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Revista del Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas A. C. / AĂąo 5 / #09 / Junio 2017.


En este número de la Revista Telares, la voz de las mujeres, compartimos algunas experiencias prácticas de mujeres indígenas que cultivan la tierra con proyectos orgánicos, sustentables, de intercambio y economía solidaria como parte de la apuesta política por la soberanía alimentaria para fortalecer la autodeterminación de mujeres y autonomía de los pueblos y organizaciones de base. Recuperamos en esta revista parte de algunos encuentros e intercambio de conocimientos que han tenido compañeras campesinas de distintas comunidades de Chiapas, pero también de su encuentro con otros colectivos urbanos que ofrecen alimentos sanos y el encuentro directo con quienes producen bajo el empleo de distintas técnicas cuidadosas siempre de la madre tierra; rescatamos también algunos temas de encuentro que compañeras de colectivos en Chiapas compartieron con hermanas de Guatemala que las recibieron en Nebaj. Gran parte de este trabajo organizativo, a través del cultivo de hortalizas, capacitación técnica para la producción orgánica, recuperación de conocimientos ancestrales como la medicina tradicional y la reflexión crítica frente a los megaproyectos que atentan contra la vida y el territorio de los pueblos es acompañado por quienes colaboramos en el Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas, AC (CDMCH). Es por ello que nos parece importante compartir parte de la riqueza de estos aprendizajes que hemos atestiguado al acompañar a mujeres indígenas campesinas que luchan porque la participación de las mujeres en los espacios de decisión comunitaria sea considerada como un Derecho y no un privilegio de pocos que se ha “normalizado” en los espacios de la vida familiar, comunitaria y política en nuestro contexto actual. En este número también encontrarás información sobre aquellos alimentos que podemos producir en huertos y hortalizas comunitarias y/o familiares al alcance de todas, productos de la cosecha que constituyen el plato del buen comer, como parte de las aspiraciones del buen vivir o Lekil Kuxlejal, como se nombra en las comunidades de Chiapas. Dejamos este ejemplar en tus manos, con el deseo de colaborar en hacer realidad la soberanía alimentaria como ejercicio de defensa y promoción de los Derechos colectivos.

Esta revista es realizada por el Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas A.C. (CDMCh) Textos y fotografías: Equipo del CDMCh Diseño editorial: Víctor Hugo López Rodríguez Contacto: comunicacion@cdmch.org

Junio 2017


LA EXPERIENCIA DE LAS MUJERES EN EL TRABAJO DE CULTIVO, HORTALIZAS PARA LA SOBERANIA ALIMENTARIA En el camino transitado a lo largo de estos años el Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas, AC (CDMCH), junto con las compañeras de comunidad organizadas en colectivos de mujeres de las regiones Altos, Norte, Selva y Frontera de Chiapas, hemos luchado desde diferentes frentes de acción como son la defensa, el conocimiento y la promoción de los derechos de las mujeres, la denuncia de la violencia machista y feminicida, así como también en la defensa y cuidado de la tierra y el territorio como principio necesario para el sustento de la vida, la identidad, la cultura y la construcción de la soberanía alimentaria de las familias y comunidades campesinas e indígenas con igualdad de clase, género y etnia.

Para entender esta defensa es necesario relacionarla con el reconocimiento de nuestros derechos como mujeres y en especial con el acceso y tenencia de la tierra, visibilizando el trabajo que desempeñamos las mujeres en el hogar, cuidando a las(os) hijas(os) y a toda la familia, también en los solares produciendo hortalizas, cuidando y alimentando a los animales del traspatio; y en la milpa con las labores de recolección, cuidado y siembra de las semillas criollas que hemos conservado y heredado de generación en generación. Así como el bordado, la venta de alimentos y labores que no son tomadas en cuenta, ya que no se contabilizan en dinero, o son desvalorizadas y aprovechadas por el sistema de poder machista en nuestra sociedad. Todas estas labores que brindan un fuerte soporte a la economía familiar, al sostenimiento y reproducción de la vida, son trabajos vitales que si no existieran, serían mucho más fuertes y acentuados el dominio, control y dependencia al sistema de mercado y a los poderes gubernamentales que nos quieren desvincular de la tierra y el territorio.

La estrategia de cultivo surge entonces como parte de las respuestas concretas a las necesidades que analizamos en los talleres de derechos humanos y en especifico de las mujeres, trabajados con las compañeras promotoras y formadoras del CDMCH en los años 2010 y 2011; de estos análisis se proponen acciones como cultivar nuestros propios alimentos de forma sana y ecológica ya que vimos por ejemplo que el gobierno con sus programas alimentarios y de subsidios quiere que no trabajemos la tierra, lo que hace que nos desvinculemos de ella y seamos dependientes del sistema de mercado, y de los alimentos de mala calidad nutricional que producen las empresas, debido a todos los químicos y conservantes que contienen, que generan enfermedades en nuestros cuerpos, así como la contaminación producida por el uso de agroquímicos en la agricultura industrial que matan el suelo y toda la biodiversidad.

