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IV CERTAMEN LITERARIO INTERCENTROS DE EDUCACIÓN DE ADULTOS.


“ Si haces planes para un año, siembra arroz. Si los haces para dos lustros, planta árboles Si los haces para toda la vida, educa a una persona."

Como el anterior año, este, vuelve a tener el CEPA Villaverde la gratificante labor de elaborar la revista del IV Certamen Literario Intercentros de educación de adultos.

Una recopilación de los primeros y segundos premios, así como de los momentos más emotivos del acto de entrega de premios que no sólo deseamos sea un testimonio para el recuerdo, sino que además esperamos sirva de motivación para la participación en futuros certámenes.

Con ese deseo y con mucho cariño os presento la revista de este año. Un saludo.

CEPA Villaverde


GANADOR CEPA CENTRO “NADA” Esta mañana llego tarde, otra vez, no puede ser… … “Nada”; no me lo creo, ¿nada?...Llevo días sin comer, tengo ataques de ansiedad y yo no tengo nada; absurdo. Odio meterme en una consulta para que el resultado sea este; bastante valor he reunido para acudir: me temblaban las piernas y no pegué ojo en toda la noche, miraba a la gente de alrededor y creí con toda certeza que sabían lo que me pasaba. Pasé un momento horrible para esto… ¿y adónde voy ahora?, no sé qué hacer. Quiero volver a dormirme pero es demasiado tarde, y no hay nadie con quien pueda hablar a estas horas. ¿Y si vuelvo a la consulta? A pesar de todo es la opción más lógica en este momento. Bien, creo que era por aquí, voy a sentarme en esta silla que parece un buen lugar. ¿Por qué llora esa niña? Creo que no es un buen lugar para sentarme; me voy de aquí. Ha sido mala idea. Prefiero empaparme en un banco del parque a las once de la mañana antes que ver más lágrimas. Bueno ya estoy sentado, ¿y ahora?...¡Ah si! ya me acuerdo, no tengo “Nada”. Quizá ahora sea el momento de valorar si estoy enfermo, ya ni siquiera me acuerdo cuando empecé a sentir los primeros síntomas… Hace algún tiempo ya, puede que un año o menos… Hace demasiado frío, es imposible llegar a una conclusión con este tiempo, tendré que ir a otro sitio… Voy sin rumbo fijo. Si me siento en el andén del metro, no pasaré frío y los demás pensarán que espero a alguna persona. No es así, pero creo que es más viable que pasar frío en un banco. Recapitulemos, “Nada”. Que palabra más vacía. Pienso…Son las doce. No me lo puedo creer. Bueno, sigamos…A ver. ¡Ya está! Creo que fue cuando empecé a ver a todos ellos. Sí, estoy seguro. Las fechas encajan a la perfección, fueron quizá los mejores momentos que pasé en esa edad. No tenía preocupaciones y las cosas eran simples y divertidas. Entonces… Es imposible que sea cuando empecé a sentir todo esto; no tiene sentido…Y recuerdo perfectamente que allí fue cuando…Cuanta gente hay esperando, que raro…Fue allí, sí, pero como no me he dado cuenta… ¿Ahora sí? No, no digas tonterías. Si ella, ella…¡uf! ¡Vaya día! He tenido que salir al médico para darme cuenta de la única certeza de este mundo. Soy idiota; eso es lo que soy. El metro se ha parado y estoy rodeado de gente, haciendo gestos como una marioneta. Tendré que ir a otro lugar más íntimo. Es la


hora de comer. Vale, ¿ternera, pollo?,…pollo sí, ¿No? Veo que la cara del camarero es un libro abierto así que pediré un sándwich ¿Sándwich? Bien, sándwich está frío y yo no paro de pensar.

sonríe…El

No tiene sentido, somos muy

diferentes…La verdad es que nunca se lo he preguntado… Quizá yo me hice creer a mi mismo que lo éramos. Entonces ¿Estoy enfermo? Será mejor que vaya a casa y descanse un poco porque todo esto es demasiado para una mañana. Mi estómago está bailando la samba y mi cabeza no para de girar. No voy a ocultar la realidad, y la realidad es tan sencilla como que pase lo que me pase voy a seguir estando igual que al principio, solo, sentado y seguramente comiendo algo en mal estado. En el fondo sabía perfectamente lo que me pasaba, pero no quería aceptarlo, me negaba a ser otro despojo de sentimientos rotos. A decir verdad es eso lo que soy, y eso no hace falta que lo diga ningún médico. Es de noche y no tengo a quien llamar. Nadie me llama y pienso que estoy enamorado de una persona que jamás verá en mi ningún sentimiento…Puede que vaya a alguna consulta. Allí es donde empezó todo y acabará. Mañana comeré el pollo que con tan buena cara me ofrecía el camarero. Así ya no tendré que pensar más en ese “Nada”.

