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Un amor imposible Capítulo 1 Había llegado el momento, ¡estaba por comenzar su 7° año en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería! Rose Weasley, por fin era mayor de edad, había cumplido los 17 años unos días atrás. Era de estatura mediana, esbelta, rubia de ojos celestes, los cuales siempre se había cuestionado de quien los heredó, pues sus padres los tenían marrones. Le iba muy bien en la escuela, ya que había heredado la inteligencia de su madre, Hermione, pero también había heredado el buen humor de su padre, Ron. Llegó junto con sus padres a la plataforma 9 ¾, pero a los segundos de haber cruzado la pared salió disparada en busca de sus amigas, Gabriella y Kate. Las encontró charlando en una de las esquinas de la plataforma, estaban tan emocionadas como ella de empezar por fin su último año de colegio. Se unió con gusto a la conversación, y ellas le contaron que chismes como que habían visto a Nicole Winslet de la mano con Matt Yorley, uno de los chicos más guapos de la clase. Rose y Nicole nunca se habían llevado bien, y Nicole siempre la burlaba de ella por tener una madre hija de muggles, pero claro, ella era una Slytherin presuntuosa, en cambio Rose era una Gryffindor humilde. No le dio importancia a la noticia, y les contó a sus amigas que se había enterado de que Albus Potter estaba de novio con Julie Palmer. En ese momento, pasaron por su lado los Malfoy, y Scorpius las saludó con un gesto de la cabeza. Al instante las tres se pusieron a comentar sobre lo guapo que era, que tenía lindo cabello, bonitos ojos, etc. Aunque no dijeron nada, Kate y Gabriella no pasaron por alto el entusiasmo con el que Rose hablaba del chico. Final mente sonó la campana del tren, anunciando que debían partir en unos minutos. Rose volvió junto a sus padres y los saludó con un abrazo a cada uno. Luego subió al tren y junto con sus amigas buscaron un compartimiento vacío y se sentaron. Al poco rato llegó Albus, y se sentó junto a ellas. Estuvieron todo el viaje hablando sobre que era su último año en Hogwarts. Ni siquiera dejaron de hablar del tema cuando Rose se fue al vagón de prefectos para darles las instrucciones a los nuevos prefectos, ya que era delegada. Cuando llegaron, bajaron lo más rápido posible del tren y se subieron a uno de los primero carruajes. — Mira quien está en el carruaje de enfrente, Rose — dijo Gabriella con picardía mirando a su amiga. Rose se desconcertó un segundo, y luego miró para adelante, el hijo de los Malfoy estaba conversando con su amigo de Slytherin, John Melton. Se rió de mala gana y le dijo a su amiga que estaba completamente loca. Albus escuchaba todo con la boca abierta. — Rose, recuerdas la historia que nos contó tu madre sobre la enemistad entre nuestros padres y el Sr. Malfoy, ¿no? — preguntó como para asegurarse. — Sí, la recuerdo, y te aseguro que no me gusta Scorpius, Albus, tranquilo. — Ya, deja de mentir Rose — intervino Kate — A nosotras puedes contárnoslo. — ¡Pero si todo se lo imaginan ustedes! Aunque sea muy guapo, a mí no me gusta Scorpius Malfoy. — A la vez que trataba de convencer a sus amigas, Rose intentaba convencerse a sí misma de lo que sentía. — Como quieras — zanjó el tema Gabriella. Pasaron unos minutos en silencio y finalmente llegaron al castillo. Se bajaron del carruaje y cruzaron el Vestíbulo como rayos, porque conocían a Peeves lo suficientemente bien como para saber que el primer día de clases le encantaba hacer bromas. Se sentaron los c uatro juntos a la mesa de Gryffindor y hablaron solo de trivialidades. Al llegar a la Sala Común estaban tan cansados por el viaje que ni se les ocurrió quedarse un rato allí. Se despidieron y subieron cada uno a su dormitorio correspondiente.


