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CONSEJO CAUSA ARMENIA DEL URUGUAY I

“Testimonio de Martin Niepage”. Fuente: Diario Armenia I

Testimonio del Genocidio Armenio

Traducción e investigación periodística Jack Boghossian

Memorias del Doctor Martín Niepage, testigo presencial del genocidio armenio

E

ntre 1894 y 1896 el gobierno turco del Imperio Otomano inició el horrendo capítulo de atrocidades en contra del pueblo armenio. Se estima que solamente en esos años más de 200.000 armenios fueron brutalmente masacrados. El 2 de agosto de 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial, un día antes que Alemania declarara la guerra a Rusia, se firmó una alianza secreta entre Alemania y Turquía. Alemania sabía entonces que contaba con las fuerzas armadas turcas. Fue el comienzo de atrocidades aún mayores

contra el pueblo armenio. El 18 de agosto de 1914, fueron saqueadas y destruídas 1080 tiendas armenias. Entre los años 1896 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial, decenas de miles de armenios huyendo del horror, se exiliaron obligadamente en América del Sur, Francia, Líbano y Egipto. En 1915, detrás de la pantalla de la guerra, el gobierno de los Jóvenes Turcos, llamado "Comité Unión y Progreso", ideó un plan macabro para exterminar a todos los armenios desde la Turquía otomana. En esos momentos los armenios además conformaban la mayor comunidad cristiana del país. El Genocidio se llevó a cabo mediante una organización perversa y burocrática, sostenida por una poderosa estrategia militar de sofisticada tecnología. El resultado de esta confabulación fue la muerte de más de un millón y medio de armenios, lo que equivalía a los dos tercios de la población armenia. Los ar-

menios fueron obligados a dejar sus tierras y bajo el velo de la deportación forzada y multitudinaria, se cometieron todo tipo de atrocidades. El éxodo de miles de armenios a los desiertos (hoy Siria) contribuyó a la desaparición masiva de armenios, por hambre, deshidratación y enfermedades y lo que es peor, por violación, tortura, crueldad y masacre. La convención de las Naciones Unidas sobre la "Prevención y Castigo del Crimen del Genocidio" define el Genocidio como: "actos cometidos con intención de destruir en forma total o parcial a un grupo nacional, étnico, racial o religioso". Esta definición se adapta clara y perfectamente a las atrocidades cometidas por los turcos contra el pueblo armenio. Desde 1948, año en que fue adoptada la Convención de las Naciones Unidas, treinta años después del Genocidio, los armenios de todo el mundo han buscado a través de sus gobiernos el reconocimiento formal de las monstruo01


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sidades que debieron soportar de los turcos durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, aún hoy, la República de Turquía obstinadamente y sin fundamentación lógica se niega a reconocer el Genocidio contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923. El siguiente relato pertenece a una serie de testimonios de quienes presenciaron dichas masacres. El doctor Martín Niepage(1886-1963) de origen alemán, profesor titular de la escuela técnico alemana de Alepo que como muchos de sus colegas alzaron su voz contra la barbarie turca. En 1915 publicó la proclama en idioma francés "Algunas palabras a los representantes del pueblo alemán" la que se reeditó en inglés en 1917 y en alemán en 1919. Debido que los escritos del autor desenmascarando los crímenes de los cabecillas del Ittihad (Comité de Unión y Progreso) y de sus aliados y protectores alemanes, atentaba contra la integridad de la imagen del Estado Alemán, algunos representantes de la prensa alemana trataron de poner en duda la existencia misma de Martín Niepage. Muchos de los documentos de sus colegas fueron destruidos. El presente trabajo pretende reflejar el espíritu del autor respetando su estilo. Mientras trabajaba en la presente investigación difícilmente pude dejar de pensar en mis abuelos, a quienes afortunadamente pude abrazar durante mucho tiempo.

