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El Campo, la Ciudad y la Selva

CĂŠsar Palominos


El Campo, la Ciudad y la Selva

CĂŠsar palominos


César Antonio Palominos Zúñiga, nació en San Vicente de Tagua-Tagua, Provincia del Cachapoal, Chile, en 1988. Profesional y Docente del área del turismo y la cultura. César ha incursionado en las letras de forma amateur ganando algunos premios de cuentos y poesía.


Índice I – El Campo ............................................................................ 6 Aromos y Ciruelos En Flor ................................................ 7 Región Mariposa ................................................................. 8 Viaje Al Campo Lindo ...................................................... 10 Quinto Sueño ..................................................................... 12 El Columpio De Infancia .................................................. 14 II – La Ciudad ....................................................................... 15 Amor Caribe....................................................................... 16 El Mar Está Lejos… ........................................................... 19 Santiago De Chile .............................................................. 20 Nubes Desgarradas ........................................................... 21 Poema XY ........................................................................... 22 Azul de Invierno................................................................ 23 Luz Adecuada .................................................................... 25 III – La Selva ......................................................................... 26 Ah Mariposa Azul (Morpho Amathonte) ...................... 27 Tus Picos Omnipresentes ................................................. 29 Misiones .............................................................................. 30 Cabellos Solares ................................................................. 31 Distancia ............................................................................. 32


Trincheras ........................................................................... 33 Zeus ..................................................................................... 34 Oh Niño Torpe ................................................................... 36 Volver a La Tierra Roja ..................................................... 38 Despejaré las Nubes con mis Manos (Machu Picchu).. 39


I – El Campo


Aromos y Ciruelos En Flor No hay nada que me ponga más alegre que ver los aromos y ciruelos en flor. Verte rodeado de cerros verde musgo, paltos, duraznos y algún ruiseñor.

Y dónde miro estás tú, imponente cordillera. Me orientas, me vigilas, eres mi celadora de blanco lino. Collar de montes, cerros y lomas.


Región Mariposa Vengo de una región lepidóptera, un tricolor de provincias criollas de amanecer. Una tierra que limita con cemento y con luces, de un Santiago insomne que no para de crecer.

Reverdecida por viñedos, mi tierra es la consentida Dionisíaca. es una Colchagua de lagunas y pukaras incaicos, El final exacto del gran imperio de oro. Eres la capital de mis días octogenarios.

Vengo de localidades curtidas en la piel morena de obreros y temporeras, rehusadas a enmudecer. Trabajadores frutícolas, mineros y pescadores que tejen cada atardecer.


Mi sol radiante baña el valle de azules montañas, murallas camaleónicas jaspeadas de palidecer. Mi Cachapoal querido, eres cuna de mis pasos anfibios, océano de mis sueños cartográficos.

Cardenal Caro, eres secana como el mar profundo, Vacaciones perdidas de ferrocarriles detenidos. Aguas ventisqueras que lanzas besos y olas de surf. Crecerás aislada como elegante joya de madreperla.

Hacia el sur continúan una a una, las australes selvas, volcanes y lagos de perpetua longevidad. Nada es más meridional que mi patria extendida, nada es más vertical que un poema bordado en tu nombre.


Viaje Al Campo Lindo Viajar es siempre una nostalgia Escapo de esta enorme ciudad sumergiéndome en las raíces que me vieron crecer. Es la tierra en mis pies la que calma mi angustia. Es la música de la Pachamama que toca instrumentos de aire y agua.

Tus ojos miraban el rosal y al manzano en una primavera sin apuros. Aún no quería separarse del invierno ni abrir la puerta al verano. Eran espigas vulgares que enverdecían las aceras, cerros camaleones que revelaban las estaciones.

Pedaleos calmados de mujeres que llevaban el pan a sus pichones. De buses colmadas de temporeros taciturnos. Casas de pasillos largos y bellas plantas ornamentales. Entramado de tejas movidas de temblores pasados.


Te vi bailar en las aguas de un estero un tanto estancado. Recogiendo flores y llamando a los quiltros Pétalo mediterráneo traes compases en tus manos. Floreces al ritmo de las amapolas.

La vida aquí es apacible como el vaivén de los álamos en primavera No hay consumismo calígine Los prados son el sueldo de cada día y el pan su trofeo. El aire es puro sin la voracidad de empresas o chimeneas Sólo la antigua costumbre de quemar basura opaca un cielo diáfano. La música mezcla de rancheras, baladas y reggaetón crea una amalgama generacional. Fanáticos sin más conciertos que sus equipos de música, luminosos y galácticos.


