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América Latina y el Caribe enfrentan una serie de aceleradas transformaciones en su realidad política. En la región, las últimas dos décadas tuvieron como protagonista a la izquierda orientada por el llamado socialismo del siglo XXI. Estos gobiernos populares han tenido toda suerte de interpelaciones desde los movimientos sociales más radicales y desde las élites latinoamericanas globalizadas. Sin embargo, el espíritu de los tiempos marcado por la “post verdad” y por el ascenso de las derechas radicales, hace que muchos afirmen que los días de las izquierdas están contados. Debido al choque de estas dos tendencias históricas, los antagonismos en nuestra región están a la orden del día, lo que representa un desafío para nuestras ciencias sociales. Para el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe –CELYC- de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia es muy importante reflexionar sobre los temas centrales de la coyuntura por la que atraviesa el continente. Queremos debatir sobre los escenarios que se avecinan, generando insumos para analizarlos y enfrentarlos. Este, nuestro boletín Nº 4 tiene precisamente ese cometido. Los números anteriores los dedicamos a reflexionar sobre la coyuntura política y el proceso de paz en Colombia, las complejas tensiones en países como Ecuador y Brasil, y un tercero se centró en las implicaciones para América Latina de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Este último, que ustedes leen, está dedicado exclusivamente a la situación política venezolana, tratando de tener una lectura de mediana y larga duración que trascienda las versiones cortoplacistas construidas por los grandes medios de comunicación. Los artículos acá recogidos son versiones cortas y actualizadas de las ponencias que los autores presentaron en el evento llamado “Crisis en Venezuela, Mitos y Realidades”, organizado por nuestro centro el 4 de mayo del presente en las aulas de nuestra universidad. Los invitamos a participar en este diálogo, no solo como lectores, sino con sus aportes para de esta forma ampliar y democratizar el debate. John Mario Muñoz Lopera, director CELyC. Jorge Eduardo Suárez Gómez, editor boletín CELyC. Junio 1, 2017

ÍNDICE

CRÉDITOS Rector: Mauricio Alviar Ramírez

Editorial

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Venezuela: una situación de equilibrio catastrófico ………

2

Marco Antonio Vélez Vélez.

Venezuela: tiempo de definiciones …………………………….

Director CELyC: John Mario Muñoz Lopera 4

Campo E. Galindo.

El antagonismo político en la Venezuela del siglo XXI ……

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Jorge Eduardo Suárez Gómez.

CELyC - Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe @CELyCUdeA Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe CelyC

Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Decano: Hernando Muñoz Sánchez

Editor: Jorge Eduardo Suárez Gómez Comité académico CELyC Marco Antonio Velez Luis Javier Robledo Jorge Eduardo Suárez Gómez

Universidad de Antioquia Calle 67 Número 53-108, Bloque 9, Oficina 226. Medellín, Colombia. Teléfono: 2195767

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2 Por: Marco Antonio Vélez Vélez, profesor titular Departamento de Sociología, Universidad de Antioquia.