Aarón Fernández Bonachera. Nivel I de Ed. Secundaria


FINALISTA CEPA CENTRO Esta mañana, al igual que ayer, me he despertado en Barcelona. Algo somnoliento me he asomado a la ventana del hotel desde donde se ve el puerto. Es un día soleado, perfecto para descubrir la Ciudad Condal. Tras desayunar “pa amb tomàquet” en las Ramblas, diviso la figura de Colón señalando el mar a lo lejos. Lo inmortalizo y me dirijo al metro. Lesseps, mi parada. Me bajo y busco el Parc Güell y, tras unas dudosas indicaciones, logro dar con la casa de Gaudí. Su arquitecto fue Francisco Berenguer, pero sin duda el toque llamativo de Gaudí capta toda mi atención. Pintada de rosa, un poco descuidada para ser un reclamo turístico, y con todo tipo de detalles que recuerdan a otras creaciones del artista. El tiempo pasa conmigo anonadado, sentado en ese banco del mirador que tantas veces he visto en las películas rodadas en Barcelona, con una perspectiva de la ciudad desde lo alto que me atrae y me impide apartar la mirada. Con la imposibilidad de visitar la Casa Milá, desciendo por unas escaleras. En medio me encuentro con el famoso dragón, símbolo de Barcelona. Se trata de una figura policroma formada por diminutas baldosas de diversos colores. El dragón está rodeado de turistas sy tras varios intentos, desisto de una fotografía sin visitantes japoneses, ingleses o alemanes. Así, me dirijo a la Barcelonesa, teniendo en la mente la clara intención de regresar algún día y entendiendo también la significativa huella de Gaudí sobre la Ciudad Condal. Una vez allí, me siento en la arena y miro el mar. Está tranquilo y la playa vacía, como cabe esperar en pleno enero. Me la imagino en agosto, llena, cuando una ráfaga de viento hace que mis ojos se llenen de granos de arena y recuerde en qué mes estoy. Cruzo y encuentro las taquillas del teleférico, para mi desgracia, con un cartel: “Cerrado temporalmente con motivo de revisión de maquinaria”. Estropeado mi plan inicial, opto por el funicular. Debido a la estación en que me hallo, cuando llego ha anochecido. Con dirección a la Font Mágica, me detengo en cada mirador para disfrutar de Barcelona por la noche. Una Barcelona iluminada que me permite ver a lo lejos la Sagrada familia y la torre Agbar. De nuevo la realidad supera las fotografías de la guia. No me arrepiento del largo recorrido: ¡Es un autentico espectáculo! Tomo unas cuantas instantáneas y agotado recorro una travesía que


me conduce a la estación: “Espanya”, directo al hotel para descansar de un largo día que, con inconvenientes me ha hecho descubrir un poco más Barcelona.

Jaime Narbón Alcalde Nivel II de Ed. Secundaria


GANADOR CEPA FUENCARRAL Esta mañana con un sorbo de café, una calada al cigarro, sigue el noticiario matinal televisivo con el mismo inmutable e invariable tono del locutor, sólo cambian las imágenes: país africano, guerra, hambre, epidemias, caras humanas desencajadas reflejando dolor, incertidumbre, miedo. Es igual, ¡aquí no pasa nada! Están lejos, estamos en fiestas, consumiendo por nosotros y por ellos. Me tranquilizo pensando que no puedo hacer nada; me rebelo por formar parte de esta sociedad insensible, deshumanizada y egoísta; me abstengo por cobardía de manifestarlo para no ser tachado de soñador, sensiblero, inocente y “aguafiestas”. Acicalado, sin legañas y rasurado, salgo de casa y me incorporo al mundo con buena disposición; afrontando y aceptando la vida y a sus vivos moradores;

sorprendiéndome la facilidad camaleónica que tenemos para

adaptarnos al momento y no hacerlo extensible en la cotidianidad diaria del año. Se multiplican los “Feliz año nuevo”, las “Felices pascuas”, los apretones de manos o besos, que llevan implícitos o explícitos los saludos con los mejores deseos para la mujer e hijos y familia en general; los brindis, por algo que posteriormente es superfluo y vacío de sinceridad. Pasados estos días, vamos comprobando la falsedad con la que hemos actuado. A vecinos y conocidos que efusivamente y con la sonrisa en la cara les hemos deseado lo mejor,

les reñimos, increpamos,

esquivamos o

miramos por encima del hombro simplemente por ser o pensar distinto que nosotros, soportamos mal su distinta ideología política,

su presuntuosidad

económica, su “sabiduría” o incultura, su “pasotismo” o intromisión, su manera de vestir clásica o moderna, la altanería o la humildad, la decoración estrafalaria y sin gusto de su casa… Aunque lo conjugado está en plural de primera persona, es perfectamente aplicable a la segunda y tercera persona de la misma conjugación, o sea, podéis usar indistintamente el “nosotros”, “vosotros”, “ellos”. Mis queridos D. Quijote y Sancho, vosotros que tenéis “mano” con vuestro creador,

vosotros que entre ambos tenéis la mezcla exacta de

cordura y sabiduría, locura y simpleza, interceded sin demora, pues el próximo día 6 de enero se acerca con los “tres Migueles de Cervantes magos de


occidente” y yo quisiera que nos inundasen con algo mas de sensatez y humanidad; os prometo que, si me traéis estos regalos, no los romperé al día siguiente, procuraré que me duren hasta el año que viene, los compartiré con mis amigos solidariamente y con sensibilidad.