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contaron que en varios barrios de Alepo, gran número de mujeres y niños (los hombres salvo alguna excepción eran masacrados durante el camino) se agrupaban muriendo de hambre. Eran los sobrevivientes de la macabra y forzada peregrinación a la que estaban sometidos. El perverso plan contra la nación armenia tenía como objetivo además del exterminio total de la raza, despojarlos de sus tierras ancestrales, las que les habían pertenecido por más de 2.500 años. Fueron obligados a dejar su suelo e iniciar una larga y penosa caminata a través del desierto padeciendo las peores torturas. Como las autoridades turcas no podían fundamentar dicho plan de tamaña perversión, argumentaban en forma falsa y difusa que su motivo se debía a actos de espionaje. Si bien yo sabía que estas masacres se estaban repitiendo, necesité investigar e informarme para tomar alguna medida. Me tomó poco tiempo llegar a la conclusión que estas acusaciones eran tan ridículas como infundadas. Buscaban pretextos para aniquilar a toda una nación. Me enteré de esta forma de los más salvajes ultrajes a mujeres y niños y del plan programado de desnutrición como medio para terminar con el pueblo armenio. Con el objeto de confirmar lo que de alguna manera sabía, visité todos los lugares de la ciudad donde se encontraban armenios provenientes de esos contingentes de obligada deportación. En esos tenebrosos jans encontré gran Los horrores de Alepo cantidad de armenios ya muertos y en Diarios y Recuerdos casi igual cantidad otros moribundos Regresé a Alepo en diciembre de 1915. ya casi sin aliento. Los armenios, cualEscuché con horror la noticia que una quiera fuera su edad o sexo, vivos o nueva fase de masacres contra el pue- muertos conformaban una montaña de blo armenio había comenzado. Colegas cuerpos descomponiéndose. En otros y amigos me dijeron que esas masacres sitios encontré armenios enfermos y otros eran aún peores que aquellas que se tantos con hambre, que no recibían ayuprodujeron bajo el poder de Abdul Hamid. dad alguna. En el barrio donde se enEstas monstruosas matanzas no tenían contraba la escuela para la que yo traotro objetivo sino el de eliminar en for- bajaba existían por lo menos 5 de esma total a la inteligente y productiva na- tos jans donde se albergaban más de ción Armenia y transferir sus territorios 800 inocentes armenios padeciendo el ancestrales a manos turcas. plan de desnutrición. Los profesores y Estas noticias me dejaron perplejo. Me alumnos de mi escuela pasábamos a

diario por esos galpones transitando las calles angostas de la ciudad y podíamos verlos a través de las ventanas, enflaquecidos y enfermos, cubiertos con harapos, esperando la muerte. Casi todas las mañanas éramos testigos viendo pasar carretas de dos ruedas tiradas por bueyes que cargaban de la manera menos humana entre 10 y 12 cadáveres de armenios, sin ataúd, todos encimados y cuyas extremidades salían a la superficie golpeándose con el piso y muchas veces entremezclándose con las ruedas en movimiento. Después del dolor de presenciar estos actos vandálicos que se repetían a diario, llegué a la conclusión que era mi deber escribir el presente testimonio."Como profesores de la escuela técnico alemana y con todo el respeto, hemos decidido redactar el siguiente informe" "Sentimos que es nuestro deber establecer que nuestro trabajo educativo perderá su valor y carecerá de moral si el gobierno alemán no pone fin de la manera más urgente a la brutalidad con que mujeres y niños armenios masacrados son tratados en esta ciudad." "De cada tres mil armenios que son deportados a través de los contingentes de deportación ilegal, obligándoles a dejar sus tierras, solo 200 llegan con vida aquí al sur. Los hombres en su mayoría son masacrados en el camino, las mujeres y los niños son sometidos a todo tipo de vejámenes por los turcos y después del abuso sinfín son dejados en estertorosa situación en ciudades turcas o kurdas donde la humillación continúa obligándolos a aceptar el Islam. Tratan de aniquilar hasta el último armenio que quede con vida. Todo aquel que sobrevive es sometido a esperar la muerte a través del hambre y la sed. Aún cuando esta interminable peregrinación del dolor llega a las orillas de algún río, los soldados turcos no les permiten beber, ni siquiera a los más enfermos. Toda la comida que reciben a diario son algunas migajas que sobran de alguna comida. Se las arrojan sobre la palma de la mano y son devoradas inmediatamente. 02