Para entender la actual coyuntura por la que pasa Venezuela, podemos invocar aquel concepto de Antonio Gramsci en sus Notas sobre Maquiavelo, acerca del equilibrio catastrófico de fuerzas en la relación entre las clases sociales (Gramsci,1973). Se trata de aquel momento en que una clase dominante no puede imponer su hegemonía y los dominados no logran avanzar hacia la toma del poder. El paralelo es válido para Venezuela, pero con la condicionalidad que quien está en el poder, representa una opción de izquierda, en este caso el gobierno de Nicolás Maduro, desafiado por una oposición, la Mesa de Unidad Democrática que busca hacerse con el poder. Ante el avance evidente de la oposición, en las calles y ante las dificultades de los abastecimientos, el gobierno Maduro optó, primero por desconocer la autoridad legislativa de la Asamblea Nacional, con mayoría opositora. Fue la intentona de trasladar sus poderes al Tribunal Supremo de Justicia. Esto salió mal ya que generó las protestas de la oposición, de la comunidad internacional y amenazó con abrir fisuras en el régimen gobernante, ante la voz disidente de la Fiscal venezolana. La decisión es echada atrás por Maduro y la situación de los poderes vuelve a su cauce. Pero, la Mesa de Unidad Democrática decide una avanzada en términos de la movilización popular, en las calles, confrontando a las fuerzas armadas bolivarianas y a los colectivos del chavismo. En la pretensión de forzar al gobierno de Maduro a convocar las aplazadas elecciones regionales y reclamar la liberación de los presos políticos. Un aplazamiento que desde la lógica del gobierno Maduro tiene que ver con un intento de diferir una confrontación en las urnas que está abocada a un eventual fracaso para el gobierno, dadas las mediciones de favorabilidad del régimen político. La oposición ha entrado en el camino de una movilización permanente, las sucesivas marchas se han enfrentado a las fuerzas armadas bolivarianas que en la voz de su comandante, se han mantenido solidarias con el régimen Maduro. Las fuerzas opositoras han querido invocar la relación pueblo-fuerzas militares, en la pretensión de separarlas de Maduro y su equipo. Pero, quizá, como reconocen muchos analistas, los militares venezolanos tienen hoy demasiada presencia en la economía y gobernabilidad del país, como para apearse de la relación privilegiada con el régimen político. Tienen presencia en la distribución de alimentos, en la industria petrolera, en los bancos, es decir, una situación que los hace copartícipes del régimen político. Históricamente, Hugo Chávez convocó el trinomio Líder-fuerzas militares-pueblo como fundamento de su proyecto político. Y esa opción sigue vigente, flaqueando quizá por el lado del liderazgo. Algunos han hablado de un

modelo Nasserista -Gamal Abdel Nasser, en Egipto, mediados del siglo xx-, encauzado por predominio de los militares. A lo mejor. Entretanto, la respuesta de Nicolás Maduro ha sido la de convocar una Asamblea Constituyente Comunal. En una jugada política que buscando ir más allá de la Constitución de 1999, le posibilite una relegitimación popular del régimen político y eventualmente, una profundización de la revolución bolivariana. Una constituyente de 500 miembros, la mitad de los cuales serían seleccionados, en las comunas, en los territorios, en las Misiones. Estrategia de relegitimación desde abajo, que abriría una base de avance de la revolución y situaría Nicolás Maduro, más allá del legado de Chávez, ameritando ello por el avance de las fuerzas opositoras. Para la Mesa de Unidad Democrática, es evidente, que esta salida, la deja fuera del juego de los poderes afincados, en el relativo equilibrio ejecutivo-parlamento y la sitúa en un escenario de pérdida de la relación de fuerzas ya ganada. Por ello se opone radicalmente a esta salida vía constituyente. La OEA encabezada por un vociferante Luis Almagro ha hablado de un “golpe de estado” a la democracia, otros hablan de “autogolpe” de Maduro, en la pretensión de desconocer, esta legitima invocación al constituyente primario como alternativa a la crisis del régimen político. La alternativa constituyente, debe ir acompañada claro está, por un ejercicio no solo de relegitimación del poder del gobierno Maduro, sino además, por la búsqueda de resolución de la crisis de las subsistencias que debilita cualquier opción de gobernabilidad en el corto y largo plazo. Enfrentando si es el caso el sabotaje económico. Maduro se juega la opción de una radicalización del proyecto socialista de economía, como en su momento lo han vivido todas las revoluciones históricas.