José Manuel García López Taller Literario


FINALISTA CEPA FUENCARRAL Esta mañana, los rayos del sol penetraban a raudales a través de las grandes cristaleras, iluminando la sala de la segunda planta de la Residencia donde ella se encuentra. Esperé como siempre a que la sacaran del comedor para llevármela fuera de aquel lugar. Después de tres años aún no puedo acostumbrarme a mirar de frente a la vejez y a lo que conlleva e intento estar lo menos posible. Cogí con rapidez su silla de ruedas y me dirigí a los ascensores, hacia los jardines, a tomar aire puro, limpio y renovado del exterior donde ya comienza a dibujarse la primavera. Casi todos los domingos, incluso, aunque no me apetezca mucho, procuro ir a verla, estar con ella, y así recordar que aún está aquí con nosotros, a pesar de que no sabe quienes somos, por culpa de ese velo de tinieblas que se ha apoderado de su mente. Ya en el jardín, como otras tantas veces, la busqué en sus ojos, en su mirada sin poder encontrarla, hasta que la hice sonreír, entonces la atisbé un momento y me alegré tanto…. y me vino a la memoria, cuando brillaba con luz propia, sin protagonismo, sin destacar. Nunca lo necesitó. Su generosidad se proyectaba más allá de su descendencia y su bondad y humildad la precedían. Pero hace tiempo que, tímidamente, dejó de lucir, se extinguió. Sus recuerdos juegan con ella, se olvidan de quién es; y su mundo, su vida, se quedaron perdidos en algún lugar, atrapados, sin dueño. Ahora habita en sus sombras, fuera de su tiempo, escondida en la tierra y tal vez buscada en su cielo y aunque su luz ya no percibamos, y aunque no sepamos donde se encuentra su bosque encantado, y pensemos que nosotros ya no estamos en él, lo que sí sabemos sin lugar a dudas, es que ella está presente en nuestras vidas, en nuestros corazones y su recuerdo perdurará para siempre.

Carmen Fiunte Herrero Taller Literario


GANADOR CEPA HORTALEZA – MAR AMARILLO ESTA MAÑANA (NADIE CONTESTA) Esta mañana no me encuentro muy bien. He pasado muy mala noche. No he parado de soñar cosas muy raras. Tú aparecías en el sueño. No lo recuerdo muy bien, pero creo que no me hablabas. Carmen, voy a levantarme ya, así, cuando tú te levantes, estará libre el cuarto de baño y no tendrás que andar metiéndome prisa, ni diciéndome que si tardo mucho. Abriré un poco la persiana para que entre algo de luz. ¡Qué nublado está el día! No me gustan los días con nubes, me parecen tristes. Creo que va a llover. ¡Vamos, mujer! ve despertándote que pronto vendrá la enfermera con las pastillas y le gusta que estemos levantadas. Podrías contestarme al menos. Llevo un rato hablándote y tú no has abierto la boca. No seas perezosa. Yo me meto al cuarto de baño y cuando salga te quiero ver levantada. ¿Sabes que hoy es el cumpleaños de mi nieta Elena? Cumple doce años. Está hecha una mujercita. Por la tarde va a venir a verme y traerán una tarta para celebrarlo conmigo. Tú estás invitada. Y si viene alguno de tus hijos, también. Me gustaría que mis hijos vinieran a visitarme más a menudo, pero ellos tienen su vida, sus cosas. Yo lo entiendo. ¿Recuerdas cuando llegué a la residencia y me pusieron en esta habitación contigo? Al principio no me caías muy bien, me parecías un poco engreída, pero pronto empezamos a entendernos y a pasar buenos ratos juntas. Dirán que somos mayores, viejas, da lo mismo, lo que importa es disfrutar de cada día, de cada minuto, como hacemos nosotras. Luego, que nos quiten lo “bailao”. Carmen, ¿por qué no me dices algo? ¿Qué te pasa? ¿No estás bien? ¿Por qué no me contestas? Pues yo, si tú no me dices lo que te pasa, no soy adivina. Si no quieres hablarme, peor para ti. No te volveré a decir nada. Después del desayuno podemos ir a misa. Ya sé que no eres muy religiosa, pero es una forma de pasar el tiempo y de paso cotilleamos un poco los trapos que se ponen las otras. Siempre nos miran con envidia. No estamos tan mal para los


