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Versos para descreídos __________________________________________________________

___________________________________________________________________________ Versos para descreídos – José Luis Martínez Clares (2013). Fotografía de portada: Atlas del errabundo. Martínez Clares, 2009. Esta obra está baja una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España. Para ver una copia de esta licencia, visita http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/ o envía una carta a Creative Commos, 444 Castro Street, Suite 900, Mountain View, California, 94041, USA.

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El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible. Oscar Wilde

Mirar es una vocaciĂłn solitaria de conocimiento y viaje. Antonio MuĂąoz Molina

La costumbre borra el verdadero rostro de las cosas. Michel de Montaigne

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Versos para descreĂ­dos __________________________________________________________

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Versos para descreídos

A un poeta no se le debería juzgar por lo que afirma sino por aquello que se cuestiona, porque la Poesía es, en esencia, una incesante pregunta planteada con discutible armonía. Si te dedicas a ella, las dudas deberían ser tus únicas certezas.

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Últimas palabras. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Richard Parker

En agradecimiento a Ang Lee “Y aunque nosotros, al mirar uno de esos cuadros, nos pongamos del lado del hombre qué remedio- poco a poco empezamos a mirarlo con la misma sensación de tener delante a un ser incomprensible que tal vez inquieta al animal”. A. MUÑOZ MOLINA. El atrevimiento de mirar. No recuerdo dónde perdí a mi tigre de Bengala. Debió de caerse del bote cuando me olvidé de soñar despierto y acepté que la realidad debe ajustarse a un guión establecido. El caso es que anoche volví a sentir su instinto luchando contra la nimiedad del océano y, entonces, entendí que nuestros destinos no siempre tienen que fondear en la derrota. Dejen que les cuente: yo estaba, una vez más, yaciendo en la rutina. Por eso, para verlo como es debido, tuve que cerrar bien los ojos. Pasó muy despacio junto a mí antes de adentrarse en un mundo tan real como inexplicable. Juraría que me miró como deben mirar los espejismos a quienes más los necesitan. Me pareció exhausto en su grandeza. Lógico. Dicen que venía de vencer a una tempestad.

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Cenizos

Es lógico que los agoreros sigan cayendo en el descrédito, porque “lo veo todo muy negro” es una predicción que no puede deslumbrar a nadie.

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¿Nevará con este tiempo? Martínez Clares, 2013.

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Oh capitán, mi capitán

Aún recuerdo a mi maestro. Lo recuerdo enseñando, con aparente libertad, cómo acercarnos a este mundo que se derrumba cada día, cómo encontrar sus costuras, sus debilidades, cómo afrontar, llegado el caso, su turbadora oscuridad. Recuerdo, también, que muchas de sus preguntas no tenían respuesta, que sus historias admitían finales muy diferentes, que se alborozaba con nuestras dudas, que disfrutaba haciéndonos sentir vivos. Pero, sobretodo, lo recuerdo llevándonos de la mano hacia la belleza, ese lugar abstracto que está en todas partes y en ninguna. Como al profesor Keating, a mi maestro, un día, también le mostraron la puerta de salida. Pero él eligió quedarse. Ahora, si busca usted a mi maestro, lo encontrará enterrado bajo una montaña de legajos, un cúmulo de ásperos documentos que describen cada uno de nuestros pasos, que anticipan las intenciones del que enseña, las dificultades del que aprende y la forma en que serán juzgados los gestos, las respuestas o los silencios. En ellos, en esos papeles que pesan 80 gramos por cada metro cuadrado, a doble cara si es posible, se encuentran las claves para descifrar su ineficacia, su desidia, la escasa productividad de su labor docente. Muchos piensan que es natural que sus jefes le obliguen a preverlo todo, a programar la belleza de un poema, a medir los sueños, porque sólo así conseguirán que nada nos sorprenda, que la improvisación, la creatividad o el talento no se cuelen en las aulas, que se mueran de aburrimiento nuestras inquietudes y también su libertad.

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Se busca el Quijote

Una de mis alumnas ha perdido el Quijote. Me lo dice con gesto serio porque intuye que se trata de algo importante. Sabe que es un libro “gordo”. Le sugiero que siga buscando.

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Letraherida. Martínez Clares, 2011.

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Caretas Oscar Wilde nos dijo que "el verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”. Por eso, Felipe Benítez Reyes ha hecho de su último poemario -Las identidades- una verdadera crónica de la realidad más cercana y, a la vez, más desconocida. El enigma de la vida se hace patente sólo cuando la miramos de frente. Entonces, descubrimos que tal vez seamos “ese sable que se clava en el vacío”, los colonizadores de un mundo que nunca existió. De poco vale regresar a los “reinos imaginarios” de nuestros atlas infantiles, cuando aún éramos dueños de todo sin tener apenas nada, o buscarnos en cada uno de nuestros viajes y en los espejos que nos anticipan quienes seremos mañana. Pero ¿qué hay debajo de cada una de las capas sucesivas que nos esconden? ¿Qué quedaría de nosotros si desapareciesen todas nuestras caretas? Quizás todos cargamos con nuestra nada, con nuestro nadie, pero hoy tengo Las identidades entre las manos, aquí, muy cerca, justo al final de mi mirada. ________________________________________________________________

Las identidades. Martínez Clares, 2007.

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Ordenanzas municipales

Me sorprendería no encontrarla al doblar la esquina. Lleva años plantada junto a la Fuente de las Batallas, engullida por las prisas de la gente, por el ruido de los coches. Su serenidad anida en una ciudad que ya no es mía. Claudia Iancu es una de esas estatuas que respiran de manera casi imperceptible. Me cuentan que para algunas personas la calle no es más que un camino que nos conduce de un lugar a otro. Allí, no tiene cabida la expresión artística. Por eso, desde hace un año, la nueva Ordenanza de la Convivencia se lo quiere poner difícil. Pero, ¿A quién puede irritar una estatua? Sospecho que lo que verdaderamente les molesta de ellas es su fervor por el silencio.

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Estatua. Martínez Clares (sobre fotografía de Paco Ortiz en Ideal), 2011.

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Literatura

“Créanse estas palabras porque me las he inventado”. A Ana María Matute le aterran los discursos pero, gracias a sus palabras, ¿Quién puede dudar hoy de qué es exactamente la Literatura?

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Estilo

No hace mucho, le pregunté a una alumna si los versos del poema que habíamos leído eran de arte mayor o de arte menor y por qué. Ella me respondió sin titubear que eran “de arte menor porque son más suaves y las palabras más pequeñas”. Evidentemente, no sabía la respuesta. Tampoco sabía que ya estaba adquiriendo estilo.

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Dictado. Martínez Clares, 2010.

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La décima

Guardiola es un mago de los recursos estilísticos. En sus poemas, el balón avanza armoniosamente. En cambio, el Madrid es un verso encorsetado que no deja indiferente a nadie. Mourinho desconoce que la poesía se nutre de libertad. Por eso, son proverbiales sus discrepancias con la belleza. Ah, debe ser muy precario mi madridismo porque me reconforta saber que la derrota sin paliativos es la más despiadada enemiga del divismo.

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Recursos estilísticos. Martínez Clares, 2011.

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Vidrios rotos

Tengo un amigo que es un incansable arqueólogo de la decadencia. Óscar busca y encuentra botellas olvidadas, botellas que saciaron la sed y el deseo de otras gentes. Allí donde quede una casa en ruinas, un cortijo abandonado o una aldea habitada por la desmemoria, desentierra el vidrio primitivo para devolverlo a los reflejos caprichosos de la luz. Óscar me cuenta que tiene una cierta predilección por las de cerveza. No hace tanto, me enseñó su colección -todavía polvorienta- y yo descubrí que las botellas dicen mucho de las personas que las consumieron.

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Albariño. Martínez Clares, 2010.

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Epitafio

Ha heredado de su padre la voz rotunda. Félix Grande sabe seducir con la palabra y con el silencio, que es la manera de hablar más contundente. Antes de su conferencia sobre la Poesía del Flamenco, tuvimos la ocasión de charlar sobre literatura, muerte y poetas hipocondríacos. Félix refirió el caso de un poeta mejicano que desde la adolescencia imaginó y, por ende, padeció decenas de cánceres, amagos de infarto y derrames cerebrales. Pese a sus propios designios, falleció muy mayor y, para sorpresa de los pocos conocidos que le sobrevivieron, dejó escrito este epitafio: “Anda, anda… ¡decíais que no!”. Nadie pudo negarle a ese hombre que vivir es la más angustiosa forma de ir muriendo.

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Soledad acompañada

Sé de personas que parecen vivir en soledad. Falsas apariencias. Araceli y María nunca estuvieron solas. Nunca del todo. Sin embargo, leo a María Zambrano en Delirio y destino: «Ellas dos hacían una sola alma en pena». Y pienso que puede ser cierto. Quizá no exista mayor soledad que la vivida en compañía. _______________________________________________________________

Compañeras. Martínez Clares, 2011.

