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ISSN 0719-6199

A帽o 1, Numero 2, Septiembre 2015

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Revista de difusi贸n del Patrimonio Arquitect贸nico y Sociocultural de Puerto Octay, Regi贸n de Los Lagos


Revista de difusión del Patrimonio Arquitectónico y Sociocultural de Puerto Octay, Región de Los Lagos

Representante Legal: ManfredoTeuberKahler Coordinación General: Bárbara Correa Urbina Comité Editorial: Eduardo Vidal Mancilla, Manfredo Teuber Kahler Carlos Donoso Fuentealba, Miguel Barrientos Muñoz, Profesionales Servicio País: Bárbara Correa Urbina, Vanessa Cayo Ramos, Catalina de Vicente. Fotografías: Eduardo Vidal Mancilla Bárbara Correa Urbina Archivo Histórico Patrimonial Eduardo Vidal Bibliografía: Colección patrimonial Biblioteca Pública Municipal Puerto Octay Diseño: Jorge Canicura Montiel Impresión: Gráfica Andina Ltda. Edición 500 ejemplares Puerto Octay, Septiembre de 2015. “La Centinela” es una publicación de Centro Urbano Zona Típica Puerto Octay Mail: cuzt.octay@gmail.com

Se autoriza la reproducción de crónicas o fragmentos breves de secciones que componen la presente publicación, por cualquier medio o procedimiento, para los efectos de su utilización a título de cita, ilustración, enseñanza e investigación, siempre que se mencione su fuente, título y autor. Fotografías, Derechos Reservados. 02


Indice 04

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Editorial

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Inmueble de Valor Monumental

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Inmueble Valor Ambiental

Inmueble de Interés Histórico Artístico

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5 años de Declaratoria. Pablo Moraga, Arquitecto

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Historia Campanas de Puerto Octay

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Vapor “Chile”

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Tragedia del Lago Llanquihue. Rescate conmemoración Eduardo Vidal, Profesor Tragedia del Lago Llanquihue. Entrevista. Alejandro Guzmán.

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René Muñoz, Profesor.

Entrevista. Matrimonio Mansilla Cea

Tras la ruta de los Jesuitas.

Colonos del Rupanco.

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Origen del nombre La Picada. Entrevista. Ernesto Guzmán.

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Historia Hotel Rupanco.

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In Memoriam

03


EDITORIAL

C

on mucho orgullo presentamos a ustedes el segundo número de nuestra revista “La Centinela. Culmina así, un proceso que durante meses significó recorrer nuestra historia y sus protagonistas. Descubrir personajes anónimos, documentos, fotografías, que hoy compartimos con todos ustedes.

Para nuestra institución, Centro Urbano Zona Típica Puerto Octay, es un gran orgullo culminar de esta

forma una iniciativa que nace de la inquietud de nuestros integrantes por rescatar, comunicar y valorar la historia local, su patrimonio arquitectónico, nuestras prácticas socioculturales que el día de hoy, se presentan como un valioso legado de quienes nos antecedieron y que comprometen el esfuerzos de todos: ciudadanos, autoridades e instituciones, por preservar este valioso patrimonio material e inmaterial.

Reiteramos nuestros agradecimientos al Gobierno Regional de los Lagos, glosa 2% de cultura, al

equipo de profesionales de Servicio País: Bárbara Correa, Vanessa Cayo Ramos, Catalina de Vicente, quienes nos acompañaron en este importante proceso. A nuestro equipo editorial, liderados por los Sres. Eduardo Vidal Mancilla, Manfredo Teuber Kahler y el joven diseñador, Jorge Canicura Montiel, quienes desplegaron los mejor de sus capacidades al servicio y éxito de esta iniciativa. A los integrantes de nuestra institución que participaron animadamente en cada uno de los encuentros y talleres comunitarios de rescate de la memoria. A cada uno de nuestros entrevistados, que colaboraron entregando sus vivencias, recuerdos, documentos y fotografías para el éxito de las publicaciones. A todos ellos, nuestra gratitud y reconocimiento. El valioso material que presentamos el día de hoy, representa parte de la herencia cultural que entregamos a los habitantes de Puerto Octay y la región. Los invitamos a leer, compartir y a seguir contribuyendo al progreso y desarrollo de nuestra querida comuna de Puerto Octay.

CENTRO URBANO ZONA TIPICA PUERTO OCTAY

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Inmueble de Valor Monumental Año aprox. Construcción: 1894 Historia De estilo Neoclásico. Su construcción data del año 1894, cuando el vecino Liborio Guerrero decide la construcción de este inmueble para ser utilizado como Hotel. Su nombre: “Hotel Universal”. En el año 1914, el 3 de diciembre, Luis Haase, capitán del Vapor “Chile”, decide comprar la propiedad reemplazando el nombre de Hotel Universal, por el de Hotel Haase, otorgándole un nuevo impulso y convirtiéndose en uno de los principales Hoteles de la ciudad. Hasta el año 1953, el Hotel funciona bajo la administración de su dueño Luis Haase; más tarde a su fallecimiento, quedará en manos de su hija Frida Haase Rosemberg, quien continúa con la tradición familiar hasta el año 2003, fecha de su deceso. En el año 2003, la propiedad pasa a manos de la familia Haase Moraga, quienes respetando el deseo de su antecesora de que no se pierda la función de Hotel, concesionan el funcionamiento del inmueble a la familia VasquezPailalef (2007) iniciando de esta forma, una nueva etapa en la centenaria tradición hotelera de “Hotel Haase”.

Hotel Haase .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: 1910 Historia Su construcción data del año 1907 cuando luego del incendio del templo y casa parroquial, la comunidad se organiza para su inmediata reconstrucción. Destacan en esta tarea, la figura del joven Edmundo Kahler, quien junto a los vecinos de Quilanto, Volcán y Carril, en pocos meses logran levantar la Casa Parroquial y el salón de la Unión Católica. El 19 de noviembre de 1907 el Padre Mellwig se instala en la nueva residencia, habilitando además una capilla provisoria en el salón anexo (Unión Católica) cuya primera misa fue celebrada el 22 de noviembre de aquel entonces. Desde su construcción, el inmueble ha sido destinado como casa habitación de los sacerdotes, sin embargo a través del tiempo y en distintos períodos, sus dependencias han sido utilizadas para actividades de catequesis, comedor parroquial y sala de reuniones para adultos mayores. Anexo a la Casa Parroquial (lado norte), se encuentra el Salón Parroquial, espacio donde funcionó por muchos años la denominada Unión Católica, transformándose posteriormente (1948-1970) en la Escuela “San Pedro Canisio”. Hacia la década de 1970 el salón cumplió funciones de cine, actividad impulsada por los sacerdotes de la Sagrada Familia (1947) y continuado posteriormente por los sacerdotes Roberto Koll (alemán) y Gerardo Alkemade (holandés).

casa Parroquial .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: Desde 1913 Historia Perteneciente a los hermanos Juan y Carlos Teuber Hitschfeld, la construcción data de comienzos de 1913 y representa uno de los inmuebles más característicos del centro urbano comercial de Puerto Octay. Su construcción se desarrolló por etapas iniciando la primera entre 1913 y 1920, por parte de Sigismundo Teuber, quien construye la casa habitación de dos pisos. Luego, hacia 1938 Juan Teuber Histschfeld construye el local comercial más una casa habitación (actual edificio correspondiente al local n° 2). En esta tarea y con el cambio de nivel de la calle, el antiguo subterráneo se convierte en primer piso (planta comercial) debiendo excavar y construir un nuevo subterráneo. El inmueble consta finalmente de tres pisos más un subterráneo y una superficie construida de 1.800 mts2. En su construcción se emplearon maderas como el laurel y el alerce.

