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Edición 59 Junio 2014

El Periódico de Aranjuez, Berlín, Bermejal Los Álamos, Brasilia, Campo Valdés, La Piñuela, Las Esmeraldas, Manrique Central, Miranda, Moravia, Palermo, San Isidro, San Pedro, Sevilla

EDICION

istoria h a l do Rememoran

z e u j n a r A 4 a n u m o C a l de

Padre Vicente Mejia y la comunidad del barrio Puerto Nuevo en el antiguo basurero de Moravia.

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Dicen que el periodismo es el primer paso que se da para construir historia, porque las noticias son aquellas que retratan el cuándo, cómo, quiénes y en dónde se dan los sucesos de la cotidianidad, y son estos elementos los que a futuro permiten a los historiadores regresar sobre los hechos, estudiarlos y relatarlos a profundidad. En esta medida, el equipo del Periódico La Pupila con la apuesta que nos caracteriza para generar identidad de barrios y comuna, nos dimos a la tarea de hacer un rastreo para indagar los datos y hechos históricos que han constituido nuestro territorio. Esta es ya la tercera edición especial de Historia de la Comuna. En la producción de contenido nos enfrentamos a un reto mayor, porque cada vez que avanzamos en retratar y reconstruir los hechos que han constituido nuestra cultura nos topamos con poco material para hacerlo. Sin embargo, esto se ha convertido en una gran oportunidad para indagar, llegar a los barrios y sectores en búsqueda de aquellas personas que han sido partícipes y protagonistas de la construcción de esta bella comuna. Ha sido una tarea, aparte de rigurosa y exigente, de gran valor puesto que, el proceso de investigación, nos llevó a visitar barrios, organizaciones, casas, tiendas, donde habitantes narradores nos contaron con lujo de detalle cómo se construyeron calles, se hicieron

acueductos, se formaron canchas, nombraron los barrios; nos hablaron de los personajes históricos que dieron de qué hablar a sus vecinos, anécdotas increíbles que llenan de sentido una historia colorida, de amor, paz, convivencia pero, también, de guerra y conflicto. Al final, son cada uno de esos hechos los que explican y dan sentido al presente de la Comuna 4, Aranjuez. En esta editorial queremos agradecer a todos y todas aquellas personas que nos abrieron sus puertas y al lado de un buen café transcurrieron horas hablando de historia y aportando con gran valor a un hecho importante,

el construir memoria en nuestra comuna. Sin ustedes esta bella edición no hubiera sido posible, gracias y mil gracias de nuevo y les invitamos a que se unan al grupo de ciudadanos comprometidos con hacer, rescatar y reconstruir la memoria histórica en la comuna, porque esta edición nos relatará grandes historias, nos hablará de personajes maravillosos y de personas que se soñaron y se pensaron el futuro, pero que, además, lo construyeron e hicieron de este hermoso territorio lo que es hoy. Muchas de las historias que hoy leerán en esta edición rememoran y ponen como referente grandes valores como la solidaridad, el sentido de barrio, de comunidad, valores que poco a poco se han perdido en nuestra sociedad y que hoy como ejemplos de vida individual y colectiva deben volver a tener un lugar importante en nuestras vidas pues son referentes y principios de sociedad. Somos la construcción del presente que forja el futuro y que algún día leerán como historia los habitantes venideros de este territorio.

Directora Mónica Yohana Aguirre Duque Coordinador de edición César Augusto Durango Mendoza Comité Editorial Alicia Cañaveral Grupo Cinestrato Guillermo Laínez Heroína Córdoba Heroína Moreno Humberto Bermúdez María Angélica Solís Nicolás Ríos Mejía Rodrigo Londoño Samuel Castaño Yeison Henao Consejo de Redacción Carolina Agudelo Monsalve César Durango Mendoza Eliett Giselle Rendón Giovanni Figueroa Jiménez Guillermo Laines Jean Paul Hernández Ruiz Katherine Zapata Gómez Mónica Yohana Aguirre Duque Sandra Hernández B. Steven Granados Suárez Corrección de textos Denis Z. Murillo Hernández Diseño y diagramación Omar Alonso Gallo Higuita Coordinador Web César Augusto Durango Mendoza Asesoría Diana Carolina Zapata Vallejo Secretaría de Comunicaciones Alcaldía de Medellín

Periódico La Pupila 31641901083137390408-3165218442 periodicolapupila@gmail.com www.lapupila.com.co


Puerto nuevo escribe las últimas páginas de su historia

A ritmo de los tangos de Gardel en los años cincuenta, en el Bar Argentino, un lugar visitado por la clase alta de la ciudad, se empezó a escribir la historia de Puerto nuevo, la cual al parecer va a llegar a su fin.

Esquina de la casa de idalba Frente a la guardería en 1977.

Redacción Pupila Periodicolapupila@gmail.com

trazamos las calles, ya que la señora dueña de los lotes quería venderlos todos, sin dejar espacio para nada, entonces nosotros hablamos con ella y le solicitamos que dejara espacio por lo menos para transitar”. En el año 1977 los habitantes del sector se reunieron para darle nombre a este terreno, y debido a que muchos de los habitantes venían de la costa o chocó, cerca de los puertos y por la delimitación del río Medellín a este territorio decidieron llamarlo Puerto Nuevo, y así se conserva hasta el día de hoy.

Aquí comienza la historia de este sector de la ciudad, el cual contaba con cuatro viviendas alrededor del bar, en aquella época. Estas estaban ubicadas en la finca de doña Amelia, quien era la dueña legitima de estos terrenos.

Solo hasta la década de los 80 se instalaron los servicios públicos y se lograron pavimentar algunas calles, pero la violencia azotó este barrio con las bandas que se formaron con la llegada del narcotráfico.

La finca

Quizá la violencia haya sido una causa por la que el barrio nunca se pudo legalizar ninguna Acción Comunal, ni se formó ninguna agrupación distinta a el Grupo Juvenil. Hoy son 2500 familias las que habitan allí, en un barrio que desde hace 1 o 2 años empezó a escribir una nueva historia con la construcción del Puente de la Madre Laura por parte del Municipio de Medellín, el cual obliga a los habitantes a desalojar sus viviendas, allí se han logrado organizar como comunidad para luchar por sus derechos en vista de que muchas de las viviendas van a desaparecer, dándole otro giro a las historias y a las vida de estas personas que ya nunca volverán a ser iguales.

Lindaba con lo que hoy conocemos como el barrio San isidro y en otro extremo con Las Camelias, lo que conocemos como Palermo, además limitaba con el viaducto del río Medellín. Con el paso de los años, a finales de la década de los 60 y con el poblamiento en sectores aledaños como Palermo, Fidel Castro -ahora Moravia-, San isidro y otros más, el bar perdió su atractivo y se fue a la quiebra. Por ese entonces el Padre Vicente Mejía llevaba a cabo un proyecto con la gente que trabajaba en el basurero de la ciudad, estos alquilaron el local donde quedaba el bar para formar la Cooperativa de Recolectores de Subproductos, a raíz de esto las personas que trabajaba en el basurero y que eran socias de la cooperativa, decidieron comprarle a la señora Amelia los terrenos que había loteado, así fue como se empezó a poblar mucho más el territorio. Ya a comienzos de los años 70, y con gran parte de los lotes vendidos y las casas construidas en tapia, caña, madera, propalcolte y hasta palmas, los habitantes del terreno sacaban el agua de un pozo que encontraron, al cual le instalaron un sistema de mangueras para llevar el agua hasta

Barrio Puerto Nuevo

las viviendas, tampoco tenían luz ni alcantarillado. Asimismo, en esa época se formó en el territorio la única forma de organización que existió en este lugar, a raíz de las luchas estudiantiles que vivió el país en esos años, los jóvenes del barrio participaron activamente de estas y se unieron formando el Grupo Juvenil, agrupación que fue desconocida por la Junta de Acción Comunal de San Isidro, barrio al cual por ubicación geográfica, pertenecían estos terrenos. Este grupo Juvenil trabajaba con la gente del sector, ayudaba a quienes lo

necesitaban y formaron los Convites, que eran grupos de personas que se unían los fines de semana para construir o mejorar las viviendas de alguien del barrio, unidos por un sancocho que compartían entre todos. Este mismo Grupo Juvenil decidió delimitar las calles, tomaban cabuyas largas y trazaban los espacios dándole continuación a las calles que venían ya construidas desde San Isidro. Al respecto, Samuel Castaño, habitante por muchos años de este sector, cuenta que: “los políticos visitaban el sector, prometían ayudar y luego se desaparecían. Prácticamente nosotros solos

Equipo de futbol 1980


comunidad. Y fue en ese momento que decidieron formar la primera junta organizada, Junta Popular.

