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Puna y arquitectura

Puna y arquitectura Las formas locales de la construcci贸n

Jorge Tomasi y Carolina Rivet (Coordinadores)


Puna y arquitectura Las formas locales de la construcción

Juan Eudes Quispe, Juan Condorí, Gregorio Gutiérrez, Hipólito Guzmán, René Calpanchay, Jorge Mamani, Mariano Schilman, Daniela Reisner, Julieta Barada, Constanza Tommei, Evelin Nani, Fernando Corrales Barboza, Paula Yacuzzi, Agostina Tsuji, Leonardo Criscillo, Leandro Daich y Tomás Palacios Jorge Tomasi y Carolina Rivet (Coordinadores)


Puna y arquitectura: las formas locales de construcción / Juan Eudes Quispe... [et.al.]; coordinado por Jorge Tomasi y Carolina Rivet. - 1a ed. - Buenos Aires: CEDODAL - Centro de Documentación de Arte y Arquitectura Latinoamericana, 2011. 180 p.; 30x21 cm. ISBN 978-987-1033-38-6 1. Arquitectura. 2. Construcción. I. Quispe, Juan Eudes. II. Tomasi, Jorge, coord. III. Rivet, Carolina, coord. CDD 720.982

Fecha de catalogación: 01/04/2011

© Jorge Tomasi | Carolina Rivet

Diseño e impresión Marcelo Kohan «diseño + broker de impresión»

Hecho el depósito que marca la ley 11.723 Impreso en la Argentina. Prohibida su reproducción, salvo expresa autorización de los autores.


Dedicado a la memoria de Gregorio Pastor, Margarita MartĂ­nez y MarĂ­a Vilte


Puna y Arquitectura Las formas locales de la construcción

Susques y Rinconada 2006-2009

Este libro cuenta con el aval de las siguientes Instituciones y Organizaciones: Comunidad Aborigen “Pórtico de los Andes” de Susques Comunidad Aborigen de Rinconada Centro Vecinal de Susques Centro Vecinal de Rinconada Comisión Municipal de Susques Comisión Municipal de Rinconada Parroquia Nuestra Señora de Belén de Susques Prelatura de Humahuaca Secretaría de Extensión Universitaria, FADU-UBA

Declarado de Interés Cultural por la Secretaría de Turismo y Cultura de la Provincia de Jujuy

Los textos contenidos en este volumen han sido sometidos a una evaluación externa e independiente realizada por Graciela Viñuales, Rodolfo Rotondaro, Daniel Delfino y Alejandro Benedetti.

Esta edición ha sido posible gracias a un subsidio del Programa de Voluntariado Universitario de la Secretaría de Políticas Universitarias, Ministerio de Educación de la Nación.


Sumario

7 Prólogo

9 Introducción

15 PRIMERA PARTE: Miradas locales

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La construcción de los Abuelos Hipólito Guzmán

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Construcción Andina: complementacion entre Ciencia y Saberes Ancestrales René Calpanchay

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Rinconada, “el confín aurífero de la patria”, un pueblo histórico Juan Eudes Quispe, Juan de la Cruz Condori y Gregorio Gutiérrez

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Introducción y acercamiento a la realidad del Pueblo Kolla Jorge Mamani

31 SEGUNDA PARTE: El proyecto “Puna y Arquitectura” y el espacio doméstico puneño

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Pensando el trabajo con la comunidad Un recorrido por el proyecto “Puna y Arquitectura” y sus aspectos metodológicos Carolina Rivet y Jorge Tomasi

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La casa como una construcción múltiple y colectiva Aproximaciones al espacio doméstico en Susques y en Rinconada Jorge Tomasi

53 TERCERA PARTE: Sobre técnicas y saberes constructivos

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Técnicas, prácticas y saberes constructivos en la Puna

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Pircando con piedras en Susques y Rinconada. Usos y funciones, conocimientos y saberes a través de la experiencia Mariano Schilman y Daniela Reisner

Usos y formas del adobe: una aproximación desde la práctica constructiva en Susques y Rinconada Julieta Barada, Constanza Tommei y Evelin Nani

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La variabilidad en las estructuras de techos en la Puna jujeña. Materialidad, técnicas y hacer constructivo en Susques y Rinconada Fernando Corrales Barboza, Paula Yacuzzi, Agostina Tsuji y Leonardo Criscillo

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El guayado: aprendizajes desde el trabajo de campo en Susques y Rinconada Leandro Daich y Tomás Palacios

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“Que el barro esté bien liviano”. El torteado con barro en los techos de Susques y Rinconada, provincia de Jujuy Carolina Rivet y Jorge Tomasi

125 CUARTA PARTE: Casas, puestos y domicilios

174 Agradecimientos


Prólogo

Arquitectura y compromiso social y cultural La tarea que los autores han venido realizando durante un lustro y que se refleja en este libro, testimonia un compromiso con su cultura y con los objetivos más relevantes de sus profesiones: el servicio a sus comunidades. Y ello lo han ejercido en un camino de ida y vuelta entre dos comunidades: la académica que les brindó oportunidades y conocimientos, y la comunidad jujeña que les brindó hospitalidad y sabidurías. En esos andariveles de un dinámico trajín, se fueron involucrando compañeros estudiantes, investigadores y pobladores de Susques y Rinconada a quienes unieron en sus proyectos para organizar una tarea de cooperación y aprendizaje mutuo. Como suele suceder más allá de la vocación específica de los protagonistas, había en el espíritu de ellos una madura actitud crítica sobre la enseñanza que recibían y que encontraban carente de los fundamentos esenciales de compromiso con el país, su cultura y sus gentes. Había realidades tangibles en unas periferias innominadas que reclamaban un respeto que no recibían y demandaban una cooperación que nunca llegaba. El primer acierto fue la capacidad de convocar a decenas de estudiantes que con el apoyo del Programa del Voluntariado Universitario decidieron dar parte de su tiempo a otro aprendizaje y a cualificar su profesión con la transferencia de sus conocimientos. Desde una cátedra de Historia de la Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires (Ramos-Aboy) esta notable experiencia de trabajo colectivo involucró no solamente a los estudiantes, sino también a los pobladores, en una fecunda interacción como puede verificarse en los textos que entre todos ellos escribieron para este libro. Miradas diversas, y, a la vez convergentes, instalaron la sabiduría de lo vivido, la herencia de tradiciones y conocimientos, junto a la voluntad y a la creatividad de un núcleo de jóvenes capaces de buscar las mejores razones para hacer arquitectura ayudando y aprendiendo en una práctica profesional que la Universidad no les brindaba. El mérito de esta experiencia donde docencia, investigación y extensión universitaria se integran naturalmente, radica en que la Universidad posibilitó formar profesionales comprometidos. Son ellos los que superando la calidad individual, adquirieron a través de su proyección social el carácter personalizante que les permite integrarse plenamente con aquellos pobladores que terminaron siendo sus amigos. Unos amigos con experiencias vitales de dominio de su cultura del lugar, con pleno conocimiento de lo aprendido secularmente por el sistema de ensayo-error-corrección y dispuestos a transferir experiencias en aciertos y errores como puerta indispensable para alcanzar el equi-

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librio vital y superar las adversidades. La jornada regida por el sol que puntualiza el tiempo de la faena y la mención de uno de los pobladores como “la pérdida del sol” como el tiempo para alimentar el espíritu, nos muestra también la vigencia de unos modos de vida de excepcional madurez. El Proyecto “Puna y Arquitectura” ha sido mucho más que un exitoso intento de acción en la extensión universitaria. Ha sido la verificación de que es posible adquirir un perfeccionamiento universitario en un trabajo de campo, prestando servicios y ayudando a resolver carencias (universitarias y de las otras). Fue sin dudas un complemento de la formación académica, pero sobre todo ayudó a formar personas. En el campo de la investigación, el equipo que se formó ha aportado sin dudas a una nueva lectura de las modalidades del asentamiento territorial y de las formas del pastoreo con sus desplazamientos estacionales. Una importante verificación de los sistemas de producción y de los equilibrios ecológicos en el espacio doméstico, les ha permitido contemplar las modalidades de unidades dispersas y diseminadas espacialmente que constituyen, sin embargo, una unidad de control territorial. En las actividades operativas del Proyecto “Puna y Arquitectura” el equipo de estudiantes y pobladores ha trabajado sobre 22 unidades que integraban domicilios y puestos transitorios, analizando no solamente la pertinencia funcional de los mismos sino también las técnicas y saberes constructivos que ellos ponían en evidencia. Los estudiantes, hoy varios de ellos ya recibidos de arquitectos, analizan en el libro con diversos aportes las características de los materiales y de las técnicas aplicadas. Así la formación de las pircas de piedra, los sistemas de conformación de los adobes y las modalidades de la arquitectura de tierra, el uso de las diversas maderas y especialmente su modo de utilización en las cubiertas, acompañan interesantes menciones sobre la apropiación de la “guaya” (paja) y la formación de los “torteados” en las techumbres. El trabajo de la gestión social fue cuidadoso y respetuoso. Ello se vislumbra en la precaución de no incluir la nominación identificatoria de los propietarios de las obras realizadas manteniendo así su privacidad. También se expresa en una forma de trabajo con la comunidad que respetó siempre las disposiciones de la Asamblea que continúa siendo el organismo de reconocimiento de los pobladores. El Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL) ha consolidado una serie de acciones con la participación de algunos de los autores de este libro que nos han ayudado a seguir otras líneas de investigación y difusión sobre la arquitectura continental y nacional. El CEDODAL, gracias a la generosidad de los autores, tiene hoy la oportunidad de publicar este excepcional testimonio de una acción universitaria capaz de generar una Arquitectura con compromiso social y cultural, justamente lo que desde hace décadas está haciendo falta en nuestra arquitectura.

Arquitecto Ramón Gutiérrez CONICET - CEDODAL

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Introducción

Este libro es una búsqueda para pensar otras formas de hacer arquitectura tanto desde lo espacial como desde lo técnico. La construcción de una casa es un hecho social en el que se expresan necesidades, expectativas y puntos de vista, una casa nos muestra muchos elementos importantes sobre la vida social y simbólica de las personas que la producen. Por otra parte, en cualquier contexto, la construcción, en un sentido literal, implica la puesta en juego de numerosos saberes y técnicas que se han ido modelando y transformando a lo largo del tiempo. Estas técnicas forman parte de un cuerpo de conocimientos digno de ser reconocido y estudiado. Hacia ese objetivo se orienta precisamente este libro, el reconocer un modo particular de elevar una casa. En los diferentes capítulos que lo componen se irán recorriendo distintos aspectos de la práctica del construir a partir de nuestra experiencia de trabajo en dos poblados de la provincia de Jujuy: Susques y Rinconada. En ambas localidades, como en la mayor parte del espacio andino, la construcción con tierra tiene un rol excluyente sea en la elevación de muros de piedra, la confección de adobes o la realización de cubiertas de paja o torta de barro. Nos propusimos volcar en estas páginas parte de la diversidad de técnicas basadas en el uso de la tierra que los constructores de estas dos localidades tienen disponibles a la hora de levantar su casa. Salvo por algunas excepciones importantes, que son citadas en los textos, estas otras formas de hacer arquitectura, más o menos distantes de la producción disciplinar, han sido históricamente invisibilizadas en los espacios académicos en pos de la transmisión de un saber hegemónico. En particular, las técnicas de construcción basadas en el uso de la tierra cruda han sido asociadas reiteradamente con la pobreza, la ausencia de mejores posibilidades, la falta de higiene o el peligro para la salud. Resulta inexplicable cómo estas técnicas constructivas, que son empleadas en distintas sociedades desde hace mucho tiempo, siguen estando marginadas de los programas de muchas facultades de arquitectura en el país. Lo que se está perdiendo es la posibilidad de reconocer y complejizar el modo en que pensamos la arquitectura. De esta manera, los diversos caminos existentes para hacer arquitectura se convierten en unas pocas sendas. En este contexto, la escritura y presentación de este libro pretende contribuir a una discusión al respecto y poner en juego otras miradas. No nos mueve en esto una actitud romántica de reivindicación de ciertas lógicas constructivas que imaginamos más tradicionales que otras. Se trata, en todo caso, de acercarnos a una producción arquitectónica particular intentando pensarla desde su propia lógica. En este sentido, este es un libro sobre la construcción con tierra pero enfocado al modo en que se realiza en dos espacios particulares como son Susques y Rinconada. Es decir, en esta obra no pretendemos explicar cómo es la arquitectura de toda una región sino más bien mostrar algunas de las técnicas, procedimientos y resoluciones que son usados hoy en día por los constructores.

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Este libro surge a partir del trabajo que se desarrolló entre los años 2006 y 2009 en el marco del proyecto de extensión universitaria “Puna y Arquitectura” radicado en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. A través de este proyecto se buscó constituir un espacio de formación alternativo donde se favoreciera el intercambio de saberes entre constructores puneños, y estudiantes y docentes de distintas facultades. Durante el período que se llevó adelante este proyecto se realizaron 7 campañas de trabajo, en general dos por año en enero y marzo. En cada una de estas campañas se encaraban trabajos de construcción en diferentes casas seleccionadas por las organizaciones locales. Estos trabajos podían ser tanto en casas urbanas como en el campo y consistían en la elevación de recintos completos, de los cimientos al techo, o la reparación de los existentes, por ejemplo cambiando las cubiertas de paja. Los tareas a realizar y el proyecto arquitectónico en cada una de las 22 casas en que se trabajó fueron definidas fundamentalmente por las propias familias. De esta manera, se buscó partir de las necesidades y lógicas locales para la resolución de las problemáticas habitacionales de cada familia. La convivencia cotidiana y el trabajo conjunto a lo largo de las dos semanas que duraba cada una de las campañas se constituían en una base para el intercambio de conocimientos y la formación en un espacio distinto al académico. En cada una de las casas donde se realizaron trabajos, se encararon detallados relevamientos de las diferentes técnicas constructivas y de cómo éstas habían ido cambiando con el tiempo. Después de las campañas, durante el resto del año, este material era sistematizado y ordenado para que luego pudiera ser revisado por las mismas familias y las organizaciones que participaron de los trabajos. El resultado fue un corpus notable de información sobre la construcción en Susques y Rinconada que incluye desde el trabajo con piedra hasta la realización de una cubierta con torta de barro, pasando por el armado de la estructura de los techos. La densidad de este material, y el deseo de mostrarlo, nos motivó a encarar la producción de este libro. Cada uno de los textos que lo componen se realizó tomando como material de base estos cuatro años de relevamiento y trabajo sistemático, a las que se sumaron nuevas observaciones en el campo. Susques y Rinconada: los espacios de trabajo A lo largo de estos cuatro años, Susques y Rinconada fueron los dos lugares donde se centralizó la acción de este proyecto y sobre los que se enfoca este libro. Ambas localidades, con sus áreas rurales, forman parte hoy en día de la provincia de Jujuy y son las cabeceras de los departamentos del mismo nombre. Susques está ubicado a unos 120 km al oeste de Purmamarca, sobre la Ruta Nacional 52 que comunica con Chile a través del Paso de Jama. Rinconada se encuentra en las cercanías de la Laguna de Pozuelos, a unos 70 km al noroeste de Abra Pampa y se accede hasta allí a través de la Ruta Provincial 7. De acuerdo al Censo Nacional de Población del año 2001, la localidad de Susques tenía una población de 1140 habitantes mientras que la de Rinconada poseía 364 habitantes 1. Veremos más adelante que esta diferencia en la población urbana no ha sido constante a lo largo del tiempo y debe ser analizada en términos históricos. Si bien ambas localidades forman parte de la provincia de Jujuy y, desde una mirada lejana, podrían ser incluidas como parte del genérico Puna, Susques pertenece a lo que se conoce como “Puna de Atacama” mientras que Rinconada está dentro de la “Puna de Jujuy”. La diferencia entre ambos sectores radica tanto en sus características ambientales como en los diferentes procesos históricos que allí se desarrollaron.

1 El dato se refiere a las personas que se encontraban en el momento del censo en el pueblo y no incluye a la población rural dispersa, lo que en ambos casos implica un recorte significativo. Fuente: INDEC, http:// www.indec.gov.ar

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1. Ubicación de Susques y Rinconada dentro de la provincia de Jujuy (Elaboración propia).

Las trayectorias históricas de Susques y Rinconada han sido bien diferentes, al menos desde el momento de la conquista española2. A partir del proceso de organización territorial de la Corona, Rinconada formó parte de la Gobernación del Tucumán con un rol importante como asiento minero y con una estructura y población urbana más o menos consolidada (Gil Montero 2002). Susques, en cambio, a partir del XVIII estuvo dentro del Corregimiento de Atacama que dependía directamente de Potosí (Delgado y Göbel 1995) y tuvo una posición más bien marginal. Con posterioridad al proceso de Independencia, Rinconada quedó dentro del territorio de la Argentina mientras que Susques fue parte de Bolivia dentro de la Provincia de Atacama. Desde ese momento, Susques tuvo una sucesión de cambios de jurisdicción. A partir de 1884, como consecuencia de la Guerra del Pacífico, toda el área de Atacama, Susques incluido, pasó a formar parte de Chile. En 1900 la mayor parte de la Puna de Atacama fue anexada por vía diplomática a la Argentina organizándose la Gobernación de Los Andes. Mientras que la capital de la nueva Gobernación se estableció en San Antonio de los Cobres, Susques era la cabecera del departamento homónimo que se estableció entonces. En 1943, finalmente, la Gobernación fue disuelta y su territorio repartido entre las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca. Susques, recién en ese momento, comenzó a formar parte de la primera (Delgado y Göbel 1995, Benedetti 2005). Los distintos viajeros y científicos que llegaron a Susques durante las primeras décadas del siglo XX observaron que no constituía un centro urbano con población permanente. En realidad, los susqueños vivían en sus estancias en los alrededores dedicados al pastoreo y sólo se acercaban al pueblo en ciertos momentos puntuales. Si bien en Rinconada desde mucho tiempo antes existía una población relativamente estable en relación con su rol como

2 No estamos considerando aquí la complejidad de la historia previa a la conquista. Ésta es simplemente síntesis introductoria. Para profundizar los procesos históricos coloniales y posteriores en el área de Rinconada ver: Gil Montero (2002 y 2006); para el área de Susques ver, por ejemplo, Delgado y Göbel (1995) o Benedetti (2002 y 2005).

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centro minero, una parte considerable de la población residía también en sus estancias. Esto nos aproxima a un punto que es importante a los efectos de este libro: el carácter disperso y múltiple del espacio doméstico. Aunque hoy en día una parte de la población en ambos casos tiene una residencia permanente en los pueblos, el pastoreo sigue siendo una actividad importante que le da un carácter peculiar a ese espacio doméstico. Se verá que en los diferentes textos que componen este libro se hace referencia a las estancias o puestos, los domicilios o casas de campo, y a las casas en el pueblo. Cada uno de estos asentamientos tiene un rol diferente en el marco de la dinámica del pastoreo y la movilidad de la población a lo largo del año. Estas particularidades del espacio doméstico pastoril han sido tenidas en cuenta también en el marco del proyecto “Puna y Arquitectura” y los trabajos se enfocaron en los diferentes asentamientos de acuerdo a las necesidades planteadas por las familias. El recorrido de este libro La escritura de este libro ha sido un proyecto colectivo que demandó más de dos años de trabajo en el que participaron tanto pobladores de Susques y Rinconada como estudiantes, docentes e investigadores. Para muchos fue su primera experiencia en la escritura de un texto académico, mientras que otros contaban con más experiencia. Hemos buscado que fuera una parte de la experiencia pedagógica que intentó ser este proyecto de extensión. Además del trabajo de quienes han escrito en estas páginas, está el de todos aquellos que durante estos años han participado, tanto desde Susques o Rinconada como desde la Universidad. Es importante remarcar que la totalidad de los textos académicos que componen este volumen han sido evaluados por los arquitectos Graciela Viñuales y Rodolfo Rotondaro, el arqueólogo Daniel Delfino y el geógrafo Alejandro Benedetti. Todos ellos, desde diferentes disciplinas, tienen una amplia trayectoria sobre los temas que se tratan en este libro y han trabajado en algunos casos sobre las problemática regionales en la Puna y en otros sobre construcción con tierra en diferentes ámbitos. Hemos organizado este libro en cuatro partes que, si bien están relacionadas, tienen objetivos particulares. En la primera, Miradas locales, se incluye una serie de textos escritos por pobladores de Susques y de Rinconada que, además, en su mayoría participaron de los trabajos constructivos. Estos textos abarcan un arco diverso de intereses que van desde las características constructivas de las casas, ciertos aspectos históricos o la realidad de las comunidades aborígenes en el presente, hasta la percepción local sobre el trabajo en el marco del proyecto “Puna y Arquitectura”. Si bien la totalidad de los textos del libro están enfocados en la realidad puneña, el objetivo de esta primera parte es incorporar la mirada de quienes allí habitan, en primera persona. Los diferentes puntos de vista presentes también ayudan a mostrar la heterogeneidad hacia el interior de las comunidades expresada en su diversidad de intereses y posicionamientos. La segunda parte, El proyecto “Puna y Arquitectura” y el espacio doméstico puneño, se compone de dos textos que tienen objetivos diferentes. El primero está dedicado a desarrollar el enfoque y las características que tuvo este proyecto de extensión, poniendo el foco en cómo se encaraba el trabajo conjunto como forma de construcción de un conocimiento compartido. En tanto el recorte planteado en el libro se orienta hacia las técnicas constructivas empleadas fundamentalmente en el espacio doméstico, el segundo texto es una introducción a las características del espacio doméstico puneño, particularmente en Susques y Rinconada, en relación con la dinámica del pastoreo. En la tercera parte, Sobre técnicas y saberes constructivos, se incluyen cinco capítulos que abarcan las distintas etapas dentro del proceso constructivo de una casa, marcando las semejanzas y diferencias entre Susques y Rinconada. Como mencionamos antes, estos textos se armaron a partir de la revisión y sistematización de los relevamientos realizados durante los trabajos constructivos en ambas localidades. En el primero de los textos se aborda un tema poco recorrido, a pesar de su importancia, como es el uso de la piedra dentro de

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2. Imagen panorámica de Susques.

3. Imagen panorámica de Rinconada.

la construcción con tierra. El segundo versa sobre el uso del adobe para la elevación de los muros y la realización de ciertos detalles, y cómo ha ido cambiando el corte de los bloques en el tiempo. Los tres capítulos restantes se enfocan en el techo de la casa, una sección importante tanto desde lo constructivo como desde lo simbólico. El primero recorre algunos de los procedimientos para el armado de la estructura de la cubierta por medio de las tijeras. El siguiente se enfoca en las distintas etapas en la realización de los techos de guaya, es decir de paja. Finalmente, el último capítulo, está dedicado a la otra técnica para la terminación de las cubiertas como es la torta de barro. La última parte del libro, Casas, puestos y domicilios, está organizada en una serie de fichas que muestran las características de las 22 casas en las que se realizaron trabajos durante la acción del proyecto. En cada una de estas fichas se describen brevemente, a partir del material gráfico y escrito, tanto las configuraciones como las características constructivas y los trabajos concretos que se realizaron. Por otra parte, cada una de estas fichas está vinculada con el resto de los textos que componen el libro. En paralelo, esta parte tiene como objetivo dar cuenta de la diversidad de configuraciones y resoluciones existentes en el espacio doméstico puneño, especialmente en un contexto en el que se suele poner el foco en una supuesta homogeneidad. Más allá de que a lo largo de los distintos capítulos se muestra una gran cantidad de material sobre la construcción y la arquitectura puneña, inevitablemente lo que estamos presentando es un recorte de una realidad mucho más amplia. En este sentido, muchos temas han quedado afuera de este libro, temas que sin dudas hubiera sido bueno incorporar. Tal es así que sólo se realizan referencias someras a las construcciones de una escala diferente a la

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doméstica, como las iglesias o los edificios cívicos. Dentro de las técnicas constructivas no se tratan ni la realización de los solados, sea de tierra o de piedra, ni la complejidad de los procedimientos usados en los revoques o las particularidades a la hora de pintar. De la misma manera, la incorporación más o menos reciente de ciertos materiales, como el cemento, los bloques cerámicos, el ladrillo, las estructuras de hormigón armado o la chapa, no son objeto de un tratamiento específico aunque sí se hace referencia en diferentes momentos. Toda tarea de investigación y presentación de resultados implica un recorte que permite asir una problemática y mostrarla de un modo coherente. Aquellos puntos que hemos dejado afuera aquí quedan como una invitación para continuar con nuevos trabajos. Con las campañas realizadas durante el año 2009, después de cuatro años, se cerró este ciclo de trabajo del proyecto “Puna y Arquitectura”. Esta ha sido una forma de tomar distancia para pensar en lo realizado hasta el momento y reflexionar sobre cómo continuar hacia adelante. Este libro, entonces, constituye también una forma de dar un cierre momentáneo y socializar los resultados, aprendizajes y dudas cosechados durante este tiempo.

Bibliografía Benedetti, A. (2002) “Susques: de “Despoblado” a “Pórtico de los Andes”. Transformaciones territoriales en la frontera norte argentino-chilena (Siglo XX)”. En: IV Coloquio sobre Transformaciones Territoriales: “Sociedad, Territorio y Sustentabilidad: perspectivas desde el Desarrollo Regional y Local”. Universidad de la República. Montevideo. Benedetti, A. (2005) Un territorio andino para un país pampeano. Geografía histórica del Territorio de Los Andes (1900-1943). Tesis doctoral. Universidad Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras. Inédito. Delgado, F. y B. Göbel (1995) “Departamento de Susques: la historia olvidada de la Puna de Atacama”. En: Jujuy en la Historia. Avances de investigación. Universidad Nacional de Jujuy. Gil Montero, R. (2002) “Tierras y tributo en la Puna de Jujuy”. En: Farberman, J. y R. Gil Montero (Comp.) Los pueblos de indios del Tucumán colonial: pervivencia y desestructuración. Editorial de la Universidad Nacional de Jujuy y Universidad Nacional de Quilmes Ediciones. Gil Montero, R. (2006) “La Puna: población, recursos y estrategias”. En: Teruel, A. y M. Lagos (Dir.) Jujuy en la historia. De la colonia al Siglo XX. Editorial de la Universidad Nacional de Jujuy.

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Miradas locales

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La construcción de los Abuelos Hipólito Guzmán1

Desde los siglos pasados, antes del sol, los antiguos construían sus casas en lugares donde había rocas con agujeros en donde ellos vivían con sus familias y con su trabajo. Sus casas eran todas de piedra y barro con los techos de las mismas piedras, largas y anchas, que cubrían el techo. Y la puerta también era así, de piedra bien cuadradita o de acuerdo a como hacían sus puertas ellos. Ellos no necesitaban tanzas, no necesitaban cucharas, sólo un martillo que era de la misma piedra pero más dura, llamada chuicha. El caso de los antiguos, que estoy contando, que vivían debajo de las cuevas, ellos tenían sus sembrados donde vivían y como no había sol no se quemaba nada. Deben haber tenido su hacienda porque hay huesitos de ganado. También hacían sus pueblos, pero todo bajo la roca. Hay lugares en estos momentos, que cada día se le alcanza a ver los pueblos estos, se los ve todavía. Las casas se las alcanza a conocer, las acequias que habían hecho por medio de la peña. Que todavía se los ve pero ya está todo desarmado. Se alcanza a conocer sus pueblos de ellos, adonde vivían. Ellos únicamente vivían en estos lugares y no salían para ningún lado. No iban ellos para abajo, ellos vivían aquí, nacían en esta tierra y morían en esta tierra, no se trasladaban.

Después, cuando llegó el sol, ya si se empezaron a trasladar por supuesto. Trabajaban con pala de piedra, hacha de piedra, de piedra chuicha, con mango de palo de queñua. Ese era su mango, palo de queñua era el manguito, porque no se conseguía palo de churqui, no se conseguía nada. Las palas eran todas atadas con cuero. Las carretillas estaban hechas por ellos de cardón con mangos de queñua y ruedas de cardón, forradas con lata y atadas con cuero. Después nuestros abuelos aprendieron a hacer tapiales y adobes, techos con madera de cardón, queñua, paja y barro. Ya cambiamos, ya no era lo de mucho más antes, lo de los antiguos. Y las construcciones ya se hicieron libres de las rocas, en los campos más llanos. En cambio antes vivían dentro de las rocas. Los abuelos hacían sus casas cavando unos cuarenta centímetros de profundidad y de cuarenta o más podían tener de ancho los cimientos, haciendo las bases de barro y piedra. No se necesitaba escuadra, ni plomada, ni tanza. Las paredes de las casas se construían en forma de pirámide, o sea inclinadas. No eran derechitas como ahora que ponemos plomada o nivel. No tenían revoque ni nada, porque todo era panceado, salía para un lado, para otro lado. Cuestión que se paraban

1 Hipólito Guzmán ha participado como constructor dentro del proyecto “Puna y Arquitectura” dirigiendo varios de las obras aunque nunca se haya trabajado en su casa. Ha sido Comisionado Municipal, Presidente de la Comunidad Aborigen “Pórtico de los Andes” de Susques y es actualmente el Comisionado Rural. En los últimos años ha ocupado también otros roles en distintas instituciones del pueblo.

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Fig. 1. Fotografía de las casas de piedra en el Domicilio “San José” en el campo de la familia de Hipólito Guzmán en las cercanías de Susques, y detalle de la cocina circular techada también con piedra.

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bien las piedras y se paraban bien las paredes y esa era la historia. Las casas están hasta hoy todavía. Las paredes inclinadas se hacían a propósito porque el techo era de dos aguas y como las tijeras van paraditas para que no se abra la pared. Eso era lo esencial de ellos Las casas comenzaban de 4 metros de largo por 3 de ancho y terminaban en 3,5 por 2,8 metros de ancho. Entonces ellos decían, para qué necesitamos que las casas sean derechitas si arriba no se guarda nada. Sus camas también eran de pura piedra, se llamaban catres; también hacían sus catres de madera, pero madera de cardón. Ahí tenían sus cueros de llama, sus cueros de oveja y allí dormían ellos. Para construir los adobes preparaban la pasta con el barro, batiendo, dando vuelta y más vuelta y se lo preparaba durante toda una semana. Ellos hoy preparaban el barro y mañana lo batían y lo dejaban tapado con cuero. Y pasado mañana volvían de nuevo, lo volvían a dar vuelta para el otro lado y lo volvían a tapar con el cuero. Entonces así pasaba la semana. Ya eran varios los montoncitos de barro que dejaban ellos y construían sus adobes. Esos adobes eran bien duros y tenían una duración muy buena, ya no se hacen así. Todavía quedan por aquí algunos de esos en las casas más viejas. De la misma forma se preparaba el barro para el techo. Entonces, como antes llovía mucho, el barro no se corría del techo, se quedaba firme con su pajita y aguantaba. Después se lo guayaba por supuesto. Esto se llamaba el torteado, y luego se preparaba la paja iro para el guayado de todos los ranchos, hecho con sus propios pulmones. Su vida era muy dura porque ellos sembraban, cosechaban y comían, criaban sus ganados, esquilaban sus ovejas y llamas, y hacían sus tejidos. Así se vestían y con cueros hacían sus ojotas. Por eso que ellos no necesitaban que nadie les enseñe. Su vida era de sus propios trabajos.

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Yo aprendí a construir primeramente mirando a mis abuelos. Cuando era chango era medio curioso y veía a mi abuelo construir, cómo hacía, cómo arreglaba las piedras, cómo las ponía y cuál era la base de la piedra. Porque no era como hoy que las paramos total el cemento las agarra. Ellos no, la hacían bien bonita, bien hecha la base, entonces empezaban a construir. No necesitaban que el barro las pegue a las piedras, sino que piedra por piedra se mordían, nada más que el barro lo calzaban atrás con muchas piedras chiquititas bien calzaditas. Y luego, lo primero lo he hecho en mi juventud cuando tenía 12 años y ya podía hacer algunas paredes de piedra, hacer los corrales. Me gustaba pircar los corrales, me gustaba hacer lo mejor posible. Bonitos los corrales, no me gustaba que estuvieran fieros. Yo hacía esa construcción, después ya he hecho la construcción en mi casa en el campo, que no tenía escuadra, no tenía cuchara, tenía una latita y con esa pasaba un poco el barro. Porque más antes los abuelos pegaban sus dedos con el barro en la pared. Yo no, ya tenía mi latita. Y así, acarreaba piedras y con mi papá hemos hecho las casitas y así sucesivamente. Después ya fui al ejército argentino y he tenido la oportunidad de hacer un pequeño curso de construcción, pero no como aquí. Ahí, ya era con medidas, que se yo, escuadras, niveles, plomadas, todo eso. Pero nunca he construido en esa forma, porque yo siempre he construido las casas, digamos, culturalmente, todo culturalmente. Las casas que he hecho en mi campo que yo tengo ahora las he hecho culturalmente. Algunas veces las he hecho con piedras calzadas sin nada de barro. Todo de piedra pura, con pircadito de piedra seca. Después ya, cuando se terminaba de hacer eso, recién le pegaba una revocadita un poco con barro para que no entre el aire. Por adentro es bien fresquita. Y ya está. Siempre estoy construyendo así.


Construccion Andina: complementacion entre Ciencia y Saberes Ancestrales René Calpanchay1

Hablar de construcción andina, es hablar de nuestra “Pachita Chica”, del espacio territorial que los “Indios”, “Aborígenes”, “Originarios” o como nos quieran llamar a los ATACAMEÑOS, elegimos estratégicamente para sentirnos en el seno de la Madre Tierra, en contacto directo con la naturaleza, en todas sus dimensiones. Nuestras Casas, Puestos o Estancias, donde compartimos con la familia, los vecinos y los animalitos que cuidamos, como la llama domesticada hace más de 3000 años, las cabras, ovejas, burros y algunas mulas que llegaron luego en los últimos 500 años, no son sólo “pircas” que responden a estilos arquitectónicos, para nosotros representan valores, saberes, filosofía de vida, espiritualidad, ciencia y tecnología. La adaptación, complementación y búsqueda de equilibrio en el medio, es el resultado de la experimentación de todas las generaciones por más de 10.000 años, desde que nuestros ancestros, luego nosotros decidimos vivir, compartir, producir y darle sentido a la vida en esta región situada entre los 3500 y 6000 metros sobre nivel del mar, conocida como “Puna Salada” o “Puna Atacama” y que seguramente nuestros descendientes lo seguirán haciendo por la sangre de sus venas y los valores culturales que recibirán como sagrada herencia.

¿Por qué son tan importantes las casas para las familias del Pueblo Atacama? Porque allí compartimos tristezas, disfrutamos alegrías, trabajamos y descansamos, nos resguardamos del frio y del calor, del viento y la calma, de la nieve y el “viento blanco”, de las escasas lluvias y granizos. Pero lo más importante es que allí fijamos nuestra identidad, aprendemos a ver el mundo, a sentir, querer y actuar como Atacameños; escuchamos a nuestros mayores y vemos crecer a nuestros hijos y nietos. Por supuesto que meditamos sobre el “presente como un préstamo del futuro” que nuestros hijos y descendientes van a sufrir o disfrutar dependiendo de cómo dejemos la fuente donde se genera la vida que son los recursos y seres de la naturaleza. Entonces, la construcción en la zona rural de nuestro Pueblo se ubica en lugares estratégicos, teniendo en cuenta la salida del sol, la dirección y la intensidad de los vientos, la cercanía a lugares de pastura y aguadas. Se levantan con cimientos de piedra, paredes de adobe, techos de paja y barro en la modalidad de “guayado” o “torta”, sostenidos en tirantes o “tijeras” y alfajías generalmente de madera de cardón al igual que las pequeñas puertas y ventanas. La “casa

1 René Calpanchay es actualmente el Coordinador Comunero de la Comunidad Aborigen “Portico de los Andes” de Susques, como parte de los Pueblos Atacama. Durante el desarrollo de los trabajos del proyecto “Puna y Arquitectura” participó construyendo en distintas casas, además de haber dictado algunas charlas.

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de campo”, cuenta con algunas variaciones, con una “cancha” (cocina sin techo de paredes de piedra de mas o menos un metro que tiene un “fueguero” en el centro), una cocina circular cubierta, con mucha aireación tanto en las paredes como en el techo que también tiene un fueguero en el medio, una “ramada” (habitación grande para recibir visitas o compartir en las “señaladas”, “rodeos”, “carnaval” u otras festividades), una o dos habitaciones que se utilizan como dormitorios, según el número de integrantes de las familias y una despensa para guardar mercaderías, sal, cueros y lanas, todas ubicadas formando un amplio patio que generalmente da al “sol de mañana”, algunas casas también tienen horno de barro, a varios metros está situado uno o dos corrales para el ganado menor y mayor, un “carneadero” (para la faena de animales), un lugar de ceremonia a la PACHAMAMA y hacia el naciente un “huesero”, que no solo constituye un lugar energético, sino también es un lugar donde se puede establecer de que tiempo data la vivienda y la forma de alimentación en las distintas etapas. En tanto en la zona urbana se nota más la influencia de la “modernidad” con la introducción de otros materiales como la chapa de cinc (que tantos problemas nos produjo en la salud), la madera “abajeña”, el cemento y la cal o las pinturas. Los trabajos se realizan con la colaboración de la familia y vecinos, especialmente en el techado, porque cuando se termina la construcción, acostumbramos hacer una ceremonia y fiesta que llamamos “la flechada” para agradecerle y pedirle mucha energía a la madre tierra PACHAMAMA. Entre el 2003 o 2004, nos visitaron de la Universidad de Buenos Aires, ganaron la confianza de las familias y la “Asamblea de la comunidad” que es nuestra autoridad máxima de acuerdo a la forma colectiva de organización que tenemos y respetamos. Luego por consenso decidimos analizar y estudiar CONSTRUYENDO para entender la complementación entre los saberes ancestrales y la ciencia moderna, con acuerdos y reglas claras, respetando la experiencia y costumbres de la comunidad, recibidos como herencia cultural y los conocimientos científicos de docentes y alumnos avanzados de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Buenos Aires y los que se sumaron de otras Universidades. Así conformamos los equipos mixtos de trabajo, con Don Polo, Don Verónico, Manuela, Ranulfo, Arturo y tantos otros que se sumaron por la comunidad y por la universidad Jorge, Caro, Mariano y muchos jóvenes estudiantes. La meta era realizar construcciones nuevas, réplicas o remodelaciones de construcciones antiguas o deterioradas, en los lugares avalados por la “Asamblea de la Comunidad” y en acuerdo con las familias, siempre en forma solidaria, compartida y con el sis-

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tema de “minga”. Al principio a los de la comunidad nos causó un poco de asombro el hecho de ver muy entusiasmados a jóvenes foráneos de las “grandes ciudades de cemento” como Buenos Aires, cómo realizaban sus registros, tomaban fotos, mediciones, acarreaban agua, piedra, adobes, amasaban el barro y nos preguntábamos en silencio, ¿será esta su primera experiencia? ¿se acostumbrarán? ¿se cansarán rápido o se enojarán y abandonaran todo? Rápidamente la amistad, el respeto y el esfuerzo compartido hizo que superáramos los miedos y cualquier obstáculo, como cuando por ejemplo nos faltaba una herramienta de medición los alumnos realizaban sus cálculos matemáticos para superar el obstáculo con otros elementos y como funcionaba correctamente, nosotros tomábamos apuntes de las fórmulas para situaciones similares. Los días parecían transcurrir con rapidez concentrados en el trabajo, hablando mucho y haciendo un “cambalache” de conocimientos, intercambio de experiencias o reconociendo algunos fenómenos. Contemplar, cuando se estaba perdiendo el sol, cómo avanzaban nuestras paredes nos aliviaba el cansancio, pero el estómago nos estimulaba a ayudarla a doña Manuela y los cocineros a preparar la cena, para tener un tiempito para escuchar música o cantar algo para alimentar el espíritu que fortalece al cuerpo. En definitiva los valores, la mística de los pueblos indígenas andinos y el razonamiento lógico de la Universidad, con alguna mirada occidental, a través de esta EXPERIENCIAL INTERCULTURAL, nos permitió comprender que para VIVIR BIEN en estos territorios del que formamos parte los seres humanos, depende de la forma y los materiales que utilizamos para la construcción de nuestras CASAS, respetando pautas culturales heredados de miles de años. Como dirían los abuelos “hablando se entiende la gente”, fácilmente llegamos a los acuerdos, sumamos y ganamos todos, la Universidad puede compartir con los Pueblos Indígenas, conocernos y nosotros disfrutar de la “minga” y tener la satisfacción interna de poder aportar para la elaboración de un libro que quedará para el análisis de las nuevas generaciones y revertir “mitos extremos” que todavía algunos escudados en sus títulos profesionales siguen afirmando que “construir en la puna con adobes es criminal…”, nos preguntamos ¿será que lo hacen por cuestiones de mercado?¿por ignorancia de la cultura de los pueblos originarios? O por lo que sea, a ellos les decimos con humildad y con la experiencia de más de 10.000 años que así SOBREVIVIMOS y SEGUIREMOS VIVIENDO POR SIEMPRE. Muchas gracias a todos los que aportaron con trabajo, ideas, decisiones y a todos los que lean la obra.


Fig. 1. Dos de los momentos de trabajo durante el desarrollo del proyecto en Susques. El primero en un puesto, y el segundo en el pueblo.

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Rinconada, “el confín aurífero de la patria”, un pueblo histórico Juan Eudes Quispe, Juan de la Cruz Condori y Gregorio Gutiérrez

Es un deber moral rendir nuestros más sinceros homenajes a través de estas páginas a nuestros antepasados, quienes en la lucha por la defensa de sus tierras, ofrendaron sus vidas, desparramando su sangre en las serranías de Abra de la Cruz (1874) y Quera (1875). Como en otros innumerables combates desde la llegada de los españoles a estos territorios de Puna Jujeña atraídos por la existencia de la riqueza de sus suelos, como es el oro de Rinconada, que motivó además el surgimiento poblacional de este denominado “Confín Aurífero de la Patria”.

La voz de un pueblo que no tiene voz El por qué de esta expresión, durante el tiempo que llegamos a comprender el valor de nuestra cultura, nos sumergimos en la curiosidad de saber la forma de vida e historia de las generaciones del pasado. Durante ese tiempo tuvimos la oportunidad de rescatar hechos de trascendencia ocurridos en este territorio, pero narrado por exploradores que a su paso convertían estos hechos en historia, de forma igual que con el potencial y valor de nuestra cultura milenaria. Es por todo ello que confesamos con sinceridad, que no

fue fácil hacer esta declaración por varias razones. La más importante de todas, es que no somos personas entendidas en la materia. Pero al internarnos en el campo del pasado, analizando cómo aquellas personas mencionan a Rinconada desde otro ámbito, caemos en una profunda tristeza, dando lugar al interrogatorio siguiente: ¿Cómo puede ser posible que otros hablen por nosotros? Episodio que nos motivó e impulsó a atrevernos a manifestar, tal como lo estamos haciendo, por supuesto no sin antes disculparnos ante aquellas personas entendidas en la materia, que no es nuestra intención tocar susceptibilidades de alguien, ni mucho menos dañar sentimientos morales; sino más bien lo hacemos por intentar incursionarnos en el campo de la historia, que legitimamente son de propiedad de quienes habitamos, aún pese a los tiempos transcurridos.

Rinconada a través de los tiempos Rinconada es la localidad cabecera del departamento. Dista de San Salvador de Jujuy aproximadamente 290 kilómetros y el arribo a ella suele ser siempre a través de la

1 Juan Eudes Quispe es actualmente el Secretario de Cultura y Turismo en la Comisión Municipal de Rinconada; Juan Condori forma parte también de la Comisión Municipal; mientras que Gregorio Gutiérrez fue el presidente del Centro Vecinal durante el desarrollo del proyecto. Más allá de los cargos que les toca o tocó ocupar, los tres son vecinos de Rinconada y participaron activamente en los trabajos realizados tanto en la organización como en la tarea de construir en las distintas casas.

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Ruta Nacional 9 y la Provincial 7. Se halla situada en pleno altiplano, con una altura sobre el nivel del mar de 3950 metros. Cuenta con Comisión Municipal y Centro Vecinal, y su población actual es de aproximadamente 496 habitantes, y alrededor de 136 viviendas. Dispone de un Centro de Salud, Comisaría Seccional (con radio), Registro Civil, energía eléctrica y agua potable permanente, teléfono público y Correos. Mientras que la enseñanza primaria se recibe en la Escuela N°23 “María de los Remedios Escalada de San Martín” y la secundaria a través del Colegio Polimodal N°4. Rinconada y su jurisdicción siempre fue habitada por hombres originarios de estas tierras, dedicados a la cría de ganado propio de América como las llamas, y luego también las ovejas y cabras. Por ser una región inhóspita, unos que otros se dedicaban a la agricultura. Vivían en forma organizada en comunidades en las regiones planas de Ciénego Grande, Lagunillas, Aguada, Guayatayoc, Cerro León, Pan de Azúcar y Carahuasi, y los cerros y quebradas de Santo Domingo y Casa Colorada. Su población data del siglo XV en adelante, según versiones de historiadores, su surgimiento como población es a través de asentamientos humanos, que atraídos por la riqueza de sus suelos, proliferó la llegada de muchos viajeros entre ellos los colonos de España, quienes a su vez mediante arreglos con los poderes que gobernaban nuestro territorio, sometían y esclavizaban a los indígenas del lugar, ordenando a trabajos de explotación del metal precioso, el oro. También por otro lado fue y lo es hasta la actualidad, marginado en la posesión territorial de sus habitantes, esto también se supone que se debe a la existencia de metales en la región y otros intereses, la Batalla de Quera (1875) demuestra fiel testimonio de este hecho. El potencial arqueológico-histórico de Rinconada se puede observar a través de la estructura irregular de sus calles, el estilo de construcción en su casco céntrico histórico, sus edificios construidos en la época como el Cabildo, la Iglesia o la Plaza. Otros son de construcción posterior como la escuela, la policía, el correo, entre otros. Rinconada fue un centro de explotación aurífera y testimonian este hecho los dos socavones mineros que atraviesan el subsuelo de la población. A muy corta distancia también se encuentra la mina de oro “El Cóndor” y otro tanto las minas “Pueblo Viejo”, “Santa Rosa”, “Santo Domingo” y la quebrada de “Casa Colorada”. Por todo lo demás puede ser verídico este relato en la temporada de verano, cuando cesa la lluvia y fluye el oro en las arterias de la población. Otros sitios de interés que se encuentran dentro del ejido de la jurisdicción municipal se pueden encontrar a distancias más prolongadas, siendo: el Pucará de Rinconada (arqueológico), las Tumbas de Quera (histórico), Piedra Campana de Carahuasi (natural), Misa Rumí en Casa Colorada (religioso), Pueblo Viejo de Guayatayoc, Ruinas Arquitectónicas de Saviayoc, y el conocido mundialmente Monumento Natural Laguna de Pozuelos. Para la toponimia del vocablo Rinconada, Antonio Pa-

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leari toma del diccionario de la Real Academia la temática del vocablo: “Apartado del centro, retirado, desatendido y olvidado”. Rinconada y sus habitantes, forman parte de uno de los cinco departamentos de la Puna Jujeña que también supieron de las luchas por la Independencia Nacional y posteriores. En su suelo se libraron diversos combates como el del 10 de diciembre de 1816, el del 10 de diciembre de 1819, y la inolvidable hecatombe de Quera el 4 de enero de 1875. Si bien en este último se perdió la batalla, se ganó la posesión de nuestras tierras, sacrificio humano que para conseguirlo se tuvo que regar con sangre indígena las serranías de Quera.

Agradecimiento Finalmente vaya nuestra gratitud al Dios todopoderoso, que nos dotó de sabiduría, y el don de conocimiento para interesarnos en esta tarea de la búsqueda y rescate de la historia la cultura vivida a través de los tiempos por diversas generaciones en esta región. De idéntico modo al Gobierno Municipal de este pueblo que de una u otra forma apoya este emprendimiento, y todas aquellas personas que nos guiaron, cultivaron, enseñaron, y modelaron nuestro ser en la vivencia cotidiana, haciéndonos instrumentos de servicio a la sociedad. Finalmente, vayan nuestros inmensos reconocimientos a quienes trabajaron en el Proyecto experiencia “Puna y Arquitectura”, dependientes de la Universidad de Buenos Aires, quienes en la curiosa tarea de interiorizar sus conocimientos encararon el citado proyecto, tomando como centro operativo los departamentos de Rinconada y Susques, anclados en plena Puna de Jujuy. Este proyecto, que como punto de partida fue de amplio beneficio y gratitud, ya que no sólo se benefició a familias de escasos recursos económicos y físicos, sino más bien fortaleció a las comunidades en la conservación del estilo de construcción de la zona con la utilización de materiales comunes de la región, como ser barro, paja, cuero de llama (chipa), y palizada (queñoa). Nos permitimos manifestar que todo lo emprendido fue de un aprovechamiento al 100% de lo propuesto. En este espacio de gratitud, es notorio el aporte hecho de la Comisión Municipal de esta localidad, familias beneficiadas, y alumnos interesados en la materia, como si también a los que fuimos protagonistas en esta oportunidad señores Juan Eudes Quispe, Secretario de Cultura y Turismo, Gregorio Gutiérrez, Presidente del Centro Vecinal, y Juan de la Cruz Condori, entre tantos otros. Por lo que significa para nosotros este espacio finalizamos con un caluroso abrazo de afecto y amor hacia todos los que tengan la oportunidad de enterarse de que en este Rincón de la Puna también se obra con lealtad y patriotismo de argentino. Muchas gracias.


Fig. 1. Celebraci贸n de las fiestas patronales dedicadas al patrono San Jos茅 frente a la Capilla de Rinconada (Diario La Prensa, 17 de agosto de 1930)

Fig. 2. Un sector de la plaza de Rinconada con el Cabildo a la derecha, y, a la izquierda, el edificio que fue demolido para construir la sede actual de la Comisi贸n Municipal (Diario La Prensa, 29 de octubre de 1939)

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Introducción y acercamiento a la realidad del Pueblo Kolla Jorge Mamani

Los Kollas somos la continuidad histórica y cultural como Pueblo, la matriz cultural andina se manifiesta hoy en día en nuestra forma de vida tradicional que involucra, la pequeña agricultura, la ganadería, el trabajo del oro aluvional de manera artesanal, la lengua quechua, la arquitectura andina, el manejo de la medicina tradicional; la curación, la leída de las hojas de coca, el recibimiento de los ajayus de nuestros abuelos, corpachar y chayar con la Pachamama, todo lo que hacemos todos los días hacen a nuestra identidad cultural en la diversidad. Principalmente nos ubicamos en la Región de la Puna en los departamentos de Cochinoca, Yavi, Santa Catalina y Rinconada y conformamos la mayor cantidad de comunidades en esa región de alrededor de 96 comunidades, espacialmente dispersas. Por otro lado, algunas comunidades se encuentran en la Quebrada y Valles. Tenemos que decir que el Pueblo Kolla también tiene presencia en la Provincia de Salta. La población total de la Puna (en sus 5 departamentos) es de 39.337 habitantes, la mayoría pertenecientes a los Pueblos Kolla que incluyen los Dptos., de Yavi, Rinconada y Cochinoca y Santa Catalina (35.709) con el cual enfocamos el proyecto regionalmente porque compartimos la misma matriz cultural. Más de la mitad (54%) se ubica en las dos ciudades más importantes: La Quiaca que cuenta con 13.761 habitantes en el

departamento de Yavi y Abra Pampa con 7.496 en el departamento de Cochinoca. El resto de la población en la región es rural y es de 18.080 habitantes. De los cuatro departamentos, Cochinoca y Yavi tuvieron un crecimiento poblacional entre el año 1991 y 2001 y contienen las dos urbes más importantes de la zona. En el departamento de Santa Catalina prácticamente no se modificó el número de habitantes entre ambos censos y en el departamento de Rinconada disminuyó la población. La razón más importante para esta disminución fue el cierre de la Mina Pirquitas y Mina Pan de Azúcar, con el consecuente éxodo de habitantes, especialmente a las localidades más importantes de la región y de otras zonas como por ejemplo Humahuaca o Tilcara en la Quebrada. Históricamente pre-existimos antes de la conformación del Estado Argentino por lo cual el derecho del Estado Argentino nos reconoce a partir de la Reforma de la Constitución Nacional en el año 1994 incorporando a tal fin el articulo 75, inciso 17. La lucha por nuestro territorio se remonta a cuando nuestros abuelos levantaron las armas en la Batalla del Abra de la Cruz y de Quera (1874 y 1875) en ejercicio a nuestros derechos consuetudinarios. Consecuencia de ello el ejército argentino reprime duramente nuestra autonomía fusilando en cada plaza de los pueblos de la puna a nuestros máximos dirigentes e incorporando delegaciones educativas

1 Jorge Mamani es actualmente el presidente de la Comunidad Aborigen de Rinconada y, a su vez, de...

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y militares, cumpliendo en aquellos tiempos la más dura de las humillaciones sobre nuestra cultura y sobre nuestra vida tradicional. En el año 1946 la demanda por las tierras nos une también con los Kollas de Salta para caminar hacia Buenos Aires, consecuencia de ello nuevamente reprimen a nuestros abuelos y después de 10 años se expropian las tierras a los terratenientes de la Provincia de Jujuy. Hoy podemos decir que la provincia de Jujuy es una Provincia Indígena donde juega un papel importante el auto reconocimiento Kolla tanto de la zona rural y urbana, a todo esto tenemos que reconocer a los Pueblos Tilian, Kechua, Ocloya, Toara, Atacama, Omaguaca, y del Pueblo Guaraní.

Identidad económica del Pueblo Kolla Se remite a la ganadería (cría de ovejas, llamas), la agricultura (papa, maíz, flores, haba, oca, hortalizas y verduras), la minería de aluvional de oro artesanal, saleras, canteras de piedras a pequeña escala sin la utilización de químicos y sin hacer abuso del agua por lo cual permite desarrollarnos sosteniblemente. El manejo del suelo tiene que ver también con la rotación de cultivos y del pastoreo de los animales tanto para verano e invierno. Las artesanías son también parte del ingreso actual. El trueque de productos con otros pueblos es habitual en la Manka Fiesta (fiesta de la olla) La Quiaca, y en la Pascua de Abra Pampa. Esto son unos de los puntos donde la gente de las Comunidades confluyen para trocar y vender sus productos. El comercio de ropa, utensilios, calzados, carne, coca, accesorios de bicicleteria y/o domésticos, api, empanadas, jugos, helados, que la gente vende y compra en las calles, también son actividades que hacen a la subsistencia. La actividad económica predominante en la región es de tipo familiar en pequeña escala asentada fundamentalmente en la actividad ganadera. La agricultura se encuentra fuertemente limitada por la condición agroecológica del lugar, restringida a pequeñas parcelas con acceso a riego, donde se cultiva papa andina, haba, ajo, cebolla y otras hortalizas para el autoconsumo. Hay algunas experiencias de cultivo de hortalizas bajo cubierta (invernaderos andinos) y si bien el manejo de esta tecnología no se encuentra muy afianzada, podría constituirse en un medio importante para la provisión de alimentos frescos y de buena calidad nutricional. Un aspecto a tener en cuenta es la oportunidad comercial que encuentra, actualmente, la producción de papas andinas. Esta situación, si bien impulsa el rescate y la revalorización de este cultivo, puede generar un importante incremento de esta actividad con el riesgo de caer en un sistema de monocultivo inapropiado por la fragilidad ambiental de la zona. La ganadería pastoril trashumante es lo predominante con rodeos de tipo mixto, compuesto principalmente por ovejas y llamas (incorporando en distintas zonas y proporciones cabras y/o vacas) con un fuerte componente de producción para

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el autoconsumo. Presenta serias limitaciones de infraestructura (apotreramiento, corrales, refugios, salas de faena), provisión de agua (captación, conducción y almacenamiento) y baja incorporación de tecnología. La alimentación se basa en el pastoreo directo con encierre nocturno sobre pasturas naturales y en algunos casos incorporación a la cadena forrajera de pasto llorón y en pequeñas parcelas con riego, alfalfa y cereales de invierno. En ovinos, sobre la base de ganado criollo se han introducido reproductores de razas Corriedale (doble propósito), Merino (orientada a lana) y Hampshire Down (“cara negra”, orientada a carne), expresándose en majadas mestizas de gran heterogeneidad y sin una orientación clara y consecuente mejora de un producto definido de calidad (lana, carne o ambos). Los machos permanecen con el rodeo todo el año y al no haber diferenciación por categorías las hembras entran en servicio anticipadamente, condicionando su posterior desempeño reproductivo. No se realiza una adecuada selección genética -ni de las hembras para reposición ni de las madres en producción- por lo que permanecen en el rodeo, un elevado número de animales improductivos Las actividades de intercambios, trueques o cambalaches, entre diferentes regiones, si bien han perdido la importancia que presentaban antiguamente, son revalorizadas en la actualidad, por organizaciones locales y pretenden constituirse en una alternativa mas para la economía regional. Las actividades de compra – venta se encuentran fuertemente relacionados con el sistema de intermediación y se complementa con el mercado local a través de la provisión y/o intercambio con comercios locales, escuelas y otros habitantes de la zona. Resulta problemática la comercialización de carne en las zonas urbanas ya que no se cumplen con las normas bromatológicas, lo que exigirá un proceso de articulación entre las organizaciones de las comunidades, la Comisión Municipal, el IPAF, el PSA Jujuy, la Red Puna y la CO.DE.PO (Corporación para el Desarrollo de la cuenca de Pozuelos), Unión de Pequeños Productores de la Puna, Desarrollo Local, Cooperativas de Productores, entre otros, para poder garantizar la venta de un producto de calidad adecuada.

