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Revista Cultural Hispanoamericana

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Revista Cultural Hispanoamericana


PALABRAS DEL DIRECTOR El Papel de la Revista Cultural Hispanoamericana Si alguien me pidiera reflexionar sobre la Revista Cultural Hispanoamericana publicada en la ciudad más importante del Oeste norteamericano y la cual he dirigido por más de siete años, tendría primero que remontarme a los primeros momentos. Mucho ha llovido desde entonces y también, podría decir que la misma ha crecido desde un esfuerzo sostenido, casi heroico por mantener un órgano cultural impreso y representativo como ningún otro de la creación en español de la región de Los Ángeles. Para ser honrados, los primeros años de esta publicación, las carencias tanto de diseño como de corrección y edición eran obvias. A lo anterior habría que señalar que originalmente se encontraba lastrada por el excesivo patrocinio mayormente de comerciantes salvadoreños, confieso, me causaba más de un conflicto. Las deudas que conllevaba la revista entraban en conflicto con la idea que yo había tenido en mente al crearla. Las presiones para esta u otra línea editorial, la casi imposible tarea de recolectar el dinero suficiente me obligaron a tomar una determinación drástica: Separarme de la dependencia comercial y asumir básicamente la publicación de la misma. Afortunadamente para mi y para el futuro de la revista se cruzó en mi camino Cristina Stanghellini, directora de POESIA, Poetas Organizados en un Espacio Social, Intelectual, y Artístico y a partir de ahí se puede decir que la Revista Cultural Hispanoamericana ha dado un giro completamente favorable. La corrección de los textos y el diseño al que ha sumado la obra de artistas plásticos, actores, músicos y fotógrafos destacados de nuestra comunidad. El trabajo de diseño ha estado a cargo de Flora Calderón Ruíz, joven poeta de Ensenada, Baja California el cual ha dado como resultado un producto más atractivo y de calidad. Tomemos como ejemplos de lo anterior las últimas ediciones adonde el equipo de diseño, la inclusión de colaboradores y la distribución del material le rinde homenaje al nombre de esta revista que incluye una lista de colaboradores importantes como Mar-

garita Noguera, Selene García, Elsa Moreno Pizarro, Monique Pineda, Dukardo Hinestrosa, Federico A. Luque, y Julio Benítez quienes provienen de países diferentes como Cuba, México, Colombia, Argentina, El Salvador y Francia. En esas colaboraciones se presentan reseñas y críticas sobre nuevos libros y autores e incluso temas estéticos. A este grupo se han unido participantes extranjeros de Argentina y autores de temas culturales no exactamente literarios. En los últimos tres años, la Revista Cultural Hispanoamericana ha incluido colaboraciones de países como El Salvador, Nicaragua y Argentina. Los autores, por llamar locales se encuentran muchos de ellos en selecciones y antologías publicadas por Alba de América, Poesía Festival y La Luciérnaga que se hallan entre las de mayor nivel en la ciudad angelina e incluyen muchos otros países como Costa Rica, Honduras y otros por citar ejemplo de cuán representativa ha devenido la misma. Los géneros presentados, además de la crítica han sido primordialmente la poesía y en ocasiones el cuento. Se han presentado también reportajes, reproducciones artísticas y fotográficas sobre eventos significativos locales. La revista se distribuye actualmente en países como Chile, Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba, España, Nicaragua, Perú, Canadá, El Salvador y la Unión Americana. Como directorfundador de este sueño hecho realidad, me siento completamente orgulloso de seguir con él. Las revistas han sido el órgano de los movimientos literarios y culturales por más de cien años. En esta ciudad y en Hispanoamérica la multiplicidad de voces en español requiere de un órgano de calidad como el que ha devenido La Revista Cultural Hispanoamericana.

Mauricio Campos

Los Angeles, California, febrero 2013 Revista Cultural Hispanoamericana

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POESIA

Poetas Organizados en un Espacio Social Intelectual y Artístico ❖ Correcciones

de texto

❖ Traducciones ❖ Ediciones ❖ Publicaciones ❖ Presentaciones

de libros ❖ Coordinación de eventos literarios ❖ Poesía para amenizar eventos poesiapoesia1@yahoo.com 1 (818) 668-0350

DIRECTORIO Mauricio Campos Director Cristina Stanghellini Relaciones Públicas Julio Benitez Crítico Literario Colaboradoras Margarita Noguera Selene García Milagros Pimentel Alatrista Elsa Moreno Pizarro Monique Pineda Dukardo Hinestrosa e-mail: larevistacultural@yahoo.com Los Angeles, California • U.S.A. ❖

flora.calderon@gmail.com La Caverna Dizqueléxica Diseño Editorial

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En portada: Libro Un Quijote en Los Angeles de Mauricio Campos


Flora Calderón Ruiz

Poesía

me abrazo a mis demonios esperando que la locura me estampe un timbre y me mande lejos de aquí.

N

ací bronca crecí torcida el lenguaje se me dio arco y flecha la voz aguardiente y granada entro y salgo de mi lengua con el ardor y suavidad de la navaja en la piel

 la flor desértica se arma de un cuerpo espinoso su artera belleza asombra y diluye cualquier atisbo de rabia en quien la ama su dulce carne compensa su estridente y bronca existencia

C

aminé tanto tiempo al borde de la locura, al clásico estilo del que muere dormido.

Me cercioré de que la velocidad que raspa las rodillas Amanecí temblando tumefactas mañanas de agua y resaca. Corrí con suerte la calle la noche los bosques la arena. Hace tanto que mi voz ladra sin sentido, que arde y se quema sola La palabra se revuelca entre la lengua y cierta soledad rumiante. Lengua escaldada.

Dibujo ©Flora Calderón del libro Sentencia de las Sombras Revista Cultural Hispanoamericana

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L

ánzame una piedra

soy un pozo un lago una maldita

lánzame un piedra justo en medio de la frente estalla mi cráneo una piedra que contenga luz y una oscura parcela de la muerte bendice estos diarios con tu mirada lánzame un piedra que avecine electricidad a este mecánico cuerpo.

C

lank

un martillazo cloooonk una campana

¿las campanas todavía doblan a muerto? o es cosa del pueblo que nunca fui de su boca salían monarcas crisálidas de su camiseta rota mis manos ¾ese muerto es mío¾ cuando no hay flores en un funeral hay mariposas.

Dibujo ©Flora Calderón del libro Sentencia de las Sombras

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Neblina

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levaste mi cuerpo mañanas sucias de sol

qué soy ahora sino una brava desértica flora endémica en extinción neblina en tu memoria apenas línea amarilla en tu cerebro asfáltico dejaste caer mi cuerpo ya soy mitad noche mitad madrugada.

m e a b r a z o a m i s d e m o ni o s e sp e r and o qu e la lo cu r a m e e stam p e u n ti m b r e y m e m and e l e j o s d e a qu í .