años que tenemos. Ochenta y seis tengo. Lo guapa que era yo de moza. No había hombre que no se volviera para mirarme. Y claro, la que tuvo, retuvo. Tú también harías de las tuyas en tus buenos años, aunque entonces no era mucha la cuerda que nos daban. No es como hoy, que… mejor me callo. Ya he terminado de asearme. Puedes entrar al baño cuando quieras. ¿Todavía no te has levantado? Llevamos cuatro años compartiendo la habitación y es la primera vez que te cuesta tanto levantarte. ¿No estarás enferma? Si no me hablas tendré que llamar al timbre para que vengan a ver qué te pasa. No creo que te hayas muerto. Es domingo. Carmen, no me asustes. Hoy es el cumpleaños de mi nieta y no te puedes morir. Hoy, no. Tenemos que comer un trozo de tarta, que la hace mi nuera, riquísima. Ya lo verás. Además, seguro que hoy vienen tus hijos. Lo hacen casi todos los domingos. Y si estás muerta, ¿qué les vas a decir? Hola, Paquita. Hoy te toca a ti despertarnos. Mira a ver qué le pasa a Carmen que no se quiere levantar y eso que se lo he dicho tres o cuatro veces. Ni siquiera me contesta. Si yo hiciera lo mismo nos pasaríamos el día sin hablarnos. Pero yo no soy así. Le contestaría siempre, aunque estuviera muerta, al menos para que lo supiera y se quedara tranquila. ¡Paquita! ¡Dónde va tan deprisa? Se deja los termómetros. Carmen, ¿sabes lo que te digo? Si tú no te levantas, yo tampoco. Me vuelvo a la cama ahora mismo. Me quedaré acostada hasta que quieras levantarte. ¿Adónde voy a ir yo sola esta mañana? Rafael Sánchez Martínez Taller Literario


FINALISTA CEPA HORTALEZA – MAR AMARILLO ROSAS Y ESPINOS Esta mañana, en una aldea del Norte, donde los inviernos son largos y crudos, las nevadas se prolongan durante semanas, incluso meses, con mucho frío, vive una familia modesta; se dedican a la agricultura y la ganadería. Los animales permanecen largas temporadas en las cuadras, sin poder salir al campo a pastar y beber, lo que supone mayor esfuerzo para los lugareños. En pozos y estanques se forman grandes capas de hielo que hay que romper para extraer el agua, enormes carámbanos cuelgan de tejados y árboles como guirnaldas, engalanando el paisaje ya de por sí hermoso. Los Domínguez son una familia numerosa como tantas de esta época, corren los años cuarenta. Cuando nace su primer hijo, Gloria se traslada a Madrid a trabajar de ama de cría, que consiste en darle el pecho y criar el bebé de una señora rica, dejando el suyo al cuidado de los abuelos paternos. Éstos le alimentan con leche de vaca en una botella a la que ponen una tetina y le dan todo su cariño. Dos largos años y del pecho de Gloria ya no sale nada. Es hora de regresar. Esta mañana, José Antonio, que así se llama la criatura, juega en el patio correteando detrás de las gallinas y los conejos, ajeno a la llegada de su madre, que lo abraza y lo besa con ternura y todo su amor. Él, sorprendido, busca a su abuela a la que llama mamá. Gloria, apenada, se promete a sí misma no separarse nunca más de él, pero la vida apenas comienza para esta pareja de jóvenes enamorados y su nene; está lleno de proyectos para el futuro y con muchas ilusiones. Pasan los años y van llegando críos y más críos, hasta once: seis hembras y cinco varones. Esta madrugada, Mario, de siete años, el octavo de la prole, se despierta quejándose de dolor de cabeza. Tiene mucha fiebre y el cuello rígido. José, el padre, sale en busca del médico, que reside en otro pueblo a una hora de distancia a pie. Por suerte lo encuentra en casa y regresan juntos a lomos de un caballo rubio. El diagnóstico es muy duro: tiene meningitis y nada se puede hacer. Fueron días de angustia y una terrible agonía hasta que llegó el desenlace; a todos se les desgarró el corazón. La madre apenas pudo velar a su niño del alma, pues los tres menores no cesaban de revolotear a su alrededor como pajarillos asustados llamando su


