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Antonio Aguilar textos

César Cerón fotografía


Título: Dame tus manos © Textos: Antonio Aguilar © Fotos: César Cerón

Reservados todos los derechos. No se permite reproducir, almacenar en sistemas de recuperación de la información, ni transmitir alguna parte de este libro -cualquiera que sea el procedimiento empleado- sin el permiso previo, y por escrito, de los titulares de los derechos de propiedad intelectual. Editado en Murcia, 2012 Impresión: Jiménez Godoy, S.A. DL: MU 266-2012 Diseño - Maquetación: César Cerón

Contacto: lanuevaresistencia@gmail.com cesarcerongonzalez@gmail.com


A mis padres, de ellos recibí las primeras muestras de ternura. A Mariola, por darme cobijo entre sus manos. A mis hijos, César y Pablo, por el precioso recuerdo de sus manos diminutas, ahora ya adultas.

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A aquellas personas que en algún momento me han ofrecido las suyas: manos tiernas, rudas, temblorosas, manos transparentes, manos ágiles que se mueven como una mariposa, manos tímidas que anhelan el contacto, manos exigentes, manos que renuncian, manos suplicantes, manos dulces que se transforman en puños vigorosos, manos silenciosas, algunas sanadoras y otras que acarician, unas recién nacidas y otras ya muertas, manos que han recorrido mi cuerpo... Todas ellas han dejado su huella en mi línea de la vida.

A Luz, que ha asistido, entre ilusionada y expectante, al nacimiento de este proyecto.


En un país hubo seis manos, cada mano con sus cinco dedos y cada dedo con sus falanges, falanginas y falangetas. Seis manos, treinta dedos (los pies aparte), casi cien huesos y todo para que yo pudiera ser tío. A Celia, Nerea y Sofía.

No tendrá el pulso de tus manos, tal vez se distancia de la vida, de los incidentes, de los acontecimientos, del dolor y de la alegría, de las cosas infinitas que hay entre uno y otro, que tú habrás vivido y yo sé por retazos. Pero esto es lo que yo hago con mis manos, lo más sincero, lo que como el pan podrías llevarte a la boca, tocar, sentir. Es mi muestra de cariño, mi quererte bien. A Soren Peñalver.

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Palabras para Antonio

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Estamos de enhorabuena. Como una paradoja dichosa habría que considerar esta delicia poética de Antonio Aguilar: una poesía que inspira, que exhala libertad por todos sus poros, al mismo tiempo que nace de una condición de fuste: la imagen. Esta imagen es nutritiva para la razón poética de Antonio; es de por sí tan sugestiva, tan potente es su evocación, que nace el verso en alto vuelo en la recreación del poeta. En manos de Antonio la fotografía de César Cerón renace interpretada con todo el aliento impulsor de la imagen matriz; es una lectura desatada en la libertad de la palabra desde la imagen, y es así como se resuelve, feliz, la paradoja que ha dado lugar a un poemario profundo, precioso, sencillo. Hecho de la mejor poesía del mejor Antonio Aguilar. Para el lector ingenuo, en el poemario es posible reconocer (o mejor atribuir) un hilo conductor labrado en la veta misma de la poesía amorosa, dominado temáticamente por la nostalgia y celebración de la unidad, por la extrañeza de un presente ya iluminado por un tiempo pincelado de eternidad. Este tiempo se desarrolla en un contexto próximo, doméstico: la casa, el jardín, la calle. Hay, pues, una enorme coherencia en el planteamiento: la emoción de lo humilde, el milagro cotidiano que el poeta desvela y revela, se sustenta en la imagen bimembrada, en el paralelismo de signo binario, en la tendencia epigramática tejida a base de brevedad y no tanto de argucia, que diría el clásico, como sí de verdad, de verdad elemental, de vida a dos manos: “Y si no vienes/ me quedaré/ tejiendo y destejiendo/ el porvenir”. Refuerzan este trazado los signos de fragmentariedad que arrojan la disposición quebrada del poema y los cambios de tercio habidos en su interior.


Sobre este pilar formal de lo breve, la materia sonora es igual en cuanto a la extensión del verso y del poema, pero rica en sonoridad y ritmo. La brevedad es fruto necesario de la expresión que capta de forma simultánea el instante en clave lírica. Las discordancias en esta poesía de buena ley son enriquecedoras y enaltecidas: “[...] Lo que el sol desleía/ en simples cosas/ tu amor/ lo vuelve de oro”. Por tanto, la palabra es sustantiva, aparentemente despojada de artificio en pro de su transparencia, de su eficacia comunicativa; también resulta interesante comprobar cómo el cromatismo del poemario es coherente con la dualidad imperante, y vemos así cómo se expresa en el binomio luces-sombras, blanco-negro, día-noche, con especial atención al desarrollo de la idea de luz, fugitiva, inestable, en suspensión imposible. Sólo el oro, “las baldosas amarillas” son la única arritmia de color, un color que se presenta como valor que sublima las cosas del mundo. Hay diálogo, por tanto, con la imagen, pero en sí la forma poética adquiere en la mayoría de poemas aspectos dialógicos (eterno tópico de la poesía amorosa, el tú destinatario); los demás poemas se sitúan en la órbita de la sabiduría, entendida como verdad vital -”El futuro es un juego,/ una mano que siembra/ en la corriente de la vida/ el porvenir”- o como indagación (”Sus manos ríos de madera”, “Un orfebre ha labrado/ las líneas de la vida/ en sus palmas abiertas”). En todos los textos rige un afán de contextualización temporal, una necesidad de ubicar la palabra en el plano temporal del poema, en aquel Nunc/Ahora que origina coordenadas de navegación. Porque se le antoja al poeta necesario esclarecer vitalmente lo que la imagen arroja a las orillas de la imaginación, resto de naufragio en el poema. Así, por ejemplo, en “Aún no se ha hecho tarde”, “Hace años ya de todo”, “De pronto el tiempo se ha detenido”, “Ahora es esta luz”, “Pronto será noviembre”...

