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BOGOTÁ - COLOMBIA FEBRERO 2107

POLICY PAPER #4 CONSTRUCCIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA:

APORTES CONCEPTUALES Y METODOLÓGICOS.

ARTÍFICES DE LA MEMORIA ESCUELA SUPERIOR DE GUERRA CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN CONFLICTO Y MEMORIA HISTORICA MILITAR


CONSTRUCCIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA: APORTES CONCEPTUALES Y METODOLÓGICOS.

Autores: Andrés Valdivieso Diego Vera Eduardo Pastrana Fabricio Cabrera Paula González Rafael Castro Escuela Superior de Guerra Proceso de arbitraje: Concepto de 1er par: Evaluación: 25 de octubre de 2016 Concepto de 2do par: Evaluación: 3 de noviembre de 2016 Libro que expone resultados de investigación del proyecto titulado “Estrategias para enfrentar los retos de la sociedad y de las Fuerzas Militares de Colombia para la construcción y consolidación de la paz: Derechos Humanos y DICA como instrumento”, que forma parte de la línea de investigación Memoria Histórica, Construcción de paz, Derechos Humanos, DICA y justicia del grupo de investigación Memoria Histórica, Construcción de paz, Derechos Humanos, DICA y justicia, reconocido y categorizado como Tipo D por COLCIENCIAS y registrado con el código COL0141423, vinculado al Centro de Investigación en Conflicto y Memoria Histórica Militar, adscrito y financiado por la Escuela Superior de Guerra General Rafael Reyes Prieto.

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POLICY PAPER #4

Resumen Estas páginas contienen el marco conceptual y las bases de un diseño metodológico para la construcción de la Memoria Histórica de las Fuerzas Militares en el marco del conflicto armado interno de Colombia. Este ejercicio parte en primer lugar, de una problematización de la noción de memoria, abordando la plausibilidad y validez científica del término. Con base en lo anterior se abordará la discusión sobre la factibilidad de la representación de “la verdad” en términos de su construcción con base en las memorias, y en particular en las memorias de las víctimas que han vivido pasados traumáticos o dolorosos. En una segunda parte, apoyándonos en los conceptos de memorias autobiográficas y en la idea de construcción social de la memoria estableceremos las bases conceptuales para los procesos de construcción de memoria histórica. Al mismo tiempo, la consideración del concepto de “trauma histórico” nos llevará a la posibilidad de plantear una construcción de la memoria histórica en términos de la comprensión del rol institucional de las Fuerzas Militares en el marco del conflicto; una memoria construida en aras de la necesidad de facilitar los procesos de reconciliación ciudadana tras los estragos producidos por la violencia. Roberto García Alonso* Eduardo Pastrana Buelvas**

* Profesor Asistente de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, adscrito al Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la misma Universidad. Doctor en Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid; Magister en Democracia y Gobierno; y Licenciado en Ciencia Política y Derecho de la misma Universidad. ** Profesor titular de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (PUJ), adscrito al Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Asesor de la Escuela Superior de Guerra (ESDEGUE). Doctor en Derecho Internacional de la Universidad de Leipzig Alemania.

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Introducción En tiempos donde se habla de posconflicto y de justicia transicional se escuchan a menudo las palabras verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, principalmente hablando de las víctimas del conflicto. Y es que en términos de justicia transicional es imprescindible que la sociedad pueda resarcir a aquellos que directamente padecieron las injusticias y agravios en los dolorosos periodos de nuestra historia. La memoria histórica del conflicto armado colombiano viene siendo construida de acuerdo con la Ley 1448 a partir de la memoria de las víctimas. En otras palabras, la construcción de la Memoria Histórica es entendida en términos de la Memoria de las violencias sobre determinados grupos y poblaciones y se construye con base en la generación de la capacidad de estas de “reclamar justicia”. En efecto, se busca la producción de contenidos históricos buscando el señalamiento y la culpabilidad de los actores, en aras de un ejercicio de transparencia y de derecho a la verdad.