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Esta intención de generar una ruptura en la relación material y espiritual que tenemos con la tierra, permite a las empresas un fácil acceso a nuestros territorios y bienes naturales para que sean explotados y generen riqueza para unas pocas personas (sin tener en cuenta el daño que generan en la tierra, y al debilitamiento de nuestros vínculos comunitarios), por medio de la compra directa, o del despojo sistemático que es respaldado por políticas y programas de privatización de la tierra como son el PROCEDE y el FANAR. Por estas razones, vimos la importancia de recuperar los saberes y prácticas agrícolas que tenían nuestras abuelas y abuelos, quienes fueron capaces de mantener un equilibrio ecológico con la tierra, comprendiendo sus ciclos naturales, y adaptándose a sus tiempos y cambios permanentes, manteniendo los valores y relaciones de respeto hacia todas las manifestaciones de la vida, tanto humana como no humana.

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Para comenzar a trabajar el cultivo de hortalizas, se vio necesaria la capacitación de las compañeras promotoras y formadoras del CDMCH en temas de agroecología como la producción y reproducción de semillas, la elaboración de composta para hacer abonos orgánicos, la reproducción de plantas en almácigos y la construcción de camellones de cultivo con técnicas como la doble excavación para poder producir alimentos de forma intensiva ocupando menos espacio, también el tratamiento y manejo ecológico de insectos, hongos o plantas de monte que compiten con nuestros cultivos que son mal llamadas “plagas” (pero que también cumplen con una función específica dentro de cada agroecosistema), estas capacitaciones las llevamos a compartir con las compañeras en las comunidades, como forma de poner en ejercicio nuestros derechos. Así llegaron agroecólog@s, con quienes hicimos memoria para poder rescatar los conocimientos olvidados, además de aprender


otros que no conocíamos y que nos compartieron en los talleres de cultivo agroecológico de hortalizas. Empezamos a trabajar en colectivo, y este trabajo nos fortalecía mucho más porque vimos que en la producción de nuestros propios alimentos existe un poder inmenso que nos da autonomía y poder de decisión frente a nuestro territorio, nuestro cuerpo y al manejo de nuestras relaciones sociales y comunitarias. Aunque la estrategia de cultivo agroecológico surge con unos objetivos que surgieron de los talleres de derechos humanos, con el tiempo se convirtió en un área de trabajo independiente de las demás áreas impulsadas por el centro, y se ha enfocado en fortalecer el autoabastecimiento y sostenimiento alimentario familiar, también con talleres de alimentación y nutrición basada en nuestras recetas y formas de preparar alimentos, así como el rescate de nuestras plantas medicinales para prevenir problemas de salud.

si pensamos hacer la defensa de forma familiar y comunitaria pues ni el gobierno, ni el dinero, ni las empresas nos pueden despojar de la tierra ni tampoco esclavizar. Con este camino ya iniciado, sabemos que nos faltan muchísimas cosas por hacer, y también por transformar en nuestras vidas, familias, comunidades y también en nuestro país. Sabemos que el machismo no es sólo una cuestión de ser hombre, ya que a ellos también les afecta y oprime, pero si luchamos juntas y juntos contra el patriarcado, vamos a defender el legado de nuestros ancestros y heredarlo a quienes vendrán más adelante.

También el rescate de nuestros rituales sagrados como el altar maya y las ofrendas a la tierra, importantes en cada temporada de siembra y cosecha con una forma de agradecimiento y respeto por la tierra que nos alimenta y fortalece; además de esto, hemos venido construyendo alternativas económicas como son los tianguis populares y las ferias de intercambio de productos y de semillas criollas, con el objetivo de restarle poder al mercado y a los intermediarios, para relacionarnos directamente con otras personas que están en la ciudad y que quieren apoyar la producción local, el consumo responsable y ecológico. Con todas estas cosas, entendemos y valoramos la importancia de nuestra labor, ya que si como mujeres trabajamos la tierra, esto nos da derecho también a tenerla y defenderla, por eso es muy importante la propuesta de tenencia familiar de la tierra, y el derecho a la toma de decisiones, ya que

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LEKIL KUXLEJAL (Buen Vivir), LEKIL WE´ELIL (Buena Alimentación)

