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VIDAS QUE HACEN BARRIO El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín, a las nueve de la mañana. Mi destino esta vez no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Hacía muchos años que no venía a Madrid, desde que en los años cincuenta mis padres emigraron a Paris. Esta vez no tuve más remedio que venir. Mis padres habían fallecido y mi hermana quería arreglar las cosas de la herencia. Mi hermana vivía en el barrio que nos vio nacer, “Tetuán”. Cuando iba llegando a la estación, empecé a sentir una sensación extraña. Me vinieron a la cabeza, recuerdos de mi infancia, cuando jugábamos entre las casitas bajas, y los animales que en aquella época estaban sueltos por las calles. Al llegar a la Plaza Castilla, fue mi primer impacto, no tenía nada que ver con los recuerdos que yo tenía. Las torres inclinadas, que hoy le dan a la plaza sus señas de identidad, el edificio de los juzgados, todo ese espacio yo lo recordaba, donde corríamos y jugando la chiquillería, sin ningún peligro.Pues en ese tiempo todos los del barrio nos conocíamos. La gran sorpresa llegó cuando fuimos al notario. Mi hermana me dijo que estaba en Azca, que era el centro financiero mayor de España. No me imaginaba que era donde tantas veces había ido a casa de mis amigas del colegio. Ahora no tiene nada que ver con esas casas bajas de gente obrera que vivían alli.Hoy mas bien parece el barrio financiero de Nueva York. Me fui con la sensación de no conocer nada de mi niñez ni a las personas ni el barrio.

Crescen


VIDAS QUE HACEN BARRIO El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Al bajar del vagón me encontré con un a estación moderna, grande, que no conocía. Yo marché de la estación de Príncipe Pío, también llamada Estación del Norte, Chamartín se construyó en el año 1976 sobre unos terrenos reservados en el año 1933, y se inauguró en 1975. Al llegar a la Plaza de Castilla creía que me había equivocado de ciudad. Yo la conocí llena de descampados y casitas bajas muy humildes, y ahora está llena de grandes edificios, torres y un tráfico infernal. Marché a casa a dejar la maleta para dar un vuelta por el barrio. Llegué a la calle Aguileñas para ver si estaba todavía el primer colegio al que fui. Y después de más de cincuenta años allí sigue, un poco cambiado, pues antes sólo era de niños y ahora es mixto de niñas y niños, entonces se llamaba Torres Garrido y ahora Pío XII, y lo que más me llamó la atención fue ver que la gran mayoría de los niños son hijos de emigrantes.

Otra de las cosas que me llama la atención es la Plaza de la Remonta, llena de vida y actividad. Antes esos terrenos fueron un cuarteles de caballería llamados de Remonta, allí tenían caballos de raza para sementales, ocupaba el terreno del ambulatorio, el del centro social, el instituto y llegaba hasta la calle Muller, tenía entrada también por Bravo Murillo, el edificio que hoy ocupa un gran almacén era una cochera de tranvías y


también se podía entrar por la calle Magdalena Díez, y más a la izquierda hasta Blanco Argibay era cuartel de caballería de la Policía Nacional. Este era un barrio de casitas bajas, la mayor parte sin agua corriente, calles sin asfaltar, de gente de clase baja, con poca tradición religiosa, predominaban las tendencias izquierdistas, y abundaban los matrimonios naturales. Hoy en este barrio está el mayor complejo financiero de España. Tetuán siempre ha sido un barrio muy bien comunicado, en 1919 llegó el metro a Cuatro Caminos y en 1929 hasta Tetuán, y varias líneas de tranvía que por Bravo Murillo llegaban a Chamartín, Fuencarral, etc. Como anécdota diré que este barrio junto con Carabanchel, es el que tiene mayor número de calles con nombres franquistas, y es que fue de los primeros barrios en anexionarse a Madrid, y al tener calles con nombres duplicados y tenerlos que cambiar, aprovecharon para ponerlos. En Tetuán llegamos a tener doce cines funcionando, hoy sólo tenemos uno. Podía seguir contando muchas anécdotas, pero las dejo para otra ocasión. Se dice que cualquier tiempo pasado fue mejor, yo no lo creo, pero lo que sí digo es que fue muy diferente. Félix González


