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Número 1/6

Morelia, Michoacán, 25 de Mayo de 2010

Director: Miguel Medina Robles

Miguel Hidalgo

El General. Tres Lecturas

Ejemplo educativo para la juventud

Ricardo León Alanís

Página 4

Página 10

Fernando Ayala López Juan Manuel Mendoza Arroyo Leticia Bobadilla González


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Morelia, Michoacán, 25 de Mayo de 2010

oscientos años del inicio de la guerra insurgente que emprendieron Allende, Aldama, Abasolo, y sobre todo Hidalgo, más un puñado de americanos -hombres, mujeres y niños, pertenecientes a los estamentos criollo, indígena y castas- que en pocos días, a su arribo al real de minas de Guanajuato, sumaban como 20 mil almas. Cien años de que la palabra escrita -Regeneración-, la presencia de un partido político -el Liberal Mexicano- y un movimiento armado, buscaron mejorar las condiciones de la vida del pueblo mexicano.

Directorio Director General Miguel Medina Robles Subdirector Álvaro Medina González Editor Ramón Sánchez Reyna

El Bi-centenario reclama, en primer término, la visión actualizada de ambos acontecimientos históricos, que vaya más allá de la tradicional historia oficial o de bronce.

Coordinación Sandra Molina Guzmán Diseño Gráfico Vicente Noyola Vllanueva

En torno al Bi-centenario, no puede pasar desapercibida la cultura, que para la ocasión baste con recordar a algunos de aquellos actores michoacanos que engrandecen nuestro pasado desde la arqueología, la antropología, la historia, la medicina, la poesía, la música y la narrativa, ellos son el Dr. Nicolás León, Concha Urquiza, Miguel Bernal Jiménez, Chucho Monje, Carmen Báez, Alejandro Ruiz Villaloz; y un puñado de nicolaitas, bien representados por Cayetano Andrade, Isaac Arriaga, Ignacio Chávez y Samuel Ramos, que hace un siglo expresaron sus inquietudes en la hoy olvidada revista Flor de Loto.

Coordinador de Fotografía Víctor Joaquín Ramírez Arrés Voces del Bi-centenario no se hace responsable de originales y/o materiales no solicitados. Las opiniones contenidas en los artículos firmados son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de los editores.

Por lo antes expresado, La Voz de Michoacán, a través de Voces del Bi-centenario, llega a todos Ustedes -en seis entregas mensuales- para no dejar pasar esta coyuntura histórica, expresando las voces de no pocos expertos en materia de historia, literatura, sociología, cine, fotografía y otras disciplinas del conocimiento, buscando acrecentar la conciencia histórica respecto de quiénes somos, cuál es nuestro pasado, para poder decidir con certeza hacia dónde queremos llegar

La Voz de Michoacán, Av. Periodismo José Tocavén Lavín 1270, Col. Agustín Arriaga Rivera, C.P. 58190 Morelia, Michoacán, México. Tels. (443) 322.56.00 Fax. (443) 322.56.11 Número 1/6 25 de Mayo de 2010

Los Editores Comentarios: rsreyna@hotmail.com

Hidalgo agricultor

Editado por

Alfredo Zalce Hidalgo agricultor Óleo/tela 166x206 cms. 1953, patrimonio de la UMSNH

De entre las muchas imágenes plásticas que se conocen sobre Miguel Hidalgo y Costilla destaca una de la autoría del pintor michoacano Alfredo Zalce, que forma parte del acervo artístico de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, y que se exhibe en la Sala de Rectores del Centro Cultural Universitario, a la que se le conoce como Hidalgo agricultor. Su singularidad, radica, en opinión del Dr. Juan Hernández Luna, en que Zalce fue el primer artista plástico que concibió a Hidalgo no con traje eclesiástico, sino como <<un Hidalgo agricultor, un Hidalgo artesano, un Hidalgo obrero…>> Al respecto escribió Ignacio Márquez Rodiles, que <<En su pintura, Zalce presenta un Hidalgo obrero. Su interpretación ofrece un rasgo original: el héroe está en camisa, despojado de su vestimenta sacerdotal, traje que, por otra parte, ha servido para caracterizar ideológicamente al personaje. Los puños cerrados dando impresión de energía, siguen la línea interpretativa del mismo Zalce […] La figura erguida y alta, la camisa abierta con descuido en el cuello, el pelo suelto en grandes mechas blancas, los ojos grandes y un tanto melancólicos, la boca carnosa y de gesto suave, el entrecejo y la nariz larga y fuerte, la cara angulosa y el mentón firme, constituyen un todo armónico en el cuadro…>>


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Vida y Cultura

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El Dr. Nicolás León Su legado histórico a CL años de su nacimiento Hiram Ballesteros Olivares Alejandro Mercado Villalobos

El Dr. Nicolás León, fragmento de mural, autor: Jerónimo Mateo, 2004-5, Museo de la Medicina, UMSNH

n diciembre del año pasado se cumplieron 150 años del nacimiento del doctor Nicolás León Calderón. A esta distancia, es menester recordar su prolija existencia, e invitar con ello a renovar y realizar nuevos estudios y enfoques acerca de su vida y su obra, misma que dejó huella en los diversos temas de investigación que abordó, que le valieron los títulos de médico, maestro, investigador, antropólogo físico, antropólogo social, arqueólogo, lingüista, bibliógrafo, botánico e historiador. Sobre el doctor León se ha escrito en realidad poco en función de su vasta trayectoria científica. En junio de 1937, Ezequiel Chávez publicó un ensayo en el que abordó, sobre todo, su vida como escritor –de más de 500 obras-. Años después (1972), el profesor Jesús Romero Flores hizo lo propio, aunque más bien repitió lo dicho por el Sr. Chávez. Por su parte, el doctor Enrique Arreguín Vélez hizo un recuento de la vida del médico (1979), además, en la Enciclopedia de México podemos encontrar algunos datos que nos acercan aún más a construir la interesante labor que el médico de Quiroga realizó a lo largo de su vida, complementado esto con los excelentes artículos publicados, en 1984, por Pablo Vázquez Gallardo y Germán Somolinos D´Ardois; el primero es un estudio biobibliográfico que rescata la extensa obra del médico; el segundo, una remembranza de su labor histórica en temas de medicina. En fecha reciente (2006), se publicó Reseña del Mural de Historia de la Medicina en Michoacán, que incluyó datos generales acerca de la vida del doctor León, y en diciembre de 2008, publicamos Nicolás León, médico e investigador social, artículo donde hemos incluido el estudio de varias etapas de la vida del médico, entre otras cosas, datos sobre su vida como estudiante, profesor en el Colegio de San Nicolás y la Academia de Niñas de Morelia, su encargo como director del Museo Michoacano y su labor como diputado local en la XXIII y XIV legislaturas, además de su labor en Oaxaca y la ciudad de México. Nicolás León Calderón nació en Quiroga, Michoacán, el 6 de diciembre de 1859, -justo en medio de la Guerra de Reforma-. Su infancia transcurrió en un entorno natural rodeado de montañas, lo que le llevó a observar un interés especial por su región y su gente. Aprendió las primeras letras en su pueblo natal y en Pátzcuaro, en donde se instruyó también en latinidad y francés, estudios que

le serían validados años después por el Colegio de San Nicolás. En Morelia continuó su preparación, primero como bachiller y luego como estudiante de medicina, carrera que terminó en 1883. En 1885, el joven Nicolás fue nombrado profesor suplente de la cátedra de patología interna en la Escuela de Medicina, y en 1887 de la clase de lengua latina en el Colegio de San Nicolás, también se desempeñó como profesor en la Academia de Niñas de Morelia, una institución modelo en el país por la intención del Estado de educar a la mujer, y vincularla además como directora de la enseñanza pública. La labor del médico como profesor fue breve y sencilla, empero, aquello le permitió acercarse al trabajo de enseñar lo aprendido a nuevas generaciones, algo que imprimió en él el cariño por la docencia, que mostraría años después al encauzar a sus estudiantes -en la capital del país- a la investigación científica encaminada al desarrollo del conocimiento acerca de las sociedades antiguas. En 1882, un grupo de nicolaítas encabezados por el licenciado Jacobo Pérez Gil, se esforzaron por organizar un museo de historia natural en Morelia; un año después, se instaló un museo de ese tipo en el Colegio de San Nicolás; en el proyecto figuró, desde 1883, Nicolás León. Aquel esfuerzo daría frutos. En 1886, el gobernador Mariano Jiménez dio su apoyo para crear el Museo Michoacano, un espacio que habría de convertirse en una institución de prestigio en la nación y el extranjero, y donde se realizarían diversas investigaciones científicas en historia y antropología social. El primer director del museo fue Nicolás León, quien hizo extensiva de inmediato una convocatoria a la sociedad michoacana, en la que se invitaba a formar las colecciones sobre historia natural, arqueología e historia patria. La respuesta no se hizo esperar, pues se obtuvo material de diversas partes del estado. De Uruapan, por ejemplo, se recibieron <<varios objetos curiosos de los antiguos tarascos>>, entre éstos un lienzo con algunas inscripciones, mientras que de Tinztuntzan se recogió <<una buena colección de ídolos, los antiquísimos maxilares de un cadáver indígena, y varios raros objetos encontrados en los sepultureros de pasadas generaciones>> (Gaceta Oficial, Morelia, 29 de julio de 1886).