Pasadas las dos primeras semanas de clases, ya estaban habituadas a sus nuevos horarios. Lo que no podían creer era la cantidad de deberes que les daban. Aunque los cuatro eran muy aplicados, no querían pasarse haciendo tarea todo el día, pero había veces que no tenían otra opción. Kate y Gabriella sacaban el tema de Scorpius constantemente, para pillar desprevenida a su amiga y que confiese todo, pero Rose era lo suficientemente astuta como para cambiar de tema o decir que tenía deberes que hacer. Ella aún estaba confusa con respecto a sus sentimientos, y por eso no podían afirmarles nada a sus amigas. Siempre que se cruzaba con él por los pasillos, este le sonreía y ella se ponía roja de vergüenza. Varias veces lo vió hablando con chicas de Slytherin, y se ponía verde de los celos. Pasado ya un mes, estaba completamente segura de que se había enamorado, pero temía confesárselo a sus amigas por si se burlaban, o le remarcaban por la cara que les había mentido cuando les decía que no. Tampoco se le pasó por la cabeza contárselo a Albus, porque no se llevaba muy bien que digamos con el chico. Pero algo tenía que hacer algo al respecto, y se pasó toda la noche pensando qué.


Capítulo 2 Para cuando amaneció, Rose ya estaba profundamente dormida. Se despertó justa de tiempo para ir a desayunar, por lo que se vistió rápidamente y bajó al Gran Salón con sus amigas. Ya estaba preparada para cuando se cruzara con Scorpius, y esta vez no le daría vergüenza si la saludaba, o celos si estaba con alguna chica. La oportunidad de poner a prueba su autocontrol no se hizo esperar, y después del desayuno, cuando estaba rumbo a su clase de Pociones, sola, ya que Kate y Gabriella no habían optado por cursar esa asignatura, se encontró con que era la segunda en llegar, y justamente quién había llegado antes que ella era él. - Hola - la saludó Scorpius con una sonrisa - Qué raro que no viniste con tus amigas... - Es que Kate y Gabriella no quisieron cursar, porque dicen que no les gusta - Aunque no se notaba, Rose estaba muy nerviosa y temía que le comenzaran a temblar las piernas. Ahh - murmuró él, despistado. - Pero yo creo que es porque no les cae bien el profesor Snape... - Rose trataba de mantener una conversación casual, más allá de que notaba que el otro no estaba muy interesado en ello - Sinceramente, a mí tampoco, pero no me voy a perder el estudiar una asignatura tan importante solo por el carácter del profesor. - A mí me cae bien - dijo con tono cortante. Y Rose, al notar el tono con que le habló, guardó silencio y esperó a que llegara el resto y el profesor los dejara pasar al aula. Al final del día, volvió a la Sala Común abatida. Le había salido espantosamente mal. Si bien no había delatado su nerviosismo, se dió cuenta de que él apenas le prestaba atención, y que no le había caído muy bien lo que dijo sobre el profesor de pociones, ya que era el Jefe de la Casa Slytherin. Decidió no abandonar del todo sus esperanzas y probar suerte al día siguiente. Pero no pudo completar su plan ni al día siguiente, ni en el res to de la semana porque la cantidad de deberes y los exámenes cada vez más próximos se lo impidieron. Recién un mes después, cuando ya habían pasado absolutamente todos los exámenes, volvió a tener oportunidad de poner en práctica su estrategia. Ella iba caminando por los jardines hacia la orilla del lago, cuando de repente resbaló y cayó para atrás justo al lado de donde estaba él sentado con sus amigos. - ¿Estás bien? - le preguntó