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Editorial

Editorial Los éxitos electorales del pasado 4 de julio refrendan, para el Partido Acción Nacional, aquella premisa fundamental que establecieran los fundadores como derrotero para el trabajo político, y que consiste en poner el interés de la Patria por encima de cualquier motivo particular, sectario o de grupo. Es México quien ha triunfado, es la sociedad, es la alternancia democrática.

El gran perdedor, sin duda, es el autoritarismo, el caciquismo, ese México que no termina de morir y que representa el pasado más corrupto y antidemocrático que todavía está presente y que debe seguir siendo un frente abierto por combatir en la consolidación de nuestra democracia. Así, estados como Puebla, Oaxaca y Sinaloa, otrora cotos de impunidad, violación a los derechos humanos, fraude e ilegalidad, tendrán la oportunidad de conocer gobiernos de otro signo que seguramente sabrán anteponer el bienestar de la población en sus programas y acciones de gobierno. De este modo queda demostrado, además, que el camino de las alianzas políticas es una puerta abierta por la que Acción Nacional puede sumar esfuerzos con otros partidos para que, sin desdibujar su ideario y fiel a sus principios, pueda combatir esos cotos caciquiles donde aún está pendiente de consolidarse la alternancia política: este pacto de la clase política con la ciudadanía trasciende banderas y colores particulares para poner en primer lugar un bien ulterior, y ha probado ser una opción efectiva en otros países donde el tránsito a la democracia ha requerido hacer a un lado ideologías y dogmas que obstaculizan el desarrollo común para así sumarse a una transformación positiva de la política y su modo de ejercerla.

En el presente número de La Nación presentamos a nuestros lectores el listado de los triunfos de Acción Nacional y las alianzas conformadas, que dejan en claro que la fuerza electoral del partido da un paso importante, como bien dijera el presidente del CEN panista, César Nava, en la senda de la victoria, incrementando en buena medida el número de mexicanos que serán gobernados por representantes que abanderan la causa y los principios del PAN. Queda por delante, no obstante, la defensa poselectoral de aquellos estados, ciudades y municipios donde lo peor del pasado político de nuestra nación hizo mella en la voluntad ciudadana, ya fuera el día de la elección o en las semanas previas de campañas, demostrando que el régimen priista más vetusto sigue haciendo mella en nuestra vida democrática, vulnerando instituciones y demostrando cuán grande es aún el reto de los años por venir; casos como los de Veracruz, Aguascalientes, Durango e Hidalgo son representativos en ese sentido, y requerirán del talento, la dedicación y la voluntad de legisladores, partido y ciudadanía para generar los cambios de fondo que hagan posible un modo diario de hacer política que sea conducido por los valores aún pendientes de la democracia. LN 1

El camino de la victoria  

Los éxitos electorales del pasado 4 de julio refrendan, para el Partido Acción Nacional, aquella premisa fundamental que establecieran los f...

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