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Reformas en la educación superior: Se profundiza la dominación imperialista Colombia es hoy el país con mayor desigualdad y desempleo en América Latina, la región más desigual del mundo1. Pero a las clases dominantes lo que les preocupa de esto es que “la alta des2 igualdad y la baja movilidad tienen efectos sobre la estabilidad del sistema político” . La desigualdad y los temores porque afecte la estabilidad moldean de manera significativa el contexto en que se ha presentado hace unas semanas el proyecto de reforma a la ley general de educación (Ley 30 de 1992) que se inscribe dentro de la reestructuración del sistema productivo acorde con las necesidades del imperialismo y el gran capital local que ha llevado a la mercantilización de todo lo que sea posible3, pero también dentro del programa reaccionario de supresión de las ideas radicales y el pensamiento crítico buscando romper el compromiso de la universidad con el discurso racional y científico, y evitar que contribuya a orientar la sociedad en esa dirección. La universidad desde sus inicios hace más de un milenio ha estado en constante forcejeo entre ser un lugar privilegiado de producción de cultura y conocimiento avanzados o convertirse abiertamente, con todo el sistema educativo, en un instrumento de las clases explotadoras (ya sea feudales o capitalistas) para reforzar su poder, desarrollar su sistema económico y a la vez manteniendo en la ignorancia a la gran mayoría. En la actual ofensiva reaccionaria (acelerada y repotenciada desde finales de los 80 y comienzos de los 90), la mercantilización de la educación no se da sólo en términos económicos, sino que cada vez más el conocimiento creado/aplicado/transmitido en la universidad debe ser pasado por el criterio de lo que requiera el “sector productivo”. Bajo el sistema capitalista-imperialista, las reformas educativas y particularmente en la educación superior buscan profundizar el papel que ocupa cada país en la división internacional del trabajo, bien sea para consolidar y ampliar su poder global en el caso de las potencias imperialistas, o para acoplarse e insertarse cada vez más en este sistema y servir a las necesidades de la acumulación del capital en el caso de las naciones oprimidas/dependientes como Colombia, de tal manera que las modificaciones en el terreno de la educación no corresponden a las necesidades de la mayoría de la gente, sino que buscan adaptar el sistema educativo para sacar más jugo a los recursos naturales y a los pueblos en general en beneficio de una minoría. Ese es el propósito de la actual oleada global de reformas universitarias. El Proceso de Bolonia (iniciado desde 1999) en el conjunto de la Unión Europea y otros países, pretende “modernizar la universidad europea, con una estructura común, con nuevas formas de enseñar y aprender, para poder competir con las mejores universidades estadounidenses y con la emergente presión de las asiáticas”, por medio de la estandarización de los títulos obtenidos, del tiempo empleado en los programas grado profesional (4 años) y de maestrías (2 años), etc., para darle a la educación las características que requiere la economía de los países imperialistas exportando capitales, monopolizando mercados y subyugando pueblos. Al servicio de quién se busca que esté la universidad es explícito desde el informe presentado en 1995 (tres años antes de aparecer la Declaración de Bolonia) por la European Round Table of Industrialists, que agrupa a ejecutivos de multinacionales como Nestlé, British Telecom, Total, Renault o Siemens, etc., con el objetivo de “presentar la visión de los empresarios respecto a cómo ellos creen que los procesos de educación y aprendizaje en su conjunto pueden adaptarse para responder de una manera más efectiva a los retos económicos y sociales del momento”. Estos poderosos grupos de presión de conglomerados empresariales, así como los organismos globales 1

“Desigualdad extrema”, revista Semana, 12-mar-2011. “Colombia un país desigual”, Senador Mauricio Lizcano, Congresovisible.org, 01-mar-2011. 3 Oliver Mora y Stella Venegas, “Las políticas públicas en educación superior en América Latina. Un análisis crítico al enfoque de la banca multilateral”, V Coloquio de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico (SEPLA), Sao Paulo, 2009. 2