Edificio Teuber .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: 1910 Historia Construida hacia 1910 aprox, presenta un estilo arquitectónico sencillo caracterizado por un alto volumen de dos pisos y cubierta a dos aguas, con una disposición asimétrica de vanos entre el segundo y primer piso, manteniendo una impronta de versión local del neoclásico. Su primer propietario fue el Sr. Germán Wulf quien contaba con una tienda comercial en la primera planta y un uso habitacional, en la segunda. Su principal singularidad se logra por la sustracción en primer piso de la esquina ochavada, que indica el acceso al local comercial. Interesante solución, muy particular de la región. En la actualidad pertenece a la familia Yagode Carrasco, manteniendo su primer nivel un importante y variado uso comercial.

casa Wulf 1 .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: Comienzos de siglo 1900 Historia Construida a comienzos de 1900 por Bernardo Wulf, su propietario original fue José Schmidt Bittner quien en el año 1935 vende a Adolfo Segundo Niklitschek Lukeheide. Su uso ha sido siempre comercial y habitacional, destacando hacia 1918 una tienda comercial del vecino Juan Appel con venta de ropa, mercería, géneros surtidos y calzado. El 7 de febrero de 1962, la propiedad es adquirida por Erwin Hausdorf Bohle, manteniendo la tradición del uso comercial en la planta baja, y habitacional en su planta superior. En la actualidad representa uno de los establecimientos comerciales característicos del centro urbano.

Casa Hausdorf .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: 1885 Historia Construcción aproximada del año 1885. Originalmente de estilo arquitectónico “primitivo” ha sufrido variadas modificaciones en el tiempo. Su primer propietario fue el Sr. Liborio Guerrero, destacado vecino y comerciante, pasando posteriormente a manos de la Familia Yagode Aguila. Su uso ha sido habitacional, destacando entre los años 1957-1982 aprox. la instalación y funcionamiento de una central de telefonía a magneto, operada por la Srta. Elma Yagode Aguila. En la actualidad su primer piso registra un uso comercial.

Casa Yagode Aguila .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: Desde 1920 Historia Construida hacia 1920, perteneció a la familia Hausdorf Wulf, formada por Adolfo Hausdorf Schreiber y María Francisca Wulf Püschel. Más tarde pasaría a manos de Bernardo Schmidt Hausdorf, yerno, casado con Albina Cecilia Hausdorf Wulf, ambos destacados profesores de los colegios “San Miguel” y “San Pedro Canisio” respectivamente. Su uso ha sido siempre de tipo habitacional, sin embargo destaca un período como fábrica de gaseosas. Hacia la década de los 80, el inmueble ofrece servicios de Pensión, a cargo de la recordada “Tante Irene”, cuñada de Bernardo Schmidt. Ha mediados de la década del 2.000 la propiedad es adquirida por la Parroquia “San Agustín” para el funcionamiento de un Centro de Atención Juvenil. En la actualidad las dependencias albergan la Sala de Sesiones del Concejo Municipal y las unidades de Fomento Productivo, Turismo y Cultura.

Casa Schmidt Hausdorf .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: Construida hacia 1930-35 Historia Este inmueble presenta características del tipo arquitectónico “neoclásico”, con proporciones y dimensiones que le otorgan una composición especial. Su revestimiento exterior es de madera nativa con un ensamblaje de tipo “Tingle” en el primer piso, y un “machihembrado” en el segundo. Sus primeros propietarios fueron la familia Sorhaburu Valentín, conformada por Pedro Sorhaburu Etcheverry (comerciante y activo dirigente comunitario)  y doña Guillermina Selma Valentín Thiers. Más tarde la propiedad pasaría a manos de la familia Dietz Valentin (Theobald Johann Dietz Heim y Sidonie Victoria Valentin Thiers) para luego ser adquirida por René Añazco Trujillo. Su uso ha sido siempre habitacional, en especial el segundo piso, pasando por breves períodos de uso comercial su planta baja. Antes de su construcción, a comienzos de siglo XX, funcionó en su actual ubicación un local de palitroque. En la actualidad pertenece a la sucesión Añazco Pérez.

Casa Añazco .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: 1910 Historia De estilo neoclásico con revestimientos de chapa metálica. Se desconocen sus primeros propietarios, sin embargo entre los años 1918-1940 el inmueble pertenecería a la familia Lüttecke Hechenleitner (Francisco Alberto Lüttecke Rosier y Karoline Emma Clara Hechenleitner Martin) quienes más tarde se trasladan a la ciudad de Osorno. En el año 1940 la propiedad es adquirida por la familia Werner Galle (Antonio Werner Krüger y Matilde Galle Reichstein) quien hasta ese momento vivía en la chacra N° 19 camino Carril-Nochaco. De los 11 hijos, 2 terminarían hasta sus últimos días en la casa paterna: Antonio y Magdalena Werner Galle, quienes hacia la década de los 70 mantenían una panadería. Por su cercanía al puerto, en sus comienzos prestó servicio de hospedaje. En la actualidad su uso es habitacional y en algunos períodos, comercial, manteniendo la construcción su estilo original. Representa uno de los inmuebles más antiguos y característicos de la ciudad.

Casa Werner .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: Inicio de 1910-1915 aprox. Historia Representa una de las construcciones más características de la ciudad; enclavada en un cerro frente a la bahía de Puerto Octay, goza de una vista preferencial de la bahía y antiguo molino. Su construcción se estima a comienzos del siglo XX, entre los años 1910 a 1915 aprox. Su propietario original fue el Sr. Egon Martin Biebrach. La vivienda está formada por dos cuerpos articulados por un torreón de base hexagonal. Su volumen principal corresponde al tipo “primitivo” con un mirador central sobre el acceso. La variedad de detalles de revestimiento y decoraciones de puertas y ventanas evidencian su construcción por etapas. En el año 1972, el 3 de julio, la propiedad es adquirida por la Sra. María Ida Muñoz Burgos (Viuda de Víctor Barrientos) actuales propietarios, manteniendo el uso habitacional y prestando servicio de hospedaje por algunos períodos. En la actualidad resalta su presencia en el entorno, por su gran ubicación.

Casa Barrientos I .........................

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: 1930 Historia Su construcción data aproximadamente del año 1915. Su primer propietario fue el Sr. Cristino Haase, capitan del Vapor “Chile” quien posteriormente vende la propiedad a la familia Appel Werner. En el año 1975 es adquirida por el Sr. Hernán Barrientos Muñoz para uso habitacional. En la actualidad y dada su cercanía con el puerto, ofrece servicios de hospedaje y cabañas.

Casa Barrientos II .........................

foto: Sr. Andrés Figueroa

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Inmueble de Interés Histórico Artístico Año aprox. Construcción: 1950 Historia La existencia de este inmueble se encuentra ligada al funcionamiento del molino Klagges, que por aquellos años funcionaba en este lugar, frente a la bahía de Puerto Octay. Su construcción data aproximadamente del año 1950. Su primer propietario, Francisco Segundo Klagges, vende más tarde la propiedad a Federico Hausdorf, quien sigue con el funcionamiento del molino y ocupando la casa, como casa habitación. El terremoto de 1960 traerá la destrucción del molino y años más tarde, entre 1974-75, una sociedad compuesta por 12 empleados del Hospital local, adquieren la propiedad al Sr. Hausdorf. Entre estos empleados destaca el Sr. Miguel Barrientos, actual propietario, quien junto con recibir su partición, participa en la compra de nuevos sitios disponibles, adquiriendo de este modo la casa habitación. En la actualidad el recinto es conocido como Camping “El Molino”.

Casa Barrientos 3 .........................