Quinto Sueño La belleza de 26 años, enardecieron un pueblo que dejé hace cien años. Cuarenta noches titánicas, eran estrellas que bañaban el valle.

Un estero que es la médula verdosa de pájaros y fábulas en flor. Una abismal crepúsculo que porfía en desaparecer. Son estrellas ocultas en cielos rasos de terciopelo.

Las pequeñas aves graznaban azules, socorridas de lluvia recién nacida. Traficaban ramas y hojas secas, éxtasis de grillos y lombrices de terciopelo.


Iban y venían sonrientes semillas soleadas de otoño.

Qué delicias de alfajores y kuchenes tenían en la mesa. Barras gélidas de chocolates crispados. Coco rayado espolvoreado en ciudadelas de manjar. Frutas, nueces, almendras y anís.


El Columpio De Infancia Yo no sé de dónde vino la poesía, si fue de un amor fugaz o una manzana roja. Es en aquel columpio de invierno en que las aprisioné en unas hojas. Las junté todas y armé un castillo de palabras.

El lacerado naranjal esparcía sencillos azahares de inspiración. La magia se interrumpía cada vez que mamá silbaba al viento. Era la comida quién llamaba a comunión. Era sólo un niño enamorado o un cesante dibujando letras.

Letras inocentes y desnudas emociones, faltas de ortografía e imponente caligrafía. Los ojos de las nubes viajeras, observaban un valle húmedo y fértil. Un inocente recoveco de manos agriculturas, un atavío de almas.


II – La Ciudad


Amor Caribe La brisa primaveral sacude mi camisa floreada a los vientos. Qué ganas de pasear contigo por este parque de Almeces, quillayes y bellotos. Mostrarte mi ciudad hijo de Bolívar, hacerte sentir el pulso de mi Chile querido. Presentarte mis ríos, montes y valles, crear un lazo de amor entre el guía y el turista. Compartir nuestras riquezas y triunfos, nuestras vergüenzas y una historia reciente que tanto nos duele.

Me gusta ver cuando duermes trémulo entre mis brazos, caribeño de labios suaves y bermejos, de lengua astuta y avezada. Me enamoraron tus besos y grandes manos, tu acento sensual que huele a caracolas y arrecifes.


Sabes a ritmo llanero y ballenato.

Será mi presencia terrenal quien determina que eres justo a la medida, mi protector y escudo, pero ¿Quién te protegerá de mí?. Venimos de un sueño latinoamericano, de una tierra que anheló su libertad e integración. Nos une nuestra lengua, aunque no los modismos.

A ti te extraña el mar caribe y sus arenas blancas. A mí, me mira fijo y con recelo un pacífico frío y salado. Nuestras patrias aunque hermanas siguen distintos caminos sociales, dos posturas antagónicas y económicas.

Me dices “mi amor” sin conocerme, para mi fueron palabras de difícil pronunciación. El trópico ha heredado su calidez a tus palabras mansas,


en tus ademanes gentiles y desinteresados.


El Mar Está Lejos… El mar está lejos, pero engañaré a los sentidos frente a esta pileta. Cerraré los ojos y escucharé las olas con estas caracolas. Tocaré la bruma de tus cabellos y recorreré tu cuerpo de sirena.

Navegaré en la tempestad de tus pensamientos, avalancha de dudas. Caballito de mar eres inmóvil y frágil, húmedo como las algas y eres terco como el salmón.

Remolino de belleza, son tus miradas tritones de seducción. Me sumerges en hechizos y cantos ribereños, en mantos de estrellas que cobijan nuestro atardecer. Corrosiva perfección, posees lunas plateadas en tus pupilas.


Santiago De Chile Desde el sur me da la bienvenida a la metrópolis, dos imponentes tambores cisterninos de ajedrez. Parece que en verano Santiago invita al sol atacameño y en los inviernos recibe al frío patagónico.

Santiago es un casco oblicuo, un valle descalabrado. Un arpegio de sirenas, bocinas y miradas ofuscadas, un encanto de callecitas recónditas y extravagantes.

Una Paris y Londres que desordena el damero de los alrededores. Un escondido Barrio Concha y Toro qué permanece congelado en el tiempo. La avenida independencia es una cola de novia interminable que recorre telas, fieltros y tapices. Patronato es la amalgama cultural de inmigrantes y bisuterías. En algún rincón de ésta ciudad aún vaga mi inocencia perdida, el recuerdo de tu amor errante.


Nubes Desgarradas Tu mirada es una luna envuelta en nubes desgarradas -a punto de gritar Es un efímero paisaje en mi memoria ligera tensión de pasado y futuro.

