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67 Democrática del Congo a finales de 2001 como parte de Kinross-Forrest Ltd., empresa registrada en las Islas Vírgenes Británicas.”316 Las actividades industriales de Kinross debían, naturalmente, convertirse en operaciones offshore. Que se registre en las Islas Vírgenes obedece a la lógica de los acontecimientos. Allí, el secreto bancario es impenetrable y sirve convenientemente a compatibilizar los activos producidos por la “globalización salvaje” que se desencadena en el África.317. En función de esta cultura del misterio, la ley nos prohíbe saber a qué precio la minera canadiense obtuvo los derechos sobre sus concesiones mineras en detrimento del bien público. “No hay obligación de divulgar la identidad de los accionistas, que pueden reunirse cuando ellos así lo deseen”318 en las Islas Vírgenes. Es que en el “dónde y cuándo lo deseen” estos accionistas, se juega la suerte de millones de ciudadanos congoleses. En la historia, Leopoldo II (rey de Bélgica) y el imperio colonial habían conferido a los dirigentes del estado colonial congolés un aura de superioridad en razón de su existencia alejada; el mobutismo le sucedió agotando hasta la náusea la figura del “jefe”319; la dominación contemporánea se extiende a lo largo de estas Islas-Estado cuyos amos se perfilan de manera virtual. Es en nombre de nadie que se impone, en consecuencia, una autoridad implacable. En Islas-Estado, la corrupción, el fraude y el saqueo se confieren a sí mismo un aire de legalidad. En las Islas Vírgenes británicas “los tratados de doble imposición tienen vigencia con el Japón y Suiza. Permiten transferir, con toda legalidad, fondos desde esos países bajo la forma de dividendos a tasas corrientes de interés a un residente de las Islas”320 Es a partir de este triángulo entre las Islas Vírgenes de Kinross-Forrest, la Suiza de los dictadores africanos y el Congo que se negoció legalmente el acuerdo entre los directivos de la Kinross, George Forrest y la elite política del Congo.

Un malentendido millonario Luego de que George Forrest volvió al Canadá para concretar los términos de esta asociación, sucedió algo increíble. “Kinross Gold no formaba parte del importante contrato porque la empresa había descubierto súbitamente que el proyecto minero en cuestión preveía la explotación de cobre y cobalto, de manera que era incompatible porque no se trataba de su

Panel de expertos sobre la explotación ilegal de recursos naturales y otras formas de riqueza de la República Democrática del Congo, delegado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, octubre 2002, S/2002/1146, op. cit., 2002, cap. 45, p. 12. 317 Panel de expertos sobre la explotación ilegal de recursos naturales y otras formas de riqueza de la República Democrática del Congo, delegado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, octubre 2002, S/2002/1146, op. cit., 2002, cap. 45, p. 12. 318 Édouard CHAMBOST, Guide Chambost des paradis fiscaux, Lausanne, Éditions Faure, 2005, p. 271. 319 Jean-Claude WILLAME, L’automne d’un despotisme, op. cit. 320 Grégoire DUHAMEL, Les Paradis fiscaux, op. cit., p. 503. 316

NEGRO CANADA Saqueo, corrupción y criminalidad en África  
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