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EL DERECHO A DECIDIR… Por: Sandra Mazo Católicas por el Derecho a Decidir – Colombia Febrero de 2010

El derecho a decidir, no sólo constituye un legítimo ejercicio de ciudadanía reconocido en la carta universal de los derechos humanos, en estados seculares y en la misma Constitución Política de Colombia de 1991, sino que también representa una apuesta primordial en el marco de las luchas de diversas organizaciones que defienden los derechos, y por supuesto, se convierte en bandera prioritaria para las mujeres que históricamente han tenido que enfrentar la exclusión y las múltiples formas de negación de su identidad como seres humanos, como sujetos civiles y políticos; y sumado a esto, han tenido que cargar con visiones conservadoras y anacrónicas que incluso en pleno siglo XXI insisten en subordinar la capacidad de decidir de las mujeres en asuntos que competen a su vida, cuerpo, sexualidad, reproducción y libertad, entre otros derechos. En este sentido, para Católicas por el Derecho a Decidir, defender la capacidad de las mujeres a decidir sobre todos los ámbitos de su vida, constituye la base fundamental desde la cual se sustentan otros derechos. Por lo tanto, mientras las iglesias, las sociedades, las culturas y las realidades de cada uno de los países le sigan imponiendo al Estado paradigmas que reproduzcan la discriminación y las violencias contra las mujeres, seguirá vigente la lucha de múltiples organizaciones que nos negamos a soportar culturas, políticas públicas, modos de vida, dogmas de fe y prácticas cotidianas que reproducen la desigualdad y pretenden perpetuar la idea de mujeres privadas de sus derechos y de subjetividades. Por ello, defendemos la idea de un mundo compuesto por hombres y mujeres ejerciendo ciudadanía desde relaciones de igualdad y con justas oportunidades, donde se superen las odiosas discriminaciones fundadas en motivos de género, opción sexual, raza, etnia, edad o religión, con el propósito de avanzar en la construcción de la multiculturalidad y fortalecer la igualdad desde la diversidad. Esta apuesta incansable por la defensa del derecho a decidir, especialmente de las mujeres, se reafirma día a día ante el lamentable ejercicio de poder de estructuras estatales y eclesiales que aún se niegan a entender que el mundo ha cambiado y que las mujeres hemos sido protagonistas fundamentales de las transformaciones que se han logrado en todas las esferas del desarrollo humano y de la vida misma.


Por lo anterior, es inaudito que se piense aún que las mujeres han de ser dóciles, humilladas, silenciadas e invadidas de miedos, a pesar de que tenemos la capacidad ética, moral, cognitiva y sensitiva de construir otros mundos posibles, desde relaciones de equidad y hermandad entre hombres y mujeres. Llegará más pronto que tarde el día en que las mujeres puedan quitarse el velo de sus rostros y caminar de frente hacia el horizonte, sin miedos, sin culpas y sin el dolor impuesto por el hecho de ser mujer, por el contario, sentirse orgullosas y altivas por lo hermoso y sublime de ser MUJER. Llegará más pronto que tarde el momento en que todas las mujeres del mundo puedan decidir si quieren ser madres o no, pues la humanidad ha de entender que la maternidad es una opción y no una imposición, porque ser madre y padre significa una responsabilidad colectiva con la vida y con la humanidad. Llegará más pronto que tarde el día en que no necesitemos acciones afirmativas para que las mujeres ocupen un lugar en equidad en la política y en la vida pública. Llegará más pronto que tarde el día en que a las mujeres no se las transgreda por el sólo hecho de ser mujeres, y su cuerpo dejará de ser un botín de guerra, pues ya libre de todas las violencias, estará presto al amor, al respeto, al deseo, a la felicidad y a la ternura. Llegará más pronto que tarde el momento en que podamos decidir nuestras propias formas de vivir la sexualidad, desde el placer y la afectividad. Llegará más pronto que tarde el día en que las mujeres ejerzamos nuestro invaluable derecho a decidir sobre todos los aspectos de nuestra vida, pues nuestro libre raciocinio y nuestra capacidad de discernimiento crítico, harán florecer la libertad, la dignidad y la igualdad, sin la intermediación indebida del Estado, las iglesias o las confesiones. En fin, el derecho a decidir es fundamental para nuestra felicidad y para las libertades por venir. Sin su reconocimiento y garantía para su efectivo ejercicio, simplemente caminaremos hacia atrás en el futuro, reiterando comportamientos atávicos que nos comprimen el alma, nos coartan los sueños, nos instrumentalizan la piel y nos envilecen el alma.


El Derecho a Decidir.