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Revista del Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas A. C. A単o 3, # 1. Septiembre 2015.


Nuevamente retomamos este medio para expresar nuestro sentir y pensar sobre nuestro qué hacer en la defensa y ejercicio de los derechos humanos, en específico de las mujeres. Esta es nuestra palabra sencilla, nuestra mirada inquieta. Ahora somos parte de un Movimiento que está precedida de años de trabajo, en nuestro caminar en la construcción de culturas para el ejercicio y defensa de los derechos humanos y en especifico de las mujeres, nos hemos encontrado con el despojo legal y en la práctica de los derechos de las mujeres a la tenencia, uso y usufructo de la tierra, como una violación a nuestros derechos. Este despojo histórico se profundiza con el despojo de la tierra y el territorio de los pueblos indígenas y campesinos en sus diversas manifestaciones extractivistas actualmente legalizadas. Esta desigualdad limita nuestra participación como mujeres en todos los ámbitos de nuestras vidas, íntimo, familiar y en el accionar político. Violentado la totalidad de nuestros derechos. La revista impulsará la participación de las mujeres a través de compartir su palabra…

Esta revista es realizada en el Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas A.C. Textos de: Alma Padilla García, Verónica Éboli Santiago, Odilia López Álvaro, Flor de Jesús Pérez Ramírez Diseño, maquetación y fotografías: Néstor A. Jiménez Díaz Contacto: cdmch.comunicación@gmail.com Septiembre 2015.


El movimiento cuestiona y pretende transformar el sistema capitalista, neoliberal patriarcal y construir nuevas formas de relación sin violencia y desde la igualdad, es decir construir un mundo nuevo que responda a las necesidades de los pueblos, cuide los bienes naturales, que respete la cultura y las decisiones de los pueblos indígenas y campesinos, asegurando formas de justicia que les garantice la tenencia de la tierra.

Construcción del Movimiento en Defensa de la Tierra, el Territorio y por la Participación y el Reconocimiento de las Mujeres en la Decisiones

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ALMA PADILLA GARCÍA

l 8 de marzo día internacional de las mujeres nos declaramos como movimiento en un emotivo ritual maya, bajo un acta de Xchapel o acuerdo en idioma tseltal, para luchar contra todas las formas de violencia generadas por el sistema capitalista neoliberal y patriarcal, y sus políticas neoextractivistas, que convierte a las personas en mercancías y provoca que mujeres y hombres de todas las edades abandonemos nuestras tierras y familias en búsqueda de alternativas para vivir. Es decir, el movimiento es una respuesta organizada ante el saqueo y destrucción de nuestros bienes naturales, teniendo como referente fundamental la lucha autonómica del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Nuestro movimiento cuestiona y pretende transformar el sistema capitalista, neoliberal,

patriarcal y construir nuevas formas de relación sin violencia y desde la igualdad, es decir construir un mundo nuevo que responda a las necesidades de los pueblos, cuide los bienes naturales, que respete la cultura y las decisiones de los pueblos indígenas y campesinos, asegurando formas de justicia que les garantice la tenencia de la tierra. Consideramos que no se reconoce a nivel comunitario ni jurídico la participación de las mujeres en la defensa de la tierra y el territorio, siendo importante que se camine parejo, es decir, que se exija tanto al Estado como a los hombres que reconozcan que las mujeres tenemos derechos iguales, que nuestra palabra cuenta, que nuestras decisiones son importantes, que también trabajamos la tierra y, por tanto, se debe respetar nuestro derecho a participar en la toma

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de decisiones de la vida comunitaria, territorial y familiar. Por tanto nos comprometimos a defender y cuidar la madre tierra, a luchar porque mujeres y hombres tengamos iguales derechos sobre nuestras tierras y los bienes naturales que ahí se localizan, y a luchar contra todas las formas de violencia hacia nosotras las mujeres. El movimiento tiene compañeros y compañeras acompañantes, quienes firman el Xchapel; reconociendo que la importancia del Movimiento radica en la coincidencia de dolores, despojos y violencias compartidas en la región latinoamericana, y que es al mismo tiempo la herencia de los movimientos de mujeres en la región y el mundo para seguir la lucha contra el desprecio, la humillación y el despojo que perpetran los de arriba. El movimiento representa para nosotras las mujeres un espacio de fuerza para incidir de forma colectiva y organizada, fomenta la solidaridad y evidencia que el despojo de la tierra y el territorio no es un problema individual, sino un problema social grave que nos discrimina y