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Inmueble Valor Ambiental Año aprox. Construcción: 1920 Historia Inmueble perteneciente originalmente a Bernardo Werner. Su construcción data aproximadamente del año 1920. Es una construcción del tipo arquitectónico “primitivo”, un paralelepípedo cubierto con un techo a dos aguas y mirador. Su uso fue siempre habitacional. En la actualidad su propietario es el Sr. Juan Flores Aguila.

Casa Flores (Antigua Casa Werner I) ..........................................

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Inmueble Valor Ambiental Año aprox. Construcción: 1920 Historia Conocida como Casa Werner II, perteneció al Sr. Ernesto Werner Menzel. Su construcción data igualmente del año 1920. Pertenece al tipo arquitectónico primitivo (paralelepípedo cubierto a dos aguas). Su uso ha sido siempre habitacional. En la actualidad la propiedad pertenece a la familia Vargas Martinez.

Casa Vargas (Antigua Casa Werner II) ...........................................

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Inmueble Valor Ambiental Año aprox. Construcción: 1955 Historia Inmueble construido hacia el año 1955 aprox. En la misma ubicación se ubicaba a comienzos de 1900, una imponente casona de dos pisos, perteneciente a la familia Valentin Kuschel, integrada por Albino Valentin Thiers y Valeria Kuschel Püschel. Valentin prestaba servicios como sastre y tenía también una chichería. Su sastrería se ubicaba en el primer piso, lado derecho del inmueble, hasta donde llegaban vecinos de los distintos puntos de la zona, dada la calidad de sus trabajos. En el lado izquierdo y también en el primer piso, se encontraba la sala de ensayos de la banda “copihue” de aquel entonces. A mediados de la década del 50, y dado su deterioro, la casona es desarmada para dar paso a la construcción actual, cuyo uso es de carácter habitacional.

Casa Valentín ...............................

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Inmueble Valor Ambiental Año aprox. Construcción: 1960 Historia Inmueble perteneciente a la familia Gubernatis. Por su destacado emplazamiento, al interior de una pequeña península, forma parte del tradicional paisaje de la bahía y es posible distinguirla en las fotografías que cada visitante realiza en su visita a la ciudad, con el imponente volcán Osorno de fondo. Su construcción data aproximadamente del año 1960, luego que el terremoto destruyera la antigua casa familiar. Su constructor fue el maestro carpintero José Manuel Maldonado. Sus primeros propietarios fueron la familia Gubernatis Schwabe, matrimonio formado por Bruno Gubernatis y Elsa Schwabe, de quienes sabemos que él, fue piloto de la lancha “centinela”, perteneciente a los propietarios de la península, y ella, prestigiosa maestra de música, enseñando piano, violín y acordeón. Destacó igualmente por impulsar la creación de la “Posada Gubernatis”, uno de los primeros establecimientos dedicados a ofrecer hospedaje y alimentación a los turistas y visitantes, que cada año iban descubriendo los atractivos naturales de la ciudad.

Casa Gubernatis ............................

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Inmueble Valor Ambiental Año aprox. Construcción: Hacia 1956 aprox Historia La propiedad perteneció originalmente a Francisco Klagges, quien en el año 1946 vende a su yerno Domingo Montecinos Rosas, casado con Elena Klagges. En 1956, Montecinos vende a los primos: Matilde y Baldomero Habert (comerciante y mueblista) quien luego de desarmar la construcción existente, dan paso a la construcción actual. Matilde Habert, dueña del inmueble y activa comerciante, impulsa la creación de un local denominado: “cantina”, dedicado al expendio de cervezas, convirtiéndose rápidamente en uno de los lugares más populares de la ciudad. Hacia fines de la década del 70, y luego que la Sra. Habert se trasladara a la ciudad de Valdivia, la propiedad es adquirida por la familia Silva Barría, actuales propietarios, quienes destinaron el inmueble para uso habitacional. En la actualidad es una de las construcciones típicas del casco antiguo de la ciudad.

Casa Silva ...............................

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Inmueble Valor Ambiental Año aprox. Construcción: 1959 Historia En sus instalaciones funcionaron por muchos años las oficinas del servicio de Correos y Telégrafos de Chile, a cargo de la funcionaria Julia Ruiz Gaete, en conjunto con los funcionarios Onofre Alarcón y René Navarro. Adosada a la construcción se ubican igualmente los garajes donde antiguamente se guardaban las “micros” que efectuaban el recorrido Octay-Osorno, a cargo del aquel entonces hombre público y comerciante, Carlos Teuber Hitschfeld. Hacia la década de los 80, el servicio de correos y telégrafos es trasladado al primer piso donde actualmente se ubica el municipio de Puerto Octay, quedando el inmueble para uso habitacional, mediante la modalidad de arriendo.

Casa Teuber y Galpón ............................

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5 AÑOS DE DECLARATORIA

F

ue a fines del año 2010 que el Consejo de Monumentos Nacionales en virtud de sus atribuciones reconoció el gran valor histórico, paisajístico y arquitectónico de una zona de 23 hectáreas situada al interior de la ciudad de Puerto Octay y que abarca entre otros lugares la Plaza de Armas, el antiguo muelle Chile, la Parroquia San Agustín y el tradicional edificio del Colegio San Vicente de Paul.

Mediante la declaratoria de este sector como Zona Típica o pintoresca quedaron resguardadas sus características ambientales, incentivando un desarrollo futuro de la ciudad en armonía y concordancia con su historia y arquitectura tradicional. Un gran desafío para la ciudadanía y sus autoridades. De esta manera la Zona Típica de Puerto Octay entró a formar parte del conjunto de más de 100 zonas patrimoniales de esta categoría que existen actualmente en Chile, donde viven más de un millón de personas en total. Estas zonas son de la más diversa naturaleza. En el norte de nuestro país se pueden encontrar áreas protegidas como el pueblo de Isluga (declarado en 1992), la Calle Baquedano en Iquique (de 1983), el centro histórico de La Serena (1981). En las regiones centrales existe una gran diversidad pudiendo encontrar conjuntos como la Calle Dieciocho en Santiago (de 1983), la Población de Empleados Públicos (del 2008) o la Plaza de Guacarhue (de 1991). En el sur y extremo sur también hay gran variedad. En Valdivia está la Calle General Pedro Lagos (de 1991), Caleta Tortel en la Región de Aysén (del 2001), Frutillar Bajo en la Región de los Lagos (del 2013), entre muchas otras. También hay diversidad en la condición socio económica de sus propietarios, así como también en el tipo de propiedad: pueden ser instituciones privadas, universidades, colegios, organismos públicos como municipios, el gobierno, etc. En definitiva, son el reflejo de la realidad nacional de nuestras ciudades y también del nivel cultural y de desarrollo de nuestra sociedad.

A pesar de la gran cantidad de zonas patrimoniales protegi-

Por. Pablo Moraga, Arquitecto

das, en nuestro país aún no se ha logrado consensuar y establecer una línea clara para potenciar su desarrollo y puesta en valor. Por un lado existe el reclamo permanente de los propietarios de inmuebles patrimoniales para contar con más recursos para su mantención, cosa que se explica naturalmente porque en su gran mayoría corresponden a construcciones muy antiguas y que obviamente presentan diversos daños tanto en su estructura como en envolventes por su largo tiempo de servicio. Esto ha llevado a que se formen organizaciones ciudadanas que han logrado elaborar un conjunto de demandas para que el Estado los escuche y los apoye. Por ejemplo se ha solicitado que los propietarios de inmuebles patrimoniales puedan tener algún representante en el mismo Consejo de Monumentos Nacionales, cosa que parece al menos una solicitud razonable. En cuanto a la regulación y protección de las zonas patrimoniales, en general los ciudadanos y propietarios aún no tienen mucha claridad sobre lo que pueden o no pueden hacer con sus casas y barrios. Cuánto se puede modificar un inmueble protegido, si es posible cambiar el color, o una ventana o el revestimiento de cubierta. Peor aún es cuando los municipios o seremías tampoco tienen claridad al respecto. En este sentido hay un gran espacio de trabajo para clarificar las distintas formas en que se puede intervenir un inmueble protegido. Afortunadamente a nivel nacional hay variados buenos ejemplos de intervención. En cuanto a recursos financieros, el Estado ha comenzado a implementar distintos programas para invertir en zonas patrimoniales y mejorar sus condiciones, permitiendo su revalorización urbana, social y económica. Son en su mayoría experiencias iniciales que aún no se logran consolidar como programas permanentes. Un ejemplo notable es el programa piloto de Recuperación de barrios patrimoniales del MINVU, que se implementó en la Zona Típica de Puerto Varas y en la Zona Típica del barrio Yungay en Santiago. Así también están las líneas de los Fondos de Cultura, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que 25


apoya económicamente a los propietarios, por ejemplo, a mejorar fachadas de los inmuebles patrimoniales.

ya no hay vuelta atrás. La pérdida para la ciudad y sus habitantes es permanente.