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Independencia

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Miguel Hidalgo

Ejemplo educativo para la juventud Ricardo León Alanís

ocos michoacanos sabemos hoy en día que, el 14 de marzo de 1765, se llevó a cabo un acto conmemorativo para recordar, en aquel entonces, los doscientos años del fallecimiento del ilustre primer obispo de Michoacán, don Vasco de Quiroga. Aquel acto se celebró en el recinto del entonces denominado Real y Primitivo Colegio de San Nicolás Obispo, de la antigua ciudad de Valladolid de Michoacán (hoy Morelia), y estuvo presidido por el entonces rector del colegio, licenciado Juan Joseph Moreno, quien por esos años había iniciado una ardua labor de investigación histórica, consultando y transcribiendo textualmente varios documentos antiguos resguardados, desde el siglo XVI, en el archivo de la Catedral vallisoletana. Esos documentos eran nada menos que los testimonios originales que daban fe, certeza y veracidad histórica sobre la vida y obra del primer obispo de Michoacán, don Vasco de Quiroga. Con ellos, el rector Moreno compuso brillantemente una valiosa biografía a la que puso por título: Fragmentos de la Vida y Virtudes de Don Vasco de Quiroga, Primer Obispo de Michoacán y fundador del Real y Primitivo Colegio de San Nicolás Obispo. Todo parece indicar, pues, que algunos de esos fragmentos biográficos, todavía manuscritos en papel, de puño y letra del entonces rector del Colegio de San Nicolás, fueron los mismos que se leyeron en aquel acto luctuoso celebrado en el Colegio de San Nicolás de Valladolid en marzo del año 1765. Pocos meses después, para ser exactos: el 9 de octubre de ese mismo año, llegó a la ciudad de Valladolid un inquieto y joven estudiante -diríamos más bien, que casi un niño, pues apenas en el mes de mayo de 1765 acababa de cumplir doce años de edad- que ya para entonces había aprendido a leer y escribir bajo la tutela de su propio padre en la hacienda de Corralejo. Por supuesto que me refiero al ilustre Miguel Hidalgo y Costilla, quien ese día quedó debida-

mente matriculado en el Colegio de San Nicolás Obispo, luego de que el Cabildo eclesiástico de Valladolid autorizara la solicitud presentada por su padre y se pagaran las colegiaturas correspondientes, en presencia del propio rector nicolaita; es decir, del ya mencionado licenciado Juan Joseph Moreno. Quizás en aquel momento, el hecho no llamó demasiado la atención del entonces rector del Colegio de San Nicolás, pero seguramente lo recordaría cuatro décadas y media después, cuando el 26 de noviembre de 1810 vio a su antiguo discípulo —convertido ya para entonces en el ilustre bachiller en teología, Miguel Hidalgo y Costilla—, entrar al frente del ejército insurgente en la ciudad de Guadalajara, donde el ya para entonces doctor en teología, Juan Joseph Moreno, se destacaba igualmente como uno de los miembros más prominentes de la Real Universidad y el Cabildo catedralicio de aquella ciudad. Pero volvamos, nuevamente, a los últimos meses de 1765 y principios de 1766, cuando ambos personajes apenas se acababan de conocer en el Colegio de San Nicolás. Producto de la efervescencia colectiva que había despertado en el ámbito académico e intelectual de Valladolid -y podemos decir que en toda la diócesis de Michoacán- aquella solemne conmemoración en la que se había honrado la memoria de don Vasco de Quiroga, en el bicentenario de su fallecimiento; y donde el rector Juan Joseph Moreno había leído algunos fragmentos manuscritos de su obra dedicada al primer obispo de Michoacán; misma que ya para mediados de 1766 había quedado totalmente concluida y se hallaba dispuesta, además, para su edición en la imprenta real del colegio jesuita de San Ildefonso de México. A solicitud del autor, el canónigo Ricardo Gutiérrez Coronel redactó una elogiosa dedicatoria de la obra dirigida al muy ilustre Deán y Cabildo de la Catedral de Valladolid, e hizo saber al resto de los canónigos que dicha obra ya se trataba de imprimir en la ciudad de México, a costa de los propios colegiales de San Nicolás, que habían contribuido en buena cantidad con los gastos necesarios para la impresión. Los


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canónigos vallisoletanos agradecieron el noble gesto que había tenido el rector de San Nicolás al dedicarles la obra, e hicieron saber que, en caso necesario, también contribuirían con los gastos necesarios para la impresión. Así, pues, gracias a los pesos y reales que pusieron de su propio bolsillo todos los colegiales de San Nicolás -entre los que ya se hallaba, por supuesto, Miguel Hidalgo y Costilla- la obra Fragmentos de la Vida y Virtudes de Don Vasco de Quiroga, Primer Obispo de Michoacán y fundador del Real y Primitivo Colegio de San Nicolás…, escrita por el rector Juan Joseph Moreno, apareció publicada en el año de 1766 y muy pronto impactó no solamente en el ámbito cultural del obispado de Michoacán, sino de toda la Nueva España, al grado de que esta valiosa obra ha sido considerada ya como uno de los ensayos histórico-biográficos más notables que hayan sido impresos durante la época virreinal. Sin duda, podemos decir entonces que uno de los primeros libros que conoció y leyó el joven Miguel Hidalgo y Costilla, cuando estudiaba en el Colegio de San Nicolás y se preparaba para la carrera sacerdotal, fue esta biografía dedicada a honrar la memoria del primer obispo de Michoacán, don Vasco de Quiroga. Así, supo que Don Vasco había nacido en la Villa de Madrigal (hoy llamada Madrigal de las Altas Torres, en Ávila, España), hacia el año de 1470, y que durante su niñez había recibido una educación virtuosa: <<porque

-como dice el rector Moreno- no vemos regularmente ejercitar en la edad madura, virtudes que no se aprendieron y practicaron en aquella edad, cuyas profundas impresiones extienden sus consecuencias por todo el resto de nuestra vida>>. Leyendo a Moreno, Hidalgo también se enteró que Vasco de Quiroga había estudiado la carrera de jurisprudencia y se había graduado como abogado, probablemente en la Universidad de Valladolid, España. También se enteró que don Vasco de Quiroga fue enviado al Nuevo Mundo hacia el año de 1531, como oidor de la Segunda Audiencia de México, para tratar de remediar

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Independencia Nacional los graves daños que había ocasionado en la Nueva España el pésimo gobierno encabezado por el tristemente célebre conquistador español, Nuño de Guzmán. Así, pues —leyendo a Moreno—, Hidalgo supo que para remediar la triste realidad de los indígenas, sometidos a la esclavitud y explotados en muchos casos por la insaciable codicia de algunos conquistadores españoles, don Vasco se había ofrecido personalmente a solucionar tan penosa situación; y que a costa de su propio salario y esfuerzo, había fundado hacia 1532 el primer hospital-pueblo de Santa Fe de los Altos, en las afueras de la ciudad de México; y que en 1533, durante su visita como oidor a la Provincia de Michoacán, don Vasco había fundado también el segundo hospital-pueblo de Santa Fe de la Laguna, a orillas del hermoso Lago de Pátzcuaro. Por supuesto, Hidalgo supo entonces que el Colegio de San Nicolás, en el que él mismo estudiaba en Valladolid, había sido fundado originalmente por don Vasco de Quiroga, en la antigua sede episcopal de Pátzcuaro, llamada entonces Ciudad de Michoacán. Finalmente, Hidalgo también supo -gracias a aquella obra escrita por el rector Juan Joseph Moreno-, que el primer obispo de Michoacán, don Vasco de Quiroga, había fallecido el 14 de marzo de 1565, pero que aún en vida y luego de doscientos años de que había ocurrido su muerte, los naturales de Michoacán le habían profesado siempre una gran veneración, pues el recuerdo de Don Vasco seguía transmitiéndose de generación en generación, por padres que: <<conduciendo de la mano a los más pe-

queños de sus hijos, los llevan ante el hermoso retrato (de Don Vasco) que está en la capilla (de Santa Fe de la Laguna) y se los muestran, diciéndoles que es de su padre (o Tata Vasco), haciéndoles una muy menuda descripción de todas sus virtudes, demostrando así el gran amor y agradecimiento perpetuo, que durante siglos le han profesado por haber sido su protector y benefactor>>. Sin duda, podemos decir entonces, con toda seguridad, que desde muy temprana edad, cuando Hidalgo conoció y leyó esa bio-