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La luz negra

El arte engendra arte, pero Van Gogh nunca sospechó que uno de sus cuadros acabaría determinando la luz de una película rodada un siglo más tarde. Imagino a Tom Stern -en la actualidad, director de fotografía y, entonces, electricista jefe del rodaje- regresando de la exposición del pintor en Seattle con la imagen hirviendo en su cabeza, disfrutando de ese dolor excitante que padece la gente de talento cuando siente la necesidad de prolongar los caminos de una creación artística. Los comedores de patatas fue la clave para que Eastwood y su director de fotografía, Bruce Surtees, decidiesen rodar los interiores de El jinete pálido en la más absoluta oscuridad, en contraste con esa luz blanca, deslumbradora, que acompaña al protagonista en los exteriores. Quienes hayan visto la película saben que es difícil reconocer a Eastwood entre las sombras, pero eso no le importaba gran cosa al cineasta porque hay personajes tan crudos que no precisan de un rostro que los ampare.

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Contante y sonante

Programación de contenidos para Educación Primaria. Actitudes. Me detengo en la siguiente: “Gusto por la realización cuidadosa de los cálculos que involucren cantidades de dinero”. Muy acertada. En una sociedad en la que los poderes políticos y los económicos pueden llegar a confundirse, no sólo es deseable que los niños alcancen la capacidad de operar con el dinero, sino que además deben darse el gustazo de hacerlo. ¡Qué metódicos son los recuentos! ¿No acabará siendo la usura una de las destrezas fundamentales?

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El primer mundo. Martínez Clares, 2010.

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La evolución de la especie

En el taller de cuentos, leo el relato de una alumna: “Con el paso del tiempo, el cerdito se convirtió en un gran hombre”. Le apunto que el proceso madurativo acostumbra a producirse a la inversa.

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Taller de cuentos. Martínez Clares, 2008.

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No sienta bien convivir con el vacío La noche conspira en el filamento de una bombilla. Rafael Indi ¿Qué sería de nosotros si el amor fuese un malentendido que evitamos deshacer? En “Un aplauso americano” -el primer poemario de Rafael Indi- encontramos numerosas reflexiones igual de inquietantes, igual certeras. La poética de Rafael descansa sobre una sensibilidad alimentada por innumerables lecturas y nos descubre a un poeta sorprendente, ágil, que ha renunciado a escribir aforismos desde el exilio aunque alguno de sus poemas haya salido de viaje por el mundo de la mano de Miss Sombra. El presente efímero todavía tiembla en sus versos y, por ellos, sabemos que el futuro no cabe en un pañuelo, que cada vez necesitaremos máscaras más caras para conservar la sonrisa, que detener la música nos llevará de regreso al silencio incómodo de la vida. Ya guardo su libro aquí, entre mis posesiones más queridas, aunque sus palabras me susurren que la noche es joven y yo me hago intolerablemente viejo. ______________________________________________________________

Atlas del errabundo. Martínez Clares, 2009.

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Bip bip

Detesto a los tipos infalibles, esa clase de personajes que jamás cometen un error y que, además, se comportan de manera despiadada con los errores ajenos. Por eso, nunca me gustó el Correcaminos. Sé que no es muy popular lo que voy a decir, pero confieso que, discretamente, siempre fui seguidor del Coyote. Aunque parezca paradójico, acabé solidarizándome con ese depredador famélico, ese pésimo estratega atrapado en un cuerpo voraz al que nunca vimos probar bocado. Tal vez, me gustaba porque sus desgracias eran tan humanas como sus ambiciones. De la serie, recuerdo sobretodo su crudeza. Cada capítulo representaba la cruenta lucha entre el hambriento y el poderoso, el fracasado que nunca termina de entregar la cuchara y aquel que siempre sobrevive enfermo de éxito. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que es ésta la lucha ancestral del Mundo en todo su esplendor. En todo su patetismo.

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La casa por el tejado

Me ha regalado un libro. Viene sin dedicatoria. Lo he dejado sobre su mesa disimuladamente. No tengo prisa. Puedo esperar. Le sugiero que no se puede comenzar una historia hasta que alguien escribe sus primeras palabras.

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Dedicatoria. MartĂ­nez Clares, 2009.

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Cómo añorar un libro

Los libros de poesía se leen en un momento que puede durar casi toda la vida. Están por todas partes, siempre al alcance de la vista. Los he encontrado abatidos sobre la mesita de noche, relegados en los anárquicos estantes de un pasillo, olvidados junto a ese televisor siempre mal apagado. Uno pasa junto a ellos y recae. Los abrimos despacio, al azar, y descubrimos que es muy fácil recuperar su pulso. Con la poesía se convive porque nunca se marcha del todo. En cambio, conozco novelas que se han largado sin dar demasiadas explicaciones. Un día cualquiera, de repente, se acaban con brusquedad, como si cayesen presas de algún giro paradójico de la historia, y nos dejan torpemente agarrados a un rastro que se va disolviendo entre otros rastros de la memoria. Nos quedamos con un libro ya callado para siempre en las manos, igual que aquella mujer de la habitación de un hotel de Hooper. Pero no hay remedio para el hombre que lucha contra el paso de los días y, con los años, se nos plantea la disyuntiva de volver sobre el relato y comprobar cómo ha tratado la vida a sus personajes. No me negarán que eso puede acarrear sus consecuencias, pues ¿quién no teme ensuciar el recuerdo de una historia que ya hemos sacralizado en la distancia? Quizás sea entonces cuando intuimos que es preferible añorarlas. Añorarlas del mismo modo que estoy añorando a Judith Biely o a Sophie Gottlieb, añorarlas igual que añoro a otros muchos personajes que se fueron de puntillas y juraron no regresar jamás.

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Reescribir el Quijote

Recupero el libro Ficciones, un conjunto de relatos que Borges publicó en 1944. La edición que tengo entre las manos es del año 2001 y, entre otras cuestiones, me sorprende que su prologuista sea José Luis Rodríguez Zapatero. Uno de los relatos más célebres del universo borgiano -Pierre Menard, autor del Quijote- proporciona a Rodríguez Zapatero las herramientas necesarias para cerrar su prólogo con brillantez. Literalmente escribe: “Quizás la tarea que se propuso Pierre Menard al tratar de escribir el Quijote no sea tan extraña, uno se ve muchas veces haciendo cosas parecidas a la que intentó Menard, como ocurre ahora”. Con estas palabras, Rodríguez Zapatero remata un estimable prólogo literario y esboza un premonitorio epitafio para su entonces incipiente carrera política.

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Quijotadas. Martínez Clares, 2008.

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La evidencia de tu cansancio

Sólo a través de la belleza saldremos. Ésa es tu brújula, amigo Emilio. Has escrito en tu blog esta mañana brumosa de san viernes y yo quisiera guardar tus palabras cerca de los lugares que habito, tenerlas a mano para enseñarlas como única respuesta, para plantarlas en la cara de los iracundos, de los pulcros o de los magnánimos. Quisiera, en definitiva, recordarlas cada vez que la desidia se apodere de mis versos, porque tú, ahora, en unos cuantos renglones, has regalado un argumento a mi pertinaz pérdida de tiempo. Aprovechemos estos días confusos. Ocultémonos entre sus costuras. Escribámoslo todo antes de que nos descubran, porque indiscutiblemente acabarán viniendo a por nosotros. Ambos sabemos que no son pocos los peligros que nos acechan, pero tú, mientras tanto, sigue buscando la belleza y cuídate, amigo.

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2013

Al fin he encontrado un argumento para una futura novela. Sé que la trama puede resultar algo disparatada, pero dejen que les cuente: imaginen un mundo en el que los poderosos han generado una crisis con el único objetivo de acabar con los derechos de los ciudadanos. No me negarán que se trata de una historia terrorífica aunque parezca inverosímil, porque, claro, nosotros nunca permitiríamos que algo así sucediese. Feliz 2013.

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Un mundo perfecto. Martínez Clares, 2012.

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La caridad bien entendida

En la vieja Europa hemos decidido que, para que los pobres puedan vivir dignamente, debemos llenar primero los bolsillos de los ricos.

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Pie de foto: La vida digna. MartĂ­nez Clares, 2011.

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A sangre fría

Los han desenterrado como quien desentierra una vieja novela de Truman Capote. Por él sabemos que Hickock y Smith estuvieron en muchas partes y que, a su paso, dejaron un rastro macabro de crímenes con un mismo móvil: la casualidad. Ahora, buscan las claves de un viejo asesinato sin resolver y piensan que podrían encontrarlas en la templanza del bruto Hickock o en la brutalidad del templado Smith. Parece que no será difícil engordar su currículum. Los nuevos investigadores no creen en la destreza del tiempo para borrarlo todo y piensan que ahorcarlos una vez no fue suficiente. Quizá desconozcan que las respuestas languidecen en las páginas de una novela y que nadie se atreverá a narrarnos sus nuevas fechorías, a poner ante nuestros ojos la verdad sin aditivos, porque ¿quién sería capaz de desenterrar a Capote?

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Road movie. Martínez Clares, 2012.