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La concepción de la memoria histórica se considera necesaria para el esclarecimiento de los hechos, los responsables y para establecer las condiciones en las que se dio un conflicto. Su construcción se da siempre necesariamente a través de los ojos de quienes participaron en el conflicto, victimas, grupos armados y dado el caso, el Estado. Pues bien, como mostraremos desafortunadamente esta –construcciónha sido desde una mirada externa a las causas y desarrollo del conflicto, en donde el discurso institucional no tiene cabida ya que se maneja la lógica de primar el relato de la víctima con el fin de alcanzar las garantías de verdad, justicia, reparación y no repetición de los hechos violentos para la Justicia transicional. En este ejercicio demostraremos que la memoria tiene siempre un grado de elaboración personal que actúa a modo de eje de recolección y construcción de los eventos del pasado. En este orden de cosas, en primer lugar problematizaremos la reconstrucción de la historia y en particular las dificultades de escribir una versión “verdadera” del pasado, a partir de los relatos de las víctimas, en especial cuando este se encuentra atravesado por experiencias traumáticas. En segundo lugar, en la medida en que cuando nos ocupamos del pasado lo hacemos siempre con alguna intención performativa y no solo con un afán de mero registro aséptico de la serie de acontecimientos históricos precedentes, el problema del método no radicará ya en encontrar “datas”. Por ello, los acercamientos contextuales, historiográficos, lineales o contextuales se encuentran insuficientes en la medida en que se desconoce la trasformación de la Historia en historias con significado cognitivo y emotivo.


Con base en lo anterior nuestros cuestionamientos en torno a la construcción de la Memoria Histórica son evidentes. Primero, ¿es factible la representación de “la verdad” en términos de su construcción con base en las memorias, y, en particular, a las memorias de las víctimas? Segundo, en la medida, en que el problema de la construcción de la Memoria Histórica no radica en encontrar “datas”, ¿dónde podemos encontrar las bases metodológicas para la reconstrucción de la Memoria Histórica en los términos planteados? Para responder a estas dos cuestiones, plantearemos la ruta siguiente. Primeramente, nos centraremos en los problemas de validez de las “memorias” y en particular de las “memorias de las víctimas para contribuir al esclarecimiento de la “verdad” del conflicto. En una segunda parte, recurriremos a la noción de representaciones sociales, antes que hablar de memoria histórica. Llegados a este punto estaremos en disposición de plantear una construcción de la memoria histórica en términos de la comprensión del rol institucional de las Fuerzas Militares en el marco del conflicto y de la necesidad de facilitar los procesos de reconciliación ciudadana tras los estragos producidos por la violencia.

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El problema de la validez de las memorias

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El informe Basta Ya entregado por el Centro Nacional de Memoria Histórica aun cuando es un aporte valioso para el trabajo de documentación y construcción de la memoria histórica en Colombia, no puede ni debe ser entendido como la “verdad real”, ni mucho menos proporcionar un material para un enjuiciamiento de los responsables de las violencias del pasado (“Verdad judicial”). Para demostrar esta afirmación centraremos nuestra discusión en torno a la siguiente tesis. El problema de la reconstrucción de la historia y en particular las dificultades de escribir una versión “verdadera” del pasado, a partir del relato de las víctimas, y en especial cuando este se encuentra atravesado por experiencias traumáticas. En la comprensión de la historia del conflicto conviene ser cauteloso, en la medida en que la noción de objetividad y de causalidad en la construcción de los relatos históricos se arroja de antemano problemática, esto es, se enfrenta a enormes dificultades para que en términos de los procesos socio-históricos sea posible mostrar cómo el presente surgió inexorablemente del pasado.

precisas. En segundo lugar, a medida que el pasado se acerca más al presente el valor del “relato”, esto es las memorias, los recuerdos, opiniones y experiencias de quienes han vivido o conocido los acontecimientos cobran más importancia frente a otro tipo de fuentes.

En primer lugar, porque de suyo, la complejidad de los fenómenos sociales y políticos advierte del carácter multicausal de los procesos y por tanto deriva necesariamente la imposibilidad de establecer predicciones exactas y

Respecto al problema del conocimiento almacenado en nuestra memoria hemos de señalar que una primera aproximación al conocimiento representado en la memoria distingue entre dos formas básicas de conocimiento: declarativo y

Y es que la memoria funciona de maneras muy complejas, formas que están intrínsecamente ligadas a lo emocional. Toda memoria es selectiva, de acuerdo con los hallazgos de la neurociencia. Y lo es porque, primero, nuestra memoria sólo guarda aquello que ha sido percibido, nunca guarda todos los acontecimientos; es decir, sólo aquella porción del mundo que en un momento y un lugar determinados resulta significativo para nosotros. Todo lo demás pasa inadvertido, no recibe nuestra atención y no es analizado (Craik & Lockhart., 1972). Segundo, los psicólogos de la memoria comprobaron que el estado de ánimo dominante en el momento del recuerdo (por ejemplo, alegre o triste) determina claramente lo que se recuerda (Lloyd & Lishman, 1975).


