a.- la dependencia en algo futuro o contingente; confianza anticipada; b.- la confianza en el pago futuro de mercancías u otros bienes entregados; 5 a (1) Una carga o deber impuesto en la fe o la confianza o como una condición para una cierta relación, (2) algo comprometido o encomendado a uno para ser utilizado o atendido en interés del otro, b: la condición, la obligación, o derecho de alguien a quien se confió algo: el encargado y responsable, c: cuidado y custodia.”3 Morrow, Hansen, Pearson4, Rousseau, Sitkin, Burr y Camerer (1998) han concluido, por ejemplo, que las expectativas de confiabilidad y el deseo de vulnerabilidad, son dos componentes críticos de la mayor parte de definiciones de confianza. Por su parte, Mari Sako5 (1992), profesora de Estudios Gerenciales en Said Business School de la Universidad de Oxford, categoriza tres tipos de confianza:

DE LETRAS

Definición de Confianza

7 POZO


UMBRALES

Contractual, Competente y aquella basada en la Buena Fe (goodwill). En las anteriores, y según la propia autora, se evidencian pactos, expectativas, capacidades y habilidades, esperanzas y vulnerabilidades, así como percepción, estados cognitivos y afectivos, trabajados por diversos autores.

La ausencia de una definición consensuada en lo

Si bien estamos ante un concepto de uso cotidiano, utilizado frecuentemente para describir y caracterizar ciertos comportamientos humanos, la imposibilidad de contar con una definición universal, parece responder al desconocimiento de las variables básicas que conforman cualquier ecuación de la confianza, así como las implicancias del descuido y/o manejo inconsciente de ellas (Salomón & Flores, 2001; Yañez, 2008). Y es que, como aclaran algunos estudiosos, el término confianza ha sido definido por los investigadores, de diversas formas y a partir de ángulos diversos (Yañez, 2007), asociándose a una predisposición del carácter de la persona que confía, a una cualidad que pueden tener aquellas personas en quienes se confía, como también a una creencia compartida (Kramer, 1999; Yanés, 2008).

disciplina, se mantienen y le otorgan universalidad y

Lo cierto es que si bien, como señala Yañez,

“La confianza es un factor crítico para las buenas relaciones interpersonales”6, evidenciándose que los seres humanos necesitamos confiar, así como reconfirmar las posibilidades que ofrecen las relaciones y los procesos basados en relaciones de confianza, no existe consenso sobre cómo definirla (Meize-Grochowski, 1984; Yañez, 2008; Gill, Boies, Finegan & Mc Nally, 2005; Kramer, 1999; Lane & Bachmann, 2000). La dificultad de encontrar una definición interdisciplinaria de la confianza evidencia la riqueza del concepto, y plantea modos creativos de acercarse a un concepto complejo y abstracto como éste, valiéndose, por ejemplo, de la exploración de metáforas en el intento por definirlas y comprenderlas (Yañez, 2008). Planteamientos como los de Luhmann cuando cita que “la confianza es una jugada

POZO

8 DE LETRAS

elemental nos plantea, así, el reto de hallar, entre las definiciones existentes, aquellos CONCEPTOS COMUNES que, a pesar de las diferencias propias de cada solidez al concepto.

atrevida, una inversión, una empresa arriesgada”, son solo algunos ejemplos de las expresiones metáforicas conceptuales (recurso lingüístico) que se utilizan para describir, según Yañez, qué es la confianza y cuáles son los significados que están, en opinión de Parsons, Brown & Worley7, bajo lo expresado conscientemente. La ausencia de una definición consensuada en lo elemental nos plantea, así, el reto de hallar, entre las definiciones existentes, aquellos elementos en común que, a pesar de las diferencias propias de cada disciplina, se mantienen y le otorgan universalidad y solidez al concepto. Si bien en la literatura sobre psicología social y organizacional Yánez, citando a Morrow, Hansen & Pearson, afirma que la confianza presenta un componente cognitivo y otro afectivo (Yañez, 2008; Gill, Boies, Finegan &McNally, 2005), existe un modelo ampliamente aceptado por Mayer, Davis y Schoorman8, que considera que las principales variables involucradas en la confianza serían: a.- la percepción de confiabilidad que se tiene del otro y que permite que confiemos en él. (En palabras de Yañez (2006), se trata de “verlo como competente, íntegro, benevolente, abierto a la comunicación y capaz de compartir una identidad social”) b.- la predisposición a confiar por parte de quien confía lo que evidencia una tendencia a ver lo bueno y meritorio de confianza del ser humano,


Lo concreto es que si bien existe un momento previo a la puesta en evidencia de la confianza (pre confianza), que privilegia las tres variables antes mencionadas (a, b y c), según Yañez, el tiempo de la confianza está estrechamente vinculado al momento de su comprobación; es decir, al instante de la toma de decisiones y puesta en práctica, momento en el que explícitamente se aceptan las reglas del juego y el riesgo que implica la violación de los acuerdos tanto cognitivos como afectivos, estos últimos tan difíciles de cuantificar y medir. Lo fundamental, en todo caso, está vinculado a lo que Morrow, Hansen y Pearson9 plantean cuando reconocen que la decisión de confiar se basa en una evaluación cognitiva de la confiabilidad del otro, lo que no descarta el significado del componente afectivo que hace referencia, según los mismos autores, al vínculo emocional entre las partes comprometidas.

Proceso o Variable Cuando uno inicia el análisis del concepto de confianza, lo primero que comprueba es que estamos ante una ecuación cuyas variables son de profunda riqueza conceptual, y que exige, como lo plantea Meize-Grochowski10, citando la técnica de Walter & Avant, la consideración de los siguientes pasos: 1.- identificación de los usos del concepto (tal como lo hace Yañez), 2.- determinación de los atributos que lo definen, 3.- construcción de un caso modelo, 4.- construcción de casos límite, relacionados, contrarios e ilegítimos,

Lo fundamental, en todo caso, está vinculado a lo que Morrow, Hansen y Pearson plantean cuando reconocen que la decisión de confiar se basa en una evaluación cognitiva de la confiabilidad del otro, lo que no descarta el significado del componente afectivo que hace referencia, según los mismos autores, al vínculo emocional entre las partes comprometidas.

5.- identificación de antecedentes, 6.- identificación de consecuencias, 7.- definición de referentes empíricos y la 8.- identificación de áreas para futuros estudios. Del mismo modo, resulta pertinente plantearse la posibilidad de abordarlo como estado o como proceso, lo cual implica analizarlo desde su rol pasivo o a partir de su continuo movimiento. Esta primera gran decisión (Meize-Grochowski apuesta por la confianza desde su estado) evidencia el tipo de relación/dinámica que establecerá el concepto con variables como el tiempo y el espacio. Khodyakov aborda el concepto de Confianza como proceso de triple enfoque (Trust as a Process: A Three –Dimensional Approach)11, enfatizando que uno de los principales puntos débiles de la teoría del capital social se basa en que trata a la confianza como una variable, dejando de lado el cambio constante que sufre al interior de sus tres diversos niveles: creación, desarrollo y mantenimiento, o visto desde otro ángulo, a partir de propiedades temporales como el pasado, el presente y el futuro (Khodyakov, 2007).

DE LETRAS

c.- el contexto social, el cual hace alusión a los valores culturales, así como a las normas institucionales existentes en la sociedad en la que se interactúa (Yañez, 2008).

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UMBRALES

La predictibilidad como parte del valor del proceso de la confianza se ve evidenciada en la definición de Gambetta, citada por Khodyakov, cuando explica que:

c.- la creación del capital social (Putnam, 2000; Putnam et. Al., 1993), y en d.- la reducción de riesgos e incertidumbres (Luhmann, 1988).

“la confianza es un nivel determinado de la probabilidad subjetiva con la que un agente evalúa lo que otro agente o grupo de agentes realizará en una acción concreta, anteriormente a que pueda vigilar dicha acción, y en un contexto en el que afecte su propia acción “(1988:217).

Khodyakov, citando a Messick y Kramer (2001), Yamagishi (2001), Coleman (1990), Levi (1998) y a Ouchi (1981), aclara que quienes, como los científicos sociales, tratan la confianza como una variable dependiente, centran su atención en los factores que tienen un impacto directo en la confianza (ejemplo del mismo autor: en las características de los depositarios de la confianza, en la reputación de los intermediarios de la confianza, en la estructura organizativa en el desarrollo de la confianza).

Si bien como aclara Khodyakov, la definición resulta útil para clasificar a las personas en altamente confiadas o poco confiadas, no hace referencia a los modos cómo se establecen y se mantienen (creación y mantenimiento) las relaciones de confianza. Esclarecedoras resultan las precisiones de Khodyakov cuando enfatiza que “Con la notable excepción de Nooteboom y Six (2003), en El Proceso de Confianza en las Organizaciones, la mayoría de los científicos sociales contemporáneos no consideran la confianza como un proceso debido a que, en parte, la confianza es medida tradicionalmente a través de experimentos y encuestas, que no son particularmente útiles para representar su naturaleza dinámica.”

La Confianza como variable dependiente o independiente Junto a la naturaleza dinámica aparece, gracias a Khodyakov, un nuevo cuestionamiento: los que tratan la confianza como una variable independiente o la definen como una variable dependiente. Quienes privilegian el análisis de la confianza como variable independiente, privilegian el análisis de los beneficios, centrando su potencial, como señalan los especialistas, en:

POZO

a.- la reducción de los costos de una transacción (Noteboom, 2000), b.- las facilidades de la cooperación (Gambetta, 1988),

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Möllering, citado por Khodyakov, y basado según este último en Simmelian, plantea que la confianza puede ser imaginada como “el proceso mental de saltar –permitido por la suspensión—a un precipicio desconocido desde la tierra de la interpretación hacia la tierra de la expectativa”. Todo parece indicar que la decisión de confiar, las experiencias previas, la reputación de los involucrados, y las expectativas a futuro, son elementos que dan por sobreentendido la vigencia de una responsabilidad compartida, mutua, así como un reconocimiento temporal y en movimiento que sostiene y afianza la idea de proceso. Todo lo anteriormente señalado vuelve a demostrar lo complejo que resulta la medición de una variable intangible

Todo parece indicar que la decisión de confiar, las experiencias previas, la reputación de los involucrados, y las expectativas a futuro, son elementos que dan por sobreentendido la vigencia de una responsabilidad compartida, mutua, así como un reconocimiento temporal y en movimiento que sostiene Y AFIANZA la idea de proceso.


Ecuaciones de la Confianza

comprende las capacidades, las habilidades, los resultados y la trayectoria. Covey amplía la definición cuando la relaciona a cinco niveles o contextos (las Cinco Ondas, explica), claramente definidos desde donde se establece la confianza. Cada nivel o contexto cuenta, además, con principios fundamentales subyacentes mencionados en la segunda columna:

Una revisión de los conceptos y definiciones de confianza propuestas por diversos autores, nos permite comprobar que están compuestas por variables que rebalsan las particularidades de las disciplinas que les dieron origen. Con el objetivo de ofrecer un punto de vista teórico sobre la definición de confianza, Khodyakov plantea cinco atributos que la definen. De ese modo, hace referencia a la (1) Actitud, (2) Fiabilidad, (3) Creencia, (4) Fragilidad, todas ellas ligadas al quinto (5) atributo que considera las variables de Tiempo y Espacio. Es a partir de ellos que concluye que la confianza es una Actitud (Fiabilidad y Creencia) ligada al Tiempo y al Espacio en el que uno basa su confianza en alguien o algo, y que se caracteriza por su delicadeza y Fragilidad. Si bien esta definición resulta interesante, siendo incluso más completa que aquella utilizada por Rotter (1967) y Beard (1982), incluidas en el texto de Meize-Grochowski12 cuando cita que “la confianza interpersonal se define como la esperanza que posee un individuo o grupo de que la palabra y/o promesa, verbal o escrita de otro individuo o grupo puede ser fiable”, sigue resultando, como enfatizan algunos, en una definición que por su característica prepositiva (“es una actitud”), evidencia la prioridad de lo afectivo, lo que dificulta el objetivo de encontrar una fórmula para la medición de un activo intangible como la confianza. Según Covey13, la confianza depende esencialmente del carácter y de la competencia. El primero, según explica, comprende la integridad, las motivaciones, y las intenciones con las personas, mientras el segundo (la competencia)

Nivel / Contexto (Cinco Ondas) 1.- Confianza personal 2.- Confianza de la relación 3.- Confianza organizacional 4.- Confianza del mercado 5.- Confianza social

Principios fundamentales subyacentes Credibilidad Coherencia Alineamiento Reputación Contribución

Con el objetivo de sistematizar tres de las diversas ecuaciones de la Confianza analizadas, se ha elaborado un cuadro que ubica, organizadamente, las variables que incluye cada ecuación. Ello evidencia lo señalado anteriormente: las partes de la fórmula son de una riqueza conceptual enorme que por plantear importantes variables cognitivas y afectivas, resultan difíciles de medir utilizando fórmulas estándar. Ecuaciones de la confianza (Meierhoefer, 2008) Economía de la Confianza (Covey, 2007) Confianza

=

Integridad

(Wikipedia en Axel Meierhoefer)

Confianza

= =

Honestidad

(Sociología y Psicología)

Confianza

(Axel Meierhoefer)

Credibility (palabras)

+ + +

Carácter

+

Benevolencia

Reliability (actos)

+ +

Self orientation (Perspectiva / Enfoque)

Habilidad

Competencia

Intimacy (sensaciones)

DE LETRAS

como la confianza que considera, por ser un proceso, dimensiones del comportamiento humano difíciles de ser congeladas para ser calculadas (Khodyakov, 2007).

11 POZO


UMBRALES

La ecuación de la confianza planteada por Meierhoefer14 evidencia que para poder comprender el concepto de manera integral, debe ahondarse en la perspectiva/enfoque (self orientation) desde donde se define una situación y/o hecho. Además, plantea, sin necesidad de imponerlo, la importancia de la coherencia (entre las palabras y los actos) y del compromiso para sellar la triada temporal (pasado-presente-futuro).

La confianza resulta, pues, un concepto intangible y abstracto, que alude a variables cognitivas y afectivas; que es exigida social y empresarialmente; que incorpora dentro de su definición diversos atributos que deben ser considerados si de encontrar sistemas de medición se trata, sin peder

Otras definiciones de Confianza, como valor intangible y parte fundamental del capital social, incorporan tres conceptos básicos:

de vista, sin embargo, el reto que plantea Khodyakov (2008) cuando reconoce que ciertas definiciones de confianza implican la existencia de una dimensión del comportamiento humano que no puede ser calculada.

Confianza = Integridad + Carácter + Habilidad Simultáneamente, una rápida confrontación de fórmulas, nos permite comprobar la permanencia de algunos atributos (Carácter, Habilidades e Integridad).

Cuando escuchas la palabra confianza, ¿con qué conceptos la relacionas?16 Del universo de 28 alumnos que respondieron a la pregunta planteada,

Confianza: Integridad + Carácter + Habilidad

78% señaló Credibilidad, Coherencia y Compromiso;

Carácter Integridad Confianza: Intenciones Motivaciones

13,7% con Profesionalismo, Coherencia e Independencia;

Competencia Capacidades Resultados Habilidades Trayectoria

7.4% con Integridad, Carácter y Habilidad y 0,4% con Intencionalidad, Competencia e Integridad.

(Stephen M.R. Covey)

Y los jóvenes, ¿qué opinan?

POZO

Con el objetivo de averiguar con qué palabras relacionan algunos universitarios limeños de hoy (2009) la palabra Confianza, sacamos provecho de una encuesta elaborada con objetivos académicos específicos al interior de una Universidad privada peruana15, e introdujimos la siguiente pregunta:

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Sorprende que los porcentajes más significativos

se encuentren en las opciones que repetían el término Coherencia, mientras incluían otros como los de Credibilidad, Compromiso, Profesionalismo e Independencia. La Coherencia parece ser una característica que le da sentido al proceso y a la independencia de la confianza como variable de una ecuación.


intangible y abstracto, que alude a variables cognitivas y afectivas; que es exigida social y empresarialmente; que incorpora dentro de su definición diversos atributos que deben ser considerados si de encontrar sistemas de medición se trata, sin peder de vista, sin embargo, el reto que plantea Khodyakov (2008) cuando reconoce que ciertas definiciones de confianza implican la existencia de una dimensión del comportamiento humano que no puede ser calculada17. De todo lo anteriormente señalado se desprende el valor que efectivamente tiene un activo intangible como la Confianza toda vez que permite establecer relaciones basadas en razones concretas (proceso cognitivo), así como en lazos emocionales (respuestas afectivas) que facilitan procesos (tiempo y espacio), y que devienen en la consolidación de relaciones sólidas y duraderas, mejor capital social, intelectual y estructural, disminución de costos, como también en la simplificación de procesos diversos.

Qué implica la Intangibilidad Una definición básica de activo intangible lo presenta como “el conjunto de bienes inmateriales, representados en derechos, privilegios o ventajas de competencia que son valiosos porque contribuyen a un aumento en ingresos o utilidades por medio de su empleo en el ente económico; estos derechos se compran o se desarrollan en el curso normal de los negocios”18. Se trata, según el mismo documento, de “un importante valor de mercado de las empresas y organizaciones en general”, cuyo análisis “corresponde a la necesidad de la contabilidad tradicional, que no proporciona la información suficiente en relación con la medición y valuación de dichos recursos”19. Según Kenan Patrick Jarboe20, cualquier herramienta creíble de medición de intangibles debe considerar tres componentes:

1.- Transparencia en los procesos, 2.- Definición del área a ser evaluada, 3.- Cuantificación del valor de los intangibles. Precisa, sin embargo, que algunos intangibles son pasibles de ser cuantificados con mayor facilidad que otros.

El Periodismo y los tiempos de la confianza Al interior del quehacer periodístico, y cuando de establecer relaciones sólidas de confianza se trata, la variable temporal resulta de gran importancia. Los medios de comunicación son empresas con una dinámica que no se aleja de otras dinámicas empresariales en las que la política de utilidades forma parte legítima de los planes estratégicos. Sin embargo, por tratarse de un medio cuya principal función es la de proporcionar las herramientas a partir de las cuales los ciudadanos toman decisiones informadas (a través de los diversos campos de aplicación periodísticos), los medios deben responsabilizarse de las implicancias de construir agendas periodísticas con fines políticos y/o económicos claramente sesgados; de responder o no a las presiones

Un medio de comunicación interesado en construir, desarrollar y conservar la confianza de su público (decisión que redundará tarde o temprano en implicancias económicas), debe invertir en la consecución y el mantenimiento de un capital social capaz de evidenciar una clara apuesta por la confianza interpersonal (sólida y frágil en palabras de Khodyakov).

DE LETRAS

La confianza resulta, pues, un concepto

13 POZO


propias de políticos y anunciantes, así como de arriesgar la confianza y la credibilidad de las informaciones debido a la inmediatez que impide, en ocasiones, jerarquizar, verificar, confirmar y balancear las informaciones.

UMBRALES

Tal como señala Cebrián, “La independencia de un medio solo puede existir si sus dueños y gestores tienen un compromiso efectivo con las características propias de la empresa que dirigen”. Cita a Roy Thomson, en esas épocas propietario de Times londinense, cuando expresaba que: “(…) No creo que una publicación pueda gestionarse adecuadamente si sus columnas editoriales no están dirigidas libre e independientemente por un periodista profesional con grandes capacidades y total dedicación. Ésta es y seguirá siendo mi política21”. Basados en Khodyakov y Johns, cuando consideran en el proceso interno de la confianza el valor de las dimensiones temporales (pasado, presente y futuro), resulta oportuno mencionar que, en el caso de instituciones periodísticas, la confianza puede y debe verse definida, basada y sustentada tanto desde el espacio institucional, como a partir del espacio interpersonal. Ello confirmaría que la confianza en las instituciones difiere de la confianza en las personas (Giddens, 1990:83). Mientras que “la confianza en las instituciones depende de la percepción de la legitimidad, la competencia técnica, y la capacidad para realizar las tareas asignadas de manera eficiente” (Khodyakov, 2008: 123), la confianza interpersonal (gruesa/sólida o fina/ frágil), implica relaciones personales cuyos riesgos, si bien son diferentes, evidencian una dinámica más personal que la confianza en las instituciones. Sin embargo, y estando las instituciones compuestas por personas, resulta indispensable analizar la dinámica entre ambas variables (personas al interior de determinadas instituciones) toda vez que las incompetencias (inter)personales repercuten profundamente en la estructura y dinámica (y en las relaciones de confianza) de las instituciones. Es interesante reconocer, incluso, que en ocasiones los errores cometidos por ciertos miembros de las instituciones

POZO

14 DE LETRAS

se ven debilitados (o carecen de la debida intensidad), gracias a la reputación y al prestigio ganados previamente, y que siguen siendo aprovechados como “logros del camino” (periodísticamente hablando léase la reputación que otorga una secuencia de historias sólidamente construidas) de las instituciones insertas en la dinámica de las tres dimensiones temporales planteadas por Khodyakov.

Un medio de comunicación

interesado en construir, desarrollar y conservar la confianza de su público (decisión que redundará tarde o temprano en implicancias económicas), debe invertir en la consecución y el mantenimiento de un capital social capaz de evidenciar una clara apuesta por la confianza interpersonal (sólida y frágil en palabras de Khodyakov). Todo parece indicar, entonces, que resulta indispensable trabajar en la incorporación de posibilidades propias del capital social, especialmente cuando, citando a Morrow, Hansen & Pearson (2004), no son las organizaciones las que pueden confiar, sino los individuos que forman parte de ellas, quienes pueden confiar y ser sujetos de confianza. De lo anteriormente señalado, y recordando la fórmula de la confianza planteada por Covey22 incorporada en este texto (Cuadro No.2), la confianza dependería esencialmente del Carácter (que comprende la Integridad, las Motivaciones y las Intenciones) y de la Habilidad (que comprende las Competencias, Capacidades, Habilidades, Resultados y la Trayectoria). Pero, ¿cómo medir un activo intangible tan relevante como la confianza al interior de un medio de comunicación cuya supervivencia debería, por definición y si del quehacer periodístico se trata, depender de ella?


MEDIOS PERUANOS Pero, ¿cómo medir un activo intangible tan relevante como la Confianza al interior de un medio de comunicación cuya supervivencia debería, por definición y si del quehacer periodístico se trata, depender de ella?

Lima23, y si bien coincidimos con quienes plantean que la condición de proceso de la Confianza nos obliga a dudar del verdadero valor de las encuestas cuando de medir un activo intangible como la Confianza se trata, los medios de comunicación peruanos muestran niveles de Confianza que se ubican por debajo del de instituciones como los Bomberos, las Universidades privadas y la iglesia Católica.

CONFIANZA EN INSTITUCIONES NO ESTATALES (PRIVADAS) Sí confía

No confía

No sabe

No contesta

Índice

Bomberos

92.6

5.1

2.3

0.0

94.8

Universidades privadas

64.7

23.7

10.1

1.5

73.2

Iglesia Católica

70.4

27.8

1.8

0.0

71.7

Prensa radial

63.7

29.7

5.5

1.1

68.2

Prensa televisiva

61.2

34.9

3.5

0.4

63.6

Bancos

57.2

35.9

6.7

0.2

61.4

ONGs

41.1

37.6

20.6

0.7

52.2

Empresas de telefonía

39.6

53.9

6.1

0.4

42.3

Prensa escrita

39.0

53.6

6.9

0.6

Gremios empresariales

26.6

41.2

31.7

0.6

Centrales sindicales de trabajadores

25.0

54.1

20.6

0.3

31.6

Iglesia evangélica

25.5

65.5

8.4

0.5

28.0

Clubes de fútbol

21.9

68.2

9.7

0.2

24.3

FPF

10.7

76.9

11.5

0.8

12.2

Partidos políticos

6.8

89.4

3.2

0.6

7.1

CONFIANZA EN INSTITUCIONES DEL ESTADO Sí confía

No confía

No sabe

No contesta

Índice

Reniec

92.6

5.1

2.3

0.0

94.8

Universidades públicas

64.7

23.7

10.1

1.5

73.2

Indecopi

70.4

27.8

1.8

0.0

71.7

Defensoría del pueblo

63.7

29.7

5.5

1.1

68.2

Fuerzas Armadas

61.2

34.9

3.5

0.4

63.6

Municipalidades

57.2

35.9

6.7

0.2

61.4

Policía Nacional

41.1

37.6

20.6

0.7

52.2

42.1

Gobiernos Regionales

39.6

53.9

6.1

0.4

42.3

39.2

Poder Ejecutivo

39.0

53.6

6.9

0.6

42.1

Poder Judicial

26.6

41.2

31.7

0.6

39.2

Congreso de la República

25.0

54.1

20.6

0.3

31.6

Base de encuestados: Población electoral de la Provincia de Lima y la región Callao, compuesta por todas las personas de 18 a 70 años de edad inscritas en el Registro Nacional de Identidad y Estado Civil (Reniec), que comprende a hombres y mujeres de todos los niveles socioeconómicos. Sábado 21 y domingo 22 de noviembre de 2009.

Base de encuestados: Población electoral de la Provincia de Lima y la región Callao, compuesta por todas las personas de 18 a 70 años de edad inscritas en el Registro Nacional de Identidad y Estado Civil (Reniec), que comprende a hombres y mujeres de todos los niveles socioeconómicos. Sábado 21 y domingo 22 de noviembre de 2009.

La ausencia de calidad periodística en los procesos de producción de mensajes es una variable central

Según los resultados de la encuesta de opinión realizada por el Grupo de Opinión Pública (GOP) de la Universidad de

posiblemente también a largo plazo, la rentabilidad de las verdaderas empresas periodísticas.

DE LETRAS

que afecta la confianza y la credibilidad, así como,

15 POZO


Si nos centramos en aquello que la VI Encuesta UMBRALES

Anual sobre Confianza en las Instituciones ha dado en denominar prensa radial, prensa televisiva y prensa escrita, nos encontramos ante algunas sorpresas: los medios de comunicación tradicionales se ubican en el cuarto (prensa radial), quinto (prensa televisiva) y noveno puesto (prensa escrita), respectivamente. Llama la atención que la prensa escrita, en términos de confianza, se ubique no solo debajo de medios radiales y televisivos, sino que incluso lo haga luego de instituciones con opinión pública tan afectada como las empresas de telefonía (octavo lugar), las ONG´s (séptimo lugar) y los bancos (sexto lugar). CONFIANZA EN LA SOCIEDAD CIVIL / SECTOR PRIVADO Sí confía

No confía

No sabe

No contesta

Índice

Universidades privadas

64.7

23.7

10.1

1.5

73.2

Iglesia Católica

70.4

27.8

1.8

0.0

71.7

Bancos privados

63.7

29.7

5.5

1.1

68.2

Medios de comunicación

61.2

34.9

3.5

0.4

63.6

Gremios empresariales

57.2

35.9

6.7

0.2

61.4

Sindicatos de trabajadores

41.1

37.6

20.6

0.7

52.2

ONGs

39.6

53.9

6.1

0.4

42.3

Clubes de fútbol

39.0

53.6

6.9

0.6

42.1

Telefónica

26.6

41.2

31.7

0.6

39.2

IV Encuesta Anual sobre Confianza en las Instituciones (2006) elaborada por el Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima. 615 ciudadanos. Universo: Lima Metropolitana y Callao. Población electoral de 18 a 70 años inscritas en el Registro Nacional de Identidad y Estado Civil (Reniec) de todos los niveles socioeconómicos.

POZO

La situación, sin embargo, no ha mejorado desde el 2006 cuando los resultados de la IV Encuesta Anual sobre Confianza en las Instituciones, ya evidenciaban que solo el

16 DE LETRAS

54.7% de los 615 encuestados si confiaba en los medios de comunicación, mientras que el 40.7% no confiaba, siendo el índice de confianza solo de +14. En esa oportunidad la empresa de telefonía (Telefónica) (último lugar: 9no lugar) y las ONG´s (7mo lugar de 9) se ubicaban, en términos de confianza, muy por debajo de los medios de comunicación.

Tal como concluyen algunos autores, la

confianza periodística es un importante activo intangible al interior del capital social que está estrechamente vinculada a la dinámica que ejercen los otros dos elementos que conforman el capital humano (capital intelectual y capital estructural). La ausencia de calidad periodística en los procesos de producción de mensajes es una variable central que afecta la confianza y la credibilidad, así como, posiblemente también a largo plazo, la rentabilidad de las verdaderas empresas periodísticas. Resulta oportuno precisar, junto a diversos autores, que cuando de medios periodísticos de comunicación se trata, parecería existir una irresuelta confusión entre dos importantes activos intangibles. Nos referimos al prestigio y a la credibilidad. En el espacio de los medios existen quienes sostienen que el prestigio de una marca, si bien podría ayudar a dejar pasar por alto ciertos deslices, no necesariamente implica automáticamente confianza y credibilidad. Visto de manera global, y como acertadamente plantea Roos, Dragonetti, Roos y Edvinsson24, “una compañía debe saber perfectamente de dónde procede la mayor parte de su valor” y, lo que es igualmente importante, cómo medirla y cuantificarla. Las organizaciones hoy, reconoce Peter Drucker, ya no se fundamentan en el poder, sino en la confianza, y es por ello que resulta imprescindible reconocer y gestionar el valor de activos intangibles como la confianza tanto a nivel gerencial como evidentemente periodístico.


La intangibilidad de un activo de tanto valor como la Confianza al interior del quehacer periodístico obliga a pensar y repensar cada uno de los pasos que seleccionamos y damos. A respetar los procesos y a disfrutar de los logros de la ecuación.

Referencias Bibliográficas Activos Intangibles 1993 Decreto 2650 de 1993. http://es.mimi.hu/economia/intangible.html Caruso, D. 2008 The Real Value of Intangibles. http://www.strtegy-business.com/press/article/08302?pg=2 Cebrián, J.L. 2003 Los Valores de la Empresa Informativa. Construir Confianza. Ética de la empresa en la sociedad de la información y las comunicaciones. Editorial Trotta, Madrid, España. Colquitt, J.A, B.A Scout, J A. LePine 2007 Trust, Trustworthiness, and Trust Propensity: A Meta Analytic Test of Their Unique Relationships with Risk Taking and Job Performance, Journal of Applied Psychology, 92 (4), 909-927

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DE LETRAS

“Los medios informativos, nos recuerda magistralmente el académico Alfonso Sánchez-Tabernero, se consumen prioritariamente porque son fiables. Esa fiabilidad se consigue con modos de trabajo clásicos del periodismo de calidad: contrastando la información, utilizando la documentación más completa posible, prescindiendo de las fuentes de dudosa credibilidad; evitando utilizar un medio de comunicación para defender los intereses de la propia empresa; rectificando los errores cometidos” (Sánchez-Tabernero, 2000:119).

17 POZO


Khodyakov, D. 2007 Trust as a Process: A Three-Dimensional Approach. Sociology, 4 (1), 115-132

UMBRALES

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POZO

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Notas 1. Meize-Grochowski, R. (1984) An Analysis of the concept of trust. Journal of Advanced Nursing 9,563-572 2. Murray R. & Zentner J. (1975) Nursing Assessment and Health Promotion Through the Life Span. Prentice Hall, New Jersey. 3. Webster (1971) Webster´s Third New International Dictionary of the English Language. G & C Merriam, Springfield, Massachusetts. En Meize-Grochowski, R. (1984) An Analysis of the concept of trust. Journal of Advanced Nursing 9,563572 4. Morrow, J.L, Hansen, Jr., Pearson, M., Allison W. (2004). The Cognitive and Affective Antecedents of General Trust within Cooperative Organizations. Journals of Management Issues, 16 (1), 48-64 5. Sako, M. (1992). Prices, Quality and Trust: Inter firm Relations in Britain and Japan. Cambridge, MA: Cambridge University Press. En: Morrow, J.L, Hansen, Jr., Pearson, M., Allison W. (2004). The Cognitive and Affective Antecedents of General Trust within Cooperative Organizations. Journals of Management Issues, 16 (1), 48-64 6. Yañez, R (2008). Conceptualización metafórica de la confianza interpersonal. Universitas Psychologica, 7 (1) ,45 7. Parsons, S.,Brown,P. & Worley, V.(2004). A Metaphor Analysis of Preservice Teacher´s Reflective Writings about Diversity. Curriculum and Teaching Dialogue 6 (1), 49-58 8. Mayer, R., Davis, J.& Schoorman, F. (1995). An Integrative Model of Organizational Trust. Academy of Management Review, 20 (3), 709-734 9. Morrow, J., Hansen, M. & Pearson, A. (2004). The Cognitive and Affective Antecedents of General Trust within Cooperative Organizations. Journals of Management Issues, 16 (1), 48-64. Cabe añadir que Cummings y Bromiley (1996), como Lewis y Weigert (1985), Mc Allister (1995) y Zaheer, McEvily y Perrone (1998), citados por Morrow, Hansen & Pearson (2004), han argumentado en favor de considerar dimensiones cognitivas y afectivas al interior del concepto de confianza. 10. Meize-Grochowski R. (1984). An análisis of the concept of trust. Journal of Advanced Nursing, 9, 563-572

DE LETRAS

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UMBRALES

11. Khodyakov, D. (2007) Trust as a Process: A Three-Dimensional Approach. Sociology, 4 (1), 115-132 12. Ibídem 13. Covey, Stephen M.R (2006). El factor Confianza. El valor que lo cambia todo. Paidós Empresa. España. 14. Meierhoefer, Axel (2008) Is Trust a matter of perspective? http://www.meierhoefer.net/blog/?p=128 (Consulta: abril de 2008) 15. Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Encuesta aplicada a 512 alumnos de primer ciclo académico a través del sistema de Surveymonkey. Junio, 2009. 16. http:www.surveymonkey.com/sr.aspx?sm=9MbDg7Hchyx1U SaquKV_2fxbkr4Lq7IeB. Número de encuestados: 29. 17. Khodyakov, D. (2007) Trust as a Process: A Three-Dimensional Approach. Sociology, 4 (1), 115-132 18. Activos Intangibles. Decreto 2650 de 1993. www.monogafías. com. http://es.mimi.hu/economia/intangible.html 19. Ibidem 20. Caruso, D.(2008) The Real Value of Intangibles. http://www. strtegy-business.com/press/article/08302?pg=2 21. Cebrián, J.L (2003), Los valores de la empresa periodística en Construir Confianza de Adela Cortina. Editorial Trotta. Pp. 162-163 22. Covey, Stephen M.R (2006). El factor Confianza. El valor que lo cambia todo. Paidós Empresa. España. 23. VI Encuesta Anual sobre Confianza en las Instituciones. Provincia de Lima y Región Callao. Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima, 2009. Sábado 21 y domingo 22 de noviembre de 2009. 24. Roos, J. Dragonetti, Nicola C., Roos, G. y Edvinsson, L P. (2001). Capital Intelectual. El valor intangible de la empresa. El valor intangible de la empresa. Barcelona: Paidós Empresa, Barcelona, p.160.

