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155 et Paix (Desarrollo y Paz), se redujo a reivindicar, como parte de su campaña pública anual, que no será recordada por ser una de las mejores, la creación de esta “Defensoría del Pueblo independiente”, y afirmó cándida, en nombre de las personas violentamente afectadas por la explotación minera, que un figura antropológica tal permitiría "que se respete nuestra agua, que se respete nuestra tierra, que se respeten nuestros derechos”. Que se discuta de tales modalidades en el lenguaje diplomático que conviene hablar en presencia de políticos y representantes de una industria poderosa es habitual- muy difícilmente podría cuestionarse la pertinencia de una presencia civil en el juego de la “gobernanza”, cuando ésta tiene lugar. Sin embargo, es necesario definir lo que es legal y lo que no lo es, y la medida estimada para evaluar cuando una inversión es legítima y racional. La cuestión es pertinente, ya que buscamos honestamente saber si la gobernanza es competencia de la política o de los negocios. Sin embargo, el equívoco se produce cuando los actores públicos, cualquiera sea su punto de vista, interiorizan esta retórica y hacen de ella el lenguaje políticamente correcto en todas las tribunas que se le ofrecen, hasta el punto de convertirse en los campeones de la “gobernanza”. Sin embargo sabemos que dichos mecanismos no permiten establecer una equilibrada relación de fuerzas. Un ejemplo evidente, es la posición de Ottawa de dejar caer inexorablemente en el olvido el informe de la Comisión Consultiva de Mesas Redondas. El proceso de negociación de la gobernanza es tan frágil que lleva a aquellos de los cuales se espera un discurso especialmente crítico, a interiorizar sus códigos, su dificultad y sus imperativos. En este proceso, no se contentan con participar, se termina por preservarlo y defender sus principios, a precio de autocensurarse. En general, este marco se transforma en un fin en sí mismo y no escuchamos hablar de otra cosa que de gobernanza. Lo mismo ocurre con la expresión “sociedad civil” que se repite incesantemente en singular cuando se trata de una noción indefinida – es decir, un nido de víboras-que denota una variedad de ideologías que van en todas las direcciones o de intereses financiados no se sabe de qué forma. Si se reconoce en las organizaciones civiles la presencia de gente que ejemplifica la integridad y el coraje, no es menos válido afirmar que un número inquietante de instancias “no gubernamentales” y universitarios se encuentran en la actualidad directa o indirectamente financiados por el gobierno federal. Estos cumplen el rol de perro guardián frente a las autoridades públicas a quiénes les deben todo. Pocos piensan morder la mano de quiénes le dan de comer; tirar de la correa es lo más lejos donde pueden ir. Otras ONG son apéndices de las empresas privadas, fachadas de las sectas o cajas de dinero de políticos corruptos. El escenario colonial está tan firmemente implantado en el Sur que Occidente se convence fácilmente del carácter magnánimo de sus disposiciones, llamándolas “ayuda al desarrollo” y apoyo al “buen gobierno”. Pero poco le importa que los males y los remedios provengan solamente de él. Esta pose de sabio que se atribuye occidente contribuye a la “carnavalización de los intercambios entre dominantes y dominados post-coloniales”,759 y no a un verdadero cuestionamiento de las modalidades Norte-Sur”. “A pesar de las innumerables críticas a las teorías del evolucionismo social y las ideologías del desarrollo y la modernización, la producción 759

Achille Mbembe, De la postcolonie, Essai sur l’imagination politique dans l’Afrique contemporaine, Paris, Karthala, 2000, p. XIX.

NEGRO CANADA Saqueo, corrupción y criminalidad en África  
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