John, un tanto preocupado. Él, aunque era un Slytherin, siempre se había mostrado amigable con los de las otras casas. - Sí, gracias - contestó Rose, roja de vergüenza. Pero cuando trató de ponerse de pie, sintió un dolor atroz en el tobillo y volvió a caer, haciendo que le doliera aún más. - ¡Rose! - gritaron varios a la vez, entre ellos Scorpius. Ella se puso tan feliz que casi olvida el dolor y se pone de pie. - Te llevaré a la enfermería - dijo Scorpius, y todos se quedaron sorprendidos. Él nunca era de mostrarse amable con gente que no fuera de Slytherin, y menos con alguien de Gryffindor. Sin embargo, este se puso de pie, pasó el brazo de Rose alrededor de su cuello, la levantó del suelo, y partieron hacia la enfermería. - Gracias - fue lo primero que se le ocurrió decir a Rose, para iniciar la conversación. - De nada - Scorpius volvía a tener el tono de no estar prestando atención, y Rose se enfureció. - ¿Te pasa algo? - le preguntó, tratando de calmarse. - En absoluto - fue la simple contestación del otro - Estoy algo cansado, pero nada más. - ¿Por qué? ¿Te acostaste tarde anoche? - Sí... ayer en la Sala Común hicieron una fiesta porque ganamos un partido de Quidditch. Además, después de la fiesta me quedé hablando con John, Emily, y Juliet un rato más en la Sala Común. - Ahh, que bueno - Rose hervía de celos, porque aunque sabía que Juliet tenía novio, o al menos eso se rumoreaba, Emily no y era muy bonita - ¿Ustedes... salen? - Algo así - contestó tranquilamente Scorpius, sin sospechar que en ese momento a Rose se le caía el alma a los pies - No es nada serio, pero salimos un par de veces. Perdón, no debería habértelo contado. - No hay problema, no me molesta, en serio.


En ese momento llegaron finalmente a la enfermería, y Scorpius la dejó con Madame Pomfrey, quién aún de vieja seguía siendo una excelente enfermera. De todas formas, a Rose ya no le importaba su tobillo roto, ni nada salvo que Scorpius tenía novia. Y nada más ni nada menos que Emily Bronted. Cuando la enfermera del colegio terminó de curarla, se fue arrastrando los pies hasta la Sala Común y apenas llegó junto a Kate y Gabriella, se dejó caer en un asiento y exclamó: - ¡Scorpius tiene novia! ¡Emily Bronted! Y sus amigas la miraron con compasión, a la vez que se alegraban de que por fin les hubiera confesado lo que sentía.


Capítulo 3 Estaban las tres amigas junto con Albus en la Sala Común, estudiando para Defensa Contra las Artes Oscuras. Como no podía ser de otra forma, a cada rato salía un tema de conversación mucho más interesante que lo que estaban leyendo, y recién después de unos 10 minutos volvían a concentrarse en su trabajo. Albus se había tomado con bastante calma el tema de Scorpius, pero aún no lo creía del todo. -¿Segura que te gusta? - preguntaba a cada rato. - Síí - contestaba Rose con impaciencia. Y la parte que más odiaba de que el muchacho dijera eso, era que sus amigas comenzaban a idear planes para que el Slytherin se fijara en ella. Siempre. - ¿Y si hacemos que Emily se quiebre una pierna? - llegó a proponer desesperadamente Kate, por el simple hecho de que ya no les quedaban ideas. - Qué las cosas tomen el curso que deban tomar.