Tomado de: https://www.aporrea.org/

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Un avanzar en el camino de un proyecto colectivista en lo infraestructural, que debe sacar en lo inmediato a Venezuela de sus crisis alimentaria e inflacionaria. Se esperaría más solidaridad continental, por lo menos de aquellos países que aun hoy, pueden reclamarse de una senda progresista, caso Ecuador, caso Bolivia y el evidente apoyo de Cuba. Estamos quizá muy lejos de aquello que en su momento León Trotsky denominó, una Federación de Repúblicas Socialistas de América del Sur (Trotsky, 2001). En su momento, este fue quizá el sueño de Chávez con mecanismos como el ALBA. Pero, el viraje a la derecha de los gobiernos del sur del continente, hace cada vez más difícil esta expectativa. Solo queda la solidaridad de aquellos que sienten que un destino común se juega para nuestro subcontinente. Algunos analistas hablan de un escenario de guerra civil inminente. Yo por mi parte lo descarto en lo inmediato. Sin desconocer la fuerza de las marchas opositoras, la fuerza del descontento de la población, es claro, que la oposición no tiene aún la suficiente convocatoria de unidad, ni el suficiente liderazgo, como para lanzar una ofensiva definitiva, que generaría el escenario invocado de guerra civil. Se ve más bien, un escenario de fuerzas que se confrontan en la calle, sí, pero, también en lo legal y, eventualmente, en lo constituyente. El régimen Maduro debe jugarse a fondo en esta convocatoria a lo popular y lo comunal con el objetivo de recomponer la gobernabilidad y profundizar la revolución bolivariana. Allí está el envite, el desafío que la coyuntura posibilita. Maduro no cuenta, como contó Chávez con una chequera amplia producto de la bonanza petrolera. Es sabido que históricamente, la renta del petróleo, en una economía que se acostumbró a la monoexportación, le permitió a la clase media venezolana tener un alto nivel de vida, lo que coloquialmente, dio origen al enunciado del “tabarato”, por el cual se reconocía a esta clase media en los supermercados de Miami . Hoy, la monoexportación se mantiene, pero cayó el precio del petróleo, producto entre otras cosas de nuevos métodos de explotación impulsados por los Estados Unidos –método del fracking-; y por lo tanto los ingresos petroleros del Estado y el poder adquisitivo del venezolano medio se ha venido a pique. Estos temas del orden de la economía más básica deben ser enfrentados y resueltos por el gobierno Maduro y por la constituyente en vías de ser convocada, so pena de ser apeados del poder político. Por ahora, la constituyente abre un nuevo plazo al régimen de Nicolás Maduro y del manejo su convocatoria y de sus resultados, depende en gran parte la suerte del chavismo.

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Referencias bibliográficas: Foucault, Michel (1979). ¿Es inútil sublevarse? En: periódico Le Monde. Gramsci, Antonio (1973). La política y el Estado moderno. Barcelona. Península. Trotsky, León (2001). Escritos latinoamericanos. (En línea), disponible en: https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/latin/index.htm

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Urbina Castilla, Mariangela. El Espectador, Domingo 14 de Mayo. “La Venezuela chavista también está en la calle”.

Tomado de: http://www.elheraldo.com/ El CELyC busca la producción y difusión de conocimientos acerca de las realidades sociales, políticas y culturales de América Latina y el caribe.

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Por: Campo E. Galindo.

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La característica principal que marca hoy la situación del país hermano es que el Estado de derecho, la democracia como código de formas, métodos y procedimientos, y las instituciones republicanas, han sido arruinadas por la polarización de las dos grandes agrupaciones que protagonizan la política, especialmente desde la desaparición física del presidente Chávez. Tanto la oposición agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), como el Gran Polo Patriótico (Chavista), han tirado del Estado de derecho, cada uno para su lado, hasta destrozarlo y vaciarlo de cualquier capacidad de generar consensos y gobernanza con sustento popular. Dejó de existir el acatamiento de los ciudadanos a unos poderes públicos inoperantes, los calendarios electorales están alterados, las ramas del poder se han enfrentado y no se colaboran, el orden público sufre fuerte deterioro, y para colmo de males, toda actuación del gobierno o de los opositores, es asumida por el contradictor como una avanzada de golpe o autogolpe de Estado. En estas condiciones, el conflicto social y político se ha desbordado hacia su expresión callejera, no exenta de violencia, unas veces vinculada a las movilizaciones y otras, totalmente al margen de ellas, como en las jornadas nocturnas de saqueos y saboteos que han afectado a varias ciudades. El número de muertos supera ya al de las “guarimbas” antichavistas que se cumplieron entre febrero y mayo de 2014. Pero más allá de la violencia opositora, son los ciudadanos de carne y hueso, los que hoy ponen sobre el pavimento sus intereses, sus concepciones y los proyectos de país a los que aspiran. Los “choques de trenes” institucionales han dado paso a los choques callejeros entre la fuerza pública y grupos radicalizados orientados al derrocamiento del régimen político. Es pues, la calle, la que hoy tiene la palabra. Cualquier solución que se proponga tendrá que dirimirse en ese escenario, y