procedimental. El conocimiento declarativo hace referencia al conocimiento objetivo (hechos y eventos) acerca del mundo, que podemos traducir a proposiciones verbales o imágenes mentales, esto es, que podemos declarar, mientras que el conocimiento procedimental o no-declarativo se refiere al repertorio de reglas y destrezas que nos permiten movernos adecuadamente en el mundo y que se manifiesta a través de la acción (Vargas, 2008, p. 60). Por su parte, la memoria declarativa incluye dos grandes sistemas de memoria: la memoria episódica y la memoria semántica (Tulving, 1972). La memoria episódica o autobiográfica es la memoria para los sucesos vividos personalmente. Gracias a esta memoria podemos recuperar de manera consciente las experiencias de nuestro pasado personal que ocurrieron en un momento y en un lugar específicos. Esto significa que la evocación de cualquier experiencia pasada de la propia vida supone revivir o re experimentar el episodio del pasado. En otras palabras, cada vez que evocamos un acto o episodio del pasado esto implica, por un lado, la generación de un estado mental que representa lo que vivió (lo que Brewer llamaría “hecho autobiográfico ” ) es decir, algo que uno sabe (pero que no recuerda) acerca de su vida porque alguien se lo ha recordado después o porque lo ha inferido de su propia biografía. Por otro, una representación más con las emociones y sentimientos que le embargaron durante aquel período.

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“Todo acto de memoria autobiográfica supone, por tanto, viajar mentalmente hacia atrás a través del tiempo subjetivo y revivir experiencias de la propia vida pasada, con la conciencia clara de que tales experiencias fueron vividas por el mismo sujeto que ahora las está evocando” (Vargas, 2008, p. 63).

(Brewer, 1986)

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Conviene señalar que buena parte de los estudios de la psicología cognitiva actual han reconocido una importante función social de la memoria autobiográfica. Esto es, cuando se trata de responder a preguntas tales como: ¿por qué hablamos a los demás de nuestro pasado? o ¿por qué compartimos nuestras experiencias con otros? Buena parte de estos autores señalan que contamos a otros nuestro pasado, o contárnoslo a nosotros mismos, cumple tres funciones básicas: 1) comprendernos a nosotros mismos: lo que supone la construcción de un yo individual (el núcleo de la identidad personal) y el mantenimiento de su integridad y continuidad a lo largo de la vida. De ahí que se hable de una función relativa al yo. 2) Generar o provocar la empatía, en nosotros y en los que escuchan nuestra historia; por lo que se habla de una función social o comunicativa (identidad social); y 3) Planificar nuestra conducta presente y futura; lo que apunta a una función directiva (Vargas, 2008, p. 64).

Pues bien, la idea de que la memoria está fuertemente influenciada por el contexto social no es nueva en psicología. En 1932, el psicólogo británico Frederic Bartlett (“Remembering: A Study in Experimental and Social Psychology”) puso ya su énfasis en “la construcción social de los recuerdos” (Bartlett, 1932). Una cosa es la memoria, como sistema, que es un fenómeno básicamente individual, y otra muy distinta el proceso de recuperación de las “representaciones”, o lo que es lo mismo, el proceso de recordar o de evocar las experiencias personales 8

de nuestro pasado. Como han demostrado empíricamente los actuales psicólogos de la memoria autobiográfica, el proceso de recordar o de evocar las experiencias del pasado es un proceso reconstructivo que ocurre generalmente en un contexto social y que está necesariamente determinado tanto por las vivencias pasadas de quien recuerda como por innumerables factores del contexto social en el que se recuerda. Esa interdependencia de la memoria individual y de los factores sociales fue lo que, por encima de todo, Bartlett destacó. En este mismo sentido plantea Halbwachs la idea de la existencia de una “memoria social” o de una “memoria colectiva” (Halbwachs, 1992, p. 175), que como bien señala todos los recuerdos, aunque parezcan individuales, tienen su origen en un medio social concreto: el grupo o los grupos a los que el individuo pertenece (Vargas, 2008, p. 65). En síntesis, esto es, nos ocupamos del pasado con alguna intención performativa y no solo con un afán de mero registro aséptico de la serie de acontecimientos históricos precedentes. Luego, de alguna manera, el presente esta en alguna medida obrando, en forma de guía o de consumidor, en la selectividad de lo pasado (Prieto, 2012). Esta situación nos pone en la necesidad de afrontar teórica y prácticamente la construcción de la Memoria Histórica.