atención. La chiquitina cuenta apenas cinco meses y es la que más la necesita. A pesar de que a los días le faltan horas, no encuentra consuelo para tanto dolor. Al poco tiempo, el mayor coge el tifus. Los padres tratan de aislarlo del resto de los hermanos, pero Chelo, la décima, de cuatro años, una niña alegre y rechoncha, se contagia. Es fuerte y sana, más no lo suficiente para superar la enfermedad. Es un terrible golpe y como una piña se unen en la tristeza y la desesperación. Con el cariño y el apoyo de los suyos, luchan cada día para salir adelante. Hacen jornadas maratonianas, grandes y pequeños se esfuerzan por cumplir con sus obligaciones; los más grandes salen al campo, otros traen agua y leña. No falta voluntad por parte de nadie, pero la familia no prospera, son muchas bocas que alimentar, y eso que la vestimenta está asegurada por Julia (una hermana de Gloria que reside en Argentina y a la que todos llaman la tía rica) que manda baúles llenos de ropa, zapatos y algunos pesos. Gloria hábilmente convierte abrigos en vestidos y pantalones, de los forros hace bragas a las niñas y calzoncillos a los chicos, que cuando se sientan sobre una piedra o en el suelo se les queda el culo tieso, aunque les están muy agradecidos. Van creciendo y siguen viviendo en casa de los abuelos. Les gustaría tener su propio hogar y habitaciones separadas, sin tener que dormir varios amontonados en la misma cama. Ése es su mayor sueño, lo malo es que no disponen de una sola peseta. Gloria recuerda su promesa de no separarse más de su familia, pero no tiene otra opción y escribe a su hermana para que le busque un puesto en la fábrica que ésta posee. La respuesta no tarda en llegar, acompañada de un giro para la compra del pasaje: “Te quedarás con nosotros, enviando el sueldo íntegro y muy pronto estarás de nuevo con los tuyos. Tu marido cuidará de todo. Es un buen hombre y con tantas mujeres, la mayor de diecisiete años, necesitan el respeto del padre”. Esta mañana en la casa es un ir y venir de gente. Llegan de lejos familiares, amigos y vecinos, que quieren despedirse de Gloria. Traen algún presente: gallos, conejos y chorizos. Hay que preparar la merienda, es un largo viaje que dura quince días. Un hermano de José se presentó con un cerdo chiquitín. Las dos pequeñas, de cuatro y cinco años, no entienden nada de tanto revuelo y tanto lloro. A cada lado de la cocina económica, hay una encimera de ladrillo recubierta de azulejos. Allí sentadas, en unos pequeños bancos al calor del fuego donde se está guisando,


cogidas de la mano, las niñas lloran a pesar de no conocer el motivo. Tanta tristeza marcará sus vidas para siempre. Cinco largos años ha tardado Gloria en regresar. Ya tienen su propia casa y las benjaminas están a punto de tomar la comunión. Su madre les ha traído numerosos regalos, pero para ellas es una desconocida. Es una mujer pálida de pelo corto con permanente, cuando en el pueblo las señoras de su edad llevan pañuelo en la cabeza y su cara está curtida por el sol y el frío del campo. No la acogieron con agrado, preferían no tener muñecas ni vestidos nuevos y seguir siendo el ojito derecho de su padre. Con su llegada perdieron protagonismo y lo peor fue por la noche: habían dormido siempre con él y ahora tenían que irse a otro cuarto. No admitían que esa mujer rara llamada madre que decía quererlas tanto ocupara su lugar. Durante un tiempo se rebelaron y fue duro para todos. Pero el conflicto duró poco, con la paciencia y dulzura que caracteriza a las madres, pronto entendieron el sacrificio y el calvario que había pasado y la quisieron como si nunca se hubiese ido. Se volcaron con todo su amor para ayudar a curar las múltiples heridas de esa madre coraje.

Clara Rodríguez Rodríguez Taller Literario


GANADOR CEPA MIGUEL BLASCO VILATELA 7:30 de la mañana, amanece y una mujer despierta con los amargos recuerdos de una mañana del pasado. Revive su despertar sobresaltada, mira a su alrededor dándose cuenta de que aún permanece en su alma la soledad. Todo se torna oscuro, extraña la luz que ilumina el amanecer. El amor y el odio se contradicen en su mente, recordando todos los sucesos vividos. Todo empezó aquella noche que suponía que iba a ser divertida. Sin embargo, el caprichoso e injusto azar dio un giro inesperado, y tras la noche llegó la trágica mañana. Cuando ella regresaba a su casa después de una celebración de amigas, las sirenas de las ambulancias la despistaron, y pensó: ¡Un accidente, moto, casco! No, no es posible, tremenda casualidad. Y sin darle más importancia siguió su camino. Amaneció, pero su pareja todavía no había regresado, cosa que no era normal, puesto que él nunca se ausentaba sin comunicárselo. Fue entonces cuando empezó a preocuparse y decidió llamar a los servicios de emergencias, donde le comunicaron que él se encontraba en hospital de aquella gran ciudad. Y en ese momento comenzó la carrera frenética al hospital, rezando en la parte trasera de un taxi, aunque nunca supo porqué, ya que no se considera religiosa, pidiendo que a él no le hubiera sucedido nada. Recuerda el frío que sintió al entrar en aquel enorme hospital, que normalmente no suele predecir muy buenas noticias, y así fue. Se encontró de frente con aquel médico, del que del que tan sólo permanecen en su recuerdo sus palabras: “Rafael se encuentra en el anatómico forense”. Y de nuevo siente un huracán en lo más profundo de su ser, que le revuelve hasta las entrañas llevándola hasta la locura. Pero de pronto, entra por su ventana la luz del sol que reposa imponente he el horizonte sobre un mar en calma, lo cual le devuelve la ilusión de que quizá esta sea un hermosa mañana, y ojala reúna las fuerzas para que cuando se encuentre con ese hombre que ve cada mañana, tenga el valor de decirle cuánto le gusta su mirada, y entonces él la mire, porque al menos cuando la mira le hace reír un rato. Y finalmente coger sus manos para que vuelvan a darle vida, dejar los recuerdos guardados en un cajón, pues ya encontró lo que buscaba, y hace que su corazón vuelva a vibrar. Y nunca más volverá a dejar tener miedo la esperanza. Gemma Miguel Revilla NIVEL II A DE EDUCACIÓN SECUNDARIA