Vive en Ensenada, Baja California, México. Autora de los poemarios Montes de espuma sanguínea, (1989 INBA /DAC), Pasión y canto de Estefanía de la Flora Calderón Ruiz Luz, (Las Moiras Ediciones, 1992) Marea de brujas, (ICBC,1998) Del olvido y otras distancias (Aretes y pulseras, 2003) Sentencias de las Sombras (Oasis Ediciones-La Caverna Dizqueléxica, 2006). Su poesía está incluida en antologías como Un camino de hallazgos (Gabriel Trujillo, UABC), Below San Onofre, (Pam Handler Productions) Across the line/ Al otro lado, (Harry Polkinhorn / Mark Weiss, Junction Press) Poetas de Tierra Adentro III (Thelma Nava, Tierra Adentro) y algunas minificciones en Dispersión Multitudinaria. Instantáneas de la nueva narrativa mexicana, (Roberto Max / Leonardo D´jandra, Joaquín Mortiz), Nuestra cama es de flores. Antología de poesía erótica femenina. (Roberto Castillo, Compilador. Edición bilingüe. CECUTCOANCULTA) Aquella noche el mar (Roberto Castillo, Aretes y PulserasICBC). Coordina el Taller Experimental de Literatura del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) y es directora del multiforme proyecto La Caverna Dizqueléxica, junto con Paulina De la Cueva y Jorge Calderón y en el que se han publicado 10 libros de diversos autores (narrativa, poesía, investigación y pintura)

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Oscuridad Oscuridad * Cecilia Davicco

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aminan uno al lado del otro, callados, silenciosos. Una, dos, cinco, ocho vueltas alrededor del corredor. Él, alto, delgado, tan delgado que su cuerpo dibuja una fatigada concavidad que insinúa solapadamente los avatares por los que atraviesa. Mientras camina, su acuosa mirada intenta retener las lágrimas que involuntariamente se deslizan por su rostro. Rostro cargado de recuerdos que impávidamente afloran cincelando su piel con profundas y amargas arrugas. Ella, a su lado camina impasible, la mirada fija en algún punto inexistente. Su rostro no trasluce emociones y sus labios no pronuncian palabras porque estas quedaron suspendidas en una caótica apatía. Sus manos se sostienen una con la otra apoyadas contra su prominente estómago, mientras las refriega en un convulsivo y permanente movimiento. A veces, él apoya protectoramente su brazo sobre sus hombros, y otras la lleva de la mano como a una niña desvalida, pero siempre sus gestos hacia ella son suaves y amorosos. Cuando sus cansadas piernas le piden reposo, suavemente le susurra al oído que es tiempo de sentarse. En ocasiones, ella lo mira embelesada y le sonríe con un gesto de aprobación, pero otras, la mayoría, la respuesta nunca llega, tampoco la sonrisa, ni la mirada; y desdeñosamente continúa su camino. Mientras tanto, él siente que la angustia lo arrincona con una lacerante opresión que puja por salir y liberar rencores recurrentes, pero sabe que es su deber reprimir y continuar. Las grandes puertas vidriadas del edificio le devuelven una imagen cansada, agobiada por años de desesperanza y frustración. Camina lento, pausadamente, resistiendo el momento de introducirse en ese mundo surrealista donde nada es, donde no hay pasado, ni presente. Donde rostros enmarcados sonríen burlonamente ante la mirada ausente de los fantasmas que deambulan sin rumbo, fantasmas que conforman una familia unida por la ausencia de recuerdos, por la oscuridad. Se lo ve endeble física y emocionalmente, pero al abrir la puerta respira pro8

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fundo como el actor que sale a escena y un personaje jovial y menos ajetreado atraviesa la puerta con los brazos abiertos para acurrucar a la torpe silueta que se le abalanza con los brazos extendidos y lágrimas en los ojos. Una resignada sonrisa se dibuja en su rostro y aunque ella no esboza palabra, todo su cuerpo expresa una profunda felicidad, se encoge amorosamente entre sus brazo, mientras él besa sus cabellos, la abraza como siempre y comienzan a caminar alrededor del corredor. Unas, dos, cinco, diez vueltas…. No hay nada que hacer ni decir, las caminatas, las anécdotas, las películas, todo es repetición constante de un interminable columpiarse velozmente del pasado al presente y del presente al pasado en instantes seguidos de oscuridad y olvido. Para él, es la rutina, el trabajo, la obligación y la lealtad que jurara frente al improvisado altar en una playa de arenas blancas y olas traviesas que salpicaban sus tobillos mientras se juraban amor eterno. Un amor que, por su intensidad, no fue capaz de proyectarlos a la inmortalidad porque en ese, su reino, no hubo cabida para nadie más que ellos dos. Y ahora, para él, solo quedan las arenas blancas, tan blancas que su brillo lo ciegan y dificultan sus recuerdos y para ella, no hay nada, solo oscuridad, olvido, un instante de súbito despertar, las esperas, y nuevamente la oscuridad y el olvido. Para él los días se van restando uno a uno al tiempo que su espíritu se va esfumando, desvaneciendo tras una neblina de frío que, poco a poco lo va convirtiendo en una sombra de callada desesperación. Por momentos su cabeza gira en un torbellino desenfrenado, arrollador, dejándolo sin fuerzas para resistir la incesante tentación de terminar todo, cerrar los ojos y no pensar más. En esos días y por algunos minutos, ella percibe lo que dentro de él está ocurriendo, se sienta en su sillón favorito, fija la mirada en una pantalla de televisor que refleja mundos inconexos, lejanos, que no le pertenecen, donde sus ojos miran


sin ver, con esa su mirada vacía, sin brillo ni emoción de muñeca de bazar. Se recuesta por unos minutos sobre el pecho de su amado, recoge sus piernas sobre el sofá en un sincero deseo de sumergirse en esa conocida y cálida intimidad. En esas ocasiones, en algún recodo de su cerebro neuronas extraviadas se unen accidentalmente para traerla al mundo real, donde reconoce sus cosas, los cuadros que él colgara y en un lenguaje absurdo e indescifrable, le dice que lo ama. Es un instante, pero lo suficiente para entender que él necesita su apoyo y comprensión. Pero es un fugas y efímero instante y vuelve a ser aquella que no es la de ayer, ni la de hoy o mañana, solo ES. Y aunque él intenta transmitirle mensajes, ella ya no escucha, se revuelve inquieta en una desesperada y agonizante manifestación de rebeldía. Sólo obedece a los impulsos que su cuerpo le impone. El, sin entender le sugiere con vos firme que siga mirando ese video que, tan desgastado como sus fuerzas, sigue mostrando el altar, las arenas juguetonas, los abrazos y besos que poco a poco se han ido diluyendo al igual que su mundo. Ella insiste porfiadamente en levantarse. Ante la imposibilidad de incorporarse por sí misma, se resigna por un momento, acepta, pero la inquietud crece. Hay fastidio y malestar en sus gestos. Se refriega las manos con tanta fuerza que las frágiles uñas de sus dedos se desprenden como hojas marchitas. Suda profusamente, se apoya sobre los brazos del sillón para ponerse de pié, pero sus intentos son vanos. Su cuerpo, atiborrado de la grasa acumulada por la falta de ejercicio, se resiste a obedecerle. Un olor nauseabundo comienza a desprenderse de su cuerpo y se dispersa por la habitación. El entiende que debe renunciar a sus deseos, que tiene que abrir los ojos, ponerse de pié y acudir en su ayuda. Se esfuerza por mantener la calma y dibuja una precaria sonrisa para que sus verdaderos sentimientos no afloren. Le brinda su brazo para que pueda incorporarse y, lentamente la conduce al baño donde, con resignada devoción, comienza a quitarle la ropa que apesta porque la mierda ha traspasado los calzones, los pantalones y ha dejado una gran aureola en el sofá.