En primer lugar, porque estos hallazgos problematizan la validez de los relatos. Por un lado, porque recordamos lo que más nos impacta, y eso es diferente para cada uno de nosotros. Esto es, existen evidencias que demuestran que la “versión de los hechos” de las víctimas no proporcionan condiciones suficientes ni mucho menos necesarias para conocer “la verdad” del pasado. Por otro, no recordamos con exactitud, sino que reconstruimos o, incluso, construimos. Nuestro estado de ánimo o afectivo en el momento en que recordamos o nos preguntan, o el contexto donde se vive o se recuerda condiciona lo que recordamos. Al tiempo, la consideración de un pasado violento, la consideración de la existencia de un “trauma” nos plantea un escenario mucho más complejo.

Tanto es así, que se ha mostrado cómo la existencia de experiencias traumáticas para el sujeto en el pasado, o los estados alterados de conciencia, conducen a procesos mayores de desechar, poner en segundo plano, e incluso olvidar, aquello que tiene un significado más “doloroso” para nosotros. Al tiempo que, cuando se comparte un recuerdo personal con alguien que no estaba presente en el episodio recordado, la narración ya no solo tiene una función informativa, porque supone dar a conocer al oyente información sobre el narrador y su mundo; ahora bien, algo mucho más importante, es compartir recuerdos con alguien que sí estuvo presente en tanto tiene más una función de “vinculación social” o de sentirse parte de un grupo (identidad). Al mismo tiempo, algunos psicólogos llegan a señalar que en muchos casos la superación real del trauma sólo será posible si a la víctima se le permite narrar sus experiencias, porque cuando cuenta a otros la historia de lo sucedido, la víctima tiene la oportunidad de exteriorizar sus sentimientos, lo que posibilitaría el procesamiento de las emociones dolorosas (Schauer, Schauer, Neuner, & Elbert, 2011) (Foa, Steketee & Rothbaum, 1989)

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¿De qué hablamos cuando hablamos de Memoria Histórica?

Para entender el concepto de memoria histórica es clave partir el término en dos: memoria e historia. Por un lado, ‘la memoria es aquello que se recuerda, ya sea individual o colectivamente sobre un evento ocurrido’ (Rossington and Whitehead, 2007; Morris and Gruneberg, 1994). Por otro, “la historia nos da relatos que nos dicen y marcan quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Esta nos marca una trayectoria que ayuda a la construcción de la esencia de la identidad de un grupo social, de como este se relaciona con otros grupos y determina la forma de encarar los retos actuales” (Liu & Hilton, 2005, p. 537). En cierto modo y como ya hemos visto, ambos elementos parecen correr en el mismo sentido, ya que al contar historias personales a otros que compartieron esas experiencias con nosotros lo que hacemos es crear vínculos interpersonales sobre la base de un “sentido de historia compartida”2 .

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(Fivush, Haden, & Reese, 1996)

¿Dónde radica entonces la diferencia entre Memoria e Historia? Siguiendo a Ricouer podemos sostener que la distinción entre la memoria y la historia radica en la fidelidad al pasado. Sin ánimo de entrar en las discusiones para nada resueltas de las relaciones entre memoria e Historia. Lo cierto es que podemos hacer una aproximación al debate, planteando las relaciones entre ambas en torno a lo que Ricouer plantea como la “fidelidad al pasado” (Ricouer, 2010). Y es que hablar de la fidelidad al pasado nos remite necesariamente al debate sobre las intenciones del investigador al acercarse a ese pasado. Pero ¿qué pasado? ¿De qué pasado hablamos? Hay dos tipos de pasado: uno que está presente en el presente y otro que está ausente del presente. Podríamos hablar así, de un pasado vencedor, que sobrevivió en el tiempo y del que en cierto modo el presente se considera su heredero. Y un pasado vencido, que fue y que ya no es. Desde cierto punto de vista, parece que la memoria tendría que ver con el pasado ausente, el de los vencidos. En otras palabras, lo propio de la mirada de la memoria es, en primer lugar, la atención al pasado ausente del presente (el pasado olvidado); y, en segundo, considerar esos fracasos o víctimas como una injusticia, como una frustración violenta de su proyecto de vida (Mate, 2006). Podríamos convenir entonces que los


usos de los contenidos de su producción observan al menos tres escenarios de implementación; sociológicos, jurídicos y principalmente políticos. De acuerdo con Ricard Vinyes se encuentra que “Recuperar la memoria histórica” (es) una expresión surgida en aquellos años, y que no era más que una metáfora de esta evocación por el conocimiento, no necesariamente histórico y académico, sino también ansia de un relato o relatos, que permitiera comprender, qué había sucedido, en qué acontecimientos y luchas del pasado se podían identificar los principios democráticos que ahora se institucionalizaban, por qué eran justos, qué les hacía justos, qué cantos, qué himno, qué nombres de hombres y mujeres ejemplificaban la libertad, la justicia social(…) cuáles habían sido los costes” (Vinyes, 2009 , p. 32). Y en cierto modo es en este horizonte en el que parece situarse la memoria histórica en Colombia. Atender a la construcción de la Memoria Histórica en Colombia es atender necesariamente a los principios que han enmarcado la justicia transicional