Una finca grande de tomates, café, cañaduzales y lagunas era Moravia hace 50 años; una historia de asentamientos, luchas, organizaciones populares y fundadores que trabajaron de sol a sol para que se organizara este territorio. Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

para ese entonces Heroína Córdoba, una de las primeras habitantes, era la que mejor conocía el terreno, y al llegar tantas familias sin hogar, ella organizaba todo para que construyeran en las zonas alejadas un “rancho” donde vivir y así evitar que los carabineros irrumpieran para sacarlos. En un abrir y cerrar de ojos hubo 25 familias viviendo allí, la mayoría trabajaban en el basurero que estaba ubicado al otro lado del Puente del Mico, donde hoy está ubicado el Parque Norte y parte de la Universidad de Antioquia.

Heroína Córdoba una de las fundadoras del barrio Fídel Castro/foto de Pep Dardanyà

En los años sesenta llegaron las primeras familias a Moravia. Los Córdoba fueron los primeros habitantes de estas tierras quienes, gracias al mayordomo de los terrenos en ese entonces, pudieron construir su casa con palos de caña brava y tierra pisada, al igual que 7 familias más. No había servicios públicos ni mucho menos alcantarillado, así que estas familias empezaron a sacar el agua de un pozo que descubrieron y nombraron el Arenal, la luz la traían juntando muchos cables desde lo que hoy conocemos como el barrio Palermo que, por esos años, era propiedad privada, circunstancia por la que estaba siempre vigilado por carabineros, quienes impedían que personas extrañas lo invadieran. Con el paso del tiempo comenzaron a llegar más familias al sector, ya

A finales de los años sesenta varios terrenos de la ciudad estaban siendo invadidos por desplazados y eran apoyados por el Padre Vicente Mejía, quien se unió a la lucha de estas personas en la búsqueda de la reivindicación de sus derechos. El padre iba los domingos al sector, les daba la misa y les ayudaba con mercados, en los diciembres les regalaba un ternero, además de maíz y queso para la natilla y los buñuelos. Sin embargo, por esos mismos años se ordenó el desalojo de quienes habitaban ese lugar, los carabineros procedieron a realizarlo, pero la gente se unió y se enfrentó a ellos en cabeza del Padre, el cual resultó muy mal herido, pero al final no pudieron sacarlos. Ya con la orden de desalojo lista y los disturbios que se produjeron en ese intento fallido, los habitantes se prepararon para un segundo intento de desalojo, ya habían convocado a más personas para que los apoyaran, fue entonces cuando el Padre Vicente les indicó que la única manera para contrarrestar la presión era que se organizarán como

Ya organizados llegó el día del segundo lanzamiento, se presentaron los carabineros y el dueño de los terrenos, pero al ver que la gente ya estaba organizada, decidieron retirarse y dejarlos habitar el lugar, cederles esos terrenos, lo que provocó que muchas personas que trabajaban en el basurero pero vivían lejos de allí se trasladaran de inmediato hasta allí, aumentando la población considerablemente. La junta nombró a Alfonso Durango, uno de los primeros habitantes, como el primer presidente y bajo su mando se emprendieron una serie de proyectos como comprar el tubo madre para el agua. Doña Heroína, quien hacía las veces de secretaria, recogió, poco a poco y con cuotas de cada familia, el dinero para lograrlo, además de conseguir una máquina alquilada a la empresa de Saneamiento Ambiental, para ir abriendo espacios que hacían las veces de calles. Después de estas reuniones y proyectos, solo faltaba colocarle nombre a este lugar, algunos sectores de invasión en Medellín habían recibido nombres como Camilo Torres o Vladimir Lenin, esto debido a que la mayoría de estos barrios se conformaron bajo un esquema socialista. La señora Heroína propuso

llamarlo Fidel Castro, ya que había escuchado que en Cuba todos tenían los mismos derechos y había igualdad, el resto de los habitantes aceptaron, fue así como a la siguiente visita del Padre, luego de hacer la misa, bautizó el barrio como Fidel Castro. Fidel Castro fue un barrio creado y trazado por sus habitantes fundadores, quienes distribuyeron los espacios previendo la construcción de lugares públicos como la escuela, la iglesia y las canchas, en terrenos que ya habían tomado algunos habitantes como Heroína y que decidieron ceder para el bien de la comunidad. En 1982 el Municipio de Medellín ordenó la intervención del barrio con un plan de habilitación para tugurianos, aduciendo que a ellos ya les pertenecía el terreno, por lo que desplazaron el basurero municipal y reorganizaron la comunidad. Luego formaron una Acción Comunal con los lineamientos que tenían las demás de la ciudad, pero fue desconocida por quienes ya habían formado la Junta Popular, así que fueron estos los que a mediados de la década de los 80 renombraron el barrio como Moravia, desconociendo años de lucha, de sufrimiento y de trabajo de quienes lo fundaron y para quienes, a pesar de los años y el cambio de nombre, siempre va a ser Fidel Castro.

Padre Vicente Mejia/ foto de Giovanna Pezzotti en 1968


Trascurría la década de los cuarenta cuando en la Villa de la Candelaria, como se conocía a Medellín en aquel entonces, los pobladores hombres que en su mayoría eran personas acaudaladas, de un nivel económico alto y de gran reputación a nivel social, disfrutaban de varios eventos sociales como la inauguración de alguna fábrica o algún lugar específico, las comidas con sus familias o amigos, las charlas y discusiones de negocios, reuniones en las que transcurrían sus vidas acomodadas entre buenos licores y compañía de calidad. Sin embargo y diferencia de estos, las mujeres permanecían en casa, cuidaban de los hijos y veneraban a sus esposos, hombres de estatus social. Por mandato de la iglesia y la moral de la época, las mujeres se entregaban al trabajo y al cuidado de su hogar y su familia. En este sentido, a las afueras de la Villa de la Candelaria, allí donde las mujeres respetadas no iban, se encontraba el Grill Argentino, el sitio más respetado y clandestino de la época, ubicado donde es hoy el barrio Puerto Nuevo. Mientras las mujeres creían que sus maridos estaban en una reunión de negocios, estos aprovechaban las noches para llegar hasta este sitio, exclusivo del tango y los boleros con lo mejor de las mujeres, en donde proxenetas y prostitutas se juntaban para complacer los más bajos deseos de hombres poco saciados sexualmente, de una conducta doble moral en la que se convertían cada noche en compradores de placer. El Grill Argentino fue fundado por Carlos Echavarría en 1945, un bar creado para la alta sociedad, para que los hombres tuvieran la oportunidad de saciar sus deseos sin pulcritud alguna. Un salón grande hacía de pista de baile, una cocina y una pieza grande que hacía las veces de restaurante, 6 habitaciones, baños, 3 oficinas, todo un complejo clandestino que de martes a domingo albergaba a sus portas cerca de 35 a 50 por noche. Todos los insignes hombres de la ciudad sabían de este lugar que rodeado de cañaverales y sembrados

de tomate y café hasta el borde del río, habitaba en la clandestinidad a pesar de su vistosidad. María Helena Gaviria fue por 15 años la cocinera del Grill Argentino, ella como se cuenta en el libro Aranjuez 80 Años, logró gracias a este trabajo levantar tres hijos, que a su vez trabajaron allí cuidando y vigilando las filas de carros que se formaban cada día. Ella recuerda la gran cantidad de gente que llegaba, ninguno lo hacía con su esposa, todos llegaban en busca de una mujer con la que pasaban la noche o tan solo se tomaban unos tragos. También, fueron muchos los negocios que se cerraron en las mesas del Grill, importantes acuerdos económicos entre hombres que al son de los tangos y las milongas, un trago y una buena mujer al lado, acordaban como invertir su dinero.