- les respondía Rose aparentando paciencia, cuando el fondo no las aguantaba más - Y no mencionen el nombre, que las pueden escuchar. Además, Kate, eso no ayudaría en nada. Así pasaban los días, sin que a Rose se le ocurriera nada bueno que hacer. Absolutamente nada. Ella estaba realmente molesta consigo misma por no haberse declarado antes, o no ocurrírsele ninguna buena idea. Tan ensimismada estaba en ello, que no se había percatado de que ya había pasado un mes desde que se había torcido el tobillo. - Mmmm… ¿y qué se piensan poner para el baile de Navidad? - investigó Gabriella. El baile se había hecho costumbre en Hogwarts luego del último Torneo de los Tres Magos, celebrado hacía alrededor de tres años atrás. Para tristeza de los de Hogwarts, Beauxbatons lo había ganado. - ¿Qué? - preguntó Rose sobresaltada - ¿El baile? ¡Pero si es dentro de tres semanas! - No, Rose - la corrigió Albus - Es la semana que viene. - ¿QUÉ? – pegó el grito en el cielo la pelirroja. - En serio, Rose, no nos tomes el pelo – Gabriella no era de las que toleraba mucho ese tipo de bromas. - Pero… pe-pero… imposible… ¡No tengo que ponerme! - No puede ser – la burló Albus, para levantarle el ánimo, que tan alicaído tenía últimamente. – Morirás, estoy seguro. - Ja-ja – le contestaron las otras tres, no de muy buena forma. Rose estaba súper preocupada pensando que ponerse, y sus amigas intentaban ayudarla, rememorando su guardarropas, haciendo combinaciones… Al cabo de media hora, que para Albus fue eterna, las chicas llegaron a la conclusión de que Rose debía comprarse algo, y urgente. Le enviaron una lechuza a Hermione y otra a Ginny, aclarándoles el gran problema, y pidiéndoles que entre las dos consigan algo bonito y elegante para que Rose utilice. Al otro día, las amigas esperaban ansiosas a la hora del desayuno la respuesta pero ningún mensaje llegó ese día, ni al siguiente, ni al otro, y Rose ya empezaba a volverse loca porque solo faltaban 5 días para el dichoso baile. Sin embargo, el martes por la mañana la carta llegó finalmente, junto con un gran paquete de papel madera que tenía un aspecto muy alentador. Kate era la que estaba más cerca del lugar donde se había posado el ave, asique corrió a romper el envoltorio. Al hacerlo, vieron un destello color zafiro que las predispuso de muy buena manera para analizar el vestido. Este era de un color azul marino penetrante, parecido al de la gema mencionada. Tenía en la cintura bordado un cinturón muy finito de color oro, y no tenía mangas ni breteles. El vestido caía de forma espectacular, ya que no era ni recto, ni corte princesa. Atrás tenía una especie de cola de tul del mismo color que la prenda que no terminaba de separarse de esta. Era sencillo, y a la vez perfecto para Rose. Parecía diseñado exclusivamente para ella. Gabriella y Kate no podían creer el buen gusto que tenían la madre y


la tía de su amiga, y las tres firmaron la carta en la que les comunicaban lo que pensaban sobre el vestido. Ya no podían esperar más, era viernes por la mañana, y en todo el colegio se sentía la excitación por el baile. Rose estaba rumbo a clase de Transformaciones, junto a Albus, terminando de repasar mentalmente el peinado, el maquillaje y los zapatos que iba a lle var aquella noche. El único problema que le veía a sus planes es que aún no tenía pareja.


