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La Guerra Civil

La Revolución Rusa en su centenario

Europa se pedía el fin de la Gran Guerra con aires revolucionarios. La segunda razón, pero no menos importante, fue que a comienzos de 1918 el Gobierno soviético suspendió la amortización de la deuda externa, que suponía casi el 50 % del PIB, y en febrero decretó el repudio de todas las obligaciones de pago, tanto del Gobierno zarista como del provisional. Al mismo tiempo, y con el objetivo de integrarlos en la caja nacional, decidió la expropiación de los activos extranjeros. Todas estas medidas provocaron las protestas de las potencias acreedoras y la intervención directa de tropas británicas en la primavera de 1918, que fue seguida por el resto de países. Frente a este conglomerado de fuerzas, los revolucionarios deben construir una organización militar operativa, un ejército regular, radicalmente opuesta a la de los soviets de soldados que aseguraron los triunfos iniciales. Por este motivo el 23 de febrero de 1918 se encomendó a Lev Trotski, en su cargo de comisario de Guerra, la tarea de crear un ejército revolucionario que se convertirá en el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos. Como antecedente inmediato de esta fuerza ya existía la Guardia Roja, constituida entre febrero y octubre de 1917, formada en un primer momento por obreros deficientemente armados y entrenados en las fábricas, en la práctica poco más que una milicia voluntaria, sin jerarquías ni reglamentos. Durante la insurrección de octubre ella fue la que garantizó la toma de los edificios públicos y del palacio de invierno, sede del Gobierno de Kérensky. Además, como parte de sus cometidos, era responsable de la seguridad de los dirigentes soviéticos y de salvaguardar los servicios esenciales del Estado. Tras el intento de golpe de Kornílov, se cons-

Además del Ejército de Voluntarios aparecen dentro del heterogéneo grupo de “los blancos” otros elementos de combate, como es el Ejército del Noroeste, compuesto por unos 30 000 hombres y formado en octubre de 1918 por el general Nicolai Yudenich. Este había sido el responsable de las tropas zaristas en el Cáucaso, pero ahora operaba en el sector ocupado antiguamente por los alemanes que, de hecho, habían financiado su puesta en servicio. La disolución de la unidad se produce tras el fracaso en la toma de Petrogrado, entrado el otoño de 1919. Las tropas del almirante Alexander Kolchak constituyen otro de los contingentes blancos de resistencia antibolchevique. Esta fuerza había sido creada en la ciudad de Omsk como elemento de defensa del Gobierno pro-zarista instituido en la región. En su apogeo, una vez integrada en él la Legión Checoslovaca, llegó a reunir unos 110 000 hombres. Por otro lado la legión estaba constituida por unos 55 000 nacionalistas checos, desertores del ejército austro-húngaro en el frente ruso, cautivos del ejército zarista y obligados a luchar ahora contra los revolucionarios. Además de estas fuerzas, los ejércitos blancos contaron con una importante ayuda exterior. Hasta 14 naciones (Francia, Japón, Alemania, Italia, Estados Unidos, Checoslovaquia, Gran Bretaña, Serbia, China, Finlandia, Grecia, Polonia, Rumanía y Turquía) apoyaron el esfuerzo de guerra contrarrevolucionario con hombres, material bélico y financiación. La causa principal de su intervención fue el temor a la expansión bolchevique por Europa. La amenaza no era despreciable pues, a estas alturas, ya se habían creado soviets en países capitalistas como Alemania (Berlín, Hamburgo y en toda Baviera) o Hungría y por toda 50

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La revolución rusa en su centenario (1917 2017)  

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