La propiedad sobre la tierra Es menester considerar que a partir del año 1996 se ha puesto en marcha en la provincia el “Programa de Regularización y Adjudicación de Tierras para las Comunidades Aborígenes de Jujuy (PRATPAJ)”, creado por el Estado con la finalidad de devolver los territorios comunitarios a sus tradicionales ocupantes. Este Programa cuenta con financiamiento del Estado Nacional a través del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, y es consecuencia directa de la reforma constitucional de 1994 que consagró en su artículo 75 inciso 17: Corresponde al Congreso reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar


el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones. El régimen de tenencia de la tierra tiene una particular característica en la provincia de Jujuy, ya que  el 45 % de la superficie reviste el carácter de tierra fiscal. La mayor extensión de las tierras fiscales corresponden a la Región de la Quebrada y Puna,  con una extensión superior a 1.500.000 has. (Fuente: Secretaría de Ambiente y Desarrollo sustentable de la Nación, Programa Nacional de lucha contra la desertificación). La situación actual es que la mayoría de las comunidades del departamento de Rinconada y Santa Catalina ha iniciado el trámite de inscripción de la personería jurídica indígena consiguiendo dicho el registro no así la titulación comunitaria de sus tierras, debido a que el programa estaba orientado a regularizar tierras fiscales y mientras que en 99 % de las tierras de estos departamentos se sitúa sobre tierras individuales, con titulares registrales fallecidos a la fecha en muchos casos. También adquiere relevancia la falta de consenso entre los pobladores respecto a la opción por títulos comunitarios de propiedad por sobre los títulos particulares de derecho privado, en muchos casos por desconocimiento de la institución de la propiedad comunitaria, figura inexistente en el derecho positivo argentino hasta la Reforma Constitucional referida. También se han identificado casos de conflictos limítrofes entre comunidades del territorio. Estos diferentes escenarios jurídicos de las tierras requieren de acciones específicas para la consecución de los objetivos del PRATPAJ. En el mes de Mayo de 2006 el Tribunal Contencioso Administrativo de la Provincia de Jujuy hizo lugar a un recurso de amparo interpuesto por las Comunidades de los Pueblos Indígenas de la Provincia de Jujuy. En el fallo el Tribunal condena a la Provincia de Jujuy a entregar en forma definitiva en carácter de propiedad las tierras, y le otorga un plazo de quince meses  para que dé cumplimiento con lo ordenado en la sentencia, trascendiendo el concepto de Tierras por el de Territorio. Trabajamos en estos momentos (con el resto de los CPIs) a partir de la sanción de la ley 26.160; la que suspende los desalojos en tierras indígenas. Por primera vez se disponen de fondos para el relevamiento técnico-jurídico-catastral de las tierras que en forma tradicional, actual y pública ocupan las comunidades indígenas; las Labores profesionales en causas judiciales y extrajudiciales; los programas de regularización dominial a través del Programa de Relevamiento Territorial Indígena en Comunidades Indígenas, por lo cual

tenemos la meta de ejecutar a la brevedad este programa ya que hay toda una serie de violentos desalojos, agresiones físicas y verbales en los diferentes Pueblos en especial en la Puna por parte de los Terratenientes.

Educación En los últimos años la visibilización de los Pueblos Indígenas en Argentina se ha instalado en la estructura y agenda del Estado a partir de la generación de políticas públicas que atienden a esa diversidad cultural. Estas acciones compartidas desde la reivindicación y el ejercicio del derecho de los Pueblos hizo que a nivel educativo la Ley 26.206 contemple la “modalidad EIB” como figura para garantizar la Educación Intercultural en más de 24 Pueblos Indígenas. Por tal motivo este proceso de reconocimiento también estuvo ligado a la emisión de becas para todos los alumnos indígenas con el fin de incentivar, apoyar económicamente a la terminación de los estudios primarios, secundarios y terciarios. Se plantean dificultades técnicas y de burocracia para la recepción, documentación, seguimiento de las mismas, por lo cual repercute en los territorios a través de la incertidumbre y la inestabilidad comunitaria por la no consecución de los estudios por parte de los beneficiarios. Desde una mirada positiva podemos ver que también muchos jóvenes terminaron sus estudios proyectando nuevas perspectivas para seguir aprendiendo.  El derecho a la educación debe ser revisado estructuralmente ya que consideramos que tiene que haber un trabajo de fondo de nosotros con Uds. Para definir políticas educativas diversificadas basadas en el derecho consuetudinario y estatal para lo cual es necesario encontrarnos para operativizar esta demanda como primer punto. En segundo lugar consideramos que la ayuda de becas indígenas es una beca que posibilita hoy a sobrellevar la vida de subsistencia de cientos y cientos de niños, jóvenes hombres y mujeres a mejorar su calidad de vida en el contexto en el cual nos encontramos, ya que con el acompañamiento de tutorías hoy es posible hacer un acompañamiento desde la identidad y el ejercicio del derecho, por lo cual consideramos necesario la entrega de formularios de becas para este año. La vida del estudiante en un principio se desarrolla primero desde la Comunidad, donde es común asistir a la Escuela sin dejar la vida en el campo, caminando mayormente varios kilómetros para llegar a la Escuela, más adelante esto se acentúa dejando el campo de a poco y asumiendo la vida en un albergue. En la Secundaria, el trabajo es más notable por lo cual los viajes para trasladarse a una escuela secundaria  son más largos. En relación a la migración: mucha gente especialmente  los jóvenes terminan por hacerse cargo de la familia en particular de niños y de las personas mayores del campo. La mujer ha sufrido y sufre la discriminación por ser mujer y por ser indígena, año a año quien migra

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primero y quienes terminan primero sus estudios desde que existe esa posibilidad, son los hombres y la mujer más allá de tener el legado cultural del Pueblo Kolla es quien más trabaja para llevar adelante la vida globalizada y aculturizada. Por lo cual es compleja la situación estudiantil en la zona rural en comparación con los Kollas que viven y se sobre-explotan como mano barata en la ciudad para intentar estudiar. A esta altura muchos de nosotros los jóvenes no solo sufrimos el desarraigo sino también la necesidad de migrar hacia el sur para buscar nuevas perspectivas de vida, estudio, trabajo, con carga familiar para llevar adelante. En las visitas en las comunidades de la Puna también se idéntifico el poco presupuesto en los comedores de las Escuelas, por lo cual significa reducir la dieta de los niños: esto impide el desarrollo escolar. A partir de 2 movilizaciones de este año no solo se logró visibilizar esta problemática sino también mostrar cómo los niños concurren a establecimientos cerca de Pasivos Ambientales Mineros como es el caso de la Escuela Pan de Azúcar que luego de su traslado en este año de la Mina al Pueblo, los niños de todas maneras tienen que atravesar un rio seco donde hace mas de 20 años recorrieron los Metales Pesados de la Mina Pan de Azúcar, cuyo afluente cobra vida todos los veranos y mueren animales, plantas, pájaros, etc, etc. El acceso a la Educación tiene que ver con múltiples factores que hoy inciden directamente al Pueblo Kolla entre ellos las largas distancias que se recorren los niños, como así también de las largas distancias que tienen que atravesar los docentes para conseguir agua para que funcione la educación de los niños, en varias oportunidades se detectó la no concurrencia de los docentes por la escasez del agua. Y por medios televisivos (La Liga) se mostró a la sociedad argentina de cómo los niños de Pan de Azúcar no toman agua en el almuerzo debido a la escasez. La discriminación a las mujeres Kollas se transparenta más en las ciudades, donde a través de insultos denigrantes se le baja la autoestima, se la trata como a una persona que cumpliría mejor su rol de empleada doméstica por ser indígena. De hecho en los poblados Kollas menos urbanizados como Abra Pampa o La Quiaca se está implementando una campaña de sensibilización para informar sobre los derechos de los Pueblos Indígenas con el fin de comenzar a descolonizarnos, cuya responsabilidad recae en el rol de las Comuneras y Comuneros ante la falta de respeto que todo se humano vive. En lo que respecta a las Lenguas Indígenas existen cantidad de quechuahablantes dispersos en toda la Puna, quienes todavía no se encuentran ocupando su lugar en pie de igualdad en los establecimientos educativos debido a varios factores: a) El derecho a la Lengua Indígena es violado en los Pueblos Indígenas de Jujuy, ya que no se jerarquiza a los Yachachej en su rol de educadores indígenas.

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b) Se discrimina a los quechuahablantes institucionalmente porque el órgano de aplicación en la provincia los excluye de la política educativa. c) El derecho a la igualdad se transversaliza con el acceso a la educación, al agua, a la alimentación, a la Salud, a la lengua y por lo cual no puede haber un Pueblo, sin agua, sin alimentación sin salud, sin lengua ya que por todos estos factores se transmite la cultura.

Las relaciones institucionales y de apoyo al Pueblo Kolla La articulación con las organizaciones como C.O.A.J. (Consejo de Organizaciones Aborígenes de Jujuy) y Red Puna, la Asociación de Pequeños Productores de la Puna, la Red Kolla, entre otras hizo posible poder llegar a Asambleas de Comunidades a nivel departamental en la Puna, para elaborar la propuesta, por ejemplo: en La Ciénega, El Angosto, Santa Catalina, Misa Rumi (Dpto. Santa Catalina); Rinconada, Casa Colorada (Dpto. Rinconada), La Quiaca (Dpto. Yavi), Abra Pampa (Dpto. Cochinoca), considerando que para estos dos últimos espacios de reunión son de fácil acceso y donde el Representante del Pueblo Kolla llega mas fácilmente. La relación interinstitucional con las organizaciones es hoy un eje importante de trabajo, donde las Comunidades mantienen su independencia política en relación a estas organizaciones y trabajan por temas en común para el beneficio del Pueblo Kolla que son todas las Comunidades. Los Espacios Deliberativos Comunitarios tienen su punto de partida en la reunión de cada Comunidad Indígena, a partir de allí confluyen en espacios mas grandes donde los Comuneros y Comuneras trabajan en diferentes aspectos que hacen a la vida de las Comunidades del Pueblo. Las Comunidades del Departamento de Santa Catalina determinó llevar adelante Asambleas Departamentales de Comunidades con fechas rotativas en las Comunidades. En Yavi la reuniones Departamentales con las Comunidades se definieron mensualmente en la Casa Campesina, en este Departamento existen dos espacios Organizativos la de la RED KOLLA y la APPP (Asociación de Pequeños Productores de la Puna). En Cochinoca las Comunidades Confluyen en el CIC o bien el Salón de la Guardería Municipal, y donde coordina la reunión la Unión de Pequeños Productores de la Puna o bien la Comisión de Desarrollo Rural. En el Departamento de Rinconada las Comunidades más organizadas están en la Jurisdicción de Rinconada estas se convocan cada 2 meses en una asamblea que rota en 6 Comunidades, estas tienen como Organización Acompañante de Base a la RED PUNA. Todos estos espacios de organización tienen como protagonistas a los Comuneros y Comuneras del lugar.


El proyecto “Puna y Arquitectura” y el espacio doméstico puneño


Pensando el trabajo con la comunidad Un recorrido por el proyecto “Puna y Arquitectura” y sus aspectos metodológicos Carolina Rivet y Jorge Tomasi

“Es en la práctica de experimentar las diferencias donde nos descubrimos como yos y como tús” Paulo Freire (1994) “Pero no hay labor más eficaz, para dar solidez a esta búsqueda de lo americano, que la del viaje y la investigación en el mismo terreno” Rodolfo Kusch (2000 [1962])

Introducción En los distintos capítulos que componen este libro nos referimos a distintas temáticas relacionadas con la arquitectura, especialmente la doméstica, en Susques y Rinconada. Es así como se tratan tanto cuestiones generales sobre las configuraciones de las casas como los aspectos técnicos involucrados en su construcción. En este capítulo daremos cuenta específicamente de las características del espacio académico desde el que se han realizado estos trabajos. Entre el año 2005 y 2009 se llevó adelante una experiencia pedagógica y de extensión universitaria que se llamó “Puna y Arquitectura” y que se desarrolló en dos poblados puneños de la provincia de Jujuy: Susques y Rinconada. Esta experiencia consistió básicamente en un intercambio entre estudiantes de distintos espacios académicos y vecinos de ambas localidades a partir del que se buscaba que

los estudiantes se formaran en cuestiones específicas de la arquitectura puneña. En paralelo, se realizaban en conjunto acciones de construcción y mejoras en distintas casas intentando partir siempre de los puntos de vista locales. Durante estos años, se encararon trabajos en más de veinte casas entre ambas localidades abarcando tanto el ámbito rural como el urbano. El proyecto “Puna y Arquitectura” surgió inicialmente desde la cátedra Ramos, y siguió luego en su continuadora la cátedra Aboy, ambas de Historia de la Arquitectura en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, a lo largo de estos años también han participado estudiantes y docentes de otras cátedras e incluso de otras unidades académicas1. Como plantearemos, se ha intentado, con éxitos y desventuras, interrelacionar espacios de formación, trabajo de campo, reflexión e investigación en el marco de una

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actividad de extensión universitaria que intentó ser interdisciplinaria. Como mostraremos más adelante, se buscó, sin que fuera excluyente, tener un enfoque orientado hacia el trabajo de campo. En el contexto del proyecto todos los participantes han convivido con las familias, compartiendo con ellos, buscando que sea reconocido su punto de vista respecto de la construcción del espacio doméstico. De este modo, se esperaba facilitar un ámbito en que se reconocieran los saberes locales: las formas de pensar y hacer arquitectura vinculándose con las técnicas, uso de los materiales y, fundamentalmente, formas de habitar locales, considerando siempre la historicidad de las prácticas. Nos ha interesado tratar las problemáticas habitacionales, pero con el foco puesto en pensar sobre esas problemáticas junto con los actores y desde su universo de soluciones posibles. En este sentido, se trató a lo largo de estos años de respetar el rol de las organizaciones locales. Es así como en cada campaña se ha trabajado en conjunto con los Centros Vecinales, Comunidades Aborígenes y Comisiones Municipales de ambas localidades buscando integrar sus diferentes intereses. Este capítulo tiene como objetivo dar cuenta del enfoque desde el que hemos pensado esta experiencia con la intención de ponerlo en consideración y discusión. Esto implica reflexionar sobre el posicionamiento desde el que partimos en la metodología de trabajo y mostrar el alcance que ha tenido el proyecto. Con este fin hemos organizado el texto en dos partes: en la primera, sin adentrarnos de lleno en el proyecto, nos interesa plantear brevemente algunos puntos respecto al lugar de los saberes locales en el contexto de la formación académica. En la segunda parte sí describiremos puntualmente las características de esta experiencia de extensión universitaria.

El lugar de los saberes locales En los últimos años, distintos autores, especialmente en el marco de los estudios poscoloniales, han puesto el foco en la extrema subvaloración que ha existido históricamente hacia las diferentes formas de conocimiento no enroladas dentro de “las occidentales”: las propias de pueblos originarios, sectores populares, grupos campesinos u otras. En contraste, los saberes académicos y científicos eran vistos como la máxima expresión del conocimiento. Tal como propone Lander: “Las otras formas de ser, las otras formas de organización

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de la sociedad, las otras formas de saber, son transformadas no sólo en diferentes, sino en carentes, en arcaicas, primitivas, tradicionales, premodernas. Son ubicadas en un momento anterior del desarrollo histórico de la humanidad” (2005:24) Esas “otras” formas de conocimiento fueron habitualmente consideradas no sólo como una expresión del atraso, sino también como un límite a cualquier política orientada al desarrollo. Un desarrollo entendido como una acción que debía transformar de raíz las prácticas y el modo de entenderse en el mundo de esos grupos. En este sentido, siguiendo a Escobar: “Fue promovido un tipo de desarrollo que se correspondía con las ideas y expectativas del Occidente próspero, lo que los países occidentales consideraban que era el curso normal de la evolución y el progreso (…) al conceptualizar el progreso en esos términos, la estrategia del desarrollo se convirtió en un poderoso instrumento para la normalización del mundo” (Escobar 1996) Este no es un tema para nada ajeno a la arquitectura, como práctica y como disciplina, ni tampoco a las bases sobre las que se armó el proyecto “Puna y Arquitectura”. Son al menos dos los temas que podemos desprender: el primero se refiere al modo en que la arquitectura producida en la Puna por sus pobladores ha sido históricamente estigmatizada, tanto como los saberes involucrados y las técnicas constructivas utilizadas; el segundo, directamente relacionado, se vincula con las características de la formación universitaria: qué se enseña y qué no.

El imaginario sobre la arquitectura puneña Si repasamos las descripciones generadas por diferentes viajeros, científicos y funcionarios en las primeras décadas del siglo XX veremos que en forma recurrente se señalaba la precariedad, pobreza y atraso de las casas en las que moraban los pobladores (Cfr. Boman 1992 [1908]; Catalano 1930; Cerri 1993 [1903]; entre otros). Es posible observar una relación directa entre el modo en que son construidas ciertas imágenes sobre el paisaje puneño, las personas y las expresiones culturales, entre ellas la arquitectura. Mientras que los viajeros y funcionarios describían, y construían, un paisaje desértico donde la vida humana es prácticamente imposible, se empeñaban en retratar a los pobladores como

Por ejemplo, algunos de los participantes surgieron, además de las diferentes carreras de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, de las Facultades de Ciencias Económicas, de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Facultad de Ciencias Sociales de la misma universidad. Se sumaron también, estudiantes de la Universidad Nacional de Tucumán y, en el último año, de la Universidad Nacional de Jujuy. Además de personas que formaban parte del espacio de investigación del Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL).

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introvertidos, huraños y alejados de las costumbres de la civilización. En una suerte de continuidad descriptiva, en estos relatos la arquitectura local es tanto una consecuencia del atraso reinante como la causa del mismo dadas las consideraciones sobre la habitabilidad de las casas2. Tal como plantea Lander: “A partir de caracterizar las expresiones culturales “tradicionales” o “no-modernas”, como en proceso de transición hacia la modernidad, se les niega toda la posibilidad de lógicas culturales o cosmovisiones propias. Al colocarlas como expresión del pasado se niega la posibilidad de su contemporaneidad” (2005:26) A partir de la caracterización de los saberes y las expresiones culturales como atrasadas, se fue planteando la base para las acciones transformadoras de las poblaciones puneñas. De hecho, la Puna se constituyó como un espacio que debía ser transformado, que debía ser encauzado en la senda del “progreso”. La urbanización de la población, que residía en forma dispersa, fue una de las acciones más claras. En este esquema quedaban fuera las prácticas, actividades productivas y los saberes locales de los pobladores, y la propia manera de pensar su realidad. Las prácticas arquitectónicas no estaban exentas y los modos de construir locales fueron permanentemente estigmatizados en base a apreciaciones de orden estético, higienista o estructural. Es decir, se sostenía que las casas expresan la pobreza de la población, favorecían las enfermedades o el adobe no cumplía con las necesidades estructurales básicas. Entre los distintos ejemplos concretos que podríamos citar, cabe mencionar una Circular de 1911 del Ministerio del Interior dirigida a los Gobernadores de los Territorios Nacionales, incluido el de Los Andes, donde se establecía que los materiales que debían utilizarse en las construcciones eran el ladrillo cocido, el cemento armado o la piedra, quedando fuera los “materiales de ínfimo valor como el adobe crudo”3. Lo que nos interesa de esto, es que no sólo existieron discursos contrarios a las técnicas de construcción locales, sino que se desarrollaron políticas concretas orientadas a transformar las prácticas y abandonar ciertos saberes considerados menores desde los ámbitos oficiales. Incluso hoy en día este pensamiento, aunque no se exprese de la misma manera, ha demostrado una notable per-

sistencia. Valga como ejemplo el hecho de que los planes de vivienda social, en términos generales, suelen responden a esquemas “oficiales” irremediablemente asociados con determinados usos del espacio y de organización del grupo familiar que se pretenden como universales. Con el uso de determinados materiales ocurren situaciones parecidas: el adobe o las cubiertas con torta de barro siguen siendo asociados con la precariedad y la pobreza de recursos de los pobladores4, mientras que el uso de materiales alternativos, como la chapa, el ladrillo cocido o los bloques cerámicos, pareciera ser impulsado con el objetivo de lograr una “mejor calidad de vida”. De esta manera se niegan no sólo técnicas constructivas, sino también los “modos de hacer” locales bajo la imposición de otros. La referencia de Lander, que citamos algunos párrafos antes, respecto a la negación de la contemporaneidad de las expresiones culturales tiene otra implicancia importante para nosotros. De la mano de esta negación viene la caracterización de estas expresiones como estáticas, casi una arquitectura “detenida en el tiempo”, con un tono nostálgico. Estas interpretaciones, tanto como las civilizatorias, ubican a los modos de construir locales en un pasado remoto e intemporal. Este tipo de miradas han estado sumamente presente en las lecturas más románticas de la arquitectura puneña con un claro sesgo esencialista. Todo cambio suele ser puesto en términos de “pérdida de la pureza natural”. Cuando se plantean políticas desde esta posición, especialmente vinculadas con el patrimonio o el turismo, se tiende a un congelamiento de las prácticas y las materialidades. Tal como plantea MartínBarbero, se piensa el patrimonio desde la “inmovilización del tiempo” (1999:13) olvidando la dinámica de las prácticas culturales de los grupos sociales.

Los espacios de formación Generalmente, la formación que se brinda en las facultades de arquitectura, al igual que en otras carreras, se encuentra encerrada en los claustros universitarios. No es habitual que los estudiantes tengan la posibilidad de acceder a otras formas de conocimiento y de vincularse con otras problemáticas. Esto implica un sesgo en la educación y un distanciamiento del espacio universitario frente a otros actores sociales. Por otra parte, es posible observar que, en términos generales, la formación tiene un carácter esencialmente urbano. Escasamente la problemática del medio

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Valga como ejemplo lo dicho por Daniel Cerri, primer gobernador del Territorio de Los Andes, sobre las casas en la Puna: “sus míseras habitaciones son pircas con un techo compuesto de paja y arbustos malamente colocados, con el objeto ostensible de ampararse de los ardientes rayos solares más que de las lluvias tan raras en esas altas regiones” (1993 [1903]:41). 3 AGN, Serie Histórica III, Cuerpo 127, Carp. 12, F. 578 4 Si bien se ha citado en otros trabajos en este mismo volumen no está de más volver a mencionar que de las consideraciones del INDEC para el Censo de Población del 2001 se desprende que las construcciones con cubiertas de barro corresponden a la categoría más baja (MPF 2007). No es extraño entonces que en el caso de Susques, según los datos del mismo censo, algo más del 60% de las casas se correspondían en ese momento con esa categoría.

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rural y de su población está contenida en los programas de estudio o en las discusiones, dejando fuera de la formación una porción considerable del posible campo de acción de un profesional. Tal como plantea Víctor Pelli, la forma de pensar el ejercicio profesional, en principio de los arquitectos, lleva a que las necesidades, o expectativas de las personas, en el marco de su pertenencia social sean, “ignoradas, cuestionadas o, en los mejores casos, admitidas como válidas pero bajo las interpretaciones propias del arquitecto a cargo del proyecto, sin reconocer el carácter propio e intransferible, de la auténtica versión de la necesidad, imposible de determinar ajustadamente sin el aporte de quien la padece” (Pelli 2007:30) Existe entonces una disociación entre los ámbitos disciplinares y otros espacios de desenvolvimiento. Esta distancia se hace evidente en la formación de los profesionales, en los contenidos que son incorporados y en el modo en que se transmiten. Es así como, “(…) no sólo se desestiman otras formas alternativas de adquirir o manejar información, sino también se cierran las posibilidades de participación activa a otros agentes sociales que no pertenezcan al ámbito disciplinar” (Curtoni y Chaparro 2008:219-220) Sin ir más lejos, las técnicas tradicionales de construcción que se utilizan en una porción importante del país desde hace mucho tiempo (Ver, por ejemplo, Viñuales 1994), como la construcción con tierra, son escasamente mencionadas, sino ignoradas, en los cursos de grado, observándose una clara inclinación hacia los “materiales de tipo industrializado”. Esto no es menor puesto que se están negando lógicas que no sólo tienen pertinencia y factibilidad técnica sino que forman parte de las tradiciones constructivas locales en muchos sitios. La cuestión no se limita a lo técnico, ya que las diferentes concepciones del espacio, de la organización social de distintos grupos o sus historias tampoco suelen estar presentes. En este camino, el ámbito académico puede terminar funcionando como un espacio de reproducción de los esquemas dominantes y no como un ámbito para búsquedas alternativas o al menos de puesta en juego de la multiplicidad de puntos de vista existentes. En este contexto no debería sorprender que muchos profesionales, surgidos de estas mismas facultades, sigan mirando con extrañeza cuando se habla de la pertinencia del adobe, de la conveniencia de una cubierta con torta de 5

barro o, aún más, cuando se sostienen las ventajas que en determinados lugares puede tener un piso de tierra frente a uno de baldosas. Esta situación es aún más profunda cuando se trata de saberes populares que están casi ausentes de la universidad. De esta manera se deja de lado un enorme cuerpo de conocimientos y se minimiza el rol de todo aquello que no surge desde los espacios académicos. Es interesante que observemos lo planteado, desde la arqueología aunque absolutamente válido para la arquitectura, por Curtoni y Chaparro: “La construcción de conocimientos a la luz del pensamiento moderno, concentra y condena a los investigadores y por lo tanto a las ciencias sociales al dominio exclusivo de la academia, al ámbito elitista del manejo de los saberes. La consecuencia de ello es el establecimiento de una distancia cada vez mayor expresada tanto en la especialización del lenguaje (limitándose las posibilidades de diálogos) como en las relaciones con sujetos externos a las disciplinas e inmersos en situaciones específicas” (2008:218) En todo caso, el proyecto “Puna y Arquitectura” no fue planteado como una negación de la formación académica, sino más bien como un complemento. Se trató de una búsqueda para sumar otros puntos de vista respecto a la construcción del espacio doméstico, en este caso en dos localidades puneñas. La extensión universitaria es un camino posible para acercar el ámbito académico a otros actores de la sociedad5; no sólo para acercar posibles “soluciones” a sus problemáticas sino también, en un camino de ida y vuelta, para enriquecer la formación en la universidad. Sobre la base de lo dicho en estos últimos párrafos, en los siguientes puntos nos proponemos recorrer las características concretas que asumió este proyecto.

El enfoque y la metodología del proyecto “Puna y Arquitectura” La discusión sobre el rol y la importancia de los saberes locales, en este caso especialmente los relacionados con la arquitectura, y la necesidad de su inclusión dentro de los espacios de formación académica, en diálogo con otras formas de conocimiento, fue desde un comienzo el punto de partida de este proyecto; tanto como la centralidad dada a los pobladores de Susques y Rinconada en la definición de los trabajos y el cómo realizarlos. Ambos aspectos se orientaron hacia el mismo objetivo: la redefinición de las

Tal como plantea Beatriz Pedro: “Docencia, Investigación y Extensión son las variables del proceso de formación que se desarrolla en las universidades. Dos de esos procesos, el de enseñanza-aprendizaje y el de investigación científica, están reconocidos y constituidos como tales. La tarea de extensión, en cambio, es mayoritariamente desconocida. A través de ella la Universidad pone a disposición de la sociedad sus capacidades para mejorar la calidad de vida de la comunidad de la que es parte” (2009:12)

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relaciones entre los profesionales, en este caso estudiantes, y los actores locales. Se trató de evitar una comunicación unidireccional en la que sólo una de las partes fuera la dueña exclusiva del conocimiento, mientras que la otra se convirtiera en un mero receptor pasivo. Esta asimetría, habitual por cierto, irremediablemente está relacionada con la valoración de ciertos saberes, en general los disciplinares, por encima de otros. En este sentido, estamos alineados con lo que plantea Víctor Pelli, cuando sostiene que lo que se debería buscar es, “(…) la participación plena del habitante, concertada con los demás actores, en la tarea de definición de cuáles, y con qué prioridades, son sus necesidades; en este caso las habitacionales” (2007:34) En la práctica concreta, durante cada una de las campañas, se trabajó con una determinada cantidad de familias que proponían las modificaciones que querían encarar en sus casas. Es decir, los miembros de las familias fueron quienes definían la tarea a realizar (la reparación de un techo o la construcción de un nuevo recinto), las características espaciales de la construcción y los materiales y técnicas a utilizar. De esta manera se intentaba reconocer y poner en juego los múltiples conocimientos constructivos que de hecho un gran porcentaje de los pobladores tienen. En cada una de las casas en que se trabajó, alguno de los miembros asumía el rol de maestro constructor6 y dirigían los trabajos y, al mismo tiempo, les explicaban a los estudiantes las tareas a realizar, les mostraban cómo hacerlo y los corregían en el trabajo concreto. Básicamente, se constituían como profesores. El poner la prioridad en las miradas locales de ninguna manera impedía la discusión y el intercambio de visiones; más bien esas situaciones se presentaban continuamente. La diferencia radicaba en que el foco sí estaba puesto en reconocer las soluciones que los mismos pobladores tenían para ofrecer. De esta manera se ponían en discusión, tanto con los estudiantes como con los pobladores,

los discursos que le niegan la actualidad y pertinencia a la arquitectura local. En este sentido, el trabajo se constituía como un espacio de debate y de reconocimiento de los saberes locales. Asimismo, la participación de diversos constructores, de distintas edades y realidades personales, permitía romper con ciertos discursos que suponen la existencia de una homogeneidad de las formas de construir en la Puna: la idea de que las casas son “todas iguales”. Por el contrario, tal como se pone en evidencia en los trabajos contenidos en este mismo volumen, cada constructor tiene sus propias formas de llevar a cabo las técnicas y brinda en el trabajo su propia perspectiva construida desde su trayectoria. A partir de esto ha sido posible observar la considerable diversidad que existe en los modos de proyectar y materializar el espacio. Por otra parte, esta forma de trabajo permitió que las respuestas dadas en cada caso fuera específicas y no una solución genérica diseñada a priori. En los veintidós trabajos encarados la problemática era diferente y las acciones llevadas a cabo también7. Los materiales constructivos eran, en general, aportados por las mismas familias, fueran adobes, cañas o piedra. Dada la situación de ciertos grupos familiares, en ocasiones esto no era posible y en esos casos se generaron distintas soluciones. En algunas de las obras fueron las Comisiones Municipales las que aportaron materiales o bien los Centros Vecinales; en otras, algunos vecinos los cedieron o los intercambiaron por otros. Es decir, que los materiales necesarios surgían de las propias posibilidades de las familias o de sus organizaciones, poniéndose en juego redes de colaboración y cooperación existentes8. La participación de los grupos familiares ha sido fundamental en el desarrollo del proyecto. De hecho, el trabajo propiamente dicho se diseñó precisamente en torno a las familias. Los estudiantes se organizaban en equipos y, en la medida de las posibilidades, convivían en las casas durante las dos semanas que duraban los trabajos. De esta manera participaban en actividades cotidianas que excedían lo meramente arquitectónico pero que, entendemos, son funda-

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Idealmente eran miembros de las familias quienes asumían este rol, sin embargo, cuando en algún caso, no había una persona que pudiera asumir el rol de director de los trabajos, como de hecho ocurrió cuando en las casas vivían mujeres solas con hijos, algún otro poblador, en general pariente, dirigía la obra. En términos generales, este rol era ocupado por varones a partir de una cierta división del trabajo por género. Sin embargo, esto no implicaba que las mujeres no participaban, por el contrario lo hacía de un modo por de más activo en la definición de los trabajos. 7 Para el detalle de los trabajos realizados en cada una de las casas ver en este mismo volumen la sección de “Casas, puestos y domicilios”. 8 El proyecto colaboraba con las familias en los gastos de alimentación que surgían de tener a cinco personas más viviendo en sus casas. De la misma manera, se aportaron herramientas y equipamiento para los trabajos. Estos gastos se financiaron con los subsidios del Programa de Voluntariado Universitario de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación. El proyecto fue beneficiado con este programa en los períodos 2006-2007, 2007-2008 y 2008-2009. La logística de movilizar una cierta cantidad de personas, en general alrededor de veinte en cada campaña, tiene ciertas complejidades y costos. Por un lado están las precauciones en torno al cuidado físico que requiere cualquier trabajo de extensión universitaria especialmente cuando se trata de actividades de construcción. Respecto a esto, la Universidad contrató seguros específicos y, desde el proyecto, se realizaron cursos de Primeros Auxilios con la Cruz Roja para manejar cualquier situación compleja que pudiera darse. En cuanto a los costos, los participantes debían solventar sólo los gastos de pasaje hasta la provincia de Jujuy. Para las situaciones en que no podían hacerlo, se generó un sistema de becas de viaje. Todos estos costos fueron financiados por los subsidios mencionados en el punto anterior.

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mentales para comprender la constitución del espacio doméstico y su uso. Es así como se intentaba aproximar a los estudiantes a uno de los objetivos del proyecto: que se reconocieran otros puntos de vista respecto a la construcción del espacio mientras se relativizaban las propias categorías. En el caso de Susques, se sumaron a los trabajos estudiantes del secundario a partir de un convenio con el Bachillerato N° 3 de la localidad. En conjunto con esta centralidad del grupo familiar, desde un comienzo se buscó respetar el lugar de las organizaciones locales existentes y trabajar mancomunadamente. Esto implicó reconocer tanto sus puntos compartidos como la diversidad de intereses de cada una y la complejidad de sus interrelaciones. De allí, que en ambas localidades han estado, entonces, directamente involucradas las Comisiones Municipales, Centros Vecinales y Comunidades Aborígenes9. Asimismo, se trabajó en conjunto con la Prelatura de Humahuaca, lo que permitió que se sumaran las parroquias locales, especialmente la de Susques. La participación de cada una de estas organizaciones incluyó, por un lado, el trabajo concreto de construcción en las casas con aportes de materiales o transporte. Pero además de esto, de por sí importante, las tres organizaciones en cada una de las localidades seleccionaban las familias con las que se trabajaría cada año10. Si bien hasta ahora nos hemos referido exclusivamente al trabajo de campo, desde un comienzo se intentó que el proyecto abarcara distintas actividades a lo largo del año. En este sentido, se conformaron distintos espacios de acción que comprendían la formación, la extensión y una aproximación a la investigación. No se trataba de momentos autónomos sino más bien de formas de aproximación a la misma problemática, con un lugar importante, mas no excluyente, destinado para el trabajo de campo. Esta dinámica se ha ido transformando en estos cuatro años a medida que se reflexionaba sobre las acciones y se discutían los puntos de partida del proyecto. Los espacios de formación fueron planteados en diferentes niveles poniendo énfasis en la formación académica con una fuerte especialización en temáticas relacionadas con la problemática puneña. En cuanto a los espacios de formación, desde el 2005 se desarrolló un seminario intensivo anual dictado por distintos investigadores que tienen a la Puna como espacio de trabajo. De esta manera, se intentaba brindar un panorama de la pro-

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blemática puneña desde distintas disciplinas como antropología, arqueología, geografía, etnomusicología y arquitectura. A partir de esta actividad, además de enriquecer las miradas de los estudiantes, se buscaba brindar una aproximación teórica a aquello que luego se trabajaría desde la práctica. Siendo también un espacio de formación, el trabajo de campo se constituyó como una experiencia que permitía pensar la construcción del conocimiento, no como un camino unidireccional sino como una construcción dialéctica. Es decir, pensar los roles de maestro y alumno como posiciones dinámicas que pueden asumirse alternativamente durante el trabajo. Se trataba de no delimitar taxativamente quién es “el que sabe” y quién “el que debe aprender”, sino de establecer una relación entre distintos actores productores de conocimiento. Así como es válida la producción académica del conocimiento que se da en la Universidad, también lo es la de los pobladores en la Puna. En las relaciones que se construyeron entre quienes participaban desde el ámbito académico y los actores locales se producían múltiples situaciones de interacción cotidianas. Las decisiones respecto al qué y al cómo se realizaban los trabajos surgió de esa interacción. Los pobladores pusieron en juego sus conocimientos, sus diferentes modos de pensar y hacer arquitectura, y los estudiantes los suyos. De hecho, el intercambio se dio en múltiples sentidos tanto que en más de un momento han sido los pobladores que han recordado técnicas constructivas viendo a sus pares utilizarlas. El espacio de aprendizaje fuera de las aulas, el encuentro con un “otro” poseedor de un punto de vista diferente favorece una reflexión sobre las categorías construidas desde la pertenencia a un determinado colectivo disciplinar. En palabras de Esteban Krotz: “la situación del contacto entre culturas puede volverse, de esta manera, el lugar donde se puede ampliar y profundizar el conocimiento de sí mismo, y de su lugar de origen, para ser más exactos, de sí mismo como parte de su lugar de origen y de su lugar de origen como el resultado de los actos humanos, es decir, de sus propios actos.” (2002, resaltado en el original) En definitiva, esta experiencia del extrañamiento11 se presentaba como una forma de relativizar las categorías previamente construidas respecto a qué es una casa, sus usos y el rol

Específicamente han participado, en Susques: Comunidad Aborigen “Pórtico de los Andes”, Centro Vecinal de Susques y Comisión Municipal de Susques; en Rinconada: Comunidad Aborigen de Rinconada, Centro Vecinal de Rinconada y Comisión Municipal de Rinconada. 10 En el caso de Susques, los casos seleccionados se discutían además en las Asambleas Comunitarias que se llevan adelante dos veces por año. En estas Asambleas los responsables de las distintas instituciones y organismos presentes en la localidad (Escuela, Hospital, Policía o el Club Belén, entre otros) dan cuenta del trabajo realizado y los vecinos tienen la posibilidad de preguntar y demandar abiertamente. En nuestro caso, cada año se exponían también los resultados de los trabajos y el rumbo que tomaba el proyecto. 11 Krotz se refiere al extrañamiento como una experiencia dada por “la confrontación con las particularidades hasta entonces desconocidas de otros seres humanos” (2002).

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de un profesional en su definición. En la praxis específica del proyecto se buscó facilitar las condiciones que favorecieran no sólo la reflexión sobre la problemática del espacio doméstico, en este caso en la Puna, sino también, y especialmente, el pensar sobre la propia actividad como de un campo disciplinar. En el contexto de las tareas constructivas, cada equipo de trabajo llevó adelante un relevamiento detallado de las casas donde se realizaban los trabajos. Por un lado se ha observado y registrado el patrimonio tangible e intangible existente, y por el otro las tareas constructivas que se fueron realizando durante la experiencia. Estos documentos que se generaron incluyen, por otra parte, tanto las técnicas actuales que se usaron durante los trabajos, como aquellas que se identificaron en las construcciones existentes. El material recogido se procesó y sistematizó, para luego entregarlo tanto a las familias como a las organizaciones que, en algunos casos, lo han revisado y corregido. En tanto se buscó que participaran estudiantes de otras carreras, como antropología o sociología, los relevamientos se enriquecieron con las distintas miradas disciplinares. Es decir que a largo de estos cuatro años se conformó un enorme cuerpo de información sobre distintos aspectos de la arquitectura puneña, especialmente sobre las técnicas constructivas con tierra. De hecho, esos relevamientos fueron utilizados para las investigaciones que resultaron en los distintos textos de este libro.

Comentarios finales Para darnos una idea del alcance que tuvo este proyecto debemos mencionar que, en sus cuatro años de actividad, se han llevado a cabo siete campañas de trabajo12. En esas campañas se encararon intervenciones en veintidós casas tanto en espacios urbanos como rurales. Cada una de estas campañas tuvo una duración de dos semanas y las tareas fueron desde la reparación de techos con torta de barro o guaya hasta la construcción de recintos completos con adobe y piedra. Todos los proyectos surgieron de propuestas de las familias y las organizaciones locales, y se fueron modelando con todo el grupo a medida que el trabajo iba avanzando. A lo largo de estos años han participado más de cien estudiantes de diferentes carreras y se han sumado alrededor de ciento treinta personas de las mismas comunidades. Dadas las características del espacio doméstico puneño, al menos en Susques y Rinconada, no es menor decir que los trabajos se llevaron a cabo tanto en el campo como en el pueblo. Éste es un punto importante puesto que, por ejemplo, las políticas oficiales de vivienda se orientan casi de manera excluyente al espacio urbano y dejan fuera una

realidad que es más amplia. Si bien la población urbana hoy en día es significativa, para muchas familias la vida cotidiana transcurre entre las casas en el campo y sus puestos de pastoreo, con la movilidad propia de la actividad pastoril. Es decir que muchos de los grupos familiares residen en el campo y poseen, además de su casa en el pueblo, un domicilio o casa de campo y una cantidad variable de puestos de pastoreo entre los que se desplaza junto con sus animales, sean llamas, cabras u ovejas. Hemos intentado en este proyecto reconocer la importancia del pastoreo que no es sólo una técnica de producción familiar, sino que “constituye un modo particular de socialización de la naturaleza” (Göbel 2000/02:273). En relación con esto los trabajos constructivos se han desarrollado tanto en casas urbanas como rurales, incluso en puestos de pastoreo de acuerdo a las necesidades planteadas por los grupos familiares. Más allá de los datos cuantitativos, a lo largo de este texto, y del libro, hemos intentado mostrar una experiencia, generada durante cuatro años de trabajo, de poner en conjunto los saberes locales y los académicos. Las distintas estrategias puestas en juego permitieron el diálogo cotidiano y el intercambio entre personas con formaciones y trayectorias bien diferentes. En todo este tiempo se dieron numerosas instancias de colaboración, enseñanza y aprendizaje en la práctica concreta de los saberes. Estas instancias involucraron entrecruzamientos entre estudiantes de distintas disciplinas y los constructores y las familias. Distintos momentos en los que pobladores de edad recordaban las técnicas aprendidas en su juventud y podían mostrarles sus saberes no sólo a personas que venían de otros sitios, sino también a jóvenes de las mismas localidades. En este sentido, se ponía en juego la pertinencia y vitalidad de esos saberes, frente a los planteos que los convierten en una persistencia romántica o anacrónica. Entendemos que el reconocimiento de los modos en que se expresan las técnicas constructivas y cuáles son los puntos de vista locales sobre la arquitectura, es de importancia para cualquier tipo de trabajo de intervención o extensión en cualquier comunidad. En este sentido, creemos que, tal como plantea Jesús Martín-Barbero, se debe tener en cuenta “(…) la necesidad ineludible de que en las decisiones sobre lo que se considera patrimonio cuenten, tanto o más que los expertos y arqueólogos, las comunidades concernidas, único modo de que lo que se tiene por patrimonio responda no sólo al criterio de autenticidad sino sobre todo al de reconocimiento: que se trate de algo en lo que una colectividad concreta se reconoce como parte de su historia y su vida cultural” (1999:14).

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La primera campaña se realizó en el 2006; entre el 2007 al 2009 se encararon dos por año. Del total de siete, dos se realizaron en Rinconada y las restantes en Susques.

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La casa como una construcción múltiple y colectiva Aproximaciones al espacio doméstico en Susques y en Rinconada Jorge Tomasi

Introducción Una de las características del proyecto “Puna y Arquitectura” fue que los trabajos se realizaron intentando reconocer las particularidades que adquiere el espacio doméstico puneño. En este sentido, se ha buscado que las respuestas tuvieran en cuenta los puntos de vista locales sobre la casa y por eso se ha trabajado poniendo el foco en las intenciones de los pobladores. Nos interesa en este trabajo aproximar algunos elementos para comprender el espacio doméstico en Susques y en Rinconada considerando esos puntos de vista locales. Es decir, qué es lo que una persona de estas localidades entiende por la casa. Esto implica pensar la arquitectura no sólo como un objeto susceptible de ser analizado en su morfología o estructura sino desde su imbricación con aspectos de la realidad social de las personas. En este sentido, podemos partir de considerar que el espacio doméstico nos dice mucho sobre la cotidianidad de esas personas pero también sobre el modo en que pien-

san y organizan su mundo. Tal como observa Nielsen, la casa “puede ser analizada como un ‘cosmograma’ que sintetiza el entendimiento práctico del mundo que distingue a cada cultura” (2001:43). El material que presentaremos ha surgido del trabajo de campo que hemos encarado, especialmente en Susques, a partir del año 2003. Dentro de este trabajo debemos incluir las diversas campañas realizadas desde el proyecto “Puna y Arquitectura”. A los efectos de este texto recurriremos exclusivamente a los ejemplos en los que hemos trabajado en ese contexto con la intención de dar un marco que permita una mejor comprensión de los trabajos que conforman este libro. En una suerte de presentación conjunta, esos otros trabajos alimentan y enriquecen lo dicho en éste. Existen antecedentes importantes respecto a este tema de investigación en nuestra área de trabajo, y surgidos de distintos espacios disciplinares1. En este sentido cabe mencionar el trabajo realizado en la localidad de Huancar, a pocos kilómetros de Susques, por Bárbara Göbel (2000/02 y 2002) quien,

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Nos hemos limitado a los textos más recientes y cercanos a nuestra investigación sin embargo debemos mencionar la existencia de numerosos trabajos que recorren con diferentes enfoques la arquitectura puneña desde principios del siglo XX. Entre estos, los “Documentos de Arte Argentino” publicados por la Academia Nacional de Bellas Artes en la década de 1930 y 1940, y los textos contemporáneos, desde la antropogeografía, de Ardissone (1937), De Aparicio (1937) y Márquez Miranda (1945), entre otros. En la década del sesenta se publicaron en la revista “Nuestra Arquitectura” los trabajos realizados por Federico Ortiz, Rafael Iglesia, Miguel Asencio y Héctor Schenone sobre “Pueblos de encomienda en la Puna jujeña”. Asencio, Iglesia y Schenone (1974) publicaron “Arquitectura en el altiplano jujeño” algunos años más tarde. En la misma época se publicó la investigación de Alfredo Bolsi y Ramón Gutiérrez (1974) específicamente sobre Susques y que usaremos en este trabajo. Finalmente cabe mencionar la publicación del Instituto de Investigaciones de la Vivienda (1972), cuyo autor fue Hernán Urquijo, sobre “Tipos predominantes de vivienda natural de la República Argentina” que retomó algunas de las investigaciones realizadas treinta años

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entre otros temas, ha trabajado el uso del espacio asociado con la actividad pastoril. Desde la etnoarqueología son dos las investigaciones relevantes para este trabajo. Por un lado la de Hugo Yacobaccio y su equipo (1998) en el mismo Susques, vinculado con las características de los asentamientos relacionados con el pastoreo de camélidos. Por el otro, los trabajos de Daniel Delfino (1995 y 2001), en la localidad de Laguna Blanca en la Puna catamarqueña, que contienen un exhaustivo registro y análisis de los patrones de asentamiento locales pero a su vez recorren las técnicas constructivas. Para el caso de Rinconada no son abundantes las investigaciones, sin embargo se destaca la de Rodolfo Rotondaro (1991) en la Cuenca de Pozuelos. Sin poder abarcar en este trabajo la complejidad del espacio doméstico puneño, a lo largo de las próximas páginas nos proponemos plantear una aproximación a sus características en Susques y en Rinconada. Es así como en primera instancia intentaremos ponerlo en relación con la dinámica de la actividad pastoril observando la multiplicidad de espacios involucrados. Luego plantearemos las características de los domicilios o casas de campo, los puestos y las casas en el pueblo tomando los casos trabajados en el contexto de “Puna y Arquitectura”. Finalmente, consideraremos la temporalidad de la casa y su relación con la construcción de la historia familiar.

La multiplicidad de espacio doméstico puneño En los distintos textos de este libro se hace referencia a que los trabajos se realizaron tanto en casas en el pueblo2, en domicilios o casas del campo y en puestos o estancias3, es decir en los diferentes tipos de asentamientos que conforman el espacio doméstico en estas localidades. Para poder comprender qué significa exactamente esto que estamos diciendo, es necesario que observemos ese espacio doméstico dentro del universo más amplio de las prácticas sociales de los pobladores de estas localidades. Debemos adentrarnos al menos brevemente en el pastoreo de llamas, cabras y ovejas, que si-

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gue siendo central para muchas de las familias4, y su relación con otras actividades.

Dinámica y movilidad de la actividad pastoril Tal como plantea Göbel para el caso de Huancar, y que es válido para nosotros, el pastoreo no es sólo una técnica de producción, sino que “constituye un modo particular de socialización de la naturaleza” (2000/02:273). En este sentido, este tipo de actividad implica una particular concepción del espacio relacionada con la dinámica de desplazamientos estacionales de los pastores y su hacienda5. Tanto en Susques como en Rinconada, las familias usualmente poseen un determinado territorio, que suele llamarse pastoreo6, donde poseen una serie de asentamientos. Entre estos diferentes asentamientos se desplazan periódicamente siguiendo un cierto ciclo anual. A esta de por sí compleja realidad asociada con la dinámica del pastoreo, debemos sumarle la importancia que tiene la vida urbana y la casa en el pueblo. Incluso quienes están permanentemente dedicados al manejo de la tropa en el campo y se resisten a visitar el pueblo porque hay demasiado ruido, suelen hacerlo sea para compras periódicas de mercadería, venta de productos, celebraciones como los carnavales o las fiestas patronales7 o bien para las asambleas o reuniones. Esta lógica de desplazamiento tiene su correlato en el espacio doméstico. Tanto para Susques como para Rinconada, aunque con variantes, cuando hablamos de ese espacio doméstico debemos comprender que estamos ante una serie de diferentes unidades discontinuas en el espacio, que son ocupadas en distintos momentos del año. La disposición y características de estas unidades se relacionan con una serie compleja de variables interrelacionadas (ecológicas, sociales y simbólicas) que no cabe desarrollar en este texto. Lo que sí nos interesa en este momento es que las prácticas socioespaciales de los diversos grupos pastoriles y las formas de construcción del espacio doméstico están imbricadas íntimamente con las formas locales de territorialidad8.

A lo largo de este texto vamos a escribir en itálica cuando usemos nociones nativas, es decir aquellas que son usadas localmente con un sentido específico, lo mismo cuando aparezcan frases con este formato. Reservaremos el entrecomillado para las citas de otros autores. 3 Como se puede observar en la última sección de este libro, del total de trabajos realizados, trece fueron en casas en el pueblo, seis en domicilios y tres en puestos. 4 La relación entre la noción local de familia y el concepto de unidad doméstica es ciertamente compleja y su desarrollo excede los objetivos de este trabajo. Preliminarmente tomaremos a Göbel quien asimila ambas nociones cuando sostiene que “las unidades domésticas son denominadas familias” (2002:55) 5 El término hacienda se usa para designar al conjunto de animales que se encuentra al cuidado de una determinado pastor. Un sentido similar tiene el término tropa 6 Para evitar confusiones cuando hablemos de pastoreo con este sentido lo escribiremos en cursiva. Para designar el pastoreo como actividad lo haremos en estilo normal. 7 La patrona de Susques es Nuestra Señora de Belén, así se llama la Capilla, y las fiestas se realizan anualmente el 23 de enero. En el caso de Rinconada, el patrono es San José y su fiesta es el 19 de marzo. En ambos casos, son celebraciones centrales del calendario anual, aunque no las únicas importantes. 8 Entenderemos, empleando definiciones propias de la geografía, que la territorialidad implica una acción y estrategia de control y apropiación tanto material como simbólica por parte de un determinado grupo social de una cierta área geográfica (Cfr. Sack 1983; Haesbaert 2005).

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Analizar este espacio doméstico, entonces, requiere que lo pensemos como una totalidad compuesta por una serie de espacios discontinuos y diferenciados. No se trata de un único espacio de residencia que condensa todo el sentido de lo doméstico, sino más bien de un red de asentamientos (casa de campo y puestos o estancias9) que se desarrolla a largo del área sujeta al control de una familia, el pastoreo, al que se suma la casa en el pueblo. Cada uno de los componentes de esta red tiene funciones y sentidos específicos para este grupo, que puede contar con una cantidad variable de asentamientos diferentes que, sin embargo, conforman una unidad. Esto es consistente con lo que han observado previamente otros investigadores tanto para el área de Susques como de Rinconada. Rodolfo Rotondaro (1991), en su trabajo sobre la cuenca de Pozuelos, en las cercanías de Rinconada, sostiene la existencia de una “casa permanente” y uno o dos “puestos transitorios”. Por su parte, Hugo Yacobaccio observa que en Susques se emplea “una base residencial y de 2 a 7 asentamientos temporarios” (1998:38). Como él mismo aclara, no todos los “asentamientos temporarios” son utilizados durante el año10. Bárbara Göbel (2002), para el ya mencionado caso de Huancar, describe la presencia de una “casa central o casa de campo” y un promedio de cinco “puestos temporarios o estancias”. También es coincidente con lo observado por Delfino (2001) en Laguna Blanca, provincia de Catamarca: la existencia de “bases residenciales” y uno o más “puestos”.10 Como se ve, existe una coincidencia en los trabajos respecto a distinguir distintos tipos de asentamientos que están relacionados con el ciclo anual de movimiento de la familia y la hacienda. En todos los casos se marca la existencia de una casa de campo y una serie de puestos o estancias distribuidos en el pastoreo de cada familia a distancias que van desde los quince minutos a una jornada de caminata. Es interesante observar que esta forma de organización del espacio aparece también descripta por distintas etnografías dentro del mundo andino11. Como venimos mencionando, si bien el pastoreo sigue siendo la actividad que, no sólo desde lo productivo, organiza la vida cotidiana de muchas de las familias, hoy en día,

en relación con ciertos procesos históricos, la mayoría tiene algunos de sus miembros trabajando en pequeños comercios o empleos públicos en las mismas localidades o en ciudades de mayores dimensiones como San Salvador de Jujuy. En el caso de Rinconada, históricamente la minería ha tenido un rol central en la constitución urbana del pueblo y hoy en día, con grandes diferencias, sigue siendo importante12. Esto es interesante porque nos ayuda a pensar que difícilmente encontraremos a toda la familia viviendo en un mismo lugar. Algunos de sus miembros están en el campo, generalmente las mujeres, los niños o los mayores, otros en el pueblo y algunos un tanto más lejos. En general, las personas están en un constante movimiento que los lleva al pueblo, al campo o a la ciudad una y otra vez. Para cerrar este punto, creemos importante volver a poner el foco en la unidad que representan estos diferentes asentamientos; se trata de una totalidad que se constituye desde sus diferencias. Por eso es que nos referimos a la existencia de un espacio doméstico constituido por una serie de espacios diversos y discontinuos. La cuestión no es tan simple como decir que cada familia tiene muchas casas. Todos estos asentamientos son pensados como una unidad, están funcionando simultáneamente para el grupo familiar y son habitados por distintos miembros en distintos momentos del año. Los lugares de la familia son vividos y relatados como una totalidad que se integra desde la propia historia del grupo.

