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Antología de un guayanés

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Celso Emilio Vargas Mariño


- Para todo aquel que haya hecho parte de esto -

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-Prologo«Palabras desordenadas» Es en ese momento en el que descubrimos lo que queremos para nuestra vida, cuando ésta comienza realmente. Antes de ese instante lo que hay es monte y culebras, luego de él, por lo menos se nos da un machete para defendernos de lo que venga. Mis ojos se abrieron desde hace tiempo, pero el viaje comenzó después. Es en este libro (en el que se imprimen no solo letras sino pedazos compactos de mi propio Ser) en donde pongo al descubierto mi verdad. Por eso no puedo definirlo fácilmente, es lo que es, y no es lo que no es. Así de sencillo quizás, es que se llegaría a dársele una definición a lo que este laberinto contiene. Siendo un hijo de Guayana, no podía dejar pasar esta ocasión para ovacionarla. Por eso presento esta antología que es de alguien tan común como lo que pisas o lo que tocas. En ella se hablarán de muchas cosas, de algunas incoherencias y de muchos elementos sin importancia. Solamente quiero que sea de tu agrado cada palabra y cada letra, así como para mí lo es cada nube. O que si no te gusta, por lo menos tengas la gentileza de saludarme en la calle por mera hipocresía. Sin más que decir, te doy la bienvenida no solo a hojas de papel con tinta negra encima de ellas, sino que te la doy a mí mismo. Felicidades porque llegaste a mi interior, a mi exterior, a lo que soy y a lo que nunca seré. Llegaste a una gran reunión de palabras desordenas.

Celso Emilio Vargas Mariño -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


-A quien pueda interesarleOctubre, de cierto año anterior a este. No busco nada parecido a la pobreza, porque ya he pasado por la necesidad. Quiero ser alguien diferente, en un mundo diferente. Uno en el que cada día es una maravilla, un verdadero milagro. Pero ¿acaso este instante no es una maravilla milagrosa? Sí que lo es. Pero nosotros en nuestro afán diario no logramos verlo así. Cuando todo esto empezó no había nada más para ver en mí aparte de un montón de emociones reunidas en una misma parte. Esa sensación nunca debió irse, pero de no haber ocurrido yo no habría crecido, nada hubiese cambiado. Eso hasta ahora lo entiendo y hoy en día continúo con las mismas impresiones pero en diferente contraste. Supongo que así deben ser las cosas y yo no cuestiono a la vida, sino a la curiosa forma en la que ésta nos demuestra siempre nuestra propia grandeza. Lo sigo creyendo, es el ser humano un dios en potencia capaz de lograr cualquier cosa. Uno que en muy pocos casos se mira ante un espejo sintiéndose como tal. Fuerzas que salen de no sé dónde, me invitan y empujan a continuar siempre hacia adelante. Porque aunque ocurren muchas cosas en muy poco tiempo, yo conozco el futuro que deseo. Luchar por este anhelo le seguirá dando a mi espíritu el mismo soplido de aire con sal que reciben las piedras cerca del mar. En este momento más que nunca me siento fuerte. No sé ni siquiera explicar los procesos internos que se estén dando en mi corazón. Pero puedo asegurar sin temor a equivocarme, que esta existencia es y será por siempre una aventura digna de llevarse a cabo. Soy un simple campesino que disfruta de su conuco; un obrero raso de los que les silban a las muchachas bonitas cuando éstas pasan; un erudito que duerme en las calles porque en estas épocas ya no se cree en los sabios; el taxista que conoce todo lo que ocurre dentro de la Polis. Pertenezco a la vez, a ese grupo de hombres que no luchan en contra del destino, si no que moldean éste según su libre albedrío. Me siento la nada que es parte del todo. Entre un helado o el abrazo de un ser querido, creo poder renovar energías para lograr enfrentarme ante cualquier león que se interponga en el camino hacia mis sueños. Fin de la presentación.


-Acuérdate: no seas hormigaPasan los días de ensueño hasta aquel en el que, por ninguna razón en particular, reparas nuevamente en lo que tienes al frente. Entonces recuerdas lo que eres y obvias la situación que vivas en ese momento. Lo haces porque el segundo factor está siempre presente mientras que el otro es escurridizo y se esconde constantemente en el subconsciente, como una verdad absoluta pero que se mantiene ausente. De esa ausencia no te das cuenta sino cuando las circunstancias se prestan para ello. Esa es la razón por la que se camina a ciegas, por no tener siempre presente quien es uno mismo. Cuando solo conoces la situación actual que vives, te pasarás al bando de las hormigas que trabajan incansablemente día a día únicamente por instinto, y no por un anhelo que salga del alma y buscando la felicidad. El encuentro con la felicidad es siempre un punto de partida en la vida de cualquier individuo. Se podría incluso concluir que la naturaleza del Ser está orientada en alcanzarla, sea cual sea la representación única de ésta en la persona. Tantas cosas se pudiesen decir sobre ella, como si fuese una ciencia perdida que nunca fuese proclamada como tal. Pero de eso de alcanzarla no se puede hablar sin antes haberse centrado en el laberinto que posea el corazón de aquel que se aventure. Su esencia, su forma de ver las cosas, todo factor que se incluya en su devenir; infinidad de caracteres que se inmiscuyen y que, como ya dije, uno termina por obviar continuamente entrando en ese ensueño que a veces demora más de lo necesario. Es difícil aceptar algunas verdades y más porque creemos conocernos a nosotros mismos. Sin embargo, a veces la monotonía gana y ya no somos capaces de hablar solos mientras nadie nos ve o de descubrir cosas que siempre han sido así pero en las que nunca habíamos reparado. La canción que te marcó hace tiempo, el recuerdo de esto y de aquello, la gente que te conseguiste en el camino y la que olvidaste sin temor a hacerlo, la pintura de la sala que había en tu casa cuando eras niño, los sueños y como los sientes cada vez que meditas en ellos; todo eso y mucho más, eres tú. Por eso se hace imprescindible el hecho de vivir en el presente, para estar constantemente conscientes de lo que somos sin que tal factor se esconda en los rincones de la mente. Acuérdate, siempre acuérdate, de lo que eres y de lo que no eres. Aunque esto no te garantice que puedas perecer


igualmente, si te da la constancia de nunca hacerlo siendo otra persona más que tú mismo. Así la cosa cambia. Este ensayo, simple, común y bastante inocente, solo intenta dar un recordatorio para al que lo encuentre. Que sirva como la alarma despertadora que nos arranca de los brazos de Morfeo y que con frustración nos devuelve al mundo mientras queremos seguir durmiendo. Ó que no se utilice para nada si también es ese el deseo. Porque para muchos, da igual vivir siempre olvidado de si mismo, así este hecho lo lleve a transformarse en una hormiga.


-Amor entre metrallasJunto con esa inclinación que poseen los seres humanos por las situaciones problemáticas, él se perdió entre recuerdos y esbirros del pasado que condensaban su tristeza en el presente. La guerra civil no había parado y él no contaba con la sonrisa de ella para sobrellevar aquellas circunstancias tan caóticas. Las mañanas eran devastadoras cuando despertaba mirando el espacio vacío de su cama, aquel en donde aún se guardaba la silueta de ella moldeada en el colchón. Ahora ya no estaba tampoco el olor de su perfume ahogando el olfato con la fragancia del amor, ni sus palabras alegres que lo ayudaban a caminar. Sin ella, sin nadie. Solo él en esa casa resguardándose del peligro cuando era necesario y cumpliendo misiones con los rebeldes cuando las órdenes llegaban desde la capital. El país en decadencia, la hambruna en sus huéspedes, el despotismo por todas partes; y el solo extrañándola. Nada más le importaba ya, aceptando incluso que su destino terminaría cualquier madrugada de ésas en donde los recuerdos le susurraran por fin que ella no volvería y su vida perdiera la razón por la que seguir activa. Él era uno de los dirigentes de toda la zona oriental y se escondía en aquella ciudad desde hacía tiempo, aunque en algún momento partiría a otra por motivos de seguridad. Se reunían en bares de bohemios por lo general, nunca dos veces seguidas en el mismo sitio. Hablaban de las movidas más significativas por parte de su bando en todo el país, de cuando llegarían los nuevos suministros de armas y de comida, de cómo los anónimos debían continuar siendo infiltrados mientras corrían el riesgo de que los descubriesen y los asesinaran; en fin, de toda aquella tragedia tan decadente que se vivía. Hacía tres años ya que la guerra había alcanzado a las pupilas de todos sus protagonistas. Él recordaba aún el rostro de aquel fulano que se convertiría en su primer muerto y la mueca de dolor que hiciera cuando el proyectil le impactara en el pecho. Pero eso ya había sido hacia bastantes estaciones. Para aquella realidad que ahora lo atormentaba, ni el primer muerto ni la primera herida grave que le hicieran con un cuchillo poseían algún tipo de importancia. Simplemente toda esa lucha carecía de sentido; él la quería a ella, solo a ella y nada más. Tampoco le importaba el futuro de su patria ni si el dictador que se imponía como presidente lograba ganarle a la verdad. Daba igual si el bien perecía ante los golpes del mal y la esperanza se convertía en una ilusión lejana como la que tenemos de vidas pasadas. Ella era su alfa y su omega y ahora que no estaba, su propio Ser no tenía ni principio ni fin.


Esa era su presente. Diez y tanto de la mañana de un día cualquiera de noviembre. Recordando, extrañando, anhelando tener en frente los ojos verdes que le habían dado felicidad tanto tiempo atrás. Y estos que seguían sin llegar mientras él debía continuar lanzando golpes entre las sombras, viviendo de recuerdos que poco a poco parecían acabarse, sintiendo que el sueño de “para siempre juntos” se había ido a otras historias de amor. De esa forma no soportó más aquel martirio desdichado, tomó papel y lápiz y le escribió una última carta. Se la dejaría en el mismo escondite en donde hacía tiempo se dejaban el uno al otro sus confesiones, rogándole al cielo que éste fuese efectivo una última vez y que ella pudiese encontrarla algún día. Lloró en silencio escuchando la canción que los unía y más de una vez debió parar de escribir porque le temblaba la mano. El whisky que le quedaba no fue suficiente para calmar su sed de despechado, esa que le secaba la garganta pero no las lágrimas. Terminó de redactar el texto y lo firmó con un bonito final que jamás olvidaría: “amándote aún más que a mí mismo”. Aunque luego de releerlo sintió que el mensaje era algo tonto, pudo concluir que por lo tanto éste era sincero. Abandonaría esa casa de una vez, ya no quedaba otra cosa que hacer allí. Lo único que realmente le preocupaba era que esa carta no llegase hasta las manos de quien debía llegar. Recogió sus cosas (que no eran más que un morral con ropa y una cajita de cartón con recuerdos adentro que parecían de otra vida) y se paró de la silla para irse por fin de aquella cárcel transitoria. No alcanzó a caminar más allá del porche de esa casa alquilada cuando una ráfaga de balas de metralleta lo recibió. Su cuerpo cayó desplomado mientras los muchos orificios de su cuerpo empezaban a emanar sangre roja y viscosa. Lo habían descubierto, ordenado que lo encontrasen y finalmente, le matasen de inmediato. Ninguno de los infiltrados que comunicaban la información de sus enemigos llegó a dar el mensaje a tiempo sobre esa emboscada. Murió casi de inmediato aunque esto no le impidió realizar un último esfuerzo milagroso que delatase su victoria final: una sonrisa dibujada entre sus labios pálidos. Con la carta en la mano derecha y los ojos aun rojizos por las lágrimas soltadas hacia un rato, su corazón dejó de latir. En tal órgano, el castillo construido con el nombre de su amada se mantenía aún estable, a pesar del disparo que lo había atravesado. La guerra pudo con su cuerpo y con su vida, sin embargo, jamás lo haría con el amor que sentía hacia ella. Ningún calibre de algún arma lo lograría jamás. Sin importar si éste fuese disparado a quemarropa, no existiría manera de drenar su sentimiento igual que ahora lo hacia su sangre.


-Azules ojosLa primera vez que la vi no presté gran atención a lo que hacía. Era una niñita con un vestido blanco que caminaba descalza al calor del mediodía. Me pareció extraño no verla con algún adulto a su lado pero no tenía tiempo que perder deteniéndome, debía asistir a una reunión muy importante y si me demoraba seguro tendría problemas con mis superiores. La reunión se llevó a cabo como siempre y fui capaz de concretar ese mismo día un negocio que llevaba tiempo persiguiendo. Esa noche pasé por el bar del edificio en el que vivía a tomarme una copa de vino para relajarme por el estrés del trabajo. Estaba en la barra cuando volteé hacia un sector del lugar y allí estaba otra vez la niña con el vestido blanco. Me miraba concentrada en lo que yo hacía, continuaba descalza y la gente pasaba a su lado sin siquiera reparar en su presencia. Con ese segundo encuentro mi sorpresa pasó a un primer plano. La niñita era rubia y no debía de pasar de los diez años, tenía la mirada de inocencia que despiden los pequeños antes de toparse con el mundo. Yo no podía creer aquello, ¿acaso vivía en mi conjunto residencial? Las coincidencias existían pero aquello iba más allá. Decidí irme inmediatamente del sitio sin ni siquiera voltear a ver una vez más a la pequeña. Por alguna razón, que no podía entender, su presencia me incomodaba, como si no fuese algo común y corriente el hecho de que una pequeña niña me encontrase dos veces en un día. El tercer encuentro terminó por ocurrir. Fue mientras esperaba a que la luz del semáforo cambiara para poder pasar por la vía de los transeúntes en una avenida cualquiera de la ciudad. Allí, al frente de mí, se encontraba la pequeña aún descalza y con el mismo vestido. Me miraba con la atención mostrada con anterioridad, una que esta vez dedicó segundos después a una mariposa que pasó volando a su lado y que cautivó su interés de tal forma que pareció olvidarme. Fue en ese momento en el que realmente sentí una especie de terror extraño dentro de mí. Esto ya no era normal, o la niña me estaba siguiendo o yo me estaba volviendo loco y la veía en cualquier parte. Entonces una idea descabellada pasó por mi cabeza: quizás era un fantasma que quería atormentarme, o un duende que se había enamorado de mí y me seguiría eternamente sin importar a donde yo fuese. Di media vuelta y me fui caminando presuroso hacia un parque que quedaba cerca. El lugar estaba completamente solo, me senté en una banca que había debajo de un gran almendro muy bonito que se imponía entre los demás arboles e intenté relajarme de todo aquello. Allí estaba yo, percatándome de cómo había comenzado a sudar


por la agitación, con las manos temblándome ligeramente y el corazón palpitándome azarado. Todo por el efecto de encontrarme con una niña en repetidas ocasiones sin poder explicar el hecho con un argumento convincente. Pero si me encontraba nervioso, la palabra se quedó corta al momento en el que nuevamente me percaté de la parecencia de la niña, esta vez sentada en una banca distante de la mía. Se me hizo un nudo en la garganta y pensé que finalmente la demencia había tocado la puerta de mi conciencia. Esto era inconcebible y a pesar de todo, yo aceptaba la realidad de que ella se encontraba otra vez allí, viéndome sin inmutarse por ninguna otra cosa. Las mariposas volvían a volar cerca de su pequeño ser y yo empezaba a creer que ambas cosas estaban relacionadas. Solo nosotros estábamos en el parque, ella con su vestido blanco y yo con mi traje de oficina. Ambos individuos totalmente diferentes, no solo por la diferencia extensa entre ambas edades, sino por el aire que desprendíamos. La niña parecía libre y serena, mientras yo era un simple funcionario de alguna empresa inútil y vacía. Quizás fue ese pensamiento el que generara el mecanismo entusiasta del valor en mi interior. No presté ninguna atención a lo que podría pasar, solo me paré del banco y caminé directamente hacia ella a través del parque que continuaba desolado a excepción de nosotros dos. Llegué hasta donde ella estaba y observé la forma con la que me miraba a mí. Ni siquiera sabía que decirle y es que esto ya no era algo común. Para ese momento ya se había instalado un pensamiento en mi cabeza: una niña me seguía a todas partes y parecía que no pararía a menos de que habláramos. -Hola, ¿Cómo estás?- dije finalmente al llegar a su lado. Ella no contesto, solo se quedó allí detallándome cuidadosamente. Yo proseguí con mi iniciativa de comunicarme:- Estás sola… ¿Quiénes son tus padres? ¿Están por acá cerca?pregunté volteando a mirar por encima de mis hombros a ver si había algún adulto cerca. La pequeña siguió sin responder, solo inclinó su cabeza y continúo viéndome como si no entendiese ni siquiera lo que yo decía. En mi afán por encontrar alguna comunicación que sirviese, deje escapar la pregunta más simple que encontré:¿Puedo sentarme? -Si- respondió ella con una dulce voz. Yo me maravillé ante tal cosa, por fin lograba sacar alguna palabra de la pequeña. -Ah, entonces si hablas, eso me agrada. Ahora dime: ¿Qué haces aquí?


-Disfruto del parque, ¿y tú que haces aquí?- preguntó sin dejar de mirarme. -¿Yo? Yo vine hasta aquí para… Para descansar un poco. - No eres bueno mintiendo, nunca lo has sido. Eso está muy bien, la verdad debe ir siempre por delante del que puede pronunciar una mentira. Si debes tener claro un punto en tus idas y venidas es la verdad, ella te hará libre y además te convertirá en un libertador de otros. La verdad es la cosa más curiosa que puede llegar a haber porqué se ata a la subjetividad de cada quien, de manera que todos poseen la suya propia. El problema es que por lo general, la verdad personal que pueda desarrollar un individuo (sobre todo lo que concierne con su existencia) no es ni siquiera reconocida por el mismo. De tal manera son algo y ni siquiera reparan en ello, es como una venda que tapa sus ojos y que ellos mismos prefieren tener. Por eso algunos se horrorizan cuando alguien inquiere en sus actos, en sus conductas al vivir, incluso en su forma de expresarse o ver el mundo; todo ello conforma en sí un universo entero, aquel que inventa la persona para refugiarse en él del exterior. Entonces lo mejor es aceptarnos tal como somos, como realmente somos. Así no se sufriría por no vivir realmente y a plenitud a causa de no reconocer la propia identidad, lo que se es y lo que no, lo que se quiere y anhela. En tu caso es más evidente: evita las mentiras porque no sabes construirlas y mantenerlas, ve siempre por el camino de tu verdad. Precisamente en este momento no hay nada más alejado de tu vida que la esencia de la que ésta se compone debido a que te quieres engañarte a ti mismo. No lo hagas más, te lo pido como un favor. La niña paró de hablar mientras yo me encontraba en un estado de parálisis pura. No entendía que había pasado realmente, recordaba que le había dicho a la pequeña que me encontraba en el parque para descansar en éste, pero la extensa respuesta que ella me había dado era algo completamente traumático. Se centró en un tema en especial: la verdad de las personas. ¡Qué clase de locura era aquella! Debía tranquilizarme para no entrar en shock por todo aquello. Esta niña me acababa de dar una lección de vida del tamaño de las que solo los eruditos o sabios ermitaños conocen. No podía ni creérmelo, lo que me había dicho era realmente brillante y contenía un mensaje escondido que de una u otra manera entendía perfectamente. Ahora era yo el que la miraba con toda la atención que podía generar mi conciencia. Era pequeña y frágil y aun así me había hablado de una manera muy segura. Apenas recobré el control de mí mismo, pude hablar nuevamente:


-¿Por qué me has dicho todo esto? No entiendo… -No debes entender- me interrumpió ella- No todavía. Cuando llegue el momento sabrás y entenderás todo, tú mismo le darás respuestas a las preguntas. Tu verdad se encuentra ahora enfrascada en la mentira que vives y aceptas todos los días. Por eso estas solo, por eso no eres feliz. Ni siquiera haces constantemente aquello que deseas, sino lo que crees que quieres siendo más bien lo que el mundo te demanda. Debes pensar muy bien que será lo que harás a partir de ahora que sabes esto, de no hacerlo, continuaras en un país de las maravillas que no tiene nada de maravilloso. Por ahora debo irme, acepta tu verdad y deja de engañarte. Como ya te he dicho, no sabes mentir bien- sentenció la niña y se levantó para irse. Yo no podía permitir que eso pasara, había muchas preguntas que solicitaban una respuesta a gritos desesperados. Sin embargo, había algo nuevo: una especie de miedo se generó en mí y realmente temía ante una nueva y enigmática respuesta que me hiciera dudar acerca de todo lo que constituía mi existencia. Aunque ella, al contrario, no reparó en mis miradas nerviosas, se levantó del banco y dio algunos pasos en dirección hacia alguna de las salidas del parque. Fue allí donde pude reaccionar y articular las palabras que llegaron hasta mi boca: -Espera… ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes? ¿Cómo es que sabes todo eso? Sigo sin entender nada. La pequeña detuvo su caminata suelta y casi danzante (cosa que me sorprendió realmente), se volvió hacia mí y me miró otra vez directamente a los ojos antes de decir la frase que estremecería mi pequeño, hermético y sobresaturado universo: -Te dije que tú darías las respuestas a tus preguntas. Me llamo Hada, mucho gusto pero debo irme. Ah sí, por último: soy de Júpiter- se dio la media vuelta y se fue caminando con sus pies descalzos y su vestido blanco. Yo me quedé sentado toda la tarde en la banca del parque con una sola pregunta rondando en mi cabeza: ¿Qué era lo que había pasado?


-Barrotes en mi salaMe despierto otra vez en el colchón de siempre, con la almohada de siempre bajo mi cabeza, arropado con la cobija de siempre, mirando el techo de siempre. Me levanto de la cama y desde la ventana veo un amanecer que no es mío pero que también es el de siempre: con un sol que aparece radiante e impotente cuando es verano, o unas nubes grises con una lluvia fastidiosa cuando es invierno. Ya nada me sorprende de lo que pasa fuera de estas paredes, todo porque los hechos verdaderamente importantes para mi ocurren dentro de ellas. Luego de pararme voy al baño, me cepillo y me lavo la cara. Me veo en el espejo y ya no me reconozco, lo que hay frente a mí es un ser muy diferente al que recordaba que yo era. Voy a la cocina y pongo a hacer el café. Con la tasa que conservo desde hace ya no sé cuántos años, me siento en el escritorio de la biblioteca a leer el libro que tenga en ese momento mientras saboreo la oscura bebida que he preparado. Tanto tiempo he tenido de estudiar mi situación diaria, que he llegado a entender que hay dos factores claves que no me han permitido ceder ante la desgracia con la que procede la locura, estos son: los libros que heredé de mi papá antes de que este muriera y (más importante aún) el internet conectado a mi computadora. Con ambas cosas puedo mantener mi conciencia ocupada sin necesidad de moverme de mi sillón preferido. No sé hace cuánto tiempo llevo en esta situación, pero reconozco que es más del que creí que sería cuando comenzó. El tour que realizo es mi hogar es un acto mecánico que mi cuerpo ya tomó como una costumbre. De la sala al baño, del baño a la cocina; de la cocina al cuarto, del cuarto al estudio; del estudio a la sala, de la sala al baño. Y se repite el proceso hasta que me percato que no importa cuántas veces se vaya a un lugar, si uno no se tiene planteado que hará allí, todo aquel será tiempo desperdiciado. Las noches son el momento más difícil del día, todo porque son en ellas en donde atacan los recuerdos sin que uno pueda hacer nada para evitarlo. Es en donde por lo general voy al estante que está junto al estudio, busco en él la caja verde de mi vida pasada y empiezo a ojear pertenecías de ésta. Pequeñas piedras de los lugares a los que viajaba, corales y caracoles del mar en mis idas a la playa, cartas de algunos familiares que se han ido hace tiempo al exterior, objetos con algún valor sentimental para mí y… Es allí cuando mi espíritu se quebranta: veo (como ya he hecho la noche anterior) el sobre lleno de fotos mías junto con la que alguna vez


fue mi adorada. Entonces lloro de tristeza por su ausencia. Pero ya no se puede hacer nada, el tiempo es así de malo con uno y uno siempre termina siendo más malo con él. Se acabaron las cervezas en el transcurso del día 17 y eso que tan solo me tomaba una cada tarde. Qué triste es la vida sin esos placeres simples y pendejos que sabemos nos llevarán a la perdición, pero que consideramos como una vía de escape a nuestras adversidades. En este momento pienso más en eso que ayer o anteayer. Son las adversidades el resultado de algo. Pero lo que quisiera saber es: ¿el resultado de qué? Ando casi siempre ropa interior por toda la casa tomando como excusa el calor sofocante, cuando la verdadera razón es que prefiero la libertad concebida por andar semidesnudo. Solo me pongo un short cuando me asomo al balcón a ver pasar la gente en las tardes. Entonces es allí cuando llego a extrañar aquellos días en los que era parte de la humanidad y no había entrado en mi encierro voluntario. Veo a los niños andando de la mano de sus padres, los enamorados conversando sentados en las aceras, los carros que van y vienen, ciclistas y motorizados yendo a toda prisa como si el día se les fuera a acabar si van despacio; muchos ingredientes de un mismo escenario que hoy logro apreciar a diferencia de cuando era parte de él. Desde hace tiempo acepté mi condición de “ermitaño resentido” pasando a vivir más cómodamente bajo ese término que con el de “ciudadano común”. Nunca olvidaré la tarde en la que renuncié a todo y me refugié en aquella morada de dos plantas que había heredado de mis progenitores. Tampoco olvidaré la mañana en la que comencé a descubrir este universo escondido entre silencios prolongados en los que se puede apreciar la esencia de las cosas sin ni siquiera enfocarse en ello. Pienso que soy algo así como un Capitán Nemo moderno, un ser que ha roto lazos con el mundo que lo rodea. Aunque en mi caso no les guardo rencor a los individuos que lo habitan, solo busco las respuestas a mi propia existencia estando en soledad. Ahora rio como un niño mientras sigo sin nadie a mi lado, todo porque sé que continúo con el mismo dramatismo con el que comencé este viaje en el interior de estas paredes. Por ahora no puedo negar que, a pesar de que lo que he recorrido es quizás muy poco, me siento feliz y en paz. Qué extraña es esta raza y que singular la forma en la que llega a vivir su historia cada individuo que la constituye. Es por eso que hay personas diferentes que han salido con locuras tan bonitas que otros las han


copiado y continuado haciendo. Claro, no digo con esto que comenzarán a haber más casos de “ermitaños resentidos” como yo, pero sí reconozco que no sería tan mala idea. Por lo menos ante mis ojos ha aparecido al fin el cosmos que siempre estuvo allí, creado por algún arquitecto y una variedad de obreros albañiles que, sin saberlo, lograron darle sentido a mi vida con la creación del espacio en el que ahora habito. Los barrotes en mi sala aparecen sin que nadie los haya puesto, solo yo y mi búsqueda logran condensarlos negándome la salida de este sitio. Esta noche que termino de escribir este resumen de lo que es mi vida actualmente, quiero hacer salvedad en que me quedan muchas cosas por descubrir en mi propia sala, en mi cuarto y mi baño, en la galaxia de la cocina y la torre de vigilancia que es mi balcón. Y en que luego de que este ciclo de aprendizaje termine, estaré listo para salir de mi casa nuevamente para abrirme paso a esa otra dimensión que habita paralelamente a la mía al cruzar la puerta del porche. Ese día será hermoso y único porque lograré mirar las cosas con otra visión, una que logre apreciar los elementos pequeños que a veces pasan desapercibidos. Después de todo esto, habré quemado mis pasiones. Ese es el premio a tanto esfuerzo y tanto sacrificio. Porque después de todo, cuando se está solo, no hay peor enemigo que uno mismo y las cosas que nuestra mente llega a susurrarnos en tramos de desesperación. De esa manera, ese día en que pueda volver a ser parte de la humanidad, habré saldado la deuda que concebí hace tanto tiempo con mi propio ego. Hasta entonces continuaré recorriendo esta morada.


-Batallando andoUna vida en la que no se luche sería quizás la cosa más irónica que pudiese llegar a encontrarse. La existencia en sí, es y será por siempre una batalla sin cuartel en la que tarde o temprano algo se ganará o se perderá. Así, en nuestra realidad cotidiana, combatiremos por nuestros sueños, por nuestros ideales, por nuestros seres queridos, por lo que creemos correcto, por amor o incluso por odio. Siempre viéndonos enfrentados a diferentes enemigos que tratarán, al igual que nosotros, de luchar. Seremos guerreros que con valor librarán arduos enfrentamientos con el fin de conseguir la victoria de la felicidad, aun sabiendo que esta existencia no es cosa fácil y que si de verdad se quiere una recompensa se debe saber llegar hasta ella. Al conocer lo difícil que realmente es luchar por la realización de nuestros ideales y querencias, muchos comienzan a flaquear por miedo a la derrota. Es ahí cuando, en vez de continuar, optan por el conformismo y la mediocridad. Esto ocurre porque el ser humano (debido a su naturaleza) se refugia en lo seguro y estable, siendo cualquier cambio de entorno un peligro que la mayoría prefiere evitar. Sin embargo, a pesar de todas las cosas en contra que se puedan llegar a presentar, siempre aparecerán quienes se percaten de que sin sacrificio no se puede obtener absolutamente nada. Ya sea éste grande o pequeño, tendrá un resultado en nuestro destino. Por eso es que todavía existen personas capaces de lograr sus sueños, porque se aferran a estos con fortaleza y se van en contra del mundo entero si es necesario con tal de realizarlos. No se dejan vencer ni a la primera ni a la última y simplemente continúan hasta el fin para así tener una vida con la que se sientan satisfechos. La lucha quizás nunca termine, pero eso no importa tanto cuando la medalla al guerrero vale la pena.


-Café con lecheIba por una calle poco transitada, de esas que siempre terminarán en un mismo punto: el centro de la ciudad. La vida parecía una densa niebla que no disipaba a pesar de mis esfuerzos constantes por complacer a los que me rodeaban. Yo en ella, no era sino un solitario becerro que tanteaba a ciegas para lograr encontrar algo. Me había pasado ya un año entero intentando levantar cabeza, luego del viaje a la isla, del viaje a otros países, de volver a mi ciudad querida, de encontrarme con mi amada y haber vivido un idilio que nunca empezó; yo me encontraba nuevamente como de costumbre: sin un mecate de dónde agarrarme para sostenerme. La gente iba y venía pasándome por el lado sin detenerse a mirarme. Las mujeres agarrando bien su cartera pendientes de cualquier amenaza que estuviese a merced, los hombres caminando más rápidamente: el tiempo es oro si en tu casa comerán gracias a tu sudor. Yo allí, sintiéndome desconocido hasta de mí mismo, viéndome desde otros puntos como a un vagabundo que no tiene ni norte a donde dirigirse, ni sur de donde provenir. Agüero de lluvia sobre mi cabeza y un calor que pareciera tener vida propia. Perros callejeros; carros de muchos colores, de diferentes años de creación, de infinidad de modelos; árboles que no alcanzan a perecer imponentes debido a su juventud, una que también comparte la ciudad entera; tierra seca debajo de mis pies y estructuras de sementó a mi alrededor. Todo rodeándome mientras continúo caminando como aquel que solo lo hace por simple impulso. Un choque repentino entre un carrito pequeño y una camioneta grande hace que todo el mundo preste atención a la escena. Sin reparar si quiera en mi falta de curiosidad, sigo adelante como si todo aquello no fuese más que un evento pasajero. Adelante en mi camino y del otro lado de la avenida, volteo sin razón aparente justo para ver como un muchacho que usa una gorra plana y anda en una moto se para junto a una joven que hablaba por celular. Le muestra un arma, ella se asusta pero él la calla, le dice unas cuantas cosas y ésta finalmente le entrega el aparato. Él arranca en su trasporte y ella se queda allí sin moverse, sin creerse aun lo que le ha pasado. Yo no siento nada ante aquello tampoco y empiezo a creer que incluso mi humanidad se ha perdido. Ya no soy más un terrestre como los otros, ya no me inmuto ante las bienaventuranzas o las desdichas comunes. Simplemente me mantengo andando entre mi laberinto, aquel que creé entre silencios o habladurías que nunca debieron ocurrir.


Llego a un café que está entre una zapatería y un puesto de loterías. En él hay mesitas redondas con manteles que en algún momento fueron blancos y que hoy en día se muestran con contrastes de manchas producidas por el tiempo. Me siento en una de ellas cas sin pensarlo, como otro impulso mecánico como el que me llevo desde mi casa hasta aquel lugar. Entonces, cuando me acomodo en la silla de madera amueblada, llamo al mesonero y le pido un café con leche. El empleado no trae lo que le pedí rápidamente y empiezo a impacientarme. Lo último se cuela en mi cabeza hasta que me fijo en que la impaciencia solo afecta aquel que tiene algo más que hacer, yo no tengo nada ni siquiera en que creer, por eso no debería afectarme dicho factor. Lo siguiente pasa en una fracción de segundo, tal y como pasa con aquellos instantes que realmente te cambian el año o hasta la vida. El muchacho que he visto hace rato en la moto robando a la joven, entra al sitio con dos tipos más a sus espaldas. Tienen caras de hambre, aquellas a las que hay que temerles porque están en el punto incierto del desespero. Los tres con el mismo tipo de gorra plana, con jeans ajustados hasta el punto en que pareciera que se les podría cortar la circulación de la sangre por su efecto, botas de jugador de básquet… El prototipo al que no te le quieres acercar, al que siempre juzgas en la calle sin conocer o dirigir si quiera una palabra. El primero (que reconozco como el macho alfa de aquella pequeña manada) se abre paso entre la poca gente que hay en el lugar hasta llegar la caja registradora donde atiende un viejito portugués dueño del establecimiento. Otro se queda en el lumbral de la puerta y deduzco que es por si alguien intenta escapar invadido por el miedo. El tercero se queda a mitad del local y es éste el que finalmente habla mientras se saca una pistola calibre nueve del espacio entre el jean y el abdomen: -Bueno señoras y señores, quieto todo el mundo porque esto es un asalto. Esas palabras se cristalizan en mi interior. Por fin despierto del trance voluntario en el que la depresión me había adentrado. Me posiciono en la escena con más atención: primeramente una mujer grita, un hombre se pone pálido sin dejar de mirar el arma que lleva el que acaba de hablar, un pequeño niño no entiende la gravedad de lo que ocurre y continua con su berrinche mientras su madre no sabe cómo callarlo, todos miran aterrados y nadie dice nada. El muchacho, que ahora noto no pasará de unos 25 años, comienza a pasar mesa por mesa recogiendo los objetos de valor que posean las personas. Uno por uno vacía carteras, quita


celulares, arranca cadenas o pide que se quiten anillos. Cuando llega a mi puesto miro detenidamente la cara del extraño. No reconozco rasgos humanos en él, así como esa misma mañana he aceptado mi propio abandono hacia la raza. Es una quimera la que me observa fijamente, con ojos amarillos y una raya en la ceja izquierda hecha seguramente con una hojilla. Me presiona diciéndome: “muévelo catire, muévelo que si no te caigo a plomo”. Yo saco mi cartera y ofrezco lo único que tengo: algunos billetes arrugados. El dinero ya parece menos importante en aquel momento. No porque mi vida posea mayor valor, sino por su naturaleza: desde el principio hasta el fin, no deja de ser papel únicamente. El ladrón continúa quitándoles las cosas a las demás personas sin volver a prestarme atención a mí. Pero algo nuevo pasa en ese momento. El otro muchacho que quita el dinero de la caja registradora al dueño del café, apunta a este con su arma y desliza el seguro alistándola para disparar en cualquier momento. Mi mente no funciona correctamente, solo se escapa de mi interior un impulso, uno que parece estar lleno de demencia. Muy rápidamente me levanto y voy hasta el mostrador corriendo. En un pestañeo me encuentro entre aquel hombre tan bien armado y el viejito portugués. El ladrón gruñe unas palabras pareciendo enojado pero yo no le logro entender. Mis ideas se nublan, escucho gritos a mi alrededor, los otros dos ladrones empiezan a gritar también intentando mantener el dominio al mismo tiempo que no saben qué hacer ante lo que sucede, yo forcejeo con aquel hombre intentando quitarle el arma. Entonces, entre movimientos bruscos de ambas partes por obtener el control, es que me doy cuenta de que aquel individuo es más que un simple desconocido. Éste representa mi destino, es el resultado de todo aquello que mostró mi realidad durante años: miedo. Quizás ante esta verdad es que mis fuerzas parecen volverse infranqueables y finalmente siento que gano la lucha con un movimiento que logra darme casi todo el control del aparato. Sin embargo, no cuento con la astucia de mi enemigo; éste en un último intento desesperado logra accionar el gatillo y en la resonancia de aquel pequeño café se escucha un tiro seco que enfría la sangre de todos los presentes. Segundos más tarde un cuerpo cae, abro los ojos y me doy cuenta de que he salido victorioso al ver que el ladrón se ha desplomado en el suelo con una herida de bala que empieza a emanar sangre. Lastimosamente, en ocasiones extrañas en las que uno piensa tener la gloria asegurada, el destino y sus mañas nos bajan de un solo golpe. Ahora que lo digo me doy cuenta de lo triste de tal afirmación. En aquel momento en el que ha caído


el cuerpo de mi némesis, no se oyen gritos de júbilo o festejo ante la victoria. Solo suena un segundo disparo, uno que me impacta directamente en el pecho causándome un dolor inmenso cuya extensión no puedo llegar a describir con exactitud. Levanto la mirada y ahora el que me apunta es uno de los otros dos maleantes con los ojos llenos de cólera. Si con el primero de ellos había enfrentado a mis miedos, con el segundo descubría mi destino inmutable. Caigo al suelo sin siquiera una pequeña porción de fuerzas con las cuales quedarme en pie. Pestañeo, vuelvo a pestañear y la luz se va acabando. Todo da vueltas a mí alrededor aunque sepa que en realidad las cosas están inmóviles en el lugar. Finalmente cierro los ojos una última vez y al final lo único que veo es un anuncio que dice: “café con leche…” *** Para el momento en el que abro nuevamente los ojos, todo mi contexto ha cambiado. Estoy parado en un cuarto de hospital con luces opacas que parecen de mentira. Al frente de mi hay una cama y, como es común, con un hospitalizado postrado en ella. Tiene sueros inyectados y algunos aparatos que monitorean la condición de su cuerpo. No me inquieto, no me sorprendo; simplemente nada pasa por mi mente cuando veo que el paciente soy yo mismo. Más pálido que la cal, tan indefenso ante el mundo como un bebé que acaba de llegar a este. -No es tan grave como puede parecer. Volteo buscando la fuente de la voz que acaba de hablarme. Al igual que mi actitud previa al presenciar mi propio cuerpo desde otro punto y aceptando que probablemente yo ya sea un fantasma o algo parecido, tampoco me inmuto al ver aquel individuo que me mira fijamente esperando por lo que haré a continuación. Es cuando le miro la cara al enigmático y misterioso ángel de la muerte. En ese momento entiendo por esa experiencia, que no es aquel Ser una representación calaverita y demoniaca como todos dicen, la realidad es que éste tiene una figura determinada según la persona a la que visita. Siendo así, mi muerte soy yo mismo pero en una edad anciana: con canas, arrugas, ojos cansados de tantas noches, venas pronunciadas e incluso un bastón en una mano. Está sentado en una silla y junto a una mesita con una tasa en el centro y otra silla al lado, habla una vez más con aquella voz áspera de antes para decime:


-Al final es el sacrificio el que cuenta. En un mundo nublado, lleno de cosas que ni siquiera se entienden, colmado de confusión y dilemas, ustedes terminan cediendo a sus instintos sin ni siquiera pensarlo. Fueron y serán salvados gracias a ellos. Siéntate junto a mí, conversemos y termina tu café con leche antes de que vuelvas con los mortales…


Para Arellano, por leerlo primero.