Las mujeres conocen su entorno en el que viven, saben que alimentos se pueden comer y cuáles no se pueden comer (esto lo han aprendido gracias a los conocimientos y saberes ancestrales que sus abuelas y abuelos les han trasmitido); todo alimento se debe aprender a cosechar y recoger este aprendizaje es vital para la vida en el campo ya que toda semilla requiere de cuidados porque de esto depende gran parte de la subsistencia familiar y comunitaria. Las mujeres tienen grandes habilidades y conocimientos en la selección de sus semillas, saben cómo y dónde guardarla y cuando sembrar. Son las mujeres que desde pequeñas miran, practican y así aprenden a preparar los alimentos. Refiere la compañera Juana “mi madre y abuela me enseñaron cómo debo cocer el nixtamal y si es para hacer las tortillas no tiene que estar bien cocido, si es para pozol tiene que estar bien reventado el maíz”. En las comunidades de Peña Limonar, Coquiteel, Tim, Corostic y Tierra Libertad de la Zona Norte de Chiapas, las mujeres junto con sus familias trabajan la tierra para cultivar sus alimentos que cotidianamente consumen. Durante el año se siembra la milpa y torna-milpa en la cual se encuentra una gran variedad de alimentos, mismo que se complementa con la recolección de alimentos silvestres que se encuentran en las montañas, ríos, arroyos y en los traspatios se pueden apreciar árboles frutales o bien algunas hortalizas, así como también la crianza de aves de corral y en algunas casos se crían animales porcinos.

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Las mujeres refieren que las aves realizan una labor importante en contribuir al sembradío de algunas semillas, mismas que son llevadas a través de sus excrementos, o bien cuando llevan alimentos para sus crías; otra forma es a través del viento que ayuda a dispersar el polen. En su mayoría, las mujeres y hombres tienen que seleccionar las semillas hasta que llegue la época de siembra. La variedad de alimentos que se encuentran en las comunidades tienen una base importante para el sustento familiar. En su recolección participan mujeres, hombres, niños, abuelas y abuelos. Aquí un listado de algunos alimentos que constituyen el plato del buen comer (alimentación balanceada) en las comunidades indígenas y campesinas de Chiapas:

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MUJERES CAMPESINAS, INDÍGENAS MAYAS DE CHIAPAS Y GUATEMALA

Como parte de las alianzas que se han ido tejiendo en torno a la construcción de soberanía alimentaria, a partir del trabajo de cultivos y hortalizas orgánicas, un grupo de mujeres de distintos colectivos de la zona norte y altos de Chiapas acudieron a Nebaj, Guatemala, para participar en un intercambio de experiencias de mujeres mayas que, desde distintos proyectos, defienden la tierra y el territorio.

Otro encuentro en el que intercambiaron experiencias sobre los cultivos orgánicos fue la visita que realizaron a la finca ubicada en el Cantón Xecax, donde Feliciana Ramírez, Feliciana Sabina y Juana de León Raymundo, mujeres mayas, informaron sobre el proyecto de vivero de café e invernadero de tomate como un medio para la subsistencia de las mujeres, el sostén de sus familias y el fortalecimiento de la comunidad.

Durante la estancia en Nebaj un tema de encuentro fue el relacionado a la salud, mientras que las compañeras de Chiapas compartieron las condiciones en que las parteras están siendo certificadas con la finalidad de focalizar la atención de las mujeres embarazadas únicamente en los hospitales urbanos, las compañeras de Guatemala complementaron en la importancia de la recuperación, uso y conocimiento de la medicina tradicional como una alternativa a la precariedad en el acceso a la salud de la población indígena y campesina.

Al respecto todas coincidieron en la importancia de producir libre de químicos y fertilizantes “Pienso que es mejor cultivar alimentos sanos, para nuestras familias. No comprar los alimentos de las empresas, que necesitamos conseguir dinero para podar comprarlos porque los venden caros en el mercado”, comentó una compañera.

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En otra reunión sostenida en la comunidad de Rio Bañado, el consejo de pueblos mayas de occidente (CPO) dieron a conocer la dinámica de los megaproyectos hidroeléctricos que afectan la región, donde se han


estado instalando 5 hidroeléctricas que han acaparado el agua y han destruido miles de hectáreas cultivables desplazando a campesinas(os), para exportar la energía a otros países, en especial EE.UU y Canadá, además de abastecer a las Empresas mega mineras y petroleras que también hacen presencia en la región y que demandan mucha energía para hacer la explotación y extracción de minerales e hidrocarburos. Este tema motivó la participación de las compañeras de los colectivos de Chiapas, e hicieron referencia a los problemas de los megaproyectos y la dinámica de despojo territorial y de control poblacional que es muy similar en México y Guatemala. Se relató brevemente la estrategia de defensa llevada por las mujeres y la propuesta de proteger los territorios comunitarios, con la propuesta de tenencia familiar de la tierra que refuerza la lucha y permite a las mujeres y toda la familia participar en las decisiones sobre el territorio, así como la estrategia de cultivo como una forma de defensa de la madre tierra a través de la producción de alimentos y del cuidado de los