POZO

20 DE LETRAS


El

RIESGO

de confiar

Liliana Galván

Tanto el que “otorga la confianza”, como el que “la recibe” son autores de la dinámica de sus interacciones. Es

Palabras clave

Confianza, Comunicación, Psicología, Vínculos, Afectividad, Sociedad.

DE LETRAS

fundamental que esta relación, que se construye sobre la base del riesgo, sea reconocida y analizada. El que confía debe reconocer el grado de propensión que tiene para confiar y a partir de cuánta información o tipo de sentimientos construye su “confianza en el otro” y sobre qué señales se funda. Y el que recibe la confianza debe conocer las expectativas que sobre él descansan. Ambos son responsables de la construcción o de la destrucción de la confianza.

21 POZO


¿Por qué a mí? es la frase que surge cuando UMBRALES

sientes que has sido traicionado por algo inesperado, algo que jamás imaginaste que podía suceder. Te sientes decepcionado, desubicado, desautorizado y, a la vez, responsable por las fatales consecuencias de la pérdida de confianza. ¿Con quién estuve conviviendo, por qué no me di cuenta, de qué modo me he engañado, hasta qué punto he sido también responsable y me he coludido con mi agresor? ¿En qué basé mi confianza? ¿Habré sido demasiado ingenuo? ¿Será en adelante necesario asumir una actitud vigilante? ¿Volveré a confiar? Pensamientos semejantes nos pueden invadir ante situaciones en las que la confianza ha sido burlada. Le sucede a parejas, a instituciones, al Estado o a uno mismo, cuando el autoengaño aparece cada vez que uno deja de ser consistente con sus propios valores. ¿Por qué a mí? puede parecer una respuesta narcisista ante esa voz que te dice: «Yo soy omnipotente» y, aunque eso suceda históricamente desde que Caín mató a Abel, «yo no he hecho nada para merecerlo». Pero una relación de confianza, según Mayer (1995), es una relación diádica, en la que ambos tienen un rol y un compromiso. Tanto el que «otorga la confianza» (trustor) como el que «la recibe» (trustee) son autores de la dinámica de sus interacciones. Esta relación, que se construye sobre

¿qué es lo que se rompe cuando se destruye la confianza con alguna acción? ¿Es una acción repentina o es un acto sostenido en el tiempo y que uno no percibe hasta que la solidez de la roca, tal y como en el caso del picapedrero, se quiebra en muchos pedazos, luego de darle y darle golpes? Para algunos, la confianza se gana poco a poco, pero se pierde de golpe, por la conciencia súbita del deterioro del objeto de confianza.

POZO

22 DE LETRAS

la base del riesgo, se sostiene fundamentalmente en el reconocimiento y análisis. El que confía debe reconocer el grado de propensión que tiene para confiar y a partir de cuánta información o tipo de sentimientos construye su «confianza en el otro» y sobre qué señales se funda. Y el que recibe la confianza debe conocer las expectativas que sobre él descansan. A partir de esta diferenciación de roles que hace Mayer, se podría plantear —por oposición— la existencia de «antirroles» cuando la confianza se rompe y se inicia una nueva relación entre el «defraudado» y la persona que ha «traicionado». El costo de esta nueva relación puede ser muy alto, por lo que puede transformarse en un vínculo de amor– odio, en un nuevo acuerdo legal con mayores restricciones, o en una relación que penaliza o controla persecutoriamente cada paso del que traicionó la confianza. En el caso de una relación laboral, este puede ser el principio de una relación de hostigamiento, en el que los roles iniciales se invierten. En el caso de las relaciones matrimoniales, ese «juntos hasta que la muerte nos separe» se puede tornar en una cadena perpetua.

La confianza

puede ser concebida como una sólida roca, pero también puede visualizarse como un delicado cristal. Al respecto, Rodrigo Yáñez1 (2008) realiza un estudio para explorar cuál es el significado metafórico de la confianza y encuentra, entre las metáforas más citadas, que la confianza es como «los cimientos, la piedra angular o el pilar de una construcción», es decir, parte esencial y base de la relación interpersonal. Por ello, ambos individuos son responsables de la construcción o de la destrucción de la misma, pero ¿qué es lo que se rompe cuando se destruye la confianza con alguna acción? ¿Es una acción repentina o es un acto sostenido en el tiempo y que uno no percibe hasta que la solidez de la roca, tal y como en el caso del picapedrero, se quiebra en muchos


pedazos, luego de darle y darle golpes? Para algunos, la confianza se gana poco a poco, pero se pierde de golpe, por la conciencia súbita del deterioro del objeto de confianza.

fortalece su capacidad de predecir si sus cuidadores son consistentes. Si el niño logra el equilibrio, debido a una atención sostenida, desarrolla —según Erikson— la virtud de la esperanza, por la seguridad de que al final siempre aparecerá alguien para cuidarlo.

Cabe preguntarse, cuando una persona

El vínculo entre la madre y el niño es la base de las futuras relaciones. Mientras más estable y presente esté la madre, mayor seguridad y confianza sentirá el niño. El primer logro social del niño es permitir que su madre se aleje de su lado, porque ella se ha convertido en una certeza interior y en algo exterior previsible, esto es la base de la confianza en sí mismo y posiblemente el inicio de la percepción de la confiabilidad. Uno no puede proyectar en los demás confianza si no confía en sí mismo. Por contraste, la incertidumbre en la que viven los niños en estado de abandono genera en ellos una «desconfianza básica» que los acompañará en los siguientes estadíos de su desarrollo.

Propensión: la confianza nace o se hace La propensión se puede definir como la voluntad generalizada de confiar en otros (Mayer, Davis y Shoorman, 2005). Dicha tendencia se forma de acuerdo con las experiencias favorables o desfavorables, los sistemas de crianza, la historia personal, los rasgos de personalidad, el contexto social, etc. Existe una predisposición en algunas personas a confiar ciegamente por el supuesto de que el ser humano es bueno y digno de confianza por naturaleza. Es como confiar por default. Según Kramer (1999), esta tendencia se genera por experiencias favorables desde la primera infancia, así como por factores culturales. Erikson2 define que desde el nacimiento hasta la edad de un año y medio, aproximadamente, el niño se enfrenta al primer conflicto de su desarrollo: confiar versus desconfiar. El niño, desde los primeros días, aprende a predecir si el lugar en el que ha nacido es confiable o no. El bebe que recibe con frecuencia atención a sus necesidades físicas y afectivas

Confianza ciega: pongo mis manos al fuego Hay un proverbio de origen ruso que dice: «Confía, pero verifica». Es decir, puedes sentir confianza, pero no te confíes demasiado, revisa y haz un seguimiento. En español, «confiar» proviene del latín fiducia, confidere, que viene de fides, «fe o creencia». En cambio, la palabra en inglés trust proviene de faithful, que es «esperanza». Creencia, fe o esperanza son términos subjetivos y relacionados con el futuro, con algo predecible, pero a la vez incierto. Por su parte, «verificar» proviene de verus, «verdad». Confía, pero verifica, vale decir, asegúrate y demuestra que es verdad. En este contexto, puede parecer inocente poseer una confianza ciega cuando cargas con una serie de responsabilidades y además tienes que dar la cara por ellas. A pesar de todo, entregas a tu hijo en manos del médico, entregas tu dinero a la bolsa de valores, entregas la vida a una persona que dice amarte, entregas tu tiempo a una

DE LETRAS

traiciona la confianza del otro, si se trata de un asunto ligado a la naturaleza no confiable de la persona o de la relación interpersonal en sí. En este contexto, Mayer se cuestiona si existe una propensión a confiar o si esta es producto de la experiencia. En este caso, es posible visualizar la propensión a confiar como en un continuum, desde aquel que confía plenamente en la humanidad, o sea, «el ingenuo», pasando por aquel que otorga la confianza poco a poco, hasta aquel que desconfía incluso hasta de su sombra.

23 POZO


UMBRALES

organización y esperas lo mejor; te sientes vulnerable, pero sabes que te han prometido no fallar y supones que tienen toda la voluntad y el talento para cumplir. El riesgo es grande y las consecuencias de un error pueden ser fatales. No confías plenamente, pero no queda otra salida.

Como seres sociales, necesitamos del «otro» para

Somos dueños de nuestro propio destino, pero no podemos negar que nuestra vida está en manos de muchas personas. Desde aquella que nos proporciona alimentos sanos hasta la que nos orienta en el mantenimiento de nuestra salud, o la persona que cuida de nuestros hijos mientras trabajamos. Como seres sociales, necesitamos del «otro» para realizar nuestros sueños, para transformarnos y para crear cultura. Como seres interdependientes, compartimos la vida a partir de un acuerdo social o «contrato psicológico» (Schein, 1982) con el que nos comprometemos. El contrato psicológico es aquel acuerdo tácito que se establece entre dos personas en relación con sus expectativas y compromisos.

«contrato psicológico» (Schein, 1982) con el que nos

¿Pero hasta qué punto este acuerdo

es claro y explícito para ambas partes? Acostumbrados a la acción, la reflexión sobre los roles y tareas a veces queda de lado, en el campo de los supuestos y creencias. Porque una cosa es la que se dice y a veces otra la que se comprende. Por lo tanto, nada nos garantiza que nuestras expectativas serán completamente cubiertas. La experiencia puede ayudar a diferenciar situaciones, pero no se puede negar que el comportamiento humano es muy complejo y que aún no podemos predecir el futuro con certeza. Según Laurence Cornu (1999), «la confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro», pero ¿en qué se basa esa hipótesis? ¿Es acaso en alguna evidencia previa, en un sexto sentido, en un ojo clínico, en experiencias favorables o desfavorables? Cornu menciona que es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse por no poseer el control sobre el otro, lo cual nos hace vulnerables a ese «otro», de quien puede depender nuestra seguridad, economía o estabilidad emocional.

POZO

24 DE LETRAS

realizar nuestros sueños, para transformarnos y para crear cultura. Como seres interdependientes, compartimos la vida a partir de un acuerdo social o comprometemos. El contrato psicológico es aquel acuerdo tácito que se establece entre dos personas en relación con sus expectativas y compromisos.

La confianza está asociada a la entrega voluntaria al «otro» de algo que para uno es indispensable o vital (Yáñez, 2008). Desde el momento en que uno hace esa entrega, solo se espera que el «otro» tenga conductas positivas hacia el objeto de la confianza, llámese hijo, salud, dinero, conocimiento, etc. Mientras tanto, uno se puede sentir tranquilo y seguro en la medida en que, en otra oportunidad, las expectativas, en una situación semejante, fueron cubiertas. En caso contrario, el sentimiento de vulnerabilidad puede generar mecanismos de defensa y control, en un contexto en el que no existen posibilidades para monitorear o controlar a la persona en quien se confía. Para Mayer, la confianza es la voluntad de tomar riesgos. Claro, si está en juego la salud de un hijo, los bienes personales o la seguridad laboral, pues el riesgo es muy alto.

Ojo clínico: percepción de confiabilidad Una percepción afinada para reconocer los atributos que aseguran la confiabilidad es parte de la sabiduría de las relaciones interpersonales. Cuando alguien se «gana la confianza» es porque, en múltiples ocasiones, el que confía ha recogido evidencias que aumentan la probabilidad de


Baker (2008) asegura que para ser merecedores de confianza es necesario poseer dos factores: la voluntad y la habilidad. Es decir, no basta con la voluntad de apoyar, sino que se requiere ser competente y poseer experiencia. Esto se relaciona con otros atributos que menciona Yáñez (2007), quien señala que esta persona sea —además de competente, íntegra y benevolente— abierta a la comunicación y con una identidad social común.

Ante esto, Mayer (1995) propone un modelo de confianza en el que señala tres factores que definen la confiabilidad: habilidad, benevolencia e integridad.

Señala que la habilidad es mucho más sencilla de reconocer en el campo laboral, si es que la persona demuestra que es competente en un área técnica relacionada con el objeto de la confianza, como es la de realizar un balance, diseñar un programa, evaluar a un subordinado. En cambio, la benevolencia es el atributo que señala que la persona posee la voluntad de hacerle un bien a quien le ha depositado la confianza, pero esto dependerá de la relación que se construya entre ambas personas, para que ese afán de hacerle un bien sea auténtico y no inducido por la presión del rol o del cargo.

Según Laurence Cornu (1999), «la confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro», pero ¿en qué se basa esa hipótesis? ¿Es acaso en alguna evidencia previa, en un sexto sentido, en un ojo clínico, en experiencias favorables o desfavorables?

Robbins (1999), denomina “confianza por disuasión” cuando ésta se basa en el miedo a las represalias, por la obligación de servir a otra persona. Un empleado que es leal y fiel por miedo a perder el empleo otorga una confianza por disuasión que puede confundirse con una actitud benevolente y auténtica. Por último, el tercer factor, la integridad, lo define como la escala de valores y principios que el que confía comparte como aceptables del otro. Esto es mucho más delicado porque exige que compartan una identidad social común. Sin embargo, nada es seguro en una relación de confianza, la dinámica puede sostenerse en el tiempo o cambiar y transformarse por diversas circunstancias de la vida de ambos actores o instituciones.

Por otro lado, hay personas que pueden fingir

señales externas de honradez que nos pueden confundir, sobre todo cuando «vemos lo que queremos ver» (Kramer, 2009). En este caso, influyen nuestro sesgo y los estereotipos sociales que llevamos en nuestra mente. Esto nos predispone a interpretar con «señales» que son familiares a personas desconocidas como conocidas. Nikolas N. Oosterhof y Alexander Todorov3, demostraron a través de una investigaron de qué modo la personalidad puede ser reconocida por la expresión del rostro. A través de ella descubrieron que la percepción de la confiabilidad se forma a partir de la lectura de las expresiones del rostro de felicidad o de cólera. En los rostros percibidos como confiables la felicidad es percibida como más intensa; por contraste, en los rostros percibidos como menos confiables la agresividad es percibida como más intensa. La gente necesita inferir acerca de las intenciones del «otro», para lo cual recurre a la lectura de las expresiones faciales. Estos estudios también demuestran que la amígdala, región subcortical del cerebro, que interviene en el condicionamiento del miedo y en la consolidación de la memoria emotiva, juega un papel clave en la percepción de la confiabilidad.

DE LETRAS

que el «otro» responda de manera confiable. El grado de «predicción» es lo que asegura la confianza. ¿Cuán responsables somos al tratar de predecir un comportamiento? ¿Qué señales son las que tomamos en cuenta?

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UMBRALES

En los casos en los que hay ausencia de señales emocionales para identificar las intenciones del «otro», la persona evalúa la expresión del rostro. Los rostros femeninos o de bebes son percibidos como más confiables que los rostros que reflejan madurez o son masculinos. También se observó que, según el valor que le dé a esta expresión, la persona sentirá atracción o rechazo. En este sentido, en medios de comunicación en los que no hay un contacto físico, como en Internet, éstas señales no son las mismas. La comunicación a través de Internet cuenta con otro tipo de referentes, como fotografías, videos, textos que el emisor selecciona y proyecta su auto-imagen tal como desea que se le vea a través de la pantalla. Internet podría convertirse en una fuente constructiva de capital social, si se pudiese contar con una confianza on line. Si se pudiese asegurar la confiabilidad de la comunicación a distancia, más gente se comprometería a utilizarla. La «falta de identidad» y el «anonimato» no permiten construir un vínculo basado en la confianza. En la relación on line no se cuenta con las mismas señales o características del «otro» que en la relación presencial, lo cual dificulta el proceso de diferenciación que uno necesita para depositar el grado de confianza.

Cultura de la sinceridad en las organizaciones El reto consiste en crear una cultura de transparencia y honestidad, en la que los líderes generen confianza en sus instituciones a través de sus propios actos. La estrategia consiste en fortalecer una relación simbiótica de confianza en la que los líderes, al admitir sus errores, buscan contra argumentos, compartir información, actuar como modelos, provocar que los demás confíen en ellos. A esto O’Toole y Bennis (2009) le llaman arquitectura organizacional que fomenta la sinceridad.

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Entre las tácticas que inspiran a los empleados a confiar están la influencia racional, la provisión de autonomía y el desarrollo de relaciones interpersonales de alta calidad entre el líder y el miembro del equipo, siendo esta última la más efectiva (Douglas y Zivnuska4, 2008). La influencia racional consiste en practicar el razonamiento lógico y el conocimiento fáctico para influir en el otro. Esta es una práctica poco común cuando el líder considera que la «lógica de la operación» es algo obvio que no es necesario hacer explícito. Así, si el conocimiento tácito, encarnado en el líder, no es retroalimentado al empleado, las expectativas sobre el conocimiento del empleado pueden ser infundadas. Es necesario verificar las habilidades y saber si el empleado ha entendido la tarea. La provisión de autonomía es un indicador en el que el jefe comparte el «control». La confianza se aprecia como un proceso recíproco. Las parejas más autónomas regulan su confianza y no se defraudan. El que da confianza recibe confianza. Una relación de alta calidad se caracteriza por el apoyo mutuo, las metas comunes y la formulación de tareas desafiantes que aumenten la motivación y refuercen la comunicación efectiva. La desconfianza genera dependencia e ineficacia. Cuando un jefe dice «Mejor lo hago yo mismo y no dejo que otros lo hagan porque luego tengo que intervenir» se genera un comportamiento dependiente en el que «el que más sabe» se convierte en el subordinado del «que menos sabe».

La desconfianza genera dependencia e ineficacia. Cuando un jefe dice «Mejor lo hago yo mismo y no dejo que otros lo hagan porque luego tengo que intervenir» se genera un comportamiento dependiente en el que «el que más sabe» se convierte en el subordinado del «que menos sabe».


confianza, sino en mantenerlo y alimentarlo con hechos y evidencias que la respalden. Se trata de fortalecer los acuerdos y cumplir con lealtad y benevolencia las expectativas, a pesar del riesgo latente. Se trata de promover valores y anticiparse a la corrupción. Es atreverse a desatar nudos para crear vínculos sostenibles en el tiempo.

A continuación,

se listan una serie de comportamientos que podrían ser considerados como «señales» o indicadores de desconfianza5 en una relación interpersonal: • No cumple con las promesas. • Dice una cosa y hace otra. • Pospone plazos. • Saca ventaja. • Desplaza a otros. • Sabotea procesos. • No hace un seguimiento. • Se preocupa por los resultados sin importar el medio. • Utiliza a otros para conseguir sus propios intereses. No es necesario contar con todos los indicadores aquí mencionados para evaluar el grado de confianza en el “otro”. Bastaría que algunos de estos comportamientos se presenten de manera recurrente, para reconocer que la persona no es merecedora de una confianza plena.

¿Se reconstruye la confianza? ¿Comprender, perdonar, olvidar y arriesgarse de nuevo? Depende de qué atributo es del que carece la relación de confianza. Si se trata de un tema de competencia, estamos ante un mal menor porque esta podría desarrollarse. Si se trata de un asunto de benevolencia, estamos en el ámbito afectivo en el que puede haber un resentimiento por la falta de consideración. La decisión de confiar tiene un componente cognitivo y otro afectivo. El cognitivo permite calcular el grado de confiabilidad del otro, pero el afectivo te compromete por el vínculo que se establece entre ambas personas (Yáñez, 2008) y este se puede reforzar con el tiempo, gradualmente. Pero si lo que falló fueron los valores, entonces la posibilidad de cambio es lejana. Es muy difícil reconstruir la confianza si la persona no posee valores sólidos, si no es consistente y hace lo que predica. Por último, vale preguntarse: ¿hasta que punto trabajamos por construir una cultura de confianza y de sinceridad? ¿De qué modo esperamos cómodamente que la sociedad responda ante nuestras expectativas si no constatamos nuestras señales, si no verificamos, si no cuestionamos nuestros supuestos? ¿De qué modo creamos un entorno seguro basado en valores explícitos hechos conscientes en espacios reflexivos creados especialmente para reconocer nuestra integridad, benevolencia y habilidad? El reto no solo consiste en construir un lazo de confianza, sino en mantenerlo y alimentarlo con hechos y evidencias que la respalden. Se trata de fortalecer los acuerdos y cumplir con lealtad y benevolencia las expectativas, a pesar del riesgo latente. Se trata de promover valores y anticiparse a la corrupción. Es atreverse a desatar nudos para crear vínculos sostenibles en el tiempo.

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El reto no solo consiste en construir un lazo de

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Referencias Bibliográficas

UMBRALES

Baker, B. 2008 A Matter of Trust. PM Network 22, nro 12, 26 d. Cornu, L. 1999 La confianza como cuestión democrática. En: Filosofías de la ciudadanía: sujeto político y democracia. Rosario: Homo Sapiens Ediciones. Douglas, C. 2008 Developing Trust in Leaders: An Anteccedent of Firm Perfomance. En: Advanced Management Journal 73 nro. 1, 20-8. Erikson, E. 2000 El ciclo vital completado. Barcelona: Ediciones Paidós. Kramer M., Roderick 2004 Trust and Distrust in Organizations: Dilemmas and Approaches. A volumen in the Russel Sage Foundations Series on Trust. Kramer M., Roderick 2009 Repensar la confianza. En: Harvard Business Review, junio. Lombardo, M. y Eichinger, R. 1996 For Your Improvement. Minneapolis: The Leadership Architecture. Mayer, R.; David, J. y Schoorman, D. 1995 An Integrative Model of Organizational Trust. En: Academy of Management Review, vol. 20, nro. 3, pp. 709-734. O’Toole, J. y Bennis, W. 2009 Lo que se necesita para el futuro: una cultura de la sinceridad. En: Harvard Business Review, junio.

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Oosterhof, N. y Todorov A. 2009 Shared Perceptual Basis of Emotional Expressions and Trustworthiness: Impressions From Faces. En: American Psychological Association, vol. 9, nro. 1, pp. 128-133. Robbins, S. 1999 Comportamiento organizacional. México D. F.: Prentice Hall Hispanoamericana. Schein, Edgar 1982 Psicología organizacional. México D. F.: Prentice-Hall Hispanoamericana. Yáñez, Rodrigo 2008 Conceptualización metafórica de la confianza interpersonal. En: Univ. Psychol. Bogotá, vol 7, nro. 1, pp. 43-55.


Notas

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1. Yáñez realiza una investigación con estudiantes de Psicología y Enfermería para formular una conceptualización metafórica sobre la confianza interpersonal. 2. Erik Erikson, psicólogo y psicoanalista, plantea en su famosa teoría del desarrollo ocho estadíos a lo largo del ciclo de la vida, en la que cada etapa está marcada por un conflicto. Solo en la medida en la que este conflicto es enfrentado, comprendido y aceptado es posible que la persona desarrolle una virtud. 3. Nikolas N. Oosterhof y Alexander Todorov realizaron una investigación en la que participaron 55 estudiantes del pregrado en el primer estudio y 327 en la segunda parte, para identificar los ratios en las expresiones, a partir de 66 rostros estandarizados. La investigación fue auspiciada por la National Science Foundation Grant y la Huygens Scholarship de Netherlands Organization for International Cooperation in Higher Education. 4. Douglas y Zivnuska realizan una investigación para explorar las variables que influyen socialmente en la confianza y cómo estas impactan en el desempeño de las empresas de comida rápida. 5. Adaptado de For Your Improvement, que es una guía en la que se definen competencias y niveles de desarrollo: subdesarrolladas, desarrolladas y sobre desarrolladas, así como estrategias de mejora.

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Cuestión de VUELOS

CONFIANZA Luis Alfonso Morey

¿Por qué confiar? ¿En quién confiar? ¿Cómo hacerlo inteligentemente? ¿Cuán confiables somos? ¿Acaso

confiamos demasiado? ¿Es posible recuperar la confianza perdida? Son algunas de las preguntas a las que buscamos dar respuestas. La confianza está presente en casi todo lo importante que hacemos en nuestras vidas y generalmente no somos conscientes de ello. Nuestros procesos de toma de decisiones la tienen como uno de los elementos más importantes. Este análisis aborda perspectivas tan complementarias como el modelo del Proyecto de Negociación de la Universidad de Harvard, el análisis económico del comportamiento humano, las ciencias sociales y la neuroeconomía.

Palabras clave

Confianza, Comunicación, Empresa, Negocio, Periodismo, Credibilidad, Relaciones Humanas.

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Angeles Arrien, Las cuatro sendas del Chaman

Preámbulo Hace poco, en Nueva York, a los 92 años, murió Walter Cronkite, el hombre más confiable de Estados Unidos por la credibilidad que obtuvo durante su trayectoria como periodista. Augusto Alvarez Rodrich1 escribió al respecto: “La credibilidad es la mayor fortaleza que puede lograr una persona. Cronkite la construyó desde el noticiero de televisión que condujo a la seis de la tarde, entre 1961 y 1982, donde ofrecía ‘su’ verdad de las noticias que narraba. La gente podía eventualmente discrepar de su opinión, pero jamás puso en duda que ésta nunca era influenciada por motivos subalternos. Tras visitar Vietnam, Cronkite comentó en su programa que EEUU no podía ganar esa guerra; poco después, el presidente Lyndon B. Johnson anunció que no iba a la reelección, y dijo: “Si perdí a Cronkite, perdí al americano promedio”. La construcción de la credibilidad de un periodista exige que su opinión sea independiente de cualquier tipo de poder: político, económico y especialmente de los gobiernos”. Así de importante es la confianza y la credibilidad en el mundo del periodismo y la política. Pero lo increíble es que así de importante es también en muchos otros aspectos de nuestras vidas: desde la familia hasta los negocios, desde la banca hasta la diplomacia. Aquí intentaremos abordar el tema de la confianza desde distintas perspectivas. La confianza se manifiesta de manera singular en cada una de las relaciones interpersonales de la vida diaria. Aparece en las grandes decisiones que uno toma. ¿Habrá una cultura de la confianza, la que se aprende en las universidades? ¿O la

vida nos la da gratuitamente, como una fruta que tenemos que hacer madurar cayendo y sufriendo pérdidas y desilusiones? La experiencia nos demuestra que podemos prever casos de desconfianza y reconocer una tan sólida como la que existe en la amistad más cercana. A lo largo de nuestra vida llegamos a establecer diferentes grados de confianza con la gente, separando a quienes hacemos merecedores de la misma y a quienes no. Confiamos en determinadas personas para ciertos temas y en otras para asuntos diferentes. Confiamos en el diario que compramos para leer las noticias y opiniones del día y en los noticieros que vemos. Confiamos en el político por el que votamos, en la aerolínea que utilizamos y en la marca del auto que conducimos. Confiamos en la nana que cuida a nuestros hijos, pero de una manera muy diferente a la forma en la que confiamos en el banco en el que depositamos nuestros ahorros. Son relaciones de distinta naturaleza, pero en todas ellas la confianza es primordial. Con el tiempo y las experiencias personales, uno va escogiendo y descartando a los que fallan y quiebran la confianza. Todos podemos hacer una lista de personas de fiar y también podemos hacer una con las personas con las que no haríamos un trato nunca porque sabemos de antemano que nos fallarían. El objetivo que perseguimos aquí es presentar una reflexión en torno a qué tan presente está la confianza en nuestras vidas y analizar aspectos como qué tan confiables somos, por qué lo somos o en qué situaciones y en quiénes podemos confiar.

¿Dónde está la confianza? La confianza engloba y aborda, de una manera general, todos los campos de nuestras vidas. Es la piedra angular de un matrimonio; de la sana relación con los hijos; de una positiva relación con los socios en una empresa. Las relaciones diplomáticas entre países se basan en este concepto. Los

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“Existen dos causas que generan todas las confusiones: No decir lo que pensamos y no hacer lo que decimos. Cuando decimos lo que pensamos y hacemos lo que decimos, nos volvemos dignos de confianza”.

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VUELOS

políticos exhortan confianza a sus electores; los gestores de empresas hacen lo mismo con sus inversionistas, los banqueros buscan generar confianza en sus ahorristas, las empresas en sus clientes y los líderes en sus seguidores. La vida misma está basada en relaciones de confianza. Tiene que existir confianza entre el médico con su paciente, entre el abogado con sus clientes, el sacerdote con sus feligreses y el periodista con sus lectores. En el campo de la economía global, todas las bolsas de valores y las instituciones financieras del mundo están basadas en la confianza. La economía moderna requiere para su adecuado funcionamiento que las personas confíen en las instituciones que las rodean.

La confianza atraviesa todas las relaciones humanas y hasta hoy el tema es abordado en forma tangencial por buena parte de los sistemas educativos. Las más prestigiosas escuelas de negocios del mundo hoy están revisando sus planes de estudios para abordar mejor este valioso generador de éxitos en la vida empresarial.

A raíz de casos de abuso de confianza como el de Enron y el más reciente de Bernard Madoff –quien reconoció haber hecho una estafa piramidal de 65,000 millones de dólares– nunca antes ha existido tanta preocupación por la crisis de confianza a nivel mundial. ¿Por qué confiar? ¿En quién confiar? ¿Cómo hacerlo inteligentemente? ¿Es posible recuperar la confianza perdida? ¿Cuán confiables somos? Son preguntas a las que buscaremos dar respuestas en las siguientes líneas.

¿Confiamos demasiado? Hay personas que generan confianza espontáneamente. A otras les cuesta trabajo y esfuerzo. Por lo general, ganar la confianza de alguien toma tiempo y perderla puede demandar

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La confianza atraviesa todas las relaciones humanas y hasta hoy el tema es abordado en forma tangencial por buena parte de los sistemas educativos. Las más prestigiosas escuelas de negocios del mundo hoy están revisando sus planes de estudios para abordar mejor este valioso generador de éxitos en la vida empresarial.

escasos segundos. Un malentendido, una frase sacada de contexto, la filtración de un chisme no aclarado o una palabra dicha en el momento equivocado se puede traer abajo una relación construida en años. La confianza es la pieza clave en los negocios, pero no solamente en ese ámbito. Puede decirse que la confianza es uno de los elementos que nos permite disfrutar con la gente de los buenos momentos de la vida. La confianza es también un regocijo, es la tranquilidad y satisfacción de sentirnos protegidos y saber que se cumplirá aquello que nosotros esperamos de otra persona. Si no existiera confianza en los demás ni hacia uno mismo, resultaría imposible el crecimiento y las posibilidades de desarrollo. En el mundo de los negocios, si no existe suficiente confianza, es sabido que se requieren abogados, contratos, garantías y una serie de complejos mecanismos que aseguren que la otra persona con quien se negocia algo cumplirá su palabra. Si hay confianza entre dos personas, en cambio, todo es más llevadero, fácil y económico. Si además de la confianza existe una relación de amistad, incluso todo es mucho más sencillo. Toda relación humana cercana –familiar, amical, empresarial o profesional– está basada en la confianza. En el plano afectivo, la confianza es espontánea: el hijo confía en sus padres, los alumnos en sus maestros, las esposas en sus esposos. En otros casos, como el mundo de los negocios, la confianza se gana, fundamentalmente,


Para una empresa, el buen manejo de sus marcas, su capacidad para satisfacer adecuada y oportunamente a sus consumidores, la hacen merecedora de la confianza de la gente, la diferencian del resto. La confianza es pues un símbolo de distinción.

¿Qué es la confianza? La Real Academia de la Lengua define a la confianza, en su primera acepción, como “la esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. En Wikipedia se señala que la confianza “se considera por lo general la base de todas las instituciones y funciona como correlato y contraste del poder, consistente en la capacidad de influir en la acción ajena para forzarla a ajustarse a las propias expectativas”. La confianza –como el amor y la libertad– es uno de los valores humanos esenciales que todos hemos internalizado. Intuitivamente sabemos que la confianza es importante, sobre todo cuando ésta falla y aceptamos que la confianza es algo trascendente para nuestra vida en sociedad. Construir confianza comienza con un honesto entendimiento de ella, pero entender la confianza en su real dimensión requiere de práctica y de un comportamiento recto. Eso es lo que desarrollaremos en estas páginas.

En el mundo de los negocios, si no existe suficiente confianza, es sabido que se requieren abogados, contratos, garantías y una serie de complejos mecanismos que aseguren que la otra persona con quien se negocia algo cumplirá su palabra.

