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* En el tercero, la cara de susto de él mismo que se había fotografiado, decía, después de haberse encontrado con el león en el pasillo. ¿Había algo más? Pues no, no había más pruebas, pero volvió a decir que «ese animal» había estado a punto de morder a doña Pili (y dale con doña Pili), y que por las noches salía a cazar y escandalizaba al vecindario con sus rugidos (¿alguien lo escuchó? Yo no). Se armó entonces un gran barullo: que sí, que él tenía razón, que era un peligro para la sociedad, que si pitos y que si flautas. Y en ese momento, mi hermana Ada de un salto se metió en medio de la reunión: «¡Silencio todo el mundo!». (Qué pulmones tiene mi hermana). Se hizo el silencio y ella empezó a hablar.

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Cuentos Coeducación 2  

Cuento Coeducación

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