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Cine para desobedientes

Son muchos los directores que todavía pretenden controlar todas las variables de una película aunque sus antecesores ya descubrieron que una de ellas escapa a cualquier tipo de control: el espectador. Hay días en los que uno no está en las mejores condiciones para desembarcar en Omaha y otros en los que la sofisticada Tracy Lord nos puede parecer una estúpida engreída. Por eso, el espectador es la única variable que hace honor a su nombre, pues nunca es el mismo aunque se trate de una misma persona. Toda esa gente desconocida que vive dentro de nosotros es la que consigue que, cuando regresamos a una película, ésta siempre sea diferente, que sus diálogos nos hablen de otras cosas, que su metraje se desvanezca ante nuestros ojos como lo hizo la primera vez. Los viejos artesanos del cine ya intuían todo esto y determinaron que, de todas las variables que se dan citan en una película, el espectador es la decisiva, la más impredecible e inconstante, la que siempre les desobedecerá.

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Volviendo a Venecia

Cada vez que me alejo de ella, tengo la certeza de regresar. No es la ciudad más hermosa, pero algo me impide apartarla de mi camino. Quizás sea porque llevo siglos escuchando que es en sus calles decadentes donde se conjuran los fugitivos. Pero, si no regresase, ¿dónde descansarían mis versos más oscuros?

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Avenida. Martínez Clares, 2010.

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Payaso

A Emilio Aragón. In memoriam.

Llevaba una peluca verde. Bajo ella, languidecía un rostro tan blanco y algodonado como las primeras nieves del invierno. En cambio, sus ojos eran muy oscuros y de uno de ellos resbalaba una lágrima negra. Me impresionó aquel narizón rojo que yacía sobre unos labios considerablemente mudos y, sobre todo, su indescifrable tristeza. Mi madre recuerda como la miré decepcionado y le dije: -Esto no es un payaso. Un payaso es Miliki.

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El truco de la vida

Se quejaba José Luis Borau de haber hecho tan sólo dos cosas en la vida: “ver películas y leer libros”. Pero realmente no creo que tuviese motivos para quejarse porque ver películas y leer libros es mucho más de lo que solemos hacer la mayoría de las personas con nuestra vida.

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Vencida por los sueños. Martínez Clares, 2011.

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Virguerías (I)

Granada, 17 de noviembre de 2012 Toda honra que se precie debe tener sus remiendos. Hace cinco siglos, se tomaban esta afirmación de manera literal y para ello recurrían a las virgueras. Ellas eran las encargadas de devolver su gracia a las doncellas restaurando sus virgos y era tal la dificultad de su arte que, desde entonces, cualquier labor que se haga con gran habilidad y perfección recibe el nombre de virguería. En Occidente, ya no quedan virgueras pero sí disponemos de personas capaces de hacer alguna virguería. La mayor de ellas podría consistir en regalar la vida a algo que no la tiene. Veamos: imaginen, por ejemplo, un brazo de trapo; llamémosle, por denominarlo de una forma más científica, Parálisis Braquial Obstétrica; aceptemos que es ésta una rara consecuencia del parto, una brumosa lotería que siempre acaba por tocarle a alguien; busquemos a una persona que esté capacitada para resolver este despropósito, si es que tuviera solución; y, por último, en caso de haber tenido la fortuna de dar con la doctora Pilar Pradilla Gordillo, contémosle que este brazo no abraza, que está obligado a dejarse querer.

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Virguerías (y II) Sevilla, 16 de mayo de 2012 La veo alejarse distraídamente, igual que lo haría alguien que hubiese dejado parte de su atención atrapada en una labor sobrehumana. Acaba de detallarnos la intervención con palabras muy sencillas, como si le hablase a unos niños que no la van a entender. Estaba en lo cierto, porque apenas se ha ido y ya soy incapaz de recordar los músculos implicados, las ramificaciones dañadas, los cortocircuitos -así los ha llamado haciendo un guiño a la Ciencia Ficción- que han sido necesarios. Su silueta se pierde definitivamente por los pasadizos del hospital, pero se queda en mi memoria como la de una mujer de apariencia sencilla, titánica, como titánicas han sido tantas y tantas mujeres de apariencia sencilla. Y, entonces, la imagino viviendo hace quinientos años, en un mundo edificado sobre honores y deshonores, la imagino cosiendo un virgo meticulosamente, devolviéndolo a la vida. Pero no me cuadra del todo. Intuyo que, si la doctora Pradilla hubiese vivido hace tantos siglos, no habría sido virguera. Sus artes serían las de alguna hilandera de un cuadro de Velázquez, porque lo suyo no son los remiendos; sus virguerías son auténticos primores. __________________________________________________________________

REM. Martínez Clares, 2011.

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Zafarrancho

La limpieza es una labor infructuosa. Al menos, a mí me sucede un poco como a esas ciudades prósperas de prósperos gobernantes que parecen estar reconstruyéndose desde antaño. Mirándolas podría decirse que siguen ahí, vetustas pero sin acabar del todo, casi sin definir, siempre quebradizas en busca de tantas mejoras necesarias o innecesarias, de una identidad que impresione a sus visitantes o que termine por entristecer a sus moradores. Su fisonomía -eso que ahora llamamos el skyline- se puebla de grúas igual que las esquinas de mi hogar se pueblan de escobas, fregonas y trapos conservados por algún desaprensivo. Decía que la limpieza puede ser una labor desalentadora. Pregúntenles a esas ciudades que fueron prósperas, a ésas cuyos presupuestos han decretado el final apresurado de las obras, y verán como les sucede lo mismo a mi humilde morada en los días de zafarrancho: no tienen solución, porque apenas acabas por un extremo y ya merece la pena volver a empezar por el otro. Al final de la jornada, me derrumbo en un sofá con un bourbon entre las manos y contemplo mi obra inacabada. Y entonces la espero pacientemente, con la seguridad de que acudirá a su cita, de que aparecerá juguetona y desentendida, como siempre. Y a mí me bastará con ver volar esa pelusa para exclamar lo que hubiese exclamado aquel coronel enemistado con los carteros: tanto limpiar y al final mierda.

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El perdón de Dios

Robaba santos y vírgenes. Junto a ellos, se llevaba también las plegarias de gente desesperada, esa gente que apenas recuerda ya cómo se reza cuando se arrodilla torpemente en la capilla desabrigada de un hospital. Después, los malvendía en el Rastro. Sé que robaba santos, vírgenes, quizás algún milagro sin comprobar, pero, de los muchos ladrones que aparecen en el periódico de hoy, tal vez sea el único que tiene perdón de Dios.

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Atlas del errabundo. Martínez Clares, 2009.

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La antesala del deseo

Buñuel siempre prefirió desear antes que poseer, porque sentía que poseer es una forma fulminante de matar el deseo, igual que saberlo todo es una manera fulminante de apagar una mirada.

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Cuando acabe la lluvia Afirma Caballero Bonald en su prólogo a El coronel no tiene quien le escriba que todo el desarrollo de la novela se apoya en una injusticia, en un infortunio. El infortunio quizá consista en depender de la gratitud de un Gobierno olvidadizo. Pero la injusticia tiene su raíz en el propio coronel, pues posee una paciencia mitológica que le permite esperar sin desesperar. No cabe duda de que existen virtudes que terminan por desvirtuarnos. No obstante, el personaje más interesante de la novela es la esposa que languidece mientras se niega a perseverar en la desgracia. Ella representa el desaliento, una debilidad humana a la que el coronel parece inmune, y, por eso, el lector va leyendo con la seguridad de que en el siguiente párrafo el dichoso gallo acabará dentro de la olla. García Márquez la utiliza para dotar de cierta cordura al relato y, por ello, le regala sabrosos matices, como cuando pone en su boca preguntas que carecen de entonación. Al principio, se nos explica que esto es debido al asma que padece, pero se diría que el autor juega con la candidez de los lectores. Por mi parte, prefiero pensar que, cuando alguien conoce todas las respuestas, sus preguntas no precisan de signos de interrogación. _________________________________________________________________

La tormenta. Martínez Clares, 2012.

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Ícaro

Para volar no es necesario alcanzar una colosal cifra de millas recorridas a lo Ryan Bingham en Up in the air. Para volar -como es debido- bastaría con parecerse a ese hombre que está solo en una sala de espera y que, de repente, escucha una melodía de John Barry a través del hilo musical; bastaría con que tus ojos, como los suyos, se asomasen al mundo desde otro ángulo y que toda África desfilase bajo tus pies; con que, cuando la enfermera abriese la puerta de la realidad para avisarte de que al fin es tu turno, le respondieses mientras aterriza tu estúpida avioneta: “Yo tenía una granja en África”.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Profecía machadiana

En una ocasión, escuché decir a Félix Grande que el poeta actual con más futuro es Antonio Machado.

