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Entre Cicerones y Herederos, Cรณrdoba narrada por sus mayores.


CEPRAM - Centro de Promoción del Adulto Mayor Somos una organización no gubernamental en la cual promovemos el bienestar psicológico, social y las condiciones ciudadanas de las personas mayores. Esto quiere decir que queremos que las personas mayores se sientan mejor, estén acompañadas y trabajen para que vos envejezcas en una sociedad mejor. IDEA

DEL

PROYECTO “ENTRE CICERONES

Susana Maldonado de Rezzónico Andrés Urrutia

Presidente Luis Cuquejo DE

HISTORIA

Dora Gambone de Dellavedova Dolores Albarenque

EQUIPO

HEREDEROS”

AUTOR

E ILUSTRADOR

Oscar Salas.

RESUMEN HISTÓRICO

COMISIÓN DIRECTIVA

ASESORES

Y

DE VOLUNTARIAS

Beatriz Rapela de Madoery Raquel de Goycoechea de Granillo Sofía Pérez de Villagra Susana Maldonado de Rezzónico

Fabiana Frini

DIAGRAMACIÓN Sara Mónica Vega saravm870@gmail.com

TIRADA 5000 ejemplares

IMPRENTA Gráfica Integral Diciembre de 2013

Magui Rivera de Novillo Saravia.

COMUNICACIÓN

Y

DIFUSIÓN

Blanca Córdoba.

Este proyecto recibió el premio Bienal de Ancianidad 2005-2006 de la Fundación Navarro Viola. Ganó el premio Moviliza 2006 de Ashoka Emprendedores Sociales. Fue declarado de interés cultural por la Cámara de Diputados de la Nación, por la Legislatura de la Provincia y por el Consejo Deliberante de Córdoba. © SEGUNDA EDICIÓN: DICIEMBRE DE 2013, CEPRAM. ISBN: 978-987-21706-4-6 HECHO EL DEPÓSITO QUE MARCA LA LEY 11.723. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL POR CUALQUIER MEDIO, SIN CONTAR CON EL CONSENTIMIENTO EXPRESO Y POR ESCRITO DE LOS EDITORES.

PARCIAL O


La Compañia de Jesús A la sombra de los palos borrachos, en la plazoleta de la Compañía, doña Cicerona y Olayón esperaban impacientes el arribo de los chicos de una escuela. La abuela le dio una chupada al mate y suspiró. Imaginó la placita como antaño: llena de carruajes, caballos y de gente concurriendo a la iglesia. Hoy, por allí se pasean los estudiantes. Olayón recibió a la bandada de guardapolvos blancos con un toque ceremonioso de su trompeta y exclamó: -Vizcacha sin muelas, zapato sin suela, que pase la escuela a oír a la abuela! 4


Y así empezó el relato de la abuela: -A Córdoba, la fundó Jerónimo Luis de Cabrera en 1573 y pronto se convirtió en una pequeña aldea de casas de adobe con techos de paja, algunas iglesias, huertas y el rancherío a orillas del río. Todo iba bien, hasta que algo terrible llegó del cielo. -¿Cayó piedra? –preguntaron los chicos. -¡Peor! –exclamó doña Cicerona- ¡Langostas! ¡Cientos de miles de langostas que devoraban las huertas! -¡Langostas! –gritaron los chicos y, por las dudas, miraron hacia arriba por si divisaban alguna.

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-Lo único que podían hacer los vecinos era rezarle a Dios para que espantara la plaga. Para ello, levantaron una ermita y, como había que ponerle un nombre, un niño metió la mano en una canasta llena de papelitos y sacó dos, con los nombres de San Tiburcio y San Valeriano. Y la construyeron en la actual Manzana Jesuítica.

