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Había alcanzado el tamaño de una paloma. El vestido se le había quedado raquítico, las mangas se habían descosido desde el puño hasta el hombro y los zapatos de mi muñeca ya no le cabían. Rompí tres o cuatro barrotes de bambú y la ayudé a salir. —Me estiro por momentos, Juanita, como un chicle. Me parece que ya no quepo en un bolsillo. Anoche durmió en la litera de abajo y hoy se ha despertado con su tamaño de antes de encoger. Se ha puesto su falda de florecitas y sus bailarinas del lacito marrón, antes de entrar en la cocina. —¡Atención todo el mundo: el cielo está despejado y sopla Poniente! —anunció— ¿Alguien quiere chocolate con churros? Yo invito. Mamá y papá dejaron las tostadas de pan de molde sobre el plato y salimos los cuatro a la calle, para celebrar el domingo. Tengo la corazonada de que mañana por la mañana, a primera hora, volveremos a desayunar cuatro bollitos de pan recién hecho, con mermelada de piel de naranja de la despensa de la abuela Alicia.

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Cuentos Coeducación 2  
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Cuento Coeducación

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