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solamente quien marque una diferencia a su favor, podrá tomar la iniciativa para las reformas o contrarreformas, o introducir cambios al orden legal y constitucional vigente que saque del embrollo a Venezuela en el corto plazo. El estado crítico actual de Venezuela obedece a una evolución que tuvo un quiebre definitivo con la muerte de su presidente recién reelecto, Hugo Chávez, el 5 de marzo de 2013. El fuerte liderazgo de este último, en un contexto político y económico internacional favorable, logró mantener la institucionalidad dentro de sus propios cauces. A pesar del sobresalto que significó el fallido golpe de estado de 2002, se respetaron los calendarios electorales y sus resultados, funcionaron los poderes públicos y el ejecutivo mantuvo el control general del orden ciudadano. La muerte de Chávez fue leída por la oposición y las burguesías del continente como su oportunidad de oro para derrotar la revolución Bolivariana. Todo empezó por una campaña de desmoralización para demostrar que el muerto no era el líder sino el proceso revolucionario. Luego de una contienda electoral enmarcada por saboteos a la infraestructura energética, por poco la MUD pone en el palacio de Miraflores a Capriles, que perdió frente a Nicolás Maduro por solo 260.000 votos. Este resultado fue impugnado y luego de intensos forcejeos, denuncias y reconteos, EE.UU. y la Unión Europea reconocieron al nuevo gobierno, pero no la oposición interior. El triunfo del candidato del Chavismo puede considerarse el punto de partida de una gran escalada, que ha incluido todas las formas de lucha contra el nuevo gobierno, y que ha aprovechado de maravillas el desfavorable escenario de la caída de los precios internacionales del petróleo. Esa campaña sistemática y sostenida en el tiempo, tiene como punta de lanza a la MUD, pero acompañada por las burguesías de todo el continente en su esfuerzo conspirativo por restaurar definitivamente el orden neoliberal en América Latina.

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Han hecho parte de los intentos por derrocar a Maduro: Los saboteos a la economía, escondiendo alimentos y sacándolos a otros países para provocar desabastecimientos ficticios y alzas de precios; las “guarimbas”, que han arrojado decenas de muertos y miles de heridos, además saqueos y destrucción de edificaciones; la guerra mediática de desinformación, que permanentemente produce “falsos positivos” como el reciente de las supuestas torturas a Leopoldo López; los planes golpistas violentos que han sido develados y por los cuales hay varios prisioneros; se suma a todo lo anterior la orden ejecutiva del expresidente Obama de marzo de 2015, que declaró a Venezuela como una “amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidenses” y sancionó a siete funcionarios que acusó de violaciones a los derechos humanos; hace pocos días, nuevas sanciones fueron decretadas, esta vez por la administración Trump contra los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, como castigo por las medidas que tomó contra la Asamblea Nacional, en lo que constituye una provocación y una clara intromisión en los asuntos internos venezolanos. Desde luego, la ofensiva estadounidense contra el régimen venezolano, obedece a lógicas nada inmediatas, cuyo desarrollo supera los alcances de este resumen, relacionadas con el significado del chavismo en el que algunos proclamaban como un nuevo siglo americano; el carácter estratégico de un extenso territorio andino y llanero desplegado sobre el mar Caribe, que guarda las mayores reservas petrolíferas del planeta; y los alcances de un proyecto regional emancipatorio que en años recientes, suplantó al de la revolución cubana como problema prioritario para la política exterior de los EE.UU. La superación de la actual crisis, en su connotación coyuntural, tendrá lugar dependiendo de las alternativas que obtengan mayor entusiasmo popular y mejores expresiones en la lucha callejera que se ha abierto. Ese es el pulso definitivo, el que puede legitimar o deslegitimar los diferentes escenarios que hoy se proponen desde diferentes ángulos y diversos intereses. Esos escenarios posibles, pueden resumirse de la siguiente manera:

1.