Hay noches que se parecen a esta. Mis penas estallan como un eco desesperado, cómo estrellas que brillan por última vez -mañana todo continúaMis ojos lacerados de látigos invisibles son relámpagos sordos, de venenos dormidos. -No creo que vaya a despertar-


Poema XY Y adentrándome en los rocíos de las lágrimas que derrochaste al amanecer, me envolví dentro de tus sueños rotos. Sembré crepúsculos en un firmamento de hadas. Dibujé dos equis en la arena.

Me visitaste en las mañanas aún consteladas apreciando mi trabajo. ¿Con cuántas ganas corriste a mí? lucero en el alba. - siempre brillabas de madrugada Era tu hora de explosión con esa energía que derrochabas.

Aprendiste tanto en tus estadías ribereñas, copiaste a la marea que venía constante y se iba. Nunca afirmabas que volverías. Un vaivén infinito como el juego de tu conquista.


Azul de Invierno Yo te escojo verano azul. Tu calor de cenizas no me daña, mas esboza sonrisas y arreboles urbanos.

Soy caduca y tus rayos no me queman, antípoda al frío antártico que lacera y desnuda el tibio palpitar. Cambio constante de estaciones sigilosas donde renazco azorado en la azul mocedad.

La lluvia o la amenaza de lluvia me congoja de sobremanera. Es por eso que el invierno retumba en las tapias de mis almohadas.


Es por eso que en los chubascos reina el desamparo de los puentes. Las hordas de niños navegan en los siete mares apocalípticos, en hospitales y el olvido.

¡Amado mío! duerme y cobija a la muerte en toda mi ausencia. Escucha el graznido del viento y el ave maría de las claretianas.

Yo cerraré mis ojos infinitamente en algún invierno. Rociaré mis entrañas en alguna selva perdida, descansaré en cada animita de mi camino pedregoso. Volveré a la vida con la música y la poesía qué forma el pacifico con sus aguas.


Luz Adecuada La luz adecuada para crear, para batallar entre ensueños legendarios. A través de estos ojos puedo ver lejanos arreboles dorados. ¡Qué no termine éste atardecer en mis ojos! ¡Qué no haya ni más, ni menos luz!.

Que ideal noche para amarte entre nubes de sábanas coloradas. Cuán lindo te verías de pie sobre estas rocas toscas, fotografía de amores perdidos e ilusiones desechas. Me reconcilio con la soledad en ésta hora y lugar.

Podría vivir así por siempre, podría divagar en el alma de todos. Recortando carcajadas y embrujando amores, podría comenzar ahora y ganarme tu sonrisa. Que para esta alma sólo basta para ser feliz.


III – La Selva


Ah Mariposa Azul (Morpho Amathonte) Mariposa azul revoletea en mi canto, viaja infinita en los dulces ecos nocturnos. Embriaga al monte de cenizas doradas.

Ah mariposa azul amalgama de arreboles agonizados, renueva el cรกliz de tus pechos. En la ternura de los frutos, en la miel de las corolas.

Mariposa azul crisol de fuegos eternos, encuentra sosiego en el elixir de mi alma, en las tabernas de mis miedos.

Sale airosa en la odisea, como la paz a la guerra, como la primavera al รกlgido pesar del invierno.


AsĂ­ las rondas de pichones jugarĂĄn constantes ante ti.


Tus Picos Omnipresentes No existe un sillón para descansar mi alma. La que a kilómetros de distancia derrocha desolación y añora tu presencia.

Los recuerdos como compañía y mi sombra como enemiga; insultan a las manillas del reloj. Aquel que retrocede viviendo el insomnio de despertar encerrado en éste pequeño edén.

Veía cada día tu imponente vigilia, tu línea divisora entre ésta patria y la mía. Después de verte desnuda y perpetrada te volviste más que una figura digna de admiración. Te transformaste en la muralla que separa el abrazo de los míos y el indicio de las lágrimas de dicha.


Misiones Tú camino deja rastros en mis pies cansados. Tinte rojo carmín de batallas que resisten su fin. Mariposas de oleo pintan tu virginidad, en telares perenes dispuestos en cautividad.

En tu mundo se besan hormigas gigantes y luciérnagas. Las cucarachas saludan a la Anahí; mientras los macacos se esfuman de pavor. La lluvia inesperada pretende inútilmente borrar, la sangre que manchó para siempre tú tierra voraz.


Cabellos Solares Cabellos solares incendias tormentas en el lecho de nuestro amor, corres incesante por mis manos cual trigo por el hoz. Alimentas cosechas en los campos de mis sรกbanas.