Casas de campo o Domicilio Debemos comenzar el análisis de las casas del campo recalcando su centralidad en el contexto del espacio doméstico. Al respecto, Bárbara Göbel plantea: “En el centro del espacio controlado por una familia se encuentra la “casa de campo”. Los miembros de una unidad doméstica son identificados por las otras familias de la región con el nombre del lugar, en el que se encuentra su “casa de campo” (…) El nombre del lugar de la “casa de campo” es el lugar que una persona menciona, cuando se le pregunta por su origen y por su pertenencia. Es

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En Susques suelen homologarse puesto y estancia, es decir parecieran ser formas distintas de denominar lo mismo. En cambio, en Rinconada, algunos pobladores de los alrededores nos han comentado que los puestos y las estancias son diferentes. 10 Como se ve, hay una cierta diferencia en los términos elegidos por los investigadores, aunque pareciera que se refieren a lo mismo. Si bien para este trabajo podemos simplemente igualarlos, estas diferencias tienen implicancias en las interpretaciones que requieren un análisis más profundo. Por otra parte, la cuestión de las denominaciones es importante porque puede generar confusiones ya que los mismos términos pueden nombrar cosas distintas en diferentes lugares. 11 Entre los muchos ejemplos posibles, y sólo como algunas muestras, Palacios Ríos (1990), tomando como caso la población de Chichillapi en Perú, distingue la existencia de una “vivienda central básica” (hach´a uta) y “varias viviendas estacionales” (anaqa). Palacios Ríos indica que no existen residencias en un centro poblado, cuestión que es diferente para nuestros casos de estudio. Flores Ochoa (1967), en un clásico sobre los pastores de Paratía también en Perú, describe una “estancia”, que en este caso es la casa principal en el campo, y una serie de “cabañas”, además de las casas en el poblado. Finalmente, Arnold en Qaqachaka, Bolivia, observa la existencia de la “casa familiar” (uta) y “viviendas de pastoreo” (jant´a) que están “dispersas por los cerros y en niveles ecológicos diferentes” (1998:41) 12 No podemos olvidar que en las cercanías de Rinconada se encuentran actualmente diferentes explotaciones mineras. Entre éstas, la más importante y, al menos, polémica, es Mina Pirquitas, donde trabajan algunos pobladores de Rinconada y los alrededores.

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un ícono, que condensa todo un sistema de ocupación espacial, derechos de uso de recursos y de prácticas económicas. Además, la “casa de campo” constituye para los miembros de una unidad doméstica una referencia clave cuando evocan relaciones sociales actuales y pasadas” (2002:56) La casa de campo, localmente también llamada domicilio, se constituye como una referencia de la familia dentro del contexto social más amplio. De hecho, como observa Göbel, el resto de las familias reconocen la presencia del grupo a través del nombre del lugar de la casa de campo. En relación con esto, la casa de campo tiene una importancia simbólica para el grupo familiar que va más allá del tiempo de permanencia de éste en esa residencia. De hecho, es posible observar tanto familias que pasan largos períodos en esa casa como otras que sólo la utilizan esporádicamente y, por distintas razones, prefieren pasar más tiempo en alguno de los puestos. Esto no va en contra de la centralidad de la casa de campo sino que la complejiza. Por otra parte, debemos observar que ciertas celebraciones anuales importantes para la familia, como la señalada, se realizan especialmente en las casas de campo, más allá que no residan constantemente allí. En ese momento se acercan al lugar miembros del grupo que residen en el pueblo. Sosteniendo esta línea argumentativa, es habitual que en las casas de campo estén ubicados los oratorios, pequeñas capillas donde se veneran los santos asociados con la familia y con la hacienda. De hecho, de las seis casas de campo en las que se trabajó con el proyecto “Puna y Arquitectura”, cinco tenían sus oratorios. En uno de los casos (16)13, en Rinconada, los trabajos se realizaron precisamente en esta construcción de carácter religioso14. Adentrándonos en la configuración de las casas de campo, veremos que suelen estar organizadas en torno a un espacio abierto, el patio, que a diferencia de las casas en el pueblo, no está cerrado completamente por todos sus lados. Alrededor de este espacio se distribuye una cantidad variable de recintos, también denominados casas, a los que se ingresa exclusivamente por ese patio. Esas casas suelen disponerse

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en configuraciones en L o U que generan una protección sobre ese patio. En la medida de lo posible, cada una de estas casas que componen el domicilio tiene sus aberturas, puertas y ventanas, hacia el Este o en todo caso al Norte. Estas casas tienen diferentes usos: casas de la familia (espacios para dormir), depósitos, ramadas, cocinas techadas, entre otros; pero a todas se ingresa a través del patio. Esto es interesante porque sería diferente si alguna de estas casas tuviera la función de organizar el ingreso a la manera de un recibidor. El foco de la casa está en el patio que es donde se desarrollan muchas de las actividades cotidianas. En ese patio, o muy cerca, suele estar el fueguero o kancha, un recinto rectangular o circular con un muro bajo de no más de un metro de altura, en general en pirca seca15, y sin techar donde se cocina cotidianamente. La existencia de un fueguero no es exclusiva de los domicilios, tanto en las casas en el pueblo, como en los puestos, es el lugar donde la familia se reúne en torno al fuego ubicado en el centro para compartir, conversar, cocinar y comer. Como parte de su rol dentro del manejo de la tropa, a pocos metros de las casas se ubican los corrales, circulares o rectangulares, también construidos con pirca seca. Mientras la familia está en el domicilio, la hacienda está en los corrales desde el atardecer hasta avanzada la mañana. Cada día, alrededor de las 10 de la mañana, luego de ordeñar las cabras y alimentar a las crías, los animales son liberados en compañía de la pastora, quien indica las pasturas hacia las que debe guiarse a la tropa. Los corrales son también el escenario de la señalada. Es interesante que los corrales son considerados también como casas; de hecho son las casas de la hacienda a diferencia de las casas de la familia. Si observamos estas características generales tomando como ejemplos los casos que se han trabajado desde el proyecto16, veremos una serie de variaciones importantes que debemos tener en cuenta para evitar una generalización que oculte la diversidad de realidades familiares. Si tomamos, por ejemplo, una de las casas de campo en las que se trabajó en Susques (1) vamos a observar una configuración en L a partir de seis casas17 que delimitan un patio que se abre hacia el Norte y el Este y organiza el domicilio. Hacia el Sur se encuentra el fueguero, cerca de la cocina techada,

En lo sucesivo, con el objetivo de no ser redundantes con la información, cuando nos refiramos a algún ejemplo de los trabajados en el proyecto colocaremos una referencia a las fichas ubicadas en la última sección de este libro. Mantendremos el criterio de no identificar por nombre o ubicación de la casa a la familia para preservar su privacidad. 14 El otro oratorio en el que se realizaron trabajos estaba en una casa en el pueblo en Rinconada (6). Ésta es una particularidad puesto que es el único caso que tenemos registrado de una capilla familiar en el contexto urbano, al menos con una construcción específica. Esta aclaración es importante puesto que no siempre los oratorios tienen su propia construcción, muchas veces están ubicados en algún sector de una casa compartiendo el espacio con otros usos. 15 La pirca seca es una técnica constructiva en piedra en la que no se usa barro para la unión de esas piedras que se sostienen entre sí por su forma. Para ampliar ver el trabajo de Schilman y Reisner en este mismo volumen. 16 Como hemos mencionado, en el marco del proyecto se realizaron trabajos en seis casas de campo. Contra la idea de la homogeinización de la arquitectura puneña, todos los casos muestran una notable variabilidad. En la última sección del libro hemos incluido una breve descripción de cada uno. 17 Una de estas casas, la ubicada más al Norte, se construyó casi en su totalidad durante las campañas.

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donde se suele cocinar. Los distintos corrales están hacia el Norte de las casas de la familia. Éste es un ejemplo de una casa de campo que no es utilizada en forma constante durante el año, al menos asociada con el manejo de la hacienda. Una de las cuestiones más interesantes en este caso es que a algunas decenas de metros hacia el Oeste de las casas actuales se encuentran las casas mochas de los abuelos. El oratorio familiar, que continúa en uso, está ubicado en ese sector. Éste es un caso, entre muchos otros posibles, de la reincidencia en el uso de ciertos lugares que tienen un sentido importante para la familia. Otro ejemplo, esta vez de Rinconada, es una casa de campo (16) que muestra una importante superposición de diferentes momentos de la historia familiar, algo que es recurrente en este tipo de asentamientos y que desarrollaremos más adelante. Esta superposición pone en evidencia la relación existente entre la casa y la genealogía del grupo familiar. De alguna manera, la casa en sí misma se constituye como un texto sobre el que se relata esta historia. La disposición sucesiva de las casas fue conformando, una vez más, un patio que se abre hacia el Este. Primero fueron construidas tres casas, una para oratorio, que junto con el horno y el fueguero conformaban una L; luego, en distintos momentos, otras cuatro casas fueron cerrando aún más el patio. Como es habitual en Rinconada, y no tanto en Susques, los lados sin casas del patio, fueron cerrados con una pirca baja de adobe que termina de delimitarlo. En este caso vamos a encontrar dos oratorios, ambos con sus puertas hacia el Este18, y con uno de ellos, el más reciente, ubicado por fuera del patio.

Puestos o estancias Como hemos comentado, cada familia tiene entre dos y siete puestos, aunque no todos en uso. Siguiendo un recorrido que no es aleatorio, sino que surge de la estacionalidad de la actividad pastoril, algunos de los miembros del grupo se desplazan junto con la hacienda. Cada uno de estos puestos tiene ciertas características que lo distinguen de los otros y los vuelven importantes en ciertas épocas del año. Sin ir más lejos, uno de los puestos (19) en que se trabajó tiene sus corrales apoyados sobre una peña que brinda protección durante las lluvias del verano, época en que se lo utiliza. Otro de los puestos (3) está ubicado en un lugar que se considera reparado por lo que se usa especialmente durante los meses de invierno. La distribución de los puestos permite un manejo de la

disponibilidad de pasturas, aprovechando determinados sectores en un período del año y preservando otros para los meses en los que la hacienda está más flaca. El movimiento entre los puestos tiene relación entonces con el manejo de pasturas, pero, como hemos dicho, también con ciertas características topográficas que se consideran favorables. Más allá de estas razones ambientales, algunos pastores presentan también como una razón para el traslado el aburrimiento de los animales. Si la tropa permanece demasiado tiempo en un mismo lugar se vuelve floja para andar. En general, en el movimiento de la hacienda se tiende a evitar el cansancio excesivo de la tropa provocado por los grandes desplazamientos diarios. Las estancias funcionan como una especie de centros desde donde se controla un radio de pasturas cercano. El movimiento de los animales se da, entonces, entre los puestos cada cierto tiempo, minimizándose así el esfuerzo. Por otra parte, los lugares donde se encuentran los puestos tienen una gran importancia simbólica. Como en el caso de los domicilios, su emplazamiento tiene una historia dentro del grupo familiar y una carga simbólica. Estos lugares habitualmente fueron ocupados previamente por generaciones anteriores. En las cercanías de puestos actuales suelen encontrarse casas mochas, es decir casas abandonadas y sin su techo. Es habitual que localmente se relaten historias sobre la familia cuando se camina por la cercanía de estas casas. Así, las casas se constituyen como un instrumento de la memoria del grupo familiar. Si bien, como lo observa Göbel (2002), no suelen construirse nuevos puestos sino que se reutilizan los existentes, sí es común que sean modificados o ampliados con nuevas casas y corrales. De hecho, en el contexto del trabajo del proyecto, se realizaron intervenciones sobre tres puestos en Susques. Además de las diferencias en el uso, los puestos en su construcción tienen particularidades que los distinguen de los domicilios. La mayor parte de los puestos que hemos relevado utilizan algún tipo de accidente topográfico como parte de la construcción. Pueden ser aleros rocosos que se toman como parte del cerramiento lateral o techo, laderas en el caso de construcciones semienterradas o peñascos como protección o cerramiento. En cuanto a las técnicas constructivas, mientras que los domicilios suelen estar construidos en adobe y en piedra usando argamasa y con techados con torta de barro o guaya19, los puestos suelen levantarse utilizando pirca seca con techado de tola o tablas de cardón20, en general, sin cubierta de barro.

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Si en las casas de la familia es habitual que se orienten hacia el Este, en el caso de los oratorios es una constante. No casualmente las Capillas en los poblados se abren también indefectiblemente hacia el Este. 19 Respecto a estas técnicas constructivas ver los diferentes trabajos en la tercera sección de este libro. 20 La tola, en sus diversas variedades, es un arbusto bastante distribuido en algunos sectores de la Puna. En ciertas áreas puede alcanzar más de un metro de altura y es muy utilizada como combustible para cocinar. Se la emplea también en la construcción de la casa en ciertos sectores del techo, aunque en el caso de los puestos las cubiertas suelen estar hechas enteramente con tola. El cardón, en cambio, es una especie de cactus muy utilizado pues constituye una de las pocas fuentes disponibles de madera, susceptible de convertir en tablas, para construir. A través de un delicado proceso el “tronco” del cardón es convertido en tablas que luego se usan para la confección de ventanas, puertas, dinteles o para las maderas de la estructura del techo.

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Estas características constructivas han hecho que se asociara a los puestos con un carácter efímero. La persistencia en su uso contradice esta caracterización y muchos llevan incluso más de cien años de uso continuo sin grandes intervenciones21. En todo caso, sí pareciera ser cierto que las expectativas de los constructores son distintas en un puesto que en una casa de campo o en el pueblo. En muchas conversaciones nos han dicho que la construcción de un puesto no requiere tanta dedicación, especialmente en cuanto a las terminaciones. Como lo observa Rotondaro (1991), existe una gran variabilidad en las configuraciones de los puestos, y esto se pone en evidencia, aunque no sea una muestra significativa, en los tres casos en los que se realizaron intervenciones (3, 10 y 19). En términos generales, lo habitual es que un puesto tenga su mayor inversión de recursos y de tiempo de elaboración en los corrales, entre uno y tres, aunque no todos estén en uso. A estos corrales se suma un fueguero similar al que puede encontrarse en las casas de campo pero que, además, en ciertos puestos, se usa también como espacio para dormir cuando no existen otras construcciones. De hecho, muchos pobladores en Susques comentan que los abuelos dormían bajo las estrellas22. Sin embargo, no son pocos los puestos que incluyen una, en algún caso con divisiones interiores, o dos casas que se utilizan como espacio de dormir y depósito. Como hemos mencionado antes, lo habitual es que estas estructuras se realicen aprovechando ciertos accidentes topográficos que se integran como parte de la construcción.

Casas en el pueblo La descripción de las particulares características de las casas en el pueblo requiere que nos aproximemos, al menos brevemente, a los diferentes procesos de conformación urbana de ambas localidades. Mientras que Rinconada ya constituía un poblado con una cierta importancia regional durante la colonia, Susques recién fue cobrando importancia con el siglo XX ya avanzado. Esto los ubica en procesos

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históricos diferentes que involucran distintas pertenencias jurisdiccionales y, para el período republicano, incluso estatales23. Es decir que durante muchos momentos de su historia tuvieron recorridos bien distintos. Recién a mediados del siglo XX Rinconada y Susques empezaron a formar parte de la misma provincia. Tal como sostiene Raquel Gil Montero, ya en el período colonial Rinconada o Santa Catalina “eran conglomerados de casas habitados por los españoles y mestizos, centros administrativos y comerciales, muchos de ellos surgidos a partir de las explotaciones mineras” (2002:239-240). Rinconada específicamente se había formado en torno a la veta real. Es decir que en el siglo XVIII tenía una existencia urbana más o menos consolidada con una población también, más o menos estable, y una cierta importancia regional. No es lo que ocurría contemporáneamente con Susques que se podría decir que comenzó a tener una población urbana significativa y permanente recién entre la década de 1960 y 197024. Cuando Eric Boman visitó Susques en 1903, describió las casas en el pueblo, diciendo: “Las casas son rectangulares, casi todas de las mismas dimensiones, alrededor de 6 m. de largo por 3 m. de ancho (...) El hogar, una simple plataforma circular de tierra, bordeada de piedras, tiene su lugar fuera de la casa, en un pequeño galpón, que está también provisto de techo de paja y cerrado, por lo menos en tres lados, por paredes (...)” (1991 [1908]:429) Lo que describió Boman son las casas que las familias usaban sólo en ciertos momentos específicos durante el año: fiestas patronales u otras celebraciones y reuniones cívicas, como las asambleas. En este contexto, el espacio doméstico urbano consistía en un solo recinto con un fueguero exterior anexo que funcionaba como espacio de residencia temporario, a diferencia de los asentamientos en el campo, cuyas características ya hemos descrito25. Las fotografías de la década de 1940 muestran la construcción de muchas casas nuevas más no un cambio en su configuración. Recién a finales de la

Por ejemplo, uno de los puestos en que se hicieron trabajos (3). En uno de los puestos intervenidos (10), a pocos metros del puesto actual, que reutiliza los corrales, se encuentra el puesto anterior construido aprovechando una serie de aleros rocosos. En ese caso, los aleros funcionaban como cubierta parcial del fueguero que se usaba como espacio para dormir. Este ejemplo sirve también para mostrar la presencia continua de una familia en un cierto lugar más allá del cambio en las estructuras construidas. 23 Mientras que durante la colonia Rinconada formaba parte de la Gobernación del Tucumán, Susques estaba dentro del Corregimiento de Atacama dependiendo de Potosí (Gil Montero 2006). En el marco de la conformación de los Estados Nacionales a comienzos del siglo XIX, Rinconada formó parte desde un comienzo de la Argentina mientras que, como el resto de Atacama, Susques estaba dentro del territorio boliviano. Durante la Guerra del Pacífico pasó a manos chilenas y a principios del siglo XX se integró a la Argentina como parte del Territorio de Los Andes, junto con los departamentos de Pastos Grandes y Antofagasta de la Sierra. El Territorio de Los Andes se disolvió en 1943 y Susques fue incorporado a la provincia de Jujuy. Para un resumen sobre la historia de la Puna ver: Gil Montero 2006. Respecto al proceso de incorporación de la Puna de Atacama, Susques incluido, ver: Delgado y Göbel (1995) y Benedetti (2005). 24 Esto surge tanto de las referencias brindadas por los pobladores como de la comparación de fotografías históricas que recorren el siglo XX. Ver para los primeros años del siglo: Boman (1991 [1908]) y para finales de la década de 1960, Bolsi y Gutiérrez (1974). 25 La comparación de las genealogías familiares con los momentos de construcción de las casas en el campo y de los puestos, nos muestra que la lógica de asentamiento era muy similar a la actual. 22

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década de 1960 podríamos hablar de la consolidación de las casas en el pueblo26. El proceso creciente de urbanización de la población estuvo íntimamente relacionado con las pretensiones del Estado que a través de distintas acciones la alentó en el marco de

una lógica de mayor control sobre la población27. Entre éstas, la instalación de la Escuela y la obligatoriedad de la asistencia de los niños fue una de las más importantes28. A partir de los primeros años de la década del noventa, es posible observar una profundización de este proceso, asociado con

Fig. 1. Susques a principios del siglo XX en una fotografía tomada por Eric Boman (Gentileza Archivo fotográfico y documental del Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires)

Fig. 2. Fotografía de Rinconada publicada en el Diario La Prensa el 29 de Octubre de 1939.

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El relevamiento de 1968 de Bolsi y Gutiérrez (1974) muestra algunas casas con diversos recintos con un patio conformado que podríamos comenzar a asociar con una residencia urbana permanente de, al menos, parte del grupo familiar. 27 Hemos analizado con mayor detalle el proceso de urbanización de Susques en: Tomasi (2008). Para ampliar las políticas estatales a lo largo del siglo XX ver Benedetti (2002). 28 Si bien la primera escuela se estableció en Susques en 1907, recién en la década de 1970 la obligatoriedad se hizo realmente efectiva.

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la apertura del Paso de Jama que comunica con Chile, que implicó cambios en las relaciones entre lo urbano y lo rural. Casi con una historia inversa, Rinconada fue perdiendo en las primeras décadas del siglo XX su rol en el contexto regional. La construcción del ferrocarril a La Quiaca, y más tarde de la Ruta 9, cambió el eje de circulación y Abra Pampa fue creciendo en importancia. Entonces, cuando Rinconada ya estaba constituido como un centro urbano en el período colonial, en el caso de Susques se trata de un proceso que es relativamente reciente. Si cruzamos esto con el material surgido del proyecto de extensión veremos que, mientras que en Rinconada la totalidad de las seis casas en el pueblo donde se trabajó tenían tres o más recintos construidos, en el caso de Susques seis, del total de siete, tenían sólo uno o dos recintos que, en su mayoría, habían sido construidos en los últimos veinte años. Si bien la muestra no es estadísticamente significativa, al contraponerla con otras fuentes, nos da indicios importantes. En Susques, las primeras casas se construyeron en torno a la Capilla y las expansiones recientes se dieron especialmente hacia el Sur y el Este. En la caso de Rinconada, las casas más antiguas se construyeron en las proximidades de la plaza, junto a la Capilla y al Cabildo. Como hemos dicho, el crecimiento de la población urbana con nuevas alternativas laborales, implicó un cambio en la relación con el campo y el pastoreo. La radicación permanente de muchos de sus miembros en el pueblo implicó para muchas de las familias una menor disponibilidad de “manos” para el manejo de la hacienda y, en ciertos casos, un debilitamiento de la producción. De hecho, la mayoría de las familias tiene hoy una casa en el pueblo, incluso aquellas que sostienen el pastoreo y sólo la utilizan en ciertos momentos del año. Sin embargo, de ninguna manera podemos hablar de una desaparición del pastoreo, que sigue teniendo una gran importancia tanto productiva como simbólica. En muchos casos, lo habitual es que parte de la familia permanezca en el poblado con algún empleo y con los niños en edad escolar, y otros que residan en el campo al cuidado de la hacienda, en general personas mayores, las mujeres y los niños más pequeños. En ocasión de las fiestas patronales, carnavales o asambleas comunitarias generalmente la familia se reúne nuevamente en el pueblo. Si nos adentramos en la descripción de las casas, vamos a encontrar una cierta continuidad en las características entre aquellas del campo y las del pueblo. De hecho, en general se conforman a partir de una serie de casas más o menos independientes que se distribuyen en torno a un patio, con variaciones importantes dentro de este esquema. Tal como en las 29

casas de campo, el patio constituye el espacio central para las actividades tanto cotidianas como extraordinarias de la familia. Es allí donde, por ejemplo, se cocina en el fueguero, pero también es el espacio destinado para las challas a la pachamama durante el mes de agosto29 o donde se recibe a los cajeros durante los carnavales. Si tomamos uno de los ejemplos de Rinconada (7), vamos a ver cómo las casas, para la familia, depósitos o cocina techada, se distribuyen sobre los lados que lindan con la calle y se comunican entre sí a través del patio, en el que se delimitan distintos sectores donde se ubica, por ejemplo, el fueguero. El ingreso a la casa, como suele ocurrir, se da a través del patio y no por una de las casas. Esta organización nos permite observar que, más allá de las continuidades en el uso del espacio, el contexto urbano impone ciertas condiciones particulares a las casas en el pueblo. En primer lugar, la casa se despliega en el área de un lote, que puede ser más grande o más pequeño, pero siempre tiene límites precisos; esto lleva a una mayor densificación de construcciones. Una segunda cuestión se refiere a las relaciones entre distintas familias, que en el pueblo son linderas muro de por medio y entre éstas con el espacio público de la calle. De hecho, la privacidad pareciera que se enfatiza en el ámbito urbano. En general, las primeras construcciones que se realizan en una casa tienden a cerrar las visiones desde la calle hacia el patio. De hecho es lo que ocurrió en algunos de los trabajos realizados, especialmente en Susques30. Si el patio no llega a estar completamente rodeado de casas, lo que es habitual, se construyen tapias que terminan de cerrar el perímetro. En tanto espacio protagónico de la casa, como hemos dicho, se accede inicialmente al patio, en general a través de un espacio que media con el afuera de la calle y que puede estar techado y cerrado o ser solamente un espacio dejado entre dos habitaciones. En muchos casos incluso se generan acodamientos que impiden la visión directa del patio, como en una de las casas en que se trabajó en Susques (20). Tal como plantea Göbel (2002), en el poblado es posible observar una mayor influencia de lo que ella denomina “arquitectura urbana”. En efecto, existe una mayor presencia tanto de las configuraciones como de los materiales “institucionales”, tomando la denominación propuesta por Delfino (2001). Especialmente en las áreas de crecimiento urbano más reciente se han ido adoptando configuraciones compactas para las casas, en general se habla de departamentos en estos casos, donde el patio se limita muchas veces a un pequeño espacio trasero; o bien, materiales constructivos como el hormigón, los bloques o la chapa31. En todo caso, no es posible realizar un análisis simplificando la realidad a

Las celebraciones de la pachamama en general son el 1° de agosto, pero suelen extenderse todo el mes. Ver, por ejemplo, las casas 12 o 21. 31 Seguramente hay una influencia tanto de los discursos que han desprestigiado las lógicas constructivas locales como de las construcciones realizadas por el Estado, nacional y provincial, para las instituciones públicas o los planes de vivienda. 30

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opuestos absolutos. De hecho, lo más habitual es encontrar una superposición de las lógicas constructivas; es decir, casas organizadas en torno a un patio que en algún sector incorporan un departamento32 o bien el uso de la chapa para ciertas casas y del torteado con barro para otras.

La casa como una construcción en el tiempo Las descripciones que hemos hecho de las casas de campo, de los puestos y de las casas en el pueblo podrían llegar a dar la imagen de una cierta estaticidad. Es que si describimos una casa desde una instantánea del presente podríamos suponer que es una construcción que no cambia a través de los años. De hecho, esa visión estática ha sido casi una constante en los trabajos más antiguos sobre la arquitectura puneña, que la asociaban con una cierta intemporalidad de las prácticas y espacios que, supuestamente, no se habían transformado en el tiempo. Por el contrario, incluso si nos detuviéramos a analizar cada una de las casas veremos que se trata más bien de una construcción dinámica que ha estado en permanente transformación y en la que cada generación realiza su aporte. Nuevas casas se levantan mientras a otras se les quita el techo, se reparan y construyen corrales periódicamente. Las familias cambian, nacen nuevos hijos, las personas mueren y se forman parejas y esto deja marcas en la casa. De hecho, podríamos marcar como una particularidad de este espacio doméstico el modo en que cada familia construye sobre lo hecho por generaciones anteriores. Tal es así que una casa de campo que se recorre hoy en día es el resultado de la superposición de nuevas construcciones realizadas por diferentes personas en distintos momentos. En este sentido, podríamos dar cuenta de la existencia tanto de la continuidad de una idea sobre la casa que atraviesa las generaciones y sostiene los fundamentos de la presencia de esa familia en un determinado lugar, como de la permanente renovación y actualización de esa presencia. En este mismo rumbo, Bárbara Göbel sostiene, para el caso de Huancar, que las casas son percibidas “como almacenes materiales de prácticas culturales pasadas” (2002:70). De esta manera las partes de las casas y los objetos que se acumulan y superponen recuerdan y actualizan momentos concretos de la familia. Lo interesante de este planteo es que da cuenta de la “acumulación de tiempos” que constituye la Casa, es decir su temporalidad. Cuando describimos algunas páginas atrás una de las casas de campo en Rinconada (16) ya adelantábamos algunas de estas cuestiones indicando la superposición de momentos

constructivos que con el tiempo habían configurado la casa tal como la vemos actualmente. Podemos tomar también una de las casas de campo en las cercanías de Susques (9) para profundizar sobre el mismo tema. En este caso, vamos a encontrar once recintos diferentes, además de los corrales, que fueron construidos a lo largo de alrededor de cien años con la participación de al menos cuatro generaciones. Es interesante que las casas que hoy se encuentran destechadas, que son las más antiguas, no fueron derribadas o sus piedras aprovechadas para las construcciones más recientes. De alguna manera, pareciera que esas casas permanecen en pie haciendo presentes a los abuelos que las construyeron. El hecho de que las casas se construyan a través de los años a partir de la agregación de unidades, sumado a la existencia del patio como organizador, permite que cada una de esas unidades pueda tener una cierta independencia en su uso. En más de un momento hemos mencionado que, por ejemplo, las casas de campo están conformadas por una cantidad variable, entre cuatro y diez casas. Es interesante que se suele usar la misma palabra para designar la casa como un todo, y la casa como cada uno de los recintos que la componen. En algún punto, cada una de esas casas que componen una casa de campo es una totalidad en sí misma y goza de esa cierta independencia33. De hecho, se habla de las casas de los abuelos, porque ellos las construyeron, que forman parte de la casa de campo pero que no son usadas cotidianamente. En definitiva, la casa se constituye como un texto en el que es posible “leer” la historia del grupo familiar. Esto nos acerca a la existencia, ya explorada en otros lugares dentro del área andina, de una relación estrecha entre familia y casa que va más allá del uso cotidiano de los espacios. Tal como observa Arnold: “Al compartir la memoria del proceso de construcción de una casa en cada una de estas ocasiones, los Qaqas reconstruyen no sólo el espacio sino el tiempo, en la medida en que recuerdan el pasado, las genealogías ancestrales y sus orígenes míticos e históricos. La casa sirve de trasfondo mnemotécnico sobre el cual se superponen las memorias colectivas de los ancestros y los muertos” (Arnold 1998:38; el resaltado es nuestro) Y un poco más adelante: “Dentro de la estructura de las paredes de la casa como artificio mnemotécnico, y las ch´allas que la describen, se encuentran inmersos conceptos sobre la pareja recién casada que inicia el nuevo hogar, sobre la transmisión paralela de substancia ancestral a su descendencia posterior, sobre la concepción y la reproducción, y sobre los

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Un buen ejemplo es la casa 13. Es interesante que los trabajos más grandes que se realizaron en el contexto de “Puna y Arquitectura” fueron precisamente la construcción de casas que iban a formar parte de la casa en el pueblo o de la casa de campo.

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dominios de cada género respecto a los cuales cada cónyuge tiene poder y control” (Arnold 1998:39)

Comentarios finales Ya desde el título indicábamos que el espacio doméstico puneño, y en particular en Susques y Rinconada, surge de una construcción que es múltiple y es colectiva. Se trata de una construcción múltiple porque ese espacio doméstico está constituido por una serie de espacios discontinuos e independientes que de todas maneras conforman una unidad. Las casas de campo, los puestos y las casas en el pueblo son partes necesarias de la totalidad de lo doméstico, y cada uno responde a ciertos usos que les da el grupo familiar. Estos asentamientos, al mismo tiempo, nos hablan tanto de la centralidad de ciertos lugares para la familia como de su territorialidad, es decir de las acciones a través de cuales las personas se apropian y controlan un determinado espacio.

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Hemos visto en algunos ejemplos como ciertos lugares son ocupados sucesivamente por la familia, incluso construyendo nuevas casas en las cercanías de las existentes. De hecho, la ubicación de los puestos, por ejemplo, responde a premisas productivas como la disponibilidad de pasturas y la comodidad de la hacienda pero también a la importancia de la presencia de la familia en ciertos lugares. Es así como las características del espacio doméstico constituyen una dimensión de la territorialidad. Al mismo tiempo es colectiva porque no está atravesada sólo por las decisiones que toma una persona en un momento específico, sino que más bien se trata de una construcción que, como hemos visto, recorre distintas generaciones en un proyecto que se presenta precisamente como colectivo. Las casas ponen en evidencia al mismo tiempo la importancia del aporte y la realidad cotidiana de quienes habitan allí en un cierto momento, y lo inscriben en la continuidad de la historia de esa familia.

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Sobre tĂŠcnicas y saberes constructivos


Técnicas, prácticas y saberes constructivos en la Puna

En esta sección nos vamos a ocupar especialmente de la materialidad del espacio doméstico. Es así que intentaremos mostrar y analizar algunas de las distintas técnicas que los constructores de Susques y Rinconada tienen a su disposición para levantar sus casas. Sin dejar de pensar al espacio, y en particular a la casa, como una construcción social, nos parece importante enfocarnos en que esas casas son también un hecho material. La tarea de construirlas no sólo implica tiempo y movilización de recursos sino también la puesta en juego de un gran cuerpo de conocimientos y prácticas, desde cómo se obtiene y trabaja un determinado material, hasta el modo en que se debe resolver una determinada problemática constructiva o la búsqueda de determinadas expresiones estéticas. Las técnicas constructivas son también hechos sociales y son inseparables de un conjunto de saberes más amplio que involucran otros aspectos de la vida de las personas. En este sentido, las técnicas constructivas se conforman, mantienen, reproducen y transforman socialmente en el marco de las permanentes interacciones entre los diferentes constructores que ponen en juego su propia experiencia. El modo en que estos saberes son aprendidos y transmitidos es un tema de suma importancia que no trataremos en esta oportunidad. En todo caso, cabe mencionar que en el proceso de enseñanza-aprendizaje de estos conocimientos se reproducen aspectos de la sociedad que exceden, aunque incluyen, lo constructivo. Es importante observar que este conocimiento constructivo se encuentra sumamente extendido en ambas localidades. La gran mayoría de los pobladores está en condiciones de plantear y llevar a la práctica cómo debe elevarse su casa. Lo constructivo, entonces, forma parte del cuerpo de saberes de las personas de una manera que no es ni anecdótica ni superficial. No se trata de las opiniones dispersas que cualquier persona podría tener sobre cómo se hace una casa, sino más bien de un conocimiento detallado que no es dominado sólo por algunos especialistas. Como hemos mencionado, los textos de esta sección recorren algunos de los diferentes momentos de la construcción de una casa. No hemos pretendido abarcar y compilar la totalidad de los saberes constructivos. De hecho, son muchas las cuestiones que han quedado afuera e, incluso, los temas que sí hemos tratado todavía podrían analizarse con mayor profundidad. Tampoco es un “manual de la construcción puneña” sino más bien una recopilación y análisis de lo que hemos visto, aprendido y practicado junto a muchos constructores en Susques y Rinconada. La totalidad del material con el que se han armado estos textos ha surgido del trabajo de campo realizado en estos cuatro años en el marco del proyecto “Puna y Arquitectura”. Una de nuestras principales intenciones ha sido dar cuenta de la enorme complejidad de las

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técnicas involucradas en la construcción de una casa y la variabilidad que existe en estas técnicas entre las localidades y los distintos constructores. Con esto esperamos poner en cuestión, o discutir, dos ideas notablemente extendidas: por un lado la supuesta “homogeneidad absoluta” de la construcción en la Puna y, por el otro, la “carencia de recursos” como la única explicación para los modos de construir. Los cinco trabajos que hemos incluido pueden ser divididos en dos partes: aquellos que se ocupan de lo que podríamos llamar la caja muraria de la casa, y los que se enfocan en la cubierta. Dentro de los primeros, el trabajo de Schilman y Reisner trata un aspecto no demasiado recorrido en la bibliografía sobre la construcción con tierra, el pircado, es decir el trabajo con piedra tanto en cimientos como en muros. Luego, el texto de Barada, Tommei y Nani trata sobre el uso del adobe enfocándose en el modo en que esta técnica se usa en Susques y Rinconada. En la segunda parte, el trabajo de Corrales Barboza, Criscillo, Tsuji y Yacuzzi analiza algunas de las formas en que se resuelven las estructuras de los techos. Los dos restantes trabajan sobre las formas de terminación de las cubiertas; primero Daich y Palacios sobre la técnica del guayado, es decir el techado con paja, y luego Rivet y Tomasi sobre el torteado con barro. Todos estos trabajos fueron escritos por estudiantes, docentes e investigadores que forman parte del proyecto “Puna y Arquitectura”, dentro de lo que esperamos haya sido una parte de la experiencia pedagógica que como equipo hemos armado. Como dijimos en un comienzo, con estos trabajos no pretendemos haber agotado las temáticas. En todo caso, esperamos que funcionen como un aporte para futuras investigaciones, propias y ajenas, que se interesen en profundizar y ampliar lo que aquí presentamos.

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Pircando con piedras en Susques y Rinconada. Usos y funciones, conocimientos y saberes a través de la experiencia Mariano Schilman y Daniela Reisner

Introducción Este trabajo analizará los distintos usos y funciones de la piedra como material constructivo, así como los procesos y técnicas relacionados a ella. Nos interesa observar tanto los procedimientos y aspectos comunes como así también la gran variabilidad existente al momento de pircar1 con piedras. Estudiar el modo en que los constructores locales trabajan este material nos ha permitido reconocer la presencia de un gran cúmulo de conocimientos y saberes que constituyen una riqueza en sí misma. Haremos especial referencia a la utilización de la piedra como material de construcción en cimientos, sobrecimientos y muros en casas rurales y urbanas a partir de las observaciones y estudios realizados en las 22 construcciones en las que se trabajó junto a las comunidades de Susques y Rinconada en la provincia de Jujuy, Argentina, entre los años 2006 y 2009. Los casos analizados corresponden a ejemplos de casas de campo, puestos temporarios y casas en el pueblo. También fueron consideradas estructuras adicionales como corrales, rastrojos o fuegueros2. A lo largo de este texto se desarrolla-

rán los diferentes procedimientos y técnicas utilizadas para las construcciones en pirca seca y pirca húmeda. A partir de la práctica y el quehacer constructivo junto a los maestros constructores locales3 hemos observado que la piedra es un elemento fundamental e indivisible dentro del sistema constructivo completo, tanto para el cerramiento murario ejecutado enteramente en piedra como para los casos donde el cerramiento es mixto junto a la utilización del adobe. Es así, que difícilmente las construcciones serán realizadas sin la ejecución de cimientos y sobrecimientos en piedra, encontrando obras donde pueden llegar hasta el metro de altura. Por otro lado, en los casos donde la piedra no aparece o alguna de estas instancias se realiza en forma deficiente, el muro queda expuesto a sufrir patologías graves, especialmente cuando se utiliza el adobe. Entendiendo entonces la importancia de la piedra para la construcción en la región y, por ende, para la construcción con tierra, es difícil comprender la escasa presencia que posee este material en la bibliografía relativa a la temática. En los casos en que la piedra es mencionada, su tratamiento es totalmente subsidiario al cerramiento murario ejecutado con

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Tal como indica Delfino (2001), el término “pirca” designa en general a una pared de piedra y deriva del término quechua “percca”. De la misma manera, la acción de levantar un muro de piedra se conoce como “pircar”, mientras que “pircado”, en tanto adjetivo, designa “a algo que posee un muro de piedra a su alrededor” (Delfino 2001:8) 2 Para ampliar la descripción y uso de estos espacios ver Göbel (2002). 3 Para ampliar acerca del rol de los maestros constructores en el marco del proyecto Puna y Arquitectura ver el trabajo de Rivet y Tomasi sobre las características del proyecto en este mismo libro.

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adobes, descuidando así la complejidad y lógica propia que tiene el trabajo con este material. Sin embargo, existen trabajos que han encarado la temática y que relacionaremos con nuestras propias observaciones en el campo. Entre ellos cabe mencionar el trabajo de Göbel (2002) quien aporta al conocimiento sobre la arquitectura y uso de los espacios ligados a la actividad del pastoreo, el estudio de Delfino (2001) sobre los significados y sentidos de los espacios pircados y su relación con el paisaje andino, el de Blasco y Simón Gil (2006), quienes analizan el comportamiento de los materiales y métodos de construcción en regiones árido-sísmicas y algunos otros textos que han aportado pistas que permiten indagar sobre el uso de la piedra en la construcción en la Puna.

Sobre los casos y las técnicas Como ya se ha mencionado, los trabajos se realizaron en 22 casas. De este total 13 fueron casas en el pueblo. De los casos rurales 6 son casas de campo o domicilios y 3 estancias o puestos temporarios4. Esta mención posee una relación directa con los requerimientos y necesidades constructivas, las técnicas utilizadas y la disponibilidad del material para cada uno de los casos. En los puestos temporarios registramos un uso predominante de la pirca seca y la piedra como único material de construcción. En los domicilios rurales se incorpora la utilización del adobe y la pirca húmeda, y la piedra es utilizada tanto como material único en el cerramiento o en combinación con el adobe. Por otro lado, en los casos urbanos se sigue registrando un uso primordial del cerramiento mixto (piedra y adobe) pero con la aparición, en algunos casos, de materiales industrializados como el cemento. En relación con estas técnicas, la pirca seca (Fig. 1) consiste en muros realizados con piedras apiladas sin barro ni argamasa o mortero de asiento. Como mencionamos anteriormente, éstas se encuentran mayoritariamente en los puestos de pastoreo, tal cual lo indicado por Yacobacio (et al.1998) para otros sitios temporarios de la región. La totalidad de los fuegueros5 estudiados, tanto urbanos como rurales, se han ejecutado con esta técnica y consisten en muros de una altura que varía entre 1 y 1,5 metros para proteger la cocina diaria de los vientos. También se verificaron construcciones

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en pirca seca como cerramiento de corrales de hacienda, rastrojos, áreas de cultivo y muros de protección o delimitación. Por otro lado, la pirca húmeda (Fig. 2) es la que utiliza para el asiento de las piedras un mortero o argamasa de barro en proporciones aproximadas de 2 a 3 partes de tierra arenosa por cada parte de arcilla. Teniendo en cuenta que las arcillas no son todas homogéneas los maestros constructores varían las proporciones para ajustar las mezclas a la necesidad y el gusto. En algunos casos un exceso de arcilla en el mortero puede generar fisuras al momento del fragüe y una mezcla con menor cantidad de arcilla poseerá menor cohesión. En las casas donde hay varias construcciones, las más antiguas frecuentemente poseen poyos6 interiores o exteriores, hornacinas7 y repisas. Estos trabajos corresponden a las construcciones identificadas como construidas por los abuelos8 y las describiremos más adelante como detalles y operaciones realizadas en los muros.

Elección y tipos de piedras Tal como plantea Blasco, “la primera tarea a realizar y de la que dependerá el resultado final, en gran medida, es la elección de las piedras” (2004:7). Cada piedra posee un uso adecuado en función de sus características intrínsecas como tamaño, forma, dureza, tipo de fractura, porosidad, además de colores y texturas, todos estos factores influyen y condicionan la elección del material. Como hemos mencionado, se observó la utilización de la piedra como material constructivo en habitaciones, fuegueros (Figs. 3 y 4), cocinas, letrinas, corrales (Figs. 5 y 6), canchones de cultivo9, depósitos, muros de delimitación, aleros, oratorios, apachetas10 y elementos que hacen a la configuración del espacio interior y exterior, como mesas (Figs. 7 y 8), poyos, hornacinas y repisas. En todos los casos fue fundamental esta instancia de elección del material y la posterior etapa constructiva, dado que en la conjunción de ambas está determinada la durabilidad de la edificación y sus partes. En el área de Susques parecieran ser las rocas metamórficas y las volcánicas las predominantes en la construcción. Dentro de las rocas volcánicas se ha verificado un uso mayoritario de las ignimbritas dado el gran afloramiento existente

Los trabajos realizados abarcan ejemplos en los tres componentes de las unidades domésticas definidos por Bárbara Göbel (2002) en su trabajo sobre “La arquitectura del pastoreo en la Puna de Atacama”, haciendo un especial estudio en el departamento de Susques, a) La casa central o casa de campo; b) Los puestos temporarios o estancias y c) La casa en el pueblo 5 Fuegueros: Espacio exterior destinado a fogón para la cocina diaria. (Göbel, 2002:59) 6 Poyos: “(…) están adosados contra las paredes, y se utilizan en el día como asiento, y como cama durante la noche.” (Delfino, 2001:6). 7 Hornacinas: “En las paredes de las viviendas hay varios nichos; el principal está ocupado por la imagen de algún santo; en los demás se guardan los objetos más preciados (…)” (Casanova, 1936, citado por Göbel, 2002:63) 8 En las múltiples referencias recopiladas acerca de las construcciones realizadas por los abuelos, la frase da cuenta de las maneras de construir de los antepasados, estableciendo en la relación de parentesco, también respeto, cercanía y a la vez distancia con estas técnicas y modos de construir. 9 Los canchones de cultivo son referidos sinonímicamente como ’corrales de siembra’ y estos en ocasiones son utilizados como corrales de encierro de animales y en todos los casos poseen una pared perimetral de piedra (pirca). (Delfino, 2001) 10 “De acuerdo a Delfino, una apacheta es: “(…) un montículo de piedra a modo de adoratorio, en este lugar se hacen ofrendas (…)” ( 2001:2).

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Fig. 1. Casa de campo construida íntegramente en Pirca Seca con piedras duras de las cercanías. (Foto: A. Álvarez.)

Fig. 2. Cocina de antigua casa de campo edificada con muros en pirca húmeda con piedras blandas y un notable trabajo de canteado, especialmente en las piedras esquineras y jambas. (Foto: A. Popowski)

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Fig. 3. Fueguero en pirca seca con piedras duras. (Foto: M. Schilman)

Fig. 4. “Fueguero en pirca seca con piedras blandas que aprovecha la topografía como parte de la construcción. Los muros semicirculares le otorgan una mayor estabilidad (Foto: S. Grebenar).

Fig. 5. Corral de puesto rural ejecutado en pirca seca aprovechando el material que dejan las crecidas de un arroyo cercano. (Foto: G. Adamo)

Fig. 6. Corral de un puesto rural realizado en pirca seca con piedras duras de las cercanías, en la imagen se puede observar la inclusión de hornacinas en este tipo de espacios. (Foto: R. Peña)

Fig. 7. Mesa exterior ejecutada en piedra, la misma se ubica en el centro de un patio urbano. (Foto: L. Alfonzo)

Fig. 8. Apoyo de horno de barro, ejecutado en piedras. (Foto: J. Tomasi)

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en la zona11. Es importante considerar que la denominación local caracteriza a las piedras por su diferente dureza, distinguiendo a las piedras duras que equivalen a las metamórficas, entre ellas las lajas, y por otro lado las piedras blandas o volcánicas. Las metamórficas, que de manera natural presentan dimensiones y formas más parejas, permiten un mejor asiento de las piezas. Es así que muchos maestros constructores prefieren la utilización de piedras duras dado que de ellas obtienen caras lisas naturales. Por otro lado, a pesar de la irregularidad de las piedras blandas varios constructores prefieren su uso dado que por medio del labrado manual pueden otorgarles la forma deseada. Otra propiedad de las rocas ignimbritas es que son sumamente porosas lo que facilita una mejor adherencia con el mortero (Delfino, com. pers.). Frecuentemente se utilizan en la construcción piedras tipo laja, disponiéndolas en hiladas horizontales (Figs. 9). En otros casos, son utilizadas las piedras tipo bola o esféricas de distintos diámetros, siendo necesario rellenar los intersticios con mortero de barro o piedras de menor tamaño. Desde un punto de vista sismo-resistente Blasco analiza la utilización de estos dos tipos de piedra de la siguiente manera: “Deben distinguirse los muros hechos a base de piedra bola, los que presentan inconvenientes, ya que hay que emplear gran cantidad de mortero para su construcción con el objeto de llenar los huecos entre las piedras, lo que ocasiona que estos muros tengan muchos puntos débiles. En contraste con ellos, tenemos muros hechos a base de lajas de piedra, en los cuales las cargas se transmiten perpendicularmente a las piezas y forman de por sí un muy buen elemento transmisor.” (Blasco 2004:9) A pesar de los inconvenientes que presenta el uso de la piedra tipo bola, es muy común observarlas en los domicilios cercanos a arroyos o conos de deyección a la salida de alguna quebrada ya que allí se las obtiene con facilidad. En otros casos, el condicionante para la utilización de estas piedras es la gran cantidad de mortero necesario para el asiento de las mismas. El mortero requiere agua para su preparación y este es un bien escaso en algunos de los sitios. Es por ello que en esos casos la piedra utilizada es del tipo laja que permite un mejor asiento de las piezas.

Disponibilidad y traslado El maestro constructor además de seleccionar la piedra según la apariencia y función a la que será destinada, debe destinar grandes esfuerzos para resolver lo relativo a la disponibilidad y traslado del material. Debido al inconveniente que representa el traslado, el abastecimiento en el ámbito urbano es diferente al rural. En muchos casos la accesibilidad

es un aspecto decisivo para la elección del método constructivo a emplear. En el pueblo, generalmente, el material no se encuentra disperso a flor del suelo, por lo que frecuentemente la provisión surge de la compra o adquisición del material ya canteado. En estos casos el tipo de piedra responde a la elección de un proveedor único. En otros casos, existe la posibilidad del autoabastecimiento del material más adecuado para cada etapa directamente del ámbito rural. En el campo, por otra parte, el material se puede obtener en forma dispersa en el mismo sitio de la construcción u obtenerlo de alguna otra cantera natural cercana debiendo resolver en este caso el tema adicional del traslado. (Figs. 10 y 11) Algunas veces, la disponibilidad se ve condicionada por la existencia de casas sin techo de mayor antigüedad de las que es posible obtener materiales ya trabajados, o que requieren poca elaboración para su aprovechamiento. Localmente estas construcciones, llamadas casas mochas, suelen ser fuente de aprovisionamiento para la ejecución de nuevos muros (Fig. 12). Claro que existen también casos donde, por motivos de carácter simbólico, estas estructuras permanecen intactas a pesar de la dificultad para proveerse del material, resolviendo en este caso la necesidad por otros medios.

Técnicas constructivas En este punto nos referiremos a la utilización del material en cimientos, en la resolución de esquinas y aberturas, en sobrecimientos, en muros y algunos trabajos realizados en los paramentos, como repisas, hornacinas y poyos. En el transcurso de las tareas el maestro constructor, por medio de la vista y el tacto, selecciona y reserva las piezas que le serán útiles en cada una de las etapas. Es así que, en algunos casos, el labrado de piedras se ejecutará sólo cuando el material disponible carezca de las caras lisas naturales necesarias. Otros constructores consideran conveniente reemplazar el tiempo que requiere hallar el material adecuado por el labrado con herramientas manuales como maza, cortafierro y cincel para lograr una o dos caras lisas en las piezas para muros y dos o tres caras lisas para las piedras esquineras. Utilizando como parámetro el tamaño y la forma se priorizan las piedras de caras lisas y formas regulares. De acuerdo a su destino, se observó la utilización de piedras de grandes dimensiones en las esquineras, jambas y cimientos, las medianas para los sobrecimientos y muros y las pequeñas para rellenos.12

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Ignimbríta Susques: “Se denomina así al extenso afloramiento de un manto ignimbrítico (…) que aparece en la localidad de Susques y sus alrededores.” (Koukharsky et al.,1987:447). 12 A partir de los casos trabajados, en adelante clasificamos los tamaños de las piedras por sus diámetros promedio en Pequeñas hasta 100 mm., Medianas hasta 300 mm. y Grandes las mayores de 300 mm.

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Fig. 9. Sección donde se observa el muro en pirca seca del fueguero exterior ejecutado con piedras tipo laja y el cerramiento mixto de piedras y adobe que conforma la caja de la casa. (Dibujo: G. Oliva)

Fig. 10. Cantera de rocas metamórficas ubicada cercana a un domicilio rural. (Foto: J.Tomasi)

Fig. 11. Rocas metamórficas e ignimbriticas acopiadas para utilizar en los cimientos (Foto: G. Spengler)

Fig. 12. Construcciones destechadas, ejecutadas en pirca húmeda. (Foto: N. Hugón)

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Tareas preliminares Al elegir el solar para la nueva edificación se ponderan factores como el aprovechamiento de muros existentes, la protección de vientos y la orientación. Por otro lado, las dimensiones de la habitación a construir están en relación al destino, las medidas del lote, el material del cerramiento y el tipo de cubierta. En muchos de los casos la práctica constructiva está asociada a lo simbólico. Es por eso que en algunas de las construcciones se realizó el challado. Sintéticamente se verificaron dos situaciones, los efectuados antes del inicio de las tareas y en el centro de la futura edificación y los realizados durante la excavación de cimientos, donde el lugar elegido fue a un costado de la primera piedra esquinera colocada. Cimientos El cimiento es la parte estructural de la edificación bajo el nivel del suelo y su función es transmitir de manera uniforme las cargas al terreno resistente. Para lograr esto se excavan zanjas corridas a pico y pala que promedian los 20 a 40 centímetros de profundidad, dado que el suelo firme se encuentra fácilmente debido a la condición rocosa en la región. Se ejecutan con un ancho que varía de 25 a 40 cm., siendo esta medida entre 5 y 10 cm. mayor que la prevista para el sobrecimiento. Las medidas de los cimientos están en relación a las cargas a soportar y se estiman según los materiales a utilizar (piedra o adobe) y las medidas que tendrán sobrecimiento, muro y cubierta. Previamente a la colocación de las grandes piedras y bloques que conforman los cimientos, usualmente se realiza un pre-cimiento de aproximadamente 15 cm. de altura, compuesto por pequeñas piedras, a los efectos de nivelar la excavación y reducir los deterioros generados por el exceso de humedad en las piedras de los cimientos13. (Figs. 13). Esta cimentación corrida requiere piedras y bloques de grandes dimensiones a los efectos de distribuir la carga en superficies mayores. Las piedras esquineras deben colocarse con mayor cuidado dado que sostienen los hilos y tanzas para controlar la linealidad del resto de las piedras. En esta etapa, las piedras suelen ser asentadas con mortero de barro, en proporción 1:3 de tierra arcillosa-arena14. Otros constructores prefieren el relleno de la zanja excavada con piedras y sin mortero (Fig. 14-2). En esta técnica, luego es preparada una mezcla sin humedecer de arcilla y arena (en proporción 1:3) que es colocada sobre las piedras. Des-

pués se riega la zanja con abundante agua y se espera que la mezcla asiente para rellenar los huecos con pequeñas piedras y mortero (Fig. 14-3). Esta técnica permite acelerar el proceso de colocación y asiento de las piedras de los cimientos pero presenta el inconveniente de requerir una gran cantidad de agua. En uno de los casos en que se utilizó este sistema, el mismo fue sólo para los cimientos, sin llegar al nivel del terreno, para poder ejecutar el sobrecimiento en forma semienterrada, en este caso con la utilización de un mortero de barro humedecido (Fig. 14-4). También fue ejecutada una capa de concreto cementicio, a pedido de la propia familia, con el objetivo de armar un cajón hidrófugo (Fig. 14-5) y además presentar una superficie lisa para el apoyo de piedras de mayores dimensiones que las anteriores y finalizar así el sobrecimiento hasta la altura previa a la colocación de los adobes. Con respecto al tipo de piedra utilizada en los cimientos se han verificado piedras duras y blandas indistintamente dependiendo de la disponibilidad del material. Para la piedra blanda se privilegia el uso de bloques de grandes dimensiones, en cambio las duras suelen ser más pequeñas que las anteriores debido a la dificultad que representa el traslado de las mismas por ser más pesadas.

Esquinas y Aberturas Previendo el asiento diferencial que suelen tener los muros es primordial reforzar las esquinas y aberturas que son los puntos más débiles de la construcción. Es por eso que las piedras esquineras son seleccionadas por su tamaño y forma y usualmente poseen una mayor robustez que las utilizadas para el resto de la construcción (Figs.15, 16 y 17). En relación a la provisión del material es muy importante la búsqueda permanente de piedras aptas como piedras esquineras, incluso en los casos en los que aún no se ha iniciado o no está prevista la construcción. Es muy común la provisión a partir de los viajes que el constructor realiza entre los domicilios en el pueblo y en el campo, identificando piedras aptas a los costados del camino y separándolas o pasándolas a buscar cuando la necesidad o la oportunidad lo permiten. Generalmente se colocan en primer término las piedras esquineras y las jambas para la puerta. Estas piedras son de grandes dimensiones y con al menos dos caras planas. Estas piezas además de garantizar la estabilidad general de la edificación serán las que permitan la colocación de los hilos para preservar la linealidad y plomo del muro.