para un proceso de paz. Los instrumentos normativos de justicia transicional se fundamentan en los principios de verdad, justicia y reparación. (Ambos, Malarino, & Elner, 2010, p. 41). En este orden de cosas, en la justicia transicional juega un papel fundamental el llamado derecho a la verdad que ostentan las víctimas del conflicto. Un derecho a la verdad que tiene doble vía, es decir que, por un lado, las víctimas tienen un derecho individual a saber y conocer la verdad, y, por otro lado, la sociedad en general tiene un derecho colectivo a conocer la verdad en el marco del conflicto. Es en este horizonte jurídico-político en el que se entiende la construcción de la Memoria Historia en Colombia.

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El problema de la construcción de la Memoria Histórica Lo que queda expuesto deja claro que la memoria le da un grado personal a la recolección y construcción de la historia ya que cuestiona la veracidad del hecho histórico acontecido (Bos, 2011, p. 6). En cualquier caso, lo que queda claro es que nos ocupamos del pasado con alguna intención performativa y no solo con un afán de mero registro aséptico de la serie de acontecimientos históricos precedentes (Prieto, 2012, p. 183). En otras palabras, el problema principal de la construcción de la memoria histórica radica en que ningún evento del pasado es un hecho que pueda ser sometido a un proceso de objetivación progresiva, sino que son siempre eventos bajo interpretación. De este modo y dado que “la memoria también es una esfera donde se tejen legitimidades, amistades y enemistades políticas y sociales. La manera como las personas recuerdan el pasado distribuye responsabilidades entre los distintos actores del conflicto y evalúa moralmente su conducta” (Centro Nacional de Memoria Historica, 2013). El problema de la narración del pasado está no en la ordenación cronológica de unos hechos, sino en los hechos y eventos dignos de ser contados.

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En este orden de cosas, creemos preferible hablar antes que de Memoria Histórica de “marcos sociales, cognitivos, evaluativos y afectivos de la memoria, que asumen la tarea de proveer de sentido y valor a las acciones y proyectos de vida, tanto de los individuos como de sus grupos de adscripción social” (representaciones sociales) (Jedlowski, 2000, p. 132). Las representaciones sociales proporcionan un ‘marco explicativo acerca de los comportamientos de las personas estudiadas que no se circunscribe a las circunstancias particulares de la interacción, sino que trasciende al marco cultural y a las estructuras sociales más amplias como, por ejemplo, las estructuras de poder y de subordinación’ (Umaña, 2002, p. 9). Las representaciones sociales no son sólo productos mentales, sino que son construcciones simbólicas que se crean y recrean en el curso de las interacciones sociales; no tienen un carácter estático ni determinan inexorablemente las representaciones individuales. Son definidas como maneras específicas de entender y comunicar la realidad e influyen a la vez que son determinadas por las personas a través de sus interacciones (Moscovici, 1981).


En este horizonte la construcción de la memoria histórica queda situada en la esfera propia de la identidad, entendida esta como constructo social. Primero, porque la identidad se define en relación a los otros (relación dialéctica); segundo, su validación depende siempre de acciones contingentes en las que la aceptación o rechazo de la relación por parte de los “otros” es crucial (Tilly, 2002, p. 60); (Taylor, 1986, Tilly, 2002). En otras palabras, aunque es esencial la existencia de un reconocimiento interno de lo que se es como sujeto es importante resaltar que el proceso de construcción de la identidad, se da siempre en relación con los demás, toda vez que “las personas, por sí mismas, no adquieren los lenguajes necesarios para su autodefinición” (Taylor, 1993, pp. 5-6). Los diferentes personajes, los héroes históricos escolares, los rituales patrióticos se constituyen así en auténticos “documentos de identidad” producidos por las naciones mismas, con el fin de trazar la línea divisoria entre “nosotros” y “otros”, así como la justificación de más y mejores características idiosincráticas y derechos para los primeros (Carretero, 2007). En este sentido, el valor de la construcción de la memoria histórica, va mucho más allá del conocimiento del pasado, toda vez que los “hechos históricos” no acontecen per se, sino que se producen y construyen, por lo que es atractiva como reserva simbólica (Reicher & Hopkins, 2000), ya que para la construcción de la identidad ofrece acontecimientos concretos y para los individuos se genera una resonancia emocional ampliamente compartida, cuya relevancia está abierta a la interpretación. Es por ello que las representaciones y marcos sociales se convierten en el