El más famoso y visitado Burdel en la historia de la Comuna 4 Por 30 años el Grill Argentino se convirtió en el lugar más famoso de Medellín, un burdel clandestino para los ricos de aquellos tiempos, ubicado en terrenos de la Comuna 4, que para la época eran las fueras la de la ciudad.

Steven Granados Suárez Stevengranados@lapupila.com.co

Con el paso de los años el bar se convirtió en el más famoso de la ciudad, pero en la época de los sesenta todo empezó a cambiar, puesto que en la ciudad comenzaron a inaugurarse más lugares como este y con mejor reputación, mejores mujeres y más seguros. A mediados de los 60 los alrededores de los terrenos donde estaba ubicado el Grill comenzaron a poblarse, el dueño de estos terrenos decidió parcelarlos y venderlos, así que llegaron personas de muchas partes que venían en busca de un mejor futuro, y con el paso de los años fueron llegando muchas más. Además con la construcción de barrios aledaños como Moravia, Sevilla, Aranjuez, entre otros, la clandestinidad del sitio se redujo y la privacidad, que fue lo que más lo caracterizó, desapareció por completo. No obstante, el Grill Argentino logró sostenerse por algunos años más hasta que en 1975 su dueño decide desmontarlo, acabar con el lugar que por años albergó los deseos y secretos de muchos hombres ricos de la ciudad, los cuales quedaron guardados por siempre entre las paredes del lugar que ahora solo hace parte de la Medellín clandestina del siglo XX, esa que ya fue olvidada.

Casa antigua de Aranjuez, denota la antiguedad apulenta de nuestra Comuna.


Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

Los inicios de Sevilla como barrio datan, en los archivos históricos, de la década de los 40, cuando el lugar estaba lleno de mangas y lagunas y las primeras personas comenzaban a habitar lo terrenos. Sin embargo, años atrás Sevilla ya se había proyectado, al momento en que la Sociedad de Mejoras Públicas visionó a la Medellín del futuro, destinó esos terrenos para los obreros de las fábricas Coltejer, Fabricato y Tejicondor, creando los plano en los que ya se vislumbraban las calles, las zonas de construcción de casas y hasta las zonas que se destinarían para la recreación y el ocio. Nora Rendón, habitante del barrio, cuenta que la historia de Sevilla escribió su primera página en 1935 cuando en el lugar donde hoy queda la iglesia El Sagrario, La celebración del Segundo Congreso Eucarístico Internacional, el encuentro religioso más importante que por esa época se hacía en el país, fue ahí cuando este terreno se dio a conocer y luego de eso el sitio comenzó a poblarse de obreros que trabajaban en las fábricas del centro de la ciudad, y de artistas que trabajaban en La Voz de Antioquia y en La Voz de Medellín, cadenas radiales que hoy conocemos como Caracol y RCN. Entre las décadas de los 40 y 60 el trabajo, construcción y modernización de Sevilla fue de la mano con su poblamiento, transformándose con

SEVILLA: LOS RECUERDOS NO DESAPARECERÁN

Este barrio se trasformará con la ejecución del plan parcial de Sevilla, las historias, los lugares, las casas y hasta la gente tan solo serán un recuerdo, pero la memoria de estos sitios permanecerá como un patrimonio inmaterial de la Comuna 4 y la ciudad. la construcción de casas hechas de material, calles pavimentadas y familias con promedio de 2 o 3 hijos. Por esos tiempos se construye la Permanencia El Bosque, que luego fue ocupada en parte por el Departamento Administrativo de Seguridad -DASy la DECIPOL y la otra parte por la Escuela Javiera Londoño, se crea la Escuela Juan del Corral y se localiza donde luego se ubicará el Instituto Tecnológico Metropolitano o Escuela de Artes y Oficios. Después esta escuela se traslada a donde funcionaría el Idem Tulio Ospina. Año tras año las casas se iban valorizando, debido a los avances en transporte que proporcionaban al sector mayor relevancia e importancia debido a su ubicación estratégica. Además, a diferencia de muchos otros barrios que se formaron gracias a los asentamientos, Sevilla, al estar planificado, se fue construyendo bajo esos planos; un barrio estructurado que se habitó de familias de clase media-alta que no podían vivir en Prado o Manrique por su alto costo,

entonces llegaron aquí manteniendo esa tradición de vida que se llevaba en los estratos altos de la ciudad. El barrio se ha caracterizado por ser tranquilo, nunca se formaron movilizaciones sociales ni grupos populares, ya que no sufría problemas estructurales, hasta el punto que la primera Acción Comunal se formó en 1991. A lo largo de su historia como se estipuló en ese plano de Medellín del futuro, se construyeron hospitales, iglesias, centros de estudio y contó con la fortuna de ser delimitada por la Carrera Carabobo, que antes se llamó la calle de Carretero y era la entrada a la ciudad, además allí ya quedaba el Bosque de la Independencia, que para la época ya era el centro de recreación y esparcimiento más importante que había en la ciudad. Ahora, como se estipula en el Plan Parcial de Sevilla, el barrio se transformará para convertirse en un área comercial y de altas edificaciones, perdiéndose la identidad de las personas y el territorio, es decir, Sevilla, como se ha conocido siempre,

ya no existirá más en los mapas  o planos de la ciudad. “Cuando la memoria urbana de un barrio cambia o desaparece, no se pueden desaparecer los recuerdos de la gente, si se escribe la historia de un barrio quedará para siempre el registro de esa historia, de ese barrio y de lo que fuimos”, estas son las palabras de Nora Rendón quien ha pasado la mayoría de sus 60 años habitando estas calles, a su edad ella se tomó el trabajo de recopilar la historia de su barrio, la cual fue contada por quienes, como ella, hacen parte de su fundación. Sevilla como barrio va a desaparecer, su gente, su esencia, su identidad y reconocimiento ya no estarán más, pero sus recuerdos no desaparecerán, ahora son un patrimonio inmaterial para la ciudad y han quedado inmortalizados en el recuerdo de sus habitantes, los cuales lo guardarán como el patrimonio histórico que ninguna máquina o construcción podrá borrar. Un barrio que inició a medias

En la década de los 20 y comienzos de los años 30 La Sociedad de Mejoras Públicas y la Constructora Sevilla, encargada de realizar la construcción del barrio como se había estipulado en el Plano de la Medellín del Futuro, comenzaron la edificación dando como resultado la entrega de las seis primeras viviendas del sector a las familias de algunos obreros de la ciudad. Pero con la crisis económica mundial de 1929 la constructora quebró, suspendiendo así el proyecto. Sin embargo, y a pesar del paso del tiempo aún se pueden observar estas seis viviendas pues, aunque algunas han cambiado su fachada, la estructura inicial se conserva igual.