-Campeón-I parteEl sobrecito se parece a uno de esos que traen té o jugos en polvo. Es de color amarillo y en el centro tiene el dibujo de una rata que se está comiendo un pedazo de queso. Arriba de la rata hay una franja roja con letras grandes y blancas que dicen “Campeón” y debajo unas negras que dicen “manténgase fuera del alcance de niños”. El contenido del sobrecito es veneno puro, del que mata en minutos y que es utilizado para erradicar las plagas de roedores de las casas. Carmen mira ese sobre que tiene en las manos, que no es para nada grande pero que es capaz de matar a un caballo. Las manos le tiemblan un poco y muchas cosas pasan por su mente. ¿Cómo ha llegado ella hasta aquel predicamento? Ya no puede recordarlo. Solo sabe que está en la cocina de su casa y que a su lado está César, su amante. Por fin pone el sobre en la mesa. Lo hace con extremo cuidado, como si se tratase de una bomba que podría explotar en cualquier momento. César solo la mira expectante y sin expresión alguna en el rostro. Después de que ella se tapa los ojos con las manos en señal de inseguridad por todo aquello, él por fin pregunta: -¿Cuánto es suficiente para que no tarde mucho en hacer efecto. -No se… como dos o tres cucharaditas azucareras supongo- responde ella sin dejar de taparse los ojos. -Todo saldrá bien… ya lo veras. Esto es necesario para que nosotros podamos ser felices- dice él tomándola del hombro para darle apoyo. -No lo sé amor. Siento muchas dudas acerca de esto. El corazón pareciera que se me quisiera salir por la boca. -Tranquila. Todo pasará rápido y después del papeleo con el seguro ya nunca te faltará nada por el resto de la vida. -Para ti es facilísimo decirlo: no lo veras caer o retorcerse por el efecto de esta cosa- responde ella irritada mientras señala el sobre en la mesa. -Quédate tranquila. Solo apégate al plan. Nadie sospechará nada, todo el mundo pensará que fue un infarto lo que le dio. Confía en mí.


-Solo espero que todo salga bien… tiene que ser así- responde Carmen y su mirada se centra en la rata del sobre. Así se siente ella, como una rata miserable. *** Ya ha caído la noche. En cualquier momento llegará el marido del trabajo y ella, como todos los días, le tiene la cena lista en la mesa. La única diferencia en todo aquello es que el café con leche de esa noche poseerá un ingrediente de más. Abre el sobre utilizando guantes de látex y con una cuchara pequeñita saca tres porciones del polvo grisáceo que vierte y revuelve en la bebida. Luego se quita los guantes y los mete en una bolsa junto con el resto del veneno. Le echa dos cucharadas de azúcar más al café con leche y éste parece uno completamente normal. Lo lleva a la mesa y lo pone junto a la comida que está en el plato. Todo está como de costumbre. -¿No falta nada? No, todo está completo- se pregunta y responde a sí misma. El corazón se acelera como nunca en su vida cuando escucha el sonido de la puerta abriéndose y luego cerrándose. Ha llegado su marido y Carmen siente como la adrenalina corre por sus venas cuando este por fin llega al comedor. -II parteAlgo malo pasa. Su marido se tambalea al caminar, tal y como lo hace cuando llega borracho. Lleva algo en la mano que Carmen no logra ver a al principio pero que, una vez observa con claridad, convierte toda esa adrenalina que antes la poseía en miedo. Así el terror más puro la invade cuando ve el revolver balanceándose al compás del brazo. Ella entiende todo, de alguna manera él ha descubierto sus planes. Pero al llegar hasta cierta distancia éste se detiene y se la queda mirando, no dice ni hace nada más, solo la mira con tristeza. Entonces el sentido común de Carmen se acciona en su interior, debe hacer algo rápido. La primera idea es correr y la segunda hablarle. Opta por la segunda, parece ser más prudente. -Amor, ¿Qué pasa? ¿Qué haces con esa cosa en la mano? -Amor… así también le decías a ese bastardo con el que me engañabas. Ya al parecer no te queda ni vergüenza.


-¿De qué hablas? No entiendo nada…- responde ella intentando que sus palabras suenen reales. -¡Cállate! No intentes seguir viéndome la cara de idiota- le grita el marido lleno de cólera. Levanta el revólver y apunta directamente hacia el pecho de Carmen. Pero en ella ha cambiado algo, por fin después de tanto tiempo se siente grande y fuerte. Ella cierra los ojos y piensa en César. No habrá sido la primera mujer en engañar a su marido con otro hombre, tampoco sería la última. Aunque no había logrado ser feliz, recibiría la muerte con los brazos abiertos. El tiro se escuchó por todo el barrio pero nadie salió de su casa a ver qué había pasado, Carmen cae al piso muriendo al instante mientras la sangre empieza a emanar de la herida producida por la bala. El marido se queda mirando el cuerpo de la mujer a la que había amada. Había sido una llamada anónima la que por primera vez le dijese que su esposa le estaba siendo infiel. Él mismo habría puesto días después cámaras en el jardín de la casa, para descubrir así como llegaba ese hombre y besaba a su esposa cuando él se iba a trabajar. Pero el destino suele ser irónico y una hora después ya ambos cuerpos (marido y mujer) se encuentran sin vida en el piso, el de Carmen con un charco de sangre alrededor y el de su esposo con una taza rota al lado y café con leche regado a su alrededor. Al final ninguno ha logrado ser Campeón en aquella tragedia.


-Canción de mayoLa cosa comienza con una luz que se aproxima. No, la luz ya no parece acercarse, sino que es el bichito pequeñito el que se aproxima a ella. Cuando sale ni siquiera puede abrir los ojos, solo llora y llora o se queda quieto sin hacer nada. Cada partícula de su integridad es minúscula, delicada, débil e indefensa ante cualquier elemento extraño que quiera afectarle. Es bastante raro como funciona todo, pero desde un comienzo nos encontramos inseguros y desamparados acerca de dónde nos encontramos y ante la duda de que será lo que ocurrirá a continuación. Aún después de esperar un largo periodo de tiempo entre la oscuridad, la angustia no termina sino que apenas comienza. Un comienzo de angustia que en realidad es eterno y que permanecerá muy en el fondo de nuestra conciencia, clavado por el resto de nuestros días con vida. Pasan los años y comenzamos a entender algunas cosas. Donde estamos y quienes somos parecen preguntas simples de contestar al principio en la mayoría de los casos. Aun así, en otros tales incógnitas nunca llegan a ser saciadas completamente y es como si el individuo se sintiese inseguro incluso de estar vivo. Creo que nadie puede llegar a definir con plena y total exactitud la palabra Vida. Éste es un término ligado a lo amplio y extenso que va más allá del infinito. Sin embargo los hombres tratamos de darle una descripción exacta porque lo inconcluso termina por convertirse en miedo. El villano en toda la historia tiende a cambiar según la persona, éste siempre está presente y hasta el final persigue a su víctima intentando atraparla. Mi villano soy yo mismo, el único que realmente puede romper con el continuar de lo que hasta ahora desempeño. Aparte del malo de la película, existen otros detalles que van volviéndose parte del desarrollo de las personas. Todos estamos esperando algo, siempre a la expectativa de que llegue lo más pronto posible y sin reparar en que gracias a ese anhelo es que en nuestros días se adquiere esperanza que, a la vez, produce ganas de seguir existiendo. Puede ser la llegada de un acontecimiento que nos marque de alguna manera, la ilusión de encontrar el verdadero amor o de continuar cada momento al lado de la persona amada, algo pequeño y pasajero, algo grande y trascendental. Esperar incluso poder mirar un atardecer mientras saboreamos un chocolate caliente nos inspira a mantenernos en este mundo. Una vez más me confieso y en mi mente lo único que espero es poder seguir sintiendo aventuras junto a la gente a la que quiero. Vivir en sí mismo es una odisea eterna,


compleja y siempre cambiante. La lucha es el último elemento que continuará siendo parte constante en nuestros aconteceres. Porque siempre intentaremos lograr algo, alcanzar algún trofeo reluciente desde un pedestal. Descubrir (después de mucho combatir y de vivir cosas increíbles) si ha valido la pena todo, es algo tan propio del Ser como su esencia, la forma de su firma o como ya dije, su villano propio. Con esta canción incoherente creo haber dado mi opinión acerca de que el camino inicia y concluye siempre atado a otras cosas. Puedo seguir el molde de lo establecido desde siempre, o puedo intentar hacer las cosas un poco más divertidas durante el tiempo en el que aún somos tú y yo parte de los que caminan por las calles.


-Carta a la viejaFuiste y serás eternamente una mártir, así naciste y esa será por siempre tu naturaleza. Perteneces a esa categoría de seres capaces de entregar cada soplo de juventud que habite en su propio cuerpo, cada partícula de energía en sus acciones hasta llegar al cansancio rotundo, cada desvelo que termine por agotar su salud; en fin, de esos que llegan a dar su propia vida en correspondencia al bienestar de sus pollitos. Como tú no quedan varias. Lo digo intentando ser amplio aunque no lo parezca, en realidad en el fondo reconozco que como tú solo podría haber una sola. Las “gracias” se vuelven opacas ante tu gracia, las acciones que traten de recompensar tus acciones quedan vacías ante tanta grandeza, ante tal derroche de virtud. Intentas constantemente disimular tu propia majestuosidad y entrega que no espera nada a cambio, cosa que te será eternamente imposible de llevar a cabo. Esto debido a que el sol no se puede tapar con un dedo y tú no eres nada menos que un sol. Uno que desde su interior me ha brindado calor y luz, siendo ambas cosas elementos que contienen muchísimos elementos más. Aún en la distancia no me sentiría jamás solo, tu presencia me acompañaría a cada rato, tú nunca has dejado de ser mi ángel de la guarda. Para el tamaño de tu corazón no alcanza en ocasiones tu pecho. Así como para el tamaño de tu espíritu no alcanzará el cielo y por eso es que ya han construido uno entero para ti solita, para cuando tengas que abandonar este mundo. Lo pienso y lo creo: eres la causa de que yo sea lo que soy. En tus manos están los más bellos paisajes y en tus ojos la nobleza de los que han luchado y han vencido. Eres el amor que se convierte en fuerza motriz y que logra que yo pueda moverme. No miento ni trato de dar un mensaje superficial, solo intento traspasar a palabras y oraciones lo que siente mi corazón querida vieja. Tus acciones hablan por sí solas y demuestran que vas más allá de lo normalmente sublime, de lo normalmente bueno. Porque es tu Ser el mayor ejemplo de lo que la voluntad humana puede lograr. Vuelvo y repito para enfatizarlo: no exagero aunque quizás muchos individuos no entiendan mi caso en particular. No eres perfecta y lo acepto, pero ¿para qué deberías serlo? Si tú con tus defectos eres la muestra ideal del modelo a seguir. Estoy agradecido por esa imperfección, por tu entrega, por tus consejos y tus arepitas, porque todas esas cosas me hicieron crecer. Toda Tú me impulsó hacia arriba. Esta vida y las curiosas formas en las que se dan las situaciones en ella, hicieron que aquel día mi atención se fijara en ese anuncio mientras iba en el autobús. El


mensaje que leería en él haría que mis ojos se aguaran y que mi conciencia retomara todos aquellos momentos en los que fuiste todo lo ya descrito en estas líneas. Lo que rezaba fue capaz de dejar mi corazón chiquito: “Eres mi héroe mamá”. Tan corta, simple y hermosa al mismo tiempo, esa frasecita contenía todo lo que ya dije y mucho más. Vieja eres mi héroe y eso no lo cambiará nadie. De ti salí después de un largo rato, hoy en día escribo esto para lograr que sepas cuanto te amo. Post: aunque se opaque, yo seré obstinado y lo diré: ¡GRACIAS!


-Carta a María Natalia10 de julio de 2012. Me presento a mí mismo como el personaje principal de la historia. No siempre protagonista como en las novelas románticas, sino también antagónico cuando se daban las circunstancias. Entonces esta tinta, el papel, el esfuerzo al escribir y el tiempo empleado para tal acto, son para expresarte verdades que quizás nunca te mencioné y que hoy (ante mi propia desesperación) se fugan de mi corazón buscando la libertad, una que solo tu conciencia les puede dar. No sé porque digo todo esto en realidad, quizás es un método desesperado por llamar tu atención, para intentar lograr con un grito que voltees una vez más hacia mí y poder por lo menos mirarte a los ojos. Me encuentro en este momento en cierta lejanía bastante cercana. No, aun no estoy loco, se trata de que esté cerca de ti pero no de tu corazón. Quizás toda ilusión se pudo haber roto por efecto de alguna excusa patética como “era lo mejor para ambos”. De esas ya me he hartado y no pienso ni siquiera continuar pensándolas. Debo buscar la verdadera causa de lo ocurrido pero para eso debería irme hasta la fuente, debería descifrar nuestro tiempo y nuestro espacio, aquel que empezamos a construir juntos desde esa mañana en la que te conocí. Estabas tan linda, con tus cualidades que nunca fueron perfectas pero que lanzaban a mi mundo pinceladas de color que renovaban mis esperanzas hacia el universo del amor. Pero ahora que lo pienso, esa verdad debe permanecer oculta entre las sombras. Solo así lo bonito de todo aquello no se perderá y podremos continuar evocando recuerdos perdidos que ninguno de los dos va a poder olvidar. Porque eso, el olvido, jamás será dado por ambas partes. Tú ya bastante me lo has dicho y yo bastante lo he escuchado desde la oscuridad. Por un momento María de mis querencias, dudaste de mi amor hacia ti. Dijiste cosas que sé que no son verdad, pero que yo merecía escuchar por mis actos también indebidos. Me llamaste cobarde y no dudo que realmente lo haya sido. Pero no juzgo nada de ti, así somos los humanos: nacemos, crecemos, encontramos el amor, somos felices con la otra persona, sufrimos por todo aquello, no morimos al fin y al cabo a pesar del dolor, finalmente continuamos… Yo quise realmente cambiar el orden establecido de esos acontecimientos y me enoja el hecho de que, al contrario, los seguí al píe de la letra. ¿Cuántos días hubiese


esperado al margen de tu ventana? Todo con el fin de mirarte pasar en tu salida despreocupada, en tu abismo despavorido en donde yo era solo un bichito chiquito que, a pesar de esfuerzos desmedidos, nunca pareció crecer ante tu vista. Al final somos capaces de comprender las cosas por el dolor que una situación nos propone. A veces no entiendo realmente que pasó con esta historia de amor. Es con tal interrogante (cuando las lágrimas comienzan a caer) que surge en mi cabeza un nuevo presagio: esa historia quizás jamás existió. Nunca fue más que un espejismo producido por mi sed hacia ti. Me deprimo ante tales pensamientos porque sé que tal afirmación es la más cercana a la verdad en el mar que forman mis conjeturas. Logro darme cuenta de que no me dejaste solo, porque en realidad yo nunca estuve completamente acompañado por ti. En tal caso y aceptando con tortura que mis inquietudes terminen por ser verídicas, te pido de ante mano disculpas por las molestias. Entiende que éste simple mortal llegó a creerse la ilusión de que lo llegarías a querer. ¿De qué manera podría yo someterme a un martirio más por parte de este destino? Eso sí es algo simple: evocando en alguna noche minada de estrellas brillantes tu recuerdo congelado en mi álbum de fotografías. De esa manera te vería estando a mi lado e intentaría creerme una vez más la mentira más grande del mundo, aquella que reza que en algún momento realmente me amaste como yo a ti. Esa noche carecería de luna porque yo mismo hice un trato con ella cuando estaba borracho para que te acompañara y alumbrara tus madrugadas más oscuras. Mientras tanto continuaré buscando un artilugio para lograr retroceder el tiempo. Entendiendo claro que, de encontrarlo, no valdría la pena hacerlo. Solo quedaría entonces tener tranquilidad en los días venideros con lo que ellos traigan, serle fiel a los impulsos de la razón y finalmente obviar de una vez por todas los del corazón. Te pediré en este asunto que tengas paciencia. Ni siquiera yo mismo creo saber lo que estoy haciendo, solamente pasa que no puedo sufrir más. No si lo que deseo es mi propio bien y el tuyo a la vez. Cada día te reviviré, cada instante te hablaré al oído sin que me importe si éstas dispuesta a escucharme o no. Por ahora solo me despediré, sin otra cosa que decir, te doy una vez más gracias por haberme permitido conocerte.


-Casita de barroDesde mi niñez había escuchado como mi papá decía siempre la misma frasecita corta que yo nunca podía entender: “Andar no es lo mismo que caminar”. En aquellos días escuchaba constantemente a mis padres discutir acerca de las desventuras que azotaban nuestra familia y del hecho de que ya habíamos dejado de vivir para empezar a sobrevivir. Nunca olvidaré como mi hermano intentaba constantemente calmar los ánimos de la pareja suministrándole a cada uno por separado palabras de aliento que buscaban renovar sus esperanzas hacia el futuro. El verdadero problema era mi papá y la infinidad de negocios millonarios que inventaba de la nada y que siempre tenían como resultado el completo fracaso. Ante tales actos descarriados mi madre tuvo un amor casi inagotable y una paciencia lo suficientemente duradera como para que el matrimonio llegase a cumplir los veinte años. Unos que el día del aniversario, pasaron sin pena ni gloria como si no se estuviese celebrando nada. Fue una mañana de marzo cuando mi mamá despertó, miro al techo del cuarto y se desbocó en su interior cierta fuerza sobrenatural. Aquella fuerza que le da a un valiente el impulso necesario para seguir sus sueños, aquella que muchos anhelan tener porque aceptan que el miedo los contrala. Giró la cabeza en el acomodo de su cama y vio al hombre que estaba acostado a su lado, aquel al que le había dado todo y del que no recibió (mediante actos palpables) la respuesta de esa entrega. Quizás pensó en nosotros, sus hijos, al tomar la decisión de lo que haría. Este pensamiento, sin embargo, no la detuvo en ningún momento porque no le dio más vueltas al asunto. Ni siquiera realizó el acto levantarse a tomar el café mañanero, esencial para comenzar el día con buen pie. Solo esperó a que mi papá se levantara y allí, los dos acostados viéndose las caras, ella por fin dijo: -Me cansé, esto se acaba hoy. Ya no te amo. Él no entendió a la primera, ni a la segunda, ni a las infinitas veces que ella le explico lo mismo: que estaba cansada, que no quería continuar así, que era lo mejor. Solo sintió un dolor inmenso en las profundidades de su ser. Ese dolor que sentimos los hombres en el momento en que una mujer nos corta las alas cuando creemos sobrevolar el cielo. Sin embargo, tomó el camino que por lo menos le trajese tranquilidad a ella, no el de entender sino el de aceptar. Fue quizás por esa aceptación que mi padre no duró ni un mes más en la casa ya que, de no hacerlo,


habría enloquecido. Se fue a una tierra lejana que cualquiera de los que habíamos en la casa desconocíamos. Debo agregar que no lo hizo por abandono a nosotros sus hijos y no lo digo por querer defender sus actos ya que se no fueron los mejores desde un principio. Lleno de pena y desespero perdió la fe por aquellas lejanas llanuras en las que intentaba luchar en contra de la locura que propone la soledad. Así, después de cierto tiempo, nos llegó la noticia mediante una llamada telefónica de la policía de esa región: un hombre había perdido la vida en un accidente automovilístico. Papá murió no por un impacto entre vehículos, sino por la forma peculiar que posee el destino de desenvolverse. *** -Tú te preguntaras que porque puedo contar esto tan fríamente, como si el recordar tales eventos no me causaran un mínimo dolor- le dijo Gustavo Centeno a su prometida. -La verdad no quisiera incomodarte así que no tienes que darme explicaciones de ningún tipo. -Sí, me sigue dando muchísimo dolor recordar todo eso. Pero ya han pasado los años y me siento capaz de contar la historia- respondió Gustavo haciendo caso omiso a la respuesta de su amada– Tiempo después de la noticia, del velorio y el entierro de mi viejo, logramos ir a la ciudad en donde había vivido luego de irse de nuestra casa. Debíamos buscar sus cosas y hacer cierto papeleo necesario, ya sabes todo lo competente ante algo así. Fueron entre sus cosas en las que encontramos un sobrecito amarillento al lado de un diario viejo y gastado que contenía lo vivido por papá desde que se había ido de la casa. Fue en el sobre en donde encontramos la verdadera herencia que nos dejó, que consistía en un papel rasgado que tenía escrito un parrafito que rezaba lo siguiente: “Andar no es lo mismo que caminar. El primer acto consiste en vagar sin sentido aparente y sin una causa que nos impulse, mientras que el segundo posee una razón, una dirección y una meta. Yo anduve siempre, pero nunca caminé. Caminen hijos míos, háganlo hasta que se les consuma la suela de sus zapatos. Háganlo hasta que traigan felicidad a sus seres queridos. Que mi ejemplo sea su ejemplo pero acerca de lo que no se debe hacer”.


Gustavo nunca lloró durante el relato, mientras que su prometida, sin poder evitarlo, dejó caer lágrimas de tristeza. El legado de un padre podría no ser algo fácil de precisar, sin embargo, éste se mantendrá vigente en sus descendientes por siempre.


-Conclusiones y otros comentariosDespués de muchísimas lunas, se encontraban otra vez los tres amigos conversando. Tomaban café y comentaban conclusiones acerca de sus viajes. Este mundo ya les parecía pequeño luego de todo lo visto y esa región en la que habían crecido ya no era más extraña. Será que es cierto aquello de que cuando te vas de tu tierra y regresas, te sientes más cercano a ella que nunca. Así el primero comenzó: -No crean que soy un mártir de los eventos que me han pasado. Al final y después de todo lo vivido, de cada paso y cada respiro, solo importará el universo que nos hemos creado. Las estrellas de éste serían nuestros sueños, aquellos que formen en conjunto una constelación. Nosotros en esta pasaríamos a ser Apolo. Veo así lo que me rodea, soy más normal que esta bebida que nos estamos tomando o que el arroz que mañana nos comeremos en el almuerzo. Los paisajes por lo menos poseen belleza aunque nos terminemos acostumbrando a ella. Nosotros los humanos vivimos con miedos a lo que viene y miradas a lo que ya se fue, mientras que la esperanza sigue vigente en diferentes dosis según el individuo. Sentimos cada tacto de la vida por lo que queremos y lo que deseamos, por todo aquello que el espíritu nos grite o susurre, por esto o lo otro. Luego de aceptar esa realidad, ¿Qué importancia podrían tener entonces las caídas o los sacrificios? En muchas personas quizás la suficiente como para no continuar adelante. En nosotros que hemos visto por lo menos el primer vestigio de la gloria de soñar, ninguna. Llegué a ser ladrón y policía. A pesar de eso, véanme otra vez junto a ustedes. Los otros no dijeron nada cuando el primero calló. Continuaron tomando de su taza y luego de un rato, el segundo también opinó: -Pienso que determinadas cosas, solo algunas entre el conjunto de todas, se cristalizan en aquel sector de la memoria al cual queremos tener acceso. Yo quisiera tenerlo a toda mi conciencia; de esa manera podría sentir nuevamente todo aquello que ya no me pertenece, aquello que ya olvidé y todo eso que se fue entre mediodías y atardeceres fugases. A veces me lleno de ilusión y trato de revivir de alguna forma los momentos pasados. No lo logro, es imposible traer a la vida los instantes que nos quitaron el aliento, ellos ya huyeron. Es ahora cuando me percato de la realidad de que soy cada nube que pase por arriba y cada partícula de tierra que haya por abajo. Me doy cuenta que lo que importa


realmente es este segundo en el que aún respiramos. No quisiera que esto cambiase nunca, aunque como ya dije, a veces me aferre al pasado. Continuo siempre caminando, ¿Qué destino trágico podría perseguirme si ya mis días se han quedado sin ilusiones? Estoy seguro que muy pocos. Fui piloto de avión y minero. A pesar de eso, véanme otra vez junto a ustedes. Los tres volvieron a quedarse callados. Luego de un rato y de la misma manera en la que lo hicieron los otros dos, el tercero comenzó a hablar: -Si cada persona que pasó a mi lado me hubiese contado una historia, yo podría decir que conozco muy pocas historias. La soledad hace parte de mis delirios, por eso estos son tan constantes. Siempre me pregunté: ¿De qué serviría buscar compañía en un mundo ya caducado? Ahora ya sé que realmente sirve de mucho cuando la soledad te traspasa el pecho y te llena de frío el corazón. A veces pienso que solo soy un ángel frustrado, uno que intento tener alas para volar y ser libre pero que se quedó a medio camino por no creer con el corazón si no con la cabeza. ¿Les parezco pesimista? Yo mismo me siento así. Sé que me veo patético ante cualquier cámara fotográfica. Pónganse en mi lugar y se darán cuenta que las batallas terminan cansando a cualquiera, que los maratones te tumban y que tanto nadar sin encontrar orilla tarde o temprano fractura tus ilusiones y rompe tu impulso. Caminamos en la oscuridad porque quizás estamos ciegos. Somos lo que somos y así podemos pasar muchos años. Esto es así hasta que una mañana despertamos sintiéndonos diferentes. Quizás la locura sea otro de esos elementos moldeables con los que nos encontramos. Todo el mundo está loco y simplemente cada quien abraza esa demencia de forma diferente. Por mi parte solo deliro y creo incluso agonizar. Todo porque desde hace tiempo que no poseo un norte al cual dirigirme, solo deambulo en círculos mientras el tiempo se agota y mi muerte se acerca. Intenté ser ángel pero termine en el purgatorio. A pesar de eso, véanme otra vez junto a ustedes. Callaron largo rato, cada uno pensando en las palabras de los otros dos y en las suyas mismas. -Mañana nos iremos otra vez- dijo el primero rompiendo el silencio. -Aprovechemos este día que estamos juntos- continúo el segundo. -Visitemos más amigos y compremos sangría- terminó el tercero.


Los tres asintieron y partieron. La vida los había llevado por caminos diferentes. Caminos que les dieron a cada uno una conclusión distinta acerca de sus aconteceres. Sin embargo, eran aún en esencia lo mismo del principio: compañeros que compartían penas y glorias. Partieron al siguiente día con un nuevo deseo: encontrarse de nuevo para volver a concluir cosas sin ningún sentido aparente.


-Confesión de una nocheMientras preparo el café me siento más parte del proletariado que nunca. Podría estar lejos de aquí, mirando cerros verdes y sintiendo lagunas frías, tomándole fotos a la lejanía, creyéndome la ilusión de que hago lo que me hace feliz. *** Así, encerrado en esta jaula, salgo en las madrugadas al balcón. Es en ese momento en donde comienzan a llegar los recuerdos. Las etapas de mi vida brotan en mi cabeza como monte y maleza. Muy adentro de mi mente viajo hacia aquellos días en los que viví como un rey. Un rey que usaba zapatos que se iban rompiendo y que pegaba con “pega loca”. *** Todos los días camino por las calles de una realidad que no me pertenece. Quizás sea de uno de los espermatozoides que no entró porque yo me entrometí. Lo que sí sé es que soy un hombre que disfruta al hacer reír a la gente. Soy un flaco común que, como todos, busca dejar una huella en el mundo. Aunque presiento que esa huella no será de tinta indeleble, algún día se borrará. ***


También presiento otra cosa: me falta mucho por vivir. Me faltan madrugadas que trasnochar y demás de sueños por realizar. Lo importante (si es que realmente existen estas cosas) es que seré lo soy. Aunque camine largos senderos, las suelas de mis zapatos no se desgastaran más. Ellos ya tienen suficiente pega, tienen suficiente de mi fe. *** Sin más en que pensar, no escribiré por hoy ninguna otra cosa. Ya es hora de actuar, de intentar hallar el país del nunca jamás… El mundo es una sinfonía. Yo solo soy un violinista que, sin partitura a la vista, busca su escala y su compas, busca su sonido propio. Un artista que da la vida por la realización de sus ideales.


Para Grecia. Por cada instante.

-Conozco tu presenteLa bruja (que de paso se llamaba Jade) miró un rato el tabaco que fumaba. Examinó cada ceniza y las formas que éstas producían, luego se dirigió a Teto para decirle: -Entonces, cuando quieres saber si lo que has hecho ha valido la pena, las respuestas comienzan a esquivarte. Piensas en el pasado y éste parece que ha sido vivido por otra persona, tú aún no has vivido nada. Los días pasan y el sol calienta más que el año pasado, o por lo menos eso también crees. Sigues con las mismas camisas desde hace dos, tres, cuatro años y los converses viejos y gastados que compraste en una liquidación. No siempre tienes comida e incluso el café de las mañanas o el arroz del medio día llegan a escasear. A veces no tienes para el pasaje y debes salir a la calle dispuesto a tener que caminar largas distancias para luego llegar a tu casa con los pies llenos de ampollas. Te desesperas, lloras y estás siempre intranquilo, todo porque sabes que lo que te ocurre constantemente es el resultado de tus propios actos, de tus errores y de tu terquedad. Luego te llenas otra vez de valentía y continuas porque quieres creer que puedes salir adelante… En fin, eres el vivo ejemplo de todo lo que las personas comunes intentan evitar diariamente. Jade se detuvo en su descripción, miró un momento al muchacho de arriba abajo y se detuvo un momento para mirarlo directamente a los ojos. Luego continúo observando el tabaco y hablando como si en ningún momento se hubiese detenido: -Aunque has tenido grandes victorias en el pasado, no puedes vivir para siempre de ellas, debes continuar. No puedes dejar tampoco de creer en ti mismo o comenzar a temer. El miedo crea dudas; las dudas traen desesperación; la desesperación hace que actuemos sin pensar; actuar así solo nos causa dolor y arrepentimiento. A propósito de tu corazón debes darte cuenta de que éste ya ha sufrido suficiente y que no debes torturarlo más. Estos son tiempos difíciles no solo para ti, el mundo entero sufre cambios y las cosas comienzan a ser diferentes. Todo será muy distinto dentro de solo 10 años pero esto es también parte de la naturaleza de las cosas. Tampoco te aflijas porque estas lejos de tu familia y amigos, ellos están bien y ya llegará el momento en que te reúnas con ellos otra vez. Sé también en que


estás pensando ahora mismo: quisieras ser otra persona, quisieras que tu vida fuese distinta pero no te das cuenta de que, en realidad, tu existencia tiene las mismas idas y venidas que la de cualquier otro ser humano. Para terminar simplemente te diré que eres lo que eres porque eso quieres ser… -Ayúdame Jade, dime: ¿Qué debo hacer? -Solo te puedo aconsejar que al salir de acá te compres una chicha con mucha canela y leche condensada y que la disfrutes al máximo. En cuanto a lo demás: tú sabes en el fondo de tu corazón lo que debes hacer para alcanzar tus sueños- La bruja terminó el tabaco y lo apago. Teto entendió la indirecta, salió del consultorio y se fue sin decir nada más. Años después recordaría dos cosas más de aquel día: la fuerte tormenta eléctrica que cayó acompañada del rayo que le dañaría su viejo televisor y lo anormalmente buena que había estado aquella chicha que se tomó. Ahora sonreía, al fin había encontrado las respuestas, al fin era feliz.


-Contando la cosa-La guerra me sorprendió de la manera menos esperada: cuando iba a la bodega a comprar huevos y harina de trigo porque mi hermana estaba antojada de comer panquecas. En aquellos días se hablaba de una constante amenaza que podía estallar en cualquier momento. Pero, como siempre, uno no le presta atención a las cosas sino hasta que estas le están pegando un golpe en la cara. Corría el año de 1958 y el presidente era nada menos y nada más que el desgraciado de Pedro Manuel Cardona. Así comenzó a contarle su historia don Joaquín Quintero al periodista que lo visitaba. El ultimo había llegado una tarde cualquiera diciendo representar a un prestigioso periódico de la capital. Su misión era conocer a fondo la vida de “El Quintero”. Un personaje activo en la guerra civil de mediados del siglo XX que no solo vivió el terror constante de la época sino que también lideró una pequeña cuadrilla de hombres que recorrió el país sobreviviendo a las situaciones adversas que se presentasen hasta llegar a cumplir su propósito: la muerte del presidente. El periodista parecía muy joven (no debía pasar de los 25 años) pero era un prodigio de la entrevista y el dialogo. Se llamaba Sebastián Guarín y a pesar de sus grandes logros en el campo a su temprana edad, esa conversación y lo que resultase de ella sería el trofeo con más brillo en su estantería personal. Toda la nación conocía el nombre de Joaquín Quintero y ya muchos habían narrado la odisea que éste había desarrollado. Pero este caso era diferente y único en la historia registrada. Se trataba de que Quintero nunca había narrado lo sucedido a nadie, todo ocurrido se conoció por boca de los que lo acompañaba, él se reusó siempre a dar explicaciones de cualquier tipo. Sin embargo, Sebastián era astuto, y logró persuadir al viejito con una afirmación contundente que no dio sitio a replicas: “Le puedo asegurar que cuando usted se muera, ningún muerto se interesará en su historia. Cuéntesela a los vivos y verá que ellos la querrán saber de principio a fin”. Así, con algo tan simple como eso, el joven conquistó la apatía de Quintero. En ese momento, éste solo se lo quedo mirando admirando su valentía y seguridad. Factores que, aún después de todo lo vivido, el continuaba anhelando tener. Luego solo le preguntó al muchacho que si a le gustaba el café y cuando el éste respondiera afirmativamente, el veterano de guerra solo dijo: “bueno chamin, tráete mañana tu libretica de anotaciones y muchas ganas de tomar café, porque vamos a hablar bastante”. Sebastián lo había logrado, finalmente podría tener la


exclusiva de su vida. Al día siguiente estaba allí, en la casita pintada por afuera de azul celeste, no con una libreta de anotaciones sino con su Smartphone en el bolsillo, con él era más que suficiente para capturar toda la entrevista de aquella leyenda que tendría al frente. Quintero había servido su café y empezó a contar su historia con un tono tan dramático que parecía de película. Sebastián solo miraba expectante mientras la magia de la imaginación empezaba a hacer efecto en su cabeza. -Mientras estaba pidiéndole las cosas al señor de la bodega, se oyó el primer disparo que yo escucharía en mi vida, seguido de un grito de dolor. La gente empezó a agitarse en la calle en la que yo estaba mientras más tiros de revolver suplantaron al primero. Se trataba de un grupo de dirigentes regionales de la oposición que andaba en el pueblo por aquellos días y que se encontraba en un bar cerca de la plaza. Sin previo aviso llegaron militares uniformados y abrieron fuego en su contra. Eso era un acto impensable en aquellos días, quizás porque una vida valía más en esos tiempos que lo que vale ahora o tal vez porque a pesar de que el hilo entre la guerra y la paz fuese tan delgado, casi nadie parecía atreverse a romperlo por el bien común. Digo “casi nadie” debido a que pocos pensaban que, días antes, el presidente había tenido una junta con sus hombres más allegados a quienes les informó su deseo por acabar de una vez por todas con los grupos opositores a su gobierno. Aquella junta me la habría contado años después un insignificante conserje que, por casualidad y contando con la suerte de no haber sido descubierto, terminó detrás de una puerta escuchando como Cardona planeaba el asesinato de centenares de grupos en su contra por todo el país. Cosa que logró en parte pues el 15 de mayo de 1958 se dio pie a lo que se llamó la operación “muerte a los opositores” ó operación “MALO” abreviadamente, la cual logró dar un golpe certero en la oposición del gobierno cardonista que hasta aquel día se había mostrado como democrático. Quizás miles de hombres y mujeres que discrepaban a las ideas herméticas del gobierno, fueron asesinados sin previo aviso ese 15 de mayo. Algunos por la espalda, otros cuando estaban dormidos tomando la siesta y muchos incluso en presencia de sus familiares. Volviendo a la fuente, aquello era una locura total. No solo se estaba demostrando una acción netamente dictatorial, sino también se abría las puertas para algo que evidentemente llegaría: la guerra. Aún hoy en día, me pregunto si quizás Cardona tuvo la suficiente claridad de ver lo que se iba a producir en el país debido a “muerte a los opositores”, o si realmente pensó que sus actos pasarían sin gran notoriedad entre el pueblo. No lo


sé realmente. Tú debes entender muchacho cuan ciegos vuelve a los hombres el poder, el simple hecho de verse sobrecargados de la gloria de mandar y que te obedezcan nos hace sentir dioses en esta tierra. - Es el principio dictatorial de Litargo- lo interrumpió Sebastián- Él decía: “dale a un hombre poder de destrucción y creerá estar por encima de los demás, dale poder de creación y se sentirá por encima de Dios. Pero dale ambas cosas y se volverá un dictador”. Yo realmente no creo mucho que tenga sentido, más sabiendo que Litargo terminó loco y encerrado en un manicomio por su propio bien. - ¿Con que has leído a Litargo? Parece que todavía hay gente dispuesta a prestarle atención a los que murieron bajo el calificativo ofensivo de locos, como si realmente todos no lo estuviéramos. Bueno si, Litargo lo explica muy bien en ese principio: casi todo el mundo sucumbe ante la avaricia de hacer lo que les da la gana sin que nadie los pare. Pero así supiera o no lo que se le iba a venir, Pedro Manuel supo mantener su actitud de terco y de psicópata empedernido hasta el final. Solamente no contaba con un único punto en todo su plan- respondió Quintero al periodista y se quedó callado mirando al suelo. Pasaron un par de minutos y al ver que el viejito continuaba sin hablar, el joven Guarín interrumpió el silencio: -Señor por favor continúe, quiero saber que pasó luego y con qué era que no contaba el presidente Carmona. El otro cerró los ojos y exhalo un gran soplo de aire. Luego lo botó acompañado de un suspiro triste y finalmente, mirando a los ojos del muchacho, dijo: - No contaba con el hecho de que mi papa estaba en esa cantina en la que irrumpió el ejército en mi pueblo; no contaba que entre la balacera producida por los de verde, una bala perdida se incrustaría directamente en su corazón; no contaba con que (a pesar de todos los esfuerzos realizados por los doctores del hospital) papá perdería la vida mientras sujetaba con fuerza la mano de su hijo mayor a quien se le habían informado lo ocurrido cuando volvía corriendo de la bodega hacia su casa; finalmente, no contaba con que allí, en ese cuartico de hospital, el hijo juraría aun tomándole la mano ensangrentada a su viejo y sujetando una bolsa con huevos y harina de trigo con la otra, que vengaría aquella maldad y no descansaría hasta hacer justicia.


Sebastián no dijo nada. La confesión le había generado un nudo en la garganta, de esos que a uno le dan cuando el dolor y la pena ajena es capaz de conmover al propio corazón. Por primera vez en varios años de entrevistar a muchísimas personas, no fue capaz de responderle nada a su interlocutor para continuar con la conversación. Sintió incluso rabia ante el hecho, ante un acto que hacía ya más de 60 años que había pasado, ante un enemigo al que solo había visto en fotografías en blanco y negro que estaban en los libros de historia. Al ver al muchacho quedarse petrificado por lo que acababa de contar y notando que este no diría nada, Quintero finalmente habló. -Creo que hemos terminado por hoy, ven mañana y continuaremos. No olvides traer ganas de tomar café y si quieres llégate también con hambre que te puedo hacer unas arepitas dulces para acompañar. -Sí, gracias. Es usted muy amable, vendré mañana a la misma hora de la tarde. Hasta luego don Joaquín- respondió Sebastián antes de levantarse y comenzar a caminar hacia la puerta de la calle. Pero antes de abrirla pensó una vez más en todo aquello, se voltio y se dirigió una vez más al don que tenía al frente- Señor, ahora entiendo por qué nunca contó a nadie su historia, entendería perfectamente si no quisiera continuar con la entrevista. El viejito Joaquín sonrió y dejó mostrar que uno de sus dientes superiores era de oro, entonces respondió: -Tranquilo muchacho que después de decirle que sí a un asunto yo por ley no le puedo decir que no. Además es como tú me hiciste entender de una vez por todas: ya es hora de contarle a los vivos mi historia.


-Conversando con El SeboMuchas noches bellas en las que subía con mi hermano al techo de la casa. Disfrutar de la vista periférica, de las estrellas y la luna era una obligación, mientras buscábamos un poquito de brisa entre el calor anormal que recibíamos durante el día. Esos eran los instantes perfectos para poder hablar. Nos volvíamos filósofos que, tomando jugo de naranja y tirando piedritas al terreno que quedaba al lado, intentaban buscar respuestas propias entre un mar de preguntas ajenas. Así Sebo fue un verdadero maestro que logró enseñarme más que todo el bachillerato junto. Si la memoria no me falla (y probablemente si me esté fallando) aquella noche lo que dialogamos fue más o menos esto: Sebo: No debes sentirte mal por lo que ocurra o deje de ocurrir. La vida se da en un páramo que está lejos de cualquier certeza. Todo puede pasar, pero ese todo tendrá siempre una razón. Esa razón quizás no se sepa ni hoy ni mañana pero, en definitiva, estará sujeta a esas leyes que nos rigen. Yo: Háblame de esas leyes. Sebo: Tu miras el mundo grande y basto y puede que otros seres ni siquiera presten atención a eso, pero las leyes están ahí para cada quien por igual. Sin importar la realidad de las personas, si son ricas o pobres, si son de culturas extrañas entre sí o de diferentes costumbres, las leyes son y serán siempre aplicadas sobre sus días. Para eso fue que las inventaron cuando crearon esto que llamamos mundo, para que por lo menos hubiese igualdad en una cosa entre los hombres. Yo: Bueno entiendo, son para que seamos iguales… Sebo: Y para que no haya caos más allá del que es controlable. Yo: Aja, eso también entonces., para que seamos iguales y eso del caos, pero ¿Cuáles son exactamente las leyes? Sebo: Ni yo sé cómo explicarlas. Son varias, muchas, infinitas en realidad. Cada quien le da por inventarse las suyas propias pero yo pienso que hay una que es estable siempre ante cualquier cosa. Yo: Habla de una vez, ¿Cuál es esa?