grafía dedicada a exaltar la vida y virtudes de don Vasco de Quiroga, compartió e hizo suyos muchos de los ejemplos, ideales, anhelos y virtudes que conoció acerca de la vida de Don Vasco. Quizá, desde entonces, Hidalgo también adquirió el compromiso moral -como lo había hecho el primer obispo de Michoacán-, de tratar de contribuir personalmente, para remediar con justicia las necesidades de los más pobres y desamparados. Años más tarde, cuando el bachiller Miguel Hidalgo ya había concluido sus estudios filosóficos y teológicos en el Colegio de San Nicolás y se había ordenado como clérigo, inició una brillante carrera como catedrático en el propio Colegio de San Nicolás. Allí, no sólo se ocupó de enseñar el latín, la filosofía y la teología escolástica y moral a todos sus discípulos y colegiales, sino también -como buen maestro-, Hidalgo seguramente se ocupó de inculcar otros valores humanos entre sus jóvenes alumnos. Prueba de ello, es una carta manuscrita de puño y letra, redactada por el propio Miguel Hidalgo y Costilla, a principios del año de 1790, justo cuando acaba de ser nombrado rector del Colegio de San Nicolás, casi veinticinco años después de que ingresara como discípulo en él, y de que conociera y leyera aquella famosa biografía de don Vasco de Quiroga, escrita por el rector Juan Joseph Moreno y publicada en 1766, gracias a la contribución económica que hicieran todos los colegiales y catedráticos del Colegio de San Nicolás. En esa carta, el ya para entonces sabio y experimentado rector nicolaita, Miguel Hidalgo y Costilla, escribió textualmente las siguientes palabras: <<Que

deseando se arregle en cuanto sea posible (este) dicho colegio, en su gobierno y dirección, a las sabias y prudentes disposiciones de su ilustre y venerable fundador, el señor don Vasco de Quiroga -de gloriosa memoria- [...] se me dé un testimonio (o copia) de las cláusulas que se hallaren en el testamento de dicho venerable e ilustrísimo señor obispo, que conciernan a este colegio [...] (para que) pueda yo copiar todo lo que se juzgue necesario, en un libro que para el intento tengo formado>>.

Como ya hemos señalado anteriormente, en noviembre de 1810, cuando Miguel Hidalgo entró al frente del ejército insurgente, en la ciudad de Guadalajara, se reencontró allí con su antiguo rector en el Colegio de San Nicolás, el ya para entonces arcediano de la catedral en aquella ciudad, Juan Joseph Moreno. En realidad, no sabemos hasta qué punto hubo un encuentro cercano, o mejor dicho, un diálogo directo -entre Miguel Hidalgo y Juan Joseph Moreno-, en aquellos gloriosos días de noviembre de 1810. Sin embargo, consta que el Cabildo eclesiástico de Guadalajara le dio una bienvenida, más o menos formal, al jefe del ejército insurgente, mandando repicar las campanas de la Catedral y celebrando de manera solemne un Te Deum. Asimismo, consta también que, en enero de 1811, cuando Hidalgo se aprestaba ya para afrontar la desastrosa batalla de Puente de Calderón, hizo saber a los distinguidos miembros y doctores de la Real Universidad de Guadalajara que: <<creía estar instruido de que no faltaban a la Real Universidad y su claustro (algunos fondos) con que subvenir a las actuales urgencias >> del ejército insurgente. Al menos, éstos son indicios claros de que el rector Juan Joseph Moreno había intercedido en favor de Miguel Hidalgo -ante el resto de los canónigos de la Catedral y el claustro pleno de doctores de la Real Universidad de Guadalajara- quizá porque de alguna manera veía, pues, las causas justas de la insurgencia. Sin duda, podemos decir entonces que ambos nicolaitas habían aprendido en su juventud algunas enseñanzas sobre el verdadero sentido de la justicia, gracias al ejemplo que habían conocido a través de la vida y obra de don Vasco de Quiroga. Hoy, a doscientos años del inicio de la lucha por la independencia de México, en medio también de los festejos conmemorativos por este bicentenario, todos los michoacanos -y muy especialmente los jóvenes nicolaitas- debemos pensar entonces que: tal vez, siguiendo el ejemplo educativo que nos enseñaron en su tiempo don Vasco de Quiroga, Juan Joseph Moreno y Miguel Hidalgo y Costilla, podamos contribuir también para que los verdaderos anhelos de construir una sociedad más justa y democrática, en el México del siglo XXI, puedan ser realidad el día de mañana

Ricardo León Alanís Historiador nicolaita, doctorado por la Universidad de Valencia, España. Profesor Investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UMSNH.


Resena de Libros

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Nostalgia de lo más presente Otra lectura sobre Concha Urquiza Rafael Calderón

e ha publicado un nuevo libro dedicado a la vida y la obra de la poeta moreliana Concha Urquiza y a propósito de dicho acontecimiento, es que considero vale la pena recordar que es una de las mujeres más interesantes de las letras mexicanas, la única que alcanza un lugar durante la primera mitad del siglo XX de excepción. Sería interesante leer nuevamente su obra, valorar su originalidad, considerando que es propicia la ocasión para que se conozca a plenitud su lírica. Volver la mirada al trabajo canónico que realizó Gabriel Méndez Plancarte en 1946; asimismo, recordar la valiosa edición que le consagró a su poesía José Vicente Anaya desde los años ochenta y que ha llegado a estos tiempos como ejemplo de la movilidad poética; pero, llegar también, a la lectura de los poemas juveniles e inéditos que ha desempolvado Margarita León Vega en años más recientes; todo eso es muy interesante si llegara a figurar en una sola edición y conjuntamente para su poesía luciría con originalidad. Ya que la obra de Concha Urquiza ha estado en constante revisión por distintos estudiosos, desde diferentes perspectivas y en diferentes épocas y años. Quizá por esto resulta interesante reconocer de entrada el alcance que tendrá De contrarios principios engendrada. Poesía y prosa de Concha Urquiza, ya que aporta luces sobre aspectos de su vida menos conocida de la poeta y agrega el ingrediente de una lectura diferente; el libro en cuestión es de la autoría de Margarita León Vega que continúa la difusión de la obra de Urquiza, ya que es una edición pulcra que vio la luz por la UNAM, a través de Difusión Cultural, en la Serie: El Estudio, de la Dirección de Literatura. Asimismo, figura como coeditor el gobierno de Michoacán, a través de su Secretaría de Cultura. Será una obra que causará revuelo entre los estudiosos y particularmente para los lectores de su poesía, ya que existen aquellos que la siguen de cerca y reconocen su presencia entre las novedades de la poesía michoacana. Margarita León Vega, autora

De contrarios principios engendrada. Poesía y Prosa de Concha Urquiza Margarita León Vega Difusión Cultural - UNAM Secretaría de Cultura de Michoacán 2009

de este libro, es investigadora del Centro de Poética del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Además de profesora, es también ensayista y poeta, y ha dedicado varios años al estudio de la obra de Concha Urquiza. Sus trabajos han sido publicados en revistas especializadas y de divulgación dentro y fuera de México. Pero, sin duda, De contrarios principios engendrada es la consagración de un trabajo organizado con una estructura de indagación definida por sus observaciones y juicios, una aportación definitiva para quien se acerque a la obra de la poeta moreliana y muestra su rigor de estudio y análisis con pasión; determinar un itinerario con la lectura sobre la poeta que, como bien se sabe, provoca adhesión o rechazo; a la vez que se destaca una pasión con el idioma al ir descubriendo y analizando su personalidad y para determinar el lugar tan singular que ocupa en la poesía mexicana. Sobre todo si se observa desde el estudio minucioso de un soneto, como sucede con << A Jesús llamado el Cristo>> que seguramente se encuentra muy novedoso para la poesía mexicana y que Concha escribe por la finura de su personalidad, o en general, sucede con aquellos que están ubicados hacia la madurez de su vida: entre los años 1937 y 1945: la recta final de la vida. Margarita León Vega inicia descubriendo la presencia de la poeta desde los poemas juveniles, aquellos que están en su mayoría inéditos, aborda, los que se integran la antología cumbre de su obra

que lleva por título Obras. Poemas y prosas preparada por el zamorano, también poeta, ensayista, investigador, dueño de un rigor filológico muy interesante, Gabriel Méndez Plancarte; y realizar así ese recorrido hasta llegar a la etapa de madurez y que mejor se puede apreciar. Son particularmente los poemas -insisto- que van de 1937 hasta el año de su muerte y extender la lectura y el análisis al que se considera como el último que escribió: “Nox”, dos poemas que son los que dejan ver su madurez plena, definitiva, para ser parte definitoria en la poesía mexicana y religiosa del siglo XX. La lectura De contrarios principios engendrada. Poesía y prosa de Concha Urquiza nos recuerda que Concha en algún momento de sus inicios leyó y deja ver cierta influencia del poeta zacatecano Ramón López Velarde. Aunque lo que más hay que insistir es en que haya sido comparada más de una vez con Sor Juana Inés de la Cruz. Porque de entrada, similitudes entre estas dos mujeres de letras existen y son varias y diferencias abismales que también existen; pero lo cierto es que son poetas de diferente tiempo y época, reunidas bajo un mismo país y de la tradición lírica mexicana; un elemento muy interesante en las letras mexicanas. Y, en definitiva, Margarita León “nos muestra los mecanismos de una retórica que a través de la imitación, la parodia o el travestimiento de un modelo, lo transforma en un texto original. Examen minucioso de la poesía y la prosa de Concha Urquiza y del contexto cultural en que se vio inmersa”. Está consagrado a la vida y la obra de una poeta muy interesante, muy particular en su originalidad; sus poemas tan diferentes, partiendo de entre los ciclos señalados por sus estudiosos y que deja bien determinados León Vega al respecto y con una precisión filológica que ya es, creo, definitiva en la obra de Concha; particularmente definido con acierto en su estructura por Margarita León y de quien ha dejado ver esa huella de la poesía religiosa de México. Al ver publicado este estudio de su vida y su obra, de su tiempo y los diferentes modelos de la tradición literaria imperante en el país en los años