BRASILIA, EL NOMBRE QUE DONÓ BRASIL A LA COMUNA 4 La Junta de Acción Comunal, la unión de la gente, su organización, los convites, la parroquia; Brasil y su presidente, el reinado, la primera ruta de buses, todo esto ocurrió entre los años 50 y 60. Así se gestó gran parte de la historia de Brasilia. nororiental, la cual bautizó con el nombre de Transportes Prado. El inicio de los años sesenta trajo los frutos del trabajo para la comunidad de Brasilia, en 1963 llega al barrio la primera ruta de buses, ese mismo día se enciende por primera vez la energía eléctrica de manera oficial y se abren las primeras llaves con agua potable y meses después se inaugura la parroquia Antonio María Claret. Estos hechos marcaron la historia de Brasilia, años de unión y lucha de la comunidad que abrieron el camino para la trasformación y el mejoramiento de la calidad de vida de los y las habitantes, dos décadas que ninguno de sus fundadores y habitantes podrán olvidar jamás. Padro Brasilia, primer medio de transporte.

Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

Cuando en la década de los cincuenta Juan de Dios Cock, dueño de los terrenos donde ahora queda el barrio Brasilia, decide parcelar su finca para vender parte del terreno en lotes a bajo costo, así que muchas personas optaron por comprar y empezar a construir sus casas, mientras que otras tantas por falta de dinero o disposición invadieron algunas partes de estos terrenos y construyeron allí un lugar donde vivir, circunstancia que el señor Juan de Dios asume y decide permitirles quedarse allí, sin iniciar ninguna acción legal para desalojarlos. En el año 1955, varias casas construidas en estos terrenos llenos de mangas y potreros, donde el agua se traía por mangueras desde lugares aledaños y la luz se tomaba de postes a más de tres cuadras de distancia, en alambres que la comunidad unía poniendo en riesgo su integridad

física, los habitantes de este lugar, al cual llamaron en principio Barrio Pirata, deciden formar el primer Centro Cívico, un lugar que permitió la organización de los y las habitantes para tratar de mejorar las condiciones de vida de todos. A finales de los años 50 se formó la primera Acción Comunal, la cual nombró como presidente a don Antonio Murillo, uno de sus primeros fundadores, y de inmediato se puso en función de gestionar con Empresas Públicas, Obras Públicas y la Empresa de Valorización para que el barrio tuviera luz, agua potable y alcantarillado. El barrio fue muy católico desde sus inicios, y con la consigna de que todo la comunidad debe tener su propia parroquia, los y las habitantes del sector decidieron recolectar dinero para construirla, ya que en ese momento el Padre Antonio Vásquez los visitaba cada domingo y hacia la misa en alguna de las esquinas. Ya con la consigna de crear la parroquia

e implementar servicios públicos, la Acción Comunal decide modificar el nombre del barrio pues ya habían decidido que no llevaría nombres de políticos, ni de religiosos. En 1961 luego de haber realizado algunas gestiones con José Aníbal Cuervo, cónsul de Colombia en Brasil, para que su presidente Joselino Cubichek por medio de su esposa aportara dineros para construir dos escuelas en el barrio y, luego de empezar la construcción de éstas, Antonio Murillo propone que el barrio se llame Brasilia , como la capital de Brasil y el lugar desde donde llegaron las ayudas para las escuelas, propuesta que los demás aceptan con gusto y desde ese instante el barrio es Brasilia. Además de esto, mientras la comunidad se preocupaba por pavimentar calles y mejorar las viviendas por medio de los Convites, Salustiano Mesa inició los trámites para poner en funcionamiento la primera ruta de buses de la zona

El Reinado de la Plata

A principios de los años 60 Brasilia realizó su primer reinado de la plata, un evento que unía a los y las habitantes del barrio. La ganadora de dicho evento no se decidía por su belleza o su forma de desfilar, pues esto no importaba, la ganadora se escogía por el monto de dinero que esta pudiera recoger durante un periodo determinado de tiempo, el cual dinero se invertía en ayudas para la comunidad. La primera reina que tuvo en certamen fue Gilma Palacio. El reinado tan solo tuvo cuatro ediciones y la última habitante que logró coronarse como reina fue Marina Zapata, quien desde esa época se conoce como la última reina de Brasilia. Agradecemos a William Zapata porque fue por su trabajo El Barrio Brasilia, Una Historia de Unidad Comunitaria, publicado en el periódico La Ventana en la edición de julio de 2006, que se pudo recopilar gran parte de la información del barrio.


1875

Se abrió la carretera que expandió la Villa de la Candelaria hacia el nororiente, por donde estuvieron luego los rieles del tranvía, para evitar la pendiente que subía por lo que hoy es Cuatro Bocas. Pedro Restrepo trazó y abrió la actual carretera que va al borde del río hacia el norte.

1916

Manuel José Álvarez le compró la finca Berlín a Ismael Posada con una extensión de 223 cuadras por $15.000 (quince mil pesos).

1917

Manuel Álvarez vende el primer solar de su finca el 16 de julio de 1917, un año después entregaría en venta 532 solares más.

1921

Manuel Álvarez cedió gratuitamente al Municipio un lote para construir la plaza Epifanio Mejía, la que se construyó en terrenos de lo que conocemos hoy como Comfama de Aranjuez

1935 1932

El ingeniero Henrique Cerezo, elaboró un plano a escala de la ciudad de Medellín futura, allá aparecen conformados barrios como Aranjuez, Berlín y Palermo y ya comenzaba a construirse Las Camelias.

1954 1943 El Concejo de Medellín, durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, le cambia el nombre al barrio Berlín por el de Lidice en 1943, homenajeando una aldea checa que llevaba ese nombre y fue bombardeada; murieron 1200 personas por causa de los Nazis.

1945 Se fundó en la calle 92 el Teatro Aranjuez.

1950 Nace el barrio Álamos Bermejal

El Padre Hernando Barrientos fundó el Colegio de María, en honor al año mariano.

1959 Nace el primer liceo de la zona nororiental, Gilberto Alzate Avendaño.

Se construye la Iglesia del Sagrario en Sevilla.

1938 El barrio Berlín pasa de ser corregimiento a convertirse en barrio urbano de Medellín.

Década de los 70’s

Se construye el Parque Norte y el Estadio Cincuentenario.


1923

Se creó la inspección de policía de Berlín para garantizar la seguridad y resolver los pleitos en los barrios que empezaban a poblarse.

19401960

Se construyen en Sevilla las tres manzanas de la Clínica león XIII (1950-57) y las facultades de odontología, salud pública y enfermería de la Universidad de Antioquia. También se construye la Permanencia El Bosque.

1972 Se dota el Bosque de la Independencia de construcciones para el uso Colectivo y se funda el Jardín Botánico “Joaquín Antonio Uribe”.

1925

Francisco Luis Hernández creó la escuela de Ciegos y Sordos, CIESOR, la primera escuela para ciegos y sordos del país.

1940 En el sector que por esos años se llamaba Aranjuez parte baja, se da origen al barrio San Isidro Labrador.

Década de los 80’s

La caja de compensación familiar Comfama llega al barrio Aranjuez.

Se construye el Planetario Municipal “Jesús Emilio Ramírez”.

Hitos, comuna 4 1942 Se fundó la Iglesia El Calvario, la primera en toda la zona, la cual da origen a todas las demás parroquias que existen actualmente en la Comuna 4.

1942 El maestro Pedro Nel Gómez y su esposa, se establecen en la calle Badajos con carrera Tormes, hoy se conoce este sitio como Cuatro Bocas, trayendo a la comuna un nuevo foco de cultura.