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reproduce la violencia, limitando el ejercicio de nuestros derechos humanos y el pleno goce de una vida digna. Quienes somos parte del movimiento hemos reconocido la violencia contra nosotras, nuestras familias, pueblos, la madre tierra y el territorio, reconocemos que es urgente movilizarnos de forma amplia, organizada y acompañada por diversos grupos y organizaciones como el Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas, la Casa de la mujer Ixim Antsetik, el Frente Cívico Tonalteco, La campaña contra la violencia hacia las mujeres y el feminicidio en Chiapas, el Grupo Tierra del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, la Red de mujeres campesinas de Costa Rica entre otras, para que la población en general, el Estado mexicano y los hombres reconozcan, en las Leyes y en las prácticas, la propiedad social y familiar como forma de detener el despojo de los bienes naturales, se garantice el acceso de las mujeres a la tenencia, uso y usufructo de la tierra y su participación en las decisiones comunitarias, familiares y políti-


cas. Por lo que se seguirán dos vías la política y la jurídica. Los y las integrantes del movimiento, hasta ahora 30 organizaciones, colectivos, centros de derechos humanos y personas en lo individual consideramos que es indispensable organizarnos a través de comunicadores, k´asesel k’opetik (el que lleva y trae la palabra en idioma tseltal), nombrando cada organización, colectivo y grupo su comunicadora (or). Así mismo hicimos pública en una declaratoria, nuestra posición política como movimiento, destacando once principios, los cuales parten de una posición desde abajo, a la izquierda y desde dentro de nuestros corazones, con una lógica de autonomía, democracia e independencia del gobierno y partidos políticos. Rechazamos todo tipo de privatización y despojo de los bienes naturales de los pueblos y comunidades, así como de los programas gubernamentales que promueven la privatización. Desde el Movimiento nos unimos a las luchas de los pueblos en defensa de la tierra y el

territorio, por sus derechos y autonomía como el EZLN, los familiares de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, con los pueblos indígenas y campesinos de Costa Rica, en especial al pueblo de Salitre entre otras luchas y resistencias. Sabemos que tenemos mucho trabajo por delante, que nuestra lucha es contra el monstruo del capitalismo, que se haya también en nuestras organizaciones, barrios y comunidades en forma de división y machismo. Ante esto decimos que sacaremos fuerzas de nuestro cuerpo, corazón y lucha, caminando abajo y a la izquierda, allí, donde se encuentra el corazón. Convocamos a otros grupos, organizaciones, colectivos y personas en lo individual que compartan estos principios a unirse a nuestro movimiento. ¡Con este Movimiento nos llevamos un compromiso para toda la vida y vamos a luchar juntas y juntos!

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El reconocimiento de los derechos de las mujeres al acceso a la tenencia, uso y usufructo de la tierra, confronta los patrones culturales y legales que norman su “deber ser” y limita la defensa de sus derechos, evidenciando como el sistema de justicia reproduce la subordinación y la exclusión de las mujeres.

Las mujeres y su lucha por el acceso a la tierra

VERÓNICA ÉBOLI SANTIAGO

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n las comunidades las mujeres cuando se casan sus esposos las llevan a vivir a su solar, sin que ellas adquieran derecho sobre esa tierra. Desde que la mujer se une a un hombre, éste toma el control sobre su tiempo, cuerpo y actuar. Ella debe estar en su casa, atender al esposo y cuidar de la familia. Si la pareja tiene conflictos, los familiares de ambos intervienen, y los hombres de la familia (suegros y cuñados), deciden por ella y juzgan su comportamiento como “buena o mala mujer” según obedezca las costumbres de la familia y de la comunidad. Aun cuando la mujer y sus hijos trabajen la parcela, ésta sigue siendo pertenencia exclusiva del jefe de familia, quien al llegar a una edad avanzada, cederá sus derechos a un hijo varón. La esposa, solo es considerada sucesora cuando

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fallece su esposo y sus hijos aún son menores de edad. A la mujer se le reconoce su titularidad a la tierra cuando se encuentra en una edad avanzada, en muchas ocasiones viudas y en espera de ceder sus derechos a sus hijos, es decir, obtiene el reconocimiento cuando no hay un hombre (hijo, hermano, esposo, suegro, tío, etc.) a quien cederle los derechos. En los casos de despojo acompañados por el CDMCH se ha reflejado que el ejercicio y defensa del derecho de las mujeres a la tenencia, uso y usufructo de la tierra, contradice lo establecido por los usos y costumbres, desafiando el poder patriarcal de las autoridades y del sistema de justicia. Como ejemplo, un caso de muchos: El caso de “María”.