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Profecía machadiana. Martínez Clares, 2007.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

No tendréis un bonito cadáver

James Dean predicó con el ejemplo. Iggy Pop, David Bowie, Lou Reed, Eric Clapton, Bob Dylan, Keith Richards, BB King, Mick Jagger y Leonard Cohen no pudieron hacerlo. Les dijeron que para ser un mito hay que morir joven, en la más deslumbrante plenitud, y ellos pusieron todo de su parte pero acabarán por enterrarnos a todos. La brevedad no ha sido una de sus virtudes, pero ser un mito tal vez consista en no morirse nunca o, llegado el caso, en hacerlo de una manera inolvidable: con un último acorde de guitarra sobre el escenario.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Falsas apariencias

Quien haya tenido la suerte de leer a Muñoz Molina sabe que nos encontramos ante un gran observador, uno de esos autores que camina absorto por la cotidianidad para después ponerla ante los ojos de aquellos que no miramos con tanta vocación. Y es que, como nos explica en Las apariencias, “mirar es una vocación solitaria de conocimiento y viaje”. Pero, en realidad, nadie está solo del todo cuando se sienta ante una pantalla o ante un libro, o cuando nuestros ojos se quedan atrapados en la mirada de otra persona que también nos mira, o cuando éstos comen, temen, desean o conjeturan. Quizá para unos ojos expertos no existan las falsas apariencias, porque saben ver los matices que la conducta humana esconde y nos sugieren que todo lo que aflora a la superficie dice de nosotros mucho más que nuestras palabras.

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El desplante. Martínez Clares, 2008.

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Lírica

Desde el primer momento, me sedujo el 4-4-3-3, la magia de los versos endecasílabos. Después, también me gustó el 4-4-2, que es otra forma fulminante de organizar un once. Ahora, Del Bosque, que de no ser por el chándal tendría pinta de poeta barroco, nos enseña que el 4-6-0 es el camino de la armonía y, de paso, demuestra que el cero no es un espacio vacío. Los zagueros italianos saben que, en él, pervive la estela del futbolista que lo ocupó. Su ausencia más rotunda.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Cautivos del blues

El blues -al contrario que el jazz, siempre tan anárquico, tan espontáneo e impulsivo- es una animal de costumbres. La genialidad del músico de blues acaso consista en librarse de sus ataduras, aún sabiendo que esa indisciplina no supondrá su liberación, pues en el blues todos los caminos conducen a una misma jaula: la tristeza. Ayer, al volante, recorriendo las calles de siempre, regresé a Riding with the king, ese puñado de clásicos donde pugnan devotamente dos leyendas. En Three o'clock blues, la pulcritud de Clapton contrasta con la indómita contención de King. Se diría que Clapton sale y retorna a la melodía sin dramatismos, igual que un convicto que hubiera aceptado su suerte hace tiempo. En cambio, BB King arquea sus notas, que vibran y se contorsionan como un animal que todavía lucha por merecer la libertad.

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Blues. Martínez Clares, 2012.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Nick Carraway

A Carmen Coronado García. In memoriam. Soy un espectador incansable. No me he movido de la butaca en todo el verano. Permanezco agazapado en el West Egg, la parte menos elegante de las dos opciones que el calor depositó sobre mi mesa. Desde aquí, todo queda demasiado lejos. Anochece. Juraría que Gatsby ya estará luchando contra el tedio. Debería buscar más hielo, servirme otro güisqui, releer estas líneas hasta encontrar su melodía, porque un verano sin música es algo muy parecido al invierno.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

El poeta eléctrico

He escuchado decir a José Ignacio Lapido que “la poesía es un remedio, un arma o una brújula”. ¿Quién lo sabe? Tal vez sea un remedio para esos tipos que están seguros de todo, un arma que se lame las heridas en soledad o una brújula que desconoce el camino. Escucho las canciones de Lapido y me parecen un hotel en el que se cobijan las sombras y los sueños. Se diría que sus camas están hechas para no dormir. Él no quiere que le llamen poeta, pero yo admiro a los poetas que saben manejar la navaja estilográfica porque, aunque sus letras son combativas, sé que han nacido con vocación de caricia.

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Vocación de caricia. Martínez Clares, 2012.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Mundo de locos

La única vocación que tuvo Jaime Gil de Biedma fue la de alcanzar la felicidad. Tal vez -objetivamente hablando-, felices sólo puedan ser los que están un poco locos, aunque sus ojos irradien aquellas pequeñas amarguras que antes se quedaban prendidas al sueño tenebroso de los niños. Es común que el más cuerdo del lugar sea un loco que pasa el día encubierto por sus corduras momentáneas o que los más juiciosos coqueteen de vez en cuando con la locura, aunque sus caminos sean terribles y conduzcan a lugares que nadie quiere conocer. Ellos, los más locos, parecen vivir despreocupadamente, sin clientelismos ni servidumbres, quizá porque no dependen de la amabilidad de los extraños, como le sucedía a Blanche DuBois en Un tranvía llamado deseo. Dicen que a los locos es mejor recordarlos de noche y hoy he recordado a aquel loco de mi infancia. A él -que es un loco entrañable- todo le importaba un bledo, pero no soportaba que le reprochasen su manera de vivir. Cuando caía la tarde, en la fuente, los ancianos que sesteaban a la sombra le afeaban su conducta: -¡Qué bien vives, José! A lo que éste, sobrecogido por la insolencia, respondía indignado: -Pues vive tú igual.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Fuenteovejuna

Me tranquiliza comprobar que en nuestra sociedad está plenamente garantizada la libertad de pensamiento, siempre que ésta no dificulte la disciplina de voto.

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Pensamiento único. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Hoteles de paso A García Márquez. A su memoria inagotable que ya vive en nosotros para siempre. El aprendizaje consiste en seleccionar, cortar y pegar ciertos contenidos en alguna parte de nuestra memoria. Allí, pueden establecer relaciones afectuosas con otros inquilinos habituales de la misma. Pero Umberto Eco nos avisa: siendo importantes las dos primeras acciones del proceso, si finalmente no recordamos lo que hemos aprendido acabaremos por parecernos a los animales. Es cierto que el acceso a demasiada información puede resultar nocivo. ¿Para qué retenerla si está al alcance de un intro? Los conocimientos en tránsito ni restan espacio ni dan excesivo trabajo, puesto que su hospedaje en nuestros esquemas resulta efímero. De ahí que algunas de nuestras cabezas se asemejen a esos hoteles que sobreviven lánguidamente en temporada baja. Y yo -que cada vez me sumerjo más en las aguas pantanosas del ciberespacio- me pregunto si no estaré próximo a echar el cierre, abrumado ante la evidencia de que una cabeza vacía pesa mucho más que una llena.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Cadena de favores

Cuenta Antonio Enrique que uno de los nombres que integraban la lista maldita de Federico era el del escritor José Fernández Castro. Cuenta, además, que uno de sus verdugos lo borró de esa lista porque Fernández Castro había intercedido para que le permitiesen visitar a su esposa enferma en Valencia. Lo cierto es que su nombre no fue borrado sino sustituido por otro, porque estimaron los ejecutores que una lista que se precie no debe quedarse coja. De esta forma -concluye Antonio Enrique-, se incluyó en su lugar el nombre de Dióscuro Galindo que fue, como es sabido, fusilado junto al poeta. Galindo sufrió esa clemencia mal entendida, terrible, que es la que se esgrime para saldar una deuda. Fue, en definitiva, una víctima de la gratitud del verdugo.

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Cadena de favores. Martínez Clares, 2010.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

En polvo, en sombra, en nada

Me pusieron en guardia: “Góngora no es Quevedo”. Cuentan que al cordobés le gustaba escribir para poca gente. Había creado un estilo, el Culteranismo, consistente -nos explicaban- en cifrar el mensaje de manera que nadie pudiera comprender un ápice de lo leído. ¡Qué gran herejía para un canónigo! Fue una advertencia breve, pero efectiva. A muchos les derrotó de antemano. Después, el profesor comenzó a leer el poema con cierta desgana, obligado por el currículum, y yo intuí que hace cuatrocientos años -aunque Góngora jamás publicó su obra- ya todo estaba escrito.

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En guardia. Martínez Clares, 2008.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Los nadadores

Hay autores que van por la vida regalando momentos inolvidables. Joaquín Pérez Azaústre es uno de ellos. En su última novela -Los nadadores (Anagrama, 2012)-, ha diseñado escenarios colmados de soledad sólo para que los lectores puedan habitarlos. Después de leerla, he disfrutado de un inusual atisbo de certeza: si todo mi mundo se evapora, ¿no seré yo en realidad el que me estoy evaporando?

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Ojalá hubieras venido. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Hepburn quería llorar

Llevaba una década llorando en cada película, pero el rodaje de “Historias de Filadelfia” llegaba a su fin y aún no había tenido la ocasión de hacerlo. Pensó que Cukor le estaba arrebatando la posibilidad de emocionarse y emocionar, pero no tardó en descubrir que el personaje de Tracy Lord rebosaba autenticidad y fuerza. Cukor pensaba que las emociones verdaderas se atrincheran en la garganta, y a Hepburn, desde entonces, comenzó a vibrarle la mirada. Tal vez, comprendió que las lágrimas más contundentes son las que nos tragamos.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Este sol de la infancia “Estos días azules, y este sol de la infancia” Antonio Machado Se conocían desde siempre. Machado había fundado junto a don Blas Zambrano la Universidad Popular en Segovia y sus versos terminarían siendo un referente para el pensamiento poético de María. Ambos fueron, a su pesar, protagonistas de uno de esos caprichos que siempre adornan las tragedias: María Zambrano se iba de España en el coche al que no quiso subirse Machado. El poeta decidió continuar a pie, apoyado en su anciana madre, camino de una frontera a la que llegaría prácticamente inválido. Pero alguien detuvo el automóvil y ella se bajó para cruzarla juntos. Fue una maldita casualidad encontrarse entre la multitud. No huían de nada. Tan sólo buscaban los días azules de la infancia.