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Resena de Libros

Concha Urquiza, bronce en la calzada de los Michoacanos Ilustres, en Morelia

que ella se encuentra escribiendo su obra, revela la configuración de una búsqueda lírica intensa que se define en un tiempo breve, casi tres décadas de escritura, y esto recordando que sus primeros poemas son textos de una niña. Ya que los primeros poemas que registra en esta obra su estudiosa habla de que escasamente tiene once años cuando publica sus poemas y que contiene la fuerte presencia del modernismo y el rasgo del romanticismo, que señala como expresión en su obra hasta llegar a una plenitud con los que tienen la huella de lo religioso y la aspiración mística. Pero conforme avanza en su búsqueda e indagaciones poéticas, se hace visible la presencia de los místicos españoles del Siglo de Oro, muy patente está fray Luis de León y sus diferentes traducciones e interpretaciones literarias y religiosas y de traducción; así como su poeta máximo, san Juan de la Cruz. La presencia de Los Contemporáneos y de los Estridentistas son la huella generacional con los que se encuentra Concha al momento de estar publicando y realizando su formación intelectual. Concha Urquiza tiene afinidad de estilo y búsqueda de expresión lírica muy cercana a éstos, aunque con sus propias interrogantes de distanciamiento o mantiene una amistad literaria muy interesante y polémica con algunos Estridentistas, y en particular con Arqueles Vela. Resulta no sólo un punto de partida para situar el lugar que le corresponde a Concha Urquiza, también para comprender ciertos elementos que son de vital importancia en sus versos. Creo que es la única poeta que tiene ese lugar. Además de recordar que su amistad con otros

intelectuales católicos, como los fundadores de la revista Ábside como resultado de su búsqueda de un estilo y del encuentro con la tradición de la poesía española y que la lleva a figurar en esa dirección con la forma más importante de la poesía en nuestro idioma: el soneto. Ninguna como ella y si algunos de sus poemas por tener presente esta naturaleza de la escritura, alcanza un lugar de inconfundible belleza de la tradición que se nutre de los clásicos españoles, de los latinos; particularmente una obra significativa en sus lecturas: La Biblia. Todo esto lo precisa e indaga con pulcritud y precisión Margarita León, como itinerario de un recorrido que inicia en alguna parte de la ciudad de Morelia, pero que termina con el soneto dividido en dos partes: << Nox >> y que escribe Concha poco antes de ahogarse accidentalmente en el mar de Ensenada, Baja California, el 20 de junio de 1945, cuando ella tiene escasamente 35 años. Sin embargo, deja en su haber un poco más de cien poemas -inéditos en su gran mayoría- salvo algunos cuantos que había publicado desde muy temprana edad, a los once años, cuando ya figura con poemas en Revista de Yucatán y un año después en Revista de revistas. Pero con su muerte se cierra una búsqueda intensa y apasionada con la escritura de poemas que van del soneto, la lira, la égloga, romances y canciones, hasta aquellos que son de un erotismo digno de situarse entre las joyas de la literatura religiosa, como su fuente de identidad poética El Cantar de los Cantares y que vale por mucho de un excelente poema: <<Cinco sonetos en torno a un tema erótico>> escrito en San Luis potosí, el 7 de junio de 1943, todo esto se encuentra muy bien

documentado y perfectamente analizado por Margarita León Vega en este libro que tiene por título un verso de la propia Urquiza. Ya para terminar, es preciso recordar que para este año es el centenario del nacimiento de Concha Urquiza, y su poesía y su prosa tienen algo más que un lugar en la poesía mexicana. Pero, sin duda, el ejemplo que tiene que ver con los estudios e investigaciones que se le han consagrado, se encuentra presente de manera inmediata Margarita León Vega con la edición De contrarios principios engendrada, como aporté de un estudio serio y excelentemente bien documentado, preciso e interesante, un texto original. Esto se puede constatar desde la metodología empleada; los resultados que aporta sobre aspectos de la obra de Concha Urquiza; seguramente será el primero de varios que se publicarán como homenaje a la poeta moreliana. Lo que sí es que éste es el primero que se le consagra y que le rinde un merecidísimo homenaje con motivo de los primeros cien años de su natalicio, ya que su alumbramiento sucedió en la Calzada fray Antonio de San Miguel, de la ciudad de Morelia, el 24 de diciembre de 1910. Y cerrar recordando que “por humana, por profundamente espiritual, la obra de Concha Urquiza merece un lugar -escribe en la Introducción Margarita León Vegadistinguido dentro de las letras mexicanas; pero, sobre todo, necesita lectores amorosos y atentos que se dejen imbuir por la belleza de la experiencia inefable que trashuman sus versos, sus prosas cargadas de dudas y de sombras, pero también de amor y de luz, de esperanza”

Rafael Calderón Escritor, poeta y critico de literatura.


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Documentos

Morelia, Michoacán, 25 de Mayo de 2010

Primera proclama de Independencia Redactada en octubre de 1810*

Fragmento del mural ”Retablo de la Independencia” de Juan O’Gorman 1960-61, Castillo de Chapultepec

mados compatriotas religiosos, hijos de esta América: El sonoro clarín de la libertad política ha sonado en nuestros oídos. No lo confundáis con el ruido que hizo el de la libertad moral que pretendían haber escuchado los inicuos franceses, creyendo que podrían hacer todo aquello que se opone a Dios y al prójimo, y dar larga rienda a sus apetitos y pasiones, debiendo quedarse impunes aún después de haber cometido los mayores crímenes. Lejos de vosotros semejante pensamiento en todo opuesto a la santísima ley de Jesucristo que profesamos; por lo mismo, detestable y aborrecible hasta lo sumo. La libertad política de que os hablamos, es aquella que consiste en que cada individuo sea el único dueño del trabajo de sus manos y el que deba lograr lo que lícitamente adquiera para asistir a las necesidades temporales de su casa y familia; la misma que hace que sus bienes estén seguros de las rapaces manos de los déspotas que hasta ahora os han oprimido, esquilmándoos hasta la misma substancia con gravámenes, usuras y gabelas continuadas. La misma que ordena el que circule en vuestras manos la sangre que anima y vivifica las riquísimas venas del vasto cuerpo del Continente Americano; es decir, ésas de mil afanes y con peligro de vuestras vidas preciosas, estáis sacando hace tres siglos para saciar la codicia de vuestros opresores, y esto sin poderlo conseguir. Aquello, pues, que dispone el que con gran gusto y desahogo cultivéis aquella ciencia que es el alma del mundo político mercantil y el muelle o resorte que pone en movimiento la gran máquina de nuestro globo, cual es la agricultura, sin el penoso afán de pagar las insoportables rentas que de mucho favor se os han exigido. Porque, decid, ¿Habéis hasta ahora disfrutado por una sola vez los placeres del campo sin la zozobra de esperar al que viene a cobraros las rentas de las tierras que trabajáis? ¿Habéis tomado el gusto al sabroso licor que exprimís de las mamilas de vuestras vacas, sin el azar de que el comerciante ultramarino que os fió cuatro andrajos podrá venir a echaros un embargo sobre esas mismas reses que a costa de sudores habéis criado y cuidado a fuerza de desvelos continuados? ¿No es verdad que muchos de vosotros ignoráis lo dulce que es al paladar la miel que fabrican las abejas? Los gusanos de seda, ni los conocéis; tampoco habéis trabajado en los plantíos de las arboledas tan útiles a los grandes poblados por la leña que producen con abundancia y suministración cuantiosa de sus maderas. Los emparrados, los olivos, las moreras, cuya utilidad de un sinnúmero de fábricas que podrían aliviar vuestra vida afanada, ni sabéis cuáles son ni cuántas son de las que podíais lograr para desterrar el ocio y la holgazanería en que os ha-