Sebo: ¿Acaso estas apurado? Bueno, tú ya la conoces, toda tu vida has escuchado hablar de ella: es el cambio. Esa es una de las únicas leyes que siempre está presente en los sucesos de esta existencia. Aunque pueda parecer que algunas cosas no cambian, llegará el momento en que sea así. Los cambios son los que terminan dándole un poco de diversión a nuestro desarrollo ¿no crees? Yo: No sé, pero sí creo que a través de la historia han cambiado muchas cosas. ¿Te acuerdas cuando éramos niños y la vida era muy diferente? Creo que eso podría respaldar esa ley de la que hablas. Sebo: Yo la verdad ni se si es una ley. Solo digo que es así para darle un nombre. Yo: Hablando de todo un poco como los locos: ¿la comida también cambiaria? Porque sinceramente no me gusta la idea de estar comiendo cosas nuevas que no conozco. Sebo: Bueno supongo que eso también se vería afectado. El cambio es bueno por naturaleza, no porque lo que se haga deje de ser malo si así lo es, sino porque se está ejerciendo un movimiento constante haciendo que nada sea inmutable. Yo: Movimiento constante… Es cierto, ni las leyes de los hombres o incluso los pensamientos de estos, han sido eternos. Cosas de mayor magnitud como el bien y el mal, el amor y el odio, los ideales y las pasiones, también se han mantenido en ese movimiento constante de alguna manera. Tú hablas como si supieses lo suficiente del tema, ¿ha cambiado algo trascendentalmente en tu vida? Sebo: No, la verdad no. Todavía soy muy joven y aparte me ha gustado lo que ha venido pasando en mis aconteceres. Pero acuérdate que uno no tiene que vivir las cosas para conocer de ellas. Yo: ¡Ah sí! A eso se le llama vivir de la experiencia ajena. Sebo: Exacto, eso mismo. ¿En que estaba? Bueno si, llegará el punto en el que ni tu nombre se conserve igual. Todo lo que somos o tenemos terminará por culminar para dar paso a otros elementos. Yo: Eso no me agrada del todo. Los seres humanos estamos acostumbrados a acostumbrarnos. Nos gusta algo fijo. No es bueno para nadie sentir que un cambio


puede darse en cualquier momento, alterando de esa manera el mundo que él mismo ha armado. Sebo: Tú siempre eres capaz de sorprenderme con las cosas con las que sales. Es muy cierto lo que acabas de decir. Tan cierto que ante un evento difícil como la muerte inesperada de un ser querido, a muchos se les derrumba ese mundo propio que tu haz mencionado. Yo: Entonces, ¿Es mejor no acostumbrarse a nada para que cuando eso cambie no tengamos que sufrir por ello? Sebo: No, tampoco creo en esos extremos. Solo deberíamos vivir… Yo: ¿Vivir? Sí, me agrada escuchar eso. ¿Vivir cada instante como si fuese el último? Sebo: Vivirlo como si fuese el único mas bien. Disfrutar de ese invaluable momento que en ese momento pareciera que nunca va a desaparecer, aunque muy dentro de nuestro corazón sepamos que así será. Yo: Entiendo, es muy cierto lo que me dices. Creo que a partir de ahora estaré más pendiente de esa ley del cambio. Sentiré más los momentos que viva e incluso, probaré comida nueva. ¿Qué te parece? Sebo: Muy bien hermanito, te felicito. Yo también haré lo mismo a ver qué pasa. Yo: Mira pero tengo una última pregunta: si el cambio es constante y va atado a todo en la naturaleza, ¿llegará el momento en que el mundo entero cambie? Me refiero a algo que sea radical y que altere completamente lo que conocemos hasta ahora. Sebo: Supongo que después de todo lo que te he dicho sería ilógico que te negase que algo así pudiese pasar. Simplemente no lo sé. Yo: Bueno creo que eso si asusta bastante a cualquiera. Lo mejor será que nos bajemos de acá arriba, ya es tarde y es hora de dormir… Realmente eran maravillosas esas noches. Ellas también cambiaron así como lo establecía el tema central de lo que hablamos en esa ocasión, pero aquí sigo yo, conservando por lo menos mi nombre y las ganas de escribir lo que El Sebo me trasmitía.


-Critico de QuerendonesEl tiro suena en plena noche. La calle Barcelona está casi completamente vacía. En ella solo se logran ver los contornos corporales de dos hombres. Desde las casitas que están a cada lado de la calle se escuchan murmullos y se ven sombras que se mueven en su interior. Todo el que puede, mira desde la penumbra el espectáculo que acontece, siente tristeza por lo que acaba de ocurrir. El cuerpo de Mirandino Paiba cae después de un corto momento en el que intentó mantenerse de pie. A metros en frente de él está, con pistola en mano, su enemigo más fiel: el siempre pulcro Raimundo Tineo. El cuerpo herido después de sucumbir ante su propio peso y quedar de rodillas sangra desde la abertura recién hecha por la bala. Ésta última ha dado en un punto que no causará la muerte inmediata a su víctima, pero el Paiba sabe que su tiempo respirando está contado. Ese pueblo es tan pequeño que no posee sitio alguno en donde él pueda ser sanado rápidamente. El desangramiento terminará por agotar su vitalidad. Raimundo lo mira sin expresión en la cara, luego de unos instantes de accionar el funcionamiento del arma al fin pronuncia: Raimundo: Yo hablaré de ti y haré de tu nombre una leyenda. Tú cuidaras de mí desde las alturas o desde donde sea que vayas. Los días no serán iguales ahora que no te podré seguir odiando. Mirandino: Aun matándome no dejas de hablar paja. Tú eres y morirás siendo un pendejo… Raimundo: Dale, dime lo que quieras. Total yo no soy el que tiene llena de sangre la camisa. Pendejo tú por andar desarmado. El que acaba de mencionar palabras comienza a desplazarse victorioso hacia su contrincante. Éste con un esfuerzo sobrehumano intenta taparse la herida para que no siga chorreando. Tineo llega a donde Paiba, se arrodilla ante él sin que le importe ensuciarse con el líquido rojo que abunda en el suelo. Le toma la cabeza con ambas manos y lo mira directamente a los ojos. Raimundo: Grandes momentos pasamos antes de que lo arruinaras. Grandes momentos como amigos, antes de odiarnos a muerte.


Se aproxima más hacia cuerpo del herido y lo abraza. No tardan ni cinco segundos antes de que la hoja del puñal entre por el costado del abdomen y Tineo se aleja a causa del dolor, cayendo también al piso arrodillado. Mirandino deja caer el cuchillo aún más débil por ejercer ese último acto de esfuerzo. Tineo entiende todo: el otro no ha puesto la mano sobre la herida para parar la hemorragia, tal acto es solo un engaño para lograr también su última voluntad de llevarlo con él a la muerte. Ahora los dos sangran y jadean, ambos se miran e intentan respirar. Mirandino: ¡JA!... ¿No era yo el que andaba desarmado? ¡Pendejo al fin! Raimundo: Ya cállate vale. Yo pendejo pero tú cobarde… No habrá cabida en algún buen lugar para ninguno de los dos por esas cosas. Mirandino: ¿Y qué era lo que me decías? ¿Buenos tiempos juntos? Sí que los fueron… Raimundo: Y hasta acá llegamos…. Ojala nunca te hubieses enamorado de mi mujer. Mirandino: Uno… no manda… en el corazón. Por favor… perdóname… Paiba cae al suelo que ya es un océano de sangre viscosa. Raimundo se tambalea de lado a lado observando como el otro acaba de morir. Sonríe y pronuncia su última frase jadeante antes de también caer. Raimundo: No te perdono… jamás lo haré… pero nos veremos pronto y… volveremos a ser amig… La frase queda inconclusa y el cuerpo se desmorona. Allí quedan tirados ambos, con la sangre aún emanando y formando caminos que se juntan y que comienzan a llenar el lugar con el olor característico de ese denso líquido. De atrás de un contenedor de basura cercano a la escena, se ve una silueta salir. Es un borracho que se tambalea con una botella de ron en la mano. Mira todo aquello con tristeza en su cara y pareciera que está a punto de llorar. Se voltea y comienza a caminar calle abajo mientras murmura con hipos intercalados: Borracho: Cuando el amor es prohibido o no es verdadero, éste se convierte en la tragedia de los Querendones. ¡Hombres igual de cobardes, igual de pendejos!


-De mí para tiLo desenrollé cuidadosamente y empecé a leer lo que decía: Cuando tú ya volvías de la capital con historias de aviones y el corazón agitado de la emoción, yo me sentía más chiquito y patético de lo que normalmente me sentía. Ni siquiera había comenzado a comenzar algo. Te admito (quizás porque ya ha pasado mucho tiempo desde aquel día o porque ya por fin he comenzado a comenzar) que tus logros fueron mi inspiración. Lo que antes era depresión impuesta por mi propio puño hacia la vida misma, se convirtió en un impulso con el que podría más adelante superar mis barreras. También admito que no pretendo parecer un ganador porque en realidad no he ganado nada. Solo quería avisarte que he descubierto algunas cosas. Una de ellas sería que cada cosa es diferente y que mi camino no podía ser igual que el tuyo. Otra es que yo solo era un esclavo de lamentaciones sin sentido que nunca terminaban por transmutarse en actos concretos. Entonces ahora que ya pasaron varios años me pregunto si lo ocurrido valió la pena. Ya sabes que desde siempre la gente ha salido con que “todo pasa por una razón”, si es así yo me pregunto ¿fueron correctas las decisiones que tomé? No lo sé… ¿Y quién podría llegar a saberlo realmente? De repente los dioses del Olimpo que no tienen nada mejor que hacer sino mirar envidiosos todo el día a los mortales de acá abajo. A ellos, sin embargo, no les puedo preguntar nada. Te confieso que en mi absurda penumbra sentí algo parecido a la envidia. Entonces dirigí dicho horror en contra de todo aquel que parecía ser dueño de su propio destino y al que todo se le daba fácilmente y sin un sacrificio sobrehumano, como me pasaba a mí. En tal lista debo aceptar que tú aparecías. Te pido disculpas por eso desde lo más profundo de mi Ser. Llegará el momento en el que la mano dirigente de todo el sistema vital me hará pagar de alguna manera por tan egoístas pensamientos. Por ahora te seguiré contando la cuestión del principio. Yo estaba sentado una noche cualquiera cuando vislumbré tu éxito bien merecido. Esta vez me dispenso ante aquella mano omnipotente, pues ésta intentó siempre hacerme entender que yo debía sentir mis propias aventuras y dejar de vivir de las tuyas. Entonces por fin ocurrió el momento aquel en el que por fin saldría del aburrimiento, aunque jamás habría imaginado que en el camino tendría que pelear con cosas tan feas. Luego de muchas vivencias, puedo decir con el pecho lleno de


orgullo que resulté vencedor ante tantos peligros. En síntesis pude lograr lo que he logrado gracias a ti. Creo tener nuevos cuadros que pintar con acuarelas y otras canciones que aprender a tocar en el piano. Creo saber cuál es la cantidad exacta de pasos necesaria para llegar al kilómetro. Tomaré así cada fotografía en mi viaje para lograr descubrir una mañana en la que haga calor, si ha valido la pena cada esfuerzo entregado al fin mayor. Gracias por las historia y las risas, por los abrazos y los consejos, con cada elemento y cada detalle yo soy lo que soy. ¿Y qué es lo que soy? Pues la primera sombra que cobra vida propia y busca sueños lejos de su dueño. Fui tu sombra es cierto, pero ahora tengo la mía propia porque mis actitudes me han permitido materializarme. Cierto día aquel señor me dijo que para lograr ser grande yo debía actuar como los grandes. Creo que si así lo hubiese hecho habría dependido eternamente de fuentes externas para lograr sobrevivir. En cambio mírame ahora, hablo del tema como si realmente entendiera cada oración escrita, cuando en realidad aún sigo pensando que aquel que no conoce el orden del abecedario (como es mi caso) no puede ser capaz de comprender a plenitud todas las palabras. Recuerdo claramente que colmada mi paciencia de tanta espera por señales divinas, decidí pararme de aquella silla que ya parecía volverse parte de mí. Salí a caminar sin rumbo aparente, sin saber dónde estaba el norte ni el sur. Todo para darme cuenta a los cinco días de caminata constante, que ya me encontraba en otro país, en un continente extraño y en un planeta que estaba a tres planetas de distancia del mío. De repente fue ese deseo que tenemos los humanos por buscar nuestro verdadero destino, lo que me hipnotizo y me llevó a irme lejos de todo lo que había hecho hasta entonces. Estando ya solo y sin el modelo del que hasta entonces yo había sido una fotocopiadora, fue que descubrí mis verdaderas actitudes y dejé de ser un bicho raro. Me convertí en una persona real, de carne y hueso, que solo buscaba ser feliz. En fin, se me acaba el tiempo en el sitio desde donde estoy escribiendo. Solo me resta decirte que, con lo caprichosas que se vuelven a veces las circunstancias, cabe la posibilidad de que pronto nos volvamos a ver. El día en el que te vea podré abrasarte sin ningún reconcomio y decirte al fin que: sin ti yo no hubiese empezado; tal vez ni siquiera me hubiese dado cuenta de que debía hacerlo. Bueno eso es todo.


Saludos a la familia y a los amigos y diles que tengo nuevos chistes que sé que les encantaran. Chao, cuídate. Esto para nada era un poema o algún tipo de declaración artística. En realidad no sé qué era realmente lo que sostenía en las manos. Solo estaba impreso en un papel arrugado y hecho bola que me había encontrado en el parque. Al terminar de leer lo volví a arrugar y lo deje en su sitio. Aquello era una total incoherencia y con razón alguien la había tirado.


-De todo corazón-Yo entiendo todo de verdad, pero tienes que entenderme tú a mí también- le decía la muchacha a su madre intentado parecer segura de sí misma. Se llamaba Karla y había llevado una maldición en su espalda desde que tenía memoria, aquella de ser diferente y de querer un destino distinto al que le querían establecer. Cabello largo y suelto todo el tiempo, con aire soñador, mirada alegre, labios que servían como instrumento de hipnotismo cuando se fusionaban con la voz melodiosa que emanaban; en fin, Karla era bonita como muy pocas. Poseía la edad aquella en la que se determina el futuro de la nación compuesta por nuestro Ser en conjunto. El único problema era que no poseía un norte parecido al de las demás personas que pasaran a su lado. Su vida desde el comienzo había sido dotada por el capricho eterno de querer alcanzar la felicidad. Tal hecho (como cosa rara) estaba acompañado por un camino bastante nublado que iba atado al factor del posible fracaso en el intento. Su padre había muerto hacía ya varios años mientras desempeñaba labores como policía. Ocurrió una mañana lluviosa cuando, al interrumpir un robo que estaba en marcha, se presentó una balacera en la que culminarían sus aconteceres después de un disparo certero en la sien izquierda. Dejó tres hijos (entre los que Karla era la más pequeña) y una viuda que jamás pensaría si quiera en encontrar otra pareja de por vida. El nombre de la mujer que ahora actuaría como cabeza de familia era Cecilia Otero y aún en aquellos instantes tan acalorados, doña Cecilia no dejaba de hacer lo que siempre había hecho: querer lo mejor para su pequeña hijita. -Pero ¿quién sino yo te entiende más? Acuérdate que tú saliste de mí y que sé perfectamente quien eres. El problema surge en cuanto al tema de que es lo que quieres y como piensas lograrlo. No te voy a mentir, siento que estás desubicada y que no sabes a donde iras- le respondió la madre a la hija sin medir palabras por miedo a la reacción de ésta- Uno como mama lo único que quiere es el bienestar de sus hijos, yo sé que tu buscas algo más, algo distinto a lo que quisieron tus hermanos, a lo que quise yo, a lo que quiere alguien común. Pero yo necesito también seguridad, dime por lo menos para que pueda zacear mis ansias ¿Qué es lo que quieres? -Eso es simple, lo único que quiero es pintar. -Aja, quieres pintar. ¿Y cómo piensas vivir de eso?


-En ningún momento dije que quisiera vivir de eso mamá- le respondió Karla sin dejar de mirar a los ojos a su progenitora que ni siquiera se inmutó por la respuesta. La verdad era qué, desde siempre, su hija se había caracterizado por sus respuestas místicas y vagas de las cuales no se desprendía una respuesta, sino todas las que se pudiesen interpretar. -Ok no quieres vivir de pintar, pero quieres pintar… -Exactamente. -¿Puedes por lo menos (si no es mucha molestia) hacer el favor de explicarte?preguntó la madre sin ni siquiera mostrar un deje de impaciencia en sus facciones. Estaba tan acostumbrada a su pequeña artista y a lo peculiar que podía llegar a ser, que ni siquiera se molestaba con las vueltas que daba para responder una simple pregunta. - Es muy sencillo en realidad. Tú más que nadie sabes que desde pequeña he pintado. Aún hoy en día no sé si mis pinturas valen la pena, si son bonitas, si son del agrado de la gente o más importante aún, si les transmiten algo al verlas. En fin, no sé ni siquiera si sé pintar. Lo único que sí sé, es que experimento un goce enorme al hacerlas, es algo que no se puede explicar fácilmente. Con ellas me siento realizada, me complementan, me hacen sentir libre y al mismo tiempo encerrada en la gloria de poder realizarlas. Soy feliz pintando porque así puedo ser yo misma. Eso es lo que quiero hacer: pintar. Cada día, de cada mes, de cada año por el resto de mi vida. Pero no quiero vivir de eso, mejor dicho, no quiero sobrevivir gracias a eso. Solo quiero hacerlas porque me gusta, es algo que me genera un placer que va más allá del que puedo explicar con palabras comunesrespondió Karla con la misma seguridad que utilizaba siempre que daba un discurso serio a alguien. -Hija, por favor, no le des más vueltas a todo esto. Yo necesito estabilidad con respecto a tu futuro. Mira, no hay cosa más preocupante que ese miedo que sentimos los padres de morir en cualquier momento y dejar a los hijos sin un piso firme en donde pisar. Yo quiero acompañarte siempre obviamente, pero mi tranquilidad está en saber que ese suelo ya lo tienes por si yo llegase a faltarte. Siendo así, te preguntaré por tercera vez: ¿de qué piensas vivir?


- De amor, de vivencias que valgan la pena, de risas, de sueños que alcanzar. Muchas cosas que no me enseñaran en ninguna universidad, que solo podré aprender por mí misma- respondió la hija. Doña Cecilia no pudo continuar ante todo aquello. Esa última respuesta había sido el dedo que hundiera la llaga de la intranquilidad. Se tapó la cara con ambas manos y empezó a llorar sin medida. A Karla no le sorprendió tal acto. Tampoco le sorprendió darse cuenta que grandes lagrimas saladas ya empezaban a bajar también desde sus ojos hasta sus mejillas. La verdad era que, por lo general, en toda conversación lo suficientemente larga que mantuviese con su madre, alguna de las dos (o ambas si el tema era intenso como en aquella ocasión) terminaba llorando. Así pasaron unos minutos hasta que las dos se calmaron un poco. Fue doña Cecilia la que habló mirando a su hija con los ojos rojos por estrujárselos con las manos: -Ay mija, la verdad yo no sé qué decirte. Yo quisiera entenderte del todo, pero tu verdad es muy complicada. Eres así desde chiquitica y yo no sé si eso sea algo bueno o mal. Bueno, para mí no es malo- se apresuró a decir doña Cecilia al ver como su hija se encogía de hombros por los comentarios de su madre- Pero necesito tener una seguridad yo también de que no será malo para ti misma. Tu eres joven y estás llena de ilusiones, llena de verdadera vida, tan pero tan llena de energía que no sé hasta qué punto estás subiendo con tus anhelos. No quiero que subas, subas y subas y que por razones ajenas a tu causa, termines cayendo en el vacío. Sé que eso me mataría a mi aunque ya pudiese incluso estar muerta. La madre volvió a romper en llanto mientras que su hija solo la miraba. Ésta última no esperó a que la otra se recompusiera sino que, en ese mismo momento, la tomó de las manos y le dijo sin dar vueltas al asunto: -Vieja, no te pido que me entiendas, solo te pido que me aceptes. Esto que pasa es más grande que yo, más grande que todo lo que pueda explicar. Por eso te pido perdón, perdón por no haber sido igual que mis hermanos. Ellos por lo menos salieron con cosas que podían llegar a tener acá en el pueblo, yo debo irme lejos a la ciudad para poder llegar a alcanzar mis sueños. La madre por fin hizo una pausa en su lamento, se volvió a secar las lágrimas con el dorso de la blusa y miró a los ojos a Karla. Esa era la criatura que había concebido, una que no era igual ni en el cabello a ella misma pero que, aun así, amaba sin


medida. Que difícil era aquella situación, que difícil era entender lo que va en contra de la corriente que establece lo común; en fin, que complicado era el hecho de que su hija quisiera irse a la capital buscando corrientes de cultura verdaderas. Ella entendía que allí, en su pueblo natal, no encontraría nada que competiera a su carrera, a lo que quería hacer de su destino y a la forma en que deseaba ser feliz. Sin embargo, el deseo eterno que contemplaba únicamente el bienestar de Karla lograba juntarse con la prohibición de que ésta abriese las alas, llegando a opacar las ilusiones que esta pudiese tener. Este mundo era un lugar difícil y la sociedad estaba compuesta mayoritariamente por personas que no habían ni siquiera tenido un sueño en toda su vida; al final, terminaba siendo mejor unirse al cardumen que hacer algo distinto a este. Doña Cecilia levantó una vez más la viste y observó a su hija: decidida como ella nunca lo había sido; rebelde sin caer realmente en la irreverencia sin sentido que muchas veces los adolescentes presentaban; en fin, su hija era lo que muchas madres querían pero al mismo tiempo temían tener. Pero estaban allí, en ese momento en el que se debía moldear un nuevo futuro. Karla no llevaba ni siquiera dos meses desde que se había graduado de bachillerato, era justo y necesario que decidiera lo que debía hacer. Pero ese quizás era el problema: pensar en lo que su hija “debía hacer”. ¿Dónde quedaba lo que anhelaba su pequeña? Eso debía ser ante todo la prioridad, no los caprichos incoherentes que exigía el mundo que los hombres habían construido. Doña Cecilia no lo pensó dos veces más en aquel momento tan lleno de verdadero sentimiento, se dejó llevar por aquel amor puro y sin ninguna duda en su cabeza por fin dijo: -Yo te apoyaré en todo mija, en todo lo que tú quieras podrás contar conmigo y con mi bendición… Esa fue la primera vivencia en el viaje de Karlita Obregon, un viaje que estaría lleno de momentos inmortales. Pintora, alegre, valiente y sobre todo, una soñadora que fue en contra de lo que le querían imponer.


-Diario de un estudianteTítulo del capítulo: “El pianista zapatero” -2: 35 pm del miércoles 14 de septiembreLa clase a la que estaba asistiendo se llamaba Ética y de ese término solo sabía que un tal Sócrates había sido su padre. Tenía un sueño anormal por haberme trasnochado la madrugada anterior y mi conciencia solo se concentraba en evitar quedarme dormido, mientras el profesor daba comienzo a la clase aquella mañana lluviosa. Debo confesar que para mí fue una sorpresa el hecho de que el tema a tratar en esa clase no fuese otro que la felicidad. Por supuesto al percatarme de esto me espabile de inmediato y el sueño se alejó de mis ojos justo a tiempo para lograr escuchar como el profesor decía: -Hubo un corte en la filosofía moral realizado por Kant que dijo: “La razón humana se equivoca en buscar un sentido a la felicidad y en cómo llegar a ella…” Aunque el profesor continuó hablando sobre el punto de vista de ese señor Kant del que yo no sabía nada de nada, yo ya había dejado de escuchar lo que decía. En ese momento se comenzaba a formar en mi mente una especie de huelga general realizada por todos los individuos que habitan en ella y que en conjunto conforman mi Ser. Siendo más claro, la afirmación que daba el profesor iba en contra de todo lo que yo tenía concebido en cuanto a la felicidad. Solo para saber que más tenía que decir, presté mucha atención a la clase y para el final de ésta la huelga general ya había alcanzado niveles alarmantes en mi cabeza. La razón del caos había sido, para resumir, la explicación filosófica que había dado el profesor de la felicidad. Para mi ella no era solo una cosa común, corriente y sin valor aparentemente grandioso. Para mí la felicidad era ese punto máximo al que solo algunos pocos podían llegar luego de mucho sacrificio, paciencia y una suerte enorme. El equilibrio perfecto entre paz y tranquilidad con este mundo, entre alegría y amor. De igual manera aceptaba que todos tienen derecho a opinar sobre cualquier cosa pero jamás hubiera llegado a pensar que algo que yo poseía en un pedestal como una de las cosas más bellas por las cuales luchar en esta vida, fuese igualmente tomado a la ligera por muchos otros. En fin, salí de esa clase con dolor de cabeza (quizás sería porque en la huelga empezaban a prenderle candela a mis neuronas o


algo así) y como si me hubiesen pegado una cachetada con cada uno de los testimonios de los filósofos antiguos. Recuerdo que esa tarde fui hasta una plaza que quedaba cerca y me senté en una banqueta que quedaba al frente de una fuente que escupía agua hacia arriba. Pensé en muchas cosas durante el tiempo en el que estuve sentado allí solo y en medio de gente que ni me miraba al pasar. Recordé lo que había sido mi vida hasta ese momento y llegué a la conclusión de que aunque nunca hubiese aceptado la pobreza y la necesidad, ambos términos describían mi realidad en lo que había vivido hasta entonces. Por ningún lado se veía ni siquiera la sombra de lo que yo mismo concebía como felicidad. No había ni paz ni tranquilidad por ningún lado. Al contrario de cosas buenas y como decía mi viejo: “lo que siempre sobraba era una abundancia de escases que no terminaba”. Bueno la verdad en ese momento, y quizás por el calor infernal que hacía, yo no podía llegar a pensar con claridad. Después de unas horas de pensamientos torturantes, me fui desilusionado a mi casa tomando dos autobuses para lograr llegar hasta los barrios populares de la ciudad. Me bajé como de costumbre en la parada que más cerca me quedaba de mi casa, es decir que aún tenía que caminar alrededor de tres cuadras para poder llegar a ésta. Fue así como pase al frente del taller de Pacho y justo allí, como de costumbre, estaba él. Con sus setenta y tantos de años, reparaba zapatos mientras sonaba de fondo una canción de Billos en un radio que parecía haber sido comprado hacia 40 años atrás. Me vio, levantó una mano y con una sonrisa gritó: “¿Cómo está la cosa viejito?” Yo levanté también la mano y le devolví el saludo. Ahora que lo pensaba nunca había visto a Pacho molesto o preocupado por alguna cosa. ¡Claro! Sería él quien me daría la respuesta de cómo encontrar mi felicidad. No caminé más hacia mi casa sino que fui hasta donde estaba el viejito cayéndole a martillazos a unos tacones de mujer como quien en vez de querer repáralos los quería destruir. Me miró y volvió a sonreír, le faltaba un diente y eso hacía que su expresión fuese más cómica aún. -Pacho, ¿será que me puede responder algo?- le pregunté como si su respuesta fuese la cosa más importante del mundo. -Claro chamo ¿Para qué estamos los viejos si no es para ayudar a los jóvenes? Habla, habla y distráeme antes de que me dé por quemar estos endemoniados tacones, no lo hago de una vez porque son de la vieja Silvia y tú ya sabes cómo es esa señora de...- y se detuvo para no decir groserías.


-Bueno se trata de que… la verdad es que no sé cómo preguntárselo pero hay va: Usted siempre está feliz y contento y yo quisiera saber cómo hace para serlo, estoy muy confundido en cuanto a ese tema. Aunque me sentí como un completo idiota, el hombre viejo que estaba al frente de mí continúo con su sonrisa mirándome directamente a los ojos. Al rato al fin habló: -Hace mucho tiempo yo tocaba piano en bares y clubes de la ciudad. De eso vivía y comía y nada me gustaba más que tocar mis canciones ante mucha gente que bailaba al ritmo de éstas. Tenía un sueño y era viajar a muchas partes del mundo como La Habana, New York, Paris y demás a tocar mi música. ¿Quieres saber la triste verdad que sigue en esta historia?- me preguntó. - Creo sospechar que pasó. Usted seguramente no pudo realizar su sueño ¿cierto?dije aunque no sabía realmente de que serviría esto con el tema de la felicidad. - ¡Claro que logré realizar mi sueño muchacho! ¿Acaso me ves cara de perdedor? Fui a todos esos lugares y disfruté como los grandes. Conocí muchísima gente y en serio no te imaginas las cosas que viví en esos días. Y eso que te estoy hablando de los años 50 en los que este mundo parecía más pequeño de lo que es ahora. La triste verdad es que nada de eso me llenó y después de andar, ver y hacer muchísimas cosas, seguía igual que al principio solo que con otro tipo de pobreza. Volví a esta ciudad de visita cuando recién habíamos acabado una gira y pasó lo que menos creí que me hubiese podido pasar a mí: me enamoré perdidamente de María y abandoné todo con tal de vivir todos los demás días de mi vida a su lado. Bueno se trata de lo siguiente, por lo general uno encuentra la felicidad de la manera que menos espera, no con plata ni con fama, ni nada de esas cosas que uno por lo general cree. Simplemente es eso que la gente llama destino, el que le termina dándole a uno la sorpresa cuando menos se lo espera. Te diré algo muchacho, quizás en este mismo momento ya tienes todo lo necesario para ser feliz pero no has sabido darte cuenta. Concéntrate en disfrutar las cosas bellas de este mundo y así podrás encontrar la felicidad y lo verdaderamente bueno de esta vida. *** Esa noche casi no dormí. La charla, con el que ahora sabia había sido hacía mucho tiempo un pianista, realmente me había cambiado la forma de pensar. A partir de


ahora no lucharía por encontrar ese estado sublime llamado felicidad que parecía estar reservado nada más para los sabios que vivían en montañas alejadas de todo el mundo. Pacho me había enseñado que la felicidad llegaba sola a los que de verdad la esperaban, solo había que saber reconocerla. Mirando al techo del cuarto mientras estaba acostado en mi cama y sonreía con la misma mirada del pianista zapatero, concluí algo: Seguramente Kant nunca se había enamorado realmente.

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-El olor de mi rosarioEn el cielo no había nubes, no había un sol, no había nada de eso. En el cielo había una obra de arte en construcción compuesta por colores que se entremezclaban maravillosamente en pleno atardecer. - Mira allá- me decía ella señalándome un punto en aquel regalo de Dios. -¿Allá donde?- preguntaba yo. -Allá chico, en el lugar más bonito de esa parte. -¡Ah ya! Ya alcanzó a ver. Sí, es muy bonito. -Con cosas así te sientes libre y sin ataduras. “Qué bonito era todo lo que me decía Gene”, pensaba yo con una sonrisa de niño gafo en los labios. Ella era una especie de maestro que el destino me había mandado, con la singularidad de que me enseñaba cosas simples que yo no había notado antes. -¿En qué piensas?- me preguntó. -En muchas cosas: en el tiempo que ha pasado desde que nos conocimos y el hecho de que me has sabido soportar desde entonces, en lo que ha ocurrido últimamente y en las dudas que no puedo evitar tener. -Todos dudamos constantemente de las cosas, eso es lo que nos recuerda que somos humanos y que tenemos inseguridades. -Hablas como si no tuvieses miedo a lo que podría pasar. Digo, ojala la gente aceptara que somos diferentes, que le apostamos a cosas que acá no existen prácticamente. Nosotros amamos esta ciudad, pero ella no nos puede dar lo que necesitamos y que queremos como profesión. Aparte que la gente pareciera que no le tiene paciencia a lo que no es normal para ellos. Todo se hace cada vez más problemático en vez de más sencillo. -De repente es que yo veo las cosas de otra manera: no es que acá no esté lo que queremos, solamente no hay quienes lo muestren a la gente normal. He ahí donde entramos nosotros. Tú dibujas, yo bailo, Ernesto y sus amigos son músicos, Daniela es una cineasta nata que no se rinde a pesar de los pocos recursos de los que


dispone, Gaby y Manuel son escritores; y así mismo habrá muchos que no conocemos pero que deben de estar por ahí dando tumbos. ¿Sabes en que nos parecemos todos aparte del hecho de autodenominarnos artistas? -Dímelo tú a ver- le respondí. -En que todos nos reunimos en Frama a cultivar un poco más cada noche nuestra locura natural- respondió riendo. Ahí estaba Gene, con unas pocas palabras lograba callarme la boca y llenarme de esperanzas. Podíamos hacerlo, podíamos lograr nuestros sueños, pero debíamos tener paciencia. Aunque el tiempo fuese ese preciado tesoro del que no disponemos los humanos porque se va y ya no regresa, cuando se es joven y lleno de ilusiones no se piensa sino en correr para tratar de tomar al mundo con una mano. Frama había sido nuestro cuartel general y punto de encuentro desde el principio. Se trataba de un café-bar en el que podíamos hablar toda la noche sobre las cosas que más nos hacían brillar los ojos y conocer a otros que (como nosotros) buscaban una vida distinta. Claro está que no todo era arte en aquel rincón del mundo, también lo frecuentaban muchos jóvenes estudiantes de ingeniería, de administración, de medicina, de derecho; en fin, era una constante reunión de futuras promesas para la ciudad y el país entero. Cuando la ocasión era de celebración (como cuando Ernesto pudo conseguir su beca para irse a estudiar música a la capital o cuando Daniela logró completar su primer cortometraje) bebíamos cervezas y alguna banda (conformada por lo general por recurrentes del bar) se presentaba en vivo. Sin embargo, desde hacía un tiempo las cosas se habían tornado difíciles para todos. La vida era cada vez más difícil de sobrellevar e incluso supimos de amigos que tuvieron que abandonar sus proyectos personales para concentrar sus esfuerzos en algún trabajo más rentable que aquel que estuviese ligado al arte. -Te volviste a quedar en las nubes querido Fefo- me dijo Gene sacándome de mi trance. -Lo siento, sabes que vivo en las nubes. ¿Ya pensaste que haremos ahora? -Sí, yo continuaré viendo el cielo. ¿Tú por qué no te pones a dibujar algo a ver que te sale?


-Está bien- respondí. Saqué mi libreta de dibujo y el lápiz de grafito, encendí un cigarrillo y comencé a fumarlo mientras dibujaba al mismo tiempo. De igual manera a como lo había hecho siempre, no pensaba que dibujaría, solo comenzaba a hacerlo a ver que resultaba. Con ese acto sencillo de plasmar algo en papel, yo era feliz a pesar de cualquier incertidumbre que atormentase en mi cabeza. -¿Sabes qué es lo que pasa con todo esto? Que el mundo debe estar balanceadodijo Gene respondiendo ella misma su pregunta- Entonces debe tener personas normales y personas como nosotros. Porque si no todo fuese muy aburrido. - Define aburrido- le dije yo mientras le lanzaba trazos fugases al papel. -Bueno según yo, aburrido sería un planeta en el que todos somos iguales y seguimos el molde de lo “adecuado” en esta vida. Si mañana se acabara el mundo, nosotros seriamos felices aunque no hubiésemos logrado nada aún. Eso simplemente por el hecho de que lo intentamos y de que fuimos tras nuestros sueños. Claro, ojala no se acabe el mundo porque yo aún quiero llegar a Broadway. Me refiero a que todo debe ser como es, cada quien con su forma de ser para que el mundo esté en equilibrio. El día en que nos quieran opresar la forma de pensar, estaremos realmente en peligro- respondió la hermosa muchacha que tenía a mi lado. El silencio se prolongó un momento. Yo dibujaba despreocupado y ya se empezaba a verse la cara de un personaje en el papel mientras mi cigarrillo se consumía a sí mismo. Sin embargo, continuaba con la misma incertidumbre interna que se había empezado a desarrollar dentro de mí. ¿Qué cosas podríamos definir nosotros siendo aún tan jóvenes? Nada quizás. Éramos solo aventureros que buscaban su lugar en este mundo. Intentábamos meternos en la cabeza que la idea de la felicidad era cierta y que nosotros podíamos llegar a ella. Creo que la expresión de mi cara empezó a delatarme porque al rato Gene dio un grito que me hizo sobresaltarme: -¡Mira vale, cambia esa cara! La vida es corta, acuérdate de eso. -No es eso… Bueno, si es eso. La vida es cortica y uno se complica mucho. Pero ¿Cómo no hacerlo? -¿Tienes algún objeto que te inspire?


-¿Ah? -Un objeto que te inspire. Bueno no sé, es algo que te ayuda a seguir adelante. A mí me sirve y en mi caso, tengo mi rosario. -¿Ese que tienes desde hace años? -Si ese mismo. Bueno me lo dio mi papá cuando aún era una niña. En él guardo la memoria de mis seres queridos. O sea, una persona por pepita del rosario. Así cuando estoy en momentos difíciles, siento que ellos me dan fuerzas. Es algo extraño ahora que lo pienso, pero siempre me ha ayudado a salir adelante. Fefo no debes creer que eres el único que se ha sentido mal por nuestra condición. -Bueno a mí me parece que es una buena idea, buscaré ese algo que me inspirerespondí. Miré el dibujo y me gustó lo que vi: un indio con sus ojos cerrados y sus plumas en la cabeza, los individuos cerca de un cigarrillo gigante, la mano con el ojo que todo lo ve, las líneas sin sentido que me parecían muy autóctonas de mis dibujos. Se lo mostré a Gene y ella respondió: -¿Sabes Fefo? Hablando acá de tantas cosas pesimistas, como el miedo a que no se nos den los planes, creo que también deberíamos dejarle espacio a las cosas por las cuales continuamos. Este dibujo que acabas de hacer es una de ellas, tú tienes un verdadero amor a tu arte y creo que el no cohibirte de mostrárselo al mundo es la primera razón por la que tu camino debe continuar. -Solo quisiera que ese camino fuese más claro y que tuviese por lo menos la certeza de que todo va a salir bien. -Solo tú podrás crear esa certeza. Olvida por un momento tus dudas, busca tu objeto y continua haciendo lo que te gusta, lo que te hace feliz; ningún futuro es tan malo si uno sigue riendo. -Gracias por todo Gene. Tú eres la luz que me ayuda a no tropezar entre toda esta oscuridad. -Y tú eres el mejor amigo que podría existir. Ahora vamos arreglarnos para salir en la noche. Hoy se presentan en el Frama «Los inolvidables» y no me los quiero perder.


Esa era mi vida por aquellos años de juventud buscadora de sueños. Esa era mi mejor amiga, la que más que nadie me conocía a mí y a mis miedos. Al final las cosas no saldrían exactamente iguales a como esperábamos que resultasen y serían muchos los altibajos que nos esperasen para hacer de nuestra ciudad una cuna de cultura y artes. Aunque pensándolo bien ¿acaso en eso no está lo bonito de la historia? Solo puedo recordar de esa noche la gran presentación de esa nueva agrupación de jazz que se presentaría y la sonrisa de la bella Génesis seguida de una explicación de sus labios en la que me aseguraba que continuar con aquella aventura valía la pena.


