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163 nombre que no encuadre seriamente la explotación, los Estados no tienen otra opción que participar ellos mismos en las operaciones financieras e industriales, en el contexto de los colectivos público-privados, cuyos resultados ya conocemos en África. Por supuesto, África es otra cosa, pero tantas alusiones cínicas no podrían impedir comprender que algunas décadas de negación política y social nos separan del estado de corrupción de un continente dominado. Es nuestra responsabilidad, junto con los africanos descubrir los pliegues de esta nueva era política que se anuncia: un mundo sin ley que delinea en sus vacíos sus propias reglas y prácticas, su moral abstrusa y formas inesperadas de subjetivación. Esto se llama el imperativo de seguridad, la oenegeización del espacio social, la legalización de actos delictivos, la capitalización gracias a las externalidades, la financiarización aseptizada del trabajo sucio, hecho a lo lejos, el ideal de consumo en todos los niveles.

Estrategias Obviamente no hay una solución milagrosa para hacer frente a tantos malos hábitos, dada la lejanía de África, los escasos medios que dispone la gente de buena voluntad, la sofisticación de la ley y la opacidad del secreto bancario offshore. Los documentos citados en nuestras páginas han sido producidos no sin cierta dificultad por parte de quienes los realizaron. Es irremediablemente inútil atacar mina por mina, cada empresa de explotación en el mundo, a fuerza de campañas públicas particulares por más loables que ellas sean, que podríamos contar por cientos. Pero esta máquina de guerra no es infalible. La Bolsa de Valores de Toronto constituye estratégicamente aquello que parece ser su talón de Aquiles. Ella es el instrumento que todas las empresas utilizan o han utilizado para alcanzar sus fines; y desacreditarla, como debe ser -es decir: razonablemente- permitiría generar una sana sospecha sobre los medios que utiliza para imponerse como lo hace en el mundo. La Bolsa de Valores de Toronto se ha consolidado como el punto nodal entre la industria violenta y la cruel en África y la financiarización hiper-teconológica de la economía occidental. Ella hace tácitamente de Canadá un paraíso jurídico cuya cobertura legal-jurídica se entiende además tomando en cuenta las ventajas fiscales injustificadas que las empresas implicadas encuentran, gracias a sus filiales, en los paraísos fiscales en el Caribe y Europa. Esta situación contrasta con las pretensiones democráticas de Canadá como un Estado de derecho. Ningún inversionista, ningún comprador de fondos comunes, ningún jubilado, ningún tenedor de REER,807 ningún ahorrista o contribuyente, podría explicar el movimiento de sus inversiones directas o indirectas en Toronto sin asociarlas claramente a los métodos controvertidos que permiten a menudo su irresistible ascenso.

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23. Siglas en francés que significan Régime enregistré d'épargne-retraite, que traducimos por Régimen de ahorro para la jubilación. (N del TC).

NEGRO CANADA Saqueo, corrupción y criminalidad en África  
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