La educación es un factor fundamental en el desarrollo de los pueblos, por esto cuando los barrios de la comuna se empezaron a poblar, sus fundadores siempre tuvieron en mente el espacio que se designaría para escuelas y colegios. En la década de los 40 y principios de los 50 no había en la comuna ninguna institución que se encargara de la educación secundaria y sus habitantes tenían que desplazarse hasta el Liceo Antioqueño, hoy la institución Universitaria Pascual Bravo, el Marco Fidel Suarez o alguna otra institución que, lejos de la comuna, dictara estos grados superiores, mientras muchos otros u otras tenían que abstenerse de seguir sus estudios. El Primer Liceo

Transcurrían los primeros meses del año 1958 cuando la comunidad del barrio Aranjuez, tras la necesidad de que sus hijos tuvieran un lugar donde estudiar el bachillerato, se unieron y después de varias reuniones y de redactar algunos documentos legales el 11 de octubre ochocientas personas se acercaron hasta la Asamblea Departamental y solicitaron la creación de un liceo donde se dictaran los grados de secundaria. Fue tanta la insistencia de las personas que ese mismo año la Asamblea expidió la ordenanza 26 con la que se daba inicio al Liceo Departamental de Aranjuez.

“El Alzate soy yo, sos vos, somos todos”

Fueron muchas las dificultades que tuvo la comunidad para lograr traer la educación secundaria a la comuna, una historia que vale la pena recordar porque hoy, 56 años después, se ven los frutos de ese esfuerzo.

Steven Granados Suárez stevengranados@ lapupila.com.co

Fue así como el 17 de abril de 1959, en una casa ubicada en terrenos del antiguo manicomio, donde hoy queda Comfama, empezaron las clases con 289 estudiantes que llegaban no solo de los terrenos que hoy le pertenecen a la Comuna 4, sino de otras partes de la ciudad. Al año siguiente, con un número mayor de estudiantes, las instalaciones se ubicaron donde hoy queda la Institución Educativa Lorenza Villegas de Santos. Ese mismo año la Asamblea Departamental le cambió el nombre a Liceo Departamental Gilberto Alzate Avendaño y aprobó que la institución dictara los grados décimo y once para completar la oferta de bachillerato. Al año siguiente el presidente de Colombia para la época, Alberto Lleras Camargo, colocó oficialmente la primera piedra para la construcción

del colegio en los terrenos en los que permanece en la actualidad. Desde ese año el Alzate Avendaño, como se le conoce cotidianamente, se convirtió en un icono para la comunidad pues fue el primer liceo en toda la zona nororiental, además fue la comunidad la que hizo posible su creación, y de ahí en adelante tuvo relación en todo su proceso de trasformación, transformándose en referente para que los barrios se terminaran de poblar, puesto que, indirectamente, las viviendas se valorizaron aumentando el prestigio de la zona. Sin embargo, fueron muchas las épocas de violencia que se vivieron dentro de la institución, en la década de los 80 el liceo cerró sus puertas debido a que la guerra entre pandillas que se desató en los barrios aledaños

se trasladó hasta el colegio; fue una década que marcó la historia del Alzate Avendaño, muertos, heridos, tráfico de drogas, una guerra que no dejó más alternativa que el cierre de la institución. No obstante, fue la comunidad la que se unió para lograr que en el colegio reinara nuevamente la paz; varios líderes comunitarios junto con los padres de familia y la comunidad educativa iniciaron una campaña para que la guerra que azotaba los barrios no habitara más dentro de la institución y lograron que, quienes la protagonizaron, firmaran un pacto por la paz y las puertas de las aulas se volvieran a abrir. En esa misma década el Departamento da la orden para que se forme un nuevo liceo, el Gilberto Alzate Avendaño Segunda Agrupación, el cual funcionó en la jornada de la tarde en las mismas instalaciones., hasta que en el año 2003 se ordenó fusionar los dos liceos para conformar la Institución Educativa Gilberto Alzate Avendaño. Los años como liceo terminaron, pero el orgullo de ser liceísta quedó en la mente y el recuerdo de muchos que pasaron por esas aulas y habitan o habitaron la Comuna 4. Hoy la Institución Educativa Gilberto Alzate Avendaño se destaca como el colegio con más historia de la zona nororiental porque la 4 es una comuna que se fortaleció, y lo seguirá haciendo, desde las aulas.


Cuando en los años 40 se empezaron a poblar los barrios de la comuna, quienes llegaron a este territorio lo hicieron desde diversas zonas rurales en busca de una mejor calidad de vida, en ese entonces Medellín se centraba en La Villa de la Candelaria, donde se encontraban las fábricas y la industria de la ciudad. Quienes llegaban, en su mayoría campesinos mestizos, no tenían más remedio que emigrar hacia las laderas de la ciudad y asentarse allí, desde esa época se gestó la violencia en el territorio, ya que por esos años como lo indica la historiadora Pilar Riaño Alcalá en su libro Jóvenes, Memoria y Violencia en Medellín, los blancos de la época, que eran los que manejaban el comercio y la industria en la ciudad, decidieron llamarse “paisas” para diferenciarse de los que llegaban a la ciudad en busca de trabajo y vivienda, a estos los llamaron “inmigrantes” y así comenzaron a crear los sesgos de diferencia social entre unos y otros y se empezaron a dar los primeros brotes de violencia. Ya por las décadas de los 60 y 70, luego de la transición que se vivió en los 50, comenzó otra etapa de violencia muy diferente. Ya con el sesgo de diferenciación un poco

menos drástico entre unos y otros, la problemática cambió y la violencia se centró por la lucha partidista que se vivió en toda lanación, Conservadores y Liberales se disputaban cada rincón, cada esquina de los diferentes barrios de todo el país. En las calles se peleaban rojos y azules, cada uno defendía su color, su ideología, así lo afirma María Margarita Palacio, una mujer de 75 años quien vive desde niña en el barrio Berlín: “La gente se emborrachaba en las ‘heladerías’ y terminaban a golpes por ser de uno u otro, además uno no podía ponerse un vestido rojo, porque quienes eran conservadores ya le ponían problema y si se ponía algo azul entonces eran los liberales los que se le iban encima”. Para la década de los 80, aunque la rivalidad entre liberales y conservadores seguía existiendo, esas batallas que se libraban en los barrios se fueron reduciendo y ahora se comenzaba a gestar la peor ola de violencia que se vivió en Medellín por causa de la llegada del narcotráfico. Por esos años, como relata Juan José Hoyos en su libro Tuyo es mi Corazón, libro que escribió relatando vivencias de su juventud en el barrio Aranjuez,

UNA HISTORIA DE

DOLOR, MUERTE Y DESARRAIGO

La violencia es un término que ha estado siempre presente en la historia de la Comuna 4, la diferencia es que el término se ha trasfigurado dependiendo de la época, la década, las personas o, simplemente, los lugares. Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

los jóvenes del barrio empezaron a delinquir, a robar, a matar, mientras que otros simplemente se pasaban las tardes por ahí en las heladerías o jugando fútbol en las mangas, de esto surgió una generación que se “parchaba” en las esquinas, grupitos de barrios o de cuadras que robaban y mataban, pero que no estaban organizados en grupos criminales. Con la llegada de Pablo Escobar y el narcotráfico, llegó también la organización para estas personas en bandas criminales, se empezaron a conformar patrocinados por la plata de los negocios ilícitos; el Cartel de Medellín recurría a estos

barrios para contratar sicarios y acrecentar su poderío militar, fue esa época de los 80 y los 90 en la que la comuna se sumió en un aire de violencia más agudo, el peor que ha vivido en su historia. Asimismo, con la desaparición del Cartel de Medellín, la comuna entró en una época de violencia interna entre bandas por el control de la zona, así lo relata Luis Granados, habitante del barrio: “ya cuando se acabó el auge del narcotráfico, las bandas o combos iniciaron una guerra por el control de la comuna, entonces ya los de Berlín entraron en guerra con los de Campo Valdés y estos con los de San Isidro y así sucesivamente, ya la violencia era por saber quien tenía el dominio de las plazas de vicio y el micrográfico, que era lo que dejaba dinero”. Después de esto, con la llegada del nuevo siglo esta violencia se ha ido expandiendo, ahora la comuna vive una tensa calma, las bandas criminales siguen en los barrios aunque ya esa lucha por el territorio, al parecer, ha terminado, y aunque algunos aún siguen con el control del territorio, ya se han terminado en muchos de nuestros barrios los limites imaginarios, las muertes y los robos.

