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—¿En el primer piso hay una bombilla rota? ¿Creéis que ha sido León? Pues mirad. Y sacó una foto en la que se veía a don Elías subido a un taburete. Con un martillo entre los dedos y con cara de malo, estaba destrozando la bombilla. ¡Había sido él! —¿En el segundo había una boñiga de León? — continuó mi hermana. Y sacó otra foto en la que se veía a don Elías esparciendo por el suelo una gran caca (que sería de perro, digo yo). —¿Queréis que os enseñe más fotos? No hizo falta nada más, porque la imagen de la boñiga había provocado la carcajada general del vecindario, que se contagiaron y parecían un coro al que les iba a dar un ataque de risa. «¿Pero cómo hemos podido…?». «¿Pero es que estábamos ciegos?». «¿Cómo nos ha podido engañar vilmente…?». No paraban de reír y eso era sospechoso. ¿No sería que sentían mucha vergüenza por lo que habían estado a punto de hacer? Mi hermana, en el centro, levantaba la cámara en señal de victoria, y el resto de la pandilla bajamos también a apuntarnos a esa especie de fiesta. ¿Y don Elías? El cascarrabias del tercero A no resistió - 65 -

Cuentos Coeducación 2  
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Cuento Coeducación

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