-¿Y qué pasó con las langostas? –quisieron saber los chicos. -Seguramente, Dios las ahuyentó, o se llenaron la panza y se fueron. -¿Y por qué este lugar se llama Manzana Jesuítica? –preguntó otro. -Ésa, es otra historia. Olayón lanzó al aire sus piedritas de colores y dijo: -¡Verde, amarillo, ciruela, la historia de la Compañía contará la abuela! 6


-Diez años después del paso de las langostas, en 1599 llegaron tres hombres, cubiertos de polvo y cansados de tanto caminar. -¿Venían de muy lejos? –preguntaron los chicos -Desde Lima, Perú. Y luego de refrescarse en el río, pidieron un lugar para quedarse. -¿Quiénes eran, doña Cicerona? -Tres sacerdotes jesuitas.

-¿Qué es un jesuita, abuela? -Para explicarles eso, me voy unos años más atrás. 7


Había una vez, un noble guerrero vasco llamado Ignacio de Loyola, que iba de batalla en batalla. Un día, lo hirieron y casi muere. Ahí comenzó a leer la vida de Jesús y decidió dedicar la suya a evangelizar.

Fundó la Compañía de Jesús y junto a siete amigos comenzaron a trabajar: -¿Y qué tarea era ésa? –quiso saber un gordito pelirrojo. -Menuda labor –le explicó la abuela- viajaron a lugares remotos recién descubiertos para acompañar a los indígenas. Les hablaron de Jesús y les enseñaron todo lo que sabían, que no era poco. Entre ellos, había matemáticos, arquitectos, músicos, herreros, talladores, 8


panaderos, veterinarios, carpinteros, constructores, especialistas en leyes, agricultores… -¡Sabían de todo!- exclamó el chico del pelo como el atardecer. -Así es, –dijo doña Cicerona- para ser un jesuita, había que tener fe y muchos conocimientos. Por eso, pensaban que educar era la mejor forma de evangelizar. Y esos tres jesuitas que llegaron a Córdoba caminando desde Perú se quedaron en los solares donde estaba la ermita que se hizo para espantar a las langostas. 9


Iglesia de la Compañía de Jesús Olayón le cambió la yerba al mate y lo perfumó con unas ramitas de poleo. Todos entraron a la Iglesia de la Compañía de Jesús y doña Cicerona continuó: -Apenas llegaron, los tres jesuitas comenzaron a construir su residencia. Mientras tanto, fueron arreglando la ermita y usándola como templo. Lo que querían era hacer esta iglesia, pero no tenían plata. Los chicos, maravillados ante la belleza del recinto, preguntaron: -¿Y cómo pudieron hacer esto sin plata? -Con la ayuda de una tormenta –les respondió doña Cicerona. -¿De una tormenta? ¡Ah, no, eso no se lo creemos, abuela! -Van a ver que sí. Resulta que el joven Manuel Cabrera, el nieto del fundador, viajaba por el mar cuando lo sorprendió una

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terrible tormenta. Vientos huracanados y olas como montañas se le vinieron encima. Los rayos, como látigos de fuego, azotaban el barco . Y Manuel Cabrera se pegó un susto tan grande que le prometió a Dios que, si lo salvaba del naufragio, donaría su herencia. 11


Y se salvó y cumplió su promesa. Dio su dinero a los sacerdotes para esta iglesia y, además, se hizo jesuita. Y ahí tienen, gracias a la tormenta, al susto de Manuel Cabrera y a su herencia, se construyó una iglesia con forma de cruz latina. Al norte, ubicaron la Capilla de los Naturales, sin techo, para los indígenas. Al sur la Capilla de los Españoles para los vecinos, que hoy es el Salón de Grados de la Universidad. Utilizaron piedra bola del río Suquía, mármol y granito de las sierras y algo más. -¿Por qué las construcciones de los jesuitas han durado tanto tiempo? –preguntaron los chicos. Olayón les contestó con una adivinanza: -¡“Se apaga sin estar prendida y en las sierras está escondida”! 12


-¡Claro, porque usaron cal! – dijo riendo doña CiceronaLos jesuitas fueron los primeros en utilizar cal para las construcciones. Trabajaron durante años esclavos negros en las tareas más pesados e indígenas que desarrollaron su habilidad para la artesanía; todos dirigidos por los jesuitas. El padre Felipe Lemaire era especialista en construcciones de madera; él ideó el maravilloso techo de la iglesia. Para eso necesitaba maderas muy largas y acá no había, así que tuvo que traerlas de las misiones del Paraguay. Las transportó en jangadas, las arrastró con caballos y vaya a saber qué más tuvo que inventar para traerlas hasta acá. Esta bóveda de madera les llevó12 años construirla con la ayuda de los carpinteros guaraníes. Esta es una de las iglesias más bellas de América. -¡Es preciosa! –dijeron los chicos y sus miradas recorrían el hermoso aguamanil de piedra sapo en la antesacristía.