Barrio Moravia 1981

La violencia nunca se ha ido de la comuna, tan solo se ha trasformado, ha cambiado de métodos, de formas, de personajes o de razones, pero siempre ha sido un factor determinante de esta historia.


María Angélica Solís es una habitante del barrio Aranjuez que a sus 69 años pasa sus días sentada en una silla en el balcón de su casa o recostada en su cama a la espera de un nuevo día, mientras tanto su hija Luz María Posada se encarga de los oficios de la casa y el mantenimiento de la misma, trabajo que hace mientras escucha en un Ipod las canciones de sus artistas favoritos, a la espera de que su hijo Estiven Durango llegué del colegio para servirle el almuerzo. Al llegar el muchacho la rutina es ya conocida, él prende su computador al tiempo que chatea desde su celular por el Whatsapp, abre su Facebook y se dedica el resto de la tarde a ver fotos, hablar con sus contactos, hasta que llega la noche, recibe la visita de sus amigos y prende el Xbox 360 para jugar algunos partidos de fútbol con ellos.

Luego de eso llega su novia a la que recibe con un beso en la boca y un abrazo, después se recuestan en su cama para ver una película hasta las 11 o 12 de la noche para después salir a escuchar música o a bailar un poco, en alguna de las discotecas de la comuna. Esto trascurre un día viernes en la casa de los Solís, bajo la atenta mirada de doña Angélica que, nostálgica, recuerda aquellos días de su infancia como si el tiempo le pasara todo por su memoria. En 1960 la señora Angélica tenía 15 años, de esos llevaba casi 10 viviendo en la comuna con sus padres, dos hermanos y una hermana, ya había terminado la escuela pero no había continuado su bachillerato, pues quienes lo hacían eran los hombres así que ella, junto a su hermana,

AQUELLOS AÑOS SESENTA Una comuna que vive en dos siglos marcados por el ayer y el hoy, un presente fundamentado en la tecnología y un pasado que dejó huella por su iniquidad y poca igualdad. Steven granados Suárez stevengranados@lapupila.com.co

ayudaba con los oficios de la casa; sus días trascurrían entre moler el maíz, despachar el almuerzo de sus hermanos y lavar la ropa de todos. En esos días no tenía novio, ya que sus padres no se lo permitían, solo jugaba muñecas con su hermana, aprendía a tejer con su madre o miraba por la ventana a los niños corriendo en las mangas detrás de un balón. En la comuna casi no habían parques, ni discotecas, tan solo bares que se conocían como heladerías. En su casa no había equipo de sonido ni mucho menos televisor, su crianza estaba enfocada en ser una buena ama de casa. No se le permitía que ningún hombre se le acercara, mucho menos salir a jugar con ellos, siempre debía estar de vestido, mientras más largo mejor, y así pasaron sus días de niña y joven en la Comuna 4, detrás de la puerta de su casa al igual que muchas más mujeres que habitaban este territorio. Mientras afuera, hombres como Guillermo Lainez, que vivía en el barrio Sevilla y estudiaba en el Liceo Pascual Bravo y por esa época iniciaba su adolescencia llegaba de la escuela, se cambiaba, almorzaba y salía a jugar “escondidijo”, ”chucha cogida”, fútbol o a corretear por ahí con sus amigos todas las tardes. Sin

María Angélica Solís

Ruta de entrada a la Comuna 4 Carabobo Norte.

embargo, él no estaba autorizado para entrar en la cocina, el santuario de las mujeres prohibido a los hombres ni mucho menos para hacer alguna cosa que correspondiera con el oficio de la casa. En esos años sesenta, época de la infancia de doña Angélica, no existía la tecnología, tan solo en algunas casas poseían radiolas pues el contacto con los demás era directo y las relaciones interpersonales se convertían en lo más importante. Con el paso de los años no cambió mucho para doña Angélica, ya había muchachos que la pretendían, pero las visitas se hacía a tempranas horas de la tarde y no se les permitía darse un beso, cogerse de la mano o acercarse un poco, mientras que para don Guillermo su juventud trascurrió terminando el bachillerato y visitando las “heladerías” con sus amigos escuchando música de piano, tangos y boleros y jugando en las calles. De un momento a otro un parpadeo hace olvidar a doña Angélica lo que andaba pensando, su mirada firme al frente mientras se recuesta en su cama a intentar recordar lo que andaba pensado, ya con su edad las cosas se olvidan con facilidad, mucho más cuando se habita un tiempo y un espacio que no parece pertenecerle.


UNA HISTORIA DE PELÍCULA Por más de cuatro décadas las y los habitantes de Medellín hallaron en los antiguos teatros de la Comuna 4 un sitio de encuentro, diversión y esparcimiento, así se convirtieron en referente cultural de la ciudad. Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

cinemas, las películas de acción norteamericanas como: Calle sin Ley, El Espadachín de Siena y Casablanca, que se robaron toda la admiración del público que visitaba estos lugares, el cual llegaba de diferentes barrios de Medellín, hasta que llegó la época de las comedias de Cantinflas, Clavillazo, Tin-Tin y revivió el auge mexicano. Las películas se anunciaban en carteleras por toda la ciudad y se adelantaban cortos para generar expectativa entre los y las habitantes amantes del cine, los cuales no podían ser menores de 21 años, edad en la que se consideraba, por aquellos tiempos, la mayoría de edad. Finalizando la década de los 70 el Teatro Aranjuez y el Teatro Laika desaparecieron, cediendo los terrenos para construir una ferretería en el primero y una iglesia de testigos de Jehová en el segundo.

Corría la década de los 40 cuando los padres Agustinos decidieron fundar el Teatro Berlín, el primero de la Comuna 4, el cual estaba ubicado en lo que hoy conocemos como el Colegio Agustiniano de San Nicolás, al lado de la iglesia, un cine para niños que al ser manejado por la iglesia contaba con una censura total. En esa misma década a mediados de los 40 cuando el teatro Berlín, luego de 5 años de funcionamiento, desaparecía para darle paso a la construcción del colegio, se fundó el Teatro Aranjuez ubicado en la calle 92 con carera 50, este fue el centro de encuentro de los habitantes de la comuna que pagaban entre 15 y 30 centavos por una entrada para ver las películas mexicanas a blanco y negro que en ese entonces se proyectaban. Asimismo, cuando el Teatro Aranjuez cumplía ya 10 años a finales de los 50 y estaba en su mayor auge, se fundó el Teatro Laika, el cual se bautizó así en

Luego, a finales de los años 80 el Teatro Palermo cierra sus puertas puesto que ya no era rentable para sus dueños debido al auge que tenían los teatros ubicados en el centro, con éste desapareció esa cultura que se creó en la comuna en torno al cine durante varias décadas. De esta manera, con el paso del tiempo, las personas fueron olvidando estos teatros, tan solo quedaron como anécdotas para algunos, aunque para la historia quedarán siempre los lugares desde donde la Comuna 4 le mostró a la ciudad el mundo del cine.