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Esta forma tan perversa de alimentar no es otro cosa sino parte de un plan macabro para de esta manera prolongar el hambre y hacerlos desesperar. "Frente a la escuela técnico alemana donde mis colegas y yo estamos comprometidos a trabajar, hay un han con aproximadamente 400 armenios como consecuencia de esta deportación. Hay por lo menos cien niños de 5 a 7 años. La mayoría de ellos sufre fiebre tifoidea y disentería. Si alguien les lleva alimento, uno se da cuenta que ellos olvidaron como comer, no pueden asimilar comida alguna. Si alguien les da pan, ellos se rehuyen indiferentemente. Solo yacen en silencio, estáticos, esperando la muerte. En medio de tanta atrocidad ¿Cómo nosotros los maestros podemos enseñarles a nuestros alumnos la parábola del buen samaritano o cualquier texto de la Biblia? Cualquier historia que podamos enseñarles cobra irrelevancia ante esta realidad tan cruel. ¿Qué concepto de moral podemos trasmitirles cuando tan cerca de sus escuelas ven a su prójimo sucumbir de tal forma? En estas circunstancias nuestro trabajo se diluye y carece de sentido ético y se convierte en insignificante e innecesario. Cualquier intento de educación es una burla al lamento humano. Esta es la realidad de los armenios. Fueron conducidos de manera forzada a movilizarse de un lado a otro, de miles los reducen a cientos y de esos cientos se convierten en unos pocos de delicada condición. Aún estas minorías que sobreviven tienen como próxima etapa a la muerte siempre por manos turcas. Las autoridades otomanas han logrado su objetivo; este largo camino de deportación y tortura los ubica a los armenios en su nuevo "hogar", de esta forma lo anuncian los pe-

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riódicos, el nuevo "hogar" de los armenios. "Los habitantes educados de la región están convencidos que si bien dichas atrocidades avergüenzan a la nación alemana, el gobierno alemán no está tomando ningún tipo de medida para poner fin a dichos actos, dejándolo a consideración de sus aliados los turcos. Los habitantes del lugar sacuden la cabeza en señal de desaprobación y no pueden contener las lágrimas cuando ven a

los sobrevivientes de los contingentes de deportación entrar a la ciudad. Ven a diario además como los soldados turcos golpean con garrotes a mujeres embarazadas y ven a ese pueblo morir desesperado arrastrándose hasta la locura. "Los residentes no pueden creer que el gobierno haya ordenado tales vejaciones a la libertad humana y hacen responsables además a los alemanes de tales injusticias, reconociendo a Turquía como la gran maestra de todo. "Estos acontecimientos se han sucedido por meses y han sido vistos por todos quedando como una mancha de vergüenza alemana en la memoria de los orientales. "Algunos lugareños para justificar la situación sostienen que quizás los alemanes no estén al tanto de las terribles masacres que están padeciendo los cristianos en Turquía. Otros no se explican