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Del Colegio Máximo, a la Universidad Nacional de Córdoba Otra vez afuera, Olayón entonó una hermosa melodía. El bochinche de los gorriones cesó y el viento dejó de susurrarle a los palos borrachos para escuchar. ¿Dónde aprendiste a tocar así la trompeta, Olayón? le preguntó una nena de piel morena y trenzas negras como la noche. Olayón la miró divertido y dijo: -¡”Un poco del viento y mucho conocimiento”! -Le enseñaron los jesuitas. -dijo doña Cicerona- No se vayan a creer que los jesuitas se la pasaban solamente levantando iglesias. Para ellos, la educación era tan importante como la fe. Por eso, crearon el Colegio Màximo de Córdoba, para preparar a los futuros sacerdotes. Aunque también aceptaban estudiantes comunes, gente que venía de muy lejos, porque antes no había otro lugar donde estudiar. Y necesitaban un lugar donde vivir, alimentarse y conseguir libros. 14


Ahora, vengan, voy a presentarles a alguien. Los chicos la siguieron al patio de la Universidad hasta una estatua. -¿Quién es?, doña Cicerona -Es el obispo Trejo y Sanabria. Gracias a él y al padre provincial Diego de Torres, la Universidad hoy está aquí. Pero los jesuitas tampoco tenían plata para sostener el Colegio Máximo. -¡Los salvó otra tormenta! –dijeron los chicos. Esta vez no hubo tormentas; -dijo doña Cicerona- se ayudaban con algunas donaciones, como la del obispo Trejo y con los recursos que proveían sus estancias. Al principio, el Colegio Máximo enseñaba Letras, Artes y la palabra de Dios. Después, cuando se hizo Universidad, los alumnos se recibían de maestros y doctores. ¡Miren si habrá sido importante!, fue una de las primeras universidades de América. Hoy, cientos y cientos de años después, miles de estudiantes se reciben de psicólgos, periodistas, enfermeras, arquitectos, médicos, ingenieros, contadores, abogados, y de muchas cosas más... ¡Tantos títulos que no me acuerdo de todos! Y aquí ustedes también podrán venir, porque ésta es la universidad de todos, pública, gratuita y laica.

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Aquí, Olayón aprendió a tocar tan maravillosamente la trompeta. Olayón tocó una melodía que había aprendido de un sacerdote músico, el padre Domingo Zípoli. Las notas pintaron en el ambiente un paisaje lejano, donde un grupo de aborígenes, con hábiles manos, tejían hermosos tapices y tallaban maderas bajo la mirada atenta de un maestro jesuita. La suave música cesó y doña Cicerona siguió con el relato: -Desde sus inicios, la Universidad tiene un gran patio cuadrado, con claustros de fuertes muros y techos abovedados.

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Una parte de la construcción era de tierra cruda y otra de ladrillos, con techos de tijera y paja. También había un almacén, una panadería, sitios para visitantes y habitaciones para las autoridades. Pero en 1767 los jesuitas son expulsados, custodiados por soldados como si fueran enemigos y obligados a volver a Europa. El gobierno español se quedó con parte sus bienes y otros se los robaron. Sus libros se dispersaron, las estancias se remataron, pero su obra sobrevivió a pesar de todo. 17


La Biblioteca Mayor Doña Cicerona los guió hasta la Biblioteca Mayor. Los chicos nunca habían visto tantos libros juntos. -Como para estudiar son necesarios los libros, los jesuitas fundaron la biblioteca y la llamaron Librería Mayor. Muchos libros vinieron a lomo de mula, entre muebles y comida. Había obras y tratados de agricultura, medicina, botánica, legislación, matemáticas, historia, geografía, filosofía, moral, liturgia y lo que fuera necesario para que sus alumnos pudieran aprender mucho. Aquí hay ejemplares muy valiosos. En el Museo Histórico de la U.N.C. se conserva parte de la librería original de los padres jesuitas y algunos incunables.