La solución interna. Tiene tres episodios posibles:

1.1.

Negociación bilateral. Las partes llevan a una mesa de diálogo bipartita (con mediación o sin ella) sus diferencias, y acuerdan sobre calendarios electorales, libertad de presos políticos y rehabilitaciones de sancionados.

1.2.

Negociación multilateral. Es la estrategia del presidente Maduro de Asamblea Nacional Constituyente, donde delegados de los sectores sociales y de las entidades territoriales, renegocian el ordenamiento legal y constitucional vigente.

1.3.

Guerra civil. Es la solución interna mediada por una violencia generalizada que involucre a sectores importantes de la sociedad civil. Es prácticamente imposible mientras el grueso de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se mantenga leal al presidente Maduro.

2.

La “solución” externa. Sería obviamente una intervención militar protagonizada por el gobierno de Donald Trump. Es la hipótesis con menos probabilidad hoy. No obstante, puede ser desencadenada a partir del escenario precedente de la guerra civil y, necesita por lo menos dos pasos previos: primero, una declaración de enemistad, que ya se produjo en la mencionada orden ejecutiva de Obama de marzo de 2015; y segundo, una expulsión del sistema interamericano, que en este momento hace su curso dentro de la OEA y todo parece indicar, es cuestión de trámite.

Una eventual intervención militar norteamericana contra el chavismo, pasa indudablemente por la anuencia y/o participación del Estado colombiano, en cumplimiento de su papel histórico de peón de brega para la geopolítica estadounidense en esta región del planeta. Es apenas normal, que luego de “desembarazarse” el gobierno de Santos del acompañamiento venezolano en el proceso de paz con las insurgencias, empiece a liderar el bloque latinoamericano que orientado por Washington, proyecta enterrar lo que queda de la oleada progresista en nuestro subcontinente.

CELyC - Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe

@CELyCUdeA

Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe CelyC

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Por: Jorge Eduardo Suárez Gómez. Profesor departamento Trabajo Social Universidad de Antioquia, Investigador CELyC.

La coyuntura de Venezuela desata constantes pronunciamientos en la gran prensa y en los sectores políticos más influyentes de Colombia. Desde abril de este año, cuando los sectores de oposición aglutinados en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) iniciaron una serie de manifestaciones en contra del gobierno de Nicolás Maduro, los grandes conglomerados de la comunicación que transmiten desde Colombia, le han concedido una importancia inusitada al tema. Radio, televisión y prensa han tratado el tópico Venezuela como si de un te ma de política interna se tratara. Antes y fuera de la sección internacional, las venturas y desventuras del chavismo y la oposición aparecen como un tema de primer orden en la agenda interna. Diariamente, en las últimas semanas aparecen portadas, titulare s y editoriales sobre el enfrentamiento político en el hermano país. Los grandes medios coinciden además en el tratamiento que le dan a la coyuntura. La dinámica política venezolana desde la perspectiva de la “gran prensa” puede diagnosticarse de la siguiente forma: allí existe un gobierno dictatorial que recorta las libertades, viola las reglas del juego democrático y cuya gestión económica tiene sumido al país en una de las crisis más graves de su historia reciente. A esta “satrapía”, se enfrenta una opos ición valiente y democrática, cuyos líderes son encarcelados injustamente (Leopoldo López y Antonio Ledezma por ejemplo) y cuyos militantes son reprimidos con brutalidad por unas fuerzas armadas que son el último sostén de un “régimen” sumido en la corrupc ión y en el narcotráfico. Esta versión es diariamente martillada por los medios colombianos desde que comenzaron las movilizaciones en abril de este año. Algunos de ellos, como los grandes noticieros de televisión han constituido una sección especial que i nicia con una canción de tono trágico que deja televidente ablandado. Inmediatamente después aparecen las escenas de jóvenes manifestantes armados de escudos y bombas caseras (que hoy sabemos contienen excremento) que se son lanzadas contra los uniformados. ¡Todos unos demócratas! Después sale casi siempre una declaración de algún dirigente de la oposición preferiblemente Henrique Capriles o Lilian Tintori. Esta última es la consentida de los medios colombianos. En ella se condensan todas las posiciones de un sujeto “justo” para un amplio sector de la sociedad colombiana: madre, esposa abnegada de un preso político, blanca y de “buena familia”. Por eso le permiten largos monólogos en las que repite la palabra dictadura en cada frase y en los que hace un llam ado tras otro a levantarse contra “el régimen”. Una y otra vez repite su performance ante los medios de comunicación. Curiosa “dictadura” esa que permite que los líderes de la oposición hablen a diario a los medios internacionales en contra del gobierno que los “oprim e”. Tomado de: http://www.telesurtv.net/