“ VIDAS QUE HACEN BARRIO” El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín a las nueve de la mañana . Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. El barrio de Tetuán, ¡cuantos recuerdos!, cierro los ojos y lo veo tal como yo lo viví en mi infancia Tetuán pertenecía a Chamartín, y según me contaba mi abuela materna, en el con

año 1808

era un pueblo

pequeño

poco más de treinta casas bajas, que a lo largo del siglo XIX y en

parte gracias al tranvía que pasaba por la carretera de Francia, ( actual calle Bravo Murillo ,) el barrio se fue poblando de viviendas. Mi bisabuela nació en este barrio y mi abuela también, mi madre nació, vivió, se casó y nacieron sus hijos en este barrio. Cuando yo era pequeña la calle Pinos Alta era un barrizal pero tenía su encanto, había un “hotelito”, una casa baja con un patio lleno de rosas, ( lo que ahora es Sotero restaurante), donde siempre había una niña sentada en silla de ruedas, daba pena ver lo triste que estaba siempre, decidí que tenía que hablar con ella , animarla , hacerla reír, y lo conseguí acabamos siendo amigas, pero me entretenía tanto que mi madre un día fue a buscarme quizás pensando que me había llevado “ el hombre del saco”, en aquellos tiempos esa frase se decía con frecuencia , hice todo lo posible por alegrar a esa niña, años después, tras varias operaciones pudo andar. Pero lo que verdaderamente hace a un barrio son las personas que viven en él, por ejemplo: don Jesús y su farmacia, era la panacea del barrio, farmacéutico, practicante, consejero, y hasta confesor, lo mismo, te recetaba cataplasmas que


te las ponía. Otros personajes entrañables del barrio que nunca se olvidan eran: la señora Petra, que tenía muy mal carácter, siempre estaba gritando a los chicos hicieran lo que hicieran, el caso era enfadarse, la señora Jovita era todo lo contrario siempre estaba con la sonrisa puesta, les daba caramelos, les disculpaba siempre, eran como la bruja mala y el hada madrina, sin embargo todos los chicos sentían respeto por esas dos ancianas que su único deseo era llamar la atención y sentirse parte del barrio. Ya no vivo en este barrio pero me paso media vida en él, lo que antes era el instituto de mis hijas hoy es escuela de adultos, hoy soy yo la que pasa mucho tiempo en él .

Por eso cada vez que vengo de ese pueblo donde vive la niña que por fin pudo andar, se casó y se marcho del barrio, la estación de Chamartin me recuerda que hay vidas que hacen barrios.

JUANA GÓMEZ


El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín a las 9 horas de la mañana. Mi destino era el barrio de Tetuán. Me encontré con un barrio muy distinto al que yo había conocido, hace cincuenta años. Mi mente retrocedió al tiempo pasado. Yo recordaba el barrio de Tetuán con los tranvías desde el pueblo de Fuencarral al barrio de Cuatro Caminos, lo conocía por la carretera de Francia. Las viviendas eras casas humildes de personas trabajadoras. El comercio, tiendas pequeñas donde encontrabas de todo. Atendían al público con agrado y simpatía porque lo que querían era vender para poder subsistir. Por las calles, muchos vendedores ambulantes voceando: chatarreros, cacharreros, paragüeros, colchoneros, afiladores y silleros. Desde el hotel del Negro, hoy llamado Plaza de Castilla, al metro de Tetuán, había que ir andando y deprisa porque no había dinero para el transporte. Aquellos años han traído otros y cuando vuelva otra vez al barrio de Tetuán, me creeré que estoy en Nueva York por los edificios que estoy viendo. Julia Casero del Olmo.


VIDAS QUE HACEN BARRIO El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Sus calles estaban sucias con muchas moscas, sin asfaltar, formándose barrizales con las lluvias. Ahora las calles y avenidas son más anchas, con aceras para el disfrute de los peatones. La mayoría de las casas eran bajas, sin agua corriente, sin alcantarillado ni calefacción; ahora son confortables y de variadas alturas. Los traperos vivían en Tetuán y Peña Grande, de madrugada bajaban a Madrid con sus carros tirados por borriquillos pequeños y huesudos, o mulos, recogiendo toda clase de basuras, desperdicios, carbón gastado de las calefacciones de los edificios donde vivía gente adinerada.Descargaban en los corrales de sus casas y seleccionaban lo que fuera útil para vender. Los domingos se formaba el “Rastrillo” en la calle de Marqués de Viana. Vendían muebles usados, nuevos, ropas, frutas, también churritos calientes. Los tenderos voceaban sus productos, formándose un bullicio ruidoso, chirriante. Como aumentó la población del extrarradio, se instaló el servicio de los tranvías, que no llegaban a Tetuán. Después el servicio del metro. Se construyó la plaza de toros (ya desaparecida), en esa zona se celebraba la verbena, las barcas, los caballitos, los bailes al aire libre, las meriendas en las tabernas (ya ha desaparecido todo). Nació el cine Europa y el cine Chamartín en la calle de Bravo Murillo. Antes no había centros de educación de personas adultas, ahora sí, como el de la calle de Pinos Alta, afortunadamente.