¿Dónde quedaron aquellos días en que una mujer de ojos profundos caminaba por la playa tomada de su mano? ¿Dónde quedó su sonrisa y ese egoísta mundo de dos, donde los bosquejos de hijos fueron borrados, puestos en indefinida espera, para no amenazaran su intimidad? Irónicamente, aquella decisión no tuvo consecuencias hasta muchos años después, hasta ahora, hasta este instante donde la soledad rasguña y duele. ¡Qué tremendo sarcasmo de la vida! Ocho años han pasado desde que comenzaron los ataques de pánico frente a las escaleras de su casa. Ocho años, desde aquel día en que salió corriendo de la casa, desnuda, llorando, con un cuchillo en la mano amenazando a los desconcertados vecinos y sembrando el miedo entre aquellos que la conocían. Ocho año desde que aquel, su privado y mezquino mundo de eterno romance, comenzó a desintegrarse como las neuronas de su cerebro. Hoy, ese cuerpo de mujer camina, come y duerme; camina, come y duerme. Su mente no existe; murió hace ocho años. Entre el ayer y el hoy, la única conexión real es un número de identificación y una foto con su nombre, lo demás ya no es. Y hoy, el médico le extiende a él los resultados de sus exámenes. Exámenes que aterrorizado lee para descubrir que él, el único disponible para cuidarla, para mantenerla con vida, el que apostaba acompañarla hasta su último suspiro, el que aceptara no tener hijos porque ellos dos eran suficiente, en las letras de ese papel se dibuja su condena de muerte.

❦ Del New York Times, 24 de junio de 2008: Dan Wood, artista plástico de 67 años fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza junto al cuerpo también sin vida, de su esposa Nancy. Ante la devastadora noticia de que el cáncer que padecía era terminal, Dan decidió poner fin a su vida después de disparar a su esposa, quien desde hacía ocho años sufría un severo caso de Alzheimer. Revista Cultural Hispanoamericana

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Notas sobre una literatura hispana en z te

r Po

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l enfrentar el tema de la literatura escrita en español en Los Ángeles debo antes advertir que lo hago más que nada en mi condición de testigo y participante de diferentes peñas y grupos y también por haber conocido personalmente a varios de los creadores de esta región del país. No pretendo enfrentar este asunto desde una perspectiva profesional y crítica. Por tanto, presentaré más bien la opinión subjetiva de alguien quien desconoce todas las variantes del asunto de esta metrópoli en la que viven millones de hispano-parlantes extendidos mucho más allá de la misma ciudad del Oeste norteamericano hasta expandirse como gran megalópolis hacia los bordes de los condados de Orange y Riverside por solo mencionar ejemplos de su extensión. Habría que señalar como dijo Néstor Fantini en un trabajo presentado en la Universidad Dominguez Hills que gran parte de esa creación, en su caso, el cita La Luciérnaga, es mayormente literatura popular por el hecho de que sus autores no han sido consagrados por la academia universitaria y en mi opinión por falta de apoyo editorial. En Los Ángeles existe una profusa actividad literaria, con predominancia de la poesía y eso lo he podido comprobar en el número de textos a los cuales he tenido acceso, así como el protagonismo del género en las diferentes reuniones en que los autores presentan sus obras. Precisamente, ese fenómeno de relación autor-público se da mayormente en las llamadas bohemias y peñas. Nombres variados se pueden encontrar dado el interés de institucionalizar cada agrupación. A lo anterior se unen incontables publicaciones co10

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munitarias que incluyen alguna que otra crítica y ficción literaria. La realidad es que cantidad y calidad siempre se producen en momentos de efervescencia y eso parece estar ocurriendo. Solo la punta del iceberg resulta en producto profesional, según la experiencia universal pero la variedad de temas, intentos y aficiones en Los Ángeles deberán ser reconocidos. Dadas mis experiencias, yo podría asegurar que en estos momentos hay cientos sino miles de creadores, si se toma en cuenta la variedad de orígenes de los autores, mayormente emigrantes o descendientes de estos quienes conservan el español. Sospecho que muchas de esas bohemias y grupos proliferan en esta ciudad aun cuando no he podido atestiguar la existencia de todas, por ignorancia o por la distancia de mi punto de residencia. No he incluido tampoco los grupos chicanos por ser éstos una extensión de cierto tipo de cultura adonde predomina el inglés como lengua de expresión. Entonces, viene a colación la situación de la creación literaria en la ciudad. Indudablemente debió haber un número de escritores anteriores a la ocupación norteamericana pero no pudieron en modo alguno publicar sus obras por la razón de que ningún territorio al norte de México o Cuba tenía derecho a imprenta durante la dominación colonial lo que tampoco se propiciará durante el breve dominio mexicano. No es hasta mucho después, ya a fines del siglo XIX que se imprime en español algún libro o prensa. Alguna que otra obra también se dio a conocer durante las primeras décadas del siglo XX. Hay un momento significativo de esa literatura en español creada por emigrantes y que ocurre en la


década de los ochenta del pasado siglo y se extiende hasta temprano los noventas con el grupo La Luciérnaga que en ese entonces parece haber reunido figuras que resaltaban por su calidad poética, narrativa e incluso de crítica literaria aun cuando miraban mayormente hacia los orígenes nacionales lo cual comienza a cambiar por la aparición de señales que cuestionan la vida angelina y norteamericana. Esta literatura escrita por autores de diversos países deberá algún día registrarse como parte de la creación de esta naturaleza en los Estados Unidos Un ejemplo de lo que mencioné anteriormente lo podemos apreciar en peñas mayormente de carácter popular. Así se fundó una asociación que se ha dado en llamar de “Los Arcos Dorados” por localizarse en un McDonald de la ciudad de Glendale donde se reúne cada jueves y cuyo fundador George de Aztlán, importante promotor de la poesía en la ciudad, nos dice se rompió el estereotipo de la cultura de masas del imperio. Allí se han presentado en sus varios años de existencia algunos de los autores más serios de estos géneros en Los Ángeles, y también un grupo muy dinámico por su amor a la declamación y a la rima ligera. La Unión de Escritores Hispanos que se reúne también en Glendale bajo la dirección de Marina Harrington, es un pequeño grupo que reúne creadores variados más allá de la literatura artística. Así se han presentado conferencias sobre temas científicos, financieros y geográficos. Su fundadora, poeta y narradora ha logrado atraer a personajes como Leonel Menéndez, autor de un libro de viñetas sobre la realidad cubana, así como a poetas de nivel contemporáneo como Margarita Noguera y a Ketty Castedo, reconocida en la comunidad boliviana y de la ciudad. Allí mismo, en la biblioteca que abarca el trabajo de este último grupo conocí a Marta Maren, una señora que tiene una peña en Los Ángeles que lleva varias décadas de fundada. Su promotora es fundamentalmente una defensora de la causa de los inmigrantes. En ella asisten muchos autores de raíces mexicanas de otras nacionalidades. Ellos tienen su propia publicación aunque sería motivo de análisis separado por los múltiples inconvenientes que noté al hojear algunos de sus ejemplares. En Orange County existen también peñas que se interrelacionan con los angelinos y que funcionan periódicamente. Allí se puede hablar de Arymex cuya presidenta es la poeta Maricela Loaeza y del Centro Gaucho Martín Fierro, este último dirigido por Rafael Figueroa. No conozco todos los autores de esas bohemias pero sobresalen por su calidad tanto en