Capítulo 4 Los nervios de Rose estaban a punto de explotar. La chica se estaba volviendo loca, debatiendo quién aceptaría ir con ella al baile. Scorpius definitivamente no, eso lo tenía bien claro. Él tenía novia e iría con ella. Albus, tampoco. Él también iría con su novia, Julie Palmer. Matt Yorley tenía novia, Dylan McGreydy también. En fin, todos y cada uno de los chicos de su clase tenía pareja. Kate y Gabriella irían con unos chicos de 6º curso bastante guapos, y ella, hasta el momento, sola. Ahí fue cuando se le ocurrió el único camino posible para ir acompañada. Algún chico de 6º seguro estaba libre. Ni bien lo pensó, corrió a un lugar del patio de Transformaciones donde siempre veía a un chico castaño bastante lindo.Al llegar junto a él le pidió si podían hablar en privado. - Este... te quería invitar a ir al baile conmigo - dijo Rose, sin sentir vergüenza porque fuera la chica quién estuviera invitando al chico. - Claro - aceptó él, para gran alivio de la pelirroja - Nos vemos al pie de las escalinatas del vestíbulo a las ocho en punto. - Nos vemos - se despidió Rose, radiante. Cuando entró en la sala común vió a sus amigas que caminaban nerviosas enfrente de la chimenea encendida. - ¿Todo bien? - les preguntó la recién llegada, preocupada. - ¡Rose! - gritaron al unísono. - ¿Dónde te habías metido? ¡Son las seis menos veinte! Hay que empezar a prepararse para el baile ya! - le dijo Gabriella casi gritando. - Bueno, bueno - contestó Rose, aún algo perdida. Entre Kate y Gabriella la arrastraron hasta el cuarto, abrieron los baúles y sacaron todo lo necesario: vestidos, zapatos, maquillaje... A la hora y media estaban ya las tres listas y hermosas. Gabriella lucía un strapless de satén negro adherente con un escote corazón que realzaba su esbelta figura. Llevaba los cabellos castaños en un peinado semirrecogido con una cascada de bucles cayéndole por la espalda. Kate eligió para la ocasión un vestido de corte princesa con escote en forma de v, con breteles muy finitos, en gasa de seda color rubí que destacaba su cabellera oscura. Por último, Rose estaba preciosa con su nuevo vestido. Se había hecho una media colita y bucles en las puntas del pelo. Las tres estaban deslumbrantes y ellas lo sabían. Aunque sus maquillajes eran sencillos, resaltaban mucho los ojos haciendo que tuvieran una mirada misteriosa y penetrante. Se direon un último vistazo al espejo y bajaron al vestíbulo. Allí las esperaban sus respectivas parejas y entraron todos juntos al Gran Salón, muy bien decorado para la ocasión. La cena transcurrió sin ningún incidente digno de mencionar. Apenas terminó, el director del colegio y su pareja abrieron el baile. Enseguida Alistar, la pareja de Rose, la sacó a bailar, y danzaron las primeras dos horas del baile sin parar hasta que Rose le pidió si podían ir por un poco de ponche. Él le dijo que la esperaba en la mesa ya que quería charlar un rato con sus amigos. Rose se dirigió un poco contrariada a la jarra de ponche de la mesa más cercana, pero cuando volvió su pareja estaba besandose con una chica rubia a la que reconoció como Nicole Winslet. Cuando se separaron, ella le hizo un gesto a Rose, como indicándole que ella había ganado mientras que Alistar la miró con picardía. Rose no aguantaba un segundo más. Salió corriendo y se refugió en el armario de escobas del vestíbulo para llorar un largo rato su humillación. Estaba segura de que Nicole no dejaría pasar la oportunidad de contárselo a todo el que estuviera dispuesto a escucharla. Al cabo de un rato, alguien irrumpió en el lugar y al descubrir a Rose, fue junto a ella y se arrodilló para estar a su altura. - ¿Estás bien? - preguntó el chico, cuya voz Rose reconoció enseguida. No puedo hacer otra cosa más que soltar un sollozo y sorberse la nariz. Scorpius le levantó la cara y la miró a los ojos. - Que nuestros padres se odien no quiere decir que tengamos que heredarlo nosotros - Y entonces, cuando Rose menos se lo imaginaba, Scorpius la besó tiernamente .