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lláis sumergidos. La educación, las virtudes morales de que sois susceptibles, el cultivo de vuestros despojados talentos para ser útiles a vosotros mismos y vuestros semejantes aún se hallan en el caos de la posibilidad. Reflexionar un poco sobre esto y hallaréis el gran bien que os prepara, si con vuestras manos los unos y con vuestras oraciones los otros, acudías a ayudarnos a continuar y conseguir la grande empresa de poner a los gachupines en su madre patria, porque ellos son los que con su codicia, avaricia y tiranía se oponen a vuestra felicidad temporal y espiritual. Porque ¿cómo podrán obrar bien para con Dios y con ellos un sirviente mal pagado, un criado desatendido ni un artesano que a pesar de haber apurado sus tales [sic] para satisfacerles un desenfrena-

do lujo, se ve mal correspondido? El doblez de sus tratos y ventajosos proyectos de todo género, ha hecho que el engaño, el dolor y la mentira anden en la boca de todos y que la verdad casi casi haya desaparecido de nuestro suelo. No penséis por esto que nuestra intención es matarlos; no, porque esto se opone diametralmente a la Ley Santa que profesamos. Ella nos prohíbe y la humanidad se estremecería de un proyecto tan horroroso, al ver que unos cristianos, cuales somos nosotros, quisiésemos manchar nuestras manos con la sangre humana. A ellos les toca, según el plan de nuestra empresa, no resistir a una cosa en que no se les hace más agravio que restituirlos a su suelo patrio y nosotros defendernos con nuestras armas en caso de forzosa defensa.

Arriba: Fragmento del mural realizado por Juan Fco. Álvarez, 2008, Patrimonio de la UMSNH

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Documentos

Aliento, pues, criollos honrados. Aliento. La empresa ya está comenzada; continuémosla, confiando en que el brazo poderoso de nuestro Dios y Señor nos ayudará como hasta ahora, y no dudemos un momento del buen éxito. No déis oídos a las horrísonas voces de los que han pretendido espantaros y armaros contra nosotros, diciendo que venimos destruyendo nuestra sagrada religión católica, ¿No véis que en el primer pueblo que conquistamos nos hubieran despedazado y consumido? Es una falsedad sacrílega; preguntad a Zelaya, San Miguel, Irapuato, etcétera, donde nos han recibido de paz; e interrogad a Guanajuato, que es la única ciudad donde encontramos resistencia y donde operamos no con todos los rigores de la guerra que nos presentaron, ¿qué imágenes destruimos y qué culto alteramos? Los templos han sido venerados, las vírgenes respetadas, los gobiernos reformados, no causando más novedad que la extracción de los europeos. A éstos sí que los podíamos acusar de impíos e irreligiosos. Dígalo México, Puebla y Valladolid, y aun el mismo Guanajuato, donde el lujo y la moda a lo francés arrancó de las paredes de sus salas (y lo mismo hubieran hecho en los templos si hubieran podido), las sagradas imágenes de Dios, de María Santísima y sus santos, colocando en su lugar por moda de buen gusto estatuas obscenas, para tener la inicua complacencia de ver, en su lugar de modelos piadosos, incitativos de la lascivia, impureza. Obsérvese en qué traje se presentaban, ya en los templos de los divinos oficios, ya enrizados, ya pelones con pechos postizos los afeminados silbando en lugar de rezar, cortejando a las prostitutas aun en la presencia real de nuestro Dios, con escándalo de los pobrecitos en quien se encuentra la verdadera piedad y religión. El vilipendio y desprecio a los sacerdotes, ¿quién lo ha practicado si no ellos? La vindicación de su conducta con deshonor de su estado eclesiástico, el despotismo que sobre esto ejercían y ejercen, es tan notorio que ya no lo duda ni el más estúpido. También nos dirían que somos traidores al rey y a la patria; pero vivid seguros de que Fernando séptimo ocupa el mejor lugar en nuestros corazones y que daremos pruebas de lo contrario convenciéndoles a ellos de intrigantes y traidores. Por conservarle a nuestro rey es-

El grito de Dolores en una pieza de arte popular mexicano (detalle), museo Casa de Hidalgo, Dolores, Gto.

tos preciosos dominios y el que por ellos fueran entregados a una nación abominable, hemos levantado la bandera de la salvación de la patria poniendo en ella a nuestra universal patrona, la siempre Virgen María de Guadalupe. Ella nos ha de sostener y ayudar en este gran proyecto, dará esfuerzo a los débiles, esperanza a los tímidos y valor a los pusilánimes; disipará de las cabezas de muchos los angustiados pensamientos que le atormentan el alma, considerando la arduidad de la empresa, y facilitará su ejecución. ¡Buen ánimo, criollos cristianísimos! Alentaos con saber que el Dios de los ejércitos nos protege. Nuestro ánimo no es derramar, si es posible, una gota de sangre de nuestros hermanos, ni aun de los que por ahora consideramos por nuestros enemigos políticos. Unámonos a sostener una causa a nuestro parecer justa y santa, como lo es mantener ilesa nuestra santa religión, la obediencia a nuestro romano pontífice y a nuestro rey y señor natural, a quien hemos jurado obedecer, respetar su nombre y leyes, cuidar de sus intereses [y] perseguir a cuantos se opongan a ello. Aquél que os dijere que somos emisarios de Napoleón, temed mucho el que sea verdad los contrario, esto es, que él, ese mismo que lo llegue a decir, lo sea en realidad y mucho más si es europeo [resulta más factible], porque nosotros los criollos jamás hemos faltado ni somos capaces de tener conexión con ese tirano emperador. ¡Viva la religión católica! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la patria! y ¡Viva y reine por siempre en este Continente Americano nuestra sagrada patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Muera el mal gobierno! Esto es lo que oiréis decir de nuestra boca y lo que vosotros deberéis repetir. [Miguel Hidalgo]

*Tomada de: Ernesto Lemoine (Estudio histórico y selección). Documentos para la Historia del México Independiente. Insurgencia y República Federal. México, Banco Internacional, 1986; publicado como: Primera proclama formal de Hidalgo en la que se vierten algunos de sus postulados ideológico-políticos formulados en el memorable Grito de Independencia. (<<Facsímile tomado de: Una copia manuscrita, original de la época, sin fecha ni rúbrica, que obra en el Archivo General de la Nación, ramo Operaciones de Guerra, t. 936, f. 158-159>>)


Revolucion

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El General. Tres Lecturas Al filme de Natalia Almada (México-USA, 2009) 

Morelia, Michoacán, 25 de Mayo de 2010

Fernando Ayala López Juan Manuel Mendoza Arroyo Leticia Bobadilla González

Desde la Forma l documental El General de Natalia Almada, se presenta por sí mismo aportativo, es especial por la forma en que nos cuenta una historia que todos conocemos. Al rescatar la memoria de la hija de uno de los protagonistas más importantes de la historia política reciente en nuestro país, la autora nos acerca a una interpretación, aunque poco argumentada, diametralmente opuesta con respecto a los postulados de la historia oficial. En este trabajo está presente la problemática de confrontar en un mismo escenario dos actores tan relacionados entre sí que en ocasiones se confunden uno con el otro. Memoria e historia son puestas a dialogar en este documental, de esta forma la directora transforma, quizás de forma intencional o quizás no, a la historia en trama, y la trama atrapa al espectador especializado o no, interesado o no, en la historia de un personaje como el Gral. Plutarco Elías Calles.

años veinte y de la primera mitad de los años treinta se contrasta con la realidad de un 2006 enmarcado por el conflicto poselectoral y el descontento social, pero también da cuenta de una sociedad en donde, sin embargo, priva la fe, la esperanza y la tradición. Una fe y una esperanza que recae no en la política o los políticos sino en símbolos de corte mesiánico o religioso, y en algunas instituciones arraigadas en la cultura popular desde hace siglos. La Ciudad de México, dentro del desarrollo de todo este relato, se asume como un personaje más que atenúa la historia principal. Se muestran, en una gala de estética, las calles del centro histórico, del barrio de Tepito, los pasillos de la central de abastos, etc., siempre atestadas de personas. Tan llenas de gente como las imágenes de la toma de posesión del General Calles en medio de una gran multitud en 1924. La autora hace un uso del material hemerográfico y de archivos visuales que a diferencia de otros documentales de corte histórico no ponen en jaque la preeminencia de una construcción artística perfectamente bien lograda como la que se nos presenta en este trabajo.

Me parece que en este ensayo documental tan personal se intenta reconstruir la historia familiar de personajes que en algún momento están o han sido idealizados desde enfoques tan opuestos como lo son el científico y el sentido común que emana de vínculos afectivos tan estrechos como la relación padre-hija, para tratar de explicar un aspecto de nuestro presente.