aparato conceptual para la construcción de la memoria histórica militar, en la medida en que nos permitirá entender el contexto militar no solo a través de la labor que desarrolla la Fuerzas Militares, sino también a través de los ojos de los individuos que están en la institución. A razón de lo anterior, las representaciones sociales son esa herramienta conceptual que ayuda a ligar el contexto del individuo, su identidad y sus relatos a la construcción de su historia. Si procedemos a la narración del pasado, sin recurrir a las representaciones sociales de aquellos que vivieron los acontecimientos, se pierden los sistemas valorativos y emotivos de los relatores, esto puede llegar a convertir la narración en un ejercicio descriptivo de simple interpretación que no tiene en cuenta el contexto del relato. En este sentido, el problema del método no radica ya en encontrar “datas”. Por ello, los acercamientos contextuales, historiográficos, lineales o contextuales se encuentran insuficientes en la medida en que se desconoce la trasformación de la Historia en historias con significado cognitivo y emotivo. El método se centra en discutir el tipo de protocolos de recogida descriptiva de las vivencias y del significado de los acontecimientos y hechos del pasado.

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De acuerdo con lo anterior, la estructura de la representación social no solo debe tener en cuenta los caracteres relevantes, sino que también los secundarios, ya que estos dan un contexto a toda la historia de vida. El estudio de las representaciones sociales permite así ampliar el análisis de las historias de vida de varias formas. En primer lugar, como primera medida, se encuentra un elemento descriptivo en donde se contienen no sólo los estereotipos creados dentro del grupo, sino delineaciones explicativas, que a menudo forman analogías guiando reacciones hacia los contextos actuales. Esto les proporciona a los individuos horizontes de interpretación de los acontecimientos y hechos que le rodean. Paralelamente, las representaciones sociales de las historias de vida contienen mensajes, que son reforzados por narrativas que se interiorizan por parte del individuo. En este sentido, las representaciones sociales incluyen componentes descriptivos y prescriptivos que se circunscriben dentro del relato, pero que son más ricos que los estereotipos simples y auto-imágenes creadas por otras herramientas en la construcción de los relatos históricos (Liu & Hilton, 2005). Sin embargo, como hemos visto la memoria está fuertemente influenciada por el contexto social. “La construcción social de los recuerdos” constata que una cosa es la memoria, como sistema, que es un fenómeno básicamente individual, y otra muy distinta es el proceso de recuperación de las representaciones de la memoria colectiva, esto es que,

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el proceso de recordar o de evocar las experiencias personales de nuestro pasado ocurre generalmente en un contexto social y que está necesariamente determinado tanto por las vivencias pasadas de quien recuerda como por innumerables factores del contexto social en el que se recuerda. Es por ello que de esa interdependencia que existe de la memoria individual de los factores sociales imponen necesariamente hacerlo en relación con el grupo o los grupos a los que el individuo pertenece. A través de los relatos de vida y experiencias de los individuos somos capaces de extraer lo que los individuos recuerdan, y es a través del reconocimiento de las representaciones sociales como se hace posible identificar no ya solo lo que los individuos recuerdan, sino como retoman sus experiencias al ser y sentirse parte de un grupo. De este modo a partir de la memoria que surge de ellos de forma individual se complementa y surge un material disponible para la reconstrucción del pasado colectivo (Prieto, 2012).

entrevista y el grupo focal- de forma que a través de ambas se muestra cómo el individuo se ve a sí mismo en un entorno íntimo y en un entorno social, siendo entonces fácil comparar cómo este se percibe a sí mismo, dentro y fuera de la colectividad. Si a este análisis se le amplia con un análisis de marcos a partir de una reconstrucción historiográfica de documentos oficiales, la triangulación de fuentes y métodos es completa. Se hace posible comparar los resultados obtenidos en las entrevistas individuales junto con lo que los individuos dicen en grupo, mostrando así el impacto que genera el ser parte de un grupo social. En este sentido, se hace posible comparar la construcción de la identidad y sus símbolos extraídos del análisis de sus documentos con el proceso de entendimiento y comprensión de los mismos por parte de los individuos y los grupos.