del imperialismo4, son los que han definido las bases de esta reforma universitaria en función de sus mezquinos intereses. Por otra parte, los llamados países de “economías emergentes” de la primera década del siglo XXI, como China, India y Brasil, a la vez que son importante fuente de materia prima, mano de obra y recursos de la biodiversidad, en la división internacional del trabajo han asumido algunas tareas de producción de mercancías con incorporación de conocimiento localmente, lo que ha requerido reformas en esa dirección5. Este es el marco en que se inscribe la ley de educación superior en Colombia y la propuesta de reforma. El presidente Santos lo ha planteado como que “necesitamos un sistema de Educación Superior acorde con nuestras realidades, con nuestras metas y con el mundo de hoy”. Pero cuando algún representante de las clases dominantes habla de “nuestras metas” se refiere a las metas de la clase social que representa, a su necesidad de encontrar mejores condiciones para sus negocios en el contexto económico internacional, sin que importen las nocivas consecuencias para el pueblo, a no ser que se relacionen con su preocupación porque “la alta desigualdad y la baja movilidad tienen efectos sobre la estabilidad del sistema político”. Evidentemente hoy existe un generalizado interés por recortar la financiación estatal a las universidades al igual que ha sucedido con la salud, como parte del mayor desmonte del “estado benefactor” que ya no requieren las clases dominantes como cuando buscaban reducir un poco las diferencias en la situación de los trabajadores en tiempos en que existieron estados socialistas (en Rusia hasta los años 50 y en China hasta los años 70). Sin embargo, el problema de las reformas educativas no es sólo de privatización en el sentido de la financiación y la propiedad directa, sino principalmente de a qué intereses de clase sirven, pues es cada vez más la ganancia la que determina qué es necesario enseñar o investigar y qué no, e instrumentaliza el conocimiento imponiendo como criterio de verdad su utilidad para el capital. La necesidad de ser “competitivos” a nivel internacional implica la cada vez mayor intromisión de los conglomerados empresariales y las instituciones internacionales en los destinos de la universidad, aunque el gobierno colombiano pretenda mostrarla como sólo “inversión”, como enfatiza la ministra de educación Mª Fernanda Campo6: “La educación pública —si quiere ser competitiva— no puede negarse a la posibilidad de tener fuentes de inversión privada. Y eso — que quede claro— no significa privatizar, sino invertir”. Quien invierte busca sacar sus ganancias (“ojalá muchas” como dice Santos) y puede intervenir en los contenidos de las carreras según sus necesidades inmediatas, deformando la educación imponiéndole su lógica mercantil. El principal ejemplo que según Santos ha inspirado la reforma es Brasil. En ese país los gobiernos populistas de Lula y Roussef, muy juiciosamente han seguido las medidas “sugeridas” por el imperialismo, a través de instituciones como el FMI, recortando el gasto público en educación, buscando dar mayor participación al sector privado, aumentando el nivel de masificación de modo que las instituciones puedan cumplir sus actividades de investigación en función de las nuevas necesidades económicas de insertarse en la competencia internacional en cuanto a conocimientos científicos y tecnológicos. Y resultado de este proceso, se ha incrementado la desigualdad7. Como lo expresó Santos, la Ley 30 de 1992 ya no se ajusta a los desafíos que “tenemos” por delante. Esto significa que la educación debe estar en función de los cambios económicos que postula el gobierno con sus cinco “locomotoras” (infraestructura, vivienda, agro, minería e innovación) “para 4

Véase Banco Mundial, Construir sociedades de conocimiento: nuevos desafíos para la educación terciaria, Washington, 2002 5 La Royal Society del Reino Unido publicó en marzo 2011 un informe (Knowledge, Networks and Nations: Global scientific collaboration in the 21st century) sobre nuevos actores en el campo científico mundial, incluyendo en el análisis a países como China, India, Brasil y menciones a otros como Irán, Turquía, Singapur, Túnez y Chile. 6 Bien escogida para la tarea: Ingeniera industrial, especializada en finanzas, quien viene de una carrera de 15 años en la Cámara de Comercio de Bogotá, luego de haberse iniciado en el sector financiero. 7 En Brasil, tras la reforma, el 34,4% de los alumnos de las universidades públicas pertenecen al 10% más rico de la población, mientras que este porcentaje crece a un 50% en las privadas. En el otro extremo, el 12% de los estudiantes de las públicas viene de los sectores más pobres, y sólo un 5% en las privadas.