Teatro Campo Valés llamado Teatro Cervantes.

honor a la primera mascota que viajó al espacio, una perra rusa que tenía por nombre Laika. En ese entonces comenzó la competencia entre estos dos teatros por conseguir el mayor número de visitantes, y fue ahí cuando el Teatro Aranjuez decide incorporar en su repertorio el famoso Jueves Femenino, un día en el que el cine solo era para mujeres y dos entraban con una boleta en las tres funciones, matiné, vespertina y noche, que eran las que se presentaban en todos los teatros, menos los domingos y festivos que se presentaba la función de las 11 de la mañana para los niños. El último teatro en fundarse fue el Palermo en 1967, cuando abrió sus puertas al público con la película El Mundo Está Loco, Loco, y Loco la cual batió récord de taquilla en la época.

Con todos estos teatros funcionando y una amplia competencia, estos deciden incorporar en sus funciones las películas en inglés, dejando atrás las mexicanas como Cielito Lindo, El Derecho de Nacer, Madreselva, El Conde de Montecristo y La Hija de la selva, que hasta ese momento habían llenado las diferentes salas, para darle paso a las películas de romance americanas y luego a las películas de musicales franceses e italianos. Ya en los años 70 cuando la gente se había acostumbrado a estas películas, llegó una revolución a estos

¿Sabías qué? -En los años sesenta el Padre Barrientos, reconocido párroco de la iglesia de San Cayetano, fundó el Cine Manga, un cine al aire libre que luego trasladó para los bajos de la parroquia convirtiéndose así en el primer cine subterráneo de la ciudad. -La cinta más larga que se vio en estos teatros la presentó el Teatro Aranjuez y se llamó Los Tambores de Fu-Man-Chú , una serie que tenía 32 rollos y cada uno con una duración de 30 a 40 minutos aproximadamente.


La Parroquia El Calvario se convirtió en la madre de todas las parroquias del nororiente de Medellín, desde ésta se logró que cada uno de los barrios aledaños tuvieran su propia iglesia.

Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

Parroquia el Calvario 1960

La expansión de los territorios funcionó gradualmente cuando estos se forjaron alrededor de la fe y la creencia en un ser superior, el cual dotaba esa naciente comunidad de la bendición divina para su construcción, ampliación y fortalecimiento así que, quienes habitaban allí centraron su desarrollo en esa creencia, la cual les brindó esa identidad con el lugar donde se estabilizaron, formaron y criaron sus familias. Es por esto que desde hace, más o menos, 80 años, cuando la zona nororiental de Medellín tan solo era montañas

desoladas, mangas extensas y sus primeros habitantes empezaban a asentarse allí con sus familias, se otorgó la licencia para que dieran vida a un templo religioso propio en lo que hoy conocemos como el barrio Campo Valdés, que era el primero en toda la zona nororiental de Medellín. Atrás quedarían los tiempos en los que los profesores del seminario eclesiástico visitaban el barrio todos los domingos para dar asesoría espiritual a quienes habitaban este territorio. Luego de un proceso largo

y tedioso, en el que la comunidad se tomó el proyecto como propio y se puso a la tarea de recaudar fondos con la venta de flores, talleres de costura y bazares, entre otras actividades, y al que se unieron algunas empresas privadas, además del Municipio, que hicieron aportes económicos importantes. Todo quedó listo para que en noviembre de 1936 en un terreno donado por Elisa Arango de Cock se colocara la primera piedra.

templo es el que le da la bienvenida a sus habitantes, a los visitantes y a todos los que transitan camino a estos barrios en busca de su historia, su identidad, o su gente.

Fue así como en 1942, luego del proceso de construcción, se abrieron las puertas de este templo católico que abarcaba una población de 23 mil personas, aproximadamente, en aquella época. Es por esto que, a diferencia de otros templos en la ciudad, El Calvario, guarda una historia especial pues, de una u otra forma, tiene relación con cada uno de los habitantes de los barrios de la zona nororiental; se puede afirmar que la historia de la organización de todos estos barrios comenzó al instante mismo de apertura, es decir, cuando se abrieron esas puertas.

El promedio de habitantes por casa era de 6.2 personas.

La Parroquia El Calvario es considerada el templo decano de esta zona, pues de sus entrañas se desprenden 36 parroquias en todos los barrios aledaños como la de San Cayetano, San Nicolás de Tolentino, El Sagrario y Santa Ana de Manrique, entre otras. Parroquias que se fundaron a la par que los barrios se iban construyendo alrededor de ellas, lo que influyó de manera muy importante en el establecimiento estructural de estos territorios, habitados por gente, en su mayoría seguidora de la religión católica, que en esa época fundaba sus esperanzas en la fe y en Dios. Los años han pasado deprisa y de esa época de los 40, en la que la iglesia estaba rodeada de calles polvorientas y algunas pocas casas, no queda mucho. El desarrollo del barrio ha sido tal que ahora Campo Valdés es uno de los barrios históricos de la ciudad, es la entrada a la zona nororiental y el

Datos relevantes en 72 años de historia Cuando se fundó la iglesia en el barrio tan solo había 720 casas y 4.464 personas habitaban estas viviendas.

La primera donación para la construcción del templo la realizó la empresa Fabricato. La primera piedra para la construcción del templo la colocó el Arzobispo Tiberio de Jesús Salazar y Herrera. Los planos de la construcción fueron hechos por el arquitecto Gerardo Posada. La Parroquia El Calvario fue la sexta construida en toda el área metropolitana. En noviembre de 1946 el campo de acción de la parroquia asciende a 40 mil personas. En 1992 la parroquia El Calvario celebró sus bodas de oro. La casona que servía de casa cural en los primeros años tuvo un costo de $ 3.000. A mediados de la década de los 60 fue demolida la casona para construir la sede actual, a la cual se le invirtieron en esa época $300.000. El primer párroco de la Iglesia fue Eduardo Diez Estrada, de 1942 a 1945. La parroquia llegó a tener jurisdicción en 31 barrios aledaños del sector.

Nota: Las fuentes para este artículo fueron documentales: Revista La Parroquia de septiembre de 1992 y el libro Historia del barrio Campo Valdés.


LOS CONVITES, LA MAYOR CONSTRUCTORA EN LA HISTORIA DE LA 4 Fueron muchos los barrios de la comuna que se construyeron en comunidad con el trabajo de todos, domingos en los que las mujeres cocinaban y los hombres trabajaban, algo común entre los años 50 y 80 Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

LAS CAMELIAS:

ENTRE BARES, BURDELES Y CANTINAS Desde finales de los años 40 y comienzos de los 50 el sector donde hoy se encuentra el barrio Álamos y parte del barrio Palermo, recibió el nombre de Las Camelias, una zona de bares, cantinas prostitución y delincuencia. Redacción Periódico La Pupila periodicolapupila@gmail.com

Este sector, conformado por grandes casas de citas que hacían de bares con música de piano, tangos, boleros y licor, era el sitio preciso para que los hombres buscaran compañía sexual en las prostitutas que llegaban, en su mayoría, desde algunos municipios o pueblos aledaños, muchas de ellas eran madres solteras o desplazadas por la violencia.

Los convites, una manera de crear comuna.

“Los domingos, en los que la mayoría descansábamos, nos reuníamos para repararle la casa a alguno de los vecinos o para hacerle mejoras, o para levantar los ranchos que había junto al río, a los que cada rato se los llevaba la corriente; a veces recogíamos plata, señalizábamos las calles y pavimentábamos o las pisábamos con piedra, mientras que las señoras hacían el sancocho para todos” afirma Samuel Castaño, uno de los fundadores de Puerto Nuevo.

de gran manera no solo el poblamiento de los territorios sino, también, el mejoramiento de la calidad de vida de quienes llegaban a vivir a estos sitios. A esta forma de organización comunitaria se le llamó Convite, reunión que se responsabilizaba de la construcción de muchas viviendas, calles, escuelas, parroquias, entre muchas otras cosas que ayudaron a que los barrios se fueran desarrollando, siendo la comunidad en la mayor constructora de la Comuna 4.