Son buenas oportunidades que los vecinos y municipios deben aprovechar, informándose sobre los requisitos de los procesos de postulación, los tipos de proyectos y los montos de inversión, de manera de sacarle un buen partido al legado histórico con que cuentan.

Afortunadamente la comunidad de Puerto Octay tuvo la visión de hacerlo a tiempo, si bien es cierto se han perdido algunos inmueble producto de su antigüedad, ha logrado conservar gran parte de su patrimonio arquitectónico y paisajístico.

Hemos sido testigos muchas veces de reacciones tardías de las comunidades ante una amenaza, un problema o un cambio inesperado en sus barrios y entornos que habitan. Puede ser la instalación de una fábrica, la construcción de un camino o de un Centro Comercial. Demás está mencionar la conmoción que generó el caso del Mall de Castro en Chiloé. Una vez que se logra materializar una nueva construcción que genera un gran cambio en el entorno, o la demolición de un lugar significativo,

Algo importante para la comunidad de Puerto Octay es tener conciencia del valor de lo que poseen. Es una localidad especial, reconocible, con una identidad propia. Sabemos que es difícil tener que lidiar con las normas patrimoniales y la falta de recursos. Pero de eso se trata el desafío. Lograr derribar mitos, la resistencia y la desidia. Apoyarse con otras comunidades para sacar los proyectos adelante y al fin lograr mejorar el entorno en que vivimos y en el que vivirán las futuras generaciones. 26


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Vapor Chile U

na gran cantidad de vapores navegaron el lago Llanquihue desde el principio del siglo XX (1910) hasta mediados de 1955; su función era el transporte de pasajeros y carga, permitiendo en esa época un gran auge de la economía de Puerto Octay, Frutillar y Puerto Varas, y que paulatinamente fue decayendo a medida que se construían nuevos caminos, se extendía el ferrocarril y la naciente presencia de vehículos motorizados. 100 años de navegación lacustre permitieron proyectar, tanto a Puerto Octay y Puerto Varas, como los principales puertos de la nueva colonia del Llanquihue y de un pujante desarrollo comercial. Una de estas embarcaciones -y quizás la más característica- fue el vapor “Chile” que navegó cuarenta y dos años, desde el año 1912 al año 1954, cuyo propietario fue don Cristino Haase. Su construcción se realizó en los astilleros Behrens de Valdivia y armado completamente en la localidad de Los Bajos. Su casco era de fierro y poseía una capacidad de 120 toneladas. Con una potencia de 200 hp, su velocidad alcanzaba las 10 millas, siendo su primer capitán Luis Haase y el piloto Antonio Águila. Finalizados sus servicios de navegación, el “Chile” permaneció varado en la playa de Puerto Octay, hasta que su dueño(Cristino Haase) lo vendería a Domingo Kauak (Osorno) quien lo desarma y vende como fierro viejo.

Por Manfredo Teuber Kahler En los últimos años sus capitanes fueron: Cristino 2° Haase, hijo del propietario y posteriormente Enrique Haase, hijo de don Luis. Entre las numerosas historias y vivencias registrabas en su navegación, queremos compartir la ocurrida en diciembre del año 1920, un 7 de diciembre, cuando una ilustre embajada española, integrada por S.A.R. don Fernando de Baviera y borbón, el Sr. Embajador de España en Chile, don José Francos Rodríguez, el Ministro del Interior de Chile, Sr. Pedro García de la Huerta Izquierdo y otras personalidades, se embarcaron en el “Chile”, estación Llanquihue, con el fin de hacer un paseo por el lago Llanquihue, para posteriormente dirigirse a Puerto Varas. Los ilustres visitantes se encontraban en tránsito en la zona y se dirigían a la ciudad de Magallanes donde inauguraría el monumento a Hernando de Magallanes, descubridor del estrecho En la actualidad, la memoria de este emblemático vapor, aún permanece en el recuerdo de quienes navegaron en él y fueron testigos de su presencia. La bahía de Puerto Octay conserva su nombre como testigo y homenaje a la gloriosa época de la navegación lacustre.

Fuente: Held Winkler, Emilio. 100 años de la navegación.1981. 28


Campanas

de Puerto Octay

P

uerto Octay conocido no solo por sus bellezas naturales, cuenta además con numerosos atractivos culturales. Recorrer sus calles, admirar sus casas patrimoniales e imaginarse la vida hacia comienzos de siglo XX, es parte de algunas de las experiencias que el visitante podrá disfrutar en su visita. Uno de los íconos característicos de nuestra ciudad es el templo parroquial “San Agustín” cuya construcción data de 1908. Su característica torre, guarda sin embargo, un pequeño tesoro. Conserva tres hermosas campanas, cuyo sonido -sin temor a equivocarnos- son los más hermosos del sur de Chile. Su historia se remonta al año 1910, cuando el párroco de aquel entonces, Padre Juan Mellwig Hanrad, encarga la adquisición de 3 campanas a Alemania. El 20 de noviembre de 1911 son bendecidas y entregadas oficialmente al uso de la parroquia. Las tres cuentan con sonidos bien particulares y están consagradas. De este modo la campana mayor se encuentra en la tonalidad de Sol y consagrada a San José; La campana mediana, se encuentra en la tonalidad de La y consagrada a la Virgen del Carmen, finalmente la campana menor, se encuentra en la tonalidad de Si y consagrada a la figura de San Agustín, patrono parroquial. Desde su instalación en la torre, las campanas del templo animan la vida religiosa de la comunidad. En sus inicios, una, era también la encargada de anunciar un incendio o llamado de emergencia. Entre sus característicos sonidos, destaca el tañer de la campana mayor (sol) cuando anuncia un funeral o deceso de algún Pontífice. Todo un atractivo que también durante la Misa de pascua de resurrección, al momento del gloria, es posible escuchar el sonidos de las 3 campanas simultáneamente en todo su esplendor, y así ha sido desde 1911, cada año, cada semana, los cristianos católicos de Puerto Octay son convocados mediante el majestuoso y elegante sonidos de las campanas del Templo.

