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l último día de escuela pasaba lento, los segundos se hacían minutos y las horas parecían interminables, el medio día se veía lejos. Con ansias esperaba que sonara la campana de la escuela para darle la bienvenida a las vacaciones. Mientras llegaba ese momento, solo pensaba en abrir la puerta de mi alcoba y reencontrarme con esa fábula de animales que me regaló mi tía Lily, solo quería leer y leer. Ella sabía que amo los animales. Con la palma de mi mano apoyada en mi mejilla y el codo en mi pupitre, miraba por la ventana, imaginaba cómo sería disfrutar una Navidad con mis animales favoritos, de pronto, un sonido irrumpió la calma, mis compañeros empezaron a guardar sus libros, lápices y colores; era oficial: las vacaciones habían llegado, y con un suspiro más de alegría que de nostalgia, cogí mi bolso, me lo colgué en la espalda, me despedí de mis profesores y amigos, y salí rumbo a mi casa.

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n el camino, mientras mi mamá me llevaba de la mano, soñé con hacer una gran fiesta de Navidad en la que iba a invitar a Hugo, Bao Bao, Ling Ji, Gabriela, Adila, Matea y las Pau, mis amigos animales imaginarios que como todos mis juguetes, tenían un nombre. Soñé también que llegaba a un mundo mágico, solo veía colores dorados y verdes, un gran pino adornado con burbujas y miles de luces que alumbraban con alegría el encanto de la naturaleza. En pocas palabras, todo me hablaba de la llegada de una grandiosa Navidad. La emoción hizo vibrar cada uno de mis pensamientos, caminé por varios minutos y entré en un gran bosque. De repente, a lo lejos una música acompañada de pianos, violines, redoblantes y saxofones empezó a sonar; un increíble espectáculo estaba por comenzar. Fui hasta allá, cuando vi a Bao Bao y Ling Ji, mis amigos pandas, mi corazón se llenó de alegría mientras escuchaba sus hermosas canciones.

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icky, Vicky! Escuché que alguien llamaba, fui a ver quién era. Llevé conmigo a Bao Bao y a Ling Ji, y vi a Gabriela, mi ballena favorita junto a su hijo Simón el ballenato, no podía creerlo. Enseguida salté sobre su lomo, me contó que había recorrido 8.111 kilómetros desde el Polo Norte, juntos comenzamos a jugar y a reír.

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Nos reímos tan fuerte que todos llegaron a este lugar: Adila y sus pingüinitos, Hugo el búho y su familia, la pata Matea y sus patitos. Sin pensarlo, mis amigos imaginarios se encontraban conmigo celebrando la Navidad. Solo faltaban las Pau… mi manada de cebras, si estuvieran aquí, pensaba, sería una fantástica fiesta.

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asaron las horas, y después de tanto jugar, reír y cantar me senté a descansar debajo de un árbol. -Hola, me habló con una amigable y pausada voz, soy Eugenio, y al verlo el árbol tomó forma de humano, me extendió su mano y me invitó a caminar. Me dijo: -sé que hay algo que quieres, si me cuentas tal vez podré ayudarte. Con un suspiro, le dije: -mis amigos

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imaginarios están acá para celebrar una gran fiesta de Navidad, pero solo me faltan las Pau. ¿Quiénes son las Pau? me preguntó, a lo que le respondí, -mis amigas las cebras, no sé cómo hacer para que ellas vengan, si estuvieran aquí… Eugenio, con su voz pausada como la de los más grandes sabios, dijo: -tal vez pueda ayudarte; las flores blancas emanan un aroma suave y dulce que a las cebras les encanta. Si logramos que toda mi familia de eugenios florezca y sonrían como tú, seguro llegarán. Para lograrlo, debo convertirme en árbol de nuevo, quizá no pueda volver a ser humano, pero así también habré cumplido mi deseo de verte muy feliz.

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on un gran abrazo, le agradecí a Eugenio lo que hizo por mí. Miré a lo lejos y rápidamente las flores comenzaron a brotar, tanto que parecían copos de nieve.

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Regresé con mis amigos y le conté a todos lo que había sucedido, estábamos muy ansiosos, y sin tanto esperar llegaron trotando, eran las Pau, corrí a verlas y ahí estaban, esbeltas y bellas. Todo era mágico, mis amigos y yo comenzamos mi gran fiesta de Navidad. ¡Navidad, Navidad, Feliz Navidad! cantó mi mamá con voz fuerte, soltó mi mano y comenzó a aplaudir, muchas más personas lo hacían, y yo despertaba de un sueño que parecía realidad. Vive en Centro Chía el sueño de Vicky, una niña de 9 años que, como tú, quiere disfrutar una gran fiesta de Navidad.

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Vicky y la navidad más grande  

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