Es por ello, que, en términos estrictamente metodológicos a la información extraída a partir de entrevistas semiestructuradas, debería complementarse necesariamente con la información procedente de los grupos focales. El grupo focal presenta la información que se necesita más rápidamente y a menor costo. Además, esta técnica es más fácil de administrar y maneja una forma más natural de comunicación y de interacción de grupo. La reflexión que hacen los individuos se completa en los dos momentos –la

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A modo de conclusión. Trauma, memoria y olvido. Sin embargo, no podemos culminar nuestra exposición acerca de la construcción de la Memoria Histórica sin atender a la noción de trauma, anteriormente planteada. La mayor parte de los estudios referidos a los procesos para la construcción de paz en Colombia han estado centrados en la construcción de la memoria histórica para la no repetición de los procesos de la violencia. La existencia de un trauma histórico, nos plantea un escenario diferente en la medida en que impone la existencia de una discontinuidad radical, entre el pasado, el presente y el futuro de una colectividad, en particular para la construcción de la memoria histórica. Y es que la enseñanza de la historia del conflicto va mucho más allá de que los individuos comprendan racionalmente de los procesos históricos y los relatos se sometan a un proceso de objetivación progresiva. Pues bien, aun cuando, hay evidencias que señalan la importancia de recordar el pasado y de compartir las experiencias dolorosas como mecanismo real de superación del trauma lo cierto es que la consideración de un pasado violento, la consideración de la existencia de un “trauma histórico” nos plantea un escenario mucho más complejo.

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En primer lugar porque impone la existencia de una discontinuidad radical, entre el pasado, el presente y el futuro de una colectividad (Ornstein, 2013, p. 131). Y lo más importante, impone la evidencia de que las cosas no podrán volver a ser como antes. Y en segundo lugar, y mucho más importante, porque el hecho de haber sido un evento traumático impone una cierta noción de deber cívico y político (Traverso, 2007) que al tiempo plantean para el investigador, que se plantea unos dilemas éticos de fondo, que no pueden prescindirse y que marcan los lazos estrechos que unen los conceptos de historia y memoria con los de “verdad” y “justicia”, los cuales casi hacen de la construcción de la memoria un mandato ético. El pasado puede reprimirse, imponiendo un necesario olvido institucional sobre su acaecimiento o sobre sus efectos en el presente, o bien puede afrontarse en el espacio público de la forma de políticas oficiales de memoria histórica (Cfr. Prieto, 2012, p. 184). Los hechos traumáticos del pasado corren el riesgo de cosificarse, convirtiendo a la memoria en un producto de consumo, es por ello que es necesario comprender que, al deber de memoria, paralelamente le acompaña un derecho al olvido, pero no en términos de imponer el auto olvido


a la víctima, pues el auto olvido de la víctima, traduce su inalienable derecho a olvidar un pasado que le traumatiza. Sino, en términos de propiciar la amnesia institucional, pues en algunos casos el olvido puede ser urgido jurídica y políticamente con el fin de facilitar la reconciliación ciudadana tras los estragos producidos por la violencia (Cfr. Prieto, 2012, pp. 195-196). Esto plantea a su vez en términos metodológicos de la construcción de la Memoria Histórica de las Fuerzas Militares dos retos fundamentales. Por un lado, hablar del derecho a la verdad de las victimas implica ya no solo la necesidad de referirse al actuar de las Fuerzas Militares en el marco del conflicto sino entender que esta discusión se establece en términos de la discusión entre legalidad y legitimidad del Estado en las causas y desarrollo de las violencias inherentes al conflicto colombiano. Por otro lado, entender que al deber de memoria, le acompaña un derecho al olvido, pero no en términos de imponer el auto olvido a la víctima, pues el auto olvido de la víctima, traduce su inalienable derecho a olvidar un pasado que le traumatiza.

Sino, en términos de propiciar la amnesia institucional, pues en algunos casos el olvido puede ser urgido jurídica y políticamente con el fin de facilitar la reconciliación ciudadana tras los estragos producidos por la violencia (Cfr. Prieto, 2012, pp. 195-196). Por esta razón, las políticas oficiales de memoria histórica deben pensarse también en términos institucionales que devuelvan al Estado, a sus actores institucionales y a la sociedad en su conjunto la capacidad de contar su historia con objetividad para la compresión colectiva de sus procesos e individualidades, esto es, la construcción del desempeño y evolución de los actores implicados para entender su participación y procesos internos.