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Esta presentación cotidiana de la situación venezolana coincide con la visión que se ha instalado en la sociedad colombiana desde la llegada del chavismo al poder en 1999. El establecimiento colombiano ha considerado desde esa época, a este sector político como ilegítimo debido a su condición plebeya. El bipartidismo elitista que ha gobernado Colombia durante buena parte del siglo XX y del XXI, tuvo su par en Venezuela con el “Pacto de Puntofijo” que mantuvo a las élites liberales durante 4 décadas en el poder administrando la renta petrolera y orientando su política exterior hacia Estados Unidos. El chavismo en tanto encuentro de múltiples demandas irresueltas por el bipartidismo, rompió esta tradición de dominación elitista. El bipartidismo colombiano aun en el poder, ha sentido siempre solidaridad de cuerpo con sus pares venezolanos. Por eso cuando en abril de 2002, la coalición entre empresarios, algunos militares y los políticos huérfanos del poder, derrocaron violentamente al presidente Hugo Chávez por 47 horas, el gobierno colombiano de Andrés Pastrana fue uno de los primeros en reconocer como legítimo al nuevo y corto gobierno encabezado por Pedro Carmona Estanga. Fue Colombia quién le dio asilo al efímero empresario presidente cuando iba a ser judicializado. Pero no solo a él. Miles de venezolanos contrarios al chavismo han llegado a Colombia buscando un capitalismo acogedor. Esa incondicionalidad del régimen colombiano con la oposición venezolana se mantuvo en los gobiernos

posteriores al de Pastrana. Con el uribismo, el antichavismo se volvió política de Estado y el rechazo al llamado “castrochavismo” se convirtió en principio rector de la política exterior. Pese a lo grandes servicios prestados por el gobierno venezolano a la causa de la paz en Colombia (facilitación en la liberación de secuestrados, acercamiento con las guerrillas, etc.), el santismo ha mantenido el rechazo al “castrochavismo” como eje fundamental de sus relaciones con los vecinos, lo que se evidencia en el apoyo en el escenario panamericano, a aquellos sectores que desde Miami, Bogotá y Madrid convirtieron mediáticamente a Venezuela en un “régimen” como el de Siria o Libia, cuyo sátrapa debe ser eliminado inmediatamente.

Esta unidad de criterio entre establecimiento político colombiano y amplias capas de la población que es reforzada cotidianamente por los grandes medios de comunicación, constituye una de las mayores victorias del uribismo en la medida en que logró construir una matriz de opinión en la que están instalados no solo sus seguidores más fieles, sino algunos de aquellos que se consideran sus contradictores. Con lo anterior no se quiere afirmar que en Venezuela no existan dificultades en la gestión de los asuntos públicos. Nuestro argumento es que desde Colombia solo hay audiencia para uno de los sectores en pugna. De acuerdo con los medios, ellos son los buenos. La dinámica política del otro lado, “no será trasmitida”.

Tomado de: https://www.twitter.com/ (@realDonaldTrump)

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Boletín CELYC #4 #UdeA  

Presentamos el Boletín CELyC #4 del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, adscrito a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas...

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