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64 adjudicada, mediante un acuerdo previo, a la empresa minera sudafricana Iscor” 298. ¡La concesión había sido cedida a intereses privados con anterioridad! Para colmo -una golondrina no hace verano- el acuerdo había sido presentado en la misma auditoría del Banco Mundial, donde se la calificaba de caso ejemplar en materia de cooperación económica Norte-Sur. Los auditores que representaban al Banco Mundial habían recomendado que la propuesta de Iscor debía ser considerada un “modelo para negociaciones ulteriores”, un modelo que debía establecer las bases para negociar y renegociar todos los acuerdos entre la Gécamines y el sector privado.299 Una negociación diametralmente opuesta, se entiende, a la de Kinross-Forrest. ¿Qué proponía Iscor? Un “contrato de gestión” innovador, aún pasando por alto el modelo de sociedad económica mixta público-privada (joint venture). Según el punto de vista de Iscor, no se preveía que la Gécamines abriera su estructura a capitales extranjeros, sino que se pusiera provisoriamente a disposición de una empresa extranjera. La Gécamines “dejaría que Iscor trabajara con (sus) activos rehabilitándolos durante un período de diez años, después de los que la minera estatal podía disponer enteramente de sus activos saneados.”300 En otros términos, la sociedad del estado beneficiaría, a mediano plazo, las inversiones de la sociedad privada en su infraestructura –exactamente en el espíritu de los planes de estímulo propuestos– para luego recuperar su infraestructura en pleno funcionamiento. “Contrariamente a la mayoría de los socios privados, Iscor no exigía el pago de intereses suplementarios sobre los fondos que ella invertiría (U$ 150 millones) y no reclamaría ningún derecho por los servicios prestados. Luego del reembolso del préstamo, los benefició serían repartidos en un 70% para la Gécamines y un 30% para Iscor.”301 Los auditores le señalaban al Banco Mundial “no haber entendido las razones por las que el proyecto todavía no había sido puesto en marcha.”302 Ninguna razón de interés público podría justificar el rechazo de esta opción. Sin embargo, los congoleses lo rechazaron, después de haberlo firmado… Al día siguiente del descubrimiento de la existencia del contrato Gécamines-Iscor, el 24 de junio de 2003, los controvertidos dirigentes de la Gécamines (Kongolo et Kabamba), sabiendo que podían ser despedidos, se apuraron en firmar con Arthur Ditto –presidente de la sociedad KinrossForrest– y Malta David Forrest –el hijo de George Forrest– “un acuerdo preliminar de nueve páginas sin modificaciones importantes”303 al protocolo que antes había sido calificado como “inaceptable”. El ministro Nkulu lo aprobó al día siguiente, el 25 de junio. En febrero de 2004, Kongolo, Kabamba, M. D. Forrest y Ditto firmaron el acuerdo de la empresa que fue aprobado oficialmente por el gobierno de transición en julio de 2005 y por el presidente Kabila el 13 de octubre del mismo año. Así nació la Kamoto Copper Company (KCC). El informe del gabinete de abogados canadiense Fasken Martineau DuMoulin reveló que el Estado no sólo iba a asumir los riesgos de la inversión, sino que además garantizaba los beneficios de la sociedad privada. “Si las concesiones no contenían la cantidad de mineral necesaria para 298 INSTITUT NEERLANDAIS POUR L’AFRIQUE AUSTRALE (NIZA) ET LE SERVICE D’INFORMATION D’INTERNATIONAL PEACE (IPIS), L’État contre le peuple, op. cit., cap.8.7. p. 47. 299 Ibid., p. 48 300 Ibid., p. 58 301 Ibid., p. 58 302 Ibid., p. 58 303 Ibid., p. 48

NEGRO CANADA Saqueo, corrupción y criminalidad en África  
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