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PRESENCIA EN LA VIDA REPUBLICANA.

El militarismo extranjero. Un grupo de oficiales extranjeros, la mayor parte veteranos de las guerras de la independencia, permaneció en el país bajo la protección del general venezolano Juan José Flores, mientras ejerció la presidencia de la República del Ecuador. No obstante, el gobierno del general Flores tuvo la oposición de otros jefes y oficiales que estaban en desacuerdo con las políticas adoptadas por el gobernante o por su lealtad al libertador Simón Bolívar. Efectivamente, en noviembre de 1830 el general Luis Urdaneta encabeza una rebelión en contra de Flores, y solo la depone cuando supo del fallecimiento del libertador. El 10 de octubre de 1831, se rebela el batallón Vargas acantonado en Quito, aduciendo la desatención de sus necesidades relacionadas con el rancho, vestuario y sueldos. El inicio de esta rebelión originó el fusilamiento del general Whittle por parte de los revoltosos y la persecución, captura y eliminación de éstos, por el coronel Juan Otamendi. El creciente descontento de la población por los privilegios de los militares extranjeros, partidarios o colaboradores de Flores, dio origen a la formación de la sociedad “El Quiteño Libre”. El 12 de agosto de 1832, los soldados colombianos del batallón Flores, antes Girardot, se sublevaron en demanda de pago de sus emolumentos. Fueron eliminados por el coronel Juan Otamendi, en las inmediaciones de Bahía de Caráquez cuando trataban de regresar a su patria. General Juan José Flores.

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HISTORIA RESUMIDA DEL EJÉRCITO.

Como un hecho positivo del gobierno de Flores se registra la expedición y toma de posesión por parte del Ecuador del Archipiélago de Galápagos, el 12 de febrero de 1832.

Tiempos turbulentos. El 12 de octubre de 1833 surge en Guayaquil otra rebelión armada, “encabezada por el coronel Pedro Mena”. El 19 de mismo mes fueron ultimados los miembros del Quiteño Libre, “entre los que figuraban el coronel Francisco Hall, NiGeneral Juan Otamendi. colás Albán, Camilo Echanique y José Conde”. 1 En la denominada revolución de los Chihuahuas, liderada por el comandante Pedro Mena, se involucra Vicente Rocafuerte, quien tras la derrota de las tropas rebeldes a manos de las fuerzas del general Flores tuvo que refugiarse en un barco inglés. Igualmente, los ciudadanos que huyeron a Nueva Granada, después del asesinato de los miembros del Quiteño Libre, regresaron con el propósito de combatir al régimen floreano. La columna comandada por el general José María Sáenz, marchó hacia Quito, se comprometió en combate en el sector de Pesillo, cercano a Cayambe, el 23 de abril de 1834. El general Sáenz fue derrotado y en el mismo campo de batalla, fusilado por un oficial partidario del general Flores. 1  Robalino Dávila, Luis, “Orígenes del Ecuador de Hoy”, Editorial José Cajica S. A., Puebla, 1970

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Un pacto interesado. El presidente del Ecuador estaba seguro de tener un formidable adversario en la persona carismática de Rocafuerte, por lo que inicialmente pretendió eliminarlo. Sin embargo, sabía que el posible asesinato del personaje guayaquileño, podría generar la reacción violenta del pueblo en su contra, por lo que decidió atraerlo a su favor, mediante una alianza convenientemente negociada. Rocafuerte aceptó la propuesta con el afán de neutralizar al doctor José Félix Valdiviezo, proclamado presidente por las provincias centrales y del norte, y en procura de evitar se extienda la guerra civil. No obstante, “las buenas intenciones de Rocafuerte no prosperaron, el doctor Valdiviezo liderando el grupo de los restauradores, estaba decidido a enfrentarse a los convencionales del general Flores”.2 Los intentos de evitar una inminente guerra fueron estériles. El 18 de enero de 1835, en Miñarica, el ejército de los restauradores al mando del general Isidoro Barriga y los convencionales del general Flores, se enfrentaron en decisiva batalla. Triunfaron las fuerzas de Flores.

Cambio de timón. El 20 de julio 1835, la Convención de Ambato, presidida por José Joaquín de Olmedo, eligió a Vicente Rocafuerte Presidente del Ecuador, además de dictar la nueva Constitución de la República. Los sobrevivientes de Miñarica refugiados en Perú y Nueva Granada, planificaron regresar al Ecuador a combatir al gobierno de turno, cuyo comandante en jefe del Ejército era el experimentado general Flores. 2  Moncayo, Pedro, “El Ecuador de 1825 a 1875, sus hombres, sus intenciones y sus leyes”, Imprenta Nacional, Quito, 1887.