Capítulo 5 Al otro día por la mañana, Rose irradiaba felicidad. Kate y Gabriella se alegraban por ella per o también se morían por ver que diría Emily, la novia de Scorpius. Cada vez que la pelirroja pensaba en ella, le parecía extraño lo que había pasado la noche del baile, hasta el punto de que varias veces se cuestionó si no era sueño. Se había pasado la noc he en vela dándole vueltas en la cabeza al asunto del beso. ¿Qué debería hacer ella cuando lo viera ese día? Una parte de su cabeza le decía, decidida, que fuera y hablara con él. La otra, más insegura, le decía que debía esperar a que él le hablara. Al no saber por cuál decidirse, Rose acudió a sus amigas. Eso tampoco fue de gran ayuda, pues, Gabriella le dijo que siguiera a la parte decidida de su cabeza, y Kate a la insegura. Al final, Rose decidió que lo decidiría cuando lo viera. Ellos tenían clase de pociones juntos los lunes por la tarde, y si llegaba temprano, sería el momento perfecto, pues estarían a solas. El fin de semana pasó sin incidentes dignos de mencionar, principalmente debido a que Rose decidió permanecer el mayor tiempo posible en la Sala Común, refugiada del mundo. Cuando el lunes bajo a desayunar, envuelta en su propia burbuja de felicidad, ni prestó atención a lo que pasaba a su alrededor. A lo largo del día siguió con la misma actitud, pero a medida que se aproximaba la clase del profesor Snape los minutos pasaban más lento. El tan esperado momento llegó al fin, y afortunadamente la pelirroja llegó segunda. Al llegar, sus rodillas volvieron a temblar como la primera vez que hablaron allí. Scorpius levantó la cabeza al oírla entrar. - Hola - le dijo amablemente. - Hola. ¿Todo bien? - Sí, perfecto. ¿Vos? - Mmmm... - ¿Te pasó algo interesante en el baile? - Mmmm... - volvió a dudar ella. ¿En serio era capaz de ignorar lo que había pasado entre ellos? Se reprochó el no habérselo imaginado. Viniendo de un Slytherin, todo es posible, se dijo a sí misma - Sí - dijo al fin. - Ahh. - ¿En serio te vas a hacer el tonto? – le espetó Rose sin tener la intención de hacerlo. Al parecer en esos momentos la parte decidida de su cerebro estaba al mando. - ¿Disculpa? – Al parecer, Scorpius decidió seguir con su jueguito. Rose ya estaba que echaba fuego por los ojos. - ¡EL BESO! – le gritó. - Sobre eso, Rose... – Por lo menos ahora se dignaba a recordar de lo que ella le hablaba. – Fue un acto de locura total. Además, tengo novia – A Rose se le pinchó la burbuja de felicidad, que fue reemplazado por un intenso sentimiento de tristeza y traición. - ¿Por qué no podes siquiera intentar a ver si funciona? ¿Ese no absoluto es solo una máscara, o lo pensas de verdad? – preguntó, un poco más tímida que antes y con lágrimas de rabia y tristeza en los ojos. - Rose, lo nuestro no funcionará. Estoy seguro de que no existe nada entre nosotros. Con el tiempo se te pasará. - Espero que tu novia no tenga sentimientos, porque si no, no van a durar mucho – le espetó antes de salir corriendo, derramando tantas lágrimas que le sorprendió no haber formado un río por el camino. Ese día no comió y se fue directo a la cama. Ya no le importaba lo que dijera Snape sobre su ausencia ni que Kate, Gabriella y Albus estarían preocupados por ella, ni nada más. Solo enfocarse en su dolor, para luego recuperarse y olvidar al tonto que le había hecho perder tanto tiempo en algo que para él no valía la pena intentar.