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La piedra puede deteriorarse por congelación, ataque químico, cristalización, erosión eólica, escamación, bacterias, musgo y líquenes, según Caroe en todos los casos “(…) debe tomarse en cuenta desde el principio que todos ellos se provocan o propician por exceso de humedad.” (1989:39-44) 14 La tierra arcillosa está compuesta de arcilla, limo y arena. “(…) el rol que desempeña la arcilla es clave por tratarse del material aglomerante, mientras que la grava, la arena y el limo dan estructura y estabilidad al sistema.” (Guerrero Baca, 2007:186)

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Fig. 13. Croquis de un muro mixto de piedras y adobes que muestra la ubicaci贸n del precimiento. (Dibujo: G. Oliva)

Fig. 14. Instancias de una de las t茅cnicas de ejecuci贸n de cimientos y sobrecimientos. (Dibujo: C. Catal谩n)

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Fig. 15. Colocaci贸n de piedra esquinera semienterrada en un puesto rural. (Foto: G. Spengler)

Fig. 16. Esquinera de piedra blanda canteada en el cimiento de una casa urbana. (Foto: M. Schilman)

Fig. 17. Utilizaci贸n de tanzas para conservar la linealidad a partir de la piedra esquinera como punto de referencia. (Foto: G. Garc铆a P茅rez)

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Sobrecimientos Una de las patologías más relevantes de la construcción con tierra, es la producida por la erosión de agentes naturales como el agua. Para evitar el desgaste por humedades ascendentes (capilaridad, napas, infiltración o salpicado de lluvias) se protegen los muros de adobe con cimientos de piedra por encima del nivel de terreno (Rotondaro et al. 2005). La ejecución de estos sobrecimientos, con una altura mínima de 40 a 60 cm., se verificó tanto en casos urbanos como rurales (Figs.18 y 19). En esta instancia se utilizan, preferentemente, las piedras de caras lisas y planas seleccionadas previamente para obtener un cerramiento más prolijo. Deben poseer al menos una o dos caras con estas características, que en caso de no obtenerlas de forma natural se cantean, ubicando la mayor al exterior y sobre los laterales del muro. Luego se rellena el interior con piedras pequeñas y mortero, dejando una superficie plana y lisa para la siguiente hilada de piedras o adobes. También son utilizadas piedras irregulares siempre que se garantice una correcta traba entre bloques, un buen asiento para la hilada siguiente y un adecuado aspecto en la terminación interior y exterior de la fábrica. Existe una preferencia a utilizar muros de 40 centímetros de espesor y no de 30 cm. Esto se debe a la dificultad para encontrar piedras que permitan resolver las dos caras en tan reducidas dimensiones. (Figs. 20) En caso que la cara superior de la piedra posea una inclinación, ésta suele ser ubicada hacia el interior del muro. Así se evita el deslizamiento hacia fuera de la piedra que apoyará sobre ésta, garantizando de esta manera la rigidez estructural del muro por medio de la traba de las piezas que lo componen y el relleno del interior con la mezcla de barro. (Figs.21) Muros El muro posee los mismos criterios constructivos que un sobrecimiento, pero prolongado en toda la altura del cerramiento, utilizando incluso piedras tipo laja para resolver aleros. Debido a las formas irregulares de sus piezas, los muros de piedra representan mayor trabajo y tiempo de selección del material que en los casos donde se utiliza el adobe. Al hablar de muros de piedra se debe distinguir los realizados en pirca húmeda (Fig. 22) de los de pirca seca (Fig. 23). En los primeros es muy importante la elección de piedras con caras lisas. No obstante lo anterior, es habitual el canteado para hallar la forma que se adapte a la terminación del muro. En el segundo caso, dado que las piedras se colocan sin mortero, se seleccionan las que son tipo lajas y se colocan en forma horizontal mejorando de esta manera el asiento de cada una de las piezas y la estabilidad general del muro edificado. Para la construcción de un muro de piedra, los maestros constructores requieren de mucha destreza

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y oficio en la elección del material ya que éste se presenta en formas irregulares, siendo necesario, en muchos casos, el tallado para ajustarlas a la necesidad. Hoy día, en la construcción de un muro de pirca húmeda, es muy común la utilización de herramientas como plomadas, tanzas, niveles, mazas y cinceles. En el pueblo la elevación del muro suele ser controlada con la ayuda de una plomada para verificar la verticalidad, con un nivel la horizontalidad de las piedras y con una regla o nivel de mano se comprueba que las dos caras queden lisas. Finalizada la colocación de cada hilada de piedras se traslada el tendido de hilos o tanzas al tramo siguiente para ayudar a que las piedras sean ubicadas en forma alineada. En la práctica cotidiana de construir, los constructores adquieren un oficio y experiencia que les permite, en algunos casos, reemplazar o complementar esas herramientas con el ojo y la mano entrenada, garantizando igualmente una correcta regularidad, alineamiento y verticalidad en los muros. La tendencia actual indica que cada vez son menos los muros ejecutados en su totalidad con piedras bajo la técnica de pirca húmeda. Sin embargo, este tipo de técnica aún se observa en varias casas de campo y puestos temporarios o en las casas urbanas más antiguas. Por el contrario, para la ejecución de fuegueros, corrales y muros de delimitación, el sistema más común es la pirca seca.

Detalles Como indicamos inicialmente, en la ejecución de muros en piedra se encuentran operaciones que permiten usos que facilitan las tareas domésticas y son fundamentales en la conformación de los espacios. Algunas muestras son las repisas, hornacinas y poyos. Básicamente podemos distinguir dos tipos de repisas. Por un lado existen las constituidas por piedras tipo lajas de reducido espesor y longitudes de 30 a 40 cm. como superficie horizontal. Estas son incrustadas en la cara interior de muros de adobe o piedra y se utilizan como apoyo. Por otro lado, las piedras que sobresalen de los muros a modo de pequeños voladizos también son utilizadas como apoyo de diversos elementos. Las hornacinas, en cambio, son huecos practicados en el muro para la colocación de objetos. Se han verificado hornacinas en muros interiores de habitaciones y en muros exteriores de corrales. Aquí el principal elemento a resolver es el dintel, dado que debe resistir el peso del resto del muro. Es por eso que suelen utilizarse piedras de espesores y longitudes considerables. Otro tipo de construcción son los poyos tipo cama y los tipo asiento. Eric Boman, quien recorrió la región en 1908, describe un poyo de la siguiente forma: “Contra uno de los muros más cortos, se ve el Poyo, sobre-elevación de piedras y tierra, que ocupa todo el ancho de la casa y de alrededor de 0,50 m de altura y 1,50 a 2 m de fondo.” (1992 [1908]:429) Este tipo de construcción es común encontrarla actualmente en


Figs. 18 y 19. Presencia de patologías constructivas relacionadas con la humedad por la ausencia de sobrecimientos en la edificación. En este caso se verifica la presencia de humedad y el desgaste de los adobes próximos al nivel de suelo. (Fotos: M. Schilman.)

Fig. 20. izq. Muro de 40 cm. de ancho. Los de menores espesores presentan dificultades para encontrar piedras de espesores muy reducidos. (Foto: P. Puricelli) Fig. 21. arriba. Encuentro de muros y trabas entre las piedras para asegurar su estabilidad y linealidad. (Foto: G. García Pérez)

Fig. 22. Muro de corral en pirca seca. (Foto: O. Barna Ferrés)

Fig. 23. Detalle de muro en pirca con mortero de barro. (Foto: R. Peña)

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puestos y domicilios rurales (Figs.24). Además de estos detalles mencionados, que forman parte de los paramentos, se encuentran otras intervenciones y detalles en piedras, como los elementos que hacen a la configuración del espacio interior y exterior y que en algunos casos cumplen funciones de mesas y asientos, usualmente en áreas cercanas a fuegueros, cocinas y corrales.

Variaciones en las técnicas constructivas. Como ya se mencionó, las construcciones antiguas abundan en detalles en sus muros, como hornacinas, poyos y repisas. Además, ejemplos como el de algunos parajes15 que poseen construcciones muy añosas, permiten observar muros con un gran trabajo de talla, un excelente encastre y unión de piezas. Están totalmente escuadradas a pesar de la irregularidad de sus tamaños y no han perdido su estabilidad, plomo, ni ajuste perfecto en las juntas a lo largo de los años (Fig.25). En las casas rurales y urbanas más antiguas se encontraron ejemplos de habitaciones con muros totalmente de piedra en pirca húmeda. Sin embargo, una tendencia que se ha verificado en la actualidad es la relacionada con el reemplazo del cerramiento murario completo de piedra por el uso mixto de piedra y adobe. A pesar de las transformaciones producidas, en ninguno de los casos trabajados se ha reemplazado la piedra de cimientos y sobrecimientos por la utilización de técnicas industrializadas como el hormigón armado, aunque esta situación sí se observó en varias construcciones urbanas, especialmente las relacionadas con la arquitectura oficial. Si bien en los casos trabajados no se incorporó el hormigón armado, sí surgió la incorporación en cimientos, sobrecimientos o muros de soluciones mixtas con mezclas de barro y concretos a base de greda16 y cemento. En todos los casos se le adjudica al cemento propiedades hidrófugas y una mayor solidez que a las mezclas de barro tradicional. Es así que en uno de los casos urbanos, la familia manifestó la preferencia por la incorporación del cemento para las juntas del sobrecimiento dado que de esta manera “las juntas se lavan menos” o en otro caso en el que el cemento se utilizó en un concreto en la mitad del sobrecimiento como barrera para humedades ascendentes (Fig. 26).

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Reflexiones finales A partir de los estudios y trabajos realizados en las diferentes casas hemos podido observar el rol central de la piedra dentro de los aspectos estructurales y de protección de otros elementos componentes de la construcción. Como ya mencionamos, difícilmente las construcciones serán realizadas sin la ejecución de cimientos y sobrecimientos en piedra que, siendo correctamente ejecutados, impedirán el deterioro del muro de adobe por la acción de humedades. Consideramos que la piedra es un material fundamental, necesario y vigente en la construcción en la Puna y cabe la reflexión acerca de su importancia y el registro de sus técnicas y procedimientos. Si bien estos se relacionan con la construcción con tierra no son subsidiarios de ella sino que poseen una complejidad y lógica propia. Por otro lado, para la construcción de un cerramiento con técnica mixta de piedra y adobe, son las etapas relacionadas con la piedra, las que insumen al menos dos tercios del tiempo total necesario para completar la caja muraria. Además de cimientos, sobrecimientos y muros en piedra, este material es un elemento primordial en la construcción completa, siendo utilizado también en aleros, techados, mobiliario y detalles. Es así que la densidad de conocimiento necesario para la selección y utilización de este material, en muchos casos, requiere constructores especializados específicamente en las técnicas relacionadas con la piedra y no necesariamente quienes trabajan correctamente las técnicas del adobe poseen los conocimientos necesarios para trabajar la piedra en la construcción. Es entonces, que a partir de la integración de la experiencia de construcción con lo aprendido de los maestros y el trabajo realizado sobre el material bibliográfico disponible17, creemos que este vacío representa un desafío para poder registrar la importancia, utilidad y vigencia de este material en la región y la cantidad de conocimientos y tiempo que requiere en relación a la totalidad de la obra.

Por ejemplo ver Anexo de fichas, Casa 9. Susques 2008. Greda: Gravilla arenosa utilizada en la construcción, generalmente tamizada o zarandeada a los efectos de regular su granulometría y reducir la presencia de agregado grueso. 17 Cabe insistir en que si la construcción con tierra presenta dificultades en la obtención de información como indican González Serrano y Ponce Ortiz de Insagurbe (2006:148-150), es aún mayor el vacío de fuentes bibliográficas que detectamos para la construcción con piedra. 16

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Fig. 24. Croquis donde se observan ejemplos de poyo interior y exterior. (Dibujo: R. Peña)

Fig. 25. Construcción con grandes bloques de piedra blanda canteada. (Foto: A. Benavidez)

Fig. 26. Utilización del cemento a la mitad del cimiento como cajón hidrófugo. (Foto: C. Catalán)

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Usos y formas del adobe: una aproximación desde la práctica constructiva en Susques y Rinconada Julieta Barada, Constanza Tommei y Evelin Nani

Introducción El adobe es uno de los principales materiales con los que hemos trabajado en el marco del proyecto “Puna y Arquitectura” en las localidades de Susques y Rinconada. Es de hecho el material que constituye la caja muraria de la mayoría de las casas en las que se ha intervenido, tanto en lo relevado sobre construcciones existentes como en los trabajos realizados en cada una de las campañas. En este sentido, entendemos que, desde la experiencia concreta de construcción, podemos brindar una cierta cantidad de material de lo observado y reflexionar sobre las particularidades del uso del adobe en la Puna. No es sencillo realizar aportes sobre esta temática en la que han trabajado, y trabajan, numerosos investigadores con una vasta trayectoria como Graciela Viñuales (1994 y 2002; entre otros) o Rodolfo Rotondaro (1984) por citar sólo a dos que han desarrollado su trabajo desde Argentina. El adobe ha sido estudiado desde su historia, cualidades técnicas, patologías o posibilidades de intervención tecnológica, entre muchos otros ángulos de indagación. Al mismo tiempo, mientras el interés sobre la construcción con tierra se ha ido acrecentando en los últimos años desde los ámbitos académicos y en algunos casos desde los espacios de gestión, no es un secreto que continúa con fuerza un sesgo sobre su uso. La asociación de la construcción con tierra, y especialmente el adobe, con pobreza, falta de calidad, malas terminaciones e incluso enfermedades o poca higiene sigue plenamente vigente. Desde estos puntos de partida se suelen observar

y analizar las prácticas constructivas y la arquitectura en general de muchos grupos sociales que usan la tierra cotidianamente. La construcción con tierra llevada adelante por las poblaciones puneñas no escapa a estas lecturas sesgadas y estereotipadas. Creemos que la particular aproximación que hemos tenido, basada en el aprendizaje directo de los constructores locales, el trabajo con ellos, la convivencia con las familias y el relevamiento desde el trabajo de campo sumado a la considerable cantidad de casos de estudio nos permite tener un acercamiento particular y diferenciado al estudio de esta técnica constructiva. Este trabajo nos ha brindado una cantidad de datos tanto técnicos como etnográficos que sirven como complemento a la bibliografía existente y que hacen referencia a las numerosas particularidades y variaciones que tiene la utilización de esta técnica, tanto a través del tiempo como entre los distintos casos estudiados. Es importante tener en cuenta que estas cuestiones se encuentran vinculadas no solamente al sitio y al tipo de materia prima disponible, sino también a la historia de cada familia, comunidad y constructor, siendo estas últimas imposibles de ser dejadas de lado especialmente cuando se trabaja en un espacio doméstico. Dentro de estas cuestiones destacaremos lo referido a las formas de producción y obtención del adobe para la construcción en las localidades de Susques y Rinconada, como también a los modos de desarrollo de esta técnica constructiva en dichas localidades. Nos referiremos en este trabajo también a las posibilidades de variación de la caja muraria

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que permite el material y que son utilizadas en los casos estudiados para diversos fines, como son los vanos, poyos y hornacinas. Nos interesa observar, asimismo, la vinculación del adobe con otros materiales para la colocación de dinteles en aberturas y alteraciones específicas en el muro para la obtención de entradas de luz y otras situaciones particulares relevadas y realizadas en parte de las casas estudiadas.

Características generales del adobe El adobe es definido como el ladrillo de barro sin cocer (Viñuales 1994:121), una tecnofactura que se obtiene a partir de un conjunto de materias primas que atraviesan un determinado proceso de elaboración. En todos los casos es un módulo repetitivo, que a partir de su sucesiva utilización en el contexto de una técnica particular genera una unidad. La técnica de fabricación del adobe se desarrolla con la ayuda de moldes sencillos de madera en los que se dispone el mortero de tierra que se apisona ligeramente a mano (Bardou 1979). El proceso de elaboración de los bloques requiere, en primera instancia, de la realización del pastón. Este es preparado con tierra (arcilla y limo), arena, agua y agregados de materia orgánica (paja y/o guano1). Según nuestra experiencia en el campo, las proporciones específicas de composición de cada adobe, como así también su tamaño, tienen variaciones de acuerdo a las condiciones particulares del sitio, la posibilidad de obtención de los materiales y los conocimientos y herencias de cada maestro constructor, como veremos más adelante. La cantidad de mezcla a preparar depende de la cantidad de bloques que se pretendan elaborar y es muy frecuente el agregado de paja en la preparación misma. Como plantean

Rotondaro y Patrone (2008), el barro utilizado para el llenado de los moldes es preparado con suelos del lugar y agua, y en muchos casos tiene agregados naturales para controlar las fisuras, tales como vegetales, guano o pelos de animal. Los adobes se “cortan”2 en el suelo y se busca una superficie lo más plana posible. Según el molde a utilizar se puede producir de a uno o más bloques a la vez y se procede llenando el mismo con el barro ya preparado. Es importante que antes de retirar el molde el barro sea apisonado con las manos y alisado con la ayuda de abundante agua para que el bloque tenga las caras lo más planas y parejas posible, lo cual es fundamental para su posterior utilización (Fig. 1). El secado de los ladrillos exige entre 2 y 3 semanas y puede hacerse directamente al sol, sin cocción, y se tercia bajo un invernadero en caso de clima variante. Necesita una atmósfera bastante seca, a falta de la cual la solidez de los ladrillos puede quedar comprometida (Bardou 1979). Es por esto que los constructores tienen muy presente la época del año para la elaboración de adobes; no solamente por la presencia de las lluvias estivales sino también por las frecuentes heladas que se dan en la Puna en distintos períodos y que pueden provocar la congelación de los bloques si están húmedos (Delfino, com. pers.). El adobe, puede ser ubicado dentro de la familia de la albañilería, según se lo encuentra en la Catalogación de técnicas constructivas en tierra de Graciela Viñuales (1994). A partir de analizar, dentro de este amplio catálogo, algunos ejemplos de adobes sin consolidantes3, similares a los utilizados durante el trabajo de campo, se pueden distinguir ciertas características representativas de estos bloques. Está claro que esta es una generalización y que al inte-

Materiales básicos

Agregados

Medidas (en centímetros)

8%

Paja (25% vol.)

28x28x8

60%

Paja (10% vol.)

30x20x10 40x20x10

Cañas O 1”

Arena, paja (3:1:1 vol.)

38x18x8

Tierra y agua

Paja, estiércol y arena

20x20x5

Arena

Limo

Arcilla

Argentina Sigla AR 3.2

58%

34%

Bolivia Sigla BO.3.1

20%

20%

Perú Sigla PE.3.7

25%

75%

Uruguay Sigla UY.3.1

1

Otros

Guano: m. O y N Arg., Bol., Chile, Ec. y Perú. estiércol. materia orgánica en descomposición, principalmente excrementos animales (Real Academia Española). 2 Como ocurre en muchos otros lugares en Susques y en Rinconada a la acción de producir los bloques se la llama “cortar adobes”. 3 La mayoría de los adobes registrados en la Catalogación de técnicas constructivas en tierra de Graciela Viñuales poseen consolidantes como cal, cemento, asfalto y/o grasa. Los adobes registrados y utilizados durante el trabajo de campo no poseen consolidantes, es por ello que haremos referencia únicamente a bloques con esta característica. Hemos considerado sólo las características de los bloques y no el agregado de elementos estructurales como la caña en el caso de los adobes consignados para el caso de Perú.

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rior de cada país existe una gran variedad de composiciones, dimensiones y modos de producción. Asimismo, podemos verificar en la tabla que los adobes no poseen una única composición, ni el mismo porcentaje de materiales; tampoco están normalizados en sus medidas, sino que por el contrario son producto de variadas técnicas y dimensiones. De todas maneras, la lectura de estos datos nos permite contextualizar los adobes registrados en Susques y Rinconada.

El adobe en Susques y Rinconada El adobe como material constituyente de muros de cerramiento en casas urbanas y rurales se ha registrado en forma extendida tanto en los trabajos realizados en el marco del proyecto como en las construcciones existentes. La presencia del adobe en Susques y Rinconada se da, entonces, no solamente a partir de su rol en el patrimonio existente, sino desde su vigencia como material de construcción actual y futura. Esto se evidencia en el registro de adobes utilizados en habitaciones de una misma casa correspondientes a muy diversas etapas constructivas. Sobre este punto es interesante destacar que esta técnica no sólo se manifiesta en las casas particulares, sino que también forma parte de las construcciones públicas de estas localidades, inclusive para aquellas que se encuentran en construcción actualmente. Otra de las cuestiones interesantes respecto de la presencia de esta técnica en estas localidades es que el adobe frecuentemente aparece en las casas no solamente como parte integrante de las construcciones sino que en numerosos casos se han registrado adobes acopiados en los terrenos, tratándose tanto de bloques nuevos como de otros que ya habían sido utilizados en muros previamente demolidos. Se registró también la presencia de adobes acopiados en sectores específicos de dichas localidades, correspondientes a las zonas de elaboración de los mismos como detallaremos más adelante. Las variaciones temporales que se verificaron en relación a la utilización de esta técnica están referidas, en primer lugar, a la antigüedad de los recintos, reconociendo gran variedad en las composiciones y origen de los adobes utilizados. Donde se registraron habitaciones construidas en diferentes períodos, en las más antiguas es donde se reconocen ladrillos de menor tamaño, más irregulares y que permiten observar a simple vista un mayor porcentaje de agregados de piedras, vidrios o paja y material orgánico, como el guano, en su composición (Fig. 3). Con respecto a los modos de construcción con adobe registrados, podemos hacer una principal

diferenciación de acuerdo al tipo de muro realizado dependiendo de la forma de colocación de los adobes: el muro doble y el muro soga4. A partir de los trabajos y relevamientos realizados podemos reconocer que en la actualidad hay una preferencia a la utilización del muro soga frente al muro doble, ligada a la menor cantidad de material a utilizar en el primer tipo y especialmente al menor tiempo de construcción que requiere, como desarrollaremos más adelante. Del mismo modo se propone también destacar las variaciones existentes en las formas de elaboración y obtención del adobe para la construcción en estas localidades en función de distinguir las consecuencias de estos procesos en las características de los bloques en sí.

La forma de obtención de los adobes Una vez planteadas las posibilidades de elaboración del adobe a partir de los trabajos de los distintos autores citados, nos preguntamos: ¿De qué manera las familias de las comunidades donde se llevó a cabo el trabajo de campo adquieren los bloques para sus construcciones? A partir de las experiencias realizadas en Susques y Rinconada, sería posible indicar un proceso de cambio en el modo de elaboración y apropiación del adobe. De acuerdo a los relatos de los constructores, tradicionalmente los bloques eran elaborados por las propias familias para la utilización en sus casas. Durante la experiencia en el campo no solamente hemos podido registrar la utilización de adobes de elaboración propia y la reutilización de otros que se retiraron enteros de muros a demoler, sino también la existencia de distintas estrategias para la obtención del material. En este sentido hoy se recurre a la producción conjunta entre diferentes familias, al intercambio de bloques entre vecinos, y en algunos de los trabajos que se llevaron a cabo el adobe fue comprado u obtenido de organismos estatales (como las Comisiones Municipales). Más allá de los casos en los que cada familia “corta adobes” en su propio terreno, tanto en Susques como en Rinconada existen ciertos lugares en los alrededores en los que expresamente se producen. En ambos casos no son más de dos o tres y reúnen ciertas características particulares. Los lugares elegidos generalmente para la elaboración de los adobes están situados a la orilla de un lecho de río. Tanto la elaboración de bloques para la venta o los que elaboran las Comisiones Municipales como los que realizan como producción propia, todos están hechos en los mismos espacios consensuados implícitamente o explícitamente en la comunidad. Como dijimos anteriormente, la elaboración de los mismos requiere

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Denominaciones locales para el muro de adobe de 40 cm. y de 30 cm. o 20 cm. respectivamente. Para ampliar los conceptos sobre tipos de muros, ver “Procesos y Técnicas constructivas”.

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un amplio llano, disponibilidad de abundante barro y mucha agua, siendo esta probablemente una de las principales causas de su ubicación. La obtención del agua debido a la escasez en la Puna, es una tarea que suele requerir una especial atención. Debe hacerse una distinción entre las experiencias realizadas en zonas urbanas y aquellos trabajos en el campo, ya que en los primeros se contó con agua corriente y en los segundos, la obtención de la misma generó una tarea adicional. En los domicilios y puestos en los que se trabajó, el agua frecuentemente fue tomada de ríos o arroyos cuyo cauce se encuentra en las cercanías de las casas. Especialmente en el campo, cuando el puesto no tiene agua cercana y la familia no dispone de algún transporte, fabricar adobes es realmente difícil y se suele optar por soluciones completamente en piedra e incluso con pirca seca en los casos más extremos. En lo que a ello respecta, durante el trabajo de campo el agua destinada a la construcción se transportó desde el pueblo en tanques de 200 litros hasta los puestos. Las medidas de los adobes fueron relevadas dentro de los trabajos realizados. No sólo los utilizados para las nuevas construcciones, sino también aquellos adobes existentes en las casas donde viven las familias. Se verificaron una gran diversidad de medidas y composiciones dependiendo del lugar, la familia, o el maestro constructor que los realizó. En este sentido, se pudieron relevar las medidas que se observan en el cuadro. Es necesario aclarar que no todos los adobes de las construcciones existentes pertenecen a las mismas épocas, siendo probablemente un motivo de diferencia en las medidas de los adobes relevados. Por ejemplo, unas de las construcciones más antiguas son las casas 7 y 14 en Rinconada que poseen más de 30 años de antigüedad. Dentro de

los casos con pocos años desde su construcción se pueden destacar la casa 12 en Susques que tiene sólo dos años de construida, y la casa 11, también en Susques, que tiene cerca de ocho años. Tras haber analizado la bibliografía existente y los relevamientos realizados luego del trabajo de campo se pueden ver varios modos de elaboración del adobe y diversidad en las medidas. No existe una única forma de realizarlos, ni una medida estandarizada sino que son varias las maneras de hacerlos, en donde no sólo se tiene en cuenta las diferencias climáticas, estacionales, y de elección de los materiales, sino también cuestiones de conocimiento heredados, experiencias de trabajo, creencias y costumbres. Más allá de esto último, al analizar las formas de obtención de los adobes en la actualidad, en la cual se está practicando un proceso cada vez más intenso de “tercerización” de la fabricación, se puede ver una tendencia a una homogenización de las medidas de estos, y muy probablemente en los modos de realizar los bloques en general. Como hemos mencionado anteriormente, los adobes necesitan un tiempo de secado previo a su utilización, que según Patrick Bardou (1979), es de 2 ó 3 semanas. Más allá de esto, es importante aclarar que en la mayoría de los casos los adobes no son utilizados de manera inmediata a la culminación de este período sino que son acopiados. Durante el trabajo en el campo se utilizaron adobes que tenían más de nueve años desde que se cortaron. Los bloques, en Susques y Rinconada, no siempre son elaborados por una necesidad urgente de utilización para una construcción específica y con un destino fijado previamente a su elaboración, sino que, por el contrario, generalmente existe una diferencia temporal importante entre la realización de los adobes y su utilización. Es importante aclarar que las particulares condiciones am-

Casas donde se trabajo

Medidas de adobes existentes

Medidas de adobes utilizados

Casa en el pueblo 7

40 x 25 x 10

Reutilizados

Casa en el pueblo 5

40 x 25 x 10

40 x 26 x 10

Casa en el pueblo 8

40 x 20 x 15

40 x 20 x15

Casa en el pueblo 14

40 x 28 x 15 o 38 x 25 x 15

40 x 26 x10

Casa en el campo 15

40 x 30 x 10

40 x 25 x12

Casa en el pueblo 6

40 x 20 x 12

Casa en el campo 10

30 x 25 x 9

40 x 30 x 10

Casa en el pueblo 11

40 x 30 x 12

40 x 30 x12

Casa en el campo 1

40 x 30 x 12

40 x 30 x 12

Casa en el pueblo 12

40 x 25 x 10

40 x 25 x10

Casa en el campo 3

No poseen.

40 x 30 x10 o 30 x 25/27 x 10

SUSQUES

RINCON ADA

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bientales de la Puna permiten una buena conservación de los adobes. La ubicación de los adobes acopiados, también es significativa y relevante. En varios casos este acopio se realizó en el mismo lugar donde fueron realizados, en otros se guardaron dentro de los propios terrenos de las familias, generando, en varias ocasiones, espacios arquitectónicos como pueden ser divisiones internas, o un cerramiento del predio, sumándose a estos, elementos de utilidad para los miembros de la familia, como mesas y lugares de apoyo (Fig. 4).

Procesos y Técnicas constructivas La elección del adobe como material para la construcción de muros de cerramiento es la técnica adoptada en la mayoría de los casos estudiados. Sin embargo cabe aclarar que en ninguno el adobe aparece como material constituyente de los cimientos y sobrecimientos, siendo construidos mayoritariamente en piedra. Este sobrecimiento protege al muro evitando el desgaste del mismo por el ascenso de la humedad de la tierra. Es por ello que la altura de los sobrecimientos en relación al nivel del terreno es una cuestión fundamental a tener en cuenta para evitar futuras patologías en el muro de adobe5 (Fig. 5). Para evitar la erosión en esta zona, se presta especial atención a la construcción de un sobrecimiento de piedra para que no ascienda la humedad a la pared de adobe por el agua de lluvia acumulada (Rotondaro 1984). Los cimientos y sobrecimientos de piedra se ejecutan con un ancho que varia entre los 25 y 40cm por lo que existe una diferencia con respecto al ancho del muro que se eleva sobre estos. Esta diferencia es variable en función de las dimensiones del adobe y del tipo de muro que se va a ejecutar. Sin embargo, es importante destacar la preferencia a que esta diferencia quede del lado interior de la habitación permitiendo una continuidad en la cara exterior del muro. De esta manera se garantiza un mejor escurrimiento de las aguas de lluvias, a fin de evitar posibles puntos críticos de ingreso de humedad al recinto.

Los morteros El mortero de barro utilizado para las juntas se realiza con barro y arena o la misma mezcla utilizada para los adobes, sin el agregado de paja. Se busca lograr la mayor similitud al material básico para obtener mayor homogeneidad en el comportamiento físico del muro y se utiliza un barro con mayor cantidad de agua que el utilizado para la elaboración de

los bloques para lograr la ductilidad y adherencia correctas para el llenado de las juntas. Es importante tener en cuenta la cantidad de agua en función del tipo de muro que se va a realizar: una pared de adobe requiere un mortero con mayor cantidad de agua que la pirca de piedra, debido a que la capacidad absorbente del adobe es mucho mayor. Las proporciones relevadas sobre los trabajos realizados varían entre 1:2 (arcilla; arena) y 1:3. Estas diferencias, se deben frecuentemente a las características de los distintos suelos seleccionados en cada caso particular, dado que en ninguno de los trabajos relevados y realizados se utilizó arcilla o arena en estado puro. Los maestros constructores buscan “suelos arenosos” o “suelos arcillosos” y de acuerdo a sus conocimientos sobre la composición de estos se establece la proporción a utilizar. Asimismo, no es menor la importancia que tiene el gusto del constructor a la hora de usar la mezcla; para muchos es mejor un mortero más arcilloso mientras que otros prefieren una mayor cantidad de arena que lo hace menos “pegajoso”. Frecuentemente se utilizan para la realización del mortero adobes viejos almacenados en las casas, que han sido erosionados por las lluvias y que por lo tanto no pueden ser utilizados para la construcción de muros. En estos casos, tal como se realizó en muchas de las casas donde se trabajó en ambas localidades, los adobes son desgranados con pico y pala sobre la superficie destinada a la preparación del pastón6. En los casos donde las tareas implicaron la demolición de muros existentes deteriorados, estos también fueron utilizados para la preparación del mortero y en otros casos, también se le ha incorporado gravilla para mejorar la labor estructural del mismo.

Elevación de muros Cada hilada eleva la altura del muro entre los 12 cm. y los 20 cm. dependiendo de las dimensiones de los adobes utilizados y del alto de las juntas, variable también entre los 2 y 5 cm.7 La colocación de los adobes se hace por hiladas, ubicando los bloques de manera alternada entre una y otra, para lograr una buena traba. El desplazamiento de los adobes entre hiladas que permite la trabazón es de medio bloque, de modo tal que la junta de la hilada inferior quede en el centro del bloque de la hilada siguiente. Sin embargo, se han relevado casos de construcciones existentes de distinta antigüedad donde las trabas entre adobes no superan los 10 cm. Es en estos puntos donde suelen aparecen fracturas verticales en los muros, especialmente ante de la carga de los techos (Fig. 6). Si bien esto parece una obviedad, no

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Para ampliar los conceptos sobre Cimientos y Sobrecimientos de piedra ver el trabajo de Schilman y Reisner en este mismo volumen. Pastón: denominación de la mezcla de barro utilizada para el mortero. 7 El uso de juntas tan altas es criticado por muchos de los constructores locales. En los casos en que las familias lo hacen se debe exclusivamente al ahorro de bloques. 6

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es un tema menor en la construcción de muros de adobe dado que la incorrecta resolución de las trabas entre los bloques puede generar fisuras en el muro, provocando en éste, patologías superficiales8 e intersticiales9 que permiten el acceso de agua y organismos a la pared, deteriorando la composición de los adobes. El avance de estas patologías también puede afectar a la labor estructural del muro poniendo en riesgo la construcción10. La primera hilada de adobe requiere del tirado previo de los hilos desde las esquinas con plomada para lograr el nivel uniforme de la construcción y determinar la posición exacta del muro sobre el sobrecimiento. Por estas cuestiones es importante que el mortero de barro colocado sobre el sobrecimiento11 para asentamiento de esta primera hilada conforme una superficie lo más lisa posible, dado que la falta de nivelación del muro puede provocar problemáticas en éste, tanto en su proceso constructivo como en el futuro de la construcción. En una de las casas donde se trabajó en Rinconada, se encontró un desnivel en el filo superior de uno de los muros. Mediante el uso de la manguera de nivel pudo comprobarse que había una diferencia de 2,5 cm. de altura entre un extremo y otro del muro. El maestro constructor propuso como solución colocar dos hiladas más, rellenando con barro las juntas horizontales para compensar el desnivel. Cabe destacar la importancia de una correcta nivelación, ya que los desniveles en estos puntos producen a largo plazo fisuras, que en algunos casos pueden llegar a conformar grietas12. Toda la construcción se levanta de manera pareja por hiladas, y es recomendable la colocación de hilos sujetos en las esquinas con clavos o sapos antes de comenzar cada una. Esto se hace para no perder el nivel y lograr una superficie de muro pareja y lisa especialmente en la cara exterior evitando puntos de posible acumulación y filtración de agua. Antes de comenzar cada hilada, se colocan primero los adobes esquineros (Fig. 7). Esta cuestión merece especial atención debido a que estos adobes son seleccionados por los maes-

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tros constructores en función de utilizar los que posean sus lados más lisos y escuadrados. De hecho, una de las tareas es escuadrar los adobes esquineros para que no transporten errores en la colocación del resto de la hilada. Una vez colocados, se les pasa la escuadra y se tiran los hilos (Fig. 8). Inmediatamente después de la colocación del mortero, antes de que el barro comience a secarse, se coloca el adobe con su cara lisa hacia abajo y la rugosa hacia arriba (siendo la cara rugosa la que permaneció sobre el suelo durante el cortado de los bloques y la lisa la que estuvo en contacto con el exterior). Una vez colocado el adobe, se hace presión sobre éste hasta llegar al nivel del hilo, lo que provoca el desborde del mortero. El material desbordado se esparce con cuchara para cubrir las juntas y emparejar la superficie vertical. Al finalizar la elevación del muro, frecuentemente es necesario el relleno exterior de algunas juntas con el mismo mortero para evitar filtraciones que pudiesen perjudicar a la resistencia de la pared y permitir el posterior revocado, en los casos donde se realice este tipo de terminación. Una vez terminada la elevación del cajón13 (la altura de este es variable de acuerdo a las necesidades de cada casa) debe continuarse el muro, dependiendo del techado que la habitación va a recibir: a una o dos aguas. La construcción de los mojinetes14 se hace del mismo modo que el muro y disminuyendo de a uno la cantidad de adobes entre hilada e hilada: se debe ir reduciendo de ambos lados o de uno solo dependiendo de la pendiente, hasta llegar a la cumbrera.

Tipos de muros La clasificación de los muros que realizaremos no está referida al tipo de adobe utilizado ni en la variación de las dimensiones del bloque, sino que se basa en las distintas formas de colocación de los adobes. Como mencionamos antes, se distinguen básicamente dos tipos de muros: Soga y Doble.

Son las patologías ligadas a la superficie de la construcción. Un revoque adecuado puede ser la protección fundamental de cualquier construcción y para su mantenimiento. Esta patología puede permanecer sobre la superficie, extenderse hacia lo estructural. (Zanni 2008) 9 Son más específicas de un sector, donde interviene un material y la intersección de un organismo, gracias a su tamaño y a enormes modificaciones fisiológicas provocan grandes problemas, ocupan los huecos, resquicios y microfisuras naturales. Estas fallas también pueden trascender hacia un problema estructural. ( Zanni 2008) 10 Patologías estructurales: comienzan desde el esqueleto hacia afuera provocando una inestabilidad del sistema. Este problema puede surgir desde el inicio de la construcción (cimiento) y desembocar en una mala terminación (cubierta), reflejándose la falla estructural en toda la construcción. La intersección entre el muro y cubierta, vanos, dinteles o la formación de un buen cimiento y sobrecimiento para desarrollar el muro, son fundamentales para evitar la aparición de grietas, fisuras, funcionamiento de aislantes. ( Zanni 2008 ) 11 En algunos de los casos estudiados este primer mortero de unión entre el muro de adobe y el sobrecimiento de piedra fue realizado con mortero de cemento. Para algunos constructores el cemento tiene asociadas ciertas capacidades hidrófugas extremas por eso lo usan en el punto en que comienza el muro como una suerte de barrera hidrófuga. 12 Es toda aquella fragmentación producida en un elemento no estructural, generalmente de poco espesor que lo fracciona en dos o más partes. (Zanni 2008 ) 13 Se suele llamar cajón a toda la sección de la construcción de las paredes que alcanza la misma altura. Es decir, hasta el comienzo de los mojinetes. el cajón más alto que hemos elevado en nuestra experiencia llegó a los 2,70 m en la parte más baja del terreno (Fig. 9). 14 Se denominan mojinetes a los sectores superiores de los muros ubicados en los laterales de una habitación que permiten el posterior apoyo de la estructura de la cubierta, variando su forma en tanto sea esta a una o dos aguas.

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Figs. 1 y 2. Elaboración de adobes con molde doble en Susques, marzo 2008. (Foto J.Tomasi) Fig. 3. Adobes con visible presencia de inclusiones registradas en Rinconada, enero 2007. (Foto F. Marcos) Fig. 4. Acopio de adobes con protección de alero de paja en Rinconada, enero 2007. (Foto L. Alfonzo) Fig. 5. Muro de adobe sobre sobrecimiento de piedra con variación en el nivel, Rinconada, enero 2007. (Foto C. Scholtz) Fig. 6. Grieta en un muro de adobe, Rinconada, enero 2007. Fig. 7. “Colocación de adobe esquinero, Susques, marzo 2008. (Foto G. García Pérez) Fig. 8. Escuadrado de adobe esquinero, Susques, marzo 2008. (Foto A. Benavidez)

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Muro Soga Este tipo de muro es aquel en el que el sentido de colocación de los bloques se da por su lado mayor siguiendo la dirección del muro, es decir que éste toma el ancho del lado menor de los adobes. Al estar colocados los bloques de este modo, se requieren menos cantidad de adobes por hilada y por lo tanto menor cantidad de mortero. El espesor del muro varía de los 25 cm. a los 30 cm. dependiendo del adobe utilizado (Fig. 10). Para realizar una pared de 1 m. de largo por 1 m. de altura de muro soga, se requieren 25 adobes de 40 x 30 x 10 cm., sin considerar el espesor del mortero. Muro Doble El sentido de colocación de los adobes para la realización de un muro doble es por su lado menor, es decir que el muro tiene un espesor mayor que el muro soga, siendo este igual al lado largo del adobe, que en todos los casos estudiados es de 40 cm. aproximadamente (Fig. 11). Este muro ofrece mayor resistencia al empuje de las tijeras del techo15 y también ofrece mejor aislamiento térmico debido a que por su mayor espesor tiene mayor inercia térmica, factor importante a considerar en zonas de gran amplitud térmica, como es el caso de Susques y Rinconada. El adobe presenta la acumulación de calor durante el día y la liberación de este durante la noche, lo que permite una temperatura constante al interior de la vivienda. El espesor de muro es determinante a la hora de establecer la cantidad de masa térmica adecuada para el óptimo desarrollo de este fenómeno y los requerimientos térmicos de cada espacio (Sotta Bonapres 2007:75). Para realizar una pared de 1 m. de largo por 1 m. de altura de muro doble, se requieren 35 adobes, de 40 x 30 x 10 cm., sin considerar el espesor del mortero. Hay un cierto consenso local respecto a que el muro doble es mejor por su capacidad aislante y su resistencia. Sin embargo, en la mayor parte de los casos se utiliza el muro soga porque se entiende que “es suficiente”. Cabe mencionar que las casas más antiguas usaban casi de manera excluyente el muro doble y son varias las razones que se podrían dar para este cambio. Por un lado el hecho que los adobes en muchas familias ahora sean comprados implica una menor disponibilidad del material, algo parecido ocurre con la disponibilidad de manos que se suman al trabajo. En todo caso, el ahorro de bloques es significativo en el muro soga frente al doble, siendo que el segundo consume un 40% más de adobes que el primero. Por otro lado, el cambio o la tendencia al uso de chapa, con un peso mucho menor al de la torta de barro o la guaya, implica una menor necesidad

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de estructura resistente. En todo caso, muchas de las fisuras que se observan en las paredes actuales es probable que estén relacionadas con la menor capacidad resistente de los muros.

Encuentros de muros Dentro de los encuentros de muros podemos hacer una primera clasificación entre los encuentros realizados entre muros nuevos, lo que refiere fundamentalmente a encuentros en esquina o en T y los encuentros entre muros nuevos y muros de construcciones existentes. A diferencia del ladrillo común o el ladrillo cerámico, las dimensiones de los adobes no son proporcionales. Esto implica una especial atención a este punto. Sin embargo, para la mayoría de los maestros constructores locales esto no es un problema, resolviendo estos encuentros de diversas formas de acuerdo a los conocimientos, tradiciones y maneras propias de cada uno de ellos. Los primeros y más frecuentes son los encuentros en L, necesarios en todas las esquinas de una habitación construida a nuevo. En el caso del muro soga, el encuentro se da simplemente generando una traba entre hiladas, siendo que alternadamente uno y otro muro cubren la esquina. En caso de que la longitud del muro requiera para ser completada de un medio adobe o adobe partido, algunos maestros constructores prefieren colocar este en la parte central de la hilada priorizando la traba esquinera. En el caso de un muro doble, las dimensiones del adobe generan una diferencia al llegar a la esquina, esto plantea dos posibles resoluciones: la primera, la conformación de la esquina con dos adobes por hilada que se traban con la siguiente. Esta resolución tiene como inconveniente que en la traba entre hiladas en la esquina uno de los dos bloques estará trabado sobre el inferior solo 10 cm., siendo esta diferencia causada por las dimensiones del bloque. La segunda posibilidad es utilizar un adobe y otro partido en la esquina de manera tal que quede cubierto el ancho del muro a trabar. Esta traba puede ser problemática debido a la posibilidad de que el adobe partido se desprenda y debilite la esquina. El encuentro en T se da cuando un muro se enfrenta de manera perpendicular a otro en un punto del primero que no es la esquina. Para la realización de este encuentro en el caso de muro soga, se genera una traba entre ambos: en hiladas alternadas el segundo muro pasa sobre el primero con un adobe entero, mientras que en las otras el primer muro pasa sin interrupciones sobre el segundo, que culmina al encuentro de este (Fig. 12). Para el muro doble, este encuentro genera la

Para ampliar los conceptos sobre estructuras de techos ver el trabajo de Corrales et al. en este volumen. Para ampliar los conceptos sobre este tipo de techado ver el trabajo de Rivet y Tomasi en este volumen. 17 Ver Casa 10. 16

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misma complejidad que para el encuentro en L, las dimensiones del adobe provocan una diferencia de espesores entre los muros que dificulta la trabazón. En este caso se dan las mismas variables descriptas anteriormente: o se completa la diferencia con un adobe partido, o bien se traban dos adobes por hilada, mientras que uno de ellos posee una traba de menor tamaño. En el caso de encuentros con muros de construcciones existentes, se debe lograr la vinculación de ambos muros para que la construcción funcione de manera conjunta. Para esto, se quitan a cada cuatro hiladas de adobe del nuevo muro, medio adobe del muro existente; en ese vacío se debe empotrar parte del adobe del nuevo muro, de modo tal que ambos se encuentren vinculados. En las hiladas restantes, donde no se genera este tipo de traba, como las juntas no quedan siempre al ras de la pared, se deben rellenar las mismas con barro de modo tal de conseguir un paramento lo más homogéneo posible (Fig. 13). En el caso de la demolición parcial de muros, funciona de la misma manera: se pica la pared existente quitando los adobes en mal estado y se generan vacíos para luego intercalar allí los nuevos adobes y completar el muro. De este modo ambas partes actúan de manera conjunta. Cabe aclarar que esta situación se da en casos donde la demolición parcial del muro es despareja, es decir que hay partes donde se dejan mayor cantidad de hiladas que en otras, dando una figura irregular. En caso que el completamiento del muro se de para continuar en altura un muro inacabado anteriormente, se quitan las hiladas que se encuentren en mal estado por la erosión causada en su tiempo de abandono, se moja la superficie, se coloca el mortero y se continua hilando hasta completar el muro (Fig.14).

Una aclaración importante es que, como en el caso de la torta de barro, es frecuente que el revoque se raje ante el primer secado, en este caso debe continuarse con el trabajo cubriendo dichas rajaduras y volviendo a emparejar la superficie. Es importante aclarar también que el revoque no siempre forma parte de los procesos de construcción con adobe. En los casos relevados, se encontraron habitaciones revocadas, sin revocar y parcialmente revocadas. Uno de los maestros constructores en Rinconada consideró necesario el revoque de las paredes exteriores, sobre todo en las caras sometidas a mayor acción del viento, para evitar el deterioro de los adobes y lograr una mayor durabilidad de la construcción. La erosión que provoca el viento es de carácter permanente en la Puna jujeña. Por las partículas que transporta y arroja contra la construcción, y los movimientos que produce en los aleros, techos, y laterales mal terminados o incompletos, debilitan el muro (Rotondaro 1984). El azote directo del agua de lluvia puede provocar patologías en la cara exterior del muro. En uno de los puestos donde se trabajó en Susques17, en el muro no revocado son visibles los surcos que ha dejado la lluvia generando puntos críticos de filtración de agua. Graciela Viñuales plantea que se utilizan recursos naturales propios de la zona, como la paja cortada o el guano, para ayudar a estabilizar el revoque de barro de los muros, ya sean interiores o exteriores. La importancia de la capa final es crucial para prevenir todas las agresiones exteriores y cumplir la función de proteger el muro. Para conseguir mejor adherencia se aplican varias capas de revoque: primero un revoque grueso y luego un revoque fino (Viñuales 2002).

Variaciones del muro Revoques El revoque suele ser realizado con un mortero de barro similar al utilizado para las juntas de los adobes. La diferencia está en que para facilitar la colocación del mismo sobre la pared, este mortero tiene un mayor porcentaje de agua y frecuentemente posee trozos de paja o piedras muy pequeñas. La colocación de la paja se realiza con el fin de evitar las grietas en el adobe, con una lógica similar a la de la torta de barro16, mientras que las piedras son el agregado grueso, por lo que aumentan su resistencia. La colocación debe hacerse de manera pareja a lo largo de toda la superficie del muro que debe estar previamente humedecido y la superficie exterior debe quedar lisa. El espesor del revoque varía entre los 3 y los 5 cm.

Hemos dado en llamar “variaciones del muro” a todos aquellos trabajos que implican alteraciones en la superficie del muro de adobe. Los motivos de realización de este tipo alteraciones son variados: desde la necesidad de generar aberturas para poder acceder y ventilar las habitaciones hasta el trabajo del muro en función de generar un espacio interior para la vida cotidiana de la casa de acuerdo con las costumbres y tradiciones locales y de la familia. Aleros El adobe es un material que por su composición debe estar protegido de la acción directa de las aguas de lluvia, es por ello que en el encuentro entre el muro y la caída del techo, es frecuente la construcción de aleros. La importancia de estos se evidenció al relevar las habitaciones sin cubier-

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Fig. 9. Cajón terminado, Rinconada, enero 2007. (Foto J. Tomasi)

Fig. 10. Elevación de muro soga, Rinconada, enero 2007. (Foto M. Rojas)

Fig. 11. Elevación de muro doble, Rinconada, enero 2007. (Foto C. Tommei)

Fig. 12. “Vínculo entre muro existente y muro nuevo, Susques, marzo 2007. (Foto S. Perrone)

Fig. 13. Encuentro de muros en T, Susques, marzo 2008. (Foto G. García Pérez)

Fig. 14. Completamiento de muro existente con hiladas nuevas, Rinconada, enero 2007. (Foto M. Domínguez)

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tas (generalmente en desuso) notándose un gran deterioro en los adobes, sobretodo en las hiladas superiores. Si bien los aleros son de paja o piedras lajas, para su realización es necesario hacer una variación en la última hilada de adobes para permitir su colocación. Si bien es cierto que las precipitaciones en la Puna son menores que en otros lugares, durante los meses de verano las tormentas frecuentes constituyen un factor de riesgo para los muros de adobe. No casualmente los pobladores suelen evitar construir durante esos meses. A modo de ejemplo cabe plantear una situación que se nos presentó durante la obra en una casa en Rinconada en la que durante el trabajo se habían elevado más de tres hiladas de adobe. Una sola tormenta durante una noche inutilizó completamente las dos hiladas superiores que debieron ser reemplazadas. Claramente sería un error el minimizar la acción de la lluvia en cualquier lugar de la Puna. La última hilada de adobe para la colocación del alero es realizada con medio adobe (los adobes son partidos con maza y cincel) de modo tal de dejar una superficie de apoyo para las piedras, que son adheridas con mortero de barro. En algunos casos, al tratarse de un muro soga, la superficie de apoyo es reducida por lo que la colocación de las lajas se ve dificultada. Lo que se realizó entonces fue picar los adobes en su parte inferior una vez colocados con el objeto de generar un buña para trabar la piedra y evitar el vuelco (Fig. 15). En otros casos, ante la falta de piedra, la resolución de los aleros se realiza directamente con los adobes, siendo que la última hilada de la pared se saca unos 10 cm. hacia el exterior. En caso que el muro sea soga, los adobes de esta hilada se colocan en forma perpendicular a los del resto de la pared (Fig. 16). De esta manera se logra una saliente que permite apoyar la paja que completa el alero. Todas estas decisiones tienden a alejar lo más posible el desagüe del agua de lluvia de las paredes.

Vanos Los vanos son espacios sin bloques que se dejan en el muro para la realización de puertas y ventanas. Frecuentemente son cubiertos con la colocación de carpinterías de madera o chapa. Debido al clima de las localidades donde se trabajó y las propiedades ya mencionadas del muro de adobe en función del aislamiento térmico de las casas, estas aberturas suelen ser pequeñas, pudiéndose definir para las ventanas medidas que van de los 50 x 30 cm. hasta los 80 x 65 cm. Las ventanas, de pequeñas dimensiones, en muchos casos son reemplazadas por simples agujeros, los que sencillamente son cerrados con piedras. Incluso en muchos recintos se registra la ausencia total de este tipo de aberturas (Delfino 2001:6). En cuanto a las aberturas para puertas, se realizaron vanos de hasta 1.70 x 0.80 m. y se registraron otros entre los 1.40 y 1.50 m. de altura en construcciones existentes.

Para la realización de estas aberturas es necesario que algunas hiladas se completen con adobes partidos o medios adobes, para poder interrumpir la longitud del muro de manera pareja. En la parte superior de los vanos, se colocan dinteles para permitir la posterior continuación del muro sobre el mismo. Estos suelen ser de diversos materiales como maderas de cardón, piezas de hormigón y piedra, como detallaremos más adelante. También se han relevado pequeños vanos, generados a partir de la ausencia de uno o medio adobe en alguna hilada que no requieren de dintel. Esto se realiza frecuentemente para generar vías de ventilación de cocinas o letrinas (Fig. 17).

Hornacinas Es habitual que en las casas los espacios interiores estén plenos de nichos en las paredes utilizadas para el guardado de distintas cosas. Las hornacinas, como son llamados localmente estos nichos, forman parte del trabajo de los muros para su utilización en el acondicionamiento del espacio interior en muchas de las casas trabajadas. Sus dimensiones pueden ser de uno o dos adobes de ancho por uno a dos de alto, abiertos hacia el interior de las habitaciones. A partir de los trabajos realizados podemos indicar al menos dos modos de realización de hornacinas entre los muchos que existen. El primero, en un puesto en Susques, se realizó una hornacina de 45 cm. de ancho por 40 cm. de alto. La misma fue realizada variando la colocación del adobe en los laterales del nicho: se colocaron dos adobes en panderete para el armado de las paredes laterales y otro colocado también en panderete pero perpendicular a los primeros para el cerramiento de la abertura hacia el exterior. La parte inferior de la hornacina se completó con una piedra laja adherida con mortero de barro para la conformación de la superficie de apoyo y el dintel se realizó en madera de cardón (Fig. 18). En otras casas donde se realizaron hornacinas, éstas fueron ejecutadas sin la utilización de adobes en panderete en los laterales, sino que se realizó una interrupción del muro, como la descripta anteriormente para los vanos, y se cerró la abertura en el exterior con un adobe en panderete. Para la base, se utilizaron dos adobes dispuestos en el sentido contrario a su colocación en el muro (muro soga). En uno de los casos se realizó una hornacina doble (de 5 hiladas de alto) con la colocación de un estante de madera a la altura de la tercera hilada empotrado en las juntas y asegurado con mortero de barro (Fig. 19). En un oratorio en Rinconada (construido aproximadamente en 1990), se relevó una hornacina en forma de arco ubicada en el altar. En el oratorio de otra de las casas, también en Rinconada, se realizó una hornacina, también en el altar, de 40 x 40 cm. cuya base fue revestida con piedras lajas.

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Poyos De acuerdo a las descripciones de muchos viajeros e investigadores, no era habitual que en la región se utilizaran camas construidas en madera, cosa que sí sucede hoy. Lo más común era la construcción de “poyos”. Así lo describió Eric Boman a principios del siglo XX: “La casa no tiene más que una habitación. Contra uno de los muros más cortos, se ve el Poyo, sobre-elevación de piedras y tierra, que ocupa todo el ancho de la casa y de alrededor de 0,50m de altura y 1,50 a 2 m. de fondo. Es la cama común de todos los miembros de la familia, que se acuestan en ella sin desvestirse, descansan sobre cueros de llamas y corderos y se cubren con otras pieles”. (Boman 1908:429) Los poyos son una suerte de prismas rectangulares de adobes o piedra que se extienden adosados a los muros en algunas habitaciones de las casas. Se relevaron poyos de distintas dimensiones: 75 x 100 x 30 cm; 40 x 250 x 25 cm; 30 x 190 x 90 cm, correspondientes a ancho, largo y alto respectivamente. Las medidas dependen del tipo de uso que se le da: como espacio para dormir o como asientos. En las casas donde se registraron poyos, estos frecuentemente se encontraron revocados con barro, independientemente del estado de la habitación. Este revoque permite que la superficie de apoyo sea mucho más pareja y lisa para que sea utilizada (Fig. 20).

Dinteles y terminaciones La construcción de dinteles para vanos se dio en la mayoría de las casas donde se trabajó con muros de adobe. Para los dinteles de puertas se utilizaron listones de madera de aproximadamente 2”x4” empotrados en el muro 20 cm. (medio adobe); sin embargo Morales Morales (1993:51) plantea que el empotramiento de un dintel aislado no debe

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ser menor a 40 cm. (Fig. 21 y 22). La colocación de los mismos debe ser prevista en el momento de elevación del muro y una vez colocado el dintel y fijado con mortero de barro, se continúa la elevación del muro por encima de este como ya hemos desarrollado anteriormente. En una de las casas en Rinconada, se colocó para la puerta un dintel de hormigón (pieza que se encontraba previamente en el terreno almacenada por el propietario). La colocación del mismo se dio de la misma manera que en los casos anteriores. Para ventanas y hornacinas, se realizaron dinteles de madera de cardón. Su colocación también se da del mismo modo que lo explicado anteriormente. Se han registrado casos también de dinteles realizados con dos piezas combinando una madera de cardón con otra de tipo industrial. Para dinteles de pequeñas aberturas pueden utilizarse piedras lajas (Fig. 23). En algunos de los muros de adobe relevados se detectó la presencia de algunos elementos que funcionan como complemento del desarrollo del muro, generando tanto aspectos utilitarios como decorativos. Muy frecuentemente estos agregados son botellas. Las mismas se colocan en los muros generando pequeñas entradas de luz al ambiente. Las botellas se ubican en las juntas verticales de los adobes (ampliadas para que puedan entrar) y son cubiertas con una lámina de cartón, de modo tal de que en la siguiente hilada se pueda verter el barro sobre ellas para la colocación de los adobes. Se registraron también, botellas ubicadas en la parte inferior de aleros de piedras lajas (sin cartón) (Fig. 24). En ambos casos las botellas son ubicadas horizontalmente con el pico hacia el interior de la habitación y la base al exterior, para evitar la posible acumulación de agua.