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Frontera. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Mundo aparte

No queda rastro de los piratas berberiscos, pero Mónsul ya era Mónsul antes de que Indiana Jones la recorriese muy deprisa perseguido por un aeroplano. También estuvieron allí Strummer y Lennon, Lorca, Goytisolo, y después la colonizó el silencio y el Mediterráneo dispuso de tiempo para borrar sus creencias, para jugar con la roca y modelarla, igual que el viento juega con la quebradiza rectitud de las pitas. El tiempo está detenido porque la naturaleza sigue trabajando, y la tragedia, el verso, la presencia insolente del Hombre sólo han trazado una imprecisa frontera entre dos mundos muy diferentes.

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Mónsul. Martínez Clares, 2010.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Hacerse el muerto

Alguien le ha dado otra vuelta a las agujas de mi reloj. Las horas, los días, los años me conducen desaforadamente hacia lo desconocido. Nunca descansa el paso del tiempo y sospecho que nadie sabría explicarme por qué la muerte está presente en todos los libros. Esta mañana, me han regalado uno que promete. En él se esconden varios cuentos firmados por Andrés Neuman. Sin llegar a abrirlo del todo, ya me ha proporcionado una idea: puede que, a partir de ahora, merezca la pena hacerse el muerto de vez en cuando.

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Cumpleaños feliz. Martínez Clares, 2012.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

El día que mataron a Robert Capa

La cruda realidad siempre regala argumentos a quienes creen en el destino. Howard Sochurek abandonó Indochina cuando su madre enfermó. En su lugar, la revista Life recurrió a Robert Capa que casualmente se encontraba en Japón. Capa era un guerrero de la imagen acostumbrado a frecuentar la muerte y a esquivarla como quien esquiva a un viejo conocido al que no te apetece saludar. Sabía que, en el frente, hay que acercarse mucho al objetivo y siempre se acercó lo suficiente como para captar fotografías feroces, testimoniales, fotografías hechas en tercera persona -como años después apuntaría John Loengard- porque el verdadero fotógrafo de guerra desaparece detrás de su obra. Cualquier cobarde podría cazar grandes felinos valiéndose de un cepo y Capa pisó una mina. De Indochina sólo regresaron sus imágenes porque Capa no soltó su cámara en el último trance. Fue entonces cuando su hermano Cornell decidió que ya había bastante con un fotógrafo de guerra en la familia. Él sería, en adelante, un fotógrafo de la paz. _________________________________________________________________

El cazador cazado. Martínez Clares, 2008.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

El proceso creativo

La técnica, el proceso, la meticulosidad, el aderezo o la improvisación son destrezas que pueden aprenderse y que se perfeccionan gracias a la práctica y a la constancia. Pero, ¿y el talento? ¿Dónde se aprende el talento? Tal vez, lo más hermoso que pueda decirse de un creador es lo que publicó The New York Times cuando Lola Flores debutó en el Madison Square Garden: No canta. No baila. No se la pierdan.

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Ensayo. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Te comería

Determinadas lecturas científicas pueden afectar decisivamente a la relación amorosa. Hormonas, descargas neuronales, glándulas que escupen adrenalina, células excitables, nerviosas, neurotransmisores o carreteras que nos conducen infatigablemente allí donde se ejerce el placer. Si el deseo, la insoportable soledad o esta necesidad imperiosa de yacer a tu lado se reducen, como el hambre o la sed cuando no son metáfora, a una mera concatenación de elementos químicos y descargas eléctricas en el cerebro, entonces quizá la más bella forma de amor habría de ser el canibalismo.

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Mujer. Martínez Clares, 2010.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Los niños cazan moscas

Sus lápices rasgan el papel. Llenan los cuadernos con palabras que pronto olvidarán. Completan tablas, deducen escalas, miden y calculan dimensiones reales. Hacen lo que se les dice sin hacer demasiadas preguntas, pero necesitan que les expliquemos qué hacen aquí. Sé que algunos ya atisban el mañana y se estremecen. Otros todavía no intuyen que pronto dejarán de ser niños.

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Vacaciones. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Geografía humana

Cornell Capa no se consideraba un fotógrafo artista. Tenía claro que la belleza de la imagen está en lo que nos cuenta. Por eso, jamás hubiese fotografiado un paisaje que no fuese parte de una historia: “Si viese a un agricultor trabajando en un campo, entonces tomaría la foto de un agricultor en un campo, pero no fotografiaría un campo sin el agricultor”. En esencia, un fotógrafo es un escritor que utiliza otras armas más contundentes. Es cierto que, ante una imagen, todas nuestras palabras parecen balas de fogueo. Pero hoy me he sentado bajo un árbol que no conocerá esta primavera y he escrito estas líneas. Me basta pensar que, en otro tiempo, este páramo fue un campo donde hubo un agricultor.

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El árbol. El hombre. Martínez Clares, 2011.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Toulouse

Alguien debería explicarles a nuestros jóvenes que el odio es un sentimiento enorme que siempre se aloja en los corazones más pequeños.

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La memoria. Martínez Clares, 2009.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Sanidad pública

La ONU denuncia que, en los hospitales sirios, los médicos conciben textualmente el apelativo de “matasanos”. Allí, no existen listas de espera porque los beneficiarios de estas praxis literales son únicamente los heridos en las revueltas.

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Cautiverios. Martínez Clares, 2010.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Autocrítica

En un examen de lengua, les pido que escriban una oración con el verbo habitar: Yo habitaba en la selva con otros animales. Hay personas que, desde la infancia, ejercen la autocrítica de manera intachable.

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Herramientas. Martínez Clares, 2010.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Holly Golightly

Capote pensaba que Marilyn habría estado absolutamente maravillosa en el papel, pero en la Paramount decidieron que fuese para Hepburn. Nadie daba un duro por ella. No sabían que Audrey también sufría sus “días rojos” y que en su adolescencia no siempre disfrutó de buena comida y refugios antiaéreos. Parecía una ingenua, pero Hepburn se metió en la piel de Holly Golightly con condiciones: al finalizar la película, es mucha la gente que no sabe a qué se dedica Holly. George Axelrod supo darle un toque de excentricidad al crudo personaje de Truman Capote y la ambigüedad terminó por aniquilar cualquier atisbo de certeza. Anoche, volvió a caer en mis manos y sentí que tuvo que ser todo un reto para Audrey meterse en ese vestido de Givenchy y visitar con tanta frecuencia el tocador. Quizá por eso, Paul empieza su reportaje escribiendo: “Había una vez una chica muy bonita y muy asustada”.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

ONU

¿Cuál es la imprecisa frontera que separa la diplomacia de la complicidad? ¿Quiénes prestan su silencio a los genocidas? Acaso las peores democracias sean lo que utilizan su neutralidad para legitimar la barbarie.

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Pensamiento único. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

El coraje, todavía

Como siempre, nos recibió con una sonrisa inabarcable. Se diría que los verdaderos poetas no conocen el divismo. Anoche, Pilar Quirosa Cheyrouze leyó sus poemas en AM Gallery ante la presencia totémica de Julio Alfredo Egea. (Qué merito tiene leer bien un poema. No digo recitarlo. Hablo de leerlo bien). Entre vinos, rastreé la línea temática de su poética y supe que el paso del tiempo anida en sus versos. Es la suya una poesía de momentos inolvidables, de palabras atrapadas por la tela de araña del recuerdo: cómo explicar que el amor, antes de morir, reserva un palco en el teatro de la memoria o que la intemporalidad es propia de las peores atrocidades humanas. Ya es tarde, pero aún acaricio uno de sus libros. Hay mucha claridad en él: quizá Pilar se anticipase al naufragio que habría de llegar y ahora, como Hypatia -aquella primera Mujer a la que dedica un último poema- nos espera serenamente entre palabras infalibles porque “ésta es la hora/ así lo han querido los astros,/ el instante de dilapidar un sentimiento.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Yo confieso

Todo empezó con un hurto. Se llamaba Ivanhoe y procedía del idealismo de Walter Scott. Recuerdo que cayó en mis manos y ya nunca regresó a la biblioteca del colegio. Es lógico, ¿quién podría renunciar a los cuidados de Rebeca? No me quedan remordimientos. El tiempo lo cura todo y han pasado veinticinco años. En mi defensa, alego que me lo quedé para protegerlo: es el único libro que ha sobrevivido a todas mis mudanzas.

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Letras robadas. Martínez Clares, 2012.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

La dignidad del artista

Pipo vive en casa de mis padres. Le gusta dormir en la más completa oscuridad, pero al amanecer busca los primeros rayos de luz que se cuelan por la ventana. Cuando me levanto, siempre me acerco para pedirle que cante algo y él, amablemente, sonríe y me responde “que cante tú padre”.