la poesía como en la prosa, la cubana Margarita Noguera y la colombiana Elsa Moreno Pizarro sólo por citar algunos ejemplos. En La Luciérnaga pude conocer al reconocido poeta Dukardo Hinestrosa, miembro del grupo Nadaísta de Colombia y quien es también narrador, periodista e importante promotor cultural. Poetas de México como Maité Ruedas, Alejandro Molina y Raúl Arredondo. Argentina en la voz de Elsa Frausto, poeta de las cosas y el momento nos deleita con una fluidez muy contemporánea. También Antonieta Villamil enriquece las sesiones de este grupo que en su última versión ha logrado más de noventa reuniones consecutivas. José Manuel Rodríguez, narrador reconocido y ganador de varios premios internacionales y de prestigiosas universidades, quien ha publicado varios libros con estilo propio y lenguaje contemporáneo, sobresale en esta peña. Ejemplo de lo anterior es el escritor y periodista argentino Gabriel Lerner, autor de varios libros de poesía y cuentos quien no solo maneja varios estilos y géneros con maestría sino que se ha convertido en una figura nacional como editor de Huffinton Post Voces luego de una labor destacada en el periódico La Opinión y AOL en español. Miembros como Néstor Fantini, destacado periodista, cuentista y promotor principal , así como Julio Benítez, Rafael Carvajal y otros como Jairo Duque han colaborado también en ese órgano nacional y en otros medios nacionales e internacionales. La Organización Poesía es un proyecto-organización abarcador de la creación poética y otras artes desde recursos limitados pero con un sentido promocional. Su fundadora Cristina Stanghellini ha reunido en ella a los más variados matices del quehacer lírico con muy disímiles tonos y recursos. Ellos han organizado recitales, presentaciones teatrales, han publicado una lista importante de títulos y han ayudado a promover a varios autores del área como el poeta Virgilio González, la fotógrafa y significante poeta francesa- peruana Monique Pineda, y otros poetas como Oxc Lebrán y Fernando Fernández. Se produjo incluso un disco con poemas musicalizados por el canta-autor costarricense Eugenio Torres quien fuera representante de su país en el concurso de la OTI. El maestro peruano José Luis Carballo, reconocido internacionalmente, es parte de la producción del disco 12 Poetas y Una Voz .La organización de concursos, seminarios y conferencias han abundado y convierten a esta organización en unas de las más importantes por su trabajo promocional. 11 Revista Cultural Hispanoamericana


El poeta Mauricio Campos fundó hace ya unos años la Revista Cultural Hispanoamericana. Su labor no se remite únicamente a la continua búsqueda de su propio estilo sino a su interés de promocionar la literatura del área y más allá de la frontera. Su órgano ha evolucionado para añadir importantes personajes como Selene García, poeta y crítica mexicana, el apoyo de autores cubanos, mexicanos, colombianos, peruanos y de varias nacionalidades. Ahí se ha publicado mucho de la mejor lírica actual de nuestra ciudad así como de otros países. La revista, de hecho, se ha interrelacionado con Poesía y por tanto aunque no es su órgano oficial, ha servido como tal. Antonieta Villamil, quien ha logrado publicar una obra sustancial, concienzuda y profesional se ha dedicado también a promocionar a otros autores logrando reunirlos junto a otros creadores en el icónico Beyond Baroque. Gracias a su esfuerzo ha reunido a la peña poética más sólida y contemporánea de la ciudad. Aunque de fundación reciente, su sobrevivencia ayudaría mucho a promover la poesía hispana y de hecho sus materiales en forma de revistas llamadas Poesía Festival 13 poetas Los Ángeles 2012 y 2013 se encuentran dentro de lo mejor que se ha publicado en estos lares en la lengua de Cervantes. En esta breve reseña testimonial no quiero dejar de mencionar las figuras de la doctora Juana Arancibia, fundadora de una importante organización internacional que resume mucha de la obra de la ciudad y más allá de los mares. A ella se une el doctor Benito Gómez quien ha tomado la antorcha de los Simposios que reúnen a muchos críticos, profesores y autores en la Universidad de Dominguez Hills. Allí se está cocinando una generación de críticos y de apreciación literaria en español de las más importantes de la ciudad. Como síntoma de lo que se produce en Los Ángeles debemos mencionar también la variada aparición de títulos de autores en los más variados géneros. Algunos de ellos como la serie de novelas y relatos de Manuel Gayol, quien es un respetado profesional, se presentan más que nada individualmente y con notable apoyo de los críticos. También está el caso de René Colato Laínez, dedicado más que nada a la literatura infantil y quien ha sido publicado por importantes editoriales como Alfaguara. Otros han incursionado en una u otra peña pero decidieron dedicarse al acto creativo de manera más reservada. En esta ciudad se publican anualmente incontables títulos o salen a la luz obras de creadores locales. Eso nos ofrece una idea de lo que pudiera ocurrir en un futuro cuando las casas editoriales importantes decidan establecerse en la urbe hispana más numerosa de los Estados Unidos luego de ocurrir una explosión de popularidad gracias a un posible éxito de una de las obras aquí creadas. Eso ayudaría a prestigiar el español como lengua literaria y a promover la generación de autores que convive con estilos distintos pero en algunos casos con una estética digna de ser leída más allá de nuestros lares. Por último, sé que muchos pudieran sentirse ignorados. No fue mi intención establecer pautas o definir con exactitud tan espinoso problema como es este tipo de creación en Los Ángeles. Sólo he querido indicar la dinámica que yo he podido observar como testigo en mis limitadas incursiones en esta esfera. Si el momento lo permite y continúa la búsqueda de temas propios de nuestro entorno se reconocerá un día más allá de lo popular, la existencia de una literatura en español. Y cuando eso ocurra la punta del iceberg brillará con aquellos que han luchado profesionalmente para ello.

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Comentario sobre Un Quijote en Los Angeles Libro de Mauricio Campos

Cuestión de Hidalguía y bohemia por Antonio León

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urante la edad media, ser un trotamundo y editar los desmanes vividos en forma de arengas era un oficio que muy lejos estaba de los satisfactores inmediatos de nuestros días. En un tiempo sin redes sociales ni reproductores de música o video en alta definición, el trabajo de imaginar estaba en primer plano, siendo los estímulos del arte los que encendían el mechero hacia las propuestas narrativas y poéticas, así como a las nuevas ideas y formas de concebir el mundo. Dentro de este entramado de palabras, late la idea de que todo hombre forja una historia con los rescoldos de la propia trayectoria, de su territorio de imágenes entrañables. He aquí un libro que es, por derecho propio, un Hidalgo. Trabajado en la fragua de quien podemos considerar un vagabundo de la palabra, es un conjunto de textos que ven más allá de lo obvio, desde la ventana de quien ha vivido y ha sido sorprendido escribiendo al respecto. El libro de Mauricio Campos se presenta como la bitácora de viajes de un poeta que se deja encontrar por el material de sus anhelos. No es de extrañar que este Hidalgo decida no recaudar tributos desde su estrato de noble menor, lo suyo es vocación por comunicar, vivir siempre una historia. En el terreno del verso, en una poesía ligera y de trazos templados en su andar prosódico, que se detiene a dibujar los detalles del bohemio devenir en que se ha sumergido. En su incursión en la narrativa, los relatos incluidos en este libro acercan la visión y las herramientas poéticas a lo urbano, a las memorias de bohemia, rebeldía y camino que el escritor, como todo buen testigo de los tiempos que le han tocado vivir, ha reflejado en su obra. Es tiempo para establecer una complicidad con el Quijote de este compendio y el kilometraje del trayecto que propone. Mauricio Campos se revela como un autor de pluma cálida y voz cercana que aquí se deja encontrar. Es una invitación de amigos que gustan de perderse en las propiedad de la expresión escrita, así pues, que sea un buen inicio la lectura de estas líneas.

