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El nieto de la muerte


En una parte del universo existe un planeta llamado Antalia, en el que hay una universidad especializada en la educación personalizada de alumnos que tienen rango y distinción peculiares. A todos ellos se les potencia lo mejor de sus cualidades, puliendo desde la infancia sus dones, como si se tratara de valiosos diamantes, para seguir con la tradición genealógica de sus antepasados y sentirse orgulloso de ser lo que es cada cual. Antalia es un planeta muy especial. Está muy escondido, donde nadie lo puede ver, ni los científicos. Es un secreto como otros muchos 87


que esconde el universo. No lo pueden revelar los que habitan en él. Lo tienen totalmente prohibido, porque si lo revelaran serían castigados con el destierro fuera del planeta, sin poder ejercer los dones adquiridos al nacer. Esta historia empieza cuando el sol se esconde tras las crestas del horizonte y comienza a brillar el universo. Todos los que habitan en la casa de Alespe están terminando la cena y comentando en la mesa el día tan maravilloso y especial que va a ser el siguiente. Todos hacen bromas a Alespe y ríen en la mesa. La abuela le trae el postre, dándole una sonrisa dulce con la mirada. Alespe se pone con los ojos muy abiertos al ver las natillas con galletas y canela. Es su postre favorito y le da las gracias a la abuela comiéndolas muy contenta y nerviosa. Tiene prisa 88


por terminar y marcharse a su habitación, de puras ganas de dormir y que llegue ya el día siguiente, en que irá a la universidad. Antes de irse a dormir mira las estrellas que ve desde su ventana, brillantes más que otras veces, y se queda dormida

viéndolas. Al día siguiente el sol sale del horizonte, como de costumbre, dándole un toque de color escarlata con sus rayos a las nubes de ese amanecer. La habitación se ilumina con su luz, despertando a Alespe, que abrió los ojos y saltó de la cama para asearse y vestirse. Bajó al salón muy animada, con ganas de comerse 89


todo el desayuno, pero al final probó de todo y no terminó nada. Era tanta la emoción que tenía por ir a la universidad que no dejaba calmar su ansiedad. Cogió el equipaje con ayuda del abuelo y montó en el coche con sus padres. Según se acercaba al lugar, lo veía precioso. Jardines llenos de plantas exóticas de intensos colores. Era una mansión enorme, de amplios pasillos limpios y ordenados. Los alumnos caminaban por ellos para ir a sus clases. Cuando Alespe entró en su aula se presentó al profesor y éste le dijo cuál era su lugar, como a

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los demás que iban por primera vez a esa clase. Ese día fue para conocerse bien los alumnos y familiarizar entre sí. Después conoció el comedor, los recreos y los jardines de paseo. Su habitación era luminosa y alegre, con una estantería enorme, llena de libros, una ventana desde la que veía el jardín exterior y divisaba un lago azul. Alespe estaba feliz y se quedó dormida tras ese día tan apasionante que había tenido. Los días pasaban en la universidad como por arte de magia, porque Alespe estaba llena de 91


energía y ganas de aprender. Tenía 1 8 años y no pensaba en el amor, sólo en el de su familia y en la enseñanza. Allí tenía a todos sus compañeros como la Felicidad, el Amor, el Odio, el Desánimo, la Justicia, la Fuerza, etc. Todos los sentimientos que tiene el ser humano en la tierra iban allí a clase, para aprender a ser cada uno el mejor de su género. Ese día los abuelos fueron a recoger a Alespe a la universidad. Iban a celebrar el regreso de Amoruet, hijo adoptivo de la familia de Alespe. Amoruet había crecido mucho, convirtiéndose en un joven caballero muy atractivo. Estaba lleno de vida y amor. Era fuerte, ágil en sus movimientos, con gran sentido del humor. Cuando hablaba, daba paz, ilusión y magia a los corazones que se dejaban tocar por él. Los padres de Alespe se sentían orgullosos de ver a su hijo con tanta energía. Sonreían al ver que se quedaría en casa como cuando era un niño, por haber terminado sus estudios y tendrían más tiempo para estar juntos y gozar de su amor, viendo ejercer lo que había aprendido en la universidad de los sentimientos. Cuando Amoruet vio a Alespe se sorprendió. No se imaginaba que su hermana adoptiva se hubiese convertido en una jovencita tan 92


hermosa. Bromeando como cuando eran niños, se dirigió a ella y Alespe se ruborizó, desviando la mirada hacia otro lugar. Amoruet, sonriendo, se acercó y la abrazó. Pasaron los días en armonía, recordando aventuras vividas por todos. Amoruet le preguntó a su madre adoptiva si su madre verdadera había sido tan bonita como ella, y no entendía por qué su abuela, la Muerte, no se alegró cuando él nació. Fue cuando la madre de Alespe empezó a contarle lo que ocurrió. Muer, que era la madre verdadera de Amoruet, se fue con su madre, la Muerte, a visitar un alma a la que tenía que llevarse pronto. Quería que su hija lo hiciera mejor que ella, enseñándole todos los secretos que llevaba con ella. Muer no tenía amigas, su madre, la Muerte, no quería que familiarizara con ningún sentimiento que la hiciera vulnerable frente a sus obligaciones. Todos huían de Muer cuando la veían llegar, dejándola sola. La madre de Alespe, que se llamaba Esperanza, era la única que hablaba con ella en secreto, para que la Muerte no castigase a su hija Muer. Se convirtieron en muy buenas amigas, crecían y reían siempre en lugares escondidos, para no ser 93


descubiertas. En uno de esos lugares, ambas conocieron a Alegría y Amor. El afecto entre los cuatro empezó a crecer. Todas las tardes quedaban los cuatro y eran felices. Un día Amor y Muer decidieron comprometerse y amarse hasta la eternidad, dándole Amor una flor a Muer cuando se comprometieron. Se miraron a los ojos y sellaron su compromiso dándose un beso en los labios, y decidieron casarse y vivir su amor mientras buscaban alguna solución para que la 94