jalonar el avance”, los cuales se pueden resumir en reprimarización de la economía por medio de la ampliación de la frontera agrícola, más espacio a la extracción minera y ampliación del sector servicios, que en un país dependiente no pueden moverse si no es sobre los rieles de la mayor dependencia del capital extranjero y la mayor explotación y opresión de las masas trabajadoras. La situación actual y la necesidad que tiene la burguesía local de competir internacionalmente vendiendo al país de mejor forma, implica mostrar que hay una cantidad suficiente de personal calificado que lo haga atractivo a la “confianza inversionista” extranjera. La adopción de ciclos “superiores” en educación media, la extensión de los CERES (centros regionales de educación superior) y del SENA, junto con los acuerdos internacionales para desarrollar maestrías y doctorados para la investigación que el imperialismo requiere, con intervención de la “cooperación internacional”, el BID, la UNESCO y las fundaciones imperialistas, hacen parte de estos planes para ampliar la educación superior (en la que se incluyen carreras intermedias). El anuncio el pasado mes del proyecto de reforma a la ley de educación superior ha generado en las universidades variadas reacciones desde diferentes sectores, pero la principal es que ha vuelto a poner sobre el tapete los recortes reales de los aportes del Estado a las universidades 8 públicas y la mayor injerencia del llamado “sector productivo” . Lo cierto es que las reformas educativas representan una agresión a los intereses del pueblo, pues dentro la racionalidad capitalista-imperialista no es posible construir una economía nacional que sirva a los intereses de la inmensa mayoría. Un gran sector del pueblo, incluyendo de manera notoria de la pequeña burguesía urbana, consideran importante dar una lucha porque la universidad, la ciencia y el conocimiento no sean herramientas de las clases dominantes sino que sirvan para abrir la posibilidad de pensar el mundo independientemente de quien esté en el poder, y no permitir que se implante un tipo de universidad confesional. Los llamados con tono conciliador por parte del vicepresidente Garzón y la ministra Campo para “debatir” la reforma, en la práctica se traducen en un llamado a aceptar las medidas a las buenas o a las malas. La misma ministra fue clara al respecto: “la reforma va por que va”. Es la misma farsa democrática con que se le dice a la gente que puede participar, cuando las decisiones ya están tomadas desde arriba. Democracia para ellos y dictadura para el pueblo. Los planes de la burguesía y sus aliados no están en “discusión” y de eso sí que sabemos en Colombia. Desplazamientos, asesinatos y violaciones así como desapariciones de líderes sindicales o campesinos por parte de (para) militares; chuzadas y seguimientos por parte los organismos de inteligencia estatales de manera más generalizada contra toda oposición durante el anterior gobierno del que fue pieza clave Santos, son una muestra de qué tan en cuenta se tiene el disentimiento en particular si realmente pone en cuestión el status quo. Las universidades también hacen parte de este control ideológico, político y militar que pretende eliminar todo disentimiento. La instalación de cámaras y los guardias de seguridad que actúan como policía política y/o paramilitares, las tanquetas que se han emplazado casi que de manera permanente frente a algunas universidades del país, además de la enorme presencia de informantes, hacen parte de la represión contra los estudiantes, profesores y trabajadores. Parte importante de la labor reaccionaria por evitar que los jóvenes rebeldes se organicen en dirección de la revolución es la mayor utilización de grupos de provocadores9 que se encargan de sabotear el movimiento estudiantil, pues posando de “radicales” (en los métodos) aparecen (por lo general drogados) para invitar a los estudiantes a aisladas y en muchos casos inoportunas confrontaciones con la policía, buscando desprestigiar la lucha popular y limitar o impedir que ésta se impregne de un espíritu revolucionario y una mayor participación activa y consciente de los estudiantes. Recientemente esto se ha dado de manera más notoria en la Universidad de Antioquia 8

Que no hace referencia a los trabajadores que son los que producen, sino a los empresarios, por lo que debería llamarse “sector improductivo” ya que vive de poner a otros a producir. 9 Sea encapuchados o no, en las universidades pululan los “agents provocateurs” (incitadores) que desde los tiempos de Fouché —el ministro de policía de Napoleón— utiliza el Estado moderno para infiltrar a los manifestantes y empujarlos a cometer acciones que justifiquen y azucen la represión policial.