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EL ROSTRO TRAS EL MURO Margarita Noguera

“No pasó hoy por aquí”, se decían los vecinos cuando vieron que ya eran más de las cinco de la tarde y el muchacho rubio no daba señales. “A lo mejor”, dijeron los mismos, debe ser una de esas cosas, ya se le pasó el enamoramiento”. “¿De qué hablan?” les pregunté cuando pasaba paseando a mi perro. “Él no vino hoy”, me repitieron casi a coro las vecinas chismosas y señalaban con un dedo índice hacia una de las casas de enfrente. “Ah, ah”, les dije: “¿Y a Uds. qué les importa? Bah, váyanse a trabajar o a cocinar antes de que lleguen sus maridos”. La tarde caía, pero aún la luz se filtraba por los lindos flamboyanes naranjas que adornaban la vecindad. En realidad era una de las más antiguas; los árboles habían crecido tanto que su sombra refrescante disminuía el calor sofocante de las tardes de agosto. Las casas también eran antiguas, excepto por el edificio de cuatro apartamentos relativamente nuevo donde habitaban las cuatro hermanas Rodríguez, cuyo padre se los dio como herencia mucho antes de morir. Don Arturo Rodríguez tenía otra hija de su segundo matrimonio, pero él consideraba a tres de sus primeras hijas ineptas y con maridos incapaces de sustentar bien el hogar. La cuarta, que se llamaba Sofía, aunque todos la llamábamos Sofi, era la más joven y la única soltera. Y de ésta quiero que sepan que tenía una cara tan bella que todos los vecinos y transeúntes la miraban insistentemente cuando, toda arreglada, acicalada y perfumada, se sentaba a las cuatro de la tarde en el portal amplio y lleno de flores que daba a su apartamento. Sus ojos grandes y achinados, bellos labios y los hoyuelos de su rostro acompañados de una sonrisa espléndida la hacía la atracción de todos. En realidad ella era la única bella de las hermanas, como si Dios se hubiera esmerado en dotarla así. Todos los que pasaban se prendaban de ella. Yo era su vecino de enfrente; las vi crecer y solía ayudarlas con algunos menesteres como plomería, etc. Esto me había convertido en un 14

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asiduo visitante y casi, creo, me consideraban como de la familia. Esa tarde en que yo las visitaba, noté que a Sofi se le iluminaron los ojos cuando vio el coche del padre detenerse en frente de la casa. “Oh, papá, ¡qué bueno que llegaste! Te esperaba más tarde”. “Ah, ¿qué dice mi niña linda?” “Bien, papá”, le contestó ella, mientras las otras salían a saludarlo. “Bueno”, dije yo, “los dejaré para que hablen a sus anchas”. “No, de ninguna manera, Don Joaquín”, contestaron a coro, “tranquilo, siéntese y disfrute, ya se está colando el café”. Yo encantado, pues siempre pasaba unas tardes muy amenas cuando don Arturo las visitaba. Él era un hombre de negocios, alto, buen mozo, muy bien vestido, que solía visitarlas los domingos o cada vez que podía, cuando no estaba de viaje. Después que enviudó, se casó nuevamente y había tenido otra hija; su esperanza de haber tenido un varón no contaba en los planes de la madre naturaleza. Esto tal vez era una frustración, pues según lo que me contó, necesitaría un día un hombre de confianza al frente de sus negocios. Al parecer su cultura algo machista no le permitía entender que ya en el siglo XVI había habido una Reina Isabel de Inglaterra que llevó a una nación en derrota a la cúspide de una economía estable. O por otra parte, el mundo ya contaba con mujeres de tantos países en la alta política o en la economía. Le dije: “Arturo, entrene a su hija pequeña para que entienda los negocios y pueda hacerse cargo del dinero de sus otras hijas”. “Ah, no sé”, contestó él. “Eso sí, ésta me salió de una gran inteligencia, y sus notas en el colegio no pueden ser mejores. Pero sabes”, prosiguió él, “ella no conoce a sus hermanas; mi mujer no ha querido que las conozca, porque mis hijas mayores la llamaban para molestarla a raíz de nuestro matrimonio; aunque ya todo eso pasó. Ya sabes cómo es, ¡las mujeres no olvidan nunca nada!” Y rascándose la cabeza, dijo con desaliento, “No sé,


no debí dejar que esto se dilatara tanto...” La tarde acabó muriendo entre juegos de dominó, sorbos de café, chistes y discusiones políticas. Tomó su lindo carro, pero antes de despedirse de las cuatro hijas y especialmente de la más pequeña, le advirtió que cuando fuera al médico para sus exámenes de rigor no dejara de llamarlo. Yo le prometí que, como siempre, si pasara algo, le llamaría, no en vano yo vivía en la casa de enfrente y estaba al corriente de ellas. Todo esto llenó mi vida, desde que mi buena Encarnación pasó a mejor vida. Al día siguiente y como siempre, la niña bonita se sentó en su terraza a leer, pues siempre tenía un libro en las manos. En ello, vio caminar hacia su portal al muchacho rubio del cual ya toda la vecindad hablaba. Esto la agitó un poco, pude notarlo cuando le arreglaba la manguera del jardín y le cortaba las enredaderas de flores que ya comenzaban a cubrir casi todo el portal. Él, muy entusiasmado, la saludó parándose frente al muro alto que rodeaba su casa, dejando ver tan solo su rostro y le comentó que no había podido venir a saludarla el día anterior pues tenía una tía bien enferma a la cual fue a visitar después del trabajo. “No olvides que trabajo de martes a domingo”, le dijo. El mocetón era como unos cinco años mayor que ella. Pero que tenía interés en ella, lo tenía. Ella, modosita, le contestó: Ah, está bien”. Y continuó, “¿Sabes? Mi papá vino a visitarnos, y don Joaquín, a quien ya conoces, nos acompañó también. Fue una tarde muy linda”. Cualquiera pudo haber notado su cara sonrosada y su voz algo nerviosa. Era evidente que ambos se gustaban. Sus visitas, interceptadas por el muro del patio, se hacían frecuentes. No había duda que él se interesaba más y más en la linda chica. Un día sorpresivamente recibieron una llamada; don Arturo estaba en el hospital. Decidieron operarlo de la vesícula, un mal del cual padecía desde hacía varios años, pues había empeorado y el médico le dijo que no debía perder más tiempo. Al día siguiente de la operación yo las llevé a todas en mi coche al hospital para que vieran a su padre. La más pequeña, Sofía, se echó a llorar sobre el pecho del padre, y él la apartó suavemente. “Mira”, dijo, señalando hacia una butaca, “ahí está tu hermana María Elena, a la que no conocías”. Ellas se abrazaron tímidamente. Y lo que había parecido un gran misterio para todas, resultó ser algo sencillo y natural. La madre de María Elena, que iba entrando en