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-¿Qué son los incunables, abuela? –preguntaron los chicos, intrigados ante esa palabra desconocida. -Son los primeros libros que se hicieron cuando se inventó la imprenta, más o menos en la época en que los conquistadores llegaron a América. ¿Saben qué otros libros y documentos se guardan aquí?

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-Cuente, abuela. -El Bando del 25 de Mayo. La biblioteca también ha engordado gracias a las donaciones particulares como la de Vélez Sarsfield. En honor a él se construyó un lugar especial llamado “El Templete”, donde están sus libros y borradores del Código Civil. Cada día tiene más libros, revistas y periódicos y suma las nuevas tecnologías, como el DVD y el microfilm. Y ustedes que viajan por internet, pueden visitarla en www.bmayor.unc.edu.ar. Como es una biblioteca pública, todos podemos consultar sus libros, pedirlos prestados y cuidarlos como lo hicieron los jesuitas. -¿Y quién los cuidó cuando echaron a los jesuitas? –preguntaron los chicos. -Muchos se perdieron o los robaron. Otros fueron a Buenos Aires. Algunos de aquellos libros que los jesuitas trajeron en carretas, volvieron a su casa en avión. -¡Qué pena que se fueron los jesuitas! –dijeron los chicos. -No se preocupen, hoy a los libros los cuida la Universidad. Los jesuitas se fueron y pasó el tiempo. En la Universidad los estudiantes no estaban muy contentos. -¿Porque les daban mucho para estudiar? preguntaron los chicos. -No, al contrario. –dijo doña Cicerona- Fue porque querían saber más y no les enseñaban. Y querían elegir a sus maestros y directores y no los dejaban. Y todas estas cosas tenían que ver con la libertad.

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Entonces armaron una protesta tan grande que fue una verdadera revolución, y se conoció como la Reforma Universitaria. -¿Cuándo pasó eso, doña Cicerona? -Un 15 de junio de 1918. Y los que protestaban eran jóvenes estudiantes, amantes de la libertad y de la democracia. Miren si habrá hecho ruido esta protesta, que no sólo cambió las cosas en nuestra Universidad, sino que además se extendió a toda América. Entre estos jóvenes estudiantes reformistas se destacaron Enrique Barros y Deodoro Roca. ¿Y sabían ustedes que antes las mujeres no podían ir a la Universidad? -¡Uuuuhhh! –gritaron las chicas. -Hace apenas cien años que las mujeres comenzaron a llegar a ella. Y casi cumplía ¡400 años! cuando fue elegida por primera vez una rectora mujer: la Doctora Carolina Scotto. -¡Bieeeennn! –gritaron las chicas. - Ojalá ustedes y sus nietos, como aquellos estudiantes soñadores, mantengan viva a nuestra Universidad Nacional. -¿Y cómo lo hacemos, doña Cicerona? -Siempre deseen ser libres. Y siempre quieran saber más. 21


Del convictorio al Cuando salieron de la Biblioteca Mayor, doña Cicerona preguntó a los chicos: -¿Quieren seguir paseando? -¡Claro que sí abuela! ¿Adónde vamos ahora? - A conocer otra de las grandes obras de los jesuitas y su historia. -¿Y cómo llegamos? -Sigan la música. Olayón se puso a la cabeza de la comitiva y tocó una alegre melodía al tiempo que marchaba graciosamente por la calle Obispo Trejo. Cuando la trompeta dejó de sonar estaban en la esquina de la calle Duarte Quirós, frente a las puertas del Colegio Nacional de Monserrat.