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Recomendaciones La mayor parte de los estudios referidos a los procesos para la construcción de paz en Colombia han estado centrados en la construcción de la memoria histórica para la no repetición de los procesos de la violencia. El motivo es que la memoria histórica del conflicto armado colombiano viene siendo construida de acuerdo con la Ley 1448 a partir de la memoria de las víctimas. En efecto, la Memoria es construida sobre la base de la generación de la capacidad de las víctimas de “reclamar justica”, toda vez que resulta “indispensable desplegar una mirada que sobrepase la contemplación o el reconocimiento pasivo del sufrimiento de las víctimas y que lo comprenda como resultante de actores y procesos sociales y políticos también identificables, frente a los cuales es preciso reaccionar” (CNMH, 2013, p. 14). Si el ejercicio de investigación del trabajo presentado por el Informe Basta Ya, pretende ayudar al esclarecimiento de la “verdad” de los acontecimientos, resulta notoriamente insuficiente la versión de las víctimas, como correlatos con presunción de veracidad, u objetividad, en la medida en que en términos de investigación su base de fiabilidad, resulta por los motivos alegados, abiertamente insuficientes. En este sentido urge por un lado, por parte del CNMH una ampliación de la información vía otras fuentes y metodologías. Por otro, que las Fuerzas Militares emprendan la construcción de

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estos ejercicios de Memoria Histórica desde una posición ética diferente a la mencionada y mantenida por el CNMH y desde unos parámetros epistemológicos y metodológicos propios que recojan y reconozcan las especificidades y la idiosincrasia propia, como actor legitimo del Estado. Es en este horizonte en el que surge la figura de la Memoria Histórica Militar entendida como un aporte a la construcción de la Memoria Histórica de la Nación. Hemos planteado que dicha memoria histórica se ha dado desde y por las victimas generando una narración de los acontecimientos en donde el discurso institucional no ha tenido cabida, en particular el de las Fuerzas Militares. Es claro entonces que este ejercicio debe realizarse con un doble objetivo. Primero, y dado que existe la obligación ética de incorporar el relato de las Fuerzas Militares como participantes activos de este proceso; urge que el CNMH incorpore a las Fuerzas Armadas en este proceso no solo como objeto de la memoria sino como actores activos en su construcción. No hacerlo les hurta la posibilidad de pensarse como actores del conflicto con un involucramiento y desarrollo personal en el marco de su acción constitucional y como brazo legitimo del Estado para el uso de la fuerza. Más allá o no del reconocimiento de sus responsabilidades en el marco del conflicto implicaría quitar la capacidad a las Fuerzas Armadas y por


tanto al Estado de proponer una memoria histórica desde su propia mirada del conflicto. Las implicaciones de lo anterior para la institucionalidad del Estado podrían ser muy importantes dado que primero, se le quita la legitimidad al discurso de las Fuerzas Armadas, y segundo, las hacen ver desvinculadas de un Estado y del actuar de este en el marco del conflicto armado. Segundo, este ejercicio de construcción de la memoria histórica militar debe entonces necesariamente ser realizado por parte de las Fuerzas Militares y debe partir de las siguientes premisas, que además actúan a modo de definición del contenido ético del deber de construcción de la Memoria. Por un lado, la Memoria histórica debe estar ligada a una propuesta institucional que abarque lo colectivo y proponga la participación directa del Estado, a través de las diferentes instituciones públicas, nacionales, regionales y locales, y entre ellas las propias Fuerzas Militares. La reconstrucción de una Memoria histórica institucional se enfrentará al reto de contribuir a la reconstrucción de tejido social, confianza y posibilidades de reconciliación de un largo conflicto armado irregular que ha generado un alto número de víctimas.

Por otro lado, si el problema de la construcción de la memoria histórica radica en los procesos de re-construcción del pasado, consecuentemente el problema del método radicará en garantizar la fidelidad del relato al mismo, dirigidos a señalar aquello que se recuerda o no se recuerda, siempre mediado por las intenciones del investigador al acercarse a ese pasado. En consecuencia, el problema de la reconstrucción del pasado no estará ya en la ordenación cronológica de los acontecimientos, sino que eventos son dignos o no de ser contados. De este modo, el problema del método se sitúa no en encontrar “datas” sino en la construcción de protocolos de recogida descriptiva de las vivencias y del significado de los acontecimientos y hechos del pasado. Es por ello, que la investigación emprendida con la construcción de la Memoria Histórica Militar debe plantearse con el objetivo de recoger las historias, experiencias en la guerra y vivencias de las Fuerzas Militares y que ayudarán en la tarea no solo de reconstruir los relatos del conflicto sino de proveer de sentido y valor a las acciones y proyectos de vida de los soldados, oficiales y sub-oficiales.

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POLICY PAPER #4 CONSTRUCCIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA:

APORTES CONCEPTUALES Y METODOLÓGICOS.

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