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LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN ADOLESCENTES


Hay datos muy preocupantes: el 70% de las mujeres asesinadas son menores de cuarenta años, el 13% de los chicos reconocen haber maltratado, entre los doce y trece años ha recibido violencia machista el 12% de las chicas pero, desgraciadamente, el 67% de las víctimas adolescentes no es consciente del maltrato. En los centros educativos se da orientación sobre violencia de género en un 41%, no así, lógicamente, en un 59%.

La ONU, en su Declaración de 1993, define la violencia de género como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o un sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”. En 2004 se promulgó en España la Ley Orgánica de Medidas de Protección integral contra la violencia de género. A pesar de estos preceptos internacionales y nacionales la situación sigue siendo alarmante y nuestras adolescentes se convierten en el caldo de cultivo de una enfermedad que más tarde es letal.

El relato de las adolescentes coincide con los estudios sobre violencia de género: los síntomas, las formas más comunes, las fases o ciclos de la violencia, los mitos y falsas creencias, así como la prevención y la importancia de la familia y de la educación. Los síntomas vitales ocasionados por una relación insana son múltiples: la chica no descansa, no se concentra en los estudios o falta a clase, se aísla de la familia y de sus amigos, se muestra desconfiada, desmotivada, triste: “cambié de ser alegre y aprobar a estar triste y suspender”, manifiesta una de las adolescentes, a lo que su madre comenta que notaba sus cambios, que le preocupaba su aislamiento y su alienación mental. La adolescente maltratada no sabe decir “no” a su maltratador, se rebaja, nadie se entera de lo que esconde, anula su voluntad creyendo que esa relación es normal, pierde su autoestima. Los celos se justifican como síntomas de amor, el control del maltratador anula la independencia de la chica: “con quién has estado”, “quiero ver tus correos”, “pareces una puta por tu forma de vestir o por tu maquillaje”… Las víctimas sienten miedo, estrés, ansiedad, depresión, dudas, incertidumbres.

La violencia de género se manifiesta en el ámbito público y privado tratando de someter a la adolescente. El rol social adquirido permite que se considere normal que el hombre pueda pegar, abofetear, violar o usar armas, a la vez que la mujer crea que


se merece el maltrato físico, que la equivocada es ella. No menos grave es la violencia psicológica en forma de maltrato verbal, descalificaciones, humillaciones, amenazas, chantajes o indiferencia, verdaderas torturas para minar la seguridad, la confianza, la autoestima y la dignidad de la mujer. La violencia sexual es otra forma de brutal ataque a la intimidad y libertad.

También coinciden las adolescentes de la radio con los profesionales de la Psicología al describir el ciclo de la violencia. Se trata de un proceso lento que comienza con síntomas de dominación y control masculino a veces desapercibido, sutil, que pasa a una fase de tensión y agresividad intensa y frecuente. Pero, aunque resulte paradójico, hay una tercera etapa, la “luna de miel”. Una de las adolescentes afirmaba:

“¿Por qué le quería? Después de un episodio malo volvía una luna de miel”. El chico vuelve a mostrarse amable y cariñoso, justifica de mil formas su mala conducta, promete arrepentimiento, pide perdón…, pero, una vez “capturada” la víctima, se reanuda el infernal ciclo de violencia. El amor y el maltrato son incompatibles. Hay un legado cultural en forma de mitos y falsas creencias acerca del amor, que perjudica la relación saludable de pareja. Suele reproducirse el modelo de amor romántico de los cuentos, de cierta música, del cine o de la publicidad, según el cual a la mujer se atribuyen las cualidades de indefensión, fragilidad, pasividad, mientras que a los hombres se les presenta como fuertes y decididos. Así se va interiorizando en la época de cambios que supone la adolescencia un paradigma de amor dominante, en el que la chica deja de ser persona y desaparece el principio de igualdad. El lenguaje y las expresiones delatan esta mala educación tradicional: “el hombre que maltrata es un loco o enfermo”, “si una mujer continúa con el maltratador es culpa suya”, “cuando las mujeres dicen NO quieren decir SÍ”, “la violencia es algo privado”, “los hombres no pueden evitarlo”, etc. A veces se mantiene la doble moralidad: “un candado abierto por muchas llaves no vale, en cambio, una llave que abre muchos candados vale”.