Fig. 15. Última hilada de adobe realizada con medio bloque para colocación de alero, Susques, marzo 2007. (Foto J. Tomasi)

Fig. 16. Alero de adobes en Rinconada, enero 2007. (Foto L. Alfonzo)

Fig. 17. izq. Pequeño vano de ventilación en Rinconada, enero 2007. (Foto L. Alfonzo) Fig. 18. arr. Hornacina, Susques, marzo 2007. (Foto J. Tomasi)

Fig. 19. arr. Hornacina doble, Susques, marzo 2008. (Foto S. Grebenar) Fig. 20. der. Poyo, Rinconada, enero 2007 (Foto L. Alfonzo)

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Fig. 21. Dintel de madera, Rinconada, enero 2007. (Foto M. Rojas)

Fig. 22. Dintel doble de madera, Susques, marzo 2007. (Foto J. Tomasi)

Fig. 23. arr. Dintel de piedra laja, Rinconada, enero 2007. (Foto M. Domínguez) Fig. 24. der. Botellas en alero de acceso, Rinconada, enero 2007. (Foto F. Marcos)

Reflexiones finales Como hemos planteado en la introducción existen numerosos trabajos que abordan el tema de la construcción con tierra y particularmente la técnica del adobe desde diversos enfoques. Inclusive se han planteado, sobre todo en los últimos años, discusiones sobre el rol que estas temáticas debieran cumplir en las currículas académicas con el fin de proponer nuevas miradas sobre el hacer arquitectura. Lo que nosotros intentamos proponer con este trabajo está ligado a este último punto, y la pregunta pasa justamente por la definición de ese “hacer”. La propuesta, es partir de aquellos lugares donde el uso de esta técnica es masivo y no está en discusión. A partir del reconocimiento de los saberes locales podemos reflexionar acerca del vínculo de las comunidades con la técnica del adobe, tanto desde sus formas de utilización ac-

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tual como sus variaciones a través del tiempo. Es interesante destacar la vigencia de esta técnica en las comunidades que incorporan las variaciones temporales no sólo en lo que respecta a las formas de obtención del material y la tendencia a la terciarización de su producción, sino también a sus formas concretas de utilización en relación a la variación en los tiempos destinados a la construcción y a la disponibilidad de materias primas. Inclusive cuando la construcción de las casas, por distintos motivos, no es realizada por la propia familia, el adobe sigue siendo el material elegido. Así mismo, es indispensable reconocer las formas locales que adopta la construcción con adobe para, conjuntamente con el saber académico, enriquecer el conocimiento sobre esta técnica, entendiendo las particularidades de su aplicación concreta. Siendo éstas, cuestiones que necesariamente deben ser comprendidas para poder abordar las problemáticas de su tecnología o posibilidades de aplicación.


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La variabilidad en las estructuras de techos en la Puna jujeña. Materialidad, técnicas y hacer constructivo en Susques y Rinconada Fernando Corrales Barboza, Paula Yacuzzi, Agostina Tsuji y Leonardo Criscillo

Introducción Si bien las estructuras de los techos de las casas en la Puna no involucran materiales que estén directamente relacionados con la construcción con tierra, es interesante observar que están íntimamente relacionadas con ésta. En tanto las partes componentes de un sistema constructivo, a pesar de tener sus especificidades, conforman un todo interrelacionado, creemos que el comprender cómo se resuelven los techos en un lugar en particular es importante a la hora de pensar la arquitectura local. Es así como nos interesa observar y describir el modo en que se resuelven las estructuras de las cubiertas, fundamentalmente en el espacio doméstico en las dos localidades en las que se ha desarrollado el proyecto “Puna y Arquitectura”, Susques y Rinconada en la provincia de Jujuy. Buscaremos a lo largo de este trabajo aproximarnos a la variabilidad de respuestas técnicas que los constructores en la Puna tienen disponibles para resolver las estructuras de techos. Para ello, se tomarán como ejes tanto los materiales utilizados como el sistema estructural y el proceso constructivo. Analizaremos estos ejes, siempre considerando a las estructuras de techos en relación a un sistema global constituido además por los muros donde se apoyan y la cobertura que soportan. Es importante indicar que el material sobre las técnicas y el hacer constructivo que analizaremos en este texto surge de las observaciones, estudios y construcción concreta realizados en el trabajo de campo: no sólo hemos observado a los constructores puneños sino

que hemos compartido las tareas con ellos. De ninguna manera este trabajo pretende abarcar completamente esta temática, aunque sí esperamos poder constituir una base para próximas investigaciones sobre el tema, en donde la información y análisis aportados deberán ser ampliados y discutidos. Si bien la bibliografía disponible sobre la temática no es abundante, recurriremos a investigaciones de campo, como las realizadas por Rodolfo Rotondaro (1988), Graciela Viñuales (2004) o Blasco Lucas y Simón Gil (2006) desde la arquitectura, los de Daniel Delfino (2001) desde la arqueología en Catamarca, e incluso tomaremos los relatos de viajeros científicos como Eric Boman (1992 [1908]) que nos permitirán historiar los modos de construir. Buscaremos poner en discusión los datos surgidos del campo con esta bibliografía heterogénea.

La variabilidad en las estructuras de techos Las resoluciones tecnológicas respecto a las estructuras de techos presentan una gran variedad de combinatorias posibles, respecto a la materialidad y las técnicas constructivas. ¿Cuáles son esas variables existentes que influyen en la construcción de las estructuras de las cubiertas? Y, más específicamente, ¿cuáles son las diversas resoluciones técnicas usadas actualmente? Estos son algunos de los interrogantes que nos proponemos responder en el presente capítulo.

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Antes de abocarnos completamente a la temática, creemos conveniente definir qué entendemos por estructura de techos. La definimos como un conjunto tridimensional de elementos materiales, ordenados y conectados, que interactúan entre sí, con el fin de soportar cargas de manera estable. Estos elementos se extienden siempre entre dos muros, que son los puntos donde convergen con las otros componentes del sistema constructivo (Roizen 2001). Entendemos que esta estructura incluye dos componentes. El primero está constituido por un conjunto de elementos lineales vinculados entre sí, que apoyan y transmiten las cargas en los muros. El segundo está conformado por una trama superficial necesaria tanto como sostén de la terminación final de la cubierta1 como para distribuir su peso de la misma de manera uniforme. Para estudiar la variabilidad de las resoluciones, primero debemos analizar las distintas formas posibles para resolver las cubiertas. A partir de los estudios realizados en el trabajo de campo, distinguimos los techos a un agua y a dos aguas como las dos formas de resolución más utilizadas. Cabe aclarar que no encontramos en los casos estudiados en Susques y Rinconada determinantes precisos que nos permitan definir criterios específicos para la elección de uno u otro tipo de resolución. Sin embargo, en su estudio de las casas en la Puna catamarqueña, Daniel Delfino describe la presencia de cambios en las preferencias de una forma de resolución sobre otra, cuando afirma que “en la arquitectura tradicional, los techos presentaban caídas a dos aguas; actualmente las modificaciones alteraron esta pauta prefiriéndose los techos con caída a un agua” (Delfino 2001: 6). En los casos estudiados, estas dos maneras de resolución van a complementarse con múltiples soluciones posibles, en cuanto a materiales y a técnicas constructivas. En forma general, podemos decir que la variabilidad se manifiesta ligada a factores culturales como a contextos sociales, económicos y políticos de las comunidades. Esto se ve reflejado en cuestiones cotidianas como la disponibilidad de materiales, las preferencias del maestro constructor o la familia, sus conocimientos, las búsquedas espaciales y las significaciones religiosas, entre otros factores. El aspecto simbólico del recinto es un elemento fundamental para la variabilidad, ya que la técnica juega un papel de gran importancia en el tratamiento del techo (Delfino 2001). Teniendo en cuenta la materialidad, el sistema estructural y el proceso constructivo, intentaremos analizar las estructuras de las cubiertas en relación a la variabilidad de la construcción en la Puna.

Creemos que es posible encarar una clasificación entre los materiales que se encuentran disponibles en el medio y los que deben ser adquiridos en centros urbanos como San Salvador de Jujuy, Abra Pampa o La Quiaca. De hecho, algunos pobladores suelen denominar a estos materiales como abajeños2. En el primer grupo encontramos tanto al cardón y la queñua como a la tola, la paja, la cortadera y el cuero de llama; en el segundo grupo tenemos a la caña, la chapa, los perfiles metálicos y las maderas industrializadas. Está claro a simple vista que el material más utilizado en estas estructuras es la madera. Debido a su escasez en el medio, resulta muy valiosa, razón por la cual los maestros constructores tienden a reutilizar constantemente este material. Entre ellas, el cardón3 es una de las maderas cuyo uso ha ido disminuyendo gradualmente debido a su poca disponibilidad pero es una de las más observadas en construcciones antiguas. El uso de esta madera se encuentra registrado por Eric Boman en las descripciones de los techos de Susques a principios del siglo XX: “De estas últimas casas no quedaban sino las paredes, ya el techo se había caído y desaparecido por completo. Ellas nos dan una idea de la rapidez con que se pudre la madera de Cereus y así podemos explicarnos por qué se la encuentra tan poco en las ruinas prehispánicas de la región, mientras que la misma ha formado parte importante de estas construcciones, según todas las probabilidades” (Boman 1992 [1908]:430). La cita anterior demuestra que esta especie ha tenido una presencia sostenida en el tiempo. La queñua es otra madera de difícil obtención en la actualidad y que fue muy utilizada para la resolución de estas estructuras, especialmente en Rinconada. La tola y la paja son dos materiales disponibles en el medio que generalmente son utilizados como elemento de sostén de la terminación de la cubierta. Para la construcción se utilizan distintos tipos de paja, lo cual “depende del lugar y de la abundancia de ésta en las proximidades. Las más utilizadas son la chillahua, el hiro, la gualla, la cebadilla, la vizcachera y la cortadera para refuerzos” (Rotondaro 1988:20). El proceso de selección de estos materiales es muy importante, ya que se necesita tola y paja con características precisas para que puedan ser utilizadas en la construcción4. Otro material que puede utilizarse para realizar la terminación interior de las cubiertas es la cortadera, aunque no se encuentra entre las preferencias de los maestros constructores porque la consideran más difícil de trabajar. Para este

Materialidad y variabilidad 1

El estudio de la terminación de la cubierta se profundizará en los capítulos de Daich y Palacios, y Rivet y Tomasi referidos a guaya y torta de barro respectivamente. 2 El término abajeño caracteriza “a aquellas localidades que están en un nivel altitudinal inferior [para la puna, lo de la prepuna o lo de los valles (o “vallisto”)]” (Delfino 2001:1). 3 Debido a la explotación de esta especie en el pasado, actualmente su disponibilidad ha bajado significativamente. 4 El proceso de elección se desarrollará con mayor profundidad en el apartado referido a Procesos y técnicas constructivas.

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fin, se pueden observar también muchos techos resueltos con caña, ya que si bien este material debe ser adquirido en mercados importantes como La Quiaca o en la Quebrada de Humahuaca, algunos pobladores han comentado que ofrece una terminación más acabada. Finalmente, como elemento de unión de las piezas que conforman la estructura, generalmente se utilizan tientos, cintas de cuero de llama de aproximadamente 1cm de ancho. Actualmente es habitual que los tientos hayan sido reemplazados por alambre o bien se usen ambos sistemas juntos. Como lo dijimos anteriormente, la elección de los materiales utilizados depende de la economía, de los gustos y de la disponibilidad, entre otras cuestiones. Sin embargo, la elección entre materiales locales o abajeños marca también pautas sociales, encuadradas en una discusión mayor respecto a lo “tradicional” en cuanto a técnicas constructivas. El tema de la incorporación de nuevos materiales y las variaciones locales que ello implica responde a factores de diversa índole, como lo explica Rodolfo Rotondaro: “Dentro de este tipo constructivo existen variaciones locales que dependen tanto de las tradiciones y de los recursos naturales existentes del lugar, como de las modificaciones generadas por las presiones tecnológicas modernas de la sociedad mayor” (Rotondaro 1988:38). Si bien no es nuestro propósito extendernos en esa discusión, resulta interesante retomar el trabajo de Daniel Delfino en la Puna catamarqueña, quien observa que “con la modalidad constructiva del tipo institucional o abajeño, se perciben modificaciones en el estilo arquitectónico, acompañadas por la introducción de materiales alóctonos” (Delfino 2001: 6). Estas “modificaciones” muchas veces entran en conflicto con ciertas formas de resolución de los techos que son consideradas como “tradicionales”. Estas últimas coinciden con las descripciones que Eric Boman hiciera de los techos en Susques: “El techo de paja (Paja Brava) está soportado por una cimera a dos aguas. La cumbrera y las vigas reposan directamente sobre los piñones y sobre los muros. Cumbrera, contrafuertes, cabriadas y paneles son todos en madera de cactus-cirio (Cereus), única madera de construcción que existe en Susques. La extremidad superior de las cabriadas se fija a la cumbrera por medio de muescas reforzadas por ataduras de cuero. Todas las otras piezas están simplemente ensambladas por medio de tientos. Los clavos y las

grampas de hierro no existen, ni los ensambles por espigas de madera. Las cabriadas y los paneles están juntados por un enrejado de tallos de Tola sobre el cual se atan haces de paja, cuya extremidad superior ha sido sumergida antes en arcilla diluida” (Boman 1992 [1908]:429-430). Respecto a lo anterior, debemos apuntar que en la actualidad se observa con más frecuencia la utilización de nuevos materiales para la construcción de las cubiertas, los cuales implican indefectiblemente la utilización de nuevas técnicas o la modificación de las existentes. Por ejemplo, la chapa se está transformando en un material utilizado cada vez más frecuentemente. No vamos a ocuparnos en este trabajo explícitamente de los casos de techos resueltos con chapa5. De todas maneras cabe mencionar que los requerimientos técnicos son diferentes. Debido al menor peso de la chapa, frente a la paja o el barro, las estructuras requieren menor cantidad de material y trabajo puesto que las distancias entre los elementos estructurales pueden ser mayores. Por otro lado, con el propósito de contar con piezas del largo suficiente, muchas veces resulta necesario utilizar elementos de tipo industrial como perfiles metálicos6 y maderas industrializadas que cumplan con las dimensiones requeridas. El uso de estos elementos y la aparición de tecnologías no tradicionales han producido en los últimos tiempos diferentes posturas al respecto dentro de las comunidades. Sin embargo, en cuanto a la materialidad de estas estructuras, y a partir de los datos surgidos del campo, pareciera haber todavía más similitudes que diferencias con las formas de resolución que son consideradas como “tradicionales”.

Sistema estructural y tipos constructivos Para el desarrollo de este punto, y con el propósito de hacer más comprensible el estudio de estas estructuras, analizaremos la vinculación de sus componentes a partir de la conceptualización de un sistema estructural7 que responderá a la siguiente clasificación (Fig. 1): I. Estructura principal II. Estructura secundaria o de repartición Esta clasificación es aplicable tanto para techos a un agua como para techos a dos aguas. La estructura principal recibe las cargas de la terminación de la cubierta para descargarlas a los muros en los que se apoya, mientras que la estructura

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Tanto en Susques como en Rinconada, sólo se realizan techos en chapa con una sola agua. Se utilizó un perfil metálico para la materialización de la cumbrera en uno de los domicilios en Rinconada, atado con alambres y tientos por sobre las tijeras (ver casa 7). 7 Denominamos sistema estructural al conjunto de elementos debidamente vinculados que toman los esfuerzos a los cuales está sometida la construcción y los descargan al terreno. “Las características más importantes de un sistema estructural son su resistencia, rigidez y ductilidad. El sistema debe poder resistir de manera eficiente las diversas condiciones de carga a la que puede estar sometida la estructura y poseer rigidez para diferentes direcciones en que las cargas pueden actuar, tanto verticales como horizontales” (Blasco Lucas y Simón Gil 2006: 3). 6

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secundaria conforma una superficie en donde las cargas de la terminación se distribuyen de forma uniforme. Si bien están absolutamente vinculadas, cada una de estas partes tiene sus propias lógicas y modos de hacer constructivos.

Estructura principal La estructura principal consiste en un sistema de elementos lineales amurados, dispuestos en la luz menor del recinto, es decir, en el lado más corto. La dimensión de los recintos, especialmente su ancho, no es un dato menor, puesto que no sólo condiciona las medidas de las maderas que conforman la estructura del techo, sino que en el sentido inverso muchas veces las medidas de los recintos están condicionadas por las maderas disponibles. Esto tiene especial importancia en un contexto como el puneño en el que las maderas duras y de grandes dimensiones definitivamente no son abundantes y actualmente se traen de otros sitios. Aunque actualmente “debido a la utilización de varas de madera de álamo (cuya longitud es mayor que la del cardón local) ahora se pueden techar espacios sensiblemente más grandes que los anteriores” (Delfino 2001: 6), no casualmente la mayor parte de los recintos que hemos analizado tienen un ancho que oscila entre los 3 y los 4 metros. Estos elementos lineales que conforman lo que hemos denominado estructura principal generalmente se encuentran separados por distancias de 40 a 60 cm, dependiendo de la sección y resistencia que posean8. En el caso de los techos a un agua, la estructura principal se resuelve sólo con estos elementos lineales, denominados cabios, a los que se suman las alfajías dispuestas perpendicularmente (Figs. 2 y 3). En cubiertas a dos aguas, la forma de resolución más observada es la constituida por una combinación de tres elementos: tijeras, costaneras y cumbrera (Figs. 4 y 5). Las tijeras son básicamente triángulos de maderas superpuestas entre sí y atadas en cada encuentro con tientos. Cada triángulo está conformado por pares, que son los que definen la inclinación, y el torillo9, que le confiere la resistencia estructural a la pieza. El módulo de las tijeras está fijado en relación al ancho de la habitación y la pendiente que determinan en la mayoría de los casos se encuentra entre los 30 y los 45 grados. Las costaneras son piezas longitudinales que funcionan arriostrando las tijeras y le confieren resistencia al conjunto. Unas se colocan atadas a la misma altura que

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los torillos, y otras fijadas a la base de las tijeras. Mediante esta disposición se pueden distinguir entonces dos tipos de costaneras: una media y otra inferior. Ambas ayudan a rigidizar toda la estructura y, además, constituyen otro punto de integración con los muros. Dependiendo de la materialidad y continuidad de la estructura de repartición es posible que se coloque un mayor número de costaneras dispuestas a lo ancho del faldón. La cumbrera es un elemento longitudinal, que actúa como una tercera costanera uniendo las tijeras en su ángulo superior. A su vez, une la estructura a los mojinetes laterales, quedando el sistema fijado a los muros por los pares y la cumbrera (Figs. 6 y 7). Otra resolución muy observada, tanto para techos a un agua como a dos aguas, consiste en un sistema basado en tablas de cardón colocadas una junto a la otra y apoyadas sobre una viga cumbrera y en los muros10 (Fig. 8). Ésta es una de las resoluciones de estructuras de techos más frecuentemente encontradas en la bibliografía sobre construcción con tierra, como las registradas por Daniel Delfino para dos casos en Laguna Blanca, Catamarca, en donde en el primero “el techo es de torta a un agua, con una pendiente menor de 30°, fue resuelto a partir de 10 varas de cardón que lo soportan” mientras que en el segundo “el techo es de guayada, con caída a dos aguas (un paño con pendiente de más de 30° y el otro de menos de 30°). Tanto la viga como las diez varas (cinco para cada lado) son de cardón” (Delfino 2001:13-14). Respecto al funcionamiento estructural del sistema, debemos diferenciar entre techos a un agua y a dos aguas. En techos a un agua, los cabios reciben la carga de la estructura de repartición, para transmitirla a los muros. Los mismos apoyan y se amuran sobre los lados mayores, reduciendo el largo de los elementos de sostén y confiriéndole mayor resistencia a todo el conjunto11. En techos a dos aguas, las tijeras resisten esencialmente fuerzas axiales. La eficiencia en la transmisión de cargas depende de la posición y correcta unión de los elementos. Generalmente se evita que los lados de los triángulos formen ángulos muy agudos para lograr más rigidez (son apropiados los ángulos entre 30º y 60º). La longitud de los elementos debe limitarse de manera que la resistencia no se vea reducida sustancialmente por efectos del pandeo (Blasco Lucas y Simón Gil 2006). En este sistema, el torillo trabaja a tracción tomando los empujes horizontales de los pares.

Estas medidas son las habituales cuando la cubierta va a ser resuelta con guaya, es decir con paja, o con torta de barro. Cuando se utiliza chapa las distancias son mucho mayores por el significativamente menor peso de ésta. 9 Tanto en Susques como en Rinconada suele denominarse como “torillo” o “toro” a la pieza de madera colocada horizontalmente para impedir la separación de los pares. 10 En uno de los domicilios en Susques este tipo de resolución contó con la particularidad de que para reducir la luz de la cumbrera debido a la longitud del recinto (5.60 metros de largo), se utilizó un puntal de madera de cardón apoyando en una segunda viga, dispuesta en el sentido de la luz menor, como se observa en la Fig. 9 (ver casa 2). 11 De esta forma la estructura se dispone en la dirección de menor luz, reduciendo la flecha que los esfuerzos de flexión producen en los elementos lineales que constituyen la estructura principal.

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Fig. 1. Axonométrica de un techo a dos aguas. Obsérvese la vinculación entre la estructura principal y la de repartición (Dibujo A. Tsuji).

Figs.2 y 3. Techos a un agua. Cabios y alfajías conformando la estructura principal (Dibujo A. Tsuji y Foto S. Grebenar).

Figs. 4 y 5. Techos a dos aguas. Tijeras, costaneras y cumbrera conformando la estructura principal (Dibujo A. Tsuji y Foto A. Lambert).

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Una de las situaciones más comprometidas estructuralmente es el encuentro muro-techo, razón por la cual es en ese encuentro en donde se observa la mayor cantidad de patologías12. Las mismas se producen generalmente debido al peso propio de la terminación de la cubierta. Si ésta apoya sobre muros no preparados para soportar esa carga13, las tijeras van a ejercer una fuerza lateral sobre ellos, resultando en un empuje hacia afuera que producirá rajaduras. Ésta es la patología más común relacionada con la estructuras de techos. Por otro lado, en general cuando se quiebra o vence la cumbrera, o los nudos se debilitan, la tijera se desarma. Esta situación es descripta por los constructores locales con la expresión las tijeras patean. Hemos podido observar este tipo de problemáticas en varios de los casos que trabajamos en la Puna. En todas estas situaciones la resolución implicó la reparación de la estructura del techo, pero también la reconstrucción de la totalidad de los muros de adobe por el grado de inestabilidad que presentaban14. El paso del tiempo también afecta a la estructura debido a que el peso de la terminación de la cubierta sobre los cabios, la cumbrera o las tijeras hacen pronunciar el módulo de la flecha. En los casos en los que no se utilizó un elemento único para resolver la cumbrera, se debilita más rápido la estructura debido al peso de la terminación. Lo mismo ocurre cuando se utilizan maderas de poca sección. En cuanto a la materialidad de los elementos que conforman la estructura principal, las distintas lógicas que determinan la elección de materiales y la gran variabilidad de casos dificulta una generalización. Sin embargo, es posible sostener que los cabios y alfajías generalmente son de madera. En las construcciones más antiguas son casi siempre de cardón o de tramos unidos de queñua y en las construcciones más recientes son de madera aserrada. Respecto a las tijeras, las podemos encontrar resueltas en su totalidad con maderas de la misma especie o con maderas diferentes, ya sea cardón, queñua o de otros árboles del lugar. En la mayoría de los casos están atadas con tientos de cuero de llama y, en menor medida, alambre o sogas. Las costaneras también se encuentran materializadas generalmente con madera, aunque también para arriostrar las tijeras se pueden utilizar pares de cañas atadas, dispuestas cada 40 cm aproximadamente. Por otra parte, para las cumbreras se busca utilizar un elemento único, ya sea una madera del largo suficiente, incluso

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hemos relevado el uso de perfiles metálicos y hasta alguna caña de bambú. Cuando no se dispone de un elemento del largo necesario, se utilizan maderas más cortas, las cuales se atan uniendo de a dos tijeras y terminando en la unión de la última tijera con el mojinete del muro.

Estructura secundaria o de repartición La estructura de repartición consiste en elementos transversales a la estructura principal que conforman una superficie continua para recibir en forma uniforme las cargas de la terminación de la cubierta. Al margen de repartir las cargas, estos elementos también colaboran para arriostrar las tijeras o los cabios. Además de sus funciones estructurales, esta superficie es necesaria como elemento de sostén de la terminación final de la cubierta, ya sea guaya o torta de barro. Respecto a la estructura de repartición, vamos a encontrar diferentes denominaciones en la bibliografía. Graciela Viñuales, basándose en los mismos principios del entramado para muros, va a referirse a entramados para techos para explicar la naturaleza de la superficie de apoyo de la terminación de la cubierta: “(...) los [entramados] que se utilizan para los techos dependen sobre todo de las materias que forman la trama. Es así que en las diferentes regiones se podrán encontrar techos apoyados sobre una estructura de rollizos, de cañas, de tablas y aun de lajas de piedra. Pero también las condiciones de ese apoyo darán lugar a diferentes calidades de tierra, preparación y amasado de ella y a variadas formas de terminación” (Viñuales 1994:76). Rodolfo Rotondaro, por su parte, va a denominar cielorraso de apoyo a la estructura de repartición, cuando ella se encuentra materializada por tablas de cardón colocadas una junta a la otra “apoyadas sobre muros y cumbrero de madera en eucaliptus, atadas entre sí y al cumbrero con tientos de cuero” (Rotondaro 1985:4). Dependiendo de la disponibilidad de recursos puede materializarse con elementos continuos de punta a punta de la cubierta como cañas o maderas largas, o elementos más cortos que cubran los espacios entre cabios o tijeras, como recortes de madera, tablas de cardón o tola. Una resolución muy utilizada, sobre todo en Rinconada, para la estructura de

Las patologías pueden clasificarse siguiendo diferentes criterios, ya sea por los elementos que afectan, el grado crítico que representan o por su origen. Siguiendo esa lógica, podemos encontrar diversos orígenes: razones constructivas, el paso del tiempo o el deterioro de la terminación de las cubiertas, entre otros factores. Es importante observar además que la falta de mantenimiento de estas estructuras puede a su vez derivar en una sucesión de patologías. Por otra parte, el deterioro de la terminación de la cubierta, tanto en el caso de guaya o torta de barro, puede afectar a la estructura del techo. Esto ocurre cuando la madera entra en contacto con el agua de lluvia y comienza a pudrirse. Las consecuencias de ello son los colapsos de la estructura por quebraduras de las maderas o la desatadura de los tientos. También se producen deterioros por la acción de insectos que corroen las maderas y pueden producir quebraduras repentinas en la estructura. 13 Para ampliar los conceptos sobre muros de adobe ver el trabajo de Barada et al. en este mismo volumen. 14 Ver casas 6, 7 y 15.

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repartición es la chajia. La misma consiste en un entramado realizado con tola, la cual se anuda mediando tiras de tientos o alambre que conforman una superficie. Este entramado se dispone sobre la estructura principal, a la cual se ata también con tiento o alambre. Las hileras de tola se van disponiendo sucesivamente sobre los cabios o tijeras, superponiéndose el lado fino de una hilera con el lado grueso de la otra, hasta cubrir todo el techo (Figs. 10 y 11). Una incorrecta realización de la estructura de repartición puede condicionar la ejecución de la terminación final de la cubierta. Es el caso del guayado, el cual requiere que la superficie sobre la que van a colocarse los haces de paja y barro sea lo más uniforme posible. En ese caso es necesario que haya una perfecta continuidad a lo largo de todo el techo, ya que irregularidades y huecos traerían como consecuencia posibles filtraciones. El mayor o menor grado de continuidad de la superficie de la estructura de repartición va a depender en forma directa del material utilizado y de la pericia del trabajo realizado durante su armado. En habitaciones que revisten más importancia, como, por ejemplo, oratorios, se observan trabajos más elaborados donde se utilizan cañas dispuestas superficialmente para configurar un cielorraso continuo. En esos casos, las cañas se intercalan de a dos y con disposición base-punta, de forma tal de distribuir de la mejor manera posible las cargas de la cubierta de cierre (Fig. 12). Cuando las cañas se utilizan en correspondencia con las tijeras se unifica la estructura principal a la de repartición generando un trabajo parejo de todo el conjunto. Otro ejemplo consiste en un entramado de pares de cañas que conforman dos mallas superpuestas a 45 grados. Este entramado se encuentra atado directamente a las tijeras, arriostrándolas de forma tal que se prescinde del uso de costaneras (Fig. 13)15. La superficie de la estructura de repartición también puede utilizarse con fines prácticos, transformándose el espacio interior de los techos en depósitos de “objetos e ideas”, como señala Daniel Delfino para un recinto de Relincho Muerto en Laguna Blanca, Catamarca: “Al detenernos particularmente en la parte interna del techo, vemos que, por la técnica empleada para su construcción, se generan una gran cantidad de espacios entre las ramas de monte. Tanto estos espacios como las varas y la viga suelen ser utilizados por los ocupantes de los asentamientos como depósito. De las varas y la viga se cuelgan bolsas con diversos objetos así como lazos, sogas, boleadoras, etc., y se acomodan otros tantos objetos” (Delfino 2001:14)

Esta utilización del espacio interior de los techos como depósito de objetos ya es descripta por Eric Boman a principios del siglo pasado: “De las maderas de la techumbre y en los rincones cuelgan una infinidad de viejos harapos de ropa, cuerdas de lana de llama, etc.” (Boman 1992 [1908]:430) Lo anterior nos permite inferir que la estructura secundaria posee un uso práctico que va más allá de los fines estructurales y de cobijo propios de la terminación interior del techo, y que este uso persiste a lo largo del tiempo.

Procesos y técnicas constructivas En este punto se desarrollará el procedimiento del armado de las estructuras de techos que fueron trabajadas en la Puna. Se tomará como ejemplo prototípico una de las casas en la localidad de Rinconada16, por ser un caso de cubierta a dos aguas en donde se puede contemplar en su totalidad el funcionamiento del sistema estructural en cuestión. El trabajo consistió en la demolición del techo existente de dos habitaciones del domicilio, para su posterior reconstrucción con su forma original y su terminación en guaya. El equipo de trabajo estuvo constituido por un maestro constructor, miembros de la familia y cinco participantes del proyecto “Puna y Arquitectura”, aunque habitualmente sólo “dos a tres personas construyen el techo, siendo generalmente los mismos propietarios de la vivienda” (Rotondaro 1988:3). El trabajo fue desarrollado en forma conjunta, ya que como remarcamos al comienzo del trabajo, no sólo hemos observado a los constructores puneños sino que hemos compartido las tareas con ellos. Describiremos la totalidad del proceso constructivo en tres etapas. La primera se corresponde con las tareas preliminares que deben realizarse antes de empezar a construir. Estas tareas incluyen primero la obtención de los materiales y luego su preparación. Esta etapa es fundamental no sólo para el armado de las estructuras de techos, sino también para todas las instancias que involucra la construcción de una casa. En nuestro caso debemos destacar en esta etapa la preparación de los tientos, los cuales serían usados más adelante para atar los elementos que conforman la estructura. Otro elemento importante en esta etapa fue la obtención de la paja que luego sería utilizada para conformar la capa final de la estructura de repartición. La segunda etapa corresponde al armado de la estructura principal, en nuestro caso, de las tijeras y su montaje. Estas generalmente se arman en el suelo, utilizando un sistema de

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Esta resolución se utilizó en uno de los domicilios en Rinconada (ver casa 16). Ver casa 13.

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Figs 6 y 7. Croquis interiores de un techo a dos aguas resuelto con tijeras, costaneras y cumbrera (Dibujos A. Tsuji).

Fig. 8. Techo a dos aguas resuelto con tablas de cardón (Foto F. Corrales Barboza).

Fig. 9. Puntal de cardón para reducir la luz de la cumbrera (Foto D. Reisner).

Fig. 10 y 11. Colocación y atado de la tola con tiento para conformar la chajia (Fotos L. Daich).”

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traslación de medidas y, una vez armadas, se montan sobre los muros ya nivelados. En la tercera y última etapa se procede a arriostrar la estructura y asegurarse que ésta quede vinculada correctamente a los muros laterales y mojinetes. En nuestro caso, ello se logra a partir de las costaneras y la cumbrera. El sistema se termina de arriostrar con el armado de la estructura de repartición. Para terminar con el proceso, la última tarea consistió en colocar una capa de paja tejida, la cual sería necesaria para conformar una superficie lo suficientemente uniforme donde ejecutar la terminación final de la cubierta. A continuación analizaremos más detenidamente estas tres etapas, profundizando en las tareas comprendidas en cada instancia.

Tareas preliminares. Obtención y preparación del material Como ocurre con el resto de las partes de la construcción, los materiales para el techo pueden ser obtenidos de las más diversas formas. En algunos casos las familias cuentan con los materiales, o disponen de los medios para conseguirlos. Es usual también el trueque o los préstamos entre los vecinos y es muy común la reutilización de los componentes constructivos, ya sean cañas, madera, tiento, tierra o paja, luego del desarme de una estructura. Antes de comenzar la construcción en sí, en el caso de la estructura de la cubierta, es preciso preparar con antelación los tientos, ya que logran cumplir su función a través de su contracción, después del secado natural de los mismos. Si se cuenta con cuero fresco sólo es necesario cortarlos. Sin embargo, por lo general, dada las condiciones climáticas de la Puna, los cueros tienden a estar secos, por lo cual se deben mantener en remojo previamente para luego ser tratados. Para trabajar el cuero de llama el primer paso es esquilarlo. Luego se cortan las extremidades, debido a que tiene poca elasticidad. Así se logra un paño de cuero de forma oval para finalmente poder cortar una larga tira en espiral. Sobre la técnica a utilizar para comprobar la resistencia de los tientos, un maestro constructor nos indicó: “Si se corta la tira de tiento, se comienza otra, luego pueden ser atadas y lograr así el largo deseado. Antes de ser usadas debe comprobarse su resistencia, para esto, se

sujeta un extremo de la tira pisándola y con la mano se tira fuerte del otro extremo. Si no se rompe, resiste entonces su futura función.” En este caso era necesario obtener paja, que luego sería utilizada en instancias posteriores. Respecto a su obtención, fueron arrancarlas de raíz de manera que fueran lo más largas posibles. Como luego sería tejida, era conveniente que ocupara la mayor superficie posible para evitar repetir esta tarea múltiples veces. En nuestro caso no fue condición necesaria que la paja fuera majada previamente.

Estructura principal. Armando de las tijeras y montaje Siendo característica la forma rectangular de las casas, los techos a dos aguas quedan configurados por dos faldones que desaguan hacia los lados mayores. Estos techos generalmente se resuelven con tijeras. Para armarlas, por lo general se utiliza un sistema de traslación de medidas, donde se mide la separación de los dos muros que van a conformar la luz más chica para resolver más fácilmente la estructura. Esta medida se transfiere al suelo, clavando dos estacas que fijan los puntos de apertura que deben tener las tijeras (Fig. 14). Se toman los pares que van a fijar la pendiente del techo y se los ata con tiento por el extremo superior. Luego se los abre en forma de “A” y se presenta un tercer listón, el torillo, para fijarlo con tiento. Esta última pieza se emplea para poder establecer la distancia medida y rigidizar estructuralmente la tijera. Por lo general la posición del torillo se encuentra un poco más abajo de la mitad de la tijera, sin llegar a la base, para que los pares puedan tener superficie de agarre cuando las tijeras sean colocadas y unidas al muro correspondiente17. Los tientos juegan un papel muy importante en la rigidez de la estructura, ya que una vez resuelto cada nudo, los tientos se secan y el cuero se contrae, fijando la atadura y garantizando la vida útil del nudo. Una vez armadas las tijeras, se alzan sobre los muros ya nivelados. Para su montaje se suelen emplear sogas18, una en cada faldón, de manera de poder disponer las tijeras equidistantes entre sí (Fig. 15). Luego se fijan al muro en forma permanente mediante adobes rebajados que actuarán posteriormente como alero19 (Figs. 16 y 17) y piedras que traban y rellenan los intersticios que quedan entre estos últimos. Por

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En uno de los domicilios en Rinconada, donde se debía techar la cocina que medía 2,10m x 2,60m, se pudieron emplear viejas cañas además de cardón como cabios (ver casa 14). En cambio en un domicilio en Susques, el techo se trabajó mediante la conformación de cabios de cardón o distintas maderas, apoyados sobre los muros cada 70 cm. Cada cabio se inmovilizó mediante un adobe a cada lado para lograr una traba. Para fijar estos cabios al muro en todos los casos se apoyaron los mismos sobre la última hilera de adobe, convenientemente rebajados para un mejor encastre, y se utilizó una mezcla de barro y agua como mortero de asiento (ver casa 10). 18 En otros casos se pueden montar con la ayuda de alambres que proporcionan mayor rigidez al momento de la fijación. 19 En uno de los domicilios en Rinconada, una vez arriostradas las tijeras y las costaneras se procedió a la colocación de aleros de piedra para garantizar un buen anclaje de las estructuras de techos previo al guayado. Las piedras utilizadas debían ser planas, en lo posible lajas, para facilitar la colocación y favorecer el escurrimiento de las aguas de lluvias. En la zona de Rinconada las lluvias son de gran magnitud en verano y los techados deben dar respuestas de rápido escurrimiento en el menor tiempo posible. Los aleros colaboran con la estructura de techos y con el escurrimiento de las aguas de lluvia (ver casa 15).

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lo general, las tijeras no son idénticas entre sí, por lo que se elige colocar las más altas en el centro y las más bajas simétricas en ambos costados. Esto es necesario por una cuestión estructural de distribución de cargas, además de ayudar a una mejor caída del agua y que ésta no se junte en la parte media. Como se señaló, el módulo de las tijeras está fijado en relación al ancho del local a techar. La distancia entre tijera y tijera puede variar de acuerdo a ese ancho, a la resistencia de los materiales con los que están armadas, y al ojo del maestro constructor que esté a cargo; pero generalmente las distancias entre tijeras oscilan entre unos 40 cm y 60 cm. En el caso que estamos describiendo, se colocaron 6 triángulos cada 50 cm aproximadamente en una habitación de 2,40 m x 4,80 m.20

Costaneras y cumbrera. Armado de la estructura de repartición Para cumplir su función estructural, fue necesario arriostrar las tijeras. En este caso, se utilizó como costaneras un fajo de cañas atado a la misma altura que los torillos, y otro fijado a la base de las tijeras. El modo de sujeción generalmente es mediante los nudos de la Figs. 18 y 19 con tientos de llama. Es preferible que en el caso de no contar con la cantidad suficiente de éstos para el armado de toda la estructura se reserve la mayor cantidad posible de tiento para esta etapa y la siguiente, ya que con otro material de sujeción perdería rigidez. Luego de colocadas las costaneras, para terminar de rigidizar la estructura principal se procedió a colocar la cumbrera. Es conveniente guardar los elementos más largos para esta etapa. En el caso de no contar con un elemento lo suficientemente largo, se utilizan varias maderas haciéndolas coincidir con las tijeras para lograr mayor resistencia, uniéndolos entre sí mediante nudos. Del mismo modo que las costaneras, para conformar la estructura de repartición se fueron atando fajos de tres o cuatro cañas con una distancia de 15 cm entre sí, cubriendo todo el faldón21. Se ataron de abajo hacia arriba con tiento de llama o alambre, en forma de base-punta, cuidando que alguna de las cañas del fajo lleguen al mojinete del muro para poder luego fijarlas con una mezcla de barro; con esto se logra una integración de la estructura total al muro. Luego de este despliegue de cañas, en este caso en particular se ubicó una capa de paja tejida a modo de terminación interior y como una segunda capa de la estructura de repartición. Estas fajas de paja se armaron previamente, independientemente del techo. Generalmente deben tener

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el largo de la cubierta a techar. Para ello se utiliza el mismo método de traslación de medidas que se emplea en el armado de las tijeras. Una vez determinada la medida en el suelo, se van atando sucesivamente con tientos, manojos de paja de aproximadamente 1,5 cm de diámetro, dejando por fuera de las costuras alrededor de 1/5 del largo de la paja (Figs. 20 y 21). Una vez terminada toda la franja, se enrolla y se guarda para protegerla de la lluvia, hasta el momento de su montaje. Este proceso se realiza nuevamente hasta que haya suficientes franjas para cubrir toda la estructura. Para montar estos tejidos de paja se van subiendo los rollos de a uno sin tenderlos, y a medida que se los van atando se van desplegando desde el mojinete a lo largo de todo el techo hasta el otro extremo. La colocación de esta capa de paja tejida constituyó la última tarea del proceso constructivo de la estructura del techo. Sin embargo, la construcción del techo concluye con la ejecución de la terminación final de la cubierta. En el caso descripto, para la terminación se eligió la técnica de guayado22. Esta elección ya estaba tomada antes de iniciarse el proceso de armado de la estructura del techo, y cabe destacar que la misma condicionó todo el proceso, ya que es una técnica que precisa de una superficie muy uniforme para su correcta ejecución. Lograr que haya una perfecta continuidad a lo largo de todo el techo va a ser consecuencia de un trabajo muy preciso desde las primeras etapas. Esto implica la obtención de la materia prima adecuada, pasando por el correcto armado y vinculación de las tijeras, y terminando con una ejecución muy cuidadosa de la estructura de repartición.

En uno de los domicilios en Rinconada, se utilizaron 5 tijeras con una separación de 60cm, en un local de 2,80 m x 4,10 m (ver casa 15). En un domicilio en Rinconada se ataron de a 2 cañas (ver casa 7); todo depende de la disponibilidad del material, la calidad y el tamaño. En cambio en un domicilio en Susques la estructura de repartición fue resuelta con cardón en lugar de cañas por lo que la separación entre los mismos era de 30cm aproximadamente (ver casa 9). 22 Para ampliar los conceptos sobre guayado ver el trabajo de Daich en este mismo volumen. 21

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Fig. 12. Cañas que materializan la estructura de repartición (Foto E. Kim).

Fig. 13. Vista interior de un oratorio. La estructura de repartición se realizó con cañas que formar una trama a 45 grados (Foto T. Palacios).

Fig. 14. Traslación de medidas para armar las tijeras (Dibujo A. Tsuji).

Fig. 15. Montaje de la estructura principal. Las sogas permiten mantener las tijeras equidistantes (Foto M. Domínguez).

Figs. 16 y 17. Las tijeras se fijan al muro mediante adobes rebajados que actuarán como alero (Foto A. Lambert y Dibujo A. Tsuji).

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Figs. 18 y 19. Uniones por medio de nudos con tientos (Dibujo A. Tsuji y Foto M. Domínguez).

Figs. 20 y 21. Modo de atar la paja para conformar una franja continua (Dibujo de A. Tsuji y Foto de F. Álvarez).

Reflexiones finales En tanto es una parte fundamental dentro del sistema constructivo global, el estudio de las estructuras de techos en la Puna es importante a la hora de pensar la arquitectura local. A partir de este trabajo entendemos que estas estructuras tienen una complejidad y lógica propias, las cuales se presentan a través de su materialidad, comportamiento estructural y técnicas constructivas. El estudio de estos tres ejes demuestra su variabilidad, que se manifiesta en las múltiples combinaciones posibles para su resolución. Por otro lado, entender y reflexionar acerca de las técnicas y procesos constructivos que involucran e involucraron históricamente estas estructuras, nos ayuda a comprender el devenir histórico de los modos de construir locales. A partir del trabajo realizado y después de haber puesto en discusión los datos de campo obtenidos con la bibliografía existente, hemos podido observar que el profundo

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conocimiento técnico de los maestros constructores especializados en la resolución de cubiertas es fundamental para entender la correcta ejecución de estas estructuras. La variabilidad de soluciones posibles, tanto técnicas como materiales, para resolver los techos es una muestra de la densidad de conocimiento que éstos poseen. Por lo tanto, creemos que la importancia pasa por conocer y reconocer las formas locales que tienen la construcción y materialización de estas estructuras. Y también creemos que no sólo este saber local debe ser reconocido, sino que además tiene que ser puesto en conjunto con el saber académico. En ese sentido, el presente trabajo pretende ser un paso inicial para incentivar el estudio de esta temática. Desde hace varios años se ha formado un vacío en los programas de aprendizaje pensados en las facultades de arquitectura, donde se dejan de lado estas técnicas que son muy utilizadas en numerosas partes del país.


Bibliografía Blasco Lucas, I. y L. Simón Gil (2006). “Tipos estructurales y autoconstrucción con tierra en región árido-sísmica”. Instituto Regional de Planeamiento y Hábitat, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, Universidad Nacional de San Juan. Boman, E. (1992 [1908]). Antigüedades de la región andina de la República Argentina y del desierto de Atacama. Tomo II. Universidad Nacional de Jujuy. San Salvador de Jujuy. Delfino, D. (2001) “Las pircas y los límites de una sociedad. Etnoarqueología en la Puna (Laguna Blanca, Catamarca, Argentina)”. En: Lawrence Kuznar (Editor) Ethnoarchaeology of Andean South America: Contributions to archaeological Method and Theory.

International Monographs in Prehistory, Ethnoarchaeological Series 4, Ann Arbor, Michigan. Viñuales, G. (2002) “Vocabulario de arquitecturas de tierra en América”. En: ANAIS 1° SIACOT. Projeto de Investigação PROTERRA – HABYTED/CYTED IV. Rotondaro, R. y M. Rabey (1988). “Experimento tecnológico sobre techos de tierra mejorados en la Puna jujeña de la Región Andina”. En: Foco de tecnología apropiada, 26, Septiembre-octubre. Rotondaro, R., Chaila, J. y F. Carrizo (2005) “Viviendas tradicionales del ámbito Aconquija Tucumanocatamarqueño, Argentina” En: Construcción con tierra, 1. Centro de Investigación Hábitat y Energía, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

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El guayado: aprendizajes desde el trabajo de campo en Susques y Rinconada Leandro Daich y Tomás Palacios

Introducción Existen en la Puna diversas técnicas y sistemas constructivos de techado, que varían en materiales, tecnologías, formas, usos y estética. La enorme cantidad de ejemplos y cada una de sus particularidades, así como la amplia difusión que tienen y el tiempo que implican dentro de las tareas de construcción hacen que esta temática sea de gran interés y relevancia. Paradójicamente ha sido poco estudiado dentro de las investigaciones sobre construcción con tierra en el espacio puneño. En este trabajo nos interesa centrarnos en aquellas tareas cuya realización hemos podido presenciar, estudiar e intervenir gran cantidad de veces: el guayado1, un sistema de cerramiento para cubiertas inclinadas, logrado a partir del uso de paja mezclada con barro. El mismo, así como su variedad de técnicas, representan una parte importante de la identidad arquitectónica y tradición constructiva de la Puna. En este capítulo abordaremos algunos de los diferentes aspectos que hacen al guayado: sus propiedades, funciones,

lógicas constructivas y su significación en la casa. A su vez, desarrollaremos el procedimiento completo de guayado, analizando cada una de sus etapas. Con respecto a este punto, de ninguna manera es nuestra intención generar un manual de construcción. Como se ha explicado en capítulos anteriores, lo que presentaremos es el aprendizaje del trabajo realizado en conjunto con las familias y maestros constructores de Susques y Rinconada. Esperamos entonces que este capítulo sea entendido como una recopilación de los saberes que hemos podido reconocer y de los trabajos en los que participamos. Como ocurre con otras temáticas dentro de la construcción con tierra, la bibliografía existente sobre guayado es ciertamente escasa. Para la elaboración de este trabajo hemos recurrido tanto a aportes realizados desde la arquitectura, por ejemplo Rotondaro (1988) para la Puna jujeña, como desde la etnoarqueología, Delfino (2001) para Catamarca. Pretendemos con este trabajo sumarnos a las investigaciones existentes con nuevo material de campo y ampliar el conocimiento e interés sobre esta técnica.

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El nombre de guayado, proviene de guaya, que es la denominación local del tipo de paja con el cual se realiza este techado. Esta, a su vez deriva del término aymará waylla (Delfino 2001). Este tipo de paja ha recibido también el nombre de paja brava (Boman 1992 [1908]), con el cual se lo continúa reconociendo. Las palabras guaya y guayado poseen varias acepciones dentro del proceso constructivo: se llama guaya a la paja en su estado natural con la cual se realizan este tipo de techados, así como a la misma una vez preparada para techar (por ejemplo, de la guaya pueden obtenerse, tras su procesamiento, cijne, cola y guaya). De la misma manera, se llama guayado al desarrollo completo del cerramiento, así como a la instancia final de la colocación de las guayas preparadas. Todas estas variaciones del material serán desarrolladas a lo largo de este capítulo.

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Consideraciones sobre el guayado como sistema constructivo La función del guayado, siendo un tipo de cerramiento para cubiertas, es la de aislar el interior del recinto de diversos factores climáticos y proveer una mejoría de su confort. En cuanto al aislamiento térmico, este sistema brinda un buen resultado para las temperaturas en la Puna jujeña, que pueden alcanzar los -20ºC en invierno y los 24ºC en verano, a su vez con una gran amplitud térmica diaria (Rotondaro 1988)2. Como aislamiento hidrófugo, si está bien ejecutado, provee una adecuada protección frente a las constantes lluvias de la temporada estival. Inclusive se comporta como un buen aislante acústico frente a tormentas y granizos. Sin embargo, para que estas propiedades sean efectivas, es necesario que la ejecución de la técnica sea precisa en cada uno de sus pasos. Como cualquier técnica constructiva, el guayado tiene ciertas formas de realizarse y también límites en sus posibilidades. Durante el trabajo de campo realizado dentro del proyecto “Puna y Arquitectura”, hemos intervenido en 8 techados con guaya. Dentro de éstos se incluyen trabajos de techado en construcciones realizadas a nuevo, reconstrucción completa de techos y el mantenimiento del guayado existente. Los trabajos se realizaron tanto en casas en el campo como en el pueblo y, dentro de éstas, en espacios diferentes tales como habitaciones, cocinas, depósitos, oratorios, entre otros. Es interesante observar que el modo de llevar adelante la técnica varió en cada uno de los casos, si bien no significativamente, pero sí logrando afirmar el estrecho vínculo que existe entre ésta y cada maestro constructor. La comprensión del construir no es igual para cada persona, depende de la tradición e historia propia de cada familia, haciéndose presente en la cotidianeidad y en el habitar mismo de la casa. Es decir, no existe ninguna institución que especifique las maneras de construir, pero no por eso debe considerarse un quehacer arbitrario o improvisado. El conocimiento del guayado se basa en una tradición alimentada y transformada por la experiencia, y su aprendizaje en la transmisión oral y en la práctica misma. De la misma manera que la técnica es transformada por cada familia, lo es también el componente simbólico. En el techado de un oratorio de Rinconada, el uso de la guaya no dependió solamente de una preferencia constructiva. Era un espacio sumamente arraigado a la herencia y religiosidad familiar. Seguramente techar con guaya y no con torta de barro o chapa tenía un componente simbólico. En el contexto del proyecto se trabajó y relevó en dos variantes de techados: a un agua y a dos aguas. Dentro de éstas, hemos observado cubiertas de diversas pendientes, ma-

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teriales y formas. La resolución que se elige al momento de construir, aparte de sus ya explicados motivos para la construcción de la estructura, es definitoria en cuanto al techado que se realizará. La cubierta se planifica en todas sus etapas previo al comienzo de la obra. Esto implica que la decisión de utilizar este cerramiento, condiciona directamente algunos aspectos de la estructura del techo. Por ejemplo, la pendiente de la cubierta se materializa durante la construcción de la estructura, sin embargo ésta es definida de antemano según las necesidades del guayado. Las pendientes óptimas para este tipo de techos pueden variar entre los 30 y los 45 grados, ya que de esta manera se puede lograr un rápido escurrimiento del agua. De ser menor, el agua permanecería más tiempo en la cubierta, pudiendo dañarla generando filtraciones. De ser mayor, el cerramiento no podría sujetarse correctamente sobre la estructura y se desprendería. Una incorrecta realización de la estru ctura del techo puede condicionar la ejecución del guayado. Esta técnica requiere que la superficie sobre la que van a colocarse los haces de paja y barro sea lo más uniforme posible. De no ser así, es muy complejo lograr una correcta colocación del material sin que queden irregularidades y posibles huecos, lo cual tendría como consecuencias su rápido desgaste y consecuentes filtraciones. Como ocurre con muchos otros materiales usados en cubiertas, en este caso es necesario que haya una perfecta continuidad a lo largo de todo el techo.

Obtención y características de los materiales para el guayado Decir solamente que los materiales que involucra el guayado son la tierra y la paja, sería una aproximación demasiado vaga. Existen cantidades de tipos tanto de tierra como de paja, teniendo cada uno de éstos funciones específicas dentro de la construcción. La correcta elección de los materiales con los que se trabaja determina la realización y calidad final del techado. Sin embargo, ésta se encuentra condicionada según las formas de accesibilidad a este recurso. Para ello, actualmente existen diferentes opciones, las cuales, a su vez, han variado a largo del tiempo.

Formas de obtención de la paja La paja crece naturalmente en la Puna jujeña en zonas húmedas cercanas a ríos o lagunas y la forma más habitual de obtenerla es dirigiéndose a estos lugares y recolectándola. La planta se extrae de la tierra utilizando un pico o piqueta, porque de esta forma se conserva la raíz. Muchas veces estas zonas se encuentran alejadas de la construcción y el material debe traerse desde grandes distancias. Cuando esto ocurre,

Se debe considerar que las condiciones ambientales pueden ser diferentes para los distintos sectores de la Puna.

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las plantas se apilan sobre una soga de lana de llama, con la cual se atan y se cargan en la espalda. Como consecuencia de las características ambientales de la zona, muchas veces la paja debe ser recolectada en lugares demasiado alejados, por lo cual el traslado no puede realizarse a pie. Esto fue observado también por Pujal en el análisis de las tareas de restauración de la Capilla de Rosario de Coyahuaima, al Norte de Susques. La capilla estaba techada con guaya y la restauración se realizó con el mismo material. En relación con esto, sostienen que: “(...) debido a la aridez del lugar, algunos materiales debieron ser recolectados y trasladados desde otras partes, tal es el caso de la guaya, que ya no crece en la zona (...)” (Pujal et al. 2002:8).

por el ataque del entorno. Otra especie de paja utilizada es la Vizcachera, que al igual que la anterior, se usa en la parte superior de la cubierta. Su calidad como material constructivo es inferior ya que presenta menor resistencia a la intemperie, por ello suele utilizarse para tapar oquedades en los techados o bien como capa primaria en la cubierta. A su vez, existen otras variedades de paja como la Chillahua o la Cebadilla pero son utilizadas en otra parte de la construcción. Esta temática fue investigada anteriormente por Rotondaro, quien sostiene que: “El tipo de paja depende del lugar y de la abundancia de ésta en las proximidades. Las más utilizadas son las chillahua, el hiro, la guaya, la cebadilla, la vizcachera y la cortadera para refuerzos.” (Rotondaro 1988:3)

La observación respecto a que “la guaya ya no crece en la zona” es coincidente con los comentarios que algunos pobladores nos han hecho tanto en Susques como en Rinconada. En algún momento pareciera haber habido una mayor disponibilidad que en el presente. Es probable que la presión sobre el recurso se haya incrementado en las últimas décadas. Como consecuencia, hoy en día son pocas las familias que tienen disponibilidad propia de guaya y, en la práctica, deben comprarla o intercambiarla con sus vecinos. Durante los trabajos en Rinconada, se realizaron tareas de extracción y traslado de la paja desde la localidad de Pan de Azúcar y Casa Colorada, la primera a unos 20 km. y la segunda hacia el noroeste de Rinconada. Si bien se han observado techos de guaya tanto en Susques (donde su capilla está techada con este material), como en Rinconada; en esta última la cantidad de casas de familia que emplean la técnica es a simple vista mucho mayor. Como adelantamos en el párrafo anterior, otra forma común de obtención del material es la compra. Cuando la familia no tiene disponibilidad propia del material, se suele comprar a otros vecinos o intercambiarla con otros productos. En el caso de comprarla, suele suceder que el vendedor entregue la paja ya habiéndola preparado para techar, con lo cual obtiene un mayor valor por el material. Sin ir más lejos, en el caso de Susques la familia con la que se guayó debió comprar la paja. Lo mismo ocurrió con algunos casos en Rinconada, en otros se obtuvo la posibilidad de recolectar guaya sin costo alguno en un campo vecino.

