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—No te preocupes —me interrumpieron papá y mamá aquel lunes de viento malo—, ha dicho el hombre del tiempo que no empezará a soplar hasta esta noche. Me encogí de hombros: si se fiaban más del hombre de la tele que de la abuela, no era problema mío. Media hora después de salir de casa, papá volvió a entrar, con los pelos de punta y los bolsillos de los pantalones cargados de barro: —¡El viento me ha arrancado el sombrero! ¡Se lo ha llevado, calle abajo! Un momento después, entró mamá hecha una fuente: le chorreaba agua por todas partes y, además, su camisa blanca de las reuniones, recién lavada y recién planchada, se había llenado de chorretones color café: —¡Me he tenido que escapar de un remolino de sillas voladoras! Yo levanté la nariz y crucé los brazos: —La abuela os avisó de que os sujetaseis el sombrero y os protegieseis de las sillas de plástico de los bares.

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Cuentos Coeducación 2  

Cuento Coeducación

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