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De esta manera se produce un hermoso juego: de un lado, el lector asiste, interpelado por el tú dialógico, a participar en primerísima persona, en primer plano, de la imagen fotográfica guiado por la voz del poeta (”La vida no te quiebra/ te roza”). Como si, dijéramos, las manos de la imagen son las manos del autor y del lector en la ficción del poema. Por otro lado, puede ser el lector testigo de la verdad vital del poema ”Manos de pan sobre el regazo/ o sobre el rostro”-; así, el poema es el testimonio y, el lector, sujeto contemplativo de esa microhistoria, de ese microinstante que ilumina el poema, cuya historia nace y desemboca en las manos del autor y en las manos de ese otro que está en el poema. En suma, el lector está dentro y fuera a la vez del poema; es un quanto de luz: la imagen es contemplada pero, con la poesía, es vivida. Un inteligente juego especular lleno de verdad, de luz, de vida, un placer que el lector agradece con toda su alma.

Antonio Sánchez-Carrasco Rodríguez


Palabras para César Cuando observo una fotografía para mí lo más importante es que me diga algo, que me conmueva. Sin embargo, otras muchas veces te deja igual que estabas, como ocurre ahora con tanto perfeccionismo, donde las fotos son técnicamente impecables, pero frías e insípidas.

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Siempre se ha dicho que una buena fotografía es como una buena broma, no hace falta explicarla. Es difícil para mí expresar sentimientos que, a veces, son tan profundos o tan difusos que quizá no existan palabras para poderlos manifestar, o yo no las encuentro. Por eso me limito a sentirlos. Yo reacciono interiormente, siento, pero no analizo en profundidad, no desmenuzo esa reacción, no tengo interés en ello. Cuando pienso en un trabajo uniendo foto y poesía, no importa que sea un texto pequeño, incluso aunque no se trate de poesía, tan solo con que tenga un hilo de unión, algo que denote que ese texto forma la mitad de un todo con esa foto, eso basta para mí. Si pienso en algo así, fotografía y texto, es porque me atrae, me motiva, pero nunca pienso: ¿por qué me atrae? Generalmente me atrae porque es hermoso, pero ni siquiera lo pienso. Por eso no sé qué decir, no tengo nada que decir.


No se pretende que el texto explique las fotos, sino que evoque algo en el espectador, algo que, a su vez, sería producto de lo que le hayan sugerido las fotos al escritor. El trabajo del fotógrafo termina cuando entrega sus fotos, el resto es tarea del poeta o del escritor. Lo que creo que puede aportar esa unión de texto y foto, o poesía y foto, es eso: emoción y sentimiento. Es un refuerzo a la fotografía, lo mismo que al contrario, y así se convierten en algo que se complementa y se enriquece mutuamente, aunque también puedan funcionar por separado de otro modo. Quizá las palabras te ayuden a encontrar, con una forma de expresión, aquello que únicamente es una reacción del espíritu, que surge al mirar esa fotografía. Si tratara de explicar este trabajo, diría una serie interminable de alabanzas: que son unas fotos espléndidas y enormemente difíciles, que solo un maestro podría compartir y transmitir como aquí se ha hecho, etc., pero aún así estaría muy lejos de expresar mi sentimiento. César, tú eres mi amigo y desde hace muchos años ví en tus fotografías algo que me hacía sentir profundamente, algo que hoy día hace tanta falta... Por eso, espero que sigas alimentando tu fuerza interior y que mantengas siempre esta vocación, porque si alguna vez la abandonaras el mundo de la fotografía habría perdido, desafortunadamente, un fotógrafo de excepción. María Manzanera

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Son un telar, y un arpa, cada línea su música y su tejido. 14

Enhebrar música, también cantar silencio para que no despiertes, para que sigas a mi lado.


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Con s贸lo un gesto tendi贸 sus brazos sobre mis brazos, como quien tiende un lienzo en blanco sobre la mesa del desayuno. ...... Era temprano y a煤n se hablaba como en volandas por los pasillos.


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Pensar en ti es garabatear un futuro.