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Vicente Rocafuerte.

Se produjeron varios combates en las provincias de Esmeraldas y los Ríos. Los expedicionarios que ingresaron desde el Perú fueron capturados y luego fusilados por orden del general Flores, que mantenía gran influencia en el gobierno de Rocafuerte. Sin embargo, otra expedición proveniente de Nueva Granada, al mando del comandante Facundo Maldonado, se aventuró a ingresar al Ecuador, en donde fue combatida y obligada a huir de nuevo hacia el país del norte, creyendo que el coronel Manuel Guerrero, jefe militar de Imbabura, no le iba a perseguir en tierra extranjera. No fue así; el comandante Maldonado fue capturado al igual que su tropa en territorio colombiano. La tropa fue eliminada de inmediato mientras el caudillo era conducido a Quito en donde fue fusilado sin dilación alguna. 4


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La conscripción en el Ejército. El presidente Rocafuerte, con el propósito de profesionalizar al Ejército, dictó con fecha 7 de abril de 1837, la creación de la conscripción militar ecuatoriana. En 28 artículos quedaron establecidas sus normas. Determinaba que los ciudadanos serán acuartelados cuando tuviesen de 20 a 25 años de edad; los municipios en los primeros días de agosto realizarán el alistamiento en sus cantones; los alcaldes lo harán en las cabeceras de cantón y los tenientes pedáneos en las parroquias. No se considerará -de acuerdo con el decreto-, a los alumnos de las escuelas militares, los esclavos y los indígenas. El mismo decreto especifica las normas para el reemplazo del Ejército; trata también sobre el sorteo en tiempo de guerra o en circunstancias especiales.

Nuevas insurrecciones. En octubre de 1837 el gobierno de Rocafuerte conoció que se planificaba una rebelión en su contra. Los cabecillas eran el general Juan Otamendi y el coronel José María Urbina, los que pretendieron insurreccionar a unidades militares y a ciudadanos desafectos al gobierno. “Los dos cabecillas de la conspiración tenían básicamente argumentos de carácter personal para propiciar el golpe, por lo que el pretendido movimiento fue un fracaso. Los dos oficiales mostraban su resentimiento, el general Otamendi porque Rocafuerte ordenó su apresamiento por los desafueros que cometió en Riobamba y el coronel Urbina por el relevo del que fue objeto mientras cumplía las funciones de agente confidencial ante el gobierno de Nueva Granada”. 3 3  Macías Núñez, Édison, “El general José María Urbina”, Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1992.

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En marzo del año siguiente, los partidarios del Dr. José Félix Valdiviezo decidieron insurreccionar al Batallón Nº 2 acantonado en la ciudad de Riobamba y a un regimiento de lanceros con sede en Ibarra. El coronel Alejandro Machuca al mando del Batallón Nº 2, decidió iniciar la marcha hacia Quito, sin asegurarse de la participación del regimiento de lanceros de Ibarra. De inmediato, el presidente Rocafuerte ordenó al general Bernardo Daste, ministro de Guerra, que enfrente y someta a los revoltosos. El 16 de marzo de 1838 salió de Quito al encuentro de sus adversarios quienes el 10 de marzo habían ya iniciado el movimiento desde Riobamba. La quebrada de Hualilahua constituyó en esa ocasión el escenario del combate. El 17 de marzo chocaron las dos fuerzas. La iniciativa la tomó el coronel Machuca que se lanza a un denodado ataque, a pesar de la desventaja numérica de sus tropas. Desde el inicio, las acciones se inclinaron a favor de las fuerzas gobiernistas. Los antigobiernistas fueron aniquilados inclusive su jefe, el coronel Machuca. En este combate el general Daste estuvo a punto de perder la vida: cayó de su cabalgadura y cuando iba a ser lanceado fue oportunamente rescatado por sus compañeros. Después de esta acción de armas, las participación encubierta de los caudillos sediciosos quedó al descubierto: el doctor José Félix Valdiviezo y otros importantes ciudadanos como Gómez de la Torre, Sanz, Conde y Urrea. El triunfo en este combate de las fuerzas oficialistas permitió que se estabilizara el gobierno de Rocafuerte, impidió la toma de la ciudad de Quito y el incremento de la violencia.

