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La Bue Nuest

ANÁLISIS RETORSPEC rado en la expresión de Quintiliano tener para vuestros educandos el deber de un padre. Llama la atención, igualmente, los artículos referidos al comportamiento “físico” del alumno como, por ejemplo, la compostura que debían de guardar cuando deambularan por el edificio, o la utilización del recreo como válvula de escape generada por la estricta disciplina del centro, un espacio lúdico donde se dejaba hacer y pasar todo lo que no se permitía en horario escolar, exceptuando aquellos juegos que afectaran a la higiene y moralidad pública, es decir, todo lo que contradiga la tradición y los preceptos de fe cristiana.

AUTOR: Ángel Quintana Fernández

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En toda sociedad moderna la educación es un tema de primer orden en la formación de conciencias y de socialización primeria y secundaria. Constutuye uno de los indicadores de desarrollo y, en gran medida, de victorias o fracasos políticos. A continuación vamos a analizar, comentándolos en profundidad, los documentos que han marcado las pautas de comportamiento en dicho instituto de enseñanza secundaria de Jerez de la Frontera en los años 1866 y 2008. En el reglamento de 1866, en líneas generales, se contemplan únicamente los deberes de los alumnos y no sus derechos, al menos, de forma explícita. Son normas de convivencia en las que no se le pone límites al profesor, que se consi-

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dera como regente, es decir, el rey de la clase. Para el no puede haber normas, si algunos consejos prácticos como veremos posteriormente. Tenemos que afirmar que el mandato del profesor se matiza, en la rigidez de sus formas, al establecerse que su labor se hiciese con dulzura y respeto hacia el alumnado. Sin embargo, si analizamos en profundidad el documento decimonónico, podemos descubrir que existen ciertos derechos de los educandos soslayados en afirmaciones como serán reprendidos sin ira y con amor, los profesores deberán hacer raros los castigos... sin perder la serenidad ni la calma... El único deber “oculto”que atañe a los profesores nos lo encontramos en el artículo 91, en el que, según nuestra interpretación, se da a entender que los profesores inculcarán la buena educación a través del ejemplo... no les disimularán la menor falta de urbanidad y decoro en palabras y en modales... también encontramos algún atisbo de deber respecto al profeso-

Destacamos también que el papel del profesor como tutor alcanzaba las 24 horas del día, lo que nos da la imagen de un verdadero padre, y la idea de que el Coloma era un centro próximo al internado. Es digno de resaltar el sistema de premios y castigos, destacando la ausencia del castigo físico, por lo que sospechamos que estaba tan asumido en la época que no hacía falta legislarlo. Los castigos más pesados son, a nuestro entender, la reprimenda en público y el encierro durante días en el centro. El hecho del carácter público de los castigos y premios lo interpretamos resaltando la función represora y puritana de la sociedad de la época. Por último tenemos que hacer mención a la confusión entre instrucción, entendiendo esta como aprendizaje de conocimientos, y la propia conducta del niño en la clase, entendiendo esta como su comportamiento. Así, existía un libro de conducta donde se anotaban, indiscriminadamente, las referencias de comportamiento y de notas, con las calificaciones de mal, bien, regular...

Revista HADES 2009, número 7  

Número 7 de la revista HADES, noviembre de 2009. Editada por CEMABASA

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