Cobijas mis pechos en tu remanso, Apaciguas fuegos y venenos. Intoxicando con el adiรณs nuestra creaciรณn.


Distancia Oh distancia amurallada privaste mi ilusión. Atropellaste sueños, liberaste soledad. Cautivaste feromonas empobreciendo la seducción. Pétalos desintegrados en la tierra.

Secaste las rosas, quitando el color. Ensueño de flores nauseabundas, enredaste espinas y pétalos en la misma canción.


Trincheras Oh premonición de muerte, segaste mi albedrio en tu embriaguez. Orgullo encerrado, juegas en alba de mi celda.

Trincheras de amor, te venciste y no dijiste adiós. Trincheras de pasión, enredaste en mis entrañas fulgores de cicatrices.

Como testigo, la penumbra socavaba crepúsculos de color Oníricos éxtasis calcinaban mi dolor.


Zeus Relampagueantes luces en cielo, luces frĂ­as. soplo de Gaia al anochecer.

Desde mi ventana te observo, juego de luces mudas intentando gritar. En la negra noche agitas las copas que veo desde mi ventana, juego de fulgores coquetos, haces figuras de sombras que veo desde mi lumbrera. Gritas, sacudes, te enfureces quejidos del cielo se destapan desde tus entraĂąas.

Luego te calmas, descansas respiras y vuelves a empezar. EjĂŠrcitos de mil hombrecitos caminan por el tejado, resuenan sus zapatos mientras se calman, descansan, respiran y siguen con la marcha imperial.


Flashes en el cielo, tu clítoris celestial está en éxtasis, orgasmos celestiales atestiguan la furia de Zeus. Noches difamadas de encuentros particulares, eres la más bella de las noches, gritas y te quejas, pichón recién nacido.

Juegas con la luz, luciérnaga omnipotente. Lloras y soplas sin decoro y prudencia. Asustas niños, hombres y yaguaretés de éste monte misionero. Ruido del inframundo tienes esta oportunidad para derrotar las fuerzas que ahogas en tu lluvia diluvial. Sinfonía de flashes eres una ópera en el clímax de la función. Hedor eléctrico cenizas de dolor, todo lo enciendes, tú todo lo avivas.


Oh Niño Torpe Oh niño torpe desenreda tus manos para acurrucarme, reinas en todo lo mío y todo lo mío son las palabras. Tus besos, largos ásperas espinas en la seda. Déjame enseñarte a penetrar tu amor en el mío.

Sumerjámonos en los océanos vírgenes de tu belleza. Deseo ser el Zeus y bañarte en centellas de pasión. Duerme con mis ojos y atraviesa mi psiquis, recrea mi mundo como los formícidos en sus hormigueros.

Sueña con mis miedos, belígera con ellos. Arráncalos de mí, como el pan al apetito. Como el hombre a la fe. Vacíame la embriaguez, calcina mi estupor.


No me necesitas a mí, mátame en ti. Arranquémonos del sendero iluminado. como el caudal al rio, tal como tú.

Oh niño torpe suelta tus manos del mundo. Recrea en tu silencio mi aullido, en mi cacareo tu desolación. Y dejemos abierta ésta pandora de tu amor.


Volver a La Tierra Roja Volver a la tierra roja, al asentamiento de mi vida. a las aguas azules, a las luces de la aurora. Es volver a la soledad perpetua, a los terminales, hormigas y a la fauna infinita.

Para mĂ­ era todo tan distante, distinto y delirante. La lluvia, truenos y relĂĄmpagos eran amigos de la tierra y los insectos amigos de los montes. Los supermercados lejanos, eran dos huellas de las selvas, dos oasis del desierto capitalista. Un par de besos rondaban bizarros en la noche de centinelas y almohadas, de abanicos, mosquitos y diademas.


Despejaré las Nubes con mis Manos (Machu Picchu) Despejaré las nubes con mis manos, para desdibujar la pena de tus ojos perpetrados. Entregaré mi extremaunción como ofrenda a tus dioses. Amortajados en milenarios aguayos.

Infinitas sierras y babeles altiplánicos rodean tu madre selva. Un Urubamba descarrilado en corrientes confrontadas, por rieles furiosos que despiertan alabanzas.

Escaleras hacia al magno astro, alfombras de musgos y helechos. Pasos gigantes, reminiscencia de tus ancestros.

Morena tristeza de inteligentes terrazas,


regadas y manchadas de evangelios y espadas. ¡La suerte está echada! – gritan y reclaman. Decadencia impuesta desde una España lejana.



El campo, la ciudad y la selva