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Sus manos ríos de madera, cauces de ramas secas, de broza, de cañaverales. Pero también remanso y paz, y una canción del agua fluyendo por las líneas de fuga.


Es lo que tocas, oro, lo que convierte tu mano, el roce del labio, de los pies, arena en oro. 22

Lo que antes era mundo, calle, palabras, lo que el sol desleĂ­a en simples cosas, tu amor lo vuelve de oro.


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El futuro es un juego, una mano que siembra en la corriente de la vida el porvenir.


No te alejas, después de todo caminas siempre en una vuelta a casa que no termina. Aún no se ha hecho tarde,

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queda esta luz extraña, es un paréntesis en la frondosidad del tiempo. Puedes tocarla, es una luz de cosas como un manto de polvo en suspensión. Es fácil, basta con cerrar los ojos.


La primavera es una nota de aire frĂ­o sobre el sudor de la maĂąana. ...... Abalorios 28

...... De pronto dices algo, la forma en que te paras, si es lunes o hace frĂ­o, eso tambiĂŠn tiene su olor y perdura en la boca.


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¿Quién apaga la luz, quién al pabilo de las velas da sombras?


La vida no te quiebra, te roza, es como el viento o la luz de la tarde. ...... 32

Puedes nadar en ella, tocar la propia vida con tus manos. ...... Exhalar tu cansancio, vivir sobre mojado.


Giran los astros en tu mano, diminutas estrellas llenan el techo de la casa. 34

No sé quién llegarás a ser, ni si darás sentido al azar de mis días. Y sin embargo.


Escampa en el jardĂ­n. ..... 36

Hace aĂąos ya de todo. ..... Un orfebre ha labrado las lĂ­neas de la vida en sus palmas abiertas.


Manos de pan sobre el regazo o sobre el rostro.

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Manos que como el pan ocultan la ternura en el centro. Manos que al alba huelen a pan reciĂŠn cocido.


Es cierto, dice, y sus gestos confirman las palabras, busca que al otro lado del telĂŠfono ĂŠl tambiĂŠn la comprenda. 40

Y se mesa el cabello como lo harĂŒa entonces. Sus dedos intentando aprehender el momento.


Noviembre, las manos tejen y destejen luz, las hebras de una claridad de aĂąos, de habitaciones frĂ­as, de largos corredores. 42

Un punto de ida y otro de vuelta. Son las manos noviembre, la claridad: la redenciĂłn de nuestra vida.


De pronto el tiempo se ha detenido, repite a pies juntillas la lecciĂłn de la siesta. 44

Ya nadie sabe nada. Los ojos de la tarde son una esfera, y la pelĂ­cula de plata de los dĂ­as se ha fijado en el lienzo de tus manos.


Ahora es esta luz un bocado en la fruta de tu cuerpo. 46

No temas, dice, ven, entre los claros de la noche d茅jate s贸lo este momento.


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Y si no vienes, me quedarĂŠ tejiendo y destejiendo el porvenir.


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Ayúdame, le dijo, ésta es mi fuerza, mis manos enredadas, mis uñas, mis tendones, el lápiz de los labios sobre mis dientes, manchas de niebla y de cristales, precipicios rodando por el suelo. Le dijo, no es todo lo que tengo, es sólo lo que puedo darte, le dijo, todo lo que no puedo dejar de darte.


Lo que sucede aquí, entre tú y yo, aún no tiene nombre.

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Yo digo largo vendaval, digo baile de águedas. Pero la noche aún guarda silencio, el alba es como un lienzo en blanco.


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De baldosas amarillas te har茅 un coraz贸n.


Recortas los perfiles de la noche. Poco a poco separas los dos mundos.

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Te desperezas mientras descorres las cortinas. Yo tan s贸lo deseo que los dos despertemos del mismo lado.


El cierzo, una muchacha corriendo entre los árboles. No quieras verla, amor, sólo tocarla. Tocar la noche entre los árboles, su voz por montes y riberas. 58

El aire de tu vuelo, una cancela. Todo está en ti y todo lo guardas. Sólo en la noche que no teme a las sombras, el cierzo entre las sábanas.


Es hacia adentro como crece la vida.

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La luna tararea una canci贸n, y ella la mece, mece sus manos, y la m煤sica fluye de sus labios cerrados.


Este libro ha sido producido mediante un sistema de micromecenazgo. Queremos agradecer a todo el equipo de Verkami su apoyo para este proyecto.

Como sombras chinescas Se nos ocurrió a última hora, se nos ocurrió lo de las sombras chinescas, y nos pusimos manos a la obra. Yo hice un perro y luego un señor con sombrero, César esbozó una garza, yo un orbe. Luego hicimos letras y las letras las unimos en nombres, con la infinita gratitud de cientos de dedos, unos reflexivos, que se hurgan la nariz, otros que arañan en el supermercado el rasca de un producto de oferta, que se pintan de colores, que giran en el interior de un anillo, que prenden, que ceden... que yo que sé. Si te fijas estos nombres están llenos de dedos y todos esos dedos te señalan a ti con nuestra complicidad. Por tu complicidad. Muchas gracias.



Dame las manos