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Colegio Monserrat -¿Alguien sabe qué lugar es éste? –preguntó doña Cicerona. Primero hubo un silencio como respuesta. Pero desde el interior del cole llegó el coro de los alumnos que cantaban: “¡Monse, Monse, Monserrat!” Al oírlo, los chicos dijeron que sí conocían el lugar; unos, por sus primos; otro, por su hermana o por amigos que iban a este colegio o se estaban preparando para ingresar. Y Doña Cicerona contó: -El Colegio Monserrat nació el 1º de agosto de 1687, pero no estaba en este lugar, ni era un colegio secundario y tampoco se llamaba así. Los jesuitas lo hicieron para alojar a los jóvenes que venían de lugares lejanos a estudiar en el Colegio Máximo. -¿De muy lejos venían, abuela? -¡Puf!..Desde Buenos Aires, Tucumán, Cuyo, Santiago…¡Hasta de Chile y Perú! Se llamaba Colegio Convictorio, los estudiantes convivían de a tres, en cuartos con catres de lona o tablas, un baúl que se acomodaba al pie de la cama, sillas de paja y una mesa. Y como en muchos lugares antiguos, aquí también el tiempo tejió historias de fantasmas y aparecidos. 23


-¡Fantasmas! –se entusiasmaron los chicos. -¡Ah, eso les gusta! –se rió doña Cicerona. -¿Qué fantasmas, abuela? -Fantasmas de curas, duendes, pasos de mujer, ventanas azotadas por el viento… -¡Uuuuuhhhhh! –hicieron los chicos imitando al viento. -Hablando del viento, esta historia la cuenta un Cicerón que estudió en este colegio y que llegó a ser gobernador: Ramón Cárcano. Él cuenta la historia del Pisón, un personaje fantasmal, que aparecía cuando había vientos huracanados. Nadie lo vio nunca, pero muchos lo habían escuchado cuando soplaba el viento. Se oían fuertes pasos y, a veces, cadenas que se arrastraban. Cuenta Cárcano que una noche en que el Pisón estaba más furioso que nunca, los estudiantes fueron a despertar al rector. Él se levanta y los acompaña al cuarto en el piso alto y les dice que duerman tranquilos con la puerta abierta, porque el Pisón entra sin problemas cuando la puerta está cerrada pero huye si la encuentra abierta. El misterio fue descubierto años después. Cuando la puerta del gran salón estaba cerrada, el viento soplaba por unos conductos de aire unas notas formidables, produciendo un ruido aterrador. Y cuando estaba abierta, la corriente de aire moría y el órgano oculto callaba. 24


Para hacerles una broma a los chicos, que escuchaban concentrados la historia del fantasma, Olayón sopló una nota estridente y terrorífica con la trompeta. Los pelos de todos se erizaron como los de un puercoespín. Después de las risas, doña Cicerona terminó el relato: -Muchas personas que ustedes han conocido estudiando historia, se alojaron en este colegio. Algunos de ellos participaron en la Revolución de Mayo, como Juan José Paso, Manuel Alberti, Juan José Castelli y el Deán Gregorio Funes, periodista e impulsor de la educación y que llegó a ser rector de la Univeresidad. También egresaron del “Monse” Dalmacio Vélez Sársfield, Nicolás Avellaneda, Santiago Derqui, José Figueroa Alcorta, Ramón Cárcano y Leopoldo Lugones, uno de los escritores más importantes de nuestro país.

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Doña Cicerona empezó a juntar sus cosas, preparándose para la despedida. -Ah, y no les conté que Ignacio de Loyola, el fundador de la Orden Jesuita, prometió convertirse en un hombre de fe frente a la imagen de la Virgen de Monserrat. Por eso el Colegio lleva su nombre. Los chicos saludaron a doña Cicerona y se alejaron como una bandada de palomas bajo el sol del mediodía. Esa noche soñarían con sabios y laboriosos jesuitas levantando paredes de piedra, con jóvenes estudiosos, soñadores y revolucionarios, con la voz de la abuela y con el canto de la trompeta de Olayón. En sus sueños comprenderían por qué la obra de los jesuitas, que permanece hasta nuestros días, no sólo es de los cordobeses sino de toda la humanidad. Sepan, que la Universidad Nacional de Córdoba abrió sus puertas a todos, gracias a la lucha de aquellos jóvenes reformistas. Vamos, Olayón, –dijo doña Cicerona. Y los dos se perdieron entre el gentío que transitaba por la manzana jesuítica, como en las páginas de un cuento. Oscar Salas 26