Fundación del Colegio Militar. El presidente Rocafuerte estaba convencido de que la seguridad del Estado la garantizaba una fuerza armada profesional y bien estructurada, por lo que “concibió la idea de crear un 6


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Colegio Militar Eloy Alfaro en el sector de La Pradera, Quito.

colegio militar, para que el Ejército se sienta fortalecido por militares profesionales y libres de la injerencia de extranjeros”.4 Igualmente, propuso la activación de una Escuela Náutica y dispuso la creación de la Guardia Nacional, como organismo encargado de mantener la seguridad pública, aunque con la oposición de ciertos sectores políticos interesados. Cuando el Congreso pretendió constituir a esta fuerza policial en cuarto poder del Estado, el presidente Rocafuerte se opuso porque además “de crear un cuarto poder, no reúne los requisitos necesarios para llenar tan importantes objetivos”. Rocafuerte fue el mentor de la creación del Colegio Militar, aunque el principal obstáculo para que esta iniciativa se hiciera realidad fue la falta de presupuesto y las observaciones del general Flores. Sin embargo, el primer mandatario terminó imponiendo su criterio. 4  Zúñiga, Neptalí, “Rocafuerte, su vida pública en el Ecuador”.

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En julio de 1839, luego de exigente selección, fueron designados los aspirantes a cadetes del curso de oficiales del Ejército ecuatoriano. Estos fueron los privilegiados: Camilo Borja, Agustín Guerrero, Vicente Maldonado, Manuel Tinajero, J. J. Tobar, Francisco Chiriboga, José María Quiroz, Emilio Letamendi, Rafael Proaño, Francisco Borja, Nicolás Vásconez, Mario Severo Ponce y Roberto Díaz. El colegio funcionó hasta el 10 de abril de 1845, fecha en que José Félix Valdiviezo, encargado del Poder Ejecutivo, suspendió sus actividades, fundamentándose en problemas internos que vivía el país y en los escasos recursos económicos existentes.

El Ecuador en Pasto. A partir del 15 de enero de 1839 se reunió el Congreso Nacional. Tarea fundamental de la nueva legislatura fue la reelección del general Juan José Flores como presidente del Ecuador. En demostración de pragmatismo, Flores incluyó en su gabinete a valiosos personajes de evidente corriente política antagónica, “inclusive, pretendiendo tener consistencia y respaldo político especialmente en la Costa, designó gobernador de Guayaquil al señor Vicente Rocafuerte”.5 Esta política de apertura democrática aplicada en el gobierno floreano, le otorgó los réditos buscados, el país se mostró, al menos en los primero meses, tranquilo y gobernable. Pero esta tranquilidad se alteró por problemas suscitados al otro lado de la frontera. Durante la gestión del doctor José Joaquín Márquez, presidente de Nueva Granada, la ciudad de Pasto se convulsionó por la revuelta de los religiosos apoyados por un sector de la ciudad, al conocer la suspensión de los conventos menores (decreto ejecutivo de 5 de junio de 1839). Esta circunstancia fue aprovechada por el general José María Obando para insurreccionar a los pastusos. 5  Vásconez Hurtado, Gustavo, “El general Juan José Flores. La República 1830-1845”, Banco Central del Ecuador, 1984

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El gobierno de Márquez designó al general Pedro Alcántara Herrán para que sometiera a los rebeldes, misión que cumplió satisfactoriamente. El general Tomás Cipriano Mosquera, enviado en auxilio del general Alcántara, buscó una entrevista con el general Flores para proponerle una revisión de fronteras a cambio del apoyo del Ecuador en la erradicación definitiva de la insurrección en territorio neogranadino, que podría extenderse inclusive al Ecuador. El general Flores, intentó aprovechar la oportunidad. Con un ejército de 1.100 hombres, se adentró en territorio extranjero, el 10 de septiembre de 1840. En el camino hacia Pasto incrementó su ejército y en Taindala se unió a las fuerzas neogranadinas. Estas tropas aliadas, el 30 de septiembre en la quebrada de Huilquibamba, derrotaron a los rebeldes del general Obando, y tres días después consolidaron el triunfo contra tropas que estaban a punto de someter al general Herrán Alcántara. “Las fuerzas de Flores fueron reconocidas como decisivas en los éxitos alcanzados”. 6 Concluida la campaña, el general Flores regresó victorioso al Ecuador, pero nuevamente tuvo que acudir al llamado del gobierno neogranadino en mayo de 1841, cuando el general Obando dado por muerto en Huilquibamba, se insurrecciona nuevamente. Sin embargo, el auxilio dispensado por Flores al gobierno del vecino del norte a cambio de un convenio que definiese la incorporación de Pasto al Ecuador, no se concretó; se comentaba por el contrario, que el presidente ecuatoriano fue engañado respecto al pedido de ayuda a cambio de nada.