“Nosotros nos reuníamos entre varios para ayudar a levantar los ranchos para las familias nuevas que llegaban o los de nosotros mismos, también lo hacíamos para arreglar el problema del agua o traer la luz, este barrio lo construyó la misma comunidad”, explica Heroína Córdoba, fundadora del barrio Moravia.

No obstante, con el paso de los años y la intervención municipal, los Convites se fueron quedando atrás, con el desarrollo de los barrios y sus espacios públicos ya ese trabajo en comunidad no fue tan necesario, pues el municipio tomó el control del desarrollo urbano.

Guillermo Laines habitante del barrio Manrique Central, también recuerda que: “nos juntábamos la gente del barrio, se hacía un sancocho, tomábamos cervezas y ahí echábamos las planchas o arreglábamos las casas”. Y es que desde los años 50 cuando empieza la historia de la mayoría de los barrios de la Comuna 4, nace una forma de trabajo en comunidad que impulsó

Las nuevas generaciones no conocen muy bien el significado de esta palabra, ya cada cual organiza, mejora o construye su casa como quiera, ya no se organizan para pavimentar calles, organizar colegios o arreglar algo del barrio. Los Convites quedaron en la historia de la comuna como la primera fuerza constructora que levantó estos barrios, creando así una identificación social y cultural que, lamentablemente, se perdió con el tiempo.

“La vida en estos bares no era fácil, uno llegaba a trabajar y en una noche le tocaban 4 o 5 clientes, a todos había que complacerlos, no nos respetaban, nos trataban como animales, no había ninguna consideración por la mujer, las calles era feas, las habitaciones pequeñas y se vendía mucho trago ilegal, además de las peleas y lo peligroso que era”, cuenta Amparo Suárez quien a sus 79 años, recuerda que en el año 1954 trabajó en Las Camelias, en uno de los bares, allí estuvo durante 10 años hasta que encontró un lugar donde ganaba más dinero en las calles de Guayaquil.

Con el paso de los años Las Camelias logró gran reconocimiento a nivel de ciudad, se convirtió en un lugar obligado para quienes buscaban diversión o compañía, pues ahí se encontraba el 15 % de las prostitutas de la ciudad. A través del tiempo Las Camelias se fue transformando, uno a uno De esta manera, con el poblamiento fueron desapareciendo los bares, de barrios aledaños como Aranjuez, cantinas o burdeles, hasta que a Moravia, Sevilla y San Isidro, bares finales de los 80 y comienzos de los como Bolebar, El Tetero, Tango Bar, 90 ya no había rastro alguno de estos Copinol, entre otros, que hacían parte sitios que marcaron la historia de la de este sector, desde donde también se Comuna 4, y que por muchos años distribuía droga y se vendían armas, han permanecido en los cuentos y logró aumentar su nivel de visitantes anécdotas de muchos de las y los y por ende su reputación y ganancias. habitantes de la comuna y la ciudad.

Casa de citas en Lovaina en 1957.


LA CA SA DE TODA S Y TODOS Centro Cívico San Nicolás; la casa de doña heroína, la casa del barrio. Monica Yohana Aguirre Duque monicaguirreduque@gmail.com

En el año de 1954 Doña Heroína y su esposo llegan a vivir al barrio Berlín, la vida de esta pareja y de los 20 hijos que tuvieron en la posteridad, ha representado un papel protagónico en la construcción de este barrio. Para ese entonces Berlín era una gran manga con lodo, árboles, piedras, animales y en la parte superior, llegando casi a la Salle, había unos cafetales. Tan solo había 3 casas y estas tenían luz, la cual venía por un cable desde un poste de la Salle, pero no había agua y para proveer las casas se tomaba de una pequeña llave que distribuía el agua represada de una quebrada que venía del “morro” como decía la gente, en una pequeña poceta. Todos los días estos pocos pobladores se levantaban a las 4:00 de la mañana a cargar con baldes el agua para cocinar, lavar, bañarse y hacer todas las tareas de la casa para las cuales se necesitaba el líquido vital. Asimismo, hacer cadenetas para celebrar la navidad, preparar los festejos del 7 y 8 de diciembre,

también los del 24, 31 y 6 de enero, matar marrano, hacer sancochos, prender velas y hacer las novenas eran celebraciones que unían a los habitantes del barrio Berlín en solidaridad, amor y apoyo, las principales características de estos vecinos. Fue así como, poco a poco, el encuentro en la Casa de Doña Heroína se fue haciendo más frecuente, se reunían en su sala simplemente hablar, contar historias y enterarse de cómo iba la vida de sus vecinos. A esta casa llegó el primer televisor y la primera nevera del barrio y posiblemente de la Comuna, lo cual era una novedad para ese entonces en el sector, Doña Heroína preparaba cremas de coco y todos los días a las 2:00 pm se encontraban más de 20 niños y adultos a ver el Chavo del Ocho, acompañados de las deliciosas cremas de coco, el mueble no cupo más en la sala por tanta gente y debió ser reemplazado por un tapete en el que todos se sentaban en el piso a disfrutar y reírse del Chavo, Ñoño, Kiko, la Chilindrina, Don Ramón, la Bruja del 71 y otros personajes de esta exitosa serie de la década de los 70. Así La Casa de Doña Heroína se convirtió en el Centro Cívico del Barrio, ya no solo se celebraban las navidades sino, también, las fiestas patrias, el 20 de Julio, el 7 de Agosto, el día de la madre, el del padre, entre muchos otros que se inventaban con la excusa de encontrarse a compartir y disfrutar en comunidad. De esta manera, y entre más personas habitaban el barrio, empieza a surgir la preocupación por las calles, los acueductos y las canchas; tanta manga, lodo, piedras y arboles era algo que debía ponerse en orden para construir nuevas cosas en el barrio y dar paso al desarrollo.

Heroína una de las fundadoras y primeras habitantes de la Comuna 4.

Así se conformó el “convite”, un quehacer de todos los vecinos del barrio, quienes se encontraban y dedicaban los domingos el tiempo entre las 2:00 de la tarde y a veces hasta las 10:000 u 11:00 de la noche para construir en comunidad. La primera calle que se construyó fue la calle 93, desde la carrera 46 por toda la manga de los Cocks o “coes” como la llamaron. Para todas las calles que se construyeron la Gobernación procedió a prestar el tractor y fue manejado por un trabajador de la misma; la gente recogía la plata para pagarle y hacían anchetas, empanadas, cantarillas, que eran rifas de cosas como un corte de ropa, zapatos o anchetas de comida. El esposo de Heroína proponía los trazos y entre un grupo de vecinos discutían por donde iban a pasar las calles, el tractor hacía su trabajo y los vecinos, con sus picas y palas, ayudaban puliendo y

sacando las piedras del camino, las cuales se arrumaban y después la gente las utilizaba para construir casas. Todo Berlín le pertenecía a Alberto Álvarez, este señor donó los terrenos de las calles y la gente construyó canchas como espacios de distracción. El convite, por ejemplo, de los vecinos de Berlín construyó la Cancha que hoy se conoce en la Comuna como La Finquita. Un medio de comunicación fue otro aspecto muy importante de este Centro Cívico pues, en la medida en que el barrio creció, necesitaron un sistema para poder informar e integrar a la gente, así fue como se les ocurrió la idea de crear una corneta auto parlante, esta se compró con los fondos que recogían con empanadas, rifas y demás eventos y de esa forma se procedió a instalarla en la mitad del barrio y todos los sábados hacían programas en los que se le informaba a los habitantes del barrio qué sucedía, se mandaban mensajes de enamorados, a veces transmitían las radionovelas como Amor, Amor y Calimán y en todos los días del mes de mayo, a las 5:00 de la mañana, se rezaba el rosario de aurora por el altoparlante. Así trascurrió la historia del famoso barrio Berlín de la Comuna 4, hoy conocido más como Aranjuez.


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