-El pesar del extranjeroMi abuelo fue un gran hombre y entre las muchas adversidades que el destino le presentó, logró salir siempre adelante. Vivió quizás una de las maldades más grandes que un hombre de su clase puede afrontar: nació en fincas cultivando la tierra, se crió y aprendió en ellas pero (por circunstancias ajenas a su voluntad) debió huir a la ciudad para buscar un futuro mejor. Es eso, entre muchas cualidades, lo que más admiré de su espíritu inquebrantable. Aunque no fue un erudito de ninguna clase, en él residía una sabiduría exorbitante que sacaba constantemente a relucir mediante frases cortas y simples que conducían a quien las escuchase a una reflexión aun mayor que cualquier tratado iluminado de la antigüedad. De esta manera, quizás nunca olvide una de esas enseñanzas que de niño no lograba entender pero que, según creo, posee una veracidad inquebrantable y que se adapta por completo a lo que en estos instantes vivo, ésta reza: “Cuando uno sale de su casa es a sufrir”. Hoy en día comprendo perfectamente toda la oración. Yo, desde lejanas tierras, me percato de la cruel realidad de que al emprender un camino debemos abandonar otros. Yo desde esta lejanía pronuncio con tristeza el nombre de la tierra que me pario y en la cual viví, crecí y sobretodo, aprendí. Así es la vida. Te encuentras en un ambiente que sientes es una parte de tu propio cuerpo y al tiempo, todo puede cambiar. Pero yo a la vez que no me arrepiento de mis decisiones ya que gracias a ellas es que hoy en día soy lo que soy. Fuesen correctas o equivocadas, éstas permitieron mediante su efecto que pudiese crecer. A pesar de ello, no pretendo mentir y lo acepto: siento una pena en lo profundo por no encontrarme hoy en día en la porción de tierra a la cual puedo llamar como mía. Aunque me termine adaptando a nuevos paisajes, nuevas costumbres, nuevos tipos de personas y a un sin fin de cosas más, yo (tal y como lo hizo mi abuelo) nunca olvidaré de donde salí y en mi Ser quedarán marcadas eternamente cosas tan sencillas como ver un atardecer desde mi casa. Quizás no vuelva a mis montañas o no vuelva bañar en mis ríos continuando errante por este mundo como un extranjero, pero esos detalles nadie me los robará. Ante todo me doy cuenta que la identidad hacia dónde venimos es esencial para así tener claro lo que somos y hacia dónde vamos. Acabo de percatarme más bien con


esto, que no soy un extranjero y que nunca he abandonado mi patria porque ella vive en mí mismo. Seremos los que hemos partido de ella, aquellos que se encarguen de difundir su grandeza en todos los rincones del planeta. Estoy seguro de que tal hecho fue entendido por mi abuelo, aquel hombre que después de muchos infortunios y ya también muy lejos de su propia tierra, jamás dejo de tomar su mazamorra mirando hacia adelante.


-En donde nací no hace frio porque el calor derrite la nieveCuando somos víctimas de nuestra propia debilidad, sucumbimos ante el miedo a repetir lo que hemos hecho con anterioridad. Así continuamos, pero jamás nos detenemos a pensar si los pasos que damos son los que valen la pena. Yo mismo he hablado con muchos a los que la vida no les parece más que un momento y nada más. Para mí esto es una oportunidad de dar todo por el todo. De disfrutar cada segundo como si en el siguiente nos pudiese atropellar un carro al atravesar alguna calle. Flamel hizo mucho en su vida y yo quisiera que la mía fuese así. Pero pasa algo a lo que no pude dejar de prestar atención: esa no es mi vida. La mía es necesariamente distinta. Nosotros, los que pertenecemos a la raza humana, podemos dar fe a la simple afirmación de que a través de lo que somos, intentamos trascender unos de los otros. Esto de por si es ridículo y al final son igual de olvidados tanto Sócrates, como el vagabundo que durmió hoy en la acera de afuera de mi casa. Sí, ya lo sé, algunos no me creerán y me dirán loco, pero ante mis ojos ambos aportaron lo mismo al mundo: su propia existencia. Continúo pensando en las paradojas que nos presenta el destino y aunque ya me duelen los ojos por estar frente a este computador, no dejaré de teclear sus letras cuadradas. En este momento no tengo nada y, aun así, quizás incluso tenga menos de lo que tuve ayer, ¿Un poco incoherente no te parece? Hace mucho declaré en mi antología que odiaba el drama y continúo creyendo eso. Pero el verdadero punto a tratar en este momento es algo simple, algo común que todos en algún momento pensamos, pero que muchas veces tendemos a olvidar y que muy curiosamente viene en forma de pregunta, esto es: ¿Qué quiero para mi vida? Si claro, totalmente simple. En realidad no hay nada de simple en esa interrogante porque su bastedad comprende cosas inciertas, cosas aún no conocidas por mí mismo pero que habitan en la línea zigzagueante del destino. Por ejemplo, quizás dentro de unos años sea un amante a la vida tranquila y calmada, mientras que ahora solo deseo gloria y el disfrute de cada día como si fuesen estos los últimos. Quizás dentro de unos años desee abandonarlo todo y convertirme en un ermitaño errante, mientras que ahora solo puedo verme a mí mismo feliz cuando estoy rodeado de las personas a las que aprecio. Mucho ha de cambiar desde este momento hasta dentro de un minuto y así consecutivamente hasta pasar por todas las demás escalas existentes (horas, días, meses, años, vidas, etc). Vuelvo a prestar


atención a la pregunta y no sé qué responder. En este momento deseo para mi vida muchísimas cosas que ni siquiera tengo las remotas posibilidades de obtener, de poder sentir y en un futuro recordar. Hoy mismo medité y concluí muchos puntos importantes, espero que tantos no me terminen por tostar las neuronas y mi cabeza empiece a lanzar chispas en plena calle. Todas las personas están concentradas en sus cosas, pero yo siempre me estoy debatiendo en contra de mis pesares; tengo mi propia historia que realizar y que escribir. Mientras la abundancia escasea, la necesidad se muestra en un trono alto, pero nunca hay que aceptarla por más dura que se muestre la situación. Lo peor de todo es la incertidumbre. No sabes que pasara en tu vida, en la de tu familia, en el destino de tu país, en el desarrollo del mundo. El simple hecho de desconocer dichos factores produce terror y ganas de salir corriendo. Es triste pensar que lo único constantes es que existirán pocas cosas que permanecerán iguales. Esas cosas no siempre serán las correctas pero por lo menos uno sabrá que, pase lo que pase, todo continuará siendo por lo menos igual de humano. Volviendo a la incertidumbre debo confesar que yo la siento ahora en lo más profundo de mi corazón. Sé que es bastante trágico todo esto y cuando la situación se torna de esta manera uno deja de recordar a las generaciones pasadas. Hablando de antepasados, me pregunto: ¿qué pensaría el abuelo del abuelo de mi abuelo en mi posición? ¿Acaso también temblaría de rabia y se quedaría sin hacer nada, o al contrario no demoraría en hacerle frente al destino? No lo sé. Cada generación de hombres es totalmente diferente a las otras en infinidad de elementos, entonces no podría realmente saber qué pensarían mis antepasados acerca de lo que en mi vida ocurre, ellos ya murieron y simplemente yo ni siquiera sé cuál fue la huella que dejaron en este mundo y en su memoria. Así es el acontecer de esta película y realmente no sé qué es peor: si conocer cómo funcionan las cosas o caminar por esta vida sin el peso que produce la verdad. Justo es ahora, entre el calor que siento esta madrugada, cuando no se ya ni siquiera en que creer. De repente ya perdí mi propio norte y camino sin ni siquiera una dirección que pueda orientar mis pasos. De repente mi mundo ha sido una ilusión y en realidad entré hace mucho en la máquina de experiencias de Nozick y todo lo que vivo no es más que una ilusión realizada a mi mente.


A veces incluso me rio solo de lo que me pasa porque puede que hace unos días haya comido como un rey y hoy delire de hambre. Así de irónica llega a ser mi existencia. Pero como siempre he dicho: yo no me rendiré ante las situaciones, moriré peleando de pies así el mundo entero se ponga en mi contra. Hablando de eso, incluso puedo apostar mi camisa más bonita a que muchos de los que lean estas líneas (en las cuales realmente dejo algo de mí mismo y son mi legado en este planeta) se mostrarán en contra de lo que acá planteo. Ya sea porque piensan distinto (cosa que realmente me alegra, ¡que viva el libre albedrío!) o porque simplemente conciben que lo que escribo es mérito de un fusilamiento bien elaborado. Yo no puedo concentrarme en esas personas porque de hacerlo terminaría en un sanatorio mental al lado de los otros que también creen que pueden cambiar el mundo. Recomendaría algo a cualquier persona: elaborar, por lo menos mentalmente, su propia biografía. ¿Realmente importa si eres de la escala social más alta de tu ciudad o del digno proletariado que no vive sino que sobrevive? No, para mí no importa nada de eso. Simplemente relata tu propia historia siendo específico en todos los detalles posibles. Tú eres más grande de lo que cualquiera podría realmente describir porque hay aún en el individuo más conocido por lo menos un secreto bien guardado. Para dar fe de lo que acá planteo yo mismo he de confesar algo acerca de mi propia historia: nunca aprendí el orden del abecedario y pienso en lo más profundo de mí ser que el inventor del helado cremoso habría sido una de las mentes más brillantes que haya habido jamás. Claro, como ya dije, eso lo pienso yo, ¿pero tú qué piensas? Deberías de ir haciendo tus propias memorias. Mejor no me prestes atención y sigamos con lo que quería contar desde un principio: «En donde nací no hace frio porque el calor derrite la nieve».


-En un parpadeoCuando me percato por fin de que todo ha cambiado, ya realmente todo ha cambiado. Puede parecer redundante, pero no existe gran explicación al hecho de que nuestra novela propia pasa tan fugazmente que a veces ni nos damos cuenta de que tanto se ve alterada su esencia. Cuando me despierto cada mañana y veo el techo de mi cuarto no pienso en absolutamente nada. Mi cuerpo se levanta como un espectro mecánico que actúa por cuenta propia. Ni siquiera pienso en qué hacer cuando ya lo estoy haciendo. Sin percatarme ya estoy en el baño mirando mi reflejo en el espejo que está arriba del lavamanos. Saco la lengua, restregó con mis manos los ojos para alejar al sueño de ellos, me cepillo con la pasta dental que sabe a menta. Todo esto por el mismo acto inconsciente que nunca planeo, solo ejecuto. Es cuando estoy metido en la ducha y el agua me cae por todo el cuerpo, cuando me doy cuenta de que estoy vivo. Allí, en ese preciso momento, es que caen con una pesada furia la jauría de recuerdos que me acechan. Recuerdos de un pasado que viví con plenitud, pero que ya hacen parte de esa compilación que solo podré retomar en fugases analepsias que pasen por mi conciencia. Uno no es ni por fuera ni por dentro tan seco como un maní. Pensando en esa realidad y estando en este imperio gigantesco que inventé en mi cuarto, logro sentir la fuerza de la depresión por querer repetir lo que ya pasó. Supongo que no es posible llegar directamente a la gloria sin tener que cortar lazos, pero que problemático es que terminemos llegando con esto a la tristeza. Tengo claro algo la depresión no me ataca por ser débil sino por ser igual de humano que el que está leyendo esto. Ahora que lo pienso, en mi vida pasada tuve aventuras dignas de ficción pero nunca nadie se inspiró en ellas para hacer ninguna película. Continúo conservando (por lo menos en una mínima cantidad) lo que gané de esos días. Es mi forma de ser el resultado de lo que fue y ya no es más. El destino también intervino, resultando así una mezcla heterogénea de lo que ocurrió junto con lo que el Ser captó y mantuvo la demostración de que gracias a lo que fuimos ahora somos. Cada canción bailada o cantada, cada sonrisa precedida de una carcajada, cada paso dado intentando llegar a un mejor futuro, cada historia de amor; y muchas otras cosas más que se guardaran en mi cabeza como piezas de un rompecabezas gigante eternamente inconcluso. De todas maneras no puedo dejar de recordar tal


y como si fuese este evento un acto de masoquismo puro. En realidad son nuestros recuerdos los que nos dirán si ha valido o no la pena vivir. En mi opinión personal la ha valido completamente y ahora lo sé. Lo sé gracias a ese parpadeo hacia el pasado que me permite recargar fuerzas y continuar.

Un recuerdo es una historia. Un cuento en el que somos nosotros los protagonistas. Luego de todo este tiempo me pierdo en una fotografía como si fuesen estás portales hacia emociones pasadas, hacia aquellos segmentos que ya no volverán. Lo mejor sería despejar los pensamientos y reservar los comentarios para continuar viviendo el presente. Basta de parpadeos.


-Entre pastillas ¡me arrepiento!De ante mano pienso que esto es una pérdida de tiempo. Sin embargo, ya me encuentro solo y viejo, lo mejor será entonces que empiece a hablar antes de que se me olvide lo que iba a decir: Nunca me arrepentí de nada, nunca tuve ataques de conciencia por si lo que hacía era bueno o malo, si realmente me agradaba o no. Hoy en día cambió de cara la moneda, me arrepiento de no haber hecho lo anterior. Acepto que, para mi propia desgracia, no viví con plenitud alguna. Ni siquiera aprecié el tiempo que me fue obsequiado desde el principio. Quizás me cegué buscando otras cosas que parecían más importantes, como tal vez lo seria ganar dinero. Ya en este punto ¿de qué vale el dinero si no tengo buenos recuerdos acumulados en los cuales perderme? Solo llegan a mi mente momentos de desesperación, instantes de tristeza y soledad desolada, jornadas de trabajo constantes que al final (y después del sacrificio dado) no trajeron nunca una recompensa real y verdadera. A estas alturas del cuento ¿a quién puedo yo echarle la culpa por el destino que me tocó? Si yo mismo fui el que decidió tenerlo. Nadie me puso nunca una pistola en la cabeza para obligarme a que actuase de cierta manera. Toda elección fue llevada a cabo por mis propios deseos. Cometí errores que, ahora comprendo, fueron imperdonables. Entre los muchos estarían algunos tan traumáticos como no haber disfrutado realmente el comerme una manzana o no haber volado un papagayo desde el techo de mi casa. Eventos así de maravillosos pasaron por mis ojos incontables veces y yo nunca insistí en hacerlos eternos en mi conciencia. Mientras mis amigos llegaban hablándome de cuentos de amor en los que ellos eran los protagonistas, yo ni siquiera intentaba imaginar si pudiese llegar a conquistar el corazón de mi propia doncella. Éste supongo me debió esperar pacientemente hasta cansarse de mi demora y decidir irse lejos. Si me pusiera a nombrar todas las cosas de las que me arrepiento de haber hecho o haber dejado de hacer, creo que las hojas de las que dispongo serían muy pocas. Fueron grandes y pequeños los eventos por los que preferí optar y de los que jamás recibí ni un vestigio de felicidad. Ante algo así lo que se entiende por trágico me empieza a parecer poco, pequeño y no tan malo.


Justo ahora empieza a llover como si el cielo sintiera pena por la tristeza que genera mi espíritu. Desde la ventana veo en la lejanía un árbol grande y con florecitas amarillas. Seguramente él es más viejo que yo y a pesar de eso de seguro ha vivido plenamente todos sus años. Por eso es que creció tanto y por eso es que es capaz de dar sombra al que debajo de él se ponga, porque siguió su corazón y lo que éste le insinuaba que hiciese. Nunca debió actuar con la idea de conseguir gloria o riquezas, sino porque sentía alegría y paz al hacer lo que le gustaba. O bueno, eso es lo que creo. Una vida como la mía es triste más no vacía. A mí se me concedieron las mismas actitudes que a los demás, simplemente no supe dirigirlas en pos a lo que mis anhelos me gritaban. Sentado en esta silla he logrado entender muchas cosas. Me he dado cuenta de que la vida es un constante círculo vicioso al que estamos ligados. Por ejemplo, comenzamos usando pañales y en muchos casos, morimos también con ellos. Solamente que para ese segundo acto ya nos encontramos con la piel arrugada y no suavecita como en el primero. Al final son los pañales una de esas cosas que estarán siempre presentes. Me acabo de tomar las pastillas: un cuartico de una amarilla, la mitad de una azul, y una completa que es blanca. Se supone que dependo de ellas para mantenerme respirando, tal y como si fuesen éstas salvavidas con mayor poder que las ganas por continuar viendo a un ser querido. Así se terminan por dar las cosas al final de nuestros días. Más irónicamente aun, esas mismas pastillas que se supone deberían salvarme terminan por embobarme más y me tumban a dormir obligadamente. Miro constantemente hacia atrás y me pregunto ¿Qué habrá pasado con mis amigos? Con ellos viví muchísimas aventuras con las que terminé creciendo sin percatarme. Lástima que nada de eso le bastase a mi voluntad malcriada que tenía ese gran afán por “avanzar”, como yo proclamaba en aquellos días al hecho de simplemente no apreciar lo que recibía de los demás. Solo me queda desear que eso de reencarnar sea cierto. Si es así y existe la posibilidad de que yo pueda tener otra oportunidad, volveré a este mundo con la mente fija en una meta: sentir cada instante vivido, actuar con toda la alegría posible. Tú que estas aún con chance de seguir en esta tierra, aprovecha lo que tienes, trata de nunca llegar arrepentirte y disfruta de cada manzana.


-Entrevista a un panitaSantiago Orosco nos recibió amablemente una mañana de sábado con una sonrisa en los labios y un estrechar amigable de manos. Adentro en su pequeño apartamento, no tardó en ofrecer una taza de café recién hecho, acompañado por un poco de canela. “La canela es para darle un sabor exquisito”, explicó alegremente. El joven aclara ser parte de algo realmente grande: vivir. Empezando por lo básico, su vida consta (según sus propias palabras) de cuatro ingredientes básicos: familia, amigos, alegría y amor. “De verdad tengo tanta suerte, que los cuatro elementos se retroalimentan entre ellos. No dejo que me abandonen, son mi refugio en los momentos difíciles que presenten los días; son la seguridad de que todo estará bien”. A pesar de lo estrecha que puede parecer su vivienda (solo dos cuartos, un baño, una sala y una cocina), Santiago afirma poseer todo lo que necesita y tiene una explicación para ello bastante curiosa: “Hace algún tiempo viajé a Circacia, un pueblito hermoso en el eje cafetero colombiano. En él conocí a una viejita bastante ilustrada que me habló de Krishnamurti y de cómo éste profesaba que no es rico el que más tiene, sino el que menos necesita. A partir de ese momento decidí ejercer ese principio y creo que es bastante práctico. Acá tengo todo lo que necesito”. El joven se expresa con cierto aire despreocupado que no expide a medida que contesta nuestras inquietudes. Habla de lo bonito de vivir apreciando las cosas simples, de vislumbrar los detalles y no dejar de sorprendernos de las cosas habituales. “Lo que pasa es que no prestamos atención a lo pequeño, al micromundo que nos rodee, a las venitas verdes de una hoja o los granitos de arena que haya en la acera de la calle. Es más, me atrevo a decir que incluso ni siquiera prestamos atención a las cosas grandes que son más fáciles de ver, como el cielo con sus nubes o la luna con las estrellas alrededor. ¡Al final, terminamos por no prestarle atención a nada! (dice riendo) Creo que esa es una de las faltas más comunes”. Su juventud estuvo cargada de incertidumbres pero confiesa haber afrontado todo gracias a sus seres queridos que no lo dejaron solo. De tales momentos difíciles en sus aconteceres dice haber aprendido mucho, más de lo que cualquiera se podría imaginar. “Cuando no tienes más de comer que un pedazo de pan con mantequilla y una taza de chocolate, terminas por entender que los manjares más apetitosos son los que sabe apreciar el estómago y no la vista” dice


como ejemplo de las cosas aprendidas mientras se manejaba por esos instantes de necesidad. Cuando se le preguntó el secreto para lograr la felicidad no dudó al responder que dicho factor era muy cambiante según la persona, pero que según él la felicidad consistía en estar en paz con el mundo y con uno mismo. Inmediatamente quisimos saber si él era feliz, a lo que contestó: “No vale aún no, me falta una novia todavía” (más risas) Para finalizar con la entrevista se le hicieron una serie de preguntas fugases, el resultado fue el siguiente: ¿Por qué elegir creer en lo diferente? Es más divertido porque te sientes especial. A pesar de que es difícil que te digan cosas criticándote porque no te entienden, vale la pena ir en contra de la marea siendo original con lo que nos guste. ¿Cómo manejas tú día a día? Con una taza de café como la que me encontraron tomando, con canela. En realidad intento sobrellevar todo de la mejor manera, a pesar del estrés, de los asaros habituales o de que las cosas que no siempre salgan como uno quiere. No es nada fácil pero siempre está la opción de reírse a pesar de la situación. ¿Pies en la tierra o cabeza en las estrellas? Pies en las estrellas y cabeza en la tierra. Con respuestas así es que ni yo me entiendo (risas). ¿Algo que te identifique mucho? Vivir siempre en las nubes soñando más de la cuenta. Es algo que incluso no sé hasta qué punto podrá ser perjudicial en las ocasiones que ameriten otro tipo de comportamientos pero que, sin embargo, continuo haciendo. ¿Un adelanto de sus planes futuros? Aún los proyectos están comenzando, no quiero adelantar nada todavía y arruinar la sorpresa. Lo que sí puedo decir es que no habrá mejor época para soñar y para tener la certeza de que los anhelos se cumplirán que ésta. Todo es posible en este momento. ¿Unas palabras para las personas a las que llegue esta entrevista? Bueno nada, saludos de mi parte y espero que no se dejen llevar por las tendencias de la sociedad. Seguir al corazón siempre ha sido más práctico. Santiago nos despidió con la misma sonrisa con la que nos recibió: sincera y contagiosa. Antes de irnos nos desea un buen viaje. Es el ejemplo de un venezolano


cualquiera que quiere salir adelante, que no se deja vencer por las adversidades y que busca que sus sue単os se realicen, siempre a su manera.


-Fragmento del diario de quienquiera que seaCuando la sangre se vuelve más oscura porque la rabia nos ha poseído completamente; cuando somos víctimas del momento inhóspito en el que la desesperación es provocada por el abuso; cuando la ceguera se produce por la impotencia; allí, en ese exacto momento, es cuando entendemos realmente la razón por la que existen los actos sin sentido. Hoy me encuentro en un momento decisivo, mi patria fue atacada siempre por un enemigo invisible: la apatía a su realidad. Fuimos todos malheridos sin que en realidad sintiéramos el dolor al momento. Todo porque volteamos a un lado cuando nos pegaban las puñaladas, así es que pudimos pasar tantos años goteando sangre sin caer. Pero, como ya dije, esa misma sangre hoy ha cambiado. El pueblo es el que, al final de todo, cambia su propio curso. Un pueblo con sangre aun circulando, no podría quedarse de rodillas ante un verdugo. No sé lo que venga, no sé qué será lo que llegue a pasar, pero sé que no hay vuelta atrás al enfrentamiento contra esta quimera de ojos negros. No existirá escondite para los miedos que se materialicen delante de nosotros. Seremos kamikazes de la lucha y del bando que elijamos, andaremos por las calles ardientes en busca del lugar propicio en el cual dar la vida por la causa. Finalmente la guerra nos sorprenderá cualquier mañana de éstas…


-Guayana de los aventurerosEmpezó siendo un territorio inmenso que llegaba hasta Brasil y que mostraba su esplendor bajo la categoría de provincia. La mano del hombre y la razón justificada de éste la fueron reduciendo, hasta llegar a ser lo que es hoy: dos ciudades unidas por imponentes puentes que atraviesan los más imponentes aún Orinoco y Caroní. Nunca olvidaré la unión de estos, clara de uno y oscura del otro en una línea exacta, como si la naturaleza nos gritase una vez más acerca de su increíble majestuosidad. De puerto Ordaz a San Félix, de San Félix a puerto Ordaz, así quedo delimitada la gran provincia según la geografía. Sin embargo, en mi concepción, tal vez anticuada, Guayana sigue siendo todo en conjunto: El Callao con su oro, Tumeremo, El Palmar, Guasipati, Ciudad Piar, Ciudad Bolívar, Santa Elena de Uairen, La Gran Sabana; nombres con los que crecí y que desde siempre llevaré impregnados en mi ADN. Niñez entre arboles de Pozo Verde, entre campos de Upata. Eso es Guayana, no dos ciudades sino la bastedad de todo un paraíso. Aquel autor prodigio de Caracas, realizó en su obra una descripción sin igual del territorio entero. Me refiero al gran Rómulo Gallegos con su eternamente maravillosa «Canaima», de donde me permití tomar el título de esto que escribo. Habla de todo el espacio durante una época ya lejana. Aquel que se adentre en lo que la obra expone, sabrá con certeza que Guayana (aún después del tiempo trascurrido) continúa siendo el mismo Edén perdido. La belleza no solo se ve reflejada en la geografía, las costumbres o la cultura; es la gente que habita en tan descomunal región otra razón para que uno quede perplejo. Es como si por añadidura, el territorio solo pudiese ser habitado por individuos igual de grandes, igual de bellos. El queso telita y su poder sobre el sentido del gusto; protuberancias de la tierra únicas en su clase a las que alguien decidió llamar Tepuyes; la caída de agua más alta y que de paso fue descubierta por un Ángel; minerales que se sacan de un suelo que pareciera nunca dejar de producirlos; un calipso tocado y bailado o una bomba llena de agua en la mejor de las épocas anuales: el carnaval. Infinitos ríos que muestran su belleza por todas partes con playas de arenas blancas, islotes quietos y catamaranes o lanchas que van y vienen por la extensión del agua. Entonces abro los ojos y me doy cuenta de que no describo un paisaje imposible de existir, sino al contrario, a uno al que orgullosamente llamo “mi tierra”. Soy guayanés, soy un aventurero.


-Habla el EnamoradoIntentaré explicar de una manera precisa todo lo que pasa por mi mente constantemente en cuanto a cierto tema que nunca abandona a mi corazón. Así comienza esto: Para mí Ser es Ella la estrella de Belén. La pintura que nunca pinté está reflejada en su expresión, en su sonrisa, en su cabello planchado que huele a flor. Incluso en un pestañeo en el que tengo los ojos cerrados, sigo viendo a una musa con total claridad, a un ángel que se coló entre los humanos por error. En sus palabras me resguardo y con una oración aparentemente simple logra hacerme sentir en la gloria aunque esté siendo torturado por la cruel realidad. Muy en mi interior lo sé: esto ya no es amor. Este sentimiento ha logrado evolucionar de lo común, pudiendo trascender la barrera de la pasión para convertirse en todo un universo, en el mío propio. Son sus imperfecciones las que la hacen perfecta para mi razonamiento. No encuentro mayor fuente de luz que su mirada tranquila y soñadora que me trasmite alegría. Toda canción de verdadero amor recae en el contexto que constantemente vivimos. Yo sin poder componer por falta de virtudes musicales, me siento impotente al tener que aceptar que no puedo descargar en una melodía todo lo que siento hacia Ella. Sin más que hacer, solo puedo intentar describir con tinta y en esté viejo papel lo que ocurre día a día en mi corazón. Es cada momento que pase a su lado una obra de arte. No puedo empezar a juzgar a los demás mortales argumentando que en realidad ninguno de ellos ha conocido una pasión como esta, únicamente porque sienta muy en el fondo que lo que vivo con mi amada ya ni siquiera pertenece al reino de los humanos. Tampoco quisiera parecer pretencioso pero simplemente no puedo evitar todo lo que me ocurre, todo lo que siento, todo lo que gracias a su persona ahora soy. Cuando despierto Ella se encuentra a mi lado con su presencia que, debo confesar, me trae calma. No está físicamente sino materializada en mis pensamientos y enraizada en mi conciencia. De esta forma la veo igual de viva, la siento igual de cerca con cada respiro y cada movimiento que hiciese si estuviese presente. Entre todo lo que ya he mencionado, debo recalcar su poder sobre las leyes naturales que en este plano intervienen, siendo estás alteradas drásticamente por su Ser. ¿El porqué de tal afirmación? Simple: cuando está conmigo el tiempo se detiene y deja de transcurrir, solo para que podamos estar juntos aunque sea unos minutos más; el espacio, por su parte, también deja de poseer sus características habituales porque (para esté sublime sentimiento que comenzó a correr en una tarde de


mayo) ya no existen distancias entre ambos seres. Ella me lleva a donde sea que vaya y yo nunca concibo que a mi lado no esté su presencia. Incluso en ocasiones de aparente alejamiento, logro percibir su perfume de mujer y es allí cuando me doy cuenta que la separación es solo un mito para nuestro idilio. Cada suspiro, cada sonrisa, cada aprendizaje e incluso el hecho de que yo siga con vida, todo se lo debo a Ella. Es éste el momento cumbre en el camino de todo hombre ya que entiende que su existencia no le pertenece sino que su poseedora es la frágil doncella que le robó entre sueños el corazón. Mientras algunos se asustan por esto y sienten temor de nunca volver a poseer lo que era suyo desde el principio, yo me alegro de que el órgano palpitante que administra mis emociones se encuentre en buenas manos. En las mejores manos de este mundo para ser más preciso, en las más suaves y delicadas aunque tengan uñas pintadas de colores brillantes. A su lado he logrado entender el porqué de la necesidad de plasmar de alguna manera la concepción que poseamos del amor. La explicación es también bastante simple: nace con el milagro de amar la querencia de comunicar a los otros que tal cosa continua existiendo, que aún es posible encontrar la felicidad ante el tacto de una caricia, ante el sonido de una palabra, o con la dulzura saboreada en un beso largo y sincero. En ocasiones extremas realmente llego a creer que antes de Ella en mí estaba únicamente la nada. Otras tantas veces pienso que si había algo: un cascaron vacío que deambulaba por las calles sin rumbo aparente. Ahora eso por lo menos si ha cambiado y poseo un sentido en mi existencia: pasar cada día a su lado sin que importe el mañana o exista el ayer. Ya lo sé, soy patético por depender de otro Ser, pero realmente todo esto se escapa de mis posibilidades y de mi propio control. Ya sé también que muchos me mirarán con desdén por profesar amor y mantener siempre con cara de ilusión, al intentar darle vida a una mentira. Yo por mi parte mantengo firme, frente a esta circunstancia, la pregunta que me enseñó a seguir mi tierra y su gente: ¿Pregúntame si me importa? Con ella puedo demostrar mi irreverencia hacia aquellos individuos que no comprendan nuestro amor. Mejor dicho, los que no comprenden la complejidad de mi universo. En mi concepción está que el mayor de los martirios que pudiese llegar a mi destino seria, sin dudarlo, su olvido. Tal idea me causa pánico, inseguridad, ganas de dejar de vivir si así pasara. Un ser humano no puede mantenerse sin corazón y, al ser Ella el mío, sin su presencia mi existencia no sería posible. Pero la verdad no malgasto energías pensando en tales ideas. Lo que por Ella siento es correspondido


con tan solo una de sus acciones, con su particular forma de hacerme sentir una persona especial a los demás. Porque también debo mencionar ese detalle en esta confesión: desde que Ella me acompaña ya yo no soy uno más del montón. Yo ya he comenzado a lucir un brillo diferente en mi mirar. Un brillo que demuestra emoción y alegría por estar vivo. No debo dar más vueltas a este asunto, al contrario debo simplemente aceptarlo: Estoy enamorado.


-Hola te digoAsí como soy, sin intentar frenar el impulso que se genere, queriendo soñar hasta sin querer hacerlo. ¿No tiene sentido? Entonces te doy la bienvenida a mi mundo. *** Preferiría morir para conocer mucha gente, porque quizás los difuntos son más amigables que los vivos. Preferiría renacer en otro planeta, porque los extraterrestres deben tener mejores conversaciones que mantener. *** En cualquier tarde cercada de recuerdos, sin desear que alguna lágrima se cuele. Siento lo que siento para ser mejor. Veo lo que veo para llegar a viejo con historias nítidas que contar. *** Cantando melodías alegres de un grupo ya olvidado descubrí que respirar no vale la pena si no se hace sonriendo. De la misma forma extraña y al azar, entendí que las cosas pequeñas poseen mayor belleza ***


Mi pan de cada día son las vivencias bonitas. Aquellas que se cristalizan en la memoria, que están acompañadas de un suspiro de nostalgia memorable y que hacen palpitar al corazón de las emociones. *** Tengo un bolívar fuerte en mi bolsillo. Tengo esperanza carcomida en el otro. Tengo lo que tuve desde el principio de la nada. Solo sé que tengo arriba el cielo para volar pero sin despegarme del piso. *** De manera directa y clara, comprendo que ya no se puede luchar más. La espada se quedó sin filo, el escudo está roto, los soldados ya agotaron las reservas de valor. *** Por eso es que ya fabriqué una canoa, tan pequeña que no llega a ser curiara pero que resistirá nuestros anhelos. Aquellos que guardé en un baúl desde hace rato junto a nuestra foto en el parque. ***


Entre cafés un poco dulces, miradas fugaces, espejos opacos, cámaras sin memoria, zapatos desgastados, cervezas esfumadas entre risas o lamentos, entre todo eso, acepto que lo que gira no es el mundo sino nuestras ilusiones en él. *** Miro de reojo el reloj de mi muñeca inerte, todo para no voltear cuando me estoy yendo. Sin querer incluso moldeamos la historia, aquella que no es perfecta, simplemente es nuestra. *** Y en mi delirio bien disimulado por las palabras que evoco, te invito a esa playa que aún no hemos olvidado. Seamos diferentes aunque seamos iguales. Evitemos pensar en esta realidad absurda que los “fulanos” inventaron. *** Una estrella compraré en la bodega. Un sistema solar encontraré en algún porrón. Una galaxia descubriré en alguna nube o algún árbol. En tus ojos, en esos que guardan tu verdad, construiré una casa.


*** Por incoherencias razonables, muertes vivas, Lamentaciones alegres, soùadores despiertos, Magias científicas y romances que no se olvidan. Por todo eso apenas y te susurro: Hola‌


-Hora de actuarCuando pasó por mi mente el hecho comenzar con la búsqueda de mi sueño, entendí que no sería fácil, pero que era necesario moverme con rapidez si quería que éste se realizara. Solamente si poseía la determinación necesaria nada podría salir mal. Yo como cualquier otro podría lograr todo lo que me propusiera. ¿Qué nos diferencia de aquellos seres que alcanzaron la gloria en lo que se propusieron? La historia nos enseña que, ante el destino, todos poseemos los mismos atributos y que ellos fueron al igual que nosotros simples personas con vidas comunes. Sí, quizás el contexto en el cual se desarrollan las cosas es distinto, pero yo no seré un mártir de lo que quise y no pude hacer, simplemente por tener condiciones menos afortunadas. En fin, aquellos que son ejemplos de lo que una persona corriente puede hacer, no se quedaron de brazos cruzados, sino más bien emprendieron hacia la meta (todos ellos sabiendo que podían perder) que los llevaría hacia el éxito, hacia lo imposible. No muchos piensan de esta manera y prefieren sumirse en una realidad sin motivaciones a permitirse a sí mismos emprender hacia un deseo, pero sé que éste no será ni mi caso ni el tuyo. Nosotros somos del tipo de personas que saben que para obtener efectos hay que dar causas que nos permitan alcanzarlos. De esta manera nos ponemos a actuar en este mismo momento porque el mañana es el hoy que ayer tanto anhelamos y no podemos desperdiciar tiempo. Hay que salir y abrir nuestras alas hacia la grandeza que nos ofrece el mundo. Es hora de actuar.


-July«De las decisiones que tomamos y las repercusiones que éstas nos imponen tarde o temprano. El problema está en el tiempo, en que sea siempre hacia delante y en que se guíe en la causa para dar el efecto. En eso está la base de su perfección y la naturaleza de su inminencia. La decisión y la acción; la acción y el tiempo; el tiempo y el resultado; la alegría si todo sale según lo planeado y la tristeza si es al revés. Pero así es la vida y en algún momento de nuestra niñez entendemos que de esa manera funcionan las cosas, aunque siempre terminamos obviando esa realidad al intentar luchar en contra de la corriente. Aún peor, a veces creemos ser capaces de ganarle al destino, una muestra de esa testarudez con la que venimos al mundo. El punto es ese entonces, la decisión. También están los miedos del pasado, las inseguridades hacia el futuro, el karma de nuestra conciencia; y en el medio nosotros, intentando ser diferentes. Deseando pasar de una manera muy propia a la gloria que propone la felicidad; esa termina siendo la meta final de todo ser humano. En realidad esto termina siendo un impulso mecánico que sentimos con el fin de estar en paz con nuestro exterior. ¿Y qué pasó con el sueño de despertarnos con la misma sonrisa con la que nos dormimos? Esa sería la cosa más bonita que a nadie podría llegar a pasarle pero esa ilusión pareciera ser secundaria en ocasiones. Entonces están dos cosas relacionadas y que ya han sido nombradas con anterioridad: las decisiones y la felicidad. Son esa clase de temas etéreos los que discuten los filósofos con el mundo y (más importante aún) con ellos mismos. Cada quien a su modo tiene la forma de definir ambos términos en correspondencia con su propia vida. El asunto se vuelve problemático cuando negamos el hecho de que ni siquiera podemos sincronizar términos tan comunes en nuestras vivencias. Todos sabemos de gentes que no saben que las decisiones que están tomando desencadenaran un mar de eventos secundarios que generarán otros que vendrían siendo terciarios. Continuando de esa forma hasta que se cree un universo. Al mismo tiempo, se sabe de los que poseen mil y un pensamientos en los que se encuentran metas, sueños y anhelos que no están si quiera ligados a la felicidad sino a elementos pasajeros. Para finalizar te diré algo: es imprescindible tener claro esos términos en nuestros días. Claro, tampoco se desea desarrollar un miedo irracional a la tomas de decisiones enfocándonos en el hecho de que éstas quizás no vayan a ser las correctas. Para eso jamás dejará de funcionar seguir al corazón debido a que esto nos garantizará actuar con plenitud y sin arrepentimientos sea cual sea el resultado. Así mismo, no se busca que la felicidad se consume como un tramo inalcanzable del camino como si estuviese ligada a la perfección o algo así; al contrario, no habrá algo más noble que admitir que de verdad se es feliz con lo que tenemos y tal y como somos. Te pones a pensar en esa clase de cosas y


concluyes tus propias verdades sin tener que buscarlas en ningún libro. En conclusión a estas en particular, lo mejor es siempre vivir con una sonrisa que venga desde el alma. Una que refleje que nuestro espíritu continua vivo». Esas eran la clase de cosas que me decía July mientras pasábamos la tarde en algún café de la ciudad. Ella me prestaba sus palabras mientras yo apenas comenzaba con un mundo de posibilidades ante mí, aquel que me proponía la vida y que yo debía moldear. Ella fue una amiga, una maestra y una guía que me condujese a las verdades simples de las cosas. Aquellas que uno mismo puede concluir con solo pensarlas por un momento. Gracias a ella y a esa tarde de jueves, pude actuar sin arrepentimientos y con esa sonrisa del alma que reflejaba que estaba bien con el mundo y conmigo mismo.


Para Vero. Por cada día, cada historia y cada foto.

-La boheme-Aun siendo pobre, huérfana y estando completamente sola, fui capaz de creer en esa tonta frase de “quiero cambiar el mundo”, ese fue mi error- confesó Nena a la psicóloga. -¿Y qué pasó?- preguntó la otra. -Nada, solo comencé a hacer lo que mejor sabía: tomar fotos con la cámara que me había dejado mi papá. Bueno ahora que lo pienso creo que era y es lo único que en realidad se hacer. -¿Y qué fotografiabas? -Muchas cosas: paisajes, personas, cosas, etc… Al principio ni siquiera tenía una buena cámara y las fotos no quedaban tan bien. Tampoco intentaba hacer arte con ellas, solo era feliz capturando cosas con el lente, aunque seguía sin cambiar el mundo. -Pero ¿Cómo se supone que cambiarías el mundo siendo fotógrafa?- quiso saber la psicóloga. -¡Yo nunca dije que fuese fotógrafa! Solo dije que había empezado a tomar fotosrespondió Nena y la frialdad se mostró en su cara. -¿Y no es acaso la misma cosa? Dedicarte a tomar fotos te convierte en fotógrafa. -¡No! ¡Por supuesto que no! Yo no tenía ningún tipo de preparación e incluso ahora sigo sin tenerla. Todo lo que sé lo he ido descubriendo por mí misma. Hoy en día hago la misma cosa de antes: Solo tomo fotos. -Pero eres reconocida nacional e internacionalmente por tus fotografías. Tus galerías y lo que éstas expresan han demostrado un talento único nunca antes visto. Aun así, ¿sigues sin considerarte una fotógrafa?- preguntó la psicóloga con asombro por lo que le decía su paciente.