FINALISTA CEPA MIGUEL BLASCO VILATELA ¡Bloom! ¡BLOOM! ¡Bloom! Ha sonado el despertador. Es hora de levantarse. No es un despertador electrónico, es el despertador laboral de los albañiles que están reformando el piso de arriba. Después de desperezarme al estilo felino, repaso la planificación para esta mañana desde el despacho de mi cama: ir al mercadillo de las medicinas, rompe la rutina diaria. De un salto, me apeo de la cama en marcha es una broma, porque la cama no se mueve, como es lógico -. Me visto, voy al baño, tiro lo que no vale, me lavo la cara -sin anestesia- me atuso el pelo y abro las ventanas. Por la ventana del salón saco al exterior mi “picota” – familiarmente hablando de mi nariz - como si fuera mi barómetro; olfateo: tiempo variable, baja temperatura, nubes, aunque parece que no va a llover. Ya no soplan con tanta fuerza los vientos generales que venían de Galicia. Cierro la ventana ay me dispongo a preparar mi desayuno habitual y un variado festín de pastillas. También habitual. Curiosamente todas ellas son de color blanco. ¿Será por los colores de mi equipo? De entre estas pastillas, siempre, hay una que no quiere salir del expendedor. La comprendo, porque es la más pequeña y sabido es de todos que los pequeñines son un poquito juguetones. Como de costumbre, después de desayunar, me pongo a mirar a través de la ventana del salón. Esto último podría ser un título para una novela. “A través de la ventana”. No queda mal. Miro, y veo pasar a una mujer muy abrigada. Lleva la cara cubierta y un gorro que le cubre hasta las orejas. Yo creo que no va de incógnito, es que hace frío. Después de un rato pasa una joven también muy abrigada, que camina deprisa mirando al suelo como si tuviera vergüenza de que la vieran la cara. Luego pasa un perro. ¡Un perro! ¡Qué raro! Un perro solitario que va olisqueando entre los coches. Probablemente buscando algo de comer. La acción del chucho me hace pensar en aquellos que no tienen nada o muy poco para subsistir, que comparten el hambre, el frío, y la falta de comprensión y de ayuda de nuestra sociedad. Lamentable, pero es así. Bueno, voy a asearme – pero ya con anestesia, o lo que es lo mismo: agua caliente- para ir al mercadillo de las medicinas. Esto es, el Ambulatorio. Ahora, ya en la calle, comprendo a los que vi por la ventana. ¡Vaya “rasca” que hace! Esperando mi turno para entrar a consulta, veo un periódico con la noticia del terremoto de Haití. Leo, que la comunidad mundial se ha volcado con estas gentes. Es como si todo el mundo estuviese


embriagado de caridad. Yo me pregunto, ¿cuánto tiempo durará esta borrachera? Ojalá que al menos los efectos de ésta, no se pasaran nunca. Según estoy leyendo, se me acerca un rubiales, no más de dos años, que va de banco en banco con espíritu de conquistador. Después de mantener una silenciosa conversación mirándonos a los ojos, nos despedimos con una sonrisa llena de complicidad. Inmediatamente, se acercó su madre, y en un español permitido, me pidió disculpas por la intromisión del niño. Maravillosa injerencia. La mujer era de Bulgaria. El encuentro con el niño me hace recordar y en tono de humor, a dos inolvidables humoristas: Tip y Coll. Escribían: “Dejad que los niños se acerquen a mi…porque detrás vendrán sus niñeras”. Ya me toca entrar al mercadillo. Un montón de recetas. Yo no sé, si me las da porque son genéricos, o sea, mas económicos, o porque no quiere verme hasta dentro de dos meses. Las dos cosas. Ya en casa, toca ejercicio. Dicen que quien mueve las piernas mueve el corazón y mantiene el cuerpo y el cerebro en buenas condiciones. Yo creo, que hay personas que no se les mueve el corazón, por mucho que hagan ejercicio. Eso es cuestión de sentimientos. En cuanto al riego cerebral, algunos con poquito tendrían bastante, aunque su cráneo sea vistoso. Bueno, ya he acabado de hacer ejercicio: bicicleta, poleas, mancuernas y ejercicios respiratorios. Es la dictadura de los médicos. Democráticamente, me agrada esta dictadura. Ahora viene el apartado de los trabajos propios de mi sexo: lavadora, lavavajillas, -hoy no toca plancha- y preparar la comida, para que, cuando venga la tropa -mis hijos- esté lista para saciar su hambruna. Podría contar más cosas de esta mañana, pero eso puede ser en otro momento. Paz y Amor.