En la fotografía que muestro está el Obelisco de Calatrava. Dicho monumento fue cedido a la ciudad de Madrid para celebrar el tercer centenario de Cajamadrid. El arquitecto Calatrava ha definido dicha obra como un monumento móvil que cabalga entre la arquitectura, la escultura y la ingeniería. Esta realización es única en su diseño nunca antes concebida así. Lucila Velasco Cid


l I

tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín, a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. El

La mañana soleada me invitaba a ir paseando hasta la casa de

mitía, además tenía

curiosidad por ver algo de la capital. Bajé por el paseo de la Castellana hasta la plaza de Castilla. Mi atención la llamó una

copa, ienorme! Pensé que llena de chocolate sería la delicia de todo mi pueblo. Días después supe gue era el depósito del agua. I

Como me habían dicho, la calle de Bravo Murillo quedaba a la derecha. Seguí andando y, otra vez a la derecha, encontré Capitán Blanco Argibay. Según bajaba la calle me iba oliendo mal, olía peor que el establo

deltío Nicolás.

Mi madre me había recomendado que no hablara con extraños y que tuvíera cuidado con los coches, pero como no encontraba la calle Pinos Baja empecé a ponerme nerviosa. No me quedaba más remedio que preguntar a alguien, me decidí por una señora de unos cuarenta años. Fue muy amable, me indicó dónde estaba la calle, pero como el olor era tan intenso y desagradable decidí preguntarle a qué se debía. -Verás, hija -respondió- es una remonta del cuerpo de caballería del ejército y mientras no enseñen a los caballos a ir al cuarto de baño para que hagan sus necesidades,

olerá así. Nos echamos a reír. Le di las gracias y me dirigí a casa de

mitía.


VIDAS QUE HACEN BARRIO El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Me encontré con una zona sin remodelar. En la calle que yo vivo, Lope de Haro, había tres casas estilo barraca. En una de ellas se negaron a desalojar durante bastante tiempo por lo que se retrasó el que se pudieran realizar las obras de pavimentación. Esta calle parte de Bravo Murillo, más tarde vino el ensanche uniendo la calle de Covadonga, en la que había una cantina, vaquería y terminaba en la calle de Francos Rodríguez. La calle General Yagüe también se modificó, se realizó el ensanche partiendo de Bravo Murillo hacia la Castellana. Los vecinos que habitaban estas casas, en la actualidad viven en la plaza de la Remonta. Frente al metro Valdeacederas comienza la calle de Pinos Alta, esta calle es muy transitada. En esta misma calle está el centro de Educación de Personas Adultas de Tetuán. Al final de Bravo Murillo está el Ayuntamiento, los Juzgados y la Plaza de Castilla. Cuando yo llegué a este barrio, allá por el año 1959 la gente vestía pobremente y austera, ya que era un barrio de gente trabajadora. Hoy en día no tiene nada que ver con el barrio que yo me encontré. En la actualidad es un barrio muy bien comunicado, tiene tiendas de todo tipo, sin necesidad de tener que desplazarte al centro de Madrid. Me resulta un barrio muy cómodo para vivir. En cuanto a la gente, ha cambiado mucho, ya que hoy predomina la clase social media y media alta, según las zonas. Mercedes Rodríguez


“VIDAS QUE HACEN BARRIO” El tren que me traía del pueblome dejó en la estación de Chamartín, a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Cuando llegué, tenía mucha ilusión, deseaba conocer Madrid, empecé por bajár al metro, me indicaron, que me apeara en la estación de Valdeacederas. Me encontré en la calle de Bravo Murillo, es bastante larga y ancha, con toda clase de Comercios, Bancos,Cines e.tc. Teniendo en cuenta de donde venia yo, todo me parecía enorme. Entré por la plaza de la Remonta, que por cierto estaba muy animada de madres y padres con sus hijos en los columpios y demás juegos,.yo pasaba de emoción a la. incredulidad.Me senté en un banco, sin saber a donde dirigirme, allí vino a sentarse, una señora más o menos de mi edad,esto me salvó pues la verdad es que ya empezaba a arrepentirme de haber venido. Me animó bastante, me dijo que conocía una señora que alquilaba una habitación. Decidimos darnos los teléfonos para volver a vernos, pero luego me vino el bajón, pensando como me arreglaría,pero la la providencia o mi fé una vez más vino en mi ayuda, fui a conocer mi nueva casa me pareció bien y la dueña también. Salí a conocer el barrio un poco más la habitación se encotraba en la calle Azucenas en la misma encontré un Supermercado entré con la idea de comprar alguna cosa y ¡suerte¡ veo un anuncio, que necesitaban Cajeras me presenté con mucho miedo, me dijeron que me llamarían dentro de unos días, la verdad es que desconfié. Recorrí bastantes calles todas me parecían intersantes cada una tenía su encanto,por fin regresé a casa y al poquito tiempo me sonó el teléfono,¡oh¡ milagro me habían admitido.