-¡No! Eso no cambia nada. Como ya le dije solo tomo fotos y solo porque quería cambiar el mundo- repitió Nena pero esta vez ya empezaba a enojarse por lo que decía la otra. -Dale está bien, no tienes por qué enojarte. Mejor cuéntame ¿qué paso después?dijo la mujer cambiando de tema para evitar problemas. -Yo no me enojo, solo le aclaro las cosas. Y bueno, resumiendo, lo de cambiar al mundo surgió hace diez años más o menos, no lo recuerdo bien. Luego de eso, pasaron un par de años y por fin formé mi primera exposición. Lo demás vino solo porque así quiso la vida: me empecé a dar a conocer en el medio, viajé a muchas partes a tomar más fotos y conocí infinidad de personas que, como yo, solo querían conseguir ese sueño imposible de “cambiar el mundo”. Eso es, en conclusión, lo que tengo para contar, ahora dígame: ¿Estoy loca o no? La psicóloga (a la cual Nena había acudido por su gran fama y prestigio en el desempeño de su profesión) no contestó inmediatamente, sino que se la quedó viendo un rato. Le calculaba unos 25 a 30 años pero, según había escuchado, la muchacha que estaba al frente de ella era una artista inigualable en lo que hacía, aunque ésta no aceptara ni siquiera el título de fotógrafa. Al fin, después de un rato en el que Nena se sintió muy incómoda, la psicóloga habló: -Para nada, no pienso que estés loca en lo absoluto. Solo eres diferente a los demás. No creo tampoco que querer cambiar el mundo sea una cosa tonta o imposible como has dicho, pero lo que sí creo es que en este momento has perdido tu propio norte. -¿Mi norte? Bueno, quizás. Pero todos lo hacemos en algún momento, yo también soy humana ¿sabe?- respondió Nena, altanera como de costumbre con la gente en la que no confiaba. -Sí, ya sé que eres humana y eso es una suerte- contestó la psicóloga haciendo caso omiso a la brusquedad de su paciente- Pero debes entender algo: a las personas que se aventuran a ser diferentes y a buscar ese “algo más” que ofrece la vida les toca más duro que a la gente común. Confió en que encontraras otra vez tu norte y que nunca volverás a pensar que estás loca. Por ahora ya ha culminado esta sesión y aún tengo más personas por recibir. Nos veremos en ocho días.


Nena tomó su bolso y la gran cámara profesional que estaba al lado de éste, se dirigió a la puerta del consultorio pero antes de salir por ella se volteó y mirando fijamente a los ojos de la doctora dijo: -A veces creo que en mi mente se libra una guerra civil, pero creo que ésta ya empieza a acabar- se volteó otra vez, abrió la puerta y se fue sin esperar una respuesta. *** El mundo se estremeció cuando, al día siguiente, el titular de muchísimos periódicos a nivel mundial anunciaba la muerte de la joven promesa Nena León, una de las fotógrafas con mayor talento y fama de su época. Las noticias contaban que sucedió cuando, llegando a su casa, un hombre armado con una pistola y desesperado por la falta de dinero, intentó robarle su cámara e instrumento de trabajo. Fatalmente, víctima de los nervios y de manera accidental, el hombre le dio un tiro en el abdomen que no la mató de inmediato, sino que la dejó agonizando por poco menos de veinte minutos. El ladrón se entregó al día siguiente a la policía a causa del cargo de conciencia y muchas personas de todas partes del planeta, lloraron la perdida de tan brillante artista y la manera tan cruel en como ésta se había ido de este mundo. Sin embargo, lo que nadie nunca supo es que (en ese lapsus de tiempo en el que se encontraba en el piso de su jardín bañada en sangre y con su cámara entre ambas manos porque el ladrón ya se había ido corriendo) Nena comprendió al fin su propia verdad. Ella sí había logrado cambiar un mundo: el suyo propio, solo que nunca se había percatado de ello. Murió feliz y con una sonrisa. Irónicamente su último acto, ya en su lecho de muerte, fue tomarle una foto al bello atardecer que se mostraba ante sus ojos. Por fin la guerra en su mente había culminado trayéndole la paz.


-La sabiduría del Rascao-Lo único que te puedo decir es que sigas a tu corazón. Debes llegar a sentir realmente esa furia por vivir dentro de tu cuerpo, dentro de cada órgano y de cada punto de tu integridad. Porque en realidad para eso es que venimos a este mundo, a crecer viviendo. La única búsqueda verdadera es la de la realización de los sueños. Puedes pasarte años enteros engañando al mundo acerca del supuesto bienestar que te rodea pero nunca te engañaras a ti mismo. Date cuenta: no todo el que dice ser feliz realmente lo es y nunca el que en verdad lo sea dice serlo a menos que se lo pregunten, curioso ¿no? Claro que habrán muchos que te criticarán por pensar de esta manera tan poco usual, tú debes tener presente que aquellos que te lo digan serán solo personas que pertenezcan al montón. Por eso debes tenerte a ti mismo como mejor amigo incondicional, como consejero y como presidente encargado de tu destino. La fe que inviertas en ti mismo se verá remunerada y con creses, solo debes aprender a soportar las adversidades… por otra parte está el tema de la ironía propuesta por este camino. Son poseedores de grandes fortunas aquellos que nunca se han sacrificado por ellas y por lo general terminan disfrutando más de la vida aquellos que a simple vista parecen desdichados. Tú debes creer en lo que quieras creer. Ver lo que quieres ver. Por ejemplo, yo cuando estaba chiquito no pensaba en nada más que en mi voluntad. Sé que ésta era muy grande, tanto que podía llegar a cegarme pero nada me llenaba igual de fortaleza que creer fervientemente que con esfuerzo y fe, que con imaginación y optimismo, todo podía lograrse. No creo que haya cambiado de mentalidad porque mis ideales siguen siendo los mismos, pero lo se: algo ha cambiado en mi voluntad y realmente desconozco lo que pueda ser. Siento como si de cierta forma yo esté traicionando mi propia mentalidad, lo que creo, lo que Soy. Recuerda siempre esto también: la voluntad que posea cada quien será directamente proporcional a su fe en sí mismo. Ahora bien, tú no te puedes detener en puntos inciertos, tú necesitas ser practico y sincero con tu conciencia. Es por esto que no necesitas meditar durante largas horas o varios días intentando encontrar el sentido de tu existencia. Solo debes buscar aquello que cause placer en tu interior, en todo tu ser. Aquello que te impulse a continuar cada día y que haga de ti una mejor persona. Sin quererte afirmar con eso que el camino sea fácil. La realidad es que si todo en este mundo se tratase de guerras, la búsqueda de los sueños sería la más ardua de las batallas, la más extensa y agotadora. Tampoco es que te quiera bajar los ánimos, solo debes tener siempre presente lo duro del


camino. Siéntete en conexión con que si los sueños que buscamos están precedidos por el mal augurio del fracaso, que éste no sea más que un borroso avistamiento y que al contrario de una derrota visible sea vista como la prueba de que hay algo más esperándote. Ahora ya ha llegado la hora, dime algo, ¿Has logrado comprender todo lo que te he dicho? ¿Te ha servido de algo muchacho? -La verdad es que si he entendido todo lo que me ha dicho y debo confesarle que todo me ha servido de mucho, gracias por eso. Sin embargo, usted debe recordar que yo solo le pregunté si me podía decir la hora. Definitivamente usted está borracho, mejor no siga tomando…


-Las nubes también filosofanLas hormigas caminan debajo de mí y yo las observo todo el día y toda la noche aunque muy pocas se detengan y reparen en mi existencia. Todas están azaradas como pequeñas obreras; siempre con un camino distinto que recorrer, siempre llevando una pesada carga sobre sus espaldas. No solo se sumergen de lleno en sus trayectos sino también en las realidades que se inventan, así se enamoran entre sí e incluso viven telenovelas de ilusión y desengaños. Algunas son ladronas y otras policías, algunas son líderes y otras (la gran mayoría) son lideradas. Casi todas son buenas y ayudan a mejorar el roto mundo que habitan. Otras veces veo algunas que, bajo sus propios intereses, actúan egoístamente y causan retrocesos. Es por estas últimas que por temporadas me pongo gris de la rabia para después empezar a llorar por largas horas, por ellas y su grandeza mal enfocada. Incluso en mis delirios más cercanos a la locura, logro llegar a la calma. Por supuesto esto no es logrado por atributos semejantes a los de un sabio, sino porque muy en el fondo entiendo que uno no puede inmiscuirse en el acontecer de las cosas. Así continúo observando con sumo cuidado todo lo que suceda en los alrededores y pido, antes de continuar con todo esto, el favor de que no se le considere chismosa a toda mi gente. Nosotras simplemente seguimos nuestra naturaleza y así como solo un árbol conoce el número de hojas que posee o un rio su propio volumen, así mismo nosotras tenemos en nuestro código genético vigilar los pasos de las hormigas que existen debajo de nuestros blancos cuerpos. Volviendo al tema de los pequeños insectos que corretean sin parar, no puedo dejar de hacerme la misma pregunta una y otra vez: ¿Qué puede hacer un Ser como yo en el trascurso de su existencia? Muy en el fondo de mi húmedo corazón conozco la respuesta aunque nunca termine por aceptarla: yo no puedo hacer absolutamente nada. Quizás la única acción que contribuya a mi felicidad, sea el hecho de continuar dejando que me empuje el viento con la ilusión de encontrar una tierra en la que las hormigas ya no se maten en guerras sin sentido, o se dejen vencer por los laberintos que les presente el destino. Si me tomo un poco más de tiempo para reflexionar acerca de todo esto, es inherente pensar que la suerte que proponen sus reglas haya sido en algún momento tomada en cuenta. Realmente esas hormigas son muy extrañas al decir mucho sin empezar por lo menos a hacer algo. Quizás yo deba quedarme callada con todos los comentarios que por mi mente pasen, porque muy probablemente


cometo un error al comparar a los de abajo con el reino natural al que pertenezco. Yo y los míos, por ejemplo, somos felices con el simple acto de poder cambiar de forma, transformándonos en cualquier cosa que queramos. Mientras que los otros ya mencionados, son capaces de pasarse toda una vida (las cuales son en verdad muy cortas) luchando por modificar su entorno y todo lo que les rodea sin reflexionar en cambiar su interior y moldearse a sí mismos. Desde siempre mis hermanas han vigilado a las hormigas de abajo y todas igual que yo siguen llorando por lo que ven, por todos los errores que se continúan cometiendo, por las vidas que se pierden, por aquellos que ni siquiera sueñan, por los que fingen estar vivos. Por esas razones y otras miles, es que de nuestros cuerpos caen miles de lágrimas. La verdad ahora que lo pienso nunca ha sido de nuestro interés hidratar la tierra o todas esas tonterías. Aunque a veces organicemos huelgas generales en las que lancemos rayos y truenos a los de abajo intentando llamar su atención para hacerlos reaccionar, la verdad es que nadie nos escucha sino que irónicamente terminan temiéndonos. Que trágica es nuestra existencia al ver a los que queremos como si nosotras los hubiéramos parido, cometer errores. Bueno supongo que soportar todo esto debe ser algún tipo de karma que pagamos. Un karma que estamos pagando con el martirio de que nos insulten al referirse a nosotras como nubes.


-Levántate y andaNo me creo las cosas que nos quieren venir a decir a la mayoría desde que somos chiquitos: usa la camisa por dentro, anda a la iglesia los domingos, quítate la gorra cuando vayas a comer, estudia y obtén un título para que seas alguien en la vida, no te juntes con malandros que esa gente no tiene nada bueno, lo que comienza mal termina mal. Así, infinidad de tonterías que a mi parecer, no sirven para absolutamente nada. Quieren que vivamos pero no nos dejan vivir. Apartando esto, si hay algo en lo que creo fervientemente: somos nosotros los únicos dueños de nuestros actos, de lo que queramos o no queramos hacer. Pienso que es importante pensar con claridad en este punto, ni a ti ni a mí nos gusta sentir que terceros pueden controlar lo que podamos hacer en este mundo. Por eso perseguimos siempre el sueño de la libertad, de la independencia plena. Lo importante es tener claras las posibles repercusiones que pueda traer la autonomía de nuestras acciones, saber que toda causa tendrá un efecto y hacer valer este don divino de la acción de buena manera. ¿Qué cuál sería esa buena manera? Eso solo lo podrías saber tú, yo por mi parte solo te diré que las respuestas las tenemos en nuestros corazones. Por eso somos los únicos protagonistas en esta tragicomedia. Aunque sin duda alguna hay un destino ya escrito e indiferente a eventos sin sentido, este mismo será trasmutable a los trazos realizados por los dioses en potencia que en él habitan. La fortaleza interna es esencial al igual que la valentía que inyectemos a nuestras acciones. A la vez, con tan solo la idea indicada podrás cambiar el mundo, pero sin un sentimiento que te impulse no saldrás de tus propias barreras. En todo esto el miedo pasa a ser solo un mito; admítelo, el miedo no te paralizará a la hora de actuar sino la desconfianza que te tengas a ti mismo. Viéndolo así, el miedo es la ilusión que creamos para disfrazar nuestra falta de fe, nuestra propia realidad interna. Serás el albañil de tus propios castillos, el dirigente de tus piernas en cada paso, aquel que decida el futuro del país que existe en su mente. Porque en tal cosa (la existencia, la vida o como se le quiera decir) no puede haber cabida a los “quizás” o “de repentes” en las motivaciones que tengamos. Se hace o se deja de hacer, se actúa ante las circunstancias presentes o simplemente se mantiene inerte. Vivir cada día como si fuese el ultimo, como si te pudiese atropellar un carro al cruzar la calle o te pueda caer un rayo en alguna tormenta, es digno de admirar. Lo digo


porque solo así empezamos a obviar que hay probabilidades de desastre, sabemos que existen si, y que en cualquier momento nos pueden llegar a nosotros, pera ya nos empiezan a dejar de importar. Comprendemos al fin que lo malo está en la naturaleza de las cosas y, así de simple, éstas dejan de parecernos gigantes con espadas y martillos capaces de cortar o aplastar nuestro menudo cuerpecito. El sistema puede parecer como si tuvieses la obligación de desarmar una complicada bomba que puede explotar en cualquier momento. Hay que tener en cuenta que seguimos ante todo siendo seres humanos; que cometeremos los mismos errores que cometieron hace muchos años atrás nuestros antepasados; que viviremos y estaremos a la merced de la devastación y la tragedia, o de un tiro cuando nos vengan a robar. Lo importante es no dejar de moverse en pos a lo que dicte nuestro palpitante órgano bombeador de sangre. Él siempre tendrá la razón, o por lo menos nos dirá el verdadero anhelo que deseemos. Causa efectos con buenas causas, y después no digas que no te lo dijeron. Por mi parte continuaré intentando descifrar el sofisticado dilema que propone el acto de meterse la camisa por dentro. Tú levántate, anda y agarra un bus hacia lo que te haga feliz. Quizás solo eso baste: actuar.


-Litargo en su laberintoLeonardo José María Litargo Moreno Fermín Vásquez, mejor conocido como Leonardo Litargo o Litargo a secas, se encontraba en la habitación con paredes blancas en la que lo habían metido aquellas personas extrañas. No entendía realmente que estaba pasando, veía su alrededor contrariado por no saber dónde se encontraría. Solo recordaba que lo habían sacado de su casa cuando estaba desayunando y que luego fue trasladado hasta ese lugar. Lo extraño era que, a pesar de su confusión, no recordaba el transcurso de cómo había llegado hasta allí. La historia de su vida era extensa, Litargo llegó a ser conocido como “La lumbrera” y es que su vida giró en torno al conocimiento puro. Fue un filósofo y erudito eminente en su época, destacado por sus trabajos y principios que estudiaban la relación del hombre con el poder. Su obra de mayor prestigio y con la que alcanzó el clímax de su carrera fue: “Dioses en potencia, nada más en potencia”. Se reconoció mediante esta que Litargo poseía un profundo entendimiento hacia la magnificencia humana y cómo ésta era un arma de doble filo para el que llegaba a desarrollarla. Se le consideraba un hombre de una cultura exorbitante, de una amabilidad calurosa y de un don para la conversación nato. Pero nada de eso valía en aquellos momentos, Litargo se encontraba preso en una celda que no poseía barrotes. Así pasaron días y noches en aquel lugar. El tiempo se tornó inexacto para él, quizás lento o más rápido, aquello era algo que no calculaba. Día tras día venia una mujer y dejaba una bandeja con comida en una mesita que había junto a la cama en la habitación. El no tardó en preguntarle desde el primer momento cual era la naturaleza de aquel sitio, a lo que ella siempre respondía: “tranquilo señor Leonardo, tranquilo”. Confundido, solo se quedaba en silencio intentando descifrar que era todo aquello. Durante esos días tristes y solitarios la única luz entre su penumbra amarga siempre fue Amanda. Ella había sido su amada desde que él tuvo conciencia del amor, fue su musa y su inspiración, fue la base que lo ayudó a sostenerse ante la adversidad. Ella jamás dejó de ir a visitarlo constantemente para renovarle energías desgastadas y a hacerle más alegre el proceso traumático de su encierro. Quizás pasaron meses, quizás un par de años y a Leonardo Litargo una gran barba le pobló la cara. Fue en una ocasión más durante una mañana cualquiera (en donde la monotonía enloquecedora lo llevó al abismo del desespero) cuando por


fin recordó una realidad que era más suya que sus ojos o su boca: él era un escritor. No pudo sacar ese redescubrimiento de su mente y ese día, cuando Amanda lo fue a visitar como de costumbre, Litargo le pidió que por favor le prestase un bolígrafo y una hoja. Ella ni si quiera se inmutó, solo sonrió y rebuscó en su cartera. Se hizo de noche y su amada partió. La última sonrisa que ésta le dirigiese se hizo inmortal en su conciencia por toda la eternidad. Pero el ya presentía su destino: moriría esa noche de alguna manera. Aceptó la idea desde que ésta fue concebida e incluso llego abrasarla pensando que sería lo mejor. La verdad es que ya se sentía muerto en vida por aquella condición inmutable, lo que vendría solo sería un cambio de acontecimientos. Tomó el bolígrafo y comenzó a escribir la hoja lo que sería su último trabajo: “Que cosas las que nos trae la vida. Que pendejadas más raras con las que nos sale el destino. Vivir sin vida es como soñar sin esperanza, eso sí que es el colmo de la miseria. No pretendo saber nada sino solo continuar siendo ignorante, siempre lo fui debido a mi propia elección. Quiero que el amor lo sea todo. De principio a fin ese siempre ha sido el más inmenso poder”. *** El paciente Leonardo Litargo fue encontrado acostado en su cama sin signos vitales. Tuvo una muerte natural que parecía evidente debido a su mal estado de salud. A pesar de ello, fue una sorpresa para todos. Estuvo internado en el psiquiátrico Virgen del Valle por casi tres años, luego de que sus allegados dieran fe de sus actos incoherentes y desmedidos. Al realizarse un estudio a su persona, se declaró que “La lumbrera” estaba irremediablemente loco. Fue un triste acontecimiento para el medio intelectual del país, sin embargo éste, más temprano que tarde, terminó por superar la pérdida de su persona y enfocarse solo en sus trabajos. A pesar de su estado, Litargo mantenía una conducta pacifica, tranquila, casi siempre introvertida y con una mirada de concentración como si en cualquier momento fuese a despabilarse y a escribir un nuevo libro. Tristemente, bien se sabía de las voces que oía sin que nadie le hablara, de las personas que veía donde no había nadie y de las historias que contaba como si fuesen suyas y que realmente él nunca vivió. La enfermera lo encontró con una sonrisa en los labios, tal y como si hubiese muerto contento por alguna razón. El verdadero susto se lo llevo al ver la


hoja que tenía aguantada con una mano y el bolígrafo que tenía en la otra. Nadie nunca se explicó de donde Litargo encontró tales artefactos debido a que cualquier objeto era alejado de los internos por el miedo a que se fuesen a hacer daño con ellos. Se descartó también la idea de que algún visitante se los hubiese entregado debido a que, durante el tiempo en el que estuvo en Virgen del valle, Litargo nunca tuvo ni siquiera una visita.


-MetamorfosisEsa sí que era una buena vida, una a la que, sin embargo, nunca logré apreciarle lo bonito. Cuando caminaba en dos piernas y tenía pulgares opuestos todo parecía estar bajo control, yo era el único que podía decidir qué hacer y qué no. Sin dudas puedo decir que en todo aquello no había cabida a la tristeza que traen los malos momentos porque ni siquiera percibía la existencia de estos. Nunca pasé desesperación por incertidumbres que pudiesen llegar en el futuro. Lo único que realmente importaba era lo que vivía en ese momento y solo de esa manera yo era feliz. Lástima que mis decisiones fuesen cambiando y que, naturalmente, mi entorno fuese adaptándose a éstas. Sin darme cuenta me fue creciendo más pelo que el normal por todo el cuerpo, mi nariz se volvió negra y húmeda, por último y para colmo, me fue creciendo poco a poco una cola. Quizás todo fue un castigo divino por alguna de mis acciones. Si fue así o no, yo no podría saberlo. Desde el inicio de la humanidad, las personas tienden a suponer muchas cosas que toman como verdades absolutas y que no pueden ser refutadas por nada ni nadie. Pero por lo general ocurre que, con el pasar de los años llega cierto loco y dice que tal cosa no es así, si no que es de otra manera. Al final termina ocurriendo que dicho loco tenía razón y se vuelve a colocar una nueva verdad a seguir como si ésta siempre hubiese estado. De esa forma, hace algún tiempo la tierra era plana y el hombre nunca podría volar. Hace cierto rato que yo también pensaba que los perros no hablaban ni menos podían escribir. Terminé siendo la prueba de que en eso también estábamos equivocados. Recordando ese refrán de “nunca digas nunca”, es que retomo aquella mañana de sábado cuando al despertarme y mirar mi reflejo en el baño, con terror me di cuenta de la nueva verdad absoluta que invadía mi realidad: yo ya no era una persona, me había convertido en un perro. Esta vida de cuatro patas y garrapatas chupa sangre era horriblemente distinta a todo lo que antes había vivido. Empecé por reconocer nuevamente todo lo que me rodeaba, dándome cuenta de que las cosas eran más grandes que antes. ¿O es que tal vez siempre lo habían sido y yo jamás me había detenido a notarlo? Dejé de vivir para empezar a sobrevivir, allí fue que empezó el miedo al futuro. Un futuro que parecía estar lleno de desgracia cuando me di cuenta de que mi visión se había limitado al blanco y al negro. Al final, esos parecen ser los únicos colores verdaderos.


Cuando se es un perro de la calle como fue mi caso, tus instintos intentan imponerse a la razón. Esto es algo natural debido a que, al verse uno desamparado, la necesidad por continuar respirando se convierte en el único norte. Comes todo lo que sea masticable para tus dientes sin importar la naturaleza de lo que sea. Finalmente olvidas que tu vida no cambiará mientras que tú no impulses ese cambio. Tal verdad te llena al principio de esperanza, para luego dejarte caer al percatarte que ya nadie entiende lo que dices. Pasé muchas veces por los parques los domingos y vi gente pasándola bien y silbándome o acariciándome la cabeza. Un día de esos fue que supe que había dejado las emociones que tenía cuando era humano. Ya no sentía ni goce ni pena, ni esperanza ni desventura, al estar en mi actual situación. Solo me concentraba en mirar las estrellas de noche sintiendo un extraño tipo de fuerza que se agitaba en mi interior. Creyéndome la mentira de que quizás, si lo pidiese como deseo a alguna de esas estrellas, yo pudiese volver a ser lo que alguna vez fui. En esta nueva etapa como perrito faldero, la felicidad reside en poder encontrar en una noche de invierno, un lugar caliente en el que me pueda proteger de la lluvia. Pero aun así no me arrepiento de mi condición. Ésta es el resultado de mis decisiones y mis actos. No me importa realmente si estos fueron correctos o equivocados. Gracias a su efecto he podido crecer como individuo, así ya no sea uno. Solo quisiera en algunas ocasiones poder regresar al pasado y revivir por un momento aquellos instantes en los que, con un sándwich y una limonada, hubiese sido capaz de encontrar las bienaventuranzas prometidas. Así funcionan las cosas, te encuentras en un ambiente determinado un día y al siguiente todo cambia. Creo que es una mentira llegar a pensar que cambios negativos en nuestros aconteceres son perjudiciales del todo para el individuo. Se nos hace constante la necesidad a la adaptación para lograr sobrellevar las adversidades. Soy un perro, uno que agita la cola y saca la lengua, que toma agua y se rasca la barriga como lo hacen los de mi raza. Mi existencia no ha sido un desperdicio sino, simplemente, una metamorfosis compleja y fastidiosa. Se me hace muy difícil continuar escribiendo debido a que ya me duelen las patas por la forma incomoda en la que tengo que agarrar el bolígrafo.


-Mirando hacia mi ventanaEn mi mente, así como en la de todos los seres humanos, existen muchas personas. No todas se llevan bien porque discrepan en sus ideales y al conversar llegan a discutir, pelear y enojarse unas con otras con tal de demostrar que su ideología es la correcta. De esta manera, hay una de estas personas que es muy curiosa y que convive muy seguidamente con otra que es más dada a la simplicidad. La primera ansía con fervor la fama y la gloria de llegar a ser importante entre los demás, mientras que la segunda pensando en el mismo tema solo pregunta: “¿Y para qué?...” Ante esta respuesta Curiosa se defiende argumentando lo gratificante que sería ser conocido por todos en cualquier calle de cualquier lugar del mundo. Simplicidad se toma su tiempo y vuelve a pensarlo para luego terminar respondiendo: “Entiendo pero, ¿Para qué?” Mientras una nunca se rinde y lucha constantemente por la materialización de sus anhelos, la otra se mantiene tranquila como si nada en este mundo pudiese causarle el menor impacto. Se ven las caras a diario y Curiosa siempre está intentando hacer entender a Simplicidad que, de cumplirse sus planes, estos las llevarían a una vida fuera de lo común. Aunque la otra, como es habitual, nunca parece si quiera inmutarse manteniendo su mirada característica que despide serenidad. Una vive en las nubes y solo piensa en lograr sus sueños. La otra es feliz disfrutando de un helado en un parque con muchos árboles. Cuando lo pienso detenidamente, ninguna es mala, ninguna es egoísta. Viven como piensan y se alegran de que así sea. Solo son parte de mí y logro entender que al final, tanto curiosa como simplicidad, se complementan una a la otra, formando parte de lo que es mi Ser en conjunto con todas las demás personas que en él habitan. No importa que tanto se diferencien entre sí, de igual manera siempre seré yo quien tome partes de cada una para así moldearme a mí mismo.


-Mis maratonesEmpezando por el final y para no dar sorpresa alguna a estas líneas, la vida que seguí estuvo constantemente girando en torno a lo pasajero. Todo aquello que ocurriese sin mayor notoriedad en mis días fue bien recibido y tal hecho se instaló en mi conciencia como la seguridad estable y perpetúa que tenemos los humanos de morir. De la misma forma busqué esa exactitud errante, compleja y casi erradicada de la geografía terrestre que propone la esperanza. Al no poderle dar alojo fijo en mi interior, pude entender la inconstancia que tenemos muchos al mantenerla. De igual manera se opta por algo que podamos amar sin lograr entender el porqué de dicha acción, solo se hace sin esperar otra cosa. Eso quizás sea la verdadera esperanza, vivir y sentir cada minuto sin hacer otra cosa que aquello que nos hace sentir especiales. Desde el comienzo mis definiciones hacia las cosas fueron iguales a la anterior sobre la esperanza: vagas, sin conclusiones distintas a las que cada persona pudiese darles, marcadas por mi espíritu desde la primera letra hasta la última. La verdadera razón por la cual creo pertenecer a una nueva generación es esa, preferir crear un algo antes que pensar en tomar dicha cosa de los que han pasado. En esta conversación somos auténticos profesionales todos lo que vemos al mundo con ojos distintos. Podemos explicar de manera metódica como ser sin esperar tener; como observar y escuchar de acuerdo no a los sentidos del cuerpo sino a los del alma; como disfrutar de cada detalle por minúsculo que este sea; en fin, como incluso respirar distinto a pesar de poseer un sistema idéntico al de los demás. Entonces me pregunto (sin esperar realmente respuesta alguna) si solo de pensamientos, sueños y sonrisas puede uno vivir. A partir de que mi memoria se acuerda de sí misma, me incliné hacia lo fantástico. Quise pensar que podía lograr todo aquello que contaban las historias, las películas, los libros, las canciones o aquel mecanismo perfecto que utilizamos con pasión los distraídos: la imaginación. De ella desde un principio me sostuve para poder continuar andando. En noches de hambruna o agitación por el siguiente paso a seguir, fue que finalmente descubrí que no hay peor pena que aquella en la que se deja de lado a la maravilla de imaginar. Lástima que esta sea carcomida por la supuesta realidad que nos quieren imponer. Por eso quizás la sordera fue un componente indispensable más en mis idas que en mis venidas. Simplemente no podía permitir que mis energías se desgastaran, éstas (que bien pequeñas que ya


eran) debían conservarse firmes ante la tentación de ceder. El fin último sería entonces lograr algo, fuese lo que fuese o de cualquier naturaleza. Esa sería la causa por la cual continuar, esa y no luchar por edificar un imperio en la inmortalidad de las memorias. El temor sin rostro es la falta de amor, la soledad de vivir sin nadie a nuestro lado. De esa manera, aquello que comienza siendo eterno puede desintegrarse hasta dejar de formar incluso parte de lo existente. Cuando es así, muchos ni lo notamos debido a nuestro profundo esparcimiento en la burbuja que nos hemos creado previamente para sobrevivir. Quizás fue esa razón por la que al final me di la vuelta para ver lo que había a mis espaldas, dándome cuenta que ya nadie me seguía, estaba solo. Solo como arranqué, y como realmente siempre había permanecido. De repente es que soy uno más del montón. De repente moriré siendo hormiga sin poder nunca haberme transformado en bachaco. Entre “de repentes” podría pasar toda mi vida, recordando la noche en la que perdí a mi amada definitivamente, o la mañana en la que abandoné mi tierra buscando otros caminos. Pero vuelvo a repudiar todo lo que tenga que ver con la decadencia o la depresión que se pueda generar en mí ser. No niego que sea difícil conseguir crear un ejército de una persona, o que ésta pueda cumplir con la meta que establecía mi abuelo como un grito de guerra desafiante: “darle la cara a cualquiera que a uno se le atraviese”. Configuré esa frase a un plano práctico para vivir, después de todo si te lo dice un viejo se supone que tú llegarás a ser viejo también al aplicarla. Sin embargo, no pude retenerme en la caja de lo práctico y lo que se suponía debía ser beneficioso para mí mismo. Opté por mi propia naturaleza surrealista llena de laberintos y cosas sin sentido, así preferí pensar que la ilusión por conseguir la felicidad venia incrustada en nuestra sangre, nuestro corazón, nuestro consiente, en cada partícula que nos constituye. Con tocar la alegría aunque esta sea momentánea, con sentirnos en paz aunque sepamos que esta durará un poquito nada más. Eso, entre otras cosas, fue lo que me dejaron mis maratones.


-Nemilio en tiempos de ironíaCuando menos lo pensó simplemente ocurrió. Yo, mirando desde afuera, volví a pensar en la ironía que esta vida puede presentar incluso a un personaje ficticio creado por mi mente cochambrosa. De esta manera Nemilio solo se quedó mirando a hacia la nada desde la acera de su casa en una noche más fría de lo normal. En ese exacto momento por fin su nevera había alcanzado un nuevo punto de desolación y se había logrado vaciar por completo. Sin comida, sin dinero, sin trabajo y a punto de perder su casa a manos los del banco. Aun así, sin embargo, experimentaba por fin una experiencia que no tenía nada que ver con su realidad externa: él, a pesar de todo, era feliz… De la nada llegó la tormenta y aunque todavía ésta parecía azotar su vida con fuerza, él se encontraba muy lejos de toda desesperación. Allí, sentado viéndose en tan extraña oposición de circunstancias, se percató de su propia verdad: no se necesita dinero para ser un rey. Sonrió y no tuvo miedo a lo desconocido. El dolor de cabeza que tanto lo atormentaba no volvió más. Luego de pasar toda una vida leyendo novelas fatalistas en las que se veían circunstancias muy parecidas a las que él vivía y que tenían finales tristes en los que el personaje principal moría de pena o se dejaba llevar por su propia pobreza interior, su destino había corrido con otro tipo de suerte. Él era igual de desafortunado que los de las historias pero ya no prestaba atención a nada de aquellas cosas, era feliz sin importar lo que pudiese estar viviendo, lo que le ocurriese mañana. La ironía había llegado a su vida y él la comprendía hasta tal punto en que ya no buscaba causas ni efectos, mecanismos complejos del destino o miedos irracionales al futuro, solo sentía aquel instante de tranquilidad inexplicada. ¿Acaso se había vuelto loco por tantos males? Probablemente así lo creería alguien que lo mirase de lejos sin comprender la lucha por la independencia que se libraba entre las personas que habitaban en su mente. No, él no estaba loco, era al contrario más cuerdo que nunca y si en algún momento volvían a él los males del pasado, sin duda sabría reconocer su verdad. Aquella tesis que lo había llevado a la alegría esa noche no permitiría que el volviese a la desolación. Así el pobre Nemilio, siempre temeroso, siempre cohibido por sí mismo, se levantó de la acera. Ya había perdido casi toda una vida quejándose, pero aún quedaban muchos días para remediar su error. Para aquel momento abrazaba su realidad y se


miraba frente a un espejo que reflejaba lo que realmente era: un asalariado que habĂ­a roto el molde. Su felicidad estaba latente.


-Nivel tres: ¿qué es la Vida? -Entonces muchacho, dime ¿Qué es la vida?- le preguntó Pietro a Migue. -A pesar de que lo he pensado mucho, la respuesta ha llegado sola. La Vida no es algo, la Vida lo es todo. Constituye cada cosa buena o mala, grande o pequeña, simple o compleja, hace parte de ella. Tú mismo me lo preguntabas el otro día: ¿Cómo era posible que en otras épocas llamasen Vida a lo que nosotros denominamos de la misma manera si ambos conceptos llegan a ser casi completamente distintos? Es por lo que ya te he dicho: sin importar las culturas, las creencias o las razas, todo seguirá siendo vida porque en realidad ésta lo es todo, como ya dije varias veces- respondió el muchacho y esperó un momento para ver si el otro decía algo. Éste no dijo nada, solo se quedó mirando el perro caliente que tenía en las manos. Migue entendió el silencio y continuó- Por otra parte creo que sí podemos identificarnos (como seres humanos que somos) con la definición que damos por Vida a el periodo de existencia que duramos en este mundo. Así pues, pienso que la Vida puede ser así mismo vista como un camino, una prueba, una oportunidad, un milagro, el más puro acto de amor de Dios hacia nosotros. En fin, muchos elementos más que abarcan desde el principio hasta el fin de las cosas. Es un ciclo de repeticiones constantes que nos presenta ese incomparable chance de buscar nuestra felicidad y conseguir nuestros sueños. Migue se calló también pensando en su propio desarrollo. En definitiva su existencia no había sido fácil en muchos segmentos, pero ahí estaba, intentando luchar por ser el director de sus actos y de lo que estos repercutirían. Un suspiro se fugó desde el interior de su garganta. De esos momentos en los que sentía nostalgia por lo que había sido hasta ahora, ese era sin duda uno sobresaliente. Salió de su fugaz trance cuando su tutor dijo: -Miedo al futuro solo cuando se duda de uno mismo, eso no te conviene. Por ahora debes continuar con tu explicación- como si supiese que era lo que Migue estaba pensando en ese momento. - Si, lo siento. Ahora que lo pienso la Vida realmente es algo maravilloso aunque no siempre lo recordemos. Creo comprender ya muchas cosas y poder definirlas en pocas palabras: La vida es, sin duda, un regalo… eso pienso yo- terminó de decir un


tanto acalorado por todas sus confesiones y por el hecho de tener que coordinar mente y boca para poder expresarse adecuadamente. Esperó sintiendo que la expectativa lo dejaría sin poder respirar. Al fin de unos cuantos minutos, Pietro habló sin cambiar su tan molesta calma y sus serenas palabras dignas de admiración: -Me parece muy razonable lo que has dicho. La Vida no es algo que se pueda definir bajo algún concepto preconcebido. Simplemente cada quien la ve como le parece. Es por este detalle que la humanidad es tan desigual a pesar de poseer los mismos atributos y el mismo potencial. Volviendo al tema inicial, me parece que has expuesto tu punto de vista con total claridad. Ahora debo preguntarte: ¿Por qué me dijiste aquella vez que no te gustaba tu Vida? Esa era la forma en la que el otro derrumbaba los ánimos de Migue en cuestión de segundos. En el momento en el que por fin pudo recordar cuando le había afirmado aquello a su tutor, sintió algo totalmente diferente a lo que había sentido el momento de decir tal cosa. Era como si hubiese cambiado de forma de pensar. Así argumentó: -Es cierto, te dije que no me gustaba mi Vida y aún no puedo decir nada que contradiga eso. En este momento me siento extraño porque entiendo que, si la Vida lo constituye todo, cada individuo hace parte de esta maravilla. Por eso es que lo que cada persona diga acerca de su Vida será un resumen acerca de lo que piensen sobre sí mismos. Sí, antes no lo había visto, pero ahora lo sé: No es que no me guste mi vida, es que simplemente no me gusto yo mismo. No me agrada lo que soy, mis miedos, mis hábitos, todos ellos son como un peso que yo mismo me he impuesto y que me dejan agonizando cada noche antes de dormir. La Vida no tiene nada que ver, soy yo el que ha hecho de ella algo que me desagrada. Por lo menos ahora lo sé. -Me alegra y me satisface todo lo que has dicho. Hemos avanzado mucho con esta charla, debo decirte que has aprobado de manera esplendida esta clase y ahora ya estás listo para el siguiente nivel. Migue asintió y sonrió. A pesar de sentir vergüenza de su propia debilidad, él comenzaba a nacer nuevamente y ante sus ojos se mostraba un mundo que siempre había estado ahí, esperándolo hasta que él estuviese listo para verlo. La


tranquilidad lo llenó completamente y sintió la adrenalina correr por sus venas al tiempo que decía: -Creo que puedo afirmarlo: la vida es un helado en un día caluroso…