Frustrada incorporación de Pasto. Ajeno a estos comentarios, el general Flores y su ejército continuaban la campaña en Nueva Granada. El 20 de junio de 1841 en el sector Veinticuatro, las tropas ecuatorianas fueron ven6  Romero, Serapio Eduardo, “General Juan José Flores, Fundador del Ecuador”, Impresión Italgráfica SA., Caracas, 1994.

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cidas, pero en Buesaco triunfaron categóricamente, situación que las hizo ocupar y controlar Pasto y Túquerres. El 4 de octubre se reunían en Pasto los generales Flores y Mosquera. En esta entrevista el presidente ecuatoriano le ofreció la entrega de Túquerres y su regreso al Ecuador, a cambio del arreglo equitativo de límites con Nueva Granada. Para dar mayor seriedad a este convenio, el 3 de noviembre de 1841 los representantes de los dos generales firmaron el referido acuerdo, pero el general Alcántara Herrán lo desaprobó aduciendo que violaba la Constitución neogranadina. El incumplimiento del acuerdo le causó problemas al general Flores, sus adversarios políticos lo acusaron de haber despilfarrado dinero del pueblo en una expedición costosa, sin obtener beneficio alguno y de ser engañado por un país extraño que usufructó de la lucha y la sangre de soldados ecuatorianos.

Fin del militarismo extranjero. La Constituyente reunida en octubre de 1842 aprobó decretos que contrariaban la voluntad popular, como la prolongación del periodo presidencial a ocho años y la prohibición de que religiosos pudiesen integrar los Congresos nacionales. Vicente Rocafuerte pasó entonces, de aliado a la oposición al gobierno. El descontento de la población se materializó con insurrecciones en Pichincha, Imbabura y Chimborazo y otras poblaciones del país; además, aparecieron en Quito sociedades políticas, figurando en una de ellas un fogoso revolucionario en la persona de Gabriel García Moreno. Inclusive, en el Perú, ciudadanos autodesterrados en ese país, adoptaban actitudes hostiles en contra del general Flores. Entonces, un cambio radical parecía sobrevenir. La destitución del general Flores era el camino del cambio. La rebelión debió ejecutarse el 24 de febrero de 1845 en Guayaquil, encabezada por el coronel Francisco Jado, pero al ser descubierta fue postergada. La unidad de artillería fue atraída por los rebel10


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Diego Noboa.

des, varios civiles voluntarios ingresaron al cuartel de los artilleros a ofrecer su contingente. El 6 de marzo del mismo año, se produjo el ataque de los gobiernistas comandados por el general Thomas Charles Wright sin poder tomar por asalto el cuartel de los rebeldes. El 17 de marzo se pronunció la provincia de Manabí a favor de la revolución. Acto seguido su gobernador, el coronel José María Urbina, tenía lista a su tropa para trasladarse a Guayaquil, por lo que el gobierno provisorio integrado por Olmedo, Roca y Noboa, lo asciende a general.

El tratado de La Virginia. Las tropas del general Flores, comandadas por el general Otamendi se habían organizado defensivamente en la hacienda Elvira, ubicada al frente de Babahoyo. El ejército del gobierno provisorio de aproximadamente 1.100 combatientes, similar en número al del adversario, estaba al mando del general Elizalde, acompañado por el general Ayarza y los coroneles Merino, Valdez y Jado. El 3 de mayo fue atacada por tres frentes la posición del coronel Otamendi, el combate sangriento produjo importantes bajas en los dos contendientes; sin embargo, no hubo un resultado definitivo y categórico. “El 10 de mayo se enfrentaron nuevamente estos mismos adversarios, con la novedad de haber sido 11


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relevado el general Otamendi, por heridas de combate, por el general Flores que dirigió la acción”.7 Nuevamente el resultado del combate no desequilibra la situación. El gobierno provisorio, al no poder derrotar al general Flores mediante la acción de las armas, lo hizo insurreccionando al resto de poblaciones en contra del general extranjero mediante la demostración de fuerza, con la presencia en Guayaquil de la división del general Urbina. Finalmente se celebra, el 17 de junio de 1845, el Tratado Vicente Ramón Roca de La Virginia. Luego de la firma de este documento, el presidente defenestrado partió el 24 de junio, en el bergantín Seis de Marzo, rumbo a Panamá.