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Pipo. Martínez Clares, 2011.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Tarifa plana

Todavía son jóvenes. Casi pueden tocarse, aunque habitan mundos diferentes. Tal vez aún se recuerden; no hace tanto que llegaron juntos. Cada uno juega con un smartphone. Lo acarician. Le sonríen. En la sala de espera, la tarde transcurre educadamente. Ellos ni siquiera la saludan.

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Carta de amor. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descre铆dos __________________________________________________________

Se acab贸 el hambre

La ONU da por concluida la hambruna en Somalia. A los occidentales siempre nos ha reconfortado que el resto de pobladores del planeta tengan algo que llevarse a la boca. De esta manera, ellos comen y nosotros lavamos nuestras conciencias.

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Se acab贸 el hambre. Mart铆nez Clares, 2010.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Juegos de niños

En un examen, les pido que escriban una oración con el verbo “reconstruir”. “Al llegar a casa, me reconstruyó mi abuela”. No aclara si regresaba del parque o de la batalla de Las Termópilas.

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Aprendiz de cascamorras. Martínez Clares, 2009.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Manual de náufragos

Cambios en el reglamento naval: en caso de naufragio, la única misión del capitán será encabezar la lista de supervivientes.

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Manual de náufragos. Martínez Clares, 2008.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

El testamento del argonauta

Caballero Bonald lo deja. Sus primeras Adivinaciones ya auguraban lo inevitable. Fue en el Madrid de los cincuenta donde conspiró junto a un grupo de jóvenes poetas entregados a la nocturnidad y al “consumo de cantidades estimables de alcohol”. Allí, entonces, ahora, Caballero puso las primeras piedras de su Manual de infractores: un lenguaje codicioso y su devoción por el adjetivo improbable, el plomo de las horas muertas y las pretensiones de libertad dieron forma a su poética de Entreguerras. Ha sido el cartógrafo sedentario del Diario de Argónida y también el noctívago mitológico que nunca cayó en el Descrédito del héroe. Ahora renuncia a escribir. Lo hace plenamente satisfecho, porque algunos poetas viven lo suficientemente deprisa como para escribir unas Memorias de poco tiempo y Caballero descubrió muy pronto que la palabra, como La noche, no tiene paredes. _________________________________________________________________

El mar. El tiempo. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Queridos Reyes Magos

Tiene seis años y una mirada de sabueso. Anoche me planteó sus dudas: tres reyes en tres camellos… No debí convencerle. Amenaza con aplicarles el método científico.

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Queridos Reyes Magos. Martínez Clares, 2011.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Feliz Navidad

Lo importante no es que se cumplan todos tus sueños. Lo realmente importante es que siempre tengas unos pocos y los cuides mucho.

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Los sueños. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Hambre de letras

Dicen que somos lo que comemos. A veces, temo que todas las personas que devoran libros terminen convirtiéndose en auténticos personajes de ficción.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Madre

Parió hace dos semanas. Me asegura que, si nos callásemos, sería capaz de identificar los distintos matices del silencio. La creo: lo que ella no pueda escuchar, sencillamente, no existe.

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Madre. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Shakespeare y el dolor

Leemos una escena de Romeo y Julieta: los Capuleto, los Montesco, la ancestral dualidad del mundo. Les propongo que imaginen un final para esta historia. Saben perfectamente que se trata de una tragedia, pero, aunque el drama está servido, todos escriben un desenlace feliz. Tal vez, las mentes de los niños aún no conciban que el dolor es un ingrediente previsible de la existencia.

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En los ojos. Martínez Clares, 2011.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

One day

Con frecuencia, la repetición de muchos días acaba por dar forma al recuerdo de uno en particular. Lone Scherfig utiliza este recurso tan literario en One day (Universal, 2011), cuyo guión, basado en la novela de David Nicholls, nos sugiere que la vida pudiera ser únicamente una sucesión de encuentros y desencuentros. Y yo -cada vez más seducido por la cotidianidad de Anne Hathaway- me planteo si no será un capricho de la literatura el regalar la inmortalidad a los recuerdos más indefensos.

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Memorias de la cala de Enmedio. Martínez Clares, 2010.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Memorias de una calle

Sé que estaba en casa desde hace semanas. Virginia los trae, y luego los abandona donde yo pueda encontrarlos. Siempre llevan una fecha y una dedicatoria austera. Ayer, al fin, lo encontré. Joaquín Pérez Azaústre se pregunta en su último poemario -Las Ollerías (Visor Libros, 2011)- por qué no puede ser un poema una verdad honrada. La respuesta se esconde en los veintiocho recuerdos del libro. En ellos, la memoria se despoja de malabarismos y retorna a los lugares cotidianos con escasas concesiones a la imaginación. Pérez Azaústre nos demuestra que, en la escritura, el travestismo es un aderezo que sólo engaña a quien lo utiliza.

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Dedicatoria austera. Martínez Clares, 2008.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Hagiógrafos

Son muchos los que se han preguntado por qué algunas personas carecen de enemigos. Algún pérfido les respondería que es por la amabilidad. Por eso, de cuando en cuando, las voces más canallas nos recuerdan que alguien que nunca desobedece los preceptos jamás llegará hasta aquellos lugares que nos han sido vedados. Claro que poner en duda una norma podría parecer una actitud poco amable. Lo sé: la hagiografía tal vez sea el género predilecto de los intelectuales que todavía mantienen la conciencia tranquila.

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Precepto. Martínez Clares, 2007.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Personajes

Hay muchos tipos de personajes. Descartemos a los que prefieren dejarse llevar. Tal vez, los más interesantes sean esos tipos que se rebelan contra su narrador, los que nos preparan una emboscada a la vuelta de cada página. Pero hay otros personajes más intensos: los que no son libres. Éstos me desesperan porque viven bajo el yugo del lenguaje preciso, de la descripción minuciosa. Conozco sus anhelos, sus perversiones, sus renuncias. ¿Qué se puede esperar de una historia protagonizada por personajes que no dejan lugar a dudas?

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__________________________________________________________Versos para descreĂ­dos

Vasallaje

A Obama le asusta la vieja Europa. Sabe que los peores consumidores son los que tienen telaraĂąas en los bolsillos.

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Vasallaje. MartĂ­nez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Qué fue de Macondo

¡Ah, la libertad de cátedra! Dicen que los maestros somos unos salteadores de caminos. Es cierto que nos ocultamos en la jungla de las ideas, pero nos obligan a declarar qué pretendemos, cómo lo llevaremos a cabo y cuándo daremos el golpe. Así, es imposible atracar un cerebro. Ahora que todo empieza de nuevo, me meto en la piel del coronel Aureliano Buendía. Si alguien me preguntase por qué sigo peleando, le respondería: “Apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo”.

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Los niños de Frank Capra. Martínez Clares, 2010.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Deudas

Tengo una visión matriarcal de la economía. Recuerdo a mi madre haciendo malabarismos para no gastar más de lo que ingresaba, que por cierto nunca fue mucho. Hubo dificultades, pero donde existe el sentido común no hay que delimitar las satisfacciones por escrito. A diferencia de los mercados, algunos ciudadanos siempre han sabido que lo peor de una ruina es intuir que ya está cerca y esperarla con exquisita resignación.

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A lo pobre. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

NODO

El Granada disputó un encuentro en Primera treinta y cinco años después. Naturalmente, en el palco no faltaba nadie. IDEAL destaca: “Los representantes institucionales demostraron sus conocimientos de fútbol durante el partido”. Me tranquiliza que nuestros representantes atesoren conocimientos de algún tipo y que, además, cuenten con los periodistas adecuados para hacérnoslo saber.

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Villar del Río. Martínez Clares, 2010.

88


__________________________________________________________Versos para descreídos

Toros sin toro

La vida se muestra implacable cuando nos lo arrebata todo, pero hay personas que ponen mucho de su parte para que les auguremos un nefasto futuro. Es una mera cuestión de probabilidades. Todos sospechamos que, mientras no se imponga el gusto por los toros de cartón, en la arena siempre habrá alguien citado con la muerte. Pese al estupor general, Ratón -que como todos los toros debe tener su lidia- no es un asesino. Acaso sólo sea un toro haciendo muy bien de toro. Cuando las cosas salen mal sólo resta lamentarse, pero nunca deberíamos olvidar que para morir el único requisito es estar vivos.

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Encierros de Gor. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

La prudencia

Algunos escritores no dan su opinión hasta que conocen la del resto de sus coetáneos. Estos escritores saben que no pasarán a la historia, pero a cambio pueden vivir de la literatura plácidamente.

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Literatura. Martínez Clares, 2011.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

La buena mesa

El Bulli no se cierra. Simplemente se transforma. Convengamos que la gastronomía es una de las artes más efímeras porque a la hora de comer estamos todos muertos de hambre. Por eso, en Cala Montjoi, han decidido que los conjuros se lleven a cabo a puerta cerrada, aunque seremos puntualmente informados de las nuevas exquisiteces mediante sugestivas notas de prensa. Intuyo que cerrar un santuario gastronómico es como cerrar un libro que se termina: duele, aunque ya nos lo hayamos comido todo.