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La Tragedia del Lago Llanquihue

E

l 28 de febrero de 1931 la bahía de Puerto Octay fue escenario de uno de los acontecimientos más penosos que registre la historia de la navegación lacustre en el Lago Llanquihue. La pequeña embarcación “Moewe” que transportaba a los músicos militares de la Banda del Regimiento “Caupolicán” de Valdivia, impactaría con el Vapor “Chile” frente a la bahía de Puerto

Octay. 12 músicos fallecidos, más el maquinista de la embarcación, sería el penoso resultado de esta colisión denominada años más tarde como: “La tragedia del Lago Llanquihue”. Esta es su historia. El 28 de febrero de 1931, los príncipes de Inglaterra Eduardo de Gales(Eduardo VIII) y Jorge de Windsor(Jorge VI), visitaron nuestra zona hospedándose en la casona de la Península Centinela. En aquellos años esta residencia pertenecía a un grupo de connotados personeros públicos santiaguinos: Luis Izquierdo Fredes, Carlos Larrarín Claro y Luis Barceló Lira. La construcción data del año 1913 y su diseño correspondería al destacado arquitecto chileno Josue Smith Solar (1867-1938). La visita de los Príncipes motivó que las autoridades de la época quisieran agasajarlos con una serie de actividades, y por disposición del alto mando del Ejército de aquel entonces, la Banda del Regimiento” Caupolicán” de Valdivia, rendiría los honores respectivos. Luego de su recepción oficial y honores correspondientes en la ciudad de Osorno, la comitiva viaja hasta Puerto Octay, trasladándose hasta la residencia de Centinela. Dando cumplimiento a lo solicitados por las Autoridades superiores, los músicos militares amenizan las actividades preparadas en la residencia, sin embargo, éstas culminan antes de tiempo, por razones de salud del Príncipe. Ante esta situación los músicos deben regresar anticipadamente a Puerto Octay, mientras que el príncipe es trasladado hasta el hospital local, donde a modo anecdótico, el médico que lo atendió, al no contar el Príncipe con dinero para pagar su atención, lo deja registrado como “indigente”.

Por. Eduardo Vidal Mancilla.

Vapor “Chile” y la “Moewe”

En aquellos años, solo existía la posibilidad de acceder has-

ta la residencia de Centinela vía lacustre, de este modo se toma contacto con el capitán del vapor Chile, para que adelantara la hora de zarpe que habían acordado previamente para el retiro de los músicos. Lamentablemente, el vapor se encontraba sin leña y sus calderas no tenían la presión suficiente para poder zarpar de inmediato; al ver la demora e impacientes por regresar a la ciudad de Valdivia, los músicos se dan cuenta que en el muelle se encontraba la lancha “Moewe”, una pequeña embarcación con capacidad de 20 pasajeros, accediendo su capitán trasladarlos hasta Puerto Octay. Encuentro fatal Alrededor de las 22 horas de esa oscura noche de verano y mientras navegaba la pequeña embarcación hacia Puerto Octay, quiso el destino que el Vapor “Chile” se trasladara en dirección contraria, rumbo a Centinela. A la salida de la bahía, los pasajeros de la lancha fueron encandilados con las potentes luces del reflector del vapor, sin que éste pudiera percibir la presencia y cercanía de la lancha. A causa de esto, el piloto de la Moewe perdería la noción de la ruta, atravesándose delante del vapor y siendo violentamente impactado por la popa, a babor de la embarcación. En forma desesperada y percatándose de la colisión, los tripulantes del “Chile” lanzan los botes salvavidas y elementos de salvataje, al mismo tiempo el capitán ordena marcha atrás. Lamentablemente esta maniobra sólo empeora aún más la situación. La hélice del vapor succiona los cuerpos de los músicos los cuales son mutilados; otros, tratan de nadar hacia la orilla, pero debido al pánico, lo hacen en dirección equivocada y son atrapados por las frías aguas del lago Llanquihue. 30


Unos pocos son rescatados por personas y embarcaciones que acuden en su ayuda y otros logran ponerse a salvo llegando a la orilla, agotados y choqueados por lo ocurrido. Trece víctimas sería el saldo de esta tragedia, 12 músicos militares y el maquinista de la pequeña embarcación, Sofanor Aguila. Impacto Nacional Este fatal acontecimiento, impactaría profundamente el alma nacional, en especial a la ciudad de Valdivia, donde pertenecía el destacamento militar. Una vez conocida la noticia en los círculos de Gobierno, el Presidente de la República de la época, Carlos Ibáñez del Campo, envió al Comandante del Regimiento Caupolicán, un telegrama de condolencia cuyo texto señala: Moneda 1° de Marzo. “Mi profundo pesar por desgracia que cuesta tantas vidas y que seguramente dejará muchos huérfanos. Encarezco la mayor prontitud y esmero en la atención de la familias enlutadas”. (Firmado)Carlos Ibañez del Campo. Por su parte, los Príncipes Británicos, ya conocida la noticia -y en dirección a Argentina- envían al Gobierno un telegrama de pesar y ordenan que sea colocada una hermosa corona en su nombre y en el de su hermano, Príncipe Jorge, en el entierro de las víctimas. Los nombres de los músicos fallecidos fueron: Vicesargento 1ro: Luis Núñez Lazo; Sargentos 2dos : Carlos Riffo Inostroza, Julio Meza Sura, Alfredo Albarracín A.; Cabos 1eros : Eliseo Manso Vásquez, Matías López Quinteros; Cabo 2do : Enrique

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Bastías Vergara; Soldados : Teófilo Soto Barros, José Luis Carrasco Valdés; Agregados : Raúl Casas Triviño, Oscar Palma Salazar y Erich Gnadt Vitális. Multitudinaria despedida Publicaciones de la época señalan que más de 20 mil personas se congregaron para despedir a estos infortunados músicos. Autoridades civiles y militares, el comercio, la banca, cuerpo consular, instituciones obreras, deportivas, colegios públicos y particulares, sindicatos obreros, federación de sub-oficiales en retiro, cuerpo de bomberos, cruz roja de hombres, club musical Eleuterio Ramírez, Bandas de Niebla y de Corral, Cuerpo de carabineros, Club militar Alemán, Club Musical Concordia, delegación del Batallón Zapadores de Osorno, delegación del escampavía Leucoton, Sociedad Unión de costureras,, Sociedad La Fraternidad, Banda Eleuterio Ramírez de Temuco, Congreso Social Obrero, Unión y protección de Señoras, Triunfo ilustrado femenino, sociedad de Tipógrafos, Gremio Gráfico, Club musical El progreso, Sociedad La Esperanza, Club de tiro al blanco General Baquedano, Sociedad Empaquetadores de comercio, Brigada de Scouts Eleuterio Ramírez, Sociedad Maquinistas y Fogoneros Santiago Watt, llegan hasta el cementerio General de Valdivia para darles el último adiós. En su recorrido hasta el campo santo, las campanas de la Catedral, acompañan el cortejo con su triste sonido. A 84 años de este lamentable acontecimiento, Puerto Octay recuerda y honra cada año, la memoria y los hechos históricos, que permiten dar a conocer a nuestras generaciones presentes y futuras, la gran Tragedia del Lago Llanquihue.