-No es un hasta luego, es un adiósMi cuerpo se estremece y se abren los grifos de agua que hay en las pupilas. Así es esto del romance: te sube a las alturas de la gloria para luego dejarte caer. Yo caigo literalmente pero justo en la tristeza, aquella que me abraza con fuerza y me susurra al oído: «Estas solo, no hay nadie contigo», y yo la escucho, presto atención a cada palabra que de su boca sale. Son las tardes que vivimos junto a esa persona, los verdugos. Son y serán las sonrisas recordadas los jueces que dicten la cantidad de dolor que yo deba vivir en carne propia. ¿Por qué debe ser así? ¿Por qué las cosas no pueden ser diferentes? Llegan preguntas como estas y todo porque sé que no volveré a ver su rostro como lo veía en aquellos días en los que los lazos del destino nos unieron para luego separarnos. Como si esta clase de decisiones las tomase un niño pequeño que se divierte al causar sufrimiento a los mortales. Hoy peno no por hambruna o guerra, por ninguna maldad material. Mis desdichas se ven producidas por algo peor, algo indescriptiblemente más malo: ella me ha dicho adiós y no ha volteado atrás ante mis suplicas y socorros desesperados. Así sufrimos los hombres, por las decisiones tomadas por una mujer. Por eso es que me siento solo, porque en un día cualquiera ella me ha dejado abandonado mientras mis “¿Qué fue lo que hice mal?” quedan en el aire. -Lo siento. Por todo lo malo. Por lo que hice o dejé de hacer- le grito antes de su partida. Pero ella parece no escucharme más. Me frustro ante todo aquello, ¿Cómo podría yo llegar a pensar que el que nos separemos es lo mejor para ambos? No puedo, eso sí que no podría entenderlo. Para incremento de mi propio karma, siento muy en el fondo una extraña alegría. He alcanzado ese punto horroroso en el que confío en que su bien es el mío propio. No, un momento, ahora que lo vuelvo a pensar me siento ridículo. No hay bien para mi Ser en este abandono. Solo siento un vacío, uno que se hace cada vez más profundo. Yo terminaría entonces, para el final del día, sin tener ningún órgano en mi interior. Todos habrían sido tragados por ese agujero negro que se forma en donde antes estaba mi corazón y que comenzó en el momento en el que ella dijo: “quizás nunca nos volvamos a ver”. Que tonto soy al volver a llorar. Ahora lo sé, el amor pasional que uno reconoce como el


verdadero, fue otro de los males contenidos en la manzana que Adán y Eva probaron. Pero es uno de los males más malos y en tal cosa no hay redundancia. Él llega como salvador y a medio camino se vuelve traicionero al dejarte solo. No puedo sentirme peor. Los colores parecen más opacos y mi boca se seca a cada minuto desde que ella me ha respondido: -Te seguiré queriendo pero esto ya no continuará más… Que frase más mentirosa. No podría odiarla por esto, ¿Cómo podría hacerlo después de tanto amor sentido, de tantos “te quiero” y palabras cariñosas? Yo la amo aunque jamás se lo haya dicho. Así es esto, a este mundo venimos a sufrir, supongo. Lo supongo hoy aunque ayer mismo haya jurado que uno pasaba por este planeta para amar. Me dolerá más que nunca su ausencia. Una que quizás no sienta completamente porque el fantasma de su recuerdo vagará por mi mente, por mi casa, por mi vida, por toda la eternidad. Yo reviviré ese fantasma constantemente, mirando sus fotos, su belleza, sus ojos que no soltaron ni una lágrima cuando su boca se despedía. Cruel destino, ahora te hablo a ti: -No eres ni la mitad de bueno sin su calor. Sin esas noches en las que su conciencia descansaba segura en mi pecho, haciéndome sentir que yo era el más afortunado y virtuoso de todos. Tampoco son más agradables las salidas al parque, aquel en donde podrán seguir los mismos árboles y la misma fuente de agua, pero no estarán ni su cabello largo ni sus risas ante mis tontos chistes. Su risa… ¿Cómo no podría mencionarla? Fue su risa la que hizo que no lloviese esa tarde de abril. Ocurre lo más curioso, todo conspira para que yo me sienta más triste y solitario aún. Para que yo no pueda acceder a ese lado de mi mente en donde se esconde la alegría. Todo porque ésta era liberada por cosas simples como sus caricias en mi cuello, aquellas que no volverán tampoco jamás. De esta manera al prender la radio toda canción me trae recuerdos, unos que no podré revivir ni siquiera buscando otra mujer a la que pueda amar. Porque es también ese otro detalle: podré llegar a querer muchas otras e incluso llegar a amar alguna de éstas, pero nunca igual que a ella. Lo que ocurrió con mi Dulcinea es y será único en su clase, por esa razón se convierte en el compendio de cosas que no se podrán volver a sentir de igual manera dos veces en la vida. Todo lo ocurrido me dejó marcado con


un hierro caliente justo en la frente. Cualquiera que se tome el tiempo de observarme cuidadosamente se daría cuenta de lo obvio: la sombra de mi amada continuará conmigo por toda la eternidad, cada día, hora y minuto. Tal vez ella haya muerto esa noche por en ese maldito accidente de carro, pero yo la siento igual de viva en mi corazón a pesar de su adiós. Justo ahora está diciéndome que no siga llorando y me toma de la mano mientras yo escribo este pedazo de desahogo. Es una extraña y triste coincidencia que el profesor haya dicho aquella tarde la acertada frase de: “El amor es una acto de liberación hacía con la otra persona…”


-No me la llevo con el drama de perecerNo puedo estar más de acuerdo con lo que dijeron por ahí: “En las épocas de peores crisis es que surgen los desarrollos más grandes”. Vivimos tiempos difíciles. Quizás demasiado difíciles para darnos cuenta de su verdadera gravedad. Pero no me lanzaré yo mismo al olvido, no permitiré que factores externos afecten mi voluntad y todo lo que soy. Prefiero creer que nuestra generación traerá cambios a este mundo, porque es en los jóvenes en los que recae el futuro de las cosas. Por eso es que continúo, porque deseo fervientemente que todas mis metas sean cumplidas por mis propios atributos. Si nadie cree en mí pues tendré que optar por el método antiguo: creeré yo mismo en lo que hago. Aun aceptando el caso de que puedan existir las buenas intenciones, absolutamente todos buscamos lo mismo: quedar inmortalizados en la historia del mundo. ¿Pero acaso con el simple hecho de existir no estamos haciendo aquello? El mundo siempre se ha regido por contradicciones y paradojas extrañas como esta. Pero volviendo al tema del cual arranqué, la frase de que “En las épocas de peores crisis es que surgen los desarrollos más grandes” (y me permito repetirla para reiterar su veracidad) solo me hace pensar en mi propia realidad. Yo soy un hombre que no se avergüenza de defender las palabras que de su boca salen. Entonces creo que si la frase es cierta, sin duda alguna habrán grandes próceres de aquella grandeza buscada por todas las épocas. ¡Ahora si pendiente todo el mundo! Porque si la inseguridad te invadió hasta los tuétanos y sentiste miedo a la amenaza de sobrevivir en vez de vivir, pues debo confesarte algo que muy en el fondo ya sabes: todas estas cosas no han hecho más que desarrollar tus ganas por vencer las adversidades. Ahora déjame adivinar: otra vez piensas que el que escribió esto es un completo loco que no piensa de forma realista. La verdad es esa, soy un loco, pero tanto tú como yo hemos sido parte de esa oración milenaria utilizada incluso por mi propia mamá en tantas oportunidades: “lo que no te mata te hace más fuerte”. Entonces es en un día cualquiera cuando llega ese momento de claridad (en el que puedes estar comiéndote un pan dulce o simplemente echándote champú en el cabello) y de la nada aparece esa revelación magistral que pone la verdad ante tus ojos: siempre has sido lo que eres solo porque lo que te pasó pudo pasarte y te convertiste en lo que te convertirías. Ahí se debe que recalcar que no estoy tan loco aunque siga creyendo que Santa Claus existe, solo digo lo que pienso y solo pienso en aspectos que constituyen asuntos un tanto curiosos. No tengo carro y a veces tampoco para el pasaje en bus, en otras ocasiones paso hambre por cierto tiempo y el dinero se va de vacaciones por largas temporadas. Aun así jamás me he considerado pobre o desafortunado. Yo soy un ser más que


genera sombras y se cepilla los dientes antes de acostarse, es por tal razón que no poseo ninguna dificultad para llegar a ser lo que intento ser, para conseguir esa realización casi divina que constituyen nuestros sueños. Fue entonces que me di cuenta, cuando aún tenía once años, que esos momentos difíciles no solo son necesarios como evaluaciones que busquen comprobar si somos dignos para lo que viene, sino que también actúan como motores que nos impulsan hacia nuestro verdadero potencial. Claro que hay que aceptar la relatividad que propone esta forma de pensar y es que, simplemente, no todos miran este suceso de esta forma. Sin embargo, yo no puedo entregarme a la amargura que suponen los momentos más difíciles del camino por dos razones bien marcadas en mi conciencia: primero no tengo tiempo de mirarme a mí mismo como la desamparada víctima de las maldades que este mundo propone (al decir “este mundo" no dejo de pensar que tal afirmación es una de esas curiosas contradicciones que surgen ya que nunca he visto a un árbol o a una piedra arremeter contra un ser humano. No es el mundo el malévolo sino los hombres con sus tendencias los que definen realmente una cosa como la maldad); segundo, y a pesar de que ésta es una opinión de mi constitución personal, nunca a través de mi vida he tolerado el drama de perecer ante las adversidades. Siempre he visto a las piedras en el sendero como meros segmentos pasajeros que no durarán, pero que si serán realmente importantes para el avance del individuo. Para culminar, te lo diré nuevamente porque siento que de repente no te ha quedado claro o porque no sentiste a la primera el impacto que yo sentí cuando escuché que aquel vagabundo (o quizás sabio disfrazado) decía: “En las épocas de peores crisis es que surgen los desarrollos más grandes”.


-Poder interiorNecesitamos antes que nada saber algo para lograr comenzar la búsqueda hacia nuestro destino. El tener presente dicha verdad nos impulsará a no solo comenzar el transcurso, sino también a saber cómo mantenernos a lo largo de las pruebas que el camino revele. Este divino elemento es el poder interior que tanto tú, como yo y todo ser humano, posee en su Ser. Es un maravilloso don que desde el nacimiento se nos otorga y que permite (en conjunto con la voluntad) lograr cualquier cosa, sin importar lo difícil o incluso imposible que pueda parecer. El poder que en nuestro ser existe se encuentra en un estado muy volátil que, a la vez, es influenciable a los dictados de nuestro corazón y de nuestra mente. Digo lo primero porque estamos hablando de la energía creadora contenida en nosotros mismos y porque ésta actúa de manera análoga a la pólvora: puede explotar pero necesita de una chispa. Digo lo segundo porque mientras que no busquemos el equilibrio en nuestro propio Ser para con nuestros ideales, nada se logrará. De esta manera debemos buscar tres elementos si queremos desarrollar nuestro poder interior. Éstos deben ir atados a la visualización y a la determinación ya concebidas a nuestra razón y conciencia. Debemos tener como primer factor la orientación en lo que estamos haciendo, conociendo la naturaleza de nuestros actos y diferenciando si es algo bueno o malo, algo que beneficie a los demás o que busque glorificación al ego. Luego hay que desarrollar confianza en nosotros mismos entendiendo que nadie nos tomará en cuenta si nosotros no lo hacemos. Por ultimo hay que poseer muchísima imaginación en lo que nuestro Ser puede alcanzar, ésta aunque no se tome en cuenta mayormente es una de las fuerzas más grandes del universo; con ella podemos ser grandes creadores o esclavos de nuestras propias realidades. Si juntamos todos estos elementos podremos dar comienzo al desarrollo de nuestro verdadero Poder interior, aquel que nos llevara a conseguir cualquier cosa que nos propongamos.


-Poema a la moneda de un bolívar“Sin querer arrepentirme aferrándome al pasado, sí debo confesar que me parecería divertido revivir aquellos momentos que ya volaron sintiéndolos míos una vez más. Cristalizarme en el acto como si éste realmente estuviese ocurriendo sería para mí el premio mayor a los sacrificios dados. Lo sé, debo parecer patético por mantenerme con esa mentalidad dependiente del pasado para lograr sobrevivir. Pero ya para mí el principio es también el final y esto significa un constante círculo vicioso del que ya no quiero salir. Solo de esta manera es que se desvela mi historia ardida en las aventuras nocturnas, en las adversidades diurnas, en los amores inconclusos, en el constante y decodificado devenir de los días. Por eso nos refugiamos en los recuerdos bonitos, aquellos que llenaron nuestro corazón de ganas de continuar, aquellos nos hicieron lo que somos. Somos lo que somos sin más que decir, pero yéndonos a la raíz de la cuestión, somos lo que somos por cierta razón en particular. En mi caso fue el pasado el que me congeló y me derritió al mismo tiempo. Una taza de té de manzanilla o un viaje a la Gran Sabana, cosas simples en realidad que se albergaron en mi memoria como náufragos en una isla solitaria. Es ahora, entre confesiones acaloradas por el miedo a nuestra verdad, cuando acepto que la isla tiene sobrepoblación. Esto al punto de que quizás ya no haya espacio para la fabricación de nuevos recuerdos. Acepto mi realidad: estoy atrapado en el limbo de las memorias”.


-Que chimbo valeYa ni recuerdo que año sería aquel en el que paso la cuestión. He ahí el hecho de que mi memoria siempre sirvió únicamente para recordar los nombres de las mujeres bonitas que conocía en las fiestas. Entonces como si un huracán invencible pasara por mis devenires ya constantemente agraviados y para que terminase de entrar en el vacío de los vacíos, me transformé en un fantasma. No hablo figurativamente, en efecto sucumbí al mundo de los “no vivos” por varias razones tontas que, unidas en una misma dirección, me llevaron a atravesar paredes. Extraño mirar los atardeceres de mi ciudad y sus carnavales en febrero. Extraño tantas cosas y así esta vida se torna distinta; quizás porque ya no es vida, quizás porque ahora lo es más que nunca. No me preocupa cual será el resultado de todo esto, hace tiempo entendí que podemos luchar contra el flujo de los acontecimientos, pero que el resultado de estos será siempre el mismo. Antes las cosas eran más simples y la inspiración llegaba sola para continuar de pie ante las adversidades. Hoy sin embargo, incluso las salidas al parque se tornan problemáticas y creo que ni siquiera puedo sonreír igual cuando van a tomar una foto. Esto es porque los fantasmas olvidamos sentir y hacer las cosas que siendo humanos nos parecen comunes. Si pudiese regresar atrás no sería para sentirme vivo otra vez ni para remediar errores o intentar cambiar destinos. Lo haría para disfrutar de aquellos placeres que ya solo en mi mente habitan, para mirar una vez más aquello que el tiempo no borró, para entablar conversación con esos que ya abandonaron este mundo y que hoy en día en esta condición tampoco me encuentro por haberse ido a otro limbo distinto al mío. Creo que eso es lo que haría, aunque lo único que realmente importa es lo que sí puedo hacer ahora y esto vendría siendo disfrutar a plenitud de este nuevo presente en el que mi piel es de color plata y puedo levitar si se me antoja. Así no tendría aquella inquietud en mi futuro sobre penas pasadas como porque no fui feliz o porque no invite a salir a esa niña bonita que siempre me gustó en secreto. Dejé mi testamento en un lugar seguro y como olvidé firmarlo aparece como el de un desconocido. En él se guardaron mis últimas palabras y lo que primero pasó por mi mente antes de que mi cuerpo se volviera frio y tieso. Sin embargo, olvidé ponerle un punto importante: «Desde el comienzo me aventuré a la incertidumbre de soñar y de vivir, no como una hormiga, sino como un bachaco. Me refiero a ser diferente, a ser grande y fuerte al tomar la vitamina que produce seguir al corazón.


Un corazón que pareciera más alegre que nunca cuando siente la pasión que le producen las querencias y convicciones del Ser». Eso me faltó ponerle y ahora me aflijo porque nadie llegará a saberlo. Pero ya no me queda tiempo para retomar eventos perdidos como ese. Ellos ya murieron como yo por el fusil del pasado. De esa forma, todo termina por tener una naturaleza casi igual siempre y seas persona o fantasma, entiendes que un testamento incompleto no debe trabarte el camino que te quede por recorrer. Porque sí, aún en esta condición poseo cosas por realizar. Como conocer verdades escondidas en las profundidades de la razón y aprender a destapar una cerveza con una cucharilla. « ¡Que chimbo todo esto! » pensé aquel día en el que abrí los ojos y me percaté de que el tiempo de mi reloj se había detenido y que el agua del mar ya no me sabia salada. Ahora, después de tanto tiempo de caminar por calles en las que nadie me pueda ver (excepto uno que otro fantasma extraviado que aún no entiende que ha muerto), pude pensar que aun después de la muerte, hay vida. Una vida que pienso llevar hasta el último momento. Hasta que vuelva abrir los ojos y me dé cuenta de que he vuelto a morir pero esta vez mientras ya mantenía este estado; es decir, hasta que pueda renacer en otra vida terrestre para repetir el circulo de nuevo.


-Querer creer-¡Mira vale!- me gritó mi amigo Nano. -¿Qué pasó?- contesté yo frustrado por la acumulación de “cosas no tan buenas”. -Ríete un ratico, mira que ahora es el momento perfecto para que las cosas salgan bien. De qué formas tan raras pueden resultar las situaciones. Hoy estoy en una realidad muy distinta a esa en la que mi amigo intentase levantar mis ánimos. Cuando se me aguaban los ojos por estar lejos de mi familia, por no tener una novia bonita que me diera besos cargados de amor, porque nadie le prestase atención a mis esfuerzos. Cuando tampoco tenía para comer como se debía y la hambruna pasaba a ser mi mejor amiga en las noches frías en el apartamento que alquilaba. El problema que tenemos los fanáticos como yo es que nos concentramos demasiado en el presente, olvidamos el futuro y el devenir de la vida. Entonces me encapsulaba en la tristeza de mis días y no recargaba energías en los momentos menos duros porque estaba concentrado en que los malos volverían tarde o temprano. Pero allí estaba Nano, mi querido amigo de fugadas del colegio cuando éramos más jóvenes y compañero en aquella idea destornillada de irnos a estudiar a otra ciudad del país. Éramos jóvenes y bastante ingenuos, prácticamente iguales en la forma de vestir y de bailar, pero diferentes en el núcleo de nuestros corazones. Mientras yo veía el vaso medio vacío, él lo veía desbordado. Así era nuestra amistad, yo con mis nostalgias resentidas hacia esa dolce vita que no terminaba por llegar, y el con sus chistes que a todos hacían reír gracias a su carisma natural. -¿Estamos muy mal cierto?- le pregunté sin prestar atención a lo que me había aconsejado. -¿Y acaso no todo el mundo lo está? La diferencia es que algunos lo saben disimular más que otros. -Habla claro y acepta que nosotros estamos un poco peor que los demás. -Sí, es cierto. Pero nosotros somos guapos, no podemos tener todo en la vida amigo- eso era algo normal en Nano: intentar sacarle risas a la calavera de alguien que ya desde hacía tiempo se había muerto o que en realidad nunca había nacido.


-Dime algo que me levante los ánimos. -Eres un pesimista al borde del suicidio, ¿Eso te sirve?- respondió entre risas. -Se serio, mira que ya no queda nada en la nevera y para mañana no tendremos que desayunar. Por lo menos necesito recargar esperanzas y así no terminar cortándome las venas. -Bueno, acuérdate porqué estamos aquí. -Porque no podíamos pagar un apartamento más decente y porque… -No vale, porqué estamos en esta ciudad. -Ah sí, bueno porque queríamos estudiar. -No, es porque queríamos soñar. Queríamos sentir la libertad que nos da querer lograr algo, demostrándole al mundo y a nosotros mismos, que podíamos hacerlo. En todo este tiempo han pasado cosas que nos han demostrado que la cuestión no es tan fácil. El hecho es que la mente te juega sucio en esos instantes difíciles y surgen las quimeras odiosas que nuestra mente crea: que si las decisiones que se han tomado han sido las correctas, que si podríamos decepcionar a las personas que queremos si no logramos nada; que si ¿por qué mejor no hice lo que me recomendó aquel fulano en vez de lo que me susurró la inmadura intuición? ; Que si el presente esto, el futuro aquello y el pasado lo otro; tantas cosas que argumentan dudas en el debate mental que tenemos sobre nuestra vida. Sin embargo, yo te diré algo Juancho, el truco es que dominemos a nuestro modo esas quimeras que por efectos naturales se crean. Se trata en querer creer que todo saldrá bien. -Por lo menos ahora es de noche acá y en alguna parte del mundo es de día- le respondí- Yo también quiero pensar que así son las cosas, que el amanecer le llegará a esta noche tan larga, pero es difícil. Es complejo continuar en esto del sueño eterno que no quiere convertirse en algo más real y que en noches como esta agoniza porque siente que ya no vale la pena nada. Quisiera tener tu optimismo Nano, te envidio por eso, pero como tú dices, mis quimeras empiezan a dominarme.


Entonces mi amigo se volteó sin dejar sin dejar de sonreír. ¿Por qué reía tanto si estábamos así de llevados por esta vida? Que molesta era esa sensación de inferioridad ante un ser que, sin tener nada igual que yo, me superaba en actitud. Ese elemento es el que en realidad hace la diferencia, aunque en aquellos días yo no pudiese entenderlo. Pero esa noche, en ese balcón de apartamento de cuarta categoría, en ese momento insignificante entre tantos momentos ya vividos y otros infinitos por vivir, mi amigo Nano me dio una cachetada (que yo sentí como un golpe) de guante blanco que me hizo percatarme de ese detalle sobre la actitud. Esto cuando me respondió: -Entonces si así lo quieres, regresa. Vuelve de donde vinimos con las manos vacías, no de tesoros, sino de felicidad. Hazlo y deja de sufrir acá, porque eso si te confieso, esto no parará hoy, ni mañana, ni el día siguiente. Así podemos pasar varias vidas, hasta que en una de tantas reencarnaciones, la recompensa llegue inevitablemente. Yo me quedaré aquí, con las mismas malas pasadas, intentando enamorar muchachas que no me prestaran atención siquiera por no tener carro, o teniendo que hacer malabares para sobrellevar las cosas. Pero sin abandonar la partida porque sé que así se nos acabe la tierra para soñar, tendremos aún el mar y también el cielo. Nuestros sueños no morirán si es así y recibiremos el amanecer alegremente porque nos lo mereceríamos. ¡Qué espanto! Yo queriendo morir ahogado y un salvavidas que me rescataba para darme vida. No sé si Nano llegó a ser en cierta medida un ángel que me mandaran para no dejarme perecer, sin embargo, se comportó como uno. Muchas noches como esa fueron precedidas de amaneceres fugases que me ayudaron a entender que era cierto aquello de que todo saldría bien. Sin darme cuenta, el amanecer definitivo llegó y las quimeras se fueron de viaje a otros países lejanos en las mentes de otros pesimistas. Al cabo de un rato solo le respondí a mi amigo: «Esta bien, continuaremos juntos» a lo que él me respondió: -Que bien, porque el viernes Lore hará una rumbita y no podemos perdérnosla porque habrá tequila gratis- respondió alegre por mi respuesta. Ahora que lo pienso, no dejó de sonreír en toda la conversación ni tampoco en toda noche oscura que pasáramos.


Para Manuel. Para Alcides.

-Recuerdos, sombras y arena-“El cambio es constante y será participe en la creación de nuevos sucesos”, pensé eso mientras entraba en un trance de recuerdos y miraba mi reflejo en el espejo del baño- le dijo Máximo a Apolo cuando conversaban en la orilla de la playa en Cumana. -Sí, es verdad- respondió Apolo- las cosas han cambiado. Pero creo que la tristeza por los días que pasaron y que no volverán es siempre superada por el temor a lo desconocido que trae el futuro. No lo niego, me asusta no poder saber qué pasará en los años venideros. -No se puede hacer nada. Somos una nueva generación y debemos continuar sin dudas. Nosotros los jóvenes moldearemos el futuro así que no debemos temer a éldijo Máximo mirando primero el mar y luego a Araya que se mostraba borrosa en la lejanía. -Tienes razón, hay que seguir adelante- afirmó Apolo, empezó a sonreír y continuó hablando- ¿Te acuerdas de todas las hacíamos que hacíamos en el Puerto? A veces pienso que fueron muchos los días en los que fuimos felices entre toda la tormenta que vivía el país. Solamente el tenernos unos a los otros nos hacía olvidar la realidad. Cosas como esas no podré olvidar jamás. Máximo también empezó a sonreír y respondió: - Si, fueron momentos maravillosos. Supongo que así es la vida. Ahora solo puedo pensar en esos días deseando que el destino sea bondadoso y podamos volver a revivirlos, aunque en el fondo ya sé que eso es solo un anhelo desesperado imposible de realizar. Se quedaron callados unos minutos y el sonido de las olas que bañaban la arena se volvió la canción perfecta de fondo. Luego de ese rato Apolo finalmente respondió: -No pienses en eso. Hay que continuar, como tú ya dijiste, vivir de recuerdos no te permitirá seguir creándolos. -Creo que te estás volviendo poeta, pero ¿Qué crees que vaya entonces a pasar de ahora en adelante?


-No lo sé. Solo espero que tantas vueltas en este laberinto puedan dejarnos un premio al final del camino, si es que en algún momento llegamos a terminarlo. Esta vida seguirá siendo una aventura digna de recorrer ¿no? -Claro que sí, para atrás ni para agarrar impulso. Somos jóvenes, tenemos sueños, somos del bando de los buenos (si es que éste realmente existe) y la harina no se ha acabado así que las arepas no faltarán. Volvieron a quedarse callados. No muy lejos de ellos acababan de poner a sonar un radio y se escuchaba una canción de bossa nova alegre. Fue en ese momento en el que, tanto Apolo como Máximo, sintieron que su corazón se llenaba de fuerza, la valentía volvía y alejaba los pesares. Al cabo de un rato Máximo dijo: -Creo que empezaré a creer en una nueva conclusión a la que acabo de llegar: “Las cosas podrán parecer que cambian, pero nunca totalmente. Siempre quedará algo que permanezca igual”. ¿Me acompañas en tal enunciado? -Si te acompaño amigo. Creo que es tan real como los muchos días que vivimos con los demás, como todas los domingos de alegría, como los viajes a Margarita, como los paseos a la Llovizna; quizás nunca vuelvan esos momentos pero la felicidad que sentimos al recordarlos no cambiará nunca y vivirá en nosotros hasta que estemos tres metros bajo tierra. Ambos miraron el mar y con el bossa nova de fondo disfrutaron del momento que, dentro de muy poco, pasaría a ser también parte de aquel conjunto de vivencias denominadas recuerdos. Pero ellos ya lo habían comprendido: así era la vida y debían continuar. Máximo, perdido en el ritmo de la canción, no pudo evitar preguntar: -¿Cómo crees que le debe de estar yendo a Nemilio? ¿Que estará haciendo ahora mismo? Apolo se levantó, se limpió la arena y le ofreció la mano a su amigo para ayudarlo a parar. Luego respondió: -No lo sé. Espero que esté bien pero la verdad no tengo idea de lo que estará viviendo. Quizás se cruzó con las ironías que este camino revela.


-Esperemos que la ironía se aleje de él. Por ahora, vamos por otras cervezas que éstas ya se acabaron y está haciendo calor.


-Regalo del extrañoDe H. Isla de Margarita, Marzo de 1976. Podremos ser o no ser y ver cosas que nunca pensamos ver. Podremos realizar mil actos que nos distingan los días por lo particulares que son. Al comienzo del final no entendemos que quizás, el pecado más grande nunca cometido fue no haber actuado con plenitud. Buscando una razón para hacerlo, es que podremos dirigirnos hacia nuestro futuro. Después de eso, la vida ya no es tan difícil como podría parecer, solo es lo que nosotros queremos que sea. Preferir mirar las formas de las nubes o contar estrellas sin buscar un sentido práctico para ello, es la cuestión más bonita que en un día común podríamos llegar a hacer. Todo porque mediante tales cosas revivimos la simplicidad perfecta de los actos infantiles, aquellos que olvidamos por crecer y conocer las mañanas de este mundo tan fastidioso. Aunque en su fastidio también encontramos las maravillas por las cuales continuar en él. Es algo contradictorio si lo piensas bien, como dos caras de una moneda que nunca deja de girar en el aire. Pero nada de eso vengo a hablarte en este pequeño obsequio que he traído desde lejos. Primero quiero que te detengas un momento y te observes en el espejo, pero sin que te mires. Por una vez en lo que va de año, obsérvate. Ahí, en ese momento, cuando te estés presenciando, date cuenta de que todo es posible y de que nunca antes el cielo realmente había dejado de tener límites. Si la alcanzas, esa sensación de grandeza interna será incomparable. Recordarás lo que siempre has sabido: puedes lograr cualquier cosa. Tú y las cualidades características de tu persona, aquellas con las que llegaste al mundo y que podrían simplemente ser opacadas por las de cualquier otro sin que, al mismo tiempo, dejasen de ser igual de tuyas. Da igual el tiempo perdido, el pasado, el futuro; da igual el reloj porque éste continuaría siendo una ilusión a diferencia de tus convicciones. A diferencia de tu forma particular de ver el mundo y de sentir lo que sientes. Por eso es que puedes sentirte vivo y no un fantasma que deambula perdido en sus propios pesares. Hace tiempo, podría haberse hablado de cosas imposibles. La ironía ha llegado a nuestro mundo siendo ahora el hecho de que el único acto verdaderamente imposible sea el de que haya algo de esa naturaleza. Para ello se evidencian esfuerzos unánimes que nadan en contra de la corriente y que luchan por no ser iguales a los demás. Vale la pena continuar con aquel lema de que “todo es posible”, así éste parezca iluso ante los pesares que abundan. Igual de eso no se trata esto, sino más bien de algo más sutil, de algo que podría pasar por desapercibido delante de los ojos de cualquier distraído, se trata pues, de vivir sonriendo y de creer en el instante que se respira en el momento; se trata solo de sentir. Así de simple y nada más.


Entonces aunque surjan más preguntas y más dudas, tu juicio ya no se mantiene nublado. Es la maravilla surgida en el corazón verdadero de las cosas, es cuando tu verdad surge. Aquella que te mantiene firme en el páramo desolado, es el porqué de tus constantes levantamientos. Simplemente, es la prueba omnipotente de que hay algo más esperándonos allá afuera. Algo que permita la existencia de cosas sin sentido como el amor o la felicidad que forman más parte de nuestras existencias que las palabras que usamos para comunicarnos. Sería también el favor que algún dios nos hiciera en un momento. Porque para todo lo antes descrito no habría cabida si el poder de sentir no se mantuviese vigente como un don, como un milagro latente que tenemos para así llegar a ser de igual manera nosotros mismos. Tal vez por casualidad, fue que en algún momento de la existencia alguien reparó en que existiría tal presencia en nuestro Ser. Y dicho personaje con un grito debió exclamar que había hecho un descubrimiento tan grande como que el mundo no era plano. Porque alegóricamente nuestro corazón tampoco lo es, tampoco es lineal sino lleno de curvas; es rebelde y sin ceguera alguna que tape su visión cuando se deja llevar por su brújula interna. Ese don, el de poder sentir, sería muchísimas cosas entonces hasta el punto exacto en el que abandonaría toda razón para pasar al bando de aquellas cosas que no entendemos. Aunque de todas formas, nada de esto tampoco nos interesa en el sentido práctico del asunto, el sentir es solo un ejemplo que uso para darle moldura a la explicación con la que empecé este nuevo trabajo, aquella que nos susurra la verdad simple del mundo que propone que todo es posible. Para ti, para mí, para quien se te antoje, para los muertos incluso como aquel que hizo su testamento y olvidó revelarlo a los demás; en fin, para todos los que pueden ser capaces de experimentar esa llama que crece en su interior al darse cuenta de que el mundo está ahí, afuera de la casa y dentro del cielo, esperando inactivo a que uno se tome la molestia de salir a conseguirlo. Como si de verdad las cosas estuviesen elaboradas con algún tipo de plan maestro, es que podemos darnos cuenta de que todo está conectado. El hallazgo de saber que todo es posible es así precedido por el sentir de la vida bajo la adrenalina de ese nuevo concepto. Concluyendo de una vez que el momento es ahora y que éste aguarda entre nosotros y entre esa ilusión llamada tiempo. Ahora y nunca más, ahora y hasta que se logre, ahora y hasta que alguien le dé sentido a este regalo mal empacado: muchas gracias por sus buenos días.


-Relax, take it easySiempre es justo en ese momento en el cual creo que todo está mal, que nada me sale bien y que mi vida es una secuencia constante de malos momentos, en donde llega una señal casi divina de fuerzas externas que me despiertan y me hacen contemplar maravillado todo lo que me rodea. ¿Por qué se dan así las cosas? ¿Será acaso este destino una obra irónica que solo busca subir y bajar nuestros ánimos hasta lograr que enloquezcamos? No, yo pienso que quizás sea verdad lo que muchos dicen de dientes para afuera y que reza: “todo pasa por una razón”. El confiar a esta simple frase lo que ocurra en mi porvenir será vital para no terminar cediendo terreno a la duda y al miedo que ya desde hace mucho libran una batalla contra todo lo que realmente soy en el campo de batalla menos propicio para mi tranquilidad, el cual es, claro está, mi corazón. Con todo lo que me ocurre constantemente (y me refiero a los días en los cuales incluso a la hambruna le da hambre y a la paciencia le dan ganas de salir corriendo) no dejo de pensar en mis héroes. ¿Acaso ellos también pasaron por malos segmentos en su camino? No lo sé, pero si caigo en la suposición creo que así fue. Aunque reparar en esto no calme mi desesperación ni aumente mi confianza hacia lo que me depara el futuro, si muestra ante mí la garantía de que la ley de causa y efecto sigue vigente y que gracias a ella mi sacrificio no será en vano. Vuelvo a mi actualidad y a mi trágica condición, en la cual, incluso me voy perdiendo a mí mismo envuelto en un mar de sombras y lamentos. Hasta que por fin y para mi bienestar, llega esa señal que más que hacerme reaccionar con palabras, actúa con una bofetada de guante blanco, con una muestra pura de sabiduría y belleza en donde se oprime un botón de “Reset” en mi interior y comienzo a ver las cosas con mayor claridad, como si todo lo que estuviese pasando no fuese tan malo. Siempre hay algo peor. Entonces ¿será acaso cierta aquella otra frase tan común que afirma que “después de la tormenta viene la calma”? Pues sí. Según mi experiencia no existen dudas de su veracidad, puesto que siempre que me he encontrado en dificultades simplemente algo ocurre y se calma el terremoto que haya en mis pensamientos. El problema entonces quizás no sea pasar por dificultades sino, dejar de saber presenciar ese momento de “relax” que nos mandan como un respiro a tantas dificultades. Ese periodo de paz, de alegría sin razón aparente y de renovación de


esperanzas siempre termina por llegar. Es en ese instante donde se olvida que tan mal vaya la situaci贸n, ya nada parece tan problem谩tico.


-Reloj, no marques las horasEl tiempo es un bondadoso y a la vez egoísta prestamista. Te da toda la vitalidad y juventud que puedas necesitar para lograr lo que quieras, sin que importe que lo que desees sea fama y gloria o una existencia pacífica y tranquila, él siempre te dará la oportunidad de que tú puedas llegar hasta dichos sueños con tus propias manos. Pero por supuesto (y como nos demuestra la experiencia) todo en este plano posee positivos y negativos y lo segundo de este caso se ve realizado cuando todo lo que te fue dado, quieras o no, será devuelto. ¿Cómo? Simple, llegará la vejes. Me pongo a pensar y para todos siempre es lo mismo sin que importe realmente quienes seamos ni en que escala social nos encontremos. Aunque es cierto que todos tenemos la oportunidad de vivir plenamente, después de cierto punto comienza la caída de nuestro reino terrenal. Tarde o temprano nos volvemos frágiles e inseguros y el mundo empieza a hacerse más y más oscuro. Efectivamente el padre tiempo nos devuelve a la niñez, como si todo se tratase de un irónico círculo que se repite constantemente. Así el individuo vuelve a ser lo que fue y en muchos casos olvida agradecer el hecho de estar vivo pasando más bien a que esta bendición se convierta en un martirio. Este triste desenlace puede no ser el correcto pero, sin embargo, es uno de los más presenciados en nuestro mundo. ¿Acaso no sería mejor disfrutar de cada instante de esta vida intentando presenciar y sentir las maravillas que constantemente nos rodean? Quiero creer que esta opción es menos patética que lamentarme por mi condición. Ya lo sé, no puedo realmente opinar porque no he llegado a ese punto pero, y así pienso yo, prefiero dejar de respirar a llegar a un punto tal al que sienta pena de mi propia existencia y por tal quiera dejar de continuar con está. A propósito del tiempo, no puedo evitar pensar en mi propia realidad. Creo tener la leve ilusión de que sigo siendo el mismo de hace dos, cinco o diez años, pero muy en el fondo de mi corazón no puedo evitar la verdad: todo ha cambiado. Y no solo en mí interior, sino en todo mi entorno, en todo el universo. Lo cierto es entonces, que el tiempo es un agente del cambio constante, una fuerza irreversible que avanza y arrasa contra todo lo que haya en su camino. Por tal razón nunca se podrán repetir con exactitud los instantes vividos en el pasado y con dolor nos veremos en el presente recordando aquellos momentos que nos hicieron


experimentar sensaciones, que nos hicieron sentir en la sima o en las profundidades más recónditas a las cuales ya no queremos volver. Muchos podrán negar su existencia y se refugiaran en argumentos tales como: “El tiempo es solo una ilusión creada por el hombre”… No lo creo. Por mi parte el tiempo lo es casi todo (debido a que acepto a la vez otros elementos capaces de moldear la realidad de los seres humanos, como el amor por ejemplo) y constituye la forma más practica con la cual podemos aprender: la historia. En ella se puede volver a encontrar a ese irónico círculo del cual he hablado antes. Simplemente los acontecimientos tienden a repetirse en su esencia, no exactamente en cuanto a los detalles, pero si en lo que realmente son. Aun así (y perdón si podría llegar a parecer contradictorio en mis propias ideas) no desmiento el hecho que propone el dicho popular que confirma que “nada está escrito”. Es decir que las realidades siempre se están creando basándose en nuestra propia voluntad. Pero ¿acaso en dicha afirmación no interviene a la vez el tiempo? Puedo atreverme a declarar que así es, porque quien si no éste nos presenta una línea horizontal constituida por un pasado inmutable a cambios; un presente palpable que nos permite crear, destruir o así mismo permanecer pasivos sin ni siquiera intentar hacer algo; un futuro al cual nos intentamos dirigir con paso decidido. Por supuesto en tal caso, el tiempo siempre estará ligado a este plano. Una pregunta que llega a mi mente en este momento es entonces: ¿En esta línea de tiempo ocurren sucesos tan rígidos como el concreto o tan moldeables como la plastilina? A estos hechos aún no puedo dar una orientación concreta debido a que por una parte se habla de una definición o rama que pertenece al tiempo mismo a la cual denominamos Destino, y por otra a una cualidad del hombre o mejor dicho a un don divino que desde siempre ha marcado a éste a través de su existencia: el libre albedrío. En la primera se decreta que existe una realidad preconcebida en la que ya se conoce todo lo que pueda ocurrir. Nada y absolutamente nada se sale a esta definición y en ella no hay cabida a las decisiones que pueda tomar el individuo, simplemente ya hay un sistema de sucesos designados en el cual todo ya se conoce y repito, nada se puede modificar. Por esta razón pongo como comparación a esta concepción del Destino a que éste sea tan “rígido como el concreto”. Luego viene la otra cara de la moneda a la que todos los seres humanos nos intentamos aferrar: el hecho de que podamos, por nuestras propias hazañas, lograr crear desde cero nuestra existencia, no solo tomando en cuenta como


definición de ésta lo que nos rodee sino también incluyendo en dicho término lo que seamos como Ser. Entonces el libre albedrío viene siendo como un arma de doble filo con la cual nos podremos desenvolver desarrollando acciones o pensamientos y logrando que con estos ese parámetro al cual denominamos Destino se vuelva “tan moldeable como la plastilina”, ya que si tomamos en cuenta tal punto ya no hay una línea de tiempo que llegue hacia el fututo si no que se va trazando a partir de nuestros actos presentes, pero sin algo pre-establecido a lo que pueda a ocurrir. Con este argumento volvemos a caer en el mismo trozo de esperanza con el que el Ser intenta sentirse seguro: “Nada está escrito”. Repito entonces mi afirmación en la cual hago participe que con ninguna de las dos comparaciones (es el tiempo “tan rígido como el cemento” o “tan moldeable como la plastilina”) me puedo sentir identificado. Para mí y mi mente cochambrosa, el tiempo es algo demasiado grande, demasiado extenso como para ser representado por alguna de las dos teorías, ya que sería pues análogo a intentar tapar el sol con un dedo. Pero si es necesario que establezca un punto de preferencia entre las dos comparaciones con sus respectivas teorías, ¿Por qué mejor no hacer una mezcla heterogénea entre ambas? Sí, eso me agrada más. Entonces en el tiempo se realizarían los designios de nuestras decisiones, actos, pensamientos, etc, (que a su vez estarían determinados por nuestro el libre albedrío) pero estos, sean cuales sean, habrán sido dibujados por fuerzas mayores a las cuales ni siquiera podemos comprender. Así de simple creo que acabo de llegar a una conclusión en cuanto a esa incógnita. Vuelvo entonces al punto del cual partí. El tiempo ha sido pues el primer prestamista conocido en la historia, te da absolutamente todo para después dejarte así como llegaste a este mundo: sin absolutamente nada. Creo que concluiré esto con la humilde propuesta de la cual yo también quiero ser un fiel creyente: lo mejor sería simplemente disfrutar de los buenos momentos actuando con plenitud y felicidad, sin que importe que tan duro sea el predicamento en el que nos encontremos, solo debemos vivir como si este día, que hoy tenemos el privilegio de sentir y experimentar fuese el ultimo, pensando en las cosas que nos causen armonía verdadera con este mundo y de las cuales podamos sentirnos orgullosos. Admirando este instante como si no hubiese mañana y solo prestando atención a lo sublime que hay en este mundo. ¡Un momento! ¿Acaso en este nuevo concepto no se encuentra la verdadera juventud? Creo que acabé de


ver un secreto que ni siquiera quiso esconderse. Por ahora continuarĂŠ el camino aplicando este principio del tiempo. Hasta que por fin se me acabe la primavera y llegue el invierno frio de la muerte.


