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reconocerán su escuela como territorio comunitario, del pueblo; de este modo surgirá espontáneamente la dignidad del trabajo libre y voluntario; reconocerán la organización democrática de la asamblea como la mejor forma de convivir y organizar el poder de la Comunidad Convivencial; aprenderán a amar, servir y ayudar a su comunidad y pueblo, etc. Pero sobre todo, serán conscientes que su escuela es una comunidad donde pueden convivir humanamente para alentar y animar su desarrollo y educación. Nuestra historia y tradición nos dice —sentimos y pensamos—, que educarnos en comunidad y para la comunidad es mejor que educar en la individuación y para la individualidad. Es mejor educarnos en las “compartencias” que en las “competencias” (Reyes. 2011,2), porque al educarnos en comunidad nunca atentamos contra la individuación e individualidad de nuestras niñas y niños, simplemente sabemos que las relaciones interpersonales —relaciones sociales y humanas que condicionan el acto educativo—, se expresan siempre y de cualquier manera en una comunidad vital y existencial que es inmediata, real y verdadera: la escuela. En consecuencia, estas relaciones comunitarias de convivencia escolar son esenciales para el desarrollo dinámico y dialéctico que tanto deseamos animar. He podido valorar y reflexionar sobre el trabajo compartido, colectivo, comunal, para lograr un fin o bien común, tal como lo hemos planteado en el proyecto pedagógico que hemos elaborado desde nuestro sentipensar comunitario; es decir, no sólo desde la docencia sino desde las necesidades del desarrollo infantil. (Cortés. 2011.1)

Las Comunidades Convivenciales para el Desarrollo Infantil deben integrar en sí y para sí la organización y planeación política y pedagógica de todos los elementos de la praxis de la comunidad; de este modo, se organiza y favorece el desarrollo dinámico y dialéctico, pertinente para el desarrollo infantil. La práctica política y pedagógica, la práctica educativa en su totalidad, se ajustará siempre a los principios de la praxis de comunidad. Todos los principios de la praxis de la comunidad deben ser integrados crítica y autocríticamente a los procesos educativos del desarrollo infantil. Todo ello es posible porque la praxis de la comunidad —su democracia— garantiza la veracidad, legitimidad y legalidad de todos los procesos de organización, educación y desarrollo. Finalmente, luego de analizar la raíz común que nos iguala y distingue como seres humanos, hemos podido deliberar y concluir que la comunidad y comunalidad se constituyen en los núcleos organizativos de nuestro Programa Alternativo y Popular de Educación Preescolar. Dicho núcleo organizativo se concentra en la praxis de comunidad.

PAPEP.... de lo común de la vida a las comunidades convivenciales...  

Se ofrece el análisis respecto a lo común, comunal, comunitario, comunidad, comunicación y comunalidad, necesarias al Programa Alternativo y...

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