Para prevenir la violencia de género es necesario cambiar actitudes mediante la coeducación, la educación en igualdad de derechos y la reeducación a las personas adultas. La convivencia presupone la libre elección y la no propiedad de las personas. Entre los factores que intervienen en las agresiones a las mujeres se halla la educación recibida, de carácter androcéntrico y patriarcal. Coeducar es enseñar caminos de libertad y de autorrealización, no de pasividad, sumisión o violencia. En los centros educativos la violencia de género ha de englobarse en el currículum de las diversas materias de modo trasversal y más en concreto a través del Plan de igualdad, acudiendo a profesionales de la Psicología alejados del voluntarismo y la improvisación.


Es imprescindible la materia de Educación para la ciudadanía y los derechos humanos y la Educación Ética-cívica, entre cuyos contenidos figuran la igualdad entre hombres y mujeres y la prevención y protección integral de la violencia contra las mujeres. Así nuestras adolescentes sabrán identificar qué es violencia de género y dejarán de ser sus víctimas.

Detectar la violencia durante el noviazgo Conductas que suelen preceder a la aparición de la violencia Factores de riesgo para las parejas jóvenes El debate del futuro La prevención Saber más Consulta también: Violencia de genero en adolecentes

Algunos datos

En España, de las 50 mujeres asesinadas en el año 2009, el 26% tenían menos de 30 años. Casi el 18% de los chicos menores de 30 años creen que el hombre agresivo es más atractivo, frente a un 4,4% de las mujeres. Sólo el 2,5% de la población española considera que la violencia machista es un problema grave: este porcentaje varía si la pregunta se dirige a un hombre (que opinan así el 1,5%) o a una mujer (el 3,8%). 800.000 niños españoles conviven diariamente con situaciones de violencia de género. El 40% de las órdenes de protección dictadas por los jueces en el 2009 eran de mujeres menores de 30 años.

Detectar la violencia durante el noviazgo

La violencia durante el noviazgo ha sido mucho menos estudiada que la violencia en el matrimonio.


Su incidencia puede ser más elevada, aunque sus consecuencias no sean generalmente tan graves. La violencia se manifiesta incluso en parejas muy jóvenes. Suele instalarse en las relaciones de forma gradual : a menudo no se manifiesta hasta que se inicia la convivencia de la pareja. Sin embargo, antes de iniciar la convivencia pueden aparecer algunos indicios que deberían alertarnos.

Conductas que suelen preceder a la aparición de la violencia

Los intentos de controlar a la pareja. El aislamiento del entorno, control de las relaciones con la familia o los amigos. La agresividad verbal. La falta de reconocimiento de los propios errores. Diversas formas de humillación y desprecio hacia la pareja. Los celos desproporcionados. El control de la ropa que se pone. El control de sus llamadas de teléfono o mandar 20 mensajes de texto al día para ver dónde está.

Factores de riesgo para las parejas jóvenes

La situaciones de violencia vividas en la familia de origen : la exposición a un contexto familiar violento es uno de los factores que, de forma casi sistemática, aparece como predictor de la violencia de pareja. Los jóvenes que han estado expuestos expuestos a un contexto familiar violento tienen mayor tendencia a mostrarse agresivos en sus propias relaciones de pareja.

Aunque el porcentaje de transmisión detectado es relativamente bajo (el 6.5% de los chicos y el 6.4% de las chicas), esta tendencia puede agravarse con el tiempo, a medida que aumenta el compromiso de la relación.Sin embargo no siempre una exposición a un contexto familiar violento conduce a la transmisión de esta conducta


Las actitudes respecto a los roles de género, el papel del hombre y de la mujer en la relación de pareja. La necesidad de controlar a la pareja. Un romanticismo desorbitado.

El debate del futuro

Hay que ser consciente que la violencia de género es un problema que pasa de generación en generación. Hay que romper esta espiral que permite que se reproduzcan estos comportamientos. Es importante crear un debate en la sociedad sobre la violencia de género. La sensación de pertenencia que un hombre cree tener sobre una mujer es un sentimiento que lamentablemente se da todavía entre muchos adolescentes.