Consecuencia de la derrota del general Flores. Luego de la caída del general Flores se organizó un triunvirato integrado por José Joaquín de Olmedo, Vicente Ramón Roca y Diego Noboa. El gobierno provisorio convoca para el 11 de julio de 1845 a una Convención en Cuenca, para elegir al nuevo presidente del Ecuador. Decenas de escrutinios se realizaron sin que se alcanzaran los votos suficientes para la elección del presidente, entre los candidatos Olmedo y Roca. Finalmente 7  Cevallos Salvador, Pedro José, “El Dr. Pedro Moncayo y su folleto titulado El Ecuador de 1825 a 1875, sus hombres, sus instituciones y sus leyes, ante la Historia”, Quito, Imprenta del Gobierno, 1887.

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triunfó este último, progresista comerciante guayaquileño. La Convención desconoció el Tratado de la Virginia, dispuso que el año de 1845 fuese denominado “el primero de la libertad” y dictó el cambio de la bandera, por la de la independencia de Guayaquil, entre otros asuntos importantes. El desconocimiento del Tratado de La Virginia acentuó la persecución a los seguidores del general Flores. Inclusive uno de sus más importantes y leales colaboradores, el general Juan Otamendi fue asesinado en circunstanGeneral José María Urbina. cias que las autoridades no esclarecieron satisfactoriamente. Todas estas arbitrariedades y el desconocimiento del tratado firmado en La Virginia, motivaron para que el general Flores desde Europa intentase organizar una expedición hacia el Ecuador; ventajosamente, España y Gran Bretaña impidieron que esta aventura se concretara. EL MILITARISMO CRIOLLO.

General Urbina. Al presidente Vicente Ramón Roca, se le hacía difícil enrumbar a un Ecuador recientemente salido de un atolladero de problemas; además, afrontó las presiones internacionales de Colombia y los problemas limítrofes con el Perú. Abandonó el poder sin pena ni gloria. 13


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Nuevamente la vorágine política apareció en escena. Cuenca, Loja y Manabí eligieron a sus ciudadanos preferidos a la presidencia: Antonio Elizalde, José Javier Valdiviezo y Diego Noboa, respectivamente. De 1850 a 1851 llegó al poder Diego Noboa, luego de desarrollarse otra Asamblea Constituyente en apenas 20 años de existencia republicana. El presidente Noboa fue derrocado por el general José María Urbina, proclamado Jefe Supremo de la República por las unidades de Guayaquil, el 17 de julio de 1851. Los soldados Tauras. El general Urbina organizó unidades de choque con soldados “Tauras”, llamados así porque un considerable número de ellos provenían de una población denominada Taura, en la cual existía un gran número de esclavos negros. Urbina liberó a los esclavos mediante decreto de enorme contenido humano. Por su ignorancia era difícil transformarlos en soldados con formación profesional, pero en cambio eran valientes hasta la temeridad, sumisos y fieles a su benefactor. Según José María Le Gohuir “Los soldados Tauras de tez negra y de instintos selváticos, sembraron el terror por todo el país, y no cesaron las poblaciones oprimidas de clamar por la disolución de esas huestes peligrosas, indisciplinadas y acostumbradas al merodeo, al saqueo y a todo género de excesos”.8 Otro historiador, Luis Robalino Dávila, tiene un criterio similar: “Eran de instintos feroces, brutales, sin Dios ni ley, y llevaban a cuestas la lascivia tropical de su raza… Los Tauras dejaron en Quito un recuerdo imborrable de terror…”

La Ley Orgánica Militar. El general José María Urbina que gobernó de 1852 a 1856 firmó el 22 de noviembre de 1855 con su ministro de Guerra y Marina, Teodoro Gómez de la Torre, la Ley Orgánica Militar que 8  Le Gohuir, José María, S.J. “Historia de la República del Ecuador”, libro IV, 1860-1869, Colección Grupo Aymesa, 1995.

