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Casos Reales

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Ser viajeras es parte de nuestra identidad Florencia Bratovich, Cecilia Hauff y María Virginia Bertetti no se conformaron con ser turistas: ellas hicieron de los viajes su estilo de vida. Solas o con sus parejas, se dedican a recorrer países y a hacer camino.

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Florencia Bratovich

1) En Costa Rica. 2) Colombia. 3) En el Salar de Uyuni, en Bolivia.

Junto a su novio, viajan de la Patagonia a Alaska en limusina.

“La recompensa no está en la meta, sino en el camino”

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lorencia Bratovich, una chubutense de 26 años, siempre quiso viajar por el mundo. En 2007, conoció a Lucas Cárdenas y se enamoró mucho más de él cuando se dio cuenta de que compartían la misma ilusión de trotamundos. “Fue mágico. Lucas es un viajero nato y me entusiasmó para dar el primer paso, que es el único difícil”, cuenta. Florencia estudiaba Criminalística y trabajaba en un jardín de infantes hasta que, hace poco más de dos años, decidió concretar su ilusión. El día que se animó a hacerle caso a su deseo, cambió: “Me convertí en una mujer libre”, explica.

La limo, un hogar rodante Junto a Lucas, decidieron unir la Patagonia con Alaska en una antigua limusina Cadillac, que ellos transformaron en “casita rodante”: le instalaron una cocina, escritorio y una cama de dos plazas. Florencia se ocupó de los preparativos, que incluyeron trámites de visas y vacunas, y recopilación de mapas. Con el tiempo, ella aprendió que no se puede prever todo lo que pasará en un viaje tan largo. “El camino te sorprende siempre y la única manera de estar preparada es recorriéndolo y aprendiendo de cada experiencia. A veces sentís que condensás una o dos vidas en apenas dos años. Es muy fuerte y hay que adaptarse rápido”, asegura.

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A ella no le resultó fácil armar la valija. Tuvo que seleccionar ropa y accesorios para usar durante un tiempo indeterminado, en climas extremos (desde los 20° bajo cero del altiplano boliviano hasta los 40° de Ecuador).

De punta a punta Florencia y Lucas iniciaron el viaje el 23 de febrero de 2012. Llevan recorridos nueve países: Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica, y actualmente se encuentran en Nicaragua. Sumaron 30.000 kilómetros, momentos maravillosos y también obstáculos: ellos aseguran que las dificultades los hicieron crecer y los fortalecieron como personas y como pareja. Pasaron cuatro jornadas en un desierto boliviano a 4000 metros de altura. Una noche, mientras navegaban en una canoa de madera en la amazonia ecuatoriana, chocaron contra un caimán de cinco metros de largo que casi vuelca la embarcación. Estas son solo algunas de las experiencias que forman parte de su anecdotario. Durante el viaje, Florencia y su novio realizan trabajos temporarios (en una pizzería, administrando un hostel caribeño y se animaron a ser modelos publicitarios). Además, venden fotos y postales, y escriben mensualmente crónicas de viaje para

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la revista Nochepolar, de la Patagonia. En Ecuador editaron un libro que resume la previa del viaje y los primeros nueve meses de travesía. “Fue muy emotivo cuando lo presentamos en la Feria Internacional del Libro en Quito. Lo más lindo fue ver nuestro libro en manos de niños que estaban maravillados con la limo y con el viaje. Si uno solo de ellos se siente inspirado a cumplir sus sueños, todo esto habrá valido la pena”, cuenta. Florencia piensa en nuevas aventuras: escribir otro libro al final del viaje, formar una familia con Lucas y recorrer otro continente. “La recompensa no está en la meta, sino en el camino. De vez en cuando, el corazón nos pide que busquemos la aventura y dejemos la rutina de lado. La vida nómade se asemeja mucho a un primer día de facultad, cuando, entre las caras nuevas, alguna nos sonríe cómplice y nos invita a conocerla. Por momentos, resulta un eterno viaje de egresados. Conocer otras costumbres, culturas, personas y maneras de ver la vida es muy enriquecedor. Hoy no soy la misma que empezó este camino. Y seguramente seré otra diferente cuando llegue al final”, concluye. Seguila en Twitter: @americasenlimo. En Facebook: América sin limites. Portfolio: americasinlimites.portfoliobox.es.

