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aquella escena y escapó escaleras arriba. Tardó varios días en atreverse a salir la calle. No por miedo, sino por vergüenza. Mientras tanto, León, vecino del 5º C y protagonista de todo aquel lío, se había retirado a una esquina. No parecía tan contento como los demás. Cuando doña Pili lo vio, pidió silencio y dijo: —Te debemos una disculpa, León. Yo la primera, que no he sido capaz de desmentir todo eso de lo que te acusaba don Elías. Siempre me has tratado bien, eres educado, un chico normal. Bueno, normal no, pero ¿hay alguien aquí que sea normal? Nadie levantó la mano, y sus caras estaban muy serias. Fue León quien rompió el silencio: —Que sepan que las boñigas de león no se parecen en nada a las de perro… Nueva carcajada general, ambiente relajado, Ada inmortalizando con una foto ese momento y León de nuevo en su lugar, donde había estado siempre, del que se tuvo que ir durante un rato, pero al que volvió más fuerte todavía.

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Cuentos Coeducación 2  
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Cuento Coeducación

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