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Entrevista

Entrevista: Alejandro Guzmán Mansilla

Rescate Conmemoración Tragedia del Lago Llanquihue

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onocer los detalles de la denominada “Tragedia del lago Llanquihue”, ocurrida el 28 de febrero de 1931, cuando un choque entre dos embarcaciones: el vapor “Chile” y la lancha “moewe”, deja como resultado el fallecimiento de 13 personas, 12 músicos militares y 1 civil, podría significar un hecho más, en la larga lista de accidentes y acontecimientos que ocurren; sin embargo a 84 años de lo sucedido, el recuerdo de esta tragedia se encuentra muy vivo y vigente entre los habitantes de Puerto Octay, que cada año hacen un espacio en sus quehaceres para rescatar la memoria de este lamentable accidente. Autoridades, instituciones civiles, militares y familiares de los músicos fallecidos, se dan cita cada año para recordar a quienes perdieron la vida, con ocasión de rendir honores, durante la visita de los Príncipes británicos, Eduardo de Gales y Jorge de Windsor en la casona de Centinela, Puerto Octay. Alejandro Guzmán Mansilla(43) nos explica cómo una inquietud, que nace bajo una animada conversación durante la celebración de Santa Cecilia, hacia 1998, llega a convertirse en una de las conmemoraciones más importantes en la zona y que hoy se conoce bajo el nombre de la “Tragedia del Lago Lago Llan-

quihue”. Alejandro relata: “Hace 16 años (1998), nos encontrábamos junto a los integrantes de la Banda instrumental de la Confederación de Bomberos Alemanes en Osorno; celebrábamos el día de Santa Cecilia. En conversación junto a algunos ex-músicos militares (Juan Villagrán, Platón Ríos y Jaime Brito) escuchaba el relato de una historia ocurrida hace muchos años en la bahía de Puerto Octay. Hasta ese momento todo era nuevo para mí. Interesado por el tema, comencé a investigar y junto a otros colegas músicos (Sergio Fuentealba y Efren Oyarzún) nos propusimos rescatar este acontecimiento y que los músicos fallecidos tuvieran el homenaje que se merecían. De esta forma solicitamos audiencia con la alcaldesa de aquel tiempo, la Sra. Carmen Ortiz Ojeda, quien nos escuchó y se comprometió a apoyar la actividad. El 28 de febrero de 1999, realizamos el primer homenaje, una actividad, sencilla, emotiva, pero que poco a poco se fue ganando el respeto y reconocimiento de los octayinos y las instituciones participantes. Entre ellas, los antiguos músicos de la Banda perteneciente al Regimiento “Caupolicán” de Valdivia y 32


familiares de los fallecidos. En el año 2000 y luego de dar a conocer nuestro proyecto y objetivo al interior del Ejército, se logró contar con su participación, al igual que Autoridades y familiares de los fallecidos. En aquella ocasión inauguramos un monolito y placa recordatoria que se ubica frente a la bahía, en el antiguo muelle Chile. De este modo y por espacio ya de 16 años, cada 28 de febrero, convocamos a la comunidad para recordar esta historia. Para mí, recordar a estos músicos y honrar su memoria, es un compromiso de vida, se ha transformado en una misión, donde agradezco a muchas personas anónimas, que cada año colaboran económicamente para que esta actividad no se pierda. También al municipio de Octay y sus Autoridades. Al Ejército, a la Armada y su banda instrumental de la 5ta zona naval. A nuestra banda “Copihue”, que fue también unas de las iniciadoras de este homenaje hace muchos, muchos años atrás. Hoy me anima poder instalar una boya definitiva que identifique el lugar de la tragedia y también poder –ojalá- construir un gran monumento que dure muchos años y sea conocido por las nuevas generaciones. Revista de difusión del Patrimonio Arquitectónico y Sociocultural de Puerto Octay

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TRAS LA RUTA DE LOS JESUITAS

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ablar de la “Ruta de Los Jesuitas” en la Región de Los Lagos, es sinónimo de ahondar en un mar de posibilidades; cada una de estas con cierto atisbo de legitimidad. Lo cierto de todo esto es que, desde mediados del siglo XVI en adelante, numerosas fueron las exploraciones españolas en la región, las cuales por un lado buscaban hacer reconocimiento de los dominios bajo la corona, y a su vez, la búsqueda del preciado oro. A raíz de esto último, no sólo creían en la existencia de betas con posibilidades de entablar la explotación minera, sino más bien, los motivaba la posible existencia de una ciudad mítica y legendaria, la llamada “Ciudad de Los Césares”. El origen de la leyenda tampoco goza de claridad plena. Algunos dicen que tiene relación con naufragios y exilios de españoles que se asentaron en la Patagonia; otros relatan que fue fundada por Incas, razón por la cual gozaría de riquezas inmensurables. De todos modos, estas exploraciones constituyeron un real estímulo para los conquistadores, y de la mano de estos, para los Misioneros que si bien, no perseguían el mito propiamente tal de la ciudad en cuestión, no obstante tenían que abrir paso a la evangelización cristiana en los nuevos territorios descubiertos. Es así que, a mediados del siglo XVII, las expediciones comenzaron a orientarse de preferencia hacia las regiones más australes de la Patagonia. Fue el caso del jesuita Nicolás Mascardi quien, realizó un largo viaje junto a otros misioneros de la misma orden (todos asentados en Chiloé), llegando incluso hasta el estrecho de Magallanes. Sin embargo, la labor apostólica del padre Mascardi, se concretó en la refundación de la misión de Nahuelhuapi (territorio que actualmente comprende la zona de San Carlos de Bariloche, Argentina) la cual, durante los siglos coloniales perteneció a la jurisdicción de Chile, siendo esta última débilmente ocupada, salvo por algunos chilotes. Sin embargo, dicho territorio cobró valor recién al considerarse como una posible vía de comunicación entre Buenos Aires y el Océano Pacífico a través de la ruta austral. Ahora bien, volviendo a la historia de los Misioneros en cuestión, se dice que durante su expedición, este grupo de jesuitas se embarcó desde Castro adentrándose por el Seno de Reloncaví (actualmente Puerto Montt) hasta llegar al territorio continental. Desde ahí se desprenden a lo menos tres posibles pasos para cruzar la cordillera:

René Muñoz Mayorga Prof. De Historia y Geografía Estudiante de Magister en Historia Encargado de Biblioteca Pública de Purranque

Paso de las lagunas: Tras varios días remo entre piraguas y/o chalupas, se dice que los misioneros tomaron sus embarcaciones al hombro y se internaron entre los bosques y cerros de la región hasta llegar a una parte de la rivera de una laguna conocida como Güeñanca (hoy Lago Llanquihue). Supuestamente allí navegaron por la falda de la cordillera llegando a la laguna de Quechocaví o (Lago Todos los Santos). Cruzando hacia el este, subiendo por el río Peulla hasta dar con el otro lado de la cordillera. Paso de las carretas: También conocido como paso “Vuriloche”. Este último también utilizado por los indígenas en épocas de malones y malocas, tenía como primer destino Ralún. Posterior a ello se iba por tierra tres leguas hasta la primera laguna llamada Calbutué. De ahí el camino seguía mediante navegación hasta el este. Luego se proseguía pedestremente hasta llegar a las cercanías del actual monte “Tronador”, el cual se orillaba hasta cruzar la cordillera. Actualmente este paso también es conocido como de Vuriloche. Paso de las Gaviotas: Se considera el mismo recorrido de los datos anteriores desde Chiloé hasta el Reloncaví. Se dice que los Jesuitas se adentraron por la selva en medio de los cerros cordilleranos andinos hasta llegar a la localidad del Rincón (en la ribera norte del Lago Todos Los Santos), desde ahí transitaron hasta las termas del Callao. Siguieron por la laguna de los Quetros y llegaron hasta la punta este del actual lago Rupanco. Desde allí, se dice que tomaron una ruta entre medio de los cerros y los volcanes, en donde existiría un boquete que conduciría hasta el otro lado de la cordillera. Este paso se le conoce en la actualidad como “Las Gaviotas”. No se sabe si desde Osorno habría comunicación y tráfico hacia Argentina. Recordemos que la ciudad fue incendiada en el año 1600. De hecho la documentación registrada por los frailes de la Orden de San Francisco en lo que respecta a la antigua ciudad, se perdió en Chiloé. Lo que sí es importante de manifestar es que, a la altura de la latitud de la cordillera de los Andes en cuanto a la Región de Los Lagos, esta se presenta más baja que en el centro del país, lo que propicia a la generación de “boquetes”, es decir, pasos internacionales no oficiales, los cuales son parte de un saber social asociado a la oralidad. Por último, cabe señalar que el Padre Mascardi murió asesinado por un grupo de indígenas de la Misión del Nahuelhuapi en el año 1673. Esta suerte también corrió para otros cinco misioneros.