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Casos Reales Cecilia Hauff Viaja sola y a dedo por América del Sur desde hace más de seis meses.

“Aprendí a confiar en la gente, en mí y en el camino”

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ecilia Hauff, una formoseña de 30 años, creció escuchando las historias de los viajes que sus padres habían hecho de adolescentes. Cuando ella todavía estaba en la escuela primaria, iba sola en micro a pasar las vacaciones a la casa de sus abuelos o a la de sus primos. “Mi mamá le pedía al chofer que me bajase en la parada correcta. Me sentía una especie de Caperucita Roja que iba solita por un mundo inexplorado”, recuerda Cecilia. A los 11, viajó con su abuelo a Francia para visitar a la familia de él y para aprender su lengua materna. “Fue un gran desafío, ya que solo estuvimos juntos en el avión de ida y en el de vuelta. Cuando llegamos a París, nos dedicamos a recorrer Francia durante tres meses: cada uno lo hizo por su cuenta”, relata. A los 16 años, volvió sola a Francia. Desde entonces, sale al camino con una gran mochila a cuestas.

quedaba enfrente de Entre Ríos: solo tenía que cruzar el río para descubrir si realmente quería viajar a dedo o regresar a casa, en caso de necesitarlo. Si me iba bien, estaba cerca de Brasil”, explica Cecilia. Renunció a sus puestos de profesora de Lengua y Literatura y al de empleada pública, abandonó una maestría en Literatura para Niños que realizaba y desarmó el departamento que alquilaba. “Fue muy agotador encontrar un lugar para cada cosa. Sentía que estaba terminando con una vida para empezar otra. Emocionalmente fue duro para todos, por eso les estoy muy agradecida a mi papá y a los amigos que me ayudaron a hacerlo. Estoy convencida de que no voy a retomar mi vida anterior, pero tampoco sé qué me depara el futuro. No es algo que me preocupe mucho, porque descubrí que me gusta vivir un día a la vez”, asegura. Cecilia valora que, aunque algunos familiares no entiendan sus decisiones, igual la apoyen. “Admiro la actitud de mis padres: sé que sufren un poco por la hija que les tocó, pero estoy cumpliendo con lo que me dicta mi corazón, y ellos lo respetan y lo entienden así. Los tres sabemos que tengo una buena estrella que me guía y que me cuida: hay algo de amor y de

magia en todo. Creer y confiar son dos factores fundamentales que recibí de mi familia y de mi origen”, afirma la joven. En enero de este año, Cecilia se despidió de su amiga en Concordia y cruzó a Uruguay. Por primera vez en su vida, viajó a dedo y durmió sola en una carpa. “En todos estos meses no he tenido malas experiencias que merezcan ser recordadas”, asegura. En Brasil, decidió buscar compañeros para hacer juntos distintos tramos de ruta. Y empezó a alojarse en casas que selecciona en el site Couchsurfing (couchsurfing.org). Florencia planea llegar a dedo al nordeste brasileño, realizar algún trabajo de voluntariado y luego conocer Surinam, Guyana y Guayana Francesa. “Lo que más valoro de viajar es que veo el lado bueno de las personas que encuentro en mi camino: el mundo me muestra su mejor cara. Aprendí a confiar en la gente, en mí, en el camino y en el destino. Sé que cuando abro mi corazón y me muestro tal cual soy, logro que los otros me den lo mejor de sí. Soy feliz, creo que nunca antes me había sentido tan bien como en este tiempo”, confiesa Cecilia. Seguila en: chicalatinoamericana.wordpress. com.

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1) En Uruguay. 2) Camino a Brasil. 3) Haciendo dedo.

En el camino La ilusión de Cecilia de hacer un viaje sin fecha de retorno tuvo que esperar hasta 2012, cuando se recibió de licenciada en Letras. Con el título en la mano y en plena crisis de los 30 años, decidió que era tiempo de hacer lo que siempre había querido. El plan de viajar por Latinoamérica a dedo surgió cuando una amiga entrerriana la invitó a pasar Año Nuevo en Concordia. “Me pareció un buen punto de partida. El no pasar una fecha tan importante con mi familia era muy significativo. Además, Uruguay

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1) En el cementerio de trenes de Colchami, en Bolivia. 2) En tres meses nacerá su bebé. 3) Con Fernando, su novio. 3 2

María Virginia Bertetti Mochilera trotamundos, volvió a casa para esperar el nacimiento de su primer hijo.