Antonio Herradón Ortega Inglés II


GANADOR CEPA LAS ROSAS Me dispongo a leer lo que reza en la pared, que dice que no es de nadie, la que se mantiene en pie y nunca nos deja ver qué se cuece en la otra parte. Y dice aquí, en la pared, que el sol se muere de sed y de hambre. Muere el aire, que no hay enjambres, ni miel, que la hierba es de papel y que el bosque son dos árboles. Que el chirrido es camión, que con dinero vale todo. Y hay artistas sin arte, que la verdad es de Dios; del Diablo, la razón. Y las dos mienten bastante. Y dice también que el día se vende bien y la maldad está en alza, que destruir da placer, que no hay agua para la sed y que la muerte no para. Dice aquí que la locura leyendo libros a oscuras, en mitad de un barrizal, vio pasar a la cordura dando palos a una

mula para enseñarla a razonar, y cree

también recordar que vio bajar a la luna y que venía enfundada en un vestido de espuma que realzaba su figura y que la vieron entrar en un lugar de despojos donde no podía mirar al ver al cielo ponerse tonto cuando salía a bailar. Dice también que el amor va repartiendo dolor y que para todos hay, que va elegante el cabrón lastimando el corazón con patadas de gigante. Que el robusto amanecer va por ahí que no ve y es del colocón que lleva, que anda gritando sin voz ofreciendo el corazón a los cielos para que desaparezca tanta mierda. Que por dentro se retuerce, pues la lluvia casi ni ejerce y le cubren polvaredas del pataleo de nubes, que del miedo ya no suben porque arrastran cadenas. P.D.: Reza aquí en la pared un montón de cosas más, pues empieza a oscurecer y no tengo para alumbrar. Mañana volveré para leer un poco más de lo que reza en la pared, donde me encuentras si vas. Alberto Mejía Peinado Nivel 2 A (Secundaria)


FINALISTA CEPA LAS ROSAS Cuando te levantes no des la espalda al instante más mágico de la noche, el instante que nace en el último sueño. Intenta soñar conmigo, intenta unir tu último sueño al mío. Deja que se fundan como tú y yo sabemos, deja que los deseos se conviertan en órdenes, deja que las pasiones se trasladen a las manos, a la piel. Déjalo todo. Abandónate. Haz que este sueño convierta en realidad aquello que llevamos esperando tanto, tanto tiempo. Aplasta cualquier duda, no distraigas tu atención, desata los nudos que te impiden ser como eres, gozar lo que debes, vivir lo que tienes. Si olvidas todo saldrá el verdadero pensamiento, el único que ahora importa, el único que ahora me importa. Dejaré mi yo y entraré en tú yo. Pediré a la luna que lance un destello sobre el que haremos el amor. Será un acto de entrega absoluta. Desterraré mis propios miedos y serán los tuyos los que me atormenten, los que me hagan sufrir cada vez que tú sufras. Dejaré mi cuerpo vacío y me llenaré de ti. No recogeré nada, lo dejaré todo atrás. Todo está donde debe estar. Tan solo llenaré mis bolsillos con mis ganas, mis ganas de ti. Dejaré de existir. Ni siquiera seré un recuerdo, porque nadie se acordará de mí; ni siquiera yo, hasta el último sueño me dará la espalda. Y yo, yo seré feliz porque tú serás, serás mi último pensamiento de cada noche, y el primero de cada día. Tú serás yo y yo solo seré una parte de ti.

David Salguero Manso 4º A EBPA


GANADOR CEPA VILLAVERDE Esta mañana al despertar he tenido una extraña sensación, como si de golpe llegaran a mi mente los recuerdos de tantos años vividos y tantas experiencias pasadas. No puedo por menos que pararme a pensar en tantas vivencias y me hacen reflexionar y pensar que la vida ha pasado demasiado deprisa, tengo la sensación de que debía de haber hecho muchas más cosas, pero el cuidado y la educación de los hijos se llevó mucho tiempo. Cuántas horas cuidando de ellos y tratando de educarles, de hacerles personas de bien, honestas y respetuosas. Hoy me doy por satisfecha al ver los resultados, pero siempre tengo la sensación de que no ha sido suficiente; cuando tienen algún fallo, parece que no supe encauzarles bien, me hace sentir un poco culpable. Ahora que la misión de los hijos está cumplida, llega el momento de pensar en mí, analizo el pasado y noto lo breve que es la vida. Y sin darte cuenta un día al mirarte al espejo te quedas sorprendida, te ves mayor y pensando de otra manera. Lo que antes tenía una gran importancia hoy no la tiene tanto, ahora valoro las cosas desde otro punto de vista, más tranquila y le doy más importancia a las pequeñas cosas, como el pasear, charlar y disfrutar de la compañía de mis amistades sin tener la impresión de estar perdiendo el tiempo. Será que pienso que el tiempo se acaba. Empiezan a preocuparme otras cosas como tratar de dar el menor incordio posible, no ser una carga para mis hijos y dejar el mejor recuerdo de mi existencia. El reencuentro con mi esposo, nos da la oportunidad de recuperar el tiempo que pasamos cuidando y educando a nuestros hijos descuidando el nuestro propio, ahora los dos solos volvemos a ser el uno para el otro, lo mismo que cuando comenzamos, tratando de pasar lo mejor posible el tiempo que nos quede juntos, disfrutando de la grata compañía de nuestros nietos, sin la responsabilidad de tenerles que formar y educar, pues para