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Entrevista Familia Mancilla Cea

Colonos del Rupanco

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on Octavio Mancilla Muñoz(87) y doña Uberlinda Cea Cosme(70) pertenecen a unas de las familias más antiguas de la zona de Rupanco. Reconocidos vecinos, en la actualidad viven en el sector de Puerto Rico. Los visitamos para conocer sus historias de vida, aquellas forjadas con el esfuerzo tesonero de los primeros colonos chilenos que se avecindaron en la ribera del lago rupanco hacia el año 1929. Don Otto, como lo llaman sus cercanos, cuenta que se casó a los 20 años, nació en el sector de Chacay(1928) y a la edad de 6-7 años se trasladó en una balsa -que construyó su padrejunto a su familia, hasta el lugar donde viven hoy. “Salimos de chacay(Puerto Mancilla) una tarde; yo remé toda la noche y llegamos como a las 6 de la mañana aquí al salto abajo… fue una cosa increíble, nosotros mismo habíamos hecho la balsa. Mi padre recibió esta parcela -en realidad eran 2y hacían 200 hectáreas. El gobierno comenzó a repartir y dividir hacia 1929, pero la gente llegó entre los años 1932-33. Nosotros llegamos el 36. Mi padre había rozado un poquito antes ya que él vino primero a despejar, para luego empezar a construir. Viajó en mula la primera vez. Cuando llegamos todos definitivamente, empezamos a trabajar, a tirar la madera al hombro, como bueyes. Éramos 4 hermanos. Sembrábamos trigo, al tiro, así a gualato. Mi mamá usaba un refregador para hacer harina y lo aventábamos en balai. Teníamos harina tostada y catutos para mantenernos. Fue un tiempo y trabajo muy duro, recuerda.” Otro de sus recuerdos anecdóticos es que: “al principio los animales eran muy bravos acá, las vacas parían por arriba y los terneros teníamos que amarrarlos a la orilla del camino para que conozcan gente, para que se amansen”. Por su parte la Sra. Uberlinda, oriunda de Las Gaviotas, cuenta que su madre fue la primera que llegó a Gaviotas. Unos alemanes que vivían en la “faja 20” (Maitenes), habían arrendado talaje hasta el río gaviotas y con su familia se encargaban de los animales. Con mucho orgullo nos cuenta también que ella fue partera y se dedicaba a la medicina natural, herencia de su abuela que conocía las yerbas. “Tengo 11 hijos, jamás llegué a los médicos, hospitales, nada, nunca; los tenía en mi casa, porque eso me lo enseñó mi abuela. Antes no habían médicos, no habían hospitales, esos años cuando yo era joven…” Por aquellos años no había caminos, solo una huella. Recuerda como su padre hizo una canoa –demoró un año en construirla- para poder salir al islote cuando los ríos se llenaban y también, como se preparaban para el invierno, en especial para tener siempre fuego. “Cortaban un palo gualdún(boqui) de 4 metros, luego lo dejaban secar en el verano y en tiempo de in-

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vierno se le ponía fuego. El palo ardía por dentro y duraba cerca de 3 meses. Este sistema reemplazaba los fósforos y podían tener fuego permanentemente. “batallón” el perro que los salvó del frío. “batallón” era el nombre de un perro regalón, que protagonizó una interesante historia. “Un día se dieron cuenta que Mercedes (hija) se había quedado sin fuego (vivía al otro lado del río). Habían observado a la distancia que desde la casa no salía humo y el río gaviotas era “un mar”, imposible de cruzar. Al acercarse a la orilla y comprobar que efectivamente Mercedes no tenía fuego, decidieron llamar a “batallón” para que cruzara hasta la otra orilla. Obedeciendo a su amo, “batallón” se lanza al río sorteando los peligros y la corriente que lo lleva metros más abajo, logrando su objetivo. Después de acariciarlo y felicitarlo. Amarran en su cabeza una caja de fósforo con un paño. “batallón” regresa donde Mercedes, sorteando una vez más los peligros del río y salvando a la familia de enfrentar un invierno sin fuego. Siguiendo con la animada conversación, ahora nos relatan cómo se conocieron. Pícaramente la Sra. Ube relata: “yo lo conozco desde que tengo conocimiento, lo veía como andaba por aquí, por allá, le conocía las novias (risas), por eso que habla de 51 novias y ella fue la número 2. Por su parte, don Otto manifiesta, que ayudando a un amigo (un tal Alvarez) fue a la zona de Gaviotas, tenía como 18-20 años y “hacíamos unos macales”, amarrábamos un tronco acá, y otro, y otro y de ahí lo tirábamos con los bueyes. De esta forma hacíamos cercos para que no entren los animales. Solíamos cosechar 80 sacos de trigo. Esto fue hacia los años 1940-45. Una vez estaban sentados en un cerco y vieron a una señorita que andaba laceando caballos (ella tenía 9 años) “que va a lacear esta cabrita dijo”, sin embargo, Uberlinda recuerda que en esa ocasión ella sabía el nombre del caballo, lo empezó a llamar, a llamar y colocándole el lazo al cuello, lo lleva al cerco y lo monta regresando a su casa. ¡ah!, dijo él, ¡esa la voy a esperar que sea grande!,¡esa va a ser mi mujer!…. Yo lo dije –dice él- y resulta que después fue así. Cuando ya era más grandecita, me veía y me empezaba a llamar. Echaba los papás adelante y ella se quedaba atrás, en

los “coigües”. Se paraba y me empezaba a llamar. Por su parte –recuerda Ube- ¿Que tengo yo que me mira tanto este hombre? y de repente me dice un día: “Oye, yo quisiera pololear contigo, me quisiera casar contigo. “Vaya a decirle a mi mamá, le contesté; si mi mamá quiere, pololearé con usted, sino no… y no le fue a decir a mi mamita? Y cómo ellos eran vecinos, ella le dijo que sí… sí, hijita, cásate con el (risas)… porque era un hombre “alentao”, no iba a pasar hambre. Yo pensé que mi mamá lo iba a retar, pero no. Finalmente se casaron en Puerto Octay. Recuerdan que se trasladaron en camión hasta el cruce Rupanco y de allí caminarían hasta Octay donde finalmente se casaron, regresando al otro día. “Nos trajo uno del otro lado, de puerto chalupa, agrega finalmente Uberlinda. En la actualidad y luego de una vida dedicada al campo, la familia Mancilla Cea recuerda con alegría sus comienzos, sus anécdotas de juventud, la vida del campo, el trabajo, etc. Hoy disfrutan del cariño y respeto de sus hijos, nietos, amigos y vecinos. Son estas historias de vida las que finalmente hemos querido compartir con ustedes a través de estas líneas. Historias que nos hablan del temple de nuestros campesinos, aquellas que con ingenio y sabiduría ancestral, les han permitido enfrentan las dificultades del camino. Nuestro homenaje y agradecimientos al Matrimonio Mancilla Cea, por compartir sus vivencias con el equipo editorial de “La Centinela”.

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Hotel Rupanco 1940-1960

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onocido como uno de los proyectos turísticos más importantes en nuestra comuna hacia la década del 40 y 50. Hotel “Rupanco” se ha mantenido presente y muy vivo en la memoria de los “rupanquinos” que vieron su construcción y destrucción, aquella triste tarde del 22 mayo de 1960. Con una capacidad para 100 personas, Hotel Rupanco comienza a construirse entre los años 1940-45, así lo recuerda el vecino Octavio Mancilla(87) y su esposa Uberlinda Cea(70), un matrimonio de familias chilenas que se establecieron a orillas del lago rupanco hacia el año 1932 y que recuerdan claramente el quehacer del Hotel. Su propietario era don Láfiro Jaramillo, avecindado por el lado del volcán, sector de aguas buenas. El hotel tenía 3 pisos y un largo de 45 mts. aprox. La energía eléctrica era hidráulica y su generador se ubicaba sobre el río piedras grandes, un sector aledaño al hotel, con una conformación de grandes piedras y pintorescas cascadas.