Stephen M. R. Covey, en su libro “El Factor Confianza”, señala que la confianza consta de dos elementos: por un lado lo que él llama el carácter, que es la combinación de tener una buena reputación y hacer gala de integridad. Explica que una empresa transmitirá confianza en la medida en la que se reconozca su buena reputación y sus actuaciones íntegras. Tendrá lo que se conoce como “buena fama”. Por otro lado, de nada servirá la reputación y la integridad si ésta no viene acompañada de resultados, de buenos productos y buenos servicios. Dicho en otras palabras, para ser digna de confianza una persona o una empresa debe no solamente gozar de buena reputación, sino que debe estar en capacidad de poder brindar el resultado esperado. La confianza también es un resultado del respeto hacia las capacidades y habilidades del otro.

Confiar es bueno y está demostrado que

trae como consecuencia una serie de efectos positivos. Sin embargo, hay quienes sostienen que en el mundo actual confiamos con demasiada facilidad. Y es que existen otros elementos de carácter biológico que debemos considerar. Nuestra química corporal nos recompensa por confiar. El profesor de Stanford Roderick M Kramer, en su artículo Repensar la confianza en Harvard Business Review, explica que decidimos rápidamente confiar en otros sobre la base de simples señales superficiales, tales como el aspecto físico. Kramer nos indica –con demostraciones científicas– que si el aspecto físico de una persona es parecido al nuestro se establece fácilmente un vínculo de confianza. Kramer, además, nos presenta estudios en el campo de la neuroeconomía, donde se ha demostrado que la oxitocina2 –una poderosa sustancia encontrada en nuestros cuerpos– puede estimular tanto la confianza como la fiabilidad entre las personas. Existen estudios científicos que demuestran cuán íntimamente está relacionada la oxitocina con los estados emocionales positivos y con la creación de conexiones sociales. El contacto físico tiene también una

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con un comportamiento ético, con una trayectoria de vida llamada reputación.

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fuerte conexión con la experiencia de la confianza. De ahí que rituales como un apretón de manos firme y mirando a los ojos sea tan significativo al momento de establecer un contacto personal.

VUELOS

Somos seres sociales y es por eso que estamos diseñados para conectarnos entre nosotros, para establecer vínculos con otras personas. El conectarnos con los demás y que los demás se conecten con nosotros constituye la base de la confianza. Incluso las personas pueden pensar y decir que son desconfiadas, pero en su conducta diaria revelan algo muy distinto: que muchas veces confían incluso sin querer hacerlo. Se puede decir que nuestros cuerpos están programados para confiar. El asunto ahora es hacerlo inteligentemente.

Un aspecto que debe mencionarse es

que para que realmente funcione la confianza, ésta debe ser mutua, recíproca. Normalmente existe reciprocidad cuando se establece una relación entre dos personas que gozan de una posición más o menos parecida. Sin embargo, no pasa lo mismo cuando existe una enorme asimetría de poder entre las partes. Un cliente confía en el supermercado donde hace sus compras, pero no necesariamente ocurre al revés. Lo cierto es que en tanto exista cierta simetría en el poder de negociación de las partes, cada una confiará en la medida de que la otra también lo haga. En casos de asimetría de poder la confianza se generará no en función a la reciprocidad, sino con base en otros criterios, como la credibilidad de las partes.

Somos seres sociales y es por eso que estamos diseñados para conectarnos entre nosotros, para establecer vínculos con otras personas. El conectarnos con los demás y que los demás se conecten

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con nosotros constituye la base de la confianza.

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Laurence Cornu en La confianza en las relaciones pedagógicas señala que la confianza no es otra cosa que una hipótesis sobre la conducta futura del otro con quien nos vinculamos. Es una actitud que concierne al futuro, en la medida en que ese futuro depende de la acción de otro. Es sus palabras, la confianza es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo.

A confiar con inteligencia Muchas veces uno se pregunta qué debe hacer una persona para confiar y ser confiable. Para llegar a ser una persona digna de confianza, con credibilidad, uno debe siempre cumplir con su palabra. Tan simple como eso. Ser confiable es fácil en la medida de que estemos acostumbrados a decir la verdad y cumplir la palabra empeñada, aún en situaciones extremas. Del mismo modo, uno confía en otro en la medida en que sabe que la persona con quien se relaciona no le fallará. Hacen falta otros factores, pero lo más importante es, como se dice, comportarse adecuadamente, a la altura que exigen las circunstancias. La consistencia, el ser predecible y el que la gente sepa que uno no va a incumplir su promesa es fundamental para una sana circulación de este elemento. La confianza es más que una virtud social. Hemos dicho, además, que es un motor que mueve la economía. La confianza es una habilidad que se aprende, que incrementa la rentabilidad en las organizaciones, que reduce los costos transaccionales y que hace las relaciones interpersonales más dinámicas. Cuando existe confianza las operaciones económicas son más eficientes, los intercambios más rápidos y las relaciones entre quienes interactúan son mejores. La confianza transforma a las personas y las hace evolucionar para tener una relación de colaboración y mutuo beneficio. La falta de confianza, en contraposición, limita la capacidad de interrelacionarse y los miedos y temores que ésta genera dificulta poder crecer.


Existen muchos mecanismos,

ejercicios y técnicas para generar confianza. El más conocido y práctico es la generación de la amistad sincera. La amistad no se impone ni se programa. La amistad se basa justamente en el establecimiento natural de mutua confianza. Se genera en distintos momentos de la vida y por diversas situaciones: en el colegio, la universidad, en el vecindario, en los negocios; las razones por las que surge son las más variadas: intereses y tópicos comunes, preferencia por ciertos deportes, aficiones similares, necesidades complementarias o recíprocas, etc. La amistad se muestra en los momentos felices de una persona: el nacimiento de un hijo, la celebración de un ascenso en el trabajo, la inauguración de una nueva casa, la firma de un contrato importante, así como en los momentos duros, como la pérdida de un ser querido, una hospitalización o momentos parecidos. La amistad también se materializa cuando se comparte un momento para pedir un consejo o contar sobre un proyecto o en situaciones donde simplemente se intercambian ideas.

rápido e inconsciente– de las relaciones interpersonales y los beneficios y perjuicios que éstas traen consigo. Por eso es importante considerarlo no solamente en el campo del establecimiento de relaciones sociales, sino al momento de evaluar si es que es posible confiar en una persona o no.

Una persona, generalmente, se comportará

racionalmente, es decir, realizará aquello que considera que le reportará beneficios y no lo que piensa que le traerá perjuicios. Dicho en términos del Modelo de Negociación de Harvard4, obrará de modo tal que logre satisfacer sus intereses. Es por ello indispensable conocer cuáles son esos intereses en juego al momento de negociar. Podré confiar en que un acuerdo se cumplirá sin problemas siempre que éste logre satisfacer los intereses de las personas que han participado en una negociación. Si una no logra satisfacer sus intereses con el acuerdo al que ha arribado, no tendrá incentivos reales para cumplir con éste.

Hasta donde confiar: ¿Dónde están los límites?

Como seres sociales, necesitamos de personas a las que podamos recurrir solamente para hablar, para que nos escuchen y recurrimos a ellas porque tenemos la confianza de que nos prestarán atención y se interesarán por nosotros.

¿Se puede confiar a ciegas? ¿Es posible hacerlo? La experiencia demuestra que si uno no desea sorpresas desagradables, lo mejor es no confiar a ciegas. Si uno no conoce bien a su interlocutor, por más confiable que parezca, lo razonable es confiar con prudencia, recabar información básica y sobre esa base tomar una decisión.

Debe tenerse presente que dentro del marco del Análisis Económico3 del comportamiento humano se sostiene que las personas hacen aquello que les conviene y no aquello que no les reporta beneficios. No se trata por cierto de un frío análisis monetario, sino de un análisis integral –muchas veces

Uno debe contar con información suficiente que le permita determinar si la persona con la que se va a vincular y en quien pretende confiar es capaz de cumplir con su palabra y si tiene la real intención de cumplir. Además, debe conocer sus antecedentes, su historial, la forma como se ha

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Dicen que la confianza es como el dinero: difícil de ganar y fácil de perder. Para ganar la confianza de la gente y poder influir en las personas hemos indicado que lo más importante es decir la verdad y ser capaz de cumplir lo que se promete. Con ese comportamiento –a lo largo de la vida– uno va ganando credibilidad y se convierte en una persona confiable.

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Uno debe contar con información suficiente que le permita determinar si la persona con la que se va a vincular y en quien pretende confiar es capaz de cumplir con su palabra y si tiene la real intención de

VUELOS

cumplir.

comportado antes en situaciones similares. De ahí que las referencias personales y las cartas de recomendación en muchas ocasiones sean tan importantes. En muchos casos, sin embargo, la confianza es también un acto de fe. Incluso la persona que parece más confiable y que tiene mejor historial puede incumplir. Siempre existe la posibilidad de que eso ocurra y es por eso que los abogados recomendamos en los contratos siempre establecer una cláusula de salida. Y es que uno debe estar preparado para todo y saber de antemano qué consecuencias puede traer un incumplimiento voluntario o involuntario de la otra parte.

Muchas personas

se guían por su intuición, pero eso no es suficiente ni recomendable. Es mejor cerciorarse. No se trata de confiar por confiar. Dependiendo del marco cultural y del contexto, la confianza puede o debe presumirse. Debe tenerse muy en consideración el contexto y el lugar en el que se establece una relación o dónde se pretende realizar un negocio o cerrar un trato. La legislación peruana, como la de la mayor parte del mundo occidental está basada en la buena fe de las personas. Presumimos que la gente actúa, generalmente, con buenos propósitos. Sin embargo, lo más recomendable para evitar decepciones y malos ratos es actuar con la debida diligencia. Realizar el due dilligence para confirmar que aquello que se dice o promete en el marco de una negociación puede realmente ser cumplido.

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La pérdida de la confianza Todos conocemos casos de pérdida de la confianza. Desde asuntos familiares hasta temas empresariales, políticos o diplomáticos. Una actuación inapropiada, un incumplimiento y automáticamente todo lo que uno ha construido con esfuerzo durante un largo periodo se destruye. Un acto de infidelidad marital en el aspecto familiar o la violación de una cláusula de confidencialidad en un asunto de negocios difícilmente permiten que la relación entre las dos personas continúe. Las mentiras –grandes y pequeñas– confunden, destruyen la confianza y pueden provocar la ruptura de las relaciones interpersonales. Así como un engaño amoroso destruye una relación de pareja, un padre que miente a su hijo destruye la confianza que éste puede tener en él. Es fácil perder la confianza en alguien cuando esa persona con quien tratamos no actúa con justicia y transparencia. Sea un comerciante, un profesional o un amigo, si esa persona se aprovecha de nosotros, abusa de nuestra falta de conocimiento en un tema o de nuestra buena fe, destruye la confianza y la relación se acaba. Y es que la mentira busca siempre ocultar, en todo o en parte, la realidad. Mentir implica engañar intencional y conscientemente. Mentir está en contra de los cánones morales de muchas personas y está catalogado como pecado por muchas religiones. Los filósofos están divididos sobre si se puede permitir a veces una mentira5. Un mentiroso es una persona que tiene cierta tendencia a decir mentiras. Debe tenerse presente que la tolerancia de la gente con los mentirosos por lo general es muy pequeña, y a menudo sólo se necesita que se sorprenda a alguien en una mentira para que se le etiquete como mentiroso y se le pierda para siempre la confianza. Que las mentiras desaparezcan del ámbito de la política, de la justicia, de la diplomacia, del periodismo y de otros muchos ámbitos de la vida social es algo virtualmente imposible, pero lo que sí es posible es controlar nuestro propio comportamiento actuando con veracidad y exigiéndola.


Dentro de este esquema, donde

la confianza pasa al último lugar, otro efecto que muchos buscan en una negociación es “ganarle” a la otra parte a toda costa en el proceso. Frente ese enfoque existe una manera más inteligente y productiva de enfocar las negociaciones y es la que fue desarrollada por los profesores Roger Fisher, William Ury y Bruce Patton del Proyecto de Negociación de la Universidad de Harvard6. Ellos desarrollaron el método que se conoce en el mundo como el modelo de los 7 elementos y en él plantean enfocar las negociaciones de una manera colaborativa e integradora. En este modelo el tema de la confianza es medular. El método consiste en enfocarse en satisfacer los intereses en juego en una negociación –los propios como los de la otra parte –, hacerlo de forma creativa, justa y en un proceso colaborativo basado en la confianza mutua. La idea central detrás de este enfoque es aprovechar al máximo las negociaciones, crear y distribuir valor y no dejarlo sobre la mesa en la que se negocia. El objetivo que se alcanza con este enfoque es satisfacer los intereses en juego, mantener una buena relación con quien se negocia y ser eficientes y justos. Y es que en este enfoque se tiene presente el largo plazo y todos los beneficios que trae consigo confiar

y laborar. Es un método que permite ser íntegros y confiables y, al mismo tiempo, alcanzar los resultados que buscamos. A todo esto debe sumarse el hecho de que hoy en día es inevitable ser transparente. En el mundo de los negocios, la capacidad de ocultar secretos está desapareciendo. No basta con decir la verdad y ser honesto, hay también que parecerlo, es la regla. En términos de la confianza, las percepciones son tan fuertes como las realidades. Cada detalle es importante para que la real confianza se pueda proyectar. Algunos sostienen que es imposible recuperar la confianza. La mejor imagen para graficar esto es el de una porcelana muy fina que es rota y luego pegada: No queda igual. Tampoco existe crisis de confianza: o se confía o no. No hay términos medios. Pese a que es un asunto complejo, diversos ejemplos en el mundo demuestran que la confianza perdida sí se puede recuperar. Lo vemos en políticos, entidades bancarias y relaciones familiares. De ahí que la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno, el estilo con el que negociamos y la forma en la que nos comportamos con las personas sea tan importante. Cualquiera que sea la profesión que uno tenga, lo que mayor valor adquiere con el tiempo es su reputación. Ésta puede ser positiva como negativa. Cuanto más sonado es un aspecto favorable de la trayectoria de una persona, en el tiempo inmediato, más pulcra será la imagen; más atractiva y respetada será la confianza hacia ella. Y ocurre lo mismo

Que las mentiras desaparezcan del ámbito de la política, de la justicia, de la diplomacia, del periodismo y de otros muchos ámbitos de la vida social es algo virtualmente imposible, pero lo que sí es posible es controlar nuestro propio comportamiento actuando con veracidad y exigiéndola.

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Llevando el tema de la confianza al terreno de los negocios, debemos destacar que en el plano empresarial peruano existe el concepto de la “criollada”. Esta consiste en aprovecharse de alguien en una negociación, engañarlo, sacarle el máximo provecho y creer que con eso se ha hecho un gran negocio. Esa mezcla de viveza, astucia y abuso de poder que a veces hace sentir ganadoras a esas personas mina la confianza y las convierte automáticamente en personas peligrosas de las que hay que alejarse. Esas personas muchas veces no son conscientes del enorme daño que le hacen a su prestigio y reputación comportándose de esa manera, y a la larga sufren las consecuencias. La improvisación y el engaño suele servir para quien no mira el largo plazo o para los que no tienen escrúpulos, pero no para quien quiere ocupar una posición importante y respetable en el mundo de los negocios.

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De ahí que la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno, el estilo con el que negociamos y la forma en la que nos comportamos con las personas sea tan importante. Cualquiera que sea la profesión

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que uno tenga, lo que mayor valor adquiere con el tiempo es su reputación.

en el caso inverso. El desprestigio y la mala imagen pueden limitar el radio de acción de un individuo. De la información sobre el cumplimiento de obligaciones se valen, por ejemplo, las casas de créditos con sus clientes: rastrean en las bases de datos especializadas para otorgar su confianza. Si una persona es cumplida tendrá un buen historial crediticio y se le abrirán las puertas de todos los establecimientos. En cambio, en caso que éstos hayan pasado una fecha estimada de pago, los indicadores de riesgo subirán y la mala reputación crecerá. El mal comportamiento en el mercado restringe la libertad de las personas. La confianza también es pues un productor de libertades. Habría que preguntarse cuán libre es uno cuando produce desconfianza.

A manera de conclusión A la luz de las distintas aproximaciones al tema, podemos concluir que no se puede obligar a la gente a confiar en uno, pero sí podemos ser personas confiables. Comparto a continuación un resumen de algunas ideas sacadas de diferentes enfoques sobre la confianza, las que pueden resultar útiles.

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• Uno debe ser predecible y tener credibilidad. Para ser confiable, el comportamiento de una persona no debe ser como el azar. Tiene que existir cierto grado de predictibilidad. El mapa conductual en los negocios se tiene que ver en todos nuestros pequeños y grandes

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actos. La credibilidad está basada en ser una persona digna de fe y confianza. • El cumplimiento de la palabra empeñada es fundamental. Decir lo que pensamos y hacer lo que decimos nos convierte en personas coherentes y, por ende, confiables. • No asumir compromisos más allá de los límites permite tener el control de la situación y no verse negativamente afectado por el incumplimiento de terceros. Si algo está fuera de control, uno no tiene por qué asumir compromiso al respecto. • Ponerse en los zapatos de la otra persona. No hay nada mejor que explorar cuáles son las motivaciones, los intereses, los miedos y temores que existen en la persona con quien uno se va a relacionar. Eso permite entender su comportamiento y construir fórmulas de solución o de acuerdo a lo que se negocia y generar un clima de confianza. • La reputación se construye permanentemente. No permita que digan cosas falsas sobre usted. Si es así, lo mejor es aclarar los incidentes y que la verdad prevalezca. Un incidente mal aclarado puede traer consecuencias inesperadas y una “mala fama” inmerecida. • Ser puntual no es un detalle. Es primordial estar a tiempo. No tener en consideración el tiempo de las otras personas denota desinterés por el otro, genera malestar y mina la confianza. La puntualidad es la primera tarjeta de presentación. • Emplear criterios de legitimidad en las negociaciones permite ser justos y percibidos como tales. Su utilización ayuda a que no parezcan abusivas ni caprichosas las ideas y propuestas y ayuda a que las partes que negocian estén satisfechas con el acuerdo al que se arriba. • Relacionarse y comprometerse con cuidado. La debida diligencia es imprescindible si uno no quiere tener


Buenos indicadores de confianza son

la cantidad y la calidad de amigos que tenemos, el número de personas que acuden a nuestro negocio o institución, la cantidad de gente que está dispuesta a delegarnos cosas importantes o las responsabilidades que a uno se le asignan en el trabajo. Tener presente cuán importante es la confianza en nuestras vidas nos puede evitar problemas, nos puede generar una serie de oportunidades en el ámbito familiar, social o empresarial y puede servir a que nuestros procesos de toma de decisiones en todas esas áreas sean más eficientes.

Referencias Bibliográficas ARRIEN, Angeles http://www.angelesarrien.com/ BECKER, Gary S. 1993 Nobel Lecture: The Economic Way of Looking at Behavior, The Journal of Political Economy, Vol. 101, No. 3. (Jun., 1993). CORNU, Laurence 1999 La confianza en las relaciones pedagógicas En: Construyendo un saber sobre el interior de la escuela. Buenos Aires, Ediciones Novedades Educativas, . p. 19-26. COVEY, Stephen R. 2007 El Factor Confianza, Ed. Paidos, 496 pp. ERTHEL, Danny (Editor) 1996 Negociación 2000. Mc Graw Hill, Santa Fe de Bogotá, 376 pp. FISHER, Roger, URY, William L. and PATTON, Bruce. 1991 Getting to Yes: Negotiating Agreement without giving in. Penguin Books, New York, 200 pp. O´TOODLE, James y WARREN Bennis. 2009 Lo que se necesita para el futuro: una cultura de la sinceridad. En: Harvard Business Review, Junio 2009. PODOLNY, Joel M. 2009 La responsabilidad empieza y termina en las escuelas de negocios. En: Harvard Business Review, Junio 2009. KRAMER, Roderick M 2009 Repensar la confianza - Rethinking trust, Harvard Business Review, Junio 2009. RAIFFA, Howard. 1982 The Art and Science of Negotiation. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1982. 373 pp.

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sorpresas desagradables. Es preciso saber con quiénes se relaciona y conocer los fines que persiguen. Si eso es claro, la relación con la contraparte será directa y sincera.

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Notas

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1. En su columna de opinión en el Diario La República. http:// www.larepublica.pe/claro-y-directo/19/07/2009/cuestion-deconfianza 2. La oxitocina es una hormona relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal que actúa también como neurotransmisor en el cerebro. Se sostiene que su función está asociada con la afectividad, la ternura, el contacto y el orgasmo en ambos sexos. Algunos la llaman la “molécula de la monogamia” o “molécula de la confianza”. En el cerebro está involucrada en el reconocimiento y establecimiento de relaciones sociales y en la formación de relaciones de confianza y generosidad entre las personas. 3. Gary Becker es un economista estadounidense, Premio Nobel de Economía en 1992, quien ha desarrollado una serie de ideas en torno al análisis microeconómico en una serie de comportamientos humanos fuera del mercado. Partiendo de su enfoque económico, Becker afirmó que los individuos actúan de manera racional. Investigó este supuesto en cuatro áreas de análisis: el capital humano, la criminalidad, la discriminación por sexo o raza y el comportamiento de las familias. 4. El Modelo de Negociación de la Universidad de Harvard es uno de los más efectivos marcos metodológicos para desarrollar negociaciones. La distinción clave entre intereses y posiciones es una de las contribuciones principales de esta metodología. De acuerdo a ella las personas actúan en las negociaciones con la finalidad de satisfacer ciertos intereses, que son las motivaciones, aspiraciones y preocupaciones que deben ser atendidas. 5. Platón decía que sí se justificaba mentir, mientras que San Agustín y Kant sostenían lo contrario. 6. Un buen resumen del modelo de negociación se encuentra en el libro Getting to Yes: Negotiating Agreement without living in (Sí, de acuerdo. Cómo negociar sin ceder), escrito por Roger Fisher, William Ury y Bruce Patton.

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Capital social, confianza y

DESARROLLO

económico:

hacia un enfoque integrador1 Claudia Labarca

La crisis económica actual ha llevado a que el concepto de confianza aparezca con mayor frecuencia en los

Palabras clave

Desarrollo económico, Confianza, Capital social, Empresa, Identidad cultural, Globalización

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medios de comunicación asociado al de desarrollo económico, aunque limitado mayoritariamente a mediciones de percepción. Este artículo recorre parte de la literatura académica existente entre confianza y desarrollo económico desde dos perspectivas aparentemente contrapuestas. Por un lado, analiza la confianza como elemento cultural propio del capital social, donde las identidades culturales juegan un rol preponderante. Asimismo, recoge una visión más ligada a la teoría de elección racional, escogiendo tres elementos fundamentales para la creación de confianza en aquellas situaciones donde no existen elementos culturales o normativos en común que la sustenten. Finalmente, sugiere la posibilidad de integrar ambas visiones donde todos los estamentos de la sociedad contribuyan a su formación.

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“Virtually every commercial transaction has within itself an element of trust, certainly any transaction conducted over a period of time. It can be plausibly argued that much of the economic backwardness in the world can be explained by the lack of mutual confidence”

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Kenneth Arrow, Nobel Price in Economics

“Prácticamente cada transacción comercial tiene en sí misma un elemento de confianza, ciertamente cualquier transacción que sea llevada a cabo dentro de un cierto período de tiempo. Puede argumentarse que mucho del atraso económico en el mundo puede explicarse por la falta de confianza mutua” Keneth Arrow, Premio Nobel de Economía

Confianza, percepciones y desarrollo económico.

reportando los resultados del Índice Vistage, indicador que desde 2003 mide la confianza en el empresariado norteamericano apoyado por la Universidad de Michigan: “Encuesta: 2000 CEO de Estados Unidos hoy confían más en la economía”. Como bajada, se lee: “Un nuevo índice que anticipa recuperación” (El Mercurio, 2009) mostrando de esta manera la importancia que el incremento en el indicador “confianza” tiene en el repunte de la economía. Sin embargo, al centrar la relación de las variables confianza y desarrollo económico solamente al nivel de percepción, se corre el riesgo de caer en lo que se conoce como argumentación circular, haciéndose difícil distinguir la causalidad entre ambas variables. En este sentido, cabe preguntarse, por ejemplo, si la mejora en ciertos indicadores económicos (tasa de inflación o tasa de desempleo, por nombrar algunas) aumenta la confianza en los actores claves del mercado o, revirtiendo la variable independiente, si el aumento de los niveles de confianza efectivamente incide en ciertos índices económicos, estimulando así la economía.

Sin embargo, en el ámbito académico, el

La crisis económica mundial ha hecho que la palabra confianza aparezca cada vez con mayor frecuencia en la prensa internacional asociada con percepciones de desarrollo o estancamiento económico. Diversos indicadores sitúan los grados de confianza de quienes actúan como motor de la economía en directa relación con el comportamiento de los mercados y de los instrumentos financieros. De esta manera, el constante reporte acerca de estudios que muestran indicadores de confianza relativos al sector empresarial o al de consumo provocan, a su vez, percepciones en el mercado que aumentan o disminuyen las posibilidades de crecimiento económico2.

estudio de la confianza y su relación con la economía ha ido más allá del ámbito de las percepciones, entendiéndola como una variable de desarrollo económico, vital para fortalecer la cooperación (Granovetter, 1985; Hardy, Phillips et al. 1998; Hardin, 2002), bajar costos de transacción (Fukuyama, 1995; Knack and Zak, 2001), evitar comportamientos oportunistas (Hardy, Phillips et al. 1998) o facilitar relaciones entre instituciones y empresas (Sako, 1998). Más aún, se ha argumentado que “si bien las estructuras de gobierno formales actúan como resguardo contra el comportamiento oportunista, no son por sí mismas suficientes para asegurar el rendimiento –innovación y aprendizaje– que la confianza induce” (Sako, 1998, p. 91), clave en la llamada era del conocimiento.

Como ejemplo, se puede analizar el siguiente titular del diario chileno El Mercurio del 13 de mayo de 2009,

Existen, empero, dos niveles distintos al analizar esta relación. El primero se asocia a las teorías de capital social

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Ambas perspectivas constituyen un tema relativamente nuevo en las ciencias sociales3. Si bien el enfoque desde la microeconomía y las teorías organizacionales ha encontrado cierto consenso en la literatura, por ejemplo en el caso de la importancia en la relación entre compradores y proveedores (Sako, 1998) o entre líderes –gerentes– y subordinados (Dirks, 2006), el rol de la confianza dentro de las teorías de capital social aún no genera consenso entre los académicos de diversas disciplinas. De hecho, la importancia de variables blandas como la confianza comenzó a ganar legitimidad en las ciencias sociales hace sólo unos treinta años (Nooteboom, 2002, p. 2) y tomó impulso a partir del trabajo de autores como Coleman, quien combinó las teorías de elección racional con las influencias institucionales en el concepto de capital social (Coleman, 1988). Putnam, en tanto, fue quien definitivamente propagó el tema, cuando asoció el concepto de capital social basado en redes de confianza con el de desarrollo económico en Making Democracy Work: Civic traditions in the South of Italy y cuya investigación –realizada en un pequeño pueblo

De hecho, la importancia de variables blandas como la confianza comenzó a ganar legitimidad en las ciencias sociales hace sólo unos treinta años (Nooteboom, 2002, p. 2) y tomó impulso a partir del trabajo de autores como Coleman, quien combinó las teorías de elección racional con las influencias institucionales en el concepto de capital social (Coleman, 1988).

al sur de Italia– demostró que la principal razón del retraso de dicha comunidad radicaba precisamente en la falta de redes sociales basadas en la confianza (Putnam, 1993). A esta investigación le siguió el éxito de Fukuyama y su libro Trust: Social Virtues and Creation of Prosperity (Fukuyama, 1995a), quien, a través de una metodología de casos de estudio, explica cómo aquellas sociedades con altos niveles de confianza generalizada tienen mayores posibilidades de lograr desarrollo económico. En un artículo posterior ahonda en su teoría:

“Como los economistas argumentan,

la habilidad para la formación de organizaciones, depende de instituciones como los derechos de propiedad, contratos y de sistemas de derecho comercial. Pero también depende de un sentido de moral comunitaria, esto es, un set de reglas éticas no escritas que sirven de base para la confianza social. La confianza puede reducir dramáticamente lo que los economistas llaman costos de transacción –costos de negociación, cumplimiento de la ley y contratos, etc– y hace posible ciertas formas eficientes de organización económica que de otra manera hubieran requerido extensas reglas, contratos, litigios y burocracia” (Fukuyama, 1995b, p.90).

Desde los años 90, distintas disciplinas

de las ciencias sociales (sociología, economía, antropología y ciencia política) han abordado –y debatido– la tesis de la confianza como variable de desarrollo económico (Bohnet and Croson, 2004, p.443), incluso convirtiéndose en tema central de importantes organismos internacionales4. A pesar de que algunos entusiastas han llegado a denominar a la confianza como “la variable perdida” que explicaría el desarrollo (Humpfrey 1998, 214)5 o el elemento que “aceita las ruedas de la economía de mercado” (Stolle, 2007, p.655); otros académicos, especialmente ligados al ámbito de la

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–cuyo epicentro radicaría en las redes de confianza y en la idea de confianza generalizada– y el segundo se enfoca más bien desde la perspectiva micro económica, enfatizando la importancia de las relaciones de confianza tanto a nivel organizacional (por tanto, un análisis vertical) como aquellas que se encuentran entre las empresas (análisis horizontal).

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VUELOS

economía, se muestran más reticentes ya que, aunque se “ha comenzado a aceptar la importancia de la confianza, aún se tiende a subestimar su complejidad y por tanto se la malinterpreta” (Nooteboom, 2002). Aunque Granovetter argumenta que ya desde la década de los 70 “ha habido una erupción de interés entre los economistas acerca de temas antes ignorados como la confianza” (Granovetter, 1985, p.487), la legitimidad de ésta como variable de desarrollo (así como otras asociadas a actitudes generalizadas ya sean derivadas de cierta institucionalidad o de elementos culturales) entre los economistas pertenecientes al mainstream ha sido puesta en duda o simplemente se ha evitado incorporarla en el análisis (Sollow, 2000, p.6). Para algunos, se la considera un concepto “resbaladizo” (Nooteboom, 2002) y controvertido, incluso en su definición (Newton 2007)6. Si bien esta reticencia desde el ámbito de la economía puede ser un elemento más del tradicional debate sobre la compleja relación entre elementos culturales y económicos (Worsley, 1999; Schech and Hagáis, 2000; Throsby 2001), tiene sus elementos propios que vale la pena analizar en forma individual.

Parte de la discusión

se debe precisamente a la multiplicidad de definiciones, clasificaciones y funcionalidades que se asocian a la confianza como centro del capital social y a la ausencia de un consenso y una visión integrada del concepto. Serageldin, por ejemplo, reconoce la necesidad de “tender un puente” entre el “macro y micro capital social institucional en instituciones formales e informales y en asociaciones verticales y horizontales” (Serageldin, 2000, p.40). Por razones de espacio, este artículo no pretende realizar una exhaustiva revisión de las múltiples dimensiones existentes entre confianza y desarrollo económico, sino que más bien centrará su análisis en dos visiones sobre confianza que derivan precisamente de las visiones macro y micro: confianza

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Desde los años 90, distintas disciplinas de las ciencias sociales (sociología, economía, antropología y ciencia política) han abordado –y debatido– la tesis de la confianza como variable de desarrollo económico (Bohnet and Croson, 2004, p.443), incluso convirtiéndose en tema central de importantes organismos internacionales.

generalizada (asociadas a las teorías de capital social, cultura y normas como elementos influyentes de los niveles de confianza) y confianza interpersonal. Dentro de las bases que forman la confianza interpersonal se dará relevancia al conocimiento, entendido éste como información que se posee para tomar decisiones relacionadas con el acto de confiar, y por ende ligado a la interacción constante (Ring and Ven, 1992; Dasgupta and Serageldin, 2000) y la comunidad de intereses (Hardin, 2002). Si bien estos conceptos no necesariamente provienen del campo de la economía, sí se enmarcan dentro de la temática de la confianza como variable independiente de desarrollo económico.

A pesar de que existen

múltiples puntos de encuentro entre ambas dimensiones (es posible argumentar, por ejemplo, que la confianza generalizada es un agregado de la suma de la construcción de confianzas individuales, así como también es posible defender la idea de que la factibilidad de construir relaciones interpersonales basadas en la confianza, tiene directa relación con el grado de capital social existente en una sociedad) se las ha separado en dos categorías diferentes con el fin de realizar un análisis más acabado y sugerir un modelo que integre ambas dimensiones.