Para vos, que llegaste a esta página del libro, son estos mensajes de chicas y chicos del Colegio Monserrat:

Me acuerdo cuando pasaba por la vereda y el Monse me parecía el cole de Harry Potter. …

os som s o otr Nos ue , los q ndemos mos e apr tros so os la m noso ue tene de q los tunidad sas. o r opo r más c e sab

Sentir que un colegio es mucho más que eso, no es tan común hoy en día, sin embargo yo sentí a mi colegio como mi casa, como el lugar en donde podía ser feliz.

o ltim la ú i a ,m ste tiré mo é ¡Y , me í, co a la año nte! S tira fue en se una qui ta de apa. pile va et nue

te leís igo: e u s q te d el A vo libro te en r e est ero ve í me s. Esp se. A m s año e n Mo dan tr , eh? e qu espero ¿Te

¿Les cuento algo? Todos los viernes en uno de los recreos todos los chicos de séptimo año cantan juntos, abrazados, el himno alrededor de la fuente que está en el centro del patio principal. Y el último día se tiran adentro.

s erlo v r e le pod r el co o r o e Esp n día p dan mo e ú u alg e lo p nto co un u y q utar ta Están a r disf hice. ¡ o le da! n o yo l paso, o a na d solo an mie te. g ten ha suer Muc Monserrat es un colegio secundario que depende de la Universidad Nacional de Córdoba, y lo único necesario para ingresar es aprobar un examen, estoy seguro que cualquiera de ustedes que se proponga rendirlo con voluntad y esfuerzo ¡es totalmente capaz de hacerlo! Hay que ponerse las pilas.

rá a a g lle as aje erson s n e p : Mi m os de tantes man impor hicos están muy as y c es que , c Chi dobes grado ir, si cor ° o 6° a rend e! s en 5 mense l Mon e í ¡an usta g les

Es un colegio público al igual que el Roque Sáenz Peña. No tengan miedo por materias que crean son difíciles ya que nada de eso les va a dificultar su camino.

Cada uno tiene una visión diferente hacia el colegio, la mía es de agradecimiento. Acá conocí a mis mejores amigos y personas con las que compartí momentos inolvidables.

*Fragmentos de mensajes de las y los monserratenses Melina Robledo, Martín Martínez, Augusto Taborda, Lourdes Robledo, Ivette Hak y Franco Lumelli. Acompañados con compromiso por la Prof. Ivana Sánchez – Noviembre de 2013


Entre Cicerones y Herederos Olayón es un niño que, como vos, corre, salta, pregunta, se inquieta y nunca se cansa. Él es un niño indígena, representante de quienes fueron los primeros pobladores y dueños de nuestra tierra. Doña Cicerona, es una señora mayor, que camina más lento, tiene canas, usa lentes para leer y atesora un montón de historias que quiere regalarte. Vos sos el heredero, de la ciudad, de las historias, del pasado, de un legado que seguirá vivo si vos también lo guardas en tu corazón y en tu memoria. Te invitamos a que te dejes guiar por los cicerones del CEPRAM, que de su mano aprendas, juegues, leas, preguntes y te diviertas; tu alegría, tu curiosidad, tu atención y respeto son los regalos que nosotros más esperamos. Estamos construyendo un puente que, ira más allá de estos momentos; nos gustaría que quieras a la ciudad como a tu casa, que la cuides y que cuando seas más grandes puedas contarle estas historias a tus hijos o a tus nietos. Deseamos que te conviertas en un Cicerón para que guíes a tus herederos.

Andrés Urrutia

CEPRAM, Sede Institucional: David Luque 430, Bº General Paz, Córdoba, C.P. X5004AKL, Argentina. Tel. 453-3471 - www.cepram.org.ar cepram@infovia.com.ar

Doña Cicerona y Olayón  

La manzana Jesuítica

Doña Cicerona y Olayón  

La manzana Jesuítica

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