Finalmente, me parece que la partitura original de John Zorn, Marc Ribot y Shazahd Ismaily, se mezcla con las imágenes de una manera armónica para hacer énfasis, contrastar o resaltar momentos dentro del filme, lo cual como espectador se agradece al brindarle al trabajo el dinamismo del que, insisto, otros documentales de este estilo carecen.

A pesar de que el documental gira en torno de la figura de Calles descrito en voz de su hija Alicia Calles, en El general, asistimos a una representación audio-visual, a través de la mirada de Natalia Almada, de varios actores y de varias historias que durante el desarrollo mismo del documental en algún momento parecen inconexos, el México de los

El documental El general de Natalia Almada, nos deja a nosotros como historiadores, como científicos sociales, una enseñanza acerca de la relación relato histórico/fuentes del relato/construcción del relato, nos demuestra que lo estéticamente bello no está confrontado, necesariamente, con la construcción del relato histórico.


Morelia, Michoacán, 25 de Mayo de 2010

los espera y no por ello quienes conforman este país renunciarían a las tradiciones que nos definen como nación heterogénea.

si estas aspiraciones forman parte del Estado-Nación que se asume aún como heredero de la revolución.

Desde el Contenido Michael de Certeau en su libro La inversión de lo cotidiano. Las artes del hacer, nos dice que todo lenguaje se construye en ámbitos de interacción especializados ; así, los médicos, los historiadores o los cineastas dan forma a códigos de comunicación que les son propios. La apropiación de los mismos por el resto de la población se hace de manera insospechada y en ocasiones con sentidos distintos a la intención comunicativa de sus creadores. En lo particular, espero que mis comentarios no entren en este último caso, aunque el riesgo es latente, pues el trabajo de Natalia Almada representa una mirada personal hacia el expresidente Plutarco Elías Calles, hacia México y hacia los mexicanos, y por tanto es susceptible de múltiples lecturas. El documental se cuenta a dos voces . Por un lado, Alicia Calles, la hija del general, sufre el exilio de su padre y las campañas de desprestigio emprendidas desde la presidencia de Lázaro Cárdenas. Ello marca su memoria y la intención de escribir una biografía que reivindique a su padre ante la historia, ante la descendencia familiar y ante los círculos sociales que ésta frecuenta. Natalia Almada, integrante de una generación distinta, usa las grabaciones de su abuela como un referente que en ocasiones hace contraste y en otras se sobrepone con la historia que ella quiere contar desde su presente, desde los problemas actuales marcados por la sucesión presidencial, desde las sospechas de elecciones fraudulentas; desde la crisis de legitimidad y la descomposición política que, sin duda, abre paralelismos en la historia. Los anhelos que los caudillos revolucionarios plasmaron en sus discursos siempre hicieron referencia a la forja de una nación que pudiera estar acorde con los principios de igualdad, justicia y democracia. Aunque la distancia entre los discursos y las acciones suele ser muy amplia, Natalia se cuestiona sobre si los gobiernos pos-revolucionarios de los que formó parte su bisabuelo las intentaron llevar a cabo. También se pregunta

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Revolucion Mexicana

¿En dónde buscar respuestas? Natalia decide hacerlo entre mercaderes, vendedores ambulantes y personas que trabajan en oficios con larga tradición como son el de cilindrero, fotógrafo, taxista, vendedores de lotería etc. La elección no parece arbitraria sino deliberada toda vez que es en los mercados donde los estratos populares y marginales confrontan su poder de compra y constatan diariamente los beneficios de una revolución lejana en el tiempo; de una revolución que si bien no parece haber dejado huella en sus bolsillos, que sí se presenta como cercana en la medida en que dio lugar a un sistema político inalcanzable y poco confiable para estos sectores. Si los logros sociales del movimiento armado de 1910 no alcanzaron a estos grupos mayoritarios, si el paso de una Revolución social no logró definirlos, ¿qué elementos sí lo hicieron? Aquí es donde me parece que la propuesta abre camino, pues en el filme se aprecia al menos un contraste entre revolución y tradición, entre los grandes cambios y las transformaciones graduales; entre la reforma de las instituciones y la adecuación generalmente lograda a partir del ritual y de los actos lúdicos. Al mexicano le podrán acontecer varias revoluciones sin que por ello se pierda la religiosidad popular que le permite año tras año lograr las peregrinaciones multitudinarias a la Villa de Guadalupe. Nuestro territorio enfrentó los cambios del orden colonial, las reformas del siglo XIX, la revolución del XX y, con todo, su habitantes mantienen el sentido lúdico y la fe que los hace jugar a la lotería, pelear los gallos, jugar a la baraja, correr los caballos y jugar los toros. Es el mismo sentido ritual el que nos hace esperar a nuestros muertos; el que posibilita a los ambulantes, orillados por la crisis económica, a colocarse en medio de estos flujos de tránsito ritualizados. De ahí que los ambulantes también estén presentes en los mítines políticos, algunos participando, la mayoría vendiendo productos. Son los marginados de los programas gubernamentales; desconfían de los políticos y algunos parecieran apáticos a la realidad política nacional. En este México de contrastes, los cambios aparecen cuando nadie

En ese sentido, la mirada que Natalia Almada hace de México no sobredimensiona a la Revolución, tampoco a sus caudillos, aun cuando por tradición, amplios sectores esperen el momento en que aparezca uno nuevo en el cual puedan depositar sus esperanzas de cambio. Lo que sí destaca Natalia Almada es la huella que deja el pasado en nosotros, un rastro perceptible en las imágenes, en los sonidos y las frases de una lírica popular puestas ante nosotros mediante un filme cuya fotografía y música se acoplaron de manera genial con la cotidianidad.

Desde la Historia Las imágenes del general Calles que se aprecian en el documental de Natalia Almada nos conducen a una especie de illo tempore; a una etapa de la vida de nuestro país no superada en las formas de hacer política que describiría magistralmente Martín Luis Guzmán en su famosa novela La Sombra del caudillo y que le costaría el exilio. Lo anterior no sólo por criticar a las instituciones de gobierno de Obregón, al ejército en concreto, sino porque fue visionario al describir las formas de hacer política en México, anticipándose a señalarnos lo que devendría de la cultura política engendrada por el sistema de partido único de los gobiernos de la posrevolución y que heredamos hasta la actualidad. Sabemos del significado del madruguete (o madrugas o te madrugan) el famoso dedazo, el acarreo, el fraude electoral, el crimen político, la traición, la corrupción y otras prácticas de la política mexicana. Y sobre todo, que en la política mexicana no hay amigos nos dejó muy en claro el escritor chihuahuense. El filme de Natalia Almada apela a la memoria histórica fundacional del estado moderno. Ya no es una historia familiar en tanto que toca nuestro pasado histórico con la figura del expresidente mexicano, su bisabuelo rememorado en los recuerdos casi inasibles de Alicia -su abuela- la hija del general Calles. Por el entrecruzamiento del pasado con el presente, la intrépida cineasta encuentra -lo mismo desde las alturas que de las calles- al igual que Einsenstein, un México de contrastes, alegre, pero de contrastes profundos, en donde perviven valores muy arraigados, sociales, religiosos, de convivencia propios de la cultura mexicana. En su lente, el centro de México aparece con su sistema político que se asemeja a los edificios en derrumbe, un panorama desastroso que alguien tiene que barrer y que

generalmente es el sujeto anónimo y sin historia al que le toca trabajar por ello. Desde el zócalo las personas se congregan en la búsqueda de un nuevo caudillo que encabece y defienda las causas del pueblo. Los emblemas son los mismos: justicia, libertad, igualdad. Sufragio Efectivo. En eso tiene razón Natalia, el tiempo así narrado en paralelismo, nos hace pensar en la fe religiosa, la fe política que mueve a las personas. El paralelismo establecido en el tiempo histórico mexicano es provocador, como todo cineasta debe hacer con su arte. Una historia familiar nos remite a toda una época. Natalia cuenta una historia, pero no es la de Calles el maestro de primaria, el agricultor, el comerciante. El Calles maderista vuelto comisario de Agua Prieta, antidelahuertista, político, militar. El Calles que pasa de coronel a General, de gobernador de Sonora a presidente de la República. No hay personaje rememorado en lo profundo, no vemos al simpatizante de Carranza, al que derrotó a Pancho Villa en su intento por tomar Agua Prieta. No aparece un Calles reformador de la educación, que inauguró la normal para profesores. Quien prohibió el alcohol y juegos de azar y expulsó a sacerdotes. Quien alentó la fundación del Banco de México y el Banco Agrícola. Nada de Calles y sus cuatro mil escuelas rurales, escuelas secundarias y algunos centros agrícolas. No aparece el Calles progresista, el que tenía fe en la evolución y la razón. No hay interés por parte de Natalia en presentar al Calles reformador, eso ya lo han hecho los de Clío. Sin embargo, el parte de guerra que Natalia rendiría desde el presente al general Calles diría más o menos así: Mi General, ya no hay instituciones fundadas por los gobiernos de la posrevolución que se sostengan y cumplan su finalidad, casi todas han quebrado. El campo en abandono, las políticas de seguridad social han desaparecido, el estado fuerte que promovió algún día ahora figura como una institución con falta de credibilidad, de legitimidad que es peor, la revolución no ha hecho justicia social, y lo que impera es cierta nostalgia por el illo tempore, por la época donde había hombres con ideales, con proyectos esperanzadores. Así Natalia observa al México a cien años de la revolufia y encuentra maravillada que más allá de la política y los políticos hay un pueblo que mira y espera quizá como los personajes del sombrero y zarape del filme de Einsenstein con miradas recelosas a que algo ocurra estando como al filo del agua

Fernando Ayala López Licenciado en sociología por la UAM Xochimilco; Maestro en Historia de México por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UMSNH. Sus líneas de investigación son la sociología visual y la historia política de México.