donde repetidamente ingresan las fuerzas represivas cuando estalla algún petardo “casualmente” en momentos previos o durante las asambleas estudiantiles. La infiltración de provocadores está relacionada directamente con la distribución de droga al interior de las universidades, donde los servicios de vigilancia (dirigidos por ex o para militares) permiten el ingreso al campus de los jibaros, que juegan un papel adicional al de su negocio y al de informantes, al aprovechar la bastante difundida y absurda idea de que drogarse es sinónimo de rebeldía para que el aparato de propaganda del régimen cree opinión pública contra el movimiento estudiantil asociando la droga con las actividades políticas y así justificar más la represión. A pesar de la ofensiva ideológica que pretende obligar a los jóvenes a aceptar el orden actual, hay más jóvenes dispuestos a luchar, algunos con la pretensión de reformar algunas cosas para que todo siga igual y otros (por ahora pocos) con el propósito de cambiar todo radicalmente. Así ha sido en las recientes protestas en el Norte de África y el Medio Oriente, e igualmente en las protestas durante el último par de años contra las reformas educativas (que han conllevado recortes a la financiación y alzas de matrículas) en Inglaterra, Estados Unidos, Italia, Filipinas… Y no pocas veces, como el pasado sábado 26 de marzo en Inglaterra, uniendo su furia con la de otros sectores del pueblo. Refiriéndose a esta protesta, el Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar (SNUMQG) expresaba que se empieza a notar “una aguda y profunda insatisfacción con cómo están las cosas y una renuencia a aceptar lo que consideran incorrecto sin importar qué tanto los políticos les digan que no hay alternativa”. Algo similar puede estar perfilándose en las recientes manifestaciones en Colombia como las que se desarrollan hoy en varias ciudades. La reforma y otras políticas lesivas para la mayoría comienzan a reactivar el movimiento estudiantil. Un aire fresco de rebeldía se empieza a sentir en las universidades y eso es algo que progresistas y revolucionarios saludan por igual. Pero eso no es lo único. Además de cierto chovinismo estudiantil, en los debates y manifestaciones también se siente el gran peso muerto de individuos (como muchos profesores y otros “veteranos” de luchas pasadas) y organizaciones que promueven posiciones falsamente “críticas”, con exhalaciones pútridas de desaliento y pesimismo en que las cosas cambien de veras radicalmente. Quienes ante las enormes injusticias y horrores de este sistema —todos los días y a toda hora— contra el pueblo cínicamente evaden abordar los problemas cruciales de nuestra época y la posibilidad de resolverlos, se convierten en un enorme lastre que es necesario sacudirse. A pesar de eso, y al igual que en otras partes de mundo, es posible que la inconformidad de mucha gente con la situación política actual y la furia ante la creciente injusticia, aliente a un número creciente de personas no sólo a resistir, sino también a reflexionar y debatir la cuestión de si las cosas realmente tienen que ser así. Y urge luchar para poder elevar la resistencia poniéndola conscientemente en función de una verdadera transformación revolucionaria.

Brigadas Antiimperialistas — 7 de abril de 2011 «¿Qué tan consecuentes podrían ser las personas en la lucha contra la opresión, cómo podrían captar la raíz de esa opresión, si están atascadas en la idea falsa de que no existe la verdad objetiva, ni siquiera la realidad objetiva, sino simplemente diferentes “discursos” que expresan los intereses diferentes y frecuentemente opuestos de varios “grupos de identidad”, cada uno del cual promueve su propio “programa” dentro de los confines del mundo existente, dominado tal como lo es objetivamente por la dinámica y los dictados del sistema capitalista imperialista? Este relativismo reduce a las personas al marco más restringido cuando llegan a oponerse a la opresión. Además, constituye un contraste perfecto para con el absolutismo de las fuerzas fascistas y paraliza al pueblo ante ello —al mismo tiempo que esos fascistas están dispuestos a valerse del relativismo cuando les convenga, y lo harán, como mencioné antes, en particular contra el hecho científico de la evolución, el método científico en general y cosas similares.» — Tomado de Contradicciones todavía por resolver, fuerzas que impulsan la revolución, una charla de Bob Avakian (2009)

Reforma Universitaria por Brigadas Antiimperialistas  

Reforma Universitaria por Brigadas Antiimperialistas

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