la posición de los diarios locales ignorando tamaña matanza. Otros piensan que los alemanes están demasiado comprometidos con los turcos a través de algún tratado por el que no se les permite tomar partido. Y los más ilusos piensan que la intervención de Alemania sería inoportuna por el momento”. "Sé fehacientemente que la embajada en Constantinopla ha sido informada a través de los consulados alemanes de todo lo que esta ocurriendo. Sin embargo no se produce ni el más mínimo cambio en el sistema de deportación, por estos motivos me siento obligado por conciencia a elaborar este informe" Al mismo tiempo que escribía esto, el cónsul Hoffman de Alexandretta representante del consulado alemán en Alepo me informó que la embajada alemana había sido avisada en detalle de todos los eventos en el interior a través de numerosos informes de los consulados de Alexdrandretta, Alepo y Mosúl. Me dijo también que un informe bien detallado de lo que yo había visto con mis propios ojos seria bienvenido como suplemento de todos estos documentos oficiales. El me dijo que enviaría mi informe a la embajada en Constantinopla mediante un agente seguro. Por este motivo elaboré un reporte exacto del estado de las cosas en el jan que está frente a nuestra escuela. El cónsul Hoffman me pidió que agregara algunas fotografías que el mismo había tomado. Las fotografías muestran decenas de cuerpos amontonados como consecuencia de la masacre. Me contó que en el momento de tomar esas fotos vio con horror como algunos niños aún con vida se abrazaban a estos cadáveres en señal de protección. Después de revisar el informe mi colega el profesor Dr. Graeter, Frau Marie Spiecker y 03


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yo mismo lo firmamos. El doctor Huber, rector de la institución educativa también lo firmó agregando unas pocas palabras: "El informe de mi colega el Dr. Niepage se aleja de cualquier intento de exageración, es real. Hemos estado viviendo en una atmósfera envenenada por la enfermedad y el hedor de los cuerpos. Sólo la esperanza de una rápida solución nos hace posible seguir con nuestro trabajo". Pero la solución no llegó nunca. Intenté dejar mi puesto en nuestra escuela pensando que mi labor carecía de sentido. Como representante de una civilización europea sentí que si el gobierno alemán persistía en su actitud pasiva e indiferente, era eticamente injustificable educar moral e intelectualmente a una nación en ese contexto de perversión y maledicencia. Mis colegas en especial el rector, Dr. Huber me hizo desistir de mi determinación. Me dijo que nuestra presencia permanente aquí podía tener algún valor, tal vez podríamos humanizar la conducta turca para con sus victimas. Siento que permanecí pasivo durante demasiado tiempo ante tanta maldad. Nuestra presencia, a pesar de todo, no mejoró las cosas y todo lo que podíamos hacer era poco. Nuestra valiente y energética colega Frau Spiecker visitó los jans e higienizó a todas las mujeres y niños con vida. Difícilmente había sobrevivido algún hombre. Frau Spiecker organizó una comisión de mujeres para que prepararan sopa para aquellos que aún podían asimilar alimentos. Yo mismo distribuía queso, té y pan humedecido entre los niños que estaban muriendo. Repetí esta dolorosa, pero gratificante acción cada tarde durante seis semanas. Sin embargo cuando el peligro del tifus se expandió a toda la ciudad desde estos "cementerios" dejamos de ha-

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cer este trabajo. Sé que no es mucho lo que pudimos hacer y que nuestra ayuda era casi imperceptible. Solo pudimos dar por un tiempo un poco de alivio a los armenios en su agonía mortal. Lo que vimos con nuestros propios ojos acá en Alepo fue solamente la última escena de la gran tragedia de exterminar a los armenios por manos turcas. Esto es una fracción de segundo de todo lo que estaba ocurriendo en las demás provincias turcas. Los ingenieros de la red ferroviaria Bagdad veían cosas aún más pasmosas al volver de sus trabajos. Turistas alemanes fueron testigos oculares de los impresionantes contingentes de deportación hacia la muerte y las torturas con las que los soldados turcos se divertían en el camino. Varios

de estos turistas vieron cosas tan terribles que perdieron el apetito por días. Uno de ellos el Herr Greif de Alepo reportó haber visto un gran número de cuerpos desnudos de mujeres que habían sido claramente violadas en los terraplenes de Tell-Abiad y Ras-El-Ain, Herr Spiecker de Alepo había visto como los turcos ataban cuerpos de hombres armenios para luego incendiarlos y observar riendo como morían en tenebrosas convulsiones. Otros inocentes armenios eran arrojados maniatados a la espalda desde altos peñascos. Vio también como los turcos obligaban a las mujeres armenias a acuchillar a sus hombres hasta que estos fallecían. Comprobé que en muchas casas cristianas refugiaron a cambio de algunos quehaceres, a chicas armenias que se habían

