Opúsculo informativo: Ana Roqué de Duprey, una científica rebelde

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Los cuadernos recuperados de la Botรกnica antillana

UNA COLABORACIร N ENTRE EL CENTRO DE PERIODISMO INVESTIGATIVO Y PARA LA NATURALEZA


¿QUÉ ES LA “BOTÁNICA ANTILLANA”? Ana Roqué de Duprey, una de las primeras científicas y luchadora puertorriqueña, y una de las figuras más conocidas durante la lucha por los derechos de las mujeres, terminó de escribir hace 90 años su Botánica antillana.

Las 1,000 páginas de su obra contienen descripciones de más de 6,000 especies para que puertorriqueños y ciudadanos de las Américas aprendan de las propiedades medicinales, industriales y agrícolas de árboles y plantas de Puerto Rico y las Antillas, según escribió Roqué con su puño y letra en la introducción del libro. Son 30 cuadernos que constituyen el borrador más reciente, más pulido y completo del libro en el que la científica trabajó durante casi 30 años, al tiempo que desarrollaba una carrera política que habría de contribuir al derecho al voto, en 1932, para las puertorriqueñas que supieran leer y escribir. Roqué se preocupó por que su trabajo no terminara extraviado en laberintos de una biblioteca para académicos. Incluyó poemas y relatos de escritores, con el fin de que el estudio de las plantas resultara entretenido. Lo acompañó con 400 dibujos a color y 150 en blanco y negro, algunos de su autoría. Menciona el nombre común y el científico de las plantas, describe hojas, troncos, frutos y flores, habla de colores, tamaños y texturas. La colección, encontrada en el Museo de Arte, Historia y Antropología de la Universidad de Puerto Rico es considerada uno de los documentos históricos, educativos y de divulgación de ciencia más relevantes del siglo XX en el hemisferio por el Dr. Jorge Carlos Trejo, científico, descubridor de tres especies de plantas en Puerto Rico y considerado una autoridad en la botánica del Caribe.

EL DESCUBRIMIENTO DE LA “BOTÁNICA ANTILLANA” Existen tres conjuntos de manuscritos. El borrador más antiguo, escrito entre 1906 y 1908, fue encontrado en 2007 por la registradora del Museo de las Américas, Iliamarie Vázquez, en el segundo piso del hoy extinto Museo Histórico de Puerto Rico en Santurce. Ese borrador pasó a manos del Museo Histórico de Vega Baja, y estaba dirigido a niños de diferentes grados escolares, para ser usado como referencia en las aulas.

El segundo borrador estaba en el Centro de Investigaciones Históricas botánico Jorge Carlos Trejo, al dar con 19 cajas en el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras que contenían libretas a rayas de Ana Roqué, como las que usan los escolares. Los textos jugaban al contrapunto entre botánica y literatura. Ese segundo conjunto de cuadernos tenía un problema. Empezaba en la página 54 de la libreta 2ª. ¿Dónde estaba el texto 1 que debía extenderse hasta la hoja 53? Faltaban piezas. Daba la impresión de que era el borrador de un rompecabezas más grande. ¿Se había extraviado la obra terminada? El Centro de Periodismo Investigativo, quien participó activamente en los primeros hallazgos, siguió indagando hasta encontrar una nueva pista: el Museo de Arte, Historia y Antropología de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras tenía textos rotulados como Botánica antillana. Los cuadernos estaban guardados en un anaquel bajo llave, acompañando documentos de Eugenio María de Hostos, en el depósito del Museo, hasta que el Centro de Periodismo Investigativo lo identificó. Eran los manuscritos finales de 1925. Ese tercer conjunto de libretas muestra que la idea original de la autora cambió mientras iba madurando la obra. De un enfoque escolar cambió al de una realidad posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando el tema agrícola adquirió importancia para la economía y para la seguridad alimentaria en el hemisferio.


¿QUIÉN FUE?

Retrato de Ana Roqué de Duprey, por el pintor López de Victoria. De la colección de la Corporación de las Artes Musicales.

ANA ROQUÉ DE DUPREY

Nace en el municipio de Aguadilla el 18 de abril de 1853. Aprendió a escribir a muy temprana edad y cursó una carta a una amiga suya con los siguientes detalles: “hoy tengo tres años, tres meses y trece días”.

una geografía universal para sus alumnas, que se convertiría en texto de referencia en las aulas del País. Roqué continuaría desarrollándose como una de las educadoras pioneras del sistema de educación público y privado del País.