“Viajando a dedo conocí el valor de la solidaridad”

fotos: álbumes personales.

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ace más de una década, María Virginia Bertetti, una rosarina de 32 años, cargó en una mochila prestada decenas de latas de conservas y una bolsa de dormir pesadísima, y se subió a un tren con destino a San Miguel de Tucumán. En un vagón se cruzó con Fernando Mattevi, otro mochilero, como ella que vivía en la ciudad de San Nicolás. No volvió a verlo hasta 2006, cuando los dos participaron de un encuentro de mochileros en Córdoba. Se hicieron amigos. “Conocí a otros locos como yo y no me sentí más un bicho raro. Empecé a participar del grupo Autostop Argentina (autostopargentina.com.ar) y logré el ímpetu necesario para concretar el viaje al sur que tanto había soñado”, cuenta. Ese año, Virginia se recibió de licenciada en Periodismo y, una semana después de graduarse, llegó a El Chaltén, Santa Cruz, junto a Fernando. Trabajó durante tres meses en la cervecería del pueblo y de ahí siguió a Ushuaia, donde consiguió trabajo como periodista. “A

esa altura, con Fernando ya no éramos solo compañeros de ruta, sino de vida”, cuenta Virginia.

Vos sos mi aventura Juntos recorrieron casi todo el país y decidieron que era el momento de cruzar la frontera. “No teníamos un itinerario determinado. Una mochila armada para tres semanas sirve para tres meses, así que cargamos mapas y ganas, y fuimos a Chile. Nos manejábamos con nuestros ahorros, de acuerdo al presupuesto que habíamos armado. Contamos toda esa experiencia en un blog (hijosderuta.com. ar): Fer fotografiaba y yo escribía. Recorrimos Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y un poco de Brasil”. Durmieron en campings, hostels, hospedajes y hasta en una escuela abandonada. También se alojaron en los hogares de gente que contactaron por el site Couchsurfing. En Uruguay, Virginia se enteró de que estaba embarazada. “Fue una sorpresa para nosotros y también para nuestras familias. Es un desafío para los dos porque estamos acostumbrados a ser un poco egoístas y a calzarnos la mochila sin importar adónde vamos. Más de una vez acampamos en el fondo de alguna estación de servicio, en medio de la madrugada”, admite Virginia. Hasta octubre, cuando nazca el bebé, ella y Fernando van a quedarse en su casa

de San Nicolás, alojando a viajeros de todo el mundo que, como ellos, se manejan con el sistema de couchsurfing. “Imaginamos que a partir de ahora nuestra vida cambiará, ya que tendrá un extra. Le buscaremos la vuelta, pero no vamos a dejar de andar. Somos viajeros y queremos legarle ese espíritu a nuestro hijo. Vamos a mostrarle el país y a enseñarle a no tenerle miedo a la naturaleza. Nuestro deseo es que él también sienta la libertad de andar por ahí, con una mochilita al hombro. Ojalá que podamos hacerlo”, dice Virginia. La periodista cuenta que en los últimos años sumó amigos, conoció varios países y culturas diferentes, y creció mucho como persona. “Ser viajera es parte de mi identidad y es una elección de vida: aunque no esté en el camino, adquirí una filosofía de vida que incorporé a mi cotidianeidad. En la ruta, viajando a dedo, conocí el valor de la solidaridad”, concluye. Seguila en www.caraalsur.com.ar.

¿Querés convertirte en una viajera? Antes de abandonar todo para salir a la ruta, te conviene tener en claro algunas cuestiones.

Pensá por qué y para qué querés viajar. No importa si es porque cortaste con tu chico o querés tomar distancia de tu familia: debés tenerlo claro. Armá un plan con las condiciones mínimas aseguradas. Debés encontrar un balance entre tus expectativas y las posibilidades de concretarlas. Pediles opinión sobre tu proyecto a dos o tres personas que respetes y que quieras: vas a sumar alternativas. Además,es importante que te escuches poniendo tu sueño en palabras.

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Fuente: Marian Durao, psicóloga del Grupo Arcis (grupoarcis.com.ar).

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Revista Cosmopolitan / Caso real  

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