El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín, a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Es un viaje que hago muy a menudo y siempre que no llueve voy caminando, me gusta disfrutar del paisaje y observar los cambios que se van produciendo. Cuando he llegado a la estación de metro de Plaza Castilla me ha venido a la memoria que cuando era pequeña, en la boca del metro de Tetuán, que era el final del trayecto, se ponía un padre con su hija y mientras ella tocaba el acordeón él cantaba una historia ayudándose de unas estampas en las que narraba sucesos que habían ocurrido, generalmente siempre tenían que ver con amores desgraciados o sucesos sangrientos, y la gente se paraba para escuchar, no como ahora que todo el mundo va con prisas. Por eso me gusta ir paseando, pues al mismo tiempo que veo como ha mejorado el barrio, revivo los recuerdos de la infancia.

RMS


VIDAS QUE HACEN BARRIO El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartín a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Recuerdo que el metro terminaba en la estación de Tetuán y a partir de allí las aceras eran de tierra, como muchas de las calles laterales de la parte izquierda, que eran las casas bajas conde vivían los traperos que a diario salían de madrugada con sus carros para recoger las basuras de Madrid en las calles y casas que cada uno tenía asignadas. Conocí a un trapero, el señor Juan, que después de retirar la basura trabajaba a jornal en una huerta y también vendían él y su mujer los productos del campo. Tuvo que pasar tiempo para que me acostumbrase al ruido de sus carruajes, que en procesión, como almas en pena, pasaban por la calle de Pinos Alta. La vida social de los adultos, como la de los chicos, dado lo precario de muchas viviendas, se hacía en la calle, donde sacaban las sillas bajas de asiento de enea y se charlaba de todo, lo divino y lo humano, eso sí, a grandes voces, porque hay que reconocer que fuimos bastante ruidosos. Con el calor del verano más de una sacaba el colchón al patio para dormir al fresco. Hay quien recuerda todavía el gitano con sus grandes bigotes y su chuzo en la mano con un enorme oso pardo sujeto con una cadena al que le decía: “baila, baila Nicolás”, y cuando el pobre animal daba unas cuantas vueltas le arreaba un palo y le decía “siéntate Nicolás que se te ven las angulas”. Ángel Fernández


VIDAS QUE HACEN BARRIOS El tren que me traía del pueblo me dejó en la estación de Chamartin, a las nueve de la mañana. Mi destino no era Pueblanueva, sino el barrio de Tetuán. Al verme en medio de tanta gente me asuste, era la primera vez que salía de mi ciudad natal, atrás quedaban los malos momentos vividos con Juan, entre peleas y reconciliaciones, se me avían pasados los mejores años, y ahora me encontraba en Madrid, empezando una nueva vida, de repente me pareció que alguien me llamaba era Maria, una antigua amiga, nos dimos un fuerte abrazo, teníamos tanto que contarnos. Cuando nos dirigíamos a su casa, al pasar por la C/ Bravo Murillo, me llamo mucho la atención el colorido del Ayuntamiento, parecía la Casa Rosada de Buenos Aires Al día siguiente Maria me enseño todo Madrid, pero en especial el barrio de Tetuán, con sus casas bajas, y sus calles pequeñas y oscuras, me pareció muy sombrío, muy triste. Han pasado ya 20 años de todo esto, y sigo en el barrio, poco a poco me fui acomodado en el, hoy en día queda mucho por hacer pero parece otro, con esa avenida tan maravillosa “me refiero a la de Asturias”, el Centro Cultural Eduardo Úrculo, con sus conciertos y obras de teatro, sin olvidar su clases de idiomas, bailes, sus manualidades, a si como sus exposiciones, todo un centro para disfrutar y mejorar personal mente. Tenemos otro centro llamado Tatúan, en el voy a Tertulias Literarias, en estas clase se me permite expresarme en publico, y eso me gusta. En este barrio, e conocido a los que hoy son mis vecinos, gente encantadora, gente que me ha ayudado en momentos difíciles, y yo creo que hay pocos barrios en los que las personas que lo forman se preocupen tanto los unos de los otros, y como se agradecen esos saludos en las paradas del autobús por la mañana, me gusta. No me quiero olvidar, de ese Rastrillo tan interminable que tenemos los domingos, nos permite ir a la última por poco dinero, eso si, cuando uno va parece que se ha cambiado de país, Fin

Mª Teresa Peñacoba Arnaiz


Textos del taller literario.