La paja se selecciona por su rigidez y según su largo, siendo lo ideal que tengan entre 50 y 100 cm. De acuerdo a Rotondaro (1988), en algunos casos pueden llegar a tener más de 120cm. Con este mismo criterio, se clasifican y separan para diferentes funciones de la obra: cijne, colas, guayas y aleros. Priorizando las más largas y rígidas para las dos últimas opciones, y dejando las de peor calidad para el cijne. La tierra que se utilizará para hacer el barro en el que se sumergirán los haces de paja debe ser sumamente arcillosa. Este tipo de tierra puede generar una mejor cohesión entre la paja y también una mejor resistencia a la erosión ocasionada por las lluvias. Este tipo de tierra presenta un color marrón oscuro. Ésta puede obtenerse dentro del mismo terreno o también, en caso de encontrarse en el campo, en un área aledaña a la casa. En los casos donde la composición del suelo no es de utilidad para guayar, la tierra debe ser transportada desde otras zonas.

Características de la paja como parte del guayado Como mencionamos en la introducción de este trabajo, el tipo de paja que se utiliza para este techado lleva justamente el nombre de guaya. La más utilizada por sus características es la Hiro, que se reconoce por ser espinosa y de un color verde pálido. Su utilización se debe a su gran resistencia a la intemperie ya que está bañada por una película aceitosa que a pesar del paso del tiempo no se ve alterada

Preparación de la materia prima para las tareas de techado Las tareas de preparación de la materia prima representan una parte fundamental del guayado, insumiendo inclusive mucho más tiempo que el techado en sí. Esta etapa es determinante en cuanto a la calidad que tendrá el techado y su conocimiento es necesario para la comprensión de esta técnica constructiva. Cabe aclarar que si bien las tareas de preparación son preliminares, o sea pasos previos a la construcción, no debe asumirse que sólo una vez que éstas hayan terminado podrán empezarse las tareas de techado. Dentro de los tiempos de obra, algunos trabajos de preparación suelen ser simultáneos a la construcción del techado.

Formas y consideraciones para la transformación de la tierra al barro para guayar Generalmente, la preparación del barro para el guayado es una tarea que debe realizarse días antes de comen-

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zar el techado. Esto significa que no puede coincidir temporalmente con la construcción del mismo. Es por ello que el barro debe prepararse ya conociendo la cantidad que se necesitará, previniendo que éste no se acabe durante el guayado. A diferencia del tipo de barro que se utiliza para otras etapas de la obra, éste es mucho más líquido. Por lo tanto, debe prepararse dentro de un pozo de considerables dimensiones. Puesto que el guayado es una tarea que debe repetirse periódicamente, es muy probable que exista en cada casa, un espacio del patio destinado especialmente para la ubicación del pozo. En una de las casas en las que trabajamos, mientras se excavaba el pozo en el lugar que había sido indicado, se pudieron distinguir diferentes capas de barro. En otros casos, se encontraba incluso un pozo existente, evidenciándose así la relevancia del guayado en la cotidianeidad de la casa. En los casos donde el pozo se realiza en un patio de la casa, se tiene en cuenta que éste no se encuentre cerca de muros. Esto se debe a que la excavación podría debilitar los cimientos del mismo, considerando especialmente que el pozo debe ser llenado de agua, lo cual implicaría una gran transmisión de humedad; a su vez, responde a la necesidad de un espacio de trabajo y circulación alrededor del pozo. Las dimensiones del pozo dependerán principalmente de la cantidad de barro necesario para completar el guayado de la cubierta (pueden ser varias) a techar. En uno de los casos trabajados, donde debían guayarse la cubierta del oratorio y de una habitación, se realizó un pozo de 1,80 m de diámetro y 0,80 m de profundidad, siendo la superficie a guayar de aproximadamente 40m2. Para el techado de una casa en Susques (Ver casa 9), el pozo fue de 1,85 m de diámetro y 0,80 m de profundidad y debió ser llenado dos veces. Con el barro producido se guayaron la cocina, dos habitaciones y un baño, completando todos estos locales una superficie aproximada de 63m2. Para esta tarea se necesitaron 60 carretillas de tierra, tarea que demoró una jornada y media. Existen diferentes técnicas para la preparación del barro, las cuales dependen, como se ha explicado anteriormente, de la tradición de cada familia y del maestro constructor que la vaya a realizar. Ya concluida la realización del pozo, se vuelca en su interior toda la tierra seleccionada, es posible que un porcentaje de la tierra extraída durante la excavación del pozo pueda ser reutilizada para la realización del barro. En el caso que la tierra sea excesivamente arenosa, debe

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agregarse arcilla o por el contrario necesitar arena, o bien tener demasiadas piedras por lo que hay que zarandearla3. A continuación se le agrega el agua en grandes cantidades, y se procede a mezclar (Figura 1). En otros casos, el procedimiento es exactamente opuesto: primero se agrega el agua y luego se vuelca toda la tierra (Figura 2). El proceso de mezclado se realiza primero con herramientas, desde afuera del pozo, y luego dentro del mismo utilizando los pies. Esta tarea continúa hasta integrar la greda y el agua en un barro liviano, de consistencia bastante líquida. Es muy común que el barro obtenido sea demasiado líquido o espeso y que sea necesario agregar más tierra o agua respectivamente, hasta llegar a la consistencia deseada. Otra forma para la preparación del barro consiste en agregar el agua y la tierra en pequeñas cantidades mientras se revuelve la mezcla constantemente. Se continúa de esta manera, hasta llegar tanto a la cantidad como a la consistencia deseada (Figura 3). A partir de ese momento debe esperarse una cantidad de tiempo (determinada por cada maestro constructor) con el fin de lograr una mejor unificación de los elementos del barro. En los casos relevados, se ha dejado entre 15 minutos y dos días para ello. Acerca de este proceso, hay dos versiones muy interesantes, y contrapuestas, sobre cómo lograr una mejor calidad de barro: según uno de los constructores de Rinconada, éste debe permanecer en reposo durante esta instancia de integración, de lo contrario se formarían grumos y perdería sus propiedades fundamentales. Para otro constructor Rinconadeño, el barro debe revolverse continuamente con el fin de que la tierra no decante, para lograr esto debe introducirse aire con cada palada. Al salir, las burbujas mezclan el barro desde el fondo del pozo hacia la superficie. Este constructor llama “arrope”4 al barro pronto a estar listo para guayar, ya que las burbujas hacen que pareciera hervir, al igual que esta comida.

Modificación de la paja para su utilización en el techado En los casos en que la paja fue recolectada, ésta llega a la casa en su estado natural y se deposita formando un gran montículo. En el lugar elegido para ello, se desarrollarán también las tareas de preparación del material. Esto se debe a que las mismas se realizan estando sentados, por lo cual conviene que la distancia hasta las plantas no supere el brazo, así se optimiza el ritmo y la comodidad en el trabajo. La primera instancia de preparación es el gavillado. Éste

Que tenga piedras es un problema por varias razones. En primer lugar las piedras hacen que sea muy compleja la colocación de la paja en el techo. Por otra parte, en un proceso en el que generalmente se usan los pies y las manos para mezclar, la presencia de piedras puede ser sumamente molesta. 4 El arrope es un dulce parecido a la miel, que se obtiene de la concentración del azúcar de las frutas. Su preparación consiste en hervir revolviendo constantemente. Otros maestros constructores también llaman de esta misma manera al barro para guayar.

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consiste en organizar la paja en manojos que puedan ser sostenidos con una mano, y siempre con las raíces de un lado, niveladas. Para ello, se sujeta la paja con ambas manos y se jala, separándose así los manojos desde su unión, o sea la raíz. Una vez gavillada, la paja se acomoda en forma cruzada para que no se vuelva a mezclar. Todas las etapas posteriores se realizan con cada manojo, tenerlos claramente separados implica un ahorro de tiempo considerable. La siguiente tarea es el majado: proceso con el cual la paja pasa de su estado natural a la forma requerida para guayar, a través de la separación de su raíz. Para ello se toma un manojo de paja, orientándose todas sus raíces hacia un mismo lado y luego se las corta con un machete. El manojo de paja, sin raíces, es sacudido y golpeado contra el suelo separando de éste las pajas más pequeñas. Este trabajo muchas veces incluye al gavillado: se separa un manojo de la planta y se lo maja. Esto significa que no es necesario que toda la paja sea gavillada antes de majar. Ambas tareas pueden realizarse en conjunto como un solo proceso (Figura 4). A medida que se obtienen las gavillas majadas, conviene que éstas vuelvan a ser acomodadas en cruz en un nuevo lugar. En los casos intervenidos esta tarea demora varios días, por lo cual fue siempre considerada entre las primeras etapas de la obra y realizada en simultáneo a los trabajos de construcción anteriores al techado. En muchas ocasiones parte del majado se realiza a la par del guayado, preparando guayas a medida que son necesitadas. Al contrario de lo que podría asumirse, no es sólo la paja larga y limpia aquella con utilidad en el techado, sino también lo son las raíces y pajas cortas. Cada una de estas tendrá sus usos particulares en el techado.

Sistema y proceso constructivo del guayado Cada uno de los elementos del sistema constructivo es realizado a través de tareas específicas y diferentes entre sí, las cuales se llevan a cabo secuencialmente. Al igual que sucede durante la preparación de la materia prima, no es necesario que cada tarea que hace a la realización del techado deba completarse para poder dar comienzo a la otra. En muchos casos, estas tareas se realizan simultáneamente.

El Cijne La primera capa que se coloca sobre la estructura de la cubierta es el cijne. Las funciones de esta capa son, por un lado, homogeneizar la superficie de la estructura de repartición con el fin de que el resultado final no presente irregularidades y facilite el escurrimiento del agua. Por otro lado esta

capa de paja forma muchos pequeños compartimentos que colaboran para que este sistema tenga una buena aislación térmica y acústica. El cijne se compone de las raíces y pajas cortas resultantes del majado, agrupadas de manera abultada. No es necesario que la paja sea de buena calidad, inclusive ésta puede obtenerse de la reutilización de las guayas de la cubierta a refaccionar. En estos casos se debe remover cuidadosamente la guaya del techado con un pico o piqueta desde abajo hacia arriba. Luego se separa la paja de la tierra por medio de palas, azadas o rastrillos. La paja obtenida puede ser utilizada como cijne. La colocación se realiza directamente sobre la estructura de repartición, sin necesidad de barro. La irregularidad de su forma, lograda a través de pajas sobresaliendo en diferentes direcciones, permite que el cijne tenga una excelente sujeción a las cortaderas, tolas o chillaguas (Figura 5). Al mismo tiempo, el “entrecruzamiento” de la paja le permite mantenerse unido al cubrir los espacios intersticiales entre las tolas o cañas (Figura 6). Debe prestarse atención a que no queden pozos en el cijne porque éstos podrían generar futuras filtraciones de barro o agua hacia el interior. Para evitarlos, puede alisarse la superficie de esta capa, golpeándola con un palo. En general, el espesor del cijne es de aproximadamente 5 cm (Figura 7).

Armado de guayas y colas Las pajas largas que resultan del majado pueden cumplir las funciones de guaya o cola. El armado de las guayas consiste en empapar la paja con barro del lado en que estaba la raíz. Se sujetan los manojos de paja desde su extremo más fino y se sumerge la parte más gruesa entre la mitad y dos tercios de su longitud5. Dentro del barro, se separan las pajas a modo de abanico permitiendo que todas se empapen, inclusive en el interior del manojo (Figura 8). Luego las guayas se colocan en el suelo o adentro de una carretilla, en forma de cruz o de trenza (Figura 9). En esta instancia el gavillado es indispensable, ya que permite que las puntas queden limpias de barro. El armado de guayas se continúa realizando durante todo el proceso de techado, a medida que son requeridas. El proceso de armado de las colas es idéntico, con la diferencia de que se sumerge la parte más fina de los manojos de paja y que esto se realiza en la totalidad de su largo, o en casi todo. Para el armado de colas también puede usarse paja sin majar, es decir, con su raíz, ya que con ella se obtendrían colas más rígidas. Mientras que la guaya se usa para cubrir los faldones del techo, la cola sirve específicamente para el alero.

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De acuerdo a Rotondaro puede ser de un tercio (1988).

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Fig. 1. Llenado del pozo con tierra, Susques marzo 2008. (Foto L. Christ)

Fig. 2. Pozo llenado con agua y luego con tierra (en estado de reposo), Rinconada enero 2008. (Foto P. Yacuzzi)

Fig. 3. El barro siendo mezclado desde el interior del pozo, con herramientas y pies, Rinconada enero 2007. (Foto M. Domínguez)

Fig. 4. Majado de paja. Las guayas son ordenadas en gavillas en un sector a un brazo de distancia, Rinconada enero 2008. (Foto F. Alvarez)

Fig. 5. Colocación del cijne sobre la estructura de repartición (tola), Rinconada enero 2008. (Foto P. Yacuzzi)

Fig. 6. Vista interior de una cubierta: estructura de repartición (caña) y cijne, Rinconada enero 2007. (Foto J. Tomasi)

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Los aleros laterales La siguiente instancia en la realización del techado son los aleros. Éstos cumplen un importante rol en la preservación de la casa ya que impiden el desgaste de sus muros por la erosión pluvial, una de las principales patologías en las construcciones de adobe. La realización de los aleros, consta de dos capas, en la primera pueden utilizarse pajas con raiz y sin barro, o colas. En la segunda se utilizan directamente las guayas. La primera capa puede comenzar a colocarse desde la cumbrera hacia abajo en el borde de la construcción perpendicularmente al muro y sobresaliendo entre 7 y 15 cm. La paja sin barro se coloca, desde abajo hacia arriba, sobre el cijne; las colas se adhieren a éste con el barro. Su realización, siempre con las raíces o la parte más gruesa hacia el exterior, tiene el fin de otorgar una mayor superficie rígida a la guaya, y así podrá sobresalir aún más. Luego, se colocan los haces de guaya sobre la capa anterior, también en sentido perpendicular al muro, sobresaliendo lo más posible hacia el exterior. Sin embargo, si las guayas sobresalen demasiado, perderían superficie de apoyo y serían levantadas por el viento (Figura 10). Así como hay una variedad de tratamientos de la paja para materializar los aleros, existen dos técnicas para su armado: el alero recto y el boleado. En el primero los aleros se colocan perpendiculares a los muros, mientras que en el segundo se colocan de forma oblicua y hacia abajo (Figuras 11 y 12). Colocación de las guayas, finalización del cerramiento Esta tarea consiste en la terminación del cerramiento con las guayas preparadas. Cada manojo de guaya tiene un diámetro aproximado entre 5 y 8 cm. (lo que entre en la mano juntando las yemas del pulgar y el índice). La principal función de esta capa es la de aislante hidrófugo, logrado por la combinación de la paja con el barro arcilloso. Al llover, las guayas se mojan y absorben el agua. Como resultado, se hinchan y se aprietan entre sí, impidiendo las filtraciones del agua. Al mismo tiempo, al ser la capa final y por lo tanto aquella visible, tiene una función estética determinante. Su correcta colocación: prolija, uniforme y lisa, no sólo representa una mejoría técnica, sino también “un techo más pintudo”. Las guayas se colocan desde abajo hacia arriba, desde un extremo al otro, en faldones de unos 50 a 80cm. Este ancho debe ser siempre menor al rango de alcance del brazo del guayador, permitiendo de esta forma, trabajar sin estar pisando las guayas recién ubicadas. La forma de colocación de las guayas consiste en desplegar los manojos sobre el cijne y presionarlos sobre éste en su lado embarrado. La primera tira de guayas debe sobresalir entre 10 y 15 cm. Es usual que para la primera guaya haya que usar un poco de barro extra, ya que cumplirá la función de alero frontal y deberá resistir la acción del viento. Luego se colocan las siguientes, solapándose aproximadamente la mitad sobre las que se encuentren debajo. Posteriormente las dos contiguas, solapando ape-

nas entre ellas, y luego, otras tres encima de éstas, pisando aproximadamente la mitad de las guayas de abajo. Así se sigue repitiendo el procedimiento sucesivamente hasta llegar a la cumbrera (Figuras 13, 14 y 15). Una vez que comienza el procedimiento del guayado, no se puede detener hasta terminarse. Por lo tanto, lo ideal es trabajar en cadena, optimizando energía y tiempo. Se necesita una persona techando arriba de la cubierta, sostenida por una soga atada en su otro extremo a algún objeto lo suficientemente pesado para que pueda actuar como contrapeso, o sujetada por otro trabajador; otra persona situada al pie de la cubierta (preferentemente arriba de una escalera), encargándose de pasarle las guayas y los baldes de barro a quien se encuentre arriba. Una tercera persona transportando los manojos de guaya desde el pozo hacia el recinto a acondicionar. Por último, un trabajador embebe de barro los manojos de paja. En todos los casos donde el guayado se sistematizó de esta manera, la duración del trabajo fue significativamente menor (Figura 16). En los casos de techos a dos aguas, cuando se colocan las guayas superiores, hay que tener en cuenta que éstas deben cruzar cuatro dedos al otro lado del techo. Cuando se pase a trabajar del otro lado del techo, las últimas guayas también cruzarán cuatro dedos, y sobre esto se va a colocar una guaya más “a caballito” que va a conformar la cumbrera (Figuras 17 y 18). En los techos a un agua, la cumbrera se arma de una manera similar, aunque en lugar de una segunda cara del techo, se arma un alero trasero. Sin embargo, en este caso, no se colocan guayas “a caballito” como en el anterior. Las guayas que arman la cumbrera se entrecruzan con las otras dos en sentido perpendicular (Figura 19). A medida que se va avanzado con el techado conviene volcar el mismo barro con que se armaron las guayas, sobre las uniones entre éstas y golpearlas con una tabla. Esto incrementa la adhesión entre ellas. Luego, se suele presionar y deslizar la tabla, como si se peinara el techo, hacia abajo. De este modo, el barro volcado cubre todo el techo, unificándolo y alisándolo. Es importante que el techo quede lo más recto y liso posible, ya que esto será determinante para el buen escurrimiento de la lluvia (Figura 20).

El mantenimiento de los techos de guaya Los techados de guaya requieren de un continuo mantenimiento. Esto se debe a los efectos que la erosión pluvial y eólica tienen sobre estas construcciones: el barro se desprende y la paja se cae, haciendo que sea posible la aparición de filtraciones que generalmente deterioran otros elementos constructivos. El desgaste de estas cubiertas depende principalmente de la calidad de realización de la misma. Por lo tanto, el tiempo entre reparaciones varía según el caso y el maestro constructor. Entre los casos estudiados, hemos ob-

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Fig. 7. A: Capa del cijne. (Dibujo T. Palacios)

Fig. 8. Las guayas son abiertas en forma de abanico y embarradas dentro del pozo, Rinconada enero 2008. (Foto P. Yacuzzi)

Fig. 9. Gavillado, sobre una carretilla, de las guayas listas para ser colocadas, Rinconada enero 2008 (Foto T. Palacios)

Fig. 10. Colocaci贸n del alero. A: Cijne. B: Colas. C: Guayas. (Dibujo T. Palacios)

Fig. 11. arriba. Colocaci贸n de aleros rectos, Rinconada enero 2007. (Foto F. Marcos) Fig. 12. derecha. Colocaci贸n de aleros boleados, Rinconada enero 2007. (Foto M. Rojas Machado)

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Fig. 13. Colocaci贸n de las guayas, Rinconada enero 2008 (Foto C. Curci)

Fig. 14. Guayado. A: Cijne. B: Colas. C: Guayas (aleros). D: Guayas. (Dibujo T. Palacios)

Fig. 15. Corte transversal de un techo. A: Estructura del techo. B: Cijne. C: Guayas. (Dibujo T. Palacios) Fig. 16. Guayado realiz谩ndose en cadena: la persona sobre el techo es el guayador, en la escalera est谩 quien le alcanza las guayas, la persona abajo trae las guayas del pozo a la construcci贸n en la carretilla, Rinconada enero 2007. (Foto J. Tomasi)

Fig. 17. Secuencia del armado de la cumbrera de un techo a dos aguas. (Dibujo L. Daich) Fig. 18. Cumbrera de techo a dos aguas, Rinconada enero 2007. (Foto L. Alfonzo)

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servado períodos de alrededor de cinco años, aunque en la práctica los tiempos son mayores por las dificultades para obtener la paja o conseguir ayuda para la tarea. En la bibliografía que hemos consultado hay datos diversos respecto al tiempo que debe pasar entre guayado y guayado. De acuerdo a Pujal, “se estima un plazo natural de 6 a 8 años para proceder a un repajado de las cubiertas (...)” (Pujal et al. 2002:10). Por su parte, Rotondaro (1988) indica que el tiempo que debe pasar es de alrededor de 2 y 3 años, y entre 4 y 6 años para el caso de los techados mejor realizados. Está claro que el tiempo para un nuevo guayado del techo está en función de diferentes cuestiones: la calidad del material, la ejecución, las características del techo y las condiciones ambientales. Las continuas reparaciones de la cubierta suelen ser realizadas por la propia familia, es por ello muy común, el almacenado de paja dentro de la casa. Esto se realiza en depósitos o en locales específicos para este propósito. El material puede guardarse en su estado natural o ya preparado para las tareas de guayado. Las reparaciones consisten en la colocación de una nueva capa de guaya sobre el techado ya gastado, prestando especial atención en los espacios de mayor deterioro, don-

de probablemente sea necesario agregar cijne. Según Pujal (2002), este procedimiento puede repetirse hasta tres veces, completando así cuatro capas. Esto es coincidente con lo que encontramos en el techo de una cocina en Rinconada antes de nuestra intervención: en el proceso de desarmado de la cubierta fue posible identificar cuatro capas diferentes de guaya (Figura 21). Luego de la tercera reparación, y una vez que el techo se encontrase lo suficientemente desgastado, se debe proceder a retirarlo por completo (excluyendo la estructura) y techar todas sus capas nuevamente. Si bien la mayoría de los casos en los que se guayó se realizaron de esta última manera, eso no quiere decir que en todos los casos ya se habían realizado tres reparaciones. La superposición excesiva de capas de paja y barro implica un peso creciente sobre la estructura. Especialmente si se trata de un techo a dos aguas, las tijeras pueden abrirse y generar un empuje sobre los muros al punto de provocar fracturas. Es por esto que cada una cierta cantidad de intervenciones el techo debe ser removido completamente. De hecho, en varios de los trabajos realizados, la remoción del techado existente (y su posterior construcción) fue necesaria para intervenir en la estructura del techo y caja muraria.

Fig. 19. Secuencia del armado de la cumbrera de un techo a un agua. (Dibujo L. Daich).

Fig. 20. Mejora de la adhesión de las guayas y el alisado de la cubierta, Rinconada enero 2007. (Foto M. Rojas Machado)

Fig. 21. Relevamiento de una cubierta con tres reparaciones (cuatro capas), Rinconada enero 2008. (Foto P. Yacuzzi).

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Métodos y consideraciones para el reguayado Las tareas preliminares del guayado para mantenimiento son las mismas que para la realización de una cubierta a nuevo. La única diferencia es la cantidad de paja para cijne, puesto que en este caso no es necesaria su realización. Sin embargo, el cijne obtenido del majado puede utilizarse mezclado con barro para rellenar imperfecciones. Antes de comenzar cada faldón es importante acondicionar la superficie para que ésta se encuentre óptima para recibir las guayas. Como se ha explicado anteriormente, es importante que queden lo más parejas posibles, para que la lluvia escurra bien y no penetre en la habitación. La dificultad y el tiempo que lleve esta tarea va a depender del estado en que se encuentre la cubierta al momento de la reparación. En el caso de que ésta se encuentre en buen estado, la tarea se limitará a mojar la superficie para mejorar la adherencia de los manojos de guaya; si no lo está, se deben retirar los pedazos de guaya sueltos y alisar la superficie con una mezcla del barro del pozo y paja. En los casos donde la cubierta está sumamente deteriorada y presenta agujeros que penetran todas las capas del guayado, hace falta colocar en esos sector la cata, que es paja de baja calidad o reciclada (extraída de los mismos techos) o el cijne del nuevo majado. Si el agujero es de dimensiones mayores es recomendable colocar paja cortadera para que pueda sostener la nueva capa de material. Luego de terminar con la preparación de la superficie de la cubierta, el guayado se realiza normalmente desde abajo hacia la cumbrera comenzando por los aleros. Si las colas del guayado anterior se encuentran en buen estado no es necesario colocar unas nuevas.

Reflexiones finales En este capítulo analizamos los diferentes aspectos del guayado, que hacen de éste una parte fundamental del es-

Bibliografía Boman, Eric (1992 [1908]) Antigüedades de la región andina de la República Argentina y del desierto de Atacama. Universidad Nacional de Jujuy, San Salvador de Jujuy Delfino, D. (2001) “Las pircas y los límites de una sociedad. Etnoarqueología en la Puna (Laguna Blanca. Catamarca. República Argentina)”. Michigan, Lawrence Kuznar. International Monographs in Prehistory. Ethnoarchaeological Series 4:97-137. Pujal, A. J., J. C. Marinsalda, A. M Nicolini y C. Demergassi, arquitectos (2002). “Conservación de arquitectura de tierra en la Puna de

tudio de la arquitectura en la Puna jujeña. El enorme trabajo y tiempo que insume durante la obra, la permanencia de sus tareas durante la cotidianeidad de las familias, la protección que otorga a los demás componentes de la casa y la buena aislación térmica, acústica e hidrófuga que provee, son algunos ejemplos de la relevancia de esta técnica en la construcción. Como mencionamos en la introducción, esta investigación surge del trabajo realizado junto con varias familias y maestros constructores. Las distintas visiones y conocimientos sobre esta técnica nos permitieron observar las variaciones que el guayado presenta. Creímos, por lo tanto, que era de gran importancia analizar las diversas formas con que estos techos son materializados, desarrollando el proceso de guayado completo, explicando cada paso y cada una de sus particularidades. Intentamos transmitir nuestro estudio de la manera más precisa y completa posible. Pensamos que de esta manera realizamos una contribución más significativa a la escasa bibliografía existente sobre el guayado, aportando información sobre unas cuestiones muy poco estudiadas dentro de esta técnica: las tareas y consideraciones relacionadas con el proceso constructivo. Actualmente, el guayado no está incluido en prácticamente ningún espacio de debate y difusión sobre arquitectura, así como tampoco lo está dentro de la formación académica de los arquitectos. En parte, esto se debe a un imaginario que atraviesa las concepciones sobre los techos realizados con paja, el cual los califica como “simples” o “básicos”. Estas miradas niegan la complejidad y la funcionalidad que tiene este sistema constructivo, así como también el estudio y conocimiento de los maestros constructores sobre esta técnica y sus materiales. Esperamos que este trabajo, junto con los ya existentes y los futuros, ayuden a corrernos de este imaginario y alienten a reflexionar e investigar sobre el guayado y los diversos saberes constructivos de la Puna.

Atacama.” En: La tierra cruda en la construcción del hábitat. Memoria del 1° Seminario-Exposición Consorcio Terra Cono Sur. Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de Tucumán. San Miguel de Tucumán. Rotondaro, R. (1988a) “Experimento tecnológico sobre techos de tierra mejorados en la Puna Jujeña de la región andina”. En: FOCO de tecnología apropiada, Nº 26. Buenos Aires. Rotondaro, R. (1988b) “Arquitectura Natural de la Puna Jujeña”. En: Arquitectura y Construcción, Nº 69. Buenos Aires.

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“Que el barro esté bien liviano”. El torteado con barro en los techos de Susques y Rinconada, provincia de Jujuy Carolina Rivet y Jorge Tomasi

Introducción Algunos constructores en Susques, aunque seguramente también en otros lugares dentro del mundo andino, llevan adelante algunas acciones rituales durante las tareas de torteado. Por ejemplo, mientras preparan el barro, poco antes de colocarlo en el techo, esparcen sobre el pastón un poco de alcohol puro al tiempo que piden “que el barro esté bien liviano”1 Se espera así que el trabajo de mezclar el barro, cargarlo, colocarlo en el techo y distribuirlo no sea tan cansador. Decidimos comenzar este trabajo con este breve relato por varias razones. En primer lugar nos introduce a pensar en los aspectos constructivos, en este caso la torta de barro, más allá de lo meramente técnico y como parte de un cuerpo más amplio de saberes y creencias. Luego, nos lleva a plantear la cuestión del trabajo de torteado no como algo esporádico sino como una actividad que las familias realizan periódicamente. De hecho, es probable que cada año tengan que tortear nuevamente alguno de los techos de sus casas, dentro de un ciclo continuo de mantenimiento de las cubiertas. Finalmente, podemos observar que el trabajo de tortear un techo implica un gran esfuerzo físico. En relación con esto, cada vez que debe realizarse se convoca a personas cercanas a través de lazos de parentesco, compadrazgo

o vecindad. Es decir que en el marco de estos trabajos constructivos se ponen en juego una serie de relaciones sociales importantes para el grupo familiar. La torta de barro, tal como lo ampliaremos más adelante, es una técnica constructiva para la resolución de techos que tiene una amplia difusión dentro del mundo andino. Sintéticamente, consiste en la colocación de una capa de barro de espesores variables, en general entre los 5 y los 10 cm, sobre una superficie pareja que se apoya en la estructura del techo y que puede ser realizada con diferentes materiales. El barro en general se prepara con arcilla y arena en diferentes proporciones de acuerdo al tipo de tierra, al constructor y al sitio. A esta mezcla base se le suelen agregar diferentes componentes como paja, guano, grasa o ceniza. Bien ejecutada la torta de barro provee excelentes condiciones de aislamiento tanto térmico como hidrófugo con un cierto mantenimiento periódico. Nuestras observaciones coinciden con la descripción realizada por Rotondaro, quien junto con Rabey han publicado el trabajo disponible más detallado sobre las características de la torta de barro en la Puna2. Ellos plantean que el torteado: “(…) está construido sobre una base firme, generalmente tablas de cardón (a veces caña hueca de quebrada),

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El alcohol puro, además de su uso recurrente en contextos como las ofrendas a la pachamama, pareciera tener una cierta asociación con la generación de “liviandad”. De un modo similar a lo mencionado respecto al pastón de barro, durante la señalada a los animales más jóvenes se les suele arrojar alcohol en las patas para que no estén pesados para caminar . 2 Tal como lo plantean en su trabajo, Rotondaro y Rabey (1988) tomaron datos de distintas localidades de la Puna como Susques, Abra Pampa, Santa Catalina, Olaroz Chico, Abdón Castro Tolay, Cochinoca, Yoscaba y El Toro.

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apoyadas en muros y cumbrero de eucalipto en techos de dos aguas. Los materiales usados son: tierra del lugar (‘colorada’ y ‘lama’) seleccionada y zarandeada, siendo a veces la mezcla de dos o más tierras; paja seca cortada en trozos cortos, rastrojo (chillahua, cebadillas) o de peñas o ciénegos (vizcachera); y agua.” (Rotondaro y Rabey 1988:3)

el contexto de una experiencia de construcción que hemos llevado a cabo en la localidad de Antofagasta de la Sierra, en la provincia de Catamarca. Este trabajo, efectuado durante el año 2008, implicó el torteado de un Centro de Interpretación Arqueológico4.

La torta de barro tiene, en la Puna, un muy buen comportamiento en relación con sus particulares condiciones climáticas. Las precipitaciones no suelen ser abundantes y se limitan a los meses estivales con lo cual no provocan grandes desgastes en la cubierta de barro. La región se caracteriza por una gran amplitud térmica diaria que suele afectar a otros materiales. La torta de barro permite que el espacio interior se mantenga templado durante la noche cuando en el exterior las temperaturas suelen alcanzar en invierno los -20°C, y fresco durante el día cuando pueden llegar en verano a los 25°C o superiores. En este trabajo nos interesa recorrer el modo en que se ejecuta el torteado con barro en Susques y Rinconada. Primero nos referiremos a la extensión en el uso de la técnica, diferenciando qué ocurre en ambas localidades. Buscaremos dar cuenta de las miradas de otros investigadores sobre su uso y características, intentando poner el foco en la discusión sobre lo “tradicional” y lo “nuevo” dentro de esta técnica. Aprovechando esto trataremos de historizarla brevemente y veremos algunos de los cambios que habrían existido en su ejecución. En el resto del texto nos abocaremos a nuestro principal objetivo que es la descripción y el análisis de la técnica en sí misma, primero sobre la preparación del barro, luego sobre el torteado propiamente dicho y finalmente sobre el tipo de mantenimiento que requiere. La totalidad del material que utilizaremos en este trabajo ha sido construido durante el trabajo de campo en el contexto del proyecto “Puna y Arquitectura” en las localidades mencionadas. Durante este trabajo se realizaron tareas concretas de construcción empleando, entre otras técnicas, el torteado con barro. Los trabajos se hicieron en conjunto con constructores locales que actuaron como directores y maestros de los participantes. Entre los años 2006 y 2009 se hicieron torteados en cinco casas diferentes3 con matices en el uso de esta técnica. A este material sumaremos los relevamientos realizados en otras casas en las mismas localidades y los trabajos de otros investigadores. Asimismo, incluiremos observaciones realizadas en

Como acabamos de mencionar en la introducción, el uso de la técnica del torteado con barro se encuentra sumamente extendido tanto en lo que actualmente sería la Puna argentina como en el área más amplia del mundo andino. A pesar de la aparición y crecimiento vertiginoso en el uso de otras resoluciones como la chapa, las preferencias y gustos de muchos pobladores se reparten entre el guayado, es decir el techado con paja5, y la torta de barro. Sería posible incluso observar diferencias en el grado de presencia de las técnicas en uno u otro poblado. Sin ir más lejos, en el contexto del trabajo con el proyecto “Puna y Arquitectura” la totalidad de los trabajos de torteado se realizaron en Susques, mientras que la mayoría de los guayados se hicieron en Rinconada6. Evidentemente no es posible sacar conclusiones definitivas con una muestra tan pequeña como la nuestra, pero sí es útil para esbozar alguna tendencia y empezar a preguntarnos sobre esto. Si sumamos a los trabajos concretos los relevamientos generales realizados en ambas localidades, podemos atrevernos a plantear que el guayado tiene una mayor extensión en Rinconada, mientras que en Susques las preferencias al menos hoy en día se inclinan hacia el torteado. Es difícil encontrar las razones de esta diferencia, sin embargo esbozaremos dos que son posibles. En primer lugar, el régimen de precipitaciones en Rinconada es significativamente más alto que en Susques. Esto es importante porque existe un consenso entre los constructores respecto a que la guaya provee una mejor protección ante las lluvias que la torta. Si estamos en lo correcto, el torteado en Susques sería “suficiente” con mucho menos trabajo que el requerido para guayar. La segunda posible razón, vinculada con la primera, está asociada a la disponibilidad de paja de las características necesarias, mucho más abundante en Rinconada que en Susques. Aunque en ambos casos los constructores observan lo complejo que es obtener actualmente “buena guaya”, en lo concreto es aún más difícil en Susques. Para muchas familias el único modo de conseguir el material es comprándolo, lo que suma un inconveniente extra.

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Presencia y discusiones en torno a esta técnica

Además de estas cinco casas en las que el torteado se hizo en el contexto del proyecto, en otras dos fueron las familias o la comunidad las que lo realizaron terminando las obras que se comenzaron en conjunto. Se debe considerar que en otras casas no se llegó a terminar el techo pero las familias tenían previsto realizarlo con torta de barro. 4 Este Centro de Interpretación Arqueológico se encuentra ubicado en el sitio de Punta de la Peña. Le agradecemos al Lic. Carlos Aschero, arqueólogo y director del proyecto de investigación en este sitio arqueológico, por su autorización para usar la información allí recopilada. 5 La técnica del guayado está desarrollada en el trabajo de Daich y Palacios en este mismo volumen. 6 En Susques se realizó el guayado de varias casas en un domicilio, es decir en una casa en el campo.

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Sin embargo, no es posible ser concluyentes respecto al uso de la torta de barro en una u otra localidad. En Rinconada es posible encontrar numerosos techos torteados y muchos constructores ubican esta técnica como una de las posibles dentro de su repertorio. Por otra parte, Rotondaro (1991) en su trabajo sobre los asentamientos en el área de la “Reserva de la Biósfera Laguna de Pozuelos”, en la que está incluida Rinconada, observa el uso de la torta de barro en los techos tanto de las casas en el pueblo como en las del campo. Consideramos interesante adentrarnos aunque más no sea brevemente en la discusión respecto a lo tradicional o no de la técnica de la torta de barro en el espacio puneño. Un buen punto de partida sería tomar la observación de Daniel Delfino en la localidad de Laguna Blanca en la provincia de Catamarca. En su trabajo, cuando se refiere a las “modalidades constructivas”, registra “una secuencia de cambios que varían desde un tipo que llamamos ‘tradicional’, hacia uno que denominamos ‘institucional’ o ‘abajeño’” (Delfino 2001:6). Esta clasificación la hace extensiva a los materiales constructivos, en particular sobre la torta de barro observa que: “Con la modalidad constructiva del tipo institucional o abajeño, se perciben modificaciones en el estilo arquitectónico, acompañadas por la introducción de materiales alóctonos. En los últimos tiempos se está extendiendo el empleo de techos de ‘torta’ (barro amasado con gramíneas) soportados mediante varas de madera de álamo, asimismo hubo que incorporar el plástico para una mejor impermeabilización.” (Delfino 2001:6) Es decir que la torta de barro, al menos en Laguna Blanca y de acuerdo a Delfino, habría sido una incorporación, una técnica traída desde las tierras bajas; mientras que la técnica “tradicional” para el área sería el guayado. Por el otro lado, Rotondaro y Rabey (1988), para otros sectores de la Puna, se refieren al “techo de torta tradicional”, considerando a esta técnica dentro del grupo de lo “tradicional”. Sin dudas, en un cierto nivel las diferencias pueden asociarse con que estos investigadores están trabajando en lugares diferentes. Puede ser que en un determinado sitio una técnica no sea considerada tradicional por sus mismos ejecutores, mientras que en otro sí lo sea, más allá del momento concreto en que se comenzó a utilizar. Volveremos un poco más abajo a referirnos a esto. Sin embargo, la diferencia podría pensarse desde el modo diferente en que los investigadores consideran lo “tradicional” en sus análisis. En lo que se refiere a Susques y Rinconada, cabe mencionar que la torta de barro pareciera que es considerada por

los constructores, y la población en general, dentro de su repertorio de técnicas “tradicionales”, aquellas usadas por los “abuelos”. En ningún caso han hecho mención al torteado como una incorporación reciente que reemplazó al techado con guaya. Sin embargo, si revisamos las descripciones de, por ejemplo, los viajeros que recorrieron estas localidades en las primeras décadas del siglo XX podemos sumar otras miradas. En cuanto a Susques, los relatos de funcionarios y científicos con los que hemos trabajado mencionan sólo al guayado como técnica en los techos (Cfr. Boman 1992 [1908]; Cerri 1993 [1903]; Holmberg (1988 [1900]; Von Rosen 2001 [1916]; entre otros). Las fotografías de Susques tomadas por Boman a principios del siglo XX (1992 [1908]) sólo muestran techos con guaya y lo mismo ocurre, mucho más tarde, con las de Bolsi y Gutierrez (1974) tomadas en 1968. Esto nos acercaría al planteo de Delfino respecto a la expansión en el uso de la torta de barro como la incorporación de una técnica “abajeña”. De todas maneras, cabe observar que estas descripciones se refieren a las construcciones en espacios urbanos y es altamente probable que el torteado sobre una estructura de ramas de tola u otro material fuera usado en los puestos o en ciertos domicilios. En todo caso, creemos que la definición de “lo tradicional” es dinámica y sus difusos límites se van moviendo en relación con los diferentes procesos de los grupos sociales. Es así que entendemos que lo importante sería ver qué es lo que los mismos pobladores incluyen dentro de su “tradición”, sin por ello dejar de analizar los procesos de cambio en sí mismos. Más allá de, o más bien dentro de, estas discusiones, es importante señalar que la técnica de la torta de barro no se ha mantenido estática sino que ha tenido ciertos cambios tanto en su realización como en los materiales utilizados. Los relatos de los constructores dan cuenta de un cambio importante en relación con el tiempo de preparación del barro para el torteado. Si los “abuelos” dejaban el barro reposar durante bastante más de un día y continuamente lo iban mezclando para lograr un barro “más fuerte”, hoy en día lo habitual es que se lo prepare de un día para otro o incluso en la misma jornada. Posiblemente esto está asociado con la observación respecto a que “el torteado antes duraba mucho más”. También ha habido cambios en relación con los materiales empleados, con la incorporación del plástico y el cartón, por ejemplo 7. Hoy en día generalmente el torteado se hace sobre una capa de plástico, apoyada sobre una previa de cartones, con la intención de mejorar la aislación hidrófuga, especialmente ante el desgaste de la capa de barro.

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En la Quebrada de Humahuaca es habitual ver que sobre la capa de barro se materializa otra bien delgada, de no más de 1,5 cm. de mortero de cemento. Con esto se busca no sólo aumentar la aislación de la torta sino también evitar el “retorteado” periódico.

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En todo caso, no hay un acuerdo entre los constructores respecto a la conveniencia de este procedimiento. Quienes están en contra observan que el plástico no permite que la casa “respire” y como consecuencia se acumula humedad en el interior que afecta a los componentes orgánicos del techo. Por ejemplo, con la formación de hongos en las cañas, situación que hemos podido observar en algunas construcciones. En los próximos puntos iremos analizando el modo en que se ejecuta el torteado en cada una de sus etapas y daremos cuenta oportunamente del uso de estos “nuevos” materiales.

Las características y la preparación del barro Dentro del proceso de torteado, la preparación del barro constituye un trabajo en sí mismo con sus características particulares. De hecho se suele comenzar con la selección de la tierra y el armado del pastón varios días antes de su colocación en el techo. Como acabamos de mencionar, la calidad del barro, para muchos constructores, es proporcional al tiempo dedicado a su preparación. En todo caso, el barro siempre se prepara con antelación al momento de tortear puesto que la totalidad del material a utilizar debe estar “prácticamente” listo. En general se espera que el trabajo de torteado propiamente dicho se empiece y termine el mismo día. En caso contrario las distintas partes podrían estar sometidas a diferentes situaciones de secado. De ser así, aparecerían problemas, como las rajaduras, en los puntos donde se unen a estas partes8. La cantidad de barro necesaria para el trabajo, entonces, debe ser calculada con anticipación. En términos generales, el barro necesario para realizar el torteado se obtiene mezclando distintos tipos de tierra en una cierta proporción. Localmente se dice que se requiere barro (como se la nombra a la arcilla, que no necesariamente tiene que ser “pura”) y arena. Las proporciones no son sencillas de identificar puesto que depende de las características particulares de la tierra seleccionada. Incluso, en muchas de las situaciones en que trabajamos la tierra seleccionada ya tenía la proporción necesaria entre sus componentes de acuerdo al análisis sensorial que suelen realizar los constructores. En todo caso, si partimos de una mezcla con arcilla y arena pura, se suele sostener que la proporción correcta está en un rango de 1:2 a 1:4. Dentro

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de esos valores la preferencia hacia uno de los extremos o el otro de la proporción puede depender de los gustos del constructor. Un barro con mayor cantidad de arena puede ser más fácil de trabajar puesto que no se pega en las herramientas pero al mismo tiempo no tiene las mismas capacidades hidrófugas. Por el contrario, cuando es más arcilloso puede ser más sencillo para modelarlo pero suele presentar más grietas durante el secado. Los componentes generalmente son zarandeados para quitarle las piedras más grandes que no sólo son molestas durante el torteado sino que pueden contribuir a la aparición de grietas en la capa de barro. Cuando se empiezan a “lavar” los techos por la lluvia, o en los pastones, se suelen observar piedras pequeñas (como máximo de 1 cm) que podrían funcionar como un agregado grueso en la mezcla9. Cuando el barro se forma con adición de diferentes tipos de componentes se suele destinar bastante tiempo a “entreverar” (mezclar) los distintos tipos de tierra antes de agregarle agua para lograr luego un pastón lo más homogéneo posible. A esta mezcla base se le coloca siempre paja cortada de no más de 10 cm de largo, esparciéndola de un modo parejo sobre el pastón. El agregado de paja es fundamental para mantener la cohesión de la torta durante el secado en el techo puesto que provee una estabilización mecánica que contribuye a resistir las tensiones que provocan el agrietamiento. Además de la paja, dependiendo de los lugares se le suele agregar a la mezcla guano recolectado de los corrales. Generalmente se lo tamiza para aprovechar el polvo o en todo caso se lo puede dejar en agua un cierto tiempo para que se desarme. En caso contrario, la presencia de trozos enteros de guano podría generar zonas de debilidad en la torta. Rotondaro y Rabey (1988) hacen referencia también al agregado de ceniza. En ciertos lugares, como la Quebrada de Humahuaca, actualmente se le agrega grasa a la mezcla para darle una mayor capacidad hidrófuga. Lo habitual es que toda esta mezcla se acumule formando un montículo al que se le practica un agujero en la parte central donde se va agregando agua10. A medida que el agua es absorbida por la tierra se va agregando más. Generalmente este trabajo puede tomar todo el día o incluso más para que el agua logre humedecer toda la tierra. Durante este proceso el pastón se va mezclando para que sea lo más homogéneo posible, al mismo tiempo que se le sigue agregando

De todas maneras puede suceder que se deba emplear más de una jornada en el trabajo debido a la superficie del techo o la cantidad de manos disponibles para la tarea. En ese caso se suelen mojar con abundante agua los bordes del sector ya torteado antes de agregar más material. 9 Tal como observa Delfino (2001), el arqueólogo-antropólogo Márquez Miranda, hacía referencia a la presencia de pequeños restos de cerámica en la composición de los techos de barro (1939) que seguramente funcionaban como un agregado grueso dentro de la mezcla. 10 Este proceso es similar cuando se trata de preparar barro para “cortar” adobes o bien para un mortero. Ciertos constructores prefieren, en lugar de la “montaña”, disponer la tierra de un modo más extendido y recorrida por “canales” de agua. De esta manera consiguen que el agua embeba la tierra de un modo más parejo. En Antofagasta de la Sierra, es habitual que la preparación se haga en un pozo, de no más de 10 cm de profundidad, conformando una especie de cajón.

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paja. Este proceso de preparación del material es descripto por Rotondaro y Rabey de la siguiente manera: “El ‘pastón’ se prepara generalmente calculando la cantidad de tierra que se va a utilizar para techar; es común que se deje reposar durante un día o más (para que el agua embeba toda la tierra y elimine los terrones), y durante el torteado se va preparando por partes, con bastante agua, para obtener una mezcla en estado plástico fácil de manipular.” (1988:3) Tal como lo plantean estos autores, durante el torteado el barro se va preparando por partes. En realidad podría decirse que se trata de un trabajo en “dos tiempos”. El primero consiste en la preparación de la totalidad del barro que se va a necesitar tal cual lo hemos descripto antes. El resultado esperado de esta preparación es un barro ciertamente húmedo pero sin la consistencia definitiva. Una vez que se comienza con el proceso de torteado propiamente dicho, es decir la colocación del barro en el techo, el “barrero” debe ir sacando partes de material de la preparación base para agregarle agua y, de ser necesario, nuevamente paja. Este barro “final”, luego de ser mezclado enérgicamente, se entiende que está listo para ser usado. A medida que el trabajo avanza se va retirando más material de la “montaña” y preparando nuevo barro. Esta forma de preparación en “dos tiempos” permite que siempre haya barro disponible para el torteado y se logre así un trabajo continuo. Si se debiera preparar barro constantemente desde los materiales de base se requeriría mucho más tiempo, o más personas; por el contrario, si todo el barro a utilizar estuviera listo desde el principio, se desperdiciaría una gran cantidad de agua producto de la evaporación, especialmente si consideramos las condiciones climáticas de la Puna11.

El proceso de torteado Si bien es posible encontrar familias realizando un torteado en distintos momentos del año, lo habitual es que este trabajo no se lleve a cabo durante los meses lluviosos, es decir durante el verano, ni en los meses más fríos del año, el período que va desde junio hasta agosto aproximadamente. En el primero de los casos porque una tormenta fuerte puede arruinar en una noche una torta de barro que todavía no está seca. En el segundo, las temperaturas extremas que se registran espe-

cialmente durante la noche hacen que sea muy difícil trabajar el barro y pueden generarse cristalizaciones que dificultan el secado. Los torteados, como ocurre con el resto de las etapas de la obra, suelen hacerse durante los meses de abril y mayo, dependiendo de las temporadas también en marzo o junio, o bien entre septiembre y noviembre. Siguiendo la observación de Rotondaro y Rabey, “habitualmente de dos a tres personas construyen el techo, siendo generalmente los mismos propietarios de la vivienda” (1988:3). Aunque es posible hacerlo de a dos, con tres personas participando el trabajo se realiza de una manera fluida. Uno se encarga de tener siempre barro disponible y llenar los baldes, otro de transportarlos hasta el techo y el tercero de realizar el torteado. En algunas ocasiones participan más personas y son varios los que transportan el barro y más de uno puede tortear. Si bien coincidimos en que generalmente son los propietarios los que realizan el trabajo, no es menor la incidencia de personas cercanas al grupo familiar que son convocadas para colaborar. Tal como plantean algunos autores para el área usualmente llamada mundo andino, tradicionalmente las tareas de construcción han sido uno de los espacios en los que se expresaban las relaciones de reciprocidad (Murra 2002 [1964]). Es decir que entre ciertas familias se daban situaciones de colaboración mutua. En tanto estas prácticas, aunque atenuadas, siguen estando presentes, se espera que ciertas personas se sumen a colaborar en los trabajos de construcción. Pasando al proceso de construcción, debemos mencionar que el torteado debe realizarse sobre una superficie pareja y continua que a su vez se apoya sobre la estructura de la cubierta12. Esto es válido tanto para techos a una como a dos aguas. Tradicionalmente, esta superficie se conformaba con tejidos de ramas de tola13, chillagua14 o tablas de madera de cardón, en todos estos casos atadas con tientos de cuero. Actualmente es muy común que estos materiales se reemplacen con caña15 y alambre. Que esta superficie esté bien materializada es esencial para el trabajo de torteado puesto que si presenta demasiadas irregularidades, éstas se van a trasladar a la capa de barro y probablemente no haya un buen escurrimiento del agua. Si bien muchas familias siguen realizando el torteado directamente sobre esta parte de la estructura, hoy en día es muy común que se coloque primero una capa de cartones, usando cajas desarmadas, y luego una de plástico. Estas incorporaciones a la técnica base se han extendido rápida-

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Por supuesto, estas observaciones no son universales. De hecho en una de las casas que se realizó un torteado en Susques, el constructor prefirió preparar la totalidad del barro directamente mezclándolo con pala y azada pero también pisándolo, procedimiento que es habitual (Ver casa 10). 12 Para ampliar sobre las estructuras de techos ver el trabajo de Corrales, Criscillo, Tsuji y Yacuzzi en este mismo volumen. 13 La tola es un arbusto que se encuentra en la Puna. Generalmente es utilizado como combustible. 14 La chillagua es un tipo de paja muy usada para los techos puesto que al medir más de un metro de largo, permite cubrir fácilmente grandes superficies. 15 Mientras que la tola y la chillagua se consiguen con mayor o menor facilidad en los alrededores de Susques y Rinconada, la caña debe ser transportada desde los centros urbanos, como San Salvador o Abra Pampa, o desde la Quebrada de Humahuaca e incluso Bolivia.

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Figs. 1 a 4. Diferentes tipos de techos torteados, a una y a dos aguas. El primero en Antofagasta de la Sierra y los dem谩s en Susques (Fotos J. Tomasi). Figs. 5 a 6. Preparaci贸n del barro en un puesto en Susques (Fotos S. Grebenar). Fig. 7. Etapa final con el barro listo para tortear en un domicilio de Susques (Foto P. Puricelli). Fig. 8. Selecci贸n de la paja para los aleros (Foto J. Tomasi)

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mente; primero por la mayor facilidad que tienen hoy en día las familias para conseguir estos materiales; y segundo porque brindan una protección extra para evitar el ingreso de agua, especialmente cuando no se realiza el mantenimiento ante el desgaste del torteado. Los cartones suelen colocarse ligeramente solapados cubriendo la totalidad del techo, mientras que el plástico se dispone en franjas horizontales que se solapan generosamente sobre la inferior. En el sector de la cumbrera es habitual que se coloque una pieza entera que pasa hacia ambos lados. Como mencionamos más arriba, no todos los constructores están de acuerdo con el uso de plástico en el torteado. Muchos observan que impide la salida del vapor del interior, especialmente cuando la casa no está demasiado ventilada. Si el techo va a ser torteado, se requiere que tenga una pendiente considerable, similar a la requerida para el guayado, que favorezca al escurrimiento del agua y que es mucho mayor a la que se necesita cuando se usa chapa. Rotondaro y Rabey (1988) sostienen que, en el área de su estudio, la pendiente habitual tiene entre 14 y 20°. Creemos que en este punto cabe plantear algunas salvedades. Existe una gran variación respecto a las pendientes de los techos en relación con los distintos lugares. En parte esto puede deberse a los diferentes regímenes de precipitaciones, pero si bien es un factor muy importante creemos que no alcanza a explicar las diferencias, sino que deben considerarse también las particularidades de la identidad constructiva de cada uno de los lugares. En el caso de Antofagasta de la Sierra, por ejemplo, donde las lluvias son mucho menores que en Susques o Rinconada, actualmente los techos realizados con torta de barro tienen pendientes incluso por debajo de los 10°. En Susques16, por el contrario, las pendientes son mucho mayores, incluso para el rango planteado por Rotondaro y Rabey. En general, los techos cubiertos con torta, o con guaya, tienen como mínimo pendientes superiores a los 20° y en algunos techos están incluso por encima de los 40°. Es posible realizar dos observaciones sobre esta cuestión. La primera es que los techos a dos aguas suelen tener pendientes mayores en cada faldón que los de un agua17, siendo que los primeros están entre los 30 y 40° mientras que los segundos se ubican en la franja anterior. A su vez, pareciera que en las casas actuales se tiende a utilizar pendientes menores, alrededor de 30°, que en las más antiguas18. El trabajo de torteado en sí mismo, sea sobre el plástico o

no, suele realizarse en dos etapas, con dos capas diferenciadas de barro. Esto ha sido relevado en el trabajo de campo y también fue observado por Rotondaro y Rabey en su investigación, en la que sostienen que: “Generalmente se coloca una capa de ‘torta’ de base, de 1 a 2 cm de espesor; luego una capa de ‘torta’ de 3 a 5 cm antes de que seque totalmente la capa de base, o bien, dos capas sucesivas una de 3 a 4 cm (el cuerpo de la torta), y una final de 1 a 2 cm, la llamada ‘capa de desgaste’.” (1988:3) En general, en nuestros relevamientos hemos observado la realización de sólo dos capas en el torteado. Una primera que tiene alrededor de 3 a 5 cm y que seguramente se va a agrietar significativamente durante el secado, situación que es esperada y en parte es la función de esta capa. Y, una segunda, de menor espesor, que funciona como terminación y es la que luego será reemplazada en cada nuevo torteado, de ahí el nombre que recuperan los autores, “capa de desgaste”. Al igual que con las pendientes, existen variaciones locales importantes respecto a los espesores que deben tener las capas de barro en el torteado. En algunos casos sólo se realiza una capa de unos 8 cm aproximadamente. El proceso de torteado se va realizando en forma progresiva siempre en franjas verticales de unos 50 a 60 cm que van desde la cumbrera hacia los aleros inferiores. Quien está ubicado en el techo torteando comienza desde la cumbrera y suele colocar dos a tres baldes de barro juntos. Luego con la cuchara distribuye el material buscando el espesor deseado, una superficie pareja y una buena unión con los sectores ya realizados. Cuando el techo es a dos aguas se suele colocar el barro para que pase hacia ambos lados de la cumbrera. De esta manera no hay unión entre distintas colocaciones de material justo en esa línea y se evitan potenciales sectores de fractura. Además es habitual que en la cumbrera el espesor de la torta sea algo mayor para reforzar este sector. Lo mismo ocurre cuando el techo de torta se apoya contra un muro; en ese caso se carga con barro para evitar que el agua se acumule en el encuentro. Antes de comenzar con el torteado, y a medida que se avanza, se suelen realizar los aleros usando paja de unos 30 a 50 cm de largo. Los manojos de paja se colocan con las raíces hacia fuera para que tengan mayor resistencia y pueden o no haber sido embebidos en barro líquido en el otro extremo para una mejor fijación. Estos manojos de paja sobresalen

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La muestra que tenemos de techos con torta de barro para Rinconada es demasiado pequeña para sacar conclusiones. En todo caso, estos datos no se diferencian significativamente de los de Susques. 17 Es posible que la mayor pendiente en los techos a dos aguas tenga que ver no sólo con el escurrimiento del agua sino con reducir el empuje horizontal de las tijeras sobre el muro. 18 Se debe considerar que en paralelo existe una tendencia a utilizar más para las casas el techo a un agua, que de por sí tiene menor pendiente. Es interesante el caso de uno de los trabajos realizados en el espacio urbano de Susques (Ver casa 4). La construcción existente tenía techo a dos aguas con pendientes de 38° aproximadamente, la nueva, en cambio se realizó a un agua con una pendiente un poco menor a los 30°.