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La buena mesa. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Seres mitológicos

Los mitos saben que para pasar a la historia es preciso ocupar poco espacio en la misma. Por eso se esfuerzan en vivir deprisa. Ellos disponen de un tiempo escaso para hacer muchas cosas y luego nos ceden toda la responsabilidad a los mortales para que edifiquemos la leyenda. Malditos, oscuros, trágicos, bohemios. Todos son adjetivos que precisan del silencio, porque cuando la decadencia se retransmite en directo desaparece el mito. Nunca fue tan predecible la muerte de los héroes.

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Back to black, sobre foto de la Agencia EFE en Ideal. Martínez Clares, 2011.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Música de cañerías Ya sabes que nunca paso la tarde en la playa. Pienso que a esas horas la arena puede convertirse en un pasatiempo obsceno. Pero, tal vez no sea obsceno el adjetivo adecuado porque obsceno es el aire que respiran los personajes de Charles Bukowsky. En fin, dejémoslo en que la playa atestada de gente como nosotros pudiera resultar sórdida. Aunque tampoco me convence del todo, porque sórdidas son las ciudades donde se emborrachan los personajes de Charles Bukowsky. Cada vez tengo más claro que hay ciertos libros que no deberían llevarse a la playa. Quizá no se hizo el sol para disfrute de los escritores malditos. ________________________________________________________________

Música de cañerías. Martínez Clares, 2007.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Adso de Melk

Cuenta Umberto Eco en sus apostillas a El nombre de la rosa (Lumen, 2010) que uno de sus objetivos era desaparecer de la historia. Por eso creó el personaje del joven Adso y dejó el punto de vista en sus manos. No cabe duda de que así pretendía eludir la responsabilidad de todo cuanto allí se dice. Durante una entrevista reciente, le expliqué a la periodista que Palabras efímeras (IEA, 2010) es un poemario escrito en tercera persona. Por el libro circulan varios Adsos que asumen mi dolor y mis pasiones sin rechistar. ¿Será porque aman, huyen, engañan, olvidan, pierden y se emborrachan a mi costa? Ilusos. Aún no saben que en el próximo no les voy a dejar que abran la boca.

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Personajes. Martínez Clares, 2010.

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__________________________________________________________Versos para descreĂ­dos

Historias de la tele

Charlie Parker muriĂł de un ataque de risa ante el televisor. Mi padre me recuerda que ya no se hacen programas como los de antes.

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Historias de la tele. MartĂ­nez Clares, 2007.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Ladrones de periódicos

No acostumbro a pasearla bajo el brazo. Sólo compro la prensa cuando realmente voy a disponer de tiempo para disfrutarla. En esos días excepcionales, el mero hecho de visitar a alguno de mis quiosqueros supone un placer. Uno de ellos -aseguraría que el menos leído de todos- dispone la prensa sobre el mostrador como si de un expositor de joyas se tratase. Uno de cada y basta. Contados y recontados. Jamás me permite tocarlos. No entiende que a un lector voraz le gusta comer con las manos. Una vez que elijo mi botín, me cobra y después continúa vigilándome mientras me alejo. Lo sé. Puedo sentir sus ojos clavados en mi espalda. ¡Iluso! Robar un periódico no es más que un impulso romántico. Pero en los tiempos que corren, ¿Quién robaría un periódico sabiendo que eso le obliga éticamente a leerlo? __________________________________________________________________________

Platero es pequeño, sobre fotografía de Antonio Corbacho en IDEAL. Martínez Clares, 2011.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

Los gestos

Clic. Detuvo el tiempo, pero nada más se detuvo. El gesto contenido es la base de todas las artes que congelan el movimiento. Esa contención es la emoción que las define.

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Expectativa. Martínez Clares, 2009.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

El compás

He despertado sin aliento. Anoche estuve leyendo a Roberto Bolaño.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

11 de julio

El balón llegó desde el lugar donde se conjuran las decepciones y decidió botar más alto de lo deseable. Él supo que sería gol. Andrés Iniesta afirma que en ese momento pudo oír el silencio. Y matiza: “si el silencio pudiera oírse”. Hay poetas descreídos de casi todo. Pero puede estar tranquilo. Yo también lo escuché.

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El gol de Iniesta, sobre fotografía de ABC. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Las agujas del reloj

Siempre he mantenido la hipótesis de que el cine es esencialmente literatura. Aparte de algunos escritores, existe un número importante de cineastas que parecen empeñados en desmentirme. Lo lamento por ellos, porque ayer, al filo de la medianoche, deambulé poéticamente por un París que ya creía muerto. Les cuento. Midnight in Paris (Woody Allen, 2011), disfruta de un guión tan veraz que otorga credibilidad, por sí solo, a la mayor de las quimeras y, por ende, demuestra que a veces son los sueños los que acaban por determinar la realidad. Allen -un metafísico cuya única doctrina reconocida es la hipocondría- ha logrado vencer a la muerte de la única forma que puede hacerse: burlándose de su predecible llegada.

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Desempleados

Tengo la mala costumbre de no parar. Cuando termino mi jornada laboral, comienzo mi otra jornada laboral. Hablo de esa sucesión de esclavitudes que he ido acatando por no saber decir que no a tiempo. ¡Ah, la dulce negativa! Anoche, me miré a los ojos en el espejo. George Clooney me mostró la débil frontera entre la vida conocida y la que está por venir. Up in the air (Jason Reitman, 2009) es una historia en la que los verdugos administran la piedad y nos enseñan cómo ésta consiste en hacer su trabajo sin mostrar la más mínima compasión. No sé cuándo vendrá Ryan Bingham a visitarme, pero me dicen que efectivamente, para quienes todo lo pierden, sobran las explicaciones.

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Fronteras. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Pregunta enlutada

A Mac ¿Qué decirle a los álamos cuando pregunten por ti?

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Estío. Martínez Clares, 2006.

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El invierno en Europa

En 1183, Enrique II reunió a la Vieja Europa en el castillo de Chinon para celebrar la Navidad. Casualmente, todos los asistentes eran familia lo que, sin duda, enrareció el ambiente en aquellos días felices. El león en invierno (Anthony Harvey, 1968), nos presenta alguno de los inconvenientes que conlleva la consanguinidad y cuáles son los mejores remedios para empeorarlo todo. Ahora, corren tiempos en los que se ha perdido el gusto por la endogamia y las reparaciones honorables, pero la Vieja Europa aún se cita, de cuando en cuando, para rescatar a alguno de sus díscolos trocitos. Qué gran cumbre sería la que terminase con un viejo león rugiéndole su esposa: “Leonor, espero que no muramos nunca. ¿Crees que tenemos alguna posibilidad?”.

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La Vieja Europa. Martínez Clares, 2007.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

El Sur

Mafalda está preocupada. Se pregunta qué habrán hecho algunos pobres sures para merecer ciertos nortes. ¿Los nortes están al sur de alguna parte? Yo, como los Ceronoventayuno, hace años que me subí a un tren que va hacia el Sur. Antes, ya presentía que el Sur no es ese punto cardinal donde unas mujeres vestidas de negro van blanqueando la luz azul. Créanme. La costumbre sabe muy bien que el Sur es una forma estoica de recibir a todas las tragedias que están por venir. Debe ser por eso que aquí el estío se nos ha quedado prendido a las miradas.

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La bandera del Sur. Martínez Clares, 2011.

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Las paradojas del destino

Con frecuencia, lo peor de una calamidad es el preciso momento en que se confirma su inminencia. Los tokiotas, que ya disfrutan de esa información, huyen cívicamente hacia Hiroshima. Quién podría hoy dudar de las paradojas del destino. Anoche, mientras las calles de Tokio se mordían la lengua, yo evoqué a un insomne Bill Murray fondeado en un whisky on the rocks. Lost in translation (Sofia Coppola, 2003) es una película de silencios que se alojan en el silencio. Tal vez sea ésa la perfecta y dócil antesala del dolor.

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Palomitas. Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Climax

La vi llegar cargada de venenos. Traía “la sabiduría del placer en la enorme paciencia de sus manos” y, con voz sosegada, derramó sus bebedizos por la sala. En su selección poética “Luna hiena”, Rosa Díaz conspira contra el amor sumiso en una serie de reflexiones románticas, rotundamente románticas. Probé lo suficiente como para pensar que, si Antonio Gamoneda pudiese escribir con los pies en el suelo, en lugar de Lápidas (Abada Editores, 2006) habría escrito algo parecido a esta luna carroñera.

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Sugerencias

A mi amiga no le gustan las historias que acaban “mal”, pero las que realmente detesta son las que “no terminan en nada”. Me cuenta que nunca ha disfrutado de las lecturas “borrosas” porque odia los caminos que se bifurcan, las palabras que debieran haberse dicho, las puñaladas que no se han dado. De las escasas certezas que puede regalarnos la literatura, siempre elige aquellas en las que no cabe una sola duda. En cambio, yo le digo que, cuando escribo, siempre dejo una puerta abierta a mis versos para que el lector pueda llevárselos lejos de aquí, porque pienso que sugerir es la mejor manera de contar una historia entre dos.