La primera perspectiva se enmarca en el tema de capital social, sobre el que, a pesar de ser estudiado desde una diversidad de enfoques, existe cierto consenso en relacionarlo con los marcos institucionales y culturales en donde se inserta, transformándose así en las variables que determinan los niveles de confianza en una sociedad7. Como se anunció en la introducción, existen diversos exponentes de esta perspectiva, entre los que destacan Putnam (1993; 2000; 2002; 2007), Granovetter (1985), Fukuyama (1995a; 1995b) e Inglehart. En todos ellos, los niveles de confianza están directamente relacionados a su contexto cultural/ institucional y constituyen el epicentro de las teorías de capital social. Debido a la imposibilidad de abordar las influencias institucionales y culturales en un sólo artículo –el propio concepto de cultura es amplio: ya en la década del 50 se recogieron más de 150 definiciones de cultura (Thomas, 1999)– la generación y producción de confianza desde el punto de vista del capital social se analizará desde los temas de identidad cultural y homogeneidad étnica. Este enfoque

La primera perspectiva se enmarca en el tema de capital social, sobre el que, a pesar de ser estudiado desde una diversidad de enfoques, existe cierto consenso en relacionarlo con los marcos institucionales y culturales en donde se inserta, transformándose así en las variables que determinan los niveles de confianza en una sociedad.

aparece como fundamental en una sociedad globalizada donde los intercambios comerciales entre culturas e identidades diferenciadas son esenciales para el desarrollo económico. Putnam, quien definió al capital social como “conexiones entre individuos y redes sociales y las normas de reciprocidad y confianza”, (Putnam, 2000, p.19)8 otorga especial importancia al “sentimiento de identidad compartida y reciprocidad” (Putnam, 2000) como base para el establecimiento de capital social, especialmente en aquellos grupos donde el capital social actúa como vínculo9. Asimismo, en un artículo más reciente, el autor fortalece su teoría de que la diversidad étnica –si bien tiene beneficios de largo plazo para los países– repercute a corto plazo negativamente en los niveles de confianza, contradiciendo así la llamada “hipótesis de contacto” que defiende la idea de que a través del conocimiento aumentan los niveles de confianza entre personas de diverso origen étnico (Putnam, 2007, pp.141-142). Estudios empíricos sustentan esta propuesta. Por ejemplo, Knack, además de corroborar los beneficios económicos del capital social, también apoya la correlación entre homogeneidad étnica (junto a otros factores como la equidad social, mayores ingresos y ciertas características normativas e institucionales) y el aumento en los niveles de confianza (Knack, 1997; Knack and Zak, 2001). En tanto, Glaeser descubre que la confiabilidad declina cuando hay diferencia de nacionalidad o raza (Glaeser, 2000) y que la disminución en la distancia social, por el contrario, la potencia (Glaeser, 2002). Referido también a la influencia de la cultura en la creación de confianza y capital social, pero desde un punto de vista diferente, está la visión de Fukuyama, cuya definición de capital social basada en Coleman –“el componente del capital humano que permite a los miembros de una sociedad dada confiar unos en otros y cooperar en la formación de nuevos grupos y asociaciones” (Fukuyama, 1995b, p.90), presenta rasgos similares a la de Putnam, ya que liga los conceptos de confianza, cooperación y asociaciones al desarrollo económico. En su análisis, Fukuyama divide a las

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Confianza generalizada, capital social y desarrollo económico: Cuando la cultura y las instituciones afectan los grados de confianza de una sociedad

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Lo cierto es que existen pocas maneras de medir la confianza generalizada y que permitan comparar los grados de confianza social y su relación con el crecimiento económico, siendo la principal la

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encuesta World Value Survey12, que mide la confianza generalizada en la mayoría de los países del mundo con la siguiente pregunta: “En general, ¿Cree Ud que

la confianza generalizada en la mayoría de los países del mundo con la siguiente pregunta: “En general, ¿Cree Ud que se puede confiar en la mayoría de las personas?” (Inglehart, 1997; Inglehart and Baker, 2000; Inglehart, 2004). En el contexto latinoamericano, se efectuó la misma pregunta en un reciente estudio realizado por Cieplan y el Instituto Fernando Henrique Cardoso en siete países latinoamericanos, que arrojó bajos niveles de confianza social en los países encuestados13.

se puede confiar en la mayoría de las personas?”

sociedades con alto grado de capital social –Alemania, Japón o Estados Unidos– de aquellas consideradas de bajo capital social o niveles de confianza como Taiwán, China o Francia (Fukuyama, 1995b). Desde su análisis, la importancia de la familia, y los radios de confianza en torno a ésta, son fundamentales para el desarrollo económico (Fukuyama, 1995a)10. Esta visión está estrechamente ligada (y en cierta manera contradice) a la teoría de capitalismo confuciano que, bajo la idea weberiana de cómo ciertos valores propenden a la formación de sociedades capitalistas, promulga la idea de un capitalismo basado en valores asiáticos –confucianos– y que funciona como ejemplo de la relación entre valores culturales y desarrollo económico11.

Una de las críticas

a Fukuyama radica en que su hipótesis es “plausible pero no probada” (Sako, 1998, p.88), mientras que experimentos realizados entregan resultados diferentes e incluso opuestos (Buchan y Croson, 2004). Lo cierto es que existen pocas maneras de medir la confianza generalizada y que permitan comparar los grados de confianza social y su relación con el crecimiento económico, siendo la principal la encuesta World Value Survey12, que mide

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Confianza interpersonal: Un recurso “renovable”

La primera perspectiva (confianza

generalizada o capital social) sitúa parte importante de las fuentes de dicha confianza en elementos culturales e institucionales (por ejemplo normas culturales o características adscritas compartidas que son independientes tanto de los sujetos que confían como del objeto confiado)14. La confianza interpersonal, sin embargo, es entendida más bien como un concepto dinámico que parte desde una perspectiva individual, y está sujeta a ser creada, mantenida o eliminada por aquellos que participan en una relación de confianza. Como expresa Sako: “Confianza es por lo tanto un recurso renovable que se atrofia con el desuso y se multiplica con el uso” (Sako, 1998, p.93). Así, esta concepción la presenta más bien como producto de acciones particulares y basada en la racionalidad de los actores. De esta manera, aparece estrechamente ligada a la teoría de rational choice o elección racional, donde los individuos se comportan en forma similar a como lo hace el mercado, maximizando beneficios y utilidades y por ende reduciendo –en principio– sus riesgos. Por lo tanto, esta segunda perspectiva abre las puertas a una “gestión” en la generación de confianza, la que si bien se enmarca dentro de los límites de una relación interpersonal, facilita el esbozo de un marco analítico que aplique también a la sociedad como un todo.


Diversas definiciones se han dado de los principales constituyentes de la confianza interpersonal, prevaleciendo en unos la idea de confianza como expectativas y en otros como comportamiento. De todas maneras, y adhiriéndose al análisis hecho por Hardy (Hardy, Phillips et al. 1998), las relaciones basadas en la confianza, involucrarían al menos la capacidad de disminuir la complejidad del entorno y de alguna manera predecir el comportamiento del otro, en el original, Trust as predictability, (Luhmann, 1979; Zucker 1986; Gambetta, 1988), por lo que aparece fuertemente asociada a la generación de expectativas respecto del comportamiento de la contraparte. Como explica Dasgupta: “las expectativas que uno tiene respecto de la elección del curso de acción de otros y que afectan las decisiones respecto del curso de acción propios” (Dasgupta, 1988, p.53). Asimismo, la confianza trae consigo un elemento de riesgo, tal como se explicó en el ejemplo puesto por Luhman (ver pie de página 4). Para ciertos autores, especialmente aquellos que vienen desde el área de la economía, la confianza es un “riesgo calculado” (Lane and Bachmann, 1998, p.4) enfatizando, por un lado, la dimensión racional del proceso de confianza y, por el otro, descartando entenderla como una confianza ciega.

Sin embargo,

hay autores que enfatizan la dimensión de lo que en inglés se denomina goodwill trust, y que podría ser traducido como confianza basada en la benevolencia, la que per se involucra reciprocidad. Siguiendo la línea propuesta por Zucker (Zucker, 1986) el concepto se origina en la sociología parsoniana, quien basa la generación de confianza en a la “existencia de valores comunes que pueden ser traducidos a objetivos comunes” propiciando de ese modo la cooperación, y evitando comportamientos oportunistas (Hardy, Phillips et al. 1998, p.68). En un enfoque similar, Granovetter, por ejemplo, sitúa las fuentes de generación de confianza en las normas

culturales compartidas (Granovetter, 1985). Este análisis tiene bastantes puntos en común con las teorías de confianza generalizada analizadas en párrafos anteriores y vuelven a poner los temas de identidad y cultura compartidas en el tapete. Pues, si como muchos autores afirman, la confianza es fundamental para el crecimiento económico y existen ciertos aspectos culturales que influyen en los grados de confianza (especialmente aquellos relacionados con aspectos identitarios), ¿Cuáles son entonces las bases –como individuos/ empresas/ instituciones– para construir confianza en un mundo globalizado donde los factores de identidad o el hecho de compartir normas comunes no siempre están presentes? Como explica Zucker, la confianza basada en características adscritas –por ejemplo, similitud étnica– no puede ser creada a voluntad y, por lo tanto, en sociedades avanzadas se ha convertido en un bien escaso (citado en Lane and Bachmann, 1998, p.12). En otros términos, advierte Hardy, cabe preguntarse “si estas suposiciones [la importancia de compartir cultura y valores] son útiles en el contexto de relaciones interorganizacionales complejas, en la que las partes pueden tener valores diferentes, perseguir objetivos distintos o estar sujetos a presiones diversas debido a que han sido socializados por culturas distintas”(Hardy, Phillips et al. 1998, p.68). Más aún, la pregunta sigue vigente en un mundo cada día más globalizado y sustentado por los flujos de comercio exterior donde las multiplicidades idiomáticas, étnicas y otras características culturales están en constante interacción en el mundo de los negocios. Por otro lado, la respuesta

¿Cuáles son entonces las bases –como individuos/ empresas/ instituciones– para construir confianza en un mundo globalizado donde los factores de identidad o el hecho de compartir normas comunes no siempre están presentes?

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Dimensiones de la confianza interpersonal

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tampoco puede venir exclusivamente de la teoría de elección racional, ya que, como se ha comprobado, en el accionar de un individuo (incluido en aquel que confía o en el que se deposita la confianza) los factores son complejos y no pueden ser atribuidos monocausalmente (Dasgupta, 1988, p.53).

Fuentes de creación de confianza interpersonal: interacción, conocimiento e intereses comunes Ya en la década del 80, Axelrod desarrolló la idea de que la cooperación se basa en la constante interacción de las personas, cuando éstas comparten una visión de largo plazo y, por tanto, vislumbran una relación constante en el tiempo (Axelrod, 1984). Recientemente, otros autores han postulado que la confianza se logra a medida que aumenta la interacción de los participantes (Dasgupta, 1988). Esto es especialmente relevante cuando existe ausencia de códigos comunes y por ende dificultades en la comunicación que ralentizan los procesos de desarrollo de confianza (Chile, 1998; Hardy, Phillips et al. 1998). La constante interacción lleva asimismo a un aumento del conocimiento entre las partes, lo que da origen a un tipo de confianza basada en el conocimiento (knowledge-based trust). Aquí, quien confía basa su decisión en información que posee previamente (Dasgupta, 1988, pp.55-56). Hardin, en tanto, delimita su definición de confianza y si bien la basa en conocimiento (que va junto a una creencia), se opone a concepciones abstractas de lo que se entiende por confianza. Para él, la generación de confianza está estrechamente ligada a la motivación por la cual se confía –determinado interés compartido por las dos partes– y el proceso se delimita tanto al objeto como a la persona en la cual se deposita la confianza. Así, los procesos de generación de confianza se encuentran encapsulados en una situación personal, por lo que aquellas nociones de “confiar en la mayoría de las personas” en las que se sustentan las mediciones de capital social, no tienen validez. Argumenta: “Yo confío en ti porque tus intereses encapsulan a los míos

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en cierta medida y (…) porque quiero que esta relación continúe” (Hardin, 2002, p.1). De esta forma, confianza se entiende desde una comunidad de intereses (por ejemplo, compartir intereses económicos) en una situación relacional y con expectativas de intercambio futuro que también se engancha con la idea de conocimiento e interacción discutidas previamente15.

Conclusiones: Construcción de confianzas en un mundo multicultural y globalizado.

A primera vista, ambas posturas analizadas

(confianza basada en factores culturales, v/s aquella basada en interacción en el tiempo, conocimiento o interés) en este artículo pueden ser contradictorias, y de alguna manera reflejan el eterno debate sobre el grado en que los procesos sociológicos y las normativas institucionales influencian o moldean el pensamiento individual cuando a procesos económicos se refiere, esto es la visión “sobre” o “sub” socializada de la relación sociedad/economía como tan bien lo explicó Granovetter (Granovetter, 1985) y que en definitiva se remite a la dicotomía estructura – individuo. Sin embargo, este artículo ha preferido optar por entenderlas como distintas dimensiones y diferenciarlas sólo analíticamente, ya que ambas interactúan y se condicionan en forma dinámica. Así por ejemplo, no es posible dejar de lado los factores culturales e institucionales que efectivamente determinan –hasta cierto punto– el comportamiento de los individuos, lo que influye en los patrones de generación de confianza en una relación, por ejemplo de negocios, entre dos participantes de culturas diferentes. Sin embargo, es necesario también dar crédito a la capacidad propia del individuo –y a sus motivaciones, como lo señala Hardin– de generar relaciones de confianza a pesar de la inexistencia de ciertos patrones compartidos, a la vez que propiciar


importante –aunque no único– la incidencia de elementos culturales en los procesos de formación de confianza. Si aquellos autores que enfatizan la homogeneidad étnica o el compartir normas y códigos culturales están en lo cierto, esta perspectiva choca fuertemente con los procesos actuales de globalización económica donde ejecutivos y empresas de diverso origen deben establecer relaciones de negocios con sus pares aún sin compartir ninguna de las bases que resultan de confianzas adscritas. mecanismos institucionales que la sustenten. Como explica Knight, cuando postula la idea de que para cada individuo en una sociedad hay dos fuentes primarias de confianza: experiencia pasada individual y factores culturales (Knight, 2001, pp.358-359). Es necesario entonces tomar como un elemento importante –aunque no único– la incidencia de elementos culturales en los procesos de formación de confianza. Si aquellos autores que enfatizan la homogeneidad étnica o el compartir normas y códigos culturales están en lo cierto, esta perspectiva choca fuertemente con los procesos actuales de globalización económica donde ejecutivos y empresas de diverso origen deben establecer relaciones de negocios con sus pares aún sin compartir ninguna de las bases que resultan de confianzas adscritas. Pues aunque la actual crisis económica ha suscitado ciertas tendencias al proteccionismo por parte de las economías desarrolladas, la importancia de las relaciones económicas y el comercio exterior entre los países sigue siendo fundamental para aquellas naciones en vías de desarrollo, entre las que se encuentran muchas latinoamericanas, que desde ya hace algún tiempo han ido abriendo cada vez más su economía y

aumentando su intercambio comercial incluso con naciones cultural e institucionalmente alejadas. Baste tomar el ejemplo de la relación económica comercial entre América Latina y La República Popular China. El Consejo de las Américas, citando datos de la Organización Mundial de Comercio (OMC), señala que “el intercambio comercial entre Asia y América Central y del Sur se duplicó entre el 2000 y el 2006 ($62 a $130 mil millones)” (Consejo de las Américas, 2008). Actualmente dos naciones, Chile y Perú, ya han firmado un Tratado de Libre Comercio con el gigante asiático, y Costa Rica está en proceso de negociación. Si bien no se puede desconocer la multiplicidad de factores que están en juego al analizar el crecimiento de la relación comercial entre China y América Latina, la distancia cultural y por ende la ausencia de identidades comunes que faciliten la confianza (no sólo geográfica) es un factor clave a tomar en cuenta (Ellis, 2009). Como lo explica Child: “El establecimiento y mantenimiento de confianza dentro de relaciones entre socios y su equipo de trabajo en alianzas estratégicas internacionales presentan un desafío especial, ya que cruzan los límites de los sistemas culturales e institucionales, que en parte importante sustentan la confianza, ya que comparten una identidad social común, normas de conducta y salvaguardas institucionales como es la ley” (Child, 1998, p.243).

Siguiendo la literatura revisada

(y mucha más que por razones de espacio no fue posible incluir aquí) se desprende, por un lado, la importancia de la construcción de confianza en el desarrollo económico y, por otro, la complejidad en este mismo proceso. Estos dos elementos requieren abordar el tema desde una perspectiva multidimensional, que involucre distintas disciplinas teóricas y que sean capaces de incorporar en el análisis una “sensibilidad cultural”, pero que a su vez reconozcan la importancia de las acciones y experiencias individuales (y en éstas se entienden individuos y corporaciones).

DE LETRAS

Es necesario entonces tomar como un elemento

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VUELOS

Asimismo, se requiere que los elementos destacados en este artículo que facilitan la construcción de confianza y, por ende, el desarrollo económico –perspectivas de cooperación a largo plazo, conocimiento mutuo e interés común– sean analizados y sustentados no sólo por los actores individuales que participen en estos procesos, sino que deben constituir parte esencial de políticas públicas. En este último aspecto es necesario generar mecanismos que permitan y fomenten la construcción de una sociedad que por un lado aumente sus niveles de confianza social interna –y de esta manera siente las bases para un desarrollo económico– pero que al mismo tiempo pueda generar una imagen de confianza hacia el exterior que promueva y sustente su comercio y turismo. Como explica Hardin: “Las instituciones pueden ser la fuente de conocimiento que se requiere para confiar en alguien. En cierto modo, las instituciones certifican a muchos aquellos con los que nosotros interactuamos (…) por tanto las instituciones muchas veces juegan el rol de intermediarios de confianza en nuestras relaciones con otros” (Hardin, 2002, p.113). Por tanto, el esfuerzo de encontrar mecanismos de construcción de confianza que escapen a aquellos que aún parecen prevalecer al interior de una sociedad (por ejemplo, identidades comunes basadas en normas u homogeneidad étnica) debe involucrar a los distintos estamentos de la sociedad, públicos y privados. La construcción de confianza se transforma entonces en una tarea crítica ya que, como el economista y Premio Nobel Amartya Sen explica, “su inexistencia puede constituir la mayor barrera al éxito económico” (Sen, 1999)16.

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Notas 1. Este artículo ha sido escrito con el apoyo del Programa AlBan, Programa de Becas de Alto Nivel de la Unión Europea para América Latina, beca nº E07D400981CL. Las citas son traducciones libres de la autora a partir de los textos originales en inglés. 2. Algunos autores, como Nicklas Luhmann, realizan la división conceptual entre “trust” y “confidence”, dependiendo del grado de riesgo involucrado (Luhmann, 1979 ). Sin embargo, ambos conceptos sólo tienen un equivalente en el idioma español y se traduce como confianza. Los indicadores mencionados en este artículo normalmente se refieren al concepto anglosajón “confidence”. Para los efectos de este artículo y dado que se refiere a una conceptualización en habla española, se tomarán como equivalentes. 3. Sin embargo, algunos autores destacan que la confianza se la ha visto desde los tiempos de Confucio como un

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Sen, A. K. 1999 Development as freedom. New York: Knopf.

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factor esencial para la vida social, política y económica: Newton, K. (2007). Social Political Trust. Oxford Handbook of Political Behaviour. R. J. Dalton and H. D. Klingemann. Oxford, Oxford University Press: 342361.

VUELOS

4. En su informe anual de 2002-2003, el Foro Económico Mundial tituló su reporte: “Construyendo confianza, paz y reconciliación”. Forum, W. E. (2002/2003). Building Trust, Peace and Reconciliation, World Economic Forum. 5. El tema de la confianza, sin embargo, no se circunscribe a la economía. Sociólogos, antropólogos y otros cientistas sociales han estudiado la confianza en sus diversas funcionalidades, por ejemplo, como elemento fundamental en procesos de cohesión y certeza social ya que reduce la complejidad de los sistemas sociales. Un ejemplo importante lo da Luhmann cuando dice que la confianza es un elemento esencial para poder tomar decisiones en un sistema social, que, sin embargo, siempre conlleva un riesgo, puesto que de lo contrario sólo sería esperanza: “Si una madre deja a su hijo al cuidado de una niñera, existe una serie de esperanzas asociadas a este acto: que nada malo pasará, que la niñera será amable con el bebé, que no lo molestará encendiendo la radio o que lo dejará al cuidado de otra persona. Lo que involucra confianza, empero, se extiende a las eventualidades, que de ocurrir le causarán el arrepentirse de su decisión de haber salido y haber dejado a su hijo en manos de otra persona. Confianza, entonces, siempre esta asociado a una alternativa crítica (…) y la posibilidad de daño” Luhmann, N. (1979). Trust and power : two works. Chichester, Wiley.. pp. 24. En el campo de la ciencia política desde la década de los 60, la confianza se ha estudiado como parte fundamental de los procesos democráticos, desde el trabajo seminal de Almond y Verba: Almond, G. A. and G. B. Powell (1966). Comparative politics : a developmental approach. Boston, Little, Brown. En Latinoamérica, los niveles de confianza y democratización se miden constantemente

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por ejemplo, el conocido instrumento Latinobarometro mide los niveles de confianza en relación a los niveles de democratizacion. Ver www.latinobarometro.org. Sin embargo, otras implicancias de la importancia del estudio de la confianza en procesos políticos excede el ámbito de este artículo. 6. De hecho, Kim recoge alrededor de 30 definiciones diferentes acerca de lo que diversos autores entienden como “confianza”. Kim, S.-E. (2005). “The Role of Trust in the Modern Administrative State: An Integrative Model.” Administration & Society 37: 611-634. 7. Existen, sin embargo, otras corrientes dentro de la teoría de capital social, donde el acento se pone en otras características (por ejemplo, en la estructura) Véase Lin, N. (2002). Social capital: a theory of social structure and action. Cambridge, Cambridge University Press. 8. 8 Posteriormente, el autor tomará como indicadores de capital social, especialmente en los Estados Unidos, la cantidad de instituciones sociales o de beneficencia existentes en una sociedad y entenderá a la confianza generalizada como un resultado de los niveles de asociatividad. Putnam, R. D. (2000). Bowling alone: the collapse and revival of American community. New York, Simon & Schuster. 9. Putnam distingue dos tipos de capital social: el que actúa como vínculo y aquél que actúa como puente. El primero tiene una orientación interna y genera fuertes lazos al interior de la comunidad, mientras que puede crear distancias con el medio ambiente externo. El capital social puente, en cambio, se abre a crear vínculos con el exterior. 10. De acuerdo a Fukuyama, la imposibilidad de ciertas sociedades de profesionalizar las empresas (esto es, dar el salto entre la empresa familiar y una empresa “moderna”) se encuentra en los radios de confianza de estas sociedades. En aquellas sociedades en las que se circunscribe la confianza a la familia (excluyendo


a todos aquellos que se encuentran fuera del radio de ésta), resulta más difícil la profesionalización. 11. Brevemente, la teoría de capitalismo confuciano se refiere a las redes de expatriados chinos (diáspora) en el exterior, principalmente en el sudeste asiático, cuyas redes de confianza estarían basadas en características adscritas, tales como el hecho de compartir la misma etnia, religión o lugar de origen. Según esta teoría, el radio de confianza del cual habla Fukuyama se trasladaría a una “familia más extendida” y constituiría la base del desarrollo económico de países como Malasia, Singapur, Corea del Sur, Hong Kong o Taiwán. Para mayor información referirse a Hamilton, G. G. (1999) Cosmopolitan capitalists : Hong Kong and the Chinese diaspora at the end of the 20th century. Seattle; London, University of Washington Press; Liu, H. (2000) Globalization, Institutionalization and the Social Foundation of Chinese Business Networks. Globalization of Chinese business firms. H. W.-c. Yeung and K. Olds. Basingstoke, MacMillan: 105-125; Cheung, G. C. K. (2004) “Chinese Diaspora as a Virtual Nation: Interactive Roles between Economic and Social Capital.” Political Studies 52: 664-684. Como toda teoría, ésta también ha sido cuestionada.

sociales que tengan este objetivo. Para mayor información sobre Latinoamérica, políticas publicas y capital social, favor referirse a: “Redes, Estado y Mercados: Soporte de la Cohesión Social Latinoamericana”. Tironi, E. (2008) Redes, Estado y Mercados: Soporte de la Cohesión Social Latinoamericana. Santiago de Chile, Uqbar. 15. Hardin también explica la existencia de otros tipos de confianza que se relacionan con la existencia de instituciones o se mediatizan por actores no institucionales. 16. Amartya Sen es un economista que por años ha abogado intensamente por entender las causas del desarrollo económico en un marco más amplio que el que entregan las teorías económicas tradicionales o neoliberales.

12. Véase http://www.worldvaluessurvey.org/

14. Esto no significa que los niveles de confianza generalizada no puedan ser potenciados a través de políticas públicas y

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13. La encuesta se realizó en siete países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, México y Perú). En el caso de la pregunta relativa a la confianza social “¿Ud. diría que se puede confiar en la mayoría de las personas o hay que tener cuidado con ellas? Solo un 13% de los encuestados contestó “se puede confiar en la mayoría de las personas”. Más información relativa al proyecto, favor referirse a: http://www.ifhc.org.br/ index.php?module=conteudo&class=fixo&event=ver& id_conteudo=487

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Comunicación y capital social

LOS MEDIOS

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en la ecuación del desarrollo Eugenio D´Medina

El desarrollo requiere de reglas de juego estables para florecer. Pero para construirlas es preciso que una sociedad sea rica en capital social, definido como el entramado social basado en relaciones de confianza a muchos niveles. Esta es la base a partir de la cual se puede analizar qué rol cabe a los medios en la construcción de esta sociedad de confianza. La hipótesis presentada es que poco han hecho en esta tarea, porque si bien hay más transparencia relativa a otros tiempos, también hay duros obstáculos, derivados de conflictos de plataformas de valores como manejo tendencioso de los medios para resaltar generalmente los peores aspectos del sistema político, en respuesta selectiva a presiones derivadas de escenarios de captura, dando por resultado un detrimento de la confianza y del capital social.

Palabras clave

Confianza, Desarrollo, Comunicación, Periodismo.

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¿Los medios de comunicación social son espectadores del desarrollo de un país o son protagonistas del mismo proceso? Esta es la pregunta clave que pretende explorar este ensayo. ¿Su papel es simplemente informar acerca de lo que sucede en el país, mostrando todas sus pobrezas y miserias, particularmente en el campo de la política y la economía, sin asumir responsabilidad por los hechos que refieren en sus reportes y crónicas? ¿O ya puede decirse, por su creciente presencia en la agenda política, que los medios de comunicación han pasado a ser actores de esa realidad que cuestionan, denuncian y critican permanentemente, desde distintas trincheras de opinión, no alejadas, por cierto, de las influencias ideológicas? Si los medios de comunicación son actores del desarrollo, les cabe una responsabilidad con la sociedad que persigue ese desarrollo. A ésta, se le puede denominar la responsabilidad social de la comunicación social1. Identificar, definir y discutir los elementos a través de los cuales se materializa esa responsabilidad, es una tarea imprescindible para comprender los macro-alcances de la labor del comunicador, y muy en particular, del comunicador periodístico. Colofón de lo anterior es examinar si en la incapacidad de construir capital social a base de relaciones de confianza radica el por qué los periodistas peruanos no se convierten en verdaderos referentes para la sociedad y el Estado en el Perú, tanto en el ámbito de cada espacio de acción, como en cuanto a las relaciones que sostienen entre si. Es decir, ¿por qué no hay periodistas que se puedan convertir en auténticos anclajes de confianza? Para comprender si el comunicador social juega un papel en la construcción del desarrollo de un país, y particularmente del Perú, el punto de partida será responder a una pregunta crucial: ¿por qué unos países desarrollan más que otros?

En este ensayo buscamos presentar estos elementos en clave política y en tesitura teórica, dejando la tarea de proseguir en la profundización del análisis para otras investigaciones empíricas que pudieran suscitarse.

¿Por qué unos países desarrollan más que otros? Para comprender si el comunicador social juega un papel en la construcción del desarrollo de un país, y particularmente del Perú, el punto de partida será responder a una pregunta crucial: ¿por qué unos países desarrollan más que otros? Ensayaremos algunas respuestas.

Adam Smith

entendió el problema fundamental. No era el crecimiento en sí lo importante, sino la riqueza: la riqueza de las naciones2. ¿Y qué las hacía más ricas? Las posibilidades de intercambios comerciales por el uso eficiente de los recursos y aprovechamiento de ventajas diferenciales. No se trataba de producirlo todo, sino de especializarse en lo que mejor se podía hacer3. Pero dichas posibilidades de maximizar el intercambio sólo es factible si al mismo tiempo se maximiza la libertad económica. Puede decirse que Smith fue el primer visionario de lo que hoy se entiende como globalización, al entender que los países podrían enriquecerse bajo esquemas cooperativos basados en el intercambio libre. Una arista distinta, pero complementaria, es la que propone Max Weber, al establecer que es la ética en el desempeño de las actividades de negocios la que hace que algunos países desarrollen una cultura del trabajo, del ahorro y la prosperidad4. Aunque Weber ha sido sujeto de interpretaciones no siempre certeras con respecto a este argumento, situación que, por cierto, también le cupo a Adam Smith, la esencia de su argumento es que la ética es parte componente de la

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Introducción

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VUELOS

función de producción, como un factor adicional al trabajo, al capital, a los recursos naturales y a la capacidad empresarial, así como, también, un elemento crucial de la estructura de las preferencias que dan sustento a la función de utilidad. De esta manera, la ética del productor, como la ética del consumidor, dejan de ser cuestiones meramente filosóficas, para convertirse en elementos concretos que soportan la producción y la competitividad. Y se traducen en algo tan tangible como los costos de transacción y los problemas de agencia, cuando se sospecha que los intercambios pueden estar sobre la base de información oculta y comportamientos engañosos que hacen requeridas coberturas especiales que se traducen en erogaciones monetarias. Un factor que apoya al aspecto ético, aunque es totalmente distinto, es el que resalta Hernando De Soto: el sistema legal-institucional5. En efecto, el sistema legal-institucional, además de ordenador, es generador de valor de los activos lo que permite insertar a sus poseedores en la dinámica capitalista. La institucionalidad también se convierte en factor de la función de producción. Y, por tanto, los países más desarrollados han de mostrar mejores marcos institucionales y sistemas de legalidad mucho más enraizados y afinados que permitan conocer de antemano las reglas de juego que brindan las seguridades a los que desarrollan actividades económicas. Incluso puede pensarse que es precondición del mercado mismo la existencia de esta claridad en el sistema legal-institucional6.

Mientras los dos anteriores enfoques

hacen hincapié en elementos cualitativos que impactan en la función de producción, Ludwig Von Mises asume una postura tradicional y sitúa el desarrollo de los países, simple y llanamente, en la formación y la acumulación de capital7. No existe forma de que un país desarrolle sin capital, en la tajante perspectiva de Mises. Para él, sólo existe una diferencia entre países desarrollados y no desarrollados: la diferencia en la disponibilidad de los bienes de capital por persona que pueda

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Todos los enfoques del desarrollo explicados anteriormente son válidos y complementarios entre sí. Sin embargo, todos ellos tienen un elemento común: la confianza.

trabajar. Por tanto, la tarea del desarrollo pasa por generar más capital, lo que implica promover la inversión – nacional o extranjera – y la innovación tecnológica.

La confianza y el capital social: ¿dónde encajan? Todos los enfoques del desarrollo explicados anteriormente son válidos y complementarios entre sí. Sin embargo, todos ellos tienen un elemento común: la confianza. Los intercambios comerciales internacionales requieren confianza en cuanto a tiempos de suministros, calidades, cantidades y precios, así como también las interrelaciones cooperativas entre empresas8. El comportamiento ético en los negocios supone la confianza en que las acciones humanas emprendidas se corresponderán con ciertos valores asumidos como éticos en determinada sociedad. El sistema legal-institucional se sostiene en la percepción de confianza que tienen de él los miembros de la sociedad, pues si no se confía en dicho sistema, sus prescripciones y señalamientos quedarían desvirtuados. Y la construcción de capital financiero y físico implica que la inversión que la genera se ampare en la confianza en las reglas de juego que permitan estimar razonablemente la cuantía de los retornos esperados, así como su ocurrencia y su riesgo. No pueden convivir ni persistir ni sostenerse los intercambios comerciales, ni la ética en los negocios, ni los sistemas legales-institucionales ni la formación de capital sin un entramado de confianza que los haga viables en el largo plazo.


En consecuencia, la confianza es el factor común y el elemento crucial para el desarrollo. Este elemento es el núcleo de la tesis de Alain Peyrefitte, quien postula que el desarrollo depende de la construcción de una sociedad de confianza: la confianza otorgada a la iniciativa personal, a la libertad exploratoria e inventiva que conoce sus contrapartidas, deberes y límites9. La “divergencia” del desarrollo, es decir, la distinción entre los países que se desarrollan y los que no lo hacen –o se desarrollan poco– se explica primero por la existencia de sociedades en las que prevalezca una cultura de confianza y, solamente después, por los otros elementos que pueden actuar de gatillos del desarrollo.

Bajo esta nueva visión, podemos hablar de un desarrollo capitalista, no en la concepción de la economía política clásica, sino conformado por la acumulación sistemática y sostenida de capital financiero-comercial (dinero, activos financieros, inmuebles, equipos, mercancías), capital natural (recursos naturales, medio ambiente), capital infraestructural (infraestructura económica y social), capital conocimiento (tecnología, know how, capacidades de gestión), capital humano (educación, salud11) y capital social (trama social de relacionamiento mutuo).

Teniendo esto en cuenta, ¿es posible reformular la tesis de Mises con respecto al capital como instrumento fundamental del desarrollo y, por extensión, al capitalismo como sistema insuperable para producir ese desarrollo? ¿Podemos integrar el concepto de confianza dentro del marco de la clásica relación contemplada en la función de producción10? De hecho sí, en tanto reformulemos adecuadamente el concepto del capital. ¿Se puede seguir sosteniendo la ecuación desarrollo = capital? Sí. Pero, ¿qué capital? Siguiendo la definición antigua, y particularmente a Karl Marx, la ecuación es capital = dinero. Por otro lado, en una ampliación de la anterior, se tiene que en la definición neoclásica, la ecuación sería capital = dinero + activos + tecnología. Pero podemos extender más esta definición. Un concepto más moderno de capital se expresaría en la ecuación capital = capital financiero-comercial + capital conocimiento + capital natural + capital infraestructural + capital humano + capital social.

Es más nítida la comprensión de este enfoque

que tienen la capacidad de construir más capital, en el sentido ampliado descrito. Y un componente fundamental de ese capital es el capital social, materializado en una trama social tejida a base de los hilos delicados de la confianza en la sociedad.