bienes comunes, destacando la importancia de que las mujeres participen en cargos de liderazgo y de toma de decisiones, ya que las mujeres no participan en igualdad de condiciones que los hombres dentro de los procesos indígenas y campesinas en defensa de su territorio. Finalmente se dio una interacción más participativa entre las compañeras de Guatemala y las compañeras de los colectivos de Chiapas, compartiendo muchas visiones en relación con el manejo y cuidado de la tierra, las técnicas para preparar los abonos orgánicos, compostas; el uso de estos abonos en los huertos y parcela y en las siembras de sus alimentos. Fue una experiencia en donde compartieron conocimientos entre mujeres, en las que ambos grupos de mujeres encontraron coincidencias y compartieron sus logros. De igual manera, se compartieron los materiales didácticos, manuales de agricultura orgánica y algunas revistas que cuentan el proceso de defensa del territorio por parte de las mujeres.

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TIANGUIS POPULAR “POR EL DERECHO A NUESTRA SOBERANÍA ALIMENTARIA”

El pasado 18 de junio de 2017, integrantes del Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas, A.C. (CDMCH), de los colectivos de mujeres de las regiones Altos, Norte y Oriente de Chiapas y la Red de Productores y Consumidores Responsables “Comida Sana y Cercana” realizamos el Tianguis Popular “Por el Derecho a Nuestra Soberanía Alimentaria” en donde personas, colectivos, comunidades y organizaciones participamos en el intercambio y comercio justo de productos alimenticios (semillas, plantas, verduras, frutas, animales, etc.), artesanales, además de compartir saberes tradicionales de nuestros pueblos. En el tianguis popular colocamos una mesa informativa con materiales diversos sobre nuestros derechos como mujeres, el derecho a la alimentación, la soberanía alimentaria y la propuesta de usufructo familiar. Además el ambiente fue festivo ya que contamos con la generosa participación de poetas, músicos y las palabras de personas que se acercaron para compartir en el programa cultural que desarrollamos a un costado del tianguis que se ubicó en la plaza de la resistencia de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, con lo cual también ejercimos el Derecho a la libre expresión en los espacios públicos de la ciudad. Con productos y alimentos que nacen de las manos, el corazón y el conocimiento de compañer@s del campo y la ciudad este tianguis ofreció una variedad importante que permitió intercambiar y ofrecer un trato y diálogo directo de los consumidores con l@s productor@s de manera cercana, permitiéndonos conocer la importancia del trabajo colectivo de las compañeras que también forman parte del Movimiento en Defensa del Territorio.

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En la realización de este tianguis también pudimos compartir nuestras preocupaciones ante la violencia del sistema capitalista, neoliberal y patriarcal que profundiza el despojo de nuestros territorios e impulsa la desestructuración de la producción campesina en beneficio de corporaciones extractivistas y agroindustriales que están envenenando nuestra tierra, ríos, alimentos y por tanto nuestra salud. En ese sentido denunciamos públicamente como la violencia contra la vida campesina ha colocado a las mujeres y hombres de las comunidades rurales en condiciones de aguda y creciente pobreza, obligándolos a vender o rentar sus tierras para migrar en busca de trabajo o para solventar necesidades básicas. Quienes permanecen en el campo se ven forzados, ante el desgaste de la tierra, a hacer uso de agroquímicos para el cultivo, pero lo que se produce no basta para la alimentación familiar. La pérdida de soberanía alimentaria así como de las formas tradicionales del cultivo (milpa), conservación de semillas e intercambio de saberes y productos, son resultado de la dinámica capitalista, sin embargo nosotras y los colectivos de mujeres indígenas consideramos importante luchar por reconstruir y reivindicar el amor y cuidado a la madre tierra pero también impulsar las economías solidarias. Por ello este tianguis tuvo por objeto reivindicar y ejercer nuestro derecho a la soberanía alimentaria como alternativa para la defensa del territorio y la vida digna.

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Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas, A.C. (CDMCh) Oficina: Calle Privada Cuatro Caminos No. 11 Colonia San Martín, CP: 29247 San Cristóbal de Las Casas, Chiapas Teléfono +52 (967) 631 6075 Correo: centro@cdmch.org

Web: www.cdmch.org Correo: comunicacion@cdmch.org Facebook: Mujeres/CDMCh Twitter: @mujeresCDMCh Telegram: https://telegram.me/CDMCh Blog: www.territoriochiapas.wordpress.com

Para esta edición agradecemos el apoyo y solidaridad de:

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Revista Telares 09 (Junio de 2017)  

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