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Caminantes y reptiles. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Estela sur Y paradójicamente marcó Benzema. Después, me demoré entre las luces del poemario Estela sur (Port Royal, 2010) de Pilar Quirosa-Cheyrouze, una secuencia de poemas que constituye el perfecto “habitáculo de los instantes que regresan”. Pilar tiene la virtud de decir las cosas con la sinceridad que muchos ya hemos perdido y, por su boca, nos preguntamos: “Cómo escribir un poema / esperando el regreso de la luz, / la única estancia habitada”. Imagino a Pilar escribiendo en una habitación iluminada por el retorno perecedero de los recuerdos y me pregunto si no serán la espera, la memoria, la palabra, las únicas luces que nos quedan. __________________________________________________________________

Tenebrismo. Martínez Clares, 2009.

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Como decíamos ayer

Pensaba Bourdieu que la educación legitima la perpetuación del orden social, puesto que las jerarquías académicas no son más que una fiel reproducción de las jerarquías sociales. En la misma línea del galo, escribe Muñoz Molina en la revista Mercurio: “Lo que menos perdono a los políticos y a los pedagogos españoles es que, en nombre de un demagógico igualitarismo, han fortalecido escandalosamente la desigualdad”. Sonrío y recupero el recuerdo ya impreciso del primer colegio donde enseñé. En la puerta principal, escoltado por airosas banderas, un cartel colocado por la Administración correspondiente anunciaba: “Colégio Publico Los Algárves de Goráfe”.

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Como decíamos ayer. Martínez Clares, 2010.

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La Noche

Cuando llegué, hablaban de la noche. El menos demacrado opinaba que durante la noche aparecen urgencias que no pueden dejarse para mañana porque no serían entendidas al despertar. Añadió que le gustaba pasear la noche, trasnochar y perderse entre esas gentes que no tienen más mecenas que el anonimato, observar o acercase a otras soledades y, llegado el caso, beber de ellas. El más joven, menos habituado a las oscuridades, se agarraba a los versos de Caballero Bonald para iluminar la noche: La noche no tiene paredes (Seix Barrall, 2009). Pensé apostillar que, de noche, nunca se está a salvo de las pasiones porque -como bien escribe Pilar Quirosa-Cheyrouze- “el horizonte gris supone una antesala del deseo”. Pero preferí reservarme y me limité a pedir una ronda. Anochecía. Entonces, bebí y les planteé una adivinanza: ¿Cuál es el espejismo que crece bajo el influjo novelesco de la luna y se va muriendo con los primeros rayos del sol?

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Las flores del mal

Dicen que fue Baudelaire uno de los primeros en frecuentar los distritos más sombríos de la poesía. Desde entonces, esos mismos suburbios han sido recorridos por numerosos creadores que vivieron y cayeron seducidos por la épica exigua del malditismo. Si la cuestión es matarse poco a poco, se pueden tomar algunas anotaciones interesantes visionando Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995). La cinta nos cuenta la historia de una botella que se va bebiendo pausadamente a un escritor sin suerte ni talento. Todo ello, ante la lúbrica mirada de una frágil Elisabeth Shue. Llegado a este punto, un amigo me aconseja saltarme la consensuada mención a Patty Smith. En cambio, me propone a José Manuel Caballero Bonald, reconocido infractor al que nunca le gustó el cine pero que en La novela de la memoria (Seix Barral, 2010) nos narra, amparándose en ciertas lagunas cronológicas propias de la nocturnidad, muchas de las transgresiones que animaron sus días y sus noches. Quizá sea el talento la mejor estrategia para afrontar las batallas que nos impone este tiempo de guerras perdidas. ________________________________________________________________

Los fantasmas de la soledad (IV). Martínez Clares, 2008.

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Harry y Sally Descreído ya de casi todo, anoche regresé al delicioso escepticismo de When Harry Met Sally, una de aquellas efímeras tentativas que pretendieron recuperar el cine de escritor a finales de los ochenta. Dirigida por Rob Reiner, es curioso que su guión lo firme una cineasta de radiante optimismo: Nora Ephron. Igual de escéptico que Harry Burns, se muestra José Ignacio Lapido en su último disco De sombras y sueños- cuando nos confirma que para sofocar las últimas revueltas bastaría con regalar televisores. Me temo que sí, José Ignacio, porque desde esas pantallas astutamente sedativas aún me llegan recuerdos de amores que nunca existieron y los recibo como si Meg Ryan no estuviese envejeciendo con mesura, todavía elegante o quizá, con el paso de los años, declinando aún más hacia la azucarada lasitud de Doris Day. Pero, mientras se tambalean mis últimas certezas, me permito sonreír porque presumo que La Day no sabría cómo fingir un orgasmo. _________________________________________________________________

Supervivientes. Martínez Clares, 2007.

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Los días por venir

Convengamos que la Historia fuera un viaje que estamos haciendo y que otros ya hicieron con anterioridad. Luego, recurriendo a un malabarismo argumental, se podría especular que los augures terminarán por asociarse con los historiadores. ¿Me la juego si vaticino que son pocos los que tienen prisa por llegar a la última escala de ese viaje? A los más reticentes, Clint Eastwood -que más que un cineasta es ya un personaje histórico- nos propone un itinerario técnicamente sobrenatural que conduce Más allá de la vida (Hereafter, Malpaso Productions 2010). En la butaca contigua, un poeta desaprensivo me sugiere que viaje despacio para que los sueños me duren más. Modero la velocidad y sueño con Sophie Gottlieb. Puede que todavía no haya hecho historia, pero Andrés Neuman sabe desandarla hacia delante. En El viajero del siglo (Premio Alfaguara de Novela 2009), nos augura la Restauración que ya regresa. _____________________________________________________________________________

Geometría de un apeadero. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

El nuevo mundo

Adam Smith, que siempre se sintió un clásico, pensaba que para que una sociedad floreciese era condición indispensable que prosperasen paralelamente cada uno de sus integrantes. Siendo así, debe haber alguien que tutele mi prosperidad mientras duermo. Otro clásico, don Fabrizio, Príncipe de Salina en Il Gattopardo (Luchino Visconti, 1963), nos avisa con el paternalismo propio de un jerarca: si queremos que todo se quede como está, es preciso que cambie todo.

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Náufragos. Martínez Clares, 2008.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

The beautiful Spain

Me dicen que la sociedad global consiste en que un foráneo llegue a entender tu mundo mejor que tú mismo y, además, tenga la oportunidad de venir a explicártelo con sus propias palabras. Caprichos de la perspectiva. En Biutiful (González Iñárritu, 2010), un Bardem inmenso nos conduce dramáticamente por los entresijos de una Barcelona en escombros. A los grandes creadores siempre les fascinaron los escenarios excesivos.

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Las escombreras de la memoria. Martínez Clares, 2008.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

Maggie Murdock y el pensamiento único

Andrés Neuman me cuenta cómo viajar sin ver. El ex dictador Duvalier regresa a Haití. El ex dictador Ben Ali abandona Túnez. ¿Acaso es la tiranía una destreza transitoria? Ellos nunca han leído a Neuman. Anne Hathaway tampoco, aunque se muestre tiernamente lasciva en Love and other drugs, la última e irregular propuesta del director Edward Zwick. Alguien me apunta que las pequeñas tentaciones pueden llegar a ser grandes tiranías. El libro me gusta demasiado. Lo aparco transitoriamente. Estimado Andrés: empiezo a pensar que la magnanimidad no es más que uno de los mayores inconvenientes del pensamiento único.

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Pensamiento único. Martínez Clares, 2008.

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__________________________________________________________Versos para descreídos

El río Para Miguel Cobo. Mi riógrafo de cabecera. La escritura, como todos los ríos, tiene dos orillas: la primera, a simple vista, parece más poética porque desde ella miramos a las aguas que pasan como quien mira al tiempo que no volverá. En cambio, en la otra orilla, nos sentimos más prosaicos y narramos, al paso de las aguas, todas las historias que hablan del tiempo que no volverá. Algunos escritores son capaces de frecuentar ambas orillas pues, para pasar de una a otra, únicamente necesitamos cruzar el río. Sólo existe un requisito: se recomienda ser un buen nadador.

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San Juan Bautista. Martínez Clares, 2010.

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Versos para descreídos __________________________________________________________

A propósito de “Palabras efímeras”

Me lo temía desde hace tiempo. Algunos amigos se han quejado de que Palabras efímeras hace honor a su nombre. Me cuentan amargamente que nunca pueden terminar de leer una entrada completa, puesto que sus palabras se evaporan con inusitada rapidez. Yo entiendo que lo peor que puede pasarle a un lector voraz es quedarse sin texto mientras lee. Por eso, si has llegado hasta aquí, ¡acelera!, porque esta entrada desaparecerá en unos pocos segundos.

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Palabras efímeras (sobre portada de XL Semanal). Martínez Clares, 2011.

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Versos para descreídos  

El blog "Palabras efímeras", gestionado por el poeta José Luis Martínez Clares, cumple 3 años y lo celebramos con la publicación de este lib...

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