El caso del capital humano no es distinto. Un país compuesto por personas que no tienen educación, que por lo menos les

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las sociedades que más se desarrollan son las

de la relación capital-desarrollo si se atiende a la ausencia de alguno de estos elementos. Claramente no es posible impulsar ningún proceso de desarrollo sin capital financiero y comercial, por lo que la promoción de la inversión privada se hace indispensable para darle fuerza al proceso, algo que está en el centro de las nuevas estrategias desarrollistas de los países que crecen. En el caso del capital natural, a pesar de la percepción cotidiana, no parece ser tan importante para el desarrollo, aunque, de hecho, puede ayudar mucho si se aprovecha adecuadamente y se complementa con políticas públicas complementarias. Todo lo contrario ocurre con los otros tipos de capital, cuyas ausencias sí se sienten. Sin infraestructuras apropiadas es imposible impulsar ni sostener ningún proceso de desarrollo, pues lo primero que tiende a colapsar en cualquier país que crece es, precisamente, la infraestructura. Debe evitarse que se convierta en un cuello de botella. Tampoco es posible el desarrollo sin tecnología, know how y capacidades de gestión, aunque a diferencia de la infraestructura, que tiene que hacerse específicamente en el país, en el caso del capital conocimiento puede importarse, aunque no es lo deseable ni sostenible. De ahí la importancia de capitalizar al país con inversión en investigación y desarrollo, además del fortalecimiento de las capacidades de gestión.

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permita conocer y defender sus derechos, es débil, porque se compone de pobladores antes que de ciudadanos. Asimismo, un país de personas con mala nutrición y salud deficiente, es imposible que se incorporen a procesos de incorporación acelerada de innovación tecnológica y fortalecimiento de otras capacidades.

VUELOS

Si las ausencias anotadas son fundamentales, la falta del capital social es decisiva. El capital social es la fortaleza de la trama social que hace posible que ocurra el relacionamiento entre los miembros de la sociedad. Esta trama está basada en la confianza mutua y, por extensión, en el comportamiento ético, la justicia y el respeto individual, la capacidad de asociatividad y el reconocimiento de una institucionalidad legítima12. ¿Adónde nos lleva todo esto? Partiendo de la nueva visión del capital, se tiene que para generar desarrollo hay que construir capital. Y construir capital implica construir todas las formas de capital sin descuidar ninguna. Luego podríamos construir también una respuesta a la interrogante acerca de por qué algunos países se desarrollan más: las sociedades que más se desarrollan son las que tienen la capacidad de construir más capital, en el sentido ampliado descrito. Y un componente fundamental de ese capital es el capital social, materializado en una trama social tejida a base de los hilos delicados de la confianza en la sociedad.

El papel del comunicador social y la tarea pública

POZO

Si hay algún papel del comunicador social en el desarrollo, éste se relaciona con su responsabilidad social, y, por consiguiente, con la construcción de la confianza y del capital, en el sentido ampliado que hemos descrito en el acápite anterior. Un elemento clave que relaciona estos propósitos con el rol comunicacional se enmarca en su capacidad de vincular la tarea del Estado, que se realiza a través de políticas públicas, con los objetivos sociales que deben siempre converger al

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desarrollo. Y esto debido a que el Estado es un actor de alta presencia, bajo cualquier modalidad, grado o sistema político, en el proceso de desarrollo de cualquier país. En efecto, el desarrollo de un país, en distintos grados y bajo cualquier régimen político, implica un papel del Estado como actor de ese proceso. El desarrollo de una sociedad tiene como un pilar clave a la economía, pues, de hecho, el propósito último de la ciencia económica es generar las mejores condiciones de desarrollo factibles en un espacio y tiempo dados. Por otro lado, en una sociedad política, el Estado es la entidad encargada de ejercer el máximo poder que le confiere la misma. Consecuentemente, la política y la economía están íntimamente relacionadas. La política es el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo social para la consecución de objetivos. Para cualquier sociedad, uno de esos objetivos primordiales es generar la disponibilidad de los recursos y su acceso a las personas. Esa tarea, de una u otra manera, tiene como actor de primer orden al Estado; y, por tanto, a las políticas públicas que implementa dicho Estado.

Hay que tener en cuenta

que importa el cómo se materializa esta presencia del Estado en la consecución del desarrollo13. Cuando decimos que el Estado es un actor de primer orden en la tarea de asegurar la mejor disponibilidad de recursos factible, implícitamente definimos una idea sobre su papel en la economía. Ese papel puede fluctuar entre hacer todo y no hacer nada. Y la definición de esa idea lleva invariablemente a una definición de política que impacta en la economía. No debe sorprender entonces que el Estado sea el actor más polémico en cuanto a esta definición de qué papel le cabe en el desarrollo. Es un hecho que los medios de comunicación tienen crecientemente una presencia mayor en el dictado de la agenda política. En el Perú, se acaba de ver con el manejo de la confrontación entre el Estado y parte de las comunidades


Los componentes de la responsabilidad social de los comunicadores ¿Hay entonces una responsabilidad social del comunicador? El papel del comunicador social, más que sólo informar, incluye responsabilidad con la sociedad. ¿Cómo definirla? En un intento por señalar sus componentes en clave “algebraica”, se puede intentar con la siguiente expresión:

RS = PIT + DIT + FEP + SS Esta expresión indica que la responsabilidad social del comunicador (RS) es una sumatoria de cuatro componentes: La “perfección” de la información transmitida (PIT), la defensa de intereses territoriales (DIT), el filtro de eficiencia y eficacia de las políticas públicas a implementarse (FEP) y, por último, la sensibilidad social ante la realidad inmediata que rodea al comunicador (SS). Ha de notarse que, tradicionalmente, se asume de manera implícita la identidad entre la RS y la SS. Bajo el enfoque que proponemos, la RS excede con mucho a la SS y, en principio, le otorga un peso relativo menor, en aras del fortalecimiento de otros

componentes. Analicemos cada uno de ellos. En primerísimo lugar, la “perfección” de la información es un componente crucial y determinante en la responsabilidad social del comunicador. Claramente, la alusión a la perfección debe entenderse como un propósito tendencial, en vista que es prácticamente imposible conseguirla en cualquier área del conocimiento profesional. Pero cuando se alude a la “perfección” se debe entender ésta en el sentido que le dan los economistas, a saber, que una información es perfecta cuando es veraz, completa y oportuna. Por tanto, la primera responsabilidad del comunicador, respecto a la sociedad, es la de transmitir veracidad de contenidos, de manera que incorporen información completa para el receptor de dicha información y teniendo en cuenta que llegue a tiempo al público destinatario. Si se falsea la realidad, se transmiten medias verdades o se hace llegar tarde, aunque un comunicador posea altísimas dosis de sensibilidad y bondad, estará actuando fuera de su responsabilidad con la sociedad en la que de desempeña como tal. Otro componente es la defensa de intereses territoriales. Como “territoriales” queremos expresar intereses relativos a una comunidad en un espacio geográfico determinado. Por ejemplo, pueden ser intereses de un distrito, de una provincia, de una región y, eventualmente, de todo un país. Dado que la tarea del comunicador es influenciada directamente por el entorno de la comunidad en la que ésta es desarrollada, parte de su responsabilidad es con esa misma comunidad, la cual, está necesariamente ubicada en un determinado espacio geográfico o territorio. Este componente se hace más fuerte conforme el alcance del medio de comunicación es más enfocado en espacios territoriales pequeños. Un periódico de alcance distrital tiene un compromiso con el distrito. Un

¿Hay entonces una responsabilidad social del comunicador? El papel del comunicador social, más que sólo informar, incluye responsabilidad con la sociedad. ¿Cómo definirla?

DE LETRAS

nativas amazónicas y con el juicio al ex Presidente Alberto Fujimori por delitos de lesa humanidad. La prensa asigna espacios, en titulares y páginas del interior, a noticias sobre hechos u opiniones, en función de sus propias cercanías ideológicas. Los entrevistadores, particularmente radiales o televisivos, segmentan su tratamiento de los entrevistados en función de sus propias preferencias personales, siendo amables y, muchas veces, condescendientes con quien está cercano a sus afectos o a su posición ideológica, y draconianos, cuando no abiertamente prepotentes, con los que no se alinean con sus propios pensamientos políticos. Esto coloca al comunicador social en una posición predominante en el escenario de la política, queriendo o no hacerlo. Y también lo pone en una situación de creciente responsabilidad.

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¿Por qué suele encontrar obstáculos el comunicador para ejercer su responsabilidad social? Una parte de la respuesta se acaba de mencionar: la pretensión de abarcar todos los componentes de la

VUELOS

responsabilidad social confronta normalmente al comunicador a fuerTes dilemas éticos. De modo que un primer obstáculo es intrínseco al comunicador: su estructura de preferencias individuales que surgen de contradicciones en la plataforma de valores personales.

canal de cable de alcance multi-distrital, como por ejemplo uno de los conos de Lima, tiene un compromiso con la problemática de los pobladores de esos espacios, más allá que con un distrito específico.

POZO

Una tarea fundamental de los comunicadores es servir de faja de transmisión de las políticas públicas. En esto consiste el componente de filtro de eficiencia y eficacia. Para que sean efectivas, las políticas públicas deben ser comprendidas por los actores políticos, desde instituciones y entidades de gobierno, hasta organizaciones privadas y personas naturales. Entendidas, para que los actores puedan, precisamente, realizar acciones esperadas como resultado de esas políticas. Pero esta función de faja de transmisión involucra tanto la promoción de las políticas que sirven a propósitos de desarrollo, como también la contención de aquéllas que pudieran no estar alineadas a tales objetivos, a pesar de las intensiones de los hacedores de política (policy makers). En tal sentido, parte de la responsabilidad de los comunicadores es impulsar a las buenas políticas y frenar a las malas, señalizando en el primer caso a los miembros de la sociedad y del Estado para proseguir en su implementación, y, en el segundo, al gobierno para cambiar y/o afinar sus políticas.

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Finalmente, está el componente de la sensibilidad social, término que se utiliza extendidamente, pero que no suele definirse. Vamos a definirla como la proclividad del comunicador social a comprometerse con causas de los más necesitados económicamente orientadas a mitigar, aliviar o abatir los efectos de tal precariedad sobre su bienestar. Aunque todos los componentes presentan aristas subjetivas, es en el caso de la sensibilidad social donde lo subjetivo es casi todo. Normalmente es la sensibilidad social lo que se entiende cuando se hace referencia a la responsabilidad social, y, por tal motivo, tiende a confundirse ambos conceptos, cuando, por ejemplo, se alude a la que deben tener las empresas privadas. Pero, como vimos, la responsabilidad social es mucho más amplia para los comunicadores y tiene que ver, fundamentalmente, con el manejo objetivo de los instrumentos que tiene a su cargo y que se vinculan fuertemente a los primeros tres componentes. Estos componentes de la responsabilidad social de los comunicadores sociales no siempre son convergentes. Es más, normalmente son divergentes y presentan problemas de orden ético que se “resuelven” en el plano de las estructuras de preferencias individuales de cada comunicador. Por ejemplo, puede ser que una información sobre “espionaje” a un país vecino sea una noticia que cumple con el criterio de veracidad, pero que su difusión pueda ocasionar un perjuicio al país al generar un escenario de confrontación internacional14.

Contradicciones de la plataforma de valores y captura bidireccional ¿Por qué suele encontrar obstáculos el comunicador para ejercer su responsabilidad social? Una parte de la respuesta se acaba de mencionar: la pretensión de abarcar todos los componentes de la responsabilidad social confronta normalmente al comunicador a fuertes dilemas éticos. De modo que un primer obstáculo es intrínseco al comunicador: su estructura de preferencias individuales que surgen de contradicciones en la plataforma de valores personales15.


comunicación social que se vuelve disfuncional a la construcción de relaciones de confianza. El papel del comunicador se pone en duda y va perdiendo sintonía con la población, de manera que su rol se va percibiendo ya no sólo como inútil, sino como abiertamente perjudicial. Su credibilidad específica se va mellando, y, por extensión, la del medio para el que trabaja y, en el extremo, la de todo el sistema comunicacional.

En función de esta plataforma de valores, el comunicador puede actuar buscando deliberadamente adecuar su comportamiento a la responsabilidad social, o puede hacerlo sin adecuarse a ella. En el primer caso, puede hacerlo consistentemente con todos y cada uno de los componentes, o enfrentarse al hecho de que en muchas ocasiones tendrá que ceder en uno para enfatizar otro, pero, en todo momento, buscando genuinamente la mejor solución posible que sea concordante con sus parámetros éticos. Incluso cuando genuinamente quiera dar prioridad a uno de los componentes, por ejemplo para defender una causa que percibe como subjetivamente justa, como consecuencia de su propia sensibilidad social, puede sin proponérselo entorpecer la aplicación de una conveniente política pública que habría requerido, más bien, el apoyo mediático para su óptima implementación, en vez de detonantes sociales que les pusieran freno16. En el segundo caso, el comunicador asume una postura anárquica y pragmática, tomando cada hecho como viene, sin sujetar su interpretación y tratamiento a ningún tipo de canon ético, sino únicamente atendiendo a sus propias preferencias individuales. En este último caso, la labor del comunicador social se desvirtúa y se desnaturaliza, porque solamente atiende a sus cercanías o lejanías emocionales para el tratamiento de

los hechos a comunicar. Si los conflictos entre los distintos componentes de la responsabilidad social pueden ocasionar que el comunicador no pueda tratar la noticia casi nunca con objetividad, por definición, su tratamiento casi siempre es subjetivo y marcado por su propia manera de ver el mundo17. Otra parte de la respuesta tiene que ver con el entorno en que desarrolla su actividad comunicacional. Toda referencia a una responsabilidad social de los medios de comunicación implica que existe una relación entre medios y sociedad. Para efectos metodológicos, conviene hacer esta distinción, aunque los medios de comunicación son parte18 de la sociedad. Un aspecto de este relacionamiento, que resulta fundamental para el análisis de la responsabilidad social de los medios, lo constituyen los escenarios de captura recíproca de la sociedad hacia los medios, en simultáneo con una captura desde los medios hacia segmentos de la sociedad, configurando un sistema de captura de ida y vuelta o bidireccional. Se generan escenarios de captura cuando determinados actores que no tienen poder formal sobre otros tienen la capacidad de alinear sus objetivos con ellos, de manera que los actores capturados terminan realizando acciones convergentes con los propósitos de los que impulsan la captura. El cabildeo es un instrumento legal para lograr esa captura, entre otros. La corrupción es otro instrumento, no legal, para el mismo propósito. No toda captura implica prácticas corruptas. La captura de medios es la que se produce desde la sociedad hacia los medios de comunicación, por segmentos sociales que ejercen presión para defender ciertas posiciones ideológicas, intereses grupales o políticas públicas concordantes con dichas posiciones e intereses. Normalmente se alude a grupos económicos de alto poder como segmentos influyentes en los medios de comunicación, algunas veces llegando a realizar acciones de corrupción19. Pero no solamente pueden ser esta clase de grupos de interés, sino cualquier otro con poder suficiente para ejercer presión. La captura mediática va en sentido opuesto. Es la captura que se da desde los medios hacia la sociedad, colocando la

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La consecuencia de ese resultado es un sistema de

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VUELOS

agenda y enfatizando los focos de interés que serán parte del “debate político”. La captura mediática es la materialización de la sensación de esa especie de “cuarto poder” que representan los medios de comunicación social. Se trata, en alguna medida, de una “captura derivada” en razón de que la agenda concreta que establecen los medios de comunicación en la sociedad se desprende, cuanto menos en parte, de los objetivos fijados por los segmentos captores que influyen en esos medios. Asimismo, es una captura masiva, sobre el total de la sociedad, a diferencia de la captura de medios, que es focalizada uno a uno.

normalmente, fuera de los lineamientos de la responsabilidad social del comunicador. Aún si el componente de la sensibilidad social estuviera presente en el comunicador, con particular intensidad, su voluntaria u obligada adhesión a la política de los medios, que responde a las fuerzas de la captura bidireccional, podría hacer imposible en términos prácticos que tuviera alguna repercusión sobre el tratamiento de las noticias. En otros casos, la actitud parcializada, sesgada y prejuiciosa de ciertos comunicadores, puede y suele violar simultáneamente más de uno –o, eventualmente, todos– los componentes de la responsabilidad social.

La contradicción de la plataforma de valores y la captura bidireccional no constituye compartimentos estancos, sino que implica vasos comunicantes diversos. Por ejemplo, habrá más propensión a una captura de medios en la medida en que menos estructurada sea la plataforma de valores del comunicador. El caso clásico fue la compra de las líneas editoriales de varias estaciones televisivas por funcionarios instalados en la Administración Fujimori, caso en el cual la captura adquirió ribetes de corrupción generalizada. También ocurrirá que una más relajada estructura de la plataforma de valores dará lugar a comportamientos más orientados a la captura mediática para influir en segmentos de la opinión pública, o en entidades del propio aparato estatal. Aquí un caso típico puede ser el lobby organizado desde los medios periodísticos para la captura, enjuiciamiento y condena a Fujimori por delitos de lesa humanidad, parte del cual habría estado patrocinado por organizaciones vinculadas a ideologías políticas que fueron objeto de duros embates de su gobierno durante la década de los noventa.

La consecuencia de ese resultado es un sistema de comunicación social que se vuelve disfuncional a la construcción de relaciones de confianza. El papel del comunicador se pone en duda y va perdiendo sintonía con la población, de manera que su rol se va percibiendo ya no sólo como inútil, sino como abiertamente perjudicial. Su credibilidad específica se va mellando, y, por extensión, la del medio para el que trabaja y, en el extremo, la de todo el sistema comunicacional.

Impacto de los medios en la construcción de confianza política

POZO

¿Cómo influye la contradicción de la plataforma de valores del comunicador y la captura bidireccional a la construcción de la confianza en el plano político? Pues en que produce el resultado de que la información tiende a manejarse,

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Pero lo peor sucede en la destrucción

de la confianza al interior de la sociedad misma, y en las relaciones entre el Estado y la sociedad, a todos sus niveles20. El clima de desconfianza arropa a la sociedad peruana y hace tambalear a la legitimidad de la autoridad. El papel de la prensa debe orientarse a la crítica y la fiscalización, porque ese es uno de sus principales papeles, en especial, en el terreno político donde hay tantas razones para desconfiar del comportamiento de los actores correspondientes. Pero no abunda la imparcialidad y la ecuanimidad en el tratamiento de la noticia o siquiera en el énfasis que se da a ciertas informaciones en vez de otras, que se materializa en tiempos disímiles asignados en los noticieros televisivos o en espacios asimétricos en los diarios. Muchas veces, los entrevistadores conversan con sus amigos, pero atacan a sus enemigos; o los redactores leen entre líneas lo que les


dictan sus patrones de conciencia, pero no transmiten lo que la realidad manifiesta. Y esto sucede incluso en los más representativos y considerados referentes de opinión.

¿Cómo influyen

las contradicciones de la plataforma de valores y la captura bidireccional a la política, y en particular, a las políticas públicas? Respuesta: tornándolas ineficaces e ineficientes. La implementación de políticas públicas es deficiente porque no son entendidas por la población, la cual se vuelve incapaz de seguirlas, si son convergentes al desarrollo, o de cuestionarlas, en caso que sean divergentes con el desarrollo. Ejemplo de estas implementaciones que han sido deficientes, o cuando menos, que no alcanzaron la plenitud de los efectos esperados, están la privatización, la descentralización –y la regionalización como expresión más lograda– y el desarrollo rural, incluyendo el de las zonas con presencia de nativos amazónicos y otros grupos de habitantes. Otro conjunto de políticas públicas que tienen que ver con programas de apoyo social, tratados de libre comercio, alianzas público-privadas, entre otras, también requieren ser comunicadas apropiadamente a la población para sacarles el máximo provecho. La razón es por el cambio de paradigma relacional Estado-individuo, que ha pasado de ser vertical, en el cual el Estado marcaba el ritmo de la vida social

Pero en un sentido “macro”, poco han hecho los

autoritariamente, bajo modelos de sociedades cerradas y ámbitos territoriales compartimentados, hacia otro tipo de paradigma de relación más horizontal, en el cual los individuos exigen explicaciones a las entidades estatales, y que pueden operar solamente en sociedades abiertas, con una gran integración informativa y una transparencia importante en el manejo del conocimiento. ¿El análisis anterior permite deducir que la falla en la aplicación de las políticas públicas –sea porque pasan las malas o se frenan las buenas– que los medios son los máximos responsables de esa ineficiencia e ineficacia? No. Definitivamente, no todo es responsabilidad atribuible al comunicador social. El buen funcionamiento de las políticas públicas requiere también, por sobre todas las cosas, además de ser buenas políticas21, lo que es una tarea de diseño en manos de los que hacen las políticas, de adecuadas estrategias comunicacionales desde la propia esfera gubernamental. El aspecto del diseño adecuado no requiere mayor precisión, ya que hay políticas que demostradamente no funcionan. Pero a pesar de ser buena una política pública determinada, su éxito de implementación adquiere mayores probabilidades cuando se parte de una adecuada estrategia de comunicación. ¿Por qué es tan clave la estrategia comunicacional para las políticas públicas? Porque i) el Estado siempre es sujeto de desconfianza (corruptelas); ii) se tiende a percibir que no se ven los resultados tangibles de los impuestos; iii) el Estado tiene poderosos incentivos a la ineficiencia; y iv) existen severas asimetrías de información entre el Estado y la ciudadanía. De ahí que, casi por default, es imprescindible saber comunicar las políticas públicas a la población para que tengan éxito.

medios de comunicación en la construcción de una bien hay más transparencia relativa a otros tiempos, también existe mucho manejo tendencioso de los medios para resaltar generalmente los peores aspectos del sistema político peruano.

Conclusiones La creciente presencia de los medios de comunicación social en la agenda política peruana les obliga a asumir una responsabilidad cada vez mayor. Esta responsabilidad, en concreto, tiene que ver con el desarrollo de la sociedad.

DE LETRAS

superestructura cultural de confianza, porque si

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VUELOS

No pueden ya seguir siendo solamente espectadores. También tienen que asumir que son parte de las soluciones. El desarrollo requiere de reglas de juego estables para florecer. Para construirlas es preciso que una sociedad sea rica en capital social, definido como la capacidad establecer relaciones de confianza a muchos niveles. Esta es la base para a partir de ella entrar a analizar que rol de cabe a los medios, y que papel le cupo antes, en la construcción de esta sociedad de confianza. Si la confianza es necesaria para construir las bases del desarrollo, ¿son los medios de comunicación constructores de confianza en el Perú? Por un lado sí, pero por otro, no. El uso ilimitado de la libertad de expresión de los medios ha permitido que la gente sienta que tiene un amparo ante el cual tramitar cualquier denuncia ante la violación de sus derechos, que no llegaría quizá ni a ser escuchada en los canales formales del Estado, o que perciba que las autoridades públicas están mejor controladas o que actos privados ilícitos sean puestos en manifiesto ante la opinión pública con prontitud, oportunidad y claridad, gracias a elementos de equipos audiovisuales. En este sentido “micro”, específico a cada situación, hay una confianza que se añade a la población. Incluso podría pensarse que la generación de un mercado real –“blanco” o “negro”– competitivo de información cotidiana, donde casi cualquier persona premunida con aparatos audiovisuales puede actuar de “reportero” y denunciar todo tipo de acto, crea un ambiente en que al estar todos vigilados, todo se sabe y nada puede ocultarse. Lo que plantea, a la vez, la paradoja de confianza de que esa percepción implica la sensación de que lo privado ya no existe en términos de comportamiento social, lo que obliga a cada uno, a actuar desconfiadamente frente a otros. Pero en un sentido “macro”, poco han hecho los medios de comunicación en la construcción de una superestructura cultural de confianza, porque si bien hay más transparencia relativa a otros tiempos, también existe mucho manejo tendencioso de los medios para resaltar generalmente los peores aspectos del sistema político peruano. Esto se traduce muchas veces en una crítica que no aporta soluciones y

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desinforma. Se puede afirmar que “en nuestra prensa se escribe mucho en contra de los políticos tradicionales y hay quienes plantean que se vayan todos” pero “en muchos casos, estos mismos críticos quisieran que se vayan los otros para poder reemplazarlos” y “soñarían con ser elegidos, pero se saben rechazados por la gente común”22 Pero lo peor sucede al contrastar que esa crítica no siempre es tan prolija como se piensa, sino, en muchísimos casos, tendenciosa, producto por un lado del sesgo ideológico del comunicador unido a una escasa ética informativa, y por otro, del desconocimiento de elementos fundamentales del funcionamiento de la política y la economía. Asimismo, carece de lógica esperar que los jóvenes puedan creer en el sistema político y en valores de una sociedad política como las que se colocan como aspiraciones de Occidente, cuando permanentemente se les “bombardea” desde los medios de comunicación con afirmaciones negativas acerca de los que representan precisamente ese sistema político. En particular, en un país donde a los máximos representantes de ese sistema, que son los propios Presidentes de la República, se les tilda de ladrones, corruptos, alcohólicos, disipados, asesinos y hasta orates, es ilógico que después a esos mismos jóvenes se les exija adhesión a los “valores” del propio sistema político.

El resultado

de estos procesos de impacto comunicacional es la construcción de una “ciudadanía de forma”, menguada por el desencanto y ejercida por personas que van creyendo menos en la institucionalidad, en la autoridad y en la ley, lo que nos lleva al punto inicial: menos capital social y menos posibilidades de desarrollo. El carácter de intangibilidad del producto comunicacional genera un espacio delicado, porque promueve la ligereza en el tratamiento de temas que requieren más reflexión y conocimiento, pero que, efectivamente, afectan la percepción de las personas acerca del proceso político y económico de su sociedad. Por la misma razón, la forma de ejecutar ese


Es importante

enfatizar que construir confianza no significa destruir credibilidad al ocultar la realidad. Los medios no son responsables por pintar un mundo que no existe y por ocultar la verdad23. ¿Es posible emprender la construcción de confianza en la sociedad, a la par de presentar descarnadamente la realidad? Quizás la respuesta a esta interrogante final pueda ilustrarse mejor con la alusión a un referente periodístico como fue Walter Cronkite, recientemente fallecido24, y que fue, a juicio de muchos, no solamente el ícono por excelencia del periodista televisivo sino el estadounidense más creíble25. Pero, ¿cómo construyó esa credibilidad? Parece que su secreto era que “hablaba para su nación, pero como era la más importante del mundo, pudo establecer muchas cosas para las demás: la fuerza dramática de los noticieros estelares, la informalidad de los mañaneros, las entrevistas de actualidad con factor humano. Fue, por su fama y credibilidad, la conciencia de Estados Unidos, y por eso reportó por igual a demócratas y republicanos”26. Fama construida a base de su credibilidad individual que le permitió desplegar sus dotes de eximio comunicador en temas tan cruciales para la historia reciente de la humanidad, como disímiles en su tratamiento informativo y en la problemática que expresaban, tales como los eventos de la Segunda Guerra Mundial, los juicios de Nuremberg, la guerra de Vietnam, el asesinato de John F. Kennedy, la llegada del Apolo 11 a la Luna, la casi tragedia del retorno a la Tierra del Apolo 13 y el escándalo Watergate, entre otros muchos. Y todo esto con la capacidad de incorporar un perfecto equilibrio entre objetividad, emotividad, prudencia, serenidad y aplomo, simultáneamente y nada menos que en la televisión en vivo y alcanzando cúspides insuperables de rating para los estándares de su época.

Todas estas cualidades, presentadas simultáneamente, permiten discurrir en el quehacer periodístico a través del estrecho cerco entre la transmisión de la información de manera objetiva, pero comunicada para provocar conmoción en el receptor, sin afectar la objetividad. Parece que Cronkite no solamente poseía estas cualidades, sino que encajaría en el ideal de responsabilidad social que hemos consignado en un acápite anterior. Se acercaría al ideal de los máximos puntajes en los cuatro componentes consignados anteriormente. La pregunta relevante pasa a ser entonces si tenemos un equivalente peruano de Cronkite. Algunos pueden sindicar a Humberto Martínez Morosini o a Alfonso Tealdo. De periodistas más recientes, podría sumarse a este trío, a César Hildebrandt. Para otros, definitivamente, no es posible encontrar la referencia peruana27 Es una polémica abierta. Quedan más preguntas que respuestas. Y, acaso, una sola certeza: que para mejorar el papel de la comunicación social como actor del desarrollo es paso previo indispensable desmitificarla, a la vez que asignarle responsabilidad. Y, finalmente, la respuesta estará, una vez más, en el ámbito de la acción individual de cada comunicador.

DE LETRAS

tratamiento se convierte en el centro de todo análisis del papel de los medios en el desarrollo y de la responsabilidad social de los mismos.

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VUELOS

Notas

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1. Aunque el término ha sido tan masivamente empleado, que como sucede con otros, ha terminado por desvirtuarse. 2. Smith, Adam. Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Fondo de Cultura Económica, México, 2004, 2da edición, 13va reimpresión. 3. En su versión original, la teoría de Adam Smith postulaba que un país debía especializarse si podía hacer algo mejor que otro, pero no daba respuesta al caso en que no pudiera hacer nada mejor que el otro. Esto era consecuencia de la idea de Smith de que el intercambio solamente podría originarse en la existencia de ventajas absolutas en la especialización de la producción. La respuesta a esta cuestión tendría que esperar a David Ricardo con el afinamiento de la teoría de Smith, que llegó con convertirse en la doctrina de las ventajas comparativas. No podemos extender aquí esta explicación. 4. Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Fondo de Cultura Económica, México, 2005. 5. De Soto, Hernando. El misterio del capital. Empresa Editora El Comercio, Lima, 2000. 6. Según Karl Popper, este prerrequisito es insoslayable. La aplicación práctica está en su predicción de lo que sucedería en la ex Unión Soviética una vez caído el Muro de Berlín. Véase Bosetti, Giancarlo. La lección de este siglo: Karl Popper. Editorial Océano, México, 1992. 7. Mises, Ludwig von. Política económica. Unión Editorial, Madrid, 2007, capítulo 5. 8. Para un análisis detallado de cómo las redes de confianza permiten a las empresas afrontar nuevos desafíos de crecimiento y compromisos de inversión, véase Cegarra, Juan, Antonio Briones y María del Mar Ros. La confianza como elemento esencial para la mejora de la cooperación entre empresas: un estudio empírico en pymes. En: Cuadernos de Administración, volumen 18, número 30, julio-diciembre 2005, pp. 79-98, Bogotá, Colombia. 9. Peyrefitte, Alain. La sociedad de la confianza. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1996. 10. La función de producción clásica relaciona el producto con los factores productivos trabajo y capital. Marx coloca el énfasis

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en el factor trabajo, y amparado en la doctrina del valortrabajo (sólo el trabajo genera valor) desarrolla su teoría de la plusvalía, la explotación, el conflicto social, la revolución proletaria y la autodestrucción del capitalismo. De esta manera, implícitamente Marx despliega una visión del desarrollo que se vincula a la existencia del factor trabajo, pues mientras abunde más este factor, se acelerarán las condiciones para la revolución al profundizarse las contradicciones intrínsecas del sistema capitalista. Mises coloca el énfasis en el otro factor y puede llegar, también implícitamente, a una visión del desarrollo vinculado a la existencia de más capital. Incluyendo la nutrición. No solamente legal. Lo que lleva a la discusión de si es mejor un sistema político con mayores atribuciones del Estado y más decisiones discrecionales desde el poder político o un sistema con menor intervencionismo estatal y más libertades individuales. Tal discusión no la abordamos en el presente ensayo. La difusión de la revista Caretas acerca de actividades de espionaje encargadas a una empresa privada en proceso judicial, ilustra este punto. Véase Caretas, 30 de julio de 2009, Lima, Perú. Hablamos de “plataforma” y no de “escala” de valores. El término “escala” alude siempre a dos elementos que pueden ser discutibles: primero, que alude a una idea de medición cardinal; segundo, que aunque no fueran mensurables en el sentido cardinal, sino únicamente, clasificables en el sentido ordinal, los valores siempre y en toda circunstancia mantendrán dicho ordenamiento de unos sobre otros; y tercero, que alude a un concepto de ordenamiento único, siendo que no todos los individuos, incluyendo a los comunicadores, tiene que tener el mismo orden de prelación de unos valores por encima de otros. Un caso reciente es el del conflicto entre el gobierno peruano y los nativos amazónicos. Un caso más lejano es el de la fallida adjudicación en concesión de las empresas públicas de electricidad del sur peruano o la fallida regionalización a base de integraciones departamentales durante la Administración Toledo. Sobre este particular, no nos extenderemos demasiado porque implica entrar al terreno de lo moral y salirnos del


DE LETRAS

campo estrictamente descriptivo del fenómeno estudiado. 18. Cuanto menos, los medios privados. Los medios de comunicación en manos del Estado pueden considerarse como parte del aparato estatal. 19. El caso más flagrante de esta clase de captura corrupta ocurrió en el gobierno de Fujimori, particularmente en el segundo, aunque no fue el único caso. 20. Un modelo de relaciones Estado-sociedad se pueden encontrar en D´Medina Lora, Eugenio. Conflicto, Estado y democracia: una perspectiva desde las relaciones Estadosociedad. En Revista Economía y Derecho. UPC. Número 23 Invierno 2009. 21. Por comodidad, hablamos de “buenas” en el sentido de políticas que funcionen y que además sean convergentes a propósitos de mejoras en el desarrollo. 22. Durán Barba, Jaime y Santiago Nieto. Mujer, sexualidad, internet y política: los nuevos electores latinoamericanos. Fondo de Cultura Económica, México, 2006, pp. 22-23. 23. Esto iría en colisión con el componente de “perfección” de la información. 24. Deceso producido el 17 de julio de 2009, en New York, EEUU. 25. En un comentario editorial sobre la Guerra de Vietnam, expresado en el noticiero de la CBS, Cronkite en los siguientes términos: “La única salida racional será negociar no como vencedores, sino como gente honorable y consecuente con su defensa de la democracia y que hizo lo mejor que pudo” (Cronkite, Walter. A Reporter’s Life. Alfred A. Knoff Publisher, Nueva York, 1996). Este comentario provocó que el propio Presidente Lyndon Johnson, dijo que si perdía a Cronkite, perdía a la clase media. Tal era la dimensión de su credibilidad e influencia. 26. Rivas, Fernando. El testigo del siglo. En Diario El Comercio, 27 de julio de 2009. Lima, Perú 27. Ibid. Según Rivas, porque “la historia no nos ha dado ni estabilidad ni poderío para determinar un justo medio opinante, para tener una conciencia moderada que no sucumbiera a miedos, radicalismos o viles tentaciones”.