-RenuncioI parte Es inevitable que llegue ese momento en el que abandonas todo. Sea porque estás cansado de lo que te rodea o por que se te han extinguido las emociones. En mi caso lo que ocurrió fue que renuncie a mi trabajo. ¿Para qué seguir engañando al mundo? ¿Para qué continuar intentando engañarme a mí mismo? Ya no quería nada de eso. Recuerdo que el que era mi jefe me pidió que lo pensara y que luego tomara la decisión. Rechacé toda oferta que sabía no cumpliría. Al final creo que se debió enojar porque, ante mis negaciones, se le puso roja la cara y me gritó que no esperase ningún tipo de recomendación de su parte después de eso. La verdad es que tal cosa no me importaba en lo absoluto. Me sentía como un esclavo que acababa de ganar su libertad. Ya era libre de dejar invertir vida a algo que no me agradaba, libre del estrés y de las ganas de llorar al llegar a la casa en las noches, libre de horas, días y años completamente vacíos. Al fin todo aquello había terminado y cuando salí esa tarde de la empresa con la típica caja del desempleado cuyo contenido eran las cosas que estaban en mi escritorio, sentí más alegría que aquella mañana de la entrevista en la que me habían otorgado el empleo. Quizás es que así somos los seres humanos: totalmente inconformes ante lo que nos rodea, siempre esperando algo que nos alimente las ganas de continuar adelante, desesperados por sentir que aún podemos sentir algo. Yo ya no podía aguantar más ese martirio impuesto a mi propia cordura. Llagaba el punto en el que no sabía si este cuerpo era mío o si acaso esta alma que generaba cada movimiento hacía rato que había sido vendida. Vendido todo mi mundo, ¿y a cambio de qué? ¿De qué no me faltara una jubilación para cuando llegara mi vejes? Estaba seguro de que, de continuar así, no habría vejes alguna que vivir. Después de salir de ese planeta en el que había entrado gracias a un título universitario que con sacrificio obtuve, me encontré ante todo un universo. Éste proponía una nueva existencia de la que solamente yo era dueño. Recuerdo bien esa tarde en la que, después de muchísimo tiempo, me volví a sentar en un café cualquiera de la ciudad. A mí alrededor la gente parecía alegre al reír, como si la alegría hubiese acabado de resucitar. De repente todos ellos habían renunciado también ese día a su trabajo o simplemente habían hecho de su vida lo que querían hacer y no lo que los prototipos de esta sociedad cuadrada demandaban.


Allí estaba yo, con una taza con latte de vainilla en la mesa y de seguro con la cara que tiene un niño la primera vez que viaja en un autobús solo. En síntesis, mi expectación hacia lo que iba a ocurrir aumentaba al recordar que no solo ya no tenía obligación alguna, sino que podía hacer lo que quisiera con semejante libertad. La verdad es como si solo a partir de ese día me hubiese percatado que eso del “libre albedrío” no era solo un mito o un don reservado para pocos, yo también gozaba de él. Fue en un momento cualquiera cuando miraba una bonita hoja moldeada con espuma en la superficie del café, que caí al fin en cuenta de mi realidad. ¿Qué sería lo que haría a partir de ahora? Esa pregunta se implantó en mi conciencia y echó raíces como el monte y la maleza. Por supuesto que en esta nueva dimensión a la que había viajado a partir de que firmase mi renuncia, ya no había preocupaciones absurdas en cuanto al tema. Con eso me refiero a cosas como: de que viviría, si comería o no, si la pasaría mal o bien a partir de ahora, o de si por lo menos continuaría respirando a pesar de no tener empleo. Todo aquello pasaba a un segundo plano, no porque carecieran de importancia, sino porque ya estaba cansado de luchar por causas inmediatas como ésas. A partir de ahora mi batalla sería por cosas que fuesen trascendentales y que abarcasen incluso más allá de la muerte. Una idea gloriosa o quizás el resultado de una locura natural que había permanecido dormida en mi interior, hicieron que encontrase la respuesta luego de un rato de estarla buscando: lo único que salvaría el resto de mis días ante la pérdida de tiempo indiscriminada que cometí durante años, sería sin duda que emprendiese mi viaje hacia la felicidad real. II parte Ante el encuentro de una respuesta, es normal que aparezcan muchas otras: ¿Cómo encontraría felicidad? ¿Habría algo que me motivase a conseguirla? Para empezar ¿Qué carrizos era la felicidad? Toda mi vida había estado compuesta por una sucesión de eventos que se suponían, tarde o temprano, desembocarían en ese dichoso y casi sobrenatural estado. Tomando en cuenta todos los recuerdos de momentos pasados, tal elemento nunca se había por lo menos asomado lejanamente a mi casa o a mi vista. Era como si todo hubiese estado hueco hasta aquel momento. Ahora que lo pensaba detenidamente, ni siquiera me había gustado nunca mi profesión, solo la había escogido casi por el azar. Que errores tan absurdos había cometido a lo largo de mis aconteceres. Pero ya no sería así, yo


encontraría la felicidad o dejaría de soñar en el intento. Pensé y medité sentado en ese café, viendo de vez en cuando como los mesoneros murmuraban entre ellos mientras me miraban, de seguro buscando una manera educada de correrme. Una que debieron no encontrar debido a que no me dijeron nada e incluso parecieron no molestarse cuando al irme, no les dejé propina. Yo no hacia otra cosa sino intentar encontrar aquello que me llevase a la gloria, que trajese paz y alegría a mi existencia. Así mismo pasé desde lo más pequeño y sencillo hasta lo grande y sofisticado, recorriendo lo común, lo grandioso y lo imposible. Entre mis respuestas se encontraron ser artista, doctor, mochilero, inventor, matemático, futbolista, fotógrafo, astronauta, cocinero, reportero, historiador, cineasta, pintor, e incluso presidente de la nación. Infinidad de propuestas que iban precedidas por una contrapropuesta que debatía que tal cosa realmente no era lo mío. No porque mis capacidades estuviesen limitadas ya que seré eternamente creyente de esa frase de que “todo es posible”, sino porque en mi interior sabía que no era aquello lo que mi corazón me dictaba. Definitivamente el destino tiene formas únicas de desenvolverse y uno a veces se queda atónito con la manera en cómo se terminan dando los sucesos luego de que, muchos años después, miramos hacia atrás y nos percatamos cuan drásticamente ha cambiado el contexto que nos rodea. Así pues, no necesité ni dos días luego de mi renuncia para lograr dar con aquello que de verdad yo deseaba en este recorrido. Era un anhelo que había estado desde siempre, desde que era un niño y desconocía el valor que inyectan los hombres a elementos sin sentido, dando la espalda aquellos que realmente importan. Mis papás eran los que, con una psicología fantástica y bien dirigida durante toda mi infancia, me habían hecho olvidar aquel camino que yo quería transitar por siempre. Sin embargo, en mi permanecía aún ese niño pequeño que gritaba y corría y que conocía aquello que daría plenitud a su mundo. De repente fueron esos mañosos mesoneros quienes le habían echado algo a mi latte para hacerme viajar hasta los rincones más recónditos de mi conciencia y de todo lo que yo era. Sea como fuese acababa de retomar ese sueño traumado de mi niñez. Una vez más yo deseaba fervientemente con ser taxista… Así llegó la hora de actuar y mi destino me había conseguido al fin. Cuando cobré mi liquidación (que no era pequeña debido a mi cargo y al tiempo en la empresa) y pude comprar mi carrito para empezar con eso de mi sueño, muchos me llamaron


ridículo mientras otros creyeron realmente que había caído en la demencia. Argumentaban que tal acto de renunciar a un alto cargo en una empresa para terminar de esa manera era algo incoherente y sin sentido alguno. Llagaban a mí personas creyéndose sabios de alguna montaña queriendo aconsejarme, o profesando ser pastores que me conducirían de nuevo al rebaño para que terminase siendo una oveja más del montón otra vez. A ninguno escuché y eso sí que fue una suerte. Si por esas personas hubiese sido, yo hubiese tomado una vida triste y amarga en la que en realidad no estuviese viviendo sino simplemente actuando un papel de teatro. III parte *** -Han pasado muchos años desde esa tarde en el café, desde esa noche en la que se impuso la verdad ante la mentira, ante la farsa de querer mostrar al mundo una obra que no valía la pena- terminó de decir a su copiloto el hombre canoso que manejaba el carro. El segundo era un pasajero que curiosamente se encontraba confundido acerca del mismo tema (su propio bienestar) y que había pedido unas palabras consejeras al taxista. Esto sin pensar nunca en la semejante historia con la que resultaría el otro. Una que era digna de ser una completa mentira debido a su increíble trama. -Pero dígame entonces: ¿ha valido la pena el cambio al final?... Bueno, disculpe si soy imprudente al preguntarle tales cosas pero ¿no se ha llegado arrepentir por lo que hizo?- preguntó el muchacho joven. -Pues mira, yo diría que cada minuto, cada respiro y cada acto valen la pena y no dan entrada al arrepentimiento cuando uno hace simplemente lo que quiere y no lo que según debería hacer. No te digo con esto que sigas mi ejemplo sino que no sigas el de ninguno. Crea tú mismo ese ejemplo del que quieres prenderte. Ya no quedaría entonces nada más de que hablar. Solo basta abrazar la locura antes de preferir convertirse en un mártir de acciones escogidas. -Gracias por todo señor ¿Cuánto le debo por la carrera? -Ahh sí, eso… ¿Cuánto era que te iba a cobrar? Mejor déjalo así, no me debes nada. Quizás ya la locura se apodero de mí o de repente es que esos mesoneros


mañosos le han vuelto a echar algo a mi café- respondió el antiguo supervisor sonriéndole al otro.


-Santificado sea tu amorEntre carticas cortas escondidas debajo de un porrón que había en la isla de la urbanización, quedó estancada la historia de amor. Ésta que había sido bonita desde el principio, con sueños hacia la eternidad y besos que intentaban traspasar al otro individuo amor verdadero, sufría el peor arrebato que podía darle el mundo: la separación obligada por sus familias debido a discrepancias en ideales. Pero qué diferencia más torpe sino esa que ha estado desde siempre atormentando a los enamorados, aquella que disputan las religiones establecidas. De esa forma, Alejandro era de familia católica, de esas que van a las iglesias los domingos y se confiesan ante un cura que probablemente tenga más pecados que cualquiera de sus adeptos. Rosita por su parte, había nacido en una familia evangélica, de los que te hablan de “la palabra” y toman su verdad como si fuese única e innegable. Desde el momento en que ambas partes se enteraron de la relación, el cuento fue condenado al prejuicio de cada lado. “Esa gente no cree ni en la virgen y tú sabes todo lo que ella nos ha dado con su misericordia” le decía doña Lupe a su primogénito, intentando protegerlo de la amenaza que según ella asechaba los días de éste. Ante los reproches del muchacho, ella sentenciaba “ni siquiera se bautizan mijo”, y allí culminaba todo alegato. Mientras tanto, en la casa de los Ramírez pasaba exactamente lo mismo, doña Idalia le argumentaba constantemente a su hija “una creyente no puede estar con un no creyente y ese muchacho y toda su familia no han recibido a cristo en sus corazones”. Este destino siempre complejo y lleno de acontecimientos inesperados, continuó con su naturaleza sorpresiva y aquel amor desencadenado desde la primera mirada cuando la familia de Alejandro se mudó a la urbanización, no tuvo fuerza posible que lo detuviese. Ambas familias cortaron relaciones desde el momento en que, sin poder continuar con el fraude de ocultar el enamoramiento, tanto aquel Romeo como aquella Julieta decidieron revelar su idilio a sus progenitores. El escándalo fue tal que de inmediato se les exigió a cada uno que terminase con aquella locura, que un católico y una evangélica no podían juntarse, que así debían ser las cosas. Pero Alejandro no pudo dejar de pensar ni un día en ella, recordándola con su risa frecuente que el mismo desplegaba mediante un chiste quizás algo tonto y con su cabello largo y sus ojos castaños. Ella por su parte, desde el principio había experimentado ese milagro llamado felicidad gracias a él. A su lado no necesitaba fingir nada, todo era tal y como era, sin disfraces absurdos impuestos por una


sociedad aún más absurda. ¿Cómo se le podía exigir algo a un amor tan puro como aquel? Nada se podía hacer. Fue ese impulso desprovisto de cordura que desemboca un romance, el que terminó por hacer ceder a los enamorados. Así una tarde de marzo mientras las nubes anaranjadas y rojizas poblaban el cielo, Rosita fue hasta el escondite secreto en la isla de la urba y casi le da un infarto de sorpresa por lo que ésta nueva carta decía. En letras azules y con la caligrafía de su amado, tan solo una pregunta se exponía: ¿Por qué no nos escapamos? ¡Qué locura! Aquello era una falta de cordura total. Era... era… Era la mejor cosa que les podría pasar a ambos, término por pensar la muchacha. Debajo de la pregunta y con un bolígrafo de tinta roja escribió un gran “SI”. En menos de un mes los enamorados huyeron a la capital, lejos de los prejuicios de sus seres queridos y de la injusticia de no poder querer a quien ellos quisieran. Yo presencié la historia siendo el mejor amigo del Romeo. Aunque las familias se estremecieron al notar la ausencia de ambos, el descontrol fue total al encontrar las cartas que cada uno había dejado a sus seres queridos explicando su acto más no su paradero. Finalmente, de mala gana y con mal sabor de boca, todo el mundo tuvo que aceptar la realidad: el amor podía más que los intentos por separarlo. Hace poco recibí una carta de mi amigo Ale. Me decía que el comienzo había sido duro pero que juntos estaban “echando pa lante”, que eran felices y que el mundo nunca se había mostrado tan lleno de luces. Puedo decir como conclusión muchísimas cosas pero todo lo que pueda argumentar estará demás. El amor es así, no tiene explicación ni mucho menos credos.


-Sí, quiero serloMe estaban prestando una alfombra mágica que solo me recordaba a la que tenían mis abuelos en una de esas tantas casas en las que vivieron al final de sus años. El amigo que me confió el objeto me debía dos favores: el primero había sido confabular en la causa de su enamoramiento con una de mis primas y el segundo encubrir su huida de nuestra ciudad ante el rechazo de mis tíos por su romance juvenil. De eso ya hacía muchos años, pero el insistía en el hecho de ayudarme como pago a mi ayuda pasada. Me explicó que el objeto venia de oriente, de una tierra lejana en donde los hombres eran diferentes en sus costumbres y que estos habían logrado encontrar la forma para hacer que las alfombras comunes pudiesen levitar transportando personas. Muy asombrado, con una mezcla de miedo y curiosidad a partes iguales, monté por primera vez en el rectángulo de tela. Mi objetivo era simple: poder recorrer el país entero hasta llegar hasta mi ciudad natal. Si, por supuesto, ésta era una tarea muy sencilla y que se entienda el sarcasmo con el que escribo dicha afirmación. El viaje se hizo problemático desde el inicio. La caprichosa alfombra no quiso levantarse ante los primeros intentos y yo no fui capaz de comprender la indirecta que me lanzaba el destino de que suspendiera desde ese punto la travesía. Sin embargo, luego de media hora de intentos fallidos, no bajaron mis ímpetus hacia la aventura. Mi amigo me dio las instrucciones básicas de como dirigir el artefacto en pleno funcionamiento y una hora después ya me encontraba listo para salir. Según mis planes nada podía salir mal. Pero las cosas se manejan un tanto diferentes de lo que por lo general esperamos de ellas y el verdadero problema cuando nos sentimos tan seguros acerca de algo, podría no ser otro que la caída producida cuando dicha cosa no ocurre como esperamos. Es entonces cuando nos sumimos en la realidad de las desilusiones del transcurso de los acontecimientos. Descubrí esa clase de principios cuando sobrevolaba una llanura en la que se podían ver vacas dormilonas recibiendo de lleno la luz de la luna, y la alfombra empezó a caer en picada. Llevaba solo 40 minutos volando y por tanto no había recorrido prácticamente nada del territorio que necesitaba atravesar. A pesar de mis esfuerzos por mantenerme en pleno vuelo, nada de lo que hice valió la pena. Con un golpe terrible caí al suelo de la llanura y me vi solo en el medio de la noche sin nada en mi poder aparte de mi ropa y el pedazo de tela defectuoso que había arrugado en el suelo.


Caminé sin destino por la carretera que encontré más cercana de donde me estrelle. No sé cuánto anduve a pie, pero al cabo de las horas de sendero polvoriento, llegué por fin a la población de Bicentenario. Allí conseguí trabajo en un taller mecánico en donde también dormía y cuyo dueño era un viejito llamado Nicanor Peralta. Éste se hizo mi gran amigo y fue un confidente perpetuo en las noches en las que me atacaba el insomnio a causa del martirio constituido por el retraso de mi viaje. La vez que por fin conoció el motivo de la odisea que estaba atravesando me dijo: “dale tu amor a quien estaría dispuesta a hacer un viaje como el tuyo por ti”. Ese mensaje me persiguió por semanas y justo cuando lo pensaba era que los fantasmas de mis dudas atacaban a los ángeles de mis ilusiones. Sin embargo, estos últimos siempre se las arreglaban para salir victoriosos y retomar el poder en mi conciencia. Una mañana cualquiera y tan bonita como las demás, decidí que mi partida de Bicentenario había llegado por fin. Habían pasado 4 meses y 14 días desde mi llegada y para cuando emprendí nuevamente el transcurso del viaje solo llevaba conmigo un morral con una muda de ropa adentro. A don Nicanor le dejé la alfombra mágica como regalo por su hospitalidad, su gran ayuda y su amistad. Éste quedó maravillado al mismo tiempo que me prometía arreglarla de alguna manera para poder también surcar cielos y tocar nubes blancas. Me fui de Bicentenario en un autobús. Aunque el pasaje que había comprado no me llevaría hasta mi destino, por lo menos me acercaría un poco a él. Toqué el suelo de Rio Negro después de unas cuantas horas en el bus. Con lo que llevaba encima, mi esperanza y determinación, nada más que eso. Me establecí en la nueva ciudad con una profesión muy bonita que era la de serenatero frustrado. Para ello tuve que aprender a tocar una guitarra vieja a los golpes hasta hacerla gritar melodías un tanto desafinadas al principio pero aceptables luego. Conformé gracias a ello un trio que se llamó “Ganimedes” en compañía de los dos hermanos Rodríguez: Luis y Santiago. Ellos me enseñaron algo importante sin siquiera intentarlo: todo mal tramo de la vida, por más fatal que sea, se debe sobrellevar con una canción. Entre fiestas de cumpleaños, presentaciones en bares de bohemios que olían a tabaco y chimó, sesiones en parques a cambio de la colaboración de los transeúntes o la clásica serenata a balcones de muchachas enamoradas, entre una cosa y otra, partí de Rio Negro a los 5 meses y 20 días. Todo porque el trabajo de cantarles a las damiselas en los balcones ayudando a los romeos en sus historias de amor, podría ser una tarea muy noble pero nada bien remunerada. La mañana de mi partida, los hermanos que tanto me habían


acompañado se mostraron muy pesarosos por mi decisión y en la despedida solo pudieron regalarme dos frases de consuelo en correspondencia a los días vividos en aquel sitio, de esa manera Luis dijo: “El amor nunca ha estado ligado al dinero”, y Santiago completó: “La verdadera música está ligada a la gloria interna y no a la externa”. Así me fui de aquella ciudad de edificios altos. Repitiéndose la historia, llegué hasta la siguiente parada no por decisión propia sino por la disposición limitada de mis humildes recursos. Ésta fue un pueblo llamado Medallo el que se respiraba más polvo que aire y que tenía como única base en su desarrollo económico la minería. Lástima que como en muchas otras partes del continente, la explotación de los recursos no se realizaba para beneficio de los que nacían en dicha tierra, sino que tenían como único norte alimentar la insaciable avaricia de las empresas extranjeras. Yo mismo sucumbí ante la ola que llevaba al cardumen de gente que habitaba Medallo y así trabajé en una mina de oro que era administrada por The Medallo Gold Company. Fue allí donde conocí al filósofo más disparatado y fuera de sitio que existió jamás: mi compadre (sin en realidad un ahijado de por medio) Laureano Carreño. Hablando un día con él mientras estábamos en el descanso del medio día y bajo un sol que parecía querernos derretir a todos, fue que éste me dijo algo que incluso hoy en día no entiendo, pero que recuerdo a la perfección: “El dilema no está en ser o no ser, sino en serlo por una razón que genere realmente el Ser”. Medallo fue para mí el peor tramo de mi camino. Todos los trabajadores fuimos explotados hasta el cansancio por unas pocas monedas a la semana, mientras los barrios ricos del pueblo se hacían más grandes, lujosos y habitados por más extranjeros que llegaban como una plaga de desgracia. En la devastación de aquel segmento tan triste de mis aconteceres, llegué incluso a perder la ilusión de que en algún momento concluiría todo aquello. “Este viaje será eterno, nunca se terminará” pensé en una ocasión en la que mis esperanzas ya parecían rasparse con el asfalto de la calle. Pero otra vez entran en la cuestión las sorpresas inesperadas del destino. Logré entender que la raza humana se rebela tarde o temprano y que ningún abuso es soportado eternamente por el que es abusado. Lo digo porque, en la que sería para mí una tarde cualquiera, estalló una revolución obrera sin precedente alguno que terminó en la quema de casi todo el pueblo en general. Yo cumplía apenas 2 meses y 5 días en el pueblo, cuando me descubrí a mí mismo saqueando junto con otros


compañeros obreros una de las casas del barrio rico. De la noche a la mañana, me encontraba con varias joyas de oro en el bolsillo (quizás el mismo oro que antes otro desdichado había sacado de alguna mina para que terminase en manos de los más vivos) partiendo de Medallo junto a mi amigo Laureano mientras el pueblo aún ardía a nuestras espaldas. Nuestros caminos se dividieron en la estación de tren de un pueblo tan fantasma que no logró condensarse su nombre en mi memoria. Él se dirigiría a la ciudad de Versalles, en donde buscaría un mejor futuro que ser un minero explotado y yo intentaría llegar a mi destino final. Años después de la despedida, descubrí que Laureano se convirtió en un escritor famoso y pude concluir que la distancia entre ser un obrero de mala muerte y un erudito reconocido estaba solo a dos pasos: saquear una casa y quemar un pueblo. Yo tomé mi tren, aquel anhelado que me llevaría hasta donde debí llegar aquella noche ya tan lejana en mi memoria en la que la alfombra voladora había fallado. Mis pesares, aunque muchos, habían valido la pena. Lo importante sería la recompensa. Horas de camino eternas mientras que la maquina se movía entre montañas y llanura. Yo solo esperaba, esperaba, esperaba… *** La vislumbre desde la esquina de la cuadra con la vista que solo podría tener un halcón y un enamorado. Continuaba tan bonita como siempre, con su cabello planchado con mechones pintados de amarillo, su sonrisa radiante y su caminar suelto. Me dispuse a caminar una vez más en aquel viaje imposible desde la ciudad a donde me había mudado hasta mi ciudad natal. Su recuerdo había sido mi motivación y ahora éste se plasmaba vivo ante mí a solo unos metros de distancia. Ya no quedaba duda alguna: el amor todo lo lograba y esa era una realidad consolidada en mi corazón. Por eso no continúe pensando más, por eso tuve el valor que nunca tuve mientras aún vivía en la casa contigua a la suya, por eso fui hasta ella. Quizás pensó que era un vagabundo porque a la primera ni siquiera se molestó en mirarme detalladamente y darse cuenta de que era yo el que estaba allí. Pero finalmente me miró a los ojos y me reconoció, su mirada de sorpresa lo dijo todo. Aunque entendía que ella ni se imaginaba por lo que yo había pasado para llegar hasta allí, no pude evitar tener el incoherente pensamiento de que ella conocía cada uno de mis sacrificios y vivencias en el viaje. Ese pensamiento fue el


que me terminó de dar valor. Me acerqué a ella, la tomé de las manos y por fin pronuncié la pregunta que tantos años atrás se había conservado en mi corazón: -¿Quieres ser mi novia?


-Siete demonios malditos¿Somos cuerpo y alma o alma y cuerpo? Bueno la verdad aún no lo sé. Pero si conozco una verdad acerca de los seres humanos: albergamos en nuestro Ser bien y mal. Ni uno ni otro completamente claro está, sino con ambos en proporciones diferentes para cada ser. Las características presentes para este plano no son dadas de maneras exactas y la composición de diferentes factores (como en este caso la luz y la oscuridad) darán como resultado al individuo. Para esta ocasión me enfocaré entonces en el segundo de los factores: el mal, tomando en cuenta algunos temas exactos acerca de éste. Así pues, recuerdo haber leído hace algún tiempo en un libro viejo la siguiente frase: “El hombre es, por naturaleza, bueno. De suerte para el mal que éste es un bien para el que lo practica”. Ese enunciado permite tener una idea general de como dicho elemento puede sobrevivir. Al igual que su opuesto, el mal no es algo que se pueda describir fácilmente ya que no estamos hablando de conceptos exactos sino de los interpretados por cada individuo. Pero a pesar de eso, si se pueden estudiar las ramificaciones de éste, es decir, los diferentes elementos que se generan a partir de la fuerza madre. Todo lo anterior fue una introducción bastante ligera acerca del tema del que me propongo hablar. Éste es un conjunto de diferentes ramificaciones del lado oscuro que albergamos los seres humanos. Me refiero entonces a los que hemos denominado durante ya bastantes años como los siete pecados capitales. Antes de proseguir debo aclarar que los conceptos presentes a continuación son de mi creación, y que por tanto comprenderé sino son de su conformidad o aceptación. Sin más que aclarar daré comienzo a mi argumento:

No a todos nos atacan y no todos sabemos reconocer cuando realmente somos sus víctimas. Así y de manera muy sigilosa actúan aquellos males que denominamos pecados capitales y que desde siempre han atormentado a la humanidad. A pesar de que puedan desenvolverse de manera muy diferente en el Ser, todos por igual, poseen un fin común para éste y es condenarlo a su total perdición y al dolor del arrepentimiento. Un detalle que noto en cuanto a este tema es que cada uno de los pecados posee la capacidad de hacer a su portador dependiente de él. Este hecho me hace regresar a la frase ya mencionada con anterioridad: “El hombre es, por naturaleza, bueno. De suerte para el mal que esté es un bien para el que lo


practica”, y en tal caso puedo poner como ejemplo simple que para el individuo guloso no hay mal realizado, el simplemente posee hambre. Al igual que aquel que se deja llevar por la ira siempre poseerá una razón (que para él es lógica) que lo llevará a desatar su enojo. Son simples comparaciones que encuentro existentes entre la frase y dos de los pecados, aunque realmente ésta se aplique a los siete por igual. Debo proseguir entonces con la definición que encuentro para cada pecado de manera individual. En un orden que debo aclarar no es debido a su importancia ya que, al poseer todos los mismos fines (la perdición del Ser por ejemplo) pienso que son completamente iguales sin que haya uno menos oscuro que otro. De esta manera puedo comenzar al fin: *Está la soberbia. En ella encontramos la tonta idea de sentirnos superiores a los demás. No se le debe tomar a la ligera ya que una vez que ha empezado con su efecto nos ciega de la verdad de que: Todos en este plano poseemos las mismas actitudes. No digo que seamos iguales en el sentido estricto de la afirmación, pero si declaro que la facultad para lograr ser cualquier cosa deseada si la poseemos. * Sigue la gula que es más bien un indicio a muerte segura. El hambre de un personaje guloso jamás es saciada. Simplemente nunca dejará de comer ya que, de no combatirse, llegará el momento en que se verá literalmente obligado (no solo por su conciencia sino por su propio cuerpo) a seguir consumiendo. * Ahora está la lujuria, que nos lleva a las tinieblas del comienzo. Ella nos hace animales con un único instinto: el sexo. En él no dejamos de pensar jamás, nublando así nuestro juicio. Al final cuando éste ha logrado hacerse del individuo logra crear una adicción al placer que no tiene fin. * Continúa la avaricia, la cual por lo general todos hemos sentido. Nos induce a querer siempre más, llevándonos a lo impensable a costa de tener aquellas cosas deseadas. Con ella se llega al punto extremo en el cual mentimos, engañamos e incluso matamos debido a la inagotable ambición. * En este momento viene el demonio creado por nuestro propio Ser: la ira. Ésta nos dice a gritos fuertes que sintamos enojo, furia, rabia, y odio los cuales por supuesto son sus fieles subordinados. Al igual que la gula, lentamente moriremos por su culpa ya que deteriora alma y el cuerpo mismo. * Prosigue la despiadada pereza que nos ataca con toda cosa que podamos realizar. Con ella todo esfuerzo perece demasiado y poco a poco lleva, de manera muy disimulada, a que el individuo caiga en la inutilidad.


* Por ultimo está la cruel envidia que nos ciega a toda razón. Ella, siempre malvada, no nos permite ver lo que tenemos, obligándonos más bien a sentir celos de los demás dando paso a que nos despreciemos nosotros mismos o, en casos más avanzados, a sentir rabia generada por dicha ajena. Así creo que puedo definir a siete ramificaciones de la materia oscura que (aunque acepto ha sido de una manera simple) espero puedan dar una idea general de lo que son respectivamente. Debo aclarar a la vez al hablar de dichos agentes, que no puede haber cabida a la singularidad de que estos actúen de maneras independientes entre sí. Pienso que, en cuanto a este hecho, en cada “pecado” existe una correlación con uno o incluso con varios de sus iguales. De esta manera el fin común que ya he establecido con anterioridad (es decir la perdición del Ser) puede ser logrado con mayor eficacia y rapidez. Para concluir con todo esto solo me falta decir algo que de por si todos ya conocemos, pero que en ocasiones y en momentos de distracción, no procuramos recordar: Para cada “pecado” existe una cura que lo contrarresta, un agente del bien que se opone a la fuerza y le da cabida al desarrollo del Ser. Por ahora, de tales temas opinaré en otra ocasión.


-Testamento de un desconocidoEsta carta va dirigida a todos los que nunca me leyeron, a todos los que me describieron sin haberme conocido completamente. La dejo como despedida porque estoy agonizando y no sé si quizás hoy mismo muera. Mañana renaceré, es cierto, pero habrá algo de mí que nunca volverá sino que se quedara pudriendo en las profundidades de la tierra. Aunque me veas caminando por la calle o comiendo una arepa con café yo ya no seré el mismo de antes porque mi núcleo se habrá disuelto y mis sueños y mi optimismo se habrán ido de travesía junto a Ulises a lugares muy lejanos. Mientras que el cascaron que conforme mi cuerpo se quedará expectante en algún puerto, observando la inmensidad del océano y esperando a que con suerte ellos vuelvan algún día. Eso igual no importa porque estoy seguro de que, si por vueltas que este destino diera ellos volviesen, yo ya no sería el mismo de antes. Pero es que ¿Cómo podría serlo? ¡Si yo ya estaría igual de muerto! Los muertos no sienten ni escriben y menos aun cuando nadie los lee. De mi hablarán los vivos, o mejor dicho los que se creen vivos, sin saber que en realidad muchos a dicho factor (la vida) jamás lo han sentido o experimentado. No entenderán mi condición y pensarán que solo soy anormal o diferente sin saber tampoco que yo por mi parte me encontraré en el “más allá” (si es que éste realmente existe) sin percibir ni el tiempo ni el espacio. Únicamente intentando encontrar a mis antepasados, aquellos que desde hace tiempo podían montarse en los autobuses sin necesidad de pagar el pasaje. Si llegase a encontrar alguno me gustaría conversar y saber más de sus vidas, de sus anhelos, abrazando así la eternidad hasta que me despierten porque debo comenzar con un nuevo camino. Para terminar con esta patética despedida de un ser que ya dentro de poco será parte de los difuntos sin ser realmente uno, no habrán de faltar los arrepentimientos, ¡Porque sí! me arrepiento de mucho. De no haber amado, de no haber luchado, de no haber creado mi propia corriente literaria, de no haber cambiado una vida, de no haber pisado nunca la arena de los Médanos de Coro o probado el agua de la Laguna Canaima. Solo recordaré vestigios de mi existencia tales como: a un país que después de años de gloria se caía en pedazos, las canciones de La vida Boheme, una cerveza fría bajo el sol de las islas de Margarita y Coche y finalmente a los seres que me acompañaron mientras aún respiraba.


Esto no es en definitiva un hasta luego, esto es un rotundo adiós. El ángel de la muerte ya se asomó a mi ventana y trae lentes de lectura como si supiese que fue un escritor al que viene a llevarse y quisiera leer un poco antes de finalizar su tarea. Hasta en el último suspiro nada deja de parecerme irónico. Sin más que decir así concluye esto.


-¿Tienes una moneda?Queriendo buscar mis raíces Terminé encontrando mis anhelos. Entonces creí que perder tiempo sería un delito, un pecado, una estupidez. *** Hubiese preferido crecer en alguna otra época, en cualquiera menos en esta. Porque hoy en día el alma vale menos. Porque hoy en día ya nadie sueña con llegar a la luna. *** Llené mi morral con lo que creí sería necesario pero olvide echarle esperanza. Quizás por eso no creo en el mañana. Solo confió en este momento en el que aún me muevo. *** En la basta soledad que propone esta ciudad la imaginación termina siendo esencial. Ya no importan las fiestas ni las cervezas. Importa reír por lo menos una vez al mes. *** ¿Los que estuvieron antes sufrieron esto también? No lo creo. Ellos debieron de pelear contra enemigos. Yo al contrario solo trataba de alcanzar un sueño, uno que tal vez nunca ha existido. *** Mi ropa parece tener décadas, mis ilusiones parecen tener siglos. En este recorrido he vivido más que nunca, aunque antes pareciera que ni siquiera estaba vivo. *** Esta tierra en la que estoy parado, que debió tener en algún momento espíritus y magia, ha sido menguada por el cemento y exorcizada por nuestros miedos hacia lo que no entendemos. *** Si existía una revolución nunca vi ni un vestigio de ella. Violencia y sangre siempre ha habido. Pero, ¿más que lágrimas? Eso nunca.


*** De verdad quise hacer la diferencia. Por eso inventé todo de nuevo: Mi propia religión, mi propio lenguaje, mi propia política, mi propio país… *** Lo del libro y la portada tiene mucho sentido si lo vives en carne propia. Trata de estar pendiente a toda hora. Mañana te podrías quedar sin canoa y tendrías que nadar. *** Ese día que salió el sol por primera vez traté de mirarlo de frente. Casi quedo ciego y por poco se me calcina la piel. Sin embargo, continúe viendo y ningún ovni pasó. *** Cierto niño en la calle me dijo: “La fiebre nos da por acumular frustración”. Le creí como a ningún maestro. Desde hace bastante tiempo que me caen mal los niños. *** Una sopa caliente cuando llueve y el milagro que representa ese acto. Una limonada fría bajo el sol ¡Y gracias a Dios por los limones! *** La raza quiso construir castillos inmensos. Luego no hubo tanta gente para poblarlos. Por eso este mundo es un cementerio de gigantes; una concha de mar vacía esperando ser habitada. *** Entre espejismo del hambre veo los fantasmas de mi pasado, presente y futuro. Intento siempre meditar ante tal evento, al final la necesidad siempre termina ganándole a la valentía. *** Como no tengo teléfono ensayo señales de humo.


Trato de llamar la atención de mi princesa. No quisiera que llegase a pensar que la olvidé. *** En otra vida me reuniré con mis amigos perdidos. Hablaremos, reiremos y volveremos a viajar. Ahora solo me queda caminar descalzo huyéndole a la muerte que me aparece en todas partes. *** Para lograr esta profesión no se estudia, solo se llega a ella si así lo quiere el obrero. Más bien me gustaría ser artista de cualquiera de las ramas. Como no puedo me conformo con escribir en este cartón. *** Te advertiré algo: El no seguir a tu corazón es malo para tu salud. Si no me crees pues tómame como ejemplo, ya mis querencias han sufrido tres infartos. *** Ahora mírame deambulando por las calles. Acepto ser un vagabundo. No me temas, conversa conmigo. Te sorprenderá saber qué hace tiempo fui heredero a la corona y la rechace por esto.


-Tonterías diurnasLo que miro en el espejo no es realmente lo que soy. Cada partícula reflejada podría ser de cualquier otro. O de la tierra en la que estoy parado (que por sí sola ya posee mil historias y que yo todas desconozco) o del aire que me rodea. En el tiempo admiro el círculo que aún se repite ¿Cómo podría yo hacer historia si la historia ya está hecha? *** La piedra deja de ser dura cuando nos olvidamos de su dureza. Así también nos olvidamos de lo que nos rodea para empezar a prestar atención a lo que queremos que nos rodee. “Pa’ lante es pa’ alla” decíamos como grito de guerra, creyéndonos la mentira de que éramos los primeros habitantes del mundo. No dejábamos que nos agobiasen ni nuestros temores, ni los dragones que escupían fuego. *** Ya no quedan sabios en estas épocas y, sin embargo, cualquiera hoy en día lo es. Lo que si es cierto es que las artes han cambiado y eso es sin duda una suerte. Igual que ellas son los aconteceres de los hombres. Ambos atados al “quiensabe” del destino pero sujetos a su naturaleza, inmutables realmente en su interior. *** Ese cuento es casi verídico y maravillosamente sin precedente alguno. Pero el final que se siente cerca por todos, nunca termina por llegar para ninguno. Siempre habrá vida incluso estando en plena muerte. Siempre habrá algo por lo cual luchar, por lo cual continuar alzando los brazos hacia el cielo. Se elimina lo eliminable, se continúa con lo que creemos lo merece. *** La obra se vuelve trágica cuando el héroe deja de ser él mismo. Cuando todo comienza a parecerle igual de simple, igual de bello a lo no bello. Es allí cuando él no puede salvarse a sí mismo y la ironía entra de lleno en su aventura valerosa. Claro que en ti veo a un héroe griego, aquel que conoce su destino y que, aun así, continúa a pesar de este. Aquel que con valor se enfrentará contra los mismos


dioses y a las calamidades que estos le manden, con tal de rozar así sea con los dedos la gloria. Nunca abandones tu espada o tu escudo. Yo desde la lejanía te ayudaré disimuladamente enviándote tres monedas de un bolívar cada una, para que puedas emprender tu viaje. Para que ya no haya excusas como “que no tienes para el pasaje”.


-Tonterías nocturnasLas circunstancias propias de cada uno reavivan las ganas por ser diferente. Diferente a los demás y a todo lo que nos rodea. La memoria mundial nos susurra al oído, nos ínsita a buscar nuestra propia esencia. Esa que solo es nuestra, que ningún otro puede tener, que somos capaces de definir, de sentir, de dirigir a los demás. El canal de televisión sigue siendo el mismo, al igual que la película. Pero la canción si ha cambiado y ahora su melodía es más alegre. Pareciera que mi vida entera, es un baile que nunca termina. Ahora lo entiendo: la existencia en sí, es una rumba con borrachera incluida. *** Tal vez cuando crezcamos un poquito por lo menos, comprenderemos porque nuestra raza es el arma que apuñala por la espalda a su propia madre. Ésta que lo tuvo desde sus entrañas, que le enseñó todo lo que sabía sin excepción, que le dio la certeza de que había ese “algo más”, termina por llevarse la peor parte de la obra de teatro. Somos nosotros los que, en retribución, la tomamos de ambos cachetes obligándola a ver de frente las guerras de sus hijos. Le hundimos lento el puñal para que se desangre con dolor y reímos diciendo que ella aguantará. *** Si la pasión es la musa del arte, ¿Cómo pueden llamarse artistas los que nunca la han sentido? El pasar de los tiempos nos demuestra que el acontecer de las cosas ocurre extrañamente. El artista no se autoproclama, solo es la hoja que navega consiente por el rio. Es solo un puente entre este mundo y el de lo sublime. Él no sabe siquiera lo que hace pero siente placer con ello. Mártires de sus propios males porque los demás los ven como modelos que van más allá de los estándares humanos, mientras que estos se sienten más imperfectos que la palabra misma. Se levantan en las mañanas y se maravillan con los detalles o se dejan llevar por el desconsuelo de la realidad que los rodee. ***


La Magia de los Deseos sigue aún viva y a la orden del que llegue hasta su reino. Por eso no puedo dejar de pensar que lo que se pueda soñar, se podrá realizar. La cuestión es ver hasta lo invisible, sentir lo que no tiene tacto, escuchar lo mudo y creer en lo que no es posible; así quizás uno logra oponerse a lo que le quieren imponer. Así uno puede proclamarse al fin, poseedor de su propio espíritu. *** Caminaré entre sombras y arena, transportaré el tiempo y el espacio, conoceré verdades y veré estrellas, comeré arepas y reiré con amigos. Cuando todo comience a ser nada y lo que fue deje de serlo para dar paso a lo que será, el nuevo trayecto aparecerá claro ante la vista. Justo en ese instante se agregará un grano más de sal al infinito océano.


