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La institucionalización

La Revolución Rusa en su centenario

bierno soviético. Los efectos de la NEP fueron diversos: consiguió una rápida revitalización económica en todos los sectores. También supuso la introducción de algunas formas de la economía de mercado capitalista, sobre todo en el sector agrícola –si bien el Estado seguía controlando el 90 % de la industria, del transporte y de las finanzas. Contrariamente a estos beneficiosos efectos económicos, aun cuando se querían suprimir las diferencias de clase, el régimen bolchevique favoreció el surgimiento de desigualdades. La NEP acarreó tensiones de carácter político y social que arrancaron de la oscilación continua de los precios: inicialmente se sufrió el encarecimiento de los alimentos, porque se produjo un crecimiento más rápido de la agricultura y mayor demanda de alimentos que de bienes industriales. Ante esta situación, los trabajadores urbanos sintieron que el régimen beneficiaba injustamente a los kulaks(campesinos adinerados, propietarios de grandes explotaciones), traicionando la esencia de la revolución. Para mantener los ingresos, las fábricas comenzaron a vender sus productos a precios mayores y se concentraron en trusts, generándose un nuevo desequilibrio –esta vez desfavorable para los campesinos- que Trotski el 9 de marzo de 1923, en el marco del XII Congreso del Partido denominó como “la crisis de las tijeras” y allí defendió la necesaria planificación. A raíz de este nuevo desequilibrio, los campesinos comenzaron a retener parte de la producción agrícola para especular al alza o la vendían a los intermediarios nepmen, quienes obtenían beneficio en la reventa posterior. Por este motivo, los obreros rechazaban a esta burguesía co-

el control de la industria. La NEP se basó, por lo tanto, en la difícil coexistencia de un sector estatal y planificado (en el que se incluía la gran industria, la banca y el comercio exterior) y un capitalismo limitado en el que se permitía un sector privado (que incluía la agricultura, la artesanía y el pequeño comercio). En vez de "todo para la guerra" como en el Comunismo de Guerra, el lema fue "todo para la producción". Desde 1921 se puso en marcha una política agrícola, que consistió en la introducción del “impuesto en especie” y la recuperación del comercio a pequeña escala para garantizar el abastecimiento de la población. Era el principio de una nueva estrategia que pretendía establecer una alianza entre el régimen, la clase obrera y los pequeños productores rurales. Este vínculo se sostenía sobre una economía mixta (en la que convivía el capitalismo a pequeña escala y el monopolio estatal a gran escala), sin renunciar a la consolidación futura del modelo comunista. El régimen adoptó progresivamente, entre otras, medidas económicas reformistas: la legalización de la pequeña industria privada (empresas de hasta 20 trabajadores que podían vender, como los campesinos, sus productos en el mercado); la eliminación de las restricciones al comercio de los excedentes agrícolas a escala nacional; la autorización a los comerciantes de reanudar sus actividades; la abolición del racionamiento y el permiso de contratación de jornaleros. Además, se volvió al sistema monetario y se facilitó la entrada de inversiones del exterior para financiar proyectos industriales. Se intensificaron los intercambios económicos con Alemania y en 1924 Francia y Gran Bretaña reconocieron al Go64

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La revolución rusa en su centenario (1917 2017)  

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