salvado de la muerte. Muchas de esas muchachas armenias eran vendidas por soldados turcos después haberlas violado hasta el hartazgo a algún europeo. Todas estas chicas padecían severas perturbaciones mentales, la mayoría de ellas habían presenciado como los turcos habían degollado a sus padres. Chicas armenias que había perdido la sonrisa para siempre. Una de ellas de 14 años pudo refugiarse al cuidado de Herr Krause, gerente de la red ferroviaria Bagdad en Alepo. Como consecuencia de las reiteradas violaciones y golpes por los turcos rara vez podía conciliar el sueño por las noches y frecuentemente perdía la razón. La vi dar vueltas sin parar con sus labios tan lastimados que apenas podía llegar el agua a su garganta. Un alemán a quien conozco comentó haber visto cerca de Urfa a cientos de mujeres cristianas obligadas a bailar desnudas alrededor de los soldados turcos. Como complemento del plan de diversión de estos asesinos las mujeres debían arrastrarse a través del desierto bajo una temperatura de 40º hasta que sus pieles quedaban completamente quemadas. Otro testigo vio a un turco arrancar un bebe del vientre de su madre y arrojarlo contra una pared. El cónsul alemán de Mosul narró en mi presencia durante una reunión en el Club Alemán que en muchos sitios de la ruta de Mosul a Alepo había visto manos mutiladas de niños en tanta cantidad, que según dijo se podía pavimentar gran parte de esa ruta. No era difícil encontrar niños sin manos en muchos jans o en algún hospital local. En una ciudad árabe camino a Alepo el cónsul general de Mosul Herr Holstein vio grandes pozos abiertos como tumbas con cuerpos de armenios recientemente masacrados. Los árabes de esa ciudad se atribuye04


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ron a si mismos esas matanzas por orden del gobierno. Sin embargo hay cosas peores que estos pocos ejemplos que aquí presento y que están registrados en numerosos informes que han sido enviados a la embajada desde los consulados alemanes en Alexandretta. Los cónsules sostienen que aproximadamente un millón de armenios murieron en estas masacres en los últimos pocos meses. De este número se estima que la mitad eran mujeres y niños. Es un deber de conciencia hacer público todo esto.Diez mil mujeres han sido llevadas a los harem turcos y otras tantas han sido recogidas por el gobierno y distribuidas en ciudades turcas y kurdas, todas ellas fueron obligadas a aceptar el Islam. El epíteto abusivo "giavur" se escucha una vez más por los alemanes. En Adaná ví una multitud de huérfanos armenios marchando a través de las calles bajo custodia de los soldados turcos, sus padres habían sido masacrados y los niños debían convertirse al islamismo. En pocas circunstancias los adultos podían salvar sus vidas aceptando el islam. De esta manera los funcionarios turcos provocaban solapadamente a los europeos alardeando de su presunta superioridad. Muchas veces luego de esta ceremonia macabra en que los cristianos eran forzados a rogar su conversión al islam, los turcos reían y les decían que su religión no era para jugar. Ellos preferían matar. Personajes sanguinarios como Taleat Bey y Enver Pasha fueron claros responsables de todo esto. Los hombres del estado turco justificaron la masacre. Un eclesiástico alemán informó que Enver Pasha declaró en presencia de Monseñor Dolci, enviado papal en Constantinopla, que él no descansaría en paz hasta matar hasta el último armenio. El objetivo de la deportación es el aniquilamiento total de los armenios. Esta intención queda evidenciada ya que el gobierno turco obstruye sistemáticamente la labor de los misioneros, de las hermanas de caridad de algunos europeos que intentan ayudar a los armenios. Un ingeniero suizo fue detenido

