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La adrenalina corría por las venas de él, se sentía poderoso. Pero esta sensación solo duró un momento, en seguida se dio cuenta de lo que había hecho y se arrepintió. Había matado a la única persona que le hacía sentirse vivo. ¿Qué había hecho? La sensación de poder no compensaba como se sentía ahora, vacío, sucio y miserable. Había acabado con su musa, ya nada merecía la pena. Como un zombie, dejó allí el cuerpo de Natalia y abandonó el callejón. Al día siguiente la policía encontraría un cadáver, un chico larguirucho y joven se había cortado las venas en uno de los barrios ricos de la ciudad. En su bolsillo derecho tenía la foto de una chica morena de pelo rizado.

obsesión  

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