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incluía resoluciones, disposiciones, reglamentaciones y normas para las diferentes armas de la institución. Determinaba la obligación de velar por la disciplina de las unidades militares, la instrucción de las tropas, de elevar el nivel profesional de escuelas e institutos de formación y perfeccionamiento militar, del bienestar del personal, de las normas para el encuartelamiento, de la organización de las armas y sus responsabilidades, dictaba normas para ascensos, entre otros aspectos importantes.

General Francisco Robles.

El general Francisco Robles. Reemplazó a su compañero de armas, el general Urbina, para el período 1856-1860. Desde el inicio encontró problemas generados por partidarios de los candidatos derrotados. Sin embargo, el obstáculo más grave que tuvo que afrontar fue el problema internacional con el Perú. El presidente peruano Ramón Castilla puso reparos al tratado Icaza-Pritcher mediante el cual el Ecuador hizo concesiones de tierras baldías del Oriente ecuatoriano. A mediados de 1857 llegó a Quito el señor Juan Celestino Cavero con el membrete de ministro plenipotenciario del Perú, “con la consigna posiblemente de agredir diplomáticamente al Ecuador para que este reaccionara y tener el pretexto de declarar la guerra a un país pacífico”.9 9  Sánchez Bravo, Mariano, “Historia Marítima del Ecuador”, Tomo VIII

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Lo planificado por el Perú se hizo realidad: el presidente Robles desconoció al “diplomático” peruano y se aprestó a enfrentar las contingencias que llegasen. Sin embargo del peligro que amenazaba al Ecuador, la oposición política contra los generales Robles y Urbina se convertía en más intensa y obstinada. No obstante, a pesar de estos problemas, el gobierno ecuatoriano declaró a su ejército en estado de máxima emergencia y lo subordinó al general Urbina.

Tropas del Perú en la costa ecuatoriana. El contralmirante peruano Ignacio Mariátegui, hizo conocer al gobernador de la provincia del Guayas que iniciaba el bloqueo del golfo guayaquileño y el resto de la Costa, en cumplimiento del decreto del 26 de octubre de 1858. Ante esta situación el general Francisco Robles, encargó el poder a Jerónimo Carrión y el 9 de noviembre viajó a Guayaquil. Dispuso el llamamiento al servicio de las armas, nombró gobernador al coronel José Sánchez Rubio e instruyó se priorizaran los recursos económicos para la defensa. Cuando ordenó que el gobierno se trasladase de Quito a Guayaquil, desde donde podía dirigir de mejor forma las operaciones, los quiteños se opusieron con firmeza. A todo esto se añadió otra calamidad: el 22 de marzo de 1859 un terremoto devastó la ciudad de Quito. El 1 de mayo, en la ciudad capital, se desconocía la autoridad del presidente Robles nombrándose un triunvirato integrado por Gabriel García Moreno, Jerónimo Carrión y Pacífico Chiriboga. El panorama se torna sombrío: el ejército constitucional al mando del general Urbina tenía que vérselas con los seguidores del triunvirato, cuyos milicianos, que estaban comandados por García Moreno, fueron derrotados el 3 de junio de 1859, en el sector de Tumbaco, lo que permitió al presidente Robles el control de la ciudad de Quito.

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El Tratado de Mapasingue. Las unidades peruanas desembarcadas ocuparon diferentes lugares de Guayaquil y el cuartel general se instaló en Mapasingue. El presidente del Perú, Ramón Castilla, exigió que el Ecuador mantuviera inactivas sus tropas y proporcionara cuarteles para el ejército sureño. El general Guillermo Franco, que había sido designado jefe supremo de Guayaquil, en un intento de consolidar su poder en la costa y conseguir luego la jefatura suprema de la República, firmó el 25 de enero de 1860 el tratado de Mapasingue, con el que ponía en riesgo la soberanía nacional. Ventajosamente ni el Congreso peruano aprobó el oprobioso documento por haber sido “contratado con una facción revolucionaria que solo representaba a las provincias de Guayas y del Azuay”. El general Franco fue acusado por el pueblo ecuatoriano de traidor, pero éste acusó a García Moreno en un informe a la nación: “Fue éste (García Moreno), quien buscó, preparó y se empeñó en traer a su suelo, con el nombre de auxiliar, una invasión extranjera”. Entonces, la pugna entre estos dos personajes quedó abierta; el general Flores desde el Perú ofreció sus servicios a García Moreno y éste no dudó en aceptarlos.