el cuarto, al ver el cuadro familiar que se presentaba se retractó y salió de la habitación. A veces los adultos agravan las cosas sin necesidad alguna. Algo interesante ocurrió durante la estadía de Arturo en el hospital. Muchos parientes que ni él mismo conocía bien fueron a visitarlo y uno de ellos, que era abogado le pidió a Arturo que hiciera su testamento en caso de que algo drástico pudiera pasar, y que no olvidara a sus parientes, así como a su esposa, a la hora de repartir sus bienes. Bueno, ya sabemos, la codicia ha sido siempre uno de los pecados capitales del mundo. Las chicas, Sofi y María Elena, prometieron comenzar a visitarse. Imagino que don Arturo se sentía mejor sabiendo que todas se conocían, aunque era Sofi la que parecía estar más contenta de conocer a su nueva hermana y hasta mostraba alegría por ello. Las otras se mostraban reticentes con respecto a este imprevisto encuentro. También esto en cierta forma era natural, pues el padre se casó un año después del fallecimiento de la madre de ellas. Pasó algún tiempo y Arturo se recuperó muy bien. Las chicas siguieron visitándose. Era María Elena la que iba a las casas de sus hermanas, pues su madre se rehusó completamente a tener trato alguno con ellas. Es muy difícil que dos familias diferentes se unan cuando hay divorcios o muertes entre ellas. Una hermana de la difunta esposa de don Arturo, Matilde, se ocupaba siempre de Sofía. Se le veía a menudo saliendo al mercado, limpiando la terraza enorme, llena de tantas plantas y pájaros visitantes que ensuciaban las lindas baldosas donde la jovencita Sofía se sentaba cada tarde a contemplarlos o a leer. Un radio en una mesa al lado de la cómoda y amplia poltrona la deleitaba con las melodías románticas de la época. Era una niña risueña, y todo el conjunto era como un cuadro sumamente plácido. Los vecinos pasaban y la saludaban intercambiando palabras de afecto. A las cuatro de la tarde más o menos ya se veía desde lejos a Ángel, el joven de marras, silbando mientras se acercaba a la casa de Sofía y oteaba entre los lindos arbustos a ver si la hermosa joven ya estaba sentada en la terraza para hacerle la usual visita tras el muro. Para los vecinos que los observaban riendo y charlando, esto se convirtió en un entretenimiento, y a veces especulaban sobre cosas que nunca habían pasado, como: “creo que ya se comprometieron”, o “parece que están muy enamorados”, o “¿cuándo lo van a invitar a pasar a la terraza?” etc., etc. Nada, 15 Revista Cultural Hispanoamericana


ellos tan sólo empezaban a conocerse, aunque un brillo especial en los ojos de ambos delataba que se gustaban. Don Arturo llegó un domingo temprano con María Elena a llevarse a tres de sus hijas mayores de compras. Hubo alboroto y jolgorio cuando llegaron con muchos paquetes y le enseñaron a Sofía todo lo comprado y lo que a ella le pertenecía. María Elena terminó el día sentada en la terraza con Sofía. Interesada por su vida, le comentó “Ya sé que tienes un amigo que te visita por las tardes”, a lo que Sofía contestó sonrojándose: “Sí, pasa por aquí, charlamos casi todas las tardes. Al parecer él tiene una tía enferma que vive algo lejos de aquí, pero según él, se baja del autobús para caminar un poco”. María Elena, riéndose, le dice “Bah, bah, es que quiere verte, se ha enamorado de ti”. Sofía, que ya tenía las mejillas coloradas, muy modesta y bajando la mirada, le dice: “Bueno, sí, tal vez...” Pasaron muchos días y llegó la primavera, saturando la terraza de flores, pájaros cantores y mariposas que venían de lejos a libar y a posarse en los cactus que adornaban la linda y peculiar terraza, rodeada por un alto muro por donde Ángel se recostaba y se asomaba para hablar con Sofía.

Todo volvió a su normalidad. María Elena llegó un día a entregarles la invitación de su boda y Sofía se puso muy contenta. En realidad se querían mucho, y se notaba que eran hermanas, porque ambas tenían en común la misma amplia sonrisa con su hilera de dientes fuertes y sanos. Claro, esto se hereda o no, pero a ellas les daba gusto pensar que sí, que esto les venía de la genética paternal, pues Arturo gozaba del mismo rasgo. La boda fue bella, y todos, olvidándose de las diferencias familiares, bailaron, bebieron y le desearon a María Elena todo lo mejor. ¡Ésta era tan joven! Un buen día en la tarde se vio una gran humareda viniendo de la casa de Sofía. Al parecer había fuego en la cocina, por lo que los vecinos llamaron a los bomberos, los dueños de las casas cercanas salieron asustados, las hermanas gritaban escandalosamente diciendo, “Por favor, saquen a Sofía, nuestra pobre hermanita”. Todos se preparaban para tal cosa, cuando en eso se apareció Ángel, por suerte del destino, porque no era la hora a la que acostumbraba pasar. Se le notó alarmado, tratando de averiguar qué pasaba. Una de las hermanas se le acercó, halándolo por la manga, y le dijo: “Vaya, vaya y abra el portón de la terraza, entre a la casa y saque a Sofía”.

Un día mientras arreglaba la plomería de una de las hermanas, vi a Ángel llegando a la casa de Sofía, y me apresuré a decirle “Ah, joven, no llegue, Sofía se enfermó y su papá y la tía la llevaron al hospital esta mañana”. El joven se alarmó y preguntó: “¿Qué le pasó, está grave, cuándo volverá?” Se notaba que le interesaba mucho Sofía. Yo le contesté: “Ah, no, yo no sé más. Tendrá que esperar a que regrese”. Pasaron muchos días más, hasta que finalmente Sofía, recuperada, estuvo de nuevo en su terraza diciéndonos regañonamente a las hermanas y a mí: “¿Me cuidaron las flores? ¿Vieron que los pájaros no se las comieran?” A lo que las hermanas le contestaron: “Sí, Sofía, cuidamos todo como a ti te gusta. Aunque sabemos que en realidad lo que quieres saber es si Ángel pasó a preguntar por tu salud. Y sí, vino todos los días, muy alarmado y triste por tu ausencia”. Sofía, algo inquieta, les dijo: “Pero no le contaron nada, ¿verdad?” “Claro que no”, dijeron las hermanas, “pero algún día tendrá que saberlo…” La miré fijamente tratando de ahondar en sus pensamientos.

Él así lo hizo. La casa estaba llena de humo, la tía casi asfixiada salía de la cocina tratando de apagar el fuego que por descuido había causado dejando un paño sobre una hornilla de gas y el fuego se había extendido a otras partes de la cocina. La tía Matilde, llorando y en voz alta, le dijo a Ángel: “Cargue a Sofía, envuélvala con esta manta, yo sacaré si puedo su silla”. Ángel, sin poder entender mucho, agarró a Sofía, que tosía mucho. La envolvió en la frazada que Matilde le había tirado y la sentó en el césped de mi casa, que como dije antes estaba enfrente a la de ellas. En eso salió la tía con una silla de ruedas y le pidió a Ángel que sentara a Sofía en ella. Él, perplejo y sin saber qué pensar, la levantó y la sentó. La frazada que la envolvía rodó al césped, y las piernas de Sofía, maltrechas y llenas de metal se mostraron claramente. Sofía en puro pánico le gritó: “Ángel, deme la frazada, por favor”. Y él, consternado, se la puso sobre las piernas.