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por haber repartido pan en Anatolia. El gobierno americano ofreció trasladar a armenios en sus propios barcos haciéndose cargo de los gastos pero el gobierno turco lo impidió. La opinión general de los cónsules y de algunos extranjeros es que las masacres de armenios serán conocidas a través de estos informes. Yo personalmente noté cuando estaba en presencia de autoridades turcas un gran silencio o un exagerado interés por cambiar de tema cuando algún alemán hablaba del tormento que padecían los armenios. Era de público conocimiento que existía un campamento de exilados armenios padeciendo el hambre y los azotes hasta la muerte en Djerablus pero curiosamente cuando el jefe de campo Von der Goltz pasó por ese pueblo no vio rastros de este repulsivo espectáculo. Yo visité el lugar poco después y me encontré con otro panorama del horror: cuerpos sin vida de hombres mujeres y niños diseminados por doquier, cráneos y huesos de armenios que habían sido destrozados por aves de rapiña y chacales. El autor del presente relato considera que esta fuera de discusión y que es absolutamente necesario contribuir a detener este infierno. ¿No entienden los turcos que toda esta barbarie esta registrada por informes de testigos de misiones oficiales? ¿Tampoco piensan que los alemanes pueden ser acusados de complicidad criminal? ¿No entienden los turcos que están destruyendo los factores productivos de la civilización en general? ¿No pueden los turcos pensar en la determinación que tomarán los estados civilizados de Europa al entrar en conocimiento de de estos vergonzantes hechos? Mediante el presente informe espero llegar al gobierno a través de acreditados representantes de la nación alemana. Cuando el Reichstag delibere, estas cosas habrán pasado pero no el dolor. Nada podría darnos tanta vergüenza como la construcción del palacio de la amistad turco germano en Constantinopla, si el precio es la masacre y el crimen. ¿No sería mejor emplear ese di-

nero en ayudar a las víctimas de la barbarie turca? ¿O es que no estamos en condiciones de amparar a nuestros hermanos cristianos de la barbarie? Después de la masacre de armenios en 1909 se realizó un banquete de intento de conciliación en Adana en el que autoridades del clero armenio estaban presentes como también distintos oficiales turcos. El cónsul alemán Buge, presente en dicha comida contó que un eclesiástico armenio se puso de pie y dirigiéndose a una autoridad turca dijo:" Es cierto que los armenios hemos perdido mucho en estos largos años de masacres, hemos perdido hombres, mujeres, niños, pertenencias, pero los turcos han perdido mucho más, perdieron el honor". Si nosotros los alemanes persistimos en considerar a estas matanzas de cristianos como meros asuntos de política interior turca, lo único que conseguimos es aliarnos aún más con los turcos. Es menester cambiar nuestra posición. Debemos dejar de enviar maestros alemanes a Turquía y nosotros debemos dejar de contarle a nuestros alumnos sobre nuestros poetas y filósofos y olvidar el cristianismo alemán. El Ministerio de Asuntos Exteriores me envió a Alepo para cubrir un puesto como docente en la Escuela Técnico Alemana de Alepo. Yo no puedo sentirme satisfecho con mi trabajo como funcionario y representante de la cultura alemana si tengo que consentir en guardar silencio frente a tanta atrocidad de la que soy testigo a diario. Si alguien quisiera saber los motivos que llevaron a los jóvenes turcos a tomar tales medidas contra los armenios uno llega a la siguiente conclusión. Los jóvenes turcos tienen el ideal europeo de un estado nacional. Ellos quieren turquificar lo inturquificable y no les importa de que forma. Las naciones cristianas como la armenia, siria y griega alarman a los turcos por ser superiores a ellos. Los turcos ven en el cristianismo un obstáculo para la turquificación. Los cristianos de acuerdo a su vandálica filosofía deben desaparecer o pertenecer al mundo mu05