ello están sus padres. Y así lo expreso en

esta poesía que escribí hace un tiempo para el mayor de ellos.


Dicen que no te malcríe, ¡Qué mal suena esa palabra! Si lo que siento por ti... es que me tiembla el alma. Una mezcla de caricias, de besos y de esperanzas. El orgullo que me llena cuando contemplo tu cara. ¡Tus ojos que son mis ojos! ¡Y me enredo en tus pestañas! ¡Y te beso con ternura en las manitas cerradas! Mientras te canto bajito esa nana ya olvidada Y cuando crezcas mi bien jugaremos por la casa, y te haré de caballito para llevarte a la espalda.

Jugaremos a guerreros lucharemos con espadas, subiremos a los cerros tu mano bien agarrada, que aún tus piernas no son fuertes y no quiero que te caigas. Y te contaré mil cuentos cuando te lleve a la cama. Soñarás con Blancanieves, con Peter Pan y las Hadas. Luego rezaré contigo para poner tu alma esa pequeña semilla que nos da fe y esperanza. Dicen que no te malcríe, ¡Qué mal suena esa palabra! Para educarte están ellos. Yo... ¡Con quererte me basta!

Con esto cierro mi propia experiencia y mis recuerdos.

Antonia Gallego Asenjo Taller Literario


FINALISTA CEPA VILLAVERDE Esta mañana me he levantado algo aturdido recordando lo vivido no hace mucho tiempo. Tenía 19 años. Eran las ocho de la mañana, me desperté antes de que sonara el despertador, algo habitual en mí, me recliné sobre la cama y a continuación miré por la ventana, entonces vi que estaba lloviendo, segundos después sonó el despertador lo cual me hacía recordar que tenía que prepararme para dirigirme a mi puesto de trabajo. Era sábado, me esperaba un día de trabajo corto, había quedado con mi encargado para ir a desayunar a una cafetería situada detrás de la empresa donde yo trabajaba. Me levanté, me vestí, y vi que mi padre estaba ya despierto. El me dijo: -¿Luis Miguel no desayunas? Yo le contesté: -¡No!, he quedado con mi encargado para desayunar, ya voy algo retrasado, son las nueve menos diez y no sé si llegaré a tiempo, bueno ¡adiós! Acto seguido bajé las escaleras corriendo, me monté en mi coche y me dispuse a dirigirme a mi trabajo. Me introduje en la AP6 dirección Madrid y a lo lejos vi un coche que estaba ladeado y obstaculizando el carril por el que yo circulaba, me Dispuse a adelantarle y después me paré para auxiliar a aquellas personas que se encontraban en su interior. Me dirigí hacia ellos y les pregunté que cómo se encontraban, si tenían alguna lesión y si querían que les llevara al hospital más cercano, poco después oímos un grito que decía: -¡Cuidado! Días después me desperté en el hospital. Me contaron, que después de aquel grito, un coche me arrolló dejándome tirado en el arcén de la autopista. Más tarde vino un helicóptero, me recogió y me llevó al hospital donde estuve en la UVI dos días bastante grave. Al final todo salió mejor de lo esperado pues los médicos no contaban conmigo por mucho tiempo. Llamaron a mis familiares para que fueran a verme lo antes posible si querían verme con vida. Estuve una semana ingresado, tenía


heridas y fracturas por todo el cuerpo, entre grapas y puntos tenía alrededor de ochenta pero con el tiempo me fui recuperando y ahora... sentado en mi cama... aquí estoy, recordando aquellos momentos que para mí fueron olvidados, pero para mis seres queridos fueron los más duros y dolorosos jamás vividos.

Luis Miguel Prieto Fernández Nivel I Ed. Secundaria

Enlaces de interés: Para ver los videos relacionados con el certamen literario visitar el canal del CEPA Villaverde de Youtube.

www.youtube.com/user/cepavillaverde


ALBUM DE FOTOS DEL CERTAMEN LITERARIO


Certamen Literario Intercentros  

Revista del IV Certamen Literario de Centros de Educación de Personas Adultas de la Comunidad de Madrid

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