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Gaperucita Roja                                                                        

    Había una vez una adorable gatita que era querida por todo aquel que la conociera, pero sobre todo por Lucía, no había caprichos que no le concediese. Una vez le regaló una pequeña caperuza de color rojo, que le quedaba tan bien que la gatita no se la quería quitar nunca, por eso empezaron a llamarla Gaperucita Roja. Un día la

llamaron para decirle: “Ven, Gaperucita Roja, aquí tengo chocolate oreo y una botella llena de colacao para que se la lleves a Lucía que es un poco vaga para venir. Vete

ahora temprano, y no vayas a caerte y se rompa la botella. No te pongas a perseguir bichos, déjalos tranquilos, y en cuanto llegues te frotas con sus piernas.”

“¡Miau!”, dijo Gaperucita Roja, y salió de allí moviendo su rabo. Lucía vivía al otro lado del pasillo, y no había dado ni dos pasitos cuando se encontró con una loba

llamada Marta. Gaperucita no sabía que esa criatura pudiera hacer algún daño, y no tuvo ningún temor hacia ella. “Buenos días, Gaperucita Roja,” dijo la loba. “Miau, miau.” - “¿Adonde vas tan temprano, Gaperucita?” - “Miau, miau, miau.” Y

Gaperucita señaló hacia el final del pasillo- “¡Qué gatita tan tierna! qué buen achuchón le daba…”

Entonces acompañó a Gaperucita un pequeño tramo del camino y luego le dijo: “Mira Gaperucita, que rico party mix se ve por allí, ¿por qué no vas y le hincas el diente?”

Gaperucita levantó su naricilla y se puso a olisquear, y atraída por el olor se apartó


un poco del camino dejando vía libre a la loba Marta a que se adelantase y llegara

donde la dulce Lucía. Nada más abrir la puerta fue tragada de un bocado por la loba Marta y deprisa se vistió con la ropa de Lucía y se metió en la cama poniéndose un gorrito. Cuando Gaperucita se terminó todo el party mix se puso de nuevo en camino y se

sorprendió cuando vio la puerta abierta. Gaperucita nada más entrar se le erizaron los bigotes, algo pasaba…

“¡Miau!”, pero no hubo respuesta, así que se acercó a la cama y notó a su Lucía algo extraña…

“¡!Miau!” dijo poniendo su patita en su oreja- “Es para oírte mejor, mi niña” fue la respuesta. “Miau, miau” Y ahora se llevó la pata al ojo- “Son para verte mejor,

querida.” - “Miau” Esta vez la pone sobre su otra patita- “Para ACHUCHARTE mejor.” - “¡Miau!” Ladeó su cabecita llevando su patita a la boca- “Para comerte

mejor.” Y no había terminado de decirlo, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a Gaperucita.

Entonces la loba Marta decidió echarse una siestecita y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormida empezó a roncar fuertemente. Un cazador que por casualidad

pasaba por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó, “¡Cómo ronca Lucía! ” Voy a

ver si necesita alguna ayuda. Entonces entró, y cuando se acercó a la cama vio a la loba Marta tirada allí. “¡Así que te encuentro aquí!” dijo él. Y ya se disponía a

disparar su arma contra ella, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a Lucía y que aún podría ser salvada. En vez de disparar cogió unas tijeras y empezó a cortar el vientre de Marta durmiente. En cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una caperuza roja, entonces hizo dos cortes más y la pequeña Gaperucita Roja salió

rapidísimo, gritando: “¡MIAU, MIAU, MIAU, MIAU!”, y enseguida salió también la Lucía, vivita y pidiendo su colacao. Rápidamente, Gaperucita Roja trajo piedras


que habían por allí y le llenaron el vientre con ellas. Y cuando la loba Marta despertó, quiso correr e irse lejos, pero las piedras pesaban tanto que cayó al suelo y echó a rodar.

Lucía, Gaperucita y el cazador se sintieron tan felices que decidieron pasarse por Catito’s Coffee para contar sus aventuras a sus amigos gatunos.

 


Gaperucita roja