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Sofía lloraba desconsoladamente, hasta que la llevaron a la habitación de una de sus hermanas, le dieron un calmante y se durmió. Los paramédicos se llevaron a Matilde, que estaba casi asfixiada y mostraba grande


quemaduras en las manos; los bomberos aplacaron el fuego y el humo completamente. Desde luego, la cocina sufrió grandes daños. “Siéntese, Ángel, pase a la sala, por favor”, dijeron las hermanas. Él, ensimismado por el suceso o tal vez por el descubrimiento, les dijo, “¿Cómo es que no me dijeron…?” A lo que ellas le contestaron, “Ángel, Sofía nos tenía prohibido que le contáramos que ella estaba paralítica. Esto ocurrió cuando tenía año y medio”. “¿Fue polio, verdad?” dijo Ángel. A lo que las hermanas asintieron. Pasaron muchos días y como siempre, Sofía continuó sentándose en su terraza. Sus ojos ya no tenían el mismo brillo y la sonrisa no era amplia, era casi una mueca. Yo iba más a menudo a contentar a todos. Matilde, la tía de Sofía, estaba mejor de las quemaduras que recibió tratando de amortiguar el fuego. Y en medio de la tarde placentera y fresca todos sentían el corazón triste y abatido de Sofía; su Ángel se había esfumado. Con el tiempo, Sofía comenzó a deleitarse nuevamente con el vuelo de los colibríes que hacían piruetas jugueteando casi enfrente de ella, y las flores que cultivaba con esmero le regalaban un aroma y un florecer continuo. La naturaleza le devolvía su sonrisa amplia, y desde luego continuaba leyendo libros, escribiéndoles cartas a sus amigos y escuchando su música romántica, que seguramente ahora la entristecía un poco. Un buen día por encima del muro vio un manojo de claveles rojos que ella no había cultivado; alzando bien el cuello vio que una mano los sujetaba, y preguntó sobresaltada, “¿Quién está ahí?” Y riendo, Ángel le contestó, “Son claveles para ti, preciosa”. Sofía tenía los ojos llenos de lágrimas, y él, más confiado que antes, le dijo: “¿Puedo pasar a conversar con mi bella amiga?” Ángel pasó y se sentó en uno de los sillones de la terraza, y enfrentándola de forma muy natural le dijo: “No vine antes porque mi tía, la que te mencioné antes que llevaba mucho tiempo enferma, falleció y tuve que hacerme cargo de todos los arreglos y avisar a mis primos,” y continuó “y fíjate qué coincidencia, por razón de estar ella tan grave es que yo vine tan temprano el día que ocurrió el fuego, porque me avisaron que no pasaría de dos o tres días a lo sumo. Y que la vi bien tarde porque me detuve aquí el día del incendio. Como ves, estamos ligados de por vida. Si yo hubiese venido a la hora de costumbre ya no hubiera habido fuego y no hubiera tenido el gusto de cargarte. Y, por cierto, no eres tan

liviana como yo pensé”. Sofía se rió mientras todavía le rodaban lágrimas por sus mejillas. Claro está, yo estaba feliz después de saber que ya Ángel era un invitado oficial a entrar a la terraza para conversar con su linda Sofi. Hoy por hoy me pregunto si en realidad las coincidencias o las casualidades existen, y si no fue Dios quien se las agenció para que Ángel finalmente supiera la verdad que Sofía le ocultaba. Hay que admitir que, si esto es así, la estrategia del incendio no estuvo mal. Los programas del cielo, no se discuten, pensé. Al año siguiente María Elena se divorció; en realidad se había casado muy joven y con un granuja. Ella siguió queriendo y visitando a Sofi. Tiempo después las dos primeras hermanas, que le llevaban a Sofía muchos años de diferencia, fallecieron, y la tercera se divorció también. Quedando solamente María Elena y Sofi, se brindaban compañía y afecto. Don Arturo murió repentinamente, dejando a su hija más pequeña, María Elena, al frente de sus negocios. Unos años después del incendio, Ángel y Sofía se casaron. Él se fue a vivir a la casa de ella, y la tía Matilde regresó a su provincia a vivir con otros familiares. Contrario a lo que el médico le había advertido fuertemente a Sofía, que de hijos NADA, Sofía no hizo caso alguno. Tuvo una hija a la que cría con esmero, en la silla de ruedas o moviendo sus piernas con trabajo de aquí para allá, se ve feliz y satisfecha. Yo sigo como antes, saltando de mi casa a la de ellos, y por qué no decirlo, malcriando a la bebita. Al atardecer se les ve sentados en la terraza observando cómo la niña, sana y fuerte, une sus risas y travesuras a los pájaros y las flores que llenan la terraza. Algunos vecinos se mudaron, pero yo, aunque más viejo, estoy en pie, preguntándome filosóficamente muchas cosas del curso de la vida y la felicidad humana. Y recordando siempre que el rostro tras el muro traía EL AMOR.

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POESÍA

Guardafango Antonio León

H

ubo noches de panteones y playas y lodazales en el rastro hubo pasos de temblor ciego mientras la veda del beso dos o más venados con aluminio en las heridas pateaban rediles astillas se aburrían nosotros los venados de pies llorosos con cigüeñales entre el corno matrero en que se nos volvieron los cuerpos la ristra del yonque rural no hay refacciones para los que estorban la colonia de mañosos que hacen gárgaras de aura que adornan en flores de cera las puntas de sus corazones empalados y se sacan tiras de sangre del álbum familiar en todas las fiestas antes de partir al mismo llanto nervioso de siempre a la cueva antigua donde les dirán que un muerto que se cree unicornio un día neonato los vino a buscar Aquella tarde fracasó la pluma durante el pase de lista murieron Kurt Cobain y mi primer amor no me importó la guitarra asonante del noventaycuatro pero aquel amor estaba bien y fue difícil perderlo porque en el futuro habrá mas lamentos trizados otros yunques de ojos con tela de hielo otras fiestas tatuadas entre los muros del feudo pero no volveré a decir amor con perros jadeantes en el verbo no se repetirá un primer trazo sobre la mano escondida la mano que se alzaba para exigir noche noche no será la culpa en el paso el hacha que topa en el burladero caja del pecho tu losa los monos oscuros que vuelven a casa mientras madruga la tele a colores al momento justo en que se rompe una cuerda

A

caminar venas del barrio en que fermentan tus sueños me llevaste locos de pan en la calle chismerío que nunca será declarado cables de alta tensión patrimonio oral de la humanidad ¿puede cuajar una visita a los malos de tu infancia? ¿a la acera en que pensaban que eras mariquita? si era tan triste tu barrio esas puertas de sarro que no abrían en ayunas las cadenas añejas que sudaban negro por las puntas y aquí los jardines imaginarios son caros césped como gato desnutrido sobre el cual odiaste por primera vez 18