Un objetivo apetecido: Guayaquil. Con el apoyo del general Flores a García Moreno, las tropas del triunvirato salieron airosas en los combates de Yaqui, Piscurco, Sabún y Cuenca. Pero los dos contrincantes “estaban seguros de que el control de Babahoyo aseguraría el dominio de Guayaquil; por tanto, Franco trataba de conservar dicha población y Flores de conquistarla”.10 El 7 de agosto de 1860, los soldados franquistas fueron derrotados y desalojados de Babahoyo por lo que les quedaba po10  Loor, Wilfrido, “La victoria de Guayaquil”, Editorial Quito, 1960.

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cas posibilidades de mantener Guayaquil. El general Flores con dos divisiones se aprestaba a iniciar la ofensiva contra el general Franco, quien inclusive pidió apoyo a la escuadra peruana, cuyo comandante puso condiciones a la deshonrosa propuesta.

Derrota de las tropas del general Franco. El ejército de Flores partió de Babahoyo rumbo a Daule y el 9 de septiembre arriba a Mapasingue, reiniciando el 13 el avance hacia Guayaquil. El Estero Salado y los manglares constituyeron formidables obstáculos para las fuerzas del general Flores, pero el día 23 marchan decididamente hacia Guayaquil y en vigoroso ataque destruyen la resistencia de las fuerzas franquistas las que tuvieron que arrojarse al río Guayas, con la intención de llegar a los barcos peruanos, los que utilizando sus botes salvavidas auxiliaron a centenares de combatientes derrotados. El general Franco y algunos de sus jefes y oficiales se refugiaron en la flota peruana, la que tuvo que abandonar el territorio marítimo que había invadido. Mientras tanto, con el control de Guayaquil, García Moreno se consolidó en el campo político y el general Flores ratificó su condición de excelente caudillo y conductor de tropas.

El Ejército en la presidencia de García Moreno. A pesar de los tiempos revueltos que se vivían, el nuevo gobernante se preocupó de la milicia. José Le Gohuir nos hace conocer respecto a la situación del Ejército en aquellos tiempos: “El cuadro del Ejército comprendía, además de la comandancia servida por el general Flores, tres comandancias generales y cuatro militares. El pie de fuerza estaba representada por un regimiento de artillería, cuatro batallones de infantería y tres regimientos de caballería… cada batallón tenía 503 plazas y 200 el regimiento de caballería, y el de artillería se elevaba a 539 hombres”. 18


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Gabriel García Moreno.

El general Francisco Javier Salazar en un informe de 1865 resaltaba: “Organizado desde 1861 (el Ejército) ha prestado a la patria inmensos servicios en campaña y en guarnición…Calumniado y herido por la demagogia ha guardado el silencio de los bravos… Durante la paz ha hecho el servicio con ardoroso celo, ha fraternizado con el pueblo y le ha servido de escudo…”11

Movimiento revolucionario del 8 de septiembre de 1876. Cuando el coronel Teodoro Gómez de la Torre renunció a la función de comandante general de Guayaquil, el presidente Antonio Borrero nombró en su reemplazo al general Ignacio Veintemilla. En cuanto el general entró en funciones estableció acuerdo con los liberales, lisonjeó a jefes y oficiales e incrementó 11  Fragmento del informe elaborado por el general Francisco Javier Salazar en 1865.

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el personal militar en Guayaquil, aduciendo que la ciudad era proclive a generar huelgas y rebeliones militares. Luego de ser reconvenido por el presidente Borrero por la expulsión del general Secundino Darquea, el general Veintemilla renunció a sus funciones y respaldado por algunos dirigentes liberales y elementos de oficiales y tropa se proclamó jefe supremo y capitán general de los Ejércitos de la República. De la reacción del pueblo contra Veintemilla, aprovechó el presidente Borrero para General Ignacion de Veintimilla. disponer que el general Julio Sáenz sometiera a los insurrectos. El general Sáenz partió con su ejército a Guaranda. El astuto general Veintemilla decidió ofrecer el mando de parte de sus fuerzas a un jefe con ascendencia y prestigio militar: el general José María Urbina, que se encontraba en el Perú, quien una vez en el país preparó a sus fuerzas para el combate. Urbina emplearía el eje Guayaquil-Alausí y Veintemilla el eje Guayaquil-Babahoyo. “El 14 de diciembre de 1876, en el sector de Galte, (provincia de Chimborazo) se encontraron las fuerzas de los generales Sáenz y Urbina, inclinándose la victoria a favor de Urbina, mientras en ese mismo día, en Los Molinos (provincia de Guaranda), el general Veintemilla derrota al personal del coronel Quiroz, que quedó de guarnición en ese sector, mientras el grueso del ejército del general Sáenz marchó a enfrentar al general Urbina, con el resultado conocido”.12 12  Macías Núñez, Édison, “El general José María Urbina”, Quito, Ecuador.