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por encima de los aleros de piedra o adobe unos 20 a 30 cm y se suelen colocar lo más juntos posible para evitar que el agua pase por los espacios vacíos y dañe en ese punto los muros. Como hemos mencionado anteriormente, se espera que todo este trabajo de torteado se comience y termine el mismo día. Para ello buena parte de los materiales tienen que estar preparados, por ejemplo el barro o la paja de los aleros, y es fundamental la colaboración de otros vecinos.

Mantenimiento y patologías Por sus características, el torteado con barro es una técnica para la resolución de cubiertas que requiere un mantenimiento periódico que depende naturalmente del régimen pluvial del lugar donde se realiza pero también de la calidad de la ejecución y de los materiales usados. Nos abocaremos primero al proceso de retorteado y luego a las potenciales patologías que puede presentar esta técnica. Existe un cierto consenso en los autores respecto a cuánto tiempo debe pasar entre un torteado y su reparación. De acuerdo a Rotondaro y Rabey (1988) son dos a tres años dependiendo de las características de la torta; según lo recabado por Delfino (2001) en Laguna Blanca son dos años los que, en una situación ideal, deben transcurrir. En su trabajo con constructores de Susques, Ramos, Nicolini, Demargassi y Marinsalda (2004) recopilan testimonios que van desde los dos a los cuatro años, aunque en uno de los casos se mencionó diez años. En nuestra experiencia de trabajo, de acuerdo a los comentarios de los constructores, el tiempo ideal va de los dos a los cuatro años, coincidiendo en general con estos autores. Cabe sin embargo plantear una distinción entre el tiempo “teórico” que debe mediar para un mantenimiento del torteado y el las posibilidades concretas de realizarlo. Los constructores en general saben cuando deben realizar ese mantenimiento pero no necesariamente cuentan con el tiempo o los recursos, humanos y materiales, para realizarlo. Más allá de esto, el trabajo de mantenimiento no está librado al azar como podría pensarse sino que está dentro de una planificación. En general, el mantenimiento consiste en la colocación de una nueva capa de barro sobre la totalidad del techo para cerrar fisuras y compensar el desgaste que pudo haber tenido por la erosión del viento y el agua. Durante el tiempo sin reparaciones la cubierta “se va lavando” y pierde una cantidad importante de material. Esta nueva capa de barro se materializa como las anteriores y tiene entre dos y tres centímetros.

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Algunas familias, sin embargo, prefieren realizar intervenciones más continuas y cada año reparan la torta puntualmente en los lugares donde sufrió más desgaste. Esto se suele hacer justo al término de la época de lluvias, en abril o mayo, o bien antes de que comience, en noviembre. En otros casos, dependiendo de la antigüedad de la cubierta, se suele retirar la totalidad de la torta, aprovechar para reparar la estructura y realizar todo el proceso completo. De acuerdo a Rotondaro y Rabey el techo con torta de barro puede tener dos problemas principales: “el agrietamiento, producido en primer lugar por el retraimiento de la tierra al perder humedad” y “el desgaste, producido por el agua de lluvia, en toda la superficie de los techos, en las grietas existentes y en los bordes. En menor escala el viento contribuye a este desgaste” (1988:4). Si bien coincidimos con el primer punto, vamos a considerar el segundo como una de las características propias de una técnica que requiere de un mantenimiento periódico. A grandes rasgos podemos observar que la torta de barro puede tener una serie de patologías producto de problemas de diseño o del procedimiento en sí mismo. En general, muchos de los problemas con la torta de barro están basados en un mal escurrimiento del agua que provoca su acumulación en algún sector del techo. Dentro del primer grupo, problemas producto del diseño, cabe señalar la realización de un techo con una pendiente escasa, que provoca acumulación de agua, o demasiado grande que puede favorecer el deslizamiento del material. En cuanto a la estructura del techo, si no fue planteada correctamente puede ocurrir que ceda en algunos sectores generando fracturas en la torta o irregularidades en su superficie donde puede acumularse agua. La no colocación de aleros puede provocar problemas no sólo en los muros, sino que también puede favorecer al desplazamiento de la torta. En otros casos puede suceder que se tomen decisiones proyectuales que ponen a esta técnica más allá de sus posibilidades o por lo menos en el límite. La unión del barro con la madera, por ejemplo, es un tema delicado puesto que es muy difícil lograr un encuentro prolijo, y más difícil aún si debe estar sellado, sin la utilización de algún elemento adicional19. Respecto a los problemas basados en los procedimientos, cabe mencionar en primer lugar los relacionados con la preparación del barro. Una mala elección de la tierra para la torta, una incorrecta proporción de los componentes, no mezclar suficientemente o acelerar el proceso de prepa-

Éste fue precisamente uno de los principales problemas que encontramos a la hora de intervenir en el Centro de Interpretación en Antofagasta de la Sierra. El proyecto tal cual había sido ejecutado incluía unos tragaluces en el techo que fueron realizados con madera y chapa plástica transparente. El punto en el que la torta de barro se encontraba con el cajón de madera nunca había sido resuelto y por allí se filtraba agua constantemente. La solución a este problema requirió un detalle complejo con otros materiales que tampoco asegura una respuesta óptima.

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Fig. 9. Las distintas capas en uno de los modos de realizar un torteado (Dibujo J. Tomasi). Fig. 10. Armado de los aleros de paja en un domicilio de Susques (Foto F. Corrales). Fig. 11. Colocaci贸n del barro sobre el pl谩stico (Foto F. Corrales). Figs. 12 y 13. Torteados ya terminados en Susques, el primero en un domicilio y el segundo en un puesto (Fotos S. Grebenar y D. Reisner)

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ración, puede provocar que el barro no tenga la compacidad suficiente, se quiebre o se desprenda rápidamente. Éstos son problemas habituales puesto que los tiempos de obra se han acelerado mucho en la actualidad, incluso en la Puna. El no uso de paja en la preparación de la mezcla, o un uso insuficiente, puede provocar que el barro tenga más fisuras de lo habitual. En cuanto a la colocación, puede suceder que la capa de torta tenga un espesor inadecuado. Si es excesivamente fina se ahorra material pero probablemente será demasiado frágil; por el contrario, si es muy gruesa tendrá mayor resistencia pero con seguridad provocará problemas en la estructura del techo. Es fundamental que la capa sea pareja a lo largo de todo el techo, algo que no es sencillo de lograr. De no ser así quedarán zonas deprimidas en las que se puede acumular agua que terminará entrando en la casa. Como ocurre con cualquier otra técnica constructiva, es fundamental conocer profundamente cuáles son las posibilidades y cuáles son los puntos débiles de la torta de barro. Probablemente en ciertos lugares con altos niveles de humedad o de precipitaciones no sea la más adecuada para utilizar. Sin embargo, más allá de las miradas estigmatizantes que se han construido sobre esta técnica, en otros, correctamente ejecutada, cumple adecuadamente con sus objetivos: contribuir a lograr un espacio interior confortable desde lo térmico y evitar el ingreso del agua.

Algunas consideraciones finales Como hemos planteado a lo largo del trabajo, la torta de barro como técnica para la resolución de cubiertas sigue teniendo una presencia importante, tanto en las casas existentes como en las que se van construyendo. La técnica es conocida y dominada por la mayoría de los constructores que la van reproduciendo y modificando en el uso. Sin embargo, sería necio dejar de observar que, al menos, en las últimas dos décadas la chapa y, en menor proporción, la losa de hormigón armado han tenido un crecimiento explosivo. Localmente se encuentran varias explicaciones asociadas con este cambio. Las principales razones son que la chapa es mucho más simple de colocar, “no requiere tanto trabajo”; que no requiere un mantenimiento, “se la pone y listo”. Asimismo, frente a un torteado con poco mantenimiento, con la chapa existiría un riesgo menor de entrada de agua; al ser más liviana, la estructura del techo requiere menos “palos” y los muros no tienen porque ser tan anchos;

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y, como la torta requiere mucha agua en su preparación, cuando escasea es difícil de realizar. En paralelo son conocidas las ventajas de la torta, nadie duda que las casas con chapa son más frías que las que están torteadas. Como tampoco ignoran que la torta de barro es más económica y no es tan “ruidosa” y “molesta” cuando cae la lluvia o el granizo, ni se “vuela” como suele ocurrir con la chapa ante los fuertes vientos. En realidad tampoco se trata de opciones absolutas, no son pocos los casos en que las familias deciden colocar chapa en algunos espacios y torta de barro o guaya en otros. O bien, usar chapa en las casas del pueblo, pero inclinarse por la torta en las del campo. Una y otra técnica se van eligiendo dentro de un repertorio disponible. Por otra parte, creemos que debe evitarse caer en un “romanticismo” vacío de contenido que pretende defender el uso de ciertas técnicas simplemente porque son “tradicionales” o “lindas”. Al mismo tiempo que quienes las ejecutan, y utilizan, prefieren reemplazarlas y tienen sus motivos, mejor o peor, fundados para hacerlo. Sin embargo, es difícil pensar en estos procesos de cambio de ciertos materiales por otros “institucionales”, tomando la denominación de Delfino20, sin tener en cuenta las prácticas y discursos que han surgido históricamente desde los espacios de la oficialidad21. Las técnicas constructivas con tierra han sido tradicionalmente estigmatizadas, y la torta de barro no ha escapado a esa situación. La asociación de los techos de torta con la pobreza, la carencia de recursos o directamente la falta de “opciones” que llevan a las personas a utilizarla, ha sido recurrente y en muchos sentidos muestra una notable persistencia. No vamos a explayarnos sobre este tema en estas consideraciones finales pero cabe mencionar el rol de la arquitectura de los edificios públicos, construidos casi siempre con chapa, en la conformación de un canon. Algo similar ocurre con las consideraciones del INDEC usadas en el último censo del año 2001. Las construcciones en el censo son clasificadas según el índice INCALMAT de acuerdo a su “calidad constructiva”. Los techos realizados con torta de barro, también los de guaya, directamente corresponden a la categoría INCALMAT IV, la más baja posible. Las casas dentro de esa categoría son consideradas las más precarias y deberían ser reemplazadas, tal como sostiene un documento del Ministerio de Planificación Federal de la Nación, en conjunto con la Universidad Nacional de Quilmes: “(…) [se debe] diferenciar aquellas unidades de vivienda cuyos materiales constructivos representan el escalón mas crítico de precariedad, por cuanto no brindan ade-

Adoptamos esta denominación porque se acerca al sentido que queremos transmitir. Sin dudas existe una cercanía entre ciertos materiales y la institucionalidad desde la que se los buscó imponer. Lo que hoy en día nos deja fuera esta denominación son algunas de las formas actuales de obtención de estos materiales, y los usos y apropiaciones no-institucionalizadas que hacen los constructores de, por ejemplo, la chapa o el hormigón armado. 21 Incluimos dentro de estos “espacios de la oficialidad” tanto los que corresponden al Estado, sea nacional, provincial o municipal, como los espacios privados y académicos que participan de los mismos discursos.

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cuada protección ni condiciones de seguridad, y por lo tanto requieren ser reemplazadas; son las viviendas incluidas en la categoría INCALMAT IV” (MPF 2007:12) Más allá de las posibilidades de as personas de optar por una u otra técnica, tal como decíamos antes, es complejo dejar de lado este tipo de discursos que surgen desde espacios que luego tienen la posibilidad de llevar adelante acciones concretas de intervención. A lo largo de este trabajo hemos intentado mostrar algunas de las características de la torta de barro y el modo en que es utilizada por los constructores en la Puna. Es de considerar, para terminar, que una lógica constructiva no se limita a sus aspectos meramente técnicos, que por supuesto son importantes, sino que está inserta en un conjunto de expresiones culturales del grupo social que la utiliza.

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Casas, puestos y domicilios


Casas, puestos y domicilios

En las siguientes páginas hemos incluido fichas con material referente a cada una de las casas en las que hemos realizado trabajos de construcción desde el proyecto. En cada caso consiste en una descripción general, referencias a los aspectos constructivos y finalmente indicaciones de los trabajos que se realizaron, junto con dibujos y fotografías de las casas. Entre otros aspectos le hemos dado especial importancia a los procesos de construcción, es decir a la temporalidad del espacio doméstico. La totalidad de este material ha sido relevado durante el trabajo de campo por los estudiantes, docentes e investigadores en conjunto con las personas de las comunidades que participaron de los trabajos, en lo que ha constituido una parte de la propuesta pedagógica. Por otra parte, los relevamientos han sido entregados tanto a las organizaciones como a dichas personas, no sólo para que lo tuvieran en su poder, sino también para que lo revisaran y corrigieran. Tal como lo hemos comentado antes, en estos cuatro años de actividad desde el proyecto “Puna y Arquitectura” se han realizado trabajos en veintidós casas diferentes. De este total, ocho (36 %) fueron en la localidad de Rinconada y las catorce restantes (64 %) en Susques, donde se llevaron adelante cinco de las siete campañas de trabajo. Si analizamos las casas por su ubicación, nueve (41 %) fueron en el espacio rural y trece (59 %) en contextos urbanos. Dentro de aquellas que estaban ubicadas en el campo, seis (67 %) funcionaban como domicilios y las tres restantes (33 %) correspondían a puestos de pastoreo. En todos los casos las diferentes casas en las que se realizaron trabajos fueron elegidas en conjunto con las organizaciones de cada una de las localidades. En Susques en particular, la elección de cada una de estas casas fue sometida a la opinión del resto de los pobladores en las Asambleas Comunitarias que se realizan dos veces por año en esta localidad. Es interesante observar que en la elección de las casas ha habido una cierta preferencia desde las mismas organizaciones y los pobladores hacia las situaciones urbanas. Se dio de esta manera pese a que originalmente las intenciones del proyecto estaban más orientadas hacia el espacio rural. Hemos decidido en conjunto con las organizaciones locales no incluir los nombres de las personas que viven en cada casa con la intención de proteger su privacidad. En tanto la casa es el espacio de la intimidad del grupo doméstico, cualquier tipo de información entendemos que debe ser manejada con responsabilidad. Por la misma razón, no hemos incluido la referencia exacta a la ubicación de cada una de las casas sino más bien planos generales con indicaciones aproximadas para mostrar la dispersión espacial de los casos trabajados y las distancias con los centros poblados. Tanto en Susques como en Rinconada, especialmente en los espacios rurales, existe una gran vinculación entre la familia y el lugar. Por esta razón los planos de ubicación no

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tienen la correspondencia con cada una de las fichas de las casas. A lo largo de estos textos, al igual que en el resto del libro, hacemos uso del término “familia” para designar al grupo doméstico en tanto es así como se lo denomina localmente, con el mismo sentido nos referimos a “grupo familiar”. Cabe mencionar brevemente que la noción local de familia se refiere a un grupo extendido, en horizontal y en vertical, que suele abarcar tres generaciones y en algunos casos las líneas colaterales. A su vez, incluye a personas que no necesariamente tienen entre sí relaciones de consanguineidad sino que pueden estar vinculadas por compadrazgos u otro tipo de lazos. La coresidencia no es necesaria para que los distintos miembros sean considerados parte del grupo familiar. La familia se constituye como un espacio central en las actividades productivas, como el pastoreo, pero también a la hora de encarar tareas de construcción, u otras, en las que se espera la colaboración de los miembros del grupo familiar. La decisión de incluir parte de los relevamientos en este libro tiene que ver con una serie de puntos que nos parece importante marcar. En primer lugar, en otros textos de este mismo libro se hacen referencias puntuales a esas mismas casas sobre sus aspectos constructivos. En algún caso se analiza el uso de la piedra en los cimientos de una determinada casa o las características de la cubierta en otra. Este material más general permite contextualizar esos análisis dentro de la totalidad de la casa. Es así como en cada uno de los textos se hace referencia a estas descripciones. En lo que se refiere al Proyecto, nos interesa que estas fichas ayuden a mostrar la gran variedad de situaciones en las que se trabajó. Esta variedad se expresa tanto en las ubicaciones, características, dimensiones y usos de las casas, como en las necesidades planteadas, las expectativas de las personas y los trabajos concretos. Es posible hacer una lectura más amplia de la importancia de mostrar la diversidad de situaciones arquitectónicas existentes en estas localidades. No son pocos los textos sobre la arquitectura de la Puna, tanto históricos como actuales, en los que se insinúa, o sostiene explícitamente, una gran homogeneidad en la arquitectura puneña, algo así como “las casas son todas parecidas”. Lo interesante de esto es que en las miradas locales sobre sus propias casas no existen referencias semejantes. Dentro de un “aire de familia” que muestra numerosos elementos comunes entre las casas, cada una tiene sus propias características en relación con las intenciones y búsquedas de cada familia.

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Susques

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Rinconada Plano de los alrededores Planta urbana

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Domicilio Casa en el Campo

Susques 2006-2007

Descripción general Este domicilio tiene una ubicación estratégica en las cercanías de un río y de la ruta 52 a unos 20 km de Susques. En este paraje se ubican dos domicilios pertenecientes al mismo grupo familiar. Uno, el de “las casas antiguas” construidas hace más de 100 años, está a unos doscientos metros del actual y no es utilizado salvo el Oratorio, más reciente, y un depósito de forrajes. El otro, donde se realizaron los trabajos, fue construido en varias etapas a lo largo de los últimos 70 años por el dueño actual y su abuelo. Tiene cinco recintos cubiertos que toman una configuración en L que genera un patio que se abre hacia el Noreste. Pese a la cantidad de recintos cubiertos, el patio es el espacio en el que se desarrollan buena parte de las actividades cotidianas de la familia. Los más antiguos son los ubicados en sentido E-O y son usados como cocina cubierta (B) y como dormitorio (C). Los tres recintos restantes se utilizan como depósito (D), dormitorio (D) y ramada (E), es decir una casa para recibir visitas. En la parte posterior, hacia el Sur, se ubica un fueguero exterior (F). Hacia el norte, ladera abajo, está el corral para la hacienda.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Verónico Puca

Todos los recintos tienen sobrecimientos de piedra con mortero de barro con una altura de más de un metro y un espesor aproximado de 40 cm. Por encima todos tienen muros construidos con adobes, que fueron cortados en el mismo sitio. Los recintos más antiguos tenían sus techos a dos aguas con tijeras y alfajías de cardón con ataduras realizadas con tientos de cuero, luego chillagua y finalmente la torta de barro. Este techo se mantuvo sólo en el dormitorio (C), mientras que en la cocina (B) fue reemplazado hace algunos años por una cubierta de chapa a un agua. En el resto de los recintos el techo es a un agua con tirantes de cardón, chillagua y torta de barro. Los aleros, para proteger los muros del desgaste producido por la lluvia, son de piedra laja y en algunos casos guaya por encima. Las carpinterías de las casas, tanto puertas como ventanas, fueron realizadas por el mismo propietario con tablas de cardón.

Guillermo Adamo Alfio Blanchetti

Trabajos realizados

Dolores Christensen Ester Kim Rubén Peña Sofía Perrone Daniela Reisner Gisela Spengler Leoncia Ávalos Benjamín Puca Héctor Cruz Rosana Vázquez Enzo Vázquez

Éste fue uno de los dos primeros domicilios donde se realizaron trabajos en el marco del proyecto. Se realizaron dos intervenciones, en el 2006 y en el 2007, en las que se efectuó una serie de trabajos que fue planteando la familia. La obra principal fue la construcción de una nueva casa, ubicada a continuación de uno de los recintos (G), que sería destinada también para recibir potenciales visitas. El trabajo implicó la realización de los cimientos y sobrecimientos en piedra y luego la elevación de los muros de adobe. La familia tenía pensado techar este recinto con chapa y ante la falta del material no pudo completarse la obra. De todas maneras la familia sí lo hizo más adelante. Dentro de las actividades más acotadas, se volvió a tortear la cubierta de uno de los recintos (E) que estaba sumamente desgastada y se construyó un horno enteramente en piedra ubicado junto a las casas antiguas.

REFERENCIAS

1. Axonometría general del domicilio. Los corrales están ubicados hacia el Norte (Dibujo J. Tomasi) 2. Vista del domicilio y el paraje desde el Sur (Foto J. Tomasi) 3. Una de las esquinas del patio (Foto J. Tomasi) 4. Vista de las casas antiguas (Foto J. Tomasi) 5. Detalle del fueguero exterior (Foto C. Rivet)

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Domicilio Casa en el Campo Susques 2006-2007

Descripción general Este domicilio está ubicado en un cono de deyección a la salida de una quebrada. En relación con esto, hace algunos años que no es utilizado en forma constante por la familia debido a las periódicas bajadas del río que ponían en riesgo a la estructura y a las personas. Al mismo tiempo este sitio tiene la ventaja de la abundante agua que surge de una vertiente ubicada en el nacimiento de la quebrada. Este recurso permite que se mantenga, en las cercanías, una serie de rastrojos, pequeños cuadros de cultivo. El domicilio se compone de una conjunto de recintos cubiertos y otros ya destechados (F) que conforman un pequeño patio (A) cerrado prácticamente en todos sus lados. Las primeras construcciones son aquellas que ya no tienen el techo y estaban dispuestas conformando un patio de mayores dimensiones. Los recintos que se mantienen en uso forman una L que encierra el patio. El primero (B) es usado como dormitorio y tiene una saliente para proteger el fueguero exterior (C). Los otros dos recintos utilizados (D y E) son usados tanto como depósito y como dormitorio. A pocos metros, hacia el Norte, se encuentra el Oratorio familiar y un pequeño horno construido en piedra.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Arturo González Clara Anauati Nora Cervantes Dolores Christensen Fernando Corrales Virginia Guerrero Ester Kim

La totalidad de las construcciones en el domicilio, las más antiguas y las recientes, fueron construidas enteramente en piedra con mortero de barro. En todos los casos se ha utilizado piedra dura obtenida seguramente en una cantera cercana. Los techos, terminados con torta de barro, y realizados a dos aguas presentan un planteo estructural interesante, especialmente en la tira conformada por los recintos D y E. En este caso la cubierta a dos aguas no se realizó con tijeras sino que la estructura del techo se armó con un sistema de dos vigas cruzadas. Una primera que toma el lado menor del recinto y acorta la luz de la segunda, la cumbrera, que va ubicada transversalmente. La viga corta se realizó con un tirante de madera mientras para la segunda se usó un perfil metálico. Sobre la cumbrera y los muros se apoya una capa continua de tablas de cardón que conforma la superficie sobre la que luego se realizó el torteado del techo.

Federico Marcos Paula Puricelli Daniela Reisner Lucía Ríos Florencia Ruiz Mariano Schilman Verónica Souto Apolonia González Héctor Vázquez María Mercedes Calpanchay Blanca Vázquez Aníbal Sarapura

Trabajos realizados Los trabajos que se hicieron en los años 2006 y 2007 estuvieron orientados fundamentalmente a la reparación y mantenimiento de uno de los techos (D). La viga cumbrera estaba vencida con lo cual se debió desarmar completamente el techo para reemplazarla. A medida que las tablas de cardón se retiraban se intentó mantener la referencia de su posición para que pudieran volver a utilizarse. Pese a esto fue necesario colocar salientes de piedra en el interior de los muros para que las tablas tuvieran un mejor apoyo. Luego de la reconstrucción de la estructura se realizó el torteado sobre un plástico. Al año siguiente se repararon las partes desgastadas de la torta y se renovaron los aleros de paja en la mayor parte del perímetro. En paralelo con este trabajo se construyó una pirca completamente en piedra con el objetivo de cerrar el único lado del patio, hacia el Norte, que quedaba abierto.

REFERENCIAS

1. Axonometría parcial del domicilio (Dibujo D. Christensen) 2. Vista general del domicilio. En primer plano el Oratorio (Foto M. Schilman) 3. Las casas durante la reparación de uno de los techos (Foto D. Christensen) 4. Una de las casas con el fueguero en el frente (Foto M. Schilman) 5. Detalle del muro que se construyó (Foto D. Christensen)

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03 Puesto

Susques 2007

Descripción general Este puesto está ubicado en el encuentro de dos quebradas, en un cono de deyección. Este emplazamiento le permite estar en un espacio protegido por los cerros y, al mismo tiempo, estar en un espacio abierto con buen asoleamiento y visuales del entorno. De todas maneras, no está exento de riesgo cuando el río baja con agua. Por estas condiciones y su cercanía con la ruta, es utilizado durante buena parte del año, especialmente en los meses de verano, por quienes se encargan de la hacienda. Habitualmente es una pastora junto con sus padres ya mayores. Se compone de una serie de estructuras dispuestas longitudinalmente y abiertas hacia la orientación preferencial, es decir hacia el Este. Hacia el Sur se ubica el corral (A) con un chiquero (B), corral para las crías recién nacidas, adosado. Luego se ubican los dos recintos usados para dormir (C), uno de ellos con dos poyos a los costados. De acuerdo a lo comentado por la familia, estos recintos tendrían alrededor de 150 años, aunque antes también se habría usado este sitio con unas casas ubicadas un poco más al norte. Contiguo a estos recintos se encuentra el fueguero exterior con un pequeño semicubierto. A unos metros se ubica una estructura realizada en madera y que se usa como depósito (E) y en el patio una pequeña construcción (G) que se utiliza para el secado de los quesos que la familia suele producir. Hacia el Oeste del puesto, atrás de los recintos, se encuentra el dormidero de las llamas (F).

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Regino Puca y Santos Puca Alina Álvarez Larrain

La mayoría de las construcciones del puesto han sido realizadas con muros de pirca seca usando piedra dura que se obtiene en las cercanías. Esto incluye tanto los corrales como los recintos usados por las personas que tienen un interesante trabajo de hornacinas superpuestas aprovechando las posibilidades de la piedra. En estos últimos recintos los techos se armaron con tirantes de cardón, abundante en los alrededores, sobre los que se apoyan tablas del mismo material. Al menos actualmente no están cubiertos con torta de barro sino que se le ha colocado una lona plástica para impedir la entrada del agua. Las puertas de cada una de estas construcciones también se hicieron con cardón. El fueguero tiene un muro bajo perimetral realizado en piedra y luego un semicubierto, que protege más que nada del sol, usando nuevamente madera de cardón. El depósito cercano también fue construido totalmente con tablas de cardón, lo mismo que el secadero de quesos.

Virginia Guerrero Rubén Peña Paula Puricelli Mariano Szczygiel Lucía Gómez Fernández René Calpanchay Elvio Ávalos Héctor Vázquez Manuela Puca Filomena Calpanchay

REFERENCIAS

1. Axonometría del puesto (Dibujo J. Tomasi) 2. Vista del puesto desde el Sur, en el fondo la nueva construcción ya avanzada (Foto J. Tomasi) 3. Uno de los sectores del puesto con el fueguero a la derecha (Foto J. Tomasi) 4. Otros de los sectores visto desde el Sur (Foto J. Tomasi) 5. Detalle del fueguero exterior (Foto J. Tomasi)

Trabajos realizados Si bien los recintos existentes se encontraban en buen estado, presentaban dos inconvenientes importantes. Por un lado, resultaban insuficientes especialmente cuando el resto de la familia estaba en el puesto; por el otro, cuando bajaba agua por la quebrada, ingresaba por el espacio entre las piedras. A raíz de esto, la familia propuso que se construyera una casa nueva a pocos metros de las existentes (H). Se realizó entonces una nueva casa de aproximadamente 5 metros de largo y 3 de ancho. La construcción decidieron realizarla en adobe con cimientos de piedra con mortero de barro para impedir la entrada de agua y conseguir una mejor protección contra el frío. En el contexto del proyecto se alcanzó a completar la caja muraria con adobe, con una serie de hornacinas y repisas en el interior. La cubierta fue terminada por la familia al poco tiempo. Como uno de los inconvenientes del sitio es la falta de disponibilidad de agua para tortear la casa periódicamente, decidieron realizar el techo en chapa con una capa de paja debajo sostenida por un tejido de alambre. La idea con este procedimiento fue mejor las condiciones de aislación térmica de la chapa.

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Casa en el pueblo

Susques 2007

Descripción general Esta casa urbana, la primera en la que trabajamos en Susques, es usada por una persona mayor sólo en ciertos momentos del año. Esta persona vive el resto del tiempo en el campo cuidando su hacienda. De ahí que la casa sólo tuviera un recinto techado ubicado sobre el frente del terreno y abierto hacia el Este. Aproximadamente hasta principios de la década del setenta esto era lo habitual en Susques, las personas sólo bajaban al pueblo para determinadas situaciones y tenían en el pueblo una pequeña casa donde quedarse. Recién más adelante, asociado con la radicación permanente de parte de las familias en el pueblo, las casas comenzaron a configurarse alrededor de un patio, en un esquema similar al de las casas en el campo, con un mayor número de recintos. Esta casa en particular habría sido construida hace sesenta años aproximadamente en lo que en ese entonces eran las afueras del pueblo. Este único recinto contiene la mayor parte de los usos. Es decir que es utilizado tanto como espacio para dormir, lugar de depósito de ciertas pertenencias importantes y cocina techada aprovechando una de las esquinas de la casa.

Aspectos constructivos Participantes Maestro Constructor: Hipólito Guzmán Guillermo Adamo Nora Cervantes Dolores Christensen Virginia Guerrero Rubén Peña Sofía Perrone Florencia Ruiz Mariano Schilman

La casa fue construida con cimientos de piedra, al igual que los sobrecimientos que son bajos al punto de haber quedado tapados con el consiguiente desgaste en los muros. Estos se levantaron con adobe con un muro doble, es decir usando el lado largo del bloque en el ancho de la pared, en los lados de la casa que sostienen las tijeras. En cambio se recurrió al muro soga, más angosto, en los laterales y los mojinetes. Esto permitió aprovechar al máximo el material sin reducir la capacidad estructural. Todo el perímetro tiene aleros realizados con una primera capa de lajas y luego paja para proteger los muros del desgaste por el agua de lluvia. La cubierta fue realizada a dos aguas con tijeras de cardón y alfajías del mismo material sobre la que se apoya una capa de chillagua, una paja larga de alrededor de un metro, y encima de ésta se realizó el trabajo de guayado. Las carpinterías de la casa fueron confeccionadas con tablas de maderas diversas. La puerta en particular tiene un notable trabajo de tallado en el dintel.

Gisela Spengler Mariano Szczygiel Lucía Gómez Fernández Nila Calpanchay Cleofé Calpanchay Soledad Jorge Robustiano Vázquez Ranulfo Vilte Arturo González Cástula Soriano Gil Josué Cruz Omobona Cruz

REFERENCIAS

Trabajos realizados A pesar de un cierto desgaste en los muros de adobe, el resto de la casa presentaba un buen estado de conservación. El principal inconveniente era que al subir el nivel de la calle la construcción quedó semienterrada y periódicamente ingresaba agua. Por esto la familia propuso que se realizara una nueva casa. La decisión que se tomó fue que se construyera en un nuevo lugar más elevado hacia el fondo del terreno y conservar la casa existente por su valor histórico. La nueva casa se planteó también orientada hacia el Este, con sus sobrecimientos de piedra un poco más altos y los muros de adobe, los bloques fueron aportados por una vecina. En este caso la familia prefirió que el techo fuera a un agua por la falta de materiales para armar las tijeras. Se usaron tirantes de madera industrializada para la estructura del techo y luego se armaron las alfajías con haces de cañas. El resto del trabajo de techado fue realizado por miembros de la comunidad y la familia usando chillagua y luego colocando la torta de barro. Las carpinterías de la casa fueron aportadas por el Centro Vecinal de Susques.

1. Axonometría de la casa con la nueva construcción ya terminada (Dibujo J. Tomasi) 2. Imagen de la casa antigua. Nótese que cómo el nivel de la calle ha subido (Foto G. Spengler) 3. Detalle del tallado del marco de la puerta (Foto J. Tomasi) 4. Panorama del terreno durante las excavaciones para los cimientos (Foto M. Schilman) 5. La elevación de los muros de la nueva casa (Foto J. Tomasi)

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Casa en el pueblo

Rinconada 2007

Descripción general Esta casa en el pueblo de Rinconada presenta un esquema de dos patios, uno delantero (B) y uno posterior (A), en torno a los cuales se disponen los diferentes recintos. Esta configuración está en relación tanto con los usos dados por la familia como por el cambio de estos y el proceso de construcción de la casa. Inicialmente la casa estaba en el terreno posterior y se componía sólo de un recinto (C), luego la familia construyó los otros dos (D y E) con el fueguero exterior y un horno en una de las esquinas (I). Más adelante se incorporó el terreno delantero y se construyeron el resto de los recintos. Actualmente la casa es habitada por una familia relativamente numerosa que incluye a tres generaciones diferentes. Cada uno de los patios tiene sus propios usos. El delantero, con acceso (J) directo desde la calle es el que hoy en día es más utilizado por la familia. Allí su ubican los dormitorios (D), la cocina cubierta (F) y el fueguero exterior (G) en lo que supo ser una casa techada. Un pasillo comunica con el patio posterior que tiene a su alrededor un dormitorio más (D), un depósito (E) y la letrina (H). La casa que se reconstruyó durante la campaña estaba hasta ese momento destechada.

Aspectos constructivos

Eduardo Reyes

Las construcciones en torno a cada uno de los patios tienen sus propias particularidades desde lo técnico. Las más antiguas (especialmente la C y D), que están en el patio posterior (A), fueron construidas con muros dobles de adobe, por encima de los cimientos y sobrecimientos de piedra. Estaban cubiertas originalmente con techo a dos aguas armado con tijeras de diferentes maderas y luego guayado. Sólo una de las casas mantiene esta cubierta (D), la otra fue destechada (C), y el techo restante (E) fue reemplazado por una cubierta de chapa a un agua. Los recintos en torno al patio delantero (B) tienen todos sus techos de chapa a un agua sobre tirantes de madera industrializada. Por encima de la chapa se colocaron piedras, para evitar que se desprenda, como suele suceder con este material cuando no se realizan los anclajes. Algunos de los recintos en este patio tienen revoques cementicios en el interior y el solado de cemento alisado, a diferencia del resto que tienen piso de tierra apisonada.

Clara Anauati

Trabajos realizados

Participantes Maestro Constructor:

Julieta Barada Tomás Palacios Lucas Pérez Marcela Saccone Constanza Tommei Julia Cayo Walter Farfani Andrea Farfani Dionisio Apaza Florencio Martínez

La propuesta de la familia fue realizar la reconstrucción y ampliación de la casa más antigua (C) en el patio posterior para usarla como dormitorio. Si bien inicialmente se planteó la posibilidad de reutilizar los muros existentes finalmente fueron demolidos casi en su totalidad y sólo se aprovecharon los cimientos de piedra que debieron ser extendidos. La construcción resultante tiene 7 metros de largo y cuatro de ancho. Por decisión de la familia la totalidad de los muros se realizaron usando el largo del adobe en el ancho de la pared, es decir doble, dando un espesor de unos 40 cm. Si bien este sistema consume mayor cantidad de bloques, le da a la construcción una mayor solidez además de la conveniencia térmica. La cubierta planeada originalmente era a dos aguas con tijeras de distintas maderas y atadas con tientos de cuero. Luego, como una de las caídas del techo iba a dar al terreno vecino, debió ser convertida en un techo a un agua hacia el patio. Los trabajos de la cubierta no se completaron en el contexto del proyecto aunque fueron finalizados luego por la familia.

REFERENCIAS

1 y 2. Planta y corte de la casa (Dibujo T. Palacios) 3. Vista desde el Este de uno de los laterales de la casa (Foto J. Tomasi) 4. La nueva casa con los muros prácticamente terminados (Foto J. Tomasi) 5. Uno de los sectores del patio posterior (Foto J. Tomasi) 6. Detalle del patio delantero (Foto C. Tommei)

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Casa en el pueblo

Rinconada 2007

Descripción general Las construcciones en esta casa están dispuestas en dos tiras que generan dos patios diferentes aunque mucho más conectados que en el caso anterior. El ingreso a la casa se realiza a través de una puerta en la tapia (I) que recorre y cierra la totalidad del terreno. Cada uno de los patios está asociado con distintas generaciones dentro del grupo familiar. En el patio posterior (B) se ubican dos recintos (C) usados por el abuelo y uno de sus nietos como dormitorios. A un costado de este patio se encuentra un pequeño rastrojo (F) y un fueguero exterior delimitado con un muro curvo (G). En el patio delantero (A) se ubican otros dos recintos, uno usado como dormitorio (C) y el otro como cocina cubierta (E). Delante de estas dos construcciones está el fueguero que se usa cotidianamente, un horno de barro y el lugar para el guardado de la leña. En el punto central de la casa se encuentra un Oratorio (H) dedicado a la Virgen de Luján que tiene una gran importancia simbólica para el grupo familiar y para una parte de la comunidad de Rinconada. La entrada al Oratorio, como ocurre la mayor parte de las veces con este tipo de construcciones, está orientada hacia el Este.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor:

Cada uno de los bloques de la casa tiene sus características técnicas, en relación también con los distintos momentos de construcción. El muro perimetral tiene ciertas variaciones en su desarrollo con sectores íntegramente de piedra y otros en los que se combinan piedra y adobe. El bloque ubicado en el patio delantero (A) tiene sus recintos construidos con cimientos de piedra y muros de adobe. Las cubiertas son a dos aguas con tijeras de queñoa, luego un entramado de tola y finalmente una cubierta de guaya. En el bloque posterior, los muros son similares a los mencionados pero las cubiertas fueron reemplazadas y hoy en día son de chapa sobre tirantes de madera industrializada. El Oratorio antiguo (H) tenía también sus cimientos de piedra y muros de adobe con la particularidad de tener el frente revocado con barro y pintado a la cal. Esto es habitual en la mayoría de los Oratorios tanto urbanos como rurales. La cubierta de este Oratorio estaba construida con tijeras de queñoa, un entramado de tola y finalmente el guayado.

Gregorio Pastor, Gregorio Gutiérrez y Waldo Mamani Leandro Daich Paula Granda Daniela Reisner Mercedes Rojas Machado Christian Scholz Florencio Martínez Humberto Trejo Santos Llampa Rufina Llampa

Trabajos realizados De acuerdo a lo mencionado por la familia, el Oratorio antiguo les resultaba demasiado chico para la cantidad de gente que asistía a las celebraciones el día de la Virgen de Luján. Con lo cual plantearon la necesidad de reconstruirlo con mayores dimensiones. Por otra parte los muros presentaban un cierto pandeo por el empuje lateral de las tijeras. Luego de relevarlo detalladamente, se demolió la totalidad del Oratorio para comenzar la obra del nuevo que sería 1 metro más ancho y dos metros más largo. En la nueva construcción se prolongaron los muros laterales hacia el frente generando un espacio semicubierto en el ingreso. En este caso los muros laterales se elevaron con una leve inclinación hacia adentro para lograr una mejor contención del empuje de las tijeras que serían colocadas encima. Que las tijeras pateen es una de las patologías más habituales en los muros y está asociada con una mala realización de las ataduras entre los palos. Sobre las tijeras se colocaron cañas distribuidas irregularmente y luego una capa de chillagua. Sobre esta superficie se realizó luego el guayado.

REFERENCIAS

1. Axonometría general de la casa con el Oratorio antiguo (Dibujo J. Tomasi) 2. Vista de las dos casas más antiguas y de un sector del patio (Foto J. Tomasi) 3. Detalle del Oratorio antiguo (Foto J. Tomasi) 4. Sector del patio posterior (Foto M. Machado) 5. Vista del nuevo Oratorio con el guayado ya terminado (Foto M. Machado)

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Casa en el pueblo

Rinconada 2007

Descripción general Esta casa está ubicada en un terreno prácticamente cuadrado, de unos 15 metros de lado, y en esquina. Los distintos recintos están ubicados todos sobre ambas calles de tal manera que logran conformar un patio totalmente cerrado (A). Estos recintos fueron construidos hace unos 40 años por el esposo, ya fallecido, de la persona que actualmente vive sola en la casa. En la esquina se ubica una cocina techada (D) con una prolongación exterior (E) que habría sido usada en algún momento como fueguero. El recinto ubicado hacia el Sur es el que actualmente usa la dueña de casa como dormitorio (B) y en su interior tiene una serie de poyos, hornacinas y repisas. Los otros dos recintos (C), si bien en algún momento habrían sido usados como dormitorios hoy sirven de depósito. El ingreso a la casa es a través de un pequeño pasillo (F) delimitado por las construcciones y que permite acceder al patio y de allí a cada uno de los recintos. Existe también una entrada por la otra calle (G) que hoy no se utiliza. En el patio se encuentra un rastrojo (H), la letrina (I), el fueguero exterior que se usa actualmente (L), el horno de barro (K) y un lugar para el guardado de la leña (J).

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Juan Condori Ester Kim Leandro Parra Leonardo Alfonzo Lucía Ríos

Las distintas construcciones parecen haber sido realizadas en un período corto y por el mismo constructor dado la similitud en las técnicas utilizadas. La totalidad de los recintos tienen cimientos de piedra y muros de adobe. La cocina cubierta tiene una serie de huecos en el muro para favorecer la ventilación. El recinto que se utiliza como dormitorio (B) tiene cubierta a dos aguas con tijeras de queñoa, luego cañas y la cumbrera fue realizada con un perfil metálico. Por encima una capa de paja y finalmente el guayado. Los techos del resto de los recintos, incluida la cocina cubierta, son a un agua armada con tirantes de madera, luego las alfajías y el guayado. En uno de los recintos el techo fue reemplazando colocándose luego un cerramiento de chapa. En el patio los distintos espacios fueron delimitados con muros de pirca seca de baja altura tanto en el rastrojo (H) como en el fueguero exterior (L). Los muros que cierran el patio tienen una mayor altura y fueron casi en su totalidad construidos con piedra existiendo algunos sectores que se completaron con adobes.

Sebastián Cabral Miguel Morales Brígido Morales Milton Flores Waldo García Rodolfo Garay Martín Dorado Lita Condori Erica Llampa Pilar Llampa María Inés Mamani Margarita Martínez

REFERENCIAS

1. Planta de la casa (Dibujo L. Alfonzo) 2. Vista con la cocina cubierta en la esquina (Foto J. Tomasi) 3. Sector del patio (Foto L. Alfonzo) 4. Vista de la casa antes de su reconstrucción. Nótese la cumbrera del techo vencida (Foto L. Ríos) 5. Detalle del apoyo de las tijeras y los aleros de adobe (Foto L. Alfonzo)

Trabajos realizados En esta casa se realizaron dos trabajos muy importantes de reparación y reconstrucción de lo existente. En ambos se documentó cuidadosamente el modo en que estaban construidos previamente para luego intentar reproducirlo nuevamente. Por un lado se desarmó y volvió a construir el techo de la cocina cubierta que presentaba algunos de los tirantes vencidos y faltantes en la cubierta de guaya. La obra más importante fue en el dormitorio (B) debido al tipo de problemáticas que presentaba. La cumbrera estaba completamente vencida y las tijeras habían generado un empuje excesivo sobre los muros. Sumado a esto, el cimiento tenía una cierta irregularidad en su construcción original. Ambos factores provocaron importantes fracturas en las esquina ubicadas al Oeste que ponían en riesgo la construcción. Se decidió entonces desarmar la casa en su totalidad, corregir los cimientos y volver a levantarla. En la medida de lo posible se buscó reutilizar la mayor parte de los materiales. Las tijeras fueron desarmadas y vueltas a atar con tientos de cuero nuevos y la cumbrera fue soldada. En los lados largos del recinto se armaron aleros con los adobes y luego paja para mejorar la protección de los muros. La totalidad de la obra fue terminada en los quince días y más adelante miembros de la comunidad, con la Comisión Municipal, realizaron los revoques interiores.

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Casa en el pueblo

Rinconada 2007

Descripción general Esta casa está ubicada en un terreno longitudinal en una esquina con un área abierta enfrente. Los recintos que la conforman tienen una disposición en L y están recostados sobre el Sudoeste del terreno de tal manera que se abren a las mejores orientaciones (Este y Norte) y liberan un gran patio (B). Precisamente se ingresa a los recintos desde este lugar al que se accede a través de la tapia (A) que cierra la totalidad del terreno. En el patio se ubica una letrina (I) y el horno de barro (H), y funciona a su vez como corral y depósito de materiales diversos. Por otra parte es allí donde se desarrollan muchas de las actividades cotidianas. Los recintos fueron construidos en distintos momentos en relación con las necesidades del grupo familiar, actualmente viven allí una mujer con sus dos hijos. La construcción más antigua sería la que hoy funciona como depósito (D) y antes era un dormitorio, por esa razón tendría un poyo en uno de sus lados. Luego se levantaron la que fue la cocina cubierta y hoy al estar destechada se usa como fueguero exterior (C). El recinto más grande (G), abierto hacia el Este, es el que actualmente se usa como dormitorio por toda la familia. Más tarde se construyeron los recintos (E y F) ubicados en la esquina que nunca fueron techados.

Aspectos constructivos Más allá de los distintos momentos de construcción, todos los recintos fueron realizados con cimientos y sobrecimientos de piedra. La totalidad de los muros son de adobe con un espesor de unos 40 cm aproximadamente. Todos los recintos tienen las paredes interiores revocadas con barro y en uno de ellos incluso la exterior. El piso es de tierra apisonada y, en los recintos techados, se encuentra unos 50 cm por encima del nivel del patio. Para acceder se deben subir una serie de escalones realizados en piedra. Los techos son a dos aguas con tijeras de distintas maderas atadas con tientos de cuero. Luego un tejido de ramas de tola sobre el que se apoya una capa de paja y luego se realizó el guayado característico. En todo el perímetro los muros tienen en su cierre aleros de piedra y paja para evitar su desgaste. Una particularidad interesante de la casa es el remate decorativo realizado con botellas sobre la puerta de ingreso al patio. Participantes Maestro Constructor: Sergio Cruz Pablo Di Nápoli Manuela Domínguez Federico Marcos Martha Silva Gutiérrez Víctor Pastor Domitila Guanuco Martín Llanes

Trabajos realizados El trabajo propuesto por la familia fue el techado de uno de los recintos (F) ubicados en la esquina para ser utilizado como dormitorio de uno de los niños. La realización de este techo implicó que se tuvieran que subir los muros laterales para igualar la altura de la nueva cumbrera con la del recinto vecino y darle así continuidad a todo el techo. Se evitaban de esta manera tener puntos potenciales de futuras filtraciones de agua. De la misma manera se debieron construir ambos mojinetes en adobe. Se armaron las tijeras con distintas maderas que la familia tenía disponibles y otras que fueron facilitadas y luego se ataron usando tientos de cuero. Las tijeras se colocaron cada 60 cm aproximadamente y sobre estas las costaneras realizadas con cañas. Por encima se colocó un tejido de ramas de tola para crear una estructura que sostuviera la posterior capa de paja y finalmente la de guaya con barro.

REFERENCIAS

1. Planta general de la casa (Dibujo M. Domínguez) 2. El ingreso a la casa con el detalle realizado con botellas en el dintel (Foto J. Tomasi) 3. Detalle de uno de los recintos ubicados sobre el lado Sur del terreno (Foto F. Marcos) 4. Vista general del patio (Foto J. Tomasi) 5. El encuentro de las construcciones. En el medio la que fue techada (Foto J. Tomasi)

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Domicilio Casa en el Campo Susques 2008

Descripción general El paraje en el que se encuentra este domicilio tiene una gran importancia simbólica e histórica tanto para el grupo familiar como para la gente de Susques en general. Muchos de los relatos respecto a la fundación de Susques están asociados con este sitio en particular. Hoy en día son varios los domicilios que se encuentran en este mismo paraje a pocos kilómetros de distancia, incluso uno es directamente colindante. Estos domicilios corresponden a grupos familiares diferentes aunque en muchos casos emparentados. De acuerdo a la familia las primeras casas habrían sido levantadas hace más de 100 años y son las que hoy están destechadas (I) entre estas la cocina circular (K), hoy fuera de uso, y el fueguero adosado (G). Luego en distintos momentos se fueron levantando el resto de los recintos todavía techados. Hoy en día son usados como dormitorios, depósitos y ramada (J y H) y uno corresponde a la cocina cubierta (F) que se utiliza como depósito de leña. La disposición de los recintos, tanto los cubiertos c omo los destechados, genera un patio (A) prácticamente cerrado en todos sus lados en el que se desarrollan muchas de las actividades cotidianas. Hacia el Sur se encuentra el corral de las llamas (C) y el de las cabras y ovejas (B). Cerca de los corrales se encuentra la letrina (D) y el horno de barro (E).

Aspectos constructivos La totalidad de las construcciones de este domicilio, a pesar de ser de momentos diferentes, fueron realizadas con piedra blanda con un notable trabajo de canteado especialmente en las piedras esquineras y en las jambas. Muchas de las casas muestran una serie de detalles siempre usando el mismo material. Las construcciones más antiguas tienen en su interior una serie de poyos, hornacinas y repisas en piedra en todos sus muros. La cocina circular es una construcción particularmente interesante que tiene algunas ventanas triangulares armadas con el mismo material. Algunos de los recintos tienen incluso los dinteles de las puertas confeccionados con piezas únicas de piedra canteada. Los corrales y el fueguero fueron construidos con pirca seca. Los techos son a dos aguas en todos los casos con tijeras realizadas en cardón, al igual que las alfajías, todo atado con tientos de cuero de llama. Sobre esta estructura se colocaron manojos de chillagua y luego se realizó el guayado. Todo el perímetro de las distintas construcciones tiene aleros armados con piedra y la raíz de la paja. Participantes Maestro Constructor: Waldo Vázquez Agustina Benavidez Lina Christ Ruben Peña Andrés Popowski Eusebia Soriano Evangelina Soriano

REFERENCIAS

1. Axonometría de dos domicilios en el paraje. En el de la izquierda se realizaron los trabajos (Dibujo J. Tomasi) 2. Vista de las casas y los corrales (Foto A. Benavidez) 3. Uno de los sectores del patio, en el centro la cocina circular (Foto J. Tomasi) 4. Vista de la cocina techada (Foto J. Tomasi) 5. El pozo para la preparación con algunas guayas ya preparadas (Foto J. Tomasi)

Trabajos realizados En este caso el trabajo realizado en conjunto con la familia consistió en la reparación y el guayado de la mayor parte de los techos de la casa que ya presentaban un importante desgaste. Dada la superficie y la cantidad de techos involucrados esta es una tarea que en general requiere la participación de una cierta cantidad de personas. Para esto se rellenaron primero las partes más gastadas con paja y barro. El armado de las guayas requiere que se realice el majado y gavillado de la paja para formar manojos que luego deben embeberse en un barro relativamente líquido. Este barro se prepara en un pozo que se realiza especialmente y que en este caso tuvo casi dos metros de diámetro y ochenta centímetros de profundidad. Allí se sumergen los manojos de paja hasta su tercio y luego se van solapando en el techo. Primero se coloca una primera capa para el alero con la parte más rígida de la paja, luego un segundo alero y luego se continúa con el resto de la cubierta. En este caso se guayaron tres de los recintos principales (H y F) y la letrina (D).

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10 Puesto

Susques 2008

Descripción general Este puesto, a pocos metros de la Ruta 52 y a algunos kilómetros de Susques, es utilizado periódicamente por la familia para el cuidado de la hacienda. Las distintas construcciones del puesto son adscribibles a dos momentos bastante claros de su historia. Estos momentos están asociados con diferentes usos y, especialmente, a un cambio en las necesidades en cuanto a las características de los espacios por parte de la familia. A la primera etapa corresponde una serie de construcciones que incluyen dos corrales (D), un fueguero (E), evidenciado por el tizne en el alero, y un chiquero (F) todos con orientación Este. Todos estos recintos fueron construidos junto a un desnivel rocoso sobre el que se apoyan y se aprovechan los aleros para formar un semicubierto. Es decir que se genera un reparo tanto para las personas como para la hacienda. Hace unos quince años, la familia decidió construir una nueva casa (A) en el puesto, con muros de adobe y techada. Esta nueva construcción la ubicaron a pocos metros de las más antiguas que, salvo el corral, quedaron completamente en desuso. Hacia el frente del nuevo recinto, orientado al Este, se ubica el nuevo fueguero externo (B). El espacio alrededor del fueguero y delante de la casa es sumamente utilizado en lo cotidiano de un modo similar a los patios en los domicilios y las casas en el pueblo.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Román Vázquez y Romualdo Puca Victoria Chiarla Sofía Grebenar

Entre las construcciones de las dos etapas existen claras diferencias constructivas. Las más antiguas aprovechan la topografía como parte de la construcción y el resto del perímetro está cerrado con muros en pirca seca semicirculares, forma que ayuda a darles mayor estabilidad. La cubierta que tienen, parcial por cierto, es la generada por el aprovechamiento del alero. Es posible, como ocurre en otros puestos, que la parte que hoy está descubierta haya estado parcialmente techada usando ramas de tola, paja e incluso eventualmente barro. Por la falta de uso y mantenimiento este techado pudo haberse perdido. La construcción más reciente, de forma rectangular, fue elevada con cimientos y sobrecimientos de piedra con mortero de barro y por encima las hiladas de adobe. El trabajo fue realizado con la ayuda de un constructor de Susques que la familia contrató especialmente. El techo se construyó a un agua con tirantes de madera sobre los que se apoyan las chapas acanaladas que están sostenidas por una serie de piedras. El fueguero, en cambio, se construyó utilizando pirca seca.

Marcelo Mangini Gisela Oliva Mariano Szczygiel Clodomiro Puca Nilda Puca Eddie Puca Romina Puca Marcos Vázquez Apolonia Vilte

REFERENCIAS

1. Axonometría general del puesto con las construcciones más antiguas en los aleros (Dibujo V. Chiarla) 2. Vista de la nueva casa con el fueguero delante (Foto S. Grebenar) 3. Otra vista de la casa (Foto S. Grebenar) 4. El fueguero antiguo bajo el alero rocoso (Foto S. Grebenar) 5. Interior de la casa nueva con las hornacinas y los tirantes de cardón (Foto S. Grebenar)

Trabajos realizados La propuesta de la familia consistió en construir una casa de similares dimensiones a la existente y contigua a ésta (C), manteniendo la orientación Este. La nueva casa se realizó con cimientos de piedra, algunas extraídas de los recintos antiguos, y los muros con adobes que se trajeron especialmente de Susques. Cabe comentar que el puesto no tiene agua disponible en las cercanías por lo cual debió ser transportada también desde Susques. En los muros se realizaron tres hornacinas, una de ellas con dos niveles aprovechando una tabla de cardón como estante. Esta hornacina no es casual sino que replica una similar que existe en el domicilio de esta misma familia. En la última hilada de adobes los bloques se giraron para generar un alero que luego debería ser completado con piedras y paja. La cubierta se realizó a un agua como la existente pero con torta de barro. La estructura del techo se realizó con tirantes y alfajías de cardón que se ataron con tientos de cuero. Por sobre ésta se dispuso la paja cortadera que en algunos casos, como éste, se usa en reemplazo de la chillagua. Sobre la cortadera se realizó directamente el torteado. Para que la cubierta tenga mayor duración, la familia tiene la intención de realizar un guayado por encima del torteado.