-TormentaHoy nada va bien. Por designios del destino y resultados de mis propias decisiones mi vida está pasando por un mal momento. Ya no son solo simples piedras en el camino que causaron mi tropiezo sino una verdadera tormenta que me ha tumbado por completo. Me acuesto en mi cama pensando muchísimas cosas y sin poder dormir. Pienso en mi sufrimiento, en el hueco del cual debo salir, en los que dependen de mí y que por mi culpa también están pasando malos ratos, en fin, en esta desdicha que ni siquiera sé si pasará rápidamente o perdure por muchos días. La desilusión me oprime el pecho y la angustia aumenta mi inseguridad hacia lo que va a venir. ¿Qué fue lo que hice mal? Ya ni siquiera puedo recordarlo. De seguro mi mente quiso reprimir dicho recuerdo para que no me torturara tanto. Pero recuerdo aquella cosa extraña que tanto mencionaba mi papá cuando yo era apenas un niño. ¿Cómo era que le llamaba…? ¿Causa y efecto? Si creo que era así. En fin, si tomo en cuenta dicho factor todo lo que ahora estoy viviendo debe ser proporcional a cierto error cometido por mi persona con alguno de mis actos. O quizás y para ser más optimista, esta situación solo sea la causa que amerite un sacrificio y que más adelante traiga una verdadera recompensa. Lo que sí sé es que en este exacto instante me encuentro confundido y lejos de la abundancia. Esta realidad nos llega a todos y para lograr sacar visa para el país de la felicidad hay que hacer una fila casi interminable que tiende a moverse cada vez que el caprichoso destino lo quiere. Pero entonces llegan a mi mente pensamientos distintos a los que acompañan a mi desolación. Pienso en que hoy murió alguien, que alguna persona cedió ante las pruebas irrebatibles que le dio su vida y que le decían que ya no debía continuar en la búsqueda de sus sueños, probablemente un corazón se rompió porque su amor no fue correspondido, en fin pienso en muchas eventos que conllevan al dolor. ¿Acaso una de estas cosas me ocurrió a mí? Sigo sin poder recordarlo, pero al reflexionar en tantas desdichas he recordado aquella frase que de seguro inventó un borracho: “Luego de la tormenta, viene la calma”. Sin poderlo evitar llegan las lágrimas y la rabia brota en mi interior por ser tan débil ante la adversidad. Al cabo de un rato me compongo nuevamente. No sé qué pase mañana pero ante esta tormenta elaboraré una curiara de valentía y esperanza por si de tanta agua se termina inundando la tierra. Yo remaré hacia el


oriente y no dejaré de creer que algún día, sin importar que pueda ser dentro de mil años, saldrá al fin el sol.


Para Arellano, por leerlo primero.

-Última noche en Cumana- Entonces ¿Qué será de mí ahora? ¿Me dejarás solo? – le preguntó el discípulo indignado por la confesión que le acababa de hacer el hombre que había simbolizado un foco de luz entre toda su oscuridad, entre su confusa vida. -No es fácil intentar cambiar las cosas. La vida es un constante cambio. Ya te ha llegado la hora de andar solo y a partir de este momento tú solo estarás…- eso fue lo último que le dijo el maestro al muchacho que tenía enfrente. Se levantó de la silla, tomó su maleta y se montó en un autobús que lo llevaría lejos. El muchacho se llamaba Carreño y ese en realidad no era un nombre de persona, aunque simplemente, así se llamaba él. La historia de cómo había transcurrido el segmento de su camino al lado de su maestro era bastante extensa, pero él jamás olvidaría como había empezado todo. Allí, sentado en esa banca en el terminal de pasajeros, los recuerdos empezaron a llegar uno tras otro hasta lograr transportarlo en el tiempo. De repente el paisaje en el que se encontraba momentos antes cambió hasta no ser más lo que era. Los buses que antes pasaban delante de él fueron suplantados por el mar y la arena, la banca era ahora una silla de mimbre tejido, el sol con su cegadora luz ya no estaba sino que era la luna la que miraba desde lo alto a los mortales que disfrutaban también observándola. El espacio transmutó completamente junto con el tiempo. El primero había dejado de ser la ciudad, se encontraba ahora en una casa en la playa del mar Caribe. La segunda de las dos leyes naturales (es decir el tiempo) ya no era el presente de Carreño sino muchos años atrás. En aquel entonces, su pequeño mundo había comenzado a dar una vuelta de 360 grados gracias al hombre que, en aquel entonces, tenía al frente. -Tú has buscado hablar conmigo, tú has buscado esta conversación- le decía aquel señor gordito y calvo sentado al frente del joven Carreño- Hace rato ibas y venias de acá para allá solo para que pudiésemos vernos. Todo, por supuesto, inconscientemente. El joven no decía nada y solo se limitaba a escuchar lo que decía el hombre. Ni siquiera había notado el hecho de que hubiese caminado delante del otro para


lograr hablar con él. Sin embargo el hombre afirmaba que así lo había hecho, aunque sin darse cuenta. -¿Tu sabes lo que yo soy? ¿Te diste cuenta de lo que yo hago esta tarde cuando estaban pescando?- le preguntó aquel enigmático gordito. Carreño se concentró en recordar lo que había pasado esa tarde. Él y los muchachos pescaban en el muelle cuando se había aparecido el tío de Pepe con su esposa y su hermano (que era el hombre con quien ahora conversaba) y se habían puesto a hacer cosas a un lado de ellos. Ninguno les prestó atención pero al cabo de un rato el hermano se había dirigido a Carreño y le había dicho: “flaco, pásame ese baso”. Carreño había cumplido con la petición y no había prestado más atención a ninguno de los recién llegados. Sin embargo, ocurriría algo muy extraño: en menos de diez minutos el mar se había alborotado tan abruptamente que les fue imposible continuar con la pesca y debieron regresar a la casa. -La verdad no me di cuenta de nada. Sí vi que estaba con su hermano y la señora de éste pero no más. Y tampoco sé lo que es usted ni nada por el estilo- respondió el muchacho. Esto no era completamente cierto porque justamente una hora antes cuando estaban a punto de cenar, su amigo Pepe le había comentado quien era el hermano de su tío político. Carreño estaba sentado al frente de un brujo, solo que no se atrevía a afirmarlo por falta de pruebas contundentes. -Yo soy un babalawo, un sacerdote de mi religión. Lo que hacíamos hoy era un trabajo que terminó por alterar a mi madre Yemaya y por tal no se pudo terminarle afirmó el hombre aclarando ya todas sus dudas para luego decir- Ahora dime algo: ¿estás asustado? -No, aunque no sé nada de usted y no entiendo muy bien lo que me dice, no estoy asustado. Hablaron sobre infinidad de cuentos. Sobre la clase de vidas que llevaban tanto el uno como el otro o como habían terminado en esa orilla del país. El hombre frente a Carreño presumía de dones de asombrosa naturaleza y de aventuras que iban de la mano con lo fantástico. El joven, siempre cohibido, asentía ante cada palabra intentando demostrar en sus gestos por lo menos una pequeña parte de su asombro por todo aquello.


-¿Hace cuánto murió tu abuelo?- preguntó repentinamente el señor al muchacho y éste ultimo sintió que el corazón saltaba en el interior de su pecho. -¿Mi abuelo? Ehhh… hace alrededor de tres años- contestó Carreño sin poder esconder su gran asombro- Disculpe pero, ¿Cómo sabe usted que…? -Él siempre te cuida- dijo el hombre sin permitir que el otro terminara su preguntaY siempre está contigo. Desde que te vi en la tarde cuando pescaban logré verlo también a él, con sus facciones cuadradas y su gran estatura. Él no permite que el daño te llegue. Se quedó en este plano más tiempo del que debía solo para tenerte a salvo. Ante tales afirmaciones ya el joven no sabía qué hacer. Su cerebro funcionaba alocadamente intentado adaptarse a todo este panorama que se le presentaba. El instante en que sintió que se desmallaría fue aquel en donde su interlocutor, manteniendo siempre su tranquilidad pasmosa, le preguntara: -Ahora dime: ¿Quieres hablar con él? Luego de pensarlo muchas veces en tan solo una fracción de segundo, el joven pudo responder: -No. Prefiero que sea otro día. Esa clase de momentos incomodos en los que el muchacho creía entrar de lleno en los libros de aventuras y magia que lo habían marcado durante tanto tiempo, se repetían constantemente y pasaron a parecerle algo común. El estar preparado para el siguiente tema a tratar se hizo una necesidad. Tal conversación despertaba un verdadero despliegue de emociones nuevas. El hombre hablaba de gentes que hace ya tiempo habían abandonado el mundo de los vivos. Pero llegó un momento de exaltación aún más particular, un dramático instante en el que las emociones salieron a relucir. Tal evento ocurrió cuando, de la nada y sin previo aviso, el hombre misterioso comenzó afirmar: -Debo confesarte algo: La verdad es que yo no soy feliz. He amado a muchas mujeres, visitado muchos lugares, visto cosas increíbles que ni siquiera son parte de este mundo. Pero simplemente no soy feliz y sin ese elemento en una vida, ésta está vacía…


Carreño se quedó mirando un rato al personaje que tenía delante de él, aquel oriental que ahora miraba la bastedad del mar con tristeza en su expresión parecía indefenso y débil en comparación a lo que había sido momentos antes. Fue en ese momento en donde pudo darse cuenta que, al final, incluso los grandes brujos continúan teniendo alma de hombres. Hombres que sienten, que viven y que abrazan la infelicidad como cualquier otro. -Entonces hagamos un trato- dijo el muchacho rompiendo el trance en el que se encontraba el hombre, el cual, se volteó para verlo directamente a los ojos- Vamos a buscar la felicidad y a dar la vida por encontrarla. Sé que no es algo fácil de realizar, pero yo creo que podremos hacerlo… Yo creo que todas las personas tenemos la misma magnificencia con la que nada se puede tornar imposible. El hombre no dijo nada. Se quedó mirándolo directo a los ojos y Carreño sintió que esos ojos lo traspasaban y leían todo su Ser. Al cabo de minutos que parecieron horas, el hombre por fin habló y lo que dijo fueron palabras que cambiarían la vida del joven muchacho para siempre: -Sabía que no me había equivocado. Sabía que eras el indicado. Tú serás mi aprendiz y yo seré tu maestro. La vida no nos ha juntado por coincidencia, estamos realmente destinados a aprender uno del otro. Doy gracias porque seas como eres y sí, es una promesa- dijo estirando la mano y estrechando la del otro- Tienes razón, ambos llegaremos a ser felices si confiamos que así será. La noche continuó hasta que llegaron las once y media y el hombre (¿o acaso ya debía llamarlo maestro?) dijo que ya era hora de acostarse. Jamás olvidaría la última frase que utilizaría éste extraño individuo antes de que fuesen a dormir: -Vamos que hace mucho frio, las ánimas están alborotadas porque ya se va a terminar la semana santa. ¡Míralos! ¡Están por todas partes! Lo mejor es entrarse de una vez. Los recuerdos comenzaban a desaparecer y Carreño volvía a estar sentado en la banqueta del terminal de pasajeros. El tiempo había trascurrido tan rápidamente que parecía que aquella noche de ese último día de la semana santa había ocurrido días atrás. Pero no, todo lo que acababa de recordar había acontecido hacía ya varios años. La ironía de situarse en aquella fecha en la que había conocido a su


maestro quedaba marcada con la confesión que éste le había hecho momentos antes: -Seguiré el consejo que me diste el día en que nos conocimos. Me iré muy lejos para buscar en tierras desconocidas mi felicidad. Gracias por todo lo vivido pero ésta es sin duda nuestra despedida. Ahora entendía muchas cosas. Cosas simples y otras profundas. Había pasado por momentos inolvidables en su vida. Ahora él era también parte de esa gama hombres a los que la gente común llama Brujos y su vida ya no era normal. Pero, sin importar que haya ocurrido o que ocurriera a partir de ahora, Carreño jamás olvidaría esa noche tan enigmática y que le cambiaría la vida. Ahora su camino sería sin la compañía de su maestro, aunque igual él no se sentiría solo. En realidad ni siquiera en ese momento estaba solo porque su abuelo lo acompañaba sentado a su lado en la banca, sonriéndole, dándole palmaditas en el hombro y diciéndole que gracias al hombre que se acababa de ir, Carreño lo había podido volver a ver.


-Un algo diferenteComo cuando somos participes de un evento significativo, de algo importante que trascenderá entre las páginas de la historia. Es frente a un acontecimiento de esta naturaleza que podemos vernos a nosotros mismos como protagonistas de una película de la que conocemos el comienzo pero cuyo final aún debe ser redactado. Pensando en tales cosas intento ponerme en los zapatos de los grandes que ya se fueron, de los libertadores, de los sabios iluminados, de los que fueron en contra de la corriente de la sociedad, de los pintores y músicos, de los inventores y científicos; en fin, de los que pudieron ser partícipes de ese algo diferente. Pero entonces me doy cuenta de que hablo en pasado constantemente, como si estuviese narrando la cuestión durante el último día de la humanidad y ya no haya posibilidad alguna de continuar con esta bonita telenovela que constituyen los acontecimientos de nuestra raza. He ahí como se demuestra la inclinación humana hacia el drama y lo extremista, esa que hemos llevado los hombres desde siempre. Volviendo al tema inicial, ese sentimiento de adrenalina que ha de sentirse al construir una acción trascendental debe ser el clímax máximo de las experiencias vividas. Pero no puedo dejar de pensar tampoco si acaso aquellos que constituyeron grandes segmentos de la historia de un pueblo o cierta cosa, supieron en su momento lo que estaban haciendo. Considero aburrido morir sin siquiera conocer el alcance que tuvieron nuestros actos o si estos han sido realmente importantes para determinados grupos de gentes. Pensándolo mejor, este punto es descartado de mí análisis debido a que ya hace tiempo comprendí que éste no es más que otro factor en la travesía del ídolo. Me explico: así como el mártir vive y muere por una causa que considera noble, éste no lo hace por el fin de pasar a la gloria sino por la decisión consiente de considerar dicha acción vale su esfuerzo. En fin, colándome en este subtema al que llame “Lo que se hace sin saber porque se hace” (muy original, lo sé), debo introducir el hecho de que la fuente del acto propio esté sujeta a la naturaleza básica que propone la ley de la polaridad: positivo y negativo. Tomando en cuenta al segundo, ese algo diferente que se lleve a cabo en la historia podría bien estar definido por una causa que sea perjudicial para los que nos rodean. Tal hecho no solo sobrepasa el espacio (como por ejemplo cuando nuestros impulsos dañan a seres que están incluso muy lejos de nuestras decisiones) sino también al tiempo (como cuando nuestros impulsos dañan a las generaciones predecesoras). Explicándome de mejor manera, mis dudas no solo se centran en lo extraordinario que debe ser el conformar parte de un acto cambiante


que modifique lo establecido para bien, sino también el mismo hecho pero haciéndolo para mal. Este tema podría bien acomodarse a la lista de elementos que contemplo cuando me quedo callado en medio de una conversación y centro mi vista en un punto cualquiera de la habitación. No puedo dar una conclusión aparente en cuanto al carácter global de la cuestión, sin embargo, contemplo una vez más la posibilidad de amoldar todo lo ya expresado a mi propia realidad. De esta manera, puedo argumentar que ese algo distinto que experimentaron los inmortalizados en las memoria colectiva de las masas, yo también podría lograrlo desarrollar de manera igual manera. Desde mi perspectiva (siempre borrosa ante lo convencional) lo extraordinario y lo que pasa a la eternidad está fundamentado en lo común. Siendo así no podemos llegar al punto de pensar que nuestros actos no logran una diferencia significativa en el contexto en el que los desarrollemos. La verdad creo incluso llegar a dar fe de que cada empleo de energía causa una repercusión (cualquiera que sea esta) en el universo entero. Entonces me refugiaré en esa idea que encierra lo común, lo que hago constantemente, cada detalle realizado; todo con el fin de intentar descubrir lo que siempre he sabido: en cualquier causa se producirá un efecto. El hecho es que a veces no prestamos atención a los que son disimulados y creemos que lo trascendental se ha alejado de nuestros aconteceres. La realidad es que ese «algo diferente» que experimentaron los grandes puede ser vivido, sentido y absorbido por cualquier ser que tenga la paciencia de respirar hondo y abrir los ojos con una sonrisa. En esa, creo yo, está la belleza de actuar siguiendo el corazón.


-Un cuaderno y una vozYo pedí un expresso y Caro un late de vainilla. Me molestó la actitud con la que nos atendió la muchacha vendedora del café Babilonia. Parecía no tener paciencia para atender a los clientes y mantenía una cara de enojo nada amigable. Iba a contestarle algo por su antipatía pero Caro, adivinando lo que iba a hacer, me jaló del brazo y me llevó hasta la mesa en la que nos sentaríamos. «Seguro es que tiene algún problema» me dijo sonriendo y yo olvidé por completo la razón por la que estaba enojado. Allí se evidenciaba el poder que una persona alegre causa en los que están a su alrededor. Comenzamos a hablar disfrutando de las bebidas, aquella sería una conversación pendiente a la que ya no se le debía dar más tiempo. Recuerdo que afuera llovía y era una tarde de diciembre. -El enojo nunca ha sido una cosa fácil de evitar. Es por su naturaleza, más simple de conseguir que la paz. Por eso todo el mundo lo sufre- me dijo la muchacha. -Un gran comentario. Nada más cierto, pero nada pertinente en lo que nos interesa a nosotros dos. Caro, tú debes cantar. -¿Vas a seguir con eso? Que cosas las que se te meten en la cabeza. Era un asunto sencillo el que se topaba con nuestras conciencias, uno que en realidad se complicaba cada vez más. La cuestión era entonces que ella sufría un mal extenuante que era prófugo de la mismísima caja de pandora, aquel de soñar con algo y tener que menguar dicho anhelo por factores externos que estuviesen en contra de los que desea el corazón. Ella cantaba y amaba la música de forma tan sincera que realmente parecía alimentarla. Aun así, debía someterse a estudiar no sé qué cosa en la universidad por obligación de sus padres. Yo desde afuera, era como aquel recordatorio en la agenda que se sabe existe, pero al que no se le presta atención. Le insistía que continuase con su primera querencia de vivir para cantar. Este mundo, con sus laberintos, sus barreras, su niebla que no deja ver el sol, a veces termina por hacer que la pobre gente que anda en él se pierda. No niego que a veces las mismas personas entrecierren los ojos procurando ver solo lo que desean ver, terminando por complacer a la mediocridad que todos llevamos dentro. Pero es que era la voz de Caro, aquella hermosa voz que transmitía felicidad, una obra de arte materializada desde el nacimiento. Pero claro, mi misión de ángel destinado a encausar a un alma dudosa no iba para nada bien. No progresaba en lo absoluto siendo totalmente sincero y es en ese punto en el que concluyo que no habrá don o talento completo mientras no esté acompañado de la voluntad. Por eso es que termino por entender el valor de este factor tan determinante. Que problemático todo aquello, aún más porque sentía que mi amiga no era feliz y eso era algo muy triste para mí también. Algo de lo que yo sentía debía ser parte para intentar hacer la diferencia.


-Dame una oportunidad, dátela a ti misma. ¿O me vas a decir que no prefieres hacer lo que deseas sino lo que quieren que hagas?- le dije intentando hacerla entrar en razón. -Preferiría hacer simplemente, lo que no me lastime. Lo que no me suba a una nube alta de ilusión para luego dejarme caer sin paracaídas en el dolor de no lograrlo- me respondió. -Entonces es miedo… -¡NO! ¡Por supuesto que no es miedo! Es sensatez, es entender que se nace de una forma y con cierto destino y que éste es al que se le debe aceptar. Tratar de cambiarlo siempre termina pasándole malas facturas a los que lo intentan. Yo no quiero pasar por eso pero igual no es miedo lo que tengo. -Está bien, te entiendo. Debo repetirlo de todas formas: tienes miedo a fracasar entonces. Solo que es un miedo con mascara y que está disfrazado de esa sensatez que nombraste. Todo porque prefieres no hacer nada a arriesgarte a vivir siendo diferente a los demás, no por lograr un triunfo hipotético, sino por el simple hecho de intentarlo. No te diré nada más si quieres, pero si quiero que sepas algo: eres más grandes que ese sentimiento que te amarra al piso mientras miras las nubes queriendo volar. -¿Y tú como sabes que yo lo deseo? ¿Por qué crees que quiero volar a alguna parte? -Porque he visto como brillan tus ojos cuando haces lo que te gusta, cuando tu voz sale y sonríes porque estás contenta no con los que te rodean, sino contigo misma. No me engañarás al decirme que ni siquiera has pensado en la cosa, sé que más bien piensas en eso más que en nada. Cuando te vas a dormir y cuando recién te despiertas, cuando estás sola o acompañada; esos son los síntomas de los que tienen un sueño vigente, de los que pasan a vivir por fomentar dicho deseo más que por vivir solamente. No me engañarás aunque te quieras engañar a ti misma y al mundo entero. Por eso ahora te lo digo una vez más: eres más grande que ese miedo y no te das cuenta, porque estás preocupada en mirar a los lados buscando excusas con las cuales resguardarte. A mi criterio, no habrá nada que te pare, solo tú y nadie más que tú. Tal y como lo estás haciendo ahora. Caro se levantó de su silla de un brinco y sin aviso alguno me dio una cachetada que nunca olvidaría. Cuando me compuse del golpe llevándome la mano hacia el cachete en donde me había pegado, reparé de nuevo en su persona. Estaba llorando y los ojos se le habían puesto rojos al igual que las mejillas. Yo me quedé estremecido por la sorpresa sin hacer nada mientras que sentía esa sensación de “no tuviste que haber dicho esto, debiste de haberte callado lo otro” creciendo en mi interior. La pena que pudo haber empezado a crecer en mi interior por lo ocurrido, fue asesinada por el acto seguido que efectuase la


muchacha, pues ésta, sin decir nada en todo aquel extraño momento, se lanzó hacia mí y me abrazó. Un abrazo sincero que yo respondí luego de darme cuenta de que existía. Así nos quedamos un rato, en aquella azotea del segundo piso del café Babilonia en donde no había más nadie que nosotros dos. Yo no había entendido muy bien lo que había pasado pero sabía que un abrazo como aquel no era muestra de otra cosa que de fraternidad pura. Que feliz me hizo saber que todo estaba bien, que no había cometido un error por mis crudas palabras, que Caro no me odiaría de por vida. Y así fue porque un rato después nos despegamos y nos miramos a los ojos (los míos un tanto aturdidos y los de ella igual de rojos) y me dijo con la voz entrecortada las palabras más bonitas que me dijese nunca: «Gracias… Gracias por todo». Los cafés se habían enfriado ya, pero eso no importó. Una nueva historia nacía ese día para Caro, una repleta de canciones y melodías, de muchas más sonrisas que delataran verdadera felicidad.


-Un once de agostoConversábamos en la terraza (o como sea que se le diga) del ferri en el que navegábamos y debían ser más o menos las doce de la noche. ¿Acaso podía haber un final más perfecto al viaje que habíamos hecho? No lo creo. El mar nos acompañaba y la luna junto a las estrellas nos observaban, mientras ella me miraba con esos ojos negros que tanto me gustaban. A pesar de la escena, yo me sentía más triste de lo que nunca antes había estado en mi vida. -Todo va cambiar a partir de ahora- me decía ella. -Ya lo sé. Igual te seguiré amando- contestaba yo sin ni siquiera dudarlo. -Yo también. ¿A qué horas sale el autobús mañana?- me preguntó. -A las siete de la noche, ¿Me irás a despedir? - Claro que sí. Bueno igual eso no cambiará nada- sentencio ella y ya mi mundo perdía color. Nos mirábamos y las lágrimas brotaban por si solas. El simple hecho de separarnos por un tiempo indefinido, daba paso a la pena más dolorosa que hubiese experimentado. Ella tan amable, tan amorosa y tan bella, era mi verdadero amor. Los dos habíamos pasado miles de momentos juntos y nunca nos habíamos separado. Su presencia y apoyo me permitieron crecer, ¿Qué hubiese sido yo sin ella? Probablemente uno más del montón. Pensar que en tan solo dentro de un día la distancia destruiría nuestro amor, era algo que me causaba miedo, enojo, desdicha. Ambos ya lo habíamos conversado muchas veces. Ninguno de los dos creía en el hipócrita pensamiento de que “el amor resiste las distancias”. Sabíamos que, al contrario, causaría la muerte de todo lo bello que ambos sentíamos el uno por el otro. Mientras nuestros amigos disfrutaban del viaje hablando, riendo y saboreando una cerveza fría o un café caliente en plena noche, nosotros sufríamos porque veíamos lo que ocurriría en nuestro futuro. Yo había decidido, incluso antes de conocerla, que me iría a estudiar muy lejos de mi ciudad natal y por fin ese sueño estaba por cumplirse. El malvado destino con su ley de que “para ganar algo hay que sacrificar otra cosa”, me jugó la peor de las bromas, me condujo a enamorarme perdidamente para luego hacerme caer desde las alturas teniendo que abandonar a mi amada. -El tiempo ya no dura como antes, ahora todo pasa muy rápido- le decía yo y ya me daba cuenta de que mi corazón comenzaba a palpitar más lentamente. -Sí, es verdad. Hace ya cuatro años que nos conocimos y fue que empezó todo,


-Solo porque soy un completo idiota te lo preguntaré: ¿Nunca me olvidarás cierto? ¿Siempre recordarás todo lo que vivimos juntos? -Tienes razón en algo: eres un completo idiota. ¡Por supuesto que jamás te olvidaré! Sin que importe lo que pueda pasar, tú seguirás siendo parte de mí, tú siempre estarás conmigo- me admitió y sentí que ese mundo mío que poco a poco se iba quedando gris, por lo menos comenzaba a tener algo de alegría. -De verdad te amo- le dije intentado resumir en esas palabras todo lo que sentía por ella pero, para mí pesar, yo ya se lo había dicho muchas veces y quizás no tenía el mismo efecto. - Te amo más- me dijo y una nueva lágrima se dio a la fuga desde su ojo izquierdo. Esa fue la prueba perfecta: El amor seguía existiendo para los humanos comunes y corrientes. Nos abrazamos millares de veces esa noche, nos besamos como si apenas llevásemos un día de novios, dormimos juntos otra vez abrasados y yo no pude evitar soñar con su hermoso rostro. Al día siguiente ella cumplió su promesa yendo a despedirse de mí al terminal. Hasta esa noche fuimos novios. A partir de ese momento mi vida dio un giro de 360 grados.

*** Tony terminó de contarle su historia a su amigo, de alguna extraña manera, éste sentir su dolor y tristeza. Estaban en un bar de Mérida, ciudad donde él vivía y a donde lo había ido a visitar el otro. Su compañero nunca se había enamorado realmente de ninguna mujer, pero sabía por simple sentido común que amar no es solo un sentimiento o una emoción, amar es todo un universo. Pensó que, de seguro, el amor entre los mortales también había sido uno de los males que escapó de la caja que Pandora, por simple curiosidad, había abierto condenando a la humanidad entera. Precisamente justo allí, en frente de él, estaba uno de los condenados a la fatal maldad de tener que abandonar a una persona amada. Tony comentó que, mucho tiempo después, se enteró de que ella ya tenía otro novio y que probablemente eran igual de felices como lo habían sido ellos dos. -¿Y tú la sigues amando?- le preguntó el otro sin querer hurgar en la herida sino dejando que la imprudencia natural humana aflorara. -Más de lo que la ame ayer y menos de lo que lo haré mañana. Otras mujeres han llegado y te mentiría si te dijese que no las he querido, pero siempre en la vida de todo hombre habrá una mujer que perdurará en la memoria de éste. Una a la que no se le podrá olvidar fácilmente, una a la que uno designará como la “media naranja” con la que el destino caprichoso y egoísta no nos permitió vivir eternamente.


-Amigo no pienses así. Todo es posible y, de repente, el mismo destino que los separó se encargue de volver a unirlos- le dije buscando que sus esperanzas se renovaran. -Ojala fuese así, por lo menos yo sería feliz si eso ocurriera. Pero, por ahora, pidamos más vino- y allí terminó la historia acerca de su amada. Tony quizás nunca llegaría a saberlo, pero ella jamás lo dejó de amar. Fue incluso esa misma noche cuando, después de que su novio la dejara en la puerta de su casa luego de cenar, ella miraría el cielo lleno de estrellas y recordaría ese once de agosto de la cruel despedida. El momento cumbre fue cuando, sumida en recuerdos, le pareció oír las olas que rompían contra el ferri y sola y triste lloró extrañando al que también había sido su “media naranja”.


-Voluntad que se masticaSe dice en aquel libro viejo que los seres humanos estamos hechos de barro y madera. Yo diría que estamos hechos de un material más sutil, uno con mayor soltura y versatilidad: nuestra constitución es de chicle con sabor a menta. Y a diario cometemos errores, unos no tan graves y pasajeros, otros que dejan marcas en la propia piel. Pero muchos de los últimos, tan caóticos a primera vista, terminan siendo claros en tiempos predecesores. Creo en el sacrificio de quienes darían la vida por otros. En tales actos hay un tipo de virtud que va más allá de la común. Pero no debo desviar el tema, estamos hechos de chicle y explicaré a continuación el porqué de tal afirmación, intentando no parecer un loco o un borracho que no es consciente de sus palabras. Es por nuestra voluntad. Ésta es moldeable y completamente elástica ante los designios de su poseedor. A veces lo confirmo, nuestra voluntad es el compendio de elementos que al final hablaran por si solos de lo que el Ser realmente es; todo lo que en su espíritu encierra. Por eso es que te digo esto a ti que lees esto ahora, alarga ese chicle que llevas en tu propia esencia, hazlo más grande teniéndote confianza a ti mismo, mantelo resistente ante la adversidad. Aunque no me creas al principio, igual debo decírtelo: yo creo en ti y en ese chicle que llevas por dentro. Sé que tienes defectos y que cometes los mismos errores que comenté al principio, pero yo lo siento y lo sé, tus buenas actitudes poseen una mayor cobertura que las malas. El bien es tu norte, así es la naturaleza con la que llegas a este mundo. Para no alargar más esta teoría que aquí propongo y en la que creo ciegamente, solo te diré una cosita más: tal y como se pega el chicle a los zapatos, has que tu voluntad se adhiera fervientemente a tus sueños, a tus ideales, a todo en tu vida. Así veras que atraerás poco a poco todo lo que deseas, porque es tu interior el que acondicionará al exterior que te rodea.


-Y este viajeSi acaso esto es una especie de juzgado final y la muerte ya hace rato que me visitó, reconoceré no tener miedo a contar mi historia. Esto que sentimos como propio es el resultado exacto de todo lo que somos, de la tierra roja que pisamos descalzos y de los cafés calientes que probamos en las mañanas. Entonces no perderé ni un segundo más porque la mañana se va volando y el oxígeno parece que también se va acabando poco a poco. Llené a tope la maleta y ésta (que por sí sola ya era bastante grande) quedo abastecida de lo que se suponía era mi universo. Ropa, libros, fotografías, discos de la música que más me gustaba, algunos sueños por realizar y muchas cosas que creía importantes en aquel entonces. La expectativa no fue guardada en el equipaje, a ella si la llevaba en el bolsillo del pantalón y a donde sea que me dirigiese me acompañaba. Era como si toda mi vida hubiese esperado ese momento, como si apenas fuese a empezar a sentir y ante mí se mostraría el “nuevo mundo” descrito por los españoles en tiempos de descubrimiento. El día finalmente llegó después de varias intentos fallidos que solo lograron aumentar mis ansias. Ese último instante en el que faltaba poco para abandonar mi planeta en un cohete viejo y roto, fue opacado por las despedidas. Entre abrazos y ciertas lágrimas prófugas, dije adiós a seres queridos; a un espacio y a un aire que realmente sentía como míos, a una raza de la que me despegaba, a un Yo que no entró en la maleta y que por tanto tuvo que quedarse. No pensé en nada cuando monté en ese primer cohete, salvo el hecho de que en mi mente se estuviese celebrando una fiesta. Mi pensamiento decía que en realidad comenzaba una nueva administración en mis aconteceres. La aventura iniciaba y yo me veía a mí mismo como el caballero que montado en su caballo visitaría tierras que estuviesen más allá de las imaginadas. Que dichoso y que bello ese instante de júbilo y triunfo en el que el aparato arrancaba. Yo solo cerraba los ojos diciéndole a papá Dios que, fuese lo que fuese a pasar, todo sería bien recibido. Esa mañana cuando apenas iba saliendo el sol daba el primer paso en mi viaje. Tratando siempre de ser directo, el tiempo transcurrió perdiendo incluso su propia esencia. Algunos días me fueron eternos, otros fugases como estornudos; algunos con pena y otros con gloria; unos con riquezas y otros de la mano con la necesidad. La verdad ningún mal parecía demasiado para mí, nunca había desmotivación alguna y el impulso permanecía inmutable. Simplemente era feliz con presenciar nuevos lugares, todos éstos ni siquiera concebidos en mis delirios más grandes.


Pero como me decía aquella viejita ya cansada de sus idas y venidas: “mijo, la vida es una tómbola”. Siguiendo las líneas de esa oración, aún no se si en mi cuento anduve mucho o solo me perdí lo suficiente. Lo cierto es que mi viaje duró más mediodías de los pensados e incluso de los deseados. Tanto fue mi recorrido que quizás la flora con la que me encontré podría hablar por mí al yo no ser bueno describiendo lugares; mis ojos presenciaron pinos en sitios fríos, palmeras de las playas, monte, maleza, orquídeas, araguaneyes, arboles de mango y de naranjas. Infinidad de bastas hectáreas verdes que me dejaron repletos los pulmones de esperanza, aunque yo jamás les haya dado las gracias por ello. Me doy cuenta y lo acepto: esa fue otra de las cosas que le robé a este mundo. Otra como sus paisajes, como las historias que viví y las personas con las que compartí. Meditando como lo hace un sentenciado, de todo esto solo me queda pensar que mi travesía no fue trágica, que quizás tan solo tomé la decisión equivocada buscando una dirección y que de allí se desprendieron las demás cosas. Entonces se trata de eso, de no saber realmente si tu decisión fue la correcta o la equivocada. Simplemente actué como deseaba actuar y aunque lo hice esperando un resultado complaciente, llegó el momento en que me cansé de andar sin brújula, sin norte. Es como llorar por una película; como pretender continuar creyendo que es más fácil lograr un sueño que unirte al cardumen que nada sin pensar en esas cosas; como querer vivir aventuras en las que realmente exista la magia; así es esto de vivir. Se trata de gozar cada instante y partícula de tiempo a plenitud. Si esto no se logra, nada ha valido la pena. A mí me pasó y por eso es que solo hablo de mi experiencia. Hablo de limitar nuestro mundo con bloques y cemento, con tristeza y un drama que ni siquiera nos merecemos. Cuando de repente despiertas cierto día en un lugar que no reconoces como tuyo y te das cuenta de que nada es igual que ayer, que nada podría llegar a ser como mañana. Eso me pasó en cierto segmento de mi viaje pero, sea como sea, reclamé desde esos días mi identidad como ciudadano del mundo. Acepto y abrazo cada segmento de mis largos senderos, sin embargo, ojala las cosas hubiesen sido distintas. Tuve momentos en los que vi borroso debido a ataques fulminantes del hambre, así como otros en los que sentí como nacían las llagas por andar siempre caminando al no tener para el pasaje. No pretendo ser un mártir que abrace sus derrotas y solo viva de ellas, únicamente cuento esta trama que pareciera sacada de un libro viejo. Hablo como si ya todo hubiese terminado


pero ¿realmente lo habrá hecho? O quizás solo esté soñando y en cualquier momento me despertaré en una de las infinitas camas extrañas en las que dormí, aquellas que hice mi casa y mi hogar. Si es así, seguramente sonreiré ante la ironía de contar una historia que ni siquiera ha terminado y ante la desgracia que seguiría enfrentando. Esto con el fin de demostrar al destino que sigo respaldando mis decisiones, fuesen estas las correctas o no. Enormes selvas de cemento; tenebrosas llanuras en las que descubría que los espantos y fantasmas que según aparecían en esas tierras y eran en realidad un reflejo del interior de las personas; sabanas en las que los espíritus de la naturaleza me acogían, seguramente sintiendo cierta lastima por ese extranjero que no sabía ni a donde ir. Entre tantas cosas vistas y realizadas, millones de personas pasaron a mí alrededor como un ejército zombi que ni pensaba ni sentía sino que solo actuaba en pos de sus instintos. Pero gracias a lo vivido con los que logré llamar compañeros, pude entender que según la naturaleza humana no todos te acompañaran en una madrugada fría. Solo unos pocos, menos de los que nos imaginamos, son hermanos paridos por otra madre. Ahora estoy aquí sentado y se me pregunta por esa travesía que emprendí hace tantos años. Puedo enorgullecerme por muchos motivos pero me agrada más resguardarme en el hecho de que, aun en las noches más oscuras que vivía, nunca dejé de esperar el amanecer. O que cuando solo existía en mi gastronomía el simple menú de café y arepas, nunca dejé de hacer de tales platillos un manjar. Por eso el día en el que creí que ya todo había terminado y me encontraba de nuevo en mi universo fue cuando pude volver a vivir. Aclarando por supuesto que no es que antes no lo estuviera sino que hasta ahora lograba entender que había cambiado mi centro. Ya no era más el mismo y mi Ser se había expandido. De alguna manera extraña se logra vislumbrar que las cosas ya no serán iguales, tal vez porque las montañas ahora parecen más pequeñas o el aire más ligero, simplemente uno renueva un pedazo de alma. Por eso tal vez hoy cada partícula que me rodee es parte de mi integridad. Desde el cielo hasta la tierra, cada corriente o rio, árbol o flor, incluso las fechas del calendaría, todo lo siento como mío. Si me viste caminar por tu ciudad, por tu pueblo, por tu puerto o tu caserío y no te saludé, me dispenso de ante mano. Seguramente estaba muy concentrado en esa tristeza que me ahorcaba por extrañar a mi familia, a mis amigos e incluso a ese Yo que se había quedado en el aeropuerto y que sabía no me esperaría el día en que


mi retorno se hiciese un hecho. Ahora que ya he concluido debo preguntarlo: 多Estoy o no muerto?


-Epílogo«Disolución» Llega un momento en el que se acaban las palabras para aquellas cosas que nos causan felicidad. Siendo así, este libro ha llegado a ese punto: se ha quedado sin palabras y aun así, continúa dándome felicidad. Ese es el clímax de una noche de fiesta, aunque ésta está más bien por terminar. ¿Y qué me quedaría por decir? Quizás nada, aparte de abrazar al destino por su oportunidad de permitirle a cada persona lograr sus sueños. Muchas cosas vendrán y otras más irán quedando en el gran salón de los recuerdos. Este libro es algo importante para mí, por eso no quisiera que terminase sin que tal acto no fuese con esa sensación de sentir de que lo que hice fue de corazón. Quisiera también darle un saludo a aquellos que lo hayan leído, porque todos también son parte de él. Podría decir sin cautela a hacerlo, que esto ha sido una cosa muy bonita, un segmento mágico y un pestañeo cargado de alegría. Es en realidad, una combinación de elementos que ojala todos los seres pudiesen experimentar día tras día durante el resto de su existencia. Gracias a mi Ciudad Guayana por haberme regalado de su esencia; por haberme permitido nacer en ella; por su cielo y su tierra con los que crecí y en los que me inspiré para poder escribir; gracias por traspasarme de su arte. Gracias a Ella principalmente por supuesto; a los amigos que tanto me marcaron y con los que viví tantos momentos; a mi familia por todo su amor y su gran apoyo incondicional. A la vida también, mil gracias. Espero que se hayan visto a sí mismos en alguna historia o hayan hecho suya alguna reflexión. De no ser así, será satisfactorio para mí que hayan leído alguna oración por lo menos. Ahora ha llegado el momento de que diga adiós, pronto nos veremos en otro evento parecido a éste. Así termina esta cuestión.


Hoy quiero creer que esto ha valido la pena.

(Este libro se termin贸 de escribir en diciembre de 2012. En Puerto Ordaz, Venezuela)

Antologia de un guayanes  

Primer libro escrito por Celso Emilio Vargas Mariño.

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