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En octubre de 1877, aprovechando que Veintemilla se encontraba en Guayaquil, los conservadores y el clero decidieron derrocar al gobernante. Desde Tulcán partió una columna al mando del general Santiago Yépez, que fue derrotada, el 14 de noviembre de 1877, cuando intentaba ingresar a Quito, por tropas del general gobiernista Cornelio Vernaza. El 26 de enero de 1878 se reúne la Convención en la ciudad de Ambato y elige presidente al general Veintemilla, quien tiempo más tarde, el 26 de marzo de 1882, se proclamó dictador.

Tropas restauradoras contra la dictadura. A partir de abril de 1882 comienzan en Esmeraldas los rechazos a la dictadura; posteriormente, el odio a Veintemilla se extendió peligrosamente. Eloy Alfaro y Miguel Valverde en Esmeraldas; el general Agustín Guerrero y el coronel Ezequiel Landázuri en el norte; el Dr. José María Sarasti, organiza tropas en las

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provincias centrales; y el general Francisco Salazar conformaba en el Perú una expedición. En enero de 1883 las fuerzas de Sarasti y Salazar se reúnen en Ambato. Sarasti triunfa en Quero por lo que sus compañeros comienzan a llamarle general. El general Salazar ataca Quito defendido por los veintemillistas y por la sobrina de Veintemilla, Marieta, llamada por sus subalternos “generalita” o la “Mayasquera”, mientras el general Veintemilla se encontraba en Guayaquil, ciudad a la que el ejército de los restauradores decide atacar. Luego de los consabidos aprestos, marchas y órdenes de operaciones, el 9 de julio de 1883 se producía el ataque definitivo a Guayaquil, la derrota del general Veintemilla y la consiguiente finalización de la dictadura.

Preámbulos de la Revolución Liberal. Derrocado el general Ignacio Veintemilla, el general Alfaro conspiró contra el presidente José Plácido Caamaño. Para alcanzar dicho objetivo organizó una junta en Quito y otra en Guayaquil con elementos de su confianza. En agosto de 1884 adquirió el buque Alajuela, solicitó la ayuda del joven comerciante Luis Vargas Torres, quien le entregó recursos económicos considerables; adquirió armamento e incrementó personal adepto. El 15 de noviembre de 1884 partió de Panamá al frente de la expedición que había organizado. Conocedor de este hecho el presidente Caamaño dispone que el buque 9 de julio lo intercepte. “El 20 de noviembre de 1884 en el punto El Morrito se produce el combate naval con resultado positivo para los tripulantes del Pichincha (Alajuela) que comandaba Alfaro”.13 El 23 de noviembre desembarcó en Esmeraldas, en donde se quedó Vargas Torres para organizar núcleos armados; al día siguiente partió a Manabí. El presidente Caamaño dispuso que una flota saliera de Guayaquil a combatir a los rebeldes. El com13  Loor, Wilfrido, “Eloy Alfaro”, tomo I, Editorial Moderna, Quito, Ecuador, 1947.

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General Eloy Alfaro.

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HISTORIA RESUMIDA DEL EJÉRCITO.

bate naval se desarrolló en el sector de Jaramijó, el 6 de diciembre de 1884. En la batalla el Pichincha fue incendiado, la tripulación derrotada, salvándose sus miembros de morir ahogados o capturados. Los sobrevivientes alcanzaron tierra firme y se adentraron en la montaña con la intención de llegar a Montecristi. Sin embargo, la semilla de la revolución se había regado en tierra fértil y voluntarios de toda condición social, especialmente los más humildes, como los denominados “chapulos”, comenzaron a hacerse presentes en el escabroso escenario de la política ecuatoriana.

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Historia Resumida del Ejército Ecuatoriano Fascículo3  

Un grupo de oficiales extranjeros, la mayor parte veteranos de las guerras de la independencia, permaneció en el país bajo la protección del...

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