Junto a los tradicionales paseos en lanchas, pesca y excursiones, poseía piscinas termales al aire libre y tinas bajo techo cuyo número –recuerda la Sra. Uberlinda- eran de 6. La temperatura de sus aguas era de 92° las que debían enfriarse previamente. En publicaciones de la época se recomendaban para los tratamientos de reumatismos, ciática y diabetes.

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Para el traslado de los visitantes, el hotel tenía 3 embarcaciones: 2 lanchas y un bote. Las lanchas llevaban por nombre “Mimí” y “Elvira”-hijas del propietario- mientras que el bote llevaba por nombre: “Jorge”. Gracias a un convenio con el Hotel Waeger (Osorno), los turistas y visitantes podían viajar cada fin de semana. Las salidas eran los días sábado, llegando hasta el sector de Piedras Negras para luego ser trasladados por una de las lanchas hasta el hotel. Se regresaba el día domingo alrededor delas 20 hrs. Aquella tarde del terremoto, los vecinos recuerdan como las laderas de los cerros comenzaron a desplomarse y arrastrar todo a su paso. Una enorme ola, de unos 25 mts. terminó por sepultar todo lo conocido y en unos cuantos minutos, el hotel desaparecería bajo toneladas de piedras y barro, en el fondo del lago Rupanco. Entre los fallecidos, se recuerda a la familia del cuidador, Tito Asenjo y sus hijos. A 55 años de lo ocurrido, Hotel “Rupanco” aún permanece en el recuerdo de la gente, en especial hoy, cuando familias integrantes de la agrupación de agroturismo “Las Gaviotas” impulsan el desarrollo turístico, transformando este sector, en uno de los atractivos más relevantes de la comuna de Puerto Octay.

Fotografías gentileza del Sr. Rodolfo Navarro, capitán de la embarcación “Gaviota”.

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Entrevista

Entrevista a Ernesto Guzmán

Origen del nombre de la

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Picada

rnesto Guzmán es un conocido vecino de la localidad rural de La Picada, ubicada al noreste de Puerto Octay, en los faldeos del Volcán Osorno. De baja estatura y algunas veces de pocas palabras, nos sorprende con sus historias y esa sabiduría innata del hombre de campo. Su familia está dentro de las cuatro más antiguas que dieron origen al lugar: Los Ampuero, Garcéz, Barril y ellos, los Guzmán Alvarez. Ernesto nos cuenta con mucho orgullo que fue uno de sus antepasados, su bisabuelo José Antonio, quien descubrió y dio aviso de una terrible enfermedad que atacó a los animales del sector, especialmente los vacunos y animales domésticos, entre los años 1892-95. Sin saberlo, habían sido atacados por el terrible carbunco o ántrax, afectando a casi toda la masa ganadera del sector. Los animales presentaban fiebre y sus cuellos estaban llenos de picaduras extrañas, las que más tarde abarcaban todo el animal. Rápidamente José Antonio da aviso al patrón y comienzan a informarle al resto de los ganaderos, quienes en un esfuerzo desesperado, trasladan sus animales a otros lugares de la cordillera. El lugar en aquellos años no tenía un nombre específico y se conocía solo como parte de río blanco, un vasto sector. Transcurrido un mes de los hechos, José Antonio y otro amigo, viajan a Osorno en busca de víveres. Allá es reconocido como el hombre que dio aviso de esta enfermedad y logró que muchos salvaran su ganado. Con el tiempo, el resto de los habitantes del sector, también comienzan a ser reconocidos como las personas que vienen del lugar donde proviene la enfermedad de “la picada”.

En un comienzo, molestaba a la gente del sector que los llamen de “la picada”, sin embargo el nombre se hace cada día más conocido y termina finalmente siendo aceptado por todos. La leyenda se había consolidado y este lugar sin nombre, por fin tenía uno: LA PICADA. Al ir envejeciendo José Antonio, se preocupa también de traspasar sus vivencias y en especial cómo descubrió y dio aviso de esta enfermedad, transformándose en el nombre del lugar. Conocimiento que comienza a transmitirse de generación en generación. José Antonio(bisabuelo) transmite a Juan(abuelo), Juan transmite a Ernesto(papá) y Ernesto finalmente transmite a Ernesto(hijo), nuestro entrevistado. Así relata Ernesto esta herencia en sus escritos: “Don José Antonio supo inculcar en su hijo don Juan lo que realmente sucedió. Este se lo relató a su hijo don Ernesto, y éste a los suyos para que la historia de La Picada se mantenga viva, generación tras generación, ya que algo así no debe perderse nunca; porque así como se construye la historia de un humilde sector, así también se mantiene viva la historia de la humanidad y el ejemplo lo dio primero don José Antonio, su hijo don Juan y su nieto don Ernesto y los hijos de éste para que la historia de La Picada se mantenga viva para siempre”.

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IN MEMORIAM

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l pasado 12 de agosto, nuestra institución sufrió la lamentable pérdida de quien fuera su socio fundador y primer presidente, el Sr. Mario Hernán Soto Levín. Hablar de Mario, es hablar de una vida dedicada al servicio público y comunitario. Como Funcionario Municipal perteneciente al Juzgado de Policía Local, contribuiría permanentemente a la gestión institucional y gremial buscando siempre instancias de mayores oportunidades y progreso para todos. Sin embargo, es en el servicio comunitario donde dará forma y potenciará su enorme vocación de servicio público. El deporte y la recreación constituyen sus primeros desafíos hacia la década de los 80 como dirigente del Consejo Local de Deportes y Recreación; junto a los desafíos deportivos, particularmente el fútbol, asume igualmente el liderazgo de las primeras Semana Octayinas. Más tarde, a través del velerismo, comenzaría a dar forma al Club de Deportes Náuticos de Puer-

to Octay, instancia que pasearía el buen nombre de nuestra comuna en los distintos campeonatos regionales y nacionales; incluso, por primera vez, Puerto Octay se constituye como sede de un Campeonato Nacional con muy buenos resultados para los remeros locales. Junto a estos desafíos, se transforma en uno de los socios fundadores y primer secretario de la Corporación de Desarrollo Turístico de Pto.Octay, marcando un tiempo de exitosos desafíos mediante la administración de playas, proyecto Museo, comida campestre, concesión Hotel Centinela, etc. Lider innato, siempre inquieto, le gustaban los desafíos en grande. Su buen humor, le permitía generar espacios de encuentro y junto a animadas conversaciones, en su pensamiento rondaba siempre la idea de cómo Puerto Octay podría seguir en la senda de su crecimiento y desarrollo. En el año 2010 se integra al desafío de contribuir al proceso de declaratoria de Zo-

na Típica de Puerto Octay y colabora estrechamente en las jornadas y encuentros comunitarios, dando a conocer los alcances y desafíos de esta declaratoria. Luego, en conjunto con los vecinos y propietarios de inmuebles patrimoniales, dará forma al “Centro Urbano Zona Típica Puerto Octay”, organización comunitaria de carácter funcional, destinada al conocimiento, difusión y protección del Patrimonio Arquitectónico de nuestra ciudad. Estimado Mario, hoy has culminado tu paso terrenal, ya no estás entre nosotros, sin embargo, tu trabajo, tus sueños para Pto. Octay, están en medio nuestro. Has dejado un gran legado y también un gran desafío.

Mario Hernán Soto Levín….. Descansa en paz.

* Extracto Discurso de despedida con ocasión de sus funerales el día 14 de agosto de 2015.

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La centinela n°2 septiembre 2015