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sulmán. La raza turca es la menos dotada de todas las que conozco que viven el imperio. No tiene talento ni para el comercio ni para las ciencias. La producción turca no existe. Todo es generado por los demás pueblos del imperio. Aún sus leyes, religión y lenguaje han sido pedidas a los árabes. Los profesores que hemos enseñado a armenios, judíos, árabes en las escuelas alemanas de Turquía somos concientes de esto. Difícilmente los alumnos turcos continúen sus estudios, quienes lo hacen seguramente tienen sangre búlgara en sus venas. He tenido gran cantidad de alumnos durante mi vida como docente y las estadísticas son estables.Aun mientras cursan es obvia la incapacidad y mala disposición de los turcos para el aprendizaje. ¿Quiénes pueden ser promotores del progreso sino los griegos, armenios o sirios quienes constituyen más de la cuarta parte de la población del imperio? El deber de Alemania como de cualquier nación sensata es enfrentar y detener la masacre de armenios. Debemos sentirnos obligados a salvar la vida de 500.000 hombres mujeres y niños que aún pueden estar con vida. Rescatar a quienes han sido destinados a esperar la muerte por hambre o violencia física. Los cientos de miles de inocentes armenios que han sido obligados a peregrinar en dolor en el desierto solo pueden mantener una existencia miserable. ¿Cómo puede esa gente soportar la vi-

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da comiendo unos pocos granos de maíz sobrantes destinados a alimentar caballos o pasto? Viven meses de una insuficiente nutrición donde la disentería los está esperando. Sé que en Konia miles de armenios aun están vivos, gente educada de Constantinopla en mejores condiciones, médicos intelectuales, comerciantes prósperos, pero ellos también podrían estar en peligro. En la sección ferroviaria del tren Bagdad entre Eiran y Entilli cerca del túnel hay 1500 armenios con buena salud. Trabajan, rompen piedras y remueven la tierra. Por el momento están a salvo por Herr Morf ingeniero superintendente de la planta pero el gobierno nacional ya ha registrado estos nombres. En cuanto el periodo de trabajo concluya, en dos o tres meses, dejarán de estar protegidos y se les asignará el tenebroso "nuevo hogar". Los hombres serán masacrados y el resto será conducido al exilio de un lado a otro hasta que todo termine. La nación armenia pide ayuda a Alemania. Cuando las masacres armenias estallaron en Cilicia años atrás, un barco de guerra alemán había llegado a las costas de Mersin a su comandante en esa oportunidad visitó al Catolicós Armenio en Adana y le aseguró que muchos alemanes tenían gran influencia sobre Turquía y le dijo que masacres como las de Abdul Hamid no serían posibles. Lo mismo aseguró el embajador gene-

ral von Wangenheim al Patriarca armenio y al presidente del consejo nacional armenio en una entrevista el pasado abril de (1915). Además de nuestro deber como cristianos, como alemanes estamos bajo absoluta obligación de detener esta exterminación de 500.000 armenios cristianos que aún tienen vida. Somos aliados de Turquía y después de eliminar a los franceses, ingleses y rusos, somos los únicos extranjeros que podemos lidiar con Turquía. Podemos refutar con indignación las mentiras de nuestros enemigos que dicen que las masacres contra los armenios has sido organizadas por cónsules alemanes. Es completamente erróneo pensar que el gobierno turco se abstendrá de seguir con su diabólico plan, nada los hará cambiar de opinión salvo la más fuerte presión ejercida por el gobierno alemán. Dejé Alepo en mayo del año pasado (1916). El grupo de armenios que trabajaba en la planta de la red ferroviaria de Bagdad, estimado en 20 000 fue masacrada en su totalidad.

Notas del Traductor Herr: del alemán Señor. Frau: del alemán Señora Jans: galpones que sirvieron de refugio Giavur: infiel, epíteto usado por los turcos Reichstag del alemán: Consejo de Diputados.

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Testimonio del Dr Marin Niepage  

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