Capítulo 6 Al día siguiente Rose no asistió a clase. Prefirió quedarse en la cama, para tranquilizarse y sobreponerse a la situación. Kate, Gabriella y Albus la visitaban en los recreos y las horas libres que tenían, pero aún así ella no parecía mejorar mucho su estado y sus amigos temían que no se podría recuperar pronto. Pero se equivocaban. Para el final del día, Rose ya estaba mejor y pudo bajar al Gran Salón por una sopa. Al subir, sus amigas decidieron hacer un pijama—party para levantarle el ánimo. Como estaban solo ellas en la habitación, juntaron con magia las camas en el centro y charlaron y rieron gran parte de la noche. Cuando ya eran como las tres de la madrugada, decidieron dormirse para no parecer zombis al día siguiente. Se levantaron a la hora acostumbrada y bajaron a desayunar. Habían quedado en que Rose mentiría a sus profesores, diciéndoles que se había sentido mal el día anterior pero que no había sido tan grave como para ir a la enfermería. Así lo hizo y, afortunadamente, ninguno sospechó nada. Fue un día tranquilo, sin ningún incidente que alterara a las chicas. Cuando tocó el timbre de la última hora, salieron a los jardines para dar un paseo. Se dirigieron al borde del lago, disfrutando de la fría brisa de invierno que les azotaba la cara. No tardó en empezar una guerra de bolas de nieve. Kate lanzó la primera bola, en forma de broma, y al segundo se arrepintió, porque recibió dos el triple de grandes que la suya de lleno en la cara. Dio comienzo una batalla interminable. El cielo se cubrió de bolas de nieve que iban y venían mientras las chicas reían y disfrutaban del lindo momento que estaban pasando. — ¡ALTO! — Gritó Albus, imitando muy bien la voz del profesor Snape. Las tres amigas se quedaron petrificadas en el acto. El chico estalló en carcajadas. — ¡Tonto! — gritaron las tres al unísono, al tiempo que le lanzaban bolas de nieve al él también. Albus ni se inmutó. Les devolvió las bolas, y al poco tiempo se formaron dos equipos. La pelirroja y el chico contra Kate y Gabriella. La novia de Albus, Julie, llegó junto a ellos en el momento más intenso de la pelea. — ¿Puedo unirme? — preguntó. Como única respuesta, recibió 4 bolas de nieve que golpearon contra distintos lugares de su cuerpo. Julie no se quedó a esperar que dijeran más y comenzó a lanzar manojos de nieve a diestro y siniestro. Tenía muy buena puntería, para tristeza de los otros. Pasaba el tiempo, y seguían sin cansarse. Todos reían y charlaban. Eso sí, nunca descuidaban sus espaldas. — Eh, Gabi, ¡mira quién viene por allí! — le gritó Rose en un momento, intentando sin éxito que su amiga posara su atención, o al menos su vista, en otra parte. — ¡No funcionará, Rose! — le respondió Gabriella — ¡No voy a voltearme! — ¿Segura que no quieres saber quién se está aproximando a nosotras? — siguió el juego la pelirroja. — ¡Déjalo ya, Rose! ¡Te digo que no funcionará! — Vamos, Gabi, ¡yo se que te pica la curiosidad! — continuó Rose, que al parecer no tenía la intención de darse por vencida. — ¡No, no y no! — ¿Estás segura? ¡Después no quiero oír un solo lamento de tus labios! — Gabriella, ya harta, se limitó a responder a este comentario con una enorme bola de nieve. — Está bien, está bien — se rindió la chica. Siguieron jugando, cada vez más intensamente. Esto no causaba ningún problema y los amigos se la pasaban en grande. En una de las raras ocasiones en las que el grupo se distrajo, Gabriella le arrojó una enorme bola de nieve a Rose, justo en el centro del pecho. Esto la obligó a dejar de correr para toser y entonces Kate aprovechó también para meterle un puñado de nieve dentro de la camisa. No contenta con ello, le tiró un gran manojo de nieve en la cara a Julie, quien tropezó y chocó con su novio, y ambos cayeron al suelo. Por último, Kate se dirigió hacia Gabriella, quien aún miraba preocupada a Rose, y le arrojó otra gran bola de nieve al pecho: Gabriella resbaló y cayó para atrás, sin lastimarse. Así, al fin, Kate se consagró ganadora. Lo que no se imaginaba


es que los otros cuatro, al levantarse, comenzaron a perseguirla por los jardines. Kate estaba en desventaja, y lo sabía, por lo que tomó una curva un tanto peligrosa para que sus a migos resbalaran. La única que lo hizo fue Rose, con la mala suerte de que chocó a un chico de espaldas. Se dio la vuelta para ver quién era, y quedó deslumbrada por la armonía de su rostro. Tenía una expresión dulce y amable. — Eh… eh… lo siento — se disculpó Rose, tartamudeando.

Un Amor Imposible  

¿Puede un Slytherin presuntuoso enamorarse de una Gryffindor humilde?

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