Juan Manuel Mendoza Arroyo Licenciado en Historia por la UMSNH, Maestro en Estudios Rurales por El Colegio de Michoacán. Sus líneas de investigación son la historia cultural e historia agraria de México.

Leticia Bobadilla González Maestra en Historia de México y Doctora en Estudios Latinoamericanos. Actualmente es Profesora Investigadora de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Históricas de la UMSNH.


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Filatelia y Numismatica

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Sellos postales Viaje por la historia nacional

Una forma de recorrer la historia

l eminente antropólogo michoacano, José Corona Núñez, oriundo de Cuitzeo del Porvenir, con frecuencia refería que en tiempos precolombinos en Michoacán, a los mensajeros se les denominaba Huazanuti, cuyo nombre se ha perpetuado en poblaciones de la rivera lacustre del propio Cuitzeo, como apellido, Huazano, que los lugareños traducen como <<El Correo>>. En tiempos de la colonia, el destinatario era quien pagaba el importe, y no el remitente, es decir, el que enviaba el documento o bulto por cobrar. La historia del timbre nos enseña que fue en 1840 en Inglaterra donde surgió la modalidad de que el importe del envío postal lo pagase el remitente, siendo el creador de tal propuesta el profesor de escuela Rowland Hill; señalando que el control se diera por medio de unas etiquetas engomadas, las cuales se pegarían a los sobres como comprobante de pago. En México, el primer timbre o sello portal, se emitió en 1856. Se trata de un impreso que muestra el retrato de Miguel Hidalgo, estuvo en circulación de 1856 a 1861, con valor de medio real, uno, dos, cuatro, y ocho reales, en colores azul, amarillo, verde, rojo, lila rojizo, negro, teniendo como base papel de varios colores. Todos comparten la leyenda <<CORREOS MEJICO>>, en la parte superior, mientras que en la parte baja aparece con letra el valor nominal.

Monedas y Billetes

Desde la emisión del primer sello postal en México, una constante en las imágenes son los rostros de personajes ligados con la historia patria, ocupando un lugar importante los héroes nacionales, como Benito Juárez, Miguel Hidalgo y José María Morelos y Pavón. En 2006, por ejemplo, se emitió un sello por cada estado de la República, conmemorando los 150 años del primer timbre mexicano. Este año de 2010, se emitió una planilla que celebra los cien años de la aviación en México. En torno al bicentenario de la Independencia, y al centenario de la Revolución, Correos de México ha emitido interesantes e igualmente bellas series de sellos o timbres postales, mismos que daremos a conocer a nuestros lectores a través de Voces del Bi-centenario

esde la antigüedad clásica, Grecia y Roma, al igual que otras culturas milenarias, como la china y la egipcia, practicaron la costumbre de manejar algunos elementos con valor monetario o económico, a los que con el paso del tiempo se les denominó monedas.

da de México, del Banco de México y Museo de Numismática del Estado de México, amén de las muchas y valiosas colecciones privadas.

La arraigada tradición mexicana de fabricar monedas de singular belleza, quedó manifiesta hace unos años, cuando en Corea, la Confederación Mundial de Casas de Moneda eligió una moneda mexicana En el México prehiscomo <<la más bella del pánico, la semilla del mundo>>. Al respecto, cacao adquirió el valor informa la Casa de Moequivalente a la moneneda de México que se da occidental. Asimistrata de “una moneda mo, el plumaje preciode un kilo de plata, con so de ciertas aves llegó la imagen acuñada del esa tener un alto valor que cudo mexicano y el calenpermitía que fuesen interdario azteca en la cara opuescambiadas por mercancías. ta”. La elección bianual, se realiza Con la conquista española, se im- tomando en cuenta tanto la belleza como el plantó en tierra mexicana también el grado de dificultad en la acuñación de la mouso de la moneda metálica como objeto neda seleccionada. de valor monetario. Durante el periodo Por la importancia que cobra la nuvirreinal, circuló en Nueva España, momismática, en las páginas de Voces del Bineda de plata, oro y cobre, principalcentenario, daremos a conocer la emisión mente. Más tarde haría su aparición el conmemorativa de monedas y billetes papel moneda, mejor conocido como que la Casa de Moneda de México man<<billete >> . En la actualidad, nos podetiene en circulación, en ocasión de los mos acercar a la historia de la moneda cien años de la Revolución y los doscieny del papel moneda mexicanos a través tos de la Independencia de las colecciones de la Casa de Mone-


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Caminos Insurgentes

De Dolores a Valladolid El inicio de la Guerra

Llegada de los insurgentes a Valladolid, pintura anónima que perteneció al Doctor Jésus García Tapia.

ras el grito de “Viva la Independencia, Viva la América, Muera el Mal Gobierno”, el 16 de septiembre de 1810 inició la gesta heroica insurgente, encabezada por el cura Miguel Hidalgo y Costilla. Del pueblo de Dolores, siguieron por Atotonilco, de cuyo santuario tomaron un estandarte o una pintura de la Guadalupana, misma que habría de convertirse en la bandera de los alzados. De Atotonilco pasaron a San Miguel el Grande-hoy de Allende- de allí a Celaya, Chamacuero (actual Comonfort), de nuevo a Celaya, Salamanca, Irapuato, hasta llegar al real de minas de Guanajuato. La toma de Guanajuato es uno de los capítulos más trascendentes de la Insurgencia, en el bando o

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grupo encabezado por Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo. El 28 de septiembre comenzaron a entrar las tropas insurgentes a Guanajuato, las cuales no se detuvieron hasta lograr la derrota de los españoles –peninsulares y americanos- encabezados por el intendente Juan Antonio Riaño, que se habían encerrado en la Alhóndiga. Luego de la toma de Guanajuato, la siguiente meta era Valladolid de Michoacán, pasando por Silao, Irapuato, Salamanca, Valle de Santiago, Jaral, Salvatierra y Acámbaro, de donde pasaron a tocar tierra michoacana, Zinapécuaro, a donde arribaron Hidalgo como Capitán general y Allende como Teniente general. Muchas otras ocasiones Hidalgo había estado en Zinapécuaro, pero con fines distintos. En este sitio, Hidalgo recibió la noticia de que Aldama había entrado a Valladolid para iniciar negociaciones con algunos criollos. En Zinapécuaro (lugar de obsidiana) llama la atención el majestuoso convento franciscano del siglo XVI. Su templo fue reconstruido en el siglo XVII, dando como resultado la gran nave que se conoce actualmente. La puerta de éste es una magnífica muestra de ebanistería barroca de fines del siglo XVIII, cuyos herrajes, especialmente la aldaba interna, son de los mejores en el arte colonial michoacano. De Zinapécuaro, la tropa insurgente se dirigió a Valladolid, pasando por Queréndaro, Indaparapero y Charo. Valladolid era quizá la ciudad más trascendente para Hidalgo, puesto que allí vinieron a estudiar en 1765 él y su hermano José Joaquín, como alumnos internos en el colegio jesuita de San Francisco Xavier; tomando, como es sabido, algunas cátedras en el Colegio de San Nicolás Obispo, en el que llegó a ser profesor, vicerrector o secretario, tesorero o mayordomo y finalmente rector. Hidalgo estuvo administrando el histórico Colegio de San Nicolás hasta febrero de 1792, pues por disposición del Cabildo Catedral fue a ocupar el curato de la villa de Colima; más tarde pasaría a San Felipe Torres Mochas y finalmente a Dolores. (RSR)


Vida y Cultura

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Morelia, Michoacán, 25 de Mayo de 2010