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Empresa privada y VUELOS

CREDIBILIDAD Dr. Gonzalo Galdos

La credibilidad,

Palabras clave

y confianza fueron factores importantes en la crisis financiera. Este artículo explora los matices que estos factores implican. La empresa privada y la inversión requerirán, según el autor, de tiempo para reconstruir y restaurar la confianza como soporte vital.

Empresa, Confianza, Credibilidad, Inversión privada, Crisis financiera

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A medida que se conocen mayores detalles acerca de ciertas conductas y decisiones de los altos ejecutivos en algunas de las empresas que se lanzaron al vacío en el origen de la reciente crisis financiera, recordamos una anécdota que relata una reunión de los tres principales directivos de una empresa —incluyendo un inexperto que acababa de ingresar a la misma. El tema de la reunión era cómo crear mayor valor para el cliente.

saber que nosotros tres estamos primero”. Tan ilustrativa anécdota pinta de cuerpo entero cómo, a veces, los ejecutivos abusamos voluntaria o involuntariamente del poder que nos han delegado los accionistas, de la confianza que en nosotros depositan los clientes al amparo de una marca prestigiosa que nos cobija.

Durante la primera parte de la reunión, cualquier dilema operativo era zanjado por el gerente general al preguntar con agresividad a su gerente de confianza “¿qué lugar de importancia ocupa el cliente en nuestra empresa?” La respuesta llegaba casi como un ritual obligado: “el primer lugar jefe”. Luego, la discusión continuaba, perdiéndose el tema en medio de intrincadas medidas administrativas y en el análisis de las implicancias de algunas decisiones en el programa de incentivos y bonos de los ejecutivos. En el proceso se desestimaba de inmediato toda medida que pudiera afectarlos.

En el caso de las hipotecas sub-

La reciente crisis financiera fue, ante todo, una crisis de confianza donde un pequeño pero relevante grupo de gerentes no estuvo a la altura del histórico momento que la humanidad le había brindado a la empresa y a la inversión privada.

La reciente crisis financiera fue, ante todo, una crisis de confianza donde un pequeño pero relevante grupo de gerentes no estuvo a la altura del histórico momento que la humanidad le había brindado a la empresa y a la inversión privada. Las empresas no quiebran, somos nosotros, sus ejecutivos, los que a veces nos quebramos profesional o moralmente

DE LETRAS

En estupor y confundido por el curso de la reunión, el gerente novato sólo atinaba a escuchar cuidadosamente, hasta que el gerente general finalmente le dirigió a él, por primera vez, la pregunta de rigor: “¿qué lugar de importancia ocupa el cliente en nuestra empresa?” pretendiendo incorporarlo participativamente en la discusión. Después de un breve silencio, su respuesta produjo un gélido silencio: “el cuarto lugar jefe”. “¿Qué has dicho?, terció el otro veterano. “El cuarto lugar”, reafirmó el transgresor; añadiendo a continuación, “sólo basta escucharlos un momento para

prime y los fondos fantasmas o sobredimensionados, todas las evidencias apuntan a una cadena de abusos de confianza que empezó con un grupo de ejecutivos especializados que elevaron la ingeniería financiera a nivel de pirotecnia, aplicando a productos impresentables coberturas estéticas complejas. Esto reducía las decisiones de sus jefes al peligroso dilema entre no hacer nada o tomar grandes riesgos con posibles grandes ganancias que a su vez perdían objetividad por estar asociadas a jugosos incentivos. Muchos de estos jefes no entendían a cabalidad tan novedosos productos, que convertían en cliente a un ninja (siglas en inglés de una persona sin ingreso, sin trabajo ni activos.), ni menos de los riesgos asumidos. Este momento de ignorancia es cada vez más frecuente cuanto mayor sea nuestra edad, si no existe conocimiento prevalece nuestro temperamento frente al riesgo o en el caso más delicado nuestros intereses personales, pudiendo llegar en algunos casos a la codicia. Y así, la cadena de abuso se agravó por una ausencia de un principio claro de rendición de cuentas a los accionistas e incluso, directorios carentes de colaboradores independientes o de outsiders sin contaminación sesgados en favor de sus respectivas administraciones.

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Restaurar la confianza tomará tiempo, pero será lo correcto e inevitable. Para empezar, muchas empresas, empresarios y ejecutivos se han ganado respeto tremendo por su capacidad de substraerse de

VUELOS

las tentaciones y mantenerse en el rumbo correcto.

y en nuestra desesperación las arrastramos con nuestras decisiones y acciones. Las empresas pueden tener una marca, un edificio, pero requieren clientes y también personas de carne y hueso que las hagan funcionar y las personifiquen representándolas dignamente. Todo aquel que ha vivido las vicisitudes y beneficios de una vida corporativa, entiende que las tentaciones son muy grandes y los sesgos abundantes. Se dice que el dinero es importante, pero muchos sociólogos coinciden en que la avidez por el mismo es sólo porque constituye un recurso para servir a un amo aún más importante: el poder. Este último corrompe no solo políticos y autoridades, también llega a corromper a profesionales serios y bien intencionados, quienes empiezan por utilizarlo para imponer, cuando podrían utilizarlo para educar y desarrollar; también genera arrogancia, cuando podría servir para desplegar humildad; pero quizá los dos sesgos más marcados que provoca son el de infalibilidad en las decisiones y acciones y el de invulnerabilidad: esa sensación que, aún errando, ni las consecuencias o desgracia que acarrean nuestros errores podrán alcanzarnos.

Todo lo sucedido cuestiona algunas reglas

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en las que se desenvuelve el libre mercado pero no menoscaba la esencia de la libre empresa. Existen razones de sobra para pensar que se trata del fin de una era: la de los superhéroes enfundados en trajes Armani hechos a medida y corbatas Hermenegildo Zegna. Es el inicio de la era de los mortales, de los que cometemos errores, pero mantenemos nuestra

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voluntad de enmienda a la par que nuestras convicciones; de aquellos que saben dónde están sus límites y limitaciones; de aquellos que necesitan dialogar con el cliente y los accionistas para saber cuál es el rumbo a tomar; de aquellos que no tienen miedo de seguir aprendiendo y seguir confiando; de aquellos que saben que la credibilidad sólo se construye cuando existe consonancia entre lo que dices y lo que haces. Como menciona Stephen Covey, se han tejido muchos mitos acerca de la confianza. Afortunadamente, estos caen abatidos frente a realidades que demuestran que es cuantificable; que se puede enseñar y aprender; que puede crearse o destruirse y que puede administrarse. La empresa privada no es perfecta, pero es quizás una de las menos imperfectas entre las instituciones humanas que tienen objetivos de promover desarrollo. La crisis ha generado una gran oportunidad para perfeccionarla, a través de la mejora en la toma de decisiones, del principio de rendición de cuentas y la desconcentración del poder en las cúpulas. Restaurar la confianza tomará tiempo, pero será lo correcto e inevitable. Para empezar, muchas empresas, empresarios y ejecutivos se han ganado respeto tremendo por su capacidad de substraerse de las tentaciones y mantenerse en el rumbo correcto. Nuevas administraciones se abren paso con un mejor balance entre experiencia y empuje. La razón, la prudencia y el cliente vuelven a reinar. Después de todo, cuando uno confía, toma riesgos, pero no confiar implicaría tomar riesgos mayores.


Palabra,

CREDIBILIDAD

y confianza

Eduardo Zapata Saldaña

La ruptura de la credibilidad de la palabra pública no puede ser tratada sin considerar el escenario de la palabra privada. El tema de la confianza lleva a revisar si nuestras palabras en el plano individual están o no signadas por esa confianza que se espera en el espacio público.

Palabras clave

Lenguaje, Confianza, Credibilidad, Palabra privada, Palabra pública, Inflación lingüística

DE LETRAS

“Sospecho que ni nosotros mismos estamos creyendo en nuestras palabras, creo que tampoco confiamos en ellas, me preocupa que las estemos reemplazando por el simple marketing efímero y soy un convencido que hemos empezado por envilecer los contratos individuales y –por extensión– los contratos sociales”, afirma el autor. Sin confianza, sin fe en la palabra, sea escrita, oral o electrónica, no hay contrato individual o social posible.

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Cero: A modo de introducción

LABERINTOS

En los virtualmente cada vez más lejanísimos años treinta del siglo pasado, Ortega y Gasset tuvo ya duras palabras contra la especialización. Especialización –dicho sea de paso– que él denominaba como ejercicio de la “barbarie”. Decía él en La rebelión de las masas y refiriéndose precisamente a este neo-bárbaro especialista: “Es un hombre que de todo lo que hay que saber para ser un personaje discreto, conoce sólo una ciencia determinada, y aun de esa ciencia solo conoce bien la pequeña porción en que él es activo investigador”. Añadiendo: “Llega a proclamar como una virtud el no enterarse de cuanto quede fuera del angosto paisaje que especialmente cultiva”. Y, obviamente, se vanagloria de ello. Pero Ortega iba aún más lejos: “El especialista ‘sabe’ muy bien su mínimo rincón del universo, pero ignora de raíz todo el resto”. Continuando: “No es un sabio, porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad, pero tampoco es un ignorante, porque es ‘un hombre de ciencia’ y conoce muy bien su porciúncula de universo”. Y concluía: “Habremos de decir –a propósito del especialista– que es un sabio-ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor que se comportará en todas las cuestiones que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio”.

¿Por qué traer a colación estas

observaciones de tiempos idos? Porque, en primera instancia, el problema descrito sigue subsistiendo, con el agravante de que tal vez ese especialista hoy declare conocer más de lo que realmente sabe de su “porciúncula de universo” ; porque la “petulancia”, a la que alude Ortega sea tal vez mayor, y, finalmente –y esto es lo verdaderamente pertinente aquí– las miradas especializadas a las que nos habíamos sometido y

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a las que nos habíamos habituado, tengan poco que decir respecto a temas hipercomplejos como los que signan las sociedades que hoy empiezan a configurarse en torno a la tecnología de la información electrónica. De modo que abdiquemos por un instante de nuestras “superiores” miradas especialistas, preocupémonos menos por adaptar las realidades a nuestros viejos anteojos (más bien hoy anteojeras) y recuperemos la sana “curiosidad intelectual” que nos permita más bien limpiar al menos los cristales de esos anteojos. O, quién sabe, cambiar ya el modelo o la medida de estos. Porque nos están impidiendo ver.

Uno: El asunto Vemos, entonces, que los “virtualmente tiempos idos” no eran tales. Al menos en lo que se refiere a las miradas de los especialistas: estas siguen siendo casi las mismas que aquellas denunciadas por Ortega. Creo también que pretendemos seguir viendo cosas y fenómenos realmente nuevos con miradas, esas sí, del ayer, Y creo, así, que específicamente el asunto de la confiabilidad en la palabra pública requiere que abramos los ojos a los profundos cambios culturales en los que hoy discurren los discursos. Si no lo hacemos –con rigor, pero también humildad– seguiremos atribuyendo a “los otros” la “culpa” de la volatilidad de nuestras palabras. Confieso que al escribir estas líneas, no tengo mucha confianza en siquiera que sean leídas. Confieso también que –a estas alturas de este artículo– no sé si mis palabras vayan resultando confiables. Ignoro, finalmente, si el lector continuará la lectura e ignoro también si lo leído y lo por leer sintonizará con las “curiosidades” lectoras. Me limito a decir que sólo estoy escribiendo para expresarme. No sé la suerte de mis palabras. Una buena manera de ir entrando en nuestro tema –el asunto de la credibilidad y confianza en la palabra– sería que el propio lector reflexione sobre por qué ha llegado a este punto


Sin embargo, es tiempo de decir que la confianza

y la credibilidad en la palabra pública no debe ser el único motivo de nuestra preocupación. Ciertamente el tema está en la agenda pública de los especialistas a los que aludíamos antes. Pero, en el fondo y con una mirada más amplia, es imposible tratar el tema de la ruptura de la credibilidad en la palabra pública sin hacer referencia al fenómeno ocurrente también con la palabra privada. Palabra pública y palabra privada –digámoslo ya– sellan los contratos públicos o privados. Las alianzas con otros o, aun, con nosotros mismos. Y, si lo vemos en su hipercomplejidad, el tema de confianza y credibilidad no se reduce a reflexionar sobre los medios y el contrato social. Supone –necesariamente– revisar si nuestras propias palabras –aquellas tal vez destinadas a nosotros mismos o al individualísimo receptor con el que dialogamos– están o no signadas por esa confianza y credibilidad reclamadas para el dominio de lo público. Sospecho que ni nosotros mismos estamos creyendo en nuestras palabras, creo que tampoco confiamos en ellas, me preocupa que las estemos reemplazando por el simple marketing efímero y soy un convencido que hemos empezado por envilecer los contratos individuales y –por extensión– los contratos sociales. Digo, con una mirada más amplia, es imposible tratar el tema de la ruptura de la credibilidad en la palabra pública sin hacer referencia al fenómeno ocurrente también con la palabra privada. Palabra pública y palabra privada –digámoslo ya– sellan los contratos públicos o privados

también y por último, que con la electronalidad nos hemos visto obligados a recoger nuestros pasos y andamos en busca del tiempo perdido de la fe en la palabra. Sea oral, escrita o electrónica. Porque sabemos que sin confianza, credibilidad y fe en la palabra no hay contratos individuales ni sociales posibles.

Dos: la inflación lingüística No nos cansaremos de reiterar que estamos asistiendo –en los últimos tiempos– acaso a uno de los fenómenos subversivos más corrosivos del contrato social: la inflación lingüística. ¿Qué significa hablar de inflación lingüística? Emisión inorgánica de nombres. Emisión de palabras que carecen de referente. Falsificación, entonces, de la realidad. Y como se trata de signos envilecidos, ocurre lo mismo que con la moneda depreciada, circulan con velocidad. Pasan de mano en mano. Lo grave es que, en el caso de la inflación lingüística, son precisamente los llamados a denunciarla quienes sustentan artificialmente su “valor”. Nos referimos a políticos, auto titulados líderes de opinión, dirigentes de organizaciones sociales (a veces también inexistentes) y aun intelectuales (si falsificadores, entonces pseudo – intelectuales).

Ayer aceptamos interpretación “auténtica”,

como si las hubiese –en aquel momento– “inauténticas”; suscribimos colaboraciones “eficaces”, como si las hubiese “ineficaces”; juramos puntualidades incumplidas por la campaña “La hora peruana”; y, en fin, alentamos la ficción de unidad colectiva bajo la denominación Acuerdo Nacional en un ente que –lo estamos viendo y viviendo– tuvo poco de nacional y menos de acuerdos comprometedores de partes.

DE LETRAS

en el artículo. Una buena manera de ir entrando al tema es pensar en por qué otros ni siquiera llegaron hasta aquí. O ni siquiera empezaron. Ciertamente, agradezco a los que hayan tenido la paciencia.

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¿Qué significa hablar de inflación lingüística? Emisión inorgánica de nombres. Emisión de palabras que carecen de referente. Falsificación, entonces,

LABERINTOS

de la realidad. Y como se trata de signos envilecidos, ocurre lo mismo que con la moneda depreciada, circulan con velocidad. Pasan de mano en mano. Y ahora surgen pueblos “originarios” y “nativos” en mundos y espacios construidos por migraciones. “Frentes de Defensa” que son simples instrumentos de fachada (tal vez, por eso, sólo “frentes”, visibilidades) de la defensa del interés de alguien o sólo algunos; marchas y solidaridades por la paz y la democracia que ni son pacíficas y, más bien, apuntan a la destrucción de esa democracia. Denuncias, en fin, de “injerencias” extranjeras, hechas por quienes viven de esas denunciadas “injerencias”. Las actas y acuerdos para solucionar coyunturas violentistas se multiplican; la palabra “culpable” termina siempre diluyéndose en el “yo no fui”, pero finalmente en el “nadie fue”. Y los habitantes de la Amazonia y Puno se convierten en “hermanos” de todos. Pero, por supuesto, también de nadie. A propósito de esto último es repulsivamente racista hablar de esas “hermandades”. Para no serlo, deberíamos –entonces– hablar también de los “hermanos” de Casuarinas, Breña o Jesús María, Arequipa o Piura. Lo anterior lo traigo a colación por una nueva emisión inorgánica: las llamadas “reivindicaciones étnicas” y los “neo-nacionalismos indígenas”. ¿Acaso no se trata de términos hasta excluyentes? ¿La nación es un concepto propio de los llamados “pueblos originarios” o, más bien, una creación de la Europa post medieval? En este mismo sentido de emisiones inorgánicas, alguna universidad organizó un Foro para discutir el tema del autogobierno en los pueblos indígenas en Norte América. Por Dios. ¿Qué hicieron en esa América con los “nativos”? ¿Qué

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hicieron con los que quedaron? ¿No les suenan conocidos los términos “reservaciones indígenas”? Y otra vez, entonces, racismo y maniqueísmo. ¿Habrá que hacer entonces paros costeños? ¿Acaso paros urbanos que se opongan a intereses rurales? ¿O algún paro de los “nativos originarios” de Ancón frente a los invasores de Comas y Puente Piedra? Cuidado. La inflación –monetaria y lingüística– corroe el fundamento de la convivencia civilizada: la propiedad. No sólo la posesión, la propiedad en sí. Siendo obviamente la propiedad más valiosa la vida misma. Que no admite relación o tutoría alguna de terceros. Llámese Estado o Frente. Patria o Muerte. Paz o democracia.

Tres: especificidades Decir las cosas por su nombre. Es lo éticamente honesto. Pero, sobre todo, es el instrumento más eficaz contra todo tipo de subversión. Externa o interna. Necesitamos, pues, un sinceramiento político y cultural. Un shock. No vaya a ser que mañana tengamos que pedir al Gobierno un “enérgico pronunciamiento” porque algún país extranjero expulsó a peruanos por no ser nativos ni originarios de su suelo.

Inflación lingüística.

Subversión. Emisión lingüística orgánica: propiedad. No hay instrumento más eficaz contra la subversión que ponerle nombre a las cosas. La propiedad. Sólo a los que alientan la subversión conviene vivir con la inflación. De todo tipo. Inflación lingüística. Emisión de nombres sin que estos tengan un referente real. Siempre maquillaje, usurpación


A quienes les preocupe la educación (de veras), les cansará que bajo el rótulo de “educación de calidad”, se planteen –en universidades– guiones para que todos los profesores repitan el mismo libreto; a quienes les preocupa la ética, debería sublevarles comprobar a veces que quienes se autodefinen como epítomes morales descalifican a cualquier rival intelectual o político ‘psicoanalizándolo por correspondencia’ impunemente, faltando precisamente a esa ética. A quienes les importe la política, en fin (la Política con mayúscula), les sonrojará cómo algunos líderes o dirigentes se convierten en manipuladores intérpretes de la ‘opinión de las bases’, cuando las ciencias sociales han institucionalizado hace tiempo instrumentos precisos para cuantificar y cualificar esa opinión.

Seguro ha asistido Ud. a esos entusiastas

ejercicios donde se trazan las “visiones institucionales”. Usualmente, en papelógrafos se llenan palabras bonitas, siempre de moda, hasta que todos quedan contentos. Aun cuando pocos sepan qué significaban en rigor esas palabras, a qué nos comprometen y cuáles son sus alcances. Hitler se decía nacionalista. Velasco era un demócrata de participación plena. Chávez también demócrata, pero

el lenguaje es un instrumento de apropiación de la realidad. Si el lenguaje pierde, entonces, su capacidad nominatoria, su capacidad de relacionar nombres con referentes, no sirve para apropiarse de esa realidad

bolivariano. Sendero Luminoso un partido político, no un movimiento subversivo y menos terrorista. Muchos países intervienen con violencia en otros en nombre de la paz.

Hace poco, un publicitado crimen revelaba cómo

un contrato de prestaciones sexuales fue reemplazado por palabras hirientes que activaron una atroz violencia. Pocos lo han subrayado. Pero, en este caso y los anteriores, los nombres que no coinciden con referentes terminaron por romper los contratos. Individuales y sociales. Y por generar violencia.

Cuatro: El quid de la inflación Como podemos apreciar, el lenguaje es un instrumento de apropiación de la realidad. Si el lenguaje pierde, entonces, su capacidad nominatoria, su capacidad de relacionar nombres con referentes, no sirve para apropiarse de esa realidad. Cuando se pronuncia la palabra amor, pero ésta carece de un referente específico y de la real relación subyacente a la palabra, se pierde propiedad –sensu stricto– sobre el objeto amado. Y lo mismo ocurre –más en profundidad– con los conceptos elementales de mío, tuyo, nuestro, si acaso estos –que son muy precisos– se ven ensombrecidos en sus dimensiones semánticas por la alusión etérea –pero corrosiva– a solidaridades, compromisos sociales, reciprocidades u otras palabras bonitas pero imprecisas. En suma, la inflación lingüística supone pérdida de propiedad sobre tu lenguaje. El lenguaje deja de ser tuyo si uno no sabe ya lo que las palabras significan. Y cuando esto ocurre los contratos individuales y sociales se evanescen. Puede que algunos –a sabiendas– jueguen marketeramente con los nombres y hagan circular signos carentes de

DE LETRAS

de la realidad o invento de ésta. Ergo, enajenación de la propiedad, base del contrato social, a partir de la admisión de circulante envilecido.

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referentes. Puede que estas monedas significativas tengan hasta valor un tiempo en el mercado. Pero, sabemos –es una ley económica y de la lingüística– que el mercado se encarga de retirar el signo envilecido de la circulación.

LABERINTOS

¿Cómo reclamar confianza y credibilidad en la palabra pública si –por vivir en un mundo inflacionado lingüísticamente– sabemos que nuestras propias palabras privadas (a veces nuestro propio nombre o quehacer) están bajo el signo de la no referencia y, por ende, ni nosotros confiamos en lo que somos y decimos?

Cinco: El mundo feliz Nos habíamos habituado al mundo de las verdades inmutables. A aquel mundo de los uni-versales indiscutibles. A gozar de confianza y credibilidad simplemente si adheríamos a ese mundo. Desde el 800 antes de Cristo, con la invención del alfabeto, los sonidos “ objetivamente “ eran representados por letras. Cómo dudarlo. Y el mundo de las ideas hizo hasta escarnio de las experiencias sensoriales. Y todo esto devino en los textos sagrados e inmutables per se, de los cuales culturalmente hemos sido tributarios. Si a esto le añadimos el yo renacentista y la conquista de la racionalidad, nadie podía no creernos o desconfiar de nosotros si –repito– adheríamos a esa tradición cultural. Que dividía culturalmente el mundo entre los privilegiados emisores de siempre de signos inmutables y pasivos y resignados destinatarios de los mismos.

Confianza y credibilidad

en la palabra transitaron por un buen tramo de la historia de la humanidad sobre el sema Fe-Institucionalidad-Verdad. Transitaron sobre semas definidos no en una cultura del ‘hacer’, sino del ‘ser’. Así son las cosas, porque así es la voluntad de Dios. Religión, política e intelectualidad se

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volvieron consubstancialmente verdades absolutas. Y todos vivimos felices. Obviamente, no todos. Sólo los emisores. Pero, de pronto, la desacralización de las sociedades debilita el sema. De pronto, la electronalidad –con sus textos alternativos, competitivos y evanescentes– pone a los pasivos receptores en condiciones de emitir. Y, de pronto, entonces, el sagrado papel sobre el cual sólo se escribían verdades, deja de prestarnos su prestigio histórico porque los discursos empiezan a circular –con hechura colectiva, esta vez– en soportes virtuales. Y una cultura del hacer empieza a reemplazar a la cultura del ser. No sólo las ideologías se debilitan, sino la misma idea de la superioridad del mundo de las ideas frente al mundo de las cosas, empieza a cuestionarse. Era necesario resensorializarse para acceder al mundo de la electronalidad y no parecía ya tan cierto que la idea abstracta que despreciaba el papel de los sentidos fuese ya una aliada oportuna (o al menos exclusiva). Entonces, todo se desinstitucionaliza. No sólo el Estado, también las relaciones con el trabajo y aun las relaciones personales. Aun –en muchos– las relaciones consigo mismos. Y todo esto en el contexto de una inflación lingüística galopante que pretendía mantener viejos nombres y referentes ya inexistentes. Con el agravante de tratar de pasar esos nombres por verdades absolutas, como en los buenos tiempos. Bueno, se acabó. En un mundo que ha cambiado su sema cultural central y que se ha desinstitucionalizado, no cabe ampararse en ninguno de los componentes del sema. Ni en Dios, ni en las instituciones ni en la llamada verdad. Ahora cada quien tiene que volver a construir (o reconstruir) confianza y credibilidad. Estas empiezan por casa. No por la palabra pública. Esta volverá a ser confiable y creíble en la medida en que sus actores lo sean. Por sus haceres. En el año 428 a.c. se estrenó Hipólito de Eurípides. En esta tragedia, más allá de las circunstancias que rodean la trama, Teseo encuentra el cadáver de Fedra, su esposa, que se ha


nosotros mismos. Por la afirmación de trazas personales sostenibles. Por abandonar el marketing efímero y reemplazarlo por proteicas, pero transparentes y coherentes identidades. suicidado. Sobre el pecho de Fedra hay una tablilla escrita por ella en la que incrimina a su hijastro, Hipólito, hijo de Teseo y de la amazona Hipólita. Teseo lee en silencio lo que Fedra ha dejado escrito (sabe leer) y mientras lee exclama: “¡La tablilla grita, grita cosas terribles!... ¡Qué canto, qué canto he visto entonar por las líneas escritas...!”. A partir de allí se desencadena la tragedia de Hipólito y su muerte. Para Teseo –que evidentemente sabe leer– y para el público receptor, la tablilla escrita es capaz de cantar, hablar. Lo escrito continúa (en ese momento) cantando o hablando.

El tradicionalista

Ricardo Palma nos cuenta en Canta Claro cómo dos indios, que llevan un encargo de frutas, tienen hambre y se comen parte de las frutas. Junto con las frutas llevan una carta que envía el que manda la fruta al destinatario. Para que la carta no los delate, la ocultan. Así la carta no verá que ellos se comen la fruta y no los denunciará. Sabemos que al llegar a su destino, son castigados porque en la carta se indica la cantidad de fruta que debían entregar. Para los portadores, la carta (lo escrito) es capaz de hablar, como para Teseo la tablilla es capaz de gritar o cantar. Nadie adscrito a la cultura oficial en la sociedad peruana osará siquiera sonreír ante un Teseo que realmente nos está mostrando una percepción mágica y primitiva respecto a

la palabra escrita. A fin de cuentas, Eurípides y la tragedia griega merecen per se respeto. Palabras escritas que han llegado a nosotros como verdades inmutables. ¿Seguiremos sonriendo ante estos relatos? ¿O llegó el momento de que –con rigor, pero humildad– reconstruyamos confianza y credibilidad a partir de nosotros mismos?

Seis: En el principio, fue el verbo Si la primera persona del plural mayestático y la tercera persona fueron expresión y arma de la confiabilidad y credibilidad del mundo del ayer, hoy ese mundo de verdades evidentes y demostrativas e inmodificables ha desaparecido. La electronalidad nos ha vuelto a poner en el mundo del yo y del tú. Sin posibilidad de escondernos. Y con ello, la electronalidad nos ha puesto ante la evidencia lingüística de que no más el plural aludido o la tercera persona serán armas del convencimiento. Etimológicamente, convencer (vencer e imponerse a una posición contraria) fue la palabra de orden para institucionalizar y pretender perpetuar un mundo de verdades inmutables y, por ende, irrefutables. La palabra escrita fue el medio silente y de consumo individual que posibilitó esta gran aventura cultural. Sin embargo –lo subrayamos– caímos en la inflación lingüística al no podernos percatar de que el mundo nuevo resultaba innombrable (e inmanejable) con los viejos nombres. Estos no calzaban ni calzan con los nuevos referentes. Caídos así en la inflación, era cuestión de tiempo que las expresiones y armas del mundo perfecto y feliz cayeran en el vacío semántico. Adiós plural mayestático y adiós tercera persona; bienvenidas, nuevamente, la primera y segunda persona. Esta vez, en un mundo con referentes también virtuales.

DE LETRAS

Pero todo empieza por el contrato individual con

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LABERINTOS

Si las viejas estrategias para hacernos confiables y creíbles no van más, ¿Cuáles serán los caminos para asegurar contratos individuales y sociales? Obviamente, el primero es el sinceramiento cultural, la restitución de nuestra capacidad de nombrar. Pero, junto con ello, es evidente que al no haber más un mundo de uni-versales y al convivir ya una cultura del hacer, estamos obligados ya no a la imposible tarea de convencer unilateralmente. Se hace imprescindible sustituir la mesiánica y redentora tarea del convencimiento por la más humana de persuadir; sustituir la demostración por la argumentación; y, claro está, requerimos permanentemente ejemplificar. Pero todo empieza por el contrato individual con nosotros mismos. Por la afirmación de trazas personales sostenibles. Por abandonar el marketing efímero y reemplazarlo por proteicas, pero transparentes y coherentes identidades.

El contrato social no está más en manos

de Dios o el Pueblo. Está en manos de los ciudadanos y de la recuperación de categorías humanas de las que habíamos abdicado: generar confianza y credibilidad en y por nosotros y por nuestro hacer. Podría sonar contradictorio, luego de lo dicho, pero ahora sí estamos en condiciones de afirmar que En el principio, era el verbo.

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Notas en torno a la confianza en el mundo

VIRTUAL:

Síntomas Nietzscheanos Víctor J. Krebs

El mundo virtual plantea hoy una dimensión particular de la confianza. Los vínculos en este escenario se

Palabras clave

Internet, Mundo virtual, Confianza, Comunicación, Conocimiento.

DE LETRAS

proponen de modos distintos. Este ensayo examina la idea de las transformaciones que se generan en la experiencia de interacción en el ciberespacio. La noción de realidad adquiere nuevas aristas. Las herramientas y espacios de interacción nos ponen ante un mundo de relación con palabras, más que con cuerpos. El mundo virtual, según se propone en el artículo, no es un apéndice del mundo real, sino que establece un patrón colectivo que desplaza la razón científica y objetiva a favor de una razón asociativa y estética cuyos objetivos pueden ser muy diferentes.

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LABERINTOS

Corro por el malecón. Es la primera vez que lo hago con un ipod. Mi conciencia entera está absorta en la música. Pero de pronto me percato de que no escucho mi aliento, que siempre me había marcado el paso. No sé ya si estoy corriendo a buen ritmo, ni puedo saber, en medio de la música que invade mi conciencia, si estoy respirando regularmente, incluso si mi cuerpo se está agotando demasiado pronto. Me toma un tiempo acostumbrarme a esta desconexión, y, durante esos cuantos minutos, me siento correr como lo hacía de chiquillo, un poco descoordinado, sin ritmo, sin mucha conciencia de cómo esta funcionándome el cuerpo. Pero poco a poco comienzo a aprender a atender a otras señales; empiezo a concentrarme en cómo se sienten mis músculos, por ejemplo, o a sentir mi aliento no escuchándolo, sino desde dentro. De alguna manera voy encontrando, en otras palabras, algo que sustituye el sonido de mi respiración que no escucho y que me vuelve a dar una pauta.

Pienso que algo parecido a esa desconexión

está pasándonos a raíz del mundo virtual. Igual que el ipod que invade mi conciencia y me ensordece a los sonidos externos, la virtualidad también abruma nuestra orientación cotidiana. Los criterios usuales por los cuales nos orientábamos en la realidad no son vigentes ahí, y nuestro comercio entre lo virtual y lo real comienza a desdibujar sus fronteras. Zizek1 lo describe como un cambio, producido por la tecnología en general, en nuestro horizonte hermenéutico: Se trata de un quiebre en los límites entre la vida real y su simulación mecánica (en la ingeniería genética, por ejemplo), entre la realidad objetiva y nuestra percepción ilusoria de la realidad (en la simulación virtual) y entre nuestros afectos, La realidad tal como la conocemos, este espaciotiempo cotidiano, está siendo transformada de maneras profundas y radicales por nuestra

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experiencia en el ciberespacio.