La prevención

La violencia de género se da entre los jóvenes. Al principio no suele aparecer como una agresión física, más bien suele manifestarse como insultos, infravaloración de la chica, control... Estas actitudes también son una forma de violencia, aunque sea embrionaria a la agresión física o incluso al asesinato. La clave está en que las personas sepan detectar la violencia de género a tiempo. Hay que formar a las jóvenes para que sean capaces de detectar la violencia antes de que sea física. Los Programas de Prevención a realizar especialmente en el medio escolar y de secundaria son un arma importante a utilizar. En caso necesario es importante animarlas a denunciar a su maltratador sabiendo que van a estar respaldadas por los poderes públicos y por la justicia.


Amistad y relaciones En relación a los estereotipos sobre la amistad los encuestados reconocen que con las chicas es más fácil compartir aspectos afectivos y emocionales, y con los chicos todo aquello que es ajeno a la intimidad personal (estudio, trabajo, pretensiones de futuro...). Aunque sí coinciden al rechazar la idea de que entre chicos y chicas no puede existir una amistad. En las relaciones sentimentales se mantienen los ideales tradicionales. Las parejas se basan en la idea del poder sobre el otro, e incluso el 59,4% de los encuestados están bastante de acuerdo con que «el chico debe proteger a su chica». Esto se traslada a los tópicos en las relaciones sexuales, en las que ambos sexos coinciden en la idea de que la fidelidad es importante, pero reconocen diferencias a la hora de ladisposición a mantener relaciones —ellas (38,8%) apuntan que los chicos tienen más necesidad de sexo—. No es extraño que, a raíz de esto, un 66% de los chicos encuestados reconozca la elevada importancia de las relaciones sexuales en pareja frente al 45% de las chicas. Por último, otro tópico —y disyuntiva— que encuentran las chicas es el que apunta que necesitan de conexión emocional para mantener una relación sexual, lo que causa la confrontación del tópico de «chica fácil» o «chica dura». Desigualdad, violencia y futuro Al preguntar a los encuestados por su entorno, solo el 12% afirma que no conoce ningún acto de violencia de un chico a una chica, frente a un 16,5% que afirma no conocerlos de una chica a un chico. Estos actos de violencia, por ejemplo, son mirar el móvil de la pareja —un 62,9% de las chicas lo hace—, pegar a la pareja —un 28% de chicos lo hace—, como SMS o imágenes sin permiso —un 32,7% de chicos lo hace— o controlar todo lo que hace —un 45,3% de las chicas y un 47,6% de los chicos lo hacen —. Estas cifras desvelan que aunque la violencia entre géneros es habitual, la ejercida por los chicos es más frecuente y más grave. 3 de cada 10 creen que existen desigualdades graves entre jóvenes De cara al futuro, los jóvenes también presentan diferencias en sus expectativas. Las chicas apuntan la necesidad de tener ingresos propios (60%), tener familia propia con hijos (56%) y libertad para hacer lo que quieran (30%). Los chicos desean tener una pareja estable (41%) y tener éxito (30,5%). Unas respuestas que concuerdan con su visión de las desigualdades que ven entre adultos y su propio entorno.


Sociedad y mentalidad, conclusiones En función de los estereotipos que los jóvenes asumen como propios, el estudio ha encontrado cuatro grupos de jóvenes que según su clase social, ideología, credo y sexo asumen de una forma u otra los roles de género. En primer lugar, aquellos que asumen las diferencias de género en parejas (28,6%). Asumen estos tópicos y estereotipos aunque defienden la idea de una pareja flexible. Son mayoritariamente chicas. El segundo grupo, lo forman quienes rechazan los estereotipos y roles de género tradicionales (21,8). Son más chicas, poco religiosas y de tendencia política de izquierda que cuestionan los tópicos tradicionales, defienden sus posturas e ideas —muchas de ellas feministas—. El tercer grupo, son los que más defienden los estereotipos e incluso son machistas. Su postura es una defensa férrea de los tópicos de género y son, en su mayoría, chicos de más edad, mejor «status» social, religiosos y de tendencia política de derechas. Por último, los hay que aun siendo tradicionales, defienden la idea de que los hombres también tienen emociones. Son contradictorios, pero buscan cierta reforma de los tópicos. Son chicos, más jóvenes, de una posición económica privilegiada y de ideología de centro derecha.


BIBLIOGRAFĂ?A http://www.psicoactiva.com/blog/las-adolescentes-y-la-violencia-de-genero/ http://salud.ccm.net/faq/3171-violencia-de-genero-en-los-jovenes

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