El padre de la científica había imaginado para ella una educación al estilo estadounidense, poniendo a su alcance los máximos recursos disponibles. La envió a la escuela pagando el doble del dinero que las demás estudiantes, para que las maestras le enseñaran en dos años lo que otras aprendían en cuatro.

La joven maduraba con una necesidad congénita de estudiar la naturaleza. Se entrenó en zoología, astronomía, geología y meteorología, tomando clases particulares con Agustín Stahl, autoridad científica de la Isla entre los siglos XIX y XX.

Creció como alumna aventajada. Fundó una escuela privada a los 13 años, y empezó a preparar su primera obra:

Tenía 19 años cuando prohibió que alguien castigara a los 80 esclavos de su marido y que se pusieran de rodillas. Era el 1872, un año antes de la Abolición de la Esclavitud.

En esa época, durante las mañanas, recorría a caballo la hacienda en la que vivía en el pueblo de Isabela. Guardaba en una bolsa de cuero las plantas que se le cruzaban en el camino. Luego las llevaba hasta su casa en una loma en medio de una llanura, y las comenzaba a identificar, contó el periódico Puerto Rico Ilustrado del 28 de mayo de 1927.

Fue durante esa última estadía que se le ocurrió la idea: habría de escribir, publicar y vender un libro sobre plantas y árboles, con el fin de obtener dinero para levantar un jardín botánico en Puerto Rico, una institución fundamental para la agricultura, la industria y el comercio. Se llamaría la Botánica antillana.

La necesidad de sostener económicamente a sus hijos, tras la separación de su esposo, la llevó a encaminarse por la carrera de maestra. Tras la invasión de 1898, el nuevo gobierno militar estadounidense le dio un puesto en la Escuela Normal de San Juan y, en 1899, en Mayagüez, donde permaneció dos años impartiendo clases de inglés. Fue durante esa última estadía que se le ocurrió la idea: con el fin de obtener dinero para levantar los cimientos de un jardín botánico en Puerto Rico, institución fundamental para la agricultura, la industria y el comercio, Roqué habría de escribir, publicar y vender un libro sobre plantas y árboles. Se llamaría la Botánica antillana.


LA PERSISTENCIA DE ANA ROQUÉ DE DUPREY El científico Agustín Stahl, maestro de Ana Roqué de Duprey, había publicado parte de la flora puertorriqueña en una obra botánica científica y técnica, y no es de extrañar que una alumna suya con su capacidad intelectual y trasfondo pedagógico diera el salto adelante: escribir una obra botánica para que la entendieran todos.

En una nota biográfica, Roqué sostuvo que necesitaba $15,000 dólares para costear la impresión de su libro. El bisnieto de la científica explicó que ella prefería emplear el poco dinero personal que tenía en formar maestros. Así que tomó una decisión para que su obra viera la luz: le puso un “Se vende”.

Roqué continuó trabajando diez años más. Cambió nombres científicos para actualizarlos a los últimos cambios de la botánica. Pulió la obra. Volvió a enviar manuscritos a Chardón, quien entonces era rector de la Universidad de Puerto Rico.

Esta vez Chardón indicó que el trabajo representaba “una obra de gran paciencia y afición a la ciencia y es merecedora de una cálida felicitación”. “No veo, sin

embargo, la oportunidad de publicarla”, le soltó. Esta vez le aconsejaba someterse a la ciencia del botánico estadounidense de Nathaniel Lord Britton.

Buscó la aprobación del científico Carlos E. Chardón, director de la Estación Experimental Agrícola, y quien sería uno de los autores del Plan de Reconstrucción del Presidente Roosevelt para Puerto Rico.

Éste tuvo reparos con la clasificación científica, la cual evaluó como “sumamente defectuosa” por usar nombres anticuados o sinónimos.

El martes, 3 de octubre de 1933, Roqué estaba sin vida en su casa en Río Piedras. Dejaba tras de sí una obra de carácter olímpico que no vería publicada jamás.


Información extraída de la crónica El tesoro de una científica rebelde, escrita por Eliván Martínez Mercado, para el Centro de Periodismo Investigativo. Imágenes por Juan Costa. Lea la crónica completa en www.periodismoinvestigativo.com El Centro de Periodismo Investigativo fue fundado en el 2007 como una organización sin fines de lucro que aglutina a un grupo de periodistas y editores dedicado a la investigación periodística y a la litigación para fomentar el acceso a la información en Puerto Rico. Su trabajo investigativo ha sido reconocido con múltiples premios por la Asociación de Periodistas de Puerto Rico y el Overseas Press Club.

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