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sentimientos, actitudes y el centro mismo de nuestro yo (en la constitución de nuestra identidad virtual). La pregunta acerca de la confianza en el mundo virtual cuestiona la forma cómo nos relacionamos con el mundo en vista de esta(s) desconexión(es). Exige una reconcepción de lo que es nuestro mundo hoy. Y esta pregunta acerca de la confianza en internet obedece a una sospecha (incluso a un temor, muy comprensible), de no saber bien ya cómo determinar lo que es verdadero. La realidad tal como la conocemos, este espacio-tiempo cotidiano, está siendo transformada de maneras profundas y radicales por nuestra experiencia en el ciberespacio. Y la pregunta por la verdad es más pertinente ahora que nunca, en la medida en que vivimos en un mundo globalizado que nos inunda de información por todas partes y en el que empezamos a vivir atravesados por una virtualidad cuyas reglas y condiciones de validez y existencia recién empezamos a vislumbrar.

1 Podría decirse que, con el advenimiento del mundo virtual en el siglo XXI, la visión racionalista que ha definido nuestra conciencia colectiva y nuestros valores culturales durante los últimos doscientos cincuenta años en Occidente ha encontrado su Némesis.2 Y es que el mundo virtual está rompiendo con algunos de los presupuestos más elementales del esquema civilizatorio moderno. Para empezar, la forma cómo funciona la red virtual reconstituye el espacio y el tiempo y así destruye la secuencialidad del pensar y el actuar, haciendo imposible seguir privilegiando la mentalidad jerárquica, el pensamiento lógico y continuo que es la esencia de la mentalidad racionalista de nuestra cultura. Más bien introduce una conciencia fragmentaria, asociativa, y totalmente antijerárquica: democrática. Gilles Deleuze3 se ha referido al modo de pensamiento que ella implica como “rizomático”, dándole así imagen a su carácter disperso y horizontal, por el cual empezamos a pensar de una manera completamente distinta que ya está cambiando gradual y casi


Puede sonar extraño que los cambios introducidos por el ciberespacio tengan un efecto tan radical en nuestra relación con el mundo, sobre todo si consideramos al mundo virtual simplemente como un apéndice o una extensión del real. Pero el mundo virtual, lejos de ser un mero apéndice del mundo real, comienza a establecer un patrón colectivo de conciencia que desplaza a la razón científica y objetiva prevalente, en favor de una razón asociativa y estética cuyos objetivos y propósitos pueden ser muy distintos.

2 Análogamente a lo que sucedió en el Renacimiento debido al descubrimiento del Nuevo Mundo y de los viajes e intenso comercio con lugares lejanos de entonces, en nuestra época la experiencia misma, exacerbada por los avances tecnológicos y el advenimiento del mundo virtual, está engendrando formas de ser, específicamente formas de constituir identidades, que van obligando a la mirada racionalista, ceñida a la exactitud y secuencialidad lógica, a contorsionarse y transformarse en una mirada fragmentaria y discontinua, ambigua y polivalente. Su advenimiento está forjando ya cambios profundos en nuestros hábitos y prácticas mentales. Y entonces la pregunta por la confianza en el mundo virtual debe plantearse más allá de la limitada concepción de éste como una mera extensión o apéndice del mundo real. Aunque lo parezca, la pregunta acerca de lo que es la confianza en el mundo virtual (a diferencia de lo que es en el mundo real) no es una pregunta sencilla y concreta del tipo “¿qué ropa necesito para el frío del invierno canadiense (a diferencia del limeño)?” La pregunta acerca de la confianza en el mundo virtual es una pregunta sumamente cargada, que apunta a los cambios fundamentales que están sucediendo

Pero el mundo virtual, lejos de ser un mero apéndice del mundo real, comienza a establecer un patrón colectivo de conciencia que desplaza a la razón científica y objetiva prevalente, en favor de una razón asociativa y estética cuyos objetivos y propósitos pueden ser muy distintos.

en nuestra forma de ver y concebir las cosas. Más bien es el tipo de pregunta que se haría un europeo del siglo XVI, cuando aun creía que el mundo era plano, acerca de dónde o cómo ubicar al Nuevo Mundo. Responder a esa pregunta implicó un cambio radical en su concepto de mundo. Y es del mismo modo que nuestra actual concepción de mundo tiene que cambiar otra vez para llegar a entender el sentido que muchos de nuestros conceptos –entre ellos el de la confianza–, comienzan a asumir ya en la virtualidad.

No quiero decir con esto, claro,

que no podamos hablar con el mismo sentido común de siempre acerca de la confianza en lo que se refiere al mundo y a la comunicación virtual. Eso es incuestionable. De hecho, el no saber si lo que recibimos por los medios virtuales, por ejemplo, es fidedigno, o si no estamos siendo timados o engañados en nuestras interacciones en el internet, o si no están hackeando nuestros movimientos en el ciberespacio para fines ilícitos u oscuros, hacen que la pregunta entendida en su sentido más prosaico sea absolutamente pertinente. En esos casos, lo que se requiere de nosotros es una labor de atenta observación: que examinemos las condiciones concretas, los nuevos riesgos y los nuevos recursos que acompañan al mundo virtual, para establecer los criterios necesarios y poder garantizar la confianza y el funcionamiento normal ahí. Pero lo que quiero subrayar aquí es que si nos

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imperceptiblemente nuestros hábitos, nuestras expectativas, nuestra relación con las cosas y las personas e incluso nuestros ideales culturales.

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LABERINTOS

limitamos a considerar el sentido pragmático, comercial incluso, de la pregunta, estaremos perdiendo la oportunidad de indagar tras lo más fundamental que subyace a la inquietud que ésta expresa; aquello que está ya revolucionando el mundo en el que vivimos sin que nos percatemos apenas de ello.

3 Pasar del modelo del conocimiento como algo que se genera a partir de una sola fuente, es decir del modelo del árbol de las ciencias que ha regido nuestra concepción del conocimiento desde el siglo XVII, al modelo rizomático deleuziano que niega la única raíz y afirma por el contrario una multiplicidad dirigida en muchas direcciones, significa un rudo golpe, un choque profundo a nuestro esquema organizacional y a nuestra concepción de lo que cuenta como conocimiento. “Conocer” en el mundo virtual no puede verse solo como una cuestión de poseer contenidos; involucra además y sobre todo una actividad plástica de hacer conexiones, establecer asociaciones y armar sentidos nuevos.

En el mundo real

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uno ordena las cosas de una sola forma a la vez. El espacio real es unívoco y una cosa solo puede estar en un lugar al mismo tiempo. En el mundo virtual, por el contrario, las mismas cosas pueden ser ordenadas de muchas formas simultáneamente; las cosas pueden ubicarse en múltiples lugares al mismo tiempo. Una sola entidad virtual, un archivo por ejemplo, puede ser multiplicado y distribuido ubicuamente a través del espacio virtual. Las limitaciones impuestas por el espacio real no son limitaciones del espacio virtual como tampoco son, ni han sido nunca, limitaciones naturales del pensamiento.4 La limitación del espacio empírico que antes constreñía físicamente la cantidad de conocimiento publicable, y por lo tanto motivaba clasificaciones arbitrarias basadas en consideraciones ajenas al propósito de la “verdad”, es eliminada con la llegada del

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mundo virtual. Nos encontramos en un espacio virtualmente sin límites, donde los criterios de organización pueden seguir exactamente las exigencias de nuestras búsquedas, incluso pueden ir forjándose simultáneamente. El paradigma moderno tradicional de validación racional, con su sistema jerárquico de orden y medición del mundo, comienza a mostrarse completamente inadecuado para dar cuenta de lo que está sucediéndonos, que más pareciera estar definido por la fragmentación, el patchwork, el bricolage y orientado hacia el choque anodadador que detiene el movimiento habitual del pensamiento, que detiene, en otra palabras, al movimiento mecánico y secuencial del tiempo abstracto, para hacernos más conscientes de su real flujo continuo, de otra manera invisible a partir de nuestros criterios tradicionales, hasta hace poco irreemplazables. Dentro de ese flujo continuo ¿cómo empezar a concebir lo que es, o el papel que jugaría, la confianza?

4 La pregunta acerca de la confianza, en el sentido que la estoy usando y en el contexto en el que la quiero ver, es al final una cuestión ontológica. Depende de la forma como categorizamos y dividimos el mundo. ¿Qué cosas que antes ni existían cuentan como objetos en este mundo? ¿Cómo afecta esto la forma como me relaciono con ellos? Ya no dividimos al mundo (por lo tanto: no los vemos) de acuerdo a sus “articulaciones naturales” que simplemente explicitan lo que ya es, como lo asumía Platón en su venerable método de división y clasificación. No hay ya, en otras palabras, una sola manera en que las cosas son. Dividimos el mundo ahora en función de diferentes intereses, de diferentes aspectos y sus múltiples importancias relativas a la necesidad particular de cada posible clasificación. Y ahora no lo hacemos solo en la mente, lo hacemos en el tiempo y el espacio virtual, colonizando de ese modo un nuevo ámbito que va esparciéndose en nuestra conciencia sobre todo el mundo. ¿Cómo comprender lo que quiere decir confiar en un mundo


cuya constitución básica es tan distinta a la del mundo en el que hemos aprendido a pensar?

Dividimos el mundo ahora en función de diferentes

Confiamos en algo porque puede servirnos para seguir un determinado camino que sabemos que tenemos o queremos seguir. Pero si no hay caminos definidos que podamos querer o tener que seguir, entonces la interpretación se vuelve más importante que la constatación y la confianza adquiere otro sentido o valencia, orientada en otra dirección.

importancias relativas a la necesidad particular de

Esta no es ya la época de la detención del movimiento, del escrutinio detenido típico de la objetividad científica, de la teorización sistemática; es la época del flujo dinámico, constante e imparable del tiempo interior, del élan vital bergsoniano hecho ya experiencia externa, tangible, compartible, intersubjetiva. Hemos descubierto un nuevo mundo, o mejor: un mundo nuevo se descubre ante nosotros y todos nuestros criterios están cambiando.

Estamos viviendo

en un mundo en el que el flujo del devenir –ese río en el que, nos advierte Heráclito, no podemos sumergirnos dos veces–, es nuestra nueva conciencia común en la worldwideweb. La nuestra es una época de crisis, en la que los paradigmas de comprensión de la realidad y de predicción hasta ahora vigentes se van mostrando obsoletos e insuficientes. Todos los diques conceptuales que habíamos construido desde Platón, y consolidado a lo largo de los últimos tres siglos, son puestos a prueba por los cambios ocasionados en nuestra vida cotidiana por los constantes avances tecnológicos. Y el más grande de éstos es el mundo virtual, que fluye imparable, arrasando todos nuestros criterios de verdad y de sentido y haciendo añicos nuestras antiguas certezas y seguridades.

cada posible clasificación. Y ahora no lo hacemos solo en la mente, lo hacemos en el tiempo y el espacio virtual Es cierto que el mundo virtual no prescinde de las formas de confianza que rigen al mundo real. Los mismos peligros de base existen en ambos mundos y sólo cambian sus modalidades particulares, que por lo tanto requieren de nuevas formas de detección y control. Pero, si bien no prescinde de ellas, sí las complica. Más allá de esa intersección de ciberespacio y espacio empírico, el mundo virtual sí introduce un cambio profundo: inaugura un nuevo territorio psíquico que empieza a revelar otros niveles en la interacción y comunicación humanas que dependen, en gran parte, de las coincidencias azarosas de un sistema abierto a la contingencia y rebelde a toda necesidad natural. Ya no es tanto la secuencia de los hechos sino la coincidencia de los hechos; es menos la causalidad que la sincronicidad lo que está operativo en este nuevo mundo.5 Por eso es que empezamos ahora a valorar por sobre la verdad intencional o la intención de verdad a la espontaneidad sin tapujos, e incluso al desparpajo. ¿Y entonces qué significa preguntar en este contexto acerca de la confianza? ¿Confianza en qué? ¿Y confianza para qué?

6 Al centro de la transformación en nuestra cultura se encuentra la reconstitución del yo, que está ocurriendo en nuestra época a partir de las nuevas formas de comunicación que hemos inventado. La identidad se empieza a constituir ya no en función de la consistencia o la continuidad de un concepto, sino que se descompone y se reconstituye de

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intereses, de diferentes aspectos y sus múltiples

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manera performativa, es decir, en función de los roles que jugamos en nuestra interacción virtual con los demás, que varían de acuerdo a cada contexto específico, a nuestros intereses y propósitos particulares en cada comunicación6.

Estamos descubriendo algo que

Montaigne (una figura marginada en el canon filosófico moderno en contraste a Descartes, quien se erigió como el Padre de la modernidad) observó: que no hay un Sujeto más allá de nuestras percepciones. No se trata simplemente de que escondamos nuestra personalidad detrás de cada nueva máscara, sino que cada máscara es nuestra personalidad. Y esto no quiere decir que no haya nada más a lo que somos nosotros que nuestras máscaras, sino que aquello que somos no es el mismo tipo de cosa que lo que ellas son, y requiere por lo tanto un cambio de mirada para hacérsenos visible. Hasta que eso no nos sea posible –y ello requiere de la vivencia misma en esta situación tan singular que es el encuentro de lo real y lo virtual como forma de experiencia–, el yo permanecerá en cierto sentido sin centro o fundamento. En otro sentido el “centro” o su equivalente se irá elaborando, sobre la marcha, por una coherencia más profunda que cualquiera que pueda anticipar o concebir nuestra mente instrumental. (Wittgenstein tematiza esta coherencia más profunda e inconmensurable con el intelecto, en sus “parecidos de familia” y cuando observa que si hay tal cosa como una esencia, ella se halla en la gramática). La atracción del Twitter y la creciente popularidad de todos estos medios virtuales (el Chat, el Facebook, Hi 5, MySpace, etc) está en la exacerbación o intensificación de la densidad subjetiva y, en el Twitter específicamente, en la condensación de la persona a sus palabras, a la forma cómo las usa, a lo

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que ellas dicen de él.

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7. No tener un centro, un fundamento, pareciera obligarnos a abandonar toda esperanza de principios sobre los cuales sustentar cualquier proyecto más allá de relatividades, de voluntades fragmentarias, arbitrarias y caprichosas, hijas perdidas de la contingencia. Parecería ser el escenario que imaginaba Dostoievski al escribir que si Dios no existe, entonces, “todo está permitido”. La cuestión de fondo de la pregunta por la confianza en el mundo virtual entonces nos conduce al nihilismo de nuestro tiempo, o a la muerte de Dios anunciada por el Zaratustra de Nietzsche. Pero Nietzsche habla también de la necesidad de transvalorar nuestros valores, es decir de reinventarlos; habla de una nueva tarea, cuyo principal sustento se encuentra precisamente en el tipo de realidad que estamos viviendo: fragmentada, eternamente cambiante, sin fundamento aparente, en flujo permanente.

8 Es cierto que la cultura occidental ha progresado en su relación con el mundo externo, sobre todo durante los últimos doscientos cincuenta años desde la instauración de la mentalidad científica con Galileo, Newton, Bacon y Descartes, hasta la constitución tecnológica de nuestra forma de vida contemporánea. El hombre se ha hecho un experto en crear nuevas herramientas, en controlar las fuerzas de la naturaleza y explotar y transformar su medio. De ahí que sea también cierto que nuestra conciencia colectiva se encuentre dirigida casi exclusivamente en nuestro tiempo a la producción y la eficiencia, y, de manera sintomática, más recientemente con más intensidad al divertimento y el entertainment. Pero también el hombre occidental se ha vuelto cada vez más ciego y sordo al sentido de sus actos, a los porqués de su existencia. Lo curioso (o providencial) es que la misma cultura dirigida hacia afuera ha creado las condiciones para subvertir su propia forma de vida. El mundo virtual, paradójico producto


La atracción del Twitter y la creciente popularidad de todos estos medios virtuales (el Chat, el Facebook, Hi 5, MySpace, etc) está en la exacerbación o intensificación de la densidad subjetiva y, en el Twitter específicamente, en la condensación de la persona a sus palabras, a la forma cómo las usa, a lo que ellas dicen de él. Podría decirse que se está iniciando una nueva aventura, una aventura colectiva de la subjetividad. O quizás más exactamente: una aventura de subjetividad colectiva.

9. El Twitter ha inaugurado una nueva adicción virtual, una fiebre causada por la conexión a ese gran organismo, esa subjetividad colectiva global de personas “tuiteando”8, es decir gorjeando cada uno con su propia voz, como pajaritos. Empezamos a vivir (aun solo en pequeñas colonias, pero cada vez más rápidamente crecientes) en un mundo en el que nos relacionamos no con cuerpos sino con palabras emitidas desde virtualmente innumerables nódulos de emisión, cada uno reducido a una imagen y cuatro líneas descriptivas, con los que entramos en contacto personal. Lo importante no es en realidad con quien estamos hablando, lo importante es lo que hablamos, el discurso que se va creando, la inteligencia colectiva que va tomando forma. Aquí podemos ver claramente que la confianza en el Internet no tiene nada que ver con la intencionalidad de la persona en tanto referencia a una realidad, sino con su presencia como factor de asociación, con lo que sus palabras son capaces de ocasionar en esta masa de vitalidad e inteligencia global a la que todos se conectan como a una matriz viva.

10. Una encuesta publicada hace algunos días mencionaba como principales objetivos de los tuiteos de la gente: (i) transmitir y compartir información, (ii) la expresión personal (de estados de ánimo, de pensamientos, ideas, impresiones, opiniones), (iii) la descripción de momentos cotidianos, (iv) la conversación sobre temas diversos (las noticias del momento, los intereses comunes, las diferencias de opiniones, etc.), y obviamente los propósitos más comerciales: el marketeo de productos, la promoción de los propios proyectos, así como los propósitos más voyeuristas de los meros followers, entre muchos otros. Efectivamente, todo esto constituye el mundo virtual del Twitter, un mundo que puede ser tan complejo como cualquier reunión real de personas, pero que lo es más aun en la medida en que es una comunidad global tan grande que solo puede reunirse en un espacio virtual.9 Sin embargo, pienso que además de todas estas actividades, o más bien: detrás de ellas, hay algo más profundo; algo que define un ethos o una postura vivencial particular a la comunidad virtual, que ya se iba forjando, aunque de manera más “mansa” en el Facebook y otras redes sociales semejantes10. Ese ethos me parece que tiene que ver con la búsqueda, quizás inconsciente, de constatación –en la presencia (y la palabra) de otros– de “la verdad” o el sentido de nuestra propia existencia en función de una inteligencia colectiva virtual, con todas las complejidades psíquicas que ello inevitablemente habrá de implicar. (Como si en una época nihilista estuviésemos buscando algún asidero desde el cual construir un nuevo fundamento, algo que garantice un suelo inmanente).

11. Quizás secretamente detrás de nuestra pregunta por la confianza esté el deseo de volver o mantener el modelo anterior, encontrar alguna unidad subyacente, algún fundamento. Pero esa búsqueda puede ser una ilusión;

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tecnológico, está revirtiendo esa dirección, internándonos en el laberinto de nuestra subjetividad, conduciéndonos a la exploración del mundo interno, permitiendo que surja una nueva prioridad ya no en el conocimiento abstracto de la realidad, sino en la vida misma: la vivencia y su potencia, válida por encima de la búsqueda de cualquier verdad.7

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quizás lo que hemos de descubrir es no un objeto de pensamiento, sino una coherencia de otro tipo, que redefina de manera inesperada nuevos escenarios de validez. Validez que depende, a su vez, de la diversidad de contextos, ya no concebidos bajo una sola unidad sino vivenciados en la misma práctica y desde su compleja fragmentariedad, respondiendo a intereses y expectativas siempre cambiantes, siempre distintas.

importante la verdad de lo que decimos sino las conexiones que ello suscite, la posibilidad de ver siempre más aspectos en las cosas, adquiere un sentido importante. Pues contra nuestra resistencia al cambio no hay mejor antídoto que el de imaginarnos la multiplicidad de universos posibles dentro de nuestro mundo.

Coda 12 Wittgenstein no se pudo imaginar el mundo virtual, pero sin saberlo nos preparaba para él, al orientar su esfuerzo filosófico a combatir aquella necesidad que tiene el hombre de sedimentar sus significados, de hacer hábitos de sus prácticas, de resistir el cambio para refugiarse en la comodidad y apaciguar su miedo de lo desconocido11. Nietzsche había tematizado esta misma propensión humana al calificar a “la verdad” como una invención producto de nuestra resistencia al cambio, de nuestra necesidad de un asidero más estable que el mero devenir.12

Con los cambios que estamos presenciando

con el advenimiento del mundo virtual, es como si la tarea que se le impone a nuestra época, esta época de la fragmentación nihilista, fuese la de aprender a vivir y pensar en el mismo devenir, “más acá” de la verdad. Y en esa luz, la insistencia de Wittgenstein de que para nuestros propósitos no es

En el mundo virtual se entumecen nuestros sentidos, se ensordece la conciencia precisamente ahí donde más irritada está por la exacerbación de estímulos,

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tal como lo explicara McLuhan

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En el mundo virtual se entumecen nuestros sentidos, se ensordece la conciencia precisamente ahí donde más irritada está por la exacerbación de estímulos, tal como lo explicara McLuhan; y se comienza entonces a desarrollar un sentido interno más afinado a los movimientos de la subjetividad, que se va mostrando por encima (o debajo) de los intereses conscientes. Ya no es, por lo tanto, la verdad lo que importa, sino la generación de nuevos sentidos, en tanto ello amplía nuestro horizonte. En este contexto, entonces, preguntarse acerca de la confianza puede ser un intento de evitar la dificultad que demanda el dejar a un lado lo conocido y lo seguro; puede ser, en otras palabras, una forma de evadir la tarea que nos impone un medio tan distinto a todo lo que conocemos. Pero también puede ser la ocasión para empezar a asumir estos cambios y esas diferencias, para encontrar desde la aceptación de este caos el nuevo orden al que parecemos estar ya dirigidos13.


1. Slavoj Zizek, The Plague of Fantasies, (Londres: Verso, 1997) pp. 133ss. 2. Que el enfoque más inmediato a la pregunta acerca de la confianza se lea casi inmediatamente como relacionada con lo comercial (¿cómo puedo confiar en lo que me dicen en la red?, ¿cómo puede asegurarme de que no me quieren estafar?, etc.) nos dice mucho acerca de nuestro tiempo, acerca de cómo estamos cegados por una determinada forma de concebir la vida, precisamente a lo radicalmente nuevo que el mundo virtual introduce. 3. “Rizoma”, en: Gilles Deleuze & Félix Guattari, Mil mesetas, (Introducción) 4. David Weinberger, http://www.youtube.com/watch?v=43DZEy_ J694 5. Carl Jung denomina “sincronicidad” a un principio acausal, en el que “la coincidencia de los hechos en el espacio y en el tiempo significa algo más que un mero azar (…) una peculiar interdependencia de hechos objetivos, tanto entre sí, como entre ellos y los estados subjetivos (psíquicos) del observador o los observadores (…). Exactamente como la causalidad describe la secuencia de los hechos, (…) la sincronicidad trata de la coincidencia de los hechos.” (Richard Wilhelm, I Ching. El libro de las mutaciones, Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1975, Prólogo, p. 25. 6. Ver “Identidades en conflicto”, para una discusión interesante sobre este punto en http://castorexmachina.wordpress.com/ de @piscosour 7. Pero este movimiento de reversión comienza explícitamente con Kierkegaard en el siglo XIX, cuando observa que por nuestra obsesión con el conocimiento intelectual y la teoría, nos hemos olvidado lo que significa existir y la importancia de la interioridad. Ahí se encuentra ya el germen de ese movimiento de pensamiento contemporáneo que conocemos como “existencialismo”, que resalta la formación de cada persona a partir de su existencia concreta; y ese mismo movimiento desemboca en aquella revolucionaria disciplina que estudia la psique humana en Freud (que ha florecido en el siglo XX) y en Jung (que aun espera su florecimiento en este

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milenio). Contamos entonces ya con un entrenamiento de cien años en la lectura de los movimientos del inconsciente, de las dinámicas de la subjetividad que han de mostrarse en el medio virtual, que pienso nos hace especialmente capaces de comenzar a leer sus movimientos en la clave del inconsciente. Del nuevo verbo “tuitear”, traducción de tweeting en inglés, que quiere decir gorjear. Ese solo hecho, la magnitud de la comunidad de la que cada persona participa personalmente, es ya algo digno de estudio pues esa comunidad se empieza a comportar como un organismo autónomo, cuya constitución propia no depende de ningun individuo sino que más bien los determina. En términos virtuales, el Facebook es al Twitter lo que la vida en la campiña es a la vida urbana (country living vs. metropolitan life). He tematizado esto en lo que llamo el impulso pigmaliónico en “Descenso al caos primordial: Filosofìa cuerpo e imaginación pornográfica”, Hueso húmero, 42, 2003: 3-29, “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” Quisiera agradecer a @elmorsa, @alia_bc y @esparzari, por sus comentarios a una versión anterior de este texto.

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Notas

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Mitos, metáforas y LABERINTOS

RELATOS

sobre la verdad

María Inés Quevedo

¿Qué ha sucedido con la verdad? ¿Hoy en día entendemos la verdad tal y como lo hacíamos unos años atrás? Y, para los peruanos, ¿qué es la verdad? Estas son algunas preguntas que motivaron el artículo, y para responderlas, analizamos algunos relatos, mitos y metáforas que se tejen en torno a “la verdad” para crearla y que son expresados, principalmente, a través de un programa televisivo.

Palabras clave

Comunicación, Verdad, Discurso, Lenguaje, Televisión, Noticia, Mito.

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Me encontraba leyendo algunos titulares en un puesto de periódicos. Muchos de los titulares de la prensa amarilla hacían alusión al encarcelamiento de Magaly Medina. Estaba absorta analizando los colores, las fotos y las palabras que utilizaban, cuando en ese momento escuché a dos señoras comentar: “Magaly (Medina) es la única que dice la verdad”. En ese momento pensé que tal vez la noción de verdad que tenían aquellas mujeres no era la misma que la mía. Pero, ¿cómo algunos peruanos pueden haber llegado a la conclusión de que una conductora de un programa de espectáculos, de corte sensacionalista, es la única que dice la verdad? Me propuse averiguarlo.

representación se construye intersubjetivamente. Dependerá, más bien, de cómo se han constituido, social y culturalmente, las presuposiciones, las certezas, las creencias y el imaginario. Además, lo que se cree que es verdad siempre estará antecedido por una(s) verdad(es) y será seguido por alguna(s) otra(s) verdad(es), en una cadena y construcción sin fin. Esta cadena de verdades estará planteada dentro de, y condicionada por, una historia y cultura específica.

Comencemos analizado la Verdad en términos generales. Antes la humanidad se hallaba en la tarea de buscar la Verdad (Absoluta). Para muchos, la Verdad estaba “allí afuera”, en la realidad misma, y lo que se debía hacer era sólo “encontrarla” y “descubrirla”. Se creía que, en primera instancia, no teníamos la capacidad de ver aquello que era evidente, pero que mediante la “razón” y la “lógica” se llegaría finalmente a esta Verdad. Se pensaba que en la Verdad no había lugar para la sensación, la emoción y los sentimientos, sólo para aquello que era racional. La Racionalidad y la Verdad, por lo tanto, se hallaban indestructiblemente ligadas. A partir de este principio se trataron de construir los grandes metarrelatos de la humanidad como el marxismo, el liberalismo, el idealismo, y el iluminismo (Lyotard, 1987).

a los objetos, a los acontecimientos y al otro, por lo tanto la verdad sobre ellos, estará supeditado al contexto en el cual se dice y al universo de significados en el cual esté inscrito. El discurso en el que se habla sobre un suceso, persona(s), objeto(s) los posiciona en un lugar determinado, cobrando así, una existencia y esencia particular. Las cosas existen fuera del discurso, de eso no hay duda, pero sólo cobran sentido en y por el discurso.

El sentido que le damos al mundo, a los objetos, a los acontecimientos y al otro, por lo tanto la verdad sobre ellos, estará supeditado al contexto en el cual se dice y al universo de significados en el cual esté inscrito.

Entenderemos “discurso” desde la perspectiva foucaultiana: como un sistema de representación. Foucault entiende el “discurso” como un conjunto de aserciones que permiten un modo de representar el conocimiento sobre un tópico en un momento histórico particular; el discurso crea un modo particular de dar sentido. Y dado que todas las prácticas sociales implican sentido, y el sentido conforma e influencia lo que hacemos, todas las prácticas tienen un aspecto discursivo. Entonces, según Foucault, el discurso define y produce nuestros objetos de conocimiento, gobierna el modo como se puede hablar y razonar acerca de un tópico, a la vez que influencia cómo las ideas son puestas en práctica y usadas para regular la conducta de los otros. (Hall, 1997) En ciencia suele haber una relación dialéctica entre los descubrimientos y la constitución de su discurso teórico. Cada nuevo descubrimiento partió de una teoría, pero a la vez la irá modificando y complejizando, y, por lo general, mejorará la actuación sobre la naturaleza y el mundo. Lo

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Sin embargo, con la crisis de los grandes relatos, muchos llegaron a la conclusión de que la Verdad absoluta nunca se alcanzaría. No habrá un momento final, porque la interpretación depende de la representación, y la

El sentido que le damos al mundo,

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La ilusión de participación se logra haciendo hincapié en el suceso, lo vivencial, lo pragmático y haciendo mayor incidencia en lo privado y lo cercano. Lo in-

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mediato toma relevancia, y por lo tanto, el presente. mismo sucederá con la invención. Así se van construyendo las “verdades” en las ciencias. Verdades que continuamente son superadas por nuevas verdades a partir de nuevos descubrimientos, y así hasta el infinito. Pero, ¿qué sucede con el mundo cotidiano, la política y la “verdad” dicha a través de los medios masivos de comunicación?

Según Gérard Imbert, hoy podemos

ver en los medios masivos de comunicación una “revancha de lo privado sobre lo público, del suceso sobre la Historia, de lo pragmático sobre lo programático, de lo vivencial sobre lo ideológico, esta evolución traduce un doble cuestionamiento: de la actualidad por una parte –del discurso de la actualidad como modo de informar, y del relato por otra, de los modos de narrar, de representar globalmente la realidad” (2003, p. 22-23). En nuestro país, los discursos ideológicos han quedado desvirtuados. La mayoría ya no cree en discursos que prometen el cambio si se sigue una ideología determinada. En términos generales se puede afirmar que la población ha decidido convertirse más bien en consumidora de mensajes y discursos, principalmente televisivos y dejar de lado la lucha política. Además, a través de ciertos programas televisivos se crea, muchas veces, la ilusión de participación, que siente que la propia política tradicional le ha quitado. La ilusión de participación se logra haciendo hincapié en el suceso, lo vivencial, lo pragmático y haciendo mayor incidencia en lo privado y lo cercano. Lo in-mediato toma relevancia, y por lo tanto, el presente. Todos estos aspectos ayudan a que el público se identifique, creándose la

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sensación de involucramiento con aquello que ve. Se genera en el espectador la ilusión de vivenciar aquello que el otro está viviendo en el aquí y ahora del tiempo televisivo (con la simulación de la transmisión en directo), poniendo en funcionamiento su imaginario. El tiempo del espectador y el tiempo televisivo vienen a coincidir, y en este coincidir se exacerba al máximo, la identificación. Con este tratar constantemente de crear el “efectoidentificación”, la manera de relatar ha sufrido una transformación. Con el objetivo de lograr este fin, ahora se intentará narrar, en los medios masivos de comunicación, todos los aspectos que tienen que ver con lo in-mediato, lo vivencial, lo privado. Esta transformación tiene sus consecuencias. Con ella, también se ha modificado la ubicación y la forma de exponer la verdad. Metafóricamente, ya no se piensa la verdad como estando “allí afuera”, sino que se piensa la verdad como si estuviera en el “interior” de cada uno. Tal vez éste sea el motivo de la necesidad constante que tienen muchos de espectacularizar su intimidad y la del otro: “La verdad está en mi interior y en tu interior. Entonces, tengo que descubrirme ante los otros mostrándome en mi blog, en facebook, etc., y tengo que descubrir la verdad del otro indagando en lo más profundo de su intimidad con la ayuda de los medios electrónicos, para así mostrarla a los demás y cumplir la función que me corresponde (al ser el portador de la verdad), la de “justiciero”. Este es el mandato que hoy guía a muchos, y es el mandato que está presente en el programa de Magaly TeVe. En el programa Magaly TeVe vemos día a día la puesta en escena de sucesos que tienen la misma estructura. Se puede afirmar que se ha construido un ritual, que no es más que el retorno de lo idéntico y la repetición constante. ¿En qué consiste este ritual y cuál es el motivo de su aparición? El ritual consiste en perseguir, sin que lo sepa y con cámaras, a un personaje X, que necesariamente debe ser “público”, y en descubrir qué es aquello que hace en la intimidad con el fin


Pero profundicemos

frontera de la ficción y la realidad misma. La manera en que se narra la realidad ha heredado las estructuras propias de la ficción, generando una con-fusión. El efecto ha sido la creación de lo hiperreal. Según Imbert, la hiperrealidad es un código, que más allá del realismo, rehabilita, revivifica y simula la realidad, exacerbándola (ibíd., p. 29). Lo hiperreal se ha constituido en el código de nuestra época. Pero, ¿por qué esa necesidad de exacerbar la realidad?

un poco más. Mediante la publicación de la falta del personaje X, que Magaly llama “ampay”, se pone en escena aquello que caracteriza el “desorden” en el imaginario popular y con lo que los espectadores se identifican “vivamente” como formando parte de lo que los angustia. A través de la función de “justiciera” (que ella se ha auto-impuesto), en el imaginario popular se restablece el “orden” y el equilibrio emocional, al descubrir y otorgarle a “la verdad” el estatus que había perdido con la crisis de los grandes relatos, y al juzgar los hechos de acuerdo a lo que es “moralmente correcto”. Es un ritual que se repite una y otra vez.