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L

os ojos de este muchacho no suelen voltear hacia los accidentes de tráfico si se detienen a observar las hebras de un muerto no darán crédito al ocio de aquellos carros

los ojos negros no imaginan tanta carne tras la barra de contención hay un halo de pereza cuando aparece el último llanto es conocida la ruta del miedo que se lamenta al quedarse solo y nunca voltea la cara al pasar la tanda de animales tiesos se trepan al ojo chantaje de bocas que son peces globo las manos sobre los ojos nunca serán muralla o una línea de pupitres donde hablamos del clima y recordamos los sueños abiertos que tienen los niños en los accidentes

hay un halo de pereza cuando aparece el último llanto es conocida la ruta del miedo que se lamenta al quedarse solo

Antonio León Es Licenciado en educación, originario de Ensenada Baja California, ciudad en que se desarrolla como profesor de educación básica y media, en las asignaturas del área de lenguas. En el ámbito de la expresión, ha participado en colectivos artísticos y ha desarrollado proyectos individuales orientados al área de la literatura, relacionándose con otras disciplinas como el arte-instalación, el performance  y los montajes multidisciplinarios. Es coordinador del sello editorial de libro-objeto “Cavalinho ediciones artesanales” y actualmente es mediador adscrito al programa nacional “Salas de lectura” y coordina el taller “LitLab” con adolescentes del nivel secundaria y preparatoria. Su poesía ha sido publicada en diversas antologías y revistas a nivel regional y nacional, así como en publicaciones electrónicas. Ha presentado su trabajo en distintos foros, como el Festival de Literatura del Noroeste, El encuentro Mexicali tiempo de literatura, el encuentro Iberoamericano Horas de Junio y la Feria Internacional del libro en Guadalajara, Jalisco. Antonio León es autor de los poemarios “De la fiebre digresiva” y “Caricia del velocímetro”. Revista Cultural Hispanoamericana

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INCURSIONANDO EN NUESTRA VIDA SOCIAL

Presentaciones

H

abiendo bosquejado, en los dos números anteriores, una suerte de introducción a la materia, creo oportuno comenzar a compartir con ustedes temas específicos tratados obviamente a la luz del Ceremonial y el Protocolo, pero antes me gustaría aclarar que esta disciplina no se limita a lo social, sino por el contrario, la vida social conforma uno de los tantos ámbitos donde se la emplea. El Ceremonial es uno solo, lo que varía es el ámbito de aplicación que muchas veces le da el nombre: ceremonial oficial, ceremonial diplomático, ceremonial castrense, ceremonial corporativo o empresarial, ceremonial social, etc. Cada ámbito lo singularizará con aspectos que lo distinguirán de los otros, pero los principios en que se sustentará ese Ceremonial serán los mismos. Habiendo hecho esta aclaración me abocaré al tema que nos ocupa: las presentaciones. Cuando debamos presentar una persona a otra, la forma de hacerlo dependerá del rango o jerarquía de ellas, su sexo y su edad. Veamos cómo es esto. Si se tratara de dos hombres o dos mujeres, siempre se mencionará primero el nombre de la persona más joven o de menor jerarquía y luego el de la más importante o de mayor edad. Esto se debe a que la primera es presentada a la segunda. Si se tratara de un hombre y una mujer, siempre el caballero es presentado a la dama, pues a ella se la considera con precedencia. En ese caso el nombre del caballero se pronunciará primero. Será ella, entonces, quien deberá tender la mano primero - el de menor importancia siempre debe esperar que la persona de mayor rango ofrezca su mano - o saludará con la cabeza, según las costumbres del lugar. Existe una excepción, que se da cuando la dama es muy joven, entonces cambian las precedencias y es la dama quien es presentada al caballero. Cuando presentamos a un militar o un civil que ostenta un cargo o título profesional, debemos anteponer el grado, para el primer caso, a su nombre y apellido, y el cargo – si lo tuviere – o simplemente su título seguido del nombre y apellido para el segundo. Quien hace las presentaciones dirá a la persona más importante, por 20

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ejemplo: Señor alcalde, permítame presentarle al señor Si bien mencioné anteriormente que con las damas existe siempre una consideración especial y por eso los hombres son presentados a ellas, cuando la mujer tiene un rango inferior al caballero, vale la misma excepción que con la dama que es mucho más joven que éste, entonces ella es la presentada al caballero. Cuando el anfitrión deba presentar una dama a un grupo de invitados – hombres y mujeres – que se encuentran sentados, al hacerlo lo que corresponde es que todos se pongan de pie. Si se tratara de un varón, sólo lo harán los caballeros. En este tipo de presentaciones primero se enuncia el nombre de la persona introducida, sin olvidar mencionar su título o cargo antes del nombre y apellido, para luego pronunciar los de las personas del grupo. Es muy común, cuando participamos de una reunión no tan formal, que el dueño de casa, al presentar a sus invitados - si es que no se conocen de antemano -, que lo haga utilizando sus nombres de pila o sobrenombres, aspecto que desorienta al recién llegado. A causa de esta falla de las goods manners, a veces se departe toda la noche con un desconocido. El anfitrión debería, sin demasiados formalismos, presentar a cada uno diciendo además su ocupación y cargo que desempeña o logros de su carrera. En el caso de un escritor, su país de origen, sus obras más importantes y los galardones recibidos. En invierno, y más cuando hace mucho frio, es normal que la gente se abrigue para estar al aire libre. Si en ese contexto debemos hacer una presentación, corresponde que el hombre se quiten el guante derecho antes de estrechar la mano, sea a otro hombre como a una mujer; pero no tendrán obligación de hacerlo las damas, que lo mantendrán colocado.

Algunas recomendaciones:

 Los nombres deben ser pronunciados lenta y claramente.  Se esperará que se hayan pronunciado los dos nombres para darse las manos.  Los hombres se presentan a las mujeres. La excepción, cuando el hombre presentado es un rey, jefe de estado, o alta personalidad.

 La persona más importante, a quien se le presenta la otra, se nombra al final.  Si las dos personas son del mismo sexo, presentaremos la más joven a la mayor.

 Si el caballero tiene guantes colocados, se sacará el derecho para saludar, la dama, no.

Federico Alberto Luque Caamaño Argentino, casado, con hijos. Especialista Superior en Ceremonial. En esta disciplina se desempeñó como Jefe de Ceremonial de la Armada Argentina y de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa de la Presidencia de la Nación. Fue convocado, en el año 2000, por el Director General de Ceremonial de la Presidencia de la Nación como asesor “ad honorem”. Como docente dictó clases en el Centro de Estudios de Relaciones Internacionales y Ceremonial, en el Ateneo de Estudios Terciarios y fue profesor titular de la cátedra Ceremonial y Protocolo I, y Ceremonial y Protocolo II en la Universidad de Palermo. Pronunció conferencias en la Universidad John F. Kennedy, en el Instituto de Ciencias Sociales de La Plata, en la Alianza Francesa de Santa Fe, entre otras casas de estudio y es autor de varios artículos publicados en revistas especializadas. Participó como expositor en diferentes Seminarios y Jornadas. Se desempeñó también, como Director de la Consultora “Ceremonial y Eventos” de la cual fue su fundador. Es autor del Curso “Cómo Aprender Ceremonial y Protocolo En Su Casa”. Blog: Aprende Ceremonial y Protocolo http://aprendeceremonialyprotocolo.wordpress.com

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