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Casa en el pueblo

Susques 2008

Descripción general Esta casa está ubicada en un terreno longitudinal que tiene acceso a dos calles enfrentadas y se encuentra en uno de los bordes del área urbana de Susques. A diferencia del resto de las casas en las que se realizaron trabajos, ésta nunca fue habitada por la familia debido a la falta de espacio y las condiciones en que se encontraba la construcción existente. En el terreno sólo había una construcción del tipo que en Susques suelen conocerse como departamento, es decir una “casa compacta”, ubicada en una de las esquinas del mismo (B). Esta construcción posee una ochava pese a lindar con otro lote. En el interior tiene una subdivisión que genera dos espacios independientes. Hacia el Este, lo que sería el patio interior, se abre la única entrada y una pequeña ventana. El resto de los muros no tiene ningún tipo de abertura. Si bien está casa estuvo techada originalmente, las chapas se desprendieron producto del viento sin que la familia haya llegado a mudarse. Hacia uno de los lados continuaba la pirca de piedra de tal manera que encerraba un pequeño espacio que iba a ser usado como letrina (C). El resto del terreno no tenía ninguna otra intervención, incluso tampoco se habían llegado a levantar las tapias para delimitarlo, salvo en el lado Norte.

Aspectos constructivos

Hipólito Guzmán y Ranulfo Vilte

Esta construcción existente se había levantado con cimientos y sobrecimientos de piedra de unos 60 cm de altura con una capa de cemento alisado sobre la que se apoyan los muros realizados, en su totalidad, con bloques de adobe. Como ya hemos mencionado, la cubierta original, realizada con chapa sobre tirantes de madera industrializada, se desprendió completamente producto del viento. La idea de la familia es volver a techarla con el mismo material. El muro correspondiente a la futura letrina sólo estaba realizado hasta los sobrecimientos, que no se habían completado y que en este caso tenían más de un metro de altura.

Laila Flecker

Trabajos realizados

Participantes Maestro Constructor:

María José Capdevilla Gisela García Pérez Natalia Mazzanti Yago Vodanovic Mariano Schilman Natacha Hugón Florencia Solari Lucas Pérez Luciano Rosales Gianina Montenegro Fortunato Soriano Ambrosio Soriano Enzo Vázquez Héctor Cruz

La familia propuso que se realizaran dos trabajos. Por un lado, construir un recinto nuevo que iba a ser utilizado como cocina cubierta (D). Este nuevo recinto debía estar ubicado sobre el lado Oeste de tal manera de cerrar parcialmente el patio (A) en ese sector. Otro objetivo era que, en lo posible, se volviera a techar la construcción existente con chapa. El trabajo sobre la nueva cocina se realizó en dos campañas, en el 2008 y 2009. Primero se realizaron los cimientos y sobrecimientos de piedra manteniendo el nivel de los de la letrina, que por otra parte se completaron. Por encima se levantaron las hiladas de adobe dejando una serie de hornacinas y las aberturas sobre el frente para la salida del humo, tal como se realiza habitualmente en las cocinas en Susques. Sobre el lado Norte se dejó una pequeña ventana para iluminación. La cubierta se hizo a un agua con su caída hacia el patio para no afectar al lote vecino. Luego se colocaron los tirantes y las alfajías de madera y por encima la chillagua. Sobre ésta se realizó luego el torteado de barro. Los trabajos en la construcción existente quedaron para ser realizados por la familia ante la falta del material.

REFERENCIAS

1. Axonometría de un sector del terreno. Sobre la izquierda la nueva cocina (Dibujo J. Capdevila) 2. Vista de la casa desde el Sur (Foto G. García Pérez) 3. Vista del frente sobre la calle (Foto L. Flecker) 4. Los trabajos en los cimientos (Foto L. Flecker) 5. La nueva cocina con sus muros prácticamente terminados (Foto G. García Pérez)

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Casa en el pueblo

Susques 2008

Descripción general Esta casa está ubicada en uno de los sectores de más reciente urbanización en Susques, en un terreno longitudinal ubicado en una ladera. Si bien la parte delantera del lote es plana, el resto tiene una fuerte pendiente rocosa que hace difícil su utilización. De hecho, las construcciones están todas ubicadas sobre el frente que da a la calle, en el lado Sur del terreno. Antes del trabajo realizado con el Proyecto, esta casa contaba con un solo recinto cubierto (B) orientado hacia el Este en el que vivían una pareja con sus dos hijas. A un lado de este recinto se encontraba un fueguero exterior (C) que era utilizado cotidianamente. Sobre el frente del terreno se encontraba una construcción que la familia había comenzado hacía unos años que consistía en dos recintos (D) unidos y perpendiculares al existente, avanzados hasta la etapa de los cimientos. Esta nueva obra incluía dos nuevos espacios que serían usados como dormitorios. La disposición elegida permitía que se cerraran las visuales desde la calle y conformar el patio (A) en ese sector. Sobre la ladera, aprovechando las rocas, la familia tiene armado un pequeño chiquero para las crías más pequeñas que traen desde el campo.

Aspectos constructivos

Participantes

El único recinto techado fue construido hace no más de dos años por la propia familia. Los cimientos y sobrecimientos se realizaron en piedra con mortero de barro. Los muros, como es habitual, se hicieron enteramente de adobe. Tal como ocurre recientemente en Susques, el dintel de la puerta fue realizado con hormigón armado. La cubierta es de torta de barro a pesar que tiene muro de carga. La estructura del techo es de madera industrializada tanto en los tirantes como en las alfajías. Luego se colocó una capa de madera laminada y encima planchas metálicas con el objetivo de lograr una mejor impermeabilización. Finalmente sobre estas capas se realizó el torteado. Para el fueguero hicieron un muro de pirca seca que cierra ese espacio por dos de sus lados. Los sobrecimientos que llegaron a construirse se hicieron de piedra con mortero de barro. En este caso decidieron colocar una capa de cemento sobre la que luego deberían colocarse las hiladas de adobe.

Maestro Constructor: Ranulfo Vilte Ramón Ferrer Mariana Lezama Fernando Quiceno Florencia Ruiz Oriol Domínguez Inés Vilte Héctor Vedia Arturo González

REFERENCIAS

1. Axonometría con la obra terminada. En el detalle, la misma casa desde el Noreste (Dibujo C. Catalán) 2. Panorama del terreno completo desde la ladera (Foto F. Quiceno) 3. Vista desde la calle. En primer plano la nueva construcción (Foto M. Lezama) 4. Detalle de la casa original (Foto M. Lezama) 5. Sector del patio en el encuentro de las dos construcciones (Foto M. Lezama)

Trabajos realizados El trabajo planteado consistió en concluir la construcción que ya estaba con los cimientos terminados y que sería destinada como dormitorios para la familia. Se trataba de una obra de grandes dimensiones, en relación con los trabajos antes realizados. Entre los dos nuevos recintos la construcción tenía un largo de casi 11 metros con un ancho de 3,5 metros. Lo que se realizó fue la elevación de los muros en adobe hasta la altura del cajón. Cabe mencionar que para cada una de las hiladas se requerían aproximadamente 60 bloques y para realizar el trabajo se usaron tanto adobes de la familia como otros aportados por la Comisión Municipal de Susques. Como parte del trabajo se realizaron dos hornacinas en los muros y se colocaron las maderas necesarias para los dinteles. Luego de terminado el trabajo en el marco del proyecto, la misma familia terminó la parte restante de los muros y realizó el techado a un agua con la caída hacia la calle. Utilizaron maderas industrializadas para los tirantes y luego tejieron una capa de cañas sobre la que realizaron el torteado de barro.

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Casa en el pueblo

Rinconada 2008

Descripción general Esta casa está construida en un terreno con acceso por dos calles y, de alguna manera, las características de los recintos y sus usos pueden asociarse con uno u otro lado del lote. Por otra parte, se trata de una casa con una superficie construida y cubierta considerable en relación con otras casas en Rinconada. La familia que allí habita es numerosa abarcando tres generaciones que usan diferentes espacios. Los recintos están dispuestos de tal manera que generan un patio abierto (A) desde el que se accede a estos. El patio es usado cotidianamente por toda la familia y está armado con una serie de poyos adosados a los muros. Las primeras construcciones estaban ubicadas en uno de los laterales del terreno y son utilizadas hoy en día como dormitorios (E). Sobre el Norte del lote levantaron hace poco más de diez años un departamento (F) que tiene cuatro ambientes interiores usados como dormitorio, depósito, comedor y un pequeño quiosco. Contiguo al departamento se encuentra un depósito (G) y el garaje (H). Sobre el Sur está el ingreso al patio a través de una tapia y un dormitorio (D) construido hace pocos años. En el lado Este, se encuentra la cocina techada (C) con una extensión (B) delimitada por un muro bajo en la que se ubican el fueguero exterior, el horno de barro y un espacio para la preparación de los alimentos

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Justo Mamani Facundo Álvarez Leonardo Criscillo

La totalidad de las construcciones de esta casa han sido realizadas con cimientos y sobrecimientos de piedra y la continuación de los muros con bloques de adobe. Las particularidades entre los recintos, en relación con sus momentos de construcción y con los usos que tienen surgen en cuanto a las cubiertas. De acuerdo a lo que nos han comentado, prefieren los techos guayados para los espacios como los dormitorios, en los que es importante la aislación térmica y acústica que se logra con esta técnica. Mientras que para otros espacios, como la cocina, se inclinan por la chapa que no requiere un mantenimiento continuo. Es así como los dormitorios (E) están techados con guaya con una cubierta a dos aguas armada con tijeras y costaneras de diferentes maderas atadas con tientos de cuero. El otro dormitorio (D) está techado a un agua con tirantes y alfajías y luego terminado con torteado de barro. La cocina (C) y el departamento (F) están techados a un agua usando chapa.

Virginia Guerrero Aurelie Lambert Agostina Tsuji Sabina Mamani María Mamani Mabel Mamani Pablo Torres Josué Mamani Virgilio Colque Elber Flores Pilar Llampa

REFERENCIAS

1. Axonometría general de la casa desde el Oeste (Dibujo A. Lambert) 2. Vista del ingreso a la casa por el Sur (Foto J. Tomasi) 3. El sector del patio donde se encuentra el fueguero y la entrada a la cocina (Foto A. Lambert) 4. Vista del patio desde la entrada (Foto J. Tomasi) 5. Proceso de reconstrucción de la estructura del techo (Foto L. Criscillo)

Trabajos realizados El trabajo planteado por la familia fue la reparación del techo de dos de los dormitorios (E). Esto implicó que se desarmara la totalidad de los mismos y aprovechando esta operación se subieron en dos hiladas los muros para lograr una mayor altura interior que permitiera armar un cielorraso. También se abrió una nueva ventana en uno de estos dormitorios. Estos recintos y el perpendicular (D) eran independientes y estaban separados unos 50 cm. En este espacio se acumulaba tierra y agua que provocaba filtraciones. Se demolió una de las paredes laterales y se unieron las dos construcciones. Para la nueva cubierta se reutilizaron las maderas de las tijeras, se les corrigieron sus medidas y se volvieron a armar atadas con tientos de cuero. Usando grupos de cañas se armaron las alfajías que debían arriostrar las tijeras y sostener la capa siguiente. Para conformar la superficie sobre la que se debía realizar el guayado, se tejieron planchas continuas de paja, de unos 60 a 80 cm, atadas con alambre y tientos. Estas planchas fueron colocadas sobre las alfajías y luego se procedió al guayado.

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Casa en el pueblo

Rinconada 2008

Descripción general Esta casa está ubicada en un lote rectangular de disposición E-O. Actualmente vive allí una persona de edad avanzada, no vidente y con ciertas dificultades para movilizarse. Fue ella misma quién hace unos 30 años habría construido, sola, la totalidad de los recintos. En relación con sus condiciones físicas actuales, esta persona ha dispuesto en la casa, tanto en sus espacios interiores como exteriores, una serie de “marcas” en el suelo o en las paredes que le permiten orientarse y desplazarse entre cada uno de los recintos. Es así como maderas o latas en ciertos lugares le permiten saber dónde está ubicado y hacia dónde debe ir. De alguna manera, las distintas construcciones están dispuestas en dos “bandas” que se orientan hacia el Norte. La ubicación de estas bandas genera una serie de espacios exteriores de diferentes características y que han estado asociados con distintos usos. Es así como es posible identificar un patio delantero (A), un rastrojo (B), un corral (K) y un patio posterior (H), además de una serie de espacios menores entre las distintas construcciones. La casa tiene tres recintos cubiertos: dos ubicados sobre el lado Sur, uno (C) que se usa como dormitorio y para el guardado de los bienes más importantes, y otro (D), hoy parcialmente destechado, en el que se guardan materiales y herramientas. Frente a estos recintos se encuentra la cocina cubierta (F) con una extensión usada como fueguero exterior (E). En el fondo del terreno se ubicaron la letrina (G) y un horno de barro (J).

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Sergio Cruz, Waldo Mamani y Mauricio Mayo Leandro Daich Federico Dalla Costa Graciela Lizzano Amit Rajzman Paula Yacuzzi Plácido Condori

REFERENCIAS

1. Axonometría general de la casa (Dibujo L. Daich) 2. Detalle del ingreso a través de la tapia (Foto P. Yacuzzi) 3. Vista de una de las casas (Foto J. Tomasi) 4. Vista de la cocina cuyo techo fue reconstruido (Foto P. Yacuzzi) 5. Detalle del uso de las botellas en una ventana (Foto P. Yacuzzi)

La totalidad de los recintos de la casa han sido construidos con cimientos y sobrecimientos de piedra sobre los que se elevaron luego los muros de adobe. El desgaste de los bloques ha permitido observar que fueron realizados incorporando una considerable cantidad de pequeñas piedras en la mezcla. Las cubiertas fueron todas terminadas con guaya aunque con diferencias en el armado de la cubierta. Los dos recintos ubicados en el lado Sur (C y D) fueron techados a dos aguas con tijeras hechas con madera de queñoa y luego tola en uno de los casos y cañas en el otro. Sobre esta estructura se colocó paja y finalmente el guayado. La cocina (F), en cambio, fue techada a un agua usando distintos tipos de maderas para los tirantes, incluso una caña de bambú, y luego un tejido realizado con ramas de tola, finalmente el guayado. Durante el relevamiento previo a la reparación de este techo se detectaron cuatro capas de guayado diferentes. La casa tiene un notable trabajo utilizando las típicas botellas de vidrio de alcohol que aparecen en distintos sectores. Es así como se usan para delimitar canteros, para la entrada de luz, armado de poyos o ventanas.

Trabajos realizados A diferencia de lo ocurrido en otras casas, en esta no se realizó una única intervención puntual sino que se llevaron a cabo diferentes trabajos de menor escala. El principal fue la reconstrucción de la totalidad del techo de la cocina que presentaba tirantes fracturados y filtraciones en el techo de guaya. Se reparó la parte superior de los muros, la estructura del techo se reemplazó en su totalidad, reutilizando los materiales, y finalmente se realizó el guayado. Dada la ceguera del propietario, todo este trabajo requirió el relevamiento detallado de la ubicación de cada uno de los elementos, incluyendo cada una de las latas o enseres domésticos, para poder volver a colocarlos en su lugar. Se trabajó también sobre la letrina cuyo muro fue derribado debido a los problemas que tenía y se volvió levantar. En el fondo del terreno se construyó íntegramente el muro medianero (I), utilizando un cimiento de piedra y luego adobes, para evitar el ingreso de animales en el terreno. En el muro que delimita el frente del terreno se realizaron protecciones en paja y tola para evitar que continuara el desgaste de los adobes producto de la lluvia.

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Domicilio Casa en el pueblo Rinconada 2008

Descripción general Este domicilio se encuentra en una planicie con suaves ondulaciones en las cercanías de la cuenca de la Laguna de Pozuelos, a unos 100 metros de un arroyo que desemboca en dicha laguna. Tiene una cantidad notable de construcciones, especialmente corrales, que a diferencia de otros casos en Rinconada están dispersos en un área considerable, alrededor de 130 metros de largo y 70 de ancho. Actualmente usan el domicilio una mujer de edad avanzada con su hijo y ambos están ocupados permanentemente en el cuidado de la hacienda. La mayor parte de los recintos habrían sido construidos por el padre de esta persona y su hermano, siendo los más antiguos el Oratorio (E) y las dos casas vecinas (F y G). Esto implicaría que en un comienzo el domicilio tenía una configuración en L a la que luego se le sumaron nuevos recintos. En total tiene seis casas techadas, tres de ellas destinadas principalmente a dormitorio (F, G y L), dos como depósito (N y H) y uno como Oratorio (E) en una posición central dentro del conjunto. Cerca de estas casas se encuentra el fueguero (I), dos recintos circulares llamados potos (J) y usados actualmente para el guardado de leña y como chiqueros. A esto se le suma una serie de corrales (D), un total de cinco aunque no todos están en uso, un pequeño rastrojo (LL), un horno de barro (K) y la letrina (M). La disposición de todas estas construcciones genera una serie de diferentes espacios exteriores que son usados en lo cotidiano (A, B y C) y no un gran espacio único similar al tipo patio.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Lucio Santos Leonardo Alfonzo

Las diferentes construcciones de este domicilio presentan distintas técnicas. Se observa una gran presencia de la pirca seca, como es usual, en los corrales (D) pero también en otros recintos. Es así como uno de los depósitos circulares (N) y los potos (J), también circulares, emplean esta técnica. En estos últimos casos el techado es también circular con la terminación en torta de barro, piedras y tola. Las casas más antiguas, el Oratorio (E) y los dos dormitorios (F y G), fueron construidas con cimientos y sobrecimientos de piedra con mortero de barro y sobre estos los muros de adobe. Los muros tienen la particularidad de haber sido elevados con muro doble, es decir con el ancho del bloque, en la sección del cajón, mientras que en los mojinetes se usó soga, o sea con el largo del adobe. La diferencia de ancho deja una pequeña grada en el interior que se utiliza como repisa. En estos casos las cubiertas son a dos aguas con tijeras y costaneras realizadas con madera de queñoa y tientos de cuero. Sobre esta estructura tienen un tejido de tola y finalmente el guayado. Estos dormitorios tienen una serie de poyos, en el interior, y el solado realizado con piedras tipo laja.

Federico Arellano Lucía Gómez Fernández Maite Niborski Sebastián Salom Daniel Gutiérrez Martina Gutiérrez

REFERENCIAS

1. Axonometría general del domicilio (Dibujo L. Gómez Fernández) 2. Despiece de la casa reconstruida: a. Sobrecimiento de piedra; b. Poyo; c. Cajón con el muro doble de adobe; d. Mojinete en muro soga; e. Dintel en madera y piedra; f. Estructura del techo (Dibujo L. Alfonzo) 3. Vista del Oratorio y al fondo la casa en reparaciones (Foto N. Hugón) 4. Proceso de colocación de la tola en el techo (Foto N. Hugón)

Trabajos realizados Algunas de las casas del domicilio presentaban problemas en la estructura de los techos, como consecuencia de esto también en los muros, y filtraciones por falta de mantenimiento en el guayado. El trabajo realizado consistió en la reparación completa de una de estas casas que era usada como dormitorio (F). Básicamente se demolió la totalidad de la casa hasta los cimientos y, reutilizando la mayor parte de los materiales, se volvió a levantar íntegramente. Esto implicó un detallado relevamiento para lograr que la nueva casa respetara las características de la anterior. Como parte de las tareas se levantaron las tres hiladas del cajón por encima de los sobrecimientos y luego los mojinetes. Las tijeras se volvieron a armar reutilizando la madera y con nuevos tientos. Finalmente se dispuso la tola y se realizó el guayado de la cubierta. Ante la falta del material este trabajo se completó parcialmente y debía ser terminado por las organizaciones locales. En paralelo se retiró la puerta con su marco y se rearmó con las mismas tablas y con tientos de cuero.

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Domicilio Casa en el pueblo Rinconada 2008

Descripción general Este domicilio está localizado a pocos kilómetros del anterior y en las cercanías del mismo arroyo. Tiene también una gran cantidad de construcciones que se levantaron en un período de aproximadamente 65 años, aunque es probable que antes existieran otras. A diferencia del caso anterior, la totalidad de los recintos en este domicilio fueron construidos en un espacio compacto. Los recintos se dispusieron de tal manera que generan un patio totalmente cerrado a través del cual se accede a estos. Tiene la particularidad de tener dos Oratorios: uno más antiguo (C), que ya no se usa con ese fin, y otro más reciente (B). Actualmente se crían llamas aunque la familia no reside en forma permanente allí en ningún momento del año, sino que se trasladan dos o tres veces por semana desde Rinconada. De acuerdo a lo comentado por la familia, las primeras construcciones habrían sido realizadas en la década del cincuenta. Serían en primer lugar el Oratorio (C) y a los pocos años una casa contigua (D) que se habría usado como dormitorio, hoy destechada. A mediados de la década del sesenta, se habría construido una cocina techada (E), que tampoco está en uso actualmente, junto con un horno de barro (F) y un fueguero exterior circular (G). Luego se sumó una nueva casa (H), con una serie de poyos, que se usaba como dormitorio. Con estos recintos el domicilio habría tenido una configuración en L con un patio que se abría hacia el Noreste. Luego, en la década del ochenta, se fueron sumando nuevos recintos que cerraron el patio por el lado Norte. Se incorporaron tres nuevos recintos, unos usados como dormitorio y depósito (I) y otro como ramada (J). Finalmente hace pocos años se construyó el nuevo Oratorio y la pirca que cierra el resto del patio.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Gerardo Alanoca Octavio Barna Ferrés Carolina Curci Silvina Franceschini Evelyn Nani

La totalidad de los recintos fueron construidos con cimientos y sobrecimientos de piedra de una altura de 30 cm, con la excepción de la antigua cocina cubierta donde son de 1,3 m. Los muros en todos los casos se hicieron con bloques de adobe y en las casas más antiguas incorporan poyos, hornacinas y diferentes repisas. En el primer Oratorio las hornacinas incorporan unos arcos realizados con adobes más pequeños. En las cubiertas se observan diferencias más sustanciales en relación con el momento de construcción. Las más antiguas fueron techadas a dos aguas usando tijeras de diferentes maderas, costaneras y cumbreras en algunos casos en madera y en otros incluso con perfiles metálicos. Incluyendo los dos Oratorios, las terminaciones fueron realizadas con guaya. Los recintos más recientes, en cambio, fueron techados a un agua con cubierta de chapa sobre tirantes de madera industrializada.

Tomás Palacios Florencia Gutiérrez Felipa Gutiérrez Iván Martínez Jair Zumbaino Judith Carrillo

REFERENCIAS

1. Planta del conjunto (Dibujo S. Franceschini) 2. Panorama del paraje (Foto E. Nani) 3. Vista de las casas desde el Este (Foto T. Palacios) 4. Vista de los dos Oratorios. En primer plano el más antiguo, hacia atrás el reciente (Foto S. Franceschini) 5. Sector del horno, cocina techada y fueguero (Foto J. Tomasi)

Trabajos realizados En este caso se realizó un trabajo muy puntual que consistió en el guayado que periódicamente debe realizarse sobre el techo del nuevo Oratorio. Es decir que se debió materializar una nueva capa sobre la existente para evitar el ingreso de agua. El pedido de este trabajo es interesante porque como ya mencionamos la familia no vive en forma permanente allí, de todas maneras el Oratorio sigue teniendo una gran carga simbólica para al menos una parte de la familia. Esto implica que debe ser mantenido periódicamente. El trabajo implicó la preparación de los manojos de paja, la excavación del pozo para la preparación del barro y la colocación de las guayas propiamente. Una vez terminado este trabajo en el techo, se comenzó con el revoque del frente del Oratorio. Es habitual que en este tipo de construcciones esté prolijamente revocado el frente del edificio.

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Casa en el pueblo

Susques 2009

Descripción general Esta casa está ubicada en un lote irregular y en esquina. La totalidad de los recintos está distribuida en tira sobre el lado Oeste conformando un frente continuo sobre la más importante de las dos calles. A partir de esta disposición se libera el resto del terreno para el funcionamiento del patio (A) con orientación Este. A este patio se ingresa por la calle lateral (B) y desde allí se puede acceder a la mayor parte de los recintos. Las fotos de Susques de mediados de la década del treinta muestran una serie de casas ubicadas con la misma disposición de las actuales. Sin embargo muchas de éstas fueron reconstruidas aunque manteniendo la ubicación original. En total esta casa cuenta con tres recintos techados, al que se sumó un cuarto. El que está ubicado en la esquina (C), construido a finales de la década pasada, es utilizado habitualmente como comedor, cocina cubierta y estar, aunque previamente fue usado como taller. Contiguo a éste se ubican otros dos recintos adosados que se utilizan como dormitorios (D y E) con acceso desde el patio. A estos se suman otras dos construcciones destechadas (G y F). El patio es usado en lo cotidiano por la familia para múltiples actividades, además de funcionar como depósito de numerosos materiales. Alternativamente uno de los rincones del patio se utiliza como cocina exterior (H).

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Hugo Vázquez e Hipólito Guzmán

Los cimientos de todos estos recintos han sido realizados en piedra con mortero de barro. Los sobrecimientos tienen una altura de 30 cm en las construcciones que parecen ser más antiguas (D, E y F). Es posible que en algún caso hayan sido reutilizados los cimientos de construcciones previas. El recinto de la esquina (C) tiene sobrecimientos de unos 60 cm de altura con un cambio en el espesor del muro, de 40 a 30 cm. En todos los casos, sobre los sobrecimientos se ha dispuesto una capa de cemento probablemente con el objetivo de generar una superficie uniforme para luego colocar los adobes. En este material fueron realizados la totalidad de los muros. La construcción de la esquina (C) tiene una viga perimetral en hormigón armado, que a su vez funciona como dintel. Las características de las cubiertas son variables en relación con los momentos de construcción aunque también con los usos. En la esquina (C) se realizó el techado con chapa sobre vigas reticuladas de hierro. En los otros dos recintos (D y E) las cubiertas fueron realizadas con tirantes de madera y luego un tejido de cañas con alambre. La terminación se realizó en ambos casos con torta de barro.

Beatriz Aramayo Sebastián Cabral Diego Aguilar Sebastián Salom Carla Sartori Máxima Vázquez Ceferino Soriano Efraín Soriano

REFERENCIAS

1. Axonometría general de la casa (Dibujo J. Tomasi) 2. Vista de la esquina (Foto J. Tomasi) 3. Lateral con la tapia que limita el patio (Foto J. Tomasi) 4. Sector del patio (Foto J. Barada) 5. Vista de la casa durante el techado (Foto L. Daich)

Trabajos realizados El trabajo propuesto por la familia consistió en el techado de uno de los recintos que permanecían sin cubierta, específicamente el ubicado sobre la calle (F). Según comentaron, su idea, una vez terminado, era utilizarlo como dormitorio. Como parte del trabajo se debieron colocar los tirantes de madera y afirmarlos en el muro con adobes a los lados. Luego se realizaron los aleros en piedra laja para evitar que el agua de lluvia desgaste los muros del recinto. Sobre los tirantes se tejió una capa continua de cañas con alambre con el objetivo de crear una superficie continua para sostener la torta de barro, además de dar la terminación final en el interior. Luego de las cañas se colocaron cartones para evitar que el alambre pueda dañar el plástico que se colocó encima. Es habitual que, actualmente, en los techos que van a ser torteados se coloque un plástico continuo con el objetivo de mejorar la aislación hidrófuga. De todas maneras no hay un acuerdo total, algunos sostienen que el plástico evita la evaporación y genera hongos en las cañas. Finalmente, en este caso, se colocó la torta de barro sobre el plástico.

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Domicilio Casa en el pueblo Susques 2009

Descripción general Este domicilio fue construido sobre una ladera en el encuentro de dos quebradas a pocos kilómetros de la Ruta Nacional 52. En parte debido a esta ubicación los recintos que lo componen se distribuyen en forma longitudinal y orientados hacia el Norte en un aterrazamiento realizado por la familia. La totalidad de estos recintos son de construcción relativamente reciente, unos 12 años, sin embargo este grupo familiar registra una presencia continua en este sitio que abarca varias generaciones. Las casas del domicilio antiguo están algunos metros más abajo en el cauce de un arroyo temporario y fueron abandonadas hace algunos años. Las crecidas del arroyo ponían en riesgo tanto a las construcciones como a la familia y decidieron construir sus nuevas casas en un sector cercano aunque más elevado. Actualmente vive una mujer sola y de edad avanzada dedicada a la cría de un pequeño rebaño de llamas y, eventualmente, algunos familiares que se acercan. En total el domicilio se compone de tres recintos cubiertos. Uno destinado a cocina cubierta (C) con un fueguero exterior adosado (B) y un lugar para el guardado de la leña (A). Contiguos a la cocina se ubican otros dos recintos cubiertos, uno utilizado como dormitorio permanente (D) y el otro para las (E). Algunos metros hacia el Oeste se ubican un horno de barro (G) y un gallinero (H). Hacía el Norte, en el cauce del arroyo, se ubica el corral que se utiliza habitualmente. Como la quebrada tiene una vertiente con agua abundante que fue canalizada, en las cercanías de la casa se encuentran algunos rastrojos con diversos cultivos.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Gabino Vedia

En todos los casos se utilizó piedra dura con mortero de barro para la realización de los cimientos y sobrecimientos, de unos 60 cm. Por encima de estos los muros se realizaron con bloques de adobe, que en algunos recintos muestran incrustaciones de guano tomado de los corrales. Esto significa que se lo utilizó en la preparación del pastón con el que se cortaron los adobes. La cocina cubierta tiene tres pequeñas ventanas triangulares realizadas con los bloques de adobe. Tanto el corral como el fueguero exterior fueron realizados, como es habitual, con pirca seca. Las cubiertas de los dos recintos usados como dormitorio (D y E) fueron realizadas a un agua con chapas sobre tirantes de maderas diversas. La cocina cubierta, en cambio, se techó con un torteado de barro sobre una serie de tablas de madera. En los bordes se realizaron los aleros con tablas de madera para proteger, al menos un poco, los muros.

María Feudal Virginia Guerrero Ariel Martínez Mariano Szczygiel Leandro Gómez Domitila Guzmán Casimira Vilte Narciso Guzmán Nemesio Vedia

REFERENCIAS

1. Axonometría de un sector del domicilio (Dibujo J. Tomasi) 2. Panorama del paraje donde está ubicado el domicilio (Foto J. Tomasi) 3. Vista de las casas (Foto J. Tomasi) 4. Vista del fueguero y la cocina cubierta (Foto J. Tomasi) 5. Panorama hacia los alrededores (Foto J. Barada)

Trabajos realizados En este caso, la idea de la familia era construir un nuevo recinto (F) que sería utilizado para el guardado de la carne. De hecho, la construcción ya estaba avanzada cuando se sumó el trabajo desde el Proyecto. Con el trabajo de un constructor contratado en Susques, ya estaban realizados los cimientos en piedra dura, recolectada en una cantera cercana, hasta una altura de un metro. Sobre estos cimientos se trabajó en la elevación de los muros de adobe, con bloques traídos desde Susques, que quedaron completos hasta la altura del cajón. La cubierta iba a ser terminada por la familia. En principio su intención era que fuera a un agua con la misma caída de los recintos contiguos, es decir hacia “atrás”, aunque en este caso su idea era techarlo con torta de barro para lograr un mejor aislamiento térmico y por ende una mayor conservación de la carne.

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19 Puesto

Susques 2009

Descripción general Este puesto se encuentra en una quebrada amplia a pocos metros del cauce de un arroyo temporario que suele tener crecidas en los meses de verano. La totalidad de las construcciones que componen este puesto está ubicada en torno a una peña de grandes dimensiones. De hecho, podría sostenerse que la existencia de esta peña es uno de los motivos para la ubicación del puesto en este paraje. Sobre el lado Oeste, adosado a la pared de la peña, se ubica el corral utilizado para las cabras (A). En ese sector la pared rocosa tiene un alero que protege a los animales. Los pastores suelen comentar que las cabras son especialmente sensibles con la lluvia. Es así como, dada la protección del alero, este puesto se utiliza especialmente de diciembre a marzo, que son los meses en que se registran las lluvias en Susques. Hacia el lado Este de la Peña, se ubican otros dos corrales (B y C) usados mayormente para las ovejas. A uno de los lados existe un pequeño chiquero (D) semicubierto. En el puesto suelen estar la pastora junto con su hijo, y eventualmente el esposo de ella. Las casas para las personas, orientadas hacia el Este, están a unos 15 metros de los corrales y muy cerca del cauce del arroyo. Se componen de un recinto techado (F) usado como espacio para dormir y depósito, otro contiguo como fueguero exterior (E) y finalmente, al otro lado, un recinto descubierto (G) usado como depósito de materiales varios. Enfrente a estos, se encuentra un lugar para el guardado de la leña y una pequeña casita para los perros (H). Todos estas construcciones fueron realizadas por la familia hace algunos años, no así los corrales que ya eran usados por sus abuelos.

Aspectos constructivos

Participantes Maestro Constructor: Verónico Puca Guillermo Adamo Rubén Peña Sofía Perrone Gisela Spengler Gabriela Karasik Aimé Gallino

Tanto los recintos para las personas como los destinados a los animales han sido construidos con pirca seca aprovechando el material que dejan las crecidas del arroyo. En el caso de los corrales se realizaron usando las características de la peña como parte de la construcción, algo que es habitual en los puestos. Por encima de las piedras, en estos corrales han colocado champas de guano, es decir bloques cortados directamente del suelo del corral con el residuo de los animales compactado por las pisadas. Luego dispusieron ramas de tola y piedras para evitar que las champas se desarmen con la lluvia. Con estas distintas capas se logra subir la altura de los muros del corral y evitar que los animales los salten. La cubierta del único recinto techado fue realizada con tirantes de cardón sobre los que se colocaron una serie continua de tablas del mismo material. Por encima, en lugar del torteado, colocaron una lona plástica como única protección. La totalidad de las puertas tanto de los corrales como de los demás recintos se realizaron también en cardón.

Iván Moundiroff Verónica Souto Leoncia Ávalos Benjamín Puca Horacio Puca Enzo Vázquez

REFERENCIAS

1. Axonometría general del puesto (Dibujo J. Tomasi) 2. Vista de la peña con los corrales en torno (Foto S. Perrone) 3. Vista de los recintos construidos en pirca seca (Foto S. Perrone) 4. Parte posterior de los recintos (Foto J. Tomasi) 5. Sector del puesto (Foto J. Tomasi)

Trabajos realizados Si bien los recintos desde lo constructivo se encontraban en buen estado, la ubicación de éstos a pocos metros del arroyo los ponía en riesgo. Año tras año las crecidas de este arroyo acercaban su cauce a las construcciones. Ante esta situación la familia decidió construir un nuevo puesto (I) a pocos metros pero en un sector más elevado de la ladera y a mayor distancia del cauce. Se decidió que esta nueva construcción tendría en principio un solo recinto, abierto hacia el Este, también en piedra pero en este caso con mortero de barro. La pirca seca tiene como problema el ingreso de aire frío y agua entre las piedras. Esta nueva construcción se planteó de 5 metros de largo y 3,5 metros de ancho aproximadamente. Los trabajos, que se llevaron acabo en dos intervenciones diferentes en los años 2006 y 2009, presentaban ciertas dificultades por la ubicación del puesto que obligaba a transportar en carro toda el agua que se utilizó. Los techos no llegaron a realizarse pero estaban previstos con una estructura de madera de cardón y luego el torteado. En una segunda etapa la familia tiene la intención de construir un fueguero contiguo por el lado Norte.

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Casa en el pueblo

Susques 2009

Descripción general El terreno en el que está ubicada esta casa se encuentra en una de las áreas que fue más recientemente urbanizada en Susques. De hecho, las imágenes del poblado de hace 20 años muestran este sector sin ningún tipo de construcción. No casualmente todos los recintos que componen esta casa empezaron a construirse hace no más de 15 años. Actualmente viven allí en forma permanente una mujer con sus hijos de diferentes edades. Este sector donde se encuentra el terreno tiene una serie de desniveles importantes. Es así como la casa se encuentra más de un metro por debajo del nivel de la calle, la misma diferencia que tiene con el lote vecino hacia el Oeste. Con el terreno ubicado hacia el Norte, el desnivel es de casi dos metros por encima de él. En total la casa tiene tres recintos techados ubicados sobre los lados del terreno de tal manera que generan un primer espacio exterior (B) que comunica con la calle y hacia el fondo un patio más amplio (C). Estos recintos son usados, unos como dormitorios (F y G) y otro como cocina, comedor y también dormitorio (D). A uno de los lados se ubica el fueguero exterior (E) y un lugar para el guardado de la leña. Contiguo al fueguero, solía estar un pequeño rastrojo (I) y más al fondo la letrina (H). En el ingreso, la disposición de los recintos genera un pequeño espacio exterior (A) que, junto con un muro de cierre, generan un acodamiento que limita las miradas desde la calle.

Aspectos constructivos Participantes Maestro Constructor: Verónico Puca, Arturo González y Leoncio Soriano Sofía Grebenar Lucía Gómez Fernández Florencia Araoz Guido Ast

Todos los recintos cubiertos de la casa fueron construidos con sus cimientos y sobrecimientos de piedra hasta los 60 cm. En el ubicado sobre el lado Oeste (D) se realizaron con mortero de barro, mientras que en los restantes se uso mortero de cemento. De acuerdo a lo comentado por la familia, lo prefieren en ciertos casos porque las juntas no se lavan con la lluvia. Los muros en todos los casos fueron levantados con bloques de adobe. El fueguero exterior tenía un muro perimetral en pirca seca. Sobre el lado Oeste, dado el desnivel con la casa vecina, hace algunos años realizaron un muro de contención en piedra con mortero de barro. Las cubiertas de los recintos fueron realizadas en chapa sobre tirantes de madera industrializada y sin ningún tipo de cielorraso o aislación interna.

Iber Ismael Piovani Nátali Cantero Florentina Calpanchay Alberto Soriano Ángel Calpanchay José Soriano Paulina del Valle Soriano María de la Cruz Soriano Abelino Soriano Mario Raúl Soriano Eusebio Lusco

REFERENCIAS

1. Axonometría general de la casa (Dibujo S. Grebenar) 2. Vista del ingreso con la entrada acodada (Foto G. Ast) 3. Vista desde el patio posterior hacia la calle (Foto G. Ast) 4. Vista del patio posterior (Foto G. Ast) 5. Los trabajos en el cimiento y la contención en la reconstrucción del muro medianero (Foto G. Ast)

Trabajos realizados La propuesta de esta familia fue la construcción de un nuevo recinto que sería utilizado como dormitorio para los niños. El lugar elegido era el que hasta ese momento estaba ocupado por el fueguero exterior (E). Con esa ubicación se aprovechaban dos muros ya construidos, el del recinto contiguo y de la medianera que funcionaba como contención del desnivel (J). El trabajo tuvo una cierta complejidad puesto que las dos familias vecinas deseaban que, aprovechando la obra, el muro medianero se reconstruyera con mortero de cemento para darle mayor solidez. Esa tarea se realizó en su totalidad con los apuntalamientos necesarios para evitar desprendimientos de tierra. En paralelo con este trabajo se ejecutaron los cimientos con mortero de barro de los dos muros restantes con unos sobrecimientos de 50 cm. Sobre estos se realizaron las primeras hiladas de adobe. La finalización del muro y el armado de la cubierta, prevista en principio en chapa, quedaron pendientes para ser realizados por la misma familia.

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Casa en el pueblo

Susques 2009

Descripción general Esta casa fue construida hace no más de 15 años en un terreno longitudinal ubicado en el sector Norte de Susques. En ella habitan hoy en día una mujer sola con sus hijos pequeños compartiendo un único recinto techado (B). Este espacio se utiliza como dormitorio, comedor y cocina cubierta con una serie de subdivisiones realizadas con muebles. El recinto está ubicado sobre el frente del terreno con orientación Norte y tiene la particularidad de que su ingreso se da por la calle y no por el patio. Si bien definitivamente no es el único caso en el pueblo, en la mayoría para entrar a la casa se debe pasar primero al patio y recién después es posible ingresar a los distintos recintos. Sobre la pared Este, se dejó una abertura prevista, hasta el momento tapiada con adobes, para una futura ampliación (C). La ubicación que se eligió para este recinto pareciera tener relación con la delimitación del espacio del patio (A) y el cierre, hasta el momento parcial, de las visuales sobre ese patio. El resto del perímetro está cerrado con tapias, del lado Este sólo hasta la altura de los sobrecimientos y del Oeste con los muros completos. Es allí, en el patio, donde se desarrollan muchas actividades cotidianas, como cocinar con braseros, lavado de ropa y el juego de los niños. Sobre el fondo se encuentran la letrina (E) y el horno de barro (D). Además de diferentes materiales de construcción y la única canilla de agua de la casa.

Aspectos constructivos

Participantes

Este único recinto fue construido por el padre de la persona que vive allí actualmente. Los cimientos y sobrecimientos fueron realizados en piedra blanda canteada con un ancho de 40 cm. Si bien esta técnica para muchos constructores es más lenta y prefieren la piedra dura, permite colocar piedras de mayores dimensiones preparadas especialmente. Los sobrecimientos tienen la particularidad de haber sido realizados en dos capas. Una primera con piedras medianas y sobre éstas se dispuso una capa de mortero de cemento. Esta capa, tal cual nos han comentado genera una superficie pareja para que luego se coloquen las piedras más grandes que completan el sobrecimiento. El resto del muro fue realizado con adobes. La cubierta de este recinto fue realizada con chapa, dispuesta sobre tirantes de madera industrializada. Para evitar que las chapas se desprendieran se realizaron muros de carga con adobes y piedras.

Maestro Constructor: Román Vázquez y Ranulfo Vilte María Elena Tejerina Ramón Ferrer Evelyn Nani Cristian Catalán Isabel Figueras Ramona Vázquez Víctor Hugo Vázquez

REFERENCIAS

1. Axonometría de la casa, en punteado el sitio de la nueva construcción (Dibujo C. Catalán) 2. Vista del frente de la casa (Foto I. Figueras) 3. Vista desde el patio hacia la calle (Foto I. Figueras) 4. Sector posterior del patio (Foto C. Catalán) 5. Los trabajos en los cimientos de la casas (Foto C. Catalán)

Trabajos realizados El trabajo consistió en la construcción de un nuevo recinto contiguo al existente aprovechando las salientes que fueron dejadas tanto en los cimientos como en los muros para esta ampliación. Este nuevo recinto se comunicaría con el anterior por la abertura que fue prevista y tendría su ingreso, en este caso sí, desde el patio. La construcción podría haberse realizado sobre el lado Oeste, obteniendo así la orientación preferencial en Susques, Este, y la posibilidad de un recinto de mayores dimensiones. Sin embargo con esta ubicación se cierra completamente el patio hacia la calle con el ingreso directo a este a través de un pasillo (F) en uno de los lados. La familia pidió expresamente que esta nueva casa se hiciera exactamente igual que la anterior. Se reprodujeron entonces los cimientos y sobrecimientos con piedra canteada con la capa intermedia de cemento y con una altura final de alrededor de 60 cm. Luego se comenzó con la elevación de los muros de adobe llegándose a levantar unas siete hiladas. El resto del trabajo sería completado por la familia que tenía previsto que la cubierta, al igual que la otra, fuera de chapa.

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Casa en el pueblo

Susques 2009

Descripción general Esta casa está ubicada en un terreno longitudinal con una pendiente que baja hacia el fondo, es decir hacia el Norte. De hecho existe un desnivel de más de un metro entre la calle y el frente del lote. En este momento habitan esta casa una familia numerosa compuesta por la madre y sus hijos de diferentes edades. En total tienen dos recintos techados, uno (C) utilizado por uno de los hijos mayores y el otro (D) que se usa como dormitorio, cocina cubierta y comedor. Estos recintos se abren hacia el Norte y el Este respectivamente y tienden a cerrar un patio (B) en el que además se encuentra un fueguero exterior (E), la letrina (F) y una serie de espacios para el guardado de materiales. El ingreso a la casa se da directamente al patio y desde allí a cada uno de los espacios interiores. Fue materializado aprovechando la ubicación de una de las casas (C) y con dos muros sucesivos, uno sobre el frente y el segundo más atrás y desplazado, que limitan las visuales sobre el patio para las personas que se acercan a la casa. El perímetro del terreno está cerrado en todos sus lados por las construcciones propias y vecinas y por una serie de muros medianeros. La excepción era el lado Este que se encontraba completamente abierto hacia el terreno vecino.

Aspectos constructivos Ambos recintos al igual que los muros medianeros fueron construidos con cimientos y sobrecimientos de piedra de unos 40 cm de alto. Los muros, como es habitual, fueron levantados con bloques de adobe. La cubierta del recinto ubicado hacia adentro (D) fue realizada con torta de barro con tirantería y alfajías de diferentes maderas. En todo el perímetro tiene aleros generosos realizados con piedra laja y paja para evitar el desgaste de los muros. El otro recinto (C), sobre la línea de la calle, tiene una cubierta de chapa a un agua con caída hacia el patio. El fueguero exterior (E) está delimitado con un muro construido con piedras y adobes dispuestos sin mortero a modo de una pirca seca. Sobre este se colocó una serie de chapas y maderas para generar un semicubierto. Participantes Maestro Constructor:

Trabajos realizados

Alfredo Vázquez, Abel Vázquez e Hipólito Guzmán Constanza Tommei Martín Facundo Miranda Victoria Chiarla Javier López Georgina Altamirano Nila Vázquez Alfredo Vázquez Abel Vázquez Adán Vázquez

El trabajo propuesto por la familia fue la construcción de una casa completamente nueva que sería utilizada como dormitorio con una mayor superficie. La casa se planteó sobre el lado del terreno (G) que no contaba con medianera, de esta manera no sólo se sumaba superficie cubierta sino que se terminaba de delimitar el lote. De hecho sobre el fondo se completaron unos dos metros más de muro medianero con un pequeño quiebre para compensar con la familia vecina ciertas diferencias en la superficie de los lotes. Este nuevo recinto es uno de los más grandes que se realizaron en el proyecto con casi 7 metros de largo y 3,5 de ancho. Durante el trabajo del Proyecto se llegó prácticamente a completar el cimiento y sobrecimiento. Esto tenía una cierta complejidad dada la pendiente del terreno. Si bien los sobrecimientos tenían en el lado Sur una altura de unos 50 cm hacia el fondo terminaban en casi 1 metro de altura. Esto insumió una considerable cantidad de materiales pero también de tiempo. Tanto la realización de los muros de adobe como de la cubierta quedó pendiente para ser terminado por la familia.

REFERENCIAS

1. Axonometría general de la casa (Dibujo V. Chiarla) 2. Panorama del terreno desde la calle (Foto C. Tommei) 3. Detalle de una de las construcciones techadas (Foto C. Tommei) 4. Sector posterior del patio (Foto C. Tommei) 5. El proceso de excavación de los cimientos (Foto C. Tommei)

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Agradecimientos

En la introducción planteamos que este libro y el proyecto “Puna y Arquitectura” fueron el resultado de un trabajo colectivo que involucró la participación de numerosas personas. Sin duda, sin todos ellos hubiera sido absolutamente imposible llegar a esta publicación. En estas últimas páginas queremos reconocer a quienes trabajaron desde adentro y a quienes brindaron su colaboración en distintos momentos. En primer lugar debemos agradecer a todos aquellos que en Susques y en Rinconada se sumaron de diferentes maneras a trabajar con nosotros. Debemos reconocer el constante trabajo y apoyo de Verónico Puca, Arturo González, Hipólito Guzmán, Eudes Quispe, Juan Condori, Gregorio Gutiérrez, Leoncia Ávalos, Benjamín Puca, Héctor Cruz, Rosana Vázquez, Enzo Vázquez, Apolonia González, Héctor Vázquez, María Mercedes Calpanchay, Blanca Vázquez, Aníbal Sarapura, Regino Puca, Santos Puca, René Calpanchay, Elvio Ávalos, Héctor Vázquez, Manuela Puca, Filomena Calpanchay, Nila Calpanchay, Cleofé Calpanchay, Soledad Jorge, Robustiano Vázquez, Ranulfo Vilte, Cástula Soriano, Gil Josué Cruz, Omobona Cruz, Eduardo Reyes, Julia Cayo, Walter Farfani, Andrea Farfani, Dionisio Apaza, Florencio Martínez, Gregorio Pastor, Waldo Mamani, Humberto Trejo, Santos Llampa, Rufina Llampa, Miguel Morales, Brígido Morales, Milton Flores, Waldo García, Rodolfo Garay, Martín Dorado, Lita Condori, Erica Llampa, Pilar Llampa, María Inés Mamani, Margarita Martínez, Sergio Cruz, Víctor Pastor, Domitila Guanuco, Martín Llanes, Waldo Vázquez, Eusebia Soriano, Evangelina Soriano,

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Román Vázquez, Romualdo Puca, Fortunato Soriano, Ambrosio Soriano, Inés Vilte, Héctor Vedia, Justo Mamani, Sabina Mamani, María Mamani, Mabel Mamani, Pablo Torres, Josué Mamani, Virgilio Colque, Elber Flores, Mauricio Mayo, Plácido Condori, Lucio Santos, Daniel Gutiérrez, Martina Gutiérrez, Gerardo Alanoca, Florencia Gutiérrez, Felipa Gutiérrez, Iván Martínez, Jair Zumbaino, Judith Carrillo, Hugo Vázquez, Máxima Vázquez, Ceferino Soriano, Efraín Soriano, Gabino Vedia, Domitila Guzmán, Casimira Vilte, Narciso Guzmán, Nemesio Vedia, Horacio Puca, Leoncio Soriano, Ramona Vázquez, Víctor Hugo Vázquez, Alfredo Vázquez, Abel Vázquez, Nila Vázquez, Adán Vázquez, Calpanchay, Florentina, Alberto Soriano, Ángel Calpanchay, José Soriano, Paulina del Valle Soriano, María de la Cruz Soriano, Abelino Soriano, Mario Raúl Soriano, Eusebio Lusco, Clodomiro Puca, Nilda Puca, Eddie Puca, Romina Puca, Marcos Vázquez, Apolonia Vilte, Mario Ottonello, Mariana Díaz, Rafael Cruz, Norma Sonia Aguilar, Wara Camila Calpanchay, Mabel Contreras, Gustavo Contreras, Gladys Contreras, María Vilte, Hugo Tolaba, José Ramos y Rodolfo Apaza. A lo largo de estos años han sido muchos quienes desde el espacio académico participaron del proyecto. Muchos de ellos durante las campañas en la Puna, y algunos otros asumiendo un compromiso que implicaba un gran trabajo durante todo el año. De diferentes maneras, con una presencia mayor o menor, todos ellos permitieron que lo que se imaginaba como un trabajo conjunto basado en el respeto por


formas diferentes de pensar la arquitectura, fuera posible: Guillermo Adamo, Alfio Blanchetti, Dolores Christensen, Ester Kim, Rubén Peña, Sofía Perrone, Daniela Reisner, Gisela Spengler, Clara Anauati, Nora Cervantes, Dolores Christensen, Fernando Corrales, Virginia Guerrero, Ester Kim, Federico Marcos, Paula Puricelli, Daniela Reisner, Lucía Ríos, Florencia Ruiz, Mariano Schilman, Verónica Souto, Alina Álvarez Larrain, Mariano Szczygiel, Lucía Gómez Fernández, Julieta Barada, Tomás Palacios, Lucas Pérez, Marcela Saccone, Constanza Tommei, Leandro Daich, Paula Granda, Mercedes Rojas Machado, Christian Scholz, Leandro Parra, Leonardo Alfonzo, Sebastián Cabral, Pablo Di Nápoli, Manuela Domínguez, Martha Silva Gutiérrez, Agustina Benavidez, Lina Christ, Andrés Popowski, Victoria Chiarla, Sofía Grebenar, Marcelo Mangini, Gisela Oliva, Laila Flecker, María José Capdevilla, Gisela García Pérez, Natalia Mazzanti, Yago Vodanovic, Natacha Hugón, Florencia Solari, Luciano Rosales, Gianina Montenegro, Ramón Ferrer, Mariana Lezama, Fernando Quiceno, Oriol Domínguez, Facundo Álvarez, Leonardo Criscillo, Aurelie Lambert, Agostina Tsuji, Federico Dalla Costa, Graciela Lizzano, Amit Rajzman, Paula Yacuzzi, Federico Arellano, Maite Niborski, Sebastián Salom, Octavio Barna Ferrés, Carolina Curci, Silvina Franceschini, Evelyn Nani, Beatriz Aramayo, Diego Aguilar, Carla Sartori, María Feudal, Ariel Martínez, Leandro Gómez, Gabriela Karasik, Aimé Gallino, Iván Moundiroff, Florencia Aráoz, Guido Ast, Ismael Piovani, Natali Cantero, María Elena Tejerina, Cristian Catalán, Isabel Figueras, Martín Facundo Miranda, Javier López y Georgina Altamirano. A lo largo de estos años ha sido muy importante la colaboración de docentes e investigadores reconocidos de diferentes disciplinas. Primero Jorge Ramos y luego Rosa Aboy, como titulares de la cátedra de Historia de la Arquitectura que alojó al proyecto, confiaron en las posibilidades que tenía cuando ya estaba funcionando, pero especialmente cuando era una idea. Encontramos en ellos un apoyo y respeto permanente en la tarea. Otros tantos investigadores nos acompañaron con sus consejos, dando clases en los seminarios o, incluso, en el campo: Carlos Aschero, Alejandro Benedetti, Paula Granda, Ramón Gutiérrez, Ana Igareta, Gonzalo Iparraguirre, Gabriela Karasik, Clarisa Otero, Juan Carlos Patrone, Rodolfo Rotondaro, Carlos Salamanca, Daniel Scháve-

lzon, Martín Sessa, Gisela Spengler y Graciela Viñuales. Un agradecimiento especial a Ramón Gutiérrez, no sólo por sus consejos y la escritura del prólogo, sino también por permitir que este libro se editara por el CEDODAL. Como hemos ya mencionado, la totalidad de los textos académicos que componen este libro fueron sometidos a evaluación. Debemos agradecerles a Graciela Viñuales, Rodolfo Rotondaro, Daniel Delfino y Alejandro Benedetti porque no sólo cumplieron con la tarea de evaluar sino que realizaron también minuciosas correcciones que excedían sus obligaciones. Clarisa Otero, sin haber formado parte del comité evaluador, se tomó el trabajo de leer la totalidad de los textos y realizó aportes más que importantes. De todas maneras, como suele decirse, los errores o carencias que pudieran existir en este libro son de nuestra exclusiva responsabilidad. Entendemos que este proyecto también fue posible por la existencia de un contexto académico y político particular que nos favoreció. Dentro de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, la acción de quienes conformaban la Secretaría de Extensión Universitaria durante esos años no sólo nos facilitó nuestro trabajo sino que alentó con una notable generosidad la existencia de una cantidad inédita de proyectos de extensión en el marco de la facultad. Queremos agradecer el apoyo de Beatriz Pedro, quien fuera la Secretaria de Extensión, Lucas Giono, Gabriela Bandieri, y de Bárbara Egea, que estaba pendiente hasta del último detalle de las presentaciones y rendiciones de cuenta. Finalmente, es necesario reconocer que este proyecto pudo realizarse durante cuatro años gracias a la existencia del Programa de Voluntariado Universitario dependiente de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación. Con los recursos provenientes de los tres subsidios anuales que recibimos en sendas convocatorias fue posible financiar tanto las distintas campañas como la compra de herramientas y equipamiento e, incluso, la edición de este libro. A partir de este Programa no sólo se apoyó nuestro trabajo, sino que cientos de proyectos de diferentes unidades académicas en todo el país pudieron concretarse. Queremos agradecerles entonces a todos quienes han participado y trabajado dentro del Programa de Voluntariado Universitario durante estos años.

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Este libro se terminó de imprimir en mayo de 2011, en «Marcelo Kohan / diseño + broker de impresión», Olleros 3951, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Puna y arquitectura

Puna y arquitectura Las formas locales de la construcci贸n

Jorge Tomasi y Carolina Rivet (Coordinadores)

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Puna y Arquitectura  

Este libro es una búsqueda para pensar otras formas de hacer arquitectura tanto desde lo espacial como desde lo técnico. La construcción de...

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