La realidad construida en el micro-relato televisivo es una realidad que busca anclarse fuertemente en el sentir. El objetivo es seducir, fascinar para atraer la atención y atrapar. Intentar crear la sensación de proximidad: ésta puede ser la razón por la que se trata de exacerbar la realidad. Una de sus formas es la simulación. Muchos noticieros, por ejemplo, hoy se ven en la necesidad de recrear sus noticias a través de la dramatización. El ver, el oír hacen creíble la historia. Lo que importa es su verosimilitud. Lo que es verosímil se toma por verdad y crea confianza.

Este discurso se ha instalado en nuestra sociedad. La verdad está en el interior y en las acciones ocultas de las personas, son secretas, sólo hay que descubrirlas, sacarlas a la luz y castigar la falta a través de la sanción moral y social. Y la evidencia debe ser audio-visual. El ver, el oír, ahora son el sustento de la verdad, la argumentación racional ha quedado en un segundo plano. Lo que ha tomado preeminencia junto con lo audio-visual, es la construcción de “historias”, en definitiva, el micro-relato.

La necesidad de decir

Una de las características de estas historias o micro-relatos que hablan sobre la realidad es la de encontrarse en la La realidad construida en el micro-relato televisivo es una realidad que busca anclarse fuertemente en el sentir. El objetivo es seducir, fascinar para atraer la atención y atrapar.

la realidad a través de historias tiene que ver con la necesidad de “comprender”. Hoy, las noticias se exponen a manera de relato. Marcela Farré nos dice al respecto lo siguiente: “El relato es un lugar en el que siempre se está implicado, de modo que narrar la información sería una forma de alcanzar a comprender mejor la sociedad en la que vivimos, ya que la narrativa contribuye a construir ese contexto como espacio simbólico en el que nos comprometemos. Al embarcarse en relaciones, expone el carácter humano de la acción. Por esta causa, los lectores o espectadores de relatos podrían también trascender la dimensión de su experiencia para acceder al conocimiento de la realidad en un sentido más amplio, algo que la narración permite de tres maneras. En primer lugar, por identificación con los padecimientos de los personajes, toda vez que la acción –noticiable– se encarna en una

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de sacar a la luz una falta (la mujer que engaña a su esposo, el deportista que toma alcohol un día antes del partido, etc.) y publicarlo. Luego de publicar la falta, Magaly entra en escena y toma la posición de “justiciera” con la autoridad que le otorga el haber descubierto “la verdad”.

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LABERINTOS

historia particularizada. En segundo lugar, porque el mundo posible narrado traslada un modelo detrás de las estructuras actanciales de los personajes, revelando algo más que esa historia: se trata de una propuesta ideológica, que es otra forma de trascender la experiencia individual. Pero, principalmente, el relato ofrece al hombre la posibilidad de conocer sobre la humanidad. No ya sólo la de los personajes; tampoco la del autor modelo, plasmada en la ideología de un mundo posible. Al penetrar en las dimensiones de lo que podría ser, la narración deja un conocimiento sobre valores más universales, que tienen que ver con las búsquedas que alejan de la felicidad o nos acercan a ésta. Es decir, el relato nos aumenta vida, en un tercer nivel de identificación” (2004, p. 140). La narración noticiosa, por tanto, dota de sentido a las acciones humanas. Es un modo de comprender el accidente, lo catastrófico, aquello que ha causado el desequilibrio social. Pero al espectador siempre le queda la sensación de que nada se puede hacer al respecto, que no puede modificar la causa del desequilibrio, porque para él las instituciones sociales están en crisis. Tal vez por esto muchos reclaman un(a) conductor(a) que trate de instalar el orden a través de su actuación de portador(a) de la verdad y, finalmente, de justiciero(a), rol que antes le correspondía a las instituciones del Estado, a los políticos y a la Iglesia.

Pero el espectador no se da cuenta de que es solo un punto de vista: es una historia construida en donde ha intervenido alguien que ha editado las imágenes dándole un sentido particular. Se ha tratado de crear una historia según ciertos estereotipos ficcionales. El espectador lo toma como verdad, porque la historia calza dentro de sus estereotipos ficcionales que funcionan a modo de “mito”.

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Con la transmisión en directo, con la cámara en mano u oculta, el espectador se mimetiza con el punto de vista ofrecido y tiene la ilusión de estar en el mismo lugar de los acontecimientos, sin que los que están presentes en el suceso se percaten de su existencia. Es como si el espectador tomara el punto de vista de Dios, con su omnipresencia. Esta es la sensación de poder que otorga Magaly Medina al espectador, cuando con su cámara oculta hace un “ampay” y lo transmite en su programa. Pero el espectador no se da cuenta de que es solo un punto de vista: es una historia construida en donde ha intervenido alguien que ha editado las imágenes dándole un sentido particular. Se ha tratado de crear una historia según ciertos estereotipos ficcionales. El espectador lo toma como verdad, porque la historia calza dentro de sus estereotipos ficcionales que funcionan a modo de “mito”. El mito presente en los programas de Magaly TeVe tiene que ver con la forma de enunciación, que a su vez está directamente relacionado con el medio. Imbert hace alusión a cuatro tipos de mitos que caracterizan hoy, la neotelevisión: mito de transparencia (el pensar que ver equivale a entender), el mito de la cercanía (ver igual a poseer), el mito del directo (como abolición de la instancia enunciativa y narrativa), y el mito, en fin, de una televisión de la intimidad (Imbert Op.cit., p.62-63. El subrayado es mío). En cuanto al contenido, los mitos que aparecen día a día en este programa son mitos propios del imaginario colectivo. Los mitos por lo general toman un singular impulso cuando la armonía y la homeostasis existencial han sido rotas. En su mayoría tienen que ver con las instituciones sociales como la familia o las bases primeras sobre las que se apoya la existencia humana. Aquí es donde entra la conductora para restablecer el orden y el equilibrio perdido. Podemos ver, todos los días, micro-relatos mitologizados de “personajes públicos” cuyo tema constante son, por ejemplo, las “historias de amor” o “engaños amorosos”, que ponen en riesgo las instituciones sociales como la familia, en las que siempre debe haber un punto final determinado.


Ya hemos descrito el ritual que se escenifica en el programa de Magaly TeVe. El mito y el ritual expresa el sentir de una sociedad, se alimenta del imaginario colectivo y lo devuelve de manera objetivada. Ayuda, por lo tanto, a interpretar aquello que es fuente de desorden y de angustia. Dirige la interpretación en una dirección particular. Crea el imaginario colectivo y/o legitima y consolida, al darle una forma específica. Por consiguiente, la verdad que este programa construye corresponde a aquello que está presente en la vida de los peruanos de manera in-mediata, y que es su principal motivo de preocupación existencial. Para muchos de ellos, la verdad está allí, en la vida de cada uno; en la política, la ideología, nunca ha estado ni estará la verdad. Lo importante es lo vivencial, lo próximo, ese es para algunos el locus natural de la verdad, porque es lo visto y lo experimentado en el aquí y ahora.

Referencias Bibliográficas FARRÉ, Marcela. 2004 El noticiero como mundo posible: estrategias ficcionales en la información audiovisual. Bs. As. La Crujía, 398p. HALL, Stuart. 1997 El trabajo de a representación. En: Stuart Hall (ed.), Representation: Cultural Representations and Signifying Practices. Sage Publications, 1997. Cap. 1; pp.13-74. Traducido por Elías Sevilla Casas. IMBERT, Gérard. 2003 El zoo visual: De la televisión espectacular a la televisión especular. Barcelona, Gedisa, 2003. 252p. LYOTARD, Jean François. 1987 La condición posmoderna: informe sobre el saber. Madrid, Cátedra, 1987. 119 p.

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La función más importante del mito es la justificación y legitimación social de determinadas acciones y formas de pensar. A través de la narración del mito, con un punto final instituido, una y otra vez (aunque utilizando en cada narración un personaje diferente) se trata de legitimar el deber ser de la sociedad según un punto de vista que suele ser “la tradicional”. Pero el mito no funciona sin el rito. La puesta en escena, el rito, no es más que la materialización del mito.

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Más que noticias: la confianza en los

MEDIOS

FUGAS

de comunicación en el perú José Carlos Requena

Basado en la revisión de encuestas de opinión pública, el artículo ensaya interpretaciones sobre la confianza de

la ciudadanía en los periodistas y, de manera más concreta, en los medios de comunicación en el Perú. Llama la atención respecto a las diferencias en las percepciones que se tienen sobre la radio, la televisión y la prensa escrita, sugiriendo algunas explicaciones. Concluye que, más importante que por los formatos, los medios logran la confianza de su público en base al ejercicio veraz del periodismo.

Palabras clave

Medios de Comunicación, Periodismo, Opinión Pública, Credibilidad, Confianza.

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En julio último falleció Walter Cronkite, uno de los periodistas contemporáneos más emblemáticos. En el convulsionado siglo XX, con la guerra fría –y sus consecuentes acciones militares– de trasfondo, Cronkite se convirtió en uno de los baluartes del periodismo independiente. Retirado oficialmente en 1981, Cronkite se mantuvo como una de las principales referencias para el ciudadano estadounidense promedio. Es famosa la ocasión en que el presidente Lyndon B. Johnson, al constatar que había perdido la confianza de este renombrado hombre de prensa sobre su posición en la guerra de Vietnam, dijo: “Si perdí a Cronkite, entonces he perdido al americano promedio”1. No es casual que se llamara a Cronkite “el hombre más confiable de los Estados Unidos”. Cuando al final de su carrera se le preguntó en qué basaba el ejercicio del periodismo y el indiscutible prestigio que ostentaba, Cronkite lo atribuía a su infranqueable lealtad a la verdad, un requerimiento básico que se impuso para valorar una noticia. La verdad no debía tener una sola cara. “Al buscar la verdad –decía Cronkite– uno debe obtener ambos lados de una historia”.

Hoy que el periodismo

se ha profesionalizado, creando numerosas fuentes de trabajo, y se enseña en facultades universitarias en todas las latitudes, es importante revisar el valor de la verdad en las coberturas A las presiones periodísticas por la inmediatez se unieron las comerciales por la competencia: ganar una primicia significa liderar los índices de audiencias por un prolongado periodo, lo que mejora las condiciones para negociar el costo de los espacios publicitarios.

noticiosas. ¿A qué debe aspirar un estudiante que planea dedicarse al periodismo? ¿Es más importante ser un periodista conocido o convertirse en un periodista que goce de la confianza de la opinión pública? ¿Es mejor tener la primicia o dejar pasar la oportunidad por una verificación más rigurosa de la información? En la actualidad, se dan procesos que concurrentes que podrían convertir la afirmación de Cronkite en no más que una invitación al idealismo. En primer lugar, la objetividad parece haber caído en descrédito o, al menos, haberse convertido en no más que un sueño. Es que, como bien indican Bill Kovach y Tom Rosenstiel, “el concepto de objetividad ha sido tan pisoteado que muchas veces se utiliza para describir el problema que pretendía resolver”2. Además, hoy los hombres y las mujeres de prensa deben afrontar una serie de presiones que no son necesariamente nuevas, pero que parecen haberse fortalecido en décadas recientes. Se presenta, por un lado, un pragmatismo exacerbado del que hacen gala numerosos periodistas. En nombre del necesario realismo y de la defensa de instituciones y procesos que deben defenderse, se presentan informaciones sin la debida rigurosidad, sin otra motivación que sustentar alguna posición políticamente correcta o aceptable. Peor aún, con el puro ánimo de ganar una primicia a veces se informa sin la debida constatación de los hechos. Es que, como advertía otro prominente periodista contemporáneo, Ryzsard Kapuscinski, en las últimas décadas “la noticia se convirtió en un buen negocio (…), que permitía ganar dinero pronto y en grandes cantidades”, lo cual “cambió totalmente nuestro ambiente de trabajo”3. A las presiones periodísticas por la inmediatez se unieron las comerciales por la competencia: ganar una primicia significa liderar los índices de audiencias por un prolongado periodo, lo que mejora las condiciones para negociar el costo de los espacios publicitarios. Por otro lado, la creciente concentración de la propiedad de los medios hace que las grandes corporaciones, que antes se

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Ambos lados de la noticia

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FUGAS

limitaban a contratar espacios para difundir su publicidad, tengan hoy la posibilidad de una ingerencia mayor en la cobertura de los eventos noticiosos. La concentración es un fenómeno natural del sistema capitalista. Guillermo Mastrini y Martín Becerra, quienes han investigado el tema en la región dicen: “La concentración es un atributo inherente al funcionamiento del mercado libre, independientemente de la actividad económica de la que se trate”. Agregan luego: “Los procesos de concentración en América Latina no son ni nuevos ni desconocidos”4. El periodista español Juan Luis Cebrián, por su parte, ligado él mismo a un poderoso grupo mediático español (el grupo PRISA, propietario del influyente diario madrileño El País, del que Cebrián fue director fundador) indica que la concentración no responde a un capricho de la naturaleza ni a una voluntad perversa de nadie. “En principio resulta un fenómeno inherente a las leyes del capitalismo industrial”, dice5.

palabra tiene la misma credibilidad que la de los empresarios (43 %), su descrédito es mayor: 49 % versus 45 %. Es decir, de diez personas que escuchan la palabra de los periodistas (en radio o televisión, o la leen impresa) sólo algo más de cuatro la creen. Es cierto que la profesión parece no estar tan desacreditada como la de los políticos (10 %) o los jueces (17%), pero la credibilidad del periodista dista mucho de la de médicos (81 %) o ingenieros (75 %), y aún de la de los profesores (también 75 %), a pesar de lo desacreditada que está la educación pública. Gráfico 1. Credibilidad de las ocupaciones. En general, ¿usted cree o no cree en la palabra de…?

En cualquier caso, no es un secreto que este fenómeno reduce los ámbitos de acción de los periodistas, que tienen la presión –no siempre implícita– de no pisar determinados callos. Como decía también Cronkite, “en una democracia es absolutamente esencial que haya competencia en los medios, mucha competencia, y parece que nos estamos apartando de ello”. Antes estos condicionantes, ¿qué le queda al periodista al para ser digno de confianza?

La credibilidad de los periodistas Hace algunos años, en octubre de 2006, unos meses antes de las elecciones municipales y regionales de ese año, Apoyo Opinión y Mercado incluyó entre sus preguntas una referida a la credibilidad de las ocupaciones. El gráfico 1 presenta una selección de los resultados, centrándose en aquellas ocupaciones que tienen alguna incidencia en la opinión pública. Las cifras no dejan tan bien parados a los periodistas: menos de la mitad de los encuestados creen en su palabra. Aunque su

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Fuente: Apoyo Opinión y Mercado / IPSOS Apoyo. Nota: no se incluyen los “nos sabe/no opina”

En defensa de los periodistas se puede decir que sus palabras tienen un mayor escrutinio, por los que sus “errores” suelen ser más visibles y criticados. Pero también es cierto que médicos y profesores recientemente han figurado no tan positivamente en los medios a causa de conflictos sindicales


en los que terminaron inmersos, debido a decisiones algo torpes de sus liderazgos o a haber sido objeto de campañas de descrédito por parte del gobierno. Una precisión a las cifras: la pregunta sólo se aplicó a Lima. Queda pendiente la aplicación de una interrogante similar en las regiones, sobre todo considerando el protagónico rol de los periodistas en la política regional. En un viaje de hace algunos años, al indagar sobre la actividad de los partidos políticos en Cusco, recibía una respuesta sumamente gráfica por parte de un experimentado analista local: “¿Partidos? ¡No! Tienes que hablar con las radios”. No es extraño, entonces, que dos de los presidentes regionales del Sur Andino sean periodistas o estén ligados a medios de comunicación: Hugo Gonzales en Cusco y Hernán Fuentes en Puno. Más aún, el predecesor de Gonzales en Cusco era otro periodista: Carlos Cuaresma. Si no confianza, al menos ostentan potencial electoral. Dado el reiterado caudal de votos que logran estos políticos, cabe preguntarse qué nivel de precisión tiene el personaje inescrupuloso y acomodaticio e influyente líder de opinión que presentaba Vargas Llosa con “El Sinchi” en Pantaleón y las visitadoras. O, ¿cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia? Que se sepa, no se ha vuelto a hacer la pregunta sobre la confianza de las ocupaciones. Pero existen estadísticas sobre la confianza de la ciudadanía en los medios de comunicación.

Estado. Se presenta una selección en la tabla 1, sobre todo aquellas que tienen alguna relevancia política. La pregunta, además, tiene la ventaja de dividir a los medios de comunicación en cada uno de sus formatos (radio, televisión, prensa), de manera que se tiene una visión detallada y no una idea genérica del periodismo. Debe precisarse, sin embargo, que sólo los limeños respondieron a la pregunta, por lo que no se puede hablar de cifras a nivel nacional; en cualquier caso, es un indicador valioso. La revisión de las cifras permite notar interesantes hallazgos. La radio tiene un claro liderazgo entre todas las instituciones evaluadas. A lo largo de los tres años revisados, 7 de cada 10 personas confían en la radio. Casi diez puntos porcentuales debajo se ubica en todos los casos la Defensoría del Pueblo, cuyo rol ha sido recientemente revalorado a raíz de la alta incidencia de conflictos sociales. La televisión, por su parte, presenta una sorprendente confiabilidad (entre 50 % y 60 %), a pesar de la persistente crítica que recibe por parte de los analistas e investigadores debido al pobre contenido que suele presentar. Finalmente, la prensa no queda tan bien parada, a pesar de ser la que dedica más espacio y esfuerzos a explicar las noticias, dar un contexto e investigar. Tabla 1. ¿Confía o no en las siguientes instituciones?

Los últimos tres años, en el mes de septiembre, Apoyo ha incluido en sus sondeos de opinión pública una pregunta sobre la confianza en las instituciones. Entre las instituciones evaluadas, siempre han estado presentes aquellas más representativas de la vida diaria, como los medios de comunicación o los principales entes administrativos del

Fuente: Apoyo Opinión y Mercado / IPSOS Apoyo. Nota: solo se incluye el “sí confía”.

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La confianza en los medios de comunicación

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Además de la inmediatez, la radio brinda al público y a las fuentes informativas un espacio sin distorsiones. Se escucha su propia voz, en sus propias palabras. No hay otro filtro que las preguntas que hace el

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periodista, que se escuchan al aire. La radio, como rezaba un viejo lema publicitario en los ochenta ¿está más cerca de la gente? Pues parece que sí. Tradicionalmente, se ha divido las funciones de los tres medios: la radio brinda inmediatez, la televisión las imágenes y la prensa el contexto. Diera la impresión de que la inmediatez genera confianza, mientras la contextualización es recibida con mayor desconfianza. No es extraño el influyente rol que hoy se le asigna a Raúl Vargas, una de las voces emblemáticas de la radio nacional. Vargas aparece en la Encuesta del Poder del 2008, elaborada por la revista Semana Económica –aplicada a los líderes de opinión del país– , como el periodista peruano más poderoso, y la decimoquinta persona con más influencia en el país6. Curiosamente, sin ser dueño de un medio de comunicación, aparece muy por delante de Alejandro Miró Quesada Cisneros, entonces (septiembre de 2008) cabeza del Grupo El Comercio.

Pero no sólo las élites

ubican a la radio como el medio de comunicación más confiable. Un indicador es el servicio de rotafono con que cuenta RPP, la emisora nacional. El rotafono permite que cualquier ciudadano haga una denuncia al aire. Las llamadas van desde un abuso o mal desempeño muy puntual de alguna autoridad (maltrato en algún colegio u hospital, mal servicio brindado por municipios, etc.) hasta el anuncio o la precisión de algún hecho noticioso de primera magnitud (como el asesinato de los policías por parte de nativos en la estación de Petroperú en los días del llamado “Baguazo”).

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Además de la inmediatez, la radio brinda al público y a las fuentes informativas un espacio sin distorsiones. Se escucha su propia voz, en sus propias palabras. No hay otro filtro que las preguntas que hace el periodista, que se escuchan al aire. En tal sentido, tiene un mayor potencial para ganar confianza que los espacios televisivos o impresos. Por su parte, la televisión, que aparece en las encuestas revisadas sobre confianza en segundo lugar entre los medios de comunicación, tiene la ventaja de poder presentar imágenes. El viejo dicho de “ver para creer”, o aquel más contemporáneo de “una imagen vale por mil palabras” parecen tener asidero. Es difícil contradecir un reportaje en que se muestra una imagen que sustenta una información. Pero esta información puede basarse en una investigación realizada con poca rigurosidad, sin otra finalidad que ganar primicia y sostener el rating. Un video no siempre presenta lo que el reportero o el programa dicen. Fue el sonado caso de la salida del futbolista Paolo Guerrero de la concentración de la selección nacional, presentado por el programa Magaly Te Ve como uno de sus famosos “ampays”. El reportaje originó un litigio judicial entre Magaly Medina y el futbolista, e hizo que la periodista pasara un tiempo en la cárcel por el delito de difamación. Al menos para el sistema judicial, el video no presentaba lo que los periodistas indicaban. En términos periodísticos, la televisión también genera una mayor cercanía que la prensa, aunque se presente algo más lejana que la radio. La principal herramienta para esta poca distancia es el uso de microondas, que permite una cobertura con cierta agilidad. Estas microondas, además, tienen la versatilidad de mostrar un reporte desde un centro de poder, como Palacio de Gobierno en plena juramentación de un gabinete, o un espacio personal de cualquier ciudadano, como un caso humano en un distrito capitalino. El periodismo impreso, por su parte, enfrenta el curioso caso en que procura presentar información de manera exhaustiva, sin que ello genere confianza de la ciudadanía. El rol de la prensa es presentar información de contexto,


Pero tiene también más exposición: sus errores y aciertos permanecen por más tiempo en vitrina, haciéndola más vulnerable al escrutinio público y, cuando se da el caso, a las refutaciones por parte de la ciudadanía.

Con la prensa, el lector valora más la

credibilidad que le atribuye a su impreso favorito: se consume, principalmente, aquello en lo que se cree. Por ello no es extraño que, a escala nacional, medios de posición tan clara como La Primera o La Razón ostenten cierto nivel de lectoría. Por lo anterior, es también el formato más politizado. Es más fácil identificar la tendencia política de un medio impreso nacional, que la de una emisora radial o una cadena televisiva del mismo alcance: Correo y La Razón de derecha (aunque el segundo claramente fujimorista); El Comercio y Perú. 21 de centro derecha; La República de centroizquierda; La Primera de izquierda (de tendencia humalista). Con ello contribuye el tono que le da la dirección del medio, que privilegia noticias según el sustento que le brinda a su posición política. También son significativos con esta politización la selección de los columnistas que se presentan en sus páginas. Más allá de cuotas mínimas en algunos casos concretos (la columna del izquierdista Rolando Breña en el derechista Correo o la del liberal Federico Salazar en La República, de centroizquierda), los diarios de una y otra tendencia tienen en sus páginas de opinión columnistas de un mismo tinte ideológico. Una ausencia que debe ser saldada en las mediciones venideras es la medición de la confianza en una nueva

fuente informativa: los blogs7. Aunque es cierto que se han desarrollado aún pocos espacios meramente informativos, también lo es que algunos blogs cuentan hoy con mayor audiencia que medios noticiosos de mayor prestigio. Por ejemplo, El útero de Marita8, del periodista Marco Sifuentes, (a) ocraM, se ha convertido en poco tiempo en una fuente informativa confiable, con varios miles de visitas diarias. Fue en este espacio en que se difundió el contenido de los llamados “petroaudios”, ante la imposibilidad de hacerlos en espacios tradicionales. Otro blog, Desde del tercer piso9, presenta con mucha frecuencia, sustentadas denuncias noticiosas, que han puesto en aprietos a la clase política, lo que le ha valido a José Alejandro Godoy, su creador, una comentada y abultada querella (un millón de dólares, nada menos) de parte de Jorge Mufarech.

A modo de conclusión La poca confianza en los periodistas (solo 4 de cada 10 personas les creen) es algo que debería preocupar no solo a los mismos hombres y mujeres de prensa, sino a aquellos que aspiran serlo. A los periodistas se les atribuye con frecuencia un rol de liderazgo en la formación de la opinión de la ciudadanía: este rol está claramente limitado por la confiabilidad que tiene su palabra. En cuanto a la revisión detallada de cada medio informativo, se puede sugerir que la ciudadanía tiene una verdad con tres aristas. La radio presenta la verdad tal cual, en sus propias palabras. No importa si esta verdad es solo la de la fuente. La televisión la ilustra, teniendo como mayor motivación la obtención o el mantenimiento de una audiencia. Finalmente, la prensa, al intentar contextualizarla, corre el riesgo de dar la impresión de una alteración según su posición política. Lo claro es que, para obtener y mantener la confianza, más que formatos, lo más importante es decir la verdad: darle a este valor el sitial que le otorgaba Conkrite. Como afirman Kovach y Rosenstiel: “La primera obligación del periodismo

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pero la ciudadanía parece confiar poco en el contexto que se brinda. Los diarios y revistas tienen más tiempo y calma para procesar y explicar las noticias, pero eso no significa necesariamente que el público general confíe en lo que se presenta en las páginas impresas.

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es la verdad”. Es que la verdad “da una sensación de seguridad que nace de la conciencia veraz del mundo y de la que forma parte de la misma esencia de la información”. La verdad, así, es más que la simple propagación de noticias: “es un fenómeno completo y a veces contradictorio”. La búsqueda de la verdad debería ser el fin supremo del periodismo: “El periodismo intenta llegar a la verdad en un mundo confuso, procurando discernir en primer lugar lo que es información fidedigna de todo lo que son informaciones erróneas, desinformación o información interesada, para luego dejar que la comunidad reaccione y el proceso de discernimiento continúe. La búsqueda de la verdad se convierte en un diálogo”10.

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Notas 1. Uno de los medios que recuerda esta frase es El Nuevo Herald, tomando un despacho de Bloomberg: http://www. elnuevoherald.com/186/story/500036.html 2. Bill KOVACH y Tom ROSENSTIEL, Los elementos del periodismo. Madrid, Buenos Aires, México D.F.: Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, 2004, p. 19 3. Ryzsard KAPUSCINSKI, La información como mercancía, en ¿Qué intereses hay detrás de la noticia?¸ suplemento especial publicado por el día del periodista en el Diario Oficial El Peruano. Lima: Editora Perú, octubre del 2004. 4. Guillermo MASTRINI, y Martín BECERRA. 50 años de concentración de medios en América Latina: del patriarcado artesanal a la valorización en escala. Disponible en www. saladeprensa.org/art473.htm 5. CEBRIAN, Juan Luis. Cartas a un joven periodista. Aguilar, Alteas, Taurus, Alfaguara: Buenos Aires, 2003, p. 76. 6. Para más información ver: http://www.encuestadelpoder.com/ inicio/poder_2008. Al cierre de este artículo, se difundió la versión 2009 de esta encuesta, en que Vargas se mantiene como el periodista más poderoso en el puesto 17, delante de importantes personalidades como el presidente de la Corte Suprema Javier Villa Stein (18) o la Defensora del Pueblo Beatriz Merino (21). Más información en http://perueconomico. com. 7. En su Encuesta de Poder versión 2009, Apoyo ha preguntado a los que considera “líderes de opinión” sobre el peruano más poderoso de la Web. El predecible resultado: Marco Sifuentes. Ver http://perueconomico.com/ediciones/30-2009aug/articulos/311-tu-lee-nomas 8. http://utero.pe 9. http://www.desdeeltercerpiso.com 10. Kovach y Rosenstiel, obra citada, pp. 52-63.


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LOS AUTORES

LOS

AUTORES

úrsula Freundt-Thurne Decana de la facultad de Comunicaciones por la Universidad de Lima y directora de la Carrera de Comunicación y Periodismo de la UPC, es también directora del Fondo Editorial de laUniversidad. Viene siguiendo estudios de Doctorado en Administración y Dirección de Empresas (Universidad Politécnica de Cataluña/UPC). Siguió una especialización en el programa de la Maestría de Business Comunications (MBC) de la Universidad de St. Thomas, Minnesota, donde fue editora de la revista del programa de alumnos internacionales Kaleidoscope. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Idiomas Modernos del Ernst Wilhelm Middendorf. Ha seguido estudios de Gestión Estratégica de la Educación Superior con el Harvard Extensión School/UPC. Úrsula dicta el curso de Taller de Introducción a las Comunicaciones.

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Liliana Galván Licenciada en Psicología Educacional. Decana de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, (UPC), es fundadora y miembro de la División Empresarial de esta Universidad. Es secretaria de la Asociación de Facultades y Escuelas de Psicología del Perú y doctoranda en Dirección y Administración de Negocios de la Universidad Politécnica de Cataluña. Fue Directora del Departamento de Calidad Educativa de la UPC. Es también Directora del Diplomado en Docencia Universitaria de la UPC y consultora y expositora internacional en Liderazgo, Creatividad e Innovación.

Luis Alfonso Morey Abogado por la Universidad de Lima y Master in Media Management por la Universidad de Navarra. Se ha desempeñado como abogado y consultor para diversas empresas e instituciones, ha sido director de Cable Canal de Noticias, gerente general de RBC Televisión y asesor de Panamericana Televisión, responsabilizándose de conducir “24 Horas, Edición Central”. Es profesor de la UPC en los Cursos Sociedad y Estado en el Perú, en la Facultad de Comunicaciones, y Gobernabilidad, en la Facultad de Derecho.


MS, UAB, España. Candidata a doctora Universidad de Durham, Reino Unido. Periodista de la Universidad Católica de Chile y Máster en Dirección de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente se encuentra realizando su tesis doctoral en la Universidad de Durham, Reino Unido, sobre el rol de la confianza en las relaciones bilaterales entre China y Chile. Claudia ha desarrollado su carrera en Chile, Estados Unidos y Europa. Como periodista, ejerció en diarios y revistas chilenas en las secciones de Economía y Política. Ha sido directora de comunicación en el mundo privado y público. Antes de realizar su doctorado, Claudia se desempeñaba como profesora de la cátedra de Comunicación Estratégica en la Universidad Católica del Norte y asesoraba al Ministerio de Economía en la Cuarta Región de Chile.

Eugenio D’Medina Profesor de la Facultad de Comunicaciones de la UPC, director ejecutivo del Centro de Estudios Públicos del Perú (CEPPER) y miembro de Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es economista graduado en ciencias sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú y MBA de la Universidad de Quebec en Montreal. Es también profesor de las maestrías en ciencia política y administración de negocios en la Universidad Ricardo Palma, investigador asociado de la Sociedad Economía y Derecho de la UPC y columnista de opinión sobre temas de política y economía en diversos medios periodísticos nacionales y extranjeros.

Doctor en Ingeniería Industrial, graduado CUM LAUDE en la Universidad Politécnica de Madrid e Ingeniero Metalúrgico de la Universidad Nacional San Agustín. Ha realizado estudios en el OLC del Massachusetts Institute of Technology (MIT), EE.UU y en Kellogg Graduate School of Management, EE.UU. Ha sido Presidente Ejecutivo del Grupo Armco, Presidente de Sider Perú y Presidente del Consejo Nacional del Ambiente, CONAM. Actualmente es Presidente de Organizational Learning Center- OLC, Presidente del Directorio de Moly-Cop Adesur y Director de la Escuela de Postgrado de la UPC.

Eduardo Zapata Doctor en Lingüística y Literatura de la Pontificia Universidad Católica, hizo un postgrado en Semiótica en la Universidad de Bologna. Investigador y maestro universitario, ha publicado, entre otros libros, El Discurso de Sendero Luminoso: Contratexto Educativo, Lo que piensan los niños sobre la escuela, Representación oral en las calles de Lima y La palabra permanente. Verba manent, scripta volant. Ha participado en el desarrollo de la Fundación Cultural del Banco de la Nación, que se trazó como objetivo central imprimir en el imaginario colectivo nacional los conceptos de una cultura del deber y de una identidad proactiva como insumos indispensables en nuestra sociedad. Es profesor de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas de los cursos de Semiótica y Sociología de la Comunicación.

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Claudia Labarca

Gonzalo GaldÓs

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LOS AUTORES

Marinés Quevedo

Víctor Krebs Profesor asociado del Departamento de Humanidades en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Obtuvo su doctorado en Filosofía por la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos. Ha publicado artículos y ensayos sobre la filosofía de Wittgenstein, la estética y la cultura; actualmente sus investigaciones giran en torno al cine, el psicoanálisis y la tecnología. Es autor de Del Alma y El Arte: Reflexiones sobre la cultura, la imagen y la memoria (1998), La recuperación del sentido: Wittgenstein, la filosofía y lo trascendente (2008) y El impulso pigmaliónico. Ensayos en torno a un complejo filosófico (2009); y es coeditor, con William Day, de Seeing Wittgenstein Anew, publicado por Cambridge University Press (2010).

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Bachiller y magíster en Antropología por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y bachiller en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Lima. Tiene estudios de Filosofía (PUCP) y estudios doctorales en Antropología (PUCP). Ha tenido a su cargo cursos en las áreas de antropología y comunicación social en la PUCP y actualmente se encuentra dictando los cursos de Antropología Social y Globalización en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC).

José Carlos Requena Estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y obtuvo su maestría en la North Carolina State University (Estados Unidos), con una investigación sobre la cobertura noticiosa de temas latinoamericanos en el New York Times y el Miami Herald. Ha trabajado y ha sido consultor en diversas organizaciones internacionales, de la sociedad civil y académicas, incluyendo el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), el Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica (IDEHPUCP), el Instituto Nacional Demócrata, el Centro Carter, Transparencia, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, la Cooperación Alemana al Desarrollo (GTZ), entre otras.


Pozo de Letras 8  

Revista de la Carrera de Periodismo de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)

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