Muerte no viniera a por sus vidas. A Muer le quedaba la esperanza de convencer a su madre, la Muerte, hablándole con el corazón. Si la veía feliz, se alegraría y perdonaría a su hija. Un día se armó de valor y le dijo que estaba enamorada y quería que aceptara a Amor como hijo, sin llegar a decir que se habían casado. La Muerte, llena de cólera, se enfadó y dijo que se olvidara para siempre de él, si no, le mataría. Muer se puso a llorar de impotencia. Entonces intervino Amor, que estaba con ella, cogiendo a Muer de la mano. Salieron corriendo y se escondieron para no ser vistos, hasta desaparecer. Llegaron hasta un lugar lleno de arbustos salvajes. Se ocultaron en una cueva muy 95


dentro de la tierra, y así desaparecieron durante un tiempo. La Muerte les buscaba llena de furia. Fría como el hielo, no tenía ningún pensamiento de olvidar la deshonra. Ningún hijo de la Muerte se puede enamorar, porque está totalmente prohibido. Pasó el tiempo y vino a la vida Amoruet, hijo de Amor y Muer. Disfrutaron de Amoruet durante unos meses, pero pensaron que estar escondido no sería una buena vida para el niño. Decidieron dejárselo a sus amigos Alegría y Esperanza, que también se habían casado, para que lo cuidaran como si fuera su hijo y así


la Muerte no se enterase de que ellos habían tenido un hijo. Así pretendieron burlar a la Muerte, para que no supiera que tenía un nieto. Mientras tanto Amor y Muer desaparecieron y nadie volvió a verlos jamás. La Muerte seguía buscándolos sin descanso, pero ni ella ni sus criados encontraron pistas de ellos. Amoruet empezó a entender las dudas y sospechas que había observado en los demás. El silencio lo escondía todo, sin que su desdichada historia saliera a la luz. Por temor a la Muerte, no querían que a Amoruet le sucediera nada. Él se quedó pensando detenidamente. Tenía que abrir más su corazón y pensar en algo bueno para todos. Se acostó pensando qué sería de sus padres, quizá todavía estuvieran vivos, haciendo una vida que no coincidiera con la suya, para que no fuera descubierto. Cuando se levantó al día siguiente, Aleste fue a su encuentro para decirle la idea que había tenido antes de dormir. Había estado pensando que la Muerte no sería tan mala. Quizá se encontrase muy sola. Amoruet se sorprendió con el pensamiento de su hermana, ya que él también había estudiado cómo acercarse a la Muerte.


“Amoruet, quiero ir contigo y ser tu apoyo en este recorrido”, dijo Alespe, añadiendo: “tú eres el amor, el sentimiento más perfecto y completo de todos los que existen. Siendo yo hija de la Esperanza, juntos seremos más fuertes en tu aventura de búsqueda de la verdad”. “Tienes razón, Alespe”, dijo el muchacho, “sólo que tengo el temor de que la muerte te salpique por tu ayuda”. La hermana respondió: “Todo tiene un precio y si muero, moriré con la esperanza de encontrar a tus padres, y seguiré viviendo en tu corazón”. Las palabras de Alespe enternecieron a


Amoruet. Sus ojos se humedecieron por el amor que su hermana mostraba hacia él. “Vamos, Amoruet, tú me has enseñado parte de lo que sé, junto con nuestros padres, que nos enriquecen cada día con su conocimiento y ejemplo”. Amoruet se acercó a su padre adoptivo, Alegría, que escuchaba todo lo que hablaba, y que le dijo: “llévate mi alegría contigo, si eres alegre con los demás, les ablandarás como si fueran una esponja encharcada de mi fuerza, y tendrás una coraza que te servirá como el escudo de un guerrero para que no pase ni un rayo de flaqueza frente a lo inesperado. Ve apartando el mal e impregna de tu amor todos los caminos por los que pases. Porque no solo la Muerte es muerte, se muere de muchas maneras: cuando el odio entra en alguien, está muerto. Si deja pasar la pereza, también, porque está insatisfecho con lo que hace. Odiar es un sentimiento cruel, con el que el mal domina el alma, haciendo daño a otros. En realidad, no existen los sentimientos malos. Si tienes frío es porque no hay calor. El que se deja salpicar por todos esos sentimientos que provoca la avaricia en la tierra, es porque no ama. Y también se muere de amor, y de


enfermedades. La muerte siempre existirá, está siempre a la espera. Solo que debemos estar preparados y ser felices mientras se vive. Porque morir de amor es la muerte más dulce”. Alegría añadió: “Te doy mi bendición para que podáis partir al encuentro de tu verdad”. Amoruet y Alespe se prepararon para el viaje. Decidieron ir a caballo, para meterse por senderos oscuros, donde nadie se atreve a


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