Flor de Loto Una revista moreliana centenaria Ramón Sánchez Reyna

n el contexto de los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, la literatura juega un papel importante; por ello, estos párrafos van encaminados a recordar una publicación centenaria, la revista Flor de Loto, a la que dieron vida, principalmente, inquietos jóvenes nicolaitas entre 1909 y 1911. Al finalizar el siglo XIX, la vida social en la ciudad de Morelia dependía en buena medida de la cultura que se generaba en el seno del Colegio de San Nicolás. En esa época destacan los nombres de los juristas Juan de la Torre, Melchor Ocampo Manzo y Mariano de Jesús Torres; de poetas como Donato Arenas y José Ortiz Vidales. Como en otras latitudes, Morelia no escapó a la realización de los llamados juegos florales literarios, y así en 1903 se efectuó la primera emisión; asimismo, en la ciudad, los amantes de la palabra escrita formaron más de alguna sociedad literaria. El primero de junio de 1909, vio la luz pública una de las revistas de mayor renombre para la primera mitad del siglo XX en Morelia, Flor de Loto, órgano de difusión de la Sociedad Literaria Melchor Ocampo Manzo, cuyos directores fueron Francisco R. Romero y Felipe Calderón; más tarde se integrarían Cayetano Andrade e Isaac Arriaga, como jefes de redacción. Se trata de un cuaderno de 32 páginas, con tipografía muy especial, debido a que casi cada poema, o composición literaria, ya fuese verso o prosa, está compuesto por diferente tipografía; son de especial exquisitez los encabezados a la moda: letras muy serpenteantes art nouveau o muy rígidas art decó. Solamente Felipe Calderón, quien nació en Uruapan, el 4 de febrero de 1888, en opinión de Juan García Chávez, publicó en Flor de Loto medio centenar de poemas. Si consideramos que la mayoría de los que escriben en Flor de Loto, son relativamente jóvenes, resulta que la vida de esta revista moreliana no fue corta, pues se publicaba quincenal o mensualmente. Por desgracia, la colección original con que

contaba la Hemeroteca de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, desapareció -como por arte de magia- hace aproximadamente dos décadas, y hoy a quienes nos ha interesado, la conocemos por medio de fotocopia –derivada de fotocopia- que han hecho circular algunos amigos. La Sociedad Literaria Melchor Ocampo Manzo, además de agrupar a sus socios comunes, consideraba Socios Honorarios a personajes ya reconocidos por su pluma como Cayetano Andrade, Enrique Ochoa Cortés, José Rubén Romero, Jesús Romero Flores y Alfredo Maillefert; Socios Aspirantes <<éstos deben ser de corta edad, amantes de la Literatura y con algunas disposiciones para su cultivo>> como Ignacio Chávez y Samuel Ramos, todos ellos activos colaboradores de Flor de Loto. Respecto a Chávez y a Ramos, refiere Rafal Calderón que <<uno y otro deja una huella muy profunda en la cultura y el humanismo de la tradición mexicana, sin duda son las primeras colaboraciones para una publicación, aunque de pasos de éstos como autores titubeantes y primerizos, muestran su inquietud y que sin embargo, más tarde, todo aquello lo van a perfeccionar para convertir su profesionalismo en una de sus vocaciones mayores. La reflexión en prosa sobre aspectos que a sus profesiones interesa, es la huella visible de aquellas primeras tentativas. Uno (Ignacio Chávez) en la ciencia médica y el otro (Samuel Ramos) al pensamiento de la filosofía>>. Cabe destacar la participación de algunas mujeres: María Moreno y María Coss de Kattengell, la segunda fue redactora y poeta; en Flor de Loto la encontramos colaborando con el poema <<Mañana>>, en el número 14 de enero de 1910, del cual le dedicaron la portada, reconociéndola como <<Inspirada y distinguida poetisa mexicana, autora de la obra Car-

tas de Magdalena>>, y en el número 15 de febrero del mismo año, con los versos <<Cóleras>>. La revista también publicó a escritores extranjeros, ejemplo de ellos fue Julio Flórez, “Eminente poeta colombiano”, a quien le dedicó la portada del número 8 de enero de 1911, en el que se incluyó su poema << Tríptico>>. Flor de Loto, que dejó una huella imborrable en la literatura en Morelia, vio su fin en octubre de 1911 Algunos colaboradores de Flor de Loto Flavio Rosas, Isaac Arriaga, J. Jesús González Valencia, Luis C. de Tongaran, Fernando R. Castellanos, Cayetano Andrade, Ignacio Chávez, Samuel Ramos, José Rubén Romero, Jesús Romero Flores, Enrique Domenzain, Salvador Cortés Rubio, Aurelio Jáuregui, Nicolás Pérez Morelos, Fidel Silva, Alfredo Maillefert, Antonio Florentino Mercado, Alfredo Iturbide, Donato Arenas, Juan B. Guido, Francisco J. Múgica, José Nieto Aguilar, José Refugio Argueta, Juan de Dios Peza, José Sobreyra Ortiz, Severo Amador, María Moreno, Alberto Herrera, José A. Luviano, Fidel Silva, Manuel José Othón, Felipe Rivera, José Mata y Pascual Ortiz Rubio (Augusto Irma).

Ramón Sánchez Reyna Historiador formado en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Desde hace tres lustros, ejerce el periodismo cultural.


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Noticias de Libros

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Colección <<Bicentenario de la Independencia>> Publicada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

3 En 1887, el museo contaba ya, en sus dos departamentos: de Historia y Arqueología, y de Historia Natural, con 312 fragmentos de ídolos, 5 molcajetes, 36 vasijas, 61 elementos para la sección de historia y se comenzaban a enriquecer las de historia natural y zoología. En 1888 se comenzó a publicar Anales del Museo Michoacano, un esfuerzo dedicado a difundir estudios originales y obras de historia, impresos y manuscritos importantes acerca de la historia antigua de Michoacán, la arqueología y la historia natural. Se trataba de una publicación mensual en cuadernos de 32 páginas. En su primera época, de 1888 a 1891, se publicaron 27 artículos, 16 de los cuales fueron obra del doctor León. La importancia de la revista estriba en la originalidad de los temas abordados y en la calidad de los artículos incluidos en sus páginas, lo que explica que se vendiera no sólo en México sino en ciudades de otros países como París, Leipzig, Madrid, y New York. Gracias al trabajo del doctor León, el museo alemán de Leipzig le nom-

bró Procurador de Etnología, una distinción que daba muestra del reconocimiento a la investigación en Michoacán. Nicolás León, como muchos letrados de su época, se ocupó también de hacer política. Entre 1889 y 1892, fungió como diputado de las XXIII y XXIV legislaturas estatales. Su labor fue modesta en el Congreso michoacano, pues su trabajo científico ganó en él más que la política, de hecho, tomó posesión semanas después que sus compañeros legisladores, y no asistió a todas las sesiones ordinarias durante su aventura legislativa, no obstante, fue miembro de la mesa directiva y vicepresidente de la cámara, y casi al final de su gestión, se decretó la obligatoriedad de la vacuna contra la viruela en niños y adultos, algo que tenía origen, se dijo entonces en el pleno, en el fomento a la cultura de la prevención. En octubre de 1891, Nicolás León tuvo el encargo de organizar un museo en Oaxaca similar al michoacano; dicha labor coincidió con la llegada de un nuevo gobernador a Michoacán, Aristeo Mercado. Éste no

simpatizaba con el doctor León, por lo que le destituyó como director del museo. En vista de las circunstancias, viajó a la ciudad de México donde hizo una brillante carrera como profesor e investigador, sobre todo como antropólogo físico. En 1894, trabajó en la Escuela Normal de Agricultura, luego fue ayudante naturalista del Museo Nacional de México, institución donde realizaría una labor importante como profesor y director de investigaciones. En estas instituciones impartió las cátedras de química y fisiología vegetal, antropología y etnología, asignaciones que, junto a su labor científica desarrollada desde Morelia, le hicieron ganar el título de fundador de la antropología física mexicana. Ezequiel Chávez, uno de los biógrafos de Nicolás León, señala que publicó entre 529 y 530 libros, 344 originales impresos, 72 ó 73 inéditos, 9 traducciones al castellano y 104 obras reimpresas por él, lo que le convierte en uno de los escritores michoacanos más prolíficos. Siguiendo a Chávez, su obra puede catalogarse en cinco grupos de estudio: 1) antropología y antropometría, 2)

etnografía y etnología) 3) arqueología, 4) historia, y 5) ciencias naturales. Sus obras se conservan en varias bibliotecas del país, como México, Guadalajara, Michoacán, San Luís Potosí y Sinaloa. Nicolás León Calderón murió el 23 de enero de 1929, desde entonces, varias de las vertientes de estudio que inició han sido continuadas, y su nombre eternizado, pues la biblioteca de la Facultad de Medicina de la UNAM, desde la década de 1950, lleva su nombre: <<Biblioteca Nicolás León>>

Hiram Ballesteros Olivares Investigador adscrito al Departamento de la Historia de la Medicina y Humanidades. Facultad de Ciencias Médicas y Biológicas, Dr. Ignacio Chávez, UMSNH

Alejandro Mercado Villalobos Historiador, actualmente cursa el Programa de doctorado en Historia de México de la UMSNH, con sede en el Instituto de Investigaciones Históricas.


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Morelia, Michoacรกn, 25 de Mayo de 2010


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