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La Revolución de Octubre

La Revolución Rusa en su centenario

mania y pretendían enfrentarse a ella con la fórmula de la guerra revolucionaria. El 18 de febrero, ante la falta de acuerdo, los alemanes reanudaron la ofensiva y en cinco días avanzaron 240 km, lo mismo que en los tres años anteriores. Sin defensa militar ni oposición, los alemanes estaban en disposición de tomar Petrogrado. El Sovnarkom decidió su traslado al Kremlin, en Moscú, la segunda ciudad en importancia de Rusia, que era más segura por estar más alejada del frente de guerra, y que desde entonces se convirtió en la capital del nuevo Estado soviético. Se proclama que la patria está en peligro y se llama a las armas a los voluntarios; sin embargo, Lenin sabe que ni voluntarios, ni guerra revolucionaria, que lo único que puede impedir que los alemanes entren en Petrogrado es darles lo que piden: Polonia, Ucrania, los países bálticos y Finlandia. Una rendición en toda regla, más que un acuerdo de paz. Las tesis de Lenin, en esta situación crítica, lograron imponerse en el Consejo de Comisarios con la abstención de Trotski y la oposición de la izquierda. Cuando la Ejecutiva del Soviet aprobó la propuesta de paz, Lenin fue acusado de traidor por el ala izquierda de su partido y por los socialrevolucionarios, que abandonaron el Gobierno y la alianza con los bolcheviques. El 3 de marzo de 1918 los representantes soviéticos firmaron el acuerdo en la ciudad de Brest-Litovsk. La paz vergonzosa, como la denominaron muchos rusos, sirvió a los bolcheviques para salvar al régimen nacido en la Revolución de Octubre. Sus consecuencias fueron enormes y muy variadas: Rusia tuvo que entregar la mayoría de los territorios que poseía en el continente europeo: Finlandia, Estonia, Letonia, Li-

sin tener en cuenta a sus aliados, Francia y Gran Bretaña, que no habían reconocido al nuevo régimen bolchevique, como sí hizo con el surgido de la Revolución de Febrero dispuesto a continuar las hostilidades en la I Guerra Mundial. El armisticio se firmó el 2 de diciembre, aunque para entonces muchas unidades rusas ya no luchaban y los soldados habían comenzado una desmovilización general regresando a sus localidades para participar en la colectivización de las tierras y colaborar con el régimen del terror. Lenin encargó a Trotski, comisario de Asuntos Exteriores del Sovnarkom, negociar la paz, y en enero de 1918 al frente de la delegación bolchevique llegó a Brest-Litovsk, detrás de las líneas alemanas. Las negociaciones fueron largas, porque los alemanes, que tenían una situación de ventaja militar, podían imponer las condiciones ante la amenaza de reiniciar las hostilidades; y Trotski no hacía más que dilatar las negociaciones esperando que, mientras tanto, estallara la revolución en Alemania. De hecho, con la delegación bolchevique viajaba el austríaco Radek, que nada más bajar del tren en Brest-Litovsk comenzó a hacer propaganda con los soldados alemanes. Trotski planteó sus pretensiones de una paz sin anexiones, que devolviera a Rusia las fronteras anteriores a la guerra, pero Alemania no iba a renunciar a su botín de guerra. Exigió la independencia de Finlandia, los países bálticos y Ucrania, estos dos últimos bajo su protección. Para Trotski los territorios occidentales eran irrenunciables y continuó dilatando lo que pudo las negociaciones. Además los socialrevolucionarios y el ala izquierda de los bolcheviques, capitaneada por Bujarin, no aceptaban las condiciones leoninas impuestas por Ale44

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La revolución rusa en su centenario (1917 2017)  

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