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aría es una mujer indígena tzeltal, dedicada a las labores del hogar, borda blusas típicas, es alfarera, cría y vende gallinas. Cuando María se casa con Pedro, su suegro les da en herencia un terreno y les dice que ahí podrán hacer su casa para que vivan ellos y sus hijos, porque así es la costumbre. Con el paso del tiempo se reconoce que la casa es propiedad de Pedro y María. Ella, además del trabajo del hogar, cultiva sus hortalizas y árboles frutales, y cría pollos para la venta. Con sus ingresos ha aportado para mejorar la construcción de la casa, para acondicionar los gallineros y para abastecerse de alimentos y cubrir algunas necesidades de sus hijas e hijos. Pedro es celoso y le prohíbe a María participar en las reuniones comunitarias, y el hecho de tener cuatro hijos la hace permanecer en la casa. Con frecuencia, Pedro insulta y golpea a María provocándole lesiones que requieren de atención médica; éste la ha golpeado estando embarazada, la maltrata por llegar tarde a su casa, porque no le entrega el dinero que obtiene de las ventas de sus bordados y pollos. María no acude al doctor porque Pedro no quiere que la revisen para no evidenciar la violencia que ejerce. Ella soporta porque no quiere que sus hijos sufran. La última vez que Pedro violento a María, las agresiones pusieron en peligro su vida. Ella logro salir de su casa y decidió denunciar a su esposo por 13 años de violencia. María acudió ante la autoridad tradicional pero intervino el cuñado de Pedro, quien convence a las autoridades de no detener a Pedro y de que el problema se arregle entre las familias. Al no tener respuesta de las autoridades tradicionales, María denuncia la Violencia en diferentes instancias oficiales con la finalidad de que se le obligue a Pedro a proporcionar una pensión alimenticia, que se le reconozca el derecho a una vivienda para ella y sus hijos, así como el derecho a vivir libre de violencia. Las autoridades que conocen del problema no tomaron en cuenta el trabajo de María en el cultivo ni su aporte a las mejoras de la vivienda. El rechazo de María a regresar con Pedro genera molestia en la familia de éste, cuyo padre exige, también ante las instancias en donde el caso ha sido expuesto, que María con sus hijos abandone la casa que considera de su propiedad. Incluso las autoridades avalan al suegro de María como el dueño de la tierra. El que María haya decidido luchar por su derecho a la tierra, le provoca confrontaciones con su suegro, quien en base a sus usos y costumbres, reúne a la gente del barrio para que entre todos arreglen el problema. Ante la comunidad, se culpabiliza a María por denunciar a Pedro en instancias oficiales cuando se trata de un conflicto de pareja, que debió solucionarse entre las familias, sin exponer el no respeto hacia su suegro, así como la no obediencia a las decisiones que ellos han tomado. La intervención de las autoridades oficiales, cuestiona la posición de María en la defensa de sus derechos, la coloca en una situación de peligro al no establecer mecanismos eficientes que garanticen su seguridad durante el proceso de resolución del conflicto, en donde el diálogo y la conciliación dejan fuera la palabra de María ya que solo se consideran las decisiones de Pedro y su padre. Se resuelve sobre la posesión de la tierra, la destrucción de una parte de la casa, a pesar de que María no está de acuerdo en la solución tomada. Incluso se le culpa de retrasar la solución de los problemas y es acusada de despojar a su suegro, cuando él mismo hizo entrega del terreno. María ha quedado desprotegida ante los agresores que se sirven de la autoridad para amenazarla con ser desalojada, utilizando la fuerza pública, si insiste en mantener la posesión de la tierra, cuando el tener un espacio para vivir con sus hijos le da seguridad en relación a la vivienda y su sostenimiento alimentario.

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Este caso, al igual que otros más que se acompañan, refleja que el acercamiento de las mujeres a los sistemas de justicia en la defensa de sus derechos, las lleva a enfrentarse a ideologías que: i) consideran a la tierra como propiedad exclusiva de los varones, ii) promueven la conciliación de las partes ante el despojo de tierras, sin tomar en cuenta la relación de desigualdad existente entre la mujer y su “agresor”; iii) consideran a los hombres como los que saben y por tanto el diálogo es entre ellos sin escuchar la palabra de la mujer; iv) incrementan la violencia hacia ellas por desafiar el poder de los hombres al no obedecer los patrones culturales; v) consideran que la violencia hacia las mujeres es una cuestión privada y no una

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violación a sus derechos humanos; vi) hacen una valoración sobre la conducta de la mujer como condicionante para reconocerle derechos; vii) no cuestionan la importancia de transformar las relaciones entre hombres y mujeres para permitir que éstas participen de las decisiones que afectaran su proyecto de vida; viii) convierten a las autoridades en coparticipes de la violencia. De esta manera, vemos que la construcción machista en los operadores de los sistemas de justicia les impide desnaturalizar la violencia hacia las mujeres y garantizar sus derechos, por el contrario les genera alianzas con los agresores, lo que ocasiona mayores problemas a quienes acuden en busca de justicia.


“Hereda las tierras el hermano mayor, los otros hijos tienen que buscar donde trabajar, van a rentar en otros ejidos. Si el titular fallecido es el esposo, la mujer queda como representante hasta que los hijos crecen y se les da el terreno.” (Yuquin, Simojovel)

“Soy viuda y tengo dos hijos menores de edad. Al morir mi esposo, mi suegro dejo como herederos a sus nietos. Ellos son los ejidatarios. Al ser viuda, mis hijos se hacen cargo de la parcela, pero después de un tiempo, se van desobligando y yo he tenido que apoyar en los gastos tanto de la casa como del ejido. Han pasado más de 5 años desde que se fue su hijo mayor y ya he solicitado a las autoridades que la titularidad de la parcela sea para mí. Tengo que esperar 10 años para que la asamblea pueda autorizar el traspaso.” (Pobladora de El Sibal, Ocosingo)

“Hereda al hijo mayor o cuando se tienen hijas se le hereda al yerno ‘si se porta bien’ o el derecho se le pasa al primer nieto varón.” (Santo Domingo Las Palmas). “A veces voy a sembrar. No somos iguales a los hombres, por la fuerza que ellos tienen. Cuando los acompaño, primero me levanto a preparar el café para los hombres, lavo el molino y muelo el maíz para hacer pozol. Si van los niños a la escuela; los despiertos, los baño y les doy de desayunar. Apoyo un rato al hombre en el campo si tiene mucho trabajo, mido el tiempo para regresar a preparar la comida, torteo, acarreo el agua para cocer el maíz y frijol, recoger leña y ocote para la cocina, si hay elote se hacen tamales, después voy a lavar la ropa sucia.”

(Pobladora de La Florida, Altamirano)

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El 23 de febrero del 2015, fueron desplazadas 56 personas del “Poblado Primero de Agosto”, en las Margaritas, Chiapas. Son 7 niñas/os menores de 5 años, 11 menores de entre 5 y 17 años, 17 mujeres, y 21 hombres, en su mayoría jóvenes que quieren tener tierra para vivir en ella, cultivarla y construir comunidad.

La palabra de las mujeres desplazadas de la comunidad Primero de Agosto ODILIA LÓPEZ ÁLVARO / ALMA PADILLA GARCÍA

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ara documentar la situación de las mujeres y los hombres las y los integrantes de la Red por la Paz1 Chiapas, realizamos una misión civil de observación, el 11 de mayo del 2015, en la que nos compartieron sus vivencias. Las mujeres y hombres reconocen el desplazamiento forzado como una forma de violencia que impacta todos los ámbitos de sus vidas, personales y colectivos, rompiendo su cotidianidad y la relación con su entorno y con otras personas y sus ancestros. Su preocupación ante la falta de seguridad en la vivienda, la alimentación, la salud y el temor a ser nuevamente agredidos, se manifiesta en sus cuerpos 1

Organizaciones asistentes a la Misión Civil de Observación Casa de Mujer Ixin Atsetic A. C. Desarrollo Comunitario Chiapaneco A. C. Servicios y asesoría para la paz A.C (SERAPAZ), Comisión de apoyo a la unidad y reconciliación comunitaria, AC.(CORECO) ,Centro de derechos humanos fray Bartolomé de las casas AC. (FRAYBA) Comité de derechos humanos fray Pedro Lorenzo de la nada AC. (CEDIAC) Centro de derechos de la mujer de Chiapas AC. (CDMCH) Servicios internacional para la paz .(SIPAZ ) Educación para la paz AC.(EDUPAZ)

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a través de alteraciones físicas como dolores de cabeza, estómago, diarrea, así como en sus afectos como tristeza, miedo y llanto. Nosotras como Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas, dialogamos con las mujeres, quienes refieren su preocupación ante nuevos actos violentos, viven en incertidumbre ante las amenazas del grupo que las desplazo. Las mujeres nos compartieron su preocupación debido a las amenazas constantes y al temor a ser agredidas ellas y sus familias, sus hijas (os) y parejas, aunado a la responsabilidad social del cuidado de la vida como la alimentación, vivienda, aseo etc. que al no tener las condiciones para satisfacerlas las coloca en mayor angustia. La alimentación a la cual tienen acceso es insuficiente, el agua no alcanza para todos, solo hay un molino para moler el maíz; para preparar la comida se turnan. Sus hijos e hijas no asisten a la escuela, y no saben que ha pasado con sus pertenencias, animalitos etc. Las embarazadas, además, refieren les


“Hay mucha inseguridad sentimos miedo, no dormimos bien porque pensamos que en cualquier momento pueden venir a desalojarnos otra vez por eso nos turnamos para vigilar pero aun así como mujeres no dormimos porque nos da mucho miedo que venga en la noche; también cuando bajamos a traer nuestra agua vamos con miedo pensando que de regreso ya no vamos a encontrar nuestros compañeros.” Testimonio de mujer desplazada

duele el corazón por las condiciones en que nacerán sus hijos. Las mujeres durante la entrevista lloraron al reconocer la violencia que viven con el desplazamiento y las nulas alternativas a la resolución del problema. Cabe destacar que esta situación podrá acrecentarse en corto tiempo, llevando a las familias a un estado de desesperanza y detrimento de la salud física y emocional. En las comunidades o grupos desplazados, las mujeres, los niños y niñas, son el grupo más vulnerabilizado. Su voz y preocupaciones no siempre son escuchadas y mucho menos atendidas. Y como suele pasar, su presencia se invisibiliza en lo colectivo, cuando sus requerimientos, preocupaciones y situación es diferente a la del resto de la comunidad.

“…mucho dolor de mi vientre creo que porque entra mucho frio ahí en nuestro campamento… no es fácil estar aquí en el campo debajo de los arboles, sin protección… nuestras vidas y sueños están en Primero de Agosto, nuestros niños piden ya regresar a la casa, a la comunidad”.

Testimonio de mujer desplazada

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El uso de la pobreza y la violencia de género ejercida durante la jornada electoral FLOR DE JESÚS PÉREZ RAMÍREZ

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l 6 de junio de 2015, Mujeres de la Zona Norte Selva de Chiapas, Casa de la Mujer Ixim Antsetik, A.C, y el Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas A.C., integrantes del Movimiento en Defensa de la Tierra, el Territorio y por la Participación y el Reconocimiento de las Mujeres en la toma de decisiones, hicimos pública nuestra palabra, denuncia y exigencias a las instituciones de los tres niveles de gobierno, ya que durante la jornada electoral los candidatos de los partidos políticos visitaron nuestras comunidades, intentando comprar conciencias para obtener el voto de las y los ciudadanos, a cambio de despensas, láminas, materiales para construcción, y otros “regalos”, que fueron adquiridos con dinero del pueblo. También denunciamos el uso que se está haciendo de las necesidades de las mujeres, porque los programas de asistencia social que el gobierno proporciona estaban sirviendo para ganar votos a favor del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), obligando a las promotoras y vocales del programa PROSPERA a convencer a otras mujeres para votar por los candidatos de ese partido y si se negaban las amenazan con quitarles el apoyo. Estas acciones que fueron ilegales

se presentaron en todo el Estado (Chilón, Palenque, Ocosingo, Comitán, Teopisca) y a pesar de las denuncias públicas y jurídicas realizadas no se han establecido procedimientos contra funcionarios de SEDESOL ni contra los partidos políticos involucrados en estos actos de extorsión. Consideramos que la presión para obtener votos a favor del PRI y del PVEM responde a la necesidad del Presidente de la República por controlar espacios en el Congreso de la Unión y en los gobiernos locales y municipales, para legislar normas que hagan posible las reformas estructurales que amenazan los bienes naturales y territorios de los pueblos indígenas y campesinos. Estamos claras que Chiapas es territorio estratégico para la implementación de megaproyectos extractivistas e hidroeléctricos sobre los cuales no se nos consultará. Por lo que exigimos el respeto a nuestros derechos civiles y políticos reconocidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; el respeto a la dignidad de los hombres y mujeres que vivimos en este país. No somos objetos que se compran, tenemos inteligencia, podemos decidir, pero también es cierto que los partidos políticos no nos presentan una opción que combata la pobreza, la impunidad, la corrupción y la violencia; Exigimos se investigue y sancione a los responsables de la compra y coacción del voto; Alto a la violencia contra las mujeres propiciada por los Partidos Políticos.

Centro de Derechos de La Mujer de Chiapas Privada Cuatro caminos num. 11 Telf. y Fax (01967) 63 164 75 comunicacion@cdmch.org

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Revista Telares  

Edición 1 del tercer año de la